Texto digital de Amor es sangre y no puede engañarse
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amor es sangre y no puede engañarse. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amor-es-sangre-y-no-puede-enganarse.

AMOR ES SANGRE Y NO PUEDE ENGAÑARSE
JORNADA PRIMERA
Cerrad la puerta, Conde. No os entiendo, toda misterios sois. Qué me acobardo? Ya aguardo, vuestro gusto obedeciendo, mas que no a la razón a mi gallardo, antiguo brío, que a triunfar naciendo busca ocasiones como la que aguardo demostrar atrevido lo que debe, la ilustre sangre que su impulso mueve Pues antes que mi silencio sagaz retórico embargue las pasiones de la lengua, con las dudas del semblante, sin querer que de lo atento lo prevenido se pague, solo sí que lo piadoso, lo discursivo se alcance: a haceros testigo os traigo de la ocasión de mis males, del remedio de mis penas, noble Mauricio escuchadme. Leopoldo Duque de Cleves, que viva largas edades, sin que el cierzo de los días su caduca flor quebrante, es mi padre, y es mi dueño, siendo en las dos variedades para dueño muy piadoso, y muy cruel para padre. Bien os acordáis, que siendo más mozo, con él pasasteis a Sajonia con intento que con Porcia se tratase el desposorio, juzgando por Embajador más fácil de su conveniencia a él mismo, pues para hacer el examen de las partes de su esposa, no quiso a otros ojos darles la jurisdición, que ciega, como el camino no sabe, o tropieza en las sospechas, o en las evidencias cae. También os acordareis, que una Madama de partes le favoreció en extremo, de que nació el empeñarse en corresponderla, siendo, si a su honor ella cobarde el atrevido a sus riesgos, pues atropellando mares de dificultades nobles, logró imposibles amantes. Tuvo un hijo, aquesto es cosa, que en toda Cleves se sabe, y nadie mejor que vos, pues en sus secretos parte habéis sido solamente el que nunca le dejasteis; mas porque importa a mi intento el repetir estos lances vuelvo a la memoria tantas prolijas antigüedades. Dejo con esto la empresa que ocasionó su viaje mi padre entonces, o fuese, que es más cierto que alcanzase a saber, que la Duquesa regida de otro dictamen, o enamorada de Carlos, Duque de Milán, tratase con él casamiento, siendo a un tiempo testigo, y parte. Volviose a Cleves, dejando por orden vuestra a criarse con todo silencio, y maña al recién nacido infante, porque el que siempre encubierto con industria estuvo, a nadie quiso, ni a su mesma dama, por fineza declararse. Vino, pues, y Otón el Duque mi abuelo, que ya triunfante, pisando estrellas, y luces a mejor vida renace: trató de casarle en Gueldres con su Duquesa, y mi madre. Efectuose el contrato, y porque mejor lograse de amor la naturaleza, los repetidos combates, fruto suyo me engendraron, que su logro asegurase. Nací: o pluguiera a los Cielos, que de mi vida el estambre, al empezar a tejerse entre las manos se ajase! que si la naturaleza por la libertad se aplaude, y esa me usurpa el destino, para qué parcas fatales al primer paso los filos de la tijera embotastis; pero pasemos al caso. Murió mi infelice madre del segundo parto, dando por parricida un cadáver, que encontró la sepultura, antes que la cuna hallase. Afligiose todo el Reino, y con diligencias grandes procuró el Duque en Sajonia, que su hijo se buscase, fue tan infeliz su suerte, que habiendo salido a hallarse en las guerras del Imperio, dicen que en ellas la instable fortuna le dio sepulcro; y aunque pueden engañarse los testigos, pues ninguno de su verdad da señales. Todos, al fin, lo creyeron, conque viéndose mi padre de tanta pena oprimido, estas nuevas fueron parte para que con su sobrino intente agora casarme, diciendo, que de su estado así procura dejarme señora, y la sucesión que le ha faltado a su sangre, en mí, y Ricardo asegura; porque la vejez descanse; porque sus vasallos tengan Duque, y señor que los mande; y porque si su heredero es verdad que muerto yace, no haya quien pueda atreverse después a desheredarme. Con este intento Ricardo, después que dejó de Marte, por las delicias de Venus los aplausos militares; y después que vino en fin, ha dado en galantearme, sin que mis desprecios puedan, ni vencerle, ni templarme; y mi padre que le anima en lugar de refrenarle, cruel tercero le busca lugar para que me hable: yo le aborrezco, y de forma me ofende oírle, y hablarle, que de sus ojos lo atento, y de su voz lo agradable, a violencias me conquista, y a desvíos me persuade. Esta es aversión, Mauricio, yo no puedo más, no caben en mi razón los discursos, que quizás el vuestro hace; ya yo los hice primero, y procurando forzarme en lugar de convencerme, entienden en irritarme. Quizás pensaréis que estoy inclinada en otra parte, y que lo que allí es fineza, aquí se ostenta desaire; Pues no, Mauricio no es eso, ninguno puede alabarse de que a trueque de favores sujetó mis vanidades. Este es odio natural, que de las estrellas nace, y que mal podre vencerle, cuando aún no puedo explicarle. No digo yo que Ricardo, no tendrá prendas bastantes para ser querido: mas yo nací tan ignorante, y tan desgraciada que el cielo para vengarse de mi ingratitud, no quiere Conde que yo las alcance. Hoy mi padre me ha mandado, que acabe de declararse mi resolución, pues solo porque pueda efectuarse, me da de plazo seis días, y yo por no disgustalle, ni quise contradecirle, ni me atreví a asegurarle, Aquí entran, Conde, mis penas, vos solo habéis de ayudarme a la mayor invención, que humano discurso alcance. Para aqueso os he llamado, y entre el obscuro velamen de las sombras, en mi cuarto os introdujo esa llave, porque el silencio confuso, que la obscuridad esparce, desmienta las atenciones de quien pudiera escucharme. Yo, Conde, os he menester con aquel valor que antes en la juvenil edad ardió como fuego fácil; porque os advierto primero, que aquí con vos me declare, que no pretendo consejos, fruto que las canas traen, sino es ayuda, y favor, que en mayor edad se hallen. Vos habéis de buscar luego persona de vuestra parte, que con maña, y con secreto (pues es el caso importante) finja ser hijo del Duque, que pues vos solo tratastis