Texto digital de Amparar su propio agravio
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pablo de Lara
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amparar su propio agravio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amparar-su-propio-agravio.

AMPARAR SU PROPIO AGRAVIO
JORNADA PRIMERA
No me divirtáis amigo. Don Juan dejad tal congoja, si mi amistad no os enoja, descansad, hablad conmigo. Amor que es firme testigo de las penas que padezco, diga porque me entristezco, preguntadlo a el amor, porque en tan fuerte dolor se solo que me enternezco. Si con alma irracional brama su pasión el bruto, y no se permite astuto rendirse callando el mal: Si le desliza un raudal, por decir su pena grave; si el ave organiza suave su dolor, cuando penáis, decí porque no imitáis a el bruto, a el raudal, y al ave. Es agente racional, el que sabe discurrir, quien no puede reprimir su pena es irracional: Que el bruto, la ave, y raudal publiquen su pasión grave, si reprimirse no sabe cada cual, no hay que espantar, de donde no he de imitar al bruto, al raudal, ni al ave. Deja esa pena importuna, poned fin a tal despecho, y no pague vuestro pecho lances de vuestra fortuna: Sentid, pero con alguna A temo Digo, que no me iguala el más amante, Amparar su propio agravio. mplanza, porque rendido se dolor repetido. evuestro gusto enajena, ha de acabar la pena, lo apeláis al olvido. nhelos, cuyo ser nace e alguna causa secreta, dien los calla los respeta, bien no los dice los hace, vien los pública deshace, mas de su sentimiento, quien calla da alimento las penas con callar, uego acertado es hablar, ves le deshace el tormento. (enceos con más templanza, en tan prolija porfía, si descartéis la alegría, si desprecéis la esperanza: él tiempo todo es mudanza; lmudar a esa pasión, scabad, que no es razón orque es mengua anto sentir, Digo, que no me iguala el más amante, Amparar su propio agravio. quitar el uso a la lengua por dársele al corazón: Engañaisos, que si os diera cuenta infeliz de mi ardor, viendo público su amor, mi dama quizá pudiera no verme más, y esto fuera para mí el mayor pesar; luego acertado es callar, porque si los riesgos toco, es tener mi dama en poco el llegarla a aventurar. Pero sé que sois mi amigo, y el amigo si es discreto. viendo que importa el secreto, será mármol, don Rodrigo, atended. . . Decid. . . Mal digo, el mandato pues en él, hallo un veneno cruel, que quitándome la vida, da la pena repetida, oíd el amor de Isabel. Digo, que no me iguala el más amante, corta exageración, paso adelante, pienso que en mis incendios no descanso, que hipérbole tan breve no lo alcanzo, ocúpame el amor que abraza a todos, no lo sé encarecer, que toscos modos. No hay por Dios, don Rodrigo, no hay momento que no repita el alma lo que siento, y exhalado vapor en la azul lama, le ostenta fuego, y se acredita llama, y para que sepáis de todo el modo, atended, y sabréis del modo el todo, Giraba el sol en paralelos de oro, examinando luces con decoro, donde era el Dios de Delo purpúreo ramillete a tanto cielo, cuando de un monte, cuya cumbre sube orque es mengua aar- De Don Pablo de Laza. a arrebatarse el agua de una nube, conducido neblí, sacre sin pluma, se arroja girifalte a tanta espuma, mi bruto, que chipriota ensangrentado, de la espuela se vido provocado, siendo en peinar el viento sin derrota, girifalte, neblí, sacre; y chipriota. Vile precipitado, en paramos cerúleos anegado, más gobernando entonces a la orilla, inmóbil estafermo era en la silla. Pero aquí me provoca mucha deidad en la nevada roca, que me ofrecen mis ojos lisonjeros enojos, pues el agua retrata un júguete de nieve en mucha plata. Y luego dije, ay Dios a mi deseo, que dé la plata enojos no, lo creo, vi una deidad, y contemplé en un cielo, no eclipsado, cubierto con un velo, y fue recato aquesto pues me heló lo decente con lo honesto, Allí el agua invidiosa rondaba su garganta presurosa, y el cristal hablador en uevada onda, quien va, decía, téngase a la ronda, y por prender la ronda en tal suceso, el que rondana se quedaba preso, pero rendido (ay Dios) a mis antojos, ojos, esto dije mirándome en sus Divinas luces del cielo, principio, y fin de mis males, pues sois prendas celestiales, como estáis en este hielo aún de las aguas os celo en este confuso abismo, y es mayor mi barbarismo, pues sin hacerme favor tengo celos de mi amor y estoy mal conmigo mismo Mirad ojos que me deis vuestra gloria poco a poco, porque me volverá loco tan solo que me miréis: Ni tampoco me matéis ojos, si tenéis enojos, porque soy vuestros despojos, y porque temo, y recelo, mas que dos rayos del cielo un rayo de vuestos ojos. A2 Amparar su propio agravio. En esto alborotada se recata, títubeando en dos áncoras de plata, a que era animado astro, inanimado se miro alabastro, porque usurpó un desmayo, Pancayas al Abril, flores al Mayo, y transformando sus colores rojos, en palidez fatal a sus dos ojos, en menos hermosura, aunque no digo bien en tal ventura, quedaron más hermosos, porque los parasismos rigurosos, dejarles pueden sin aliento solo, no sin deidad, que es su atributo A olo, y quedaron gloriosos, si sin aliento no menos hermosos. En aquel marjen breve se ostentaba carámbano de nieve, en esto me abalanzo; aquíles busco, mas allá le alcanzo, al recogerla amante; tiritaba diamante con diamante. Dile asiento en mis brazos (ay Dios, y que dulcísimos abrazos) adonde el susto me ofreció barato lo que el melindre esconde, o el recato, restituir a la playa su hermosura, adonde cobro alientos mi ventura, porque un clavel desoja, en cuyo hielo sumiller de jazmín a tanto cielo. Mirome agradecida, rindiéndome las gracias de la vida, ccuando en tan dura suerte endírselas pudiera de mi muerte. Apárteme, cobrose en su vestido del color natural que había perdido, volví rendido, y ciego a cobrar en sus ojos mi sosiego: allí quedé informado de su hacienda, calidad, y estado, y porque el manto descogió la noche, de De Don Pablo de Laza. de mí se despidio, y entró en su coche. Solicítela amante, al principio su pecho hallé diamante, y después de un hermoso galanteo correspondió cortés a mi deseo. Centellea encendido el fuego, en que me abraso reprimido, y a vista del amor, y el galanteo, lidia el recato, titubea el deseo: en tan confusa calma, mía es la forma, pero suya el alma, y un viejo a quien el mar hambriento sorba; mi amor por pobre cudicioso estorba Pero si persevera, amor no lo permita, ni él lo quiera, haré en tan dura suerte que se carce la vida con la muerte, porque logre en acción tan bien nacida, a su hermosura consagrar la vida. Si me quiero ausentar pierdo mi dama, si de servirla dejo, arde mi llama, presente yo mis dichas aventuro con mi ausencia mis penas aseguro. Veome sin consejo, está indignado el impaciente viejo, témome si le indigno, que le he de hallar más cruel a lo benigno, si le írrito es severo, y si dilato el bella, amante muero. Esta pues es mi llama, estas mis penas son, y está mi dama, y si sirve un amigo a otro de espejo, he menester aquí vuestro consejo. De consuelo os servirá, don Juan, pues os le he ofrecido un corazón afligido, que sin esperanza está. Pues cómo ansias tenéis ya? Sí, porque lo quiere el cielo, Enamorado os recelo. Y tanto, que bien podré daros alivio, porque mal de muchos es consuelo, Pues haced ahora por mí lo que me mandasteis vos, y pues que somos los dos tan amigos, advertí. Amparar su proptio agravio. que os suplico yo que aquí me repitáis vuestro afán. Pues me lo mandáis, don Juan obedeceros es justo, aunque