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Texto digital de El anillo de Giges (tercera parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1764).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El anillo de Giges (tercera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/anillo-de-giges-el-tercera-parte.

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EL ANILLO DE GIGES (TERCERA PARTE)

JORNADA PRIMERA

T Y Y Iva el grande Manasés. V Viva el grande Rey de Tiro. Magnesía en votivos leales afectos muestre a su dueño Mánasés invicto sus afectos canoros, diciendo, que viva y que goce su Reino mil siglos; y pues su Corona le damos con finos cordiales halagos, sueñe el parche herido, y explique la trompa con grande alborozo nuestro regocijo. Suspended, Maguesios nobles, las voces, que más estimo, A que que el laurel sacro, el afecto que me consagráis rendidos; pues aunque pudiera ahora llegar al solio remiso, me afianzan vuestras voces, de que es seguro el cariño. Lo dudo harto, pues tirano usurpo lo que no es mío. Manasés mi hechura eres, yo he de ser siempre tu amigo: Cleonte soy, y tu parcial, Rey del invencible Tiro: nada temas, pues aún cuando el rigor te fuera impío, y la fortuna mudable usase de sus delirios, Magnesia sin Tiro es nada, mucho es Maguesia con Tiro. Es cierto, pues por Tomirís, . no por él, esto le afirmo. Padre y señor, pues nosotras somos del bien individuos, justo será, que aclamemos lo mismo que ahora sentimos. Yo tan ufana y alegre de vuestra gloria me miro, que entiendo, señor, que soy el objeto ennoblecido. Pues ya el Palacio me mira, venidle a ocupar conmigo. Vamos pues. Oh cuánto siento, que el instrumento preciso de esta gloria se merezca al que en mí no ha merecido! Ay Alejandro, que todo cuanto advierto es un delirio, que estorba, que tus intentos te los premie mi cariño! pues luego que en un retrato te vi, y después a lo vivo te admiré, en correspondencia secreta, que la han sabido yo, tú y: Amor, en tu ausencia, ni sé si aliento o si espiro. Que a Tomirís no la deba ni un cuidado ni un descuido! Vosotros en vuestra loa proseguid, diciendo finos::- Magnesía en votivos, No merece la Corona quien de Corona no es digno, ciñéndola con traición. Tened: qué vago delirio, qué atrevimiento en el viento pudo ser tan desmedido, que la Corona usúrpase de mi cabeza? Qué impío agüero! . No, no hagáis caso de su infeliz vaticinio. Mucho temo, que este susto . pare en algún precipicio. Venid, y aquesos presagios con placer y regocijo desvaneced, exclamando, por olvidar sus avisos::- Arma, guerra. Arma, arma. Tiemble Magnesia el castigo, muera el tirano, que usurpa con deslealtad su dominio, Qué voz rémora a mi dicha puede ser? Señor invicto, si con la presteza hoy no le cortas el peligro, en tu vida y en Magnesía verás fatal precipicio: Alejandro y Gijes uno Rey de Lidia, otro de Egipto, en uniformes escuadras entran por Magnesia altivos. A Sangre y fuego, Soldados, supuesto que divertidos usurpando ajenas glorias se miran. . Ansias, qué he oído? Bárbaro Rey Manasés::- Trrano Monarca indigno::- Que a costa de una traición::- Que por precio de un delito::- Haces, que la sinrazón pase plaza de artificio. Haces, con despecho injusto, vanidad de tu delito. Disponte hoy a mis rigores. Prevente hoy a mis castigos. Fuerte mal! Rigor terrible! Tambor, sabes lo que digo? que parecen en los gestos, en lo suspensos y tibios, como el que toma una purga, y hace mil ascos al vidrio. Es usted discreta, perla. Y quién le mete al pollino en hablar? . Sosiegue usted, que a mí no se me da un pito de bravatas, porque tengo un genio tan desabrido, que con la espada en la mano mataré sus mil y cinco. Fuerte mal! qué sean mis canas objeto vil: de un delito? Parece comen acelgas, según lo descolorido. Qué causa los rostros blancos? Sí, niña, que Calepino lo trae, tratando de ranas en el capítulo quinto. Que el furor con que venía . se me haya vuelto en cariño! Que amor se haya vuelto el odio, que me condujó a este sitio! Qué brioso y qué gallardo . viene Alejandro! No he visto en toda mi vida joven más galán, que Gijes. Libio estoy yo cuando mi honra me conduce aquí? Un delirio o aprensión, puede ser causa de detener mi destino? Pero no, vea la lid. Pero no vea el castigo. Y empuñando diestra airada el corbo acero bruñido, vea el ingrato alevoso, que si traición me previno, dando a mi hermano la muerte, vengo contra su delito, desde el basto dilatado Imperio del grande Egipto; y así, Egipcios, mostrad hoy vuestros valerosos bríos. . Pues nuestro Campeón lo manda, respondámosle rendidos. Y yo, y los míos seremos en vuestro favor. . No altivos. procederes del respeto pasen las líneas, que el brío (aún cuando hay causa) ser debe con cordura prevenido. Aunque no ignoras las causas, préstame atento el oído. No ignoras, no, Manasés (que este nombre es bien que diga, y no el de Rey, al que fiero con traición le solicita) no ignoras, que Gijes soy, aquel pasmo de la Lidia, que con un Anillo hizo su fama tan conocida, pues animada una piedra, fue instrumento de mis dichas; dándome en él tal virtud, que aligado al dedo, mita de Zoroastres su dueño sus Magas Artes lucidas. También sabes, que del Reino (aunque opuestas ojerizas quisieron de mi sosiego labrar su traidora envidia) la fortuna lisonjera en él me puso. (No mira el daño que está en el solio, quien ansioso al solio aspira; pues en ele vada cumbre de rigores y mentiras, lo que le parece fausto, objeto es de las envidias.) Contento pues con el Reino y con la mano divina de Claridiana, Princesa y dueño del alma mía (que aunque muerta, a su memoria mi atención se sacrifica pues su hermosura, su garbo, discreción, y pero viva tanto está en el alma, que (sin bien advertirlo) iba, por alabar su deidad, faltando a la cortesía, pues delante de otras Damas, aunque no se ofendan dichas las alabanzas, se tienen de sonido lo mal quistas. Muerto en fin Caudales, quien, aunque aquel enlace via de su Reino en mi atención, y de mi sangre en su hija, fue tan mi opuesto, que cuando en la posesión tranquila yo le buscaba sus triunfos, él me máquinaba ruinas, pagándome un beneficio con una infiel injusticia. O, cuantos hay en el mundo de tal traición, que confirman su veneno, y dan por premio un desprecio y ojeriza! pero la envidia es fatal, y cogido de la envidia, el más cauto pecho trueca la blandura en tiranía. Filocles. (desde aquí quiero atiendas más bien, que esquiva de su lamentable historia empieza aquí la noticia, que coronista sangriento, en el papel de la vida, hiciste con tus crueldades impresión de alevosías:) Filocles. (vuelvo a decir en casto lazo, en unidas voluntades, de su Reino gozaba, con la divina Aminta, cuando una noche, lunar funesto del día, tregua horrible del contento, que en lobreguez parecía, o caos de las tinieblas, s horror de la fantasía, sobre matizadas flores, pensil catre, y en florida almohada, junto a una fuente de Venus, que en simetria, siendo ardor y nieve juntos el ardor y nieve unía, Adonis en el regazo de su apetecible Aminta, estaba con el descanso deseado a sus fatigas, dando treguas descuidado; pero como se descuida, cuando le está amenazando un desleal a su vida? (Fuerte pensión es, que sea pensión de aquel que domina, que no pueda sin zozobra descansar por la malicia!) Cuando de furor movido con impulso fiero, altiva crueldad, al jardín entraste por una puerta sombría, con tal quietud, que las huellas, aunque las dabas, se vian fatigadas de la estampa, e ignorantes de la línea: llegastes pues donde en dulce parentesís de la vida (instante suave, con que la naturaleza alivia, los dos amantes estaban, y Argos los ojos, la vista Lince, las yedras te ofenden, pues sus verdes hojas rizas, gigantes disformes, pone tu pensamiento a la vista: los inanimados bultos, que en las Estatuas publican el primor cuando se muestran ser insensibles y vivas, estorbos justos se ofrecen; y cabilando, vacilas ver tal piedad en la piedra, y ser un bronce tu ira; pero entrando en conferencia en la sala de tu impía intención aleve, en juicio contrario, se determina fabricar todos sus triunfos a costa de ajenas dichas: Sale el decreto, que mueran dos inocentes: (quién fía de tal Tribunal, si pesa sus recursos la malicia?) En fin, vencidos los riesgos, osado te determinas a la mayor sinrazón, que inventó la villanía: cual vívora, que enroscada, ya se acorta, ya se estira, ya se dobla, ya se esconde, y con el ansia que vibra, en cuanto encuentra se ceba, en cuanto halla se fatiga, y apresando con la cola y la tenaza vuida de la lengua, no hay viviente ni vejetable que libra, escupiendo rabias, furias, congojas, penas, fatigas expresa el rencor que tiene, en el ceño que vomita: con un puñal (fiero lance!) en sus inocentes vidas te cebaste, haciendo alarde de tu indignada alegría, como si fuera algún gozo la presencia de la Pira. Contarte esto por extenso, es renovar las heridas, que están con lo descuidado calmando de lo afligidas; pero porque no me alegues disculpa, aún a costa mía he de poner con mi voz el ansia de mi fatiga; pues después que en occeano de lamentos, en porfías lastimosas, y en mortal batalla, de suerte lidian los dos esposos bebiendo de su sangre, por si olvidan su dolor, haciendo de ella su antídoto y medicina, se ayudan el uno al otro, las fuerzas desfallecidas, queriendo cada una ser libertad de la otra vida; y no pudiendo la fuerza lo que la voluntad dicta, en signos demostrativos de acciones, aunque indecisas, sienten, no el sentir, sino sentir que el otro no viva. Oh expresiones lastimosas, que en cabilosa fatiga, cuando el silencio es mayor, tanto más vivas se explican! Pero quién creerá que tú, en pasión tan rara, habías de mostrarte Sirte al daño, y no rémora a la dicha? Pues en vez de ahuyentar ese túpido error que tenía, con las nieblas del engaño cegada la fantasía, doblando