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Texto digital de El asombro de Jerez, Juana la Rabicortona (segunda parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1769).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El asombro de Jerez, Juana la Rabicortona (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/asombro-de-jerez-juana-la-rabicortona-el-segunda-parte.

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EL ASOMBRO DE JEREZ, JUANA LA RABICORTONA (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Namorado el Amor por Siquis, beldad suprema, quiso ser dos veces ciego para amarla, y para verla. En este espacio, señora, que es de tu Quinta alameda, puedes divertir tus ansias, dando descanso a las quejas. Clávela, mis quejas nacen no de fantástica idéa, si de realidad. . Lo creo; y por esa razón misma digo yo, que en este sitio te alivies, y te diviertas. Los dengues, que hace la Ninfa, y dos novios, como en peras, tiene en que escoger. Dejadme aquí sola con Clavela. A obedecerte aspiramos. . Ya que solita te quedas, Doña Elena mi señora, Venus de Jerez la excelsa, Clavela, tu fiel criada (consultora, o confidenta) te suplica aquí rendida con toda la reverencia, que una criada a su ama puede preguntar atenta, que de tu rara aprensión la noticia te merezca; porque tal vez a las amas dan alivio las sirvientas. Mira, que yo sé callar, pues de Margarita bella, y Don Enrique, que fueron asunto de esta novela (y residen en Lisboa para gozar de una herencia) tuve la Secretaria de toda su confidencia. No tiene mi, pena alivio, porque la culpa es ajena. Pues por qué quieres pagarla, si tú no hiciste la deuda? Porque en crédito de honor la no culpada se afrenta. Habla claro y sin embozos, que yo romperé la nema. Tu hermano el señor Don Juan de Alvarado no desea por su casa tan ilustre, por su gusto, y conveniencia, y te ha propuesto te cases, di, con Don Sancho de Herrera, hijo de Don Cosme, que es Soldado, de Marte afrenta, que se ha criado en Italia Adonis en gentileza? Es verdad; pero no nace de esa pretensión mi queja, que aunque Don Sancho es galán, no confronta con mi estrella. Pues nuestro Corregidor, Montañés de casco, y letras, con Don Luis su sobrino no trae la pretensión misma, y al canto un genio sencillo, que es doblado por su renta? Clavela, mi libertad no está a interés sujeta. Pues qué es tu queja, señora, si amor, ni interés la lleva? Tener un hermano ciego, que su menosprecio ostenta, queriendo ser en Jerez el vilipendio, y la besa del Pueblo. . Ya caigo en ello: ello es, porque galantea a Juana, aquella solemne invaidora y hechicera, que a Enrique, y a Margarita::- No prosigas, cesa, cesa; no prosigas, calla, calla, que el corazón me penetra el imaginarlo solo: tan ciego se ve por ella, que sin atender respetos de su sangre, y de sus prendas, ha llegado varias veces a despreciarme. . Eso es tema: si ella vive retirada, qué importa, que la pretenda? será diversión no más. Y aquella nota primera con que el Pueblo la conoce, le eximirá de la afrenta? En llegando a estos asuntos, todo mi pecho es un etna contra Juana, es un vesubio el alma. Que le despeña el caballo. . Detenedle. Al ribazo. . A la ladera. Ay señora! que a un airoso joven, allí con violencia un caballo precipita. . . Indomito bruto, sea mi valor quien de este modo pare tu infiel obediencia. Ya mi hermano, con su espada le cortó todas las fuerzas. Pero el galán Faetón casi muerto está en la tierra. Aquí se acercan con él. Ay qué lástima! Clavela, hermana. . Don Juan, qué es esto? Qué ha de ser? que la violencia de aquel caballo a este joven (que ignoro hermana, quien sea) del modo, que ya advertiste, le ha puesto en la contingencia de que déspida el aliento: Mas pues quieren las estrellas, que a las puertas de mi Quinta haya sido su tragedia, haz, que (llevándole a dentro) algún alivio se ofrezca, que le redima la vida. Airosa, y noble presencia. Ay qué bonito es, señora! lástima es, que se nos muera. Venid conmigo. Caidita, y galáncito de prendas se entra por casa? Jú, jú, maula lleva aquesta idéa. . Cielos, quién será este joven! Vaya fuera la hechicera. A ella. . Qué escucho, ansias? a Juana allí la atropella el vulgo infiel, sin respeto: qué hace mi atenta nobleza, que (además de que la estimo por sus naturales prendas) siendo mujer, no se expone a ampararla, y defenderla? . A la hechicera. . A la bruja. Muera apedreada muera. Válgame todo el infierno, pues no hallo amparo en la tierra. Ah bárbaro vulgo infiel, así con viles afrentas me ultrajas? vive mi ardor, que una, y mil veces me pesa de no ejercitar mis Artes para vengar mis ofensas. Yo herida? yo despreciada? Si tu libertad deseas, en tu albedrío consiste el vengar tanta violencia. Si el oído no me engaña, la voz presumo, que es esta de la Coneja, que un tiempo fue mi tutora, y maestra: será ilusión? . No lo es. Voz, que me animas, y esfuerzas, redimiré mi opinión? Sí, como tú lo consientas, dando rienda a tu albedrío. Si consiento: ánimo, alienta, vea el ingrato Pueblo de Jerez, que él me despeña a proseguir mis asombros por sus bárbaras violencias. Por allí va. Juana hermosa, en tu amparo, y tu defensa Don Sancho de Hérrera altivo, que adora tus luces bellas, contra ese furioso monstruo te defiende. . Tu fineza espero pagar, Don Sancho. Juana, en mi Quinta te entra, mientras, que mi fuerte acero a defenderte se arriesga. Cielos si disculpa cabe, disculpa mi arrojo tenga. . Don Sancho? . Don Juan? A ellos. Muera la hechicera, muera. Villanos, el ser mujer nos os contiene? . Una hechicera no merece esa atención. A ellos, Don Sancho. . Lluevan rayos de nuestro valor contra bárbaras fierezas. La justicia, Caballeros. Todo el mundo aquí se tenga. Hijo, Don Juan? Vamos claros; quien causa estas insolencias, sin advertir, sin mirar, que aquesta Vara maneja Don Melitón de Guevara, hombre de capricho y letras, iguales a la hidalguía, que el ser Montañés ostenta? Señor, con aquel respeto, que se debe a vuestra ciencia, vuestra autoridad, y canas, no podemos más respuesta daros, de que aquesa gente (sin que la causa se advierta) a Juana, a quien en Jerez::- A dónde está esta embustera? que la voy a revanar no menos, que las orejas. Bruto, a qué vienes aquí? A lo mismo, que estas bestias: vaya, que mi tío me honra de los pies a la cabeza. Proseguid, señor Don Sancho, y sin mucha arenga sea. Digo, que a Juana, señor, a quien por sus raras prendas la Rabicortona llaman, persiguieron con fiereza esas gentes, y a este tiempo (porque el ser mujer es deuda en cualquiera Caballero) Don Juan con su gentileza, y yo con mi bizarría ostentamos su defensa. Y qué casual incidente ha producido la inepta horrisona confusión de vuestra impulsante scena? Señor, por el testimonio que se tomó (aunque de priesa) consta, que yendo a la plaza por cosas, que allí se ferian, uno bruja la llamó. Si señor; y ella con flema entre dimes, y diretes armó una fuerte pelea: tomó un cuchillo, y a uno le hizo una cruz, y muy buena; a otro le rasgó la boca, y a otro le cortó las yemas: alborotose la gente, y dieron al fin tras ella. Hay efusión sanguinaria? Pues si hay herida, no es fuerza? la bilís, y pituita rebañó, como manteca. Criminaliza es la causa, esto ya queda a mi cuenta. Sosiéguese el popular, y prosígase con recta averiguación, donde yace la agresora. Ay Juana bella! vuelve al cántaro las nueces, pues perder la tuya es fuerza. Mi tío si empieza a hablar, el demonio, que le entienda. Sabéis vos, y vos a donde hizo aufugio esta traviesa? , . No señor. Pues al momento se inserten las diligencias, y los Autos a mi estudio, que no la valdrán sus tretas de antes, porque ya (ay mi Juana!) está de prestigio excepta. Don Cosme, besoos las manos, señores, a la obediencia. Digo, tío, y de mi boda no habláis nada? A Doña Elena decidla, señor Don Juan, que se tenga tiesa, tiesa, que yo y mis seis mil ducados no son podríditas peras. Servidor, señor Don Cosme, Monfieures, a la obediencia. . Habrá mayor mentecato? Sancho vamos y modera esos impulsos, advierte, que nada se me reserva: no me des más, que sentir con travesuras como esta. . Señor en los