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Texto digital de Aun vencido, vence amor o el Prometeo

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Aun vencido, vence amor o el Prometeo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/aun-vencido-vence-amor-o-el-prometeo.

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AUN VENCIDO, VENCE AMOR O EL PROMETEO

JORNADA PRIMERA

Oberana Hermosura, Que en Campos de diamantes, Del Mar eres Aurora, En flores convirtiendo sus Cristales. Beldad, aunque divina, Humana, en lo que atrahes, Que el Mar haciendo Cielo, Illustras Sol, cuanto a tu vista arde. Perfección peregrina, Que uniendo extremidades, Diosa, Diosa, y Muyer te ostentas, Por dar vida a quien muere de mirarte. Madre de Amor más bella, Si el título de Madre Logró mirarse nunca, En quien no pudo merecerla nadie. Rendido a tu Belleza, Consagra en tus Altares Prometeo, que te adora; Del corazón preciosas libertades. Trofeo de tus ojos, De tu Beldad amante, Peleo, de alma, y vida, Te ofrece el más gustoso vasallaje. Si es no te amar, al verte, Si a quien te ve, es no amarte, Imposible, Imposible, No en breve vista Amor tan mucho extrañes. Que gallarda presencia. Que mal formado talle. e. Que affectos tan del Alma. 1e Que necios, que mentidos ademanes. 2 Por que a mi Amor te niegas? Por que mi Fee no aplaudes? Respóndeme, Respóndeme. Ya no veis la respuesta en el mirarme. Que pena, si eso es cierto. Que dicha, si eso es fácil. Pues cuando, no es la mano Del Reloj de las Almas el semblante? Ay infelice suerte! Ay venturoso lance! Hay mal perdida vida! Hay vida bien perdida, en el ganarse! Joven discreto, y galán, Cuyo enternecido acento Alma fue apenas del viento, Cuando de mi pecho Imán, Mancebo, a cuya osadía Mi beldad fue ingrato objeto, Y de quien poder secreto Si te impele, me desvía. Sabe, si es verdad tu Amor Que Tetis te corresponde: Y tú, que pretendes, donde Será tu premio el rigor. Sigue tú pues el cuidado Que mi fe te ha merecido. Y a lo menos tú, en mi olvido, Logra lo desengañado. Mientras yo, que sin mí estoy, Aunque toda estoy conmigo; Por la razón que me obligo De ti, de ti no la voy. Y agra- Y agradeced tan extraño Modo de haceros favor; Pues si a uno pago en Amor, Pago al otro en desengaño. SCENA A Ichosos empleos De amantes deseos, ̱ Mi suerte aplaudid. Muertas esperanzas De inciertas bonanzas Mis penas decid. Si de Amor herido, Soy correspondido, Qué dicha mayor? Si a quien di la Vida, Por otro me olvida, Qué mayor dolor? Mas es, que ventura, De tanta hermosura El favor lograr. Mas es, que no celos, De mis desconsuelos El justo penar. Que gloria, a la mía Igua- Igualar porfía, En tanto placer? Que injusto tormento, Se iguala, a un momento De mi padecer. Pues Alma a querer, a gozar, y a sentir, Pues Alma a sentir, a penar, y a saber. Que quien siendo amado, Que quien despreciado, Se mira feliz, Se mira infeliz. Bien puede decir, Bien puede decir, Dichosos empleos, Muertas esperanzas, De amantes deseos, De inciertas bonanzas, Mi suerte aplaudid. Mis penas decid. SCENA III Heno has quedado corazón amante, Vivo al dolor, y a los alivios muerto: ̱ Pese a mis ojos, cuya vista errante, Cierto halló el mal, y solo el bien incierto. Muera, muera, quien muere Por B2 Por que quiere lo mismo, que no quiere. Pues morir, o olvidar; ya que mis ojos De su ser propio en el cristal, bebiendo El veneno, que es causa a mis enojos, No vieron el peligro de estar viendo: Mas ay! que a Amor rendido, Solo sabré olvidarme del olvido. Morir será el remedio de mi engaño. Amante de Prometeo, aunque callada, Clicie soy de sus pasos, en mi daño: Allí está. Morir quiero, hay suerte airada! Que no podré aunque quiero; Pues solo moriré, de que no muero. Que inquieto está, que triste, y pensativo: Quien pudiera decirle, que le adoro: Yo llego: sepa, que de verle vivo: Pero no puedo, aunque en su ausencia lloro: Que a vista de la llama, Siempre es el que habla menos, quien más ama. Muera el amor. No muera. Y por tirano, Por aleve, por falso, y por injusto, Por dulce, por leal, y soberano, El cetro pierda de su Imperio augusto. En trono permanente Sus triunfos aún el número no cuente. No más Amor. Si más Amor, (ay Cielos Huir de Amor, contra mi Amor conviene: No bastaba el desprecio, si no celos. Celos, no hay sin Amor, luego Amor tiene. Pues morir, o olvidar. Para quererme. No más Celos, ni Amor. Para ofenderme. Mal haya el necio temor, Y mal haya el vil respeto, Pues effecto Por secreto No logra mi firme Amor, Siendo del Mundo el mayor: Mal haya el necio respeto, Y mal haya el vil temor. Pese a mi injusto retiro; Pues de la gloria me priva De que viva, Bien cautiva Del bien, por quien triste áspiro, De mi fe merecedor. Mal haya, Ay Niséa desdichada, Amante, y no agradecida Por B3 Por no oída; Y ofendida De quien eres ignorada, Por tu silencio traidor: Mal haya, ̱. Amar, y no merecer, Solo en mí se pudo hallar; Que en amar, Singular Entre todas quise ser Disimulando mi ardor. Mal haya el necio respeto, Y mal haya el vil temor. Escuche una palabra Reina mía. Y aún dos; qué me queréis? Ando buscando (Perdone en cortesía) Un Amo loco, por quien loco ando; Y aquí dicen que ha estado. Qué señas tiene? Ya no las he dado? Es alto, y bajo, cara acaponada, Vígote al ojo, y este, por más señas, Es solo. Cómo? Hay fue una pedrada, Que el achaca a unas Tías pedigüeñas. Bueno. Pues quién lo impide? No me saca los ojos, quién me pide? Cómo se llama, di? Prometeo creo. Qué dices, de Prometeo eres criado? Por mis grandes pecados; pero veo, Que al escuchar su nombre se ha alegrado: Quiere algo la Persona? Que ha encontrado la maza con la mona. Que ha habido? Nada, que el querer saberlo, Fue por que acabo aquí de haberle visto Tal, que pude tenerlo Por loco; di, (mal mi dolor resisto, Está tu dueño acaso enamorado? Quién es la que merece su cuidado? No le conozco cuya, y si la roncha No le hizo quizas, una taimada, Que lo era, pues iba en una concha Y hoy navegaba el Mar muy remilgada, Cuando el, por su hermosura; otra albarda no sé a su matadura. Mas pues le viste, bien sabrás adonde Asiste. No lo sé (mi mal advierto Mas ven conmigo, que aunque más se esconde, Si te acompaño, hallarle será cierto; Pues