Texto digital de Amparar al enemigo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Solís y Rivadeneyra
- Atribución estilometría
- Antonio de Solís y Rivadeneyra Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción de un impreso contenido en la BVMC, corregido posteriormente.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amparar al enemigo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amparar-al-enemigo.

AMPARAR AL ENEMIGO
JORNADA PRIMERA
Fuiste a la estafeta? . Sí Hallaste carta? . Si Hallé, De Madrid? . De Madrid fue Dámela pues. . Vesla aquí. La letra es de Don Fernando de Acuña mi amigo, bella deseaba, porque en ella aviso estoy esperando de lo que habrá sucedido, después que en Valladolid estoy, y dejé a Madrid; por aquel hombre atrevido, a quien di muerte enojado por los celos de Leonor, en cuya ausencia mi amor sirve solo a mi cuidado. Juro por Dios, que no acabo de entender por donde vas; declarate un poco más o trae una glosa al cabo. Tú siempre no te has llamado Don Carlos Pacheco? . . Sí, Pues cómo te llama aquí Don Lorenzo de Alvarado este que te escribe hoy? Tienes mucho que saber, ahora déjame leer esta carta. . Atento estoy. Amigo, no he podido averiguar que hombre fue aquel con quien re- ñisteis, y juzgo que no murió de las heridas, porque no es cosa para ocul tarse a mi diligencia. Hable a Leo- nor en vuestro suceso, y la hallé con noticias de que os casáis con vuestra prima, tendréisla ya en esa Ciudad, porque su padre ha ido con su casa a asistir a unos pleitos. Estad adver- tido, y avisadme, pues me tenéis cui dadoso. Dios os guarde. Leonor en Valladolid, no sé si me pese de esto. Pues por qué? . . Por qué? Por qué? Porque cuando salgo huyendo de la prisión de mi amor, impelido de los celos, será locura volver a vista del cautiverio: que yo sé bien lo que pueden sus ojos en mí, no quiero ver triunfar a su hermosura en hombros de mi escarmiento; Dos años di de mi vida a su engaño, y me arrepiento de suerte que me parece, que esos solos tengo menos. Bien puede ser, que ella entonces no diese causa a mis celos, pero ya yo me empeñé, y el hombre que juzgue muerto, me hizo salir de la Corte habrá apenas mes y medio. Y diciéndole a mi padre, que venía con intento de casarme con mi prima a esta Ciudad encubierto, en ella estoy aguardando a cobrar unos dineros para dar la vuelta a Flandes, Vive Cristo, que es muy bueno Dícesle a tu pobre padre, que vienes al casamiento de tu prima a esta Ciudad, y en pescándole el dinero quieres escurrir la bola? Que puedo hacer si el empleo de Violante ha sido siempre contra mi gusto? supuesto que dicen que es muy hermosa, que no la he visto, ni tengo gusto, Muñoz, para nada desde que vine, y por eso he dispuesto la cobranza sin que me vea Don Pedro su padre, y mi tío, y hago que me llamen Don Lorenzo de Alvarado, que este nombre tuve en Flandes otro tiempo cuando me importó ocultar el de Don Carlos Pacheco; por el suceso que sabes. Haces bien en disponerlo sin que Don Pedro te vea, porque si mal no me acuerdo, estuvo en Madrid, y es fuerza que te conozca. . . Ese riesgo me hace andar tan recatado. Ya yo lo voy entendiendo. Pero hablando en puridad, con perdón del tabernero, estando en Valladolid Doña Leonor, nos iremos sin verla. . . No sé qué haré; pero ahora por lo menos, no imagino verla, no. Va que no tienes para eso alma. . . Si tendré Muñoz. Pues va que no tienes cuerpo? Pero que diablos te matas; quiérela como yo quiero di a Elvirilla, que me da cuatro mil pesares de estos, y salgo de todos. . . Cómo? Con hacer que no la veo. qué frialdad. . Con las mujeres no se ha de enojar el cuerdo, porque al fin se queda en ellas lo que hicieron malo, o bueno. Pero ahora caigo en que eres rarísimo Caballero; que es posible que no hayas contadome en tanto tiempo la pendencia que nos trajo con tanto desasosiego, siendo así que los pendencias, los valientes más discretos, sin que a propósito vengan, las hacen venir a cuento. Ahora te la diré, porque otra cosa no tengo que hacer, no porque la sepas, sino solo porque en esto tan asido a la razón he procedido, que quiero, aunque contigo no importa justificar mis intentos. Dos años, y más habrá, que de Flandes. . Ya me acuerdo que saliste de Madrid de cierta doncella huyendo, que pedia una palabra, una obra, y un pensamiento, y pasaste a Flandes, donde te llamaste Don Lorenzo de Alvarado, recelando que te buscasen sus deudos; y que después que murió la dama, y se compusieron tus travesuras, volviste a ser Don Carlos Pacheco para volverte a Madrid; hasta aquí de tus sucesos he sabido. . . Pues ahora oye lo demás atento. Vaya, y sea lo demás tanto como lo de menos, Di, pues, la vuelta a la Corte, a donde estuve algún tiempo de mis pasadas desdichas fabricando mi sosiego. Libre del amor vivía cautamente sacudiendo las flechas, de quien es solo aljaba capaz el viento, sin que el ver las hermosuras que fortalecen su imperio más atención me debiesen, que aquel exterior cortejo, que ni llega a ser cuidado, ni deja de parecerlo. Mas cómo bienes, y males son uniformes opuestos, y solo duran los bienes aquello que duró el riesgo; desde esta breve quietud al mayor desasosiego me redujo amor dorando mi dano con mi deseo. Vi una hermosura, mal dije, vi un prodigio, poco es esto, vi a Leonor, aquesto solo parece encarecimiento. Atendí más que debiera al encanto lisonjero de su hermosura, y hallé la ceguedad en lo atento. Servila, y a tú lo viste, no perdonó mi deseo ninguna seña de aquellas, que al decir un rendimiento gasta un corazón postrado, ya en un suspirar a tiempo, ya en un mirar con zozobras, ya en un decir los afectos, y ya en no saber decirlos; porque un fino sentimiento suele tal vez el discurso hacer signifique menos: que el aliño de las voces es desorden del aliento. Oyome enojada entonces, sufrí sus enojos tiernos, duró airada, duré amante, ya templaba los desprecios. Porfiaron mis ternuras, ya perdonaba el afecto, di más fuego a mis suspiros, ya no la ofendía el ruego; Todo el corazón la dije, ya gustaba de saberlo: y en fin ella me admitió a los lícitos empeños, y yo quedé a sus piedades más rendido; que por estos dulces engañosos grados conduce el amor dos ciegos a la cumbre de sus dichas, y en llegando a lo supremo, los entrega a la fortuna; de cuyo poder violento, y de cuyo brazo injusto, suele valerse alagueño para honestar sus traiciones con título de sucesos. En este estado viví algunos días contento, hablando por un jardín a mi hermosísimo dueño, sin parecerme posible, que promulgase en su pecho las leyes de la mudanza la política del tiempo: Mas ay, que siempre en el alma las confianzas sirvieron de dar más fuerza al dolor descuidando el sufrimiento. Note en medio de estas dichas, que un hombre: yo te confieso, que he menester al decirlo recoger todo mi aliento, para no perder las voces en la mitad del afecto. Que algunas noches un hombre a las rejas asistiendo era estorbo de mis dichas, y averiguándolo cuerdo, hallé una noche más tarde a mi enemigo en el puesto, Retíreme cauteloso en un zaguán que hallé abierto, y desde una reja baja de Leonor, vi que le hicieron una seña, y que salió a hablarle un criado viejo, de quien Leonor recataba mi amor, quizá para aquesto. Mas de todo lo que hablaron, con estar pared en medio el zaguán donde yo estaba, solo pude oír, que el viejo le dijo, que en un jardín conseguiría su intento a otra noche a aquella hora, y que le dio para ello una llave: yo quedé no sé como diga, ardiendo en ira; pero a mis ojos, contra mi gusto, salieron algunas lágrimas tristes, como arrojadas del pecho, sin que allí fuese el llorar ternura, sino ardimiento. No has visto en alguna hoguera aplicado un verde leño, sudar el nativo humor por uno de sus extremos? Porque como allí concurren dos contrarios elementos, cuando es menos la humedad, se deja vencer del fuego? Pues así mi corazón al ver caso tan violento todo su fuego introdujo la ira, y como en su centro tema el amor mi llanto para explicar sus afectos, y fue tan grande mi enojo, que excedió mi amor, salieron aquellas lágrimas suyas del contrario ardor huyendo; y así el verterlas entonces a los ojos desde el pecho, no ha de llamarse flaqueza del corazón, porque aquello fue sudarlas de apurado, y no llorarlas de tierno. Cóbreme, pues; y terciando sobre el brazo el ferreruelo, sin medida las acciones, los pasos mal descompuestos; sin atención los sentidos, y en fin el entendimiento a poder de razón loco, porque quitan al más cuerdo, dándole mucha razón el uso de ella los celos: Me llegué a él por un lado, y desviándole ciego de la ventana, le dije, que me siguiese; él atento sin responderme palabra me siguió, y los dos a un tiempo detrás de Atocha llegamos, campo ya de nuestro duelo, donde arrojando la capa, y las armas previniendo, me planté con mi contrario; Mas él sin turbarse de esto, con la voz baja me dijo: Sois vos Don Carlos Pacheco; Don Carlos Pacheco soy, le respondí, que no intento, cuando es tan mía la acción, negar que yo