Texto digital

Texto digital de Amor y obligación

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Antonio de Solís y Rivadeneyra
Atribución estilometría
Antonio de Solís y Rivadeneyra Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción de un impreso contenido en la BVMC, corregido posteriormente.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amor y obligación. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amor-y-obligacion.

Logo BICUVE

AMOR Y OBLIGACIÓN

JORNADA PRIMERA

Tu amiga soy. . . Ya lo veo. Pues por qué me niegas di tus disgustos? Doña . Ay de mí. con cuantas ansias peleo. Pocos días ha que has dado en estar triste de suerte, que yo movida de verte muchas veces te he imitado. Tal vez dice tus enojos el corazón discontento, ya en gemidos por tu aliento, ya en lágrimas por tus ojos. Tal vez con mudas acciones, sin profanar tu belleza saca al rostro la tristeza de el ánimo las pasiones. Tal si alguno está delante con gran disimulación, le vuelves al corazón los afectos del semblante. Ya con las ansias te miro, que anhelando das al viento mal dividido el aliento, y suele unirle un suspiro. Ya hecha furia la pasión, si voces quieres formar, la voz te suele dejar en medio de la razón. Qué es esto? tu amiga soy, y aunque tan recién llegada de Sevilla, aficionada de suerte Isabel te estoy, Y tanto debo al agrado de tu padre; pues mi tío por muerte del padre mío, en su casa me a hospedado, que no habrá acción que no intente dificultosa, por dar algún consuelo al pasar que ahora tu pecho siente. Ay prima que mis desvelos llegaron a estado tal, que juzgó parte del mal, el escuchar los consuelos: mas bien veo que no es justo negarte mi mal, y así ya que el pecho (ay de mí! dará a la voz mi disgusto. El amor prima, el amor, a cuyas tiranas leyes a un no acredita de justas la multitud de obedientes. el amor pues como digo, yo confieso que no puede formar la voz el aliento, que es tal mi mal, que al quererle decir, la vergüenza noble las acciones entorpece hasta el silencio la lengua, y la voz al pecho vuelve. Notable afecto, prosigue, qué dudas? que te suspende, también se lo que es amor. . dígalo el alma que viene alborazada a Madrid, porque en él está el que ausente lloró mi amor hasta ahora: bien se que te aflige el verte rendida al amor a tiempo, que darte otro esposo quiere contra tu gusto, mi tío. Pues eso no te parece, que basta para afligirme, si cuando el amor ardiente, tenía rendida el alma, don Pedro mi primo, viene a ser mi esposo, y mi padre que darme intenta la muerte en su casa le ha hospedado, como si posible suese vielentar la voluntad, no te parece que es este bastante aprieto? Es muy grande, que el mayor que hallarse puede, es mirar una violencia con semblante de obediente, mas no podré yo saber, quien tu cuidado merece. Dos amantes son los que hoy firmes mi favor pretenden, el uno en mi voluntad, dulce sujeción adquiere, y en mi libertad el otro imperio violento tiene. (clina, Pues como. . . El uno me in- Y me obliga el otro. . . fuerte empeño de amor te aflige mas si mi amor lo merece de entrambos me has de dar cuenta. Pues por este campo alegre, nos salimos de esa quinta, a donde está nuestra gente, y quieres que de mi amor, y mi obligación te cuente los principios ellos son doña Juana de esta suerte. Aquel infelice día, que Madrid, como otras veces, concurrió en su insigne plaza, calle sus milagros Menfis, Para que allí en una fiesta de toros bárbaramente, nuestro siglo los Romanos, espectáculos renueve, Al tiempo que de jarama un rayo el campo estremece jugando su ligereza las armas de la ancha frente. Una vez confusa corre, de que el edificio fuerte, a descansar en su centro de tanto peso fallece. El temor de la ruina, la gente inquieta de suerte, que turba hecho el concurso, en su número se pierde. Ya con olas inconstantes, tormenta de hombres se mueve, donde la gente se anega entre piélagos dejente. Ya llenados del tumulto. los menos robustos mueren, y con pechos anhelantes, mal se libran los más fuertes, cual a no morir se arroja de lo alto, y ciegamente por excusar el peligro, el mismo daño acomete. Allí el esposo a sus voces, de su dulce prenda atiende, y entre el afán de perderla el prolijo aliento pierde. allí el padre atropellando, sus hijos salir emprende, no hay quien el riesgo no huya, y huyéndole no le encuentre. uno en todos el temor o estimula, o entorpece uno en tados, pero en todos, con semblante diferente, este inadvertido huye, aquel tibio se detiene, este llora, aquel suspira, este habla, aquel enmudece. cual sin orden se adelanta, cual sin quietud se suspende, y entre tan varios temores, y entre afectos tan aleves quien más huye más se arriesga más peligra quien más teme; porque allí todos murieron de temores de la muerte. Yo pues con todos medrosa corrí al remedio, y déjeme desalentada llevar de la animada corriente, cual de un monte derribado, impetuoso torrente, arrebata, arrastra, inunda, de grama vastido césped, tal aquel torrente humano leve arista me revuelve, sin que en sus olas me sirva, de no anegarme lo leve; ya el pecho alienta cobarde, tarde el corazón se mueve el alma lánguida anima, el cuerpo resiste débil: cuando don Alonso Vibina, piadoso como valiente, para entregarme a los suyos de un brazo mi cuerpo prende, él me sacó del peligro, él obligada me tiene con sus finezas, él es el que, pero lengua tente, que no quiere el otro amante que tanto le des a este. Oye prima, oye las prendas del otro amante pues tienes deseo de conocer al que mi afición merece: días a muchos ay cielo! que el decreto de la suerte, o fuese entonces adversa, o propicia entonces, fuese, dispuso que un caballero noble, entendido, valiente, pero yo estoy inclinada, la envidia te le exagere, que solo para clavarle quisiera yo aborrecerle. Este pues (ay doña Juana nunca lo intentara!) este dio en ofender mi quietud con señas de amor ardientes, sus quejas oí enojada, sus acciones vi impaciente, sus galas noté severa, sus prendas sentí rebelde, mi desdén sufrió constante, mi altivez temió obediente, mi crueldad sintió amoroso, mi rigor resistió fuerte. y firmes los dos en medio de acciones tan diferentes, yo desdeñosa, el amante, yo enojada, él diligente, mas ay que el tirano amor, (bien lo sabrás, si le tienes, suele introducir su fuego en el pecho más rebelde con mano oculta, y hacer materia que le alimente de nuestros mismos rigores, de suerte que muchas veces son esfuerzos de la llama los que juzgamos desdenes; así yo que de su amor; creí al principio ofenderme, de altiveces armé el pecho, pero a pocas altiveces, donde busqué el de la ira; de amor hallé el fuego ardiente. Quísele pues, no te admires de que así te lo confiese, o si acaso te admirares, no me culpes hasta verle, cuantos dones entre muchos la naturaleza puede repartir, todos en el sin desperdicio los vierte, si habla, con sus razones discretas, cuanto corteses, a quien le escucha no solo persuade, si no mueve si en las públicas acciones se ejercita; mas no tiene tan poco nombre en Madrid, que cuando solo dijere que es don. . . Espera que allí tu padre, y tu primo vienen. Después te diré quien es. Ya deseo conocerle, como si fuera Fernando solo en Madrid quien merece todas estás alabanzas, se ha asustado el pecho ardiente, de haberla oído. . . Ay Fernando. cuanto en mi atención te debes. de la quinta. . . convidadas, señor de las retiradas soledades de este prado, siguiendo mi prima, y yo de este arroyo el paso lento; que a esas flores alimento, y vida a estos campos dio, divertidas nos salimos, Hay fortuna más cruel. No me dirás Isabel. que traes, que todos sentimos verte triste, y la ocasión de tu tristeza ignoramos. Todos señora lo estamos de mirarte con pasión. Yo soy quien ignora más la causa de mi despecho. Yo solo se que en mi pecho, tu afecto imprimiendo estás. Si no me engaño, a un criado, de Fernando he visto allí, dicha ha sido hallar aquí, lo que tanto he deseado; pues divertidos están como que a la quinta vuelvo, a ir a hablarle me resuelvo Témplese tan duro afán, dejad Isabel hermosa. por un rato la tristeza, serene