Pues que siempre lo ha sido, Que solo halla a un perdido, otro perdido. SCENA IV Del salado Reino, ha de sus Ondas, y A gran Hijo del Mar, a gran Nereo; B. Posible es, que a mis voces no respondas? Mercurio soy, del lecho del Egeo Para el más alto empleo, Despierta, Que es cierta Tu gloria mayor, Escucha, Qué es mucha Tu dicha, y honor. Oh gran Mercurio, de las ciencias Padre, Hijo gel grande Jove, y a quien Juno Madre, sin serlo fue, pero fue Madre, Por que excederte no pretenda alguno: De tu voz, cual ninguno, Rendido, El oído, Al precepto menor, Venera, Y espera Obediente el favor. Pues sabe gran Nereo, Que el Supremo Tonante, Aspira al Himeneo De Tetis bella, con unión constante; Por obleto digno de su justo Amor: Escucha, Que es mucha Tu dicha, y honor. Nuestro mérito excede Gloria tan soberana; Mas, pues mandarme puede Lo que a pedirme Júpiter se allana; Tetis, su dicha en recíproco Amor, Venera, Y espera, Obediente al favor. Pues mira, que este día, Logro dará dichoso A tu justa alegría, Y a empleo tan divino, y venturoso; Y previniendo, a este triunfo, el mayor, Escucha, Qué es mucha Tu dicha, y honor. Nuncio celeste parte; Y en mi nombre, rendido, De tu Elocuencia el Arteo, De Júpiter me aclame agradecido: Mien- Mientras de Tetis la suerte mejor, Venera, Y espera Obediente al favor. SCENA V. Etis felice, y hermosa, A tus venturas atiende; Oye, que te llama un Padre, Que ya Reina te obedece Gran Señor, en que te sirvo? Qué te escucho? qué me quieres? Que equivocas confusiones Si me turban, te enmudecen? Si no enmudezco del gozo, Tu confusión será breve: Sabe, que del Sacro Jove Envidiada Esposa eres. Ya he dado él sí; y este día, De tus bodas será, alegres, Largo plazo, a mis deseos, Cuanto corto, a tus desdenes. Habla, responde, qué dices? Digo Señor (trance fuerte) Que quisiera (no casarme) (Ay (Ay Peleo) obedecerte. Que repares (que idolatro otro amante) que merece (Su cariño) mi Deidad, Muy poco, y que a Juno debe Mi Amor, (y a Peleo) respeto, Y que con esto se ofende. Vive mi Nombre inmortal, Que ha de ser; o que aunque eres Esenta al morir, por Diosa, Que has de morir muchas muertes. SCENAU1 Y en medio de ser divina, En lo que mi pecho inclina d Carezco de libertad; Que me vale la Deidad? Si con todo mi poder, Solo en el de bien querer Carezco de libertad; Qué me vale la Deidad? Si no puedo hacer felice Mi Amante; por que infelice Carezco de libertad; Qué me vale la Deidad? Si cuando a Peleo deseo, Para C2 Para lograr a Peleo Carezco de libertad; Qué me vale la Deidad? Tetis divina calla; tu perderme Tu faltarme? qué dices? Nacimos infelices: Fuerza es perderte, y fuerza el resolverme. A Júpiter; me tiene prometida, Un Padre tirano Si a darle la mano Me dura la vida: Mas ay, o injusto Hado! Que siempre es inmortal un desdichado. Y es esa la firmeza? Será eterna. Cómo, si ajena eres? Firmeza de mujeres Ninguna, o la mayor. Miro te tierna En nuestro Amor, y a Jove poderoso. Mi Amor es más fuerte. Y cierta mi muerte, Si no es victorioso. Mas en bien semejante, Siempre es menos feliz, el más amante. Apa- Apariencia de Caserias, y Boscaje. SCENA VIL code Y fin con Doña Estatua embelesado, Que en embrión dejaste, Con este, de otro Amor te has despicado; Y tanto trabajaste, Que casi fin, a su primor, has dado. Si Sátiro, y su empleo, Tabla fue al naufragar de aquel deseo. Ella ha de ser mi Amor, no quiero engaños. SCENA UII de siempre llegue (Cielos Al tiempo de escuchar mis desengaños. Tendrás Amor sin Celos. Eso no diré yo; pues de mis daños. Aunque la causa lloro) Cuanto la temo, tanto más la ignoro. No es muy hermosa? Y mucho; pero fría. Declaradme rigores. Ya empiezo; escucha, si de mi osadía. No quiero otros amores: En vano Amor, con otro Amor porfira. Si C Si me habla? lance esquivo! Mas no es posible, pues lo escucho, y vivo. Señor, Señor, atiende, que del Cielo Una mujer gallarda, De un brinquito se ha puesto en nuestro suelo. Al que mi pena aguarda, Si es Palas la que aviva mi recelo. Voyme, pues ya se acerca. Etela aquí; que hermosa que es la puerca. CENAII Rometeo. Docta Palas. q Repetido Fin, me tray, y me llama: Si de Arague el castigo merecido, De esta Estatua la fama; Y aunque la suya, la mayor ha sido; La que por ti, la extraña, Sola esta vez, fue menos que la hazaña. De tus sagradas, venerables huellas Beso humilde la estampa. Con tanta pata, cuáles serán ellas? La Diosa es de la ampa. Aunque a ti; cuando a todos excediste, Nunca excederte puedes, hoy pudiste. A mí, que soy la Madre de las ciencias, Y de Y de tu heroico Arte, Por justas, por debidas preeminencias, Me toca, el premio darte De obra de tan sumas excellencias: Tu mérito le pida. Para mi Estatua pues, te pido vida. Elige pues, para tu intento, elige De la celeste Esfera, Lo que más a su efecto se dirile; Que mi poder te espera, Para que logres, cuanto Jove rise. Lo que te pida ignoro. Pide Oro, que no hay vida como el Oro. Si del Celeste espacio, yo me hallara En el Pais divino, Mejor, Palas, mi intento se lograra, De sus glorias vecino, Y en mis deseos, tu favor buscara: Mas, ignorando el modo, Qué te puedo pedir? Pídelo todo. Pues ven, que aunque de Arague en el castigo Mi venganza dilate, Al Reino de Zafir, has de ir conmigo. Aunque sea disparate, Que al Cielo vaya yo; para un amigo Siquiera por un rato) No habrá también carruaje en tu zapato? Si por cierto. Gran ganga me he encontrado. Prometeo al Cielo sube. Ya en tu poder, te sigo, confiado. De retorno una nube No habrá, si es que de gloria estoy cansado? Si habrá. Minerva viva: Que se me haga ir al Cielo cuesta arriba. . Apariencia Marítima, y un Escollo en medio del Mar. CEN A ge lis Bodas, gran Tonante, y Suspende, y no malogres a un bien, que apresurado, l Puedes hacer, que en imposible toque. Como Tetis, a Juno La debe obligaciones De su infante crianza, Y Amor, que vive grato, no se pone: Sabidos tus intentos Hoy, a Arague mandole; Que a Juno se los diga; Por que con propio, ajeno Amor estorbe. Mas ella, aunque es tan suya, El caso revelome, La Diciendo, que a tus plantas La ponga, a obedecer lo que dispones. Del Cielo a estas riberas Te bajan tus amores; Los mismos te reduzcan Hasta ocasión mejor, en que la logres. Si hoy Tetis está dura, Mañana