soy su dueño, Y apenas oyo mi nombre, cuando desnudó el acero, y a pesar de su coraje herido cayó en el suelo. Retíreme, pues, juzgando, que allí le dejaba muerto, y con la ocasión vecina del tratado casamiento de mi prima, me partí de Madrid, sin haber vuelto a ver a Leonor: que el hombre que sobre agravios, y celos vuelve a quejarse, no vuelve a decir su sentimiento, sino a perderlo: y las voces que forma allí su despecho, tienen sonido de queja mas no sustancia de ruego. Dejé, pues, a don Fernando, que es mi amigo, y es mi deudo, encargado que supiese quien fue el herido, y que luego diese a entender a Leonor la causa de mis empeños, y la muerte de su amante, y me partí con intento de nunca más a sus ojos volver hasta aborrecerlos! Esta es Muñoz la ocasión de mis pasados empeños, estos de Leonor ingrata los mal nacidos intentos; este de mi firme amor el último desacierto: esta la postrer paciencia de mi corazón resuelto, este el obrar de mis iras, y este el sentir de mis celos, y este en fin es un agravio, que trayéndome sujeto, por prueba de esta verdad, a voces está diciendo: Mal haya el hombre mil veces que bárbaramente ciego, en finezas de mujer busca más del escarmiento. Extraño suceso ha sido, y tú le has dicho tan tierno, que para llorarle solo me ha faltado el desconsuelo. En fin dices que entró? . Digo que le vi entrar aquí dentro. Es este? Él es, que aunque ahora por las espaldas le veo, le conozco en el vestido, y en el aire del sombrero. Pues ve a prevenir caballos al punto, y puedes tenerlos donde sabes, que la muerte le daré aquí. Qué es aquello? saca la espada señor. Pues cómo? Quién es? Yo vengo de esta suerte mis agravios. Y yo de esta me defiendo, sea quien fuere. . . Aquí tu vio mas que miro! Don Lorenzo. Quién es? Don Diego. Los brazos me dad: qué notable yerro! Decidme lo que queréis. Luego os diré lo que os quiero la mano me habéis herido. Mucho me pesa. . No pien que es nada, un lienzo me pongo para volver el acero a ella. . . Pues contra quién? Perdonad estos excesos. Vivis solo en esta casa? Solo vivo: qué es aquesto? Habéis visto poco ha entrar un hombre aquí dentro? Aquí ningún hombre ha entrad Con vuestra licencia quiero ser esta cuadra. Miradla. Por Jesucristo que creo, que una legión de Alguaciles se le ha metido en el cuerpo. No me dirás quién es este? Este, Muñoz, es don Diego osorio, un hombre que fue mi amigo en Flandes, supuesto que allí solo le traté algunos días, y pienso ve es de Madrid. Luego al punto que te llamó don Lorenzo como te llamaste en Flandes, dije que era amigo viejo. Pero qué misterio es este con que ha entrado? No lo entiendo. Él sin duda se engañó: oh injusta hermana, que has puesto mi honor en estos cuidados, mi vida en estos riesgos! No me decís qué buscáis? si yo serviros puedo algo . . Ahora sabréis cuidado: vuelve, Mendo, dile a Inés, que a la hermosa Violante diga; que luego responderé a su papel, pues estándole leyendo me dieron el necio aviso, que aquí me ha salido incierto. Voy, y de muy buena gana, por decir mi pensamiento a Inesilla de camino. Ahora, pues, don Lorenzo, volvedme a dar vuestros brazos, pues ha permitido el cielo que después de tantas penas os haya hallado. . . Primero que os responda agradecido, me habéis de decir que empeño os entró aquí de esta suerte. Ahora amigo es el tiempo en que más ha menester mi amistad vuestro consejo. De nadie en Valladolid mejor que de don Lorenzo puedo fiar mi cuidado, y para cualquier suceso es bueno tener al lado un amigo tal, supuesto que no le diré que ha sido autora de estos empeños mi hermana que los delitos del honco hasta el remedio se han de callar, y así ahora le diré que este suceso es por una dama mía, hasta tanto que el intento de mi hermana, y de su amante pueda castigar mi esfuerzo. Ya os escuho, qué dudáis? no me tengáis más suspenso. Brevemente os contaré lo que me ha obligado a esto; porque no están mis desdichas para perder mucho tiempo. Después que en Flandes, amigo? pero muy atrás comienzo mi historia, y es menester ir excusando rodeos. Después digo algunos días, que os partisteis, don Lorenzo, desde Flandes a la Corte, de la Corte me escribieron que una dama a quien yo hice dueño de mi vida (miento, que era mi enemiga hermana; pero importa callar esto) a otro nuevo amor rendida faltaba a mi amor primero. Yo entonces, viendo mi agravio; mas ya sabéis que los celos hacen a la voluntad servir al entendimiento; y así entonces sin mirar la obligación de mi puesto, ciego me partí a la Corte: diréis que fue desacierto, es verdad; pero no tuvo más fuerzas mi sufrimiento. Llegue, pues, y cauteloso quise averiguar primero si mi honor (si mi amor digo) padecía (yo me pierdo) agravios tan conocidos: y así en su calle asistiendo encubierto muchas noches, y hablando a un criado viejo de esta dama, que fue el mismo que me escribió sus intentos, a pocos días hallé todos mis pesares ciertos, y supe que en un jardín la hablaba un hombre. . qué es esto Cuyo nombre a lo que supe era Don Carlos Pacheco: que por si acaso sabéis quien es, por estar más tiempo que yo en la Corte; os lo digo. Hay semejante embeleco? por Dios que este es el herido de marras. . . Es esto sueño, o ilusión: . . En fin amigo una noche que me dieron una llave del jardín, para ver mi agravio cierto; llegó Don Carlos a mí, y me aparto del terrero. Detrás de Atocha llegamos, donde lidió nuestro esfuerzo con igualdad mucho rato; pero después su denuedo fue más dichoso que el mío, o fue mayor, porque aquesto que importa, si todos juzgan al valor por los sucesos? En fin yo caí rendido de una estocada en el suelo, y mi enemigo Don Carlos allí me dejo por muerto. Mas yo me fui como pude acercando hacia el Convento, donde en la celda de un Fraile, deudo mío, me asistieron con gran secreto, y cuidado, y en breves días mi aliento cobré, y con él los enojos más vivos, o más dispuestos. Busqué, pues, a mi enemigo, y sus pasos inquiriendo, supe que en esta Ciudad estaba, y partime luego en su busca, donde estoy habrá más de un mes, haciendo diligencias por hallarle, pero todas sin provecho. Y ya me hubiera partido a Flandes, a donde es cierto, que va a parar, a no haber impedidome el intento amor, que entre todos es el más poderoso afecto. Pero esta tarde, advertid, que extraños son mis sucesos, tuve un papel de mi dama, y estándole yo leyendo, un hombre que anda conmigo, porque a Don Carlos Pacheco conoce, llegó a decirme que le había visto aquí dentro. Enviele a prevenir caballos, y desatento entré a buscar a Don Carlos, a donde hallé a Don Lorenzo mi mayor amigo; aquesto ha sido todo el empeño que habéis visto, está la causa de mis penas, para esto he dicho que he menester vuestro valor, y consejo. Los dos hemos de buscar a Don Carlos, y en su pecho he de vengar yo mi agravio; pues sois tan gran Caballero, pues sois mi amigo, y pues ya supisteis mi sentimiento, no puedo deciros más, ni vos podéis hacer menos. A quién habrá sucedido . caso tan extraño, y nuevo? de mí este hombre se vale contra mí, cuando mis celos ha confirmado, y es él la causa de todos ellos. Vive Dios que estoy perdido. Cuál está mi amo, yo pienso que le andan en la cabeza los Gibelinos, y Huelfos. Parece que mis desdichas os han dejado suspenso; conocéis a este Don Carlos? Bien le conozco Don Diego. El primer hombre es mi amo que se conoce a sí mismo. Qué haré? dírele quien soy? mas si me descubro, pierdo cuanto tenía trazado para partirme: pues tengo de negarle yo quien soy, buscándome con intento de reñir? notable duda; más para todo hay remedio. Don Diego, aqueste Don Carlos, que aquí buscáis tan resuelto, es muy conocido mío; él esta aquí, y os prometo ponerle a donde podáis decirle el enojo vuestro, que es cuanto podéis decirme, y cuanto puedo ofreceros. Qué decís? qué me daréis, a Don Carlos? . . Y muy presto Dadme la mano. . . la mano os doy. . . y ahora no hablemos más en esto. . . Vamos pues, que yo cumpliré Don Diego lo que he prometido. . . Vamos; pero ahora que me acuerdo, me habéis de hacer otro gusto. Qué queréis? Cuando me dieron esta nueva de Don Carlos, estaba, amigo, leyendo un papel de aquesta dama que os dije que era mi dueño; y no pude responder, ni ahora tampoco puedo por la herida de la mano, y así habéis de ser en esto mi secretario. . . Si fuese de Leonor, sería muy bueno hacerme que yo la escriba. n Os divertis? . . Ya os atiendo, y haré lo que vos gustáis: pero vengaré mis celos, . casándome con Violante mi prima . . a Violante pienso . escribir que salga a verme donde suele: amor contento me tienes con tus favores. déjame ya agradecerlos, Amor, Leonor me ha ofendido déjame usar de mi aliento. Que si tú en esto me amparas Que si me dejas en esto. Yo celebraré mis dichas. Yo vengaré mis desprecios. Y será mía Violante. Y a Violante haré mi dueño. Aunque pese a la fortuna. Aunque me pese a mí mismo. Vamos Don Lorenzo amigo Vamos amigo Don Diego. , . s No me dirás donde vamos por las calles sin provecho, o qué daño nos han hecho, que tanto las