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Texto digital de Antídotos de la gracia contra infernales y venenos, María Santísima de la Novena

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Antídotos de la gracia contra infernales y venenos, María Santísima de la Novena. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/antidotos-de-la-gracia-contra-infernales-y-venenos-maria-santisima-de-la-novena.

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ANTÍDOTOS DE LA GRACIA CONTRA INFERNALES Y VENENOS, MARÍA SANTÍSIMA DE LA NOVENA

JORNADA PRIMERA

ALegres los Cielos y Madrid Augusto, con voces festivas a sus plantas rinda, las Glorias celebren reverentes Almas, del Alba María; religiosas vidas. Pirámide de fuego, en que me abraso, y en donde, a mi pesar, halla su ocaso mi primitivo ser, (oh suerte impía!) desde que pretendí con osadía, brillar a igual del todo Poderoso, (muero a mi ardor rabioso!) la obediencia, de envidias asaltado, negando a esa mujer, cuyo calzado (qué tormento!) ultrajando mi grandeza, me quebranta (qué furia!) la cabeza, causa infeliz, que más (qué ansia!) me obliga a morir con aumento en mi fatiga; escúpeme de ti, para la guerra, que solícito, en la abundante tierra de Madrid, donde tanto el culto crece, de la que más mi espíritu aborrece. Dígalo el ver, que ahora fervoroso, con amor fiel, con júbilo obsequioso, su Retrato coloca, de fe armado, porque sea de todos venerado; ese caduco Anciano (oh cruel memoria!) a mi pesar logrando tal victoria, pues de aqueste principio conjeturo; no sé qué mal futuro, que amenazando está a la ansia mía, en aquese Retrato de María: pero qué me detengo, que con mi ardid las trazas no prevengo, para impedir el pio celo santo, de Carlos, que mi envidia aumenta tanto, y así mi astucia fiera a tanto triunfo aspire. Monstruo, espera. Qué en vano es ya tu intento, aleve, cauteloso, pues hoy el Poderoso impide tu furor cruel, y violento! Oh Miguel, peseamí! que así me quitas el triunfo en el poder que me limitas. . Si fiero, si tirano, sombra infeliz del día, porque crezca en María, el culto, que es delicia al Soberano. Oh quién morir pudiera, porque sus glorias (ay de mí!) no viera! Apostata de la Gracia, infeliz Sierpe, que habitas en el centro cabernoso, de las eternas desdichas, para que más tus tormentos crezcan, (oh soberbio!) mira, como Don Carlos Velutí, de la Sagrada Familia, Jesús, María, Joseph, y San Juan, la Peregrina copia hermosa ha colocado, (porque penes en tu envidia, por infelice perezcas) de sus casas en la esquina, que hace a Calle de León, con la de Santa María, sin que dejen ser misterio estos nombres, pues explican; que el Gran León de Judá, siempre Peregrino, habita, donde la Madre de Gracia tiene Dosel, Trono, y Silla, y más si a estas circunstancias se le añaden ser en día, que su Purificación la Iglesia Fiel solemniza; sacros motivos, que todos; a tu pesar, vaticinan, mil prodigiosos efectos, por medio de tan Divina Soberana Estampa, como dirá el tiempo en sus noticias. Ya ante veo mis desgracias, en glorias de mi enemiga: déjame huir. No, tirano, que en el dolor con que lidias, quiero aumenten tus pesares; esas voces, que festivas, a la Reina de los Cielos, cantan Sacras Jerarquías. 1. Salve Divina Aurora, Salve (oh María!) salud, remedio, amparo de las fatigas. 2. Salve Madre de Gracia camino, y guía, de quien, en sus naufragios, de ti confía. . Salve, Salve, o perfecta Estrella fija, que destinos felices nos pronósticas. Que haya de oír mi pesar, y que porque tome aumento morir no pueda! (oh tormento!) imposible de explicar! Padece monstruo infelice, y tu desesperación se acreciente en la Oración, que a María, Carlos dice. Quién antes que pronunciara sus glorias (oh pena fiera!) darle la muerte pudiera, o la lengua le arrancara! Ya que en tu dichoso día consiguió mi devoción colocarte, (oh corazón!) di . De la original desgracia, fuiste el remedio, Señora, mas qué mucho Sacra Aurora, c ? Triunfante del enemigo común, te vieron los Cielos, y para nuestros consuelos, siempre, , De ti misma sola eres la más propia explicación, y por supremo blasón, Porque en mayor pena entre Luzbel al oír mi grito en tu alabanza, , tu Hijo; que amante duerme, y en ti se recrea, bendito Señora sea, y a los dos el Cielo cante. , . . Salve, Salve, o per- Estrella fija, (fecta de nuestros bienes, Salve, Sol de justicia. Ya espíritu infiel rebelde viste la oblación rendida del noble Carlos Velutí; y porque sientas, y gimas mas tu desgracia, mi acento el Himno Sacro repita. Salve, Salve, o perfecta Estrella fija, de nuestros bienes, Salve, Sol de justicia. . triste lidia Ya lo gimo, (qué angustia!) mi rabia infiel con mi cruel envidia; mas para ver si hacerla puedo menos, infernales venenos vomitará mi furia denodada, hasta hacer que esa Imagen sea borrada de la más perspicaz, y fiel memoria; y en tanto, que consigo tal victoria, ahora mis furores vengativos a los mortales causen incentivos tales, que eslabonados a su pena, de miserias arrastren la cadena: y puesto, que distancia . para mí no se da, la Regia estancia de este Palacio pisos, porque sea objeto a las astucias de mi idea: El principio tomando, en la vida del Rey, que batallando está con ansia fuerte, entre pálidas sombras de su muerte, perturbándole astuto la conciencia, a pesar de la heroica resistencia, que a varias tentaciones que le oprimen, muestra; y que tanto mis volcanes gimen. Señor, y el Rey? Con que tan malo está el Rey? Su accidente va creciendo. Antes que espire, ansias mías, combatámosle de nuevo. . Yo lloro, que me hago un agua. Yo a azumbres el vino vierto. Ya no hay remedio a su vida, Gran Señor. Mi desconsuelo es Don Pedro sin igual; aquí os quedad, mientras entro, de los Príncipes, al Cuarto; porque en lance tan funesto, si es posible, les minore mi lealtad, pesar tan fiero, usaudo, por conseguirlo, del más prudente consejo. . S Espirando, porque yo viva muriendo. Mi hijo aquí ha de estar de (Guardía, mas ya le miro, yo llego. Hijo? Señor? Este llanto te dé aviso verdadero, como ya Tronos de Gloria pisa el Gran Monarca nuestro, O, la pena con mi vida acabe! Oh llanto tierno, y quien contigo espirara, para hacer su angustia menos! A participarlo voy, cumpliendo con su precepto, al Conde Duque: Oh España, crezca en los dos el lamento! Y en mí el dolor. Pues ve lloran dos gentiles hombres: viejo el uno, y el otro mozo, bien será los imitemos, supuesto el viejo eres tú, y aún del Viejo Testamento, y el mozo yo, por quien dice, qué lindo mozo el proverbio! Señor Mácuaca, no me gaste pullas, pues sabe mi genio, o haré que. Seor Morondaga, no se enfade. Pues Laus Deo. En las fatigas que lloro, más dolor experimento con no morir, que en mal tanto, fuera piadoso remedio, que diese punto a mi vida aqueste postrer aliento. Inés, en pena tan grande, no es posible hallar consuelo. Pues qué remedio no tiene, alegrarte solo es medio, lo que ya no dificulto consigas, con tal encuentro. Mas le estimara, a no estar con tal dolor combatiendo. Dos pésames hoy Señora, al ver ese llanto vuestro, recibe el alma, que amante os sacrifica respetos: Por la muerte del Rey uno, y otro, porque vuestro Cielo en tempestades de perlas triste naufraga; pues temo, que a la fuerza del dolor, vuestros Divinos Luceros, eclipsen sus bellos ra yos, si vos con prudente acuerdo no miráis por nuestras vidas, tanto pesar reprimiendo; por lo que, si acaso valen con vuestra beldad mis ruegos, os suplico supendáis de esos aljófares tersos las corrientes; pues mis ansias, así en el mal que padezco, duplican con sobresaltos las fatigas, y tormentos. Ay Don Pedro, bien quisiera poder aquí obedeceros; pero, aunque más lo procuro, un grande imposible emprendo Con Doña María, a quien amante idólatro, (Cielos!) Don Pedro Velutí hablando! en mis cóleras me pierdo; oculto de estas cortinas, cuidado mío escuchemos, por si de mi vida, o muerte tratan los dos (de ansia muero!) Buscando vengo a mi hermana, mas aquí está con Don Pedro; y yo sentida de que, así se expongan a riesgo de ser notados, o cuanto tirano amor, Dios flechero, ciega una pasión ardiente, que de tu causa es efecto! (firme? Que en vuestro amor seréis Vos solo seréis mi Dueño. Si antes, enemiga hermosa, los volcanes de mi incendio, que el alma padece, no le niegan (qué ira!) el aliento, pues a tu pesar, la muerte, verás que le da mi acero. Loco estoy, no sé qué digo, arrástreme de mi afecto. Ah falso! de tus desvíos . ya aquí la causa comprendo. Ay