Texto digital de La aurora del sol divino
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La aurora del sol divino. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/aurora-del-sol-divino-la.

LA AURORA DEL SOL DIVINO
JORNADA PRIMERA
Quien no almira, Liseno, la honesti dad de María. y a quien no carisa alegría ver aquel Cielo sereno, que narece que reparte en ella su Criador, las grandezas de su amor, de sus excelencias parte. Dichoso tú, que mereces (oh máncebis generoso!) llamarte dueño, y Esposo de esta Aurora en que amaneces. Y dichoso yo que estado presente a tus bodas santas, en que maravillas tantas el Cielo ha manttestado. Quién, Aminadab, creyera gozar tan alegre día? Sola la hermosa MARÍA darnos tal cloria pudiera. Válgate Dios por casada! Y al que tanto bien merece le conones?. . Sí. . Parece, que sola su vista agrada. Es mi deulo, y su apellido, Joseph, y porque te asombre, es, Liseno el mejor hombre, que hasta hoy se ha cononido. Qn en merece ser Esposo de María, citro está que el mejor homore será del mundo, y el más dichoso. Con justa rigón suspendes en este finmeneo es alma. Qué mas venturosa palma? En dulce fuego te enciendes. Y pues tan aficionado te veo a María hermosa, de Josensi amada Espora, de un Ángel bello tradado, oyé, mientras que del Templo salen con justa alegría, de los Padres de María la santa vida, y ejemplo. Ana, y Joachín, descendiente, de la Real Estirpe, y Casa del gran David fueron padres de esta Aurora soberana. Vivieron en Nazareth, con prosperidades tantas, cuantas las virtudes fueron; pues cuando a todos faltara, a oposición de los tiempos, el Cielo con mano franca acrecentaba sus bienes, tanto a los buenos ensalza. Con pobres, y peregrinos, y con el Templo gastaban las tres partes de su hacienda, obra al fin piadosa, y santa Viéndose Joachín sin hijos, y que su querida Ana el Abril de su hermosura con los años agostaba, humilde a Dios le suplica, se logren sus esperanzas, pues cualquier hijo que tenga a su serviejo consagra. Que como de este linaje Isalas publicaba, que nacería el remedio de la primera desgracia, se tenma por inútil, y maldito (cosa rara el que de su matrimonio sin fecundidad se hallaba. Viendo, pues, Joachín, que en veinte años de sus bodas santas no tenía de su esposa el fruto que deseaba, al Templo con su familia, puesta en Dios la confianza, camina con las ofrendas, que en sus Aras dedicaba. Pero en el pórtico apenas pone las ancianas plantas, cuando escucha de Isacar mil oprobios, y amenazas. En fin del Templo le arroza, diciéndole, que por causa de su estéril con junción, la ofrenda a Dios no le agrada. No responde al Sacerdote, mas con suspiros del alma, que humildemente despide, obra más que con palabras. Siente el prudente varón de las injurias la causa, y confuso, y sin consuelo, dejando su esposa amada, al monte con sus Pastores entre rústicas cabañas se retira, por no verla llorosa, y desconsolada. Ana a su heredad se vuelve en triste llanto banada, donde en continua oración lo más del tiempo gastaba. Miraba el campo florido el dichoso Patriarcha, y sin admitir consuelo regaba las blancas canas. Si vela alguna fiera, que amorosa regalaba el cachorillo a los pechos, sus tristezas aumentaba. Y si en los olmos veía Tórtolas enamoradas formar con roncos arrullos los nidos de secas pajas, donde tal vez con los picos al pollurlo trasadaban el rubio grano que Apolo sazona en tendidas parbas: con lágrimas, y sollozos, y con fatigas dobladas, nuevos raudales hacía, diluvios nuevos formaba. Finalmente le aparece un Ángel en forma humana, cuya hermosura le eleva, si su luz pura le espanta No temas, Joachín, le dice, sosiega el pecho, y descansa, que a consolarte me envía Dios desde su Impíreo Alcázar, que como humilla soberbios, y a quien se humilla le ensalza, tan tanto tu humildad estima, que a su trono te levanta. Porque en tu querida prenda tendrás una hija, y tanta gracia el Cielo le dará, que será santificada. Esta llamaréis María, y en su Concepción sagrada (a quien Dios ha de asistir no permitirá que mancha de la venenosa Sierpe maliciosamenté caira, porque en ella se ha de obrar la maravilla más alta, la obra más peregrina, y la unión más soberana que han visto el Cielo, y la tierra por siglos, y edades largas. Mándale dejar el monte, y que a Nazareth se parta, donde a su esposa hallaría junto a la puerta Dorada. Con esto el Nuncio Divino, batiendo brillantes alas, vuela dejando las flores llenas de luz, y fragrancia. Has visto en sereno día batir el Sol las montañas de sus explendores puros, iluminando las plantas, y que repentinamente impetuosa borasca lo que animaban candores, en pardas nieblas dilata? Pues lo mismo le sucede al dichoso Patriarcha, viendo ausente de sus ojos la luz que admiró sagrada. Llama a todos sus Pastores, y así mismo a mí me llama, que a la sazón le servía de Mayoral en su casa. Refiérenos su ventura, luego de partirse trata, llega a la Ciudad dichosa, conoce su prenda amada, abrázala dulcemente, di cense tiernas palabras, vuelven a su antiguo albergue, A Ana se siente preñada, y a los ocho de Septiembre mice en los brazos del Alba esta Celestial Aurora, esta soberana Palma, esta estrella de Jacob, esta Ester, esta cerrada Puerta que vio Ezequiel, y esta de Aaron tierna Vara. Dirás, Liseno que como mi corto ingenio se alarga a meterse en la Escriptura a explicar estas palabras? pues sabe; que las que digo, mi rusticidad no alcanza, que a sus padres venturosos oculto puede escucharlas. De dos años, y dos meses llevan la niña sagrada (Niña en los ojos de Dios, que sus rigores aplaca al Templo, donde la dejan, cumpliendo a Dios la palabra, y donde con mil suspiros parten, al partir, las almas. Crece la tierna doncella, y al tercer año le falta su padre Joachín, y luego, Ana con Cleofas se casa. Pero volviendo a María, Mar de inmumerables gracias, Fuente de misericordias, Iris que la paz señala, digo, que habiendo propuesto los Escribas de casarla junto con los Sacerdotes por revelaciones santas supieron, que de Dios era voluntad (oh soberana grandeza de su poder! que los varones que estaban por casar, y descendientes de la generosa Casa de David, fuesen al Templo cada cual con una vara, y que a quien le floreciese, que su Esposo se llamara. Hízose así, y a Joseph, hijo del gran Patriarcha Jacob Jacob, de soachín hermano, primo delesta hermosa Infanca que incierto de tal ventura entre los demás estaba de improviso reverdece, cubriendo de flores blancas la seca vara, y entonces todo el vulgo en voces altas, viendo el milagro presente, en los hombros le levantan, diciendo, viva Joseph, con su Esposa edades largas. Desposárenlos, y Juego entre ceremomas santas, como viste, les pusieron aquel yugo donde enlazan dos almas en una vida, y en las dos vidas un alma. Permita el Divino Cielo, que gocen tan dilatada la salud que les deseo, que como el Fénix de Arabia sea su eterno vivir; y que el bien que el mundo aguarda, de esta santa tinión proceda, para que nuestras desgracias nallen seguro remedio, puerto nuestras esperanzas, quien defienda nuestras vidas, quien aboje en nuestras causas, quien no fulmine rigores, n vibre fieras venganzas Quién podrá significar el guito que ha recibido el alma de haber oído sucelo tan sinvula:? Pero no en vallo te dan las montanas de Judea el lauro que en ti se emplea de discreto y de calan. Mucho estimo tu buen celo. aunque conozco mis faltas. Son maravillas tan altas. las que aquí reparte el Cielo, que casi fuera de mí me ha tenido esté suceso. Y un yo también te confieso, que la suertad perdí. Ya parece que del Templo salen nuestros desposados. Dios los haga bien casados. Qué honestidad, y que ejemplo! r, , Dulces parabrenes, parabienes tenga la Rosa del Alba, la blanca Azucena, la Niña Divina, con cuya presencia libertades pretende, cautiva bellezas. Hoy, que de su edad cumplidos apenas tiene trece años, que infinitos vea, Esposo le han dado, para bien lo sea, que si lo será quien tal joya lleva, Denles parabienes, Muchos años os pocéis, María, con vuestro Esposo, y vos, Joseph, venturoso, que tanto bien merecéis, estimad la prenda hermosa con que el Cielo os galardona. Sola mi humildad me abona, que mi suerte hace dichosa Habla, María, qué es esto? estás descontenta acaso? Dios sabe el placer que