vuestra belleza tanta seña dolorosa. Pero qué es esto. . Aguarda. Julia viene alborotada. La ocasión que tiene deseo saber. Pues Julia que es aquesto. Señor la quinta: ay cielo! acudid (presto se está abrasando, Vamos al instante al remedio, primero que adelante (pasa. Id aprisa que se abrasa. Aquí os quedad vosotras mientras . Yo no me meto en ofensas, Vamos las dos señora hacia la quinta ahora, pero el encarecer es gran bocado. qué bien hiciste. Ya estoy adelante, mas que estabas cansada de tu primo no la ves aquí? no ha sido Ay Julia mal reprimo las señas que el pesar saca al semblante. Ahora me acaba de hablar. Doña Juana? . Doña Juana, . . No sé yo si he de poder, la belleza Sevillana por quien te envió a llamar tu padre desde Sevilla, para casarte con ella, y tú diste en no quererla, al paso que la bobilla con finezas, te obligó. Díjote dónde vivía? No, porque vio que venía no sé quien, y me dejó. Con ella anduve galante, por no parecer grosero, pero al fin era primero, de doña Isabel amante. Y don Fernando ha sabido, lo que hoy tu primo intenta. Para darle de ello cuenta, aún ánimo no he tenido, ni él lo ha podido saber, por más que a su amor le importe; porque don Pedro a la corte como sabes llegó ayer. Volviendo hacia tu cuidado, digo señor que imagino, que no eres mal adivino. Cómo? . porque he averiguado, que el don Alonso que piensas con grande ahinco pretende a Isabel. . . Y ella me ofende? pero sé que la sacó del aprieto de la plaza, y que habrá tenido traza. que el fuego no era cosa de cuidado, . . Calla impertinente. . Yo no pensé que me quisieras mal, porque verdad te hablara; pero aguárdate, estas ciego? de balde el haber venido hacia la huerta. . . Yo llego a hablarla . Lo que has de hacer es disimular señor, hasta saberlo mejor. diligente os ha buscado vella Isabel mi afición, y amor con esta ocasión mi diligencia ha pagado, perdonadle a mi cuidado esta prolija asistencia, que una amorosa impaciencia no halla en la quietud reposo; solo halla un cuidadoso descanso en su diligencia, y así me trae afición, sin saber que es lo que espero, solo imagino que quiero acordaros mi pasión, olvidarla no es razón, a esto solo se encamina mi afecto Isabel divina, y estoy en estado tal, que el acordaros el mal me parece medicina, se mi amor pues afligido, de vuestra luz desumbrado, de sus rayos abrasado, y de mi ardor consumido siento el mal, estoy rendido ni le alivio, ni remedio, y así buscando algún medio es mi congoja mayor, porque es parte del dolor la codicia del remedio. Tú me hablas desconfiado Fernando, señor qué es esto? tú el semblante descompuesto, tú el color demudado, dime dime tu cuidado no me aflija tu rigor, busca el remedio en mi amor, sino es que quieres formar consuelo de mi pesar, remedio de mi dolor. En fin ya soy tu cuidado. Sí, mas no a de ser vce celoso. . Ciego seré. Y mudo. . y endemoniado. quieres más? yo ser celoso, ya se para que te quiero, y ya se que tu terrero no es terrero, si no coso, y haces bien al cabo al cabo en darnos esa tarea. porque tú quieres que sea tu toro? quién es tu bravo, armada la frente esté de tus amantes por gala, guarda corderos zagala, zagala no guardes fe, Allí a don Alonso he visto. . Don Alonso es vive Dios, , - Díréselo a mi señora. Díréselo a mi señor. Don Alonso. . Don Alonso. A que mal tiempo llego. Qué haré Julia. . que te turbas. a mi señor, a señor, Desde que ese hombre me dio su vida a adquirido en mí, una noble sujeción, como respecto, y así me pesará si me vio. Pues vámonos sin que sepa que es aquesta la ocasión. Fernando a mi padre he visto salir de la quinta, adiós, Vase por estotro, y dice que es porque a su padre vio. Todos Martín son indicios. Isabel me parecio que estaba aquí con Fernando. No recela mal tu amor. Mírale también a él que se le anda la color. Ya lo he notado. Ella era. y en viéndome se partió a la quinta. . Es evidencia. que ya te había dicho yo, que creía que Fernando la quería. . Vive Dios, que están los dos bien graciosos mirándose a lo traidor, yo apuesto que por matar con la miradura atroz, tómara basiliscarse cada uno de los dos. Celio ven hacía la quinta, que quiero ver si mi amor hablándola, halla el agravio, o halla la satisfacción. Ido se a sin decir, chus ni mus, el fanfarrón, mas sin decir chus ni mus, dijo péname el amor, pero yo quiero obligar yo voy a seguira este por si va a la quinta. Confieso que me he quedado de lo que mirando estoy, sin acción, ni movimiento, pere bien sabe el amor,e que este sosiego es desmayo y esta quietud confusión qué es esto? estar Isabel dando oído a mi afición: llegar don Alonso entonces, mirarle con turbación irse en habiéndole visto, ser él el que la sacó de el aprieto de la plaza, y con disimulación decir que venía su padre porque a don Alonso vio, sino son verdades claras, indicios tan claros son, que su mucha claridad oscureciera su amor, a no ser tanto mi fuego, a no ser más mi pasión, a no ser ciego mi engaño, y a tener vista mi amor. Oh cuán falsos. oh cuán breves, son tus bienes ciego dios? pues solo un recelo puede imitar su duración, nadie confíe en las dichas que acredita tu favor, porque aunque el tiempo que duran aligeran la pasión, no siempre cura la herida quien lisonjea el dolor; al Áspid suele ocultarse en lo hermoso de una flor, tal vez en vaso dorado dulce tosigo escondio la amarga muerte y tal vez en el brazo de un traidor la blandura del halago de el golpe fue prevención. y así ninguno pretenda selicidades de amor, porque sus mayores bienes riesgos disfrazados son. La peor ha sido esta. Qué dices. escuha . . Di, Como me mandaste fui a la quinta, o a la sesta, llegué a ella, y oí luego que moviéndose veloces las campañas de las voces, estaban tocando a fuego, yo viendo que gente llama aquel celario horrendo, veloz me fue deteniendo, que no me habló en la llama, llegué a buen tiempo, porque lo juzgaban apagado, y de aguardar, disfrazado vi lo que ahora diré. Ya trataban su venida, y Isabel en tonces fue, sin porque ni paraque a una sala, inadvertida, a tiempo que reventó una llama impetuosa, y se estendió tan mañosa que la puerta le cojio dio voce, los que lo oían, y torpes de miedo estaban como no se calentaban no se desentorpecían, ya caricuerdo te pones, pues por Dios que he de acabar, y no te tengo de dar tiempo para esclamaciones: Llegó don Alonso Urbina, y audaz hendiendo la llama, embrazos sacó a su dama toda oliendo a chamusquina, allí se lo agradecieron, el fuego en fin se apagó, Isabel se sosegó, y hacia Madrid se volvieron. Don Alonso a Isabel? por Dios que ha sido verdad, y no ilusión cuanto he temido que don Alonso la sacó del fuego. Viola con riesgo de morir que nada y más liberal luego de pies, que fue de manos Alejandro se entró como por llama vendimiada, como no pierdo del dolor la vida, vistiéndose una piel de salamandro. Quién duda que estará más obligado, , , . quién lo duda (ay de mí!) de sus acciones . Solo en esta sala está, o amor que pierda yo estas ocasiones! ay Martín, yo estoy loco. Aunque en eso señoras dicho poco, no puede ser que el diablo que no duerme lo hiciese, y que Isabel no esté culpada. No advertiste que en viéndole turbado o si hallase mi atención, se fue sin responderme, estando antes tan quieta en mi presencia esto ya no es temor, es evidencia; vamos Martín a bella, que mis celos no admiten dilaciones. Vamos que ya la noche por los cielos, . . Ningún peligro recela, echando viene el día a rempujones, y en tanto que llegamos será hora. . . El amante que desea, Mi libertad he de cobrar ahora. Tengan lástima de esto los Cristianos tomando valos celos, con las manos. . . Que ya tirana Isabel, Bien puedes dejarme sola. yo me voy hacia el jardín, a esperar a mi Martín, entre una y otra amapola, que entre flores de opinión, fuera acción muy fanfarrona, atreverse una fregona, a esperar a su fregón. (uiste. Un grave un fuerte mal al alma en . . Pues a ti que te importara, y la viene a rendir al desaliento válgome del sufrir, y el sufrimiento al dolor obedece, no resiste. Triunfa la pena que en mi pecho asiste, formando el triunfo de mi rendimiento, y