la nube, fuiste en tu arrojada malicia, pretendiente de la niebla, con tener la niebla misma; sin que te moviese el pecho ver las arenas teñidas, figurarse ya corales, las que antes nieve se vian; pues más airado, la corta porción que les dio de vida (mas piadosos que tú, el susto y la lástima) les quitas, discurriendo que a tu aliento su corto aliento ofendía. Ahora bien, antes que pase del motivo a la justicia, quiero ver si hay al error disculpa que le permita: Qué causa pudo Filocles dar? no era afable? no unía con el peso de lo recto, de lo piadoso la oliva? Si, me responderás. Pues ya que se halla convencida con callar tu loca necia resolución atrevida, y que el riesgo te labraste, sufre, padece y suspira. No te desvanezca verte en alta soberanía, patrocinado de quien, sin atender a la digna serie Real, profana leyes y cultos que no debía: pues si un Rey a otro Rey pone con otro, otró Rey le quita, para que vean los siglos, cuando en láminas se escriban atrocidades, que hay quien con valor las castiga. Filocles mi amigo fue, a Alejandro mi fe estima; él viene para vengar con tu muerte aquellas vidas, que a sus hermanos quitaste; por tenerla ya perdida Polidoro, a quien succede en la Egipcia Monarquía, como su segundo hermano.) Mi amistad le patrocina, la razón, no, no le falta; a ti el error no te libra: con que mira, siendo tú yo entre la incentiva cólera de los desprecios de uno, y entre la fina amistad de otro, en balanzas de cariño y odio unidas, para quedar sin enojos, y con victoria, qué harías? Pero estas son digresiones: prevente para la ruina, pues contra ti un Alejandro y un Gijes hoy se conspiran, teniendo entendido bien, tú y el que te patrocina, que si Lidia a Egipto ampara, con razones lidia Lidia. Con el desprecio esas voces mi cólera las estima. Contra el valor no equivalen gallardas sofisterias. Y así, al arma. Aqueso intento. Ea, Egipcios, la ignominia contras vuestro Rey vengad, puesto que os ampara Lidia. Ahora veréis si Maguesia atrevimientos castiga. Cielos, donde acudiré, que no encuentre con mi ruina? . A Alejandro he de seguir, por si acaso mis caricias le vencen. Ah Caballero. Qué se le ofrece? me diga. Que vaya usté a pelear, y a ganar honra. . Esa misma proposición para él la tome, señor gallina. Si no mirará:: . Qué hiciera? i. Me le comiera en torcilla. Quedo, que estoy yo por medio. Ya lo veo: Ay hija mía! que me haces chis chas el alma, pues tus ojos:: Bella grima le parece, que así a mí el enfado se me quita, dándome celos? Por Baco::- Tenga, que aquesta chiquilla yo la quiero con conciencia. Estímole la noticia: y sabe usted si yo quiero, que la quiera? . Qué porfías! pues no ha de querer usted el que a su mujer la sirvan? No señor, que ella bien sabe servirse sola a sí misma. Para qué son las disputas? Para qué las baterias si no me gusta? si fue aquel Vejete estantigua, que en las otras partes hubo, vaya; porque ser podría, que no le échase en la calle; pero a él? qué porquería! Hija, sabrás, que no siempre- ser puede una cosa misma: déjate ya de vejetes, y solo a mozos te arrima, como yo: di, aqueste garbo no es pulido? Por mi vida, no merecen estas piernas cualquier favor? Tavanina. Como mi viejo, necuacuam, digan todos lo que digan. Mira que yo soy un mozo, que parezco de la esquina. Que si yo le echo la carga, que perecen sus costillas. Hijo, sosiégate tú. Ay, qué caroca tan linda! parece caldo de Zorra, que más quema cuando enfría. Este Gitano me agrada, y este bobo me fastidia. Soldado, ya nos veremos después. . Qué la decías? Que hace bochorno, y que es tiempo de beber mucha agua fría. Albricias, que ya la plaza de esta moza está rendida; yo he de darle gran matraca a este Tambor. . La chispilla sino salta, por lo menos parece que algo se aviva. Arma, guerra. Ea, seguidlos, sus cabezas se dividan, pasad a cuchillo todos. Bravo día de morcillas, que la sangre es abundante, pues corre que es maravilla. Dónde, Cielos, del ahogo que da el hado, mi desdicha se acogerá? pues sin honra para qué quiero la vida? Este parece que lleva una caterva de abispas. Dónde, malévola estrella, huiré de tu osadía, cuando tu envidia me estorba pueda defender mi envidia? Seguidme, Soldados, mientras Gijes recorriendo gira el bosque, a lograr el triunfo a que se entregan mis iras. . Arma, arma, guerra, guerra. Cual anda la chamusquina: vámonos, que estoy temblando no nos tiren peladillas. Yo también escapo, que el corazón me palpita. . Para mis ojos la moza tiene cara de natillas, y siyo a embestir me pongo, ya tendremos chamusquina. . Al Palacio: Al bosque, al valle. Matadlos, no quede vida, que el ceño que vibro deje de fabricarle su pira. Guerra, guerra arma, arma. Viva Egipto. . Viva Lidia. Qué oigo, Celeste esfera, cristalino encuadernado buque refulgente? Guerra pública el orbe? Quién previno tal horror, tal crueldad y ansia inclemente? Oh tú, que organizada piedra fría, que abultas con el ser la fantasía: hielo animado, yerto vivo espanto, hechizo, que hechizastes el encanto; y en fin, al que la Magia tanto aclama, Zoroastres, atiende a quien te llama. Ya en mi Pegaso, nieve con aliento, vengo a ver qué me ordenas. El intento es solo, que me diga tu voz, por qué en marcial rigor litiga tanto el ardor de Marte, que en la tierra solo el estruendo se oye de la guerra? La causa es Manasés, ese tirano de Magnesia cruel áspid humano; y quien motiva excesos tan briosos son Gijes y Alejandro valerosos; a vengar vienen hoy aquellas vidas, que en Filocles y Aminta ya perdidas, por el bárbaro adusto, él su Reino logró, y ellos su susto: por su honor turban hoy estos confines con alternadas cajas y clarines. Puesto que mi Deidad aqueso sabe, al arma: no es de Gijes el arresto y de Alejandro el triunfo? pues acabe de coronarle Venus: y así, presto tú, ligera carroza boreal, baja, y a amparar a los dos hoy te desgaja; porque vea Magnesia, el mundo vea, que Venus amparar su unión desea. Toca a recoger. Qué veo? con la noche la lid ya se suspende, y según creo, Giges hacia aquí camina, una belleza siguiendo: de este tronco en tosco espacio pabellón nos dé el desvelo. Cómo (cuando los dos Campos suspenden el Marcial duelo) solo tú, osado te buscas, sin mirar el riesgo, el riesgo? Si le miro o no le miro, presto lo dirá el acero. Bien riñe. . Qué diestro es Gijes! Amor, o cuánto me temo que pueda más la pasión, que este exterior fingimiento! Si tales Soldados tiene Mánasés, su triunfo es cierto. No gastéis muchas palabras, que el que habla más, obra menos, dice el adagio. . Tened, que estoy herido pienso. Tomad, y ataos esa banda, cesando por ahora el duelo, . con que una palabra aquí me deis. . Decid, conociendo, que todo os lo he de otorgar, como no toque en efecto de paz. . Pues eso quería. Lo dicho, no vengo en eso. Bien sé yo, que si viviera aquel apacible objeto de vuestra esposa, por ella creo vinierais en ello. Ya murió: hay triste memoria! . no me acuerdes mi tormento. No basta el que os dé la vida, para auyentar lo severo? Darme la vida? volved a reñir, que no la quiero. Dejad a un lado el valor, que ya sé que sois muy diestro: y decidme, os duele mucho la heridas? . Sois Caballero de raro humor; no me diera más dolor otra en el pecho. Ya se va explicando, aunque . equivoca sentimientos. Y quién es la causa de ese fiero mal? a espacio, afecto. Es amor, cuando firme consagra el fuego, deseoso de la llama Sin el incendio. Ya casual respuesta ha dado aquese sonoro eco. Con que estáis enamorado? Así lo dijo el acento. Lo que me huelgo el que sufra, . quémese, pues que me quemo. Os duele mucho la herida? Ay tirano dulce dueño! quién no te hubiera mirado, para ver en ti su riesgo! Decidme, por si aliviaros de aquesa congoja puedo, el objeto a quien dirige esas ansias vuestro aliento: como si no lo supiera; pero, recelo, apuremos. Caballero, es tan difícil el decirlo, que no puedo, aunque el pecho bien lo sabe, expresarlo, porque temo Que las voces ser puedan, para el obsequio, agravios, que desairen merecimientos. Según lo que miro, es infructuoso aqueste empeño; pero una industría ha de ser quién cierre mi pensamiento. Mirad, ya que vos estáis conmigo tan cauto, haciendo del silencio atención noble, por no violar al silencio; yo no, que quiero deciros un amor a quien venero, un ídolo a quien consagro, y una deidad a quien quiero: Tomirís::- Qué es lo que he oído? Quién decís? Esto va bueno: Tomirís, de Manasés haja, es a quien venero. Y decidme os corresponde? o casualidad de los celos! Parece que lo ha sentido, . según su desasosiego. Os duele mucho la herida? porque estáis un poco inquieto. No he de estar, si el corazón etnas late, sufre incendios? Qué más ha de declarse su amor y fineza? pero yo he de apurar más. Pues ya, retirados los reflejos, substituyen su luciente carrera túpidos densos horrores, y fenecido con la oscuridad el duelo, quiero registrar el bosque, por si alguna espía advierto, qué con doble trato asalte las quietudes del sosiego, puesto que las Centinelas quedan puestas:: mas qué veo? dos bultos allí se muestran; retirado aquí pretendo inquirir, quien son. Tomirís, cuántos motivas desvelos! Qué os habéis quedado mudo? confiad, que está el remedio en que digáis si a Tomirís queréis; porque soy tan cuerdo, que dejaré yo de amarla solo por serviros. . Celos, . qué escucháis? bebamos todo el tosigo y el veneno. Qué decís? dejad que bese las huellas, que dais al suelo: qué dicha! y decidme, esa beldad a mis debaneos dará algún alivio fino, en muestras de que hace aprecio? Lo que yo sé, que si vos la expresáis vuestros lamentos, creo que no los desaire. Ya se apura el sufrimiento. Y así, Gijes: Qué he escuchado? Pues yo en mi amor retrocedo, adoradla. Eso será. . si yo aquí se lo consiento, pues antes verá a mis manos su muerte. Nada el despecho te vale, cuando te quito la causa para el efecto. . Qué asombro, Cielo divino! si será verdad o sueño? Centinelas, aquí está Gijes. . No está, pues del riesgo me librará hoy el Anillo. . Retirarme luego pienso, no me conozcan: o cuántas dudas que consultar llevo! . A tu voz todos venimos. Qué es esto, Dioses, qué es esto? o la tierra le ha tragado, o el aire me le ha resuelto. Examinad tronco a tronco el monte. . Cuánto me huelgo ver frustrada su soberbia! 