Militares las bizarrías son prendas naturales. Bella Juana, mi amor adorarte intenta, aunque mi padre, y el mundo se opongan a mi fineza. Entro a ver si aquel airoso galán su alivio concierta, y también por si es que Juana, libre de su susto, premia las amantes expresiones de una alma, que en ella alienta. . Seor Farfulla, pues se halla de Portero en la prevenda, después, que Enrique su amo, y Margárita se ausentan a gozar las posesiones, que allá en Portugal heredan, mire que este nuevo oficio quiere manos, y no huecas. Yo con conciencia obraré. Sí, hijo mío, con conciencia; pero las uñas también con conciencia se manejan: y así, señor Don Farfulla, pues ya no tendremos muecas con la Rabicortoncilla, en viéndola, echar la presa, que como caiga en mis garras, yo haré le sueñe la penca. Hablar bien, siempre es mejor. Friólera, friolera: los valientes y el buen vino caen siempre en la ratonera. Adiós, que voy a evacuar todas estas diligencias. Yo también voy a lo mismo: ay Juana, lo que te espera! y como pagarás junto lo de esta, y la otra Comedia: si yo la agarro en un burro hará a todos reverencia. . De mi fortuna me admiro, aún más que de mi caída: que de Don Juan de Alvarado, bella Dama, esta es la Quinta? Sí señor: qué airoso, qué es! . Y una hermana peregrina, que ha de tener? . Es mi ama, la que por mi solicita saber ya cómo os halláis? Decidla (ay amor!) decidla me siento restablecido; pues quien a este templo arriva, no puede tener más riesgo por la Deidad, que le habita. Qué meloso, y qué rendido . tal señorito g Venis de Italia, según las cartas, que en la balija del Caballo se encontraron, y está en casa recogida? Sí, hermosa. Vaya, que yo toda me hago un almibar. Y un tal Don Sancho de Herrera? En Jerez también habita: conoceisle? . Fue mi amigo en Milán, cuando lucian en la palestra de Marte Espáñolas bizarrías. Con que sabréis de la Italia la primorosa delicia? Cantar diréis? no es así? Sí señor. . Algo me inclina (por afición) esa ciencia, porque allá mucho se estima. Y acá también: como soy, . que es el huésped una mina. Y el señor Don Juan? Discurro no tardará. . Pues querida, luego que venga, avisadme, que tengo cosa precisa que comunicar, pues vengo recomendado a su misma persona en ciertos asuntos; y ahora sea esta sortija, no paga, si solo filis de quien a esta casa estima. Señor ved: sobre galán, . empieza con dadivitas? Obedeceros en todo . es en mi deuda precisa. A avisar voy a mi ama, que es el huésped un Macias. . De qué farsa, o qué novela tal enlace se creería? yo Fadrique de Guzmán, de Milán a Andalucía vengo a tomar posesión de mi hacienda; la franquicia, y el comercio de la Italia, hace, que en Milán (a vista de otros retratos) en uno ponga amor su bateria, Doña Elena de Alvarado sus caracteres descifran; y enlazando las distancias los acasos en sus líneas, hace amor, que sea ventura la que empezó como ruina. Bien dicen, que es el amor burlas todo, y niñerias; pues hoy vengo a ser el blanco de sus saetas altivas: y sin querer, por juguete, con lo que quiero me brinda. Mucho parece, que tarda Don Juan: corazón anima, y en tanto, que otro consuelo encuentran las ansias mías; a ti, pintada beldad, mis antiguos ecos digan: Dulce adorado bien, que en viéndote me alivias, lleva estos tiernos ecos a quien mi afecto inclina. Ay dulce prenda mía, no olvides, no, no, no, alma, que no se olvida! Escucha mis gemidos, mírame compasiva, mira a este corazón como por ti suspira. Ay dulce prenda mía; En hora buena, señor::- Qué es lo que miro, ansias mías! Tan mejorado os halléis, como ya el semblante indica. No era fuerza, si mis astros, si mi suerte, si mi dicha::- De qué os turbáis? No es preciso, que quien al Sol se avecina, sus rayos, cuando no cieguen, le perturben voz y vista? Vos sois: . Estimo, señor, como es razón, vuestra fina atenta expresión y solo vengo a ofreceros propicia (según lo que ya Clavela me ha referido) esta Quinta, en tanto, que disponéis lo que os importa. . Mi vida, señora, en ella he encontrado con que tirana sería mi voluntad, si a otro objeto fuese a prevenir su ruina: así tengo de explicarla el volcán, que el pecho anima. No os entiendo (qué galán!) . Qué arrosa! Cómo se atisban! No me atendéis? yo señora, bien claro me explicaría; pero teme el rendimiento, que por necio le despidan. Sal quiere el huevo, señora, mira qué atento te mira. . Nunca a quien sirve decente se paga con ignominia. Luego vos no ostentaréis los rayos de vuestras iras? Con quién? Con quién de adoraros (ya lo dije) en profecia el acaso ha producido la dicha de mayor dicha. A mí? quién, o cómo? . No, no alteréis vuestras benignas influencias: y si acaso con vos se hiciera mal quista una humilde voluntad, . sírvala de amparo, sirva a una imagen otra imagen, para que este pecho viva. Amor, aunque ciego eres, guía mis afectos, guía. Mi retrato es este, Cielos, cómo a sus manos vendría? No en eso pienses, si en solo que es un galán de ambrosía, tierno, como un pichóncico, y suave, como una mirla: di, cómo te ha parecido? No mal su galantería. Ah, si a mí, lo que te dijo, e, no se me d sin su poquito de amante correspondencia rendida! con qué no te ha disgustado? No, Clavela. . Bien principia; que amor por la niní, nana, pasa luego a nana, niña. Pues todo esto te aseguro, que no aparta, y no desvía de mi memoria el rencor, el enojo, y la ojeriza, con que mi hermano, obstinado a amar a Juana se inclina, ultrajando de su sangre los timbres, que le acreditan. Lo cierto es, que a la tal Juana yo la estirara las sibras del pescuezo, y de este modo los estorbos quitaria. . Llamaron? . Sí: al gavinete parece el ruido se inclina. Anda, y mira si es mi hermano. Voy en un vuelo. Ansia fina, de un sencillo corazón, como podrás: . Ama mía de toda mi alma, mi pecho, mi corazón, y mis tripas. Qué traes, Clavela? La, la, la::- Qué te asusta? . La, la, lila::- Habla. . No, no, no, no puedo, que las piernas me reilan. Qué es lo que tienes? No oyes una Música, que chisa, como debajo de tierra, y va subiendo hasta arriba? Sí. . Pues en el gavinete anda toda la bolina. Cómo? . Eso, qué sé yo? mas ay! que ya está a la vista. V Ay, ay, ay! los huesos se me destrizan. 4. No temas, no dudes, alienta, respira, que aqueste prodigio te ofrece tu dicha. Yo, sí, cuando:- Huye, señora, aunque sea hasta la China. Dices bien. Espera, Elena, no te ausentes de mi vista, que ese prodigio, que adviertes, lo somenta mi osadía para advertirte, que aunque pudiera hacer, que en cenizas volases al Firmamento, siendo de los aires ruina, por tratarme indignamente contra la sangre, que animas, soy más piadosa, que tú, te estimo más que me estimas, Dama soy, si Dama eres; tu hermano, si a mí se inclina, yo le desprecio: de amor vivo en otra llama activa: ofendida estoy, Elena, de cuantos me precipitan: Mujer ofendida soy; mira lo que hará ofendida una mujer que en su mano tiene el obrar maravillas. Enamorada te hallas, y serás correspondida como yo quiera, si no te verás aborrecida: trátame bien, o serás . el asunto de mis iras. Esto te ofrezco, no temas, que como seas mi amiga, dirán una, y otra vez los ecos, que al aire inspiran::- 4. No temas, no dudes, e Espera, aguarda, detente, que yo::- . Por dónde se fueron? haz que traigan seis cordiales, para confortarme el pecho, que le tengo palpitando. Aún me parece fue sueño lo que he visto, y he notado. Para no volver a verlo hablar bien, chito, señora. Cóbrese todo mi aliento. Tu hermano, el Corregidor, Don Sancho y más Caballeros vienen, señora, a obsequiar al huésped, que aquí tenemos, porque han sabido quien es; mas él ha salido creo a hacer ciertas diligencias. Di, que entren: ánimo, esfuerzo. Hermana, el señor Don Cosme, Don Sancho, y el Caballero Corregidor como nobles vienen a favorecernos, y a honrar, como tan ilustres, esta Quinta, conociendo, que en ella de su desgracia tomó Don Fadrique puerto; y más, que por estas cartas, que me traen del Correo, Don Anselmo de Alvarado me le recomienda, a efecto de que tome posesión de la hacienda de sus deudos. Don Fadrique ahora ha salido. Digo tío, a lo que entiendo no es esta la novia, que vuestros cascos me han