es tan profundo tanto el sentimiento, que hallará mucho alivio en estar triste. Busco la muerte pues; mas apetezco . Culpa, qué dices Fernando? tanto el fatal remedio de su herida, que llego a desear no apetecerla. Porque piensan los males que padezco, que vivo del deseo de perderla. bien puedes entrar seguro. De lo mismo que procuro, estoy temeroso ya. Vamos. . Vamos. Temblando a sus ojos llego, las luces de la razón entre el amoroso fuego. Isabel. . . Quién es? Fernando, no aguardarás a que fuera Julia a avisarte que entraras. quien tiene tantas pasiones. acertar con la cordura, esas pasiones modera. no me atraen a tu presencia, sequedades del deseo, ni hechizos de tu belleza; otros afectos más fuertes me arrastran, y me violentan, y así escúchame esta vez, porque será la postrera, que te cansen mis razones, y que mis ojos te vean. Qué dices postrera? Ay Dios? cómo te ausentas? me dejas? Isabel que yo me fuera, basten ya tantos engaños la voz, y el pecho sosiega, no finjas vanos pesares sino es que pasar intentas, la confusión de la culpa por turbación de la pena. estás en ti. . . Si estuviera en mí ni ahora te hablara, ni mis suspiros ni sintiera tus acciones, ni pronunciara mi queja. Si ha sabido que mi primo casarse conmigo intenta; pero porque ha de atreverse su temor a mi firmeza, Fernando, Fernando advierte que son bizarrías estas para mi amor muy gustosas, para tu amor muy groseras; y advierte digo otra vez que si ciego te despeñas quizá para mí vendrás a estar en tanta bajeza que mi amor, o mi piedad darte la mano no puedan. Qué amor? qué piedad? ingrata, qué amor? qué piedad? o deja engaños verdades busco, dime que ya mis finezas te cansan, que te has mudado que me olvidas, que me dejas, que fue tu amor aire vano sombra inútil tus promesas, y dime que me aborreces, dímelo Isabel no tengas lástima de mis suspiros, ni compasión de mis penas. Confieso que el escuchar tu afecto me enterneciera, si en mi hallara alguna culpa que ocasionara tu queja, pero pues vienes resuelto a que yo tu agravio sepa, porque en ansias le dilatas? empieza Fernando en pieza a referir tus congojas, a publicar tus ofensas, sienta mi oído tus daños permita a la voz tus penas, descansa tú, aunque me agravies, oígalo yo aunque lo sienta, y no me tengas turbada, y confusa no me tengas de ver las lágrimas tuyas, y ignorar la causa de ellas, dime pues lo que me culpa, dime pues lo que te inquieta busca el alivio en mi voz, y el remedio en mi defensa sino es Fernando que está tan obstinada tu queja que del dolor codiciosa y al consuelo desatenta por no verme disculpada no quiere estar satisfecha. Pluguiera a Dios Isabel que injusta mi queja fuera y perdiera yo la vida mas quiere amor que la pierda de más riguroso golpe, ay ingrata quien creyera que diera tantos colores el engaño a tus finezas. Bien dices engaño han sido verdad es cuanto sospechas cánsate en afectos vanos derrama lágrimas tiernas, lanza encendidos suspiros, busca agravios, forma quejas, y dime lo que quisieres que hasta que la causa sepa no te he de hablar más palabra. Verás que es justa mi queja. Buscando vengo a mi prima que me dijo que viniera, pero no es Fernando aquel ay cielo! que está con ella. Tú quieres a don Alonso en vano Isabel lo niegas, yo yi esta tarde, yo vi en el campo, pero aquella doña Juana es que en Sevilla malogró en mí sus finezas si que ya Martín la vio, Juana, bienvenida seas mi prima es no te turbes, bien puedes delante de ella decirme lo que quisieres de tu amor, o de tu pena Juana conoce a Fernando que es el que te dije que era el amante, ya me entiendes. Ya te entiendo, yo estoy muerta ciertos fueron mis temores ah traidor, pero aquí es fuerza callar. Prosigue Fernando que a mi prima no le niega ningún secreto mi amor, antes me he holgado que venga a tiempo que sea juez de mí disculpa, y tu queja. No se qué medio elegir, oh fortuna siempre adversa. Y ella conoce también Fernando lo que me cuestas, por que esta tarde, mas esto pregúntaselo tú a ella que como está sin pasión te dará más buena cuenta de mi afecto que yo misma. Que esto escuche, y que no pueda decir lo que siento a voces. Ea pues tu pecho vuelva a explicar tu pasión. Cielos no se qué salida tenga. Fadrique viene, . . Qué dices Que viene de pieza en pieza y que me ha visto. . . Mayor es este aprieto. (hacer. Estoy muerta. . . Que he de Dejadme arrojar por esta ventana que estoy temblando. Mejor es que el huir de ella pues le cubren los damascos de su vista nos defienda, que si el a visto a Martín nuestro peligro no cesa con que os escondáis vosotras, y si os ven; mas diligencia no harán, vosotras decid que entrastes. . Ea que llega, ya cato la novedad del esconderse las hembras. Qué haremos Martín. Verás, como le doy con la treta antigua de la justicia, y el hombre muerto aquí cerca que es un secreto provado para aprietos de comedias. Un hombre dices que viste pero quién es? la luz llega. Dos hombres somos señor que ahora a la piedad vuestra de nuestra vida fiamos el amparo y la defensa. Como. . Mi amo señor muerto un caballero deja cerca de aquí, la justicia nos sigue, y hallando abierta vuestra casa, nos entramos abuscar piedad en ella; vos pues habéis de tenernos mientras las cosas se quietan en vuestra casa encubiertos ocho, o diez días siquiera. Qué intentas. . Déjame a mí. verás que al punto nos echa creyendo que tiene dos huéspedes de cama y mesa. Aunque vine receloso no me parece cautela que el verlos solos, y el ver que dé mí no se recelan me asegura, mejor es pues en el jardín hay puerta que sale al campo, que os vais por si la justicia llega a mi casa. . Dices bien. toma si ha obrado mi arenga, . Toma tú Floro esta llave, y a este caballero lleva (dan a la puerta del jardín, Dios os guarde. . Buenas que las señoras escondidas no les dan a media pierna los damascos vive Dios, y las dos perdices piensan que del cazador se excusan con esconder las cabezas. Vuelve a salir el cuidado que oprimió a la razón, vuelva a salir porque harto peso tienen en la edad mis fuerzas, mas que regalito es este mas que es lo que he visto, apenas de los nudos de la voz puedo desasir la lengua. Pues qué hacéis las dos aquí? mas primero mi violencio en aquellos hombres, Floro. Señor ya los hombres quedan en la calle. . Por Dios que ellos me han engañado. Estoy muerta Sin vida estoy, qué he de hacer. Aguarda Floro allá fuera. Esto va malo. . Y vosotras, decidme luego quién eran aquellos hombres. . . Señor. Ya en colores la vergüenza hablando por los semblantes vuestro delito confiesa. En esta sala las dos estábamos cuando en ella los vimos entrar, y así medrosas juzgando que eran ladrones, nos escondimos, La disculpa está muy buena, si eso es así, como luego que escuchastes su respuesta, y se fueron, no salistes? Cómo, porque tu pudieras quedar sospechoso cuando aquí dos hombres encuentras, si nos vieras escondidas, de suerte que lo que piensas que fue delito fue medio de excusarte una sospecha. Y de estar en esta sala a esta hora estando ella tan apartado de todo que queréis las dos que infiera; ea decidme quien son si queréis hacer prueba de mi enojo. Qué he de hacer. . . Sin mí estoy Oh dura estrella. Hablad pues, o vive Dios que mi cólera resuelta. Tus voces señor; y el ver a la casa tan inquieta de mi cuarto me han sacado, Hay más riesgos. Aquí es fuerza disimular, que no es bien que mi sobrino lo sepa hasta haberlo remediado mi valor, o mi prudencia. Dime pues quién ha inquietado la casa. . Dos hombres eran, que huyendo de la justicia venían, y por la puerta del jardín los hice echar. Alma que es lo que recelas, Isabel en esta sala, dos hombres saliendo de ella, su padre dándola voces, ella turbada y suspensa, indicios son de que puede componetse en la certeza. Vamos hijas: sosegad el susto también a ellas les dio cuidado y vinieron siguiéndome, mal acierta a disculparlas la voz. Poco el corazón sosiega. Qué de temores me afligen. Qué de riesgos me atormentan Qué de recelos me ofenden. Qué de cuidados mescercan, Hoy mis esperanzas mueren. Hoy mi amor se desalienta. Hoy empieza mi cuidado. Hoy mis temores empiezan.