1. De aqueste tronco en el hueco puede ser se oculte. Dónde, con osado atrevimiento, guíáis las plantas? . Qué asombro! Qué prodigio! Qué portento! No pienses, desvanecido Cleonte, que tu ardimiento logre destruir a Gijes, puesto que le ampara el Cielo; y teme el castigo suyo, cuando los poros abiertos, los aires conciben rayos, las nubes abortan truenos, Qué horror! huyamos. Seguidme. Matadme una vez, incendios. . Amor, pues de la noticia de tu afición satisfecho voy, haz que tus cariños consiga yo poseerlos. A este jardín, disfrazadas en el traje que otras veces (pues del confuso tropel cesó la lid) hoy se vienen mis ansias, por si a Rosaura, que me alienta: pero gente escucho, ocúltenme estas celosías de laureles hasta que pasen. A dónde, afecto, violentamente me llevas, si es mi fortuna de tan rigurosa especie? Oh Alejandro! en esta alfombra de matizados claveles, cuantas veces lisonjeaste mi alegría, cuántas veces! Ya, Rosaura, solo el llanto el alivio darte puede; y así::- No con esas perlas turbar tu belleza intentes, pues será quedar a oscuras quien solo vive de verte: ya Alejandro está delante, y así tus lágrimas cesen. Pues constante a tu vista aquí me tienes, Siendo tu sol espejo de mis placeres. Ay dulce encanto! ay prenda hermosa! de mí qué quieres, cuando tienes un alma, que te obedece? Qué dicha! como tal gozo no me mata, cuando a verte llego, que adoras tan firme? Fortuna, qué, qué más quieres? Que tus favores sean eternamente epilogos, que cifren lo que agradecen. Ay dulce encanto! ay prenda hermosa! como no hieren suavidades, que halagan lo más rebelde? No cesen los hálagos, Amor, no cesen, cuando influyen cariños contra esquiveces. Ay dulce encanto! ay prenda hermosa! mi voz atiende, no des cultos, quitando lo que me debes. De esta voz, qué has inferido? Yo conjeturo::- Qué temes? Que esa fantasma, que el aire métrica el hálago ofrece, es la deidad a quien quiero. Pues cómo traidor aleve, después de venir con Tropas a matarme y ofenderme, y de mi parte turbar la dicha adquirida, quieres venir a que en mis jardines sea yo misma quien obsequie (permitiéndote la entrada que adores a otra, vete, antes que en enojos::- . No, bellísima deidad, pienses que te ofendo, puesto que es a quien idolatro::- . Ah, aleve! A Venus; pues cuando sé, que a los dos nos favorece, y de la voz se conoce, no digo mal, pues quien quiere, sin ofender a su Dama, a Venus amará. . Tente, que aquesa satisfacción la creeré, si ella en cadente respuesta me la propone. No quieres más? pues atiende. Oh Venus soberana, si acaso eres quien influyes afectos, huye esquiveces. Ay deidad bella! ay Diosa hermosa! mis voces premien dulzuras, que hagan cierto lo que se teme. . Ya piadosa a tus ruegos, porque moderes los sustos, te responde sin responderte. Ay bella Ninfa! Heroma hermosa, no desalientes, y mi influjo te sirva si es que tú quieres. Ya, deidad, a tus preceptos::- Ya, Diosa, a tus pareceres::- Sujeta Rosaura está Y Alejandro, si merece::- Que su dicha: . Su fortuna::- De ti protegida quede. Si quedará, sabiendo, que en cultos fieles, mas lo rendido estimo, que lo rebelde. Ay galán Joven! Heroina hermosa, puedan corteses labrar vuestros cariños sus intereses. Esperanza, qué anhelas, cuando mereces? Hacer lo desconfiable seguro siempre, Ay dulce encanto! Ay Diosa hermosa! Confiere alegre rendimiento, que aroma votivo ofrece. Qué quieres, triste memoria, de un desdichado? qué quieres de un abatido? No basta para tu triunfo el hacerme blanco de tu fiera osada mudanza, sin que en especies de mi cariño y tu gloria tus pensamientos renueves? No basta, que tan a un tiempo la fortuna y el mal mezcles, que dude si la fortuna es mal, o si el bien es muerte? No basta, que una Corona, que se sienta hoy en mis sienes, hagas que, aún antes de estarlo poco firme, la escarmiente? Pues qué más quieres de mí? matarme? no, que es hacerme lisonja, y es un favor que mi hado no le merece. Pasos parece que oigo. Dueño mío, no te arriesgues; retírate. . Si haré; pero qué me dices? . Que por verte, mas que no por la venganza de mi hermano vine. . Vete, mi dueño, siendo eso así. Me voy, aunque en ti me quede. Detrás de aquel cenador me ocultaré. Adiós. . No pueden desahogarse mis desdichas, pues un pasmo las detiene. Mi padre es, según sus voces lamentables ayes vierten. Desahoguemos, corazón, el pecho: en aquesta verde República de las flores descanse un rato, si pueden conformarse en la quietud mis ansias; mas de repente el sueño guerra civil a los sentidos previene. Oh tú, que retrato vivo eres de la parca, muestre tu cadavérico influjo a los que airado te temen, que una vez fuiste triaca, si veneno tantas veces. . Al descanso se ha rendido, llorando su infeliz suerte: me iré, por no hacer sospecha: Amor, tu influjo me aliente. . Tapete vil de mis plantas han de ser los dos: no piensen Gijes y Alejandro, que . aunque asalten, que violenten:: mueran los dos. Vivan, vivan, equivocando las suertes: no tus traiciones discurran ajarlos, pues se convierten las amenazas en gozos, y los sustos en placeres. Qué pena? escucha. No puedo: por mí esas voces lamenten::- En dísticos dulces furores cadentes, guerra, guerra publiquen rotos los ejes: contra injurias, zozobras y penas, temores, desdichas, rigores y muertes, . A un alevoso. duplicando el ahogo y victoria, para uno que irrita, y otro que defiende. Qué miro? desdicha grave! Es cierto aquesto? Sí, atiende. Venus, Deidad, mirando tu osadía, tu atrevido deseo y tiranía, deja la patria del luciente espacio del Celeste zafir de su Palacio, y en búcaro de nieve congelado, veneno encierra de áspides dorado, pues de hazaña tan fiera he insolente, ha de ser la venganza::- Venus, tente, que no merecé un bárbaro inhumano satisfacciones tales, pues rendido tiene el premio que más ha merecido: y puesto que esta fuerte arquitectura se la dispones fiera sepultura, de sus exéquias sunebres gemidos, lisonjeen delitos cometidos; el Fuego aborte ráfagas crueles; la Tierra espinas, flechas de tu enojo; . Antes consumirá el viento, de amentos el Aires el Agua infieles ondas que le sumerjan por despojo, haciendo a su traición fiero desaire todos cuatro, Agua, Fuego, Tierra y Perezca el Orbe todo, (Aire. y el Baratro espantoso, que encierra luminoso mi pecho y mi pesar, iras desate y furias contra un infiel traidor. Vea mi diestra airada; tema, tema mi espada, lamente su fortuna, y sienta mi rigor. Dices bien, muera, sea su memoria escarmiento que cifre mi victoria. : - . Y lleve en ronco fúnebre quejido la tristeza el compás de lo afligido. Sienta, sienta la miseria. . Llore, llore el improperio. Y del duro cautiverio::- Del rigor la suerte sería::- Le maltrate::- Le condene::- A un ingrato. Y turbando su reposo con báibenes, muera ya. Qué es esto que advierto, Cielos como contra mí se atreven un rapaz y una Deidad tirana? pero no, mienten sus ecos, que es sueño todo cuanto mis ojos advierten. Pero de la vista pase . al tacto: mal haya aleve la fortuna, pues me pone con la experiencia que ofrece la realidad, que me asusta con lo cierto::- más detente, ánimo, no te desmayes: no tienes contra esta fuerte opresión brazos que puedan librarte? qué te detienes? Pero en vano forcejeo: llamaré, llamaré gente, porque noten de traiciones los encantos más aleves. lo que el mismo viento ofrece. . Soldados, Cleonte, amigos, traición. Quién, señor, pretende turbar así tu sosiego Qué te asusta::- Qué te mueve::- A llamarnos? No notáis::- Pero qué advierto? mi muerte mse ha desvanecido. . Habla. ̱. Huiré, pues si contar quiere mi desdicha su tragedia, a su honor ha de ofenderle; y así, la tierra en sus grutas dé a mis pesares albergue. Tened, decidnos la pena. No es fácil, solo os la puede decir ese envenenado acento, que a decir vuelve::- En dísticos dulces, tu taa talts tas talt JORNADA SEGUNDA E ,

JORNADA SEGUNDA

Entre enlaces de cariños, y entre crueldades de Marte, anda Cupido travieso, hiriendo las voluntades. Qué bien dice qué bien dice! Anues embrazando arrogante sel arco de las caricias, rme tiró flechas amantes: pabierto el pecho lo diga, rasgada el alma lo hable, pues en compatibles casos de rigores y combates, con el influjo me incita, y con el gusto persuade. Ya las Cajas y Trompetas, terror del viento, no pasen a articularse horrorosas, sino a proferirse amantes. Y tú, embeleso del alma, . alma de mi amor, no abrases mi pecho; de qué te sirve dar volcanes a volcanes? Admite exhalados votos de un magnánimo constante pecho, que cuando más muere de tu vista, más renace. Muy embelesado está Alejandro. . Gran salvaje, no quieres tú que lo esté, cuando llega a saborearse con aquel néctar cuajado de carmín y de cristales? Muy culto hablas. Pues acaso, que soy discreto no sabes? Tres años cursé zapatos, y treinta le serví a un Sastre. No en balde le quiere aquesta mocita. . No es muy en balde, pues me come una costilla. Yo la diera: pero tate, deseo, no te arreboles, y des en precipitarme. Sabes lo que he reparado? Qué has reparado, vinagre de la ensalada de Amor? Que os reconcoméis muy fácil. No me he de reconcomer, si me haces un chificchafe? Hombre, en mi mujer qué viste, para que así me la trates? Seo Tambor, a mí me gusta. Seo Almocafre no me gaste tanta goma, que esa es sola buena para tafetanes. Qué contiendas, decid, son esas? (ay Amor suave! Esto es, señor, que esta moza::- Esto es, señor, que este sacre::- A mí me quiere. . Es mentira, que él la quiere a si apropiarse, que estotra no va sino