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Texto digital de La aurora de la Rioja, Nuestra Señora de Valvanera

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La aurora de la Rioja, Nuestra Señora de Valvanera. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/aurora-de-la-rioja-nuestra-senora-de-valvanera-la.

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LA AURORA DE LA RIOJA, NUESTRA SEÑORA DE VALVANERA

JORNADA PRIMERA

AA A Villanos, hoy mi espanto hará temáis mis iras. Cielo Santo, amparanos benigno. De esta suerte veréis si él os liberta de la muerte; Muerto soy En tu vida veré, villano, mi ambición cumplida, pues gloriándome de una, y otra hazaña, terror, y espanto soy de la Monraña, en donde irás abortando el pecho, haré que el Mundo rinda a mi despecho la cerviz, obediencia, y vasallaje, o llorará la ruina de mi ultraje. Hoy con esta Victoria, Nuño, aclama el Mundo los blasones de tu fama. No ha de haber vive el Cielo, en la Comarca quien el rigor no sienta de mi parca. Bien harás; y a ese intento, su cólera apoyando mi ardimiento, hasta verle precito debajo de sus Ordenes milito; pues con insultos, muertes, y hechos fieros, Caudillo feroz es de Bandoleros. Qué nuevos triunfos, Nuño valeroso, aumentas a tu pecho generoso? Excusada pregunta es esa, viendo que a uno ha muerto, y que dos se van huyendo, Y a fe, que su presteza supo burlar, Señor, a mi fiereza; pues por más que en seguirlos me empeñaron mis deseos, jamás los alcanzaron. Mas mi cólera aumenta el desenfado con que aquese infeliz quiso, fiado en su mucha osadía, competencia hacerme, sin mirar, que la experiencia tiene enseñado a todo pasajero quien es Nuño el cruel, el Bandolero; pues de mí, recatando, y defendiendo los tesoros que llevan previniendo, quiso que fuese yo su sepultura, venganza aún no bastante a su locura: mas dirasme, Corchete, por tu vida, dónde a Nuño dejaste? Con pulida gracia entre ese Bosquete entretejido jugando le dejé muy divertido. Hay prenda de mi afecto. Aquese niño la atención me ha robado del cariño. Ay amor! Ya contigo penetro tu dolor, descansa, amigo, pues te ofrezco esta noche, después que el rubio Pebo con su Coche extraña Región dora, hasta verle en Oriente nueva Aurora, que dejando la cima, vamos adonde puedas ver mi Prima; pues la palabra mía hacerla, tuya en breve te confía. Ya en esa fe previene mi ventura, y su halago, Clorirene, y solo el rigor siento de Hernando, vuestro Padre, y mi tormento aumenta la porfía, con que hoy lo intenta estorbar García, después, que de tu Hermana consiguió posesión tan soberana. En nada te embarace un enemigo, que será de su ruina fiel testigo; y así, en anocheciendo, a Montenegro iremos descendiendo, donde tú con Corchete, (porque el mucho rumor no los inquiete) en Casa de mi Padre introducido, puedas ver a tu bien apetecido, que yo, para cualquiera contingente, a la vista estaré con la más gente. En esa confianza ya no temo del hado la mudanza. Ay hijo mío, objeto del cuidado! Todos dispuestos vamos a tu lado. Pues en ese seguro ya bien fundo, que me apellide prodigioso el Mundo. Y que ajuste este Córchete su Coleto. Y si alguno se opone, le prometo, Eso sí, torpe, y ciego, bien de su vida mi Victoria alego, pues soberbio Pirata de este Monre, escándalo se ve del Horizonte, siendo su rigor fiero homicida de todo pasajero, llevándole su infausto precipicio de un vicio encadenado en otro vicio: tanto, que atropellando su malicia el decoro debido a la justicia, bajando a los Poblados tiene a sus Moradores asustados, logrando avasallar con su fiereza, lascivo bruto, incauto su torpeza, la hermosura, que indomito atropella, sin reservar Casada, ni Doncella: sea de esta verdad claro testigo (que a veces, sin querer, también la digo) ese Infante, que, aborto de su vicio, va dando de su Padre fiel indicio, con cuyo hijuelo, en bien gustosa calma, su afecto parte la mitad del alma; pero, pues, de sus hyerros compañero, con su ejemplo, también mirarle espero, yo haré, que aqueste bruto, con todos sus parciales, el tributo me paguen en continuo llanto eterno. tapetes dé mi trono en el infierno. Déjate esa luz, Floreta, sobre ese bufete, y salgan del interior de mi pecho, por si hallo alivio, mis ansias. Qué te acongoja, Señora, refiere tu mal, descansa. Sí sabes (ay infelice!) que cuando Albaro anhelaba, amante fino, y rendido, en fe de aquella palabra, que en nuestras dos voluntades unió en dos cuerpos una alma, a conseguir para premio de su amor mi mano blanca, cuando a efecto de lograrlo con la atención más bizarra, llegó a pedir a mi Tío el permiso (pena rara!) en vez de alcanzar su fiar, le dijo: Que si juzgaba, con nuevo alevoso intento, eclipsar su heroica fama, (pues, como amigo de Nuño, presume, que sea la causa Albaro de que bándido terror sea en la Comarca) era error, que su despecho, Ycaro altivo las alas batiese al Sol, sin mirar su ruina en ellas estaba; por lo que Albaro irritado de estas, y de otras palabras, por lograr en una acción mi belleza, y su venganza, supe, que pasando al Monte, de Nuño, a este fin, se ampara, desde donde, en campo armado; a Montenegro amenazan: mira si será razón, Floreta, que pena tanta llore, si ausente del dueño. de mi vida, mi desgracia quiere, que yo (ay de mí!) sea de tanto asombro la causa? Y di, Coloma tu Prima. qué siente? Mui inclinada la he visto hacia mí, pero es singular la pertinacía de su Esposo, pues después que logró su mano blanca, a Nuño, y Albaro tiene oposición muy extraña; mas yo del Cielo confío, que esto se serene. Aguarda, que allí dos bultos diviso; y aún se inclinan a esta sala; Dudo quien sean. Pues queda en la calle la Vanguardía de amigos, y compañeros, no te detengas. El alma, hasta lograr la ventura de ver a mi dueño, varia duda, no sé que confusa, y no sé, qué espera ufana; mas para que de una vez de tantos temores salga, si convenzo a Clorirene, he de procurar robarla. Entra con buen pie. Quién va? Quién fiado, prenda amada, en el indulto; que goza un infeliz cuando alcanza, que pueda más vuestro influjo, que el de su Estrella contraria, se atreve a hollar el aagrado de este Templo, en confianza de que no pueda ofenderos quien Holocaustos consagra. De dos afectos, bien mío, toda mi atención robada, si me regocijo en verte, tu peligro me acobarda. Ese temor, Clorirene, destierra, pues me acompaña mi valor, demás de que tengo (cuando no bastara) para cualquier accidente, guardadas bien las espaldas. Y cómo estás? Quién ausente de tus luceros se halla, el día, que la fortuna la dicha de verte alcanza, advierte, qué efecto puede causar en quien te idolatra. Y no habrá, digo, Floreta, para un Corchete, a muchacha, por desperdicio, el favor. de un te quiero? Buena manla, mujeres como yo? Qué? De pícaros no se pagan. Vuestras honras agradezco. Vos os las tenéis granjeadas. De García, como os digo, es tal, mi bien, la eficacía, que más que las de mi Tío me asustan sus amenazas. Por eso te proponian este remedio mis ansias. Perdona, que no lo apruebe, y cree de mi constancia. De tu fineza obligado, aún no es recompensa el alma, pero presto de García haré que cesen. Canalla, de aquesta forma castigo vuestra presunción villana. A ellos, amigos. Andarlo. Mas qué escucho, Cielos? Nada te espante, porque sin duda Nuño, que a la puerta estaba con su gente, aqueste ruido origina. Ya la causa discurro será García, pues fuera (el Cielo me valga!) está. Nada temas Quién alborotando mi Casa se atreve, ola Criados, a profanarla? Esto falta. Hernando es este, qué haremos? Retírate a aquesa sala, que yo, mezclado en la gente, disimulare. Despacha. Mi vida queda contigo. Y tú me llevas el alma, iré a socorrer a Nuño. Quién eres, hombre, o fantasma, donde vas, o por qué huyes, traidor? Porque aquesa infamia veas, que de mi valor es error imaginarla, mejor que mi voz mi acero responde a vuestra amenaza. Más ahora, que te conozco, me empeñas en la venganza, Fuerte cosa es no tener contrincante, habiendo gana. Ahora sabrás mi valor. Esperad, no huyáis, Canalla, rendid las armas, P que a aquese extremo llegara, rindiera la vida. Oíd. A tu lado está mi espada. Y la mía. Mueran todos. Tened, amigos, pues basta que haya mi Padre llegado a mediar. Qué patarata. Pues este respeto en mí, nunca ha faltado a sus canas. Qué es esto, Nuño, es posible, que así tus acciones manchan tu gloriosa heroica sangre con el padrón de una infamia? donde, di, llegar intentan esas presunciones vanas, siendo terror de esos Valles, y asombro de esas Montañas? di, qué ocasión a esta Villa de Montenegro con tanta prevención te ha conducido a ser de mi muerte