JORNADA SEGUNDA

SEGUNDA JORNADA Siempre Isabel has de estar entregada al desconsuelo, siempre, siempre te ha de hallar tan obstinada el consuelo, y tan dócil el pesar aunque estes triste Isabel, hurta un rato el enojado pecho, a la pena cruel, y si durare el cuidado falte al ejercicio del la conforme variedad, do este jardín te divierta, o ya tu curiosidad de aquestas rejas advierta, del campo la amenida Si vieras prima querida mi mal, quiza su rigor te hallara compadecida. Te prometo que tu amor también me tiene afligida; y aún muerta tambien me tiene. Ves el peligro en que estoy; y es los daños que previene el hado a mi vida hoy, ves todo al raudal que viene de riesgos a mi cuidado solicitando a negarme pues mi padre a madrugado, y con no volver a hallarme mas confusa me ha dejado, ves mi casa sin reposo, los criados sin sentido, y a mi primo cuidadoso, pues más que todo he sentido ver a Fernando celoso: esta noche le escribí que venga al jardín, y allí sus celos satisfaré, y satisfecha su fe verá lo que tiene en mí. En fin ya la obligación que reconocías antes se rindio a la inclinación. Es más fuerte, no te espantes. Dícelo eso tu pasión, mas no fuera el convencerte muy difícil, . . No podrás. Yo provaré que es más fuerte la obligación. . . mucho harás, mas di cómo. . . de esta suerte: O si yo la persuadiese a que ya la inclinación de Fernando resistiese, o si yo con mi razón mi intento esforzar pudiese. Yugo, es yugo no grave del alma una obligación fuertes las coyundas son, aunque es el yugo suave; por que el ánimo que sabe su obligación conocer solo atento a agradecer tanto se llega a obligar que no quisiera pagar por no dejar de deber. Mas las estrellas ardientes o influyan lentas, o activas inclinaran atractivas no obligaran vehementes, luego bien pueden valientes los beneficios vencerlas pues viendo en ellos y en ellas sus fuerzas en sus oficios obligan los beneficios mas no obligan las estrellas. Que los beneficios Juana produzcan obligación y no una estrella, es razón verdadera, pero vana bien que es evidencia llana que ellos pueden obligar mas si quieres apurar el fondo de ese poder obligan a agradecer pero no obligan a amar. Y aunque en un astro remiso no haya imperio necesario, está en él lo voluntario con impulsos de preciso bien que al ánimo indeciso no le obliga a obedecer mas deja en él su poder cuando en el llega a influir acción para resistir sin fuerza para vencer. Un albedrío valiente vence siempre que pelea. Ese amor le lisonjea, y resiste flacamente. A la lisonja el prudente no se adormece, se irrita Su imperio al amor imita su razón. . A la razón. la fuerza de tu pasión se le turba o se le quita Que a don Alonso debiera tu vida. . . déjalo ya no sabemos que te va en que yo a Fernando quiera. , . Yo la razón, . Considera que eso parece pasión, y así hallando igual razón de la una y de la otra parte haces mal en no inclinarte a defender mi opinión, si de Juana no estuviera . satisfecha mi afición de oírla en esta oración algún recelo tuviera mas que inútil accidente de amor la quietud asombra, y que fácil de una sombra se forma un inconveniente. . Qué resuelta va, mal año. Por más Leonor que lo esté he de ayudar a mi fe con las fuerzas de mi engaño, diste a Floro aquel papel. Ya señora se le he dado, pero qué intentas? que he hallado muchas enigmas en el algo tu engaño imagina porque a don Fernando va, y en el sobre escristo está a don Alonso de Urbina. Yo te diré mi intención: anoche escribió Isabel a Fernando, y el papel dándole a Floro un doblón llegó a mis manos, resuelta le abro, léole advertida no hallo cosa que me impida en el, y échole otra vuelta, y su letra remedando en el sobre escrito pongo a don Alanso, y dispongo que le dé Floro a Fernando, y él creerá que Isabel a don Alonso escribió, y que el criado le dio sin conocerle el papel, y así con aqueste modo conseguirá mi esperanza de mi agravio la venganza si no consigo el remedio. De suerte que tú mudando el nombre, con el papel que está escrito para el, darás celos a Fernando ella es gran maraña: allá tiene el papel el criado, aún que no se le habrá dado, ni hasta esta tarde podrá más desde esta reja que al campo sale señora he visto a Fernando ahora aquí cerca. . . Llámale, y di, que Isabel la llama para que venga mejor, y para que de mi amor arda, o se apague la llama, que supuesto que han salido mi primo, y mi padre ya, y tu cuidado estará por si vuelven advertido, por la puerta del jardín le puedes entrar. . Yo voy. O mis esperanzas hoy tendrán, o mis celos fin. Desde esta primera reja por señas le llamaré Amor esfuerzo me dé para pronunciar mi queja, mas tan violento poder dio a las penas el rigor que el que las siente mejor las da menos a entender. Ya le he llamado, y ya viene, voile a abrir, apártate no te vea hasta que esté acá dentro. . . Ya previene las armas de la razón mi amor. Entra, que aquí está, Ahora Isabel verá las causas que a mi pasión dan los celos, si del pecho la queja hallaré salida, amor que de yo sin vida, o quede yo satisfecho. Fernando. . . Señora; cómo! No os turbéis de haberme visto que os he menester ahora mas que turbado, advertido, Yo soy la que os he llamado, porque deseo deciros mi sentimiento, y laber de vuestra boca si ha sido verdad lo que he visto yo, porque no sé qué delirio con fuerza oculta me hace dudar lo mismo que he visto. Que siempre a de ser contraria la fortuna a mis designios, y que cuando deseaba hablarla, los celos míos a Isabel, hallé este riesgo. En fin Fernando, el olvido, el engaño, y la mudanza trunfaron del amor mío, Yo he procurado excusas señora cuanto he podido el llegar a hablar en esto, pero pues es ya preciso, no será bien que dilate la disculpa a mi delito. Negarás que a Isabel quieres? Fuera negar lo que has visto Luego es cierta tu mudanza? Antes el quererla a sido firmeza. . . Firmeza, cómo? De mi amor oye el principio, y verás que estoy sin culpa: dos años haurá que sirvo, ya firme entre sus rigores, ya entre sus agrados fino a Isabel con tal recato que solo fueron testigos de mis acciones sus ojos, y de mi voz sus oídos: enviome a llamar mi padre para un negocio preciso desde Sevilla mi patria; sabe Dios cuántos suspiros trasadó entonces el aire a su pecho desde el mío, era entonces de mi padre, y de tu padre el designio el casarnos a los dos, ojalá menos rendido su intento hubiera escuchado, tu hermosura hubiera visto, que de penas me excusaran cuantos te debiera alivios, mas puesto que entonces yo de mi padre persuadido, del acierto convidado, y obligado a tu cariño, a tus lícitos favores respondía agradecido por no parecer grosero, o por lo menos remiso: siempre a pesar de la ausencia, y de el tiempo fugitivo estampa de su hermosura duró en mi pecho encendido, y parece que el amor viendo ausente al dueño mío en los lejos de su imagen colores puso más vivos: volvía Madrid, y el amor con más fuerza que al principio se apoderó de mi pecho, lo demás ya tú lo has visto trueca doña Juana hermosa lo enojado en compasivo, mira las penas que hoy tengo desatiende a mis delitos al amor niega los ojos da a la razón los oídos, y lino el rigor prosigue, sirva para mi castigo a tu ira mi despecho, y tu brazo vengativo con la fuerza de mi pena se vengue de mi conmigo. En ninguna parte hallo gusto, sosiego, ni alivio, todo es otra pena más cuanto escucho, cuanto miro, más Fernando con mi prima teneos recelos míos: tan presto tras la sospecha queréis que llegue otro indicio pero en este cenador quiero pues que no me han visto escucharlos. Y querrás negar, que me has ofendido. Mi amor solo es mi disculpa. Ah traidora, ah fementido cierto es mi agravio, esto es hecho. No es el engaño delito. Si tú no te compadeces con verme de amor rendido, no sé cómo disculparme. Yo no he de poder sufrirlo Señora tu tío ha entrado dentro de casa, y tu primo en la calle se ha quedado. Oh qué mal ha sucedido, de ese modo no podrá salir Fernando. Es preciso verle don Pedro. Qué haremos. No temas pues que conmigo No es tiempo de bizarrías este. , Presto que ya he visto su sombra, si no es mi miedo. Nada acierto, nada elijo, pero en este cenador te esconde. . . Qué ejecutivo contra mi menor intento le conjura el hado impío. Yo voy a impedir que salga. Al cenador me retiro. Yo te volveré a avisar tu Leonor vente conmigo. , , o que ya has perdido el juicio, , o que no soy yo Isabel, , , o que tú no eres el mismo Que hubiese de suceder lance tan no prevenido como entrar al cenador Fernado. . . Qué es lo que miro Isabel estaba aquí ella sin duda me ha oído. Pero no inporta, que así sabrá que se su delito. Pero si me oyó sabrá, lo que siempre me ha debido. Oh traidor que doña Juana es más dichosa contigo. Ah ingrata que don Alonso tu favor ha merecido, De celos estoy rabiando. De celos estoy sin juicio. Mas como no llega a hablarme, Pero cómo a enmudecido. Fuera mucho que llegara sabiendo que me ha ofendido porque soy mujer siquiera a disculparse conmigo. Fuera mucho que llegara sabiendo los celos míos, a desmentir las sospechar, o a no aumentar los indicios. Pero voime que ya es el esperar desvarío, Te vas? . . No lo ves? Pues como con tal valor, con tal brío muerto de celos me dejas, y avivando mis delitios atropellas una culpa por excusar un alivio: como Isabel como puedes cuando me ves ofendido: mas vete con Dios. . . Fernando yo imagino, yo imagino o que te burlas de mí, que mereció mi cuidado, o no se lo que me digo que en llegando los ahogos a tocar tan en lo vivo la atención del pronunciarlos es injuria del sentirlos mas donde vas alma, donde, . mi mal te impele atrevido aquí es el mostrar valor no den el menor indicio de flaqueza tus afectos vuélbanse al pecho afligido desde la misma garganta los más callados suspiros ser en el rostro el soliego muestren las acciones brío, y mientras el corazón miente exteriores alivios el dolor interiormente se esparza por los sentidos. Prosigue Isabel prosigue, dime que causa has tenido para ese ahogo que afectas para esas anhas que miro deja el gemir las palabras y el pronunciar los gemidos, y dime la causa de esa ira, que a tu rostro esquivo como otros en horrores en bellezas a salido. Pues