estará dócil: Todo lo vence el tiempo, A sus embates no hay peñasco inoble. Acepto, y agradezco Consejo, y persuasiones: Premio de entrambas sea, Que te obedezca yo, mandando el Orbe. Prudente es el discurso, Que del acaso al golpe, Si parecer no muda, Al lo menos dilata las acciones. No es mengua del valor Que al poder corresponde, Ceder al temor; cuando Respeto es sacro, a objeto, que es conforme. Aragne, pues me logran Grato tus atenciones; El fuego de mis ansias Contrarias te merezca operaciones. A tu poder rendida, De tu amor los ardores Callarlos, y decirlos Sabré, Sabré, donde se encubran, y se noten. Mas Tetis no es aquella, Cuyos de luz candores, Eclipsan del Febeo, El que, a su vista, se confiesa noche. Escondete. Retírate. Tus luces se revocen. Al Cielo Jove, al Cielo, Que más Cielo, que verla, para Jove? Dejad que desde aquí Mire sus perfecciones; Basta lo retirado, No me queráis ausente de sus Soles. SCENAYL A Tetis, gran Nereo, Obediente tributa a tu deseo, o él La voluntad, (mal dige, que es forzada Qué escucho dichas? ay Deidad amada! Qué escuho penas? Ay Deidad perdida! Das, Tetis, a mi vida nueva vida, Con nueva tan gustosa: La Diosa se rindió por ser más Diosa. Solo de Jove, que me alcances pido, Dilate el Himeneo prometido, Hasta que yo a las Bodas me prevenga. (Diré mejor hasta que Arague venga. Pues a buscarle voy, pero entretanto, Festejad este gusto, en dulce canto, Nereidas divinas, De vuestras dulces voces peregrinas. Y yo, a esperarle voy. Dichoso fuiste. Merécelo mi Amor. Ya conseguiste. Violento parto. Es el partir preciso. No aconseje en Amor, quien nunca quiso. (Las Bodas, que en casto Himeneo, e . Bisatel Del grande Perto, SLa Hija gentil, Con Jove en empleo Amante, y feliz, Celebra, y ufano el salobre Pais: Cantad, candad, Venid, DD2 Venid venid, Nereidas hermosas, Deidades dichosas, Y en dulces acentos, de primores mil; De Jove las glorias, De Tetis victorias, Y de Amor memorias, Aplauda el contento de nuesto Cenid. Suspended la armonía, Ninfas del Mar sagrado, con el canto; Que injusta es la alegría, Donde es tan justo, el atender al llanto De una afición, quejosa De una Deidad, si quien se muda es Diosa. Ay Tetis inconstante! Antes que mal lograda, bien perdida; Esposa del Tonante, Tu Amor mudable, el firme mío olvida. Cabe en lo soberano, Con verdades de Amor, trato villano? Ay Peleo querido, Suspende tú la queja; pues ignoras Del pecho enternecido La viva fe, que por difunta lloras: Sabes, si mi hermosura, La gana, en el perderla, tu ventura? Y cuando a Jove cedas; Fuerza en Tetis será rendirse al Hado. Y fuerza es, que concedas El remedio, a este pecho desdichado, De morir a la pena, De que mi Amor puede mirarte ajena. Siempre firme he de amarte. Siempre por infelice, he de perderte. Propia espero adorarte. Ni aún eso, he de lograr agradecerte. Tuya he de ser, no suya. Como mía has de ser, si no eres tuya? Pues ojos, a llorar, Pues Almas, a sentir, Del Hado rigores, Que castos ardores. Con tristes vapores No deja lucir. Pues ojos, a llorar. Pues Almas, a sentir. SCENAYIL Las Bodas, que en casto Himeneo, Del grande Nereo ̱. Y La hlija gentil, Con Jove, en empleo Amante, y feliz, Do3 Celebra, y ufano el salobre Pais. En la pena de amantes respetos, Que de almas, y afectos, Es muerte civil, Y a injustos decretos, Se aumenta infeliz, Negando al deseo, el más alto fin. Nereidas Hermosas, Deidades dichosas, En dulces acentos, de primores mil. De Jove las glorias, De Tetis victorias, Del Amor memorias, Que envidia el Zafir, Cantad, cantad, En nuestro Cenid. Del Hado rigores Que castos ardores, Con tristes vapores. No deja lucir, Llorad, llorad En nuestro Cenid. Venid. Venid. Y en dulces acentos de primores mil, De Jove las glorias, Del Hado rigores, De Tetis victorias, Que castos ardores, Del Amor memorias Que envidia el Zafir. Con tristes vapores, No deja lucir. Aplauda el contento; Llore el sentimiento De nuestro dos veces salado Cenid. Oh AC

JORNADA SEGUNDA

e firme, que exento, que dulce, recibe Aunque humano vive Mi pecho el contento. Que largo un momento Parece en la vida: Que corto, ha medida, Un siglo de gloria: Que triste memoria, Haber de volver, Y tanto placer Con tasa gozar: Que sirve el ganar, Si se ha de perder? Que te parece Sátiro, no es raro Cuan- Cuanto hoy ha sido objeto a tu reparo? No es digno demás sólidos desvelos? Todo me ha parecido de los Cielos: Solo una cosa, mi descortesía Ha hechado menos hoy Cuál? La Hosteria. Pues tienes hambre? Y tal, que me comiera, Aunque son, duras) una vieja entera Alabo, la gustosa golosina: Son de comer? Pues no? no son cecina? Pero tú, de mirar, embelesado Tanto grande, estarás muy desgañado. Es cierto, y aún razón, que en dulce calma, Se abstenga el cuerpo, donde come la alma. Mucho en esto a Minerva la he debido, Pues con su ayuda, tanto he conseguido. Y de cuanto hemos visto en un momento, Qué es lo que más conforma con tu intento? Sátiro el fuego. Dasme pesadumbre, No corro con el fuego, ni por lumbre. Él es de todos alma apetecida, Vida común, porque sin él, no hay vida. Pues en los otros Cielos, que hacen grandes Los seis Planetas, aunque más te andes, No hay No hay cosas muchas? y en el estrellado No hay para dar la vida al más pintado? El noveno, que es aqueo, y cristalino No sabe, di, llevar su agua al molino? El décimo, por ser primero noble, No es quien da la Alma, al cuerpo que es más noble? Y el onceno (mas de este no te hablo, y Por que de gloria no se entiende el diablo No son raras las muchas excellencias, De sus siempre incansables influencias? Sus rápidos, y dulces movimientos, Vida, Señor, no son de los alientos? Y no hay Planeta, que en aspecto trino Conforta tanto, cómo español vino? Y cuanto en sí, atesoran las Esferas, No puede dar al fuego para peras? Todo lo he discurrido, y penetrado, Mas nada al fuego, iguala, comparado. Pues ya, que el fuego tan idoneo sea Para animar, a quien tu amor deséa. Cómo le has de llevar, ni hurtar tampoco, Si no hay cómo volvernos? Calla loco, Que quien con su poder nos trajo al Cielo, Reducirnos sabrá también al Suelo. Y el fuego donde ha de ir? Aquesa caña Instrumento ha de ser de igual hazaña. Si aún andando, Señor, a ella arrimado, De andar