paso, aunque no lo manifiesto. Alza los Trivinos ojos, no los pongas en el suelo, perrarte que goce el Cielo tan soberanos despejos. Mira que los que te ven, absortos en tu belleza, dicen, viendo esta tristeza que nace de algún desdén. Qfuen dará satisfacción al vulgo en sus pretenciones? solo Dios juzga intenciones, él sabe ya mi intención, y conoce como quien todo lo ve, el alegría de que goza el alma mía. Mil parabienes tedén, que solo de tu cordura tal respuesta se esperaba: quien tu honestiadad no alaba? quién no adora tu hermosura? Joseph, hablad a María, no estéis con esa tristeza, comiderad su belleza, mostraos con más alegría, mirad que me da cuidado veros con tristeza aquí. Y qué se dirá de mí. no veis que seré notado? después con humilde celo hará el alma obstentación con justa veneración, de este bien que me da el Cielo. Demás, que también se dice con los ojos lo que siento, donde está oculto el contento, sin que aquí se solemnice. Habláis con tal discreción, que no sé qué responderos, y así por no deteneros, vuelve a decir la canción. Qué. bien en Joseph se emplea María . De su prudencia acredita la excerencia el Cielo, porque se vea cuanto estima la humildad, y cuanto Joseph le agrada, pues de tantos deseva, María, hermosa deidad, cuya perfección admira, es solega el escogido, dándole padre, y marido Dios, que por su amparo mira. Dicha immensa. . Pues vendido dejamos todo el ganado, y así mismo negociado cuanto a cargo hemos traído, será bien que nos volvamos a los montes de Judea, porque Zacharias vea, que sus órdenes guardamos; que aunque la distancia es breve, hay gran pedazo de sierra, y mal segura la tierra de ladrones gente aleve. Oh cuanto te ha de alegrar, Isabel, de qué a suprima María, que tanto estima, hemos visto desposar. i Gran gusto ha de recibir. Buenas albricias tenemos. Nuestro camino empecemos, Luego podemos partir Vengo querida Isabel, con el deseo que traigo, de verme con sucesión (aunque difícil, y en vano) de hucer a Dios sacrificios, si bien ya desconfiado; no de su immenso poder, que hace mayores milagros, sino del helado Invierno en que miro nuestros años, cuya escarcha ha consumido nuestros Ábriles lozanos. No así perdáis la esperanza, que muchas veces un árbol cargado de años, ofrece el fruto más sazonado: y no porque estéril sea, vos estéis desconsolado, que algún día querrá el Cielo. oír nuestro triste llanto. Ay de mí! que estoy temiendo, que por mis grandes pecados vivo cual tronco silbestes de fruto desamparado. A que fiera, Isabel mía, el amor ha perdonado la fecundidad preciosa de qué careciendo estamos? Si no dais tregua al dolor, será, Señor, arabaros, y acabaréis de una vez con las dos vidas de entrambos. Considerad los ejemplos. de muchos que confiando es en la Majestad Divina, Divino premio alcanzaron. Mirad a Sara infecunda, cuando de su vida al cabo tuvo el oran Abrahan a Isa Patriarcha santo. Mirad la estéril Rachel, querida de Jacob tanto, que catorce años la sirve de su belleza abrasado, y tiene a Joseph en ella, de Egipto asilo, y amparo, y a Benjamín que le sigue, si bien murió de su parto. Y considerad también, que en sus años más ancianos Ana concibió a Samuel, Profeta de Dios amado. También de Joachín, y Ana; mirad el portento raro, y cuanto por humildad dichosamente alcanzaron. No prosigáis dulce esposa, que el aima habéis alentado tanto con vuestras razones, cuanto no sabré explicaros. , r . Tamar, no hay que rehortir, son despacharme, que al campo he de volver esta noche. No des voces, habla paso, que están aquí nuestros dueños. Decís bien. . De aquí nos vamos, no reparen en nosotros, que ya sabes el recato con que por acá se vive. Siempre de mí se han fiado Zacharías, e Isabel, porque mi sencillo trato con este traje aseguran pensamientos viles. . Vamos, te daré lo que me pides, para que vuelvas al campo. Aquí están Bato, y Tamar. Bienvenido, amigo Bato, qué hay de nuevo allá en el monte? Que está bien gordo el ganado, aunque lobos le persiguen. No hay mastines en el hato? No falta, mas es roín gente; como su mercé no ha estado en la debiesa en so vida, no conoce estos bellacos. Ai de puta socarrones: mire, si viera nuestro amo (ya que tratamos de lobos con el pergeño, y engaños, que cogen a los borregos, se quedará embelesado. No tuvo Salamelón, qué es Salamelón? ni cuantos Salamelones ha habido meollo más aguzado. Ellos pásito a pasito van al ganado llegando, y en viendo que los Pastores duermen, o están descuidados, envisten con los corderos, y el que por mal de pecado da en sus dientes venenosos, ni las hondas, ni los palos, ni los mastines son parte a que dejen de llevarlo. otros que están ya más duchos, en matas agazapados, aguardan que el corderillo salga al monte retozando, y en viendo que llega cerca, sin aguardar a más plazos, con el pobre choto enbisten, y en menos que lo he contado, sin ver si está duro, o tierno, o si slumpo, o mal guisado (que también entre los lobos hay toscos, y delicados lo zampan en la barriga, y a voces está balando dentro del vientre una hora: mas ay de mi desdichado. . Lloras? qué tienes? responde. Quién sin ti tendrá descanso, burra de los ojos míos? Él sin duda esta borracho Quién vio tal cuento de lobos? Cuando mirabas los campos llenos de alcacer, y flores, que silguerillo cantando tu mesodia igualó? sal saltando de ramo en ramo, cuantas veces entonaste llevando yo el contrabajo, enamorando las selvas, que nuestro acento escucharon? Mas hubo de suceder. Qué ha sucedido? . Que si asno se enamoró de la burra, mas ella (ay triste, y cuitado! que fue honesta y recogida, huyó por un monte abajo, temiéndose de la fuerza, y entre unos altos peñascos dos lobos (ay de mí triste! tan grandes, tan temerarios, que al Gigante de las lías pudieran poner espanto, la detienen cautelosos, la aseguran con engaños, y en fin, Señor, nuestra burrra los lobos se merendaron. ̱ Por qué no ponéis remedio? , Poco aprovechan los lazos, porque es gente muy sabida. Mejor es no descuidaros, que la poca vigilancia causará mayores daños. ̱. Ya sé un famoso remedio para poder ahuyentarlos. De qué manera ha de ser? Subirme al cerro más alto que tiene aquel Horizonte, y a veces hechar un bando, que sopena de la vida, el lobo que fuere osado l robar la menor cría. Quién vio semejante bárbaro! . Y el roín que delinquiere, vivo sea desollado es pena de su delito, y do un quegigo colgado. Con esto los demás lobos, viéndole estar boca abajo con semejante figura desampararán los campos, y por guardar el pellejo le vendrán a los poblados. Y este, Bato, es buen remedio? No me parece muy malo, que también los hay acá. Qué simpleza de villano! Más malicioso es que simple, y más que simple bellaco. El Dios de Israel eterno guarde la vida de entrambos. También venidos seáis, como fuisteis deseados. Cómo venís? venís buenos? Con salud, Señora, estamos, Vendiose el ganado bien? Aunque a precio moderado todo el ganado vendimos; pero primero que a daros cuenta de todo lleguemos, escuchad un breve rato. Ya sabéis como Joachín, y Ana su esposa dejaron de dos años en el Templo aquel hermoso dechado de excelencias, y virtudes; y en fin para no cansaros, a la Divina María, a quien los Cielos dotaron de todas cuantas grandezas encierran sus globos altos. Pues cuando de allí partimos, desposada la dejamos con Joseph, un noble joven, de María primo hermano. Válgame Dios, que placer con tares nuevas me has dado! o quién presente estuviera! quién allí se hubiera hallado! y quien merecer pudiera, aunque indigna sus abrazos! (ay prima del alma mía! y en efecto se quedaron los dos en Jerusalén? Luego que la blanca mano de jazmines, y azucenas entregó al Varón preclaro, con humilde obstentación a una casa los llevaron, de donde a Nazareth vuelven a habitar la que dejaron sus padres. . Y Joachín? El Cielo le dé el descanso, que yque para mí mismo quiero. Oh Tamar! oh amigo Bato! no hay hablar a los amigos? Los dos seáis bien llegados, que a todos vuestra tardanza nos tenía con cuidado. entrad, y descansaréis. Yo he venido por recado. y para volver al monte, a que me le den aguardo. Pero ya que habéis venido, nos tremos juntos. . Tantos han sido los disparates que ese rústico ha hablado, que me ha dejado molida. Había de ser a palos. Él ha tratado de bestias, E él de lobos ha tratado Que mucho; si