con mi padre aquestas cosas, fácil os será engañarle, y el modo no os le prevengo, que avisos son desiguales los de una mujer, a donde varoniles canas halle, Mas no os parezca tampoco, que no he mirado los lances, y sé que podéis decir que tenéis claras señales de que no murió en la guerra, y diciendo que él os trae bastantes señas, hacer que todos por vos le aclamen, pues ni el Duque le conoce, ni en Cleves le ha visto nadie, que cuando después se entienda, como yo escuse el casarme, qué se os da a vos del engaño, yo no le heredó a mi padre? Puede quitarme ninguno el derecho que alcanzare? con esto en paz viviré, y cuando el reinar me falte no la libertad, que es gobierno más amigable: a mis vasallos también les está mejor, pues caben con eso las esperanzas de que Príncipe más grande me pretenda, y solicite, y casándose los mande. Esta Conde, es mi intención determinada, a librarme estoy, y me ha parecido este medio más suave para conseguirlo, que otros que me dictó mi coraje, por eso de vos le fio, tenedme lastima, y dadme con la respuesta el consuelo, que dello puede esperarse, pues sois cuerdo, pues sois noble, y una mujer a ampararse de vos llega en sus fatigas, remedio, y consuelo halle, para que obligad, siempre, para que siempre constante, debiéndole a vuestra industria la libertad que alcanzare a la fortuna, y al tiempo. Con coronas de diamantes vuestro nombre dejé escrito, porque la fama le cante. Extraño, y nunca visto arrojamiento es el que en fe de mi valor repite; mas pues así se arroja desatento su rencor, y consejo no permite; y pues la suerte un hijo me dio, intento que reine, y mis lepras resucite. No respondéis? De una corona es poco, disculpa una traición puede ser solo. Presuponiendo primero, que ha de ser en mi obediencia. inviolable su mandato, escúcheme vuestra Alteza, que quiero así prevenirla, porque temo que inquieta, por atender a su gusto, a mis razones no atienda; y aunque es verdad, que consejos, ni los busca, ni desea, a mí me es forzoso el darlos, pues entre dos diferencias de viejo, y mozo, en que dice que se asegura, y me alienta, quien como mozo la ayuda, como viejo la conseja. Para una traición me llama, no sé si es segura prueba de mi lealtad el hacer en la primer experiencia, que quien como noble vino, como villano se vuelva, que noble no puede ser el que en traiciones se emplea, y en esta la ejecución contradice mi nobleza. Bien pudiera yo escusar satisfación tan atenta, dando a entender, como noble, con el silencio la queja: mas como la cortesía también conmigo pelea, y son hijos de un aliento la piedad, y la entereza, si esta me fuerza a dejaros, la otra a ayudaros me fuerza. Bien es verdad, que manchadas de la amistad las sinceras aras en que sacrifico al Duque mis obediencias, es ingratitud, que no pudiera hallar recompensa, sino es solo procurando de vuestra quietud las medras, pues decís que aborrecéis a Ricardo de manera, que es verle ver vuestra muerte: esto más juzgo que es tema de vuestro espíritu altivo, pues presumís que pudiera, como vos decís, hallar vuestra gallarda belleza en mejor estado Imperio, en mejor dueño cabeza. Esto, aunque me habéis propuesto, que en vuestros vasallos fuera de conveniencia, y de gusto, ni gusto, ni conveniencia, puede ser, pues advirtiendo, que el extranjero que hereda vasallos por casamiento, como ajenos los contempla, si los rige, los oprime, los olvida, si los deja, quieren más tener, señor, que aunque con menos grandeza, si los gobierna, los ame, y los guarde, si se ausenta. Al que busque yo persona que con maña, y con cautela, finja ser hijo del Duque, mayores riesgos se acercan, pues suponiendo primero, que hubiese quien lo quisiera ser, que aqueso no faltara, era arriesgar de manera la opinión la verdad, que dudosas, y diversas, o aquella titubeara, o aquesta se descubriera: pues si callaba seria con intención manifiesta de quitaros la corona, y si al Duque le dijera nuestra intención, por hacer con su lealtad fama nueva. Vuestra opinión peligraba, yo arriesgaba mi cabeza, y esto, señora, es tan cierto, que si lo contrario viera, creyera yo que se había revuelto en aquesa esfera, moderna constelación, que turbaba las estrellas, que es la ambición ya tan hija de nuestra naturaleza, que es faltar ella, faltar el ser con que nos engendra. Desde el principio del mundo es pecado que le hereda, y enfermedad maliciosa, que cual contagio se pega. Qué dijera de mí el Duque? Cleves de mí que dijera? Sino que yo os engañé, y que maliciosa hiena, con el alago de libre os cautivó la inocencia; y esto es a bien suceder, que si acaso permitiera el Cielo que me acabara el secreto que en mi encierra con mi muerte, aqueste estado, en guerra civil se ardiera, que un tirano es poderoso cuchillo de la nobleza. Miradlo mejor, señora, no os precipite la idea, que mal formada os ofrece una imagen imperfecta, no porque de mi os valéis la seguridad os venza, que de puro confiadas las más acciones se yerran; a los principios mejor se remedian las dolencias, que cuando el mal es anciano, poco la cura aprovecha: pues el tiempo nos da tiempo, no aguardemos a que venga otro, en que las medicinas hagan la cura más recia, y en lugar de sanar, maten, y en lugar de menguar, crezcan; Pero también os advierto, que no presumáis que es esta cobardía, o pretensión de que la elección se tuerza, que en mi habéis hecho primero, porque si ya estáis resuelta, medio mejor apercibo para que en la traza mesma, que vos habéis dado encuentre nuestra sagaz diligencia secreto, seguridad, remedio, logro, y presteza, que dejándome llevar más que de mi conveniencia de vuestros ruegos, me arriesgo para serviros en esta ocasión, anteponiendo la lealtad, a la fineza, al secreto la piedad, y el temor a la obediencia. Yo, señora, porque acabe de declararse la lengua, cuando en Sajonia serví en una noble belleza, a quien de secreto di la mano de esposo deuda de vida a su voluntad, tuve un hijo, que fue tema de la fortuna, el hacernos al Duque, y a mi tan cerca de nuestros riesgos iguales: más ay, que de otra manera nos castigó, pues si en él borró de Porcia la empresa con