de mí! con que de sustos . batalla mi pensamiento! No sé cómo me reprimo. . Aquí habrá danza. Y boleos. Luego entrará el paloteado. No penséis, no, que suspenso me deja, Don Juan, el ver con cuanto orgulloso arresto os atrevéis a venir, contra mi vida, creyendo darme muerte; no miraros descortés, y desatento, atropellar de una Dama los heroicos privilegios; no profanar el Sagrado de este Real sitio, no, en tiempo, que de pesares, y lutos le vemos todos cubierto. Nada de esto, aunque pudiera, hace a mi prudencia eco, supuesto, que ha tantos días, que conozco vuestro genio, y estáis notado en la Corte, de imprudente, y de soberbio: y solo sí, en este lance, me causa pesares fieros, el ignorar si es, (qué pena!) para tanto arrojo vuestro, Doña María os ha dado, con sus finezas: Teneos, y no el honor, que en mí vive, le empañe así vuestro acento, de el desconfiando, en que me falte a lo que me debo; y así, por vos, y por mí responder a Don Juan quiero, pues sus groseras locuras dan hoy asunto a mi ceño. Un mes habrá, que atrevido me galanteáis; no condeno vuestra pasión (si del hado, que a ello os mueve, estáis sujeto) además, que el que me améis, embarazarlo no puedo, sino el modo escándoloso, que usáis en el emprenderlo, dando a entender, que os doy causa para tanto atrevimiento; de mis finezas movido, o alentado de mi afecto, y aunque grandes desengaños a vuestra locura he puesto presentes, de que aún el nombre vuestro, Don Juan, aborrezco, para templaros, ninguno logró de mi honor el ceño. Si me amáis, y veis, que yo os estoy aborreciendo, qué intentáis, si no en mi agravio, vano, infiel, y desatento, a nota de cuerdos juicios, villanamente exponernos? Reprimid vuestras locuras, refrenad vuestro ardimiento, ya que me halléis imposible, y a fuerza no he de quereros, y más cuando en el Palacio elegisteis digno empleo, en una beldad, a quien ofendéis falso, y grosero, supuesto que os ama, y vos no correspondéis su afecto: y si acaso vuestro orgullo con mi razón no refreno, haré los Príncipes sepan vuestros locos debaneos, para que a aleves Amantes, sea vuestro castigo ejemplo. Y ahora a vos Don Pedro, digo, que la duda, que habéis puesto en mi constancia, tan mal la recibí, que recelo os haya en mi amor quitado hoy grandes merecimientos; y no sé, si por tal causa, mañana mudaré intento: que mujeres, como yo, cuando de sus privilegios las exhonora el Amante, poniendo aún él más pequeño átomo de duda, que empañe sus lucimientos, es fuerza, que por sí mismas fulminen el escarmiento: con que ahora ved, cuando vos cometisteis este yerro, si será justo, que os prive de mi favor; y aún contemplo no será capaz le borren de mi memoria los tiempos, si a ser quien soy, y a la ofensa que cometisteis atiendo. Y a los dos aquí os íntimo no pase adelante el duelo, que a vos costará la vida por uno; y por otro empeño, y vos perderéis mi mano, . si es que a ella os queda derecho; y en fin, vengativa, osada; con mi pundonor cumpuiendo, yo misma, vive mi enojo, sabré, por mi propio aliento, castigar las demasías, que en los dos viese: con esto dando asunto, a que la fama diga de mí en suaves ecos, que supe airada, y altiva acrisolar con mis hechos el honor, que ilustre brilla en mi ser, si desatentos, aleves, y temerarios violáis los dos mi precepto Sea en buen hora, Don Juan; el hermoso empleo nuevo, que habéis elegido para conseguir tales desprecios, que en amor no es mal principio para lograr fines buenos, saber, como sus rigores os galardonan con celos; y pues que vuestras venturas podéis creer las celebro, (que al fin Amante tan fino merece este justo premio) en vuestro amor proseguid, pero ha de ser advirtiendo (estoy sin mí!) que jamás volváis a más fingimientos conmigo, o vivo yo misma, que si imprudente, si necio pretendéis con vuestro engaño dar más materia al incendio que me abrasa, de romper las cárceles del silencio, y publicar vuestra infamia, porque por vil Caballero, os note el Mundo en su historia; tan falso, tan desatento, que fingiendo, que a una ama, a otra la tributa inciensos, y de castigo ahora os sirva, que hufana voy, cuando os dejo, entre desprecios, y afrentas, vuestro dolor padeciendo. . Oh etiquetas de las Damas de Palacio! qué de imperio tenéis, pues a dos volcanes así convertís en hielo, cuando yo muy circunspecta a mi Retrete me vuelvo! . Y yo, pues soyu Garda. Niñas, tras de ti, a estar en acecho. . Vos Don Pedro pensaréis, que los avisos discretos de esta hermosa fiera, pueden causar:: Don Juan, suspendeos, que aquí los Príncipes salen, no vuestros atrevimientos imprudentes, den motivo a mayores desaciertos. Yo procuraré buscaros. Veréis os salgo al encuentro, aunque mi amor se aventure, que en todo es mi honor primero. Desafío? andallo pabas; fallome a espadas, y juego, que aunque Mácuaca me llamo, de estas Mácuacas no entiendo. Vuestra Majestad, Señor, en tan justo sentimiento mire por sí, y no aventure su Real vida (que los Cielos dilaten) a que zozobre, dando a nuestro mal aumento, en el undoso Occeano de sus graves desconsuelos. Vivid vos, Señor, y Esposo, porque en vos viva mi afecto, sin las pensiones del susto, sin los azares del riesgo; a hacerlo estáis obligado, pues hoy libran sus consuelos en vos, muerto nuestro Padre, los leales Vasallos vuestros, ya que Atropos rigorosa, con su inexorable acero cortó la vida mejor, que a todos nos daba aliento, No así añadáis a la pena, que por su muerte padezco, la de que vea esa vida expuesta al fatal asedio de un accidente tirano, que eclipse el Sol, que venero en vos, reverente Clicie, cuyos rayos voy siguiendo, para lograr en su Oriente más vida a mis lucimientos. Hermano, y Señor, con vos llegue a conseguir mi ruego, que os templéis en tanta pena, cesando en vuestros extremos; no a la presente fortuna, vuestro dolor añadiendo vaya, a costa nuestra (qué ansia!) mayor mal; pues si os perdemos, (no lo quiera Dios) no hay duda, quien podrá darnos remedio, a la horfandad, que ve el mundo, prudente Rey, padecemos? Señor, vivid, y permita el Poderoso, el Supremo Criador, que el mundo os vea coronado de Tropeos. En vos España vincula sus más felices progresos; no queráis, que en flor los deje, de vuestro pesar el cierzo. El nuevo Mundo, en vos solo confía, que tenga ascensos la Fe, que sembró la sangre de Religiosos Maestros, con ella así rubricando verdades del Evángelio. En que vos viváis, felices venturas nos prometemos; y así, discreto Monarca, templad dolor tan acerbo. No pierda, Señor, España la esperanza, que anteviendo está en vos, de que a sus dichas colmaréis de complementos. 4. Esposa; y Señora mía, en quien vinculado advierto, de discreción, y hermosura, el enlace más perfecto: Cardena! Infante, hermano, a quien en años tan tiernos, esa Púrpura engrandece, dando asunto a mi respeto: Conde Duque de Olivares, Amigo, que es cuanto puedo expresar, con que asegure tenéis mi Real valimiento: Y vosotros, que leales, hoy con tan amante empeño, me suplicáis, que en mi pena, abata al sentir el vuelo, pues que me prive de vida, está vuestra fe temiendo: Yo os ofrezco resignar mi dolor con el precepto, de quien, para sí ha querido (cordura disimulemos) llevarse a mi Santo Padre, pues tanto os doy gusto en ello; y ahora vamos a la estancia, donde le tienen expuesto, que saludarle pretende mi amor inmutable, haciendo, que a mí me parezca vivo, el que todos lloran muerto; y en él, para que no llegue nunca a envanecerme el Cetro, contemplaré, que la pompa del Mundo, es flor, que del viento, al menor céfiro, espira, siendo del olvido objeto. Vuestra huella amante sigo. Yo vuestra luz, por quien veo. Ah traidor Don Juan! amor me vengue de tus desprecios! Ah Don Pedro! que la duda, que en mi fe pusiste, siento, y aunque por ella quisiera olvidarte, en vano puedo. Oh cuanto siento este lance, pues por él (qué pena!) pierdo, que el colmo de mi venganza, así se dilate. Ah celos! Oh España! si un Rey perdiste en Philipo tan perfecto, en su Hijo Pelipo Cuarto, Monarca igual te prometo. Oh Rey justo! Oh Rey prudente! la vida, tu muerte creo me cueste, y será mi dicha, irte entre su horror siguiendo. Ay bella Doña María, cuanto arrastras mis afectos! y hay celos! como en el alma sois basiliscos sangrientos! Servitor misa Inésica. Seor Mácuaca, al orden vuestro. Tanta seriedad conmigo? Hijo, en Palacio no es nuevo, que hasta la menor Criada, se engría en humos Duquescos. Inesita? Morondanga? Muy fatal día tenemos, pues murió el Rey. Abre el ojo; y advierte le tienes