Dios los cría No te juzgaba yo, Bato, por zagal; de mal talento. Qué es talento? habladme craro, que voto al Sol, que no entiendo ese bárbaro vocabro. Digo, que discreto seas, no enfadoso, ni cansado, Dicid con menos rodeos, y sin fruncitos los labios, que hay hombres (yo los he visto que habrán muy confiados, y ellos mismos no se entienden, ved que gentiles letrados. Tamar, dale a este Pastor para que se vuelva al campo, lo que hubiere menester. Voy, mi Señora, volando. Tamar, en volviendo acá, de las Montañas te traigo. Qué, por vida tuya? . Un lobo. Guarda fuera, malos años. Y porque vendréis los dos de este viaje cansados, será bien que descanséis: vamos Zacharías. Vamos. Qué dices de nuestros dueños? Que solo haberles faltado la sucesión de los hijos, los hace notable agravio, a ̱e e e e ete e p eto eee aeeseasos eeetore eesto e a emeeon e o Harto importunan al Cielo. Yo digo que es excusado, porque lo mismo es pedir quedé peras un manzano: es mucha ya su vejez. No lovuego, mas reparo, que tiene Laue gran poder, y son sus secretotaltos. Yo os di palaora, soberana Alteza, de guardar castidad toda mi vida, está a vuestra deidad tengo ofrecida, pues tanto os agradáis de la pureza: No permitáis, Señor, que la entereza de virginidad se vea rendida, porque de mí es la cosa más querida, y el mayor interés de mi riqueza. Mirad, Señor, que esposa me habéis dado tan hermosa, que admiro mi ventura, si bien con tal respecto la he mirado, que mi firme propósito asegura, conservadme, mi Dios, he este estado, que es el que el alma, por su bien procura. Dios de Sion nescrutable, y Santo, bie sabéis la pureza en que he vivido, testigo sois también, que he prometido guardar la integridad que estimo tanto. Esposo me habéis dado, pero cuanto recelo había el alma prevenido, ya en su honesto mirar ha conocido tanta virtud, mi Dios, que causa espanto: vuestra es la causa, vos mirad por ella a vos me dediqué, sed vos mi amparo, que aunque casada, he de vivir doncella: cuya intención a mi Joseph declaro, que si dichoso llega a conocerla, mi firme voluntad tendrá reparo. Dulce Esposa, Amado Esposo. Estáis bien en Nazart? Si estoy con vos, qué más bien? Qué Divino rostro hermoso. cuando llego temeroso a contemplar su beldad, A no se qué oculta Deidad me infunde tanto respecto, que sin saber él efecto, me ofusco en su claridad. Muj Mucho el temor me acobarda; si le diré mi intención? por qué no? siendo razón; pues si es razón, a que aguarda la razón, que así se tarda? porqué no vence al temor? y vencido su rigor no le declara mi intento, pues padezco más tormento, cuanto es el temor mayor. Qué deéís, Joseph? . Decía, que el Cielo os hizo tan bella; que no hay en su manto estrella con que gualaros, María: esto, Señora, sentía, perdonad, si así os ofendo; y porque agradar entiendo, y no enojar vuestros ojos, con lo que decir pretendo. Decid, no os turbéis, hablad, que vuestro gusto es el mío. Oh qué bien responde! fío tanto de vuestra humildad, que tendrán seguridad en vos mis buenos afectos: ruego a Dios que los efectos, sean como la respuesta, que siendo iguales con esta, serán en todo perfectos. Sabed, pues, dulce María, que yo en mi puerilidad prometí, que castidad a nuestro Dios guardaría: esto de iros quería, no me impidáis tal camino, porque yo me determino. a no perder, y dejar riqueza tan singular, teloro tan peregrino. Porque la mayor riqueza que un alma puede tenes, es poder permanecer en la virginal pureza: esta es la mayor grandeza, el más estimable precio, el interés de más aprecio; y en fin para entre los dos, lo que más agrada a Dios, y que más estimo, y precio, No sé como encarecer el gusto que ha recibido el alma, después de oído vuestro honesto parecer: que como quien llega a ver restaurado un bien perdido, así yo, Esposo querido, viendo en vos tan santo celo, hallo el bien (gracias al Cielo) tanto de mi apetecido. Hallé de mi confusión el dichoso desengaño, hallé remedio en el daño, y consuelo en la aflicción: hallé de mi pretensión el buen suceso que veo, cuanto quiso mi deseo, cuanto pude desear, regocijo en el pesar. y en vos mi mayor empleo. Y así si vos, primo amado, virginidad profesáis, y la pureza observáis, yo también la he conservado: siempre Virgen me ha mirado la Divina Majestad, esto, Joseph es verdad: considerad vos ahora, si mi dicha se mejora en igual conformidad. Dejad que ponga la boca donde vos ponéis las plantas, que quien goza glorias tantas, más ensalza que se apoca. No, Joseph, que a quien le toca esa humildad, es a mí: alzad, pues no estéis así, llegad, llegad a mis brazos, goce el alma estos abrazos, pues tal dicha merecí. Quién esto llega a mirar, cómo de gozo no muere? porque tanto a veces hiere el placer, como el pesar: mirad que tanto ensalzar mi humildad, es grande exceso, vuestro esclavo me confieso, mas si soberbio me hacéis, mi esclavitud perderéis, de dejad que viva en vos preso. Cual pintada mariposa, que a la luz de alguna vela, avarienta se desvela de su explendor caudalosa: así yo, María hermosa, solicito deseaba verme en la luz que buscaba; mas vos, Divino arrebol, descubristeis tanto Sol, que el alma en él se abrasaba; Cesen encarecimientos, dulce Esposo, y pues tenenos esta ocasién, renovemos nuestros castos pensamientos. Ya sabéis vos mis intentos. Bien conezco vuestro celo; irasí yo prometo al Cielo, límbolo dela verdad, que mi pura integridad permanecerá en el suelo. Y yo prometo Dios mío, a vuestra immensa Deidad, guardar la virginidad, de qué jamás me desvío. A vosrindo mi albedrío Mi albedrío a vos ofrezco. Hada del siglo apetezco. Bel siglo nada me agrada. Sin vos, señor, todo es nada, Sin vos mil penas padezco, Oh cuantos tan alto bien torpemente atropellaron! Muchos hay que lo dejaron ignorando tanto bien. No sé yo, Señara, quien inota tal perfección. Darles tal nombre es razón a los que dejan tal jova, cuya ignorancia se apoya, en esta comparación. Vistéis el nácar cerrado, guardando la hermosa perla, tan avariento, que aún verla no permite al Soldorado? que de algún rústico hallado, divertido en la correza, sin penetrar su aspereza; dejaminar lo que hay dentro, le arroja del mar al cento, perdiendo sumira riqueza? Pues así, querido Esposo, de la castidad hermosa, Margarita más preciosa, que ha engendrado el mar undoso, no es conocido el dichoso premio, que de allí se alcanza, piérdese la confianza, reparando en lo exterior, y sin mirar lo interior, dejan morir la esperanza. Quién es en todo Divina, también lo será en hablar, sois en todo singular, en todo sois peregrina: tanto mi alma se inclina a quereros, y estimaros, que si no llego a adoraros, es por respetar a Dios, que a no conecerlo, a vos por Dios pudiera ensalzaros. Un favor quiero pediros, mas no quisiera cansaros. Quién llega, María, a amaros; está obligado a serviros: no dudéis. . Quiero deciros, que nuestra hacienda partamos, y pues al Cielo obligamos en dar la mitad al pobre, que así mucha, o poca sobre, más ricos pobres quedamos. Quién vio caridad mayor! . quien vio piedad semejante. quién vio virtud más constante! quién semejante valor! Ay de mí! con que temor, . su suspensión me ha dejado; si acaso se habrá enojado? no, no lo puedo creer, pues esto qué puede ser? Consuso estoy, y admirado; que pueda haber en trece años tan Divina discreción! Dejad, Señor, la pasión, que yo. . Graciosos engaños. Si creyera . Hay más extraños temores. . Daros enojos. Por vuestros Divinos ojos (per (perdonad el juramento) que solo es me pensamiento, daros la vida en despojos. No penséis que suspenderme fue por dejar de agradaros, que antes fue para alabaros, la causa de detenerme: ni yo pudiera atreverme a excusar el daros gusto, porque supuesto, que es justo lo que pretendéis hacer, déjaros de obedecer, pareciera caso injusto. Y así con pobres partamos la hacienda que tenemos, pues así mereceremos el premio que deseamos: que si por dicha llegamos a vernos en pobre estado, por Dios es ben empleado cualquier trabalo en la tierra, si bien mi cepillo, y sierra me excusan este cuidado; con cuyo ejercicio espero serviros, y regalaros, y toda mi vida amaros, aunque pobre Carpintero. De vuestra virtud infiero las dichas que me prometo. Soy vuestro esclavo sujeto. No sois si no mi señor. Quién vio santidad mayor! Quién vio varón más perfecto!