el suceso de Carlos, a mí de mi dulce prenda me apartó la ingrata muerte, que si no posible, fuera mi esposa en público aplauso, como en secreto lo era, que por no enojar al Duque, y porque no descubriera mi resolución su engaño, calló en mi amor la evidencia. Acabola al fin el parto, no os espante, si la pena a lagrimas me obligare, sin que mi valor las venza, que como la quise bien es fuerza que me enternezca. Aqueste, al fin, se ha criado por mi orden, con más cuenta quizás, aunque le faltaba madre que le corrigiera, que no el del Duque aun queriendo el cielo que la tuviera. Ahora, en fin, que ya es grande, y que la edad le da fuerzas de servir a vuestro padre, he mandado que se venga con dos criados, que han ido por él, más que nunca entienda, que es mi hijo, que no quiero yo tampoco que lo sepa: hasta ver si corresponde su virtud con su nobleza, o sin duda el cielo quiso, que así las cosas ordena, rigiendo mi entendimiento, guiar tan nueva materia. Él ha de llegar muy presto, que ayer me trajeron nuevas de que mañana entraría en Cleves: Y así, si es fuerza que vuestro intento se logre, en nadie mejor se emplea aqueste engaño que en él, pues no sabiendo quién sea su padre, podrá mejor dar a nuestro engaño fuerzas, y con el vuestro, fingiendo que nunca estuvo en la guerra, podrá pasar por engaño la primera mala nueva, yo procurare ayudar desmintiendo las sospechas, que en el crédito se hallaren, con muchas ocultas señas que sé yo, y presume el Duque, que para mí están secretas, que después, si acaso el tiempo nuestro engaño manifiesta, padre, y hijo perderemos la vida en vuestra defensa. Este, señora, es el medio que hallar pudo mi fineza, para servir, y el más fácil: si por ventura no os templan las razones que os he dicho, que mejor os estuvieran casándoos con vuestro primo, esposo tendréis, que pueda vuestra hermosura, estimando ampliar vuestra grandeza. Él es, valiente, entendido, galán, y en vuestra presencia, idólatra se consagra amando vuestra belleza. Al Duque le daréis gusto con esto, y toda esta tierra se alegrará con tener señor de su sangre mesma. Y aunque aborrecido, el tiempo, hará que querido sea, que milagros en el gusto, hace la correspondencia. No hay fiera que con el trato no se amanse, si gorjea el jilguerillo en el olmo; es porque en su nido alberga de su mesma especie dueño, que alegre le lisonjea. No queráis que un extranjero nos venga a mandar, no ciega queráis, que lo que el alago, intente lograr la fuerza. la ceguedad del discurso, no perturbe en su entereza vuestro ingenio, pues decir que es aversión, es quimera, pues solo la fantasía, que esos nublados condensa, podrá obscurecer el Sol del entendimiento, necia presunción, que cuando nace, en sus errores tropieza, miraos bien, recobraos, y pues nacisteis discreta, desterrando una ignorancia, en esta ocasión se vea. Pero, si para venceros, aquesa pasión no os deja lugar, aquí me tenéis, de vuestras órdenes, sepa vuestra voluntad, que ya, que a obedeceros expuesta esta mi pasión, no habrá cosa, que ya me parezca difícil, si la mandáis, y una vida, que me queda, también la daré gustoso de que en vuestro alivio sea. Nunca, Conde de vos dudar pudiera mi elección el acierto en que se halla, y aunque vuestros consejos ver quisiera mejor logrados, mi pasión batalla tanto con mi discurso, que ligera la razón huye, el sentimiento calla, viendo a la ejecución del mal prolijo, medianero felice vuestro hijo. No en mi hijo tengáis la confianza, que también de su riesgo os disuado. Todo Mauricio, mi atención lo alcanza, mas no por eso templo mi cuidado. Qué así os determináis? Esa esperanza sola me queda. En fin no os persuado? No, Conde. Pues a Dios ambición ciega. Reine mi hijo, pues su error me ruega. Siendo la libertad tan rica prenda, quién para rescatarla no se vende? que un yerro grande otro menor enmiende, y vive al daño el que vivir pretende. Yo conozco mi error, pero sin rienda corro a su fin, porque otro error enmiende, y pues el cielo no hace nada en vano, sin duda aqueste impulso es soberano. Mas qué sonoro instrumento confuso hiere el oído, equivocando las señas de lo incauto lo festivo? Si será? Mas ya no suena, que fácilmente ofendido de la curiosidad, deja el examen sin testigo. Si será ilusión? más no, que ya otra vez a ser vino estimulo del deseo, consecuencia del arbitrio. En el cuarto de mi prima, ruido siento, si habrá sido la música en él? más no, que a lo más lejos le admiro el instrumento, a sonar, y a crecer ha vuelto el ruido la curiosidad me alienta: yo he de verlo, la luz quito, y a su cuarto paso, puesto que tan cerca esta del mío. Cese el instrumento, cese, porque si mal no he advertido, ya la ventana han abierto, y de mi afecto a los visos la licencia de sus yerros me ofrece un sol escondido. Ya el instrumento callado de que saben, me da aviso, que estoy aquí; el forastero engaño de afecto esquivo, quién te mueve licencioso, porqué te recatas tibio? Vete, Celio, por si acaso gente viene, que advertido podrás prevenir, y haga el instrumento su oficio. Señora. Es Lisardo? El cielo responda por mí, que al vivo, si al cielo subió el deseo, él de cuyo es, dará indicio. Presunciones de Faetonte temo no os despeñen tibios. Favores que no adelantan, mal castigar han podido. Por favoreceros mas deslumbrar os solicito. Y yo abrasarme más, por estar más favorecido. Ay descanso semejante! Hombre has perdido el juicio!, en lugar que no conoces así te pones mezquino a pasearte de asiento cuando vienes de camino? Si al Conde Mauricio vengo buscando, y no le he podido hallar, es mucho que en tanto que lo dilata el aviso, que he de darle aquesta noche, le aguarde así divertido. Qué si es mucho me preguntas? que más que mucho te digo, aguardarasle en su casa. De cansado me he salido a ver la Ciudad, en tanto que vuelve. Bravo capricho, a ver la Ciudad de noche, y sin Luna; tú has nacido morciégalo, buho, o lechuzo. Ya empiezan tus desatinos. No te espantes, que cargada la cabeza, y no de vino, ha mucho rato que tengo. Pues qué te aflige? Me aflige, señor, de ver que no duermo, y que es Lirón mi apellido, y que velando, Lirón, contraviene