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Texto digital de El anillo de Giges (primera parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1764).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El anillo de Giges (primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/anillo-de-giges-el-primera-parte.

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EL ANILLO DE GIGES (PRIMERA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Y Y Ictoria por los Magnesios. V Pásese a filo de espada cuanto se encuentre, y perezca al furor de mi vengañza toda Lidia. A retirar: guerra, guerra; al arma, al arma. Qué esperamos, si aún el Cielo contra nosotros dispara la fogosa Artilleria, que de horrendas nubes cuaja? Caudales invicto, ya el batallón de tus guardías degollado, y siendo tumba de tus gentes la campaña, en vano al valor apelas, que tuno por tantos no basta: y pues detrás de ese monte Melicerta, y Claridiana tu hija, y tu sobrina, con el retén, y su intrincada situación, del riesgo están por ahora reservadas, huye, y penetra sus cumbres, que a guardarte las espaldas Nicandro, y yo quedaremos. Y si es que miedo te falta para huir, aquí está el mío, que es como el que aquellas Damas tuvieran, si en la Cazuela un ratón les arrojaran. Cercadlos por todas partes. Cuartel. No hay cuartel que valga; mueran todos. Guerra, guerra. Oh injusta fortuna ingrata, mal haya quien te venera, quien te adora, y quien te llama deidad, puesto que en ti implican divinidad, y mudanza! Sepultáronse mis triunfos, acabaron mis hazañas, con que árbitro de la guerra fue terror de su comarca; y no siento tanto el ver perdido el Reino, y la fama, como el que (habiendo negado la mano divina y blanca de mi hija al cruel Filocles, Rey de los Magnesios) haya, sino me rindo a partido, de ganármela por armas; pero antes que tal consiga será en las sangrientas aras de mi honor, su tierna vida víctima sacrificada, sin valerla su inocencia, pues hija de su desgracia bien sabe quien nace hermosa que nace a ser desdichada. Por aquí fue el Rey. Tomad las veredas. . A qué aguardas, si oyes que se acercan? . Presto (ay divina Claridiana, muera yo sin verte ajena!) penetra aquella intrincada senda. . Estrella rigurosa, bien envuelta en nubes pardas con tempestades me anuncias de mi vida las borrascas. . Quién tiene hija, y no la quiere dar, cuando hay padres que rabian porque las pidan las suyas, que de maduras se pasan, que se ahorque. Ah Sumesfuit, pues queda ya en las cabañas seguro el ganado y se oye de truenos, trompas, y cajas tan gran rumor, apuremos de qué nace: al Valle baja por esa senda. . Demonio de hombre, mira lo que mandas, que con el Cielo, que gruñe, y el miedo que a mí me canta, estoy tan hecho una pisia, que aún no sé pedir alafía. Baja de una vez, no temas. Ay costillas desdichadas! Ya bajé: maldito sea . quien me mandó que bajara. Te has hecho mal? Poca cosa: la mitad de las almohadas posteriores se me quedan entre las piedras, y zarzas. Has oído, Sumesfuit, tempestad tan temeraria, que aún yo la he temido? En eso se encarece harto, pues nada al Pastor Giges le ha dado pavor jamás: Ay mis bragas! Qué es eso Él miedo que tengo, que me está entonando un aría. Confieso, que a mi valor los ganados se le encargan de Caudales, Rey de Lidia, por lo que de estas campañas soy dueño; y de hombres, y fieras el absoluto Monarca. Pero es mi ánimo tal, que aspirando a cosas altas, mal satisface este empleo a mi nativa arrogancia: varios repetidos sueños me representan en vagas especies de la fortuna, que me adula, y que me halaga, y con apacible rostro a heroicos hechos me llama un retrato que me hallé en esa selva cercana de una divina mujer, qué sé que con las Infantas dé Lidia vive y la guerra que tenemos declarada entre Lidios, y Magnesios de confusas, y mezcladas idéas, mi vida anegan hasta lograr apurarlas: Con que oyendo apenas hoy, nácares vertiendo el Alba, salió a llorar, que la injurien las nubes de horror preñadas, la infausta mezcla de truenos, que con el ruido alternaba militar en aire, y tierra, confundidas dos batallas, . salí ansioso: mas qué es esto? de pronto otra vez desgajan las nubes sobre nosotros nuevo diluvio. . Ya escampa, y llueven piedras de a puno. De aquella cueva nos valga el asilo. En ella, siendo racionales alcarrazas, nos libraremos. Tras mí Sino veo palabra, cómo he de ir? . A tiento; pero qué maravilla tan rara! . Válgame el Cerco de Troya! Qué fábrica tan extraña! Un sepulcro y un Caballo? sobre él una mariblanca? mátenme, sino es principio::- De qué? De alguna entruchada. Presto saldrás de la duda, pues en Pérficas palabras, una inscrición sepulcral se descubre en la fachada de ese tumulto de piedra. Y qué dice? Aquí descansa de Zoroastres el cadáver, Mágico asombro del Asia. Mal descanso le dé Dios: ya me ha entrado la terciana. Espérate, que prosigue. . El que tenga dicha tanta, que llegue a ver su sepulcro, inmortal hará su fama. Y eso no es mentira? No. Ay de mí! que habló la Estatua. De qué te asustas, villano? Voz que de una piedra helada te artícula el insensible orgaño de su garganta, yo llegué a ver este asombro, con que yo soy con quien hablas. Sí. . Maldita sea tu boca. Hasta hoy no hubo humana planta que hay? hallado de esta gruta la fábrica subterranea; en ella el gran Zoroastres sepultado está, y su alma aligada a un rico anillo, e a un dedo suyo se enlaza: su alivio es que haya mortal, cuyo valor tenga audacía de arrancárselo del dedo, aunque en terrible batalla su cadáver le defienda; pues con él las Artes Magas de este prodigio de Grecia podrá saberlas, y usarlas: Logrará cuanto intentare, como en su mano le traiga: si quiere, se hará invisible, y verá que a un tiempo manda en el aire, en el Abismo, en fuego, en tierra y en agua: Y pues tú, valiente Gijes, a mayor empresa bastas, mira si a tanto te atreves. Aunque al Infierno bajara, por mejorar mi fortuna lo hiciera. . Allá te las hayas. Pues al furioso estallido del trueno sus senos abra la tierra y hazte dichoso, si tan gran fortuna alcanzas. Ay, que me llevan las dueñas! ay que los diablos me agarran! ay, que mis miembros se secan! ay, que se mojan las calzas! Mágico, terror del Orbe, . aunque con extraordinarias sobrenaturales fuerzas pienses arrancarme el alma, antes te despojaré de esta joya, que ya se halla en mis manos. Rey de Lidia, conseguida tal hazaña, tu eternizarás tu nombre, tu restaurarás tu Patri . Qué es esto que nos sucede, Sumesfuit? . Qué disparata el Mago y los Zorros sastres aún difuntos se emborrachan. No ves qué hermosa sortija? Hombre, dime, donde a adas No me ves? No. Y ahora? Sí. Pues la sortija es la causa, que sin duda hace invisibles. Oh habilidad soberana! mas de catorce maridos la sortijilla tomaran, para averiguar con ella los chistes que andan en casa. Sitiado está el Rey de Lidia. Él, y cuantos le acompañan mueran. Sumesfuit, qué es esto? Continuar la zalagarda, que antes. . Sígueme por esta oculta senda ignorada, que al monte asciende. A qué fin? Si oyes la voces que claman de mi Patria el vituperio, vamos a desagraviarla, y a cumplir aquel anuncio, que por las fauces pasmadas de un esqueleto, me dijo, para alentar mi esperanza, tú eternizarás tu nombre, tu restaurarás tu Patria: vamos presto. . Vamos presto; pero en estas rucias barbas otro esqueleto te dice, que cabe mucho en la Magia, y en la sortija; y si acaso la Comedia sale mala, tú, hundirás la Compañía, y tú, siscarás la manta. . Piedad, invicto Filocles, cmencia, que nobles pechos teñir la victoria en sangre es venganza, y no es trofeo. Piedad, piedad, o generoso Grie- Rindámonos, a merced (go! de las vidas. . Ah villanos! aún hay armas, aún hay manos: pereced, más pereced con honra. No hay otro modo de salvarnos. . Mi valor logrará:- . Padre, y señor, eso es arriesgarlo todo. Ya el hado infausto, y cruel nos pone en esta apretura, busque modo tu cordura de conformarse con él: y pues lo decreta así, usa de tu fortaleza. Oh miserable belleza, que alegas tu contra ti! Qué oigo, amante pasión mía? . Tambor, desde arriba abajo nos amaga un gran trabajo. Morirá Vuesenoria; y hoy con palma será quien se entierre entre otras doncellas. Ay! que a poquísimas de ellas les huele la palma bien. La suerte está echada ya. Señor, pues sabes que cuando vine a tus Reinos, pasando por la Magnesia (que está entre Lidia, y Persía) vi a Filocles y le halié muy atento: ojalá que no lo fuese para mí; pero callemos, pasión: permíteme que te diga, que en tan urgente fatiga aún cabe composición; sin que la mano a que anhela de mi prima (oh cuanto, Cielos, . siento en hablar en mis celos!) que es el bien que le desvela, consiga por fuerza. Calla, no en eso prosigas, cesa, si no quieres ser pavesa del furor, que me avasalla: pero para que veáis, que no es todo obstinación, y que hoy vuestra perdición, y la mía somentáis; a su Oráculo divino en el Templo de Diana consulté de Claridiana, y de mi Reino el destino, por haber él de parar en ella, como heredera única mía (o no fuera tan sin