propuesto? Sí, hombre, calla, no hables, que ahora no se viene a eso. Pues a eso se ha de venir, lo demás no importa un bledo: vaya, que el trozo no es malo, los ojos son de mochuelo: señor Don Juan? . Qué se ofrece? Señor mío, queso fresco: aquí mi cholla discurre, que sois un gran majadero. Por qué lo decís? . Por graves motivos muy circunspectos. Don Luis Melitón Guevara Perez Chirinos de Ampuero, pregunta a usted, señor mío, es acaso algún jumento, para que nombrando a todos le dejéis en el tintero? no soy quien el caldo gordo ha de hacer en el puchero de la boda que se trate? pues siendo así, que el primero soy y he sido aquí, y en Francia, por qué he de estar de estafermo delante de esta señora, que al grande Rey de Marruecos merece, no para esposo, si también para Cochero? Tenéis razón. Hay locura más extraña! . Yo celebro, señor Don Luis Melitón, de veros, y conoceros; y así, servidora vuestra me tenéis. . Bravo jumento! Miren, qué presto el ratón . ha venido a oler el queso! caerá, que la ratonera de mi garbo es mucho cuento. Demonio, quieres callar? que no venimos a eso. No, no quiero callar, que lo que me importa es esto. Mi persona y cuanto valgo tenéis al servicio vuestro, señora, que a las Deidades son debidos los obsequios; y esto mismo a Don Fadrique le diréis, ni más, ni menos. Él tal tío, y el sobrino se hicieron en un modelo. Yo, señora, el parabién a mí mismo darme debo (ay Juana mía! que en ti . solo están mis pensamientos) pues mi fortuna me in a admirar vuestros luceros. Mi señora, los ancianos no gastamos cumplimientos: mi expresión os asegura, que me tenéis por muy vuestro. A todos rindo las gracias por tan no vistos extremos, con que me honráis, acción digna de vuestros ilustres pechos. Vaya más recancanillas de embustes, y de embelecos: al grano, señora mía, y fuera los cumplimientos. Yo he venido a enmaridarme con vos (no gastemos tiempo) que mi tío me ha traído a veros con tal pretexto: no he de salir del salón, sin ver al casamentero; y si vos no me queréis, os juro por mis abuelos, por mis padres, por mi tío, y por cuantos Alojeros tiene Madrid, y Jerez . (dale, dale, si no quiero) que con aquella fregona, que no tiene muy mal gesto, me case a la letra vista, aunque le pese al infierno. Bruto, insensato, qué dices? (con la cólera estoy ciego) un sobrino (aí, que no es nada) de un Corregidor tan recto, dice, pretende casarse con criada? . Y qué tenemos? yo solo busco mujer, en calidad no me meto; sea mujer, y más que sea hija de un Tamborilero. Gran pesadumbre he tomado. Oigan el diablo del viejo, qué por su cuenta lo toma! otra vez, a decir vuelvo, sino me dan la señora, que a la fregona me atengo: ven acá, tú me querrás? Solo para trapos viejos de la cocina. . Ah puerquilla! a un sobrino todo entero de un Ministro, y Montañés, tal respondes? estoy clueco. Señor, otro testimonio está aquí todo completo, de que Juanilla se esconde en este sitio. . Y la vieron entrar por aquella puerta. Se engaña quien lo ha supuesto. Aquí mi hermano se pierde. . Oh quizá será cohecho de los que mal la persiguen; y basta, que sea en efecto mujer (ay Juana adorada!) para que no se dé ascenso. Y a ti, Sancho, quien te mete en defender a un objeto de la burla, a una hechicera, que merece su escarmiento? Señor, a cualquier mujer por Soldado, o Caballero defenderé en todas partes, que otro caudal no tenemos, en fin, los que militamos. Ya conozco tus intentos: pero Sancho, como pueda yo la quitaré de en medio. El testimonio asegura, que Juana está en este centro. Pues agarrarla al instante. Y supuesto, que me veo en público así obligado con un testimonio expreso::- Señora, callar importa. Clavela, así lo resuelvo. Don Juan, con vuestra licencia, misa Elena, precediendo la reverente excepción, que adaptan los privilegios, a todos favor os pido, en nombre del Rey, a efecto de que en sumario se exponga la rea de manifiesto. Señor, a usia suplico:- Señor a usia le advierto::- Qué hay, que advertir, ni mir señor Juez, el primero seré, que ayuda, y favor os dé, para aquese efecto contra una hechicera (achi) bruja, infame (achi.) . Qué es eso? La cabeza (achi) se me anda. Al viejo le ha dado muermo. Así se castiga, a quien es mal hablado. . (Achi) quedo, que me hundo, que me hundo. . Qué asombro! . Bravo conejo está en madrigüera, arriba. (Achí, achi) yo no puedo. A él le han dado cebadilla, y a todos nos hace negros. Tiremos, tiremos de él. Pónganle un lazo al pescuezo, y hasta que quiebre la soga, tiremos de él. . Sí, tiremos. Que me ahogo, que ahogo. No os ahogaréis, que para eso sabré usar de mi piedad, porque os sirva de escarmiento. Juana? , . Juana? . Señor Juez, advierta, que estos excesos los comete mi venganza, por ovviar mis menosprecios, y con cuantos intentaren ofenderme, haré lo mismo. . Seguidla. . Yo desacoto. Tenéis algún daño? . El cuello parece, que me le siegan. A ver, señor? ni un diseño tenéis de mal y así, padre, pues que del susto contemplo estaréis sobresaltado, a casa nos retiremos. Dices bien: Don Melitón, en vuestro cuarto os espero, que allí tengo, que informaros. Señora, guardeos el Cielo. Yo me retiro también, para acomular a un tiempo en lo que tengo actuado lo que se añada al proceso: mi señora Doña Elena, vuestros pies, y manos beso. . Tío, tío, en qué quedamos? Don Juan, al dicho en lo hecho; sino me dais esa hermana, a la criada me atengo; miradlo de espacio, aprisa, que aprisa de espacio me entro. . Clavela? Ya les he dicho, a los dos canes cerveros, que a mí no me hablen de amor, uno cecina, otro queso: qué bravo par de peales para sacar de un empeño! Eso a un Portero se dice? Eso se dice a un Portero? Unas, y vara, paciencia. . Unas, y golilla, piejos. . Hermano, no, no te irrites. Elena, cese tu ceño, y tu aprensión, que de Juana me animan los dos luceros, y ha de ser mía, a pesar de cuantos prodigios veo. . Señora, déjalo estar, que toda locura el tiempo la cura; y pues que tú tienes en casa divertimiento en el huésped, y ya Juana por amiga la tenemos, holguémonos, mientras tanto, que ella sigue sus enredos. Ay Clavela! no quisiera, que mi hermano fuese objeto de escandalosas acciones. No pienses, señora, en eso, sino en que no andemos más con fantasmas, y embelecos. Ay Amor, pues eres Dios, a tu protección apelo. Y yo apelo esta Comedia no al charlatán, sino al cuerdo, que sabe, que esto se hace por decente pasatiempo; lo demás viene a ser guzcos, estar mascando, y royendo. Muchachos, poned la mesa, que es fuerza otra nueva causa, por querella de Don Cosme, formar: hay pulida Juana! yo lo siento, más me obliga oír la parte contraria: están ya los Alguaciles? Ya están en esa antesala. Señor, mira no te expongas, como Don Cosme, a las raras astucias de esta mujer, que es un demonio con faldas. No temen nada los jueces. Oís, muchachos? no llaman? Sí señor. Mira quién es. Temblando me están las barbas, no sea: . Quién, majadero? La Rabicortona rata, que venga a roer el proceso. Pariente, tan de mañana en el despacho? . Son cargos a que el empleo me llama. En fin, esta es la querella por mi honor, y por mi fama contra esa mujer ilusa, . que con sus engaños trata de embelesar a mi hijo, de forma que ya, ni en casa, ni en parte alguna se encuentra. No afirmáis la dio palabra de casamiento? . Es muy cierto: pero es fuerza, que se anada el que Don Sancho la insta, sin reconocer, que mancha el blasón de su nobleza con tal matrimonio. . Basta: advertido estoy de todo; yo haré salga desterrada treinta leguas de Jerez: mas para lo formal, falta saber, si es que Juana quiere a vuestro hijo. Con el alma, señor, le quiero, y le adoro, y él muy fino me idolatra. Cielos, qué es esto, que advierto? Válgame Santa Susana. Y a mi San Pantaleón. Yo, sí, cuando:- A hablar palabra no acierto. . Yo no lo dije? ella nos convierte en ranas. Quitad, quitad el bufete. Aquí no se mira nada. Válgame Dios, si sería ilusión! . No, si no maula. Diles a los Alguáciles: mas no, no les digas nada. El Juez está atolondrado. Daca esos papeles, daca, que con los autos, que tengo en esta pieza cerrada, será preciso ponerlos. A ese efecto, ya os los saca mi respeto. . Y