a su principio, que dormir como un Lirón, dice el adagio bendito; mas no, velar. Poco os debo. Pues yo saber no he querido la causa que os tiene ausente, la razón de mi retiro, no la apuréis. Callaré, si os ofendo. Dime, ha habido sin estar enamorado, hombre que se haya querido serenar, como tú agora? Curiosidad me ha movido, solo el deseo que de ver a Cleves he tenido. Pues yo te la iré enseñando; mira qué bello edificio; mira que plaza, que torres, que galanes tan lucidos; mira cómo se pasea uno allí solo, que ha visto puesto en aquella ventana de su dama un abanico; repara en esta tapada, que con los ojos dormidos está soñando demandas, y hace del rostro platillo. Aquella casa que está para dar un estallido, mira cómo la sustentan entre Venus, y Cupido, mira un Barbero. Estás loco? Mira una escuela de niños. Dónde lo ves? Mira un sastre. La risa en vano reprimo. Mira un tabernero. Aqueso verás tú. Mira un vecino, que como tú se desvela por mirar de hito en hito lo que pasa; un guitarrero mira más que es lo que he oído? el guitarrero responde, y con todo al traste dimos. Señor, aquí andan fantasmas, vámonos por Jesu Cristo, no sea que el tabernero, Barbero, sastre, y vecino, nos vengan de la otra vida a acompañar. No hagas ruido, escucharemos si cantan. La seña a interrumpir vino mi sosiego. Margarita, parece que te ha sentido, si el cuidado no me miente; pues de su cuarto un postigo sentí abrir. Mientras que pasa gente que en la calle miro, allí me aparto señora. Mejor era despedirnos por esta noche, Lisardo, porque acá dentro ruido hemos sentido también. De mi fortuna el esquivo hado así me favorece. Mirad que os quejáis de vicio. Pluguiera al Cielo. Él os guarde. Infundid amor benigno en mi favor, porque goce como Lisardo Leonido, Parece que ya ha cesado el eco. Y me ha parecido también a mí, que de aquella ventana que mal diviso, un hombre se aparta, y ya junto con otro se ha ido Algún amante será que en favores divertido a estas horas misterioso atesora afectos finos, y como gente sintió, si el instrumento el aviso le dio, el puesto habrá dejado, para no ser conocido. Digo que tienes buen gusto, y que valiera el arbitrio de tu trasnochar, dinero, si sagaz, y compasivo, como eres espanta amantes, fueras espanta maridos. Pues la ventana ha dejado, sin duda que me ha sentido mi prima, y cerrar no pudo, a saber me determino con quien hablaba, que son peligrosos los indicios, que me persuaden juntos; pues a tal hora, y en sitio tan desusado, él acaso no pudo haberla traído, que aquesta pieza divide los dos cuartos, y es preciso, que pues a la calle sale, y al jardín las otras, quiso desta valerse su traza. para amorosos delirios. Y dime, si no te enfada. ya que la mala obra hicimos, no será bien que logremos lo que aquel tonto ha perdido? De qué suerte? A la ventana puedes llegarte, y fingido, pasará que esto es de noche, un amor falso por fino. Fuerza es que la voz conozca. Decir que has enronquecido con el sereno u decir, que con la prisa, y el ruido que hubo en la calle, perdiste la voz con que habías venido. Que disparate. Pues yo no solo aqueso he perdido; pero el juicio, y otras cosas. Dos hombres allí diviso; pero ninguno se acerca. A llegar me determino, si tú no quieres. Aguarda. no miras que se aura ido de la ventana. Ya llegan. A la experiencia remito la disputa, que hay mujer que llevada del capricho, de que salió a una ventana, u por amor, u por vicio, no dejará el sitio hasta que cojan por hambre el sitio. Pues a qué quieres que aguarde? Aqueso no me lo ha dicho, mas agora lo verás, señora. Quién sois? Qué lindo, Mira si aguarda. Que dices Lirón? Que así a los tiros aguardaran las perdices, Quién sois? A lo que imagino un hombre que estaba hablando aquí con vos. Este ha sido sin duda el que con mi prima hablaba, más no apercibo por el eco la persona. Fingiré hasta descubrirlo, tan aprisa os olvidáis. Aqueste no ha sido olvido, sino querer enterarme de la verdad. Iesu Cristo, ella la tragó. Ay tal loco. No me turbes el estilo. Cuando de mi os apartasteis, no os despedistes? Lo miro mejor, y que a recibirme volváis, agora he venido. No merece ese retorno, si la metáfora sigo, ingratitud que en un punto quiere mudando de arbitrio ser por su gusto al ajeno, olvidado, y admitido. O que linda jerigonza, quiero responder lo mismo, si acierto con los vocablos la metáfora, y olvido, que al punto ingratitud muda en retornos, y en arbitrios por el ajeno su gusto, me dan lo que yo no pido. No entiendo lo que decís. Tampoco yo os he entendido a vos; pero eso no importa, que con eso descubrirnos no podremos uno a otro. Mal mi confusión descifro, que no es digno ese sujeto de ser de Laura querido. Mas que este loco me mete en algún empeño. Digo, que discurrís muy discreto. Soy yo muy bien entendido. Ya lo advierte mi cuidado. Pues no lo habéis conocido hasta agora, habiendo tantas noches que parláis conmigo? Si será verdad, más no, que aunque la voz he fingido, siempre el eco le avisara, poco curioso el cariño fue siempre. Pues aliñarle, porque yo soy más amigo de lo aliñado, y curioso. Decidme agora os suplico, si queréis mudar de nombre, para que desconocido, si alguna noche os llamare, seáis. Mudaré vestido, cara, cuerpo, voz, y talle, cuanto más el nombre mío, llamareme don Gaiferos. No sino es, decid el mismo que tenéis, y de esa suerte otro haremos parecido. Nombre me queréis poner? pues soy acaso perrillo de salda, o me bautizáis? Conocerle así consigo, Él se ha de perder agora. En la trampa hemos caído. Decir el nombre excusáis? Hombre de nombre no he sido, nunca por mi corta suerte, y así no sé qué deciros. Aparta necio: señora, que perdonéis os suplico a este loco. Que no pueda un criado ser bien visto jamás, que luego su amo no le haga mal partido. Pues quién sois vos? que así habláis? Ahí es un entremetido, muy desvelado de noche, sin ser Don Diego, ni lindo. Señor, soy un atento, fiel desgraciado testigo, que de los bienes ajenos envidia amantes delitos. Ya la experiencia se ha errado pues que de los dos no ha sido ninguno, el que con mi prima hablaba puesto, que admiro, como