detrás de quien la llamare. Ah pícaro vergantón, tú a mí con esas maldades, cuando sabes, que::- Parad tan vanas simplicidades, y sabed quien ha causado esa llamada en el aire, que abe de bronce canora eco armonioso nos hace. De paz el Magnesio envia un Embajador, que hablarte intenta. . Querrá sin duda conmigo tratar de paces; más decid que llegue. . Ya, señor, le tienes delante. Noble Egipcio, valeroso Alejandro, fuerte Atlante, Mánasés salud te envía conmigo, sin estrañarte, que sea yo quien te traiga a tu Campo este mensaje: Embajador por él vengo. Di, ya puedes declararte. Pues atiende. Hoy, advirtiendo Manasés, de que el coraje de la lid es impiedad, que entrambos Reinos deshace, conmigo, en fe de seguro, te envía a tratar de paces. A Rosaura, su hija bella, te ofrece: mira en tal lance, si cuando media lo hermoso, ha de insistir lo arrogante. Deja el despecho, no sea ya quien dé cultos a Marte tu pecho, sino del ocio en los suaves Altares Amor respire: también yo conseguí las piedades de su aljaba, pues Tomirís ya es mi esposa. Ea, triunfante Alejandro, mira, mira si en condiciones leales puede despreciarse afecto, que con si tal logro trae, logre su dicha tal dicha::- Suspende, amigo, ea basten (que no quiero de otro nombre valerme, en aquesta parte) las voces, y da a mi afecto tus brazos, porque afiance mi cariño a tu embajada cuanto he estimado escucharte. Qué Rosaura será mía? Como el niño se relame. Así Mánasés lo afirma. Pues publíquense las paces, puesto que el iris divino calmó ya las tempestades. Qué a Rosaura he conseguido? Con que en las seguridades prometes, que ya las cajas se truequen en liras suaves? Sí. . Qué dicha! Qué alborozo! Oh Amor, las grandezas que hace los Dioses guarden tu vida. . Júpiter la tuya guarde. Buscaré a Gijes, porque admire de amor enlaces: loco de contento, ignoro si es sueño este bien amable. Qué ancho que va el buen señor Pues di, pícaro vergante, por qué no ha de ir? eso es buend para brivones infames, como tú, que aunque los pinchen, nada les hace que salten. Yo por mocosas había en mi vida de matarme? Yo me quitara las barbas por servirlas, seor salvaje; y así, señorita, acania, no hay que hablar nadita, tace, ego sum, cortesanote, habeo regalos grandes, reconcomiorum perpetuvn, y post, requiescant in pace. En Latín hablas? pues adsum: Eso no consiento, vade. Demonio ensarta latines, háblame pues en romance. Si eso me pides, atiende. Si aqueso pretendes, tace. Saturno descomulgado, hosario vivo sin carnes, pernil cebado en las Islas, que consinan con los Alpes: Oyes, chulito, no hay que mirarme, oy chiquita, soy bonita, pulidita, Nredondita: pero nane, en llegando a hacer juicio mi juicio, nunca dio al traste. Pastel a medio cocer, Gualda con peluca y guantes, Nasón con nariz y barbas, y ceniciento cadáver. Oyes, bobazo, no hay que mirarme, Soy górdito, soy un pito, delgádito: pero nane, en llegando a echar fallo mi fallo, nunca dio al traste. Quién le dice al picaron, cara de aceite y vinagre, que hay otro que en lo delgado, Sin ser discreto, me iguale? Oyes, sardina, no hay que mirarme, soy precito, demoñito, picarito: pero nane, en llegando a la honra mi honra, hasta con mi padre. Oiga el bobazo, no hay que mirarme, soy el grito del cocito. V Yo mosquito; pero nane, no has de ser asesino, picaño, de ajenos ensanches. . Socórranme, que me matan. No tal, que esto es sotanearte. Déjale. . No quiero, digo, vaya a hilar hilo de Flandes al Vestuario la puercota, que aquí falta no me hace. Ya nos vamos, más cuidado, seor Tambor, que he de templarle con las cuerdas de esa niña los pellejos de sus carnes. . En tanto vete a curar pocinos y cardenales. Tomirís esto ha de ser; no ilasa, vana ni ciega atropelles el decoro, y faltes a la obediencia: Cleonte ha de ser tu esposo. Señor, mira y considera que yo, si (rigor terrible!) mi pasión (rara tormenta!) contra su gusto::- . Suspende, tirana, la aleve lengua, no prorrumpa deshonores, que argüirla puedan de necia tu resolución; no miras que a más de ser conveniencia de mi estado (por deberle el Regio Cetro y Diadema) es mi gusto, que equivale mas que todas las grandezas? y mira a Rosaura como, a mis órdenes sujeta, el iris es de las paces, cuando a Alejandro se entrega: considera::- . Señor, nunca el afecto se violenta, porque es querer que se arriesgue con la estrechez la fineza: mi hermana es discreta, y creo procederá cual discreta. Ya ves la resolución de tu hermana. . Sé que es buena; mas no creo que ella amara si Alejandro no quisiera. Basta que quiera mi padre. Ya veo, que estás sujeta y subordinada: cierto, que me admira tu obediencia. Señor vuestra Majestad (yo me despeño) no crea, que violencia ni cariño, cariño, y violencia venzan. Calla, calla, no prosigas, no hables ya más, cesa, cesa; pues como al que el ser te ha dado, loca, ingrata, infiel y necia, tan arrojada te opones? Primero de esa vidriera celestial los cristalinos emplomados se cayeran, y roto el eje del Cielo, en batalla contrapuesta, Tierra al Cielo, bájara el Cielo a la Tierra, que yo fáltase (qué ira! a mi padre (qué soberbia!) pues con los dientes, Leona de mi misma fortaleza, formara en ruina un estrago, que a mí por mi demoliera. No digas más, hija amada, y tú vete, aleve fiera, que a una vívora de acero o a un veneno, la respuesta has de dar. . Cómo podrán, . ni del puñal la fiereza, ni del veneno la industría vencerme, cuando en mi impera en los adentros del alma Gijes? ójalá que hubiera declarádome con él: Amor, dame tu paciencia. Qué Clarín es este? . Yo de su salva lisonjera te noticiaré los brazos albricias del triunfo sean. Cónvino Alejandro en paces? No solo convino en ellas, pero su amistad propone: y más al oír la nueva, que feliz le hace, cuando es su esposa Rosaura bella. Desdén, no me sobresaltes la dicha, que el pecho espera; Tomirís sañuda está: Oh hado infiel, cómo te vengas! Válido de mi sortija, y amparado de mi ciencia, sin que me viesen las Cuardías, hasta aquí entré; pero alerta, que Manasés y Cleonte en plática están: o quiera mi suerte, que la eficacía de mi oído la comprenda! paces Pues en fe de que las nuestras quietudes alientan, con las bodas de Rosaura, la tuya y Tomitís sea; porque logren verse unidos Egipto, Tiro y Magnesía. Qué volcán es el que escucho? qué mongibelo, qué erna ha fabricado el descuido, y ha fomentado la ausencia? Tomirís dan a Cleonte? pasión, tu pasión refrena. Es mi fortuna tan rara, cuando a Tomirís me entregas, que hay voces para sentirla, y no para encarecerla. Pues en público alborozo la paz festejada sea. Paz dice? qué escucho, Cielos! de quién será esta paz nueva? Y tú, Tomitís, a quien debo el Cetro y la Diadema, corresponde cariñosa, pues será una acción muy ciega, que por premio de un favor se satisfaga una ofensa. Ya has visto lo que mi padre cariñoso te aconseja; y pues te dan la blandura, no apetezcas, no, la fuerza. . Qué esto mi cólera sufra! . qué esto mi saña consienta! Yo abatida? yo obligada? Quién hubiera, quién hubiera en aquel lance pasado de Giges correspondencia tenido, aclarando dudas que el recato dio, y ya fuera con esto algo más dichosa, pues en ansia tan tremenda, si muriera de infelice, con algún gusto muriera. No procuréis con pesares anochecer la belleza, pues será querer que un alma, que a esas luces se alienta, por no feriarle los rayos, hoy su alegría fallezca. Ah delinquido mi afecto porque amante y fiel venera? No, que antes mi estimación reconoce aquesa deuda; pero no puedo pagarla. Qué escucho? (dulce fineza!) si es verdad, qué grande dicha! Pues cómo, cuando confiesa vuestra hermosura, que estima, a lo que estima no premia? Como hay destino que impide. Poder hay contra la estrella. No le hay, si la voluntad en su acción se une con ella. También, si amor solicita, hace blanda su existencia. Contra la voluntad nadie a argüir necia se atreva, pues sus razones serán muy sofísticas y necias. Hasta aquí bien se disculpa, quiera Amor, que por bien sea. En fin, que vos defendéis la voluntad por primera? Sí, no solo la defiendo, pero airada, cruel y ciega os digo, que puede más que vuestro amor mi soberbia. Bien le ha respondido: afecto, ojalá que su entereza dimánase del cariño hacia mí; pero, o terneza de amor! que aún en sombras haces de tu adulación creencia. Que, en fin, aunque vuestro padre me otorga vuestra belleza, no asentís a ello? . No asiento, que mi padre en mi entereza y albedrío (como he dicho no domina. . Y la obediencia? Contra mi gusto no la hay, y así otra vez no pretenda la voz de los argumentos en preguntas ni respuestas convencerme, pues cada una más bronce me hacen y piedra. Pues si mis voces (ay hado infelice!) son tan fieras, que bronce y piedra os han hecho, materia tan dura, ellas mismas por si busquen hoy, por lisonjear tu belleza, modos finos, que consigan, agradando su materia, hacer del bronce blandura, y hacer halago la piedra. . No podrán nunca. . Cariño, qué más quieres, satisfecha tu imaginación? . Pues ya me libré de la tormenta, pueble el aire: Ay Gijes mío, los suspiros que me cuestas! Si saldré a pagar constante sus excelentes finezas? mas no; por qué, corazón? acaso no se endereza el cariño a ti? Amor, sí: pero quiero con más fuerza, que lo que atendió el oído, lo ratifique la lengua. Que en aquella casual lid, que formaron mis cautelas, con él no me declarase, pues solo la banda seña es de mi amor por la que algún resquicio me queda de remedio, si es que puede darse remedio a mi queja! Albricias, que ella sin duda fue la de la banda, penas. Mas a un delirio me rindo: no ha de ser (dura fiereza!) Venus divina, del Mar hija, flamante saeta del cariño, de Cupido madre, mis ansias se vean ante tu culto atendidas, por ser tan finas mis penas. No es menester que diga tu eficacía lo que pretendes, para que mi gracia al menor llamamiento, que me incite tu voz, ningún socorro la