huero, por lo que es preciso vivas con cuidado, pues es cierto, te está llamando la muerte. Pues aunque llame, no tengo de hacer de ella el menor caso, y más, que estoy disponiendo el casarme. Tú casarte? Lo dudas? No, que no es nuevo el que jóvenes se sueñen los caducos de estos tiempos. Habrá mayor tontería! Señor Morondanga, hablemos sin rebozos: Usted es tanto para casamiento, como yo para Abadesa, como Inés para Abadejo; recójase a buen vivir, pues pasa ya de los ciento, y en lugar de mujer, busque un Santo Varón del Yermo, para que, sí, le agonice, que por puntos va muriendo. Qué es morir, cuando aún vigo muy jóvenes en mi siento? (res Mire, que el diablo le engaña con tan mentales deseos, pues él no puede hacer más, que ser cada día menos. Yo veré si puedo, o no, porque mi ardor Es un hielo. Dará que hacer, Ni a la tierra; pues está tan esqueleto. Yo esqueleto? Voto a Cris. Recójase, que está enfermo. Yo enfermo? Sí, y aún podrido. No dices mal, si es que atiendo Ay Inésita del alma, que eres tú mi pudrimiento! ̱. Ay qué risa! Padre honrado, habla de verás? Protesto a esos ojos bailarines, que su luz me tiene ciego, y así yo: Quiere callar, antes que sobre su cuerpo venga, desde la Cazuela, un nublado de improperios; pues dará a todos enfado oír sus discursos necios? No echa de ver, que es un Topo, Inés un sabroso Mero, y yo, que la quiero, soy, acechándola, un Conejo? Pues cómo Ustedes me cansan, porque están muy majaderos. nés, por ti me reporto. Ay mi Inés, por ti me templo. Voy a mirar en qué paran del mundo los devaneos, aunque para mí es temprano contemplar en tal espejo. . Yo voy a verme en el tuyo, aunque me ponga mal gesto. . Todo es para mi desdichas, todo para mi tormentos. Murió el Rey, Dios le perdone, y cuando huérfano quedo, ha, como en mis tiernos años, bellaca muerte, te temo! . Buen Rey perdistes, España, ol lloray y gime, y tus lamentos, consonancia hagan, al toque: de mis rigores severos; y pues Rey joven te queda, yo turbaré su gobierno, para que en desdichas viva este dilatado Reino, que tanto, contra el Abismo; es de amor, y se portento, ya que en paz salió triunfando, el Rey Pelipo Tercero su Padre, a la eterna vida, de mis tentaciones; (peno, al recordar sus virtudes, en el más cruel Infierno!) y así, mi saña huya, en tanto, que en este acto funesto . (de Pelipo para gloria, de mi pesar para aumento) para saludarle salen todos, en tristes lamentos. . , . , , s 4. Españoles heroicos, y leales, nuestro Rey en los Orbes Celestiales, dándole eterno ser a su ventura, goza bienes de vida más segura, Salve, Padre, y Señor, de cuya gloria, no faltará a la Fama la memoria; gozos de eternidad logre tu celo, remontando al Impirio tu Real vuelo el Señor, que si hará, pues tanto, por ti, los triunfos adelanta. Salve, Héroe, que haciendo feliz suerte . la tuya hoy la saña de la muerte, ya vives, a pesar de la fortuna, dichoso en esos Orbes de la Luna: siendo, quien más tus glorias afianza, tratar, como se debe, a la . Salve, Señor, y Padre, cuyo Imperio logra Dominios hoy de otro Emisferio; pues aunque ahora nos faltas, no se duda, que a más eterno ser, tu ser se muda, cuando en la d tanto creciste, que signo fiel de ella siempre fuiste. Salve, Adalid valiente, cuya Espada la Corona dejando vinculada en otro tú, de nuestras vidas dueño, ya logras descansar en feliz sueño, como me lo asegura la , que en ti tanto brilló por excelencia. Salve, salve (oh Rey!) no ya difunto, aunque la Parca dio a tu vida punto, pues no muere quien logra la victoria de ceñirse Laureles de alta gloria: mi lealtad fina, en todo te desea, que felice descanso tu alma vea, lo que creyendo estoy, pues sin malicia, con rectitud trataste a la . Salve (oh Augusto Rey!) cuya Corona, hoy quedando suspensa, bien pregona, en vida, y muerte fue, puesta en tus sienes, feliz centro de dichas, y de bienes; pues aumentando en ti mayor grandeza, resplandecer logró la . Salve, Padre de todos, y este llanto, que mal reprimo, aumente mi quebranto, para que, pues en ti faltó mi suerte, siga en breve los pasos de tu muerte; y, Olsí, de la fortuna en tal mudanza, como tú, cultos diera a la . Salve, Monarca, Santo, cuya vida, asegura a tu alma enriquecida de celestiales bienes, dichas sunmas, como lo testifican doctas Plumas: o! logre nuestro amor, y fiel anhelo, resignación en tanto desconsuelo! 1. Salve, salve (oh Rey Santo!) del Mahometismo, y la Heregia espanto; en el Cielo te halles, donde pidas, que tus Vasallos dichas vean cumplidas. s. Salve, Tercer Philipo, y tu memoria logre triunfos felices en la Gloria.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Nuestro gran Monarca viva. Vivan el Príncipe, y Reina. No vivan, pese a mi rabia; y sí, como yo, padezcan, todos cuantos este día, la jura (qué ansia!) celebran de Baltasar Carlos, pues tanto (qué ira!) me atormenta la envidia, de que el mortal dichas, y contentos tenga, que solo deseo llore conmigo a igual de mis penas; pero, pues a este apartado escondido sitio llegan Don Juan,, y Don Pedro, ardiendo es, en sus celosas quimeras, con intento de matarse, asístanlos mis cautelas, para incitarlos, que a un golpe sus tristes vidas perezcan. Pues del bullicio apartados estamos, y de la Huerta de este Convento se logra, no haber en toda su cerca quien nuestro duelo embarace, qué vuestro coraje espera? Sacad las armas, y brote de nuestros pechos el Etna, porque fin en breve instante se consiga a la pendencia. No diréis, que no respondo, Don Juan, con las propias lenguas de mi valor. Pues riñamos, y los labios enmudezcan. . Ea, Infiernos, avivad de sus pechos las centellas. Señor, yo escuché, que aquí se citaban, Va Eje. ya los ve, remedie el daño, antes del . Hasta ver la primer sangre, no lo haré. Qué linda flema! mirad, que ya se encarnizan; mirad, Señor, que se estrechan, mirad, que a las conclusiones pies izquierdos salen, y entran; mirad, que a los verticales, quitan estocadas rectas; mirad, que extraños, y aumentos continuan con presteza; mirad::: Calla, que envidioso, su noble aliento me deja. Oh cuanto se tarda el logro a mi deseo! Qué diestras son una, y otra cuchilla en sus manos! En conciencia, que traje yo buen Padrino, para que los esparciera. Este Conde Duque, debe de tener alma de piedra; sal, Señor. No llega el tiempo. Pues aguardas a que mueran? No, si no a ver de qué parte la suerte se manifiesta. Hermosa suerte tendrán, si a un tiempo los dos se pegan, Ea, Infiernos, ya que ardiendo están en cóleras ciegas, más ahora, que nunca, aviven sus rencores, tu influencia. Perdí la Espada. Cobradla, que será acción muy ajena de quien soy, el daros muerte, no siendo igual la defensa. Si haré; pero no peniéis, . que obligado de tal deuda dejaré el duelo. L. No trato yo tampoco de que sea; de una acción heroica mía, en vos otra, recompensa. Reñid. Suspended las armas; debaos esto mi presencia. Señor. Señor. Qué impidiese el Conde, que mi soberbia lograse el triunfo en sus almas! Venid siguiendo mi huella; y puesto que no os pregunto, qué motivo a esto os empeña, que obligó dejéis el cargo, que tenéis en esta Regia función, que con tanto gusto, Madrid, y España celebran, jurando al Príncipe nuestro hoy por Norte de su Estrella, nada me digáis, pues solo solicito, ya que media mi respeto en este lance, que él serene la tormenta de vuestro duelo, quedando confiado, que así sea por vuestra parte; y venid, que es hora de hacer ausencia, a su Palacio los Reyes, no mi persona, y las vuestras echen menos. 2.. A serviros, pronta está nuestra obediencia. Don Pedro, yo os buscaré. Mi valor jamás se niega. Qué es eso? . 2.. Nada, Señor. Cogiolos en ratonera. En qué os detenéis? Venid. 