la disculpa atenta seña del acaso ha sido. Señora no le creáis. Confusa a tan atrevidos arrojos, preguntar quiero, de llegar aquí el motivo a vos, y a vos de quejaros, la causa de haberlo visto. Pues a mí me preguntáis primero, primero digo, que la causa, que lo causa, solo fue hallarme baldío, cuando de aquí vuestro amante se apartó, y haber querido viéndoos también baldía, entretenerme un poquito. Yo señora, deste loco guiado, con el indicio que dice a oíros llegué, donde del suave estilo con que suspendéis el aire, suspenso también mi oído, no quiso el gozo del alma estorbar con el aviso: de aquí nació el sentimiento, con que atento juez admito en penas de un envidioso, glorias de un favorecido, Que cortesano lenguaje, aunque ya imposible miro mi curiosidad, me huelgo de que Laura no haya sido de su desvelo, cuidado, saber si me ha conocido, solo me falta, y saber quién es. El perdón os pido por entrambos. No le deis, si pudiere ser el mío, señora; porque es mi amo de pagar tan poco amigo que si con él se me queda, no le cobraré en un siglo. Como me digáis, quién sois, yo os perdono. Y yo lo admito, pues que doy razón con eso de no haberos conocido, error que en un forastero solo disculpa ha tenido. Forastero? Si señora. Y tanto que no ha dormido si quiera por cumplimiento en este lugar. Venimos. esta noche de Sajonia, y habiendo de ser preciso para un negocio que le importa hablar al Conde Mauricio, cuya obediencia le llama, y no encontrándole, quiso la curiosidad hacer del divertimiento alivio. Cielos, que es esto que escucho? Este sin duda es el hijo del Conde, que por mi hermano ya en mi remedio le admito, el retirarme es forzoso, no el eco deje al oído, habiéndome de hablar luego, de la memoria un testigo, y sabéis que sitio es este? Que es de Palacio me han dicho sus criados el terrero. Y el confuso laberinto de conceptos fondo en raso a mí me parló lo mismo. Pues idos, y no profanen lo sacro de su retiro con divertimientos logros, que se alcanzan con suspiros. Fuese, y cerro la ventana: a quién habrá sucedido, que halle la inquietud a donde iba a buscar el alivio? Ay más gentil bachillera, suspiros pide de vicio, moneda de los infiernos, a donde todo es gemido? Ay Lirón, que soberano entendimiento! Ay que lindo! si te habrás enamorado? Qué voz tan dulce, qué hechizo tan suave al gusto! Miren qué buen pernil de tocino. Vamos que ya es tarde. Vamos. y pues que no hemos dormido ya que amanece, por sueño tengamos lo que hemos visto. Mas es profecía que sueño, sueño que tanto ha podido. En mi ha sido por la mala noche, pesadilla el mío. Tu ciego desasosiego, no siendo amor, es rigor. Pues dices que no es amor, para qué le llamas ciego? De que Margarita ajena de tu desvelo saliese a buscarte, y no te viese hablando, te ha de dar pena? Dámela, ya que supiste así argüir mi cuidado, el ver que se hubiese estado hablando, como dijiste después Pues no puede ser que no fuese el forastero con quien hablase? No infiero que otro pudiese allí haber. Y Ricardo? Con Ricardo tanto tiempo no estuviera, que luego le despidiera. Pues no es Ricardo gallardo! Si, más ella le aborrece. Calla, que aquese desdén es política, que bien en las deidades parece y no hay ninguna que sea de proceder tan injusto, que tenga de dar disgusto a amante que la desea. Si, pero quién le podía avisar que allí estuviese aguardando a que saliese? Su amor se lo avisaría, pero en ti (cuyos desvelos por vanaglorioso gusto, ni dan pesar, ni disgusto, ni causan amor, ni celos) Qué viene a importar, que fuese él con quien habló Lisardo el forastero? o Ricardo? u otro que no conociese? Nada, más de no querer, que de mi entretenimiento desvaneciese el intento, si lo llegase a saber. Y si con Lisardo a hablar llego el engaño que ves va perdido, porque es muy fácil de averiguar. Cómo, si él no te conoce, pues te juzga recatada, de Margarita criada, sin que otra noticia goce? Si aquese corto interés de hablarme sin conocerme llego a descubrir, perderme, forzoso al decoro es. Capricho extraño del uso tu voluntad ha seguido. Desde que por mi atrevido a tanto riesgo se expuso, cuando (siguiendo en Velgrin una fiera, sin mirallo) pudo arrojarme el caballo en los cristales del Rin, te confieso agradecida, que le estimo, y más creyendo, que es muy noble, a lo que entiendo, aunque en premio de la vida que me dio, de mí no alcanza más favor que el que le da, cuando en esa reja está, un amor sin esperanza. Todas las veces que escucho ese suceso, me admiro de su recato, y retiro. Con aquesa duda lucho yo, y vencerla no he podido, solo me llego a advertir, que le importaba vivir recatado, y escondido; y así entonces no aguardó a que mi tío llegase, y satisfación hallase la acción que así le ilustró, con que pudo mi fineza por mostrarse agradecida, mejor al darme le vida, encubrirle mi nobleza: en esta conformidad todas las noches nos vemos, y como sabes, tenemos secreta nuestra amistad. Aves noturnas, si os ruega amor a que le sigáis de noche; por qué no vais a enamorar a Noruega? Margarita viene, calla. Disimula tu cuidado. Prima, mucho has madrugado. También tú, pues que te halla tan temprano mi desvelo. Aun accidente sujeta toda la noche inquieta he estado. Algún mal recelo, porque suele un accidente, si da lugar el cuidado que de un peligro amagado resulte un daño evidente. Cuidado, que su codicia ya descubre en el lenguaje. Pues yo haré que se baraje. con mi engaño su malicia, y tu prima, con qué fin sales a hacerle al Sol salva? Quise lograr con el alba las flores de ese jardín. Curiosidad escusada es registrar sus favores, cuando matices mejores a tu hermosura traslada: déjalas, ya que las veas de su frescura gozar, para qué es bueno estorbar favores que no deseas? Si el aurora amaneciera siempre a solo matizar, en vano era el registrar la vida, lo que entendiera: mas suele también salir a dar con su claridad nueva luz a la verdad, que no se pudo encubrir: y así a aprender a no errar viene en su vista mi fe, porque de esa suerte se lo que tengo de estorbar. No puede haber cosa en ti que de enmienda necesite, que la grandeza no admite empeño que es contra