limite: y a premiar el cariño, que dio Cupido mi hijo, ciego niño, aunque en oscuras fieles voluntades le bajan a aclarar hoy mis piedades: y así, Gijes? . Divina . Accidalia, que hoy tu voz domina a mis preceptos, pues al demandarlos es pera prontamente ejecutarlos, dejando lo invisible, . pues no es justo me muestre irresistible. Qué miro? gran prodigio! no adivino (si no es pasmo) por donde Gijes vino. En equivocas voces, mis favores influjos te darán de los mayores, haciendo en ti y en Gijes con mi acento, persuasiva, que incite a movimiento zozobrante: el fatal cruel disgueto parias tributará rendido al gueto, haciendo de su misma infiel dolencia para el ánimo fina complacencia; favor será ya todo y alborozo, como esto haga constante vuestro gozo. Cuál golpes del buril labran materia dura, adulen la hermosura cinceles de marfil, que Amor ofrece. Con la continuación, y con la sumisión, que son golpes de amar, como no ha de lograr quién lo merece? Y así, pues que satisfechos os dejo en ansias inquietas, con las zozobras servidme, cuando la tormenta alienta. Con las zozobras servidme, cuando la tormenta alienta? Pues si ha de ser, al bagio. Al escollo, si esto es fuerza. Giges? . Tomiris? Qué quieres? Qué es, señora, lo que ordenas? Llamarte para decirte, llamarte para que sepas::- Qué, señora? . Que no es bien, que hagas favor de una prenda mía, en esa banda, que el celeste azul demuestra bríosa. . A haberlo sabido (oh dulce imán!) que era vuestra, antes de insinuar el ceño el favor me agradecierais: y así tomadla, porque mejor en Cleonte pueda emplearse que en mí; y más cuando hay distancia tan inmensa, que él adora con fortuna, yo pretendo sin ella. y Cómo es eso de Cleonte? pues acaso es su fineza para conmigo tan grata, que me buscará mi ofensa con un favor? Vivo yo::- Tened; y pues que la puerta del ceño abrió un desengaño, permitid que no le pierda. Desengaño? . Sí: pues vista vuestra noble resistencia del cariño, a quien se debe no menos que una diadema, yo que solo di un disgusto, cual confianza me espera? Parad (oh fuerza suave del amor, cómo violentas!) . porque veas que esa causa ni me impele ni me altera; . tomad la banda, advirtiendo, que aunque favor os parezca, no es fineza la que es solo satisfacción. . Como sea, no me quitaréis que yo la gradue de fineza. Quedad con Dios. . Él os guarde. Mas volved, dadme esa prenda, que no es bien visto, que quede fuera de mí. . Tu belleza perdonará, si en el lance presente a desatenta pasa mi pasión, que tiene, cuando a negarla se entrega, motivo. . No puede haberle, que no sea con ofensa; y pues he visto: . Detente, luz hermosa que me alienta, y ya que viste el arrojo, escúchame la terneza: Yo te adoro: ya lo dije, con que no te haga estrañeza, que un cariño que pretende, haga de un favor la prueba. Y quién aquese asegura? Mi pecho. . Tiene firmeza? Es roca constante. Creo, que alguna memoria pueda vencer su dureza. . Dudo, si no es tuya, que la venza. Qué serás leal? . Es cierto. Y quién lo afirma La excelsa grandeza de Jove, a quien juro ser tuyo eterna mente. . Pues con tal fortuna sigue en mi obsequio, aunque sea al presente la ojeriza de la paz tratada, guerra mayor para mí. . No hay sustos, si tal iris me consuela. Oyes, di, con que me quieres? Pregúntalo a tu belleza: y tú a mí no me aborreces? Ya ves que no; y así emplea el tiempo si al logro quieres pasar desde la fineza: contra mi gusto a Cleonte razón de estado me entrega; y pues te precias de amante, a desvanecer tu ofensa. Por mi pundonor y el tuyo, verás constante defensa. Pues a inventar:- . A fraguar::- Modo con que no te pierda::- Acción que te perpetue::- En mi amor. . Corres pondencia. Pues no habrá mayor victoria para el volcán que me alienta::- Que un Céfiro nos adule. Y que un Aura nos defienda. Adiós, adorado Gijes. . Adiós, Tomirís mi prenda. Qué fortuna! pero busque a Alejandro, porque pueda mi real amistad quedar de un agravio satisfecha. Ya estoy en el campo, y él, si no me engaño, se acerca. Ya la tardanza de verte, Gijes amigo, era puerta, que de lo desesperado me entraba por la impaciencia: de una fortuna te tengo que noticiar en tu ausencia, como ya te lo habrán dicho aquesas albas banderas, que en el Campo y en mi pecho se trémolan lisonjeras; son signos demostrativos::- De mi deshonor y afrenta. Ya sé que has venido en paces contra mí, sin darme cuenta de tu intención, y más cuando, por la confirmación de ellas, cuando tú a Rosaura ganas, haces que a Tomiris pierda, y no es amigo:- . Detente; y si acaso, Gijes, piensas que tuve culpa, el descargo hoy te proponga la enmienda. Tanta culpa tuvo él, como tiene cuando pega el Verdugo a un azotado sus ducientos con la penca. Y puesto que fue Rosaura la causa de la paz, sea Tomirís quien vuelta en odio, los publique otra vez guerra: Lidoro? Gran señor? . Luego al punto la bronca seña del clarin toque a embestir, para que Magnesia vea si puede más la amistad, que palabra y conveniencia. Rosaura, yo he de lograrte, . aunque con arrojo sea. Toca, Clarín. Pues el eco de la bastarda trompeta a lid incita, a las armas, aunque se ignore qué sea. . Ya han respondido. . Y tomando todos las armas a cuestas, vienen a aguizgarnos. . Qué es lo que pretendes? . Que veas si te estimo. Qué motivo os mueve a acción tan resuelta, ya confirmadas las paces? Él no tenerme a mi cuenta ni a mi Reino, el que él y tú hoy permanezcáis en ellas. Cuando da palabra un noble, la ha de conservar eterna. También faltando a un amigo es ninguna la propuesta. En la palabra existente, la fe del prometedor está envuelta, y en su honor observarla puramente: luego en el lance presente podré decir con razón, que a crédito, obligación, palabra y fe habéis faltado, habiendo solo ganado la perdida de opinión. Mas que el parentesco, aliga la amistad por el honor; del parentesco en rigor el pariente no castiga? Luego un nudo, que me obliga mucho más a la observancia con distinta circunstancia, por qué no ha de preferir el vinculado lucir a una verbal concordancia? De aquesa sale precisa la absoluta preferencia: No es mutua correspondencia la palabra? no es precisa en ella amistad concisa? si: pues palabra, amistad todo es uno, aunque es verdad, que es mayor si media el Rey: con que no hay razón ni ley a anteponer la igualdad. No hay igualdad, y si no decid, cual mayor será, la palabra que se da en amistad a uno, o la que sin ella se dio? paread bien con docta ciencia de entrambos la diferencia, y veréis no se antepone esta a aquella, antes pospone el yugo a la conveniencia. Aún con descrédito suyo ha de observar la palabra quien la dio, y si no, se labra poca amistad, y lo arguyo, y de nobleza le excluyo. No hay por qué, pues la nobleza mayor está en la limpieza del amigo defender, y por él se ha de exponer vida, honra, ser y grandeza. Eso es ya mucho argüir sofístico contra ley, y la palabra de un Rey no debe contravenir; a mí me la ha de cumplir Alejandro, pues la dio. Eso no disputo, no; solo lo que argüiré, es, que es primero la fe de amigo, y lo digo yo. No es la palabra una acción de ajuste y de firme fe? No es la amistad lazo, que de dos almas hace unión? Luego mi resolución::- Luego mi docto atender::- Podrá osado defender::- Con armas podrá decir::- La palabra ha de existir. La amistad prevalecer. Y::- . Parad, y sea la lid quien arguya y no las voces. , . Al arma, pues la razón en mi favor se conoce. Ahora verás si castigo a quien la palabra rompe. Magnesios, vengadme, puesto que a todos vino el azote. Lidios y Egipcios, a ellos, no os sobresalten temores. Detente, padre. . Detente, Gijes. . Arma, guerra. Dónde irá a parar la ojeriza que da la estrella disforme? Si pierdo a Alejandro, pierdo la vida. No más me ahogue, desdicha, tu arresto, pues ya me rindo a tus baldones. Prendedle, matadle, muera. Qué desdicha! . Raro golpe! Gijes, como en este trance . tu amistad no me conoce? No temas, pues yo del riesgo te libraré. Ahora logre con el Anillo invisible quedar. . Muera. Sufra el golpe de fortuna el que deroga la ley con sus sinrazones. Padre y señor, que no muera te pido, antes el azote del castigo venga en mí. Llevadle luego a una torre; y vosotras advertid, que en aquesta acción conforme, no le libra del castigo lo dilatado del golpe. No siento morir (ay triste!) sino que en las sinrazones, Siendo yo el blanco, es Rosaura objeto de los rigores. . 1. Venga él también. Cómo es eso? pues qué he hecho yo? 2. No alborote. Adiós, mosqueteros míos, que me van a dar un corte. Ojalá a Gijes sé hubiera aprisionado, que entonces fuera mayor mi victoria. No hayas miedo que lo logres, pues no le ves y está aquí. Sin duda que huyó. 1. En el bosque, señor, estos dos hallamos. 