duda mi pesar!) pues apenas en el viento el incienso se esparció, cuando su imagen habló, y en claro distinto acento dijo así: Sino casare Claridiana con un deudo de tu sangre, perderás honor, hija, vida, y Reino. Cesó, pero no cesaron los asombros de mi pecho; pues sabiendo que en el mundo pariente ninguno tengo, y que todos tus hermanos (oh Melicerta!) murieron a manos del Persa, quien le quitó al mío el Imperio, dos, siendo jovenes, y uno en Infantes años tiernos, como yo contra mi propio he de ser el instrumento, dando a Filocles mi hija, de cumplir aquel decreto, que amaga en mi honor lo más, y en Reino, y vida lo menos? Él sin esta condición no ha de ceder de su empeño: yo:: mas qué llamada es esta? . Con blanca bandera, haciendo señas de paz, por el monte subiendo va un mensajero del enemigo. . Traedle a mi vista. , . Aquesto es hecho: ya estames acá. . En el traje, juzgándonos Vibanderos, hemos entrado sin nota: Mas qué es lo que miro, Cielo no es original divino del retrato, que reservo, y me hallé en la selva, aquella hermosura que estoy viendo? Invisible la Sortija me ha de hacer, hasta que de ello me informe. Qué haces villano, aquí? . Yo, y mi compañeto:- mas ay! ya se le llevaron::- Quién? Los diablos del Infierno. Mire que aquel es el Rey. Mírolo, que aunque están hueros, siempre las ninas son niñas en los ojos de los viejos. De verdad? . Sí. Reina mía. Bien puede llegar sin miedo. Qué he de temer, si me salen Ángelitos al encuentro? Quién sois, villano? Un Criado de un amo titiritero, que se ve, y que no se ve, que anda, corre y se está quedo. Rara calidad. . Y cómo os llamáis? . Yo? juramento; porque no puedo nombrarme sin estar echando verbos. Pues qué nombre es? Sumestefuir, que llegando a los pies vuestros, de pretérito los cuco, y de presente los beso. El Vejetillo es donoso: él será mi chichisveo. Ya el Embajador se acerca. Ahora de dudas saldremos, corazón enamorado. Aquí de mi sufrimiento. Salvete, o gran Rey de Lidia, Júpiter. . Qué es lo que veo? Tu Embajador de ti mismo? Sí, porque yo no te temo airado, búscote afable; y en un generoso aliento hacerle una confianza es el más seguro obsequio: Permíteme que a tu hija Claridiana, mis respetos ofrezca en digno holocausto, aunque infeliz. . No os lo niego. La hija es del Rey la que adoro; altos van mis pensamientos. Embajador, bienvenido seáis, que yo os considero con ese caracter solo, para tolerar el veros. Albricias, afectos míos. . Ya sé lo poco que debo a mi fortuna; y así, rendirla a finezas pienso. No es eso del caso; al caso. Diré, y volvéreme presto. Ya, valeroso Caudales, ya no te ha quedado Pueblo que te obedezca; ya todos me reconocen por dueño, degolladas tus escuadras, tus batallones deshechos, y tu gran Corte Eubatana entregada a sangre, y fuego: en tu desesperación solo estriba tu remedio: en este estado, no solo en restituirte vengo tu antiguo trono, si no es en cederte desde luego de mis Provincias la parte que para lo venidero te sirva de antemural, como de todo sea premio la mano de Claridiana. Habla en todo y no hables de eso. Qué escuché? Pues aún con toda tu dureza, no resuelvo verter de ti, y de los tuyos la sangre, y con un asedio haré, para persuadirte mis frases de sus lamentos, tarde en morir esa ingrata; pues los Reyes los postreros son el cuchillo del hambre, y en miserables ejemplos venza la necesidad a quien no le obliga el ruego. . No nos dejes perecer. Morid todos, pues yo muero. Clemencia. No la esperéis, por más que digan los ecos::- Piedad, invicto Filocles, clemencia, que en nobles pechos teñir la victoria en sangre es venganza y no es trofeo. Padre::- Vuélvete a tu tienda. Señor::- Ve a guardar tu puesto. Tío::- No me hables palabra. Mi Rey::- A ninguno atiendo. Ni a mí tampoco? Huye, loca. Pues también yo::- Vete, necio. Yo: pero a qué he de llegar, si me ha de decir lo mismo? . Ea, poderosa Magia, para ahora son tus efectos. Solo he quedado; y pues no hay a mi suerte otro remedio, y tal vez debe tomarse del enemigo el consejo; abran la puerta a mi alivio los filos de aqueste acero: muera yo. Detente, Rey. Quién eres, hombre? qué es esto? por donde has venido, que sin saber como te encuentro, para estorbarme que viva, entre mi espada, y mi pecho? Soy quien que vivas desea; pero no ha de ser muriendo, que las desesperaciones son muy cobardes esfuerzos. Pues qué he de hacer, asediado, sin gente, sin alimento, y sin esperanza? . Hallarlo todo en el favor del Cielo. Cómo, hombre, deidad, o asombro? De esta suerte. Favor Cielos! que a tan extraño prodigio pasmado, y absorto quedo. Caudales, gran Rey de Lidia, viva, y mueran los Magnesios. Ea, señor, ya hay socorro, ya puedes triunfar viviendo. Al arma, que nuestro Campo de Escuadrones se ha cubierto no conocidos. Señor, gran novedad. . Suspendeos, que todo es en favor mío. Qué admiración! Qué portento! Qué Deidad, señor, movida de nuestro incesante ruego, te ampara? . No sé, hija mía, pues solo sé que es el medio ese admirable Zagal, por quien la vida, queriendo quitarme yo a mí, dos vidas en ser, y en honor me ha vuelto. Ya empieza a medrar mi amo, . que empieza a ser embustero. Quién eres, joven? Un hombre, en el que no hay más misterio, que una ciencia no adquirida: de mí no sabréis más que esto: y así, fuertes Capitanes, pues cobrado el desaliento de su flaqueza el socorro de viveres les da esfuerzos, id y juntad las reliquias de ese Ejército deshecho: tú mi señor, y mi Rey, las Tropas, que te presento, ve acaudillando a su testa, que tú vencerás muy luego. Ea, heroicos Soldados, giren los tafetanes el viento, y del pífano, y la Caja aturda al contrario el eco: marchad en orden, marchad. Tan prontos, como suspensos::- Tan firmes, como asombrados::- Entrambos te obedecemos. Yo también pues al que juzgo alto Celestial decreto, no hay resistencia: vosotras os retirad. . Yo me quedo a dejarlas en seguro; señor. . Es muy de mi aprecio esa atención. . Lo ya visto acredita lo que emprendo. Ya lo discurro: marchad. Adiós, retazo del Cielo. Dónde caminas, Tambor? Dónde me horaden el cuero por defenderte. Eso es írsele al Tambor el viento. Esta, de este Cuyo es trapo; yo la atraparé, si puedo. Quién será este joven, prima? Ahora lo averiguaremos. Oyes, Sumesfuit. Amo mío. Cuidado, y guardar silencio, sin hablar de la Sortija, que te pesará. . Te ofrezco, que me lleve el Sastre Zorro, si jamás tocare en ello. Galán prodigioso joven, que hoy tan extraños portentos habéis obrado, quién sois? Él traje lo está diciendo: un Zagal de vuestros campos, guarda de vuestros Corderos, donde yo soy el perdido, y los ganados son ellos. Perdido? Y con harta causa. Por quién? Yo, y mi pensamiento andamos por ignorarlo, porque aún es culpa el saberlo. Lo que a nosotras nos debe tocar, no es inquirir eso, sino es qué Deidad ha sido quien os trajo a ser remedio de nuestros males. . Es una, que juzgo que la estoy viendo. Esto lo dice por mí; ha pícaro Zagalejo! Ya el secreto me joroba. . Viéndola estáis? Yo lo creo: calidad de lo divino es ser su espíritu bello a unos visible, y no a todos. Eso yo te lo concedo. Pues creed, que la que miro tiene entre un todo perfecto tal espíritu, que roba cuanto quiere, no queriendo. Eso parece que es hurto. No, señora, que es obsequio. Quién tan delgado discurre, que no es un Pastor es cierto. Seáis lo que fuereis, desde hoy agradecida estar debo a vuestro socorro. . Aprisa me habéis premiado. . Y el veros en el traje deseara de lo que estoy presumiendo que sois, sino sois enigma que se oponga a este deseo. No, señora, un Pastor soy; esto es lo seguro, pero seré cuanto vos quisiereis, como queráis:- Qué? . Saberlo. Eso sí, corazón mío, vete a espacio, que te remo. Qué afecto, al ver a este hombre, hay en mí, que desde luego . que le vi, me incliné a él? Mas qué discurso tan necio! si amo a Filocles, no hay duda que es piedad, y no es afecto. Secreto de los demonios, . no me encosquilles el pecho, que no me preguntan nada. Razón es nos retiremos. Sí, prima mía. Arma, guerra. , . Mas aquí se oyen los ecos de la trabada batalla entre Lidios, y Magnesios: quien, no obstante lo que he visto, supiera si corre riesgo mi padre? . A saberlo voy. Pastor. Adiós, que ya vuelvo. otro prodigio! otro asombro! Y aún otros mil y quinientos, que la Sort::- maldita seas, lengua que te ibas saliendo. Ven acá, tú no te llamas Sumesfuit? De verborad verbum. Quién es tu amo? Un Pestor. Y su nombre? Es nombre Griego. Pues cómo se llama? . Gijes. Gijes? a gargajo seco sueña, pues se esta nombrando como que se está escupiendo. Y qué empleo tenéis ambos? Guardar los ganados vuestros, pues que son del Rey Caudales vuestro padre, que por suegro le anhelarán todos, porque donde hay caudales hay yernos. Señora, no le creáis, que este Vejetillo es cuerpo de verdades? . Por qué, perla? Porque te las guardas dentro, y echas fuera las mentiras, en cuanto vas respondiendo. Pagaraslo con la vida, si me mientes. . Enterretur. Cómo hace aquestos prodigios, siendo un Pastor? . Ese cuento a la historia, que la