en blando, vuelvo despeado; Qué haré, si es que me privas de su arrimo. Daca necio. Ay, ay, ay, que me lastimo , . Y aún peor, (pese a mí,) pues que me hundo. Quien hurta el Sol, bien puede serlo al Mundo. SCENA I Ve roban, que llevan Al Sol los candores y Sin que a los rigores, Los rayos se muevan. Cómo, di, no prueban (Oh gran Fulminante) Del brazo triunfante Las soberanías, Locas osadías? Cómo, sin recelo, En rápido vuelo, Mortal planta humana El Cielo profana, Escándalo el Cielo. E2 Qué es esto? Pandora Prometeo, Señor, Hurtando el ardor, Que el Sol atesora, Atrevido ahora Del Cielo desciende, Y a su triunfo, enciende Con él, de sus glorias Las viles memorias, Sin que de su intento El atrevimiento Celosa, y ardiente, Deidad reverente Del Celeste Orbe, Registre, y estorbe Con brazo valiente. Qué escucho Cielos? como a mis enojos No sois ceniza ya, no sois despojos De mi furor debido? Muera, pero no muera el atrevido; Que no es castigo, a tanto osar la muerte. SCENA III , , , o. Adre, Señor, Quien en furor convierte a. De De tu sereno rostro la firmeza? Quién oponerse pudo a tu grandeza? De Prometeo villano, Ofendido se ve lo soberano De mi Divinidad; al Sol ardores Hurtó. Pues pruebe de tu ardor rigores. En él (cuando en sus penas escarmiente) Tema tu ofensa, el que ofenderte intente. Pandora. Qué me ordenas? Que al Mundo partas, y que a manos llenas, En los mortales, que a Prometeo estiman, Tantas derrames penas, con que giman, Que a su efecto, en la causa encarnizados, Vengados lloren, el no estar vengados. Que ofensa tanta, y por tan varios modos, No está vengada; aunque se venge en todos. Al punto parto. SCENA IV p Mercurio vuela, Y con ligera espuela 2 Batiendo el aire, de Prometeo sigue La infame huella, y aunque en sí; le abrige La Tierra, el Mar, el Aire, o el Abismo, E (Para (Para ser escarmiento de sí mismo) Al Caucaso, con rígida cadena Su cuerpo liga, y para mayor pena, Buitre feroz, y hambriento De sus entrañas haga vil sustento, Sin que en eterna, aunque no igual, venganza, Muera jamás, si no es a la esperanza. A obedecerte voy. Pena es debida. Y sumo el mal en quien, muerte es la vida Apariencia de Soledades, al pie de el Monte Caucaso. SCENA V. A Fama Te aclama, Hermoso, Perfecto, Obleto Glorioso, De mi voluntad; Para que, aún sin vida, vivas inmortal. Recelo, Que Que el Cielo, Su Espacio Quisiera, Que fuera Palacio De tu Majestad; Para que aún sin vida, vivas inmortal. Victorias, Tus glorias Reciben Devidas, Si vidas Prohiben, De ajena beldad; Para que aún sin vida, vivas inmortal. Qué gusto, Sin susto, Mirarte Tan bella, Que estrella Adorarte Por propia Deidad; Para que, aún sin vida, vivas inmortal. Ya que de tus intentos Gozas Prometeo el fruto deseado; Y el de tus ardimientos Para Para ocasión mejor has reservado; Y seguro, y gustoso No solo quedas, mas también dichoso. Quédate en paz; que ufana De haberte acompañado hasta el efecto De tu empresa no vana; Parto a la Lid, que opuesta a mi respeto; Me llama justiciera; Si la de Arague, pertinaz me espera. A tus plantas rendido, El pecho en tierra, que leal te adora, Prometeo agradecido, Siempre gran Palas, tu favor implora: Ve y triunfa poderosa. Vaya busted con Dios, Señora Diosa. Compañeros, amigos, Que de este dulce de mi dicha encanto, Habéis sido testigos; Ya que os volvéis, repita vuestro canto, Sus glorias, y mis medras. Eso es pagarles su trábalo en piedras, La fama Te aclama,. Pues solo me han dejado Al logro de mi intento; Ya es tiempo, que a luzsalga La luz, q; al Sol debió su lucimiento. Qué presto, Estatua hermosa, s. Vivirás Vivirás al aliento De fuego, que divino, Solo le asiste lo mejor del fuego. Ta Señor, que la quemás; Y a ser de Hombre, sospecho Desaras a la Estatua Barba capona, de Éntremes ya viejo. Válgame Baco, y Ceres, Dos Dioses de provecho; La Estatua se menea: Esta es la primer piedra con artelos. CENA UI. a Fuego soberano, gu Oh rayo, cuyo aliento, ̱,. A no verte divino, Que lo eras, conociera en el efecto. Que bien lo celestial En tu poder contemplo; Pues te pedí una vida Y en mí, y en esta Estatua, dos te debo. O tu prodigio hermoso, Que la vida debiendo De mi Amor a la vida; De entrambas acrehedor soy a tu pecho. Ya, Ya, que a tus perfecciones, Dio la mayor lo Excelso; No con la ingratitud, Nieges tener el alma, que en ti veo. De tu beldad amante, Finezas, y deséos Igualó mi cariño: No dures piedra, pues me miras tierno. Prometeo, pues me diste Vida, que te confieso; No quitármela quieras Con la muerte de humanos pensamientos. Por Baco, que la Estatua Conoce, y habla a un tiempo: Aquí tiene un Criado. Oye usted; es de piedra aún el pescuezo? No de tu acción el lustre Ajen de Amor afectos; Indigno es el humano, En alma, que alentó divino fuego. De Jove en mí, un retrato Contempla, en lo perfecto, Mortal no al cuerpo aspires Haz te divino, con amar lo eterno. Tan rendido me logras, Que ufano te obedezco; Mas permite adorarte Pues de adorar, a amar, no se da medio. Mientras los dos afilan Discursos, y conceptos, Pues yo no sé de filis, Un pienso de dormirme, darme pienso. Ya que de amor halagos Huyes, con casto ceño; Amémonos, siquiera, Con voluntades del entendimiento. No es voluntad, aquella Que aspira a lo terreno; Apetito es villano Adonde, a más, que a amar, tira el deséo. Que bien, en tus discursos, Tu origen estoy viendo. Culpa es morir humano, Quien para ser divino el Ser le dieron. Quien obró tus primores, O lo es, o debe serlo. No dela de ser Hombre, Quién, a encumbrarse, estriba en lo soberbio. Quién dueño es de las Ciencias, De la Deidad es dueño. Siempre es, entre los doctos, El que presume más, quien sabe menos. Deidad serás por mí, Y yo por ti, a los Cielos. Cerca está de si propio, Quién de sí mismo se imagina lejos. SCE F2 SCENA VIL ecurio, (q ) , ien de los Cielos profanó el Sagrado, Así empiece a llorarse castigado. N Cielos, Cielos, valedme, aunque ofendidos Perdí mi bien, pues pierda los sentidos: Mas no perderlos mi dolor intente, Que siente mal, quien sin sentidos siente. Señor qué es esto? qué rumor ruidoso, Al ti de ti, y a mí de mi reposo Nos ha sacado? di? rara quimera, Pues no está en sí, sin duda que está fuera. Al dónde has ido? vuelve en ti, qué es esto? Si