mi atención, porque soy vuestra criada. Válgame el Cielo, otro asombro! San Coleto. San, San raspas. Juana? . Sancho? Qué admiráis, de que así a serviros salga quién nació tan infeliz? Ella llora, qué almarada! . Cumpliendo mi obligación, vengo a servir a esta Dama. El buen Juez, Juana, ya sabes, que no tiene amor, ni Patria. Así lo creo, señor. Vos, padre, sois primer de este escándalo. . Yo com La querella lo declara; y así, señor pues que yo a mí misma en vuestra casa me he venido hoy a entregar:- Qué es lo que pretendes? Calla: yo os suplico, que el proceso le manejéis con templanza. Sí, hija mía, así lo haré: entra, entra, en donde estabas, y fía, que yo te ampare. Mirad, que soy desdichada, infeliz, y perseguida. En buenas manos se halla el pandero: nada temas, entraos vos también. Ay ansias! qué es lo que Juana dispone? Don Cosme, agarrad la aldaba de esta puerta, o picaporte, y no dejéis de aquí salgan; Mastranzos, haz, que al momento parte de la ronda vaya por esotro lado, y parte aquí formados ya salgan. Hola. . Ya está aquí la turba. Yo tengo asida la aldaba. Caballeros, advertid, que en este cuarto se halla la Rabicortona. . Ved, que es, Don Melitón, infamia que un padre::- Señor Don Cosme, primero es aquesta vara; y así, todos prevenidos, luego que esa puerta se abra, prended a cuantos hay dentro. Harase como lo mandas. Pobre Rabicortonilla. Dejadme llegar: ha Juana, estás aí? . . Si señor; aquí mi fineza aguarda ver el favor que os merezco. Postrada mi compasión os suplica, que nos cumpláis la palabra. Por qué no, si esto es muy justo? Don Cosme, fuerte la aldaba; Caballeros, con valor empuñad todos las garras. A un tiempo todos, señores. Harase como lo mandas. Doña Elena de mi vida, aunque mi tío me engaña, yo soy tuvo, y lo he de ser, hasta perder las agallas. Qué asombro! Qué confusión Qué haces, bruto? Abraza, abraza, Doña Elena de Alvarado. Señor, desvíate, aparta. Don Cosme. Don Melitón. Y vuestro hijo? La aldaba yo bien agarrada tuve. Estáis aí, Juana, Juana? mamola, bien la ha jugado. Quién ha visto tal infamia! a dónde estoy? Bruto, a dónde? no lo miras? en tu casa, y en esta alcoba. Es verdad. Cómo vengará mi vara este esteolonato, Cielos! Señor Juez, con ver extrañas maravillas de mi ciencia, pues la creísteis burlada. Ella sueña por aquí. Yo la escuché. Pues yo pajas. Juana, Juana, dónde está Donde digan voces, 4. De Juana la bella publique la fama en aire, en fuego, en tierra y en agua, sus pasmos y asombros, que eterna la hagan. Cielos, qué asombro es aqueste? Si al jardín faltan Estatuas, ya somos aquí bastantes, y yo hago la Mariblanca. Como a la Tarasca guindas, es echar burlas a Juana. Señor Juez, de esta manera se han de cumplir las palabras. Mujer? . Hijo? Dónde estamos? En la deliciosa estancia de la Quinta de Don Juan, como la acción lo declara. otro pasmo, otro prodigio? Ay Doña Elena adorada! No os acerquéis, si no oíd. , . Pues dice su consonancia::- Bello hallado prodigio, que adora el alma, esta flor te presentan mis esperanzas. Ay, dueño amado mío, ay, prenda cara, de mis tiernos cariños digan las ansias::- Tórtola amada, quiéreme, pues te encuentran mis esperanzas. Elena mía, aquí estoy, duélete de esta fantasma. Ah señor Don Melitón, si este escarmiento no basta, Tente, tente, no más, suspende ya, Juana, tus asombros, y::- . Eso no, mientras no quede vengada de cuantos me han ofendido. Pues yo usaré de mi vara. Yo mis Artes. Yo mi amor. Yo mi boda, y todos caigan. Por más que repita el viento::- , . En acordes consonancias::- , 4. De Juana la bella publique la fama en aire, al a EUN

JORNADA SEGUNDA

Juana, pues aquí tan sola pillete, sin decir chite, después de aquel escondite del jardín, por carambola, donde a mi tío andulario, al fantasma de Don Cosme, a mí, y a Alguáciles nos me- tiste en bailar el Canario: Juana, pues ves, que prendado me encuentro, por quien se ensancha, y a un Quíjote de la Mancha le hacen andar trastornado: ya que así te tengo asida, no he de soltarte, te juro, hasta que con tu conjuro, a esa Elena, a esa homicida (causa de mi quebradero) la rindas de tal manera, que llore por mí, y se muera de un entripado muy fiero. Agarrada te has de estar hoy de este Esvirro hasta tanto, que por ensalmo, o encanto me pueda luego casar. Señor Don Luis Melitón, yo os ofrezco (y lo veréis) que gustoso logréis vuestro casamiento. . Al son de la Gaita, la Chacona, las Folías, y el Villano, mis cabriolas ufano daré, mi Rabicortona, por nueva tan deseada: ya te suelto, como a pez; y pues ves este animal de amor padeciendo el mal, . duélete de él. . otra vez os ofrezco mi asistencia: queréis más? . Darte los brazos, y con ellos mil abrazos. Quitad; y pues evidencia . tengo, que Elena ha quedado de Fadrique apasionada, aqueste simplón burlada su suerte verá. . Casado yo con Elena? a mi tío voy a llamar: vuelvo luego. . Si un simple se halla tan ciego, qué hará, quien de su albedrío no es dueño? pero Don Juan: me voy. Cómo de esta suerte te ausentas? vuelve y advierte, prodigio bello, que están mis potencias, y sentidos en tu belleza engolfados, siendo cierto van fundados en dedicarte rendidos las finas demostraciones, con que te estimo y venero, y que es mi amor verdadero imán de tus perfecciones. Señor Don Juan, agradezco vuestra no vista atención, como es justo, y es razón, y por la misma me ofrezco a serviros pero atento a que premie vuestro amor, pendiente de un superior albedrío estoy: yo siento no poder gratificaros lo mucho, que me estimáis. Esa respuesta le dais a quién vive de adoraros? dejo desengañado, queréis más? . No satisface a un pecho fino, que yace por vuestra luz abrasado: con que así, a pesar de cuantos estorban mi amor tan ciego, a unque el mundo munde en fuego la troya de tus encantos, he de rendir tu hermosura. Si intentáis atropellar mi decoro, a castigar saldrán vuestra vil locura. A Juana vengo siguiendo: pero qué es esto, que miro? fiero rigor! . Si conspiro rayos en que estoy ardiendo, quien puede en lance tan fiero (aunque blasone de ufano) estorbar goce esta mano? El que fuere Caballero: y así, este rayo, que ardiente de la esfera es desprendido, dará muerte a un atrevido. A un loco tan imprudente satisfará mi valor. Don Juan, Sancho, de esta suerte pretendéis daros la muerte? Sancho, mi bien, mi señor. Con esa voz más me irrito. Yo con ella tomo aliento. Con esta ficción intento suspender tanto conflicto. Para suspender mi brío te vales de estas ficciones? Castigo desatenciones, señor Don Juan, no se espante. Sácame de aquí, te ruego. No es mucho, que esté en el fuego quien tiene fuegos de amante. Don Sancho, señor bien mío, ven conmigo. . Aqueso intenta quién ve quedo desairado? No tema el señor Soldado, que eso corre por mi cuenta: vamos, pues. . Ya yo te sigo. La supuesta perspectiva se desvanezca. A mi altiva saña muera un enemigo: mas qué miro! aquesto es sueño? se han ido; aguarda, tirano. Ay señor! Don Juan, hermano, has tenido algún empeño? tú con la espada desnuda? Señor, qué estás aturdido? Mucho es no pierda el sentido: yo no estaba: no, no hay duda) qué pudo ser? Pero Cielos, disimulemos. Elena, no hay cosa que me dé pena. Yo sabré vengar mis celos. Lo ve usted, aquí está Elena esperándome gustosa, sabiendo ha de ser mi esposa, que así Juanilla lo ordena: dadle pronto a mi cuñado, y a mi novia el parabién, que sé les está muy bien la boda. . Ya estáis cansado, Don Luis, en esa porfía; y vuestro tío en rigor os desvanezca ese error. No hay hora que tenga el día, que no le esté disuadiendo, que corrija estás locuras: loco, insensato, que apuras mi tolerancia, sufriendo tus disparates, no miras que Elena áspira a un Convento? Procura mudar de intento, y si me hablas, o respiras otra vez en este asunto, haré::- . Qué ha de hacer el tío contra el valor, brazo, y brío de esta fantasma? barrunto, si me vuelve a echar más ternos, que a él, la novia, a mis cunados, al Vejete, y los criados los arroje a los Infiernos. Quién ha visto tal error! mirad, que yo estoy delante. Yo estoy rabiando de amante, y no sois Saludador: Alto, Elena, mitigad la cólera mal fundada, antes que saque la espada, y