no sabes ya la causa No la sé. Pierdo el sentido no me vio estarle escuchando. Y si es la que yo imagino antes debiera tu amor estar muy agradecido Y como que es bien que yo te agradezca el haber visto tantos engaños. . . Qué dices? Ya don Fernando se ha ido mi tío, y puedes salir. Esto don Fernando digo. Yo prima. . . Bien está Juana no te disculpes conmigo. Advierte Isabel hermosa. Ya don Fernando, se ha ido mi padre, y puedes salir, Escucha no has entendido. Ya no es tiempo de escucharte; por Dios Fernando te pido que no te acuerdes de mí haz cuenta que no me has visto que fue sueño tu afición, que mis finezas lo han sido, muda en rencor la caricia, y la firmeza en desvío si para esto has menester creer que yo te he ofendido, verdad es cuanto sospechas, yo lo afirmo, yo lo afirmo olvidete, estaba ausente soy mujer, era preciso, quise a otro, soy ingrata múdeme, el tiempo lo hizo, no sufras pues mis desprecios véngate de mis delitos ceda a la razón el pecho, mande al ardor el aviso rómpanse ociosas prisiones, redímase el albedrío, y las pasadas finezas, y los ardores activos, y las señas amorosas, y los afectos rendidos sean ya inútiles sombras de la noche del olvido, este es el último lance (conque ternura lo digo) de nuestro amor don Fernando sabe Dios que he de sentirlo mas que sí; pero no importa quien pesares tan precisos el sentimiento del otro es muy inútil alivio: ea pues por esa puerta puedes salir sin registro, no tienes que replicarme la razón cerró el oído. presto estarás consolado, yo haré si puedo lo mismo; a Dios Fernando te queda, (oh cuánto al dolor me rindo!) que yo desde aquí me voy a padecer tus delitos, a llorar tus sinrazones, a culpar el amor mío, a ponderar mi desgracia, y a hallar en mí tu castigo quitando a la inclinación las fuerzas del albedrío. . Don Fernando. Te quedabas? ven doña Juana conmigo. Oh fortuna siempre airada contra todos mis designios. Amo del alma en que abismo por mi mal te has ocultado que de mí mismo olvidado no me encuentras a mí mismo pos estas calles con miedo de perderme, y de enojarle triste camino a buscarle, y lo más paso que puedo antes pues que el miedo os venza, si no le podéis hallar. bien podéis ojos llorar no lo dejéis de vergüenza mas llorar es desonor estando en la calle ahora que un perro en el campo llora si ha perdido a su señor, Este papel me mandó Juana que a Fernando diese, y que al dársele dijese que es de Isabel, pero yo no se qué es esto: si viene para don Fernando escrito, como dice el sobrescrito a don Alonso? ello tiene busilis, pero doblones vengan como humo, y luego si acaso se enciende fuego allá serán los carbones: por esta calle buscando, pero allí el criado está voy que lo mismo será dársele a el que a Fernando, oyes, esto es lo mejor. Qué quieres. . Escucha. . Di. par Dios yo me divertí que más hiciera un señor de estos que a oír un soneto se ponen vista en trabes, y preguntan que hora es a la mitad del terceto. Qué dices. . Digo que aquí traigo de doña Isabal mi señora, este papel. Para mí. . No es para ti bastara para tu amo. No podré dársele yo. No has de descuidarte No. Jesús! Voyme como un gamo, que yo pienso que han de ser para el señor alcahuete las de este carta billete albricias que han de doler. Pateta que más hiciera? oh criadillo nobel, por Dios que me dio el papel como que albricias no hubiera: realmente que debemos (mil gracias os doy Señor) sin al Criador los que discretos nacimos; he aquí que porque advertido a aquel bobo le tomé el papel, Jesús! tendré como en la bolsa un vestido, un vestido es niñeria, cien escudos es bobada cien doblones, es nonada, doscientos es porquería, quinientos Martín tandrás tuyos son no son ajenos, y no tomaré uno menos, si me diesen uno más, pero él viene, señor. Ay Martín? ay si mi pena supieses. Esta no es buena: ocasión abrá mejor quiero dejar que primero desbuche su pena el que en dar a tiempo un papel va la mitad del dinero, no sabremos que pesar te aflige ahora cruel. Ay Martín! perdí a Isabel. Pues hacerla pregonar. Sin mí estoy! oh ingrata! oh fiera! No te aflijas señor, calla. Qué haré Martín. . Olvidarla Ojalá posible fuera mas no podré. . No podrás? Son grandes las ansias mías. Llegó a un suegro un yerno un día de su mujer con recelos con muchísima osadía, y le refirió sus celos, preguntándole qué haría no os enojéis esperad a la enmienda dijo el padre: que eso hace la mocedad, lo mismo hacia su madre, y lo perdió con la edad, y así si a otro esta vez queriendo Isabel está no te enojes, que es niñez con el tiempo olvidará, y te querrá a la vejez: pero según lo que veo pienso que son tus enojos, o illusiones de tus ojos, o miedos de tu deseo; yo se que Isabel te adora. Tú lo sabes? de qué modo? Que me darás, y de todo te satisfarás ahora. Martín adelante pasa, dárete el alma. Eso no que harta alma me tengo yo para el gasto de mi casa mas tú eres hombre que sabes cumplir con tu obligación. Porque veas su afición, y de constante la alabes este papel te ha enviado. pero que es esto que he visto a don Alonso, por Cristo que ha errado el golpe el criado. Qué dices Martín, . Ah osadas . Qué tierno comienza el diablo que fue del criado error, ay albricias que en amor siempre fuistes desdichadas. Qué papel es ese; él hable. en su cargo; y en mi abono, las albricias te perdono que no soy interesable. Válgame el cielo que he visto. a don Alonso, papel: es de Isabel. . de Isabel. (sto, No es posible. . Es voto a Cri- y es la mujer más ingrata que a habido. . . Temblando llego en el jardín guardo, a leerle. . Isabel, fuego en ella, y quien no la mata bien es que su amor concluya, vuelve ya señor por ti; ara que siempre creí que había de hacer de las suyas. Dudoso estoy: pareciome, desde lejos, que un criado de la casa de Isabel dio un papel al de Fernando, hícele entrar en mi casa, y en ella le he examinado, mas el negó cauteloso amor todo es sobresaltos. Un criado de mi casa me pareció que había dado un papel aún hombre aquí, y por saber si era engaño de la vista, o del recelo siguiéndole fui los pasos, pero al doblar de una esquina a pesar de mi cuidado se escondió en alguna casa. del papelillo. . . Estoy loco. de cólera. . Prosigamos. Allí don Fernando está leyendo un papel, si acaso es de Isabel, qué recelo! qué sospecha! qué cuidado! Aquí está un hombre leyendo un papel, y su criado me parece que es el mismo a quien se le dio, no en vano pero tentos sospechas permitidme averiguarlo. Porque a las diez de la noche satisfecho y quede de los recelos del campo; quien duda que porque allí me vio con ella, o que falsos favores creyo mi amor de cólera estoy rabiando. Tienes razón. . . Matarele. vive Dios. . Pasito paso no harás vive don Alonso, pero el papel prosigamos. Como pudiera saber Si fue de Isabel, o cuantos, la prudencia de la invidia, modera impulsos villanos. Cómo pudiera saber si lo que estoy sospechando es verdad; pero allí he visto si bien en ello reparo la cubierta del papel. Pero allí si no me engaño está la cubierta. De ella. sabré si es cierto mi engaño de ella sabré lo que temo receloso la levanto. Válgame el cielo que es esto más confuso me ha dejado. Parece que aquel venía a lo mismo. Tras que es largo el papel, en cada letra te estas un mes saboreando, Quisiera, pero no es bien sin ver indicios más claros hacer más demostración. Qué es esto que estoy mirando. a don Alonso de Urbina dice el sobrescrito, engaño , que espero ya como tanto agravio, esto sirva de incipio. Esto sirva de principio de venganza, y de irritaros para que saquéis la espada. Tanto estaba deseando daros mi cólera muerte, que a la irritación airado agradezco la venganza del impulso de mi brazo. Ya es obligación llegar. Señores testigos hago de que no huye el gracioso, ea que estoy atufado, porque el fuego de la ira las narices me está ahumando, mas mejor es meter paz. Caballeros reportaos. Con el metedor me pongo. Papel mío en vuestras manos. Ni lo niego, ni disculpo. Mirad que estoy empeñado. La cólera a nada atiende. Meto paz, o guerra saco. A mí me escribió Isabel. Lo que me mueve a mataros. Me acordáis. Isabel? cómo? que mayor indicio aguardo sobre mi sospecha, habéis de reñir entrambos conmigo. . . Tened. . . Quitad Ya con otro intento os hablo, la ocasión porque reñís es más mía. . Esto va malo. Ese papel dividido que vuestro enojo a causado he de ver, oh vive Dios que la vida he de quitaros. Por Dios que se han todos tres vestido la piel del diablo. El papel vos. . . Qué decís. Que ya será si obstinado se opone a mi intento el mundo leve estorbo de mi brazo, cada cual me dé la parte de ese papel que ha ocultado: qué os admiráis? yo he de ver juntos esos dos pedazos, o en virtud de mi violencia los unirá vuestro estrago. Don Pedro mi señor es, Tened, mas no es su contrario el que hallé anoche en mi casa. A que mal tiempo ha llegado mi tío. . Oh si yo pudiera vengar ahora mi agravio. No es bien que sepa su padre, porque la espada he sacado. No es bien que sepa su primo mi enojo hasta remediarlo, Disimular aquí es fuerza porque su padre ha llegado. Ya es forzoso dilatar la venganza de mi agravio. La causa me has de decir. Esto señor se ha acabado bien te puedes ir. Espera, Oye ve señor honrado, quién es este caballero. Un sobrino de mi amo que a casarse con su hija ha venido. . Guarda Pablo, advertid que aqueste es primo de Isabel, y aquí ha llegado para casarse con ella. Qué dices. . Verdades hablo. Que con su primo se casa sin vida estoy de escucharlo. Que se casa con su primo mi vida es toda un desmayo. Don Alonso, lo primero que hemos de atender entrambos es el honor de Isabel: pues su padre se ha empeñado en reportar a su primo, bien será que desmintamos sospechas, en otra parte nos veremos. . . vamos. Vamos. Ay Isabel tantas penas! . Ah ingrata tantos engaños! Aparta señor. . Advierte. Vive Dios que he de matarlos si se esconden en el centro. . Todos van dados al diablo, echó un perro don Alonso, echó un león don Fernando, el esposillo hecho un toro, el vejezuelo hecho un asco, y yo me quedo con gaba entre tanto mentecato, de dar al perro mil coces, de dar al alno mil palos, al toro mil garrochones, y al león mil cuartanazos. .