se embarace el susto de las penas que en mí están, Apenas bordaba el día con luces entrambos Polos, uno con risa de plata, y otro con arrullos de oro, cuando era todo coluro en esos azules globos, en cuyos signos de nieve le argenta el dorado Apolo De la Baía fui, don Juan, a aquel cerco valeroso, que en Pernambuco pusimos el año de treinta y ocho. Alimentado de Marte retumbó el parche canoro que ocupando el Orbe a gritos, libró en sus voces su logro, Elpífano asustó el viento, mirando en uno, y en otro el impulso que hace el brazo, el aliento que da el soplo. Pues ambos a un mismo tiempo, uno claro, si otro ronco, dando aviso al enemigo, dieron asuntos gloriosos a él libro azul, que es razón, que en cuna de sinamomos lea coronsta el Sol tanta pluma a tanto elogió. Llegué pues a Pernambuco a dar la batalla brioso, donde mi valiente acero animado de si propio, derramó del enemigo sangre desatada en golfos, Amparar su proptio agravio. astro siendo de su nido, de su octavo promontorio que se desvanece en fuego, sino se desata en lloro. No de otro modo, que cuando examinando los sotos sale la Leona hambrienta, para cebarse en sus robos, Solo un Capitán valiente, tan gallardo como heroico, haciando gala el peligro, y aquel lance desa hogo, siendo ponzoña, áspid, ira, incendio, cometa, asombro, prodigio, rayo, veneno rabia, pena, volcán, monstruo, injuria, desdoro, afrenta, etua, venganza, y oprobio, contra mi empuñó el acero, a la defensa animoso, para deshacerme rayo, o calificarme en polvo, para matarme veneno, para amedrentarme asombro, para abrasarme cometa, para a huyentarme monstruo para tragarme volcán, fiera para mi decoro, ponzoña para mi fama, para mi gloria desdoro, afrenta para mi honor, y para mi ardor oprobio Pero yo que le esperana para verme en tanto logro, no me inquieta su pasión, antes me alienta su enojo. Entonces que vi ocasión, mi irarmente animoso la rodela, y el acero al fuerte pecho antepongo: fiero De Don Pablo de Laza. fieros nos acometimos, yo aunque descompuesto airoso, los dos aceros rompidos, en mis brazos le recojo, a poco espacio de tiempo, mas que tímido orgulloso, le hice medir el suelo. cuando a mis plantas le postro, racional losa le oprimo, humana tumba le cojo, fuerte pira le fatigo, y urna funesta le ascondo ̱r discurriendo los contornos, Pidiome perdón rendido, pero siendo mi soborno, que se han de mirar objectos vecen ̱ para matarios a todos, cuantos arvitrian mis ojos. a la sombra de unos olmos, Cruel desánimo su aliento, matando me desenojo, porque brinda a mi impiedad todo lo que es riguroso. ga Si en dulces quiebros me hal el silguerillo canoro, retrocede su cariño la inhumanidad, o el plomo. Si el Toro en los riscos brama, a este si que le perdono, porque halla en mí la altivez, el agasajo más pronto. Cuando en la milicia estoy sangre represada sorbo, que me brinda la impaciencia en tazas donde mi enojo vebe licores humanos, y con música de oprobios hace salva de sus quejas, al paso que riguroso. No hace melindre el disfraz de racionales malogros. el original mejor, que dibujó el pincel docto, De Don Pablo de Laza. siendo pira de sí mismo, fue de sí mismo mauseolo, Con la cual hazaña hice, don Juan, mi nombre famoso, porque el valor del vencido es gloria del victorioso. Todo esto os he contado, don Juan, porque importa todo, que para decir mis males son fuerza estos circunloquios, porque después que vencí, ̱r A discurriendo los contornos, al soto, al valle, a la selva, vecen ̱ para matarios a todos, caluroso me quedé a la sombra de unos olmos, en cuyo volumen verde lee el césiro soplo a soplo. Pero apenas de esta suerte me empezó a ensayar asombros, el sueño para alabarse de que me vencio orgulloso. Cuando un Ángel se me ofrece, aquí los pinceles corro de Erisa, porque si en ellos presumido de animoso, me embanezco, pretendiendo con pensamientos heroicos, pintarosla rasgo a rasgo, los pinceles trozo a trozo desmayarán el impulso, en la admiración absortos; tal piélago se me ofrece en aquel divino rostro, tanta reseña tendida, tan concordes circunloquios de hermosuras penetradas en aquel espacio corto. Mas A 4 Amparar su propio agravio. Buscando a mi señor con una dama encontré, que pide su si seque, licencia a esfera mayor: pues aguarda este favor de tu celestial hermana. Pues mientras habla a doña Ana en tan dichola visita, alcanzad lo que permita la urbañidad Castellana. Pues la escuela de Cupido permite un objeto hermoso. Don Juan, pues que ser curioso compite al más comedido, que me dejéis ahora os pido porque me inporta, después os ire a acabar corté! la historia, que no está vista deja a Galindo, que asista porque necesario es Así lo haré amigo, adiós y tú quédate Galindo. Para todo seré lindo, pues así sirvo a los dos, la dama me ha dado tos. Que entre le puedes decir, porque yo a avisar he de ir a mi hermana, y lo que siento repetirá mi tormento, pues que lo sabe sufrir. A mi hermana llamar quiero, pero ella viene, o hermana, una visita, doña Ana, tienes, deja lo severo. Melancólica no espero, hermano, divertimiento; hay don Pedro, mucho siento no declararme contigo pero temo a don Rodrigo, Amparar su propio agravio. y así de mi ser me ausento. Pues adiós. Adiós. ̱. Doña Ana de ser mi amiga blasona, y así le diré mis males, doña Ana pues en su abismo zozobran con orden de provocarime a hazañas tan cautelosas pero ella está aquí; o amiga. Desvanecida deponga mi casa humildades muchas, pues vuestra presencia la honra tanta merced más honrarme, sentada podréis, señora, . mi recato le dirá ahora, que estamos solas, como con su herma no (a cielo) mi inclinación se conforma, Desde aquí podré muy bien mirarla, pero que copia es esta divina imagen de aquella que el alma adora? esta dama no es la misma que vi, cielos hoy se mejora mi suerte, pues la fortuna me ha repetido piadosa la suerte de haberla visto El alma atienda curiosa; pues vino a ser de criado, no sea menos que las otras, que aunque su cara no he visto, he de oír como razonan, porque el embozo ha podido negar De Don Pablo de Laza. negarme su vista hermosa. Con mi hermana salí mas perdida. Pena amorosa. En un alboroto grande el alma a veros me exhorta. Siempre está de parte vuestra el hontarme, pero es propia obligación de quien soy mostraros tan generosa. Válgame el cielo, qué dicha! ya no será rigurosa la fortuna, que sabré la nobleza que le abona, que si mi hermana lo sabe y es su amiga, es cierta cosa que no me lo ha de callar, que es mi hermana, y esto sobra para prometerme aquí ocasiones venturosas. Qué conceptos desperdician, sin que alguno se los oiga. La conversación es buena Fuera al doble más gustosa, si tocase lo picante de las mézclas amorosas No lo niego. Pues decidme para entre las dos, deponga su honesto manto el recato, queréis bien? Él os responda, bien es, que aquí me declare, pues alterada zozobra en el abismo de penas, naufragante de sus olas la confusión que me inquieta en maretas tan dudosa Del silencio solo infiero que queréis, más ved que ignora De Don Pablo de Laza. una criada, que es tan vuestra quien mereció tanta gloria. Cielos, que es lo que he escuchado que el silencio le responda. El silencio es excusado, ved que alma noble me adorna, para ayudaros amiga, y socorreros piadosa. Enamorádica está. Atended. Todo me estorba. Dejaré varios todeos, y iré solo a lo que importa que adonde el tiempo es recato, cualquier circunloquio sobra, yo vi, que bien. Aquí es ello. Pendiente el alma, y medrosa retrocede hasta el aliento y se embaraza en si propia. A dón Sed