el dormido fui yo, tú eres el cesto. Mas no es aquella (si es que error no tomo) Su Estatua amada? Sí; voló palomo. Piedra es sin alma, que se habrá cansado De tanto pasear por lo empedrado. Quién la haura derribado? lance fuerte Aún no basta ser piedra, con la muerte. Prometeo, vuelve en ti, que todo es borra, Muerta está bien, de gasto te lo ahorra. Que Que más quieres, si aún antes de haber guerra, Tu caíste en la cuenta, y ella en tierra. No sientas el perder tal desalmada Con quien Amor te dio tan gran pedrada Pero sin fruto le consuelo, y llamó: Por gente voy volando: a Dios mi Amo. SCENA VIIL reaas N busca de mi amante, Mal dije, ya lo veo; Que amado he de decir, Mas dige lo que quiero. Por estas Soledades, De mi Amor, y silencio Ya campo de batalla; Me tray la que padezco. Hasta cuando callada Ah de tener mi pecho La llama de mi amor; Mas pues lo está, no es fuego. Pero no es, él que miro En ardientes extremos, Etnas brotando en ayes, Lloviendo, en llanto incendios? Él es, y de sus ansias Tan mucho es el tormento, Que F3 Que en el Reino de la Alma No cabe, aunque es inmenso. De la voz al alivio Apela el desconsuelo; Dispón Amor, si escuchas, Doblados sentimientos. Adónde te ausentaste Querido hermoso dueño? Ausencia, es la que llora, Por que yo llore celos. Rigores te privaron De alma, que fue mi Cielo. Muerte, de glorias gime; Mas yo en su gloria, Infiernos. Hay vida de mi vida, Si es, que sin ti la tengo. Dudando está si vive, Cuando yo sé que muero. Porque deseo la muerte, Se niega a mi deséo: Por que deseo mi vida, Solo mi muerte encuentro. Mas ay! que aunque la busco, Mas ay! que aunque la anhelo, En el hallarla, la consigo menos. Ya Amor, tanto callar linfame es sufrimiento; Y si muriere hablando, Muera Muera yo al desengaño, y no al silencio. Prometeo. Quién me nombra? Mas ay Cielos! La ingrata Tetis es, y su Peleo: Ayuda, ayuda tímido escarmiento, Que es una poca vida a tanto riesgo. Que siempre al declararme, Los empeños Estorben de mi vida los remedios: Ayuda, ayuda tímido escarmiento, Que es una poca vida a tanto incendio. SCENA 1I Jando fin dará el deseo, Con morir, a igual batalla; B8 ee Que aún mi nombre no la calla, Pues que conmigo peleo. Duro rigor, es aquel De una suspensión severa; Muera yo, pero no muera Tarda muerte, que es cruel. Quien vive a la confianza, Menores sus penas mira; Pues a lo menos, respira Los ratos de la esperanza. Yo Yo espero, que ha de estorbar Juno, de Jove el intento: Quien dio la vida al tormento Tan antes de ejecutar? Pues viva yo, de tus ojos A la vista, alimentado. Vive, y vive confiado, Que no te darán enojos. Ay como siempre, En miedos, En estorbos, Es, entre dudas, frío lo amoroso. AY. CE y Padre, Tetis, Señores. Huye Peleo, ay de mí! No te halle conmigo aquí; No así, tu suerte empeores. Voyme, por que tú lo quieres. Dónde esta? Al peligro ignoras Que prevenimos a horas Los instantes las mujeres? No le descubres? Ay Cielos! Medrosa el alma le aguarda; Y que Y que mucho, Aragne, tarda Juno, a estorbar mis recelos. Avisada de mí está. (Si ella alcanzara mi engaño) Hay triste! que siempre el daño Lo más seguro será. En tu busca, de que tengo En tu Boda concertada, La dilación ajustada, La nueva a traerte vengo. Siempre de la hermosa Juno Grande el castigo recelo. Si está de tu parte el Cielo, El mayor riesgo es ninguno. Aragne, a Prometeo miro Acercarse, y no quisiera Que desairado me viera. Pues vuélvete a tu retiro. Vienes Señor? De tu Esposo Suplir lo cortés pretendo; Ven Hija, te iré sirviendo. Soy tu esclava. Y yo el dichoso. Ay como Siempre, Nunca, Del pesar, Del gozo, Aunque sean. Tarde, Luego Son los plazos cortos. SCENAYL Adorar las cénizas de mi amada, Gela, ga Vuelven mis atenciones, pa De obligado, y amante; co Hay fortuna inconstante! Hay duras sinrazones! y no olvidada! Hay perdida hermosura, a mis pasiones? Que viva yo, sin vida, Acaba ya Prometeo de matarte, Deja esa piedra dura, Causa a pesares tantos; No eres tan hecha cantos, Que con otra hermosura No podrás de una tiesa despicarte. Quién lloró una dureza, con ternura? Así castiga el Cielo atrevimientos. Ay de mi desdichado! Sátiro a huir, que azotan, Por si contigo acotan. Así, de Jove airado, Se vengan merecidos sentimientos. Si tanto Dios, puede quedar vengado. Y así; por tu sacrílega osadía, En los tristes mortales, También castiga el Cielo Lo que te estima el Suelo; Pues de diversos males Lloran el mal, que por mi mano envía Venganza corta, a ofensas celestiales. Ay de la vida, cuyo duro afán, Nunca es algo al bien, siempre es mucho al mal. No basta, Jove airado, Quitarme lo que adoro, Sin que del mal, que lloro Sea el consuelo, el ser más desdichado. No basta castigado, Sentir el mayor mal, Sino que, a su amargura Se añada la más dura, De que ha dos muertes viva yo imortal: Ay G2 Ay de la vida e. Si he muerto, cómo siento? Si siento, cómo vivo? Si el mal es tan esquivo Cómo mi vida vence a mi tormento? Que el gozo sea momento, La pena eternidad Que con el bien acierte Tan luego dura muerte Y nunca con los males su crueldad. Ay de la vida e. O para mayor pena, El sufrimiento falte; Qué es del castigo esmalte, Registrar lo insufrible en la cadena. Qué gratamente sueña La que, para el pesar, Eterna no la extraño; Por que iguale, en mi daño, A tan mucho perder, tanto penar. Ay de la vida es. Mas no del pecho, al labio Salga el dolor, ya tibio; Qué es el quejarse alivio, Y es el alivio, en tanta pena, agravio: Lisonja al desagravio Su duración hará; Y en mí, en igual desdicha, (Pues (Pues el morir es dicha) El no tenerla, la mayor será. Ay de la vida esc. Ciérrase el monte, donde está Prometeo atado. Y11 SCENA s 1e Y de la vida, cuyo duro afán, Mla. Bas Nunca es algo al bien, siempre es mucho al (mal S Yo muero de frío, Y yo de un ardor 3. Yo siento dolor, 4. Y yo un desvarío. Ay, ay, ay, Ay de la vida, cuyo duro afán, Nunca es algo al bien, siempre es mucho al mal. Yo tengo pobreza, 2. Yo de hambre perezco, 3. Yo penas padezco, 4. Yo siento tristeza. Ay, ay, ay: Ay de la vida e. Yo soy G3 1. Yo soy despreciado, 2. Yo soy perseguido, Yo siento un olvido, 4. Yo amante un cuidado. Ay, ay, ay, Ay de la vida, cuyo duro afán Nunca es algo al bien, siempre es mucho al mal.