azotamos? Por Dios, que dejes, señora, de afligirte de esta suerte, que nunca es para la muerte buena la hora de ahora. Que es posible que haya amor de tan necio proceder, que entristezca una mujer sin mirarlo el amador? No ves, que llorar, señora, sin que vean la fineza, es escribir la terneza en el agua que se llora. Yo, a lo menos, a mi amante, cuando me hace algún pesar, si me resuelvo a llorar le bailo el agua delante; porque enjuta la humedad del llanto en que más se apura, no conoce la ternura detrás de la sequedad. Mal de mi pecho enemigo has visto, Elvira, el fervor, no es de aquellos mi dolor a quien gobierna el castigo. Ay de mí, que mi cuidado, para mí solo es crecido, quiero mucho, y se ha perdido este amor de desdichado. Faltó Don Carlos, faltó a su amor, saben los cielos que injustos fueron sus celos y que no conozco yo al hombre a quie dio la muero detrás de Atocha, mas él ingrato, falso, y cruel vengándose con mi suerte, de la Corte se partió a casarse, qué impiedad! con su prima; a esta Ciudad me han escrito que llegó. Yo, que aunque mi agravio sé y por ser acción honrada a amarle estoy obligada, no más de porque le amé, lo sentí, más qué sentir podrá igualarse a un pesar, que ni se deja callar, ni se permite decir. En fin compasivo el hado dispuso, que aquí viniese mi padre, y que me trajese consigo, donde han pasado diez días que ha que venimo sin haber podido hallar quien nueva nos pueda dar de Don Carlos; y hoy salimos, por ver si en la calle hallamos de su Violante algún modo de saber de él: este es todo el intento con que vamos. Y según las señas pienso, que a la calle hemos llegado, donde estará mi cuidado hasta que le halle suspenso. Que cuando cerca se ven los alivios de un mortal, hacen más sensible el mal las vecindades del bien. Dile el papel, como digo, y en tomándole Don Diego, llegó a hablarle un hombre luego sin ver que estaba conmigo. Perdiendo el color se entró, y requiriendo la espada en una casa. . Admirada estoy, y no respondió? Cuando pasares a Misa, dijo Mendo que vendría, y la respuesta traería, por señas que allí de prisa, viendo su amoroso exceso, unas ligas le pedí, porque él se muere por mí. y yo no me ato con eso. Ves estas mujeres? . cuales Las que por la calle vienen. Oh que brava traza tienen de hacer pecados mortales. Esta, pues, es a quien yo de mi amo traigo el papel. Cuál papel dices? aquel que mi amo le escribió por la herida de la mano? Ese mismo. Pues qué quieres? Mira amigo, las mujeres piden tal vez a un Cristiano ligas que no puede dar: la criada. . Ya he entendido, es tu moza, y te ha pedido las ligas sin más mirar: y como a ella aún no le toca tener tan a ten con ten, no siempre vive muy bien quien viene a pedir de boca. Eso es. . Válgame Dios. Por él tanto, no quisiera, que la tal ahora me viera; y así quisiera que vos llegaseis con el billete. Venga por cierto, eso es cosa tan poco dificultosa, que la hiciera un alcahuete, cuanto más yo. . Pues aprisa no me vean. . Venga pues. Yo te buscaré después. . Vete, y calla como en Misa. Daré el papel aunque haya duda, que esto hago también por hallar quien me haga bien cuando de esta vida vaya. Pero qué es esto? aquí hay dos pares de ellas, cual será, Mendo, pero fuese ya; buena la hicimos por Dios: Pero ya el remedio hallé, llego a la una, y al darle, en el modo de tomarle, si es ella conoceré. Oye Elvira, no es aquel de Don Carlos el criado? Quién: por Dios que es el taima de Munoz lleguemos, y él (do de su amo nos dirá. Dichosa en hallarle he sido. Yo pienso que voy perdido, mas por esta empiezo ya. Pero no le ves, que ahora a una tapada ha llegado? Ya Elvira lo he reparado. Don Diego Osorio, señora? en el modo de escuchar . el nombre, le veré el juego. Proseguid, que hace Don Diego? que le dejó en un pesar, Inés, y saber quisiera. Bien la industria me ha salido, vive Dios que estoy corrido de acertar de la primera. Lo que deseáis saber, este papel lo dirá. No ves, que un papel la da? Muriendo lo llego a ver: ha Don Carlos, que pasión! El papel quiero leer. Elvira, no ha de poder sufrirlo mi corazón; apártate. . Pues qué quieres? Apurar aquesto Elvira, que también hizo la ira duelo para las mujeres. Yo, Reina, quiero saber no sé que que estoy dudando, y por no andaros rogando de aquesta suerte ha de ser. Quién es? . Oigan, que es aque Aquesto está hecho ya, (llo. y quien lo ha hecho, tendrá valor para defenderlo. Ea espadachines bellos, ocasión es de rigor; veamos cual toma mejor llocasión por los cabellos, Pero voyme, porque aquí nada puedo granjear, pues luego tras mi han de dar, y es mejor que den tras sí. Quién sois, decid, que a tomar el papel llegasteis? . Quién? yo soy, miradme muy bien por si me queréis buscar para cobrarle. . Ah de ser luego el quitarosle yo. Por vida vuestra, que no me irritéis, que soy mujer. Mas va que ha de haber aruño por si pasan adelante, quiero descalzar del guante estas diez hojas de Ortuño; pero tu padre, señora. Qué dices, donde le has visto Cúbrete bien, que se acerca. Yo señor: cogiome vivo. Ya te conozco, querías escaparte, ven conmigo. Vámonos de aquí, que aguardas Vamos Inés, voy sin juicio: hay Don Diego, tu verás, lo que son celos creídos. No las ves cómo se van? De aqueste viejo han huido, más Muñoz viene con él. Oye, como no me ha visto Don Carlos, cuando su padre (to ha más de un mes que me ha escri que le envió a mi casa. . Yo señor (que diré) no sirvo a tu sobrino Don Carlos, ni a Don Carlos tu sobrino, mira como sabré de él. Este es de Carlos el tío. Sin duda que fue Violante la que huyó. . Así lo imagino? Mas no escuchas que Muñoz, no es de Don Carlos ministro, con lo cual cesan tus celos? No me ha pesado de oírlo: escucha. . Ya yo conozco todos tus embustes. . Digo, que yo no sé de Don Carlos. Vive Dios, que has de decirlo, o he de quitarte la vida: ven. . Dónde? Vente conmigo. Salgamos ya de este engaño, que haberse así detenido cuando venía a casarse con Violante mi sobrino, es novedad; de este pienso saber la causa. . Por Cristo, que han de ser dificultosos de engañar unos oídos, que tienen la barbacana delante de lo prolijo. . Si es verdad que no es criado de Carlos, buen susto ha sido para la buena mujer, Huélgome yo de que el mío no sea verdad, porque esotro no me toca a mí el sentirlo. Dicha ha sido averiguarlo: mas que hiciste el papelillo? Aquí está. . No le veremos, si quiera por divertirnos con las boberías que escribe un amante enternecido? Lo que le escribe un amante a otro, nunca ha parecido bien después, porque se oye sin el calor que se dijo. Este papel dice así? pero qué es esto que miro, letra de Don Carlos es. Qué dices? . Lo que has oído, Miren el embusterazo de Munoz, y que fruncido dijo que no le servía. Confieso que lo he sentido de suerte, que en cada aliento entero un volcán respiro. Leamos, quizá será despedida. . Pierdo el juicio. Mi bien, para responderos. Pegajoso es el principio. Detrás de San Pablo voy a esperaros, ven conmigo. Dónde vas di no prosigues hasta acabarle? . Harto he vis- ha traidor, y quien hiciera (to: de tu corazón lo mismo. Le rompes? muy mal has hecho? con su piedra te has herido. Ven Elvira, que ira llevo para el brazo, y para el tiro. A este sitio escribí por vuestra mano, que saliese mi dueño soberano, y aunque ha más de una hora que venimos, y que los dos el campo discurrimos no halla ningún indicio mi esperanza. Si acaso la mudanza de letra alguna duda le ha causado? Si en el fin del papel fue disculpado, amigo, el escribir de mano ajena, como puede ser eso mucha pena me ha dado el ver que ahora no ha venido, alguna novedad sin duda ha sido. Pues qué queréis hacer? . . Llegar pretendo a su calle, por ver si el caso entiendo. Vamos luego. . No amigo. no habéis ahora de venir conmigo, aquí déjaros quiero, por si viene primero, que yo a buscaros vuelvo esta señora, aquí la entretened. . Id en buena hora. Ay hermosa Violante, que de zozobras cuesta el ser tu amante. Aquí dijo el papel que le aguardaba; no llores tanto, que te haces brava. Deja burlas Elvira, que ardiendo estoy entre mi propia ira. Allí está, no lo ves? . Qué diligente al puesto vino. Llega blandamente cubierta, y antes que nos adivine examina. . Qué quieres que examine? Caballero. . . La dama que Don Diego espera, esta es sin duda, pues yo llego; señora, ya sabréis que siempre ha sido en amor el deseo mal sufrido. Si señor Don Carlos, ya sé que el deseo en amor se precia de mal sufrido, proseguid, no quiera Dios, que yo llegue a interrumpir tan dulcísima razón. Leonor, vive Dios que es ella . la que aquí esperando estoy por Don Diego; quien ha visto tan rara resolución, como atreverse a llegar a hablarme, porque me halló solo. . Con esto Don Carlos, con esto sabremos hoy, quien de los dos es ingrato, quien es falso de los dos. Quejaos ahora de mí, pubiicad, decid que soy ingrata, falsa, alevosa, y que sois el firme vos. No es esto así? claro está, si, que bien conozco yo, que no tiene de estas culpas la culpa vuestra atención, sino el deseo, el