2. El Norte es vuestra grandeza de la veneración mía. Tirana suerte, paciencia. . Celos, callad, y sufrid. . Ven Ustedes, que los lleva con las armas en las vainas? pues ellos las darán suelta, porque en este tiempo abundan, mas que el trigo, las conteras, Qué importa, que ahora se libren del hierro de mi cadena, si obstinados en rencores, después veré sus tragedias, siendo mi mayor encono contra Don Pedro, (ansia horrenda!) porque él es quien a mi envidia la rabia, y tormento aumenta, cuando por él (de ansia muero!) miro, que la Copia bella de María (qué furores!) a mayor culto se eleva, a pesar de mis astucias, que tiranamente fieras soltaron toda su audacía (qué ira!) para oscurecerla; mas no por eso desistan mis ardores de esta empresa, aunque contra mis venenos, más Antídotos prevenga la Gracia: (pesar de mí!) Oh quién fallecer pudiera, pues de una vez se acabara el torcedor de mi pena! . Ya de Gerónimo el Templo, los Reyes, y Grandes dejan; esta es su entrada; mi furia constante se esté a sus puertas, por si algún triunfo consigue, desvelada Centinela. De tan leales regocijos, yo me doy la enhorabuena, (Invictísimos Monarcas, que edades viváis eternas) pues solo a vuestras delicias, mis lealtades anhelan. El Señor Omnipotente, que veamos, nos conceda, ser nuestro Príncipe azote de las huestes Agarenas, General de vuestras Armas, fiel Caudillo de la Iglesia. Vuestras lealtades estimo, pues ellas a mi Diadema, los timbres, que la engrandecen, tanto más así acrecientan; y a vos, Cardenal Zapata, hoy mi afecto se encomienda, para que a Dios le pidáis, que benigna su clemencia, en los sucesos del Reino, como con fe espero, atienda, porque así al estado lleguen, que mi fiel celo desea. O, no lo mire mi rabia, y todo mal te suceda! Pedidle por Baltasar, que si lo haréis, pues os fuerza ser vuestro Príncipe, y ser vos, quien la culpa primera; con el Agua del Bautismo, a su alma borró. Ambas deudas satisfaré reverente. Lo creo en vuestra nobleza: Este Memorial Don Pedro tomad, que ya os le decreta mi Real Pecho, pues me pide, que magnánimo proteja los Esclavos de María Sagrada de la NOVENA, de cuya Imagen, portentos tan admirables me cuentan, que a mi deseo estimulan, por menor me los refiera, quien más que otro; en sus aplausos, sé muy bien que se interesa: este sois vos; y así, luego que a Palacio demos vuelta; me informaréis por extenso de todas sus excelencias. Soy vuestro Esclavo, y gustoso os rendiré mi obediencia. Todas sus glorias (qué ansia!) mas mi desventura aumentan. Que a Don Juan no diera muerte, tirana suerte, mi diestra! Que el Conde Duque, mi saña, contra Don Pedro impidiera! . Batallando vivo (ay triste!) . con el dolor de mi pena, al advertir, que Don Juan, sus holocaustos me niega. Vamos, mi Reina, y Señora, porque la Carroza pueda conducir al Sacro Oriente de vuestro Sol, la perfecta beldad, que idólatro amante. En todo, Señor, soy vuestra, Con principios tan felices, que dicha, España, te espera. Oh prudente Rey! los Cielos tus progresos favorezcan. . En celos se abrasa el alma. En el pecho abrigo un Etna. obinmo Podré esperar de piedad, en vos, Señora, una seña? No lo sé; servid constante, que el tiempo os dará respuesta. Si el tiempo ha de ser, (oh tiempo!) apresura tu carrera. . Yo te aumentaré disgustos, para que el sosiego pierdas. Adiós señora mondonga. Oh, qué linda friolera! mondonga yo, que soy molde de feligranas de seda? Yo mondonga, picaron? . mondonga yo? Para esta, . vive Dios, que lo mondonga, le ha de costar más que piensa. A mi Inésica mondonga? Qué es eso? la da culebra? mondonga? Él es el mondongo, y hecho por mano de puerca. Picada va, mas no importa, que yo la pondré serena, y ahora, voy a toda prisa, a montar en mi babieca, para llegar a buen tiempo a Palacio, y ver las Fiestas; que han de hacer a nuestros Reyes, de Melodrama, o Zarzuela, en él, los de su familia, y yo, que conmigo cuentan. . Todos por varios caminos (oh pesares!) se festejan, y yo solo gimo, y siento aflicciones, y miserias; pero en desconsuelo tanto, celebre hoy mi soberbia los triunfos, que ha conseguido en dos Imágenes bellas, que Don Carlos, y Don Pedro colocaron a la vuelta de sus casas; y aunque puso allí otra Imagen tercera, y esta, por obrar milagros, colocada está en la Iglesia de ese Mártir Sebastian: yo trazaré, que se pierda su devoción, y que oculta; jamás (ay de mí!) parezca. . Ya en tu Templo, Sebastian, tienes la Serpiente fiera, que solicita esta joya hurtársela a tu fineza; y tu infeliz, que afligida, vives solo de tus penas, vete de aquí, que imposibles, con tu oración, solo intentas, pues en vano un lienzo puede remediarte las dolencias. Rebelde, infeliz, que altivo, perturbar tratas la idea de esa pobre, cuya fe, remedio en María espera, déjala; y porque acrecientes mas el dolor de tu pena, y que contra tus audacías, previene Dios (porque crezcan en ese Cuadro las glorias de su Madre, y mi gran Reina) medios, que aumenten sus cultos, a mis voces esté atenta tu gran malicia. Esa Imagen, que Madrid feliz venera, se ha de trocar por tu influjo a otra, que copién por ella, cuya copia ha de igualarla el Señor en la excelencia, con esta de hacer milagros, como si fuese esta misma: declarárase el engaño, y a su Cofradia vuelta esta prenda Soberana, de su gran júbilo en muestras, verás, que en ese Oratorio . la guarda su diligencia, porque atrevidos intentos, jamás lleguen a ofenderla. Tienes Miguel más pesares que demostrarme? (ansia horrenda!) para acrecentar mi envidia, para aumentar mis tragedias? Sí, tirano, atiende ahora a esa Oración. Crueldad fiera! María, Madre de Gracia, hoy a tus pies se presentan mis trabajos, día en que te concluí la Novena, para que me los alivies, usando de tus clemencias. Tullida de todo el cuerpo, vivo en la mayor miseria, solo así al codo arrimando este edificio de tierra, pues los dolores que siento, otro alivio no me dejan. Mas ay, Reina Soberana, que Sacramentado entra, de ser Víático al enfermo, el que en los Orbes impera, y al Altar del. Gran Francisco el Sacerdote le lleva, porque de tan grande Alferez, Dosel sea la Bandera, . y no puedo arrodillarme, para hacerle reverencia: (ay Dios mío!) Madre Virgen, tu piedad de mí se duela; yo le adoro, yo le creo: Ruégale, Señora, ruega por mí, que si me conviene, salud mi enfermedad tenga. Joseph Santo, Juan Divino, ahora es tiempo, que intercedan vuestras súplicas amantes con ese Niño (alma alienta!) por mí; que aunque se figura, que duerme, siempre está en vela, amante Pastor, cuidando de sus queridas Ovejas. Ea, Señora, a mis ruegos, tus compasiones se muevan; tú eres quien eres, y yo soy tu más humilde sierva: Haz, pues, como quien tú eres, aunque yo no lo merezca, porque terror al Abismo tus nuevos milagros sean. Levántate. Oh, maldito sea mi ser! Ay mi Reina, que no puedo! Pues piadosa mi mano, Niña, te eleva sana de la tierra; y ves tus penalidades cesan, sé agradecida a mi Hijo, no olvides tanta fineza, como su piedad ha usado, por mí, contigo. Qué afrenta! O, muera yo a dolor tanto! Bendita, Señora, seas. Yo desesperado huyo, n vencido de mis cautelas. . 2. . Las Glorias de María hoy festivos celebran los Ángeles, los Cielos, los Santos, las Esferas. . Y alhadas Jerarquías, digan, en gozo envueltas: Salve, salves, o María, de Gracia llena! . Salve, salve, o María, de Gracia llena! Madre mía Soberana, agradecida mi lengua, en tus obsequios se emplee, aplauda tus excelencias, repitiendo mi contento, de ese cántico la letra. e - Alhadas Gerarquías, digan; en gozo envueltas: Salve, salve, o María, de la NOVENAl SALON. El Gran Rey Philipo Cuarto, la Reina, y Príncipe vivan. Vivan más, que un mal Poeta. Y más, que una presumida. En tanto, que entre el contento llega a fenecer el día, porque la función empiece, que en su obsequio prevenida os tributa el Conde Duque: Mi amor, Señora, os suplica, presteis atención gustosa a la Historia peregrina del Divino Simulacro, que Don Pedro, con fe viva colocó en sus propias Casas, gloria de mi Monarquía, pues todos sus timbres logra, por protección de la Invicta Madre de Misericordias, Alba del Sol de justicia. Pues mi devoción arrastra, mucho gustaré de oírla. Y todos el escucharla, tendremos a grande dicha. En tanto, pues, daré treguas a mis celosas fatigas. Mientras tanto, aquí harán pausa los, celos, y penas mías. Ay Don Pedro, aunque te amo, preciso es mostrarme esquiva! Amor, cuando veré cesan los rigores de tus iras? Por cuanto hubo de faltar al Galán Relacioncita. Aunque Usted más lo mormure, cuando es precisa, precisa. Don Pedro empezad. . Señor. ya mi obediencia se humilla a vuestros Reales preceptos, con los que mi aliento anima. Proseguid. Oh, quien tuviera, para sentarse, una silla! Monarca venturoso, altivo Marte, de la Iglesia de Dios fuerte Valuarte, que la defiende, en Lides rigorosas, de Sectas, y malicias perniciosas; pues vuestro brazo siempre levantado, es azote, que el Cielo ha destinado contra, sus profesores alevosos, porque logre la Fe triunfos gloriosos: Isabel de Borbón, feliz Esposa, de tan gran Campeón flor prodigiosa, que de Francia la Lis cedió a Castilla, porque España os celebre maravilla, cuando admira, que son los naturales Dotes vuestros, Señora, celestiales: A vuestras Majestades reverente, los suplico me estén atentamente, al referir