vuele tanta Deidad. Clavela, yo estoy temiendo a ese simple tan civil. El bribón del Alguácil, qué está entre dientes royendo? Yo, señor::- Ya lo he entendido; como el maldito del viejo, con más barbas, que un conejo. Yo, señor, en qué he ofendido? Ea, nadie me replique, yo me tengo de casar. Bruto, no lo has de dejar! Don Juan, decid a Fadrique, que yo en persona he venido (pues decís, que fuera está) que aquí a su arbitrio está ya la posesión que ha pedido; que mire si en otra cosa puede servirle mi afeto. Lo estimará su respeto, como es razón. . De mi esposa, qué se trata en conclusión, decidme, cuñado alano? vaya, que aquesta es mi mano. Que ostentéis la condición de vuestro genio, severo, cauto, galán, y oportuno. Pues ha habido, ni habrá alguno en Jerez, ni el mundo entero, que más severo se admire? más cauto, hablándolo todo? más galán de la uña al codo? ni oportuno, que más mire? Vive Dios, que yo oportune desde la boca a la oreja, hasta que con mi pareja me opordose, o me oportune: oportuno? pues si alguno mas me oportunare, tío, le oportunara mi brío, porque más no me oportune. Sobrino? No oigo a ninguno. Advertid::- . Linda quimera; me han visto a mí con ortera por Pobretón, opor tuno. Hay quién quiera ver la cosi esquisita bonita, bonita, (quiera? bonita, e bela hay quien quiera, hay quien Ay señora, unas Flamencas agraciadas, y pulidas en la escalera se advierten. Verdad es, vengan aprisa, que en tocando a ser galante, soy más hombre, que mi tía. Luis. No hay que replicarme, a ver si así la conquista a esta Elena mi garbazo; traigan aquí hasta las Indias, si es menester, y le gustan a Doña Elena pulida. Estimo tanto favor. En cuanto a galantería, soy oportuno empatado: que vengan Vejete. . Aprisa voy a llamarlas. A cuando aguardará esta maldita de Juana a hacer mi consorcio? Las incunvencias precisas, señora, que por mi empleo sobre mis hombros se ciman, y la averiguación de Juana contra sus bellaquerías, no me dan lugar a que goce más de vuestra vista; y así, con vuestro permiso. Usted, señor tío, espías tiene puestas, aunque en balde: ahora esperese una pizca, que también, pues mi dinero me cuesta esta Alicantina, ha de ver lo que aquí salga, aunque le salten las niñas. Que sea preciso sufrirle! . No entran esas sabandijas? Qué donosas son las dos! Y de dónde son nativas? De Alimañique, siñor. Ay, que son alimañicas. Esta amica, e yo, siñor, quedamos las dus viudicas, y entre las dos treinta hijos la morte nos merendica, e sin máritís, e chiquis, lacrimosís, Peregrinas, . a Españía piano venimo, e pídimus limosnicas. Y no traéis almatoste? Si siñor allí si rima, in quela pieza la han puesto lis criadís. . Pues aprisa, vamos a verlo. . Aquí está. Inseña, inseña, Anchelina. Cierto, que es cosa agraciada. Áncora Vueseñorias verán el robo de Elena, que Paris con valentía dispuso y aunque non pudo con finecís conseguirla. Bien haya tu padre, madre, tu abuelo, tu abuela, y tía, tus hijos, y tu marido, y bien haya la venida, que me han vuelto el alma al cuerpo. Oh! es la mellor perspectiva: e como a usias les guste, ya se presentí a la vista. Qué es esto, que estoy mirando? no es mi hermana? . Cosa linda! Bravo cuento! . Si no es sueño, ilusión, o fantasía, no sé qué pueda ser esto. Qué ha de ser? chapucería. Mujer, esos dos retratos de quien son, di, por tu vida? Siñor, non le he dicho ancora a totis Vuesenorias, que son de Paris, y Elení? mas si acasi lis fastidia, ya non son de nadie, porque yo non busquí quimíricas, e si nos dan un traguití a estis pobres desválidas, el almariquí aí si queda. Llévalas, Clavela, aprisa, y di, que a las dos las den lo que de alivio les sirva: ay Fadrique, solo en ti todas mis ansias confían! Esquiabas, padrones caros, e non pillati fastidia. Voy a ver si a mí me enseñan otras cosas más pulidas. Señor, con vuestro permiso. Juana, este afecto mitiga, en tanto, que mi venganza con Don Sancho se déspica. . Qué aún porfías, animal! Tío, no lo vio la vista? Farfulla, tú no lo viste? Si señor, fue maravilla. Qué maravilla, sabiendo, que andan buscando su vida esta laya de mujeres con estampas, que iluminan. Qué iluminan, ni qué estampas? no es embuste, no es mentira, que allí estaba yo en mi propio, y Elena estaba ella misma. Por volver a asegurarme, Farfulla, abre. Santa Emilia! un diablo amastranzado es lo que aquí se divisa. Servitor, señores míos. Esto si que es brujeria. Por donde, o cómo, Mastranzos, (advertid, que soy justicia) veniste aquí? . Yo, señor::- el Maestro:: la vacía::- Ya yo empergeñado el caso tengo acá en la fantasía. Este que parece el viejo, no es Mastranzos, es Juanilla, que ha querido chasquearnos, más pagará con la vida: muere, traidora. Teneos. Ah de morir como hay viñas. Señor, por amor de Dios, que el Maestro:: la vacía::- Qué vacía, ni qué haca? Yo he quedado sosprendida. Yo sin sangre en el bolsillo. Cuéntenos el caso aprisa desde la cruz a la fecha, o morirá, si porfía en callar, que un Montañes no sufre supercherías. Yo solo puedo decir, que el Maestro:: la vacía::- De su turbación se infiere su inocencia. . De Juanilla será esto algún embuste. La Flamenca, que fingida ha entrado aquí, ha sido Juana, que al salir ahora con prisa, dijo::- . . Seor Don Melitón, no se asuste usindiría, siga la causa de Juana, y escriba ese chasco, escriba. Pues vive Dios, que aunque sepa no dormir noche, ni día, la tengo de perseguir (no obstante sus bellas niñas) por esta vara; y así mando sigan la pesquisa todos con armas de fuego, y donde quiera, que viva, o muerta se la encontrare, la traigan presa a mi vista: a un Montañes amenazas, y con vara de justicia? vamos. Aprisa tras ella. Mas que nos convierte en chinchas. Pues aunque sea a Canarias, al Cairo, o a Filipinas, la he de buscar; si la pesco la he de hacer una ceniza. . Aquí Juana me ha mandado, que la viniese a esperar: no sé, qué es lo que pretende, pues no me deja vengar de Don Juan, cuando fue ella la causa de que a Don Juan tan fiero: pero mi padre: qué disculpa le dará mi arrojo, de que no haya vístole de ayer acá? Sancho, hijo de mi vida, en qué el cariño leal de un padre, así te ha ofendido, que con tal temeridad le abandonas? . Padre amado, no me intentes apurar; déjame, que a mis locuras (si así las quieres llamar) es motivo superior, es diversa causa ya de lo que piensas, lo que me llega de ti a ausentar. No es por Juana, esa embustera? Bien escarmentado estás: no la ofendas, que es mujer, y porque se vio agraviar con donaires aparentes, de vengar. Donaires son sortilegios, y brujerias demás? Señor, eso es aprensión: yo sé, que no es realidad; mas Don Fadrique. Señores, puesto, que ventura igual el acaso me franquea, no la quiero despreciar. De vuestra casa, en persona (y de todas las demás de Jerez) vengo gustoso a ofrecer con deuda igual mi hacienda, y la posesión, que ya muy vuestra será; y aún esta noche pretendo en mi casa (que está ya prevenida) aquí inmediata a la Quinta de Don Juan, ya que el tiempo lo permite, dar un índice, no más, de mi afecto y mi cariño a las Damas. . Pues será filis vuestro, que sabréis (como quien lo vio en Milán, cuando fuimos camaradas) los aplausos granjear del buen gusto, y el primor en cualquier habilidad. No me sonrojéis, Don Sancho. En llegándose a encontrar dos amigos, como saben travesuras adular! Señor Don Cosme, yo espero que también favorezcáis mi corta habitación. . Eso ya veis, que a un viejo no está bien, y que solo de estorbo (o por lo menos de más) suelen las canas servir: allá Sancho suplirá por mí con todo el deseo. No os pretendo molestar. Yo tengo, que hacer mil cosas, que convienen; Sancho irá. Hijo, mira por tu honor, y no me des más pesar. Parece, que vuestro padre con disgusto os mira? . Da en que tengo de seguir (contra mi genio marcial) un capricho, que del gusto casi viene a ser dogal. Ya sabéis, que adoro a Juana, de Jerez rara beldad; y porque en sus travesuras infame nota la da el vulgo, que es novelero, quiere llegue a despreciar su amante correspondencia. El tiempo logra la paz en los amantes: me han dicho, que es hija muy principal de las casas de Toledo, y siendo de tierna edad, que la