causa? advierte ya, que esa vida infelizmente te arrastra a un precipicio, y que tienes la alta justicia indignada. Padre, y señor, varias veces vuestras prudentes palabras Imán de mis atenciones de mí han sido veneradas; pero es tan grande el impulso de mi condición bizarra, que al intentar reprimirle todo mi poder me falta, siendo hoy aún más superior su fuerza con la palabra, que a Albaro he dado, ofreciendo el logro a sus esperanzas con la mano de mi Prima, pues el día, que tirana vuestra sinrazón la niega, de mí a este efecto se ampara. Y es buen medio de que yo condescienda a sus instancias, pretenderlo, en vez de ruegos, con violencias, y amenazas; y así no te empeñes, Nuño, en empresas temerarías. Yo la palabra le he dado, y he de cumplir mi palabra. Primero con un veneno la deuda común pagara. No haréis tal, pues os prevengo, que si os resolvéis, armada toda mi gente, apelando mi rencor, a la venganza sobre Montenegro altivo, hollando la verde falda de ese Monte, que a mi Imperio tributa tantas Guirnaldas, asolando este Poblado, destruyendo a esta Comarca, veas crecer Najerilla sus randales, mas con tanta extrañeza, que su nieve convierta mi estrago en grana. Por eso habrá en su defensa quien a el opósito, salga, y en venganza de mi honor, de Hernan Oñez, y su fama, mantendré, que Alvaro no es digno de alcanzar la blanca mano de mi Prima, puesto, que no es razón, que la mancha de viles operaciones adquiera su estirpe hidalga. A proposición tan loca te responderé en Campaña. Allá esperamos. Qué, en fin, aqueso resuelves? Nada me digas, mi error perdona, porque antes es mi palabra. Pues guárdate de caer en mis manos, que, obligada mi clemencia, será fuerza solo atienda a mi venganza. Yo procuraré guardarme, amigos, a la Montaña. Todos te seguimos. Mira, ( ,) que allá mi valor te aguarda. Y yo haré de tantas vidas nuevo tapete a mis plantas. Ay de quien sin culpa vien a ser de este error la causa. Hernando? García? Qué es lo que ahora tu valor traza? El que arriesguemos las vidas en defensa de la Patria, pues no es razón se consientan ofensas tan duplicadas. Pues al remedio. A la empresa. Al castigo. A la venganza. Mis amas vienen. Millán? Qué es, señora, lo que mandas? Salte allá fuera. Si haré, ha, traidora! Buena manla, Descansa de la fatiga, recobra el perdido aliento. En vano (ay de mí!) lo intento, que esto es morir, ay, amiga, o nunca en mi inclinación de Albaro tan satisfecho hubiera para un despecho rendídole el corazón! o nunca dado lugar hubiera mi afecto amante a la lealtad más constante, por no tener que olvidar: mas ya es difícil que pueda retirarme (umpulso impío!) y más cuando a mi albedrío uso propio no le queda! Tu dolor destierra. Deja que llore el rigor del hado, que a veces a un desdichado sirve de alivio la queja. Mas nada, señora mía, remedias. Hoy con mi Esposo me he de empeñar. Será ocioso, porque es muy fuerte García. Y a fin de que la impaciencia, que le ha causado tu amor venza, pues es en rigor de ambas igual conveniencia, su ira intento disuadir, pues si él se despecha, es llano, que mal sufrido mi hermano, me den los dos que sentir, a cuyo efecto es preciso, que a mi Padre, importunando, le vamos sobrellevando, hasta lograr su permiso. Discretamente previene el remedio tu prudencia. Ya por los dos la sentencia mi presunción dada tiene. Este medio halla mi celo por apropósito, y fiel. Y yo me ajusto con él. Pues lo demás obre el Cielo. Nada receles, amigo, y para que mi venganza aliente la confianza con que a servirte me obligo, desde hoy copie su fiereza el León en nuestros pechos, porque tiemblen nuestros hechos los brutos de esta maleza; y así a ningún Morador de esta Comarca perdone mi enojo, porque blasone el Mundo nuestro valor. Desde hoy, Nuño, más rendido a tus órdenes, y gusto, con nuevo motivo justo, que no me faltes te pido. Cumplir, Albaro, te fío mi palabra, pues arguyo, que lo que es crédito tuyo es también empeño mío, y así en Tropas divididas se tome la cima, y falda, tiña en Rubí la Esmeralda la sangre de tantas vidas. Yo el primero valeroso, discurriré la eminencia. Yo también con mi obediencia hacerme intento dichoso. A, Millan, si por ventura te trae aquí tu destino, porque si yo me amohíno soy mala cabalgadura. Yo nada decirte debo, pues (por si logro agradarte) solo yo para vengarte, un etna en el pecho llevo. Tu valor, Decio propicio, todo cuanto emprende alcanza; Tuyo he de ser. Mi esperanza fía en ti. Tu precipicio. Solo quedé, y mi discurso pasean tardo torpe, y temeroso, . ni aún para un leve reposo me deja el menor recurso. Qué de cosa sucedida me propone el pensamiento, siendo todo su argumento culpar mi arrestada vida! Pero si paro prudente la imaginación un poco, en toda mi vida tocó un escándalo evidente; a diós ofende mi arrojo; y olvidando su piedad mi loca temeridad, me hace digno de su enojo? mas de la fuerza llevado de este natural acuerdo, cuando en mi juicio recuerdo, hasta la falda he llegado del Monte: Oh quién pudiera seguir; pero qué imagino! Hola, prosigue el camino; no tuerzas a la ladera. Pero qué acaso, o proverbio me responde? (infiel rigor!) mas como cabe temor en mi espíritu soberbio? ni como obstinado el pe sufre tan triste memoria? No creas tu vanagloria, que está cerca tu despecho. otra vez (terrible pena!) el eco me ha respondido, y otra vez, sin mi sentido, nuevo espanto me enajena; mas ya imagino el Autor de este asombro, a lo que veo, pues mi dicha, o mi deseo divisa allí un Labrador, que afanoso a su labranza, con una Yunta camina, cuya inquietud origina (gaño su voz a lo que se alcanza. Ahora es tiempo, que mi en- en más poderosa lid, con uno, y con otro ardid le olvide del desengaño. Cómo, di, Nuño, ese aviso te causa tanto desvelo? Pagárame, vive el Cielo, el susto, que darme quiso; y para más castigarle, (sangriento cruel homicida) quitándole antes la vida, las reses he de robarle; perdone el Cielo, que infiel así su aviso abandone, y ese infelice perdone, si fuere injusto con él. Hoy que principio he de dar a mi precisa lavor, para el acierto el favor de Dios tengo de implorar: y así en el suelo rendido, con ruegos hoy mi humildad implorará su piedad. Entre esta zarza escondido; mas qué veo! con profundo rendimiento clama al Cielo, él me valga, o soy de hielo, o que sol de mármol fundo: quiero notar desde aquí cuanto él practicase atento, pues este nuevo portento causa nuevo asombro en mí. En el nombre peregrino; Padre, Hijo, Espíritu Santo, Misterio Inefable, cuanto le creo, Dios Uno, y Trino: estos granos a esparcin voy, Señor, a mi heredad, piadoso de ellos cuidad, para que pueda cumplir con la parte largamente, que a la Iglesia le es debida, y que socorra la vida con otra de pobre gente, que en vuestro nombre, Señor, su necesidad alivio, introducid en el tibio pecho mío vuestro amor, y logren, por tu clemencia, los hombres todos contritos, satisfacer sus delitos. con su llanto, y penitencia. Posible es, Nuño, qué quepa tan cuerda meditación en un simple, y tu razón vencer tu engaño no sepa? otra vez a la memoria recuerdo (ay triste!) mi engaño, y otra vez el desengaño reprueba mi vanagloria. s Y así, Sacro Omnipotente Criador del Firmamento, hoy busca mi rendimiento vuestra protección clemente; grandes, Señor infinito, son mis culpas, mas también es, mi Dios, de fe, que quien llega a vuestros pies contrito le perdonáis; y así en tanto, que aqueste favor consigo, por si en mi pena te obligo, dulce Jesús, con mi llanto, me pesa, Señor Supremo, de haber infiel ofendido a un Dios justo, mas si pido tu perdón, no es porque temo el castigo, que granjeado tienen mis culpas, que en mí, porque ingrato os ofendí mi dolor se ha originado; clemencia, y os hago a vos propósito de apartarme de la ocasión de emplearme ya en ofenderte, mi Dios: . Y porque más bien se entienda, os consagro mi albedrío, y que del delito mío ofrezco, Señor, la enmienda; humilde a pedir perdón iré dé mi injusto intento al que a este arrepentimiento dio causa con su oración. Pese a mi poder, que así la acción, Señor, me impidáis? pero si vos le amparáis, qué mucho triunfe de mí! A Nuño vi, qué dolor? su atrocidad es notoria. Ea, infierno mi victoria invoca aquí tu favor. Donde ocultarme no he hallado; su vista es justo me asombre, No temas, oye, buen hom que antes a tus pies postrado, amigo, de mi alevoso fin de robarte, te pido perdón, pues ya arrepentido, conozco fui riguroso. Sin duda de mí os burláis. Qué, no creéis mis razones? Es que en aquesas acciones: Callad, pues ahora dudáis, que el Cielo de un pecador transforma un justo? Y así, ved, que no me iré de aquí, sin que