JORNADA TERCERA

TERCERA JORNADA Fue tras ellos como un gamo jurando de se vengar. Y qué pasó? . Qué es pasar? no pasó a nadie tu amo, porque luego la pendencia en la gente se embazó, y así airado prorrugó los plazos de su impaciencia; don Fernando mi señor a don Alonso ha buscado, y, por no hallarle ha dejado para después su rigor. Sobe pues que acá han pasado mil sucesos no da buenos, don Pedro sin más ni menos, anda a los demonios dado: Fadrique al cielo provoca con voz, y con faz confusa, ya cabizbajo le acusa, ya cabizalto le invoca, las dos primas que pelean sobre su obstinado amor mirándose a lo traidor se ven, y no se desean, y en fin el viejo esta noche se va a la quinta a dormir, la noche quiere venir: y ya está a la puerta el coche y sabe Dios, y yo se que más mi lengua se holgara si algo más esto durara por hablar de esto algo que, y así pues yo tengo buenos los labios para decirlo por darme gusto has de oírlo otra vez, o por lo mevos otras dos. . Tente estas loca, íreme sino lo dejas, no ves tú que mis orejas son menores que tu voca, mas este traigo a Isabel con cuidado se le da, porque en la comedia hará el billete su papel. Sí haré, no me traes empeño algo más. . No sino haberte me viniera sin traerte. Qué me traes? . al retortero. Con lo que sale el frión que nunca has de hablar de veras, fuera mucho que trujeras no más de porque estos son amorosos ejercicios de plaza, o calle mayor algún indicio de amor. Donde se venden indicios, mas ya no te traje ayer de listones una vara. Gran dádiva cierto para una como yo mujer, pues sepa que ahora quiero que mi Martín me presente unas enaguas de. . Tente, que es muy niño mi dinero, en paz le deja ser poco, y a su niñez lo a tribuye, si de tus enaguas hace como del trasgo, o del coco. Esa respuesta merece quien a vos os quiere ver, mal haya amen la mujer que pícaros favorece, sois un grosero, un ingrato. Paso no me digas más, hoya que voces me das, métenme julia a barato, yo lo hiciera si menor fuera el don con que me espantas pero dádivas tan tontas hacen derrengar mi amor; as visto, y oído pues un reloj bien concertado que en cuartos multiplicado moneda del tiempo es, y da puntual sus horas, dividiendo por instantes los despueses de los antes los antes de los ahoras diciendo siempre verdad, si el peso que en grave oficio va rigiendo su artificio le oprime con igualdad, pero si alguno le carga más peso que ha menester el tal reloj a perder se echa luego con la carga, porque sus ruedas veloces corren ya sin ley precisa. y todo es andar aprisa dando pasos como coces: pues del mismo modo yo estando poco cargado era reloj concertado, y reloj al fin que dio; mas llegas tú, y sin saberte regir, ni regirme a mí con las enaguas aquí me largas Julia de suerte que sin poder resistirme con paso desconcertado como reloj destemplado ando aprisa para irme. Tente, aguarda Martín, mira. déjame andar. . Baste ya. tirar de ti. . Parace. estotra pesa me tira. Yo he de hablar claro a Isabel. Eso señores es mejor. Ella sabe ya mi amor, y no será tan cruel que mirándome afligida niegue el remedio a mis daños: y si no de mis engaños su afición verá impedida, No te has de ir. . Si tanto pesas horas de puñetes doy. Aguarda. . Fuera que soy reloj que huye de sus pesas. Diligencia es importante. Mi resolución verás, y ya Leonor lo hago más de obstinada que de amante, mas que papel es aquel. Él te lo puede decir. Dámelo pues. Por seguir aquel talmado, el papel pienso que aquí se cayó, y como tan encargado más pesar de mi pecado doña Juana le topó, no pudiera suceder cuitada de mí, peor. Pues le abres. . . Sí leonor, cuyo es he de saber. Esta carta va de rota, mal año, y como lo abrió mas que apostamos que no le parece bien la nota, pero pues yo soy culpado en el dejarle caer chitón, no lo ha de saber doña Isabel. . . Admirada estoy. . El suceso es raro Un pedazo dentro de él venía de otro papel, y si bien en el reparo es con el que di a Fernando aquellos celos leonor Leer el suyo es mejor. A verle llego temblando Por no tener aliento para quejarme, o por quejarme con tus propias razo- nes, te envío ese papel roto para que en leyéndole se le vuelvas al dichoso que ha merecido. Mira que tu prima viene, Los papeles guardo pues. Dices que vendrá después Fernando. . . Como allá tiene el papel que le envié para que a las diez viniese al jardín, y su amor viese lo que ha debido a mi fe es cierto que vendrá luego, y ojalá huya mi precencia, que si amor teme su aucencia, la razón teme su ruego, abre del jardín la puerta pues también ha sucedido, que ya mi pader se ha ido a la quinta. . No me advierta mas tu cuidado, voy luego. En fin llegas. . . Ay Leonor todo mi esfuerzo es temor. El amor te dé sosiego. Isabel. . . Prima. Contigo un poco tengo que hablar solas nos podéis dejar. Qué intenta Juana conmigo. Fuéronse ya. . . Ya se fueron Pues si estamos solas ya escucha prima. . . Temiendo estoy otro nuevo azar. Bien pienso que sabes, si, bien sabes, y por mi mal que es amor, ay Isabel quien te pudiera mostrar el corazón, porque en él vieras vivo mi pesar, que si desmaya un afecto en la voz más eficaz bien sabes pues, que es amor. Bien lo sé, mas dónde vas con prevención tan prolija? Voy Isabel a buscar en tus ojos compasión, y en tus oídos piedad, y sean estas voces tiernas, este inquieto suspirar, estas acciones turbadas, y este aliento desigual, y estas lágrimas que al rostro lentas discurriendo van apartadas del dolor que quiero significar. Prosigue prima por Dios, que el alma al verte llorar sin saber cual es tu afecto, tu afecto sintiendo está. Un año habrá que Fernando. ahí habías de parar, Amor para oír mi pena esfuerzo mucho cobrad; prosigue. . . Ya no prosigo. Por qué. . . Porque lo oigas mal, y ya me has desanimado en lo que te iba a rogar que el ceño de quien escucha hace el ruego ineficaz. Prosigue no te acobardes, yo te prometo acabar conmigo cuanto pudiere, por dar remedio a tu mal: mas antes que me descubras la llaga; prima que está cebando en tu propia sangre, oh hambrienta usuracidad, advierte, yo te lo aviso si es de remedio capaz, y si no no me la enseñes, porque solo servirá de quedarte con la herida, dejándole a mi piedad el dolor de haberla visto, y no poderla curar. Tú sola puedes sanarme. Pues si eso prima es verdad prosigue, yo soy tu amiga. Un año digo que habrá, que a Fernando tuve amor. Le tuviste amor no más? Y que en lícitos favores. Diste de tu voluntad amorosas señas: bien porque un risueño mirar, un semblante lisonjero, una dulce gravedad, un risueño desagrado, un cariño natural, una razón al descuido, y un descuido al suspirar; son las señas con que suele una mujer principal) de su recatado pecho las pasiones explicar, o son los humos que exala el fuego que dentro está pasó amas tu amor? . . No prima. no pasó mi amor a más, pero Isabel aquí puedes tu piedad ejecutar a don Alonso de Urbina dices que obligada estás, don Alonso te ha obligado don Alonso es muy galán pagar una obligación es llaneza, y es lealtad, y aunque a don Fernando hiciste dueño de tu voluntad vencer una inclinación cordura, y valor será de las estrellas señor al sabio suelen llamar; la razón solo es el astro cuio influjo siempre igual, al cuerdo mueve atractivo al sabio obliga eficaz, aquí tienes dos acciones que elegir, o que dejar del entendimiento es una, otra de la voluntad, mira cual es la mejor no dure más lo neutral, elige y darasme vida o la muerte me darás. Aunque me has dicho que tú queriendo a fernando estás, no me has dicho si Fernando te quiere a ti, estoy mortal Un raro engaño imagino, mi intento se ha de esforzar . con mi industria, de este modo: olvídelo porque ya pensé que tú lo sabias. Pues te tiene amor? . . Y tal que es ejemplo de firmeza Que esto he llegado a escuchar. que en este engañoso mal Conoces este papel. Mía es la letra, y si mal no me acuerdo, este pedazo es de un papel, (qué pesar!) que escribí anoche a Fernando. Mi intento se ha de lograr, pues porque viese mi amor cuan poco llega a estimar los papeles que le escribes de ese roto poco ha que la mitad me envió guardando la otra mitad, yo