2. Y así, para que des orden qué se ha de hacer, los traemos. De Giges son los traidores Criados. . Y qué tenemos? Que los cuelguen de unos robles Señor::- Clemencia. Piedad. Llevadlos. Antes de un golpe los libraré yo, haciendo que vuelen aéreas regrones. Maman, queridos, ahí quedan para quez os ahorquéis cordones. Qué es esto? raro prodigio! Aquí anda Gijes. Aunque obre más encantos, que hizo Circe, y que Medea rigores, no presumas que a tu amigo la civil muerte le estorbe. Voy muerta, quiera el destino, que tu crueldad no se logre. Como mi Giges me viva, no hay cosa que me acongoje. . Premio Rosaura y Tomiris serán de nuestros amores. No temas amigo mío, que aunque me culpes y notes que falté a ampararte, ya verás si hay piedad que honre. . Oh tú, eslabonado hierro fiero, que con traición y con rigor severo, rindes mi suerte, postras mi fortuna, ten de mi compasión, cuando se auna la estrella rigurosa con el hado a atormentarme ya: mas es cuidado o esqueleto, que vibra en brazo fuerte? segur terrible veo allí a la muerte! Ya descarga; mas no, que es debaneo, que es sola la ilusión, a lo que veo: qué mi inquietud padece? todo es sombra: quién me llama? quién es? quién quién me nom- Pero no lo atribuya ya a mi malicia, (bra? pues con balanza veo la justicia de los Dioses: tened, sacras Deidades, el fiel, que no ofendí vuestras piedades; Fiscal es la palabra, que a Manasés le di: Oh luego abra el Haberno espantoso en gruta horrible, túmulo furioso::- Pero yo de mi aliento despojado, sin brío el corazón, yerto y postrado? No ha de ser, no ha de ser; ni la memoria me espante, cuando basto a la victoria. Del susto impío y fiero no temo, no, la muerte, no hay ceño ya severo: Mas, o! que a convencerte, Alejandro, saldrá tu sinrazón. Traición y alevosía combaten mi alegría, mi gozo y mi placer: Mas no, que es ironia, pues siempre vencerá fina pasión. De qué te quejas, señor, cuando ya nuestras gargantas están a pique de verse, por hermosas, estiradas? Qué bello estaré, sacando una lengua de cien varas! pero que se me da a mí? yo he de morir? santas Pascuas. Ay desdichada fortuna! ay mi querida Rosaura! no siento morir, sí que te ha de acabar mi desgracia. A No andemos en arrumacos; hay más, que de aquí en volandas nos sacarán rodeados de cuchillos y alabardas, y en llegando al sitio ya aplazado, con gran gracia nos harán dos mil pedazos? pues si no hay más, qué me mata? Qué se me da a mí, señores? yo he de morir? santas Pascuas. De Gijes siento el olvido, pues en su nobleza hidalga no sé como quepa. Noble Alejandro? . Quién me llama? Quién viene a intimarte estés dispuesto, pues ya la Guardía por ti viene, y a esa roca eminente y encumbrada te llevan, donde desde ella te despeñen tus desgracias. Despeñado? voto a Baco, que si lo sé esta mañana, me he hartado de melon y ubas, porque me diesen tercianas. Qué oigo, Cielos! No, no temas, pues en tu favor hidalga la excelsa Deilad de Venus tu socorro le afianza: no hay que excusarte al castigo; y aunque te parezca te haya olvidado Gijes nunca olvida quien tiene fama. Nada temas, ve a morir con resolución extraña, advirtiendo en esta acción, que aunque parezca encontrada, no lo es, cuando Zoroastres lo dice y Venus lo manda. Si lo dice el Zorrosastres, tendrá muy buenas ensanchas. Vamos a morir fortuna, aunque note tu desgracia, que va a curarse muriendo quien ningún remedio alcanza . Baco, luego nos veremos, tu deidad no me haga macas, dame buen trago, y después mas que muera y santas Pascuas; y vaya el cigarro. . Corre, Tambor. . Paletilla, ya ando: gracias a Jove divino, que del gato nos libramos, y cual aves de rapiña hasta aquí nos arrojaron. Sin duda, que fue de Gijes el enredo. . Es excusado presumir que de otro fuera, cuando en embustes es diablo. Si no volamos nos pillan. Nos pillan si no volamos. Qué será este sordo estruendo, que amedrenta estos espacios? Será entierro de una Dueña, prima hermana de un enano. ̱. Veamos su estruendo qué indica. Por cierto, por mi veamos. l , , , . Qué prodigio! . Cómo, Gijes, Muera quien a la palabra faltó aleve y temerario, porque escarmiente arrojo que persuade, viendo se le previene rigor tanto; p ansias lamente por ver sí quien delincuente también siente. Pues ya en el lugar a donde el castigo esrá aplazado estamos, y allí se mira la roca, desde lo alto de su cima muera, muera, sumerja el mar a un tirano. Cómo en ansias no me ahogo? Piedad. No hay piedad, en vano os cansáis. Pobre Almocafre! tus bravatas se acabaron. A Alejandro a librar vengo yo solo de mi fiado, aunque a mis espaldas dejo el Ejército formado por si acaso se ofreciere; pues quizá temiendo algo el Rey, qué la Tropa venga a este sitio habrá mandado; mas haya ardid contra ardid: y puesto que está Alejandro ya en la cima, y hoy mi Anillo, Sin que noten, me da paso, subiré, porque una hazaña, que intente mi pecho honrado con el arrojo que emprendo, me dé triunfo y me dé lauro. Baco, si me libras hoy te he de dedicar un jarro. Arrojadle. Antes haré, que de mi dedo pasando al suyo el Anillo, yo muera por él denodado. tú aquí? Dónde está Alejandro? No lo sé; solo sí, que por él vengo a morir. . Pasmo notable! . Magnesios nobles, aquí estoy, la muerte aguardo. Oh amigo leal y fino! de contento el juicio extraño. Qué Gijes quiera empeñarse! o alevosía del hado! Muera, pues él se previene para el furor. . Elamago suspended, y no la pena padezca quien no ha turbado sosiego alguno. . La voz se percibe de Alejandro. Ello, o magia o ficción sea, pues a la ruina tú osado te arrojas, echadle, muera. No morirá, que a su lado tiene el amparo del Cielo, y en contrapuesto quebranto prive el gozo, muera el susto, viva el brío, y calme el pasmo. Si habrá algún demonio, que se acuerde de este diablo. Quién contra mi poder puede ser vanamente arrojado? La experiencia del castigo explique el triunfo en sus rasgos. Qué asombro! qué maravilla! huyamos todos, huyamos. . Zozobraron mis angustías, cuando las vuestras calmaron. . Gracias al Cielo, que vino el gusto después del llanto. También a mí me agasajan; servitor, seor mamacarlos. . Pues ya se ha sujetado a la alegría tanta contrariedad, tanta porfía, en ecos firmes, cláusulas suaves de Ninfas dulces, de canoras aves, publiquen la fortuna lisonjera. (esfera Y en gracias del favor sube a la incienso de votivos rendimientos, en loor vencidos sentimientos. 3. Y así no vibres más rigor brioso, pues tienes contra ti volcán furioso. Por más que intente osado vencer tu devaneo, Deidad lo estorbará. Por más que fiero airado quieras tener trofeo, Amor lo deshará. No hay riesgo envenenado, que hiera tu deseo viviendo mi amistad. Emprende. Forja: . Intenta::- 3. Pues para ti tormenta todo arresto será. Y sepa tu poder::- Siempre tendré Nunca tendrás y Placer. 3. Si Amor llega a amparar. Traiciones::- . Y desvelos::- Tormentos:: . Y asechanzas::- Serán fieras balanzas, que moverán los Cielos. Si tu persidia dura, y atrevida procura a mí Yquietud turbar. A Sú. ea en l JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Detente, sombra, detente, no me sigas, pues ya sobran, para vencer mis temores, los temores que ocasionas. Por qué cruel me amenazas? si motivé la discordia, también en contrariedades la fortuna me acongoja: si a Filocles di la muerte y a Aminta, también traidora venganza se empeña en dar a mi vida mil zozobras: si el Cetro usurpé, ya basta; ahí le tienes, toma, toma, que no quiero mando infausto, si he de mirarte::- . Recobra, Manasés, el susto, porque el susto te dé congoja: ya otras veces mi amenaza advertistes y ya otras veces te dije déjase de perseguir tu alevosa ira a Alejandro y a Gijes; con suavidades heroicas te lo avisé: hoy no, que el Cielo cansado ya de tu loca arrogancia, último aviso da por mi yerta persona. Que dejes de perseguirlos te dice, pues que tus glorias se han de quedar en empresas, cuando las quieras victorias. Ejecuta su mandato, porque si no, si se enoja, verás que el agüero cumple, y el vaticinio se logra, dándole fiel a Alejandro la que te usurpó Corona. . Oye, aguarda, visión rara, que a poder con mis congojas, entre mis brazos: pero aire se me ha vuelto. Pasión loca, si lo que noté es verdad? no puede, porque es deshonra no vengar el vituperio, cuando el vituperio se oiga. Yo del Cielo amenazado? viven mis iras rabiosas, que es descrédito que sufra lo que el Cielo me baldona. No tuve valor osado, cuando aspiré a la Corona, de hacer piélagos de sangre la verde estancia frondosa? pues qué me altera? publique mi arrogancia ponzoñosa contra estrellas, contra abismos, deidades, hombres, y hermosas plantas, guerra, mueran, mueran, pues que mi sosiego enojan. Señor, qué voces al aire lamentables y ruidosas esparces? . Ay hija mía Rosaura! sola tú, sola contra la amenaza puedes ser quien sirve de lisonja; pero no en vano pretendo consuelo: es rabia, es congoja, es furia, es pasmo::- Qué es esto? Manasés, de qué te enojas? qué afecto violento puede inquietarte de esa forma? Padre, dinos tu pesar. Explícanos tu congoja. Para qué queréis saber el motivo de mi mal, si es de ceño tan fatal, que os hará descaecer? Para qué intentáis, que el fiero dolor, que me da la muerte repita, cuando es tan fuerte, que me aniquila severo? Mas pues saberlo queréis, oíd, por si acaso cede (contándolo) el ansia, y puede conseguir que la aliviéis. En mi gavinete estaba calmando el ansia del pecho, cuando ilusión o despecho me inquietó lo que gozaba: percibió mi frenesí, en fantasma horrible fiera, una amenaza severa, que me despojó de mí. En yerta voz me predice, que a Alejandro y Gijes ya no más persiga, que está cerca mi fin infelice; y que aunque el poder blasona, y sin temor quiere osar, que (ay de mí!) me han de quitar de mis sienes la Corona. Esto al alma me llegó, esto causó mi inquietud; qué ha de haber esclavitud para mí? no puedo, no, en tan fiero sentimiento, en tan acerbo pesar, con el lamento encontrar aún voces para el lamento. Y ha de poder tu razón turbar una sombra ciega, que aunque perturba, no anega, pues al fin es ilusión? Tu vulor ha de poder sorprender sola una idéa ficticia? no, no; pues ea, señor, no desfallecer. Y si es que estás temeroso de que es cierta tu ruina, determina, determina ir a Jove poderoso; que él, las dudas que somenta un sueño o un devaneo, aclarara, y tu deseo calmará de la tormenta. No solo a Jove he de ir, y en él amparo buscar; pero un arbitrio ha de dar más alma a mi persuadir, por si de aquellos traidores, que a fuerza de magas ciencias consiguen sus experiencias inventar mis deshonores. Cuál es? Que porque tirano de esos crueles se malogre el rigor tu afecto logre de Tomirís hoy la mano; te has de casar en el Templo, o no he de tener poder. Manasés, no puede ser, cuando esquiva la contemplo. Que mi voluntad no tuerza es preciso, pues lo mando. Siempre la vi reusando. Vencerala ya la fuerza: ello, aunque contra su gusto, Tomirís se ha de casar. Cielos, qué llego a escuchar? si es verdad tanto disgusto? Por Tomiris y por mí a Alejandro avisaré, para que a Gijes le dé cuenta de tal