trae Herodato, cuando menos; que el Ingenio no escribiera dislates sin fundamento. Victoria, Lidia, victoria. . Cantad al Monarca nuestro el triunfo. . Oh qué gozo, prima, que nuestras huestes vencieron. Ay Pastor, hombre, o deidad, en qué obligación me has puesto! . En hora felice se inflamen los vientos de aplausos al alto Monarca supremo, que a Lidia liberta de su cautiverio. Triunfe al Rey Caudales. Viva Lidia. Triunfe, que no es mucho, porque siempre los Caudales han triunfado en todos tiempos. Vencimos, Tambor? Vencimos. Dime, cuantos agujeros traes de la guerra? . Los mismos que llevé, que todos ellos los traigo, amiga, corrientes. En el atrasado, fuego. Heroicos valientes Lidios, ya el enemigo deshecho, el que canto como triunfo, te llora como escarmiento. Melicerta, Claridiana, que no dilatéis, os ruego, abrazarme; pues vencido por disposición del Cle al que os amagó tan libre llega a vuestras plantas preso. Te engañas, gran Rey, te engañas, que si de ese ingrato objeto me impusieron las cadenas su perfección, y su ceno, no quiero que la fortuna blasone de haber dispuesto, que se declare cautivo quien ya estaba prisionero. Que esto oiga, y que mi rencor . no me apure el sufrimiento! En verdad, que a no haber sido por ese noble mancebo, ruina fuera la que es hoy cortés lisonja. Es bien cierto. . Ya, gran señor, los contrarios van en fuga, y van siguiendo su alcance los tuyos. . Hombre, que generoso instrumento . de mi libertad has sido, hasta ahora no ha habido tiempo de obligarte a que me digas quién eres? . Un Pastor vuestro. Giges dicen que es tu nombre. Tú lo has dicho ya. . Concedo. Giges el Pastor valiente, a quien la guarda encomiendo. de mis ganados? pues cómo, de qué forma, o con qué medio esto ejecutas? . No sé. Bien puedes hablar sin miedo. No lo he conocido nunca. Mira, que yo estoy resuelto a que lo digas por fuerza. Y yo a obedecer; mas no puedo. Por qué? . No sabré decirlo. Ni yo quiero ya saberlo, que esa es mucha rebeldía con tu Rey y con tu dueño; y pues un Pastor no más te hallo, bastará por premio, ya que mis ganados guardas, hacerte Mayoral de ellos, habiendo de conformar el honor con el sujeto. Oh pasados beneficios, que hacéis ingratos tan presto! La entrada franca en Palacio tendréis, que al merecimiento de tan supremos favores, esto corresponde; pero con una condición sola. Decidla, que yo os prometo cumplirla. . Con que yo sepa los reservados misterios, que le calláis a mi padre. Mirad::- . No tiene remedio. A solo el fin de estimaros es la ansia de conoceros. El más infeliz dichoso soy. . No me mires al sesgo, que no he dicho más. . Filocles. Señor. Venid, que no intento, si os excedo lo infeliz, imitaros lo soberbio: mas que prisión hospedaje tendréis en mí, y en mi Reino, quedando en cuanto a partidos ambos a dos satisfechos. Sin uno no puede ser. Yo no dispongo en lo ajeno: Adiós, Pastor. Él os guarde, señor, por siglos eternos. Tenedme por vuestro amigo, que serlo desde hoy prometo. . Lo propio os digo. Mal puede mi humildad corresponderos a tantas honras. . Yo, Gijes, que no seáis voy sintiendo persona en quien se coloquen los honores, y los puestos. . Qué le hemos de hacer? paciencia. Mirad, que yo voy en eso. Y si no pudiere ser? Perderéis lo que no pienso que he de poder yo decirlo, ni tampoco vos creerlo. . Mucho me estrechas, fortuna. Adiós, Pastorcillo tierno con las mozas. . Es verdad. Y si con tus regodeos te ensanchas, por mí, hijo mío, bien puedes ponerte hueco, porque tienes una cara::- De qué? De pastel de a medio. . Mas que me birla la moza . este amo faramallero. ̱. Vamos, que te descarrías, que todos se van diciendo::- . Viva el invicto Caudales, . viva el gran Monarca nuestro. En hora ifelice se inflamen los vientos de aplausos al alto Monarca supremo; que a Lidia liberta de su cautiverio. . De quién huyes, Sumesfuit? De nadie: háblame de lejos. Si has dicho solo mi nombre, seguro estás. . El bragüero se me rompa cuando vaya a empezar un galanteo, si he dicho otra cosa. . Basta, que eres leal. . Mas que un perro. Pues vete de aquí. Si haré. Ah de las Ninfas del viento? Quién llama? Quién saber quiere cuanto a la deidad de Venus le debe un amor, que es fino, y desgraciado, y os ruego la pidáis (si es que la Magía tiene en vosotras imperio) supla en mí lo que me falta para el triunfo que pretendo. Ya rasga obediente la esfera del aire sus vagos hermosos flamigeros velos, y en trono volante tus voces escucha la hija del agua, la madre del fuego. Valeroso Gijes. Norte de los humanos afectos, pues sin Amor fuera un caos de honores el Universo, favoréceme. No solo de tu conjuro el precepto me conduce, que algún día sabrás las causas que tengo para procurar hacerte dichoso, desvaneciendo de las iras de Diana los fatidicos Decretos. Ninfas, vestidle en el traje, que pide su nacimiento. Mi nacimiento? pues quién soy yo? , . No debes saberlo, hasta que él tiempo lo diga. Tarde alivio es el del tiempo. El pellico desecha; que tiene riesgo . el vestir de inocencias los sentimientos. 4. Guárdate de eso, que con ser cauteloso serás discreto. Viste en peto, y en manto de hombros y pecho , los que siendo resguardos (. no serán peso. 4. Dice un concepto, que de los prevenidos se hacen los cuerdos. Estos rizos que al rostro sirven de cerco, . mandan traigas en orden tus pensamientos. 4. Cuenta con ellos, que es razón ser altivos, mas no soberbios. Es el vago penacho de Amor misterio, . porque suelen sus dichas cogerse al vuelo. 4. No ames con miedo, que de los perezosos se hacen los necios. Ya estás en distinto traje, y no solo te concedo este bien, sino el idioma armónico, y alagüeño, que es en el que hablan los Dioses, para que al dulce embeleso de voz, ingenio, y presencia, vayas tus dichas tegiendo. Oh gran madre del Amor, cuantas finezas te debo! Antes están merecidas. De quién? Del que yo reservo nombrarte; usa del Anillo, que tuvo guardado el Cielo para ti. . Pues no fue acaso el hallarle? No por cierto. No te ausentes, sin sacarme de tantas dudas. Bien presto saldrás de ellas; y ahora basta saber, que cuando me ausento:- Ya rasga obediente la esfera del aire sus vagos hermosos flamigeros velos, y en trono volante tus voces escucha la hija del agua, la madre del fuego. Señor? Súmesfuit, qué quieres? Ay, qué chiste! quien te ha puesto de petimetre a la Griega? Ven, que en los raros portentos de mi vida espero sea de muchos sabios proberbio. Quién? . El Anillo de Gijes en los siglos venideros. Y si no fuese eso así, y tu vida, y tus sucesos no fuesen admiración, serán diversión del Pueblo. a ete t craltas ta era t

JORNADA SEGUNDA

Amante corazón mío, estamos firmes los dos, tú en la razón de sentir, y yo en callar tu razón. Quién te ha dado, Paletilla, esa letra? . Me la dio cierto chichisveo mío, que es muy chulo, y muy bufón. Pues divierte las tristezas de Claridiana. . A eso estoy. Y dinos, quién es? . Es Gijes. Gijes? . Fuerte alteración: sosiéguese usted, que aunque le llamé mío, no soy tan feliz, que me haga puches por cualesquiera visión. Visión es Gijes? . Pues qué hay en él que te pareció, sino es mucho entendimiento, cortesía, y atención, y después que el traje Griego ha trocado al de Pastor, ser derecho como un huso, y ser galán como un Sol? Calla, loca, o mandaré que te echen por un balcón. Aún no es hora de vaciar, que da las seis el Reloj. Ay, prima mía! que en vano quiere mi imaginación borrar de una vez la imagen que en el alma se estampo! bien sé que estimas a Gijes, y por eso mi dolor te fío, pues cotejando tu pasión con mi pasión, conocerás que el rendirme no es falta en mi de valor. Acabaramos con ello. Prima, es una estimación la que a Giges le confieso, que no le estorba al favor que le haces; pues de la esfera no pasa de inclinación, siendo amor de tal especie, que es amor, y no es amor. Él de Filocles:- . No, prima, me le nombres. . Por qué no? si estando tú en tu entereza estás en lo que yo estoy. Pues en qué puedo servirte? En vencer tu obstinación hacia ti, y de la fineza que en su tierra me debió cuando a este Reino pasé, hacerle (si hay ocasión) memoria. . Yo te lo ofrezco; y sabe que es el mayor obsequio que puedo hacerte hablar con él. . Se acabó; eso es ser una por otra, alcahuéticas las dos; y si me dieseis licencia en forma de diversión, yo cantaré una cosita, que hace al caso. . Sin temor puedes. . Desde aquí, no sea que me deis un torniscón. Duélete del corazón, ama querida, gruñes, y callas, y sufriendo mueres, a cada instante escuece más la herida; pues sabe que en el mundo, de donde eres, para los hombres nacen las mujeres, y la que mejor ha deshechado, para en un tuerto, cojo, o corcovado; y así, señora, la que pilla, pilla; y según Paletilla, antes que te caiga la que tienes, a pura resistencia, buscar alivios, o prestar paciencia. Yo sé lo que ella quiere, la que penando muere; pues ya la descubrí: no quiere traje rico, ni joya, ni abánico, sino es un Pastórcico, que es de pitiminí, tan alto, tan dispuesto, tan gordo como así. No es eso algún oprobio, que