hurtaron. . Es hermosa, con que sobra lo demás: me estima, la estimo yo, con que, Fadrique, no hay más gusto, en quien quiere bien: por ella me he de arriesgar, como noble y Caballero. Parece, que tarde es ya. Si gustaseis esta noche (cómo he dicho) de lograr el rato de diversión, mi afecto os lo estimará: que yo discurro, Don Sancho, la pena os aliviará lo que mi ingenio ha dispuesto, pues cortejo a una beldad (al modo de nuestra Italia) con música singular: de Apolo, y Dafne es la seena, y la acción con su disfraz. Creed, que como mi dueño::- También la podéis llevar, que con máscaras después el festín se acabará. En todo sois extremado: hasta ese primor gastáis? Las de Paris, y Venecia, las de Genova, y Milán, en nuestros tiempos, amigo, las lucimos sin igual. Amigo, aquí, como aquí, y allá, Sancho, como allá: allá lo luce el poder del Pais, es natural; aquí solo lo produce un afecto, nada más: estimaré, no faltéis. Haré por veros. . Mandad, Don Sancho. . Fadrique, vuestra es siempre mi amistad. Noble amor, las tiranías . suspende de tu carcaj, y haz, que un esclavo rendido logre su tranquilidad. Hecho atisbador de bosque me toca aqueste andurrial: y así::- más señor Don Sancho? Seor Mastranzos, por acá? qué traje es ese? . Este traje, señor mío, y los que hay repartidos por veredas dentro, y fuera en la Ciudad, denotan, que la Juanica ya sin remedio caerá. Sin remedio? y quién la busca? La tropa más criminal de corchetes, y trabucos; aí es, que se escapará. Y sabéis, si ella (según usa de su habilidad) dejará, que así la prendan? Si yo la atisbo, caerá, que no han de durar las burlas, con que a todos les da zas. Cumplid vuestra obligación. Si yo la atisbo, caerá. A ella, a ella. Qué advierto? vive Dios, que ya acosar llega la turba allí a Juana. No la matéis, pues se da. A qué aguarda mi valor, que en su defensa no va? Presa va Juana. Ay de mí! Si yo la atisbo caerá. Pobrecita, que ya dio en manos del Gabilán! se parece a un tornillero, que sacan a arcabucear. Ríndete. . Tened la furia contra una débil mortal vida (ay de mí!) que a esos pies llega turbada a espirar. . Juana, no tiene remedio, en esto viene a parar la locura, y el capricho. Tío, mi tiro allá va, en los sesos la daré. Tente, nadie la haga mal, pues que postrada se mira. Usad, embustera, usad ahora de tanto enredo, como siento por mi afán. Ya confieso mi delito, mi muerte patente está. Buen ánimo, pobre Juana, no lo puedo remediar: . al verla llorar, por Dios, que me hace a mi suspirar? ea, vamos a la cárcel. Eso, primero será, que mi valor lo permita. Hijo, Sancho, no tu mal multipliques. . Advertid, que así a esta vara ultrajáis, y que por vida del Rey, que haga con vos: . Basta ya, que a esa vara, y ese nombre nadie llega a respetar más bien, que quien sabe altivo defenderla en pelear. Solo os suplico, señor, que noble os compadezcáis de esta infelice hermosura. Sancho, nada me digáis, que si vos lo sentís mucho, otro lo sentirá más. No hay remedio? No hay remedio. Dura pena! Ansia mortal! Ea, arrear adelante, que es cansarte lo demás. Farfulla, y Mastranzos, vayar por su parte cada cual tomando las avenidas de las dos veredas, que hay para impedir el rumor, que el pueblo pueda causar. A obedecerte ya parto. Si yo la atisbo, caerá. Señor, en fin, ya me llevan? Sin poderlo remediar. Nadie me defiende? . Nadie. Juana? Sancho? . Infiel pesar. Qué ahogo! Viven los Cielos::- No, no llegue a ultrajar el esplendor de tu sangre, que ya en mi defensa habrá. Cómo? o cuándo? De esta suerte. , s Ea, señores, llegad: ven, Sancho. . Juana adorada, contigo mi amor esta. Ay de mí! Terrible espanto! Detente, Mona Caím Huyamos de tanto asombro. . Mona, llega a respetar a un Montañes: tío mío, echadme la vara, echad. , . Juana, Juana. Ea, señores, esta gruta es muy capaz para todos, yo os convido. No hay quién se atreva aquí a entrar? Vaya, que también yo tengo mi gente, y muy servicial. Sobrino, Don Cosme, a ella, que esto es fantasma no más. Pues si no es más, que fantasma::- , . Entrad en la gruta, entrad. Con mi espada y mi valor, ea, Don Luis, no temáis; vamos tras ella. Ay de mí! que me voy a Tetuan. Don Melitón, Don Luis. Tío, tío, acá, acá. Sierpe, que el cuello me siegas. Tío, un dragón infernal me atenaza por los hombros. Que me lleva Barrabás. 4. Los troncos, los riscos, las plantas, las fieras aplaudan felices deidad, que veneran, en auras; en golfos de mares, y estrellas. Señor Don Luis, señor Don Cosme, Don Melitón, qué a ser viene ese asombro en que os encuentro? hablad, Don Luis? qué no os debe mi atención me respondáis? qué vascas os acometen? Las entrañas (gua) de esta vez echo, sin tomar aceite. Si es que al ensayo venís de la función, que previene a Damas, y Caballeros Don Fadrique, aquí estar puede vuestra atención, pues a eso mi urbanidad se antecede. Hablemos claros, Don Juan, es este el precioso albergue de Fadrique? . Si señor, y venís a hora, en que empiece Fadrique, Elena, y Clavela los argentados papeles de Apolo, Céfalo, y Dafne con los demás incidentes: sentaos, pues que mi amistad acompañaros pretende. El disimulo es forzoso por mi caracter patente. Ah Juana, si yo te prendo, yo te cascaré las nueces? Don Cosme, disimulad. . Ya los rumores cadentes la decoración denotan, diciendo en cláusula alegre::- Tierna pasión amante, que a una Deidad radiante conviertes en Pastor. Amantes Corderillos, que denotáis sencillos la más fina expresión. Cuál tórtola, que anhela al bien, que la consuela, viene mi amante acción. Ay, adorado amante! Ay, dulce bien constante. Oye mi fiel pasión. Mira, que a tu belleza::- Repitó amor, amor. Pero Cielos, qué veo! Ansias, qué miro! Volcán el corazón forma un suspiro. Turbada pasión mía, yo me anego. De celos, y de amor, aliento un fuego. Céfalo, Apolo, como:: estoy suspensa. Merezco yo, tirana, aquesta ofensa? Sabéis, infiel Pastor que está delante esa Deidad suprema, esa tonante sacra hoguera del Cielo, que hará por su desvelo que brame el mar, al noto enfurecido, y en furiosas quererlas no respiren las aves en su nido, y caigan de ese globo las estrellas. Ten piedad, o gran Dios. . Oye mi ruego. Al Sol solo tú sol templará el fuego. 3. Diga pues nuestro aliento en tal bo- alienta, corazón, vive, esperanza. (nanza, A las flores mis ansias, y mis caricias solo porque las pises las dará vida. Firmes mis atenciones serán constantes en mirar de sus luces las ceguedades. Mira, que mi fineza por ti padece, mira, bella Zagala, no me desprecies. Oye mi pena, Oye mi llanto, y en iras En desdenes, todo toda y me abraso. Ícaro muero. Faetón padezco. sías con que me muero. Huiré de un monte a otro, porque me amparen. Detenedla, arroyuelos. Tenedla valles. De uno, y otro iré huyendo. Advierte, mira. Oye a mi pecho fino tiernas fatigas. Toda soy ansias. Todo temores. Oíd mi fiera rabia, prados, y montes. Ay, ay que me muero! y el corazón se abrasa, fuego, amor, fuego. Cierto, que lo hacen de pasmo. La Elenilla es una perla. Si Juana no me burlara, bien hacia yo en quererla. Celebro, que os divirtáis, mas ahora el sarao empieza, y las Máscaras ya vienen para dar fin a la seena. Don Fadrique es primoroso. Si la scena fuera cena, sería mejor, seor Don Juan. Atended, porque ya llegan. Qué airosas, que vienen todas. Rara ensalada se engerga. Máscaras empiece el baile. Máscaras, masquemos cena. Máscaras, aquesta flor (que ignoro de quien ser pueda) en mi mano está, a la Dama cuya fuese se la vuelva mi respeto y atención l. con obsequiosa decencia. ̱ Mía es::mas Cielos, qué he hecho! , . Cómo es esto? Siendo vuestra, en mi mano bien se halla. Eso no, que mi fineza sabrá cobrarla. . Mi acero así es razón la defienda. Seguirate mi valor. Don Juan? . Hijo? Brava gresca. Hola, que cerquen la casa. Eso no, que así mi ciencia, pues hizo un yerro sabrá buscarle en todo la enmienda. Juana, sobrino, Don Cosme. Tío, que se hunde la tierra. Ven, Sancho. Ya yo te sigo. Vamos por aquesta senda. Mientras dicen los asombros de confusión, y cadencias::- , . Los troncos, los riscos, las plantas, las fieras aplaudan felices deidad, que venera en auras, en golfos de mares y estrellas. t t calera tla A.