piadosos cielos. Rodrigo. He quedado absorta. Entre confusiones tantas me prometo la victoria. Denodado me valio, por esto el alma le adora, porque el ser agradecida es pensión de una alma heroica, Quiérole bien; pero pienso, que mi amor callado ignora pues llego a ocasión, y eres mi amiga, perdona, que en caso tan apretado mi amor otro modo ignora; le dirás, mas no le digas, que no es acertada cosa, que a un hombre una mujer diga lo que el recato le estorba Amparar su propio agravio. Solo te súprico, que le des (todo me apasiona, un papel donde verá la inclinación que le adora, con esta llave, que a caso le tenía escrito, gozosa para darle cuando hubiere ocasión de darle pronta. No digas, que yo lo truje, porque fuera acción impropia a una mujer de mis partes, fineza tan a mi costa, que revelé este secreto, por mandármelo su ahora, porque para mi obediencia es tu mandato lisonja: mi nombre va transformado en el de mi hermana sobra aquesto para decir, que aunque amante, estoy medrosa de mi padre, y si supiere alguna de aquestas cosas, a el suplicio de mi culpa, a mi triste hermana exponga. Ya no hay que fiar en hermanas; que usurpándose las glorias, para disculparse a sí se culpan unas a otras. Es tan impensado el gusto, es mi suerte tan dichosa, que el alma neutral está, y indiferente la gloria. Ahora mi amor declaro, pues así mi fe mí se logra. Que enamorada que está la lindísima señoras mas don Pedro viene allí, avisarles es forzosa ocasión: señora que sube don Pedro de Uiloa, Amparar su propio agravio. como se tapó, o mujeres, no quiere que le conozca. Ay amiga, que es mi hermano. Su hermano dice que es, rompa, mas no rompa mi prudencia, que en esta ocasión importa. Si la seguirá? aquí cielo, ya mi turbación se nota. Entrémonos acá dentro, que dirá Galindo (loca estoy) que nadie está en casa; ya mis dichas se malogran, a penas, que declararos no pueda un alma amorosa? Dices bien, vamos amiga. Qué mal mi amor se reporta. No digas que se detenga, suba don Pedro en buenhora, como a su hermano perdió, no querrá verle medrosa, porque no sospeche a caso alguna acción cautelosa. Hay hallada prenda mía, ya el contento me apasiona, pues he hallado tal ventura en la cláusula de un hora. Por ver a doña Ana (cielos) añado errores a culpas pensando que habrá disculpas, que apartarán los recelos a su hermanoso don Rodrigo, aumentando mis enojos se me perdió de los ojos una dama, y pienso amigo, que en vuestra casa se asconde; perdonadme, porque ciego, ya que me abraso en mi fuego do la De Don Pablo de Laza. la tengo de buscar. Dónde? Aquí, bien finje mi pena que embustero es el amor pero como es envaidor de una en otra encadena. Mujer aquí? reparad, que esa pasión os engaña: entrar la vio, pena extraña Ya he alcanzado la verdad, miren cuan por varios modos aqueste engaño advertí, pues mi amo hace aquí el peor papel de todos, Miren si es ella, pues no hube dicho bien, don Pedro, cuando le quedó un enebro y a turbarse comenzó. Ello es hecho, a decir voy a mi amo lo que ha pasado, grande cuidado me ha dado válgame Dios, que seal soy No basta que yo lo diga? Pues perdonad tanta culpa que una celosa disculpa con humildad os obliga. Halo creído, vive Dios, mas porque pase la calle segura, quiero llevarle al jardín, donde los dos estemos, don Pedro amigo, esa tristeza dejad y de esa pena apelad a el lugar, donde mitigo mi pena; creed mis verdades y vámonos al jardín donde enamora el jazmín las parleras soledades Que pude amigo, no dudo, engañarme inadvertido, De Don Pablo de Laza. vive Dios, que me ha creído, y no sé quien creerme pudo pero amor no discurramos pues en nuestro favor va: don Rodrigo amigo, ya adonde quisiereis vamos. Es vuestra toda mi casa, y advertid que soy muy vuestro, Que proceder tan siniestro, toda el alma se embaraza, tanto favor, vive Dios, que no entiendo a don Rodrigo No vamos. Vamos amigo. Id señor don Pedro vos. Tú la viste? Sí señor Ay Isabel rigurosa, mas ya estamos en la calle. Muy bien tus desvelos logras y porque de creer me acabes, la misma tapada sola de en casa de don Rodrigo mesurada sale ahora, donde de este desacierto te informaras de ella propia. Notablemente salí de borrasca tan notoria, quiero apresurarme un poco y diré que cuidadosa me he detenido en buscar mi hermana suerte dichosa. Espérame ingrato dueño mis desvelos oye ahora, quizá será la postrero, que por ingrata me oigas Qué es esto? loco sin duda B2 esta Amparar su propio agravio. está, más callar me importa. Oh basilisco que hiere, o cocodrilo que llora, rayo que entre luces mata, áspid dormido entre rosas. Dime para que me engañas? dime, para que blasonas, que me adoras, si aquí miro, que te desmientes tu propia; si en sus arrullos, y halagos? La tórtola arrulladora un amante escoge siempre, a él le promete la gloria, si una provincia de llamas, amante la mariposa galantea, no le deja hasta abrasarse en su pompa. Pues si en los irraciones este distinto se abona, porque teniendo más alma al olvido estás más pronta? Pero para que me canso, que me espanta? que me asombra, que sea ingrata conmigo quién a su honor no perdona? Responde, para que diga, pues la muerte me equivoca, siempre la ventura falta adonde la lealtad sobra. Sin duda celoso viene, que hombre que no se reporta; tan turbadas las acciones, el alma tiene celosa. Y hame juzgado la dama a quien celoso enamora. pero en aquesta ocasión mucho el silencio me importa. No te has de ir así. . A mi ermana Amparar su propio agravio. perdí, y mi amor ignora, donde la podré hallar? ya se debió de ir medrosa de mi padre, y me ha dejado inconsiderada sola: no puede ver a don Juan, y más cielo mortal ponzoña, no es don Juan este que miro con una tapada a solas? Aquesas son las finezas debidas al que os adora? Quiero estorbarles, mas no, no es bien que en culpa notoria resulte de mi opinión el ir temeraria, y loca. A pedir satisfacción a don Juan, y así posponga a mi opinión tantos riesgos, pues le escribiré celosa, que a satisfacerme vaya a la noche, y así ahora vuelva por estotra calle, sin que me vean, que es nota en mujeres principales, no atentas a su persona, que en la calle pidan celos, sin reparar en su honra. Qué molesto es por mi fe, mas de este modo negocia, callando mi pundonor, que es discortés, y me enoja. Isabel es una santa. Solo te pido una cosa, y es Galindo, que me dejes morir de mi pena propia, porque yo me vea vencido, y se vea ella vencedora, No te has de ir así. . A mi ermana y muera de su desdicha. quien no vive en su memoria. Pero De Don Pablo de Laza. Pero amigo ven acá BDDOO síguela, y ve si le enoja mi amor, que si esto es así, me he de ambarcar a Lisboa, para que alterado el mar me de sepulcro en sus olas. Dices bien, más seguirela, no me haga alguna tramoya, que con esta fulleria viven aquestas señoras. Tan presto se fue el placer tan presto vino el pesar, que absorto llego a dudar cual tuvo primero ser: Aún no llego a merecer el contento, cuando siente que se transformó al momento; en pesares; y desdichas, donde infiero que no hay dichas donde peligra el contento. Dos males, dos confusiones esta desdicha me ofrece, la culpa en Isabel crece, en mi amigo sinrazones; A Isabel mueven pasiones, a don Rodrigo el amor; a mí me acaba el rigor de los dos (penoso trance!) y en tan riguroso lance ninguno juzgo mayor. Oldidaré a Isabel (cielos) y mataré a don Rodrigo, a ella porque es cruel conmigo, a el porque me da estos celos A ella por tantos recelos, a el por tan grande tormento pero paso pensamiento, que a Isabel no he de olvidar, porque