deseo, que es mal sufrido en amor. Qué es lo que intentas mujer? qué es lo que intentas? ya estoy de quien eres informado, ya sé tu nueva afición; pues para qué, para qué vuelve a entablar tu rigor a vista de los agravios ternuras? no sabes, no, que un oído escarmentado del engaño de una voz, primero que la palabra ve la segunda intención? Ahora caigo en que fue . gran falta de prevención el romper aquel papel, pero cogiome el dolor de improviso, quien culpare de arrojada aquella acción, tome la pasión que tuve, y discúrralo mejor. Los que os oyeren Don Carlos, no dirán, si no que vos tendréis justicia, no dudo, que diréis mejor que yo vuestra queja, mas por eso, no la sentiréis mejor, que el tener muchas razones, no es tener mucha razón. Descansad, pues, de fingir, que ya sé vuestra intención, ya sé que a otra queréis bien, de todo informada estoy. Tú mientes, pero no mientes, es verdad, pues porque no, siempre había de quererte? no hay más mujeres Leonor? no se acabaron en ti, hermosuras hay que son mas a mí modo a lo menos; (hermosa esta, vive Dios, . o como temo a mis ojos, si no estorbo mi intención) esto se acabó en efecto. Mal haya mil veces yo, que eso escucho, y con los dientes no me arranco el corazón. No me tienes que llorar, ya ese tiempo se pasó. Déjame Carlos morir. Muérete; pero Leonor, mira que puede venir tu amante, y que no es razón que te halle haciendo extremos Yo que amante. Bien por Dios, querraslo negar. . Don Carlos, eso es tocar en mi honor, y has de quitarme la vida, o has de oírme vive Dios. He tardado? Ay Dios mi hermano: pues cómo está (muerta estoy) en Valladolid? Elvira, ven presto. . Vamos por Dios. Miren, miren si se va por no hablarle, cuando yo estoy presente, y a un tiempo nos ha engañado a los dos. Miren su llanto: ha mujeres, todas de esta suerte sois. Fui a la calle de Violante, y supe que se volvió a su casa disgustada; y así cuidadoso estoy hasta saber, porque causa a San Pablo no salió. Quién era aquella mujer que estaba amigo, con vos? más después me lo diréis, que ahora de prisa estoy: porque me ha dicho un criado, que en la casa donde yo galanteo aquesta dama, hay mil novedades hoy, y no las pude saber, porque su padre llegó; y así fue fuerza volver, porque no esperaseis vos. Qué es esto? cómo no hace más instancia, si la halló conmigo, en saber la causa por que se fue? y si su amor venía a buscarla aquí, cómo aquí no la siguió? El juicio me han de quitar estas cosas, vive Dios. Venid Don Lorenzo amigo. Vamos, sin sentido voy. Que de cuidados Violante cuestas a mi corazón. Que de penas, que de dudas cuestas al alma Leonor Amor, o menos de ahogo, o más de paciencia, amor. Cielos, o más de discurso, o menos de confusión.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Sabe ya Don Diego Inés, que aquí nos hemos mudado? No; pero advierte, que ha entrado tu padre. . Hablemos después Capaz es la casa. . A mí, como del río esté lejos, me harás decir azulejos del peor zaquizamí. Cómo la noche has pasado Violante? . Con mucho gusto, aunque fue tan grande el susto, que desveló imaginado. Poco fue lo que creció el río, mas nos tenía con miedo desde aquel día, que a esta Ciudad destruyó: Y aunque mi casa está en parte, no fácil de peligrar, aquí me quise mudar solo por no fatigarte. Cómo podré yo pagar tantas deudas? . Yo me voy a la otra casa, porque hoy en esta quiero dejar toda la ropa; el criado de Don Carlos se escapó al ruido de anoche, y yo estoy con mayor cuidado. Su padre ha vuelto a escribir que en esta Ciudad está, y el no haberme visto, da no poco que presumir. Fuese ya mi padre? . Sí. Le has visto? . A quién. A Don Diego. Yo, dónde, o cómo? que luego fueses a parar ahí. Qué he de hacer? No te ha agraviado? Su engaño conozco, Inés, y desengañado es de la ira ese cuidado. Acordarte de él sin verle, es ira. . Quieres dejarme? no he menester acordarme también para aborrecerle? Cierro los ojos, aunque ellos? Qué ven? . Diré lo que ven no está con su queja bien quien la trae por los cabellos. Antes la que es fina queja, siempre el discurso ha turbado, no es buen airado el airado, que a propósito se queja. Y mira cuanto hay en mí de esta pasión rigurosa, que estoy ahora gustosa de haberme mudado aquí; porque aquí me persuado, que le he de dejar de ver lo que él tardará en saber donde nos hemos mudado. Que desde que aquella dama; me quitó allí su papel, lo que antes fue ardor fiel, es ya vacilante llama. Mujer que a tal se atrevió, (sa debe de ser poca cosa. Eso digo. . Y no es hermo- tampoco. . Eso digo yo Pues no quieras más castigo de que tan ingrato sea, cuando amarrado a una fea le ves. . Eso es lo que digo: que siendo hermosa, no deja culpa en él, y me pesara muchísimo, que su cara echará a perder mi queja. Mas qué es esto? . Una mujer tapada se ha entrado acá sin aliento. . Qué será? De ella lo puedes saber. , s Sin vida vengo. . Yo muerta. Señora, si el amparar una mujer afligida es generosa piedad: un hombre (ay cielo) me sigue, y me importa (estoy mortal) la vida (terrible susto) que aquí no (fuerte pesar) me vea (fiero rigor) y yo más no puedo hablar que viene muy cerca. . Espera. Es mi muerte el esperar. Pues escóndete aquí dentro, que yo quedare a guardar la puerta. La vida puedo decir que ahora me das. d . Vive Dios que aunque la oculte. Caballero reportad: pero don Diego, d. Dn Violante; que es lo que mirando están mis ojos, Violente aquí? Celos, otro dolor más? no echáis de ver que al primero le confundís lo eficaz, porque hasta en el proceder divierto la variedad? qué halle yo este inconveniente; Pues don Diego, qué buscáis? Yo, señora, a nadie, a vos, Todo es uno: descansad, que para mentir importa todo el aliento cabal. Que no pueda yo decir que una hermana desleal es la que me da la muerte. Que no pueda yo sacar la escondida, cuando estoy muriendo de mi pesar. Hermosa Violante mía. No se os niegue que empezáis con lindo desembarazo; proseguid, decidme más, que gusto mucho de veros mentir tan sin alterar el semblante, que aún no deja imitarse la verdad: idos don Diego con Dios, que no puedo sufrir ya vuestro engaño, y debaos yo que a esta casa no volváis. Justamente está enojada, por haberme visto entrar tras una mujer furioso. Qué os detenéis? qué esperáis? que me escuchéis. . Yo escucha- Por mi vida que me oigáis. (ros Ya os escucho, y otra vez advertid que es necedad jurar vuestra vida a quien le embaraza que viváis, No sé por Dios qué decirla, pues no puedo publicar mi agravio hasta la venganza, ya que el vengarme no es ya posible sin mucho ruido: señora. . otra vez dudáis? Idos don Diego por Dios. Quién vio tan notable mal? que es la verdad mi defensa, y es mi agravio la verdad. Sabe el cielo que mi amor (vais? nunca ha ofendido. . No os Vuestro decoro. . No es satisfacer el negar. (cho. Y que he sido. . No os escu Más constante. . Es porfiar. que cuantos. . Llama a mi padre Présume. . Vos os cansáis don Diego. . . Pues vive Dios que es esto mucho apretar, y que no está el sufrimiento a veces. . Me amenazáis? id con Dios. . Quedad con Dios. No me faltaba ahora más, . que el enojo de Violante, pero pues he hallado ya a Leonor, y está aquí dentro, a que salga he de aguardar, que el verla en Valladolid me ha puesto en duda si está, con don Carlos, que sé yo: él la debió de sacar de la casa de mi padre la noche de mi pesar: porque mi padre a que había de venir a esta Ciudad? No se lo que me imagine, pero ahora se sabrá, cobre yo mi honor, y luego perezca mi voluntad. Ya me voy señora. . Oís? d . Qué queréis? Que no volváis. Algunos celos sin duda le hicieron precipitar con ella, por raro modo lo he venido averiguar. Haz que salga esa escondida, que quiero ver si me da luz de mis celos. Luz buscas viendo que tan claro está? Sí, que a pura luz quisiera re dimir mi ceguedad. Bien podéis salir señora. Se fue? . Ya se fue. Mortal estoy, Elvira sin duda que sabe mi hermano ya el empeño de don Carlos, pues juntando que no va a la casa de mi padre estando en esta Ciudad, y que al verme ahora en la calle se empezó a precipitar, para seguirme, perdiendo el color, sin perdonar su inquietud, y su semblan te ninguna airada senal halla, Elvira, mi temor, cierta mi infelicidad. Sin duda, señora, es eso, y quizá ayer te vio hablar en San Pablo con don Carlos. Yo le hablaré. . Haz allá lo que quisieres, y no me lo digas. . Bien está; como que sale de mí haré que te vuelva a habiar Llega Si Elvira, que a su piedad debo la vida, y es deuda no muy fácil de pagar. Agradecida, señora, a la vida que me dais, quifiera; pero qué miro! Qué es lo que mirando están . mis ojos? . Esta mujer . no es la misma a quien vi dar aquel papel de don Carlos? La que me llegó a quitar aquel papel de don Diego (llar no es esta? . Que venga a ha mis agravios, y mis celos donde la vida me dan! Qué intente aquí engañarme a vista de esta verdad. Ah don Carlos engañoso. Ah don diego desleal. Turbada vuelve a mirarme, mas si he de decir verdad, no me ha parecido hermosa; mas que alivio tan vulgar. Miren que