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Be mi caberna oscura, donde jamás del Sol la luz ha entrado, salgo a la lumbre pura, del claro día, para mi cansado, cuyo explendor quisiera deshacer con mi envidia, si pudiera. Entre hidras, y arpías, entre bíboras, y áspides pintados, paso enteros los días desde aquel que bajamos desterrados, cuantos confiero intento seguimos de Luzbel el pensamiento. ̱ Entre incultas montañas, habitación de fieras espantosas, sacán de mis entrañas el corazón serpientes venenosas, que con envidia fiera rabiando, cómo, quien en el muriera! No soy lo que procuro, mas soy quien a Joscph matar quería: la que el alma aventuro hasta ocultarla en la tiniebla mía, o en el mismo profundo. (mundo, yo soy por quien la muerte vino al por mí fue perseguido. David, y el granjacon fue desterrado, y por mi Abel herido, también por mi Sansón fue castigado, soy sin razón ni leyes sombra de las privanzas de los Reyes, Tomando el mortal velo, de que viene mi espíritu vestido, piso otra vez el suelo, perdiendo de pesares el sentido, en ver que un Carpintero merezca Esposa ser de tal Lucero. Un Carpintero envidio, porque con mis estados quiere alzarses mirad quien da fastidio a quien al mismo Dios quiso igualarse; pues tema que en el suelo está la Envidia, Antipoda del Cielor Altos montes del Tabor, cuyas peñas encumbradas abordan con las Estrellas, en tu hermosura elevadas. Peñasco las pesadumbres, azules bellas pizarras, que miráis de Galilea, cuanto su contorno abarca: Montanas de Palestina, de Idúmea hermosas palmas, arroycelos que el dordan buscáis entre verdes plantas. Aves, que moráis en chopos, fieras, que habitáis montañas; vientos, que corréis ligeros, fuentes, que lanzáis las aguas, laureles, que siempre verdes lo- lográis vuestras esperanzas, cedros que espiráis olores, gomas que vertéis fragrancias. Peñascos, que en vuestros senos ocultáis riquezas tantas, tierra, madrastra del hombre, y en que sus blasones paran: escuchad, estad atentos, oíd qué Luzbel os habla, de cuya soberbia tiemblan las insernales moradas. Yo soy quien el mismo Cielo alboroté con mis trazass escandalicé sus orbes, descónpuse sus estancias. Mas ay de mí! que Miguel el brazo, y mano levanta, diciendo. Quién cómo Dios? y al decir tales palabras, hace que baje al abismo acompañado de cuantas cuadrillas me obedecieron; pero con mis fieras garras, por empezar a vengarme, de su máquina estrellada desencaje los dos Polos, eclipsé sus luces claras. Sabed, pues, montes, y selvas que traigo el alma abrasada en más ira, en más incendios, en más penas en más ansias, en mongibelos mayores, en más insufribles brasas, en volcanes más ardientes, y en más impacientes llamas? Sosiega, Luzbel qué tienes? Oh Envidia! tú me escuchabas? Que muchó que yo te escuche, siendo de tu cuerpo el alma? Pues sabe, amiga, que vengo encendido en mortal rabia, de ver, ay de mí! ̱. Tú tiemblas? Talses, Envidia la causa. Acaba, dime qué tienes? de qué te suspendes? habla. Ya sabes como en la cima de esta desierta montaña vace entre palmas, y cedros de Zacharías la casa. donde en sértiles de hesas, con no poca vigilancia, sus Pastores apacientan tanta copia de manadas, que muchas veces las cubre; se miran tan coronadas de las cándidas Ovejas, que parece que desata el crespo Orión sus rigores, según se miran nevadas. Esto digo, porque envidies (oh Envidia!) venturas tantas; pero escucha otras mayores, no pienses que en esto paran. Ya tienes larga noticia, de como Isabel, la anciana esposa de Zacharías, vivía desconsolada, por carecer de aquel fruto, que paz de casados llaman. Pues ya los Cielos permiten (aquí el sufrimiento falta, aquí la lengua enmudece, y aquí faltan las palabras) que la estéril sea lecunda, y permenezca preñada de un Infante, que aún sin verle hace estremecerme el alma. Mira, Luzbel, lo que dices, considera lo que hablas, que Isabel para secunda peinaba sobradas canas: Mal te informaste esta vez. No puede ser, que yo astaba escuchando a unos Pastores de su ganado, y labranza, esta desdicha, que admiro, nunca de mi imaginada. Mira tu ahora si tengo, Envidia, bastantes causas para perder los sentidos, que ya Dios sin duda traza vengativo contra mí, que aquel rocío del Alba, deseado de Profetas, por nuestra desdicha caiga. No me bastaban mis penas, mis envidias no bastaban, sin nuevas desdichas, Cielos? no no soy yo quien envidiaba de María, y de Joseph, aquella pureza rara? pues como ahora de nuevo nuevos volcanes inflaman mi corazón envidioso? Aún esa es mayor desgracia, Envidia. . De qué manera? Se presume (ay suerte abara) que ha de ser esta Doncella, que mi cabeza quebranta, la Aurora del Sol Divino? pues es Dios. . Desdicha brava! Aconséjame tú, Envidia, dime qué quieres que haga en pena tan rigorosa? dame algún consuelo, habla. Para salir de estas dudas, yo digo que demos traza preguntando, he inquiriendo con astucia, y vigilancia, si las profecias se cumplen, tantos siglos anunciadas. Y di, cuando eso suceda, qué podemos hacer? . Calla, y déjame hacer a mí. Ya perdí las esperanzas. Sigue mis pasos, Envidia Ya te sigo. . En mis entrañas llevo un fiero basilisco. Y yo un volcán en el alma. . Si a David en riquezas excediera, y cuanto el mundo abarca fuera mío, a ti dueño, y Señor de mi albedrío, con humildad profunda lo ofreciera. Mas posible mi Dios, tener quisiera, si bien de las riquezas me desvío, porque con voluntad, y afecto pio, en dar al pobre, a ti me pareciera. Solo dasea el alma darte gusto, mi gusto, Dios immenso, es agradarte, y agradarte, Señor, será quererte. Quererte tengo siempre, pues es justo, justo es servirte, junto con amarte, pues amarte, Señor, por merecerte. Quiero, mientras que mi Esposo se ocupa en su honesto oficio, cicio de este libro misterioso, Que aunque ya el Sol al Ocaso parece que va llegando, y la noche camilando con apresurado paso podré mientras anochece le er del Santo Isalas las Divinas propecias, en que el alma se enternece. Nacerá de una Doncella mas limpia que el mismo Sol, mas que el Oro en el crisol, y más que la Luna bella: el verdadero Mesías, que será el Verbo Divino, y quien cerrará el camino de nuestras melancolías. Quedará como el cristal, en quien el Sol reberbera, que atravesando su esfera, no deja alguna señal. Como el alma no suspendo en estas contemplaciones! en tan Divinas razones, como el corazón no enciendo! Dichosa tu Virgen Santa, pues Madre mereces ser del mismo que te da el ser, de aquel que al infierno espanta; Benditas mil veces sean las entranas que merecen tener a quien obedecen cuanto los Orbes rodean. Oh quién tan dichosa fuera (tanto mi lengua te alaba) que ser mereciera esclava de la que a ti te sirviera! Llegue ya el dichoso día, y la venturosa hora, que de ti, Diviva Aurora, nazca el Sol dando alegría. Dios te salve, María, toda llena de gracia, pues la tercer Persona te cubre con sus alas pura Divina Infanta, pues le enamoras tanto, que a tus entrañas baja. Len a tu mil veces, Estre arasmontana entre cuantas mujeres, hijas delva se llaman, pues sola uiste limpia, pues si la presesvada de la culpa primera, de la piinera mancha. Quién eres, bello joven que ensusa, y turbada me tienen tus rezones, me dejan tus palabras? Yo soy, dulce María, el menor de la Casa del Salemenl terno, a cuya soberana Majestad obedecen el Cielo, tierra, y agua, y aún el mismo protundo en su timebla opaca. Mándame que te diga en tan alta embajada, que quiere hacerse hombre en tus puras entrañas. Cómo puede ser eso. si a Dios le di palabra de observar la pureza permaneciendo casta? El como, Dios lo sabe, que mi humiidad no alcaza tan encumbrados vuelos, maravillas tan altas. Solo decirte puedo, que tiene reservada el Espíritu Santo a sí mismo la causa. Él selo, Reina mía, es quien dará traza, dando el consentimiento tu Deodad más o humana: Tu sosa, hermosa Virgen, mereces ser llamada Madre de Dios Eterno, por tus vitrudes raras, la no te cause duda verte juiras he intecta, que Dlelo imposibles sacilira, y allana. Y en fe, de esta verdad, permanece preñada, isabel, primae en su edad más anciana. Y así el Divino Intante, que de ti al mundo nazca, le llamarás Jesús, nombre que alegra el alma. Pues postrada en el suelo, digo, que soy la esclava del Señor que te envía, y mi humildad ensalza. Et incárnatus estd espíritusancio, ex María Virgine. Con esto, a Lios te queda, que a mi eterna morada parto, de ti gozoso, rompiendo esferas claras. Válgame Dios de donde procede luz tan alta? quien causa estos candores quién tanta gloria causa? Absortos los sentidos discurriendo la causa, busco a mi amada Esposa con amorosas ansias. Pero en su cuarte (ay Cielos!) en el suelo postrada, en éxtasis Divino, suspensa tiene el alma. Tanto Sol miro en ella; que la vista turbada ciegamente se ofusca, dulcemente se abrasa. Qué música Divina! sin duda el Cielo baja, a la tierra su gloria: oh venturosa casa! Paréceme que veo otra segunda escala, como Jacob mi abuelo. al despuntar el Alba. Per Pero va vuelta en sí, del suelo se levanta, las mecillas hermosas en rosicler bañadas. Válgame el santo Ciolo; esto que por mi pasa es ilusión, o sueño. no, verdades