yo eligiera novio, que me gustase a mí. Y a no encontrar pobrete, sino es algún Vejete, por excusar las llamas que enciende el amo amas, tomara a Sumesfuit. Hase visto loca igual? Pretende su buen humor aliviarte. . De mi padre prosigue la indignación con Gijes, por no poder de los prodigios que obró, averiguar::- Claridiana está aquí: felice soy. El medio con que los hace. Terrible es su condición. De qué hablarán? . A cantar volved, que conmigo habló concepto que no halla senda desde el pecho hasta la voz. Amante carazón mío, Quién es? Es un desgraciado, que parece que inventó esa letra. . Para qué? Para explicar su pasión. Oye, corazón, y sufre. . Ahira Filocles pasó al cuarto de Claridiana: mas aquí está; lo mejor es ocultarme. . Después que de mis gentes triunfo vuestro padre, conocí lo desdichado que soy: Antes juzgué que en su oído se afirmaba su tesón, como antiguos enemigos ambos Reinos; mas ya no, pues me dice que no manda en ajeno corazón: y así, al que os postró le digo en recatar un dolor::- , . Amante corazón mío, estamos firmes los dos Por las guardías has pasado sin verte. . Es que me valió la Sortija. . De su acento pendiente, Cielos, estoy. Ahora te obedeceré. . Ayude tu instancia Amor. Confiesoos que hasta aquí pudo mi esquivez dar ocasión de que me juzguéis tirana; pero no tanto lo soy, que de vos no haga mi pecho la más digna estimación. Qué escucho, celos! . Qué oigo! o pesar cruel, y atroz! Y así, interesada en vuestro cariño amante, desde hoy me habéis de hacer dueño de él, y de su colocación, tan en silencio, que pueda (cuando lo que ahora faltó, le expliqué, decirle) guardar secreto, y unamonos::- , . Tú en la razón de sentir, y yo en callar tu razón. He empezado bien? . Ay prima! que es mucha tu discreción. Tan absorto, tan sin mí me deja tanto favor, que he de arrojarme a esos pies. Si no lo embarazo yo. Nueva pena. . Ea, Rey mío, ya hay otro competidor. Para embarazar mis dichas, decid, Arsidas, quién sois? Soy quien dirá con la espada, lo que no dice la voz. . Quitáreme la sortija, . que esto es ya de otra estación. Cómo delante de mí tal hacéis? . Cómo me ajó en vuestra presencia. . Cómo suya es la desatención. Y mío el último arresto de matarme con los dos. . Repara::- . Mira::- Qué es esto? nos cayó La c a cuestas. . No respondéis? Reprima su indignación . mi cautela. Entre Filocles, y Arsidas, padre y señor, de Lidios, y de Maguesios el brío se disputó, porque yo gusté de oír de la una, y la otra nación las glorias, y llegó a tanto de la disputa el ardor, que en desnudar los aceros la conferencia paró. Filocles, traer espada os permito por quien sois, mas no para usarla así. Confieso que ha sido error. Arsidas, sed más prudente; pero lo que aquí pasó, qué tiene Giges que hacer con que entréis a lo interior de mi Palacio, si no es que traigáis firme intención de satisfacer mis dudas? En el mismo estado estoy de no poder aclararlas. Pues como así se faltó a la orden mía, que os priva de entrar en esta mansión, sin cumplir este precepto? Yo, si, cuando:- . Hola. Señor. Ya se perdió todo. . A Gijes conducid a una prisión. La Sortija me pondré. . A quién decís? . A ese que hoy:- mas dónde está? . No le vemos. O el aire se lo llevó, o el abismo le sepulta. Este hombre es mi confusión. Y la mía, pues no sé si es algún oculto Dios. Lo cierto es que son prodigios los que se ven. . Sean, o no, medio hay para averiguar lo que ya nos causa horror: a su Criado prended. A mí? pues, válgame Dios! qué he hecho yo? . A ti te encargo examinarle, Tambor; y si niega; haz que le den un tormento. . Ah gran señor, que tengo potra. . Aunque sea tan grande como un melón, confesar, o perecer. Ay póbrete, ya espiró! Señor: . No me habléis en esto. Mirad::- . Esta orden os doy. La mayor tajada suya será como un real de a dos, sino cuenta lo que sabe del embustero bribón de su amo. . Si le ahorcas despáchale presto. . Por las enaguas de la Luna, y por el pañal del Sol, que habléis por mí. No podemos. Vejete, no hay remisión. Pues suéltame por un rato, manazas de segador. Adonde jamás parezca, si él declara lo que vio, va a parar. . Habla, no temas. Pues, señor, cuanta invención has visto, nace::- . De qué? De que Giges el Pastor amo mío, cierto día con una cueva encontró, y en ella::- . Antes que prosigas, corta el céfiro veloz. Ay, que me llevan los diablos! ay, que no sé dónde voy! . Aqueste es ya mucho espanto. Con todo mi poder, si alcanza a tanto, procuraré inquirir de qué conjuro (pues nadie con tal hombre esta seguro) o con qué alto poder todo lo invierte, y si me engaña, harele dar la muerte. Seguidme todos. Vamos. Vienes prima? Déjame a solas, que llorando gima mi desgracia. . Si haré. . Gijes? . Qué escucho? Oh, si supieras que me debes mucho, cómo estuviera tú atención de ufana? Loco de gozo, hermosa Claridiana. Qué es esto? dónde estabas? por dónde entraste? cómo me escucha- sin que nadie te viera? (bas, Estaba junto a ti, que esa es mi esfera. Y quien, mudando tu forma en tu traje, y tu presencia, de Pastor en cortesano ha trocado? . Mi fineza. Y esa en ti de que nació? De verte sin que te viera. Dónde, o cómo? En un retrato hallado en la verde selva, en donde los vivos copos de corderos, y de ovejas pastando en nieve, engastaban la esmeralda de sus hierbas. En ese sitio me ha dicho, que le perdió Melicerta, habien dosele enviado yo cuando habitaba en Persía para que me conociese; mas mis dudas aún no cesan. Eres espíritu impuro de las mansiones Letéas, o eres algún Semi-Dios de los que Lidia venera? porque nos tienes a todos en la confusión, que es fuerza duden de tu ser. . Escucha, te daré sola una sena, que aunque en repetidos lances a otros muchos se parezca, es del caso, y no es delito repetir las cosas buenas. Yo, Claridiana divina, te vi en esta copia bella, donde hablabas con el alma, que la di en llegando a verla: acaso fue, pero acaso prevenido por la estrella, que de las casualidades se valen las influencias. No importa; no importa, (o, amada belleza!) que todos me duden, como tú me creas. No soy Dios, como presumes, ni espíritu, como piensas; hombre soy, que a ser prodigio formó la naturaleza: hoy me disteis con Filocles unos celos que ya cesan; pues de mí no se acordara, quien otro afecto admitiera. No importa, no importa (oh, amada belleza!) que todos me duden, como tú me creas. Yo te adoro, y: . No prosigas, que antes es razón que sepa, que (evitando mis ultrajes) a quien oigo esas ternezas: tú no eres divino? . No. Pues como hablas en la lengua de los Dioses? . Ese es don que le da el Cielo a cualquiera. Cómo ricos trajes mudas? Cómo hay quien dármelos pueda. Cómo te haces invisible cuando quieres? Como hay ciencia, que eso, y mucho más enseñe. Cómo pudiste aprenderla, siendo un Pastor desválido? Mucho, señora, me estrechas, y a eso no sé responderte. Luego es forzoso que mientas en todo, y te hagas digno de una infiel correspondencia. Mi bien::- . Todo es ficción. Mi dueño::- Todo es quimera. Yo te estimo. . Ese es engaño. Yo te amo. . Mentira es esa. Pues siendo un Pastor humilde, Amor, que de Dios se precia, bien sabe igualar distancias. Mas no tolerar ofensas: y así, aunque sea sintiendo (ay pasión, lo que me cuestas!) no volverte a ver, escucha de nuestra lid la sentencia. Mira lo que dices. . Cuando se consultó a la suprema Diana de mí, y mi Reino el destino, con severa voz pronunció, que sería de ambos última tragedia, que me casase con hombre que de mi sangre no fuera: tú eres un Pastor (según dices) sin otra nobleza que la de un bajo principio; pues ahora considera, si porque en tu amor te ganes, quieras tú que yo me pierda. No, señora, hasta aquí pude llegar yo: dadme licencia. Adónde vais? . A morir, que es preciso. . Harto me pesa: y os vais gustoso? . Voy muerto. Quién daros vida pudiera! Bástame esa compasión, para que el morir no sienta. Oíd. . Qué mandáis? Con que es para siempre esta ausencia? De qué sirve en una dicha buscarla para perderla? Decís bien: adiós. . Adiós: más escuchad. . Aún os quenda que decir? . Entre infinitas razones que se atropellan, una que vale por todas en amor. . Y cuál es esa? A quién le falta fortuna le debe sobrar paciencia, Oye escucha. Claridiana. Gran señor. . Vete allá fuera. Si haré. Ay, amable Pastor, . que toda el alma me llevas! . Nicandro. . Señor. Mandad, que me pongan una mesa en este sitio. . Aquí está. , o Que escapado se me hubiera aquel orejón con patas, que a Paletilla requiebra? sin mí estoy. . Cuántas consultas hay que despachar? . Estas. Dejadlas sobre el bufete. Debajo del Cetro quedan lleno de ojos, ceremonia que en este Reino se observa. Sí, porque con ellos mire lo que firma el que gobierna. Oh palabras de los Reyes! no sé cual será la idéa de Filocles, que me busca con extraña diligencia. Ay de mí! Qué lamentables voces en Palacio sueñan rato ha? . Qué puede ser Será ilusión de la idéa. Desde que aquel diablo de aquel Vejete lamprea fue volando por los aires, se oye un ruido de cadenas tan horrendo, que parece que se hunden las azoreas de