me importa a mí, que el otro eligiese mal, si su mal gusto no puede disminuir mi pesar, antes bien puede aumentarle con hacerme imaginar que debo de ser peor, pues esta le agrada más. Quizá no me ha conocido, y pues ya no tengo más que averiguar que mis celos, bien comprobados están. Disimularé con ella, que estoy en mi casa ya, y sabiéndose quien soy, es indecencia incapaz de mí, confesar pasiones de afecto tan desigual. Ella no me ha conocido, y disimulando está, y así también me parece acierto el disimular. Reconocida, señora, estoy a vuestra piedad; y en fe de esto en mi tendréis siempre una amiga leal. Pero pues ya me amparasteis, haced ahora mirar si se fue el que me seguía, por si puedo salir ya. Don Diego queda en la calle, Habla más quedo. Y ven drá a verte en anocheciendo. Bien lo pudiste excusar. que está en la calle mi herma no dijo, que puedo hacer ya? el sin duda está aguardando que yo salga, para dar fin a mi vida, él sin duda sabe ya mi ceguedad, y el empeño de don Carlos: que haré, pues salir, es dar mi vida al riesgo: si es fuerza quedarme aquí, que dirá mi padre? pero mi padre que se yo si unido está para esta acción con mi herma- y le ha traido a vengar (no, sus sospechas de secreto. Por cualquiera parte hay riesgo: ha cruel fortuna, porque me tratas tan mal, que parece que te importa lucir mi infelicidad: Señora. . Pues qué queréis? decidlo. . Que permitáis, que yo no salga hasta tanto que él se vaya. . Bien está: mas si acaso no se fuese tan presto? . Fuerza será morir o que me amparéis. Todo me sucede mal. . Tirano amor, buen abrigo. . contra mis penas me das. Amor, buen huésped me has para aliviar un pesar. (dado Con quién, con quién has te- más severa la crueldad? (nido Con quién, con quién has mos- el rigor más puntual? (trado Pues cuando es esta mujer causa de todo mi mal. Pues cuando es esta mujer quien tantas penas me da. Y cuando Carlos desprecia por ella mi voluntad. Y cuando olvida don Diego por ella mi amor leal. Me obliga a que la ruegue. Me la obligáis a amparar. Y suplicar al contrario, es tan vergonzoso afán, que dora en el conseguir el desaire del rogar. Y amparar al enemigo, es tan violenta piedad. que viene a hacer padecer, aunque parece triunfar. Tarde ha sido tu venida; Ah que te busco por Dios, una hora como dos: mas tú eres cosa perdida: yo bien sé lo que he de hacer si otra vez te he de buscar. (llar Qué? . cuando te quiera ha- me pienso echar a perder. Y el que a esto llegare a verse, habrá como yo sabido, que para hallar un perdido, no hay cosa como perderse. Dime lo que ha sucedido, que si he de decir verdad, espero alguna frialdad, según lo has encarecido. Ya sabes que cuando fui, Sé que mi tío te habló, y a su casa te llevó para informarse de ti. Que tu quisiste informar que ya no eras mi criado, y que él te dejó encerrado para volverlo apurar. Que esta noche se mudó de aquella casa mi tío, porque al ver crecer el río se afligió mi prima. . Y yo viendo entre la tabaola al tío, por no rogarle, puse cabe, y al tirarle, escurrí luego la bola. Veniste a casa turbado, y yo te volví a enviar luego al punto averiguar a que casa se ha mudado. Porque como yo salí del engaño de Leonor, quiero convertir mi a amor a Violante. . Pues yo fui a buscar la casa a tienta. Y no la has hallado? . No pero ten cuenta, pues yo te he dicho que tengo cuenta Dilo sin más prevención, que habiendo visto el estruendo de tu voz, estoy temiendo lo del monte, y el ratón. Busqué, pues, con mil fatigas la casa nueva señor, y encontré? A quién? . A Leonor. De Leonor es? no lo digas. Callo, pues, que yo no oso derogar ley tan severa, ello bien curiosa era; pero tú no eres curioso. Qué puede ser? Yo, señor, (vio. no he visto. . . Será otro agra- No osa decirlo el labio. Ea dilo. . Es de Leonor. No importa. Pues no recibes pesar? . . Sí, pero que quieres? Que si por ella te mueres, porqué dices que te vives? Muñoz, diré la verdad, y lo que en el caso siento, ya sabe mi entendimiento persuadir mi voluntad. Bien que si esa perfección acá en la memoria veo, me da alguna vez deseo, detenerme no es razón. Mas no por eso es menor mi enojo, antes si se mira, del incendio de la ira es llamarada el amor. En fin que me das licencia, y me prestas el oído? pues armate de marido, que es armarte de paciencia: Venia tu despreciada, por Dios que la he de pintar, solo para averiguar si la puedes ver pintada. Venia Leonor, es bella; vive Cristo, aunque más digas; pues da a los astros dos higas cuando con ellos se estrella: y por no ver competida su luz de esta que es primera, se parte el Sol de carrera, y la Luna de corrida. A sus ojuelos no iguala lo de las mil maravillas, y con sus bellas mejillas la rosa es vergüenza mala. La boquilla es de las lindas sin hacer a nadie agravios: quien ve el color de sus labios; dirá que bebe con guindas. Y en fin toda tan airosa se mostró allí. . . Necio calla, ves que me duele el dejarla, y me la pintas hermosa? Píntame su condición al lado de su hermosura, y verás que esa pintura cifrada está en un borrón. Píntame su aleve trato, y cuando la alabes más, en mi razón hallarás, más color que en su retrato Píntame como es cruel, como mil penas me da, y di. . Todo se andará, sino se quiebra el pincel. Que ahora iré a lo que dices, diciendo como don Diego, tuvo en los ojos el fuego; pero el humo en las narices. Y como en viendo que vio a Leonor en una calle, donde debió de encontrarle, ofenderle, o qué sé yo, llegó a ella denodado con semblante hacia cruel, y como ella huyó de él, y él la siguió porfido. Y como cansada ya en una casa se entró, y como me vine yo acá, y los dejé allá. Don Diego (ay Dios) tan airado, que causa le pudo dar? Él debe de negociar a coces como soldado. Pero aqueso te deshace? padezca, pues es mujer, y pues hace padecer, sepa la tal que lo hace. Que yo cuando estas taimadas me dejan siempre, señor, quisiera que el sucesor me las moliese a patadas. Mas no es este el tal amigo? Don Lorenzo, dicha es el hallaros aquí. . . Pues qué queréis? . Venid conmigo Dónde? No iréis dónde voy? Sí, más decidme. Un pesar tengo ahora que apurar. Con quién? si sabe que soy su enemigo, y he de ser con quien apuréis ahí el pesar que decís? . . Sí, a vos os he menester. Pues vamos que mi valor no teme ningún suceso, ni aún recela. . . Pues por eso mi amor os busca, y mi honor. Ello es cierto. Cerca estamos. Lejos me ha de parecer. Pues seguidme. Vamos. . . Vamos. Que siempre este hombre está de rigor, pendencia, y ceño; pues si da en ser pedigüeño. quizá hallará quien le dé. A Inés poco ha vi hablar con un hombre, que parado queda en la calle embozado, y aunque he podido dudar si es acaso su marido de esta dama que amparó Violante aquí, de quien yo estoy ya compadecido, he reparado después, viéndole con más cuidado, en que siendo el que he pensad no bajara a hablarle Inés. Demás, que volví a mirarle; y es un hombre que me tiene cuidadoso, porque viene muchas veces a mi calle. Mas yo haré que mi atención pero Violante ha venido. Violante. . Señor. Ya impido las senas de mi pasión, y no puedo del semblante borrarlas. . En que pensáis, señor, que suspenso estáis, y triste? . . Pienso, Violanto en cuán duras leyes dio al honor su antiguo ser, pues yo le puedo perder, aunque no le pierda yo, que fuero tan mal dispuesto, pues sin mí a mí me desdora. Es verdad, pero tu ahora porque estás pensando en esto? Don Carlos tu esposo, no puede tardar. . Triste suerte Sábeslo? . Sí. Pues advierte, . Qué? De que soy tu padre yo. Pues dime, señor, qué quieres? Quisiera al mirar tu llanto, que no te afligieras tanto, porque te acuerdo quien eres. . Temblando de oírlo estoy, porque si algo ha sospechado de mi amoroso cuidado, puedo empezar desde hoy a temer mi muerte, que es en esto del pundonor rarísimo su rigor. Ya señora. . Qué hay Inés? Abajo queda escondido don Diego. Pues no aguardara que mi padre se quietara? Nadie al entrar le ha sentido. Viene solo? . Su criado pienso que con él entró. Y aquella dama le vio? No, ni por pienso pensado. Que ande tan cruel conmigo hoy la fortuna inconstante, que la casa de Violante me haya dado por abrigo! A don Carlos siempre ingrato. cierto que cuando llegué a saberlo, me quedé sin aliento mucho rato. En fin, por su prima olvida las finezas de mi amor? que cobarde es mi dolor, pues no atropella mi vida. Pero ella esta aquí, semblante vuelve adentro lo afligido. Advierte que ella ha salido. Amiga. . Hermosa Violante. Disimulemos amor; Señora. . Ve a lo que digo, Descuidar puedes conmigo, Ya esperaba con temor de tu padre la respuesta, por ver si le dio disgusto el hallarme aquí. Era injusto en ocasión como esta tenerle, y así mi acción celebrando el escuchar la causa de tu pesar, imitó mi compasión: pero amiga (no sosiego) aguárdame un poco aquí. Ya es obligación en mí tu obediencia. . Vuelvo luego, Voy a ver como disculpa don Diego tan clara ofensa, o que nuevo engaño piensa acomular a su culpa. Sobre esta silla (ay triste) asentarme un rato quiero por divertir mis