son claras. La mitad de la noche debe de ser sin falta, quierome recoger: Joseph? Esposa amada, como tan tarde estáis, Señora, a la ventana? acaso es accidente? No, Esposo, que ocupada en mi Oración estuve: si le diré la causa? no me parece justo, que Dios me lo mandara si gusto recibiera; pero pues no lo manda, no convendrá, y así, disimulemos alma. Visteis, Señora, acaso, no ha mucho, nuestra Casa bañada en tanta lumbre, que casi se abrasaba? y entre dulces acentos, tan Divinas fragrancias, que pareció que el Cielo a Nazareth bajaba? Y ves, Joseph, lo visteis? Sí, Esposa; por que estaba con la importuna sierra cortando algunas tablas, y como de improviso tanto explendor miraba, creí que a nuestro albergue incendios asolaba. Túrbeme, y temeroso de la fatal desgracia, a libraros venía de las voraces llamas. Los desvelos a veces fabrican mil fantasmas, ilusión fue sin duda. Así lo creo, basta. Quiero disimular. C. que pues no se declara, Celestial es afectos oprimen sus palabras. Ay Divina hermosura. ay Virgen limpia, y casta! qué bien en vos se emplea esta Angelica salva! Joseph. . Dulce María, Inímito estimara tener de vos licencia, anrque jorvada larga, para ver a mi prima Isabel, que preñada está de algunas meses, según soy informada. Y así, Esposo, quisiera, si acaso no os enfadan mis hurmildes deseos, partirme a visitarla. Esto decís, Señora? poca es la confianza que de mi amor tenéis, puesto que así repara; mas cómo siendo estéril goza de dichas tantas? Es Dios quien lo permite. Quién su poder no alaba! bien es que os recojáis antes que salga el Alba: que en cuanto a la partida, Señora, os doy palabra que será por serviros, antes hoy que mañana. Que de aquí a Galilea aunque larga jornada, quien más que a sios adora, rindiendo osirá el alma. Y así estad satistecha, que nada os hará falta, porque viendo ese Cielo lis selvas, y montañas, prados, y caserias, Aldeas, y cabañas, rendirán sus esquilmos a vuestras bellas plantas. Las aves en el viento, los peces en las aguas ofrecerán sus vidas a vuestras luces claras. También su dulce fruto las palmas encumbradas rendirán, por que siempre vos os lleváis la palma. No así deis los favores, cesen las alabanzas, que en vos ser lisonjero, es, primo, grande falta. El casto amor que os tengo nunca lisonjas trata. Así lo creo, adiós. Que os guarde edades largas. Vistiose ya tu Señor? Ya pienso que está vestido. Pues ponte luego a amasar, si acaso tienes cernido, que podrá ser que la gente, como suele de continuo, venga del monte, y no halle recado. . Muy bien has dicho: Rachel está recentando, y ya el horno está encendido, con que puedes descuidar. Cómo te sientes? . Alivio tiene el alma tan inmenso, cual nunca en mujer se ha visto. No hay quien no admire el suceso. Yo también, Tamar, le admiro dando gracias cada, instante al Cielo, de quien recibo favores tan soberanos, tan admirables auxilios. Solo ver a Zacharías mudo, me causa fastidio, mas no hay placer sin pesar; El Cielo verá propicio la razón de tu dolor. Mucho he llegado a setirlo, pero como Dios lo hace (a cuyo gusto me humillo, tan conforme vivo en él, que ya su gusto es el mío; y así vengan aflicciones, q yo humilde a su servicio, sin resistencia en los males, su voluntad no desisto, Dame, Isabel generosa (así vivas largos siglos) atención a mis palabras, oye atenta te suplico, la nueva de más contento, y de mayor revocijo, que habrás tenido en tu vida. Pues bien, di, que ha sucedido? Sabe que de Naza ret, por dilatados caminos, María, y Joseph su Esposo a vifitarte han venido. Qué dices? hablas de verás? Digo que yo los he visto, y aún hablado. . Dónde dá? Al pie de estos altos riscos, Atalantes de esta montaña, junto al apacible río, que la fimbría besa, y baña de su argentado vestido. Venía María hermosa, en un tudo jumentillo, tan ufano en verse opreso con aquel peso Divino, que parece que decía, aunque sin razón; ni aviso, humillaos montes, que traigo toda la gloria conmigo. Traía en su hermosa cara, tejida de blanco lino, una toca rebozada al descuyo, y sin aliño. Salian por el rebozo tal vez los cabellos rizos, a cuyo explendor Apolo paró sus rayos corrido. Has visto al amacer abrirse los blancos Lirios llenos de aljosar, y perlas, de la Aurora desperdicios? Has visto los Sinamomos por estos valles floridos? has visto Claveles rojos? has visto hermosos Narcisos? Pues floridos Sinamomos, Lirios, y Claveles finos. Narcisos de si envidiosos, y de la Aurora el rocío, en comparación de aquella acuya Deidad me humillo, sombra oscura pareció, breve luz con el Sol mismo. Y para alabarla más, aunque conigrosero estilo, has visto el Sol en los brazos del Alba, recién nacido, entre nubes que parecen Cornerizas; o Zafiros, con cuya vista los campos, y los arroyuelos limpios ostentan más lozanía, y adquieren mayores bríos? Pues con mayores candores, y con más brillantes giros daba vida, daba ser, daba gloria, daba alivio a los prados, a las fuentes, a las selvas, a los ríos, a los pagos, y desas, a los valles, a los riscos, a las montañas, y arroyos, aquel Oriente Divino. Preguntome el casto Esposo, si era muy largo el camino desde allí hasta vuestra casa, de la distancia advertilo: y sin determe más dejando el blanco cabrito, por ganar estas albricias, a darte cuenta he venido. Quién mereció tanta gloria! quién tal dicha ha merecido! avisad a Zacharías, dadle por señías aviso de tal ventura, y tú luego ve al monte, y trae dos cabritos los más gordos del ganado: y porque la nueva estino, aunque no soy liberal al placer que he recibido, veinte ovejas te prometo. Vivas Isabel los siglos del pájaro, que en Arabia, entre aromas de sí mismo, aunque abrasado, renace, siendo su ser infinsto. tus bienes aumente el Cielo. ̱. Y di, no habrá regocijos, luchas, vailes, y otros juegos con que poder divertirlos? Es razón, camina luego, igo dicho, y trae lo que te y vengan los ganadetos, que asisten en los apriscos a solemnizar tal bien. Estás contenta? Infinito. Si tardarán en llegar? No es posible. . Ay dulces primos! pero como me detengo, y no salgo a recioirlos. Salveos Dios, amada prima. Qué es esto que en mí he sentido, que el alma en gloria se inflama, y me eleya los sentidos. Parece que en mis entrañas no cabe el pequeño Niño, según la inquietud que tiene. De cuando acá he merecido, que de mi Señor la Madre visite mi albergue indigno? Bendita sois vos, Señora, y el fruto también bendito de vuestro dichoso vientre, por los siglos de los siglos! Que el Cielo me ha revelado (aunque indigna) de improviso, de vuestras puras entrañas ese tesoro infinito. Ya de Moises, e Isaias los deseos se han cumplido con que al Cielo importimaban con lágrimas, y suspiros, diciendo: Nubes lloved ese Divino rocío, Cielos enviad al justo tantos sinlos prometido. Amada prima, al Señor que ensalzo, alabo, y bendigo, magnifica el alma mía por tan grandes beneficios, de mi humildad se agrado, y tanto le satisfizo, que reiterando promesas, quiso caarme a si qismo, Y Joseph dónde quedó? Ya Joseph llega a servitos, Tamolos blajes, Joseph. Con ellos el alma os ruido. Perdonad, por vida mía, el ne haber antes cumplido con mi obligación. . Señora, ducia en mi gran desvarío reparar en estos puntos, si buen el taber estimo. Len será que descanséis del traajo del camino, y así vamos al a dentro, entrad, parientes queridos. Vamos prima de mis ojos. Vamos, Niña de los míos, y aún de los ojos de Lios, pues ha tate que os ha visto, a quien llameran las gentes en los venideros siglos; para más eternizaros, la Aurora del tol Divino. V
JORNADA TERCERA
JOAIADA TERCIRA Cielos, en que han de paras me suspechas, y recelos? tan amunos del consuclos, qué consuelos hen de hallar? i esposa puda agraviarme? Maapudo atreverse a injoriarme, y ofenderse, a ser lible, y a matarme? Yo su honor, y sin vida? mi emada Esposa preñada? su himbre pura eclisada? y su castida perdida? Io puede ser, no lo creo: detente lengua importuna, no digas capera alguna, aunque tal indicio veo, que yo jamás he mirado en su limpia honestidad licenciosa lisiertad, ni aún asomo de pecado. Fues como se compadecen preñez, y Virginidad? habrá quien de claridad a mis dudas porque cesen? habrá quien dé desengaño a mi aflicción? no es posible: viose pena más terrible! viole rigor más extraño. Qué puedo hacer (ay de mí!) que la congeja me acaba? tu Espaso, en e te agraviaba? María, en qué te ojendí? Pude yo dar ocasión a tan grande desacierto? no es posible, no por cierto; pues porque tan gran traición: Si a mis detidos cuenta doy del caso, mi mal precuro, porque la vida aventuro de quien adorando estoy. Pues qué puedo hacer? (ay triste! si será mejor dejarla pues podré de mi apartarla? o cuánto el amor reliste! Yo sin mi Esposa un instante. yo sun María una hora! ya el alta un instante llora por eternidad distante. En confusión tan notable, Dios nno, qué puedo hacer? porque tal me llego a ver con rigor tan insaciable, que entiendo que la razón ha de venir a faltarme. Fero ya sin resistencia, dice el honor que me ausente, mueló el coracen lo siente, tened corazón paciencia: que es mevor dolor morir ausente en dudas, y enojos, que estanbiendo con los ojos