perdonéis mi error. De mí ya lo estáis, alzad. Vuestro favor agradezco. Ser vuestro amigo os ofrezco, qué notable novedad!) Ea, astucias, invisible perturbare su interior. Cómo, Nuño, tu valo? se postra, siendo invencible? Déjame ya, fantasía, déjame, por qué recuerdas mi yerro, cuando le acuerdas, para desventura mía? Hh pese a mí. . Vete, amigo porque publique tu acento mi error, y arrepentimiento, pues de él has sido testigo. Así lo haré; pero advierte, que mi justa obligación tú ya bizarra atención siempre sabrá agradecerte. Ya que con mis interiores astucias no le he vencido, por si le miro rendido, recordaré sus errores. El pecho osar no respí al ver mi capricho nes Amigo del Alma! . Decio! Mucho el verte aquí me admira! Cuánto más puedo extrañar yo de tu valor al ver, que ultrajando tu poder, ese hombre os sepa burlar. Ya no sol, Decio, el que fui, porque hoy, poderoso el Cielo, corto a mi ambición el vuelo, con que Idolatra viví, de Dios solamente sigo el auxilio más clemente. Qué dirá toda tu gente? Diles, Decío, que yo digo, que de su error la malicia conozcan, antes que airado use Jesús, indignado, el rigor de su justicia; que yo, del peligro huyendo, vor una cueva a buscar, en donde espero el lograr el perdón, mi mal gimiendo; y pues de mi error testigo mi hijo ha sido también, porque conozca su bien, llevarle intento conmigo: y así, con mi llanto tierno, a diós pediré clemencia: dadme, Señor, permanencia. Y a mí me oculte el infierno,

JORNADA SEGUNDA

Con que en suma, a Clorirene distes el papel? Y afable, después de haberle leido con agradable semblante, me dijo, que era tu ausencia en sus penas la más grande, y que esta noche te espera a la reja, para hablarte, siendo la seña un pañuelo, que tremolará en el aire. Toma por esa noticia, Corchete, aqueste diamante, y sígueme, que el deseo juzga que llega ya tarde; ay, Clorirene, en el alma imprimes dulce caracter! Para que sea el Camino, hablando, mas tolerable, no sabré lo que de Nuño, señor, dime, averiguaste? Supe, Corchete (ay, amigo!) como Dios en aquel lance de robar al Labrador las reses, fueron tan grandes los auxilios, que benigno le infundió, que al mismo instante, abrazando reverente sus avisos inefables, buscando a Nuño su hijo, (sin que haya quien lo notase) se fue a un Desierto, que hasta hoy cual es no ha sabido nadie; por cuya falta, Corchete, me eligieron, como sabes, los Bándidos por Caudillo, sin que pudiera excusarme mi diligencia; mas ya del Lugar en los Umbrales estamos, y así la vuelta podremos dar a esa Calle. Quiera Dios no nos reciban con clarines, y timbales, Ya al terrero acostumbrado llegamos. . Hacia esta parte te retira, hasta que el Sol de quien idólatro sale. Haz la seña, pues sin duda, aquel que miro es mi amante. Llega, Señor, que el señuelo con el pañuelo te hacen. Si el indulto que concede el decreto favorable de ese tremolado lienzo permite, qué a dedicarte llegue una vida, hoy se mira víctima de tus Altares. Ay Albaro, sabe el Cielo cuanto se huelga mi amante, corazón en solo verte. Esa es, mi bien, la más grande fineza a que corresponden mis pensamientos leales. Yo conduciendo a García, dispondre, que su coraje con la sangre de sus venas el propio su opinión manche. Tan poco, Flora, merezco, que ni aún te debo, que me hables? A amores en seco, amigo, les corresponde un desaire. No lo dijera más claro una guitarra. . Esto baste, para saber, que un te doy, mas que dos daré equívale. Mucho siento, Clorirene, padezcas esos ultrajes, y siento, que mis instancias por tu opinión desampares. Son, mi bien, obligaciones en que me pone mi sangre, pues más quiero mi baldón, Por la Calle que mi nota. se oye ruido. . Y aún dos vultos alcanzo a ver. . Porque a nadie le demos que sospechar, podrás, Albaro, ocultarte a la vuelta de esa esquina; que yo también, con quitarme de la teja, daré tiempo a que sin peligro pague tu amante cortesanía con volverte a ver. Me place Tu precepto en mi obediencia no admite dificultades. Dos vultos, dime, a mi reja a ver, Millán, no alcanzaste? Sí, Señor, y por más señas, que marcharon. . Mi corajen en más deseos me pone de conocerlos. . No es fácil saber por donde afufaron. Aguarda la reja, no abren? Es cierto, y aún con un lienzo seña de llegar te hacen. Pues yo, fingiendo la voz, sabré quien era el cobarde. Tu propia muerte en su acento será quien te desengañe. . Albaro Presto mi duda es evidencia; ha, pesares! Qué no me respondes? . Cielo ya es el agravio más grande, pues mi Esposa (rabio de ira!) es la que escucho; notable confusión! pero el acento finjo de Albaro. . Buen lance! Grosería grande fuera, si a tus favores faltase. Pues porque acaso García (que ya vendrá) no embarace tus pasos, vuélvete al Monte, seguro de que constante tendrás un amor, que estreche dos conformes voluntades, que otra noche más despacio volverás, el Cielo os guarde. Oye, escucha, aguarda, espera, (respirando estoy volcanes!) Es posible, que mi Esposa traidoramente trazase esta ofensa a mi cariño, y a mi honor aqueste ultraje? Es ilusión de la idea; pero qué discurro? A, infame, que aunque disculparte intento, nunca podré disculparte, y ya solo con su muerte podré de el traidor vengarme. . Mucho de Coloma admiro tan confusas novedades. Sígueme, Corchete. S . Dónde, pregunto, quieres llevarme? Si desde aquese Portal, que nos refugió, notaste, que un hombre llegó a la reja, y que después (pena grave!) le abrieron la puerta, como con el anterior, que sabes de haberme mi ingrato dueño mandado me retirase, dudas mi agravio? Y así, entrando, haré . Un disparate? Señor, has perdido el juicio, advierte fuera notable novedad, pues inocente Clorirene puede hallarse, y no es razón de que tú la des mayores pesaros. No dices mal, y pues ya entre candores flamantes, émula de las tinieblas, la Aurora en Oriente nace, vamos al Monte, supuesto, que en él es fuerza prepare, para la mayor hazaña, que el Mundo vio, mis parciales. Ya se, que Hernando, y García a hacerte la Guerra salen. . Anhelito Noble mío, a cuya soberanía presume la Monarquía del Mundo corta mi brío, alienta, porque si fío de ti una, y otra Victoria, a impulso de tanta Gloria en mi imperio dilatado, de su aplauso coronado eterna haré mi memoria: Nuño, aquese Bandolero, cuya vida, por lo extraña, fue terror de la Montana, de uno, y otro pasajero homicida (rigor fiero!) de su error arrepentido, solo, inculto, y escondido, mora el áspero Desierto de Trómbalos, feliz Puerto, que en su naufragio le ha sido: Tan dado solo al Divino empleo, y contemplación, que toda tribulación vencida en él examino; qué de industrias no previno. mi ingenio, mas de fe lleno, vuelve en triaca el veneno del tiempo en el intérbalo, pues tanto como fue malo, tanto ha llegado a ser bueno; siendo prueba suficiente de su virtud la prudencia, con que de Dios la sentencia. sabe abrazar obediente, cuando de aquel eminente. Risco agudo despeñado su hijo, no le ha quedado afecto humano a que atienda; porque su ejemplar enmienda. al Mundo deje admirado; mas él suspirando al Cielo, por no haber (angustia fuerte!) libradole de la muerte, dirige su amante celo. En vano ya solicito librar a mi Infante tierno, cuando vos, Señor Eterno, me lo estorbáis infinito, pues envuelto entre la ruina de mal formados ribazos, hecho su cuerpo pedazos nuevo pesar me origina. Ahí conocerás el pago, que da el Cielo a tu desvelo. Siempre ha sido justo el Cielo, pues con apacible halago vuelve favor por ofensa. Tu afecto te engaña infiel, pues a tu hijo, cruel, Dios te quita. . De su inmensa rectitud piedad ha sido. Mira ya cuan diferente en el Monte con tu gente de todos fuiste aplaudido. Esa lisonga traidora es la que hoy me desengaña. Vuelve, Nuño, a la Montana, Aqueso no, porque adora mi fe un aviso, que oí, y no se ha de decir, no, que traidoramente yo a un favor correspondí. Eso es faltar a la fe de la amistad de tu amigo. Cuando solo a Cristo sigo, qué en perderle perderé? Pese a mí, pero otra igual angustia ya más me espanta, viendo con codicia santa, (oh ahógueme tanto mal!) dejando su Patria Brieba Domingo; cuya nobleza por su estado, y su riqueza de todos la atención lleva; aquí, ilustrado del Cielo, a Nuño buscar intenta, su casa deja, y sedienta su fe del Divino Celo, después de haber discurrido (bien mi rabia lo asegura) por una, y otra espesura, (pues nada le es escondido a mi ciencia) a ser testigo viene también de mi enojo, mas ya, a pesar de mi arrojo, será el Ocaso mi abrigo. Dadme, Señor infinito, tu auxilio, para el acierto. Ya en el áspero Desierto de Trómbalos mi conflito se recrece, cuando veo, que en mi vana diligencia desconfía