será fabrica? torres de humo en el viento. De Don Pablo de Laza. La pena me hiere fiera BDDOO en tan extraño rigor, dónde está tu ingenio amor? búscame alguna quimera; Engáñame antes que muera en esto mismo que sé, engáñame, pues se ve mi amor en tales recursos, pero para los discursos, si has de decir lo que fue. No pudo ser que no fuera Y sabel esta tapada, y que la vista engañada tantos males padeciera? Y que pasase severa, callada si puede ser, mas hay que he llegado a ver, cuando pierdo la esperanza, que la mujer es mudanza? y que Isabel es mujer. En vano discurro amor, buscar podréis otro medio, que no es fácil el remedio donde es tan grande el dolor: Porque en mal tan superior cuando estás desdichas toco, a tal furia me provoco, mirando tales sucesos, que como amante haré excesos, y tiraré como loco. A don Juan vengo buscando, para dar fin a mi historia, sabrá de todo la gloria que a la alma está provocando; Sabrá como estoy amando, y que me he rendido fiel, como en aqueste papeí. que a mi hermana amante dio, su firma (cielo) mostró, B3 que Amparar su propio agravio. que se llamaba Isabel. Corazón sin esperanza si amaste a quien no te amó, que culpa te tengo, yo? sufre, que quien sufre alcanza, y si adviertes su mudanza; pero viene don Rodrigo, y viene hablando consigo, informarme del espero. Oh don Juan, que atendáis quiero un fin, y un principio amigo, digo, que apenas la vi. cuando la cerca un oprobio de un escuadrón enemigo, que contribuido a su enojo, quiso vengarse en un Ángel, por no poder en nosotros. Vi navegar en las venas de aquel animado escollo un temor, que surcó ardiente abismos de grana y oro. Y rendidosa un para sismo, en nacarinos despojos, un intrépido desmayo, fue sumiller de su rostro, Entonces compadecido, el acero lo que heroico, intentó en aquella hoja la muerte escribir de todos: seguí la tropa Holandesa, consigue su fin mi arrojo, bosques intrincados sulco, y pierdome entre sus chopos, que como me había ganado en sus luceros hermosos, por ganarme los luceros, conmigo juegan los oímos. Volví cuando me hallé, y hallé desierto el contorno, entonces el monte halago, Amparar su propio agravio. y las peñas enamoro. Algún tiempo se pasó, donde en piélagos dudosos, naufragante de mis penas, le desconoció a mis ojos. Y hoy aquí rejuvenece mi aliento a tanto decoro, en la visita que vistis, al interese me expongo de escucharles, cuando veo a dama que vi en el soto, temeroso la escuché, apadrináronme todos los sentidos, que impulsivos me provocaban de modo, que la atención de escucharla solo le debí a sus ojos. A hablar vinieron en fin de sucesos amorosos, donde más no lo refiera, y si de amigos es propio comunicarse las dichas, mirad las dichas que gozo. Doña Isabel Vasconcelos. Vino su hermano a este tiempo, ances que aquí importan poco pasaron De Don Pablo de Laza. pasaron, por daros cuenta d él me despedi gozoso, aunque aguardando me queda, que hay comedia, y los dos somos convidados, si queréis podréis venir con nosotros. Y no os podré obed ecer, que aguardar aquí es forzoso la muerte, porque es la muerte de un desdichado soborno. Pues don Juan, quedad con Dios, que me esperan min Quedo absorto, doña Ysabel Vasconcelos, firmó (cielos) cómo, como no se inspira contra mí De Don Pablo de Laza. la fatiga de mi enojo? El cielo se viste nieblas si el sol se pasa a otro globo, si se ha pasado mi sol, como no hago lo propio? pero paciencia tendré hasta averiguarlo todo; y si esto es así seré quien convocando su arrojo, construya de sus pesares un edificio tan loco, que oprima su bizarría, porque no es denuedo airoso con el informe primero querer acabar con todo. JORNADA
JORNADA SEGUNDA
Sale la flor en su botón hermosa, y a la primera luz se muestra ufana, pasa al noturno tiempo la mañana, y cadaver de flor sin ser reposa: Veese la Luna llena, y luminosa con los candores que se ostenta Diana, y apenas es su luz su barba cana, cuando al cielo es su luz marchita rosa Retóricas las flores en el prado, muda la Luna en catredas de hielo, confiesan lo que ha visto mi cuidado, y pues flores y Luna en mi recelo son fatales ejemplos de mi hado, solo infelice a mi desdicha apelo. Fuertemente me ha seguido el criado, de tal manera, que por prisa que me he dado me ha alcanzado, y la escalera sube ya. . Qué te mudaste? Pero mi hermana suspensa SEGUNDA está, como no me halló se vino, que ocasión esta para irme de aquí, y dejarla en las manos de esta arenga? demás que diré que vine a casa a aguardarla a ella. Que así un hombre satissag tantas debidas finezas? e Vive Cristo, que he venido como una arrojada flecha, y no la pude alcanzar, viste alas, pues tanto vuela. Vive Dios, que no me he de ir sin darle esta mala nueva, que mi señor a Lisboa se parte. Confusas quejas! Aquí está, si no me engaño; las puertas de las orejas, los postigos de los ojos, y los ecos de su lenguar Dios guarde a usted, mi amor B4 Amparar su propio agravio. Mas se irritó mi impaciencia. Vengo de parte. De quién, medianero de mi ofensa; Hábleme usted mejor porque soy por línea recta, a pesar de quien pesaré, pariente del gran Zulema, cuya nobleza acredita la antigua casa de Meca: es y aunque sirvo, entienda que solo por falta de hacienda, porque a tener lo bastante, juro a Dios, que no sirviera. Vengo de parte de mi amo a pediros, no licencia, vona sino si le mandáis algo para tierras extranjeras. Pues de aqueste modo os da; señora, a entender su pena, y así callando pública tanta repetida ofensa, que a pesar de tanto amor vuestra voluntad gobierna. Estás loco, estás borracho? mas ya entiendo tus quimeras, vienes muy bien ensayado, cuando es tanta la soberbia de ese presumido amante, que dices que me respeta, que sin mirar en mi agravio, otra tapada festeja, otra atención proporciona, y otra dama galantea, que piensas que no lo vi, cuando vine de la Iglesía. En verdad, señora mía, que me dais muy buenas señas y entendiera que sois bruja, si la tapada no fuerais. Amparar su propio agravio. Yo? cuándo? cómo? en qué parte? responde, hablas de verás harasme que pierda el juicio. Harasme que el juicio pierda. Di, yo no vi la tapada con tu amo? . Quién lo niega? solo se niega el supuesto de que vusted no era ella Mientes infame, que tú por disculparle me afeas, pero para averiguar estas celosas quimeras, a las nueve de la noche le dirás que a verme venga, pues del jardín tiene llave, porque si cruel me desprecia, seré objeto de las iras, y sujeto de las penas. vona Qué es esto hija? . Aquí es el este si que es al cometa, ya graniza si llovia, Dios ponga tiento en mi lengua. Un hombre contigo aquí? Señor yo no estoy con ella, ella si estaba conmigo, que soy un pobre poeta. Señor aqueste es un hombre (ca que viniendo de la Iglesía le he hallado aquí. . . Y a quién bus diga hermano? . Aquí me pesca, mas su hijo no está en casa, que mi cuidado le deja en casa de don Rodrigo, y así he de mentir por fuerzas señor a tu hijo buscaba, y no lo he hallado, y quisiera. No está en casa, y dos de aquí. Es muy bien que te obedezca De Don Pablo de Laza. Mayor incendio me ocupa, sin dar al sosiego treguas, pero por Dios, que aunque oy no tuve lugar de verla; porque fue cansa su hermano ponienda estorbo a mis penas, a verla he de ir a la noche, podrá ser que con mis quejas halle piedad en sus ojos; halle premio en sus finezas: pero mi padre, señor hay algo en que te obedezca? Aquí Pedro te buscaba un hombre, y se fue allá fuera, ya pienso que se habrá ido pero consultar con vuestra capacidad quiero hijos mi acierto, rejuvenezca mis años en