penas, si en ellas puede haber diverti- A quien ha sucedido, (miento. tan pesados sucesos? los daños se atropellan con los Fuera estoy de mi casa, (riesgos, mi hermano está sangriento, mi padre ya enojado, y lo que siento más Carlos aje- que todas estas penas (no: no llegaran a serlo si hubiera en él constancia, que me sirviera a mí de sufrimento, No me diréis Don Diego donde (vamos tan misteriosamente? Donde estamos os habéis de cuadar. Pues con qué intento? Desde aqueste aposento dueño seréis de todo lo que pasa, a mí me importa, que de aquesta casa no salga nadie, amigo en tanto que estoy dentro, así consigo el hablar a Violante sin cuidado, de que se vale honor, que en el estado que mi venganza está, es caso injusto, que a las leyes de honor se oponga el gusto Pues para eso en la calle no estuviera mucho mejor? Ya quedan allá fuera dos criados, y así me ha parecido que más cerca estaréis más prevenido por si algo me sucede: la criada me espera, a Dios: direle a mi enojada alguna bien que frívola disculpa, que disminuya mi pasada culpa. . Cierto, que imaginé que me quería para reñir con él, y que sabia quien soy, pero pues él no lo ha sabido, mañana cumpliré lo prometido, que de mí estoy ya con recelo por ver que un día he dilatado el duelo, y no ya por Leonor, que aunque ella pudo; pero no es esta cielos, más que dudo: si don Diegoa esta casa la ha traído? O que nuevo veneno ha prevenido el amor para una alma sin defensa de su hermosura, hechizo de mi ofensa, y viéndome sediento, suspendiendo, y doblando mi tormento brindando está con su hermosura al labio en la taza penada de mi agravio. Quiero dar otro paso por apurarle la ponzoña al va- Suspensa está cuanto bella, (so. y cautamente procura esconder en su hermosura los rigores de mi estrella: mi memoria en solo verla a la queja se ha negado, concediéndose al cuidado? oh ingratísima mujer, que hermosa debes de ser, pues lo dice un agraviado. Con que amables osadías triunfa de un alma perpleja; por más que juzgue mi queja sus imperios tiranías; mas como las penas mías, son de este triunfo despojos, la flaqueza está en los ojos, que en un instante se ha hecho, la dura pasión del pecho, blando afecto de los ojos. Mas ya es mucho obedecer a un dueño tan riguroso, que esta guerra es forzoso, el huir para vencer; voyme es más de una mujer, aleve, falsa, y traidora? no, pues vive Dios que ahora a mirarla no tornara, si mil veces me llamara. Ay Carlos. Llamó, señora. Quién es? No sé, un desdichado, que aunque pudiste olvidarte de quien soy, por este nombre quizá podrás acordarte. Don Carlos; pero que dudo, si es la casa de Violante, que presto el gozo de verle se hizo razón de culparle. que me traiga aquí Don Diego . a renovar mis pesares! que me tenga aquí mi suerte . a sufrir estos desaires! Si querrá ahora negar que viene a ver a Violante? Si negará que Don Diego viene porque envió a llamarle? pero no hara, que mi queja en su disculpa no vale, Mas no hará, porque esto fuera lisonjear mis pesares. Mejor es irme, y no oírla, que para ser tan mudable aquella hermosura, es mengua todo lo que persuade. Qué he de hacer? acabad penas, Que no estoy para llamarle, sino para irme a morir. Por Dios que se va, y no hace caso de que yo soy, será porque le espera su amante; vive Dios, que aunque yo quiebre mi condición he de hablarle. Pues no quiero que te vayas, vuelve, que aunque te acabaste para mí, no he de sufrir, aunque tu rigor me mate, que hagas un dichoso a costa de mis infelicidades. Don Carlos, para que son hazañerías, ya es tarde para creerte, si había de entrar tu engaño a cogarme. Pues ves que estoy tan conforme con padecer mis pesares, con sufrir tus sinrazones, con tolerar tus desaires, que aún el quejarme no quiero que te cueste el disculparte. Déjame, que acá a mis solas tiernos afectos derrame, profundos gemidos forme, y ardientes suspiros lance. Que aunque se los lleve el viento por mudos, y ineficaces, con que tú no los escuches se contentan, por hallarse en la región de tu oído más vanos que en la del aire. Sintiera mucho el perderte, como lo siento, mas pasen ternuras, que cuestan mucho, y es muy poco lo que valen. ointiera el perderte, digo; si volviendo yo a mirarme, hallara Carlos en mí más delito que adorarte; mas no seré la primera, que a un ingrato. Tú adorarme? que dicha hubiera en el mundo igual a la de un amante, si el corazón, y la lengua supieran solo un lenguaje? Calla ingrata, vete, vete, no me hechices, no me encantes que tengo ya a tus consuelos mas miedo que a mis pesares. Esto se acabó. Pues dilo sin llorar. Yo lloro, ha pesares. No lo ves? Será, mas esto no es sentir. Pues qué, enojarte? Tampoco. Pues qué, moverme? Yo mover. Pues qué, matarme. No es eso. Pues por qué lloras? Dilo tú, pues que lo sabes, Yo lo sé? Sí, que este llanto ya estaba con tus desaires cuajado dentro del pecho, y con la acción de mirarme lo desatas tan violento, que parece que lo atraes. Cómo puede ser, teniendo tú el llanto, que yo le llame: Yo te lo diré: No has visto algún helado cadáver, que si cautamente llega el homicida a mirarle, por las heladas heridas vierte líquida la sangre, causando esta novedad, no lo que siente el que yace, sino una fuerza que está en los rayos visuales del que le mira, la cual con ocultas propiedades, puede líquidar al verle, lo que condensó al matarle? Pues así, Carlos, mi amor, que ya en mi pecho es cadaver a quien quitaste la vida a heridas de tus crueldades, helado tenía tu llanto, que era su alimento fácil; y con no sé qué virtud que en tus ojos ocultaste, le has desatado, de suerte, que esto que lloro al mirarte, no es indicio de que siento mi mal, si no de que hace impresión en las heridas tu vista, y por ellas salen estas lágrimas, que son unos pedazos de sangre, que están en el pecho helado? y con verlas se deshacen. Eso será; pero como te estás aquí cuando sabes quién te está esperando? tienes tan poco amor a tu amante, que para que te quisiese es menester que te aguarde? Lo mismo estaba dudando de ti; tienes tan constante a tu dama, que no temes el hacerla este desaire? Yo, qué dama, di? Qué dama? quieres que yo te la llame? si, bien será, aguarda un poco. Donde vas: Al punto salgo, a fe, que ahora han de verse sin embozo las verdades. Ya te entiendo, vete ingrata, no ha tomado mal achaque para irse a ver a Don Diego. Mas qué ruido es este? Dame Fabio una luz. Don Lorenzo. Amigo, pues qué hay? El padre de aquesta dama me ha visto con ella, y ha sido un lance pesado, mata esa luz. Tan presto hubo de encontrarle? Yo estoy muerta. Aguarda un poco. . . Presto, matadle, matadle Hay más extraño suceso! pero Don Diego a guardarle las espaldas me ha traído, y aunque viniese a matarme, no he de faltar a quien soy; mas ya parece que salen. Don Diego, mi muerte es Señora, huyamos. Violante, vamos de aquí, que ya son míos tus riesgos: tu padre nos ha visto, esto es preciso, que no tengo de dejarte a sus rigores expuesta. Por aquí entró, no se escape, Don Lorenzo. Qué hay Don Diego? Procura, que no me alcancen los que me vienen siguiendo, que yo volvere al instante en habiendo puesto en salvo de un peligro tan notable. esta dama. Él se la lleva. Adios Don Lorenzo. Ah infame fementida, ves quién eres? Qué es esto? pero ya salen. Anda, y déjame, que yo sabré como he de vengarme Yo mismo le vi con ella, y es el mismo que en la calle estaba, aguardad traidores, porque aqueste acero. Nadie; pero señor. Quién, Don Carlos. Mi tío (ay más raro lance) en la casa de Leonor? Carlos aquí, pues que haces Carlos en mi casa ahora? En su casa dijo, hay tales - confusiones! Aquí es fuerza de alguna industria ayudarme, sin discurrir más de que me ha traído de su parte Don Diego aquí. Yo señor de Madrid llegue esta tarde, y para verte esta noche, vengo a tu casa a buscarte. Esto me faltaba ahora. Mal acierto a disculparme. Y como he visto señor, que con el acero sales desnudo, saqué la espada como ves para ayudarte. Dime, pues, contra quién vienes airado? Yo contra nadie. Para qué juntos los dos? Que haya venido a estorbarme Carlos ahora. Busquemos al que se atrevió a enojarte, Ven acá sobrino, tú viste ahora salir alguien? No señor: rara inquietud tiene, si fuese Violante la que Don Diego se lleva? Quiero prevenir el lance, por si acaso disimula. Pues sabe Don Carlos, sabe, el mismo caso me da medio para deslumbrarle) que hoy una dama afligida vino a mi casa a ampararse; porque un hombre quiso (fuese o su marido, o su amante) darle la muerte, y fue fuerza, que en mi casa se quedase: y ahora él mismo, no sé con que modo, o porque parte, entró por ella en mi casa, y así resuelto a matarle salía. Habraste engañado: si fuese Leonor? notable desengaño. Ellos se van; Carlos aguarda, al instante vuelvo. En cualquier suceso es preciso acompañarte. Ya no voy, que él me lo estorba si supiera que a Violante; pero no son para dichos tan vergonzosos pesares. Ya estaran los dos en salvo Carlos tú vienes muy tarde, y así te puedes volver, que como no me avisaste, estaba sin prevención la casa, y también Violante estaba ya recogida: ea Martín, ve a alumbrarle, El mismo lo que deseo me facilita. Al instante que se vaya mi sobrino, loco iré por esas calles a buscar a quien me agravia, o a morir si no le hallase. Ah siempre ingrata Leonor. Ah mal nacida Violante. Tú con tu amante, y yo vivo, Sin honra yo, y con ultraje. o vénguela ya mi acero. Oh quiera el amor vengarme! Pues me ha hecho mi desdicha Pues mi desdicha me hace, Fiarme de una hija aleve, para que mi honor profane, Amparar al Enemigo, para que conmigo acabe.