JORNADA TERCERA

Por allí va Juana. . A ella. Júntese toda la Ronda. Don Juan, aqueste es buen sitio: ya es tiempo, puesto que a solas nos vemos, de que mostréis lo que profirió la boca. Eso es lo que yo deseo: y porque nunca la odiosa malicia (aunque diga contra mi traidora, que con ventaja reñí, esta formada garzota, que del tocado de Juana fue exhalada mariposa, en este tronco se quede por laurel de la victoria. Me conformo. . Pues reñid. Callar, y reñir me toca. . Fuerte brazo. . Valor grande. Obra, y calla. . Esa es la obra. Mas tropecé: muerto soy. . Qué se ha de hacer? fue tu hora: en todo caso, las flores . vuelvan a mi mano ahora: mas qué miro? la justicia por todas partes en tropa desde el ya pasado lance me sigue: qué hacer me toca? por cualquier parte que huya, es preciso que me cojan: pues valor manos, y a ellos. Quién este puesto alborota? pero Don Juan de Alvarado no es el muerto? Él os responda. Luego vos, Don Sancho, sois el agresor? . Hola, hola, a valentón os andáis? con garrote, o en la horca pagaréis la valentía, sin que haya sierpes, ni monas. De las razones de un necio no hago caso. . Por la novia de Pilatos, que si saco esta colada tizona, que haré vuele vuestra vida a meterse en una losa: al hermano de mi dueño estrelláis? . Eso no os toca, sobrino, a vos; a mí solo me incumbe, ya por la honra, que consigo en esta vara, conocer en tan forzo ,por ser deudo mío n Sancho; pero no estorba vez, que es recto el que haya gre, o no, como se nota del Juez, que no tuvo Patria: y así, lo que ahora importa es, que llevéis a Don Juan a su casa. Si mi esposa llega a saber tal desgracia, se quedará como tronga. Farsulla, ya habrá arañabis. Tío, plantadle en la boga. Don Luis, refrenad la lengua, o veréis ser nueva Troya (con los rayos, que despido) este sitio. . Que aún blasona vuestra atrevida arrogancia, después de acciones tan locas? entregad, Sancho, la espada. Cómo la espada? no toca a la justicia ordinaria pedirla; solo a la Tropa la jurisdicción incumbe. Prendiendo vuestra persona, me incumbe dar parte a mí. Qué cumbé, ni carambola? Vejete, toca a agarrar. Mas ligero que una onza iré; pero temo un golpe. Si no quieres que te rompa la cabeza, no te acerques. Que en fin, Don Sancho, no hay forma de entregaros? . No es posible. Vuestra cólera os arroja a un gran precipicio. . A todo estoy expuesto. . Si no logras, que venga tu grande amiga, perdido estás. . Llama ahora a Juana, que puede ser, que te valga: ay, qué mámola! A esa bruja, a esa hechicera ya la pondré yo coroza. Señor, tratadla mejor. Ea, ahorrémonos de drogas. Don Sancho, qué resolvéis? Morir primero, que a otra jurisdicción llegue a darme. No es dueño el Rey de la Tropa, y de justicia ordinaria, dando su Ley? Quién lo ignora? Pues por vida del Rey juro, sino os dais::- Cuando se nombra al Soberano, quien deja de rendirle la más pronta obediencia; pues no es noble aquel, que ciego se oponga, como otras veces he dicho, y humilde repito ahora: al eco de su gran nombre ya me rindo. Acción heroica, Don Sancho, habéis practicado, y esta os servirá de orla para adorno de la causa, que está pendiente con todas las demás que han sucedido. Cuanto mandáis, os lo otorga mi rendimiento, más ved, señor, que no se os ignora, que el fuero de Capitán gozo. . Ya sé yo, que gozan los Militares del fuero, que decís. Hoy por la Posta daré parte a Badajoz: venid, Sancho. Ya la soga se va detrás del caldero. Este pagará las costas, sin que lo pueda estorbar la amiga Rabicortona. Don Sancho vuestro contrario he de ser, porque mi boda se la llevan mil demonios, si mi cuñado se amorra. Caballero sois, y espero, que miraréis por mi honra. Venid, Sancho. Ya yo os sigo: ay bella Rabicortona! como ignoras este lance, . en que se halla el que te adora. Vamos juntos, que sino Juana nos volverá piojas. Bella Elena, si a pedir justicia (con ceño airado) venís sobre la pendencia, que mi hijo, y vuestro hermano han tenido, a persuadiros vengo, que dejéis a un lado el rigor, que en vuestros ojos claramente estoy notando: y así, merezca, señora, que del todo deis de mano (por vuestra sangre) a la instancia, que intentáis hacer. Hay casos, señor Don Cosme de Herrera, que pueden los Cortesanos lucir, imitando a Febo, el cual con sus bellos rasgos las benignas influencias reparte en selvas y prados; pero en la estación presente (perdone el señor Don Sancho, y vos también, como padre) que arbitrio alguno no hallo para ostentar lo benigno, cuando es tan grande el agravio. El señor Don Juan, señora, se halla en todo recobrado; y esta noticia yo solo, como tan interesado, vengo a traerla, porque alienten los bellos rayos de vuestra amada hermosura. Solo vos en dolor tanto pudierais dar el alivio. A eso aspira mi holocausto. Él tal Fadrique si habla, siempre es almivarado. Del golpe de la caída quedó entumecido el brazo, sin que otra lesión se advierta; y así, pues el numen sacro de una beldad en favores siempre franquea sus labios; si acaso mis rendimientos con vos, señora, son gratos (siendo los dos mis amigos) mis súplicas os consagro, para que vuestras piedades mitiguen el ceño aitado. En mí, señor Don Fadrique, vuestras prendas han logrado la estimación, que merecen. Encajó lo del retrato. Y quien las prendas estima podéis advertir ufano, qué hará del original, cuando la copia ha apreciado? Entre bobos anda el juego: . seo Vejete, usté es muy ganso. Y así, por vuestras finezas (que por tales las declaro) . y por vuestras nobles canas, Don Cosme, digo, que trato usar como las deidades (qué decís) aquel agrado con que reparten finezas, a quien las rinde holocaustos. Yo os ofrezco no ser parte en la causa de Don Sancho, antes bien intercesora: queréis más? . A vuestro garbo quedo muy agradecido. Faltan las voces al labio, para explicar cuanto quedo de los dos muy obligado. Hola! pariente Don Cosme, vos aquí? mas no me espanto, teniendo dentro en la jaula al pajarillo Don Sancho. Sin duda, sí, que a mi tío vendréis a pedir de llano, que torciendo algo la vara no le escriba garavatos: es verdad? Qué queréis, que haga un viejo padre? . La mano, haré, que en la causa apriete, solo por los ojos claros con que Elena me guiñea. Yo, siendo parte, no trato de ofenderle y vos queréis (por vuestro capricho raro) introduciros en cosa, que no os toca? A mi cuñado no es preciso defenderle? Elena, dos mil ducados tengo de renta, y con ellos el garrote más bien dado he de hacer le den al punto solo por ver lo que valgo. A vuestra sangre? No hay sangre, cuando estoy atolondrado por unos negros ojuelos. Hablad, Don Luis, del contrario siempre con más pundonor. Cómo me da gana hablo de mi contrario, y contraria aquí, y en cualquier barranco. Usted, señor mío, piensa, que me espantan a mi gallos? Advertid::- Venid, Fadrique: Don Cosme, pues yo me aparto de la instancia, Dios os guarde. Pido os próspere mil años. Fuera ceños: mi señora, si gustáis, que acompañando os vaya, yo os compraré dos pastelillos, y un trago. Don Fadrique, acompañadme. Solo obedeceros trato por vos sola. Ya os entiendo. Cómo queda el mojigato. . Así se van y no quieren admitir el agasajo? pues vayan con Dios, que yo me quedo con mis ochavos, y a un Montañés no le espantan los usias Italianos. Y vuestro tío, Don Luis? Discurro se halla al abajo en la Cárcel, que hay que hacer con dos fuertes ladronazos, que están presos. . Y mi hijo? Del Alcaide está en el cuarto, mientras las hojas se juntan, que el Escriba va hilvanando; e valdrán los chismes, duendes, y trasgos de aquella maldita Juana, que a todos nos volvió zambos en diversas ocasiones. Bajemos, Don Luis. . Sí, vamos, tomaremos chocólate, y diez libras de esponjados. V Fuera el Vejete. . Quedito, que soy Ministro ordinario. 1. Qué nos quiere el so Ministro, que así nos viene gritando? El señor Corregidor ahora mismo me ha ordenado, si señor, que entren a dentro al calabozo, entre tanto, que al amigo Don Sanchito le hace, que cante de plano. Si Juana a saberlo llega, creo no es fácil. 2. Mastranzos, como instrumento no sea el potro, no andará el carro. Por qué estáis vos? 1. Por rateró, la verdá: venga un cigarro; soy la mapa de Jerez en cuanto a zurcir caballos. Y vos? 3. Por alcamonias; aunque es testimonio falso. Estate quieto, demonio. 2. Dan ustedes para un trago? En la horca. 3. Que si quieres. Señores, vamos a espacio, antes, que cargue de leña a todos. . Quedas las manos, y tengan más miramiento a esta vara. 1. Veneramos la vara; mas quien la empuña es un probe escamisao. Cómo es eso? vituperios a mí? Si la espada saco, no ha de quedar hombre a vida, que no quede revañado. Qué es esto? voces aquí! Mastranzos, la orden, que he dado de retirar esos Presos al calabozo de abajo no se ejecuta? 