la experiencia el logro de mi deseo; pero, Cielos, no es aquel Nuño? El alma no reposa hasta saberlo; dichosa peregrinación, si es él: hablarle discurro afable, por si mi intento consigo: Nuño, mi señor, mi amigo. Quién sois, Varón Venerable, cuya agradable presencia, al mirar tu recto aspecto infundes en mi respeto la más leal reverencia? Yo, Nuño, sol del Señor tan dichosa criatura, que, aunque indigno, la ventura merecí del gran favor del Sacerdocio; yo en Brieba Casa; y Domicilio tengo, Domingo es mi nombre, y vengo, porque inspirando me eleva de Dios el amor Divino, buscándote, y no te espante, que por seguirte constante sea en el Monte Peregrino: tu doctrina y compañía solicita mi desvelo, altos juicios son del Cielo, gloria es suya, y dicha mía. Válgame Jesús, bien mío, tu auxilio en esta ocasión, pues tuyo mi corazón, sabes no tengo albedrío; mas si tú alta providencia lo dispone, bien arguyo, que siendo decreto tuyo, no puede haber contingencia, Qué causa motiva, di, Nuño, tanta suspensión, dime tu resolución, mi alivio vínculo en ti. Una reflejión me tiene al escuchar elevado tu acento, cuando admirado oigo honor, que me previene: Yo fui el hombre más tirano en quien copió la fiereza la sinrazón, la entereza, sin seña alguna de humano: Yo en la ciega libertad vivía del precipicio, siendo un vicio, y otro vicio crédito de mi maldad. Qué fugitivo arroyuelo baja al llano despeñado, como mi error despechado se armó contra el mismo Cielo? Toda mi vida propensa fue al engaño, pues precito cada paso era un delito, cada acción era una ofensa; mas la Divina Clemencia, dólida de mi malicia, detuvo de la justicia la merecida sentencia, quiso mi arrepentimiento, antes, que viese el castigo, siendo de mi error testigo, y de mi enmienda instrumento, un Labrador, que sembrando el grano con firme fe, clama a Dios, por quien logré ir mi iniquidad notando; ahora ved si extraño en vos con justa razón, que así queráis apropiarme a mí lo que solo debo a Dios; pues, su providencia no sin causa os ha traído adonde pueda, instruido de vos, regir mi conciencia, mil gracias, por su piedad, darle mi fe determina, porque hoy con vuestra doctrina inflame mi voluntad. Y yo del nuevo favor, que en vuestra admisión recibo. Desde hoy obediente vivo a vos, como a superior. Tu súbdito soy dichoso. Yo a tu obediencia me ajusto. Aquesto es, Nuño, lo justo. Y esto, Domingo, es forzoso. . Cómo es capaz, Clorirene, poder templar mi congoja, si en dos opuestos afectos mi corazón no reposa? Que alivio quieres encuentre, cuando convocando toda la gente de estos contornos, (que ya en numerosa tropa se ha juntado) va García a desalojar la Escolta de Bándidos, que en el Monte tan grave estrago ocasionan, siendo su riesgo eminente, cuanto mi pena notoria; a cuya empresa también mi Padre va; pues le toca como a justicia Mayor su expedición, por si logra, que más sereno su Pueblo, se acabe tanta zozobra? Ese pesar, si se mira prudentemente, Coloma, mas a mí, que a ti, sin duda, debe asustar su congoja; pues siendo Albaro Caudillo de esa gente, quien ignora dirigen contra su vida prevenciones tan ruidosas? Es verdad, pero está libre de operación alevosa. Quién la venganza procura no mira en acción impropia, Cuanto va que la cuestión remata en una camorra? Cuando tu razón conceda, Prima, dime para esotra pena, que me aflige, puede haber semejanza propria? Pues si sabes, que la noche, que tu pasión amorosa, después de haber por la reja conseguido (yo estoy loca!) decir ternezas amantes a tu dueño, por la pronta prevención de que de un hombre se embarazase la nota, tú la ventana ceraste, cuando Albaro por la otra Calle oculto daba tiempo a que se fuese (esto importa que atiendas, para que veas si es justa mi queja ahora!) Quiso tirana la suerte, que tú, Prima, temerosa de mi Padre, consiguieses, que en tu nombre (qué congoja!) yo despidiese a tu amante, cuando la suerte traidora dispuso, que al mismo tiempo; que abrí la ventana (absorta tiemblo decirlo!) fingiendo ser tu amante, con celosa disimulación García, oyó las palabras propias que me dijiste, creyendo, que yo de su honor traidora manchaba con tan vil trato su honor, y mi fama heroica; siendo yo, en fin, de su enojo el blanco, que en la zozobra de averiguar la ocasión de su inquietud, firme roca, chocaron con mi inocencia las tribulaciones todas. Sabe el Cielo, que me pesa tu dolor, pero perdona, que a las quejas, que te escucho, mi disculpa te responda: Que te debí la fineza, que haces presente, no ignora mi obligación, cuando el alma te confieso es paga corta; que por mi padeces nunca te confesare, Coloma, pues desdenes de tu Estrella, culpas en mí no impresionan, a fuerte además, de que la causa tú la sabes, tú la tocas, no fuera traidor García, y fuera yo más dichosa: Si tú de tu Esposo, Prima; la infame malicia lloras, también de Albaro yo siento desconfianzas notorias; pues de aquella misma causa, que tu dolor ocasiona, nace el mío, mira si hoy nuestra pena igual se nota. Quedo, pues también Corchete con muy pulida chacota, me pide de Millán celos, miren si la mía es boba? Mi inocencia me asegura. Esa propia a mí me abona. Y yo me río de todos, pues ni juego, ni hago boda. Ea, fuerte Caudillo, nuevos laureles a tu frente aumenta, y tema tu cuchillo. esta Comarca, porque llore, y sienta en tristes cláusulas su baldón, y estrago, temiendo los anuncios de tu amago. Hoy Hernando, y García, acaudillando el grueso de su gente con notable osadía, intentan (fiero arrojo!) hacernos frente, trayendo por padrinos su malicia la Vara, y Privilegio de justicia. Vana es ya su esperanza, pues llevando el favor de mis parciales, de mi honor en venganza, rojos haré se vuelvan los cristales de Najerilla, que la falda baña, para mejor testigo de mi hazaña. Y yo, que el más cobarde soy de tu gente, en aquestas Lides de mi valor alarde, hacer prometo, cual segundo Alcides, porque a cualquier pobrete de ajustador le sirva mi Corchete. Pues ya ascendiendo al Monte la Escuadra llega en Tropa bien formada. Hoy verá el Horizonte mi venganza; la gente bien armada se prevenga, advirtiendo, que nadie de la Cima vaya huyendo. Ya de Nuño contigo la falta no parece tan sensible. Mal su valor conmigo intentas comparar, pues fue invencible. Igualdad en los dos mi afecto alega. Tomad los puestos, que el contrario llega. Daos a prisión. . Locura es persuadiros vos a esa esperanza, pues la ocasión segura a mi amor le promete su venganza, hoy Albaro veréis si valor tiene, y si merece el Sol de Clorirene. Yo, que no la merece tengo propuesto, y ahora lo repito. Pues puesto, que me ofrece el día la ocasión, que solicito, a tan loca porfía con la espada respondo yo, García. Cesen ya las contiendas, rendid todos las armas, o las vidas. Porque más bien entiendas, que te obedezco, oye: Prevenidas mis órdenes, amigos, a ellos; de su ruina sean testigos. Contra aquese veneno antidoto hallarán mis prevenciones. Qué gran día, y qué bueno, si a Millan alcanzara. . Mis razones son estas, todos mueran. Que más decir los Médicos pudieran, dale a ese pelirubio. Así el respeto pierde a la justicia tu osadía. . Un Besubio introduce en el pecho su malicia. A ellos, Compañeros. Gran regalo. Esta vez me columpían en un palo, A retirar, primero que se cebe en las vidas su despecho. Oh si acaso severo mi rencor se mirase satisfecho! Muerto sol. . . A ninguno exceptue mi enojo. . . Ya va uno, Huélgome haber, García, encontrado ocasión a nuestro empeño, Hoy con la espada mía, verás de mi palabra el desempeño. . Valor notable tiene. . Brazo fuerte! O si de entrambos yo viese la muerte! Pero su riesgo es cierto. Presto serás estrago de mi enojo! Ay de mí, yo soy muerto! Y aún es corto castigo a tanto arrojo. Dale muerte, que espera tu desvelo; no ahora des a su vida ese consuelo; O si acaso precito falleciera en sus vicios obstinado! rir solo confieso os he agraviado: Pequé, Señor, yo mueto! Levantar el cadaver de aquí quiero, En vano se desvela mi astucia, cuando el Cielo poderoso burla así mi cautela. Y oculto en esa Gruta haré piadoso, que se le de sagrada sepultura. Hasta este es contra mi (oh pena dura!) Ya desde aquí registro, (pues nada de mi vista es escondido) que ese feliz Ministro de Dios, Domingo, llega, enternecido de Nuño, a despedirse con lamento, pues a pedir para ambos va el sustento; Y ya Nuño (qué pena) entregado al sosiego de su Gruta su espíritu enajena de si propio, y a Dios se le tributa, ea astucia, esta vez más arrogante tu engaño le convenza más constante. Dulce enamorado dueño, que del Mundo Redentor, el peso de mis pecados sobre tus hombros cargó tu