JORNADA TERCERA

O ha de rendirte parías mi destreza, No, por ser Diosa, en el obrar humano Esperes la Vitoria; que aunque es tuya 9o En la opinión, de sobornados, Jueces, a No a la razón, a ser Deidad, atentos, Te han dado la sentencia favorable. Si esta es comprada, en triunfo que es vendido. Que adquiere tu Grandeza? Caro vencer, quien vence, por que obliga Al que a hacer lo mejor está obligado. Este, de tantas maravillas, colmo, Sea el Juez, el testigo, la defensa, Como al Mundo lo es, de igual agravio: Hable el primor, lo que le niega el labio. Loca, soberbia, osada, Pues la verdad no basta a persuadirte, Así, Así, de tu pasión atrevimientos Pagarás, en la obra que idolatras: Dos veces atrevida, has intentado Tú mismo riesgo, pues desvanecida No solo competirme has presumido En este, ya de mi blasón trofeo, Sino que, de los Dioses en ofensa, De sus acciones falsa Coronista, En los lances de Amor, que referiste Con lengua vil, o pluma de colores; De cuantas tus dibujos matizaste, Tantas de empacho, a su Deidad sacaste. No he pretendido ofensas de los Dioses, Igualdades contigo, sí, en el Arte De diestra Abuja; pero dije poco; Que en este no me igualas: Vences Minerva, por mirarte Palas. En tanto atrevimiento, las piedades Indignas son, cuando el castigo es justo. Si no vive, quien vive deshonrado, Morir pretendo, vénguese mi afrenta En mi vida, consuelo sea la muerte; Que en grande mal, siempre el morir fue suerte. No lograrás, ni aún del morir el gusto, Que a mi Poder, segunda vez vencida, Eterna Eterna has de vivir a los afanes: Pues te llamaste Aragne, Araña, al viento Tu destreza ejercites: Tejas débil mansión, de tiernos hilos, A tú ya transformada desventura; Y tus propias entrañas consumiendo, De tu mismo morir, vayas viviendo. SCENAA lecna loses, pues no hay remedio a un desdichado, O no lo sois, o no me habéis criado, qué escucho? qué veo? a. Prometeo. Minerva. Que suerte proterba, Te pudo hacer reo, De culpa, que iguale afán tan penoso? De Gloria un deseo, De Amor un ardor; Si Amor puede ser Cierto bien querer, Que sin ser Amor, Se pone en aquello, que es parto ingenioso Del propio primor. Darvida, a tu vida, Te ha dado la muerte: Pero no la suerte De verla cumplida. Faltome mi Bien a supremos enojos. Yo fui su homicida. Yo causa a tus males. En los, que padezco, Ufano agradezco, Que sean imortales. Ya, que la causa, al que lloran tus ojos, Fueron liberales De Palas favores; Sean lo al remedio. Al mío, no hay medio. Sabe, que si Amores De Tetis a Jove, al dulce Himeneo Llaman; que mayores Peligros, el Hado, Al logro amenaza; Pues infausto traza, Que ya destinado Hijo prodigioso, de tan alto empleo, Nazca aventajado Al Padre, en Alteza Valor, y Poder; Y por no perder. Jove su grandeza, pospondrá su Amor. A su conveniencia, Pues dé tu fineza Aviso Aviso tan fiel. A darle en tu nombre, Porque más le asombre, Me parto con él; Engaña tú en tanto, a este viso; el dolor. SCENAI tn Ves fuiste en mi mal, de mi bien la occasión, Sé lo en mi bien, del mal, que es mayor. Mas ay de mí triste! Que en mis desconsuelos, En vez del alivio, Se dobla el tormento. Que propio, en las penas, Es, a mayor riesgo Morir la esperanza; Cuando cobra alientos, Ay de mí! Ay de mí! Mas por qué me quejo? Si aumenta el dolor Alivio, que es viento. Porque en mis entrañas Buscas Ave el cebo? Si lo tierno anhelas, Cébate A2 Cébate en mi pecho. Mas, si mis desdichas De Amor son efectos, No más querer bien; Pues mis males quiero. Si huyendo se logran De Amor los trofeos, Vencido los logro; Pues huyo, aunque preso. Mas ay desdichado! Que al Amor venciendo, Es el que más triunfa, El que triunfa menos. Si de Amor me olvido, Cómo de él me acuerdo? Dentro está el ardor, Que en el labio es fuego. Ave, pues castigas Amantes incendios; Porque me escarmientes, Mi mal te agradezco. Mas ay! que aunque busco Razón al consuelo, Solo el de mi muerte, En medio de mi muerte, nunca encuentro. g SC- SCENA IV , o. Asta cuando, amorosos desaciertos, Pasos perdiendo en busca de mi amado, Por estas Soledades Habéis de conducirme? Hasta cuando mi Amor, mudos desiertos, Pues que no le ignoráis, tendréis callado? Cuando, Sacras Deidades, de voluntad tan firme El logro ha de mirarse? Nunca dejó Amor puro de lograrse: Solo mi Amor murió, siendo el más puro. Que alegres voces, entre voz tan triste, Oráculo agradable A mi lamento han sido? Mas no es mi gloria, el que al tormento duro De aquel Buitre voraz no se resiste En mal tan lamentable? Sí; pues cómo he vivido? Y si he vivido, como Venganza en mí, de que viví, no tómo? Romperé las cadenas con mis dientes; Haré el Ave pedazos con mis manos: Fuera, vil enemigo, Dos veces homicida. Tente Deidad, y no piadosa; intentes Serlo conmigo, en males tan tiranos, Siendo A3 Siendo cruel contigo. No al riesgo des tu vida. Si vivo en ti, mal quieres Que guarde yo mi vida, cuando mueres. Suspende, o tu Deidad amante, el labio, Que si tu acción me logra agradecido, Tus voces temeroso De ser tierno, o ingrato: No hables de Amor, a quien segundo agravio, Y este tormento apartan de Cupido. Prorumpió en lo amoroso, Mi pecho sin recato: Causa di, a lo que escucho; Mas cuando calló bien, quien sintió mucho. Callar resuelvo, peró no; que dudo? Mas como le he de hablar en mi fineza En tanta desventura? Pero si ya la sabe, En lo que callo, mi tormento ayudo. Mas si a librarle en mí, no hay