si. Que así lo tenga entendido tu conocimiento aguardo, mas allí viene Ricardo A lindo tiempo ha venido. Qué rigor! sin que oprimir pueda al odio la razón, se me inquieta el corazón siempre que la llego a oír. Con la licencia que tengo, y la posesión que aguardo, mientras que en lograrla tardo, a solicitarla vengo: todo un afecto prevengo para lograr un cuidado, que el favor que me ha negado vuestro poco gusto atento, descortés al rendimiento la voz común me le ha dado. Mal seguro os apercibo en la noticia que gano, pues os pagáis de lo vano, cuando os teméis de lo esquivo: ya que en la elección altivo, el consuelo habéis hallado, si es que estáis enamorado, no hagáis burla del desprecio, que os podrá tener por necio, quien os viere tan pagado. Agradecer mi ventura no es faltar al rendimiento. No, pero es divertimiento con que la pasión se cura, y quien el premio asegura, se olvida de la vitoria. Amor como todo es gloria, a gozar solo está atento. Y tendrá el entendimiento sin voluntad, ni memoria. Que tan cruel me tratéis, cuando tan amante os sigo? Lo hago por si os obligo con eso a que me olvidéis, que os aborrezco sabéis, y porfiando obligáis no a amor, como vos pensáis, sino a odio, y a rencor; pues qué os quejáis de mi amor si vos mesmo le irritáis? Que haya hombre que aquesto oyendo ose mirarla a la cara? En todo es mi suerte avara, ni la entiendo, ni me entiendo, ella me está aborreciendo, y yo la estoy adorando. Que se vaya deseando estoy ya. Rigor violento. acábeme tu tormento, no me esté siempre matando. No así Margarita dé que decir tu afecto odioso, mira que ha de ser tu esposo. Primero me mataré. Corazón, qué la diré? Todo ese amor para cuando logréis, podréis ir guardando. Miren qué bien que lo aliña, y sabe estarse la niña toda una noche parlando. Quedad señora con Dios, y perdonad ofenderos, que la culpa de quereros quién la tiene, sino vos? imposible entre los dos me parece que ha de ser aqueste mal de vencer; pues no es posible allanar, ni vos dejar de olvidar, ni yo dejar de querer. Viva Federico, viva nuestro Príncipe gallardo. Pero qué voces son estas? Ecos son de mi cuidado. Inquietud nueva se escucha. Gran alboroto en Palacio ay. De mi desasosiego pronostico triste aguardo, mas el Duque mi señor de Mauricio acompañado a esta cuadra sale ya. Cielos, si habrá ejecutado lo que tratamos los dos? mas allí, sino me engaño, con un forastero viene, quién duda que es él? Hoy salgo, pues me ayuda la fortuna de la opresión de un tirano. Viva Federico, viva nuestro Príncipe gallardo. Agradecido os estoy, tanto como asegurado de la verdad. Federico llegad, llegad a mis brazos segunda vez como hijo. Dichoso yo, que encerrado en la obscuridad mayor el mejor lucero he hallado. Margarita, la feliz suerte ha dispuesto contrario suceso al que amenazaba lo caduco de los años: el Cielo ha querido darme después de recelos tantos, la vida de Federico bien creo hija que te traigo buena nueva, Margarita, mi ambición al escucharlo, en ello se goza, como si lo hubiera negociado. Abrazad a vuestra hermana. Alegre llego, y ufano a ofrecer a su hermosura un amante, no un hermano. Qué bella que es Margarita, no en vano la han alabado por milagro del deseo. Siempre seré la que gano, si estas dichas me previene la fortuna sin pensarlo. Mucho te miras, señora. que Laura del nuevo hermano. Qué te parece? No sé. El descuido hizo el reparo. Laura mi prima os aguarda. Yo a su deidad me consagro. A mí el parabién me doy. Del forastero Lisardo con aqueste opositor, no le arriendo lo ganado. Muy galán es Federico, mas mi favor muy hidalgo. Sobrino, no os extrañéis. A vuestras plantas, Ricardo, a daros el para bien como pariente, y vasallo, llega. A mis brazos llegad como amigo, asegurado, de que lo he ser en todo. El Cielo os guarde mil años. No se ha de llegar la mía? que por ver al Duque rabio. Dadme señor a besar vos las plantas, entretanto que la mano a Federico le besan otros; veamos cuál puede más. Quién sois vos? Es Federico mi amo, aunque a veces, si lo advierto, él suele ser mi criado. Criado? cómo? No haciendo nada de lo que le mando. Humor tiene. He aquí por qué no puede un hombre en Palacio ser encogido ni ser tampoco desenfadado; que si es encogido, dicen que allá le ha llevado el diablo, y si es esparcido, le hacen de humor, conque aquí reparo, que no puede uno escaparse de bufón, o mentecato. Airoso despejo tiene cierto para hombre ordinario. Vasallos, ya quiso el cielo, que habiendo esta prenda hallado asegure en mi vejez el acierto, y el cuidado: al Conde Mauricio debo la suerte, pues desvelado en darme gusto sacó a luz el fingido engaño de la muerte de mi hijo: ya tenéis, Duque, vasallos. Viva Federico, viva. Es tan feliz para todos la nueva, que ya mostrando lo que se alegran de oíllo con festivos aparatos, con fiestas, y regocijos está el pueblo alborotado. Y solo yo el sentimiento de mi pena sufro, y callo. Luego conocí que estaba para Duque perdigado Federico; quién creyera que en una noche un Ducado ganara, quien en su vida no supo ganar un cuarto? Yo les agradezco a todos el gusto, y el agasajo; y porque mejor se logren a hacer con su vista ramos, más empeño en su lealtad, id todos acompañando a Federico. Ha rigor! a os veces celos me ha dado, una en suspender mis bodas, y otra en quitarme el aplauso. La novedad ha admitido con poco gusto Ricardo. Qué mucho, siente este juzgo la suerte le ha barajado. A aquella de los ojuelos morenos, desde hoy la marco por rica, que también tengo de tener yo mis cuidados. Vamos, señor, que es muy justo, que para gozo tan alto ayude con su alegría el aliento: más cansado, ay hijo del alma mía, ampare el cielo el engaño. Lindamente lo hizo el viejo, pero bien ha trasnochado. Ya, señora, no podrás quejarte de mí. El cuidado sabré agradecer, y sabe muy bien vuestro hijo granjearlo Ay hermosa Margarita, digno felice milagro de naturaleza! quién pudiera no ser tu hermano! Si así empiezas Federico a inquietar asegurando el peligro en el remedio, mi prevención ha buscado. Ay más raras aventuras, y que no haya yo topado con un padre de provecho con escoger entre tantos.