gran, fineza; o si al ver mis delitos de dolor sacrificara en tus Aras contrito mi corazón! Pequé, Señor, contra ti, bien creo, infinito Dios, que como inmensa mi culpa; debe en contraposición ser para aplacar tus iras de grado igual mi dolor. Yo haré, que a mis sujestiones desmaye; mas qué esplendo? Pirata de los sentidos, deja cautiva mi acción? Venturoso Nuño, escucha lo que te intima mi voz: Dios te manda, que dejando de esa Cueva la mansión, al Valle de Venas partas (para cuyo efecto yo guiaré tus pasos) y aunque causarte deba pavor su nunca hollada espesura, (feliz Nuño!) fía en Dios te saque de los peligros, no temas, justo Varón, penetra el Valle, y advierte, que adonde domina el Sol al Mediodia hallarás un Roble de superior eminencia, de quien necta una fuente procedió: En el Árbol hallarás, por alta disposición, un Panal, que son las señas de que te informa mi voz; corta el Roble por el medio, haciendo con el mayor aseo un Altar, el cual consagre tu devoción a la Reina de la Gloria María; luego dispón de las ramas una Cruz, y una Imagen del Señor enclavado, siendo asunto de tan sacra prevención una Imagen de María, en que diestro se esmeró el Arte: Luego fábrica un Oratorio, que Dios decreta, que en otro tiempo ha de ser Congregación, de muchos Varones Santos que constantes en su amor, en continuos Sacrificios templen su justicia. No mas te detengas, y advierte, que tiene acordado Dios se dé culto a aquesa Imagen, porque por su intercesión consigan todos los hombres, que con amante fervor imploraren sus piedades, de sus yerros el perdón; levántate, y otro aviso uño escucha en mi voz: Penetra la maleza de ese inculto recinto retirado, y aunque de tu flaqueza te mires, feliz Nuño, acongojado, verás, que preparado Dios le tiene el alivio a tu fatiga, (porque sabe premiar a quien le (obliga) pues aquel Misterioso Panal, que te prevengo, el más sabro (so alimento será, tan peregrino, C que consigas de humano, y de divino interior, y exterior dulce consuelo; gustale con devoto ardiente celo, y cumple ya obediente el precepto de Dios Omnipotente. Sigue, Varón dichoso, esa áspera espesura, no vayas temeroso, si el Norte te asegura sagrado resplandor. Dale las gracias, Fiel, de aqueste beneficio adiós, pues hoy propicio, viendo tu afecto, él te da nuevo favor. Oye, espera, Paraninfo Sagrado, que el corazón, herido de amor divino, me llevas: Oh, inmenso Dios! Qué Archanos son tus Misterios, pues de el hombre más feroz de cuantos mantiene afable a giros piadoso el Sol; os valéis, para una empresa tan grande; mas vos, Señor, me alentáis, con cuyo auxilio, Dios Omnipotente, no temo nada, dadme fuerzas en mi peregrinación. Como olvidas de Domin- la fineza, pues traidor de él te ausentas; ea engaño, dale eficacia a mi voz. Qué haré? . Esperarle, Bien dices pensamiento. Ya venció mi cautela, y así infunda nuevo esfuerzo. . Mas, señor, si a mí en su ausencia me encargas esta empresa, y no a los dos, arguyo no será vuestra voluntad; y así, mi Dios, tocándome obedecer, lo demás os toca a vos. Ay de mí, que sin poder estorbarlo, del fervor, que le ilustra poseído, de mí, a mi pesar, triunfo; pero ya desde aquí veo (pues no har inculta Región, que yo no penetre) a Nuño, sin que estorben (qué rigor!) sus ansias lo desabrido del camino, que veloz, por divina providencia, (de cuya cuenta corríó, sin duda, este empeño) llega al Valle, que el superior precepto le ordena, dando con devota humillación culto a ese Roble, en quien nuevas angustias recelo yo: También desde aquí a Domingo miro buscar, con dolor de haberle perdido, a Nuño, tanto (ay de mí!) que de Dios, sin duda alguna, ilustrado, al Valle le encaminó de Venas ya su deseo: Qué esto tolere mi ardor! Mas pues es fuerza testigo ser de mi agravio, mi voz enmudezca, porque Nuño prosiga (fiero rigor!) Qué gracias, Señor, mi acento podrá rendirte obligado, si no recurre a ofreceros el alma por holocausto, pues cumpliendo mi obediencia vuestro divino mandato, después de tantas fatigas, y de camino tan largo, como para descubrir ese misterioso Árbol, a quien desde aquí mi culto con veneración consagro, cuando me vi perseguido de mi natural cansancio, afablemente benigno, consigo dulce reparo con el Manjar más sabroso de aquel Panal soberano: Y pues ya fortalecido estoy, porque el sobresalto de tanta desconfianza no me impida tu mandato, tu auxilio imploro, y a ti ocurro, Divino, y Sacro Dios Omnipotente, atiende la suplica de mi labio: Sin más Norte, que mi afecto, ni más guía, que el escaso sendero que esta espesura permite, vengo buscando a Nuño, pues no sin causa, y no sin razón alcanzo, que busca entre esta maleza de su Oración el descanso; pero albricias, alma mía, que allí un hombre: Cielo Santo, no es Nuño? Qué duda admite, felice soy yo en hallarlo: Nuño, Nuño. Quién me nombra? Pero Domingo! Los brazos me da, por el regocijo, que en verte consigo. . Tanto es el mío, que no es fácil su ponderación al labio, mas la causa de tu ausencia ignoro, amigo. . Un mandato de Dios me disculpe, y pues el Cielo, no sin milagro, aquí te condujo, sigue por esta senda mis pasos, que en el camino de Dios sabrás Misterios Archanos. Guía, pues, que ya mi oído pendiente está de tu labio. Pese al infierno, que no pueda mi astucia embarazo ser de su empresa (qué ira, volcán soy, de pena rabio!) Ya en Reverentes obsequios, adoración tributando, al Roble llegan (qué angustia!) Quién pudiera no mirarlo! De tus palabras confieso, que quedo, Nuño, admirado. Y yo de ese asombro huyendo será mi tumba el Ocaso Este, Domingo, es el Roble; y así, desde aquí postrados, para empresa tan heroica, con nuestro afecto digamos: Salve, Divino Madero salve; Misterioso Árbol, sombra del que fue rescate del preso linaje humano. Salve, Concha, en cuya entraña la mejor Perla adoramos, Urna, donde todo el Cielo depositó sus milagros. El alma te reverencia. El corazón te consagro. Con esta salva primero el Crucifijo formando, pues ya el Altar reverente mi obediencia ha dedicado, habiendo hecho de las ramas Pabellón, con que consagro a María de mi afecto el más celoso holocausto, con el favor del Señor a perfeccionarlo vamos. Denos el Cielo el acierto. En su piedad confiado ningún temor me embaraza. Ni a mi ningún sobresalto. , o Ángeles, y hombres, fuentes, y pájaros en suaves cadencias, en métricos cantos tributen sonoros, dediquen postrados la Gloria a María Divino Milagro, Qué métricas dulces salvas! Qué suave sonoro aplauso! Todo mi discurso eleva! Todo mi afecto ha robado! Pero si al Árbol atiendo, Pero si al Roble reparo Veré de tanto portento objeto más soberano! Aurora del mejor día. Espejo del Sol más claro. Lirio, y Rosa sin espinas. Azucena en terso Campo. Palma hermosa de Cadés. Ciprés, Escala, y Palacio. Fuente tersa de aguas vivas, Aurora del mejor Astro. Medicina de las culpas. De los mortales amparo. María, que en este nombre se cifran vuestros aplausos: Feliz es hoy, la naturaleza, cuando consigue en tu bella Imagen Tesoro tan Soberano! Y felice Nuestra España, que mereció ser Teatro en donde vuestras clemencias admire el género humano, Nuño? . Domingo? Qué resta que hacer ya? . Qué discurramo? la forma de que en el Mundo se sepa tan grande hallazgo, y los dos, con sus limosnas, labremos un Santuario. Bien dices; mas para todo tu Protección imploramos, Virgen María, tu auxilio invocan vuestros Esclavos. Pues porque más la obliguemos con la Música digamos: , . Ángeles, y hombres, fuentes, y pájaros,

JORNADA TERCERA