3. Señor, a usia le suplicamos, que nos dé para un refresco. De baladre. . Vaya, paso. Fárfulla? . Señor? Se sabe si ha acabado el Escribano de ratificar testigos en la causa de Don Sancho? No señor, que falta uno, y ese es el más abonado. Y cuál es? Yo, señor Juez, que a todo presente he estado. Pues Juana, tú, cómo así? La temblona ya le ha entrado, y a mí también, Farsulilla. Y anda la de mazagatos. Bienvenida, misa Juana. Al ver sus ojos me abraso. . Mi señor Don Melitón, sabiendo se halla Don Sancho preso, vengo a visitarle. Y a volar por los tejados a cuantos están presentes, la Cárcel, ratas y ratos. A Don Sancho yo discurro vendrá la Tropa a llevarlo a Badajoz. . Por qué causa? Lo ignoráis? en los Soldados no tengo jurisdicción; allá dará su descargo. Tio mío, Doña Elena te ha estado arriba aguardando mas de dos horas. . Se ha ido? Ya se fue, y a suplicaros viene Cosme por su hijo (que por eso le han sacado) que le miréis con clemencia. Pariente, si de mi cargo no pende esta causa, como queréis pueda remediarlo? Habéis sido Juez muy recto. Yo cumplo con lo que hago, siendo quien soy. Juana mía, tú en la Cárcel? . Es milagro venir a verte? . Te estimo la vi sita. . En los trabajos se ha de ver si los amigos son constantes, o son falsos. Es verdad. . Este demonio por a dónde se ha encajado? Ah! causa de mi deshonra: . con que así no será extraño, que siendo, como es, tan fina mi amistad para Don Sancho, en la ocasión con las obras lo acredite. Qué cantazo en palabras tan melosas! Luego acabarán con palos. Tío, pues ya está en la Cárcel, apretarla bien la mano: lleve culebra. . Ya pienso en eso: todos finjamos. Ea, señores, supuesto, que allá le falto a mi garbo en la visita, que honrasteis de las Máscaras, y el caso de las flores, porque está Don Sancho aquí procesado; el filis de un buen refresco, no será razón, es claro, que al señor Corregidor, por lo recto, con que ha obrado y por lo demás, que resta contra los que están culpados, y a todos los circunstantes, que les falte este agasajo. Yo lo doy por recibido. Yo también. Venga volando, que ya son las seis y media, y todo me estoy clareando. No hay que asustarse, que a todos ha de cortejar mi garbo: hola. . En habiendo oleadas, tiemblo si vienen más grajos. Digan los dulces favonios para mi mayor aplauso. 4. Batan de la esfera globos argentados a obsequios de Juana, como tributarios, aplausos, delicias, dulzuras, y halagos. Llegad. Con qué imperio manda. No es nada las sabandijas. Los pajes de los Enanos parecen a otros, que brincan siempre títeres de estrados. Viva la excelsa Juanilla. Vayan refrescando todos. Echen acá las salvillas. Las cosas de esta mujer cada vez más me horrorizan. Mastranzos, avisa presto, no sea, que esta venida sea a llevarse en el aire al Militar. . A mí, niñas. Mastranzos, estate quieto, que aquí no sirven golillas. El demonio es la mujer: todo lo sabe, y lo atisba: mal ano para su alma. Idos de este puesto, Ninfas. Señor, señor. Qué hay de nuevo? Que una escolta muy lucida de Soldados con su Cabo te buscan a toda prisa. Juana mía, lo has oído? De todo estoy advertida, nada temas. . Ya, Don Sancho, ha llegado la partida, que para llevaros viene: lo siento por vida mía; no hay hombre cuerdo a caballo; mas las diligencias vivas haré, para que el rigor se aplaque, pues que la herida de Don Juan no es peligrosa. Hoy te zampo una golilla. Y así paso a ver la gente, que ha venido. Que me aflija, pariente, no hay que extrañarlo, pues se ausenta de mi vista un hijo, a quien tanto quiero. Señor, por tu salud mira, y no muestres sentimiento por mi ausencia. Se confirma de que vienen por Don Sancho? No hay duda. Pues disuadidla del intento, a que ha venido, que Sancho, mientras yo viva, no ha de ir preso a Badajoz. Qué haya mujer, que tal diga! como puedo yo excusarme de entregarlo? Aquí hay bronquina, Farfulla. . Yo estoy temblando no nos encaje en la China. Ello es fuerza remediarlo, antes, que vuele cual mina la Cárcel con todos juntos. Ya nos amenaza: chispas. Pues como así en mi presencia, mujer loca, y atrevida, estando ya donde estás, tal empeño solicitas? Lo dicho, dicho: esas puertas manda, que se abran aprisa, y salga libre Don Sancho: después a esa comitiva le diréis, que se ha escapado de la prisión. . Mas me irrita oír tal proposición: prendedla. A ver ien se a esta acción? Vos sois la causa del empeño, en que se mira; y así vamos despachando. También vos a la justicia perdéis el respeto? Hay lances, que por redimir la vida, obligan a estos excesos. Mastranzos, ve de orden mía, y al Cabo dirás, que venga con toda la gente. . Mira, que si te mueves te mato. Tío mío, grita, grita, resistencia, resistencia. Acudan a la justicia, que se van todos los presos. Pues ya que nada os obliga, sea un caos de confusión esta prisión, giman, giman su trabazón y sus quicios con la feroz saña altiva de truenos, para que así den lugar a la salida. Ven, Sancho. Juana del alma. Válgame la tararira. Ya que todos se confunden, y esta reja se desquicia, vamos fuera. . Ya te sigo, que así me das nueva vida. Toda la Cárcel se hunde. Ay, que se tronchan las vigas. Fiera hechicera, con truenos me espantas, y atemorizas? yo sabré cortar el vuelo a tus conjuros. . Juanilla, mira por este habechucho, que las nárices le atizan. Hijo mío, Sancho. Al viejo el h Chinas. , . Señor Juez, siga la causa; y a la vista, hasta la vista. Por aquí, por allí van. Si otra vez nos hará chinchas, Las tripas andan de posta, con el susto y la bebida. Mas todo se ha serenado. Ese arrojo más me irrita, que nunca: venid conmigo, y en todas las cercanias de la Ciudad al instante pónganse guardas de vista, para que a esos agresores el paso, y la fuga impidan. . Y el camino de las aves quién le guarda? Golondrinas. Ah tío, ya voy tras ti remangado haldas en cinta. En este mismo lugar, donde salgo a recrearme de tantas melancolías como, hermana, me combaten, fue (ha penas!) la palestra en donde por los amantes cariños, con que obsequiaba a Juana, intentó vengarse Don Sancho. De aquel acaso fueron anuncios fatales los primeros; pero el Cielo usó, al fin, de sus piedades; y yo de los dos, amigo, será preciso encargarme, que con el debido aprecio se concilien estas paces. Las de casa son primero, que para mí es importante; pues habiendo boda, habrá lo que se sabe, y se sabe. Don Juan, pues solos estamos, mi atención hoy favorable os pretende en un empeño, que ha días, que me combate. Es de amor? . Sí, amigo y vos sé, que podéis de él sacarme. Señora, cuanto va, que Don Fadrique, hablando aparte allí con tu hermano, trata del modo de enmaridarse; que en fin, retrato y palabras no las habrá echado al aire. No me pesará, Clavela. Ni a mí, porque es muy galante. Don Fadrique, que soy vuestro lo dice la ilustre sangre, con que queriendo mi hermana, nada queda por mi parte. A la alameda. Qué es esto? Farfulla, y Mastranzos salen, puestos de sayones vivos; mas que en estos andurriales hace Juana de las suyas. Tengan, no se escurra nadie. Qué es esto? Nada, nadita, que a Don Sancho de la Cárcel::- Sacó la Rabicortona::- Crugiendo los mechinales:- Haciéndoles la mámola::- A nosotros a su padre::- Al señor Corregidor::- Y a todos los circunstantes, que había. Y dónde se han ido? Ella, y el diablo lo saben. Por aquí, seguid sus pasos. Atajad por esta parte. Sin duda en su seguimiento vienen. Si vuestras piedades pueden conseguir quien llega como a sagrado a ampararse::- mas qué miro? yo estoy muerto. Nada, Sancho, te acobarde, cuando soy quien te defiende, y antes que nos den alcance, sígueme así. Ya te sigo. La trapisonda, que traen. No hay que detenerse en nada, ni por qué asustarse nadie: a lo largo los registro, venid conmigo. Alcotanes parecen los dos. . A ellos, salte por donde saltare. Aprieta los pies, Mastranzos. . Ya no tengo carcañales: válgate el diablo por bruja, que nos vuelve en azacanes. . Con motivos de librarlos, venid. . Vamos. Atajadle. Por aquí, por aquí van. No se escape, no se escape. A donde, Juana, me guías, al ver, que por todas partes del monte estamos cercados? No está Juana, que te vale? pues pierde todo el recelo. Aquí están. Ay más pesares! Juana, Juana. Qué pretendes? Qué? que vuelvas a la Cárcel a Don Sancho. . Esa es infamia, y en mi pundonor no cabe. Qué pundonor una bruja, que merece, que la asen? Oh te has de entregar, o aquí será preciso, que acabes al rigor de la justicia. Aqueso será La pobrecilla cayó: que ya llora. . Date, date. Eso no: Sancho querido, dame los brazos. Constantes son tuvos. . Ahora así quede a las futuras edades en Cielo, tierra, y abismo, en bronce, pórfido, y jaspe memoria de los asombros de Marta más admirable Juana la Rabicortona. Y así nuestra vida acabe. Qué lástima! . Qué tragedia Sean mis ojos dos mares. Quedaron como tortilla, entre peñas, por tomates. Pues ya no tiene remedio tragedia tan lamentable; ea, Don Cosme, consolaos, y al uno, y otro cadáver condúzcase a la Ciudad. Desdicha en todo notable. Ah señor Corregidor. Amado señor, y padre. Mandáis algo para Londres, pues ya rasgando los aires dicen para aplauso nuestro dulces cláusulas suaves::- es canoros las alas baten, en aplauso de Juana, Venus amante. Raro caso! . Raro asombro! Eras Juana, o saltinbanque. Hijo, el Cielo te defienda. . Yo estoy hecho un Badulaque. A más ver que de la esfera surcamos el viento afable. Repitiendo en nuestro aplauso vientos, estrellas, y aves::- , 4. Ya los Cisnes canoros las alas baten, en aplauso de Juana, Venus amante. Y los cuerpos, que aquí estaban? Serían almas de Sastres. Pues han volado, no tiene ya mi tío, que cansarse; y así, Don Juan de mi vida, dadme a mi Elena. . Ya es tarde. Cómo? . Cómo de esta mano el favor dueño me hace. Yo agradecida os la entrego. Digo a ustedes, que se abracen, que yo así con mis patacas haré mejor maridaje. Clavela? No me importunen, que no estoy para casarme. Paciencia, Cielos, que al fin llevo mi calabazate. Y de la Rabicortona da fin la Segunda Parte, merezca un victor siquiera al blasón de estas piedades