la atrenta en que he de vivir. Quiero entrar a disponer no rigerosa partida, así vamos triste vida a melar, y padecer. Quedaos a Dios, pobres casas, mal dije pobre, que en esta dejo la joya más bella, si bien de esplendores casa. Prosigué Amnadab el dulce cuento. Como digo Palmira, fue el contento de su prima Isabel, tan sin medida, que el gozo pudo videntar su vida. Andavan las crles sin sentido, todo era amurca, y raido, las montanas e aan con los fuegos que amano se encendia, haciendo los haqueros, y zagalas ostentación de sus vistosas galas, señalándose más el que podía en festejar la Celestial María; y dichoso el Pastor que se ocupaba en su servicio, si albo le mandaba. Tres meses asistió la Niña hermosa a su prima Isabel, tan cuidadosa, que apenas se acordova de sí misma, ya por horas el parto se esperaba de la segunda Sarta, y ya los cielos quieré que goce el fin de sus desvelos. Llegó la hora, pues, tan deseada, los dolores la oprimen, y obligada al común censo, gime, y se lamenta, animala María, ella se asienta, y entre temores, ansias, y regocijo, al mundo nace el deseado hijo. Quererte referir el alegría que causó a la montaña aqueste día, fuera hacerlo imposible, solo diré, que aún hasta lo insensible, con igual alborozo, y sentimiento daba clara senal de su contento. Por toda Palestina, y Galilea, sin perdonar la más humilde Aldea, de la samilia el orgullo dilatado, ocasionó que en paso acelerado. visitasen la estéril ya fecunda, sus parientes, y amigos con prosunda admiración del no pensado caso. Mi deudo Zacharías nunca escaso, si no del habla, que le embargó el Cielo, acasajando con humilde celo al dendo, al conocido, y al pariente, por señas dice lo que el alma siente. Ocho veces dio luz el Sol hermoso. al emisterio en curso presuroso, cuando la parentela se dispone a la circuncisión, y el nombre pone del mudo Zcharías al Intante: dicénselo por señas, y al nstante tomo la pluma, y escribió su nombre, diciendo en pocas letras, Juan su nombre, restaurando al instance Zacharlas el hama ya perdida tantradías. La casa eneegora ata, cuando la Dia:a Maria desianda volverse a Nazarea, pide, y de sus dos paritodes se desvide. Llora label, sa se enternece, Zacharías de nuevo se enmudece, también Joseph se aflige, nadie en el llanto, y pena se corige, siendo tan vehemente, que temanos mmarnos de repente. Pero como María al arecto y amor ante. con risdeño semblarte mraba, y de merced l Partibse al fin Maria, acompañola s Cielo quie lo duda! ay regalada de Paraninto, que le ian; y que de la enfonia serunian. Finalmente a mi sueño Zachanas pedí licencia, y luego a pucos ds, para conrar de mi queridatio tu padre, un resto, que debía al mío, de los talentos que le dio prestado cuando vino a lielen con tus ganados, llegué a este mete, er tu cielo hermoso y de saber quien messes cuidadoso, supe que eras mi omimar que ventura!) admiré tu beldad, gracia, y cordura, quisimonos a ui tiempo (dicha immesa! y sin ser menester la recompensa que Labán de su yemo pretendía, tu padre nos caso sin darme a lía. Fetito el gozo con que te he escuchado, que ido primo, cuento deseido el misterioso cuento de mi hadido. Paramañana tengo prevenido otro diierente, no ienos gastoso a tu ilite Msachal, que desteoso de me suceisos tales comonó los baqueros, y zagales más cuerdos, y advertidos, para que parta ipen sus sentidos de los fuenes que el Cielo en el presente siglo ha dado al sucla. ciendo tú tan leido e las Divinas letras, justo ha sido el convite ove ha hecho, de tu Eicino ingeio satisfecho. empre me taboreces. Este, primo, as lo menos que mereces. ̱̱. Ya parece que es hora de juntar el ganado, que el Sol dora con presuroso paso las omatadas calles del Ocaso. Pues ven, recogeremos las ovejas, y al valle caminemos por esa senda amena, polada de mastrances, y verbena: vamos querido esposo. ̱. Indigno soy de nobre tan dichoso. Abre la Rosa a imatación del Alba cortiendo de esmeraldas las cortinas, haciendo al Sol la Salva sus encarnadas hojas matutinas, trellas tan fragrantes, y bello, de iso objeto, de la Aurora Es- Las aves se levantan, y la noche apresirando el paso va a acoltarse, y al partir en su cocha Paere de Faetón, sale a pasearse; hamado de luz pura lpardar sombras de la noche oscura. e qe can el ganado senoliento el mesiero Pastor de la cabaña, y danque le hete el riento, camina cuidadoso a la montana, a dunde pasa el día, al cire, al hielo, y a la escarcha fría. El la racor con el aredo al uto, el tuerte tiempo del Iuviernn pasa, antala, y al caloroso Estío toma la hoz, pormás que el Solle y en sin después aplica a la troj ancha la cosecha riea. Miro erizado el pajatillo tierno, melancólico, triste, y afligido, que sintiendo el Invierno le abriga entre las pajas de su nido, lucon el Verano mira, cuéntale versos, y su voz admira. Yo solos ay suerte abara, m descaso, con sospechas, temores, y recelos, así el discurso canso tanto alligen a un triste desconsuelos y más si en su fortuna no espera hallar declinacién alguna; Huyendo (ay triste!) de mí mismo, salgo de Nazaretn, mi Esposa dejo, y en un confuso abismo de penesas sospechas, sin consejo, a los montes me vengo, sin saber donde voy, ni lo que tengo, Pero qué sueño es este, o me obliga a descansar, cuando penando muero? ya es fuerza no proliga mi camino, que intenta lisonjero con caricias iguales dar suspensión al curso de mis males Joseph, hijo de David, oye atento mis palabras y pues los del cuerpo duermen, abre los ejos del alma. Yo soy Gabriel, a quien Dios suprema Majestad sacra, a consolarte me envía desde su luciente Alcázar. No temas, por que a tu Esposa la consideres preñada, porque es Dios el dulce fruto de sus Divinas en trañas. No por obra de varón concibió, si no por gracia del Espíritu Divino, de que entiquece su alma, Esta es aquella Doncella del mundo tan deseada, celebrada de profetas, llamada de Patriarcias. Lazarra que vio Moysea de la lumbre apoderada, sin consumirse jamás al incendio de la llama. La que siendo siempre Virgena su mtegidad siempre salva, parira al Verbo Divino, vestido de carne humana; a quien llamarás Jesús luego que su oloria nazca al mundo, para remedio. Válgame el Dios de Irael, es esta dicha soñada; no no es posible, espera, aguarda, Paraninso de los Cielos que me dejan tus palabras atonitos los sentidos, y llena de gloria el alma. Hy desengaño dichoso! cuan justamente te llaman antidoto en las sospechas de que el discurso se engaña, Ay, María, mar sereno en mis mayores borrascas, qué atrevimiento fue el mío de imaginaciones vanas? Quién mereció igual ventura! quién mereció dichas tantas! yo Padre del mismo Dios? quién esto escuchó, qué aguarda! que aguarda que no se arroja a aquellas Virgíneas plantas, y humilmente el perdón pide postrado a sus luces claras? Divino! lacedor del Cielo, y la tierra, sin fin, ni principio Majestad eterna. Tú que en mis entianas Ni no te aposentas, siendo el Cielo corto para tu grandeza. Dios incomprensiblo Sobarana Esencia, Padre de las cosas, fortaleza inmensa. Bien veis, Rey Eterno; la aflicción, y pena que a mi casto Esposo el alma atormenta. Tengan desengaño todas sus sospechas, salga de las dudas en que se desvela; que no es bien, Dios mío, que mi honor padezca, siendo tú la causa de tan alta empresa. Que a entender, Sevor que creída fuera, yo me declarara, o me defendiera. Divina María, dulce amada prenda, mas pura que el Sol, y que las Istrellas a quien los dos rayos de la Luna bella sirven de coturnos, que tus plantas huellas Cipres levantado de tus excelencias, que llegas a Dios con la sunma excelsa. Encumbrada Palma, que nos representa de tu castidad la mayor grandeza. Pacilica Oliva, Juente de clemencia, Fozo de humildad, de los Cielos Puerta. lardin deleitable, donde se recrea Dios, pues baja al mando, y en él se aposenta. Torre inexpugnable de tu sortaleza, Templo de virtudes, Rosal de pureza, Escala del Cielo, Espejo en que muestras de tu alma Virgen la intacta pureza. Nave Celestial, que al puerto navegas, el mar en la bonanza, llena de riquezas. Yo confieso humildo mis inadvertencias: pero quien (ay Dios!) tal dicha creyera! Quien imaginara Soderana Astrea, que Dios se pagara de nuestra pobreza! Cómo, dulce Esposa, no me disteis cuenta de gloria tan grande, Dudaisteis, Señora; que crédito diera a vuestras palabras? imposible fuera, que un Ángel creí: y es ciara evidencia, que pues le excedéis, más bien os creyera. Cuando considero, cándida Azucena, que en vuestras entrañas Dios hembre se estrecha, llegar a adoraros, Señera, quisiera, como a relicario de su Ommpotencia. Lios, amado Esposo, cumpliendo promellas, mi pebreza busca, y olvida riquezas, Madre quiere humilde, y que el Padre sea pobre como vos, y de igual pureza. Mas por dicha oísteis un pregón, que altera el vulgo, en que manda Octayiano César, que al origen vayan de su descendencia. los varones, que sus vasallos sean, para registrarse; porque ver intenta por igual camino cuantos le obedezcan. El mándato oí, no con poca pena, por veros preñada, y haber de ser fuerza partir a Belen, donde la cabeza de nuestro linaje su blasón ostenta. Porque de David lanto Rey