vuestra edad. Pedro ven, ven Isabela. ̱ Ya te seguimos. Ya vamos. A las nueve dije, que a hablarme al jardín viniera, sino viene entenderé con certidumbre mi ofensa. Qué de ese modo pasó? Pasó como te lo cuento. Válgame el Cielo, Galindo, que tú la seguiste? . Es cierta la pena, que a temoriza, aumentando tu sospecha tu amor, apenas amor cuando sabe, que son penas a verla bien puedes ir, pues tienes, señor, licencia, pues tienes del jardín llave, y pues tus celos te alientan. Pues si a las nueve te dijo De Don Pablo de Laza. que fuese al jardín, espera, supuesto, que a don Rodrigo mandó, que las once fuera, no he de ir hasta aquestas horas, pues consigue mi cautela, mi desdicha averiguar si le hallo hablando con ella, y seré en aras celosas sacrificio que se ofrezca, holocausto que se abrasa, y víctima que se quema. Pero cielos permitid que amorosa no me ofenda, que nos requiebre un arrullo, que un requiebro nos convenga, que un favor nos satisfaga, y una lazada nos prenda, y si no tengan piedad los rayos de vuestra esfera porque la muerte me basta, si me ha olvidado Isabela. Dices bien, mas don Rodrigo viene ya. . . Ocasión funesta, mas si puedo, vive Dios, pues que ya el gusto se empeña, que de mi enojo ha de ver bastantes, y claras muestras, que no acabo de empeñarme hasta apurar mi impaciencia, hasta ver mi desengaño, pues que a la noche me espera. Por Dios, que don Juan perdió una extremada comedia y de no haberle llevado. vive el cielo, que me pesas o don Juan, pero aún tan triste Ansí mis ansias se muestran Estáis desfavorecido? Un disfavor se consuela. Amparar su propio agravio. Mayor mal que un disfavor? Sí, mayor mal me atormenta. Son celos? . . Alguna parte, pero mayor es mi pena. Cómo es eso? . . De este modo, atended mis ansias fieras, cuando los celos los causa, una atención forastera que compite con el gusto de aquel que amante festeja, no aventurando amistad del que atrevido se empeña. Celos solamente causa, y no afecta otra tormenta, donde encrespando borrascas, ajenas dichas anega. Pero si los ocasiona un amigo, no se altera con mayor razón el gusto, con mayor causa la queja Pues si en uno, y otro me hallo, mirad si es bien que lo sienta, discurrid como advertido, y sacad la consecuencia, y con aquesto me dad, parairme de aquí licencia, porque esto que os he dicho trae mis acciones inciertas. Vive Dios, que declarara si los empeños no fueran este ardimiento nativo, aqueste en mi pecho etna, poraz consumirme gusta, volcán quemarme desea. Por Dios, que si no me engaño, que ya el cuento a obrar empieza. Don Juan amigo aguardad, vase, y confuso me deja, y en una equinoca queja deja neutral mi amistad, Amparar su propio agravio. Esperad don Juan, mirad, que somos uno los dos, y os estimo, vive Dios, mas que a mí, y es pena fuerte, que me dejéis de esta suerte, sios vengo buscando a vos. Mas fuese, y no reparó en lo que atender debía, si de aquesta grosería he sido la causa yo. Si aqueste enojo formó aberme visto el criado, atento en lo enamorado, en la quietud que procuro, os discursos apresuro, por divertir mi cuidado. Mi tormento es más que celos, porque me los da un amigo, no dijo, como fatigo mi discurso en mis recelos? Si soy el amigo (cielos) a quien moteja de cruel, mas cuando le he dado a él celos, pues solo rendido he aspirado agradecido a la deidad de Isabel? Y esta no le puede amar, porque una noble mujer, cuando ha llegado a querer cómo se puede mudar? Pero yo le iré a hablar a las horas que ordenó; porque de este modo yo en los pesares que siento, veré si mi pensamiento aquí me ha engañado, o no, Voy a mudar de vestido, porque ya el délfico coche descoge el manto a la noche, por mirarse sumergido: Apre De Don Pablo de Laza. Apresúrate lucido, regocijado farol, porque hallo en tu arrebol la pena que me refrena, vien pensara que da pena la hermosura del sol Aprended flores de mí, porque de tal suerte estoy, que mis males son eternos, mis bienes mueren en flor. Flores que al amanecer, lisonja fuistis del prado, mirad en vuestro traslado lo que hay de ser a no ser. Quérida me miré ayer y hoy despreciada me vi, yo no sé qué causa di para mudanza tan fuerte, y pues me veis de esta suerte, aprended flores de mí En este jardín me miro, y melancolías aprecio; porque me mueve un desprecio, cuando su rigor admiro y entre uno, y otro suspiro, un volcán, un etna soy, que aún no me conozco hoy, flores mi amante lealtad, de vivir la soledad, porque de tal suerte estoy. Aliéntame el amor niño a llamar mi amante flores, y el no atento a mis amores, se endurece a mi cariño: Y así perdido el aliño, movida de afectos tiernos, quiera el amor entendernos en vuestro aliño me aliento aunque veo en mi tormento, De Don Pablo de Laza. que mis males son eternos. Flores no os causan enojos las lágrimas que os matizan, que ardientes os fertilizan las corrientes de mis ojos: Pues sois del amor despojos, no os espante, que un rigor sienta, pues es el mayor pesar, si atento se ve, no agradecida mi fe, mis dichas muertas en flor. Flores, que con justa causa eternizáis vuestro aliento, cuando merecéis dichosas las plantas que adoro, y quiero. Rosas, que en vuestros botones sentís apenas su cielo, cuando quiza de invidiosas salís del cogollo tierno. Claueles, a quien malogra la noche su lucimiento, que la vergüenza quiza coloradas os a vuelto. Y tu adulador de plata, apresurado arroyuelo, que con hilos de diamante mormuras tu sentimiento. Decidme, Y sabel hermosa, hame olvidado? mas veo, que discretamente mudas respondéis con el sitencio, Lo más del jardín he visto y en el nada he descubierto, todo el tiempo lo declara, todo lo descubre el tiempo. Y pues tan confuso estoy, al tiempo de todo apelo. Si no me engañan mis ansias, allí un hombre he descubierto, C y se Amparar su propio agravio. y se acerca hacía acá: sin duda es el jardinero pues encubranme estos tamos, porque no es don Juan, supuesto que a las horas que avisé no ha venido, y así quiero esconderme, que no es bien, que me halle aquí su desvelo. Mucho tarda don Rodrigo, pero aquí aguardarle intento. Pompa de aqueste jardín, pues he de ver a Ysabel da más púrpura a el clavel, y da más nieve a el jazmín: Esta noche se da fin a tantas melancolías, vístete de gallardías, y también hermosas flores, vistiendo nuevas colores, celebrad mis alegrías. Aves noturnas, que dais denoche surcos alviento, regocijad mi contento en la región donde estáis: Peces que el agua habitáis, haciendo galanterías de escamosas bizarrías, lisonjead mi pensamiento. y en tan celebre contento celebrad mis alegrías. Con la llave que me dio, la puerta he podido abrir, ya podrá flores vivir aquel que sus ojos vio. Mucho tarda, pero yo a hablarle quiero llegar, la voz quiero transformar en la voz de don Rodrigo, que el mal con que me fatigo Amparar su propio agravio. la podrá esto declarar Llamo a Ysabel, a señora, en cuyo rojo arrebol nacido se ostenta un sol en los brazos de la Aurora. De los resplandores claros de esos ojos suspendido, y muerto de amores pido licencia para hablaros. Un hombre llama a Isabel, detenedme el paso, cielos, ya me empiezas a dar celos, a mudable, a fiera, a cruel Tened atención sentidos, pues para que más me asombre, a la puerta llama un hombre, sino me engañan los oídos. Pero yo me acercaré (ay Dios) la reja han abierto, si de aqueste desacierto mi hermana es causa, qué haré? Él es, porque Isabel dijo, que está es la hora señalada, la casa está sosegada, que mal mis acciones rijo. Pero yo le hablo; Mi dueño, ya el alma os esperaba, y con sobresalto