Dónde, pensamiento mío, me conduce tu destino, si en tan quebrado camino mi alivio ya desconfío; sola, mas no del dolor del Ocaso de mi Esposo, abandonando el reposo de mi Casa un superior impulso de ver mi hermano Nuño, cuya santidad olvida la iniquidad del renombre de tirano, que en su notoria osadía el Mundo a sus hechos dio, de mi Patria me sacó con bien devota porfía; pero yendo mi desvelo de Trómbalos al Desierto, hallé de mi rumbo incierto el más fatal desconsuelo, que aunque común opinión, que habita en él asegura, el Cielo, o mi desventura condena mi presunción, con cuya pena, sigiendo la maleza mi porfía, dudo, qué nueva alegría el alma recibe, viendo apenas la imperceptible senda, lindero, o la calle, que de las Venas al Valle áspero, he inacesible se dirige, por la cual, no sin afán bien penoso con mi afecto generoso, sigo el camino leal, pues en él no sé qué el Alma secretamente previene, que al fin el Cielo me tiene de mis tribajos la palma dispuesta; pero al querer pasaraquese arroyuelo, sin vista he quedado (Ay Cielo!) esto sin duda es hacer prueba de mi fortaleza: Toda sol vuestra, Señor, mas con aqueste dolor temo ya, que mi flaqueza pueda tolerar la pena a que tu poder augusto, por vuestro decreto justo, mi antojo fácil condena; Nuño Hermano, donde di te ocultas? Oye veloces mis ayes; mas no mis voces; no atiendas, no, pues en mí fuera mayor la agonía al escucharte, y no verte; mas, si ven que en atenderte vínculo la dicha mía. Él eco oí del acento de mujerá lo que escucho, cuando extrañándolo mucho se admire mi entendimiento de que a aquesta impenetrable Montana llegar pudiera, pero en aquella fendera está Roca incontrastable. Virgen, que eres el consuelo mío, vuestra Proteación me valga en esta ocasión, que a vos recurre mi celo. Ya con sus voces alienta mi pecho, pues pide ufana a la Reina Soberana amparo, llegar intenta mi piedad a socorrerla. Dios mío, en vuestra clemencia confío. . Mi diligencia no ha podido conocerla: Quién eres, mujer, que aquí a tan quebrada Montaña pudieses llegar, extraña mi fe, sin milagro? di? Yo, Señor, que en mi consuelo, sin duda, sois más que humano, pues en mi dolor tirano me envía este alivio el Cielo: Coloma sol, natural de Montenegro, infelice, cuanto hoy mi fortuna os dice de mi Estrella lo fatal; Hermana soy de ese nuevo asombro de Santidad Nuño Oñez; mi voluntad, cuando en su afecto me elevo, por solo verle, gozosa varios Montes ha corrido; mas mi diligencia ha sido en todas partes ociosa, pues no pudiendo encontrarle, viendo Dios de mi eficacia la celosa pertinacía, para más bienrecatarle hoy de mi vista, sin duda, en este momento, ahora, me la quita, porque implora mi aflicción, para que acuda a mi consuelo a María, mas ya creo de su amor, que en vos me envía el favor en esta congoja mía. Es, Señora, tan Archano Dios en sus Decretos, que hoy segura palabra os doy de que estéis con vuestro hermano, pues ya que el Cielo Divino te trajo donde él está, privarte el verle quizá (Dios lo sabe) te convino; más fía en la Soberana Protección, Coloma, de una nueva Estrella, nueva Luna, Divina hermosa Serrana, que pasmo del Horizonte cuando el Mundo más la ignora quiso en su mejor Aurora hacer feliz ese Monte; María, Coloma, digo, que por alta Providencia logró Nuño la clemencia, y yo de todo testigo, en fin, como su dichoso compañero (empresa noble!) de conseguir en un Roble hallazgo tan prodigioso; mas, viendo nuestra agonía; no hallaba Trono aparente, donde con culto decente se reverencie a María: Un Oratorio, o Hermita, del tiempo ya maltrado, el Cielo nos ha mostrado cerca de aquí (oh infinita bondad!) con lo que los dos lo menos mal, que alcanzamos su ruina, reedificamos, con el auxilio de Dios, y colocando gozosos en ese Trono a María, ardiente mi fe confía hacer otros más gloriosos; y así, pues sois la primera, que adorarla merecéis, venid, su favor podéis pedir con fe verdadera. En su piedad soberana mi alivio encontrar bien creo. Con quién, Domingo? Qué veo! Cielos, no es esta mi hermana? Coloma, llega a mis brazos, llega, tu tibieza rino, pues no pagas mi cariño. Ay, Nuño, dichosos lazos los nuestros, pero mi pena discúlpeme la tardanza por no verte. . Qué mudanza del tiempo así te condena? Decretos justos del Cielo. Bien dices justos, confía en la piedad de María hallar, Coloma, consuelo. Ya de Domingo instruida su amparo implora mi fe. No dirás, Hermana, qué te ha movido a esta partida? Cómo está Padre, y qué traje es ese, di? . En el camino te diré de mi destino de penas tanto linaje. Antes, con justa razón solicito, que con celo de nuestra Reina tu anhelo invoque la Protección; y así, en su Templo rendida; puede tu ruego obligarla. En él llegaré a postrarla alma, corazón, y vida. Ya a su Sagrado Oratorio llegamos. . Yo en mi prolijo afán un placer colijo que me hace el alma notorio. Virgen, que de los mortales - eres el seguro Puerto, cuando en el mar de sus penas invocan vuestro consuelo, a ti recurren mis ansias, pues de tu piedad espero hallar en ellas, Señora, el favorable suceso: Tu amparo invoco, María, tuya es mi causa, si atiendo a que siendo la primera, que venerarte merezco no es aire vuestro, que quede desamparado mi ruego; volvedme la vista para que pueda mejor mi afecto, admirando tu hermosura, darte adoración; mas, Cielos, ve, que resplandor soberano, (gran ventura!) en alma, y cuerpo, siendo en mi dolencia alivio, me sirve de refrigerio? Llegad, llegad, porque todos las debidas gracias demos a tan Gran Reina, felice, Señora, yo cuando puedo, tan justamente obligada epilogar tus portentos. Qué dicha! . Qué nuevo gozo! Qué fortuna! . Qué contento! Quién, Señora, tan ingrato podrá ser a los excesos de tu clemencia, que intente osar jamás ofenderos; mas yo, Señora, por todos los mortales os ofrezco el corazón, porque solo! empleado en vuestro obsequio, a vos ame, por vos viva, y os goce en un bien eterno: Domingo, Nuño, los brazos, en albricias de que os veo, me dad; felice quien logra esta dicha! Ya no temo ni del hado los rigores, ni las mudanzas del tiempo. Qué voces podrán, Coloma, explicar gozo tan nuevo? Felice sor yo, pues fui de tanto asombro instrumento. Y yo dichosa, si alcanzo consagrar, con vuestro ejemplo el corazón a María, mi albergue una Gruta siendo. Dios sabe lo que ha de hacer: Todos su auxilio invoquemos. Qué satisfacción aleve presumas hallar, no entiendo, que destruya la evidencia de mis bien fundados celos: Qué disculpa puedes darme, di, Clorirene, en efecto, que pueda alegar encontra de lo propio que yo veo? Mi amor, y lealtad te informen, y si no bastan, mi pecho abrele, verás, que cuanto te explica mi voz es cierto. Cómo quieres que te crea, cuando (A, tirana!) yo mismo, testigo de mis agravios, pude notar encubierto, que un hombre llegó a la reja, y que después (yo estoy ciego!) le abriste la puerta; mira por más que apliques tu ingenio, si podrás desvanecer tan solido fundamento. Si podré, y antes de ahora te tengo ya satisfecho con la verdad. . Tú lo intentas, mas siempre en la duda quedo. Es posible, Albaro mío, que tan poco yo te debo, que mi verdad necesite contigo apoyo? No creo, que quepa no en tu cariño tal ingratitud. . Protesto me hacen fuerza tus razones, mas tampoco olvidar puedo mi agravio, cuando contra él prueba bastante no has hecho. Eres cruel. . Tu alevosa, Clorirene? Mas qué es esto! Tú, traidor, aquí? . Qué pena! Cayose la Casa al suelo! El colgarnos en la N. discurro será lo menos. Qué intentas, fiero homicida de mi honor, y vida? . Cuerdo, no me culpes la osadía, sin escucharme primero. Que me dirás, que no sea confirmar tu atrevimiento; pues si otra vez solicita hacer tu capricho necio deponga yo de mi enojo, contribuyendo mi asenso a tu pretensión amante, advierte, que si antes cuerdo te la negué, no es razón, que hoy, homicida sangriento de García, siendo causa de tanto desasosiego en la Comarca, conceda lo propio, que estorbar debo; demás de que qué dijera el Mundo de mí, sabiendo, que Hernan Onez su sobrina casó con un Bandolero? Ese, no es inconveniente, pues si tu favor merezco, verás, señor, que la enmienda, a vuestras plantas prometo. Mirad si ya la opinión podéis desterrar, con eso; y así, antes que mi ira me precipite, volveos, pues no quiero que se diga; que de la justicia el fuero usé, cuando ofensas propias me mueven al desempeño, que yo os buscare en el Monte, donde pueda de este duelo salir mi valor airoso, dándoos la muerte mi acero. Empresa dificultosa será, porque si yo vuelvo a esgrimir con vos mi espada, de respetos no me acuerdo. No, fiado en tu fortuna, te desvanezcas, soberbio, id con Dios. . Ay, Clorirene. vuestra vida guarde el Cielo. De buena nos escapamos, vive Dios, que es guapo el viejo. . Añora entra aquí el sermoncito. Mucho, Clorirene, siento, que en ti caracter no impriman mis repetidos consejos: Qué adelantas, considera, en casar con un mozuelo, que por su mal proceder es el Padrón de este Pueblo; más dejando, Clorirene, esta materia, mi acento te informará dé un portento, que el Cielo al Mundo previene: Ya sabes, que por la ausencia de Coloma (ay, hija mía!) con noticias, que adquiría mi continua diligencia, un criado, que al Desierto de Trómbalos fue, propicia me da la mejor noticia, con que halla mi pena Puerto; pues dice, que no encontrando a Nuño en él, cuya fama por Castilla se derrama, sus virtudes aclamando, discurriendo, que Coloma, según nuestro antecedente, con ánimo permanente, fue a buscar a Nuño, toma de Najera la rivera, yendo (mas bien informado) a ese Valle impenetrado de Venas, y en la fendera, que concede la maleza de zarzas, quiebras, y espino, venciendo en este camino su imponderable aspereza, llegó a lo más retirado de este Valle, cuya estancia, por su agradable fragrancia