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Tres calles ha que me sigue una mujer con cuidado, y hasta mi casa me he entrado, por ver si acá me persigue. Dicho, y hecho, venla aquí; señores, qué puede ser? La casa quise saber, y al fin con ello salí. Mujer, dime lo que quieres, que desde la plaza aquí te has venido en pos de mí, sin que yo sepa quién eres? Si has olido cuatro reales, que traigo sin tu licencia, escucha esta consecuencia: Pues los sigues, no los vales. Pasando por una calle, le vi, y tras él me he venido, y ahora pues ya he sabido la casa, quiero dejarle; yo iré a decirle a Leonor a donde vive su amante, que será nueva importante para templar su dolor. Callas acaso por yerro, mujer? No he de responder, por no darme a conocer. . Fuese, pues la puerta cierro; que a la mujer que se va, si mal no me acuerdo yo, puente de plata, mas no que por ella volverá. Pero mi amo ha salido: que melancólico viene, que triste, no sé que tiene, que da en andar aturdido. Señor: ay tal elevarse! dónde vas, que no reposas? donde está aquel no matarse; donde aquel tomar las cosas por dónde puedan soltarse? incapaz ya de consejo, triste estas a todas horas, y tu semblante perplejo trae con el agua que lloras calado tu sobrecejo. Deja ese necio cuidado, que la vida te limita, mira que es más acertado el vivir con su pepita, que morir desesperado. Si tu supieras amar, con lo que hoy en mi sucede, te pudiera aquí probar, cuan mal olvidarse puede lo que se quiere olvidar. Pero de amor la pasión ignoras, y así no pido consuelos a tu razón, porque quien no ha padecido, no sabe de compasión. También yo amar he sabido, mas por mujeres, señor, pocas veces me he afligido, que de cualquier sinsabor con un dejo me despido. Vosotros os deshacéis, os pudrís, y aniquiláis. Los pícaros no queréis, solamente deseáis. Y los señores qué hacéis? Sin deseo nadie ha amado; que amor de tan buena ley, viéndose acá malparado, ya se fue muy enojado a los Palacios del Rey. En cuya noble afición, en cuya estrecha clausura, y en cuya muda ocasión se compone una locura con muchísima razón. Mas dejemos esto aquí, porque consolarte ordeno. Tú a mí? Sí señor, yo a ti, y si no te dejo bueno, te dejaré así así. Tú no quieres olvidar a aquesta mujer, violenta tu gusto y fin desmayar, pues has caído en la cuenta, ayudate a levantar. Nada habrá que yo no intente por verme menos sujeto, mas si me esfuerzo valiente, viene a parar en inquieto lo que empieza en diligente. Poco a poco tu salud busco, aunque es peligroso el ímpetu en la virtud, y no puede sin reposo adquirirse la quietud. Ya procuro cada día algo de su perfección borrar en el alma mía, y este espacio en la razón me cansa como porfía. Si a los ojos se te ofrece hermosa, advierte después, que por otro te aborrece, y acuérdate de lo que es, y no de lo que parece. Este remedio violento, ya lo saben mis enojos, pero cuando más lo siento, no basta mi entendimiento a persuadir a mis ojos. Pues busca, si así no sanas, mujer verde, que en dos horas sacará manchas ancianas, que él remedio de las Moras, también es de las Cristianas. Divertirme he procurado, y con mayor inquietud vuelvo a mi propio cuidado, que es muy prolija salud la de un dolor engañado. (dio Prueba a poner tierra en me. No es fácil, mucho lo dudo. Anímate. No hallo medio. Pues confiésate a menudo, que es santísimo remedio. Deja eso, y dime si acaso has visto a Don Diego. . No, mas no me dirás qué caso fue el que anoche te pasó? Dirételo, aunque de paso. Llevome anoche con sigo Don Diego, y yo juzgue cierto, que reñir quería conmigo, porque había descubierto, que soy su antiguo enemigo; Llegue armado de valor a una casa donde vi esa mujer. Quién, señor? A esa mujer. A quién, di? Esa mujer, o Leonor. Que al fin la viste eso más? Para eso el llamarme fue. Desengañado estarás; y hablastela? Si la hablé. Boca tienes, tragarás Digo, pues, que le amparé, y que a Leonor se llevó, y en su desensa quedé; y quien piensas que salió tras él luego que se fue? Quién el padre de Leonor? No sino mi tío. Tu tío? El mismo (ay lance mayor.) Fue encanto! No hay lance mío, sin extrañeza, o horror. Mas quédate aquí, que quiero salir solo. No saldrás solo, señor, si primero no me dices donde vas, que soy honrado escudero. Yo tu razón no te quito, más contigo estaré bien para cualquiera conflicto, y si riñes tú, también riño, que me despepito. Quédate; pero han llamado? Don Lorenzo, haced abrir Don Diego es, no me he engaña abre, aquí le he de cumplir (do; la palabra que le he dado. Estáis solo, Don Lorenzo? Solo está aquí ese criado: qué queréis? Muñoz, no importa; sabed que vengo a cansaros, como siempre, y a ampararme de vos. De mí? que no acabo de amparar al enemigo! no vi mayor embarazo. Sabed, que para ocultar a la dama que sacamos de su casa anoche, hoy de vuestra casa me valgo, y de vos. De mí? Su vida solicita vuestro amparo. Amparar a la enemiga! y a vi mayor embarazo. En su casa han ya sabido parte de lo que ha pasado, y a mí me han dicho que tiene noticia de mí, y es llano, que han de buscarme en mi casa y para cualquiera caso, es mejor que no esté en ella la causa de mi cuidado. Yo estoy en Valladolid forastero, y mientras hallo un Convento en que tenerla, a vuestro cuarto la traigo. Qué decís? Que está en un coche junto a la puerta aguardando: ya sé que sois tan mi amigo, que esto, y más puedo fiaros: voy por ella, que ya he visto que estáis solo. . Hay más extraños sucesos! Pues que más quieres, si te la trae a tus manos? Veslo, pues aún no estará convencida de mi agravio. Que ya señor vendrá humilde pues viene a pedir un cuarto. Que desaire hiciera yo con qué quédara vengado? Esto de las bofeta das, aunque entre gente de garbo no está en uso, aquí lo apruebo, que es linda razón de estado lo de cansar una cara para descansar un brazo, y es en fin un que si cosa, que siempre ha sido acertado: Calla necio, a una mujer llegar las manos? Es malo? pues dala muchas patadas, y no llegarás las manos. Mira, las coces también son gran cosa por lo bajo, que a ellas solo las duele lo que las duele, y por tanto, para caminar con ellas cada coz montados pasos. Que halle siempre esta mujer cuando más de ella me aparto! Sabes en lo que pensaba ahora? . . En qué? En redomazo, que a una bellaca alevosa, un bellaco redomado; mas ya sale, Dios te ayude para estornudo tamano. Sírvame aquí de valor la memoria de mi agravio. El amigo es tal, que puedo Violante mía fiaros. Volveréis luego? Al momento. Don Lorenzo en avisando en un Convento, que está aquí cerca, de este caso, volveré: valor, hermoso dueño mío, pues que causo yo tus pesares, a mí. me toca ya remediarlos. Yo no me pienso quitar ahora del rostro el manto; porque será contingente, que me conozcan, ha ingratos cielos, que de sustos sabe un día de un desdichado. Vive Dios, que ahora ingrata, no han de poder tus engaños mas que mi verdad, a fe que han de quedar apurados. Ay Dios, Inés, que hombre es este Señora, yo estoy temblando. Dime ahora, que me quejo, sin más razón, que llevado de una condición que forma de sí misma sus agravios. Di ahora, que soy entero, cruel, riguroso, ingrato, porque ofendido no busco, porque no ruego irritado. Ponte a llorar, por tu vida, como sueles, por si acaso me muevo al ver que te quejas; que desde ayer he notado, que en las mujeres que lloran con más tiernos aparatos, no nace en el corazón, sino en los ojos el llanto. Ya te conozco enemiga. Él sin duda me está hablando por otra. Oh se ha vuelto loco, o está el pobre endemoniado. C. cubierto el rostro me escuchas más bien haces, no me espanto, que es muy malo para verse sin defensa un agraviado. En fin a Don Diego adoras? en fin por él me has dejado? Esto no es hablar contigo? Oye, que es notable caso. Esta es la casa, que yo la hallé siguiendo al criado. Perdida, Elvira, me veo, y es fuerza que de don Carlos me valga: pero qué esto? Vámonos, que está ocupado. Válgame Dios, que faltaba este pesar sobre tantos. Niega que ayer fuiste a hablarle cuando yo te vi en el campo, y niega que anoche estuvo contigo. . Oh traidor, oh falso, que estuvo con otra dama? Celos le pide, ah villano. Vámonos de aquí, qué esperas? Cómo Elvira, que nos vamos? Pues qué quieres? Ver si ahora quiere negar mis agravios. Qué dices? no te disculpas; responde. . Señor don Carlos. Qué es esto cielos, Leonor: su voz no es esta? hay más casos que confundan mi discurso? Pésame de embarazaros, pero soy poco sufrida, y