estaba. qué rigor! . . qué fuerte empeño! Pero proseguir conviene, porque no es bien descubrirme. Pero bien es persuadirme a sufrir, con que previene, mi tormento, su rigor me martiriza, suframos, y en quien es el atendamos. Dilatáis vuestro favor. Atender quiero por ver el que a mi hermana enamora. De Don Pablo de Laza. Pero al fin eres traidora. Pero al fineres mujer. Enamorar quiero, cielos la fiera que me engañó, por ser el primero yo, que favorece con celos vuestra deidad milagrosa, rosa se ostenta en este jardín, jazmín vese esa beldad serena, azucena que con mirar en cadena el corazón más diamante siempre os considero amante, rosa, jazmín, azucena, si viere vuestro arrebol; el sol, y si os mirare oportuna la Juna, atendiendo esas centellas las estrellas, el confuso absortas ellas, entre uno, y otro plumaje os rendirán vasallaje el sol, la luna, y estrellas. Mi bien, que te he puesto en calma. El alma. Y está desfavorecida. La vida. Quién provoca tu intención El corazón. Pues alienta esa pasión, porque haciéndoso así. perderé amante por ti alma, vida; y corazón. Qué es esto piadoso, cielo qué es esto cielo benigno? porque disatáis la muerte, si apresuráis el castigo? De Don Pablo de Laza. Cielos, don Juan, y mi hermana, a mi gravio se han movido, y por esto hasta estas horas cauteloso no ha venido. Favorézcame mi enojo, y válgame yo a mí mismo vibre mi acero enojado, y en mi corazón altivo halle la muerte este logro, pues con su muerte me alivio No se que tengo de hacer, mas con el otro hombre miro? Caballero. Ay Dios; un hombre! No te alteres, dueño mío, que yo le daré la muerte, porque aquió llegatrevido decid, qué queréis? Mararos, que estoy de vos ofendido. Sin duda alguna que aqueste es el cruel don Rodrigo Qué conocerle no pueda! mi pecho es etna encendido. Fuera del jardín salgamos, y sea cortés vuestro brío, o D que es alborotar la casa de blasones tan antiguos. Yo os tengo de dar la muerte donde el agravio se me hizo, que es necio el que más aguarda, cuando el agravio es preciso. Ya coléricos se hablan, que serár db Grande peligro No quiero que me conozca, pues ya que sois tan altivo, de aqueste modo hallará vuestro arrojo mi castigo. Amparar su propio agravio, Aúrase alguna mujer, cielos, en tal trance visto? Ay Dios, que metieron mano, T grandes desdichas consigo, si viene mi padre, cielo, tengo el ánimo indeciso. Qué valiente! Qué alentado! El pulso tengo rendido. Quierome ir sin que me vean; Dios modere vuestros bríos. Qué es esto honor! no es engaño a qui rumor he sentido, más cielo, que es lo que advierto, Ysabel con don Rodrigo! Don Rodrigo, y Isabel, cuando el hablaba conmigo? Penas hay más que pensar, Ysabel aquí? . . Qué miro! por Dios que quedó encubierto y que aún no le he conocido, Caballeros en mi casa venís a ostentar los bríos por una hija, tirana, deshonra del honor mío? fáltame ya la paciencia, mas muera su desatino. Amparadme caballero. obnon Señor don Luis, advertido detened no la ofendáis, reportaos vengativo; porque la he defender, y esto en mi valor lo fío: y vos quien quiera que seáis, encubierto laberinto, si sois caballero, haced como noble, y como altivo, Amparar su propio agravio, y buscareisme después, pues así en un tiempo mismo cumplís vuestra obligación, y yo he cumplido conmigo. También os he de matar que esto veo! que esto miro! Quién se habrá visto jamás en semejante conflito? pero es ocasión forzosa acudir a lo preciso: desiéndale aquí, que luego le buscaré vengativo. Librad aprista esa dama, que yo a el empeño me obligo, que aunque procede tan mal, he de proceder benigno. Así mi hija me lleva? a mi esfuerzo lo remito. Ved que lo defiendo yo. Cómo quien sois procedido habéis, pero buscareisme, y me hallaréis enemigo, venid, que segura vais. Vayan mis celos conmigo, y pues que soy desdichada, anéguenme más abismos. Ingrata, que así me dejas? d , no estuviera aquí mi hijo! triste vejez, que en tu Ocaso infelice aquesto has visto. No habéis de pasar de aquí, y así muy bien podéis iros. Matarelo . . Será tarde. Mas me enciendo, mas me irrito. Tiene esfuerzo, que le basta. En mi valor me acrediro, pues el faltarme mi espada, le dio a llevarla motivo, por-
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA De Don Pablo de Laza porque si yo la trajera, le matara, vive Cristo, más buscarele con ella; y allí verá su castigo. Caballero, si encerráis ̱. Con mi hermana mi amante a endurecido pecho de diamante, mi padre alborotado entró, pues favor pido a este emboza que pienso que me ha visto, do, mal con mis celos mi temor resisto. Qué es lo que por mi pasa? el alma en vivo fuego se me abrasa, Y diré (soy de nieve! que me dé su favor, y que me lleve ponor lo en casa de un pariente, pues que estaré segura estando ausente. Hoy del amor, y de celos dos efetos me apasionan, el uno que me suspende, y el otro que me provoca. La causa busco en mi dama, y de la noche medrosa en suspensión suspendido junto tu pulsos, y memorias. Pero sin duda no era esta, que me hablaba, mas no importa, que aquesto me satisfaga, si evidencias me lo estorban. Pues a esta hora en el jardín dejándome el alma absorta JORNADA TERCERA De Don Pablo de Laza a el lado de don Rodrigo, viéndola mi mal se nota, Caballero, si encerráis en las venas langre heroica, amparad una mujer, por mujer, y mujer sola. Ahora mi padre entre enojado, y yo medrosa, invoco vuestro favor, vuestra piedad me socorra. Fuerte empeño! grande lance! sin prevención, pero sobra este valor para un mundo: venid conmigo, señora, que yo os tengo de librar, que esto con quien soy conforma; lo al fin me llevan mi dama, y yo también me llevo otra? parecen cosa de sueño, por Dios, todas estas cosas: vamos. . Vamos. . . Pena extraña Mortal golpe! . . Infelice hora Para cuando son los rayos? Para cuándo las congojas? Para cuándo las tristezas? Para cuando las zozobras? Y las muertes para cuando? no venís? , . Ya voy señora? Penas, rayos, zozobras, acabad mis tristezas, y congojas. JORNADA TERCERA Amor a decir vengo a una hermosura, que si es deidad, no sea sierra helada, si es divina, no sea peña dura, pues en su fuego el alma enamorada: De su cielo rubí verse procura, de su belleza mariposa helada, pues a un tiempo le mira mi tristeza C4 sierra Amparar su propio agravio. sierra, peña, rubí fuego, y belleza. Pues vos aquí? . . Si en tal soberanía hallo, que en su cariño absorto Apolo, prodigo da su luz para ese día, para que desde el uno al otro Polo le admire esa hermosura, gloria mía, para que sea vuestro ornato solo, como queréis que deje en mi ventura, cariño, Apolo, luz, ser, y hermosura? Si declarar quisieraínestro amor. si declarar quisierais vnesta pena, si pretender a caso mi favor, aad y a que la cortesía no os refrena; no perdiendo el respeto así a mi honor, cuando mi casa está de glorias llena, papeles hay adonde no inhumano perdierais el respeto a mí, y mi hermano. Cómo queréis que vuestra casa deje? como queréis que aqueste umbral no cruce, que es bien que donde peno qi me queje, cuando a quejas mi pecho se reduce? No permitáis, señora, que me aleje de ver el Sol, que en este cielo luce, pues anhela con cada parasismo a ser mi amor incendio de sí mismo. Quién mi señora, llegará a miraros, que deje eternamente de quereros, de mí se que no puedo no adoraros, aunque se que no puedo mereceros: Sé que se debe a el veros el amaros, y a mi suerte el favor de poderveros, que es veros, y no amaros imposible, y ámaros, y no veros insufrible, Ahora que las aves no gorjean, en los jazmines blancos que gozaron, ahora