JORNADA SEGUNDA
Flora, yo no me floreo, ni tu presumpción me ataja, ni me has de llevar ventaja en la junta del bureo. Aunque eres bufón, Lirón, con tu gusto, no me ajusto, que ni aun en verano gusto de frialdades de un bufón. Sin interés, si te agrada te piensa amor pretender; déjate, Flora, querer, pues que no te cuesta nada. Mal conocidas entiendo te ciegan tus agudezas, pues dar de balde finezas quieres a mí que las vendo? De Federico el favor merecer, no desconfíes, si me quisieres. No fíes en favores de señor, fuera de que ya importuno tan triste anda desde que en otro estado se ve, que no es de provecho alguno. La mucha grandeza en él causa ese engaño prolijo. Sin duda por él se dijo aquello de no es la miel. Margarita a mis frialdades acomoda su afición. Siempre las señoras son amigas de novedades. El Duque también hará por mi lo que le pidiere. Y después, si se ofreciere, que te ahorquen mandará. De ese temor te desvía, que no he de morir ahorcado. Pues sábeslo tú? He estudiado un poco de Astrología. Qué dices, Lirón? Que soy único en ciencia tan nueva. Quieres que veamos la prueba? De ese parecer no estoy. Mal para tal ciencia, salvo el ver que cerrado esté de mollera. He aquí por qué no puede un hombre ser calvo. Pero dime de verdad, si algo te debió mi agrado? Ya la patarata ha obrado. Si es cierta la habilidad. Cierta? a dudarlo no pases, yo soy por tablilla sabio, porque tengo mi astrolabio, mis esferas, y compases. Mucho me admiro que tanto sepas. Soy docto de prueba, así en la burla se ceba. Tú esferas? parece encanto. Pues de eso te maravillas? yo hallé la cola al dragón, del carro he tirado, y son mis parientas las cabrillas; y puesto que lo has dudado, pregunta lo que quisieres, y la respuesta que esperes en mi ciencia habrás hallado. Qué le preguntara yo, para ver si era verdad? Lo que la curiosidad en cualquier mujer obró! Así, ya se me ha ocurrido cosa, que aunque sucedió, no la pueda él saber, no, y si es que yerra, corrido quedará; y si fija fuere su ciencia, y lo acierta, Laura, sus confusiones restaura. Pregunte lo que quisiere, que con responder trocado, y en duda sin resolver, si puede, o no puede ser, seré Astrologo afamado. Digo, que una dama estuvo una noche a una ventana parlando, libre, y ufana con un hombre, y aunque anduvo otra por saber quién era, nunca lo pudo alcanzar, y así por no lo dudar, preguntar quién fue quisiera. A pedir de boca vino el cuento que yo me sé, pues yo con quien habló fue, desta vez soy adivino: y cuantas noches habrá que sucedió? Seis cerradas. Y a qué hora? A las dos dadas. Pues presto quién fue sabrá, en esa hora, era ascendente Capricornio, y significa, si con Saturno se aplica, que le faltaba algún diente al que llegó a hablar con ella, forastero entretenido, y porque en la cuarta ha habido retrogradada una estrella; significa, que apartado otro del sitio se ve, porque en aquel punto fue de un su musico avisado. Otras cosas no repito, porque no son menester, y basta para saber que sé mucho, esto poquito. Cierto que no lo creyera, cuanto pasó me ha contado. Miren, y cuál se ha quedado, como si de veras fuera; pues más tengo que decir. Que? Que? quién era la dama. No necesita tu fama para mí de prevenir más testigos, que sabrá tu ciencia, como se ve, que de Margarita fue ese lance. Claro está. Que con el que hizo el reparo, Laura aura estado primero, hasta que vino en su agüero Margarita. No está claro? miren por dónde he sabido más de lo que yo esperaba: así la mujer alaba ciencia que no ha conocido, pues con un indicio leve, que un embustero aliñó, él a ella la sacó, más que él a decir se atreve? Mira Lirón: más allí viene Laura hablar, no puedo. Aqueso es lo que yo quiero. Me verás otra vez? Si. Pues a Dios. Así te vas, sin que de mi amor te deba algún alivio la prueba? Tu mi fineza verás. Señores esta ocasión reparen, que en mi sentir, no hay cosa como mentir para ganar opinión; y por varios pareceres este remedio vulgar de querer adivinar es único entre mujeres. Dadme los brazos, Leonido, segunda vez, que el contento que tengo con vuestra vista, no iguala con el deseo, que de veros tuve, pues la noticia que nos dieron de que erais muerto, estorbaba a la esperanza de veros. Yo os estimo la fineza, y bien se ve, pues rompiendo el secreto con que vivo, yo también a veros vengo Por allí pasa mi amo, mas no es Leonido el que veo? Él es, que ha resucitado, y este milagro no es nuevo, porque el aire de Palacio le puede dar vida a un muerto: con todo aqueso lo dudo. De esa noticia de incierto acaso fue la desgracia de un no pensado suceso, a cuyo fin os procuro, puesto que en estado os veo de poder valerme, sino como hasta aquí previniendo, que la suerte que gozáis, no moverá impedimento para valerme de vos, pues a la verdad atento con qué fines nos criamos, y en vuestros merecimientos advertido cuerdo hallo, que el feliz estado nuevo en que vivís, solo es en nuestro conocimiento, para con todos grandeza, y para mi dicha, puesto que a la amistad nunca muda el estado el parentesco. De la verdad con que estimo vuestra