este Alcázar. . No seas loco, y en buscar a ese hombre piensa, que se escapó por tu culpa. Alguna bruja hechicera me le quitó de las garras, que sino a las horas de esta ya supieras en que estriban los embustes que somenta su amo. No hay quien me saque de aquí? otra vez se lamentan. Callad, que es todo ilusión: despejad. . En hora buena, que al oír estos quejidos mi cuerpo se enzarambeca. Habrá, Cielos, sucedido tan prodigiosa, tan nueva historia como la mía, ni habrá alguno que la crea, aunque a la posteridad los añales la refieran? Yo no tengo de mi sangre deudo alguno, que suceda casándose con mi hija en mis Reinos, y me fuerza el anuncio de Diana a que otro no lo merezca, pena de que a mí me cueste la vida y el Cetro a ella. En mi conflicto mayor un Villano es mi defensa, de quien es preciso huir; pues las artes que maneja, como saben dar los Reinos, fuerza es que quitarlos sepan: y antes de que tal discurra, subsaneando la sospecha en que ya entré, es forzoso, que se declare, o que muera: quien::: mas la larga vigilia, que estos días me desvela, me llama al sueño, forzosa ley de la naturaleza: descansemos, corazón, si hay descanso en tantas penas. Caudales, Griego Monarca, mal juzgas si evitar piensas los Celestiales decretos de las Deidades supremas; procura evitar el riesgo, que previenen las estrellas a tu vida, que aunque injusta la altivez de tu soberbia quiera evitarlo, este Cetro . es forzoso que posea el Pastor contra quien armas las iras, y las cautelas. Para Gijes te le hurta mi pasmada mano hierta, y por más que le persigas (según el Cielo lo ordena) será el quinto Rey de Lidia, y así guárdate, y despierta. guardias, Soldados. Qué mandas, señor? qué ordenas? Habéis visto (estoy sin juicio!) un bulto de blanca piedra, que ahora me habló y despertó? No señor. . Todabia sueña este Rey chocho. . Al instante tómense cuantas veredas en Montes, y Selvas haya; échese en todas mis tierras un pregón en que los premios más esquisitos se ofrezcan al que a Gijes encontrare, como le mate, o le prenda. Por qué, tío? Por qué, padre? Por qué, señor? Porque es fuerza, según el Cielo me avisa, que le acabe, o que yo muera: mi Cetro un Pastor? el pecho de puro dolor revienta. . Ay de mí! que antes mi vida fallecerá. . Fatal nueva para quien a Giges ama sin saber por qué. . Desiertas playas, a inquiriros voy, hasta lograr esta empresa. . Yo penetraré los montes. . Yo correré las tabernas. Yo mares, y bosques, como el salir se me conceda. No haya estancia que no huelle nuestro celo. Así nos dejas, Tambor? . A esa llamadura quién ha de haber que no vuelva? Que me comen los ratones. Qué voz tan triste es aquella? Aún no cesan los espantos. Mi zarambeque comienza. Paletilla. . Ay qué es el alma del Vejete, que anda en pena: por la voz le he conocido. No puedo vivir sin verla; y así, en virtud del anillo vuelvo oculto. . No creyera lo que oigo. . Háblale, Tambor, que es Sumesfuit, no le temas. Qué es temer? Alma roñosa de aquese brujón de cerdas, qué quieres que te den? Paletilla. . Panetela? no era mejor darte con una porra en la cabeza? Infelice Sumesfuir. De buena gana le viera yo. . Mi bien, qué gusto tuyo habrá en que no te obedezca mi amor? . La voz, Cielos santos, en el oído me sueña de Giges: mas qué ilusión! Súmesfuit, busca escalera, y baja. Ya sobre el lomo de esta Araña corpulenta, Alguácil que tras la mosca anda como otro cualquiera, al tiempo, que, hecha mi cama de trapos, y esteras viejas, a tender la raspa iba, pues la carne es poca, y seca, con este candil, que un duende que habita, galopa, y juega en estos desvanes, donde anda la marimorena, me dio de piedad, formando de una morcilla la mecha: bajo, porque me lo manda el que me hizo dar la trepa antes, que aún decir su nombre me jorova la paciencia, para que ya que el Ingenio con esta endiablada fiesta, y conmigo hecho racimo, quiere hacer carnestolendas; por lo menos no consiga, que yo a besaros no venga esos pies, que cada uno tendrá tres cuartas y media. . Súmesfuit, dame esos brazos. Amigo del alma? . Seas bienvenido. . Cómo ha ido por allá? . El traer orejas se lo debo a tres mendrugos, que llevé en la faldriquera, que si no, ratas, y chinches aquesta noche me cenan. Sabrá el Rey que has parecido. Eso no, porque me cuelga al punto. . Yo te doy orden de que calles. . Aunque quiera irle a encontrar, habrá modo de que no dé con la senda. Prima te retiras? . No, vete tú, y aquí me deja, que hablar quiero a Sumesfuit. Yo he menester la moneda, no obstante el orden: en busca voy del Rey. . Adiós. Adiós, Melicerta. Sola queda, la Sortija me quitaré. Ya está cerca, . que se oye el turum, túm, tum de cajas, y de trompetas. Que me atropellas, demonio. Qué le ha dado a este tronera? Te has vuelto loco, Tambor? Apretemos de soleta, que corre. Así irás andando, y de hacer circunferencias jamás saldrás, hasta que yo lo que mando suspenda. Por allí va la carroza: señor. Ya dando boltetas se fue con quinientos diablos. Ay Paletilla! quién fuera tan feliz que viese a Gijes, y la novedad funesta que hay le avisase. Aquí está, y creed que no viniera, sino lo quisieses tú. Tate; el demonio me lleva otra vez. . No temas, simple. El hombre se sale, y se entra . como por su casa. . Ay Gijes! huye aprisa. . Qué te alteras? Mira que te van buscando por montes, playas, y selvas. Para qué? . Para matarte, y es orden del Rey expresa. Bien de darle una Corona me satisface la deuda: y lo sientes tú? . Lo siento tanto: pero yo estoy muerta, y no acierto a hablar: a Dios. . Paletilla. . Tus quimeras me han hundido la del cuerpo, como si fuera de cera. Sumesfuit vente conmigo. Ah señor, dónde me llevas? Donde admires mis portentos. . Con la Magia, qué extrañeza será? pues si ha habido quien escribio cinco Comedias con un libro, guardará su Sortijilla el Poeta para hacer si se le antoja cinco mil y cuatrocientas. a Al valle. Al prado. . . Al monte: Registrad en su bárbaro orizonte, flor a flor, y peña a peña, hasta poder hallar alguna seña de lo que deseamos. Cortando troncos, dividiendo ramos me seguid. Avisad que venga gente. La espesura talad. Nicandro, tente, que tengo que decirte. Ya me avisaste, y es forzoso oírte, di, que la tropa toda se adelanta, y el Rey con ella. En desventura tanta como en la que hoy me pone mi fortuna, he de ver si hay en ti piedad alguna. Mi Rey, señor, has sido, y de tus sinrazones ofendido me pasé a Lidia, despicando enojos. Pues ya debes hoy poner los ojos en que tu Rey constante a ser te llama quien restaure su vida, honor, y fama. Si haré, como ser pueda: pero dimelo presto, no suceda que vuelva el Rey. Espero que contigo he de poder vencer tanto enemigo. Y así, Nicandro, a Magnesía pasarás, donde confío, que se están haciendo levas, para restaurar los míos mi perdida libertad, de quien vendrás por caudillo, no ya a vengar mis agravios, porque todos los remito si este Rey cruel cediese su rencor envejecido. No querer darte a su hija nace (según él ha dicho) de un anuncio de Diana, que amenaza su peligro, fino se la da a quien sea su deudo. . Yo no he creído que es eso más que invención de su obstinado capricho. Yo no debo replicarte sino es (dándole al olvido mi queja) servirte. . En eso das de tu nobleza indicio. Anda, Tambor, busca al Rey, y dile que en este sitio le espera Gijes; ve y logra los premios que te ha fingido tu codicia. . Por el Dios que hace hablar a los coritos, que a otro desván no me arrojes, como a Sumesfuit. . Te fío, que no. . De puro dar vueltas llevo trabucado el juicio. Vamos, que se acerca el Rey. Cumpliré lo prometido. . A solas con este monstruo de ingratitud, solicito averiguar, por qué causa tanto se irrita conmigo: pero qué más que haberle hecho un beneficio tan grande? y como en el mundo se falte a algún requisito, se hacen los más obligados los mayores enemigos; pues no queriendo pagar aquel bien que se les hizo, con abultar una queja les parece que han cumplido. Avisastes en secreto que se acerquen esparcidos los Soldados? . Si señor. Mientras que tenga el Anillo . nada temo. . Noble Gijes. Gran señor, cuando ese estilo os merecí? . Cuando hicistes milagros en mi servicio, que aún no los tengo premiados: por asegurarle finjo. Pues si conocéis, señor, que no solo os he servido como los demás, sino es con tan raros, y exquisitos extremos, que han sido el pasmo de aquellos que los han visto; qué razón tenéis de haber (con un pensamiento indigno de vos) tal desconfianza de mi lealtad concibido, que ofrecéis premios a quien me entregare muerto, o vivo? Todo lo sabe, no sé como de este laberinto salir. . Mi señor, mi Rey, ved que humillado y rendido apelo a vuestra clemencia . de vuestro rigor; qué asilo para asegurar su vida tendrá un pobre Pastorcillo, sin más armas, ni más fuerzas, que vuestro genio benigno, sino es la heroica piedad de un Monarca esclarecido? Casi casi me enternece su razón, mas seré impío con mi Reino, y con si a su persuasión me rindo. Qué empresa no lograréis, si yo a vuestro lado asisto? Claro está (y la de mi muerte.) Si