que las sombras galantean, lo que brillantes rayos festejaron. Ahora que las estrellas pestañean lo que del sol hermosa se heredaron, hable que vuestro padre me sigue De Don Pablo de Laza. hable mi amor, que aunque callado sube aser rayo, tal vez; y tal vez nube. Porque mi amor no suele recogerse hasta que el sol con media luz madruga, procurando galán desvanecerse, cuando al alba los parpados enjugas Hasta cuando por más engrandecerse; su manto rayo a rayo desarruga, saliendo al cielo en tan alegre calma, animado piropo, oro con alma. Rompa mi amor los fueros al recato, pues sufrio tantos hielos al desvío, osténtese benigno, huya lo ingrato, y cariñoso rinda su albedrío, que en aquesta ocasión tan solo trato de abonar con don Pedro el amor mío, pues verá en semejante galanteo creido su mal, picado mi deseo. Pera fáltame el aliento, que este es mi hermano. Tu hermano? no te turbes, que diré que he venido aquí a buscarlo. Este aposento te esconda. Yo escondermes Eres tirano sino haces esto por mí. creido su mal, picado mi deseo. Pues por ti, doña Ana, lo hago. Ya os he traido hasta aquí, y aunque me lo estorbe el hado os he de librar de todo; que basta a un pecho bizarro ver una dama con sustos, para ofrecerle su amparo. arda vuestro padre en iras, arda en etnas vuestro hermano, que a pesar de sus incendios, ni temo, ni me acobardo, que vuestro padre me sigue he señora, sospechado, mas en ese cuarto entrad, que aquí le quedo aguardando. Pagueos Dios, caballero un arrojo tan gallardo. Pero mi hermana está aquí por tu vida entra, y da un manto creido su mal, picado mi deseo. a esa dama, que está expuesta, gran peligro Qué extraño es el susto que me ocupa! voy a obedecerte hermano. Colérico, cielos, viene, si sabe su mal a caso? pero llegome al cancel que de allí podré escucharlo. Muera este infame, que quiere mi valor desanimando ser eclipse contrapuesto a el honor de que acompaño n mí Amparar su propio agravio. mi esfuerzo sediento ahora, mi honor procuré en su agravio, el satisfacer su injuria, pues en tantos embarazos, si vengarme no pudiere, la muerte será mi halago. Deténeos caballero, y ved. Mi padre es que aguardo. He hecho como quien soy, y ampararle me ha tocado. Qué agravio, cielos, es este, que incita su sangre helada. Pues advertid, que aunque viejo, alientos tengo sobrados a desvanecer lo altivo, que en crueldades desatado os írrita contra mí. Vos, pero de aquí no paso, que hasta que no me vengue en tan desiguales campos, ha de titubear la ofensa, y he de callar tanto amago. Por si algo sucediere, traigo que me ampare un manto. Ya no lo puedo sufrir, y entre mil volcanes ardo, lavor a mi padre dé, que no es tiempo de reparos. Ved que es juvenil mi aliento. Tengo valor. Y yo brazo a tu lado estoy, señor. Don Pedro (ahora es mío el agravio) escondido en mi aposento Ea señor, a qué aguardamos? Espera, detente, espera, que mi espíritu es sobrado, que nadie se ha de alabar, Amparar su propio agravio. que pudo en mi de sagravio vengarme, aunque sea mi hijo, que de mi pena llevado, el esfuerzo me acredita, si me desmienten los años. Claro es, que no tiene ser el que su agravio ha mirado, y un hombre sin ser no puede desempeñarse gallardo. Mi padre eres, tú me diste el ser que tengo prestado, y este ser toda via es ser, que en su agravio no se ha hallado, Parte tienes de mi ser, aún tienes ser en mi brazo, pves déjame que te vengue por ti en él, señor, bizarro, que no te venga mi ser, sino el ser que tú me has dado. En gran confusión estoy, y temo que han de matario. En las desdichas, que taco, cielos, suspenso he quedado: ea aquí no hay que escoger, cuando mi honor me ha irritado, Agraviado me ha don Pedro, pues para mi desagravio los dos he de matar, porque patente está; y claro, que son uno padre, y hijo, y de un aliento infamados. Luego no cumplo conmigo, si a los dos de aquí no mato; si porque si mato solo uno, u queda en el otro mi agravio, y así consecuentemente a los dos he de mataros, defendeos. . . Ahora sí, porque estamos provocados. Fuertes tiran. D De Don Paolo de Laza. Qué buen pulso! Qué bien libra! Qué alentados! no sé como saque (ay Dios de peligro tan extraño a la dama que ofrecí mi valor, casa, y amparo, que si aquí me dan la muerte, serán a su sangre ingratos. Pero líbrela primero, que después volveré al cargo, y por el jardín le lleve, donde sirva de sagrado al amparo de don Juan, a su aliento desmayado. dleo Esto ha de ser de esta suerte. Más temo, mas de acobardo. viola Al ruido, y al alboroto, recuperado este manto, salgo temiendo la muerte del que me ofreció su amparo. La luz ha muerto, no sé u intento, yo no le hallo. Porque cobarde te escondes, cuando blasonas de hidalgo? Por montes de iras, y enojos, la he de librar. Cielo santo, retirome a este aposento, vuestra piedad aquí aguardo. Qué confuso que está todo. No es bajeza aquesta que hago, pues librar una mujer ha sido de hombres hizarros, aquí entro, sin duda es esta. De Don Paolo de Laza. Venid, que de riesgos tantos os he de librar, por Dios, a pesar de vuestro hermano. Don Pedro es sin duda alguna, que caballero que ha estado. Dónde andas. Adónde estás? Venid conmigo. Pues vamos, esto si es guardar la vida, nuir de un hermano contrario. Qué desdicha es esta cielo! Ya no soy noble, ni honrado, pues de lance semejante a mi dama no he librado. ibrarla quiero, y ponerla donde la haya asegurado, que es en casa de don Juan, que vive cerca, y un rayo volveré para romper el velumen de este encanto. Eres vil, pues que te escondes, ni tampoco a mi hijo hallo. Mi bien, sin duda qué es esta, si no me ha engañado el racto. Sin duda que es don Rodrigo, Apelad a mi agasajo, que os ampara mi valor, aunque pese a mi contrario. Muy bien decís. Pues venid. De lance tan apretado ya he salido, por bien sea. Dos son los que aquí he encontrado, mi hija, y mi enemigo son, que D Amparar su propio agravio. que van a pónese en salvo, acuchíllalo valiente, pues me incita tal agravio en esta ocasión. . . Sin duda que es mi enemigo callado pues sin hablarme acuchilla, pues vide Dios, que callado le he de acuchillar también De susto en susto resvalo Vive Dios, que en la escalera estoy ya, si no me engaño, pues la espada la defienda, y líbrela de este enfado, que el volverla no es temor en lances tan apretados: perdonad padre, que luego he de volver a ayudaros. Vive Dios que se me va, más seguírele bizarro, y en mi castigo verá lo que puede en un agravio. Cielos, que será aquesto está en mi amo el enojo maniesisto? Tan confuso señora, asombro celestial, divina Aurora detérmino mi aliento de mirar en un cielo sentimiento, que se atreve a pedir mi cortefía, que a partir el eclipse aquese día, en mi casa segura os apadrina el alma, que procura que repitáis, señora vuestro agravio, pues enajena esa deidad contrario. Ay don Rodrigo ingrato, el corazón en lágrimas desato. En llegando la Aurora, donde está vuestra primera iréis, seño que aunque lo habéis pedido, (ra, Amparar su propio agravio. e excusado alborotos comedido, a vuestros deudos la alma os asegu- que en el coche, señora, iréis segura. (ra Advertid caballero, on y entenderéis las penas de que muero pues tanto me fatigo, le diré como quise a don Rodrigo, unto a un arroyo, que coral vertía, por fatal guerra que este mal movía, donde el cristal corriendo por el prado de púrpura se hallaba equivocado, y nácar palpitante era purpúreo desperdicio errante, sin tener que le rija, cuando bajar rubí de guija en guija, mas como aquí repito lo que siento. beba mi mal, y pase mi tormento Divertios