frenesí. Yo bien sé que nada adquiere, Manasés, tu persuasión, pues no ignora el corazón, que solo a Gijes prefiere. No solo amante le estimo; pero detente, deseo, no aspire tu debaneo a perderse; mal me animo. En un Mago y un traidor se ha de vengar hoy mi fe. Como yo pueda, yo haré se desvanezca el furor. Si a Tomirís la consigo, quedaré de gozo vano. No conseguirás mi mano, como yo pueda, enemigo. Ea, vamos. Deteneos, y advertid, que loca, osada me opongo a que vuestra espada no consiga debaneos. Cómo impedir solicitas castigar traiciones, di? Como no es justo de aquí salgan ofensas que incitas: porque razones de estado a la África den temores, ha de pagar sus ardores un no culpable cuidado? Qué os han hecho? qué os han hecho Gijes y Alejandro? acaso merecen porque un fracaso castigan, este despecho? Vuestro curso suspended; la ligereza advertid, ved que es sin tiempo la lid, que es injusto el error ved. Cómo tan loca y tan necia tu resolución se opone? Como a un padre que dispone, hay una hija que desprecia, cuando no es puesta en razón la intención que lleva. . Eso no la libra de un exceso a tu inobediente acción; y porque más atrevida no te atrevas a objetar, con Cleonte has de casar, o te he de quitar la vida. . Esperad, señor::- . No, no le llaméis, y vuestro intento, pues le causó mi lamento, oiga la sentencia yo: acabadme de matar, asestad pues el arpón. La razón de la razón, es que no me he de casar; y cuando llegue a guiarme mi natural fortaleza, ni padre, honor ni grandeza mi albedrío han de quitarme. Fraguad bien contra mi trato invención tirana, esquiva, que no importa, como viva de Gijes en mí el retrato: gravado en el pecho está, mirad si le arrancaréis. Qué aqueso me respondéis? pues después no admirará, que dejando lo amorosó, cuando tu traición condeno, apele al rayo y al trueno de Júpiter poderoso. No importa que me amenaces, pues no lo has de conseguir. Tomirís, a discurrir en tal guerra algunas paces. A Gijes dar el aviso importa para el remedio. Y a Alejandro, porque medio en esto ponga al proviso. Si a mi amante se hallará? Ya::- Ecos dulzuras previenen. Vienen::- Quiénes vienen, niño Dios? Los dos::- A dónde, fiel frenesí? Aquí. En tal confusión nos di, para alivio del pesar, cierto es tu pronosticar? 4. . Ya vienen los dos aquí. Si será verdad o engaño::- Si será sombra atrevida::- Esta deliciosa vida? Este gozo tan extraño? Deje ya la admiración ahora su oficio de hacer, y la dulzura se vea cariñosa en loquecer. Deje lo turbado el ansia, deje ya el susto el vaiben, y en cadentes gozos sea júbilo todo y placer. Giges, cómo hasta aquí entraste? Alejandro, cómo fue? El que idólatra con fina y fiel acendrada fe, es un minuto de ausencia un siglo de padecer. Como yo soy mariposa de las luces de tu ser, si del reflejo me alejo, me acerco a morir más bien; con que mira ya la causa de entrar hasta aquí, y romper por verte, en virtud de Magia, subterránea lobreguez. Si sabes, Rosaura hermosa, que eres imán, para qué te admiras de mi venida, cuando puedes entender, que aunque hiciese resistencia me habías tú de atraer? No sabes, Gijes del alma, lo que te he apreciado el ver que vengas, cuando a tal tiempo mi desdicha está, que es reo sin culpa, que tiene ya a la garganta el cordel. Mi padre (que de este nombre no merece, cuando es tan tirano a la razón, y a la justicia tan cruel) hoy con Cleonte ha dispuesto, para que fallezca, el que en ese Templo de Jove me case: cómo podré excusarme a una impiedad, y resistirme a un poder? Solo en ti, Gijes, estriba mi defensa, ahora veré si es fingido el rendimiento, y si no es cierta la fe: si me adoras, de este insulto, dueño mío, librame. Qué respondes? di, lo harás? mira, mi amor, mírame . a tus plantas: pero yo arrastrada me he de ver? . suplicar, y con la duda de hoy atendida no ser? Ea, Gijes, si no quieres, no importa que en mí hay babel bastante para asolar máquinas; con que sabré, que hay un amante que sabe ponderar, no defender. Porque es, Tomirís, mal visto, que cuando habla una mujer, no debe, el que es Caballero, su plática suspender, he callado, que si no, antes, de afectos también vestido (pero amorosos, que otros para ti no es bien) ya te hubiera respondido con finísimo desdén, que el que es verdadero amante siempre ha de callar y hacer. Tomirís, Rosaura, nada teniendo a los dos, os dé pesar, pues si fuera al caso la máquina resolver del Orbe, y ese celeste círculo descomponer, por servir los dos a entrambas, lo vierais luego emprender. Tomirís, si mi consejo tomar quieres, no has de hacer resistencia, antes ufana (aunque le cueste a tu fe trabajo el disimular haz tú por condescender: di a tu padre que conforme te hallas, y que siempre que su precepto te insinue, estás pronta a obedecer; con lo cual asegurados, yo una industría dispondré en que se vea el intento sin conseguir fallecer. Sea como fuere, yo pronta te obedeceré. Trocado en lamento el gozo en el Templo ya veréis. Qué dices? que como finja constante te lograré? Pon tú el engaño, que yo luego el cariño pondré. Para conseguirte amante al Templo también yo iré. Sí, porque allí te dedique altar e incienso mi fe. Pues a la empresa. A fingir. Dulce vida. . Amado bien. Oh qué gloria! Qué bonanza! Qué fortuna! . Qué placer! 4. Y en tanto que el triunfo llega, paciencia en el padecer. Mi padre viene. . Mi padre parece que entra. . No estéis temerosas, pues el mismo aborto, que causa fue para traernos aquí, nos hará desvanecer. Hasta la vista, y cuidado con fingir y no temer. Tomirís, luego prevente para ir al Templo, no hay que excusarte, has de casarte con Cleonte, esto ha de ser; como padre te lo pido, no lo mande como Rey. Señor, deje ya el castigo de intimar ceño, no dé el enojo las premisas de agraviar y de ofender, puesto que considerando de este lazo el grande bien, ya iba a tus pies a decirte, que condesciendo hoy en que sea mi esposo Cleonte, pues cuando tu gusto es, no es justo que a tu mandar replique mi obedecer; y de lo que antes mi excusa te ofendió, pido a tus pies perdón. No solo le tienes (ay tal dicha!) pero en fe de que admito tus excusas y me huelgo, abrázame: . Ahora sí, que eres mi hija. Rosaura, pues antes fue tu voz el castigo, ahora al contento ayudame. Hermana, en lo cierto has dado. Si supiera que después la proposición de ahora viento la verá volver, qué diría? . Pues no demos treguas; a Cleonte daré, porque vaya al Templo, parte de este delicioso bien: loco de contento voy, viendo ya huido el desdén. . Bien va hasta aquí; veloz tiempo, corre para mi placer. Si a Alejandro he de lograr, qué más seguro laurel? . Paletilla, dónde está Alejandro? . Qué sé yo? Dónde está Giges? . Acaso su guarda de vista soy? Estará aforrando el vientre en algún aparador. Yo apuesto que está Alejandro (que le conozco el humor) haciendo el embozadito delante de algún balcón; cuantas mira, tantas quiere. Pues de esos hay un millón; un cariño muy trompero, y agasajos a montón: preguntadlo a la cazuela, que sin duda apuesto yo, que hay alguna que bien sabe cierto es lo que digo, o! mirad si callan, queridas, a los tales un sosión. Madamas, esta muchacha tiene mala condición, y para consejos vale lo mismo que Agamenon. Ea, dejen las disputas. Por mi cese, y que al bribón se le lleven dos mil diablos. Si son tus ojos, alón. Sabrás decir, Paletilla, en esta composición de Comedia, si hay substancia? Calla, bruto, por qué no? ya verás luego a la postre si hay miel en este turrón. Pues a otra cosa; por qué (ya que me metí a censor) en la segunda jornada con un paso se acabó, que en las otras Partes hubo? y eso no lo sufro, no; a cada lance la horca, y después su tramoyón? Lo que hace ser animales las gentes! es ilusión todo aqueso, mentecato, y en nada se pareció este lance al otro, puesto, que hay entre ambos distinción, de que allá fue un señorito, y acá ya es otro señor. Yo, porque se parecía lo decía solo, y por que hay canes, que de un bocado muerden cualesquiera acción: Item más, por qué el Anillo ha de tener tal primor de servir hoy a Alejandro, y a Giges? . Buen reparon; porque aquí rebolotea también, porque allá danzó. No pudiera decir más un Seneca de cartón. Tienes más que preguntar? Hijita, creo que no; porque esto no es preguntar, solamente es: pero no quiero decirlo, que tú eres como qué sé yo. Qué soy entendida? . Sí, tú lo dices, alondón, no hay que hablar, dulce embeleso de todo mi corazón. Te has olvidado de mí? Empieza ya, voto a bríos, que si a celos me rempuja, le he de dar. . Vaya que no: ya se acaba la Comedia, y en toda ella, como soy, que si no en el paso, que una persona fumó, que por vida de Gijan, que no vi ningún favor: y ya que estamos aquí, vean para qué nació: yo he de abrazarla, y después mas que me haga chicharron. Vaya, mas sin arrimarse. Cómo ha de ser? ay tal flor! Así. . Cuidado, cuidado, cara de comer salmón, que si te arrimas, del peto ajarás la guarnición. No hayas miedo, porque tengo un péchito de almidón. Arsidas pronta ha de ser en todo la prevención. No temas, que mi cuidado correrá con tal valor, que haré que juntas tus gentes, con airada indignación, sean en pelear Leones, que deboren con furor. Tú, Lidoro, está a la vista también. . No solo, señor, así lo haré, pero unido con Arsidas, verán hoy de Tiro y Magnesia aleves los tiranos, si hay valor en mi brazo, cuando admiren la rabia de mi furor. Pues cuidado, y a la ira. Qué hay, Paletilla, Tambor, Almocafre, qué hacéis, pues? Dar a la murmuración un ratillo. . Yo decía, que eras muy lindo y que no tenías más que una falta. Cuál? La de petimetrón; pero esto no huele a más, que solo a una presunción. Deja locuras: Amigos, pues que viene la ocasión de que en el brío se explique del exito el explendor, al arma. Y puesto que siempre Venus fiel nos protegió, en acentos la llamemos, diciendo con suave voz::- Venus amada, deidad sagrada, súplicas