no he podido excusarlo. Leonor, es aquesto sueño? luego la que me ha entregado Don Diego aquí (ya se ha abierto otra senda a mis agravios) es Violante? esto es preciso, pues fue el suceso pasado en la casa de mi tío, ya es de más fondo este caso, y ya en darle muerte estoy por dos causas empeñado. Señor don Carlos Pacheco. Mi primo es este, hay más raros empeños. . A mí me importa a solas un poco hablaros, y así esa dama perdone, o no perdone, que estando una mujer como yo quejosa de vuestro trato, nada es primero en el mundo que satisfacerme: vamos, señora que he menester el puesto desocupado. Advierte. Vos me advertis? habéis acaso olvidado mi condición? acabemos reina, que me voy cansando? Si se arañasen las dos, que las mujeres de hogaño tienen el duelo en la uña. Esta es, si en la voz reparo, la que amparé ayer, no quiero responderla, porque es caso contingente conocerme, y delante de don Carlos nombrarme, yo me retiro a estotra pieza entretanto que vuelve don Diego aquí. Sígueme Inés. . En que andamos señora. . No sé, voy muerta. Esto no es entrarse al cuarto? cómo? cómo? Pues qué quieres? Solo ver esto, don Carlos. Ya lo has visto. Y te parece que puedo yo tolerarlo? Pues a ti ya qué te importa? En fin que ya me has dejado? Yo no a ti, acción fue tuya. Y que he de perder tus brazos? Son prisiones? ya estás libre. Y que estás determinado a ser de otra. No me apures. Acaba de pronunciarlo. Si estoy. . Ah pesia mis ojos ahora me falta el llanto, vamos Elvira. . Señor, tira de nosotras. . Vamos. No es él quien tiene la culpa sino este picaronazo de Muñoz, que es su alcahuete, y agente de sus pecados. Oyes, oyes, tu alcahuete a mí cuando yo te calle tu nombre, siendo mujer de estas que se usan hogaño, donde el sentido común es el sentido del tacto? Calla loco. Ven, acaba. Eres acaso de marmal, y nos dejas ya? Elvira, ella se va, ya no estamos solos si tiene que hablarme, yo la escuchare. Don Carlos, solo el hallarme perdida, solo el mirar arriesgado mi honor, y el estar mi vida sin algún refugio humano, por vos todo, y por mí todo, pues quise bien a un ingrato, me hiciera retroceder de mi razón: pero os hallo tan tierno con otra dama, que cuando llego a escucharlo por ver lo poco que vale mi razón, se ha retirado, y también vuestra nobleza, por ver lo poco que valgo: y así me vuelvo resuelta, por ver si conmigo acabo de una vez, aunque me pese. Espera Leonor un rato, que quiero satisfacerte de lo que has imaginado, no por ti, que no me importa, sino solo porque cuando intentas con mis acciones justificar tus engaños, no te he de dejar razón que disminuya mi agravio. Esta dama que aquí hallaste, por cierto notable caso en que me empeñó un amigo, se ha valido de mi cuarto. Por cierto buena salida, cosas de un amigo anciano, socorro de estos aprietos, mientras al vaso nos vamos. Mira Elvira que disculpa. Esto es verdad. Por Dios santo que la está diciendo pura, aunque se la están aguando. Muñoz, di tú lo que pasa, pues que presente has estado. Preguntádselo a Muñoz, que es el de sus pasos falsos. Y ese Evángelista acotas, siendo tejedor tan malo, que el hilo de la verdad se le enteda a cada paso? Pues tú te atreves? Amigo. Don Diego. Ay cielos, mi hermano aquí también. Ay tal caso. De enojo, y de celos rabio. Mi bien, ya queda dispuesto el Convento, y esperando la carroza; don Lorenzo adiós; dueño mío, vamos. Válgame el cielo! No es nada, lo que esto se va apretando. Hay más extraño suceso! si ahora le desengaño, y le digo que esta dentro la que el aquí me ha dejado, ha de quererse llevar a mi prima; pues si callo, ha de llevarse a Leonor: rata duda! mas qué aguardo? con mi obligación cumpliendo uno, y otro he de estorbarlo. Adios don Lorenzo amigo, venid señora. Aguardaos, de aqueste modo ha de ser; que tengo un poco que hablaros. A mí? Sí, a vos. Pues dejadme estar sin el embarazo de esta dama Antes que os vais ha de ser Esto va malo. Decídmelo presto, pues. No sé si habéis olvidado, que ayer os di la palabra de poneros con don Carlos. Pacheco? Ya me acuerdo, como he de haber olvidado cosa que tanto me importa? pero han sido tantos casos los que han pasado por mí de ayer acá, que acordaros no he podido esa palabra. Pues ya le tengo avisado. Qué decís? mucho lo estimo: mas decidme para cuando? Para luego. d. . Para luego, y dónde? Considerando que en esta Ciudad ahora estáis ocultos entrambos por el riesgo de que os vean, en un jardín retirado de esta casa a vuestro duelo tengo señalado campo. Amigo, el cuidado estimo; pero a la puerta de abajo llamaron. Mira quién es Muñoz. Yo voy a mirarlo. Qué puede haber sido Elvira, lo que los dos han hablado aparte? válgame Dios, que frecuentes sobresaltos. Señor, don Pedro de Acuña es el que abajo ha llamado. Qué dices? don Pedro es? don Lorenzo fuerte caso. El padre de aquesta dama es este, señora entraos allá dentro presto, presto, que yo quedo aquí a ampararos. Fuerte lance ha sido este. Entra Elvira, bien me ha esta- que venga don Pedro ahora. (do Presto; que ya está en mi cuarto Nadie está aquí que responda, y así resuelto me he entrado. Desde que anoche Violante falto de mi casa, ando. haciendo mil diligencias, y ya tengo averiguado quien ha sido el agresor de atrevimiento tan raro. Y viniendo poco a poco siguiéndole yo los pasos, me parece que aquí dentro le vi entrar, y por si acaso me engañé, y fue en otra casa, dejo en la calle a un criado, de quien fue fuerza fiarme, porque vio el lance pasado, para que me avise, y vengo resuelto aquí a averiguarlo, ya vengar mi honor, supuesto que hasta tenerle vengado no me he de poner delante de mi sobrino don Carlos. Pero allí está un hombre, oís? Señor. Muñoz, raro caso! si vive aquí mi sobrino? No está en casa. Quién? Mi amo. Esto es peor, vive Dios, jurara que había entrado aquel hombre aquí: mas como en la casa de don Carlos pudo entrar? sin duda fue en la casa más abajo. En esotra casa pienso entrar, y si no le hallo, no he de salir de la calle hasta ver mi honor vengado; que en tales cuidados, solo la diligencia es descanso. Yo voy a ver en que entienden las escondidas del cuarto, y mi amo, que yo entiendo que con don Diego ha bajado de mala, y he de decirles, que son unos mentecatos, porque el matarse por hembras es una acción muy de machos, Aquí decís que ha de estar don Carlos Pacheco? Sí. Pues no le descubro aquí, Déjame ahora cerrar la puerta. Muy bien se ve desde aquí todo el jardín, y no está en él, a que fin venimos? Yo os lo diré. Don Carlos soy, no os asombre, que si en Flandes me he llamado don Lorenzo de Alvarado, me importó ocultar mi nombre, Vuestro valor me buscó, y hoy por un nuevo pesar, no solo me dejo hallar, mas también os busco yo. Razón tengo muy bastante, y así yo pues me he empeñado, habéis de salir casado con Violante. Con Violante? Qué decís? Dejemos vanos rodeos, obre callada la razón, Hable la espada. A las manos. A las manos de este modo satisfaga. La espada quebré, advertid pero no importa, reñid, que a mí me basta la daga. Pues tengo nobleza yo que hace a la vuestra igualdad, ser más valiente intentad, pero más bizarro no, Id por la espada. Remisa. es vuestra ira, ya voy. Id que muy despacio estoy. Y yo vuelvo muy de prisa. Raros sucesos han sido los que hoy por mi han pasado, aún para estar admirado, me va faltando el sentido. Cielos, pues como Violante, de don Carlos su honor fía? que confusión a la mía será igual, o semejante? Dejadme entrar. Vive Cristo, que andan allá mil espadas, Detente Carlos amigo. Caballeros reportaos. Nadie impida un ofendido, Quién es? Don Carlos. Señor. A muy buen tiempo has venido; don Diego ofendió mi casa, mi opinión está a peligro, Violante es la que padece, harto con esto te he dicho; yo he de matarle. Eso no. Tú lo impides? Yo lo impido, tu honor cobro; entre los dos estaba ya el desafío empezado, ha de acabarse, y tú no has de interrumpirlo. Yo he de fiar de otro brazo venganza del honor mío? aparta. Aguarda, señor. y repara en lo que digo, que sino me toca a mí, porque aquí llamado he sido, para matarle después, Amparar al Enemigo. Caballeros deteneos, y oídme un poco. Qué miro? mi hermana, dejadme dar muerte a una aleve. No impido tu enojo, aunque lo dilato, hasta que restituido mi honor, la sangre que vierta no manche tu acero limpio. Don Carlos que está presente es por quien ha padecido mi opinión, por él estoy, sin remedio, sin abrigo, por él mi casa he dejado; por él mi padre he perdido, El señor don Pedro es gran Caballero, y su tío, vos Don Diego sois mi hermano, ved pues los dos, si el delito de mi amor, y de su engaño pide remedio, o castigo. Luego Don Diego es hermano de Leonor? que es lo que he oído? Luego es hermana Leonor de don Diego? Luego es primo Carlos de Violante? Ya cesaron los celos míos, Ya cesaron mis temores. Ya de mi duda he salido. Eso sí, pléguete diez, acabarán de decirlo. Yo doy la mano a Leonor. Yo a Violante se la pido. Yo la acepto. Yo la ofrezco. Yo uno, y otro confirmo Y yo salgo aquí a pedir perdón, o al menos un vítor,