mi voz tan Sacra Historia, que a España la predice mayor gloria. Carlos Velutí (mi llanto, por su muerte, del pecho se retire al muro fuerte) Mi Padre, en fin, Señor, y su Consorte, Doña María de Haro, para norte de sus altas fortunas, que todas, sin la Gracia, son ningunas, de sus Casas fijaron en la esquina, la milagrosa Imagen Peregrina de María, en un lienzo retratada, y en él felicemente acompañada de su Esposo, y San Juan, y en dulce sueño el Niño Dios, de esas Esferas Dueño; cuya Pintura fue, que al bien recrea, de Pintor diestro, primorosa idéa. Este Cuadro allí estuvo colocado, con devoción, de todos venerado, hasta que entró en Madrid, causando males (Herege al fin!) el Príncipe de Gales, el cual (arrojo grande!) nos quería a la Infanta, Señor, Doña María; vuestra hermana, llevarse para Esposa a Inglaterra; mas su cautelosa intención, quiso Dios desvanecieron, cuantos el caso con prudencia vieron. Entró el Príncipe, al fin, en vuestra Corte, y su entrada causó, que la ira aborte de sus Aliados, bárbarás maldades, en heréticas fieras libertades; y entre otras, que graves se anotaron, por la más inaudita declararon, la que su tiranía cometió con la Imagen de María en este Cuadro, pues a puñaladas, (qué dolor!) la ultrajaron, y a pedradas; de tal suerte; mas solo en rigor tanto, idioma del pesar sea mi llanto; pues insolencia tal, maldad tan suma, imposible es la expliquen voz, ni pluma. Hízose la pesquisa, que en tal lance se requiere; y habiendo dado alcance a los cruentos, viles agresores, murieron de la llama a los furores, y el Cuadro el Tribunal quitó advertido de mi casa, y hasta hoy no se ha sabido donde pare; mas tengo confianza, que esta donde más culto, y gloria alcanza. Sucedió esta tragedia que refiero Viernes Santo, Señor, en que al Cordero le decanta pasible el Clero Santo, con tierna devoción, amante llanto; fineza fue, sin duda, de María, permitir la ultrajasen en tal día, para que confundidos advirtamos las penas, que a Hijo, y Madre les costamos, al paso que nosotros (triste suerte!) buscamos vida en brazos de la muerte, siendo el objeto nuestro el vil pecado, que nos arrastra al fin más desgraciado, dejando que nos lleve al precipicio, encenagados en uno, y otro vicio. Todo el Barrio, Señor, se lamentaba, al ver, que de él la Imagen se ausentaba, por lo que con devoto, y fino celo, puse otro Cuadro igual, haciendo Cielo aquel recinto todo, y de María el Retrato causó tanta alegría, que cuantos al pasar le veneraban, en devotas corrientes se anegaban, que sus ojos de gozo allí vertían, y a voces su hermosura bendecían; mas (ay de mí!) que ya la voz turbada se muestra, al acordarse (pena airada!) del delito cruel, que aleve mano ejecutó en el Cuadro Soberano de la Imagen Sagrada, dándole tan sañuda cuchillada; que dividió su rostro hermoso, y santo; O, muera yo al dolor de oprobio tanto! Noche de San Andres fue tan cruento delito atroz, (oh máteme el tormento!) y el Tribunal, (mi pena aquí se añada) Reliquia tan Sagrada de allí quitó; y así que la llevaron, el corazón con ella me robaron. Castigose al tirano delincuente, y Don Andrés Pacheco, cuya ardiente devoción, a la Imagen cultos daba, Inquisidor, que a esta ocasión se hallaba General, dio este Cuadro peregrino al Conde de la Puebla su Sobrino, por ver con cuantas ansias le pedía, y así, en su casa, puerto hallo María, contra borrascas viles, e injuriosas de infieles pechos, Sectas venenosas; y yo, para templar mi desconsuelo, tercera vez el sitio le hice Cielo, con otro Cuadro igual, en competencia de Luzbel, y la bárbara insolencia, de sus aliados, crueles, y alevosos, quedando los vecinos tan gozosos, que todo su contento, y alegría era, aplaudir su dicha con la mía, sabiendo, que feliz vida recibe, quien en presencia de María vive. Puesto ya el Cuadro en el paraje mismo, que estuvieron los otros, al Abismo así envidia, y tormentos duplicando, se fue el culto a su Imagen aumentando, y tanto, que tullida Catalina de Flores, en sus males se destina a hacerla una Novena, y su fiel celo, halló al postrero día su consuelo, por lo cual (oh qué gozo!) a esta Señora, de la NOVENA se la nombra ahora. Publicose el milagro, y atendiendo, que a este otros allí iba añadiendo la piedad de María, (qué ventura!) Don Baltasar Carrillo, docto Cura, en la Iglesia del Martir valeroso San Sebastian, con celo fervoroso, tan Soberana, de María copia, quitó a mis Casas, y a su Iglesia apropia, donde, ya tanto sus milagros crecen, que en inuestro bien al Templo le engrandecen: Viendo el Cura, que los Representantes una Capilla labran con amantes finos desvelos, fieles, y a porfía; desean llegue el venturoso día en que quede perfecta, y acabada, para ver, de María, colocada; en el misterio de su portentosa Anunciación, la Imagen prodigiosa, les dio este otro Retrato, porque sea quien de su afán el mérito posea; su Titular es ya, su Protectora, y ellos Esclavos de tan Gran Señora: Sus Divinos Milagros, y Portentos, autorizados constan por asientos en un Libro, que guardan, con fe pura; original; y pues nuestra ventura, por su medio, con Dios solo se alcanza, pongamos en María la esperanza. En esta; pues, que Dama fue primera, sin segunda, en la Ley más verdadera, Emperatriz Augusta de los Cielos, Madre, que a nuestras penas da consuelos, los Ángeles la alaben, Potestades, Tronos, Dominaciones, Majestades, Archángeles, Virtudes, Serafhines, Mártires, Principados, Querubines, de las Vírgenes bellas el puro Claustro, el Sol, Luna, y Estrellas. Todas las Criaturas formen voces en su alabanza, y corran tan veloces, que su nombre primero, sin segundo, adore fiel el uno, y otro Mundo. su Dorpura isto Don Pedro Oh, cuanto guato Don P me han dado vuestras noticias! Yo la enhorabuena os doy de que consigáis la dicha de mirar tan celebrada, venerada, y aplaudida de todos la Sacra Imagen, que eterno su culto viva. Bien, Gran Señor, el Infante Cardenal su fiel fatiga empleada tiene, supuesto, que es objecto a sus delicias esta Soberana Imagen; y piadoso patrocina sus Cofrades. Es mi Hermano, Cardenal, mi sangre, y fía siempre la que arde en mis venas sus fortunas, y sus dichas de tan Soberana Reina; y así, no me maravilla saber, que mi hermano, atento sus Cultos la sacrifica: y pues hoy se mira armado contra huestes enemigas en Flandes, y son sus hechos digno asombro de la envidia, yo fío en tal Protectora a sus empresas asista, para que eternos Laureles Tupora, y sienes ciñan. Vuestras Majestades entren a la Fiesta prevenida, que el Conde Duque os consagra, y ha de hacer vuestra Familia, siendo Don Pedro, y Don Juan, la hermosa Doña María, y Doña Isabel, con otros Criados, los que confían serviros en la función, que aumenten el gozo al día. La lealtad del Conde Duque solo a darnos gusto aspira. Venid, Señora. Las luces vuestras son mi norte, y guía. Duración a vuestros gustos piadoso el Cielo permita. . A representar, Señoras. Amor, tú me patrocina. . Amor, muevante mis ansias. Amor, templa ya tus iras. . Cielos, dadme sufrimiento. Hoy aquesta farsa pilla mas de mil pesos de entrada, en los cuidados, y finas ansias de Amantes, que rondan en el terrero sus Niñas. Inésita, toma el brazo. Dame, iré más prefumida, mas hueca, mas estirada, con más moniconguerías. Adónde con ese viejo va Usted, causándonos risa, y aún burla? Usted me responda. Seor Macuaca, uced delira? a eso quiere me detenga? Tú no hagas caso, hija mía. Vamos. A seor Guarda. Damas, usted tenga la mohína, y no se enfade, porque me enfadaré. Ven querida, y acuérdate del mondongo. Eso me ralla las tripas. Vejete, va que te casco. A mi cascarme? Ven, Niña. Voto a Cris. Anda muchacha. Aguarde, o si no. ; r Anda aprisa. No es uced el del mondongo? Yo le pringaré algún día. Del mondongo no es uced? Pues reciba esa chinica, y advierta, que laInés propia . será después cosas mías, a pesar del seor Macuaca, y de sus recancanillas, que aunque viejo, sé muy bien hacer mis agachadizas. , Hay más raro vejestorio! picado me ha por San Dimas; s. mas voy a hacer mi papel, que templando, ya me avisan los Músicos, llega el tiempo deseado de la alegría. ̱e , 4.. Reverentes leales obsequios, que España consagra al Monarca mayor, rendidos se eleven a la Sacra Esfera, que amantes anhelan de su aceptación. Si hallarán, pues jamás puede mi Majestad en las Aras de su gratitud, dejar sin premio al que las consagra, tan leales, que son dignas de mi amor, y mi alabanza. su aceptacio Bien se ve, que el Conde Duque darnos gusto en todo