en Cielo halló transformado, siendo objeto a quien tributa el campo delicia tanta una Imagen Sacrosanta de María, en que absoluta dibujó la Arquitectura su mayor destreza, siendo mas la admiración, sabiendo logró Nuño la ventura, por revelación del Cielo, de hallar tan inapreciable Tesoro en el intratable Tronco de un Roble, consuelo que a mi corazón íntima placer tan aperecido, y más habiendo tenido noticia de que a tu Prima Coloma (a Nuño buscando en este Valle) la vio, con cuya noticia yo el sacro auxilio implorando de María, determino Clorirene, que al instante a efecto tan importante nos pongamos en camino, a cuyo tiempo podemos a Nuño, y Coloma ver, porque a Dios de este placer las gracias debidas demos. De oírte, absorto mi oído, a tu gusto me convengo. Ya con esta causa tengo motivo con que al olvido de Albaro la pasión dé; pues que no viéndole arguyo, que pueda el afecto suyo ir olvidando su fe: Voy a prevenirlo todo, para la breve partida. El Cielo guarde tu vida, solo me suspende el modo de como pueda a mi amante dar de este suceso aviso. Si logra vuestro permiso, Señora, un pobre tunante, Corchete, seas bienvenido; a qué es la venida, di? Mi amo, que está por ti, Señora, de amor perdido, al Monte se fue, y de espía me deja, para que adquiera, si acaso el viejo tronera en algo a ti te ofendía: Dice, y mi voz te asegura, (aunque Albaro nada escribe) por ti muere, y en ti vive Esclavo de tu hermosura; a esto vine, pero advierte me despaches, porque el susto me oprime, que el viejo adusto tiene condición muy fuerte. Espérate, y llevarás la respuesta, que aunque fiel te contemplo, en un papel mejor mi amor le dirás. . Y tú estás ya satisfecho de mi proceder? . No sé. De quién, si no lo sabré? Dime, me engaña tu pecho? Constante en tu amor ha sido. Y de Millán? . Le aborezco. Pues siendo así yo te ofrezco, Floreta, ser tu marido. Este papel a mi amante darás, Corchete, y advierte, que ha de ser sin detenerte. Ire a servirte al instante, Dile, Corchete, que donde le avisoverle deseo, que aunque es tan fino aún no creo, que a mi lealtad corresponde; tú esta cadena recibe, y el corto valor perdona. Si así tu celo aprisiona, quien no está preso no vive. Qué esperas? . Con tu licencia vor a partir al momento. Pues qué aguardas? Mi contento me acusa la negligencia: . Qué cita será la que, según dijo Clorirene, aqueste papel contiene a mi amo, pero si sé, que todo a mí me lo dice, es (a lo que ahora imagino) querer en tal desatino, gastar los sesos; felice en escapar fui de Hernando, pero al Monte ya llegue, y aún desde aquí miro, que mi amo me viene buscando. Dame los brazos, Corchete, Bien ves cuan presto he venido. Y cómo estás, di? . Molido, pero toma ese billete. . Viste a Clorirene bella? Muriendo queda. . Qué dices? Por verte digo. . Felices anuncios son de mi Estrella. qu Con qué pudieras pagarme, e. dime, la puntualidad, y además la habilidad de haber sabido guardarme de Hernando? . En este papel me noticia Clorirene, como prevenido tiene su Tío, y que va con é!) viaje al Valle dichoso de Venas, cuya espesura logra la mayor ventura del hallazgo prodigioso de una Imagen de María, por Nuño, aquel grande amigo, cuya noticia consigo en el Monte yo este día; pero el papel adelanta, que con él está también su hermana Coloma, quien en su busca fue con santa deliberación, y a mí con una, y otra ocasión me empeña mi obligación a que vaya allá; y así, al punto, Corchete, ve a disponer la partida. Dónde es aquesa salida? A venerar con mi fe esa Imagen de María, que el Valle de Venas tiene, por ver si en él Clorirene premia la fatiga mía. Posible es, que la maleza del Sitio, di, no te espante? Que aún a mí me asusta tanta novedad? . Mi gentileza no teme peligro alguno. Qué distraherle en su intento. no pueda (fiero tormento!) míralo bien. . Qué importuno. Sabiendo, Albaro; que aquí estabas, mi diligencia solicita en tu obediencia las órdenes. . Ay de mí! Qué es aqueso; a quien previene la dirección tu querella? Suspiro en mi infausta Estrella, hasta ver a Clorirene. Y en fin te resuelves? . Sí. Advierte tu riesgo. . Decio déjame por Dios. . Qué necio es este diablo; de aquí nos vamos: Ea que aguarda, tu diligencia, Señor? Vamos pues, por que a mi amor ya le parece que tarda. Yo en su seguimiento voy, por ver qué órdenes me da, y ver qué jornada es la que emprende el Caudillo hoy. Pese a mí, y a mi cautela, pues burlada ya no extraño, que logre allá el desengaño del error que le desvela; pero otro mayor tormento (qué tal diga!) me estremece, pues hoy Coloma padece nuevo accidente, y su aliento rinde en brazos de los dos Hermitaños, cuya pena nace de ver, que enajena todo su espíritu en Dios; más Nuño, ya enternecido, (pues que nada le es negado a mi espíritu) postrado, al Cielo clama afligido de Coloma la salud con su ruego solicita; más ay, que ya la infinita piedad al ver su virtud, por medio de un mensajero paraninfo le previene, como cumplidos ya tiene sus días (martirio fiero!) Coloma, cuya noticia presuroso a darla ya; mas él lo demás dirá, mejor que no mi malicia. Coloma, (gran sentimiento!) qué te acongoja? Un impío trasudor: ya, Jesús mío, me va faltando el aliento. Pide socorro a María, su misericordia implora. A Vos recurre, Señora, siempre la congoja mía. Pero, Nuño, deja el llanto. Ay, Domingo, mal podré, cuando ahora del Cielo sé, como el Consistorio Santo de Dios, Amigo, decreta, muera mi hermana; y así te dor el aviso a ti, Coloma: y pues que discreta cres, en esta ocasión no el tiempo pierdas, al Cielo clama; y pide con anhelo la más pia protección en el favor de María: Tu muerte se acerca, hermana. A, infame lengua villana! En su alto auxilio confía. Tan gustosa esa noticia recibo, (grande ventura!) que él corazón te asegura, ha sido la más propicia, que darme pudieras; pues estriba mi mayor suerte, en que aún después de mi muerte, merezca estar de la Soberana Aurora MARIA Yo te lo ofrezco. Pero ay de mí, ya fallezco! Ampárame, Gran Señora: dadme ya por despedida, Domingo Nuño los brazos. Oh, quién en tan tiernos lazos contigo diera la vida! Coloma, adiós; pero ruega a la Deidad por los dos. A Vos recurte, mi Dios, mi corazón: A Vos llega, arrepentido, y contrito, a implorar vuestra Piedad: grande fue mi iniquidad; pequé, Señor Infinito. Virgen, que de los Mortales Sois Madre, y Procuradora, tu amparo invoco, Señora; para remediar mis males. Pero ya, Señor, perdiendo voy los vitales humanos alientos: en vuestras Manos el Espíritu encomiendo. Qué muerte tan apacible! Qué pena (fiero rigor!) Suspende, Nuño, el dolor. Cómo es, Domingo, posible deje de sentir su muerte, que aunque envidio su ventura, es natural? Sepultura la daremos. Pero advierte, que sea, Amigo en la Losa, que del Altar es Peana de la Reina Soberana. Hasta en aqueso es dío Y hasta en aqueso mi pena quiere el Cielo que se aumente, pues da el galardón clemente, a quien en él se enajena. Feliz Mujer! Pero aguarda, que ya desde aquí registro varias gentes, (gran ventura!) que se inclinan a este sitio; y así, ocultando el Cadáver, sepamos tanto prodigio. El Cielo, Domingo, atiende nuestras suplicas propicio. Grande es, Nuño, su piedad. otro placer hal, Amigo, que a mi Padre, y Clorirene, mi Prima (que gozo) miro. Qué dices? Fortuna grande! Lleguemos a recibirlos. Venid, que estos son. Qué dicha! dadme los pies, Padre mío. Mejor será, que en mis brazos te explique mi regocijo. Nuño? Clorirene? Llega, dame los brazos. Y digo, Señor, de mí no te acuerdas? Y de Millán? Bienvenidos todos seáis. Vos, Señor, admitidme ya propicio un afecto, que obediente en vuestro obsequio dedico. Creed, que en mis aflicciones ha sido el mejor Amigo. Dicha es mía. Yo obligado, a vos, Señor, me resigno. Dónde está Nuño, Coloma? De no verla aquí me admiro, Coloma, Señor, guiada aquí de impulso Divino, al pasar de ese Arroyuelo la corriente, de improviso quedó sin vista, afligida suspira al Cielo benigno, por medio de la Sagrada Virgen Madre, (cuyo auxilio implora) él la concede en su aflicción el alivio. Volvió a recobrar su vista, dando de este beneficio a la Imagen de MARÍA, Divino Sagrado hechizo, que del corazón de un Roble hizo Trono tantos siglos, gracias; y cuando el remedio encuentra en este conflicto, con nueva causa oprimida, se mira de otro prolijo accidente; a cuya fuerza, sin que hubiese humano arvitrio, conformemente dedica. a diós el postrer suspiro. Murió Coloma, y mi pecho herido de este cuchillo, vierte el dolor por los ojos: si bien, que en el regocijó de contemplar su ventura se templa tanto martirio; Que tarde un placer se mira sin el hay de algún suspiro! Soberbio Bruto