persona el efeto, para que me procuráis servirá de desempeño: hablad, y pues conocéis, que el estado en nobles pechos; no muda naturaleza, con aquel estilo mesmo, que nuestra amistad usó, aguardo vuestro suceso. Vaya, porque se divierta en algo, pues quiso el cielo a tan buen tiempo traerte, sirva, señor, de remedio, tu relación a lo triste, melancólico, y zahareño de su condición, que ha dado en no estar ya de provecho después que señor se ve, que imprime carácter esto. Estas nuevas siento mucho, Federico; pues qué nuevo accidente vuestra pena, mezcló con vuestro contento? Ay de mí! no renovéis males que con vos divierto. Haréis que pierda al oíros la confianza en que vengo, de que me habéis de amparar, si en vos extraño el silencio me niega comunicado lo que le aflige encubierto. La novedad que me tiene tan fuera de mi os prometo, que no sé si la averigüe, aunque sé que la padezco; y pues digo que vos sois solo quien en este tiempo de su profundo letargo despertó mi sentimiento: contentaos con el alivio, sin alterar el remedio: ay divina Margarita, cuan imposible lo veo! En eso, no hay que cansarse; no le harán hablar diez legos, once Monjas, veinte dueñas, un recién nacido, un preso, que puede enseñar a hablar a un mudo de nacimiento; aunque le dieras a oler una perdiz, un conejo, una gallina, un capón, una torta, y un torrezno, que sobre todo es el que puede hacer hablar a un muerto; pues si a mí me lo ha callado, que soy su entretenimiento, su privado del placer, su embajador del bureo; quieres que a ti te lo diga? Mal fundas el argumento. No fundo, por qué un señor antes tomará consejo de un bufón, que de un Letrado, y descubrirá su pecho con más libertad a un pícaro, que a un Caballero. Creed Leonido de mí, y de lo mucho que os quiero, que si supiera explicar mi mal, vos fuérades dueño de su noticia, y así que no os embarace os ruego el no deciros el mío, para no saber el vuestro. Habiéndoos yo menester, fuerza será obedeceros, aunque el sentimiento saque a la vergüenza los ecos, Pues salte fuera, Lirón, ya que el escrúpulo advierto, porque con menos testigos haga el embarazo menos. Mejor es que no te vayas, que ya en tu sospecha puedo perder más que en tu noticia, y malicioso el deseo, no será bien que fabrique siniestramente el concepto, demás de que tu lealtad me asegurará el secreto. Que no es siempre forzoso ser los criados parleros. Que desde nuestra niñez juntos nos criamos, creo que será ocioso acordarlo; pero no obstante lo acuerdo, porque vuestra obligación haga mayor vuestro empeño. Pasamos aquella edad de los avisos primeros en Sajonia nuestra patria, hasta que amigo creciendo, supimos que una alma sola era capaz de dos cuerpos, pues sin dividirse aquella, se separaron aquestos, fue la razón, que obediente vos a Mauricio, y inquieto yo del ocio con que siempre mi madre me crio, viendo que mi espíritu gallardo se ultrajaba en sus preceptos, sin su noticia partí con las armas del Imperio en servicio de su Cesar mi valeroso ardimiento: de manera Federico, que nos hallamos a un tiempo vos en Sajonia estudiando, y yo en campaña sirviendo, actos donde iguales lidian el discurso, y el esfuerzo; puesto que para adquirir entre marciales estruendos, opinión, son necesarios los avisos del ingenio, y para lograr también aplausos en el acierto de los estudios, valor es necesario supuesto que de las dificultades que encuentra el entendimiento, las más veces el valor facilita el desempeño, de suerte, que aunque parecen dos ejercicios opuestos, Letras, y Armas, la fatiga, halla conexión entre ellos tan grande, que la experiencia dice que son uno mesmo: mas dónde tan apartado del volcán en que me enciendo, voy buscando digresiones, que embarazan mi consuelo? pues no acaso es prevención, si, pues mi mal previniendo el dolor de pronunciarle, busca advertido este medio, para embarazarme el labio, y en parte se lo agradezco, por no ofender el oído. Ved cuál será el fundamento de un dolor, que solo alcanza el alivio del silencio, mas para que salga al labio, que no tengo por remedio, que calle la lengua, cuando está hablando el sentimiento, yo estoy agraviado, ya ya lo pronuncie, y no puedo volver a cobrar la voz; pero podré por lo menos para mi alivio callar la circunstancia del fiero agravio que me atormenta, y no es menester, supuesto que para ampararme vos, harto en callarla os empeño, y para vengarme yo, siempre conmigo la tengo, tibieza os parecerá haber conocido el dueño del agravio, tener vida, y no estar yo satisfecho: pues no Federico, no, no es tibieza, si contemplo que a la ofensa valeroso solicité el desempeño, entonces a todo trance de honor, y valor atento; pero como desvalido, y desconocido, fueron tan vanas las diligencias, que en vez de buscar remedio a mi fama, el agresor asistido de terceros, viles para mi deshonra, con el pundonor queriendo quitarme también la vida, para asegurar su riesgo, me acometió, o por mejor decirlo, me acometieron él, y sus parciales, dando a mi vida tanto aprieto, que de mortales heridas, casi en el último aliento, en vez de