no lo sé, para hacerle otro desprecio quizá No son estas de las cosas que (ay Dios) suelen dejar vida, ni aún para sentir el mismo dolor quedan; hay prima, que así me quitas la vida, no hiciste mal) bien es que sepa mi agravio para poderle (mas ay qué rigurosa has andado) para poderle vengar, nunca se ha visto rigor que más parezca piedad de doña Juana a Fernando? si, suyo es Fernando ya; no se lo invidio porque es Fernando muy deseal, alegre se le remito. pero miento, triste está el alma, o qué seéyo? ahora sin duda el pecho leal compone un afecto nuevo de mi gusto, y mi pesar: ea corazón herido la medicina buscad, y el deseo del remedio haga el remedio eficaz, solicitad la salud querer sanar de la herida es parte de sanidad muera el amor en mi pecho, comience a representar la razón a la memoria tanto accidente mortal tantas finezas perdidas tanto continuo pesar, tanto dilatado engaño, tanta injusta ceguedad; y este papel que fabor fue de su amor deseal, instrumento empieza a ser de mi desengaño, y ha este papel dividido que de mis manos será otra vez despedazado en más pedazos que hay letras en el, porque el viento herede su vanidad. Ya queda la puerta abierta del jardín, y aquí esperando estoy que venga Fernando, si en esta sala concierta salir mi ama de celosa: oh noche decidlo vos; mas por esta luz de Dios que estoy por estar medrosa; que cosa es que esté yo sola en esta sala, y que del jardín la puerta esté como he dicho abierta, y no comience a hacer su papel, el corazoncillo vil soy yo menos mujeril, tienen las otras más miel, Llegué a la puerta, apliqué la vista a la llave, abriose, y Martín tras ella entrose, ya que de Julia sabré, si mi amo puede hablar a Isabel, porque ha sabido que embuste de Juana ha sido lo del papel, y el mudar el sobrescrito que Floro, criado al fin puntual, respondíó como un cristal a cuatro preguntas de oro y ya loco de contento dice que quiere venir solamente a desreñir el pasado sentimiento, acecho pues, aquí está Julia sola, eso queremos. Señor miedo un par de extremos? mas ay que allegado don Fernando mi señor, ya esperaba con cuidado. Esta es otra. . Asegurado está todo sin temor, podéis, mas cómo: (ay de mí no responde, quien será. A otro aguardando está, ven vuesastedes aquí un paso muy apretado, y agradézcanle que había mil siglos que no se hacía entre criada y criado. Martín mío. . Ucé me honra. y cumple muy bien conmigo, pero. . Qué dices? . Qu´d digo, que anda muy buena mi honra, mas bien mirado no importa a quién aguardabas? . Yo? pues eso preguntas. . Oh! dilo acaba, no andes corta, responde Julia por Dios, no me enojare, responde, que piensas, que importa donde come uno comen dos, que tú allá tus bodas traces, jamás me ha dado a mi pena esto se entiende si es buena la intención con que lo haces, porque si no, Julia mía nadie más diablo que yo ni aún de la que me parió, sufriré superchería. Digo pues que aquí aguardando estoy, no te has de enojar. Un mármol seré en callar. Pues aguardo a don Fernando tu señor, pues que pensaba. No por Dios a mi señor aguardas tú! es la mayor mentira que ha habido, acaba dime ya Julia tu intento, dímele, pues con quien hablo, o he de hacer una del diablo, y luego de una a acta ciento, tú aguardarle, y a Isabel vengo yo ahora a avisar, Pues yo no le envié a llamar. A llamar? . En un papel le envió a decir que viniese a las diez por el jardín para que dichoso fin tanto recelo tuviese. En la mitad del papel que hoy a Fernando rompí alborozado leí que me mandaba Isabel que por el jardín viniese a las diez. . En fin tu amo mereció que su rigor de sí se compadeciese. Si ha llegado tal papel: pero oye, es este el Fernando a quién estás aguardando? Yo Martín: él, Isabel. Don Alonso aquí? y también trae criado para ti. Yo no he sabido: ay de mí. Pues no Julia no haces bien ves aquí que yo mohíno con los dos hoy me perdiera si alguna punta tuviera de colérico sanguino, mas si me habrán conocido. Algún criado de casa será. Miren lo que pasa ay don Fernando afligido; yo bien saliera por Dios para írselo a decir, mas no me atrevo a salir sin licencia de otros dos. ̱. Dónde me llevas amor que cuando estoy agraviada me traigas precipitada solo a mostrar mi rigor, mas con mi primo advertida mañana me he de casar, y a Fernando he de dejar aunque me cueste la vida. Tomad si ha venido ya Isabel! por si quería negar que a hablarle venía don Alonso. . . Quién está contigo Julia. . Yo soy que haber aquesto he venido, y y a absorto, he aturdido hacia mi amo me voy donde a llorar su pecado comenzaremos los dos para que te saque Dios de este miserable estado. . Pues quién es? . . Yo soy señora Válgame Dios! ay de mí! Mejor será huir de aquí, e Don Alonso vos ahora en mi casa? qué temor! vos aquí? . . Qué os espanta si haber lo que me mandáis me trae mi obediente amor. Obediente? pues venís con mi orden? . . Yo llamado de vos al jardín he entrado, Don Alonso qué decís? Que no acabo de entender señora vestro rigor, pues solo me hacéis saber para darme que perder, cese el rigor, que estoy tal sintiendo vuestra mudanza, que viene a hallar mi esperanza descanso en el mismo mal Para lo que estoy sintiendo. . es muy bueno, qué rigor? qué mudanza, o qué favor? don Alonso no os entiendo. No fue favor escribirme aquel papel. . . Cuál papel. El de esta tarde, y en él vuestra afición persuadirme. Papel yo a vos. . . Vos a mí. pero si no lo creéís ahora, el papel veréis, ya que a mi dicha debí la mitad. Válgame Dios que es esto que estoy mirando, que es posible que Fernando dividiese entre los dos el papel que le envié para vengarse de mí? este sin duda: este, sí: el otro desprecio fue, para que me dijo Jaime que guardara la mitad de mi papel, que crueldad, que venganza tan villana. Aquí verás cuán engañado estabas. Oh amor apenas de librar me aca- bas. de un recelo, y ya en otro he tropezado Ahora también yo estaba engañado. Qué respondes? No sé lo que responda que mal mi pena en mi recato escondo pero allí he visto ahora a don Fernan- do. que con muda atención me está es- cuchando. el de sospechas vanas persuadido juzga quede mi amor está ofendido; yo de evidencias claras irritada estoy de sus engaños agraviada: otra: celos afuera que a estotro amante aquí favoreciera: por vengarse de aquel: mas yo advertida negando en lo prudente lo ofendida, y de satisfacer al que me ofende, para que sienta más; hoy que pretende con mi delito disculpar su olvido, verme sin culpa cuando me ha perdido desuerte que aquí sirva mi disculpa, no de negar mi culpa, ni aliviar su tormento, sino de hacer mayor su sentimiento. Vámonos pues ya sabes que esto es cierto. (muerto Oye Martín, escucha, que estoy Ya es tiempo don Alonso de que atien A mi razón, y de ella no te ofendas, (das. dos veces debo a tu valor la vida, y muchas lo confieso agradecida, no olvido que tu amor, y tu fineza también me han obligado. (strado Mal empieza. Pues sabe ahora que antes que po señas diese tu amor de tu cuidado don Fernando de acuña. Le conoces? como va desustillo, así te goces, 4. . Con el lento buril de su fineza labrando el bronce fue de mi firmeza, y en él a pocos días diligente vi que tan vivamente su imagen había hecho. que al esculpir la lámina del pecho, o le dio su destreza amor tirano, o mi albedrío le llevó la mano: estando pues a su afición rendida, y hecho su aliento parte de mi vida, . Sabes qué pienso. . . Qué comenzó tu cuidado a conquistarme l. Que ella ha fingido tu valor a obligarme, y con tanta constancia que algún día aunque su amor tan ciega me tenía, . . Ya no importa, su mérito, y el tuyo indiferente, que a la razón no más su asiento fía, y mansa con sus once está de oveja, ya él la voluntad le hacía dichoso en quien es el acierto más dudoso; ahora don Alonso, pues si atento hallarás que no fue ingratitud mía el negar mi atención a tu porfía, antes si atiendes hoy a mis pasiones, si escuchas mis razones, hallarás a pesar de tu despecho que mi afligido pecho con no pequeño agradecido indicio, mucho que decir primero. hoy empieza a pagar el beneficio. Qué dices? como va de regodeo. No se atreviera a tanto mi