trata. Mi obligación es serviros. Del Conde es tan elevada la lealtad, que a más desvelos su fiel cuidado la enlaza. Vuestra Eminencia me hora, y mi humildad avasalla con sus favores. Yo, Duque, pues ha conseguido España triunfar en Fuente Rabia, venciendo enemigas Armas, Alcaide perpetuo os nombro de ella, y quiero se os aña dan en la tierra de Sevilla mil Vasallos. Merced rara! Y más doce mil ducados de renta, y a vuestra Casa enviaré una copia de oro, de primor, y echura extraña, el día siete de Septiembre, cada año, por fianza de esta merced, que aquí os hago, quedando así vinculada, en vos, Conde, de recibirla, y en mí no olvidar tal gracia. Leal sois, y sois mi Amigo, tanto, que con vos descansa mi cuidado en las fatigas, que la Corona me causa. Vuestro Sitial, Gran Señora. s. tomad, supuesto que hufanas las armonías avisan, es hora, que a vuestras plantas se tribute el holocausto. del que el Conde Duque es alma, Mi gloria es obedeceros. Con el Cardenal Zapata tomad, Conde Duque, asiento. Siempre por vos exaltadas se miran nuestras lealtades; y así, Supremos Monarcas, dando a la Fiesta principio en métricas consonancias, cante, para dicha nuestra, el Clarín de vuestra Fama. 4. Pues Europa consigue, feliz a su Oriente aumentar nuevo Sol; cante el Alba arrebol, a arrebol; ría el campo matiz, a matiz. A Pilipo el Clarín de mi Fama cante lauros de lluza celestial, Eno siendo Alfombra a su Regio Sitial, by las partes del Mundo, que aquí mi voz llama. Yo interesada en la dicha, . Yo, pues mi gloria aseguro Fama, a que tu voz convoca, mas que a celebrarla vengo, de que se etérnice ansiosa, con tan peregrina Antorcha, de Balthasar al obsequio, vengo rendida, y gustosa. Yo, a postrarle mi obediencia . Y pues Venus Soberana vengo al Príncipe, y heroica, porque en mis Dominios triunfe, paso le daré en mis Costas, Yo, deseando sus conquistas, vengo a rendirme afectuosa a sus pies, porque domine a quien hoy mi cerviz doma. 4. Y así, En América, Asía. En el África; Y Europa, 4. El Grande Pilipo Cuarto eternice su memoria, vinculando en Balthasar el ascenso de sus glorias. Isabel aumentó a Flora la copia con el ópimo fruto, que aplaude mi Trompa, viva triunfando del hado. que tirano se la oponga, porque su valor domine a la contrapuesta Zona, y este Monte, dando al viento su basta materia tosca demuestre, que Balthasar hoy a la Gracia corona con su gracia, y que en oprobio de la desgracia traidora vean vive ejemplo al riesgo, pues ahora a sus pies se postra, impidiéndole, que nunca contra él vierta su ponzoña. : : t , , b , ; , Ay de mí, que esta cadena; tanto cómo aprieta, ahoga! y como ya soy tan viejo, para que sus hierros rompa, me falta aliento en la fuerza, si roñerías me sobran; por lo que ya Balthasar (de que no me pesa) logra vivir sin mí, que no es poco, cuando hay riesgo a todas horas. Yo, pues soy quien representa el placer de cuantos logran jua jurarle Príncipe suyo, me alegro de tus congojas viejo marrulla, que siempre nos traes en alicatropias, y a media vuelta nos pegas con el azar golpe en bola, pues no hay gusto que no mezcles con el Riesgo de tus drogas. Yo, que la Felicidad aquí represento, ahora al Príncipe se la anuncio, y en todo tan portentosa, que ni aún de la envidia el ceño podrá inficionar su gloria, como ni tampoco a mí privarme ser entre otras sabandijas de Palacio, más presumida que todas. Nosotras, que aunque tres Gracias nos nomina el que nos nombra, y somos sin competencia en el afecto una sola, 1.. Que a Philipo, 2.. Que a Isabel, 3 Que a Baltasar, Rinde, y postra hoy nuestro ser, prometemos, ̱. Logre en gracia su Corona florecer, sin que a sus rayos vapor alguno sero ponga de envidia mordaz, que altiva vive de cuanto debora, pus su gracia con la nuestra tanto en un todo conforma, que sus nombres hoy ceñimos por más Augusta laureo. hola. Y ahora mi voz canora en tanto día, con lealtad reverente, su armonía de Philipo, e Isabel las glorias cante, y del Príncipe Augusto tierno Infante, al que vean de triunfos coronado, cuantos por su Señor hoy le han jurado, y los Cielos a influjos superiores le igualen al mayor de sus mayores, Sale el Sol de luz vestido, desterrando opaca niebla, cuando el Mundo agradecido, leda gracias, porque puebla su Imperio de resplandor. Pues si Baltasar naciendo, nuestra dicha va aumentando; razón es, agradeciendo culto, y lealtad, y obsequiando estén tan Supremo Sol. oria se eres eecernice, son los deseos de Europa. Del Asia, que sus conquistas a la Fama asombro pongan. Del África, que su nombre sea de su niebla antorcha. De la América, que el paso a ignorados Mares rompa. Del placer, que sus contentos 3. De las Gracias, qué consiga los numere sin zozobras. De la Felicidad, que jamás el Riesgo conozca. Del Riesgo, que siempre viva, sin que aún le habiste mi sombra. la Mayor, que las corona. Y de la Fama, que borre de Alexandro las memorias, y todos ahora festivos digamos con voz canora: 4. Pues Europa consigue feliz a su Oriente aumentar nuevo Sol, cante el Alba arrebol, a arreból, oria el campo matiz a matiz. Y Philipo, Isabel Balthasar, en dichas gloriosas logren florecer, siendo asunto a su augusto vencer, la Fe Soberana de Dios ensalzar. Conde Duque, bien declaran tus lealtades tales obras, las que no podrá la envidia apartar de mi memoria. Yo vincularé en la mía de tanta lealtad la copia, que en méritos acaudala vuestra nobleza. Señora, quien tributa lo que os debe, cuando así agradaros logra, no ha hecho más que afianzar su mayor dicha. Conforman con vos muy bien, Conde Duque, estas acciones heroicas. Vuestra Eminencia el Maestro es, que mejor las decora. 2. Pues nuestros afectos digan con esas voces canoras: 4. Y Pilipo, Isabel, Balthasar, en dichas gloriosas logren florecer, siendo asunto a su Augusto vencer, la Fe Soberana de Dios ensalzar.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA 4. F NEL infeliz Aberno las tristes voces claman a su Príncipe, y todas fórmane de sus lamentos crueles llamas, A Por qué (oh Luzbel!) limitas las fuerzas de tus armas, y no impides los Cultos, que tributa Madrid a nueva Alba? Duélete de la envidia, que es aumento al malo, que padecemos por tal causa. Callad, secuaces míos, no veloces aumenten mi desgracia vuestras voces, pues me basta mirar, en daño tanto, esos volcanes, que por más quebranto de vuestro sin igual dolor violento respiráis, desahogando así el aliento, para dejar lugar desocupado a más nocivo, a mayor cuidado, sin que ahora, en canto triste, y afligido, mi tormento aumentéis con su gemido. Conrazón me exponéis (qué ira!) la queja, pero, o qué mal la rabia os aconseja, cuando os propone fácil la victoria, de conseguir borrar en la memoria del Católico bando la Imagen de María! (estoy penando!) No ha habido traza, ardid, no ha habido medio, que contra ella no usase, y sin remedio a la dolencia mía, el daño creció más de día en día; y para que más llore mi desgracia, siempre advertí aplicados por la Gracia (en mis furores peno!) Antídotos (qué injuria!) a mi veneno. Mas no obstante, cerrad de vuestra boca el volcán, que a más furias os provoca, y dejadme a mí solo en la conquista nueva, que emprendo, ya que estoy a vista de esa enemiga nuestra, y todo el resto de mis voraces iras ya dispuesto hoy tienen (por, si logro a mi quebranto en parte mitigarle dolor tanto) que abrasado se quede a cruel incendio todo este Templo, de mi mal compendió; y así conseguiré verme triunfante de esa Estampa; mi furia se adelante a pesar de los Cielos, al intento a que aspiran mis anhelos; y esta antorcha, instrumento de mi saña, sea quien abra camino a tanta hazaña, haciendo que su luz se eleve a hoguera, y o, si abrasar al mundo consiguiera! No lo lograrás, tirano, que el poder de Dios sujeta tus intentos venenosos, y de tu envidia las fuerzas. Yo pretendo de esa Imagen las glorias se desvanezcan; pues cuando muriendo vivo, al ver tantas se le aumentan, me es preciso solicite, vengando así mi tragedia; borrar su nombre, y Soberbio: vil Serpiente, cesa, cesa; que para que el desengaño, como le mereces tengas; y porque jamás tu saña atreverse ingrato pueda a su Imagen, esa Guardía en continua centinela tendrá, que de ti asegure el candor de sus purezas. Seis Mártires son de Cristo, y un Confesor de la excelsa Familia del Grande Padre Agustino, que pues llega del Representante Cuerpo a ser Soberana Perla, a ser. Protéctora Augusta, es justicia la defiendan de ti esos siete, que el Mundo vio, vio, en estaciones diversas, en sus Teatros profanos recitar torpes Ecenas, y después admiró el Cielo, como con su sangre misma de la Fe el Libro sellaron, para ser de la Diadema del Autor Omnipotente siete brillantes Estrellas. Estos son Ginés, Porfirio, Dioscoro, Másculo, y entran con ellos Ardalión, Jelatino, y luego cierra esta Militante Escuadra Juan Bueno, feliz Lumbrera de su Religión, porque a tu pesar, Luzbel, sea todo glorias a María Divina de la NOVENA, a quien acordes los Coros dicen en dulces cadencias. Oh dolor, qué sin igual así afliges, y atormentas! .