arrogante, ques inobediente, y remiso, al precepto de la rienda, me guías a un precipicio, detente, o serás también castigo tú de ti mismo. Qué es esto? Un bizarro Joven, que del ardor oprimido de un desvocado Caballo, trepa ligero ese Risco. Dale favor, Virgen Santa. Válgame el Cielo Divino! María, ampara mi vida. Qué desdicha! Qué prodigio, diréis mejor, pues ileso (portento grande!) me miro. Pero Nuño? Clorirene? Hernando? Un parasimismo le va entrando al Viejo. Solo esto faltaba, hado esquivo: ay honor, mucho si callo mis agravios, me resisto. Albaro, llega a mis brazos. En ellos te ofrezco, amigo, una voluntad, que es hija del corazón más rendido. Mucho he de poder si al labio (. no salga mi amor consigo. Ay Clorirene, tu vista . aumenta mi regocijo! Hernando, ved, que un afecto en vuestro obsequio dedico. Yo os lo agradezco. Sepamos tanto portento. Advertido de la nueva Peregrina Aurora, que en este Sitio, para consuelo del Orbe amanece, con e deseo de venerarla, me puse, Nuño, en camino; (calle mi voz ser la causa (. de Cloritene el aviso;) cuando al llegar a esas Cumbres cercanas, el Bruto altivo, sintiendo el freno, y la espuela, que le oprimen, con suspiros dio a entender, ser villanía el sujetar (noble instincto) su Espíritu, y compitiendo al viento, tanto, que hizo dudase yo, si volaba; pues pareciendo a su brío basta acción dejar en tierra el pie, al pisarla, esculpido, soberbio sobre las Nubes sus huellas estampar quiso. Constante él en su carrera, y yo recto en el estrivo, despeñados de esa Cima los dos a un tiempo caímos; mas con esta diferencia, que en pena de su delito quedó muerto: bien, que yo confieso, que el verme vivo, debo al favor de MARÍA, Divino hermoso Prodigio. Mas pues el Cielo dispone, que juntos en este sitio nos veamos otra vez: ( . Señor, a tus plantas, pido una ventura, a que amante anhela el afecto mío: Piadosos todos mi instancia coadyubad, cuado a ti, amigo, . te recuerdo una palabra: a Clorirene dedico mi corazón; mira ahora si tu favor necesito? Deuda es, en que mi amistad me constituye; y yo fío en el favor, que a mi Padre le merezco, que benigno haga a la suplica mía, lo que al amago no hizo. Mucho extraño en tu prudencia, que aqueso me pidas, hijo, cuando de Alvaro te consta el vil tirano ejercicio. Es verdad, yo fui la causa, y yo merezco el castigo; mas él, como yo bien creo, enmendará su designio. Y el haber muerto a García, dime, poca ofensa ha sido? Es propio de pechos nobles el perdonar compasivos. Si vale mi intercesión, que lo concedáis suplico, Si vale; pues ya obligado, yo de mi opinión desisto: pero esto como la enmienda Albaro ofrezca. Rendido, verás, que a tu gusto solo tus órdenes solicito. Qué ventura! Qué contento! Qué placer! Qué regocijo! Mejor dijeráis, qué rabia! qué congoja! qué martirio! Har quien de un Amo me diga, que se perdió? Mas qué miro! dadme, Señor, a besar uno de tus dos Tovillos, pues no es muy poca fortuna haberte encontrado vivo; Despeñome. Mas leal es mi Borrico: ello algo más he tardado, pero vine sin peligro. Vamos, donde de María invoquemos el auxilio. No tan lejos, que no estemos, Padre, en los umbrales mismos de su Oratorio, llegad. Qué admiración! qué prodigio! Pues para que nuestras voces oiga su Amor compasivo, en acordes consonancias, con el Sacro Paraninfo Gabriel, y la Iglesia, todos pidamos su Patrocinio. Ay de mí! de envidia rabio, (qué fiera angustia!) al oírlos. Bien dices; y pues que pía te muestras, con los Mortales, diré por curar mis males, que: Dios te Salve, MARIA Dios te Salve, MARÍA Yo invocando en mi desgracia tu auxilio para obsequiarte, público, por obligarte, que: Llena eres de Gracia. Llena eres de Gracia. Si grato siempre conmigo se muestra tu afable amor, Gracia será del Señor, Pues: El Señor es contigo. El Señor es contigo. Nobles Blasones adquieres en tú alta Generación; pues es segura opinión, de que tú: Bendira eres. Bendita eres. A todos, en fin, prefieres en nuestra naturaleza, siendo única tu Grandeza entre todas las Mujeres. Entre todas las Mujeres. Toda la Tierra tributo rinde a tu Soberanía, solo porque eres MARÍA; y (en Ti) bendito es el Fruto. Y bendito es el Fruto. Tu bella luciente Luz del Muudo es claro Farol, pues sois Aurora del Sol; y es. de tu Vientre JESos. De tu Vientre JESUs. Escucha la instancia mía, con que mi acento te invoca; pues tierna a tus Puertas toca, diciendo: Santa MARIA. Santa MARÍA. justamente fía en Vos el Alma todo su bien, porque eres pía; y también porque eres: Madre de Dios. Madre de Dios. Rendidos unos, y otros delante de tu Deidad, confesamos tu Piedad, cuando: Ruega por nosotros. Ruega por nosotros. Tus ruegos tan superiores con la Deidad son, que es cierto, que en sus naufragios el Puerto eres Tú de: Pecadores. Pecadores. Todos los Fieles, Señora, aspiramos al blasón, de alcanzar tu Protección Sacra: Ahora, y enla hora. Ahora, y en la hora. Que mucho, cuando en la suerte de nuestra infeliz desgracia, hallamos en vuestra Gracia remedio: De nuestra muerte. De nuestra muerte. Todo el Mundo en el valven de su miseria afligido, y yo con él a Vos pido la Gracia, y la Gloria: Amen. Amén. Para que más de esta Imagen admiréis los beneficios, desde su primer Oriente, en bien numerados siglos, Historias recopilando, a todos la atención pido, s,portentoso, adoro Peregrino, a ger Divín del Glorios risto, le previno en esta nueva Aurora, mpresas Protectora. ésimo, y Hyeroteo, ey, en compañía oble empleo!) Artífice es San Luca de ese Asombro, que que San Pedro consagr no sin influjo Celestial Año setenta y uno d Nacimiento de Cl a España el Cielo en todas sus en Los Santos On Columnas de la Ley de Poligena, y Sarra ( Imagen condujeron de M aquí propio fábrica su deseo un Oratorio, con presteza pía, logrando en esta Imagen los Mortales, trocar en dichas sus prolijos males. Atanasio, Arzobispo, perseguido de Alejandria (hecha bien la cuenta) vino a España, y en ella guarecido, hizo en el año de trescientos treinta y seis aqueste Templo, agradecido; pero el de cuatrocientos y sesenta y dos, la Iglesia, de la inbiel Zizaña, se mira perseguida en nuestra España. Arturo, y Lope, con ardiente celo, de un Roble en las entrañas ocultaron la Imagen, preservándola su anhelo del Sectario Arriano; y reservaron otras Reliquias con filial desvelo, que en una Arquita ahora se encontraron, prodigios todos, que en igual contento elevan el Humano entendimiento. Ciento y seis años claman con lamentos los Católicos falta tan sensible, viendo, que de MaRíA los portentos se les niega (dolor inaccesible!) hasta que Dios, este año de quinientos sesenta y ocho, con piedad creible, le comunica a Nuño esta fineza, siendo Colón de la mayor riqueza. Esta es la dicha, que hace más notoria de Cantabría la fama por el Mundo, logrando nuevos realces en su gloria con aqueste Tésoro, sin segundo: Y tú, Nuño, consigues, que la Historia tu nombre esculpa en bronces, bien lo fundo; pues haces, (admirando tu fatiga) que más que humano eres mi voz diga. Noticias son memorables las que saber de ti alcanza mi veneración Con ellas mas la admiración se pasma Todo está bien, mas, Corchete, no sabrás como la aclaman por Título a aquesta Imagen? Tu pregunta es bien fundada; pero para que al Ingenio no se acómule esa falta, diré por él, que mudando a este Valle la anticuada fama, que adquirió en el nombre de Venas; después le llama, en otro tiempo la Historia, de Valvanera; y se alcanza, que nace de aquí sin duda, que a la Imagen Soberana de MARlA den el Timbre de donde está colocada. De eso satisfecha, dime, como nombrando Cantabría a esta Provincia, el Ingenio Aurora a MARlA llama de la Rioja, defecto, que vemos tan a las claras? No es así; porque del tiempo corrompido de Cantabría el Timbre heroico, que dio a esta Provincia en España de antigua, siendo el apoyo la celebrada Numancia, de cuyas muertas cenizas renace Fénix de Arabia, la Ciudad de Soria, toma el de Rioja, derivada su fama del Oja Río, que fecunda sus Comarcas. Ya solo resta, que en fe, Señor, de vuestra palabra, con su mano, Clorirene, premie mis amantes ansias. A eso anhelan mis deseos: esta es mi mano. Acabaras. Yo en fe de mi regocijo, con ella te entrego el Alma. Y a mi vencido, el Abismo me reciba en sus entrañas. Floreta, qué dices de esto? Que siempre soy tuya. Daca aquesas cinco azucenas. Faltara el Sol si faltara mi amor. A, senor Millán? No te arriendo la ganancia. Con esto, y con que a MARIA de todo demos las gracias unos, y otros, parabienes nos demos de dichas tantas. Y el Ingenio a tan discreta censura, con fe postrada le suplica, que por nuevo perdone sus muchas faltas.