el precepto no he cumplido que me disteis::- . Ya no importa. Es porque::- . Sobra el decirlo; pues no quiero yo saberlo. Con que con nada os obligo? La seña que di a la gente, . fue abrazarlo. . En tal conflicto dame algún consuelo. . Templen tu pesar los brazos míos. Date a prisión. . Villanos, las manos me habéis cogido: (no puedo de la Sortija valerme) pero mi brío . sabrá desembarazarse, y trepando por los riscos burlarlos. . Que se nos va. Que se escapa. . Ah fementidos, cercadle. . Tiradle, y muera. . Dónde, Cielos, fugitivo voy sin poderme parar a sacar el mago Anillo? la espesura de esta cumbre, aún a pesar de los tiros de tantas volantes flechas, me ampare. Somos perdidos, sino escaláis ese monte. Arriba, arriba. . Enemigo Rey, alcánzame si puedes. Precipitado ha caído de la otra parte. . Venid, por si es que ha llegado vivo. Pásito, silencio, que quiere Cupido hacer uno solo de dos albedríos, y de Claridiana concede el hechizo a Gijes Monarca de Persas, y Lidios. Qué es esto, Dioses? Que el monte en pedazos dividido voló. . Y en trono de luz (oh furiosos celos míos!) al lado de ese traidor a Claridiana diviso. Es verdad, así lo explican la cólera que reprimo. No puede ser, esto es todo ficción. . Con que mis cariños te obligan? . Amado Giges, a merced de ellos respiro. Lograd en vuestros amores mi supremo patrocinio. Nuevo embeleco tenemos. Pues cómo (un volcán animo!) puede (en un etna me abraso!) ser esa (incendios bomito!) mi hija? (venenos hablo!) Ella es. Hecho un mármol frío he quedado. . Pues si es ella de este puñal a los filos acaba; muere, infeliz Claridiana. Padre mío, ya estoy aquí, que en tu busca yo, y Melicerta venimos. Qué es esto, Cielos! si estaba . allí, como aquí la miro quedando en su regio solio otra Ninfa, otro prodigio? no estabas tú::- . Dónde, padre No eres tú::- . Quién era, dilo? No hablabas tú::- Yo qué hablaba? Nada, pues que ya respiro. Nada, pues ya cobro aliento, Qué es esto, señor, y tío? Un enredo de los diablos. No sino es un basilisco, un dogal, una congoja, un frenesí y un delirio, que ha de quitarme la vida si a un traidor no se la quito. . Sigamos al Rey. Sigamos. Yo temo con lo que miro, que se hunda la Cazuela, las tablas, y los banquillos, Aposentos, y Tertulia; y que vayan hasta el limbo volando mis Mosqueteros, y hasta los Cómicos mismos, si este hombre o este demonio no cesa en sus embolismos. E tea t e ea al ORNADA RA

JORNADA TERCERA

Ea, Soldados, marchen las hileras al bronco son del militar acento, Besuvios del carmín nuestras Vanderas ensangrienten los paramos del viento; domesticadas las gigantes fieras, ciudádelas serán con movimiento, si al pueblo de Bridones, y de Infantes vivas murallas son mis Elefantes. Cruja el monte al estruendo de la caja, brame el aire al gemido de la Trompa, juzgue la tierra, que del Cielo baja rayo fatal que sus entrañas rompa: muera el tirano que a Magnesia ultraja, pierda su honor, deshágase su pompa, pues quiere que hablen, destrozando leyes, las últimas razones de los. Reyes. Y pues desprecia pacto tan honroso con que en Claridiana, hermosa astrella, desprendida del Plaustro luminoso, Maguesia adore Venus la más bella: ya que por ti, Nicandro generoso, mi Campo inunda en Lidia cuanto huella, al arma, que ofendiéndole arrogante no obra el Cielo prodigios cada instante. No siempre hay un Pastor que le consiga el triunfo, sin saber de donde viene, y aún de este al ver que tanto le persiga tampoco en su favor su auxilio tiene: su áspera condición es enemiga de la propia amistad, que le conviene; por eso de mi fama no es ultraje saltarle al que es infiel a un homenaje. Rompisteis la prisión, ya lo he sabido, y su desconfianza lo ha causado. Qué pudo hacer mi espíritu ofendido, y por tantos cáminos agraviado? Vuestro es el triunfo, que el desprevenido le es imposible defender su estado. (tento: No es de abición, si no es de amor mi in- mas qué marcial sirena asusta el viento? Con una carta un Trompeta . la gran guardia ha penetrado, y llega hasta aquí. Yo os beso, gran Filocles, los zapatos. Qué es esto, Tambor, tú vienes de Trompata? . Pues acaso qué Tambor no es siempre un pobre Trompeta de tres al cuarto? Es ese pliego del Rey? No señor, pica más alto. Pues de quién es? . De su hija. Te burlas? . Es por Dios santo. Forzoso es que le reciba obsequiándole mi mano, y que pase a mi cabeza después de tocar mi labio. Y no hay otra ceremonia, porque la estoy esperando. Darte esta cadena de oro en albricias de tan raro favor. . O! qué bien parece tener los amantes garbo. No lees? . Oye, que todo lo fío a tu amor, Nicandro. Ya habéis visto los partidos . que os hace el Rey, el que os hago yo:: qué es esto? . Señor mío, no ser yo tan mentecato, que las albricias pusiese en contingencia, y guardando el pliego del Rey, os muestro el que con mucho recato me dio después Claridiana: quien no discurre es un asno: Ahora entra bien. . Por su orden es fuerza que los leamos. Filocles, porque sepáis cuanto vivís engañado en juzgar soy enemigo vuestro, siendo el embarazo el no ser vos sangre mía, según afirma el presagio de la suprema Diana; para poder conformarnos, al Oráculo de Venus consultaré; y si le hallo favorable, lograréis de Claridiana la mano. Nuevas albricias mereces por esto; pero veamos qué dice ella. . El Cielo quiera darles paz a estos estados. Ya habéis visto los partidos que os hace el Rey, el que os hago yo, es que cumpláis la promesa que me disteis de fiaros vos, y vuestro afecto amante de mi arbitrio::- Hola, Soldados, ninguno haga hostilidad, ninguno se mueva un paso, truéquese en gozo la ira, y la amenaza en aplauso. Espera un poco, Tambor, mientras de mi Tienda saco la respuesta. Y si hay algún diamantillo desechado, traétele contigo. . Dime, y Gijes? . Once mil diablos desde el día que cayó de aquel monte despeñado, que son los que le trajeron, juzgo que se lo llevaron. Está en la gracia del Rey? Como él pudiese pillarlo, presto le echara al gaznate su gargantilla de esparto. Toma, Tambor, la respuesta de Claridiana te encargo, que después seré yo quien lleve la del Rey. . Cuidado, que es un poco zafareño. Ya lo sé, vete volando, y vamos, Nicandró amigo, que en los villajes cercanos pienso acantonar mis Tropas, mientras que nos conformamos Caudales, y yo. El diamante no debe de estar labrado todabía: Ea, Tambor, vamos dando trompetazos, como es costumbre al salir, . y al entrar en Campo extraño. Tambor? Quién me llama? pero Gijes es; este es mal caso. Todo lo he sabido, oculto, lo que allá, y acá ha pasado: Por qué, amigo, te recatas de mí? . Yo no me recato: en todas cuantas funciones . hay se ha de hallar este trasgo? Pero me espanto de verte aquí. . Pues yo no me espanto; y así sosiégate, y dame un pliego que ahora te ha dado para Claridiana. . Quién? Filocles; quieres negarlo? y en respuesta de otro suyo. Si el demonio te ha parlado el cuento, quien cara a cara podrá desmentir al diablo? . Vesle aquí: Ay Bico bendito, que estoy de miedo temblando! Yo te agradezco, Tambor, que seas tan buen Criado de los dos. . Pues si me mandan? Temo, que estás azorado. Como es el tiempo algo frío, tírito de cuando en cuando. Alto premio merecías, que es Filocles un gran Amo: mas yo supliré la parte que en él hubiese faltado. Ya lo doy por recibido. Es preciso: Hola, Criados, Pajes de estas asperezas, hacedle algún agasajo. Yo, sí:: mas ya los malditos de los Pajes asomaron, y son dos Osos: Dios mío, qué patazas! qué hocicazos! Ay, que me hacen reverencias! pero aunque son cortesanos, se va mi correspondencia por los calzones abajo. Una colmena me traen, siendo sus garras el plato, por jícara montañesa de chocólate endiablado: señas me hacen de que sorba; vaya, que si hay miel no es malo. Mas ay triste! qué montón de tabanos ha brotado de zanganos y abejones, que me hunden a lancetazos: Misericordia, señor; Osos, bien podéis llamaros Pajes, que para hacer mal son Tigres, y Leopardos: enmelarme en la colmena, zampuzándome de un salto queréis? Ay pobre Tambor! tráíganme plumas de Pavos, y gallinas, y saldré sobre algún progimo guapo, que eso merece quien quiere andar en alcahuetazgos. Por evitar de la guerra el peligro, y el horror, esto le escribo. . Señor, no sé si en todo se acierta. Conforme a la pasión mía, que mantengo recatada, hablo. . No aventura nada quien en las Deidades fía. Lo que decretó Diana, Venus no reformará. Ay Gijes! que es mucha ya . tu ausencia . Estrella inhumana, que haya menester mi amor . invenciones, para ser feliz! . Habéis vuelto a ver, por ventura, a aquel Pastor, que Mago, traidor y loco a todos nos confundió? Yo no le he visto. , . Ni yo. Ni tú, villano? i. Tampoco; pues desde que has permitido que de Claridiana al lado asista, de escarmentado, habiendo estado embutido en aquel zaquizamí, estoy reducido a que la haré la zalamelé, y estaré seguro así. No has querido declarar lo que te ordené. . Ni quiero, que a quien no trae braguero es un demonio el volar. Ahora entra la comisión, . ama mía, que me has dado. Eso ha de ser con