̱. Pues, o Sacra María! tu planta huella de la infeliz Serpiente, la vil cabeza, todo a ti, Gran Señora, hoy gloria sea. 2. Y el Escuadrón felice, que te venera, y te hace santa guardia, bendito sea, pues más así tus glorias nos representa. . Y entre aplausos de Ca- (jas, y de Trompetas, tu nombre adoren Cielos, Hombres, y Esferas, o Gloriosa María de la NOVENAl No habrá dolor que se iguale al que ahora me atormenta! Testigo has de ser, porque mas tu desventura crezca, del aplauso de este día, que es el mismo en que se espera su colocación dichosa; y así, infelice, lamenta ver, que contra tus venenos triunfó la Gracia Suprema de mi Reina Soberana, a quien los Coros festejan, para crecer tus tormentos, diciendo armónica Letra: 3. Y entre aplausos de Ca- y de Trompetas, (jas, tu nombre adoren Cielos, Hombres, y Esferas, o Gloriosa María de la NOVENAl lo tal tormento SUMO Quien por si vio (qué angustia!) tal tormente. El Templo desampare mi ardimiento, huya mi desventura de esa Imagen (oh rabia!) que procura; asistida de fuerzas celestiales, desvanecer mis sañas infernales. Ya la cizaña mía presurosa del Palacio el jardín huella rabiosa, . para ver si consigo, que se impida, que de Reyes, y Grandes asistida, no sea en la función que se previene esa Enemiga, que infeliz me tiene, en su Colocación aqueste día; o, no lo mire la congoja mía! Y pues el Conde Duque acía aquí viene con los dos Mayordomos, ya previene mi astucia, que se niegue a su convite, y la Grandeza toda así le imite. Ea cautelas, a estorbar su celo, contra la que motiva nuestro anhelo. Al Rey daré el Memorial, y yo de mi parte ofrezco asistir con la Grandeza a tan merecido obsequio; y así vos, Pablo Polope, y vos Alonso de Olmedo, gloriaos de ser Mayordomos de tan Divino Disseño de la Madre de la Gracia, que os aseguro, y protesto, que aún sentarme, por su Esclavo por mi fe, que no merezco. Toda la Corte informada se halla de sus portentos, y el Infante Cardenal bien sé, que estará sintiendo no hallarse asistente a todo; pero pues Marte guerrero está su aliento en campaña a su hermano defendiendo, y nuestro Rey los Estados, que en Flandes le dio el derecho, yo en María, fiel confío le corone de Tropeos. Así será, Gran Señor. En su clemencia lo espero. 2. Y a vuestros pies os rendimos, heroico Mecenas nuestro, las gracias, por los favores, que a vuestra piedad debemos. Alzad. 2. Vuestros pies besamos. Id confiados, que quedo empeñado en cuanto aquí me han pedido vuestros ruegos. 2. Nuestra Madre, Gran Señor, a V. Es dé el premio. . Que en vano (ay de mí!) que en salen todos mis intentos. (vano Cansado de andar tras Damas que flores andan cogiendo de esos jardines, me salgo por aquí a gozar el fresco, que sus faldas me abochor nan. junto a esta hyedra me siento, y ella me oculte, porque tenga mi vejez sosiego. La Reina va con sus Damas s. paseando el sitio ameno de estos hermosos Verjeles, y yo (ofurores!) me ausento, por ver si de mis agravios en que despicarme encuentro. . 4. Tortolilla, que al Consorte con cariños lisonjeros amorosa le regalas, y él corresponde tu afecto: Alegra los campos, tu dicha aplaudiendo, con trinos canoros, con suaves gorjeos. Mientras que nueva Diana la Reina va discurriendo con sus Damas el florido hermoso recinto bello de este jardín, de su lado un breve instante me alejo, dando alivio a mis pesares, y esparciéndolos al viento, segura de que me miro sin testigos, pues advierto es la compañía a un triste, quien dúplica los tormentos, y aún esa acorde armonía, que llegue a mi oído siento, pues en un todo me impide logre este bien, que pretendo, cuando dice lisonjera en alegres suaves metros: , . Alegra los campos, tu dicha aplaudiendo, con trinos canoros, con suaves gorjeos. Hermosa Doña María. Gran Señor? A daros vengo de vuestro gusto un aviso, en que también me intereso, Siempre trata Va E. mis dichas, y mis aumentos. Acia aquí a Doña María vi venir, pero en secreto habla con el Conde Duque, que traten mi muerte temo. A este Vergel retirarse noté a mi bien, dulce Dueño; mas con el Conde está hablando, cuidado mío escuchemos. Hermana? Pero Señor. No retiréis vuestro Cielo, y pues que miro llegasteis al más oportuno tiempo, lo que a vuestra hermana ahora iba a decir, oídme os ruego, que también interesada sois, como veréis, en ello. Cielos, qué tratará el Duque? Del Duque (ay de mí!) el intento qué será? Tres son a uno, que en esta parte soy cero, y número, que hable solo para sumar en su acecho. Sabréis, hermosas Señoras, que habiendo el Monarca nuestro (que el Cielo guarde) entendido, como ya sabéis, los duelos de Don Pedro, y de Don Juan, y que los créditos vuestros, en Palacio censurados, pierden de sus lucimientos, hoy determinó prudente, si bien mediando los ruegos de nuestra Reina, que a vos os dé la mano Don Pedro, y Don Juan a vos, porque se acrisole con tal medio vuestro honor, que es más que todo; y esto ha de ser advirriendo, que si procede Don Juan ingrato al precepto Regio, no sé si para el castigo se reservará su cuello. Esta comisión la Reina me dio, que admití contento, porque así pueda serviros lo noble de mis deseos. Qué oigo, pesares! Fortuna, qué escucho! Bodas tenemos? Yo, Señor, a Va E. como es justo, le agradezco tan elevados favores: y pues que toma a su empeño restaurar mi honor;, en todo mi alma, vida, y ser sujeto a su poder, pues así afianzo mi remedio. Yo, Señor, por lo que mira a mi parte, (dame aliento congoja) vuestras heroicas finezas, que no merezco, estimo, y por vuestra esclava ya desde aquí me confieso, mi voluntad resignando en todo a vuestro precepto: pero viendo que Don Juan nada amante, poco atento, o por tema ama a mi hermana, o por capricho, a desprecios ha feriado mis favores, Gran Señor, estoy temiendo, que de estas causas resulten no favorables efectos, si a que a mí me dé la mano le fuerzan. Ese es el cuento. Cómo resultar, Señora? No veis que estoy de por medio? No veis lo mandan los Reyes? Y no veis, que si grosero Don Juan, a lo que es tan justo; no me obedece, que tengo valor para castigarle, sí, vive Dios, por mí mismo, sin necesitar, que el Rey lo ejecute justiciero? Ay bella Doña María! si no te olvido, me pierdo, y así, de una vez el alma te eche fuera de su Templo. . A vuestros pies, Gran Señor, Don Juan llega a responderos, que es noble; y así, es preciso corresponda Caballero, con el honor de esas Damas, y con el favor supremo de V. Endorando así sus pasados hierros, y sean pruebas seguras hoy de mi arrepentimiento el perdón, que a vos os pido, que a vos, ya mi mano ofrezco; y que a Va Elairoso le dejo en su desempeño. Nunca de vuestra nobleza esperaba, Don Juan, menos. 2. No sé si crea esta dicha! . Ahora a vuestros pies Don Pedro, Excelentísimo Marte, heroico Mecenas nuestro, su obediencia sacrifica, en recompensa del premio, que por vos feliz consigue en sus amantes anhelos. Llegad los dos a mis brazos. Vuestros pies, Gran Señor, beso. Aunque más gazapos salgan, no verán a este conejo. 