fortaleza, En buscarle a su dura Pena, remedio suave, Mayor fineza emprendo. Calle obligando, quien habló sintiendo. p p SC SCENA V. Entida Al despego, Del ruego, Que vida Diera al más ingrato, al ver su beldad; Rendida Del fuego, Al que el ciego Convida, Se fue, sin hablarme, la bella Deidad. Quién será esta Belleza? Oh qué razón tendrá para quererme? Si ha mucho que me ama, como pudo Amar disimulando los ardores? Si ha poco, como cabe en Amor tierno Declararse un Amante con su amado Viéndole en el extremo de los males? Si finge, como al riesgo se aventura Quién sin amor ignora atrevimientos? Si ama, como calla a un desengaño? Y en el sentir callando, cómo habla? Como sufre un despego quien no quiere? Contrarios imposibles, Consecuencias de Amor son infalibles. Mas si penando estoy, de Amor efectos, Para Para que los discurro? siendo claro, Que el que ajenas finezas desmenuza, Cerca está de estimarlas, y aún quererlas. Culpa es, a vista del castigo, y grande, Reincidir voluntario en el delito. Agradecido ser, no es ser amante, Ser grato es deuda, más pagar ternuras No cabe en la lición del escarmiento Pues vencer, o penar Entendimiento. Desde, que desde lejos, vi a mi Amo Atarle de este Monte a la cadena, No me ha dejado mi temor buscarle. Tómate aquella, boto a tal, que un Buitre Se le está merendando las entrañas. Digo hermano, es amigo de mondongo? Pues mire, que el que come, es tan del uso, Que no es más limpio aquel de las esquinas, Qué habran comido algunos que me escuchan: Que tal fuera, que el Buitre se antojara, Como grosura come, comer lengua, Manos, y pies, y diera tras los míos. Ay de mí! que me mira, y aún parece Que quiere tomar vuelo hacía mi panza. Mire, Señor, que al susto, está tan otra, Que se la puedo enviar en los calzones? Quien hombre me hizo a mí de obligaciones? Sátiro, así me dejas? Llégate Llégate a mí, por que me has olvidado? Lléguese Barrabás, antes me vuelvo, Holgándome de verte tan famoso, Con tan buena salud, y compañía. Así traidor, te burlas de mi daño? Qué es burlarme? lo digo muy de veráas, Por si entiende el hermano compañero. El Cielo espero te dará el castigo. Y aún por eso me voy; mas no me vale. Ay, ay, ay, que me mata, ay que me fina, Señores, que me engulle, dicho, y hecho, Plegue a Dios, que te haga mal provecho. SCENA V qnei 1 la vista Real, al delincuente Es Prometeo perdón; agradecido Al aviso sagaz, que diligente Palas, tuyo me me dio, de ti he querido Que Júpiter lo sea; Devida gloria, a quien las mías deséa. Hércules rompe la imortal cadena, Que le oprime cruel, libre, en mi agrado, Quede al castigo, quede de la pena, Mien- Mientras que yo, en mi Padre escarmentado, Al riesgo receloso, Huyo de Tetis ser, contra mí, Esposo. Tus glorias cante eternas la alabanza: Tus piedades aplauda aún el castigo. Con que gusto minoras tu venganza. Que gloria es perdonar. Venid conmigo. A obedecerte quedo. Yo mismo a mí, de Amor, me causo miedo. SCENA VI Imperio fulminante, Aún lo inmortal perezca; pes, n. Y el Hado, aquí obedezca Decretos del Tonante. Rinda a mi fortaleza, La suya el duro hierro; Pues, con la que en mi encierro, Es cera su dureza. A ti, y en ti, postrado Al gran Jove, agradezco El bien, que no merezco. Si fuiste desdichado, Aspira a venturoso. No querrán las Estrellas. Pues nunca fuerzan ellas, En ti está el ser dichoso. Después del pesar, Después del tormento, Oh qué bien de las dichas, sueñan los Ecos SCEN A VII Atiro fiel, consuélete mi pena. Que el ver mayor, la que se mira ajena, Siempre a la propia ser consuelo debe. Si ella alcanzara mi traición aleve, Y que por disimulo, la acompaño, Mas hablara, que en penas, en mi engaño. Presto alivio a Prometeo, mi fe aguarda, Mas el alivio, aunque sea presto, tarda. Pero qué es lo que miro? Del susto a penas, al notar, respiro, Que entre dudas de gozos, y de penas, En trozos de Prometeo las cadenas Sin él están: qué daño? qué ventura? Si a libertad, o a esclavitud más dura, La piedad, o el rigor le ha conducido? Mas cuando lo mejor ha sucedido? Buscarele constante, Quien aquieta en las dudas, no es amante. Miren si mentí yo en mis presunciones, Para Para que son conmigo esos turrones? Aguárdate, Señora, no decías, Cuando ahora conmigo aquí venías, Que Palas tu devota, tenía hablado, Para librarle, a Jove, y aún cohechado? Pues que dudas, con Dioses postillones, Ser en el aire sus ejecuciones? Bien que, al mirar en pena tan acerba A Prometeo, fui en busca de Minerva, Y al pedirla su alivio, asegurada Quedé, de ver su libertad lograda; Es tanta mi desdicha, Que no acierto a dar crédito a la dicha. Anda con Dios, que yo no quiero tanto: La Ninfa tiene Amor de cal, y canto. Valles deliciosos. SCENAII Raña se mira Aragne, oe uunena tansfomada, y ̱s Que oposiciones divinas, Cuando en castigos no paran. Qué dices? qué desuentura! Júpiter Santo, a que aguardas? Prendas de quien tu bien quieres, No han de parecer humanas. Sin duda que oyó tus quejas, Pues miro sus luces sacras Tan cerca, que a penas puede Retirarme mi desgracia. Pues Jove viene a mis voces, Ya el Cielo me desagravia. Que haya quien con celos huya De su Dama, por su Dama. A tu vista, y a tus ruegos, Me traen Tetis soberana, Cuidados tuyos, y míos; Si estos en un Dios se hallan. Ya sé, que pedirme quieres Por Aragne; cuando alcanzas Que de una Deidad castigos otra Deidad no embaraza. Deja ese cuidado, al mío; Que yo haré por