cuidado. Si os vais es buena ocasión. En fin, rompió el homenaje Filocles? . Nicandro ha sido el que ausente, y foragido de su Patria, halló hospedaje, y favor en mi piedad, quien a Magnesía pasó, y Ejército le formo; pero entrad conmigo, entrad, veréis, que si hoy por no hablarme prevenido, le he propuesto partidos, logramos presto triunfar vos y yo vengarme. Cuando es infiel eso labra en todos. . Nada os aflija: ven, sobrina, vamos, hija. Ah Súmesfui, una palabra. De casamiento? al instante. No sino de amor patente. A quién? . A ti. Lindamente. Meréceslo tú. . Adelante. Me, querrás? . Dale canela; hija, pudiendo ser bodas, no solo a ti, sino a todas cuantas hay en la cazuela. Ay hijo! Qué haces? . Llorar, por si me haces un desvío. Calla, paloma (ay Dios mío!) que me empiezo a enquillotrar. Mira, una cosa quería que hicieses por mí. . Si haré. Pues dame esa mano. . Qué quieres? Hay manita mía! Mujer, suelta, que no es bien me hagas decir (grave aprieto!) lo que en el paso Moreto del Desdén con el Desdén. Y qué es? Que al alma se cuela el veneno que me araña, como el pez que por la caña al pescador pasma, y hiela. Con que ya te envenené? Con ese contacto sí. Y qué es lo que harás por mí? Mucho más que Revené. En fuerza de eso (ay qué miedo!) dime en lo que ha consistido que obre Giges::- Soy perdido. Lo que ejecuta. . No puedo. Adiós. Qué te vas, chiquilla? A llorar, pues te perdí: . a Diós. Ay, qué a Sumes fui . se le cae la Paletilla! Mira::- . Me voy a ahorcar. De qué? De otro nuevo amor. Firme es el mío. . Es traidor. Vuelve. . Zarandillo, andar: qué quieres? Que no te afanes, que aunque el tal Gijes de un vuelo me arroje::- . Adónde? A un tinelo, que es peor que mil desvanes, te diré::- . Qué me dirás? Que cuanto ejecuta, hija, consiste en una Sortija, que trae encantada. . Hay más? Que en una cueva la halló, donde luchó con un muerto para quitársela. . Cierto? Recierto. . Ya desbuchó. . Mira lo que haces, no digas esto a nadie, que no es ley. No lo sabrán más que el Rey, sus Criados, mis amigas, Melicerta, Claridiana, y si te parece tu amo. Mira, que te estimo, y amo; considera, que eso es gana de que muera. Ya, pobrete, poca puede ser tu vida. Y tu promesa, querida? Pronta está como un cohete: una viejaza doncella me sirve que sin engaños tendrá noventa y dos anos; ven, y cásate con ella. Por vida de los demonios, que haya sido yo tan frágil, que haya::- Sumesfuit? Ay! yo he muerto: Señor? requiescat in pace. Suspensa en aquella fuente, Ídolo de sus cristales, Claridiana está; ve, y dila, que la espero entre estos sauces. Voy volando. . Sacra Venus, pues ofreces ampararme, declarando de mi vida las dudas que me combaten, ya el tiempo se acerca. Gijes, bien tu palabra observaste de no verme más (hah ingrato!) sino es que yo te llamase. Si la rompo es por traerte una respuesta de parte de Filocles, celebrando que le escribas, y me calles, cuando tu amor me encareces, los favores que le haces. Si dudas de mis afectos, juzgo que estamos iguales. Cómo? Como a Melicerta le debes amor tan grande, que a ser yo del genio tuyo bastaba a que me inquietase. Ese no puede impedirme. Ni esotro a mi embarazarme: dame ese papel, y escucha. Lo que os he ofrecido antes, señora, es obedeceros en todo cuanto mandaréis, de que os doy mi Real palabra otra vez: el Cielo os guarde. Y eso qué quiere decir? Que Melicerta es amante de Filocles, que su afecto de mi intercesión se vale, que porque este hombre me deje, le pedí que me otorgase la palabra de cumplir todo lo que le ordenare, que le mandaré en fe de ella, que con mi prima se case: esto es, mira si te doy satisfacciones bastantes. Dichoso quien las escucha. no es razón me pagues declarándome quién eres? A saberlo yo, era fácil; mas ya te di alguna seña. No basta; pues como tardes, en el arbitrio de Venus está el no poder librarme de ser ajena. . Ay de mí! espérame un breve instante. . Qué es esto, Cielos? se han visto confusiones semejantes? todo es misterios, enigmas, dudas, y contrariedades este joven, cuya estrella es en mí tan dominante, que sin lograr conocerle, no puedo dejar de amarle. Quien de tanta oscuridad, como padezco, sacarme podrá, Dios de Amor? Las luces. Las luces? pues con qué frases, ni quien las dicta? Los troncos. Supuesto, que esos lo saben, quién les dio reglas? Los peces. Y quién idioma? Las aves. Aves, luces, peces troncos, pueden dar lecciones tales? Qué nueva Música es esta? Cielos, qué hechizo suave, que en mi corazón se ceba, en mis sentidos se esparce, y me embarga las acciones imperiosamente afable? La propia que mueve, la misma que atrae los troncos, las luces, los peces, las aves, a fin de que sientan, a fin de que amén, el agua, la tierra, el fuego y el aire. Dioses, qué nuevo esp Deidad, quien eres, cuyo incendio es tanto, que no puedén mis ojos resistillo? (torcillo, Soy quien auxilia a un pobre Pas- digno de tu piedad, y de mi empeño. Ya tienes otra seña, hermoso due- de que no has malogrado tu clemencia. (no, Pues pase de la duda a la evidencia: dime claro quién eres? Casi lo sabes, porque ya lo infieres, viendo que a quien persiguen los mortales, favorecen los Dioses Celestiales. Y en caso de que sea capaz de mi atención, y yo lo crea, qué debo hacer no siendo deudo mío? El Cielo no violenta un albedrío. Quizás (ay Claridiana!) al enfático numen de Diana vencer podrá la estrella. (en ella. No hay facultad para ese triunfo Pues qué he de hacer? Ser firme. Ser piadosa. Pues todabia me dejáis dudosa. Alma, que fina amó, no triunfará no, sin ser constante. Vida, que te ofrecí, si vencerá, sí, sí, durando amante. Crece en tu dulce amor. Cree que será así. Postra un infiel temor. Qué puedo hacer por mí? Lo que cupiese en ti. Y eso es bastante? Eso es bastante. Fina le atenderás. Tú lo conocerás. Firme será mi fe. Eso yo lo veré. Qué es lo que dudas, di? Que ha de salir de aquí. Salir triunfante. Oye, aguarda, escucha, espera, no de mis ojos te apartes, noble joven, Deidad, que eres para hacer bienes mis males. , . La propia que mueve, la misma que atrae los troncos, las luces, los peces, las aves, a fin de que sientan, a fin de que amén, el agua, la tierra, el fuego, y el aire. Pero qué pretendes más, corazón, puesto que sabes que adoras a un Semidios? Ay ama querida! dame albricias. Pues qué hay de nuevo? Que ya se hizo aquel examen: vació el costal Sumesfuit. Y es una de las Deidades el Pastor? . Muy al revés; es un brujo, un Nigromante hechicero, que le deben azotar por esas calles. Qué dices? estás en ti? Oye, que es caso notable. Todo lo que hace es en fuerza de una Sortija que trae consigo, que se la hurtó en una cueva a un cadaver, quitando al sepulturero el oficio de aliviarle. Qué es lo que pasa por mí? no era un Dios habrá un instante? yo he de perder el sentido. Si el camino se encontrase de quitarle la Sortija: dio Sumesfuit las señales? Díjome después que es ancha, gruesa, y con cinco diamantes. Puede ser que sea como esta, que me dio Alcestes mi padre en mi edad primera, cuando nos criaba Zoroastres, gran privado suyo. S que ahora como yo le llame él vendrá, y pienso apurar un enigma semejante. Bien harás. . Gijes. Señora? No temas, no te recates de Melicerta mi prima, que nuestros afectos sabe. El que me tiene agradezco, y no hay expresión que baste a explicar lo que le estimo. Creed, Giges, que me nace del corazón. . Yo te llamo::- A qué, señora? . A quejarme de que quieras a mi amor los prodigios ocultarle, que al Cielo debes, sabiendo, que tus dichas me complacen. Por qué, señora, lo dices? Dame un anillo que traes contigo. . Ah traidor Criado, . ya el secreto revelaste? En esto he de conocer si mentiras, o verdades tus finezas son. . Señora::- quién se vio en tan fuerte lance? . No hay que desaparecerse, ni lo que es cierto negarme; yo no quiero más que verla, pues el estrecho paraje a que ha llegado contigo el uso de mis piedades, le importa más que tú tengas con que poder resguardarte. Hate engañado el que diga, que haya en mi alhaja que alcance a ejecutar lo que has visto. Cual se defiende; tomates. Dejádmela ver, que afirmo por los Dioses inmortales, que es solo curiosidad: y si aquesto no bastare, juro por los mismos Dioses, que desde ahora, ni has de hablarme, ni verme. . A tal amenaza no hay resistencia que baste: este es el Anillo. . Mira, es semejante No es bella joya? . Qué es lo que intentas? Trocarle por el tuyo: toma, Gijes, sal del susto. Él cambalache vino bien, habiendo habido otra con quien él se engañe. No os puedo negar, señora::- Llegué con adelantarme al campo del Rey. . Qué hacéis una fineza muy grande, dándome en esta sortija un instrumento, que trae de vuestra fe los indicios, y el remedio de mis males. Para que os la quite yo, pues no debe tener nadie un favor de Claridiana, sin que yo el alma le saque. Llévóselo el diablo todo. Para quién intente ajarme, la respuesta es este acero. . Filocles, como llegaste, o por donde. . Reparad::- Muere, villano. . No es fácil. Ruido de espadas se escucha. Qué estorben el que se