2. Feliz fin a tantos males! Por amigo verdadero me tened. Y vos a mí, como con mis brazos muestro, pues de enemigos, pasamos hoy a tan cercano deudo. Venid besaréis la mano a los Reyes. Viles celos, con desengaño tan grande, cesó vuestro rigor fiero. . Amor conseguí mi dicha. . Logrose, amor, mi deseo. . Pasión amante, que arrojo de lo interior de mi pecho, sal de una vez, sin que quede leve pavesa en su centro. . Qué hufanas las Camaristas van con sus dos Camareros! y Inés, como no se casa, se ha quedado como un hielo; ahora era ocasión que yo la encajase algún requiebro; más mejor estoy sentado, exiforas, no consiento. Yo sin casar, cuando otras miré por mis ojos mismos desposarse, no en mis días; mas ya me dice el Ingenio, que me dará un Novio Rico, pitimetre, y de buen gesto; y así: pero quién ha entrado? No te asustes Niña, ego. Hola, hola, el Sacristán, Don Mácuaca aquí? Qué bueno! Tú seas muy mal venido, pues aquí de entre los dedos me quitas un Galán novio, en que estaba consintiendo, y no estamos las mujeres para perder casamiento. Yo me casaré contigo. Tú conmigo? vade retro! un Sacristán, y casado? Pues un Sacristán no es lego? Yo, hija Inés, para servirte, ya, gracias a Dios, me veo rico con lo que unos lloran, cuando no son herederos, y tenían la esperanza de destripar un talego; y con lo que cantan otros, cuando en su casa hay bateo, y más si algún mayorazgo asegura el nacimiento: Gracias a Dios, y más gracias, si logro seas mi Dueño. Pues gracias a Dios, Amigo, no tengo tal pensamiento, y a Dios gracias, que sus gracias entre mis gracias no aprecio; y así, a dios gracias, se queden gracias a Dios, sus deseos a la Luna de Valencia, y a Diós gracias. Pues Laus Deo. . No me llamó Usted mondonga? quié piensa que no me acuerdo? Aguante, pese a sus tripas los rigores que le muestro. Tiene razón, señor mío, . no hubiera sido tan puerco con Inés, y ahora lograra una uñita de sus dedos. Dime, tirana, por ti no di un chirlo a un Barrendero, por cuya causa apelé a vestirme estos Manteos, y entrar Sacristán, en donde es un juicio lo que medro. cuando para irse dejan las almas los cuerpos? Pues por qué aquesta fineza no has de pagarme? Protesto, que a reconvención tan grande, ya resistirme no puedo; esta es mi mano. Aleluya, . y hasta después, que corriendo a mi Parroquia me escapo, donde los dos nos veremos, que mi Cura con quien vine, miro se está despidiendo . del Conde Duque, y mil cosas que prevenir allá tengo para la Colocación de esta tarde: a Dios mi Dueño. Adiós Sacristán querido. Morondanga, ya esto es hecho. Ya lo vi, querida Inés, y también, Niña, contemplo cuanto, por mis putos años, en este instante me pierdo. Calla, que los Reyes pasan. Ah, quién no fuera tan viejo! Del Conde Duque informado estoy ya, como Don Pedro, y Don Juan, dando al olvido los motivos de sus duelos, se han hecho amigos, y basta, tu Majestad de por medio se halle, para que yo ceda en castigarlos severo. Deudora a vuestros favores siempre, Gran Señor, me quedo. Conde Duque, Cardenal, vamos, porque con mi ejemplo toda la Corte, a María la tribute sus obsequios. Yo seguiré vuestras luces, Mariposa de su incendio. . Gracias amor, que me miro de tus clemencias objecto. . Gracias amor, que tus iras templaste contra mi pecho. . Oh Madrid! con este día, tu dicha elevó su vuelo. . Oh Monarca, quien no rinde a tu Majestad afectos! . Amor, por ti logro ya la ventura en que me elevo! . Amor, ya a otro simulacro se destinan mis inciensos, y así, acaba de quitarme la venda que me habías puesto. Vamos a la Procesión. Pues yo iré por tu Escudero. Recién casada me tocas, trátame con mucho tiento. Ah Mácuaca, cuanto envidio Ah señor Pablo Polope, Usted no me gaste flema, ni Usted seor Alonso Olmedo, que la Parroquia no espera a otros, que a sus difuntos, que con ellos come, y reza; y así, pues son Mayordomos, entren adentro a dar priesa a los hermanos, ya que las Compañías completas de Mánuel Vallejo, y Simon Aguado, con velas están prevenidas; vayan, que aguardan, no se detengan, Repí, no oyen como los vadajos a rebato se hacen lenguas, diciendo: a la Procesión vengan todos, vengan, vengan? Aún no han venido los Reyes, y de toda la Grandeza faltan algunos Señores. Quéridos míos, no es esa buena cuenta a la Parroquia, sino que ande la cera. Temerario estáis, ya entramos el no ser tú en este tiempo! Sacristana soy, qué lindo! ay es, que el caso es buñuelo. Con más tiento Morondanga. Con qué más, si nada tiento? Ay amor, que altos que van para mí estos caramelos! . Él ha bebido en la cepa, pues está alegre. No hay duda. 2. El Mácuaca es un tronera. Nuestros Invictos Monarcas edades felices vean. Ya los Reyes han llegado, y a los coches echan fuera de la carrera; bien hacen, que ellos tanto cuanto cuestan, embarazan, y deslucen las funciones, que atropellan. Ya a mi Novía, Morondanga, de aquel Carrocín apea, y cogiéndola del brazo, acía a mí viene con ella. Amigo, a tu mano entrego, pura, intacta, indemne, y terla esta prenda, pues yo gasto en todo justa conciencia; así los años, y achaques . ser Galán no me impidieran. Sea Usted tan bien venida, como mi amor la desea, a ser señora en su casa, y a ser, después de mi prenda, quien de esta Lonja las losas de opimos frutos florezca. Y Usted sea bien hallado, sin ninguna controversia, entre difuntos, y vivos, Amas, Paridas, Parteras, para que con lindos cabos los vestidos me guarnezca. Entra en la Iglesia, mi Inés, que la Procesión se empieza, para que en día de Novía te toque tener la vela. Dame el brazo Morondanga. Tu Escudero soy mi Reina, gustoso, pues, tu marido es hombre de vinajeras. Vayan con Dios. Poco a poco, que se me cae la chinela. Dios te valga Inés, que estás cierto hoy pataratera. Quién en el día que es Novía párrafo de dengues yerra? Ya lo contemplo, camina. Jesús, como me tropiezan los hombres! No ven que soy Sacristana de esta Iglesia? Y qué te va escudereando hombre de mis insidencias. Elevado el señorio de mi amada Inés me deja; y como es grande el concurso, a la pobre me la aprietan. A la Iglesia hice renuncia Don Juan, de la Imagen bella, pues yo nunca en mayor culto podría lograr el verla, que en el que está (qué ventura!) Oh cuanto veros me alegra tan amigos! Oh Macuaca! cómo va? Mejor se medra aquí, que allá con mi Amo, que aquí corre la moneda; y allá, Jueves en la noche, jamás probaba la cena; madrugaba, no dormía, audaba entre mil pendencias, y el salario, nunca, o tarde le vian mis faltriqueras. De gorja estás. Don Juan vamos, porque en la Capilla esperan sus Majestades, y ya el corazón no sosiega, en cuanto tarde, adorar de María la perfecta Soberana Imagen. Yo gustoso sigo tu huella, a llevarla, arrepentido, mi corazón por ofrenda. . Ya Timbales, y Campañas, Chirimias, y Trompetas, a salir la Procesión con estrépito vocean, y pues hay Danzantes, entro a hartarme de dar volteretas. iuios se logre este día, que dichas predice. No así. Míguel (o, pese a la ansia mía!) me aflijas con las glorias de este día, haciendo que tu voz esté escuchando, pues por tus gozos (qué ira!) estoy rabiando? déjame huir (reniego de mí mismo!) a las tristes mansiones del Abismo, . En hora felice, oh Sacra María! Así infeliz, a María, las glorias, y las grandezas se aumentan; llora al mirar con el júvilo, y la fiesta, que sus más Fieles Esclavos la conducen a su nueva suntuosa Capilla, en donde la hacen salva mis cadencias. Ya pará aumentar tormentos al sin iguall) que me aqueja, soy testigo (qué fatiga!) de mis infelices penas. , ,y idmon aol 1. Ven Soberana Aurora, 2. Ven; oh Divina Reina! 1. Ven a tu Augusto Solio,) 2. A tu Altar Sacro llega, 1. En donde tus piedades, a en donde tus grandezas Celebren Sacros Coros los Cielos, con el Fuego, Aire, Agua, y Tierra. 2. Celebren Sacros coros los Cielos, con el Fuego, Agua, Aire, y Tierra. Pues que logramos la dicha de colocar tan gran perla en su conchal, donde a todos, nos convida a sus clemencias. Pues toma Puerto esta Nave, por gracia de culpa exenta. Pues ya está en su Paraíso la más intacta Azucena, Pues huella su sacra planta por nuestro bien esta Esfera. Pues tal Luna sin eclipses, influye las dichas nuestras. Pues su Capilla hace Cielo tan resplandeciente Estrella. Pues tan Soberana Aurora con su vista nos recrea. Pues en ese Trono Sacro su hermosura nos eleva. Pues toda misericordias, misericordia nos muestra. Pues con su Divina Gracia da a la Serpiente culebra. Pues logramos ser Escla- de Títular tan perfecta. (vos Pues que por ver su hermosura me hube de romper las piernas. Todos para su alabanza digamos con reverencia: Oh Clementísima Anrora! Oh Piadosísima Reina! Oh Dulce Virgen María. Por nosotros a Dios ruega; Pues son tus misericordias timbre de tus excelencias. Para que seamos dignos de gozarle en vida eterna. Yo seguro patrocinio en tan Divina Princesa aseguro, al que la invoque, por remedio en sus dolencias, Los Abismos me sepultén donde llore mis miserias. . No huele bien, algún Diablo por esos aires se suelta. Y perdón pidiendo humildes, pues que da fin la Comedia, de sus defectos, ahora repitan sacras cadencias, en obsequio de María Divina de la NOVENA- su nueva Capilla 4. En hora felice a tu nue sea bien venida, para que la ofrezcan adoraciones cuantas criaturas comprenden los Cielos, Abismos, y Tierra: La Nave de Gracia, que exenra de culpa nos condujo el grano, que al alma alimenta, y salva festiva la hagan en su aplauso Angélicos Coros, Timbales, Trompetas,