tiernas da mi fervor. Oye amorosa, y afectuosa muestras rendidas de adoración. De tu eficacía logren la gracia ansias amantes, que el alma dio. Oye amorosa, y afectuosa lágrimas finas de mi pasión. Pueda el engaño con dolo extraño facilitar todo blasón. Siendo el deshecho fiero despecho, triaca dulce del corazón. En la lid fiera, que verse espera, gobierne Venus tu deidad hoy. 2. Pues su porfía, con tu fiel guía tiene el castigo, que mereció. Ya rompe afable Venus amable con el consuelo de su atención. Trágico ejemplo será en el Templo, no hay que temer su presunción. Desde los Cielos, contra desvelos, fuertes saetas traigo veloz. Tiemble la tierra, sueñe la guerra, el pasmo se oiga, turbe el furor. Victorias fijas, como tú rijas, deidad hermosa, se verán hoy. Pues nos protejes, nunca te alejes, porque hará falta tan gran Campeón. Con mi asistencia no hay resistencia, y así conmigo diga el valor::- 3. Guerra, venganza, furia, asechanza, terror y asombro den confusión. Si tu escudo nos proteje, qué engaño ha de ser traidor? Si tu socorro afianza, no hay de que tener temor. Qué es aquesto, Paletilla? si este es encanto, Tambor? Ahora sabes que mi amo con los diablos se trató, y todos los días tiene recáditos de Astarot? Quién es Astaror? . Un Sastre, que a toda conciencia hurtó, y allá suda los retales, porque acá vendió el pendón. Quién será aquesta mujer? no es muy mala, como soy, que a falta de tener manta yo tómara estejergón. Calla, que es Diosa, y si lo oye te ha de volver en lechón. No lo creas, que en mirando mi grueso, se arrepintió. Parece que la enamoran. No hay que temblar de los dos, porque el uno es gallo clueco, y el otro solo capón. s Sin duda, que viene al Templo el Rey nos dice el rumor acentuoso, que en cadencias los vientos esparcen. . Por que esté la gente dispuesta, a formarla luego voy. Yo también; pero atended, que dice la aclamación::- Contra una injusta violencia hoy condesciende el Amor en enlazar en un alma la fiel voluntad de dos: diciendo. los himnos todos en su loor, que viva de Jove el poder soberano, pues media en tan dulce finísima unión. Ya de más cerca el acento parece se percibió. En nada perdamos tiempo; y puesto que mi favor vengo a daros, al combate, pues ya prevengo el arpón. Pues tu auxilio nos proteje, tiemble ya la aclamación de que ha de ser por mi brío vuelta en susto y en pavor. A la mira de Lidoro y Arsidas estaré yo, Siendo influjo de ambos Campos para el seguro comvoy; y vosotros id al Templo a lograr vuestra intención, robando (qué es lo seguro) las Infantas, que mi ardor desfigurará traiciones con flamante destruición. Si consigo el feliz robo, que aprecia mi corazón, no quiero mayor victoria, no quiero triunfo mayor. La razón con el contento ha de perder su razón, si del cariño en el golfo llega al puerto que anheló. 3. Vamos, y hasta el fin suspenda la gloria la admiración. . Entre los tres amigotes, no hay ya partido piñón. Vamos nosotros allá? Hija mía, por qué no? Me holgaré ver la bolina. Sí, ves toda esa función? pues yo temo ha de parar en golpe y en coscorrón. Entre la bulla colemos. Colemos por mí, y alón. . Contra una injusta violencia, Si una alma felice, que se halla en dulce admiración contemplando el bien que adora, cierto de la posesión, cabe el que pueda decir lo que goza, mi primor, con la misma causa, en fino acendrado aplauso, hoy dará al vendado rapaz, dará al tierno niño Dios, un voto en cada palabra, y un incienso en cada voz. Nunca en mi hija esperaba menos decente atención. Dos lauros en este día consigo, padre y señor; el primero, el darte gusto; y el segundo, el grande honor, que en tal esposo fortuna dádivosa me franqueó, pues de Cleonte en la gala, en su brío y discreción, se promete mi deseo una obsequiada atención. Miento, que aqueste es engaño, pues quien en mi mereció, . es Gijes. Que disimules es preciso en tal acción. Lo interior me sobresalta? ficción es de lo interior. . Parecemos cuando el gato está acechando el ratón. Calla, que si aquí nos pescan, nos han de hacer tener tos. En día de tal contento, sea el melistuo rumor incesante, cuando el hado ya las fierezas calmó. Pues por todo el regocijo un grano de anis no doy. Por qué, bestía? Porque veo, que el Cielo se encapotó, y que ciertas nubecillas descargarán chaparrón. Pues ya, dueño de mi vida, el fino lance llegó de que se abrase en la nieve de tu mano mi pasión, dímela, vea mi dicha la lisonja del amor. Fuerte lance! . Ea, hija, acaba. . Cómo faltó, Gijes, tu ayuda? (ha tirano! tu fineza me engañó.) Quién te motiva, divina deidad, a tal suspensión? quién contra mi bien hoy puede cruel oponerse? Yo, que prenda mía ninguno en su vida disfrutó. Tente, aleve, que: yo:: sí::- la rabia, la ira, el furor, con mi afecto he de arrancarte el alma y el corazón. Esto más, desdicha! cuando tu ceño no me agravio? A buena cuenta la moza en volandas la lleyó. Dónde estará la enemiga, causa de mi desazón? Pillale de los calzones, o agárrale del jubón. Porque no pueda el cuidado perturbar vuestra ilusión, Manasés, a tu Palacio Gijes a tu hija llevó, a donde en Trono Real mutuo consiga su amor; por Rosaura también vengo: dueño mío, esta es la acción del premios ven donde veas cultos de mi adoración. También la ha frito Alejandro. Adentro la zampulló. Parece Totilimundí, que salen y entran al són. Esto más, fortuna ingrata! vida infiel, hay más baldón, que prenuncie tu maldad, que decrete tu rigor? Sigamos a estos aleves. Bien dices, sigámoslos. Eso será si mi aliento, que a su defensa salió, lo permite. . Ea, Magnesios, que no venza un deshonor. Cómo de Júpiter sacro el rayo no os da temor? Como hay contra su deidad otra, que el arco embrazó. A la inmunidad sagrada cómo se atreve el rigor? No hay contra un torpe delito inmunidad ni favor. Arma. Guerra. Viva Tiro, y Magnesía. Lidios, no: decid, que Egipto con Lidia venza y triunfe en firme unión. Venza, pues yo le influyo, triunfe, pues quiero yo no tema el odio infiel ni le asuste el rigor, combatan contra el ceño de su arrojo las influencias de mi indignación: Arma, guerra, mueran, mueran, nada asuste ni dé horror. Cual se cascan el pellejo. No han menester curtidor. No ves que a río revuelto ganancia de pescador? Arma. . Guerra. Corre aprisa, Paletilla. . Tambor, voy. Anda, Almocafre. . Pues ya, Tomirís, estás segura, y del Palacio hemos hecho Castillo, cumpla ya, cumpla el hado afectuoso muestras, que en deliciosa blandura. corone el vencedor pecho de favores, pues ninguna contradicción tendrás, cuando está. Gijes en tu ayuda. No siento aquel sentimiento, que me causará la fuga, a ser con otro el insulto, pues cuando el riesgo procuras, si prometes la tormenta, también la bonanza anuncias. Novedad ninguna puede excitar traición ni angustía, pues hay valor y hay poder, que todo intento destruya. Arma. . Guerra. Viva y viva E contra el gra vengad, Soldado. en babel hasta aquí e Mi victoria está segura. , . En vuestra ruina, traidores. Alejandro cruel, astutas hijas, del aliento mío apapará la cordura la luz del honor, que antes brillaba y ya solo ahuma. No hable la resolución, cuando puede la cordura: si quieres capitular, empieza, pues luego ajusta. No hay más capitulación, que mi muerte y que la tuya. A Tomirís me has de dar. No puede ser, porque es suya mi mano. Y la mía de Alejandro. . Qué fortuna! Qué rabia! Qué placer! . Qué ira! Ya ves que el Cielo en su ayuda está: si Venus le influye, cómo ha de haber desventura? No soy de Magnesia Rey? pues como de mí se burlan, usurpando mi Palacio, y estrechando mi fortuna? Como ya, tirano, el Cielo de la dominante injusta posesión hoy te despoja, y a Alejandro porque es suya, por herencia. le corona con tu diadema; procura desvanecer tu arrogancia, cuando él gana lo que usurpas. Quién en tal tragedia fuera e juria! el Palacio tes furias, para otra vez publique la venganza con la angustía. Antes que lo consigáis, desquiciándose esta dura fábrica, será del aire escándalo; y pues en suma nuestra amistad se ha notado, su traición sepa sin duda, la unión es muy poderosa, pues siempre constante triunfa, repitiéndolo los ecos, cuando digan sus dulzuras::- , , , - . Yo desposcido? confusas En motín confuso de vientos que crujan, suba a la esfera, al Cielo suba en trono de piedra, preciosa morada, a congelación de perfecta hermosura pues Venus, Zoroastres, quieres ufortuna, y en otras Provincias, gozosos contentos placeres previenen y gozos se anuncian, los pliegues con soldaduras. dejando a tu encono zozabras, que turban, pues cuando la unión poderosa domina, . Cleonte, a la venganza::- castiga y hálaga, corrige y alumbra. Qué admiración! . Qué prodigio! Decid, qué susto, qué furja! Mayor emvolisno, creo que no le harían las brujas. Qué advierto! sagrado Jove, como tu justicia suma la espada contra este daño fulminante no desnuda? Si es sueño? no, que es verdad. No es aquella que procura salir sobre los baluartes Magnesia? y yo (ay desventura!) fuera de sus muros? Cleonte, no son ellos? di. . No hay duda, la admiración hace que los sentidos se confundan. Yo muero: hay tal sobresalto? Manasés, deja la angustia, que Cleonte ha de faltar a ser quién es, o la turba de maldades de esos fieros ha de castigar; ninguna congoja te dé cuidado. hojas, que al aire garzotas esparéis tanta hermosura, sentid mi mal y llorad mi desgraciada fortuna. , . Qué hacemos, que no buscamos nuestro vagaje y la fuga también hacer? . El que falta decir a los que me escuchan, que se acaba la Comedia, y que de esta tela oscura dice el Ingrnio que ofrece cuarta, si la tercia gusta. Tomirís y Gijes, Rosaura, Alejandro, . También dice que el curedo se verá en ella sin duda aclarado; y de estos vuelos 2. Y con esto, Mosqueteros, dad un vitor si es que gusta. Al odio, Manasés. Contra su fuga::- Pues el castigo en el tiempo::- ̱ 2. Verán, aunque ellos pronuncian::- , . En motín confuso,