maten! Advertid, que llega el Rey. Invisible he de quedarme, poniéndome la Sortija. Cercadlos por todas partes, y no enfrente de banderas permitáis excesos tales. Señor::- . Vos aquí, Filocles, y tú, vil Mágico infame? Qué es esto, cómo me ve? Qué osadía es que tus artes no te oculten de mi vista después del pasado lance? Ay triste! perdió el Anillo . su efecto. . Prendedle, antes que pueda usar::- . Ay de mí! . que yo he querido matarle. De sus traidoras astucias. Llegad, no hay que recelarse; venid, pues este es castigo de los Dioses inmortales: sus auxilios me abandonan, y pues ya no hay quien me ampare, no solo, indignado Rey, que me prendan, y me aten dejaré (ay de mí!) si no es yo propio quiero entregarme para que en mi infausta vida se ceben tus impiedades. Pero si de mis servicios alguna vez te acordares, debate yo la clemencia de que mi nombre no infames con la frase de traidor; pues antes son tan leales mis afectos, que la causa de mis infelicidades nace de servir, y amar a tu estirpe, y a tu sangre. Ya lo veré que no soy tan cruel, e inexorable, que no atienda a lo que debo: La torre del homenaje, que tiene una puerta al Templo de Venus, será su cárcel. Llevadle os digo. . Ay divina Claridiana, que un trance tan fiero, solo el no verte bastará para matarme! Buena entruchada hemos hecho: lo menos será ahorcarle. . No me atormentes, villana. Filocles, solo este grave accidente impedir pudo, que no os obsequie, y os hable. A traeros la respuesta quise en persona atriesgarme de aquella carta, que anhelo a que nuestras amistades sean eternas. . Esas penden de que Venus nos declare si aún tiene fuerza el anuncio de Diana: esto no obstante, en mi tienda Real espero a que entre los dos se trate lo que conviene. Fantasma, . que mi Cetro me robaste, ya no hay Pastor, ya no hay Gijes con que infausta me amenaces, o sabré quién es, o presto haré que mi susto acabe. . Bella Claridiana, habéis recibido de mi parte un papel? . Y una promesa. Pues estoy de ese dictamen, y estaré. . Con Melicerta conferid lo que os faltare que decir. Y con gran gusto. Eso se llama en romance el onceno no estorbar. Si en la memoria durase vuestra lo que antes sufrió mi amor a vuestras crueldades::- Tened, que ya empezáis mal, y no es modo de obligarme acordarme unas finezas, que se hicieron falsedades. La culpa tuvisteis vos, que un retrato me mostrasteis de vuestra prima. . Y el verle os bastó para olvidarme. Las continuas esquiveces vuestras y el que me obligasen mis vasallos a que uniese con los Reinos de Caudales, casando con su heredera, los míos, fueron bastantes, no a que os olvidase, no, sino a que me conformase. Luego la razón de estado consiguió haceros mudable. No sé, hermosa Melicerta, solo sé que vuestra imagen conserva en mi pecho inciensos, aunque ya no tenga Altares. . Albricias, Amor, pues hay para mis felicidades alguna senda; prosigue hasta que salgas triunfante. . Sin orejas, sin ojos, y sin manos, a mis gritos viniendo dos vi de la colmena fiera, que ya no era de miel, si no de cera, me sacaron a golpe, y a porrazo, rompiéndome al salir medio espinazo, que comer no quisieron los Osos pajes, que piadosos fueron con ser unos salvajes; mas no eran de Madrid los dichos Pa- maldito el Mago sea, y quien le hizo. Cuando vendrá, señores, un hechizo de un amo con embustes sempiternos, que me arroje a un desvá de los Infiernos, por lo que a Paletilla le he parlado? Ay mísero Tambor! Ay desdichado Sumesfuit! . Quién se queja? Quién padece un dolor de rabo ha (oreja, que es preciso temerle. Pues en mí no hayoreja en que tenerle. Pues que tienes, Tambor, dónde has estado? Pregúntaselo al amo endemoniado, que te dio Barrabás. Ni aún son peores los más malditos. Servitor, señores. Brásero de mis entrañas. De mis asquás Paletilla. Seas muy bien encontrada. Seas muy rebienvenida. Hacia allá, Galán de viento, fuera, amante de cocina, y tratar de regalarme, que os vengo a pedir al bricias. De qué? De que ya en la trena está quien os martiriza. Gijes? . Gijes: ya acabó la Magia, y la Sortijita: en la torre de ese templo le mandó su Señoría el Rey meter de cabeza, que Claridiana le quita con una astucia el anillo. De verdad? . Por vida mía. No te creo, que eres garda. Si es cierto, el alma me brinda de gozo. . En esta Comedia no le temo, que está escrita, y se acaba. . Pues en cual? En la que después se escriba; si el Poeta no se muere, u otro la idéa le pilla, que entonces (ay cuerpo mío!) no queda de ti una pizca. Yo, si tal sucede, marcho, y dejo la Compañía. Admite nuestros votos, o Venus Ericina, que de Diana apelan a tu piedad benigna, por conseguir la paz Magnesia, y Lidia. Qué es esto? Que viene el Rey con toda la comitiva al Templo. Y qué hemos de hacer? Qué? ser testigos de vista, a ver como se desata tanto montón de mentiras. Ay! que el estar esto al fin, aquí un pásito nos quita donoso. . Cómo? qué cosa? Decirte algunas caricias. Esas eran para mí; que soy el que más te estima. Haced cuenta que se han dicho, y que mi amor os envía a otro desván, pobrete, y a ti a una caballeriza: a Dios, borracho. Adiós, loca. Adiós, chulo. Adiós, cochina. Viva nuestro Rey Cau ales, su nombre el aire repita. . Claridiana, pues qué es esto? tú tan sin consuelo? Ay prima! que he sido una aleve infiel, ingrata, y desconocida: Hoy la crueldad de mi padre hacer terrible justicia de Gijes intenta, donde con la mayor ignominia, a quien le he dado mi alma, le hago yo quitar la vida. Pues no has podido volverle el Anillo, que podía librarle, o usar tú de él? Las Guardías tan prevenidas están, que no me es posible, que hablarle (ay de mí!) consiga; y aún para ver si invisible aqueste Anillo me hacía me le puse y con él hice las pruebas más exquisitas: mas no debe de tener la virtud que presumía, sino es para Gijes solo; por eso en la última línea del dolor me he adelantado al Templo, donde le pida en tantas penas a Venus fuerzas para resistirlas. Ya viene el Rey; ya no es tiempo, sino es de que el himno diga::- Admite nuestros votos, o Venus Ericina, que de Diana apelan a tu deidad divina, por conseguir la paz Magnesía, y Lidia. Ya, generosos vasallos, ya, Magnesio Rey, el día llegó en que nuestras contiendas el Oráculo difina. Hoy me matará mi pena. Hoy conseguiré mis dichas. Hoy mi pecho se declara. Hoy la paz se determina. Cuál es, soberana Diosa, el destino de mi hija? Casar con un deudo suyo, o ser la forzosa tu ina de tu vida, y de tu Reino. Qué escucho, estrella enemiga? De Diana (ay infeliz!) esa es la sentencia misma, con que no habiendo ninguno de mi sangre y mi familia, me quedo en mis dudas. . No. Pues quién que me las decida hay? . El Anillo de Giges. Vayan, tráíganle a mi vista. Dioses, extraños asombros! Cielos, raras maravillas! Yo estoy lela. Y yo también. A vuestras plantas invictas estoy, Rey supremo. . Hombre, misterio, ilusión, o enigma, dame un Anillo que tienes. Aquí está y yo::- No prosigas, que no es ese, sino es este, que con una astucia mía, porque supieses, señor, lo que saber solicitas, logré trocársele. . Con que tenemos ya dos Sortijas. La una es mía, gran señor. Y entrambas tan parecidas, que no cabe distinguirse: y qué hemos de hacer? Abrirlas. . Cómo? Como cada una dos hojas tiene distintas, que un muelle invisible une, y por de dentro una cifra. Es cierto; y aquesta dice: esta es de Alcestes la hija. Y estotra? . Este es hijo mío: yo Alcestes. . Amor, albricias. Gran prodigio. . Mi sobrino eres, si esto se confirma, joven; pero aún no lo creo, si el Cielo no me lo explica. Si hará: del Persa acosado tu hermano perdió la vida, y todos sus hijos, menos Gijes, que al cargo le fía del gran Mago Zoroastres, a quien le dio esa Sortija rico testimonio, en donde ser hijo suyo confirma: muerto este sabio, el cadáver, en cuya imagen habita su espíritu, que soy yo; pues en un dedo tenía esa prenda, que su amor la encantó, para que sirva de resguardo a Giges, y el Cielo, que a él la dedica, no permitió que la cueva nadie penetre hasta el día que el gran valor de este joven logró tan alta conquista. El anuncio era matarte tu sobrino; mas la misma Deidad, como tú le abraces, le reconozcas, y admitas, esta fatal circunstancia revoca, porque se diga, para que en Lidia domine, viva Gijes. Gijes viva. Ya tus sustos fenecieron. No en vano yo te quería. Hermana, a mis brazos llega. La voz el gozo me priva. Da, Claridiana, la mano a Gijes. . Échale guindas. Dulce fin a tantos males. Alto premio a mis fatigas. Pues ya a lo que ordena el Cielo no hay resistencia. A qué aspiras? A que de mi amor dispongas, como te ofrecí. En mi prima le empleo. . Ya es Melicerta tuya. . Logrose mi dicha. Bien hice en no declararme. La solemnidad precisa a estas bodas haga el Coro de Semidioses, y Ninfas. Pues repítase en mi aplauso;- Pues en tu gozo se diga::- Que viva de Gijes la estirpe florida; y siendo Monarca supremo de Lidia, escuchen aquellos que le solemnizan, su aplauso en los ecos, que aplauden su vida; para el que hun de sus hechos escriba, perdón de las faltas, que son infinitas.