ti, que Palas Obligada me conceda Lo que me debe obligada. Mayor empeño es el mío. Mira, yo sé, que mis ansias, Ni una, han debido a tu pecho De Amor, cuando al temor tantas. No es quererte bien, hacerte En vez de mi Esposa, esclava; Que valen glorias del cuerpo, Cuando Cuando a las almas no pasan? otro Amor es, ya lo sé, Quién el mío te embaraza: Yo quiero lo que tú quieres; No ama, quien violenta el alma. No juzgues, que estas razones Finjo, por saber si amas; Que Amor, viste de un color Intenciones, y palabras. Veneraciones son mías; Pues no es justo, que yo haga Mi esposa, a quien de otro amante Ha vivido a la esperanza, Juno estorbó sus intentos. Divinamente la engañas. No respondes? qué enmudeces? Harto dice quien bien calla. Ayuda Amor mi osadía. Que bien te salió la traza. Aunque tus rigores siento, Te estimo la confianza. Señor, de Juno atenciones Son de mis retiros causa. Y amor también. Si fue Amor Tan antes fue de tu llama, Que jamás hacerme pudo Contigo, y conmigo ingrata. Y quién merece esa dicha? A tus pies, Señor, postrada, Y en fe de que me asegura Mi obediencia, y tu palabra; Peleo: a quien favorece Mas el Hado, que mi gracia, Pues sé, que a un Mortal me tienen Sus decretos destinada. Lo que Hados, y Amor disponen, No estorbe el mío, levanta. Tu perdón, y al de mi Padre Por tu medio, asegurada, Me han de levantar: Peleo Es tuyo; Mercurio vaya Por él, mientras de su amor Doy, contra mi Amor, la traza. Tu Pándora, de Minerva, Lo que Tetis pide, alcanza; Aragne por Tetis viva. Obras como Dios, que basta. Ven conmigo. Ya obedezco. Y yo ufano lo que mandas. Mas pudo el temor, que Amor. No hay osado con desgracia. Opuesto a la conveniencia, que presto el Amor se acaba. Pala. Palacio Real de Tetis. SCENAY Les toco, pues miro De mi suerte el día; B Muestre mi alegría, La gloria a que áspiro. Deidad, sin beldad, Es una ventura; Beldad, y hermosura Dos veces Deidad. A sacros ardores, Mi suerte mejora; Logre, quien fue Aurora, De Sol resplandores. Envidie Neptuno, Con Jove el empleo, Pues logra Nereo Lo que envidia Juno. Pero sin duda, el venerando Esposo, Pues honrra ya, nuestro Real Palacio; De ese Monte a que alinda, cariñoso Pisaba el verde, el matizado espacio, Que alfombra a Tetis, cuando envidia al Monte, Es, al lograrla Sol de su Horizonte. SCE. SCENAYL Or que no envidie dichas al divino, Enorabuena, Jove Soberano, Gloria siendo del Solio cristalino, laa Sobre la excelsa, que en las tuyas gano, Tetis las de tu Esposa, ufana Tente e Hijo illustre del Mar, sacro Nereo; Que el Hado, con decreto permanente, A Tetis destinó para Peleo. Padres los quiso, Suerte inevitable, Del que illustrando el Orbe, Para ser a los Siglos memorable, El Mayor se verá, sin que lo estorbe Humano Ser; Pues cedo yo, bien puede Ceder al Hado tu ambición honrosa. Si Tetis, por Deidad, lo humano excedé, Amor igualará, en unión dichosa, Amantes corazones. Esto ha de ser, y al Himeneo espera Jove asistir. Por ti, resoluciones Del Hado, que violento obedeciera, (Cielos paciencia) admitiré gustoso. Ya es de Tetis Peleo dulce Esposo. SCE R SCENAYIL Qya Tus plantas, Rendida, Dichoso, Humilde, Obligado, Gustosa, Obediente, Ufana, Advertido, En favores, Que al tuyo mayores, Mi fe, Mi ventura; Mi dicha, Mi vida, Deudora agradece, Y estima en silencios, por decir, lo más. y De mí venerados, Por mi prometidos, Por mi ejecutados, De mi conseguidos. Oh Suña Deidad, Gratos nos admite, en tu gloria ocupados, A la de ensalzar tu Nombre imortal. Y a tus plantas Nisea, y su hermosura, Palas a tus preceptos obligada, Tetis obedecida, Pues logra Aragne en ti, tercera vida. Por que entre tantas, todo sea ventura, Oh gran Padre, en el serlo, confiada, En esta Ninfa bella, Que de Prometeo silenciosa amante, Llora escarmientos, en contraria estrella, Te ofrezco el más constante, Largo, fincero Amor, que a su centella Ardio tierno, en firmezas de diamante. Premio, R2 Premio Prometeo sea Del Amor de Nisea. Levantad Sin que me oigas, gran Tonante No verás, que Prometeo se levante. Hijo será el desdén de su escarmiento. Di lo que quieres, que te escucho atento. Si al precepto, que es ley ejecutado, Y en favor de Nisea le imagino, Aguardo; y por ser tuyo venerado, A su indecible Amor, el mío inclino; Cualquiera juzgará, que interesado No a su respecto, al tuyo, sí, divino Miro, en rendir la victoriosa Palma, De Alma, que es mía, por ser suya el Alma. Pues no ha de ser así; que aunque triunfante De Amor me he visto, en pena repetida, Y en huir de sus flechas, tan constante Me ha hallado el escarmiento, en poca vida; De tan fina Beldad, dichoso amante, Sin ti, he de darla en mí, la más rendida: Porque yo mismo, en glorias de Cupido, Diga, que Aúnvence Amor, siendo vencido. Qué gloria. Que dicha. Qué gozo. Qué suerte Acción tan illustre, merezca mis brazos. Amor tan constante, no acabe la muerte. Unan cuatro Amantes, dulces de Amor lazos. Mi gloria, Mi dicha, Merezca el más fuerte. Mi fe, Mi ventura. Tan puros abrazos. Logren al Indulto perdón los Mortales. Divina Esperanza, sin dará a sus males. Por que agradecidos, Por que venturosos, De Jove en aplauso, De Amor en alarde, Amantes los unos, Los otros gustosos, En gloria, que es deuda, pues en todos ardeo, Victorias celebren en triunfos dichosos. Y por que el Gracioso, aunque llega tarde, Os pida con todos, de ciega obediencia, Perdón a las faltas, y al Baile licencia.