Propeta, el origen tiene nuestra descendencia, y de aquí. a Belen ay treinta y dos leguas: y si he de llevaros como el alma intenta, del cruel Diciembre ya ves la nelemencia. No os aflija nada, que sin duda ordena Dios este camino para gloria nuestra. Y así prevengamos lo que más convenga para la partida, pues partir es fuerza. Ay, amada Esposa, quien poder tuviera para regalaros! pero son mis fuerzas tan cortas, bien mío, que afligirme es fuerza. No os satiguenada, nada os entristezca, pues nos acompaña Jesús. . Dicha immensa. Que tengas atrevimiento, indomable bestia fiera, a entrar en Belen tan libre, y ponerte en mi presencia! Que donde ha de nacer Dios, tomando mortal librea para redimir el mundo. tan osadamente llegas? Sal fuera, monstruo internal, sal de Belen, vil cusetra, que no han de valer tus trazas por más que te desvanezcas. Siempre has de Jer nu contrario? siempre has de darme molestias? en qué, Cabriel, te ofendí? No te valgas de cautelas, Dios al prinicipio del mundo te maldino, bien te acuerdas cuando deidad te ensaltabas. Desame, no me refieras lo que he sido. . Por qué no? Porque nus bienes me acuerdas, y ya apelezco los males, aunque impusible parezca. Pues, di Cerub engañoso. qué pretendes, o qué imentas hacer en Belen. . Lar trazas (ya que excusarse no pueda la venida del Mesias como muchos no lo crean, y en los venidetos siglos, que la devoción se merda del nacimiento de Cristo. Lo has de noder, aunque quieras borrar devoción tan santa. y porque tu engaño veas escúchame en profecia los Santos que te harán guerra, adorando el le misteri, con alma, y Fe verdadera. En los peñascos de Egipto, entre encditas asperezas, habitará por tu mal un Gerónimo, que tenga en sus hombros, sue columna, la Slagutad de la piena. Este por sulevoción, vera la l Enicia en an pesea. Encido, y compoñará a su grandeza unos Maitines, que cante la Eglesir en su ilu de fiesta. También serán sus devotos, con ignales ancelencias, un il défonso Divino, que así mismo la pureza de aquella impecable Virgen a pesar tuyo defienda. El gran San Ju in Damasceno, y otro que apellido tenga Crisóstomo, un San Anselmo, un San Agustín que pueda cuanto el Sol llena de luz, fiarse de su elocuencia. San Dionilio Areopagita, san Buena ventura, immensa será la que le dé el Cielo por su erudición, y letras. Y un Bernardo Celestial, cuya humildad, y limpieza no habrá lengua que las diga, ni quien escribirlas pueda, quien de la Sigrada Virjea predique las excelencias, y a pesar del mismo infierno acredite tu parera. Quien merecerá sus pechos bebiendo el precinso Nectar, que ha de dar sustento a Dios hombre mortal en la tierra. Quien por su gran devución vilible, entre sueños vea nacido segunda vez el Niño Dios de quien tiemblas. Quien por su. . No digas más, que me quienras la cabeza, y en vano te estás cansando. Pues dis no es bie te ostremezcas de mir tan ruertes comvarios? So, arabiel, muchas mis fuerzas; Tú verás la opesiern de todos, ya que me aprietas, los que neguan, que Dios ha ven do al mando. . Cierra la infernal ooca, Dragón, no mievas la in ernal lengua, que por los Divinos Cielos, y por las criaturas bellas que así e llenaas de luz en arsuerentes esperas, que te llaga más pedazos, y te resuerva en más piecis, que átomos enseña el Sol en sobrillante madeja. Deja, Gabriel, valentias? que son mis fuerzas inmensas: quien como yo en el poder? Quién cómo Dios bestia fiera? Venciste, Gabitel, venciste. solo esfe nombre pudiera desvanecer mi arrugancia, y des acer mi soberbia. Surca abritadoras llamas, biasona sobercio en ellas, y cuantos rebeldes sigan tu opimón de engaños llena. Aunque más disimuléis, María hermosa, el trabajo tan que padecéis por cantno tan áspero, y dilatado, bien me dice vuestro rostro en tono carmín bañado, la fatiga que lleváis, que no es mi menor cuidado, pero presto llegaremos a donde tenga reparo vuestro cansancio, María, no desmayéis, animaos, que ya miro de Belen las torres, y muros altos, y el Alcázar de David en su altivez levantado. Y en llegando alíá, quien duda, que nuestros deudos mirando esa Divina hermosura, ese Cielo soberano, esa honestidad que admiro, esa pureza que alabo, no procuren generosos, su voluntad obstentando con amorosas caricias, y particular cuidado, la mesa para el sustento, y el lecho para el descanso. Tres días ha que venimos peregrinos, caminando tipie, con poco remedio, a obedecer a Octaviano, que aunque no hable con vos el rigoroso mandato, Celestial acuerdo fue en Nazareth no dejaros. Mas ya permiten los Cielos, que las murallas veamos de la Ciudad venturosa, donde habéis de aposentaros, Ea, Divina Señora, apresurad más el paso. que la oscura noche viene, y el día se va acercando. No el cansancio, no la nieve, no los vientos destemplados. me dan tal pena, Joseph, como miraros cansado. Porque quien lleva en el pecho. auxilio tan Soberano, es imposible que pueda padecer ningún trabajo, Ves sí, Señor, le tendréis, plaguiera a Dios, que excusarlo yo a cesta ía, pudies y por vos, Joseph, llevarlo. Ay, Esposa de mi vida! y quien pudiera libraros de los inclementes hielos que así nos están cercando. Y vos, Divino Señor, que también peregrinando, acompañáis mi pobreza por los montes distrazado, hecho pechero del hombre, pudiendo, mi Dios, libraros por vuestra antigua nobleza, de ser así molestado; de ajenas deudas queréis, Divino Niño, encargaros, sin advertir si el deudor, con el crédito ha quebrado. Mas quién dudará amor mío, que no lo tengáis mirado, y que queréis padecer por librar al hombre ingrato? Ya de valiente León os volvéis Cordero manso, de Águila Real, Paloma, que paz anuncia, y descanso, Ya se acabó vuestra ira, ya no sulminando rayos, rendís con un Ángel solo ejércitos de Soldados. Ya misericordias todo, las promesas reiterando, bajáis desde vuestro Trono a libertar los esclavos. Ya, Divino Emanuel, los deseos se han logrado, de los que en el Limbo oscuro os esperan tantos años. Llegue ya el dichoso día, que ha de causar gozos tantos, al Cielo, al Limbo, y la tierra vuestro Nacimiento Santo. Transfermados en tal gloria, sin pensar hemos llegado a Belen. . Gracias al Cielo, que ya, dulce Esposa, estamos de donde descansar podréis de camino tan cansado Infinita gante acude. Vamos, pues, apartando de su tropel; pero aquí vive, si no es que me engaño, un amigo, que en amor, es más que si fuera hermano, quiero preguntar por él. Quién la puerta está quebrando? somos sordos por ventura? quién es? . Oh amigo caro! que gusto me ha dado veros con salud! dadme los brazos. Por ventura vuesarcé se viene acaso burlando? pues aquí no se permite chacota, porque yo. . Paso, señor, que no vengo a fe a daros ningún entado, antes a serviros vengo, juntos, Joab, nos criamos: a Joseph no conocéis? De eso me estoy espantando, digo, que en mi vida os vi, vive el Cielo, ni aún hablado. Basta, guardeos Dios, señor. Por Dios gracioso despacho: que bien que sabe finguir! levas conmigo? . Qué engaño. es confiar en el hombre. bien se mira en este caso, vamos adelante, Esposa. No os aflijáis, primo amado, que Dios nos dará remedio. En su piedad voy fiado, aquí vive un deudo nuestro. Llamad, pues. . Llego temblando! ha de casa? Quién da golpes? Gente de paz Sois acaso Manasés? . No, mi señor, Pues quién suis? . Estoy turbado, vuestro dendo Jeseph soy, que de Nazareth acaba de llezir enelenumo con mi Esposa tatigado, y porque preñada viene, jorán, quiero suplicaros que por Dios nos hospedéis. Es imposible, que aguardo parientes de obligación, ya veréis que es fuerte caso no cumplir lo que promete el que se precia de nontado: Ao digo yo que por eso dejéis, Joran, de nospedarios, que nosotro; desde quiera estamos bien. . Qué cansado es mi hombre en siendo nobre! Id con Dios, que ya me ensado, recogeos en un mesón, y no vengáis afrentando a los que llamáis parientes, que fuera bien excusarlo, siquiera por su respeto, y por vuestro humilde estado. . Dadme, Dios mío, valor, porque en desconsuelos tantos no me acabe el sentimiento, o me deshaga mi llanto. Pues Esposo, vos lloráis? No es razón, si estoy mirando los depuestos que escucháis, y la pobreza en que os traigo? No veis que Dios lo permite? Solo ese consuelo halto en tan precisa estación, a un mesón hemos llegado. 1. Pesar de quién te parió, tienes de acabar hogaño de desuncir estas mulas? 2. Por ventura estoy jugando? 3. Venga cebada seor huésped, que las mulas boca abajo piensan sin pensar. . En qué? 3. En la sisa. . Di cortacho, pues sey hembre yo desisa. (garlo, 3. Lo parece. . En qué? . En ne- Estos montos de mulas andan al hombre tentando para que se eche a perder. To llego, araa hablarro. . Amigo, si la piedad acaso puede esnigaros a que deis acogimiento a los dos que esáis mirando, os suplico que lo habáis por Dios, que ahora llegamos de Nazaretlí a Felen, tan pobres, y fatigados, cuanto no sabré deciros, Por Dios, que venís de espacio, no se da posada aquí a mendigos, y así hermano excusar podéis la prosa, que amorovecho es cansaros. Por reverencia de Dios os compadeced, que un mármol se enterneciera a mis ruegos. Ya dais en ser pocfiado. Mirad que preñada viene mi Esposa, sed más humano: que el premio tendréis del Cielo. Y si le comese el parto a vuestra mujer aquí, quien duda que alborotados mis huéspedes culparian mi mal consejo? . Qué engaño! Aquí fuera del lugar hay un Portal derribado, cuyo arruinado edificio se de tiene en un peñasco. que a este mesón corresponde, donde podéis alojaros esta noche, y descansar, id enpaz. . Hay mundo ingrato, que necio es quien de ti fía! Bien será, Esposo, que vamos donde dice este buen hombre, que enduda el Cielo santo así ompone las cosas. Nada me diera cuidado, como descansaráis vos. Qué más bien, qué más descanso que a Dios en mi indiono pecho, y a vos, Esposo a mi lado? La noeue más rigocesa es que se ha visto en la vida. Ya tiene Bate encendida cándela, y una famosa caldera de migas puesta para resistir en frío. Opesar del Cierno impío, que así la tierra molesta! Es cosa de admiración la nieve que cae del Cielo: hecho estoy un puro vero. Yo tírito . El Aquisón, el Acustro, y el fiero Noto lanzas a la tierra envían. Librenos Dios, si porfían de su rigor. . Todo el soto en nieve se ha convertido. Lo que podemos hacer para podernos valer de este Cierzo embravecido, encender lumbre bastante, con que el frío reparemos, porque menos no podemos tener de alivio un instante. Ya tiene encendido Bato, y aún prevenida la cena. Solo comer le despeña. El es gracioso insensato. Si malicioso no fuera. con un juego le engañara, y sin cenar le dejara. Zagales, a la caldera. Oh qué lindamente guelen! El César con su poder puede venir a comer las migas que dentro vienen; sentaos en conformidad, y pues cucharas tenemos, con mucha igueldad cenemos. o, - Esa, Bato, es igualdad? la cucharilla es quien quiera. Qué ventil impertinencia. tan grande es la direrencia. Aventar parvas pudiera. Oh qué ciprosas están? no tuviera yo diez pocas. Yqún pienso que fuerm pocas. Tal pracer, Silvio me dan. Después que con los ganados de nueso amo Zacharías habitamos estos días de Belen los verdes prados, la memoria de la sierra, casi habemos olvidado. No me da poco cuidado. El pasto así nos destierra, Ya Jónnico sabrá hablar. De seis meses quiere que hable? Es el mochacho notable: mas qué ha de ser Escolar? Muchas cosas cuentan de él. De Propeta le dan nombre. Vos le veréis grande hombre. Así lo dice Isabel pero esto aparte dejando, porque la sed me alborota, echad por acá la bota. Con ella te estoy brindando, toma, y vaya Dios contigo. Bien haya quien te parió, y la cepa que crió este licor que bendigo. Es para mañana, Bato? Pluguiera a Dios que lo fuera, o que un siglo así estuviera, aunque se perdiera el cato; pero (ay de mí!) no miráis abrirse el Cielo, Pastores? Qué Divinos resplandores? Su música no escucháis? aparteet venga el . Cabrid cer- Dese la gloria a Dios, dese en el Cielo, y la paz a los hombres hoy en el suelo. Ganaderos venturosos, volve a cobrar el aliento, no se revierta el contento de seráados tan dichusos. Sabe! qué a nacido para mien de tierra, y Luelo, vestido de mort. eio a la human dad anido. Nació de una Vimen Santa entre dos animale, oo (con mil canmmantes reflejos, siendo su grandeza tanta. Aterido tiembla al hielo vertiendo lágrimas bellas, que diera el Cielo por ellas la mayor parte del Cielo. En Belen en un Portal, sin abrigo, y con pobreza está la eterna grandeza del Salomón Celestial. Pi Fuese, Silvio? . No lo ver. Ojalá que no le fuera, que cierto que un Ángel era, Pues ignoras que lo es? Un Ángel nos ha habrado voto al Sol, si tal sopiera que a pura fuerza le hiciera que me lleyara a su lado. Qué lindi cara tenía! De razones excusemos, y a ver a Dios raminemos antes que amanezca el día, Cortad ramos de laurel, y de nardos olorosos, de mirras, y aloes hermosos haremos allá un vergel, A la parida llevemos cuanto hay bueno en la cabaña. Cuanto el Sol encunda, y baña quisiera darle. Acal emos, y excusen es el hablar. Yo voy por el tamboril, porque al uso pastoril en Belen se ha de bailar. Lleve Fieasto las sonajas, y Silvio la gaita lleve, que haví que le pese a la nieve tenemos de Lacernos rajas. Toda la escarcha parece que er flores se ha convertido, el valle un jardín ha sido, según la hierba flerece. En horatan dichosa mil veces bienvenido seáis, Hijo cuendo. bañado en tueve, y rosa, dando con mortal velo al Cielo gloria, etema paz al suelo. hor qué, Jesus amado, ya que te escogiréis tan he made quisisteis nacer en despoblado? en Naz iretn no fuera, para o allí, mi bien, mas os sirviera? Temblando vos de trío, siendo el luego mis ojos? antos enojos, vos con siendo el gozo, Dios mío? y vos con tal pobreza, siendo del Cielo la mayor riqueza? Deció mi amor, saltarán, pues más que yo pudieran, mil Reinas que os sirvieran, Palacios que os guarderan? Pues cómo, mi alegría, os contentáis con la pobreza mía? Gracias a vuestra Alteza, por haberme elegido Madre vuestra, y querido conservar mi pureza, y por tantos favores como haberos parido sin dolores. El animal, y el ave, el hombre, y cuanto vive, que de ves ser recibe, vuestra bondad adabe; que yo en nombre de todos os glorisico por diversos modos. Cielos, qué es esto que miro? parece que muchos Seles a porfía desvanecen las tinieblas de la noche. Gloria a Llos en las alturas, paz en la tierra a los hombres escucho, cuyos acentos rompen los aires veloces? La tierra en rueve resuelta se odorna de hernosas flores, por estas rotas ruinas escucho alegres canciones. Todo es Cielo cuanto miro, cuanto escucho admiraciones, si gloria dicen los aires. naces los ecos responden. ilas ay Dios! qué es lo que miro? en mi Peschrillo pebre yace entre dos animases la causa de mis temores. No tumáis, amao Esposo, llegad verci hecho hombre el Sol de sutictaa Dios. Ya el alma le reconoce. Oh misterio Seberano! en vuestros eternos loores quien no se pisma, y eleva? quien no se numilla, y encoge? El Cielo, y la humilde tierra a vuestra Deidad se postren, los Ángeles os ensalcen; y los hombres os adoren. Todo cuanto hay animado vuestro dulce Nombre invoque, desde donde nace el Alba, hasta donde el Sol se pañe. Y yo, dulce Jesusmío, a quien de Padre dais nombre, eternamente os alabo por tan extraños savores. Andar, que ya se descubre en la falda de este monte el venturoto Portal. Démonos priesa Pastores, que cuanto en llevar tardamos, es nuestra fatiga aldomble. Yo par diez, ya estoy acá: mas qué Divinos Cantores son los que en el aire escucho? cosquillas hacen los lones. Por dar un relincho estoy, los pies me baillen pordiobre, que en llegando los zanales me hago rajas esta noche. Todos estamos acá. leno. . Qué quieres? Oyes tañer gaitas por aquí Qué bien las gaitas conoees! esto te parecen gaitas? Pues qué ser? remirasores. Eso mismo. No lo entiendo. Ea, dichosos Pastores, A cierto es que Dios ha nacido, veisle aquí vertiendo amores por los ojos Celestiales; llegad, pues, que bien conoce la humildad de vuestros pechos; postraos a sus limpios Soles, y con los pobres presentes tindamos ros corazones. Si quien da la voluntad, Niño Dios, todo lo osr y más con ella merece. por ser de más cantidad. La voluntad recibid, y admitid este Cordero que en su humiidad considero la vuestra, Eterno David. Yo, Divino Salomón, os presento este cayado, para que guardéis vonado cuando llegue la ocasión; y aunque va en forma de Cruz, estimadle, que algún día tendréis con él alegría, y vuestros rebaños luz. Y yo, Pastor Celestial, porque a serviros me aplico. os presento este peluco, aunque tosco, y desigual; del más precioso brocado quisiera, Señor, que fuera; y que todo el estuviera de finas perlas bordado. Y yo, pues en tiempos tales nacéis temblando de frío, os quiero dar, Niño mío, para que tengáis pañales: aqueste lienzo tomad, hermolísima María, y perdonad, gloria mía, del presente la humildad. También para que comáis, los corazones traemos, que rendidos ya sahemos que no sos menospreciáis. Cabrtos, miel, y manteca, queso frezco, y requesones, en cuerdas tublos melones, y en cana:tis fruta seca traemos a vuestra Madre, para que regalo tenga, mientras aquí se detenga con vuestro dichoso Padre. Estad todos satisfechos, que agradece vuestrocelo, cuyo premio será el Cielo de vuestros sencillos pechos. Amad a Dios tiernamente, dadlenas, y loores por tan immensos savores, y merced tan excciente. Su Platividad gloriosa ensalzad por varios inodos, y viva eterna entre todos la devoción misteriosa. Oh misterio soberano! O misericordia immensa! Oh aunno, amparo, y defensa contra el rebelde Tirano. Con vos nuestro amparo vino, y el tiempo más deseado. Y aquí se queda, Senado, Jurora del Sol Divino. ON LICENCIA: EN SEUILLA, ENLAIM prenta de Jo , , - C der de libros, en la calle de Genova, don- de se hallará de todo surtimiento de Libros, Comedias, Romances, Relaciones, y Ena tremeses sueltos. T Ambién se hallarán tres libros muy curiosos, uno cuyo título es, . Otro, . Otro, s e el cual se halla rán remedios para todas enfermedades, el cual lo mando hacer el Papa Juan Y Jil a un Me- dico suyo muy sabio, para que cualquiera de cualquier enfermedad le pueda curar sin Me- dico, y principalmente para donde no le hu- viere. Se hallará también un libro nuevo, para co nocer, curar, y criar las siete Aves me nores de jaula.