señora. Púrpura el corazón corriente llora, y mal hallada el alma en tanto llanto, manda que calle quien ha amado tanto, Visteis pájaro cauto enamorado, que atento a su cuidado, gozando su alborozo, pena notable, pero poco gozo, siendo con cada gala! flecha de plumas matizada vala, con desgarrado vuelo, esgrimiendo las alas por el cielo, en remendada pluma, belleza mucha, hermosura suma, que a un halcón diligente parar le hace allí súbitamente, sin poder resistirse el pajarillo cuando ve rendirse? Pues de este modo, de esta misma suerte ocasionando amagos a mi muerte, esgrimia mi vuelo, no observando recato a mi recelo, por contaros mi pena, pero De Don Pablo de Daza. pero mis celos que me ven ajena, me detuvieron más con diferencia, que al pájaro detuvo sin clemencia un halcón, y a mi absorta en suspensiones me detuvieron más de mil halcones. Quién usurpa el silencio, que atento a tus razones reverencio Venid aprisa, señora, que he de volver a mi casa a acabar lo comenzado y a morir por vuestra causa. Cielos, qué es esto que miro! la sangre disinguió helada, todo aquesto ha sido huir del fuego, y dar en las brasas; de mi hermano vengo huyendo, cuando se amparan mis ansias de su favor, que haré, el alma tengo turbada? Señor don Juan, yo he venido a entregaros esta dama. Que un hombre no le reprima, cielos, en crueldades tantas? Pero aquesto es ilusión, penas despertadme el alma, si es cierto aquesto que miro, no se embarecen las ansias. Aparente es lo que veo, porque ver desdichas tantas no pensadas al disgusto, ni al discurso imaginadas. De la fantasía parecen entes de razón, o magías que obra la imaginación porque bien consideradas, para verdades son muchas, y para ilusiones bastan. Sin duda que don Juan era De Don Pablo de Daza. el embozado, que aguarda mi temor, aquestos eran los celos que le ocupaban. Qué me decís, don Rodrigo? Ya mi pena se declara. Encubrirme importa ahora, Digo la pena me mata, que vengo aquí ya lo veis para hacer de vos confianza de esta dama, a quien persigue del padre las amenazas: que halle mi dama penas, con don Juan esta borrasca ha alterado mi sosiego, que cuando el valor se ultraja, es la paciencia temor, y es el sufrimiento infamia Digo, pero qué es aquesto? Rumor hay en la antesala. Vive Dios, que me ha seguido, y ha de conocer in hermana El agravio es quien me exhorta, la razón quien me acompaña Cielos mi hermano no es este? aquí mi vida se acaba, mas allí está don Rodrigo, de él se ampare mi desgracia. Mi amante don Pedro es este del mi desgracia se ampara. Vos más mi padre señor perdanad, que yo pensaba Tú eres Pedro? vive Dios, que esto solo me faltaba que me acuchille con mi hijo, Cuando busco a quien me agrav acá me siguieron, cielos, Aquí entra la mojiganga. Alguna desgracia temo Amparar su propio agravio. que tal consienta en mi casa? Señor don Pedro amparad una mujer desdichada, que del fuego pensó huir, y vino a dar en la llama. Amparadme por mujer, que con mi hermano engañada vine, defended piadoso, como hasta aquí mi causa. Luego no sois vos a quien defendí? quién tal pensara, que un hombre de bien pudiera amparar a quien le agravia? Luego no sois vos a quien truje desde vuestra casa? Yo con vos? Vos me trujisteis? Ay hijo, que era tu hermana. Mi hermana luego traidora nos a ofendido liviana? No lo has entendido, hasta ahora? De nuevo se altera el alma, pues amparé una traidora, pensando amparar mi dama. Pero aquí está don Rodrigo, irrita nuestra venganza, pero engáñame mi susto, o el sobresalto me engaña, cielos, que buscando venga una hija, y me halle con ambas. Cómo se alteran las nubes, Dios sosiegue esta borrasca. Aquí la prudencia importa. Nada de todo me espanta. Pero ni yo estoy conmigo. Pero mi valor qué aguarda? No le amparo yo que importa. Amparar su propio agravio. No me toca la venganza. Matatela, Matarela. No eslabonéis más palabras; medi ahora la prudencia, que es la que lances acaba, y si no acertare en esto; acertáralo mi espada. Ya sabéis todos que soy el que la fama pública, V aunque aquí estas vanidades en vano se desperdician. Pero está no es vanidad, que cuando me califican graviado mis temores, es la alabanza precisa. Bien sabéis que soy don Luis, cuya sangrienta cuchilla, obedientemente cruel, y justamente homicida. Asilo fue de la muerte cuando furiosa graniza huracanes de estocadas, donde previniendo chispas, es exhalación cada una, que a su región se habilita, donde al intenso Planeta, hermosa forma del día, golfos de fuego amonaza el incendio de una arista. Mi calidad ya se sabe, mi hacienda ya está vista, entendido mi valor, soy defensa de mis hijas. Mi honor me llama agraviado, y así cortes os suplica, que pongamos (qué rigor) aquí un medio (que desdicha) por satisfacción (qué pena) de mi nobleza ofendida, A De Don Pablo de Laza. El medio que aquí ha de haber, es, que los dos a mis hijas les deis las manos de esposos, que con aquesta acción misma, mi hijo la dará a doña Ana, porque la pluma os escriba; elogios el mundo os cante en tan grande bizarría. Pero el último remedio, si a mi atención no os obliga, apelaré de mi queja a mi indignación, arpía seré que esta casa toda, aunque el Orbe me lo impida, salpicada de corales, de vuestros alientos pira, será globo de pesares, y será Orbe de fatigas. No lo permita mi suerte. No lo permitan mis celos. Así lo quieran los cielos Qué decís? Escucha, Advierte Primero ha de averiguar el corazón vengativo las sospechas que penetran, pena a pena sus suspiros. Aunque pienso que mi amor le consiente ya marchito, primero ha de averiguar la causa de su desvío. Que son tan fieros mis celos. Y mis celos tan actinos. Que de un amigo he de hacer un enemigo preciso? Que de un amigo que tengo he de hacer un enemigo? Y después de todo aquesto? Yo después de lo que he dicho? De Don Pablo de Laza. Por padre os estimaré. Me podéis tener por hijo. Y a doña Isabel que adoro. Y a doña Isabel que estimo. Daré el alma en volocaustos. Daré el alma en sacrificio. Y si pensáis que me mueve, Y si pensáis que me rindo. A palabras tan sobradas. A enojos tan repetidos, entended que soy don Juan. Mirad que soy don Rodrigo. Mas cielos, no he reparado en que don Rodrigo ha dicho, que de Isabel sería esposo, mis celos están más vivos. Mas no he reparado, cielos, que don Juan a Isabel dijo, que le rindiria la mano, mas mis celos averiguo. Dejaisme más confusión con la respuesta que he oído, pues ambos me respondéis, que aceptaréis el partido, siendo de Isabel esposos, y no miráis de advertidos, que no es Isabel más que una? Yo señor. Isabel digo la que he hallado con Juan. Tened atención sentidos. Cuál Isabel, si es Leonor? Aquí entro yo, atención pido, transfarmado en un papel, temiéndote iva mi nombre ya mi temor no se asombre) en el nombre de Isabel? y así pues eres hermano, y esto sosegado ves, da a mi mano el interea, que ha merecido mi mano, D Amparar su propio agravio. Pues advierto, que fineza ha sido la de Leonor, sirva mi mano; señor, por premio de su belleza. De Isabel es mi albedrío. Pues a don Juan rindo el alma. Celos pusieron en calma mi amor con tanto desvío. Pues ya que estoy satisfecho, rinda mi mano a doña Ana, pues el alma queda ufana, y sosegado mi pecho. Amparar su propio agravio. Mil gracias al cielo doy, pues he logrado mi suerte, mi dicha mayor se advierte con las honras en que estoy. Auditorio sed propicio yo me quedo sin casar, que no os quiso enfadar el Poeta por ser novicio. Perdónenos aquí el Sabio, y no silbe el ignorante, que aquesto será bastante a amparar su propio agravio.