deseo Su bien ha oído el que a escuchar venía mal haya el hombre que en refranes fía. Yo muerta, él mis disculpas escu firmadas en mi concepto chando. él satisfecho allí, y yo aquí rabiando, pero conoce y a mi sentimiento, y no le dure tanto este contento, don Alonso en mi casa siento ruido. . . Qué dices. . . Ando a buscar y temo que mi padre nos ha oído, si os ve aquí, soy perdida, pues os la debo no arriesguéis mi vida Que será lo que ahora habló en secre Debiole de rezar algún conceto. (to. No es la menor acción para obliga- enpeñarme en no amaros, (ros. y así mi amor rendido consagraré en el templo del olvido. porque fuera imprudente grosería hacer señora, del amor porfía, y fuera obedecer mucho al engaño resistirá tan claro desengaño. para que tú la dejes, el ruido, porque yo no lo siento. mirando estuvo mi atención prudente ya la prudencia a la pasión reporta. porque el discurso a ti feliz te hacía, . A ella perro: pues cesó tu queja, que irme con Julia quiero a estar yo con mis once de cordero. (charle dejas obrar aquí al entendimiento, . . Deme aliento el valor para escu- deme rayos la Ira para hablarle. Déjame echar a tus pies hermosa Isabel, y haciendo. Tened don Fernando que hay No tienes que decir más todo lo escuché. . . Esto es bueno. hay tanto que decir más que las razones que tengo para ponderar mi enojo no han de caber en mi voz, no han de caber en mi aliento. no han de caber en tu oído, ni aún en el mismo silencio. como enpezar, y no acierto, quisiera (ay de mí!) quisiera que con enojos el pecho, que con rabia las acciones, que los ojos con incendios, que con volcanes la voz, que con rayos el aliento: pero no voy bien; quisiera que con suspiros el pecho, que con gemidos la voz, y que con: ay Dios! . . Qué es esto mi bien: Isabel: tú lloras. Déjame Fernando, ay cielo déjame llorar no impidas en mi llanto mi remedio, porque en la menos ardiente de estas lágrimas que pierdo sale un afecto amoroso, y en cada amoroso afecto sale una pequeña parte de la mar que está oprimido las alas del corazón, y como solo deseo echar este amor del alma, quisiera ir desde luego a lágrimas agotando! los raudales de mi pecho. Dime señora por Dios la causa de estos extremos. Quísete bien don Fernando quísete bien, y hoy confieso que te quise bien. Y ya me aborreces. . . Es muy presto para haberte aborrecido. Tal estoy que me contento conque ya no me aborrezcas. En peor estado tengo tu amor. . . En peor estado. Si que le voy despidiendo del corazón poco apoco, que es el más seguro medio de aborrecer, que el amante que en el ímpetu primero de su enojo se resuelve a aborrecer, vuelve luego arrepentido a empeñarse, pero el que con paso lento su resolución reprime dando a sus enojos tiempo con la misma dilación va reforzando su intento: as visto a un hombre que lleva arrebutado, y resuelto a deshacer con violencia un nudo, y le hace más ciego, peor si llega medido descongojado, y atento le desata fácilmente, nudo es el amor estrecho conque suele atar dos almas el ocio, el trato, o el tiempo, pues al querer deshacerle, quien llega airado impidiendo las manos con un agrabio, los ojos con unos celos; el nudo de su pasión ciega con su mismo esfuerzo, pero el que llega advertido ades hacerle inidiendo con la dilación, y el modo la ceguedad, y el aprieto a muy poca diligencia hallará el nudo deshecho: así yo ahora Fernando en este discurso ciego, en esta engañosa unión, y en este lazo violento sosegada, y rigurosa, cuerda, y nojada quiero para deshacer el nudo dilatar el sentimiento: ya se Fernando, ya se (ay de mí!) que falsas fueron las finezas de tu amor, y no me enojo por ello, porque al fin es doña Juana mi prima, y en ti no pierdo mas que un hombre que trataba. Advierte Isabel, yo quiero satisfecerte del modo que gustares. . . A buen tiempo. mas que en hombre que trataba de merecer mi desprecio, y así yo misma Fernando por el bien de entrambos vengo, a pedirte que te cases con doña Juana supuesto que yo no puedo ser tuya. Que llegue a estar tan resuelto tu rigor. . . Estalo tanto que antes de mañana, pienso casarme. . . cómo? que dices. También te ha sonado esto que quieres que lo repita; digo pues que con don Pedro) mi primo. . . Ya lo se todo, ya ingrata tu enojo entiendo, ya se que quieres culparme para disculpar mi intento. Dices bien: vamos Fernando saldrás por el jardín, presto que es tarde. En fin te casas. Deja ociosos sentimientos. Son verdades. . . Son engaños. Eres falsa . . Soy ejemplo de firmeza. . . Y tu mudanza? Y mi agravio? . . Que te pier- Qué me ofendes? (do? Que me agravias. Tú me matas. Moveré a llanto las piedras, Ya es tarde, (ya me enternezco!) vamos Fernando por Dios. Romperé a voces el viento. A esta parte del jardín podremos hablar mejor cuando salía de hablar n mi prima, me encontró don Alonso, y al hablarle e hallé con resolución de dejar el galanteo, y como importa a mi amor que prosiga he de esforzarle. Lo que tú has de hacer señor es despicarte con esta. No habrá remedio que yo no solicite, no abrace por salir de tanto error. Qué oscura que está la noche. Con los árboles mayor se hace la sombra. . Aquí pues conversaremos los dos) en tanto que nuestros amos se están en conversación. En qué hablaremos que a mí la prosa le me acabó. Pues habla en verso, eso dices cuando yo contigo estoy? Ya se yo Julia que pueden hacer a uno hablador solamente las palabras que se te caen de la voz. Fingí quedarme en la quinta para averiguar mejor esta noche lo que pasa, y indicios hallando voy que confirman mis sospechas y fomentan mi temor, la puerta hallé del jardín abierta, y ya por el voy discurriendo, pero aquí siento ruido. . . Vine yo como te digo al jardín por el papel, y mi amor halló el mayor desengaño, oh halló el engaño mayor. La Juana es grande embustera no a perdonado invención. De mil dueñas destiladas el alma se le infundió. Si esa es tu sospecha advierte. Por aquí saldrás mejor. Mira que estás engañada. Esta es ya resolución. A Isabel, y a Juana escucho de todo informado estoy, y esta noche mi prudencia dará el remedio a mi honor, mas la puerta dejé abierta por que con la turbación no me acordé que traía la llabe, a cerrarla voy, y volveré a averiguarlo. . Yo dividí entre los dos tu papel. . . Si don Fernando no puedes negarle no, mas qué ruido es este. Escucha. Dn Alonso, y Juana son. No era el papel para ti. Mas dime cómo llegó ese pedazo que dices a tu poder? . . Fue que yo se le rompí a don Fernando de las manos, y los dos reñimos, porque juzgué que era engaño. Luego no le diste tú la mirad. Yo señora. . . otro rumor siento a estotra parte, espera. Quién hizo embuste mayor? el papel que yo traía para Isabel le tomó su prima? . Y aún hizo más para lograr su intención que el pedazo que venía dentro del papel fingió que se le enviaba Fernando por despreciar el favor de Isabel. . . Qué es lo que escucho. luego injusto es mi temor, vuelva Fernando a igualar los golpes al corazón. Ves como yo te decía; mas qué gente es esta. Ay Dios. Don Alonso, este es mi tío. Qué haré Martín. . Que se yo consejos pides ahora. u , . Con vos sobrino, con vos daré a mi honor el remedio. Es precisa obligación en mí, como en vos. Ay cielo. De aqueste modo sé yo castigar atrevimientos. Don Pedro tente, señor si los enojos de un padre ansias del remedio son, remedia mi error, y luego castigar puedes mi herror a don Fernando de Acuña. Ya he sabido tu afición; y aquí ya no hay otro remedio sino el casarse los dos con las dos, o nuestras vidas desempeñen nuestro honor. Tened que aquí no hay empeño si cesa vuestro rigor con que yo le de la mano suyo he sido, y suyo soy. Y yo le ofrezco la mía, si merezco este favor a doña Juana, y las gracias a mi desengaño doy. Pues me han hallado con él, y Fernando se casó, este es el último medio que puede tener mi honor. Y aquí don Alonso enpiece y a la amistad de los dos pues engañados entrambos ninguno al otro ofendió. Esto quede así dispuesto, y a mi cargo tomo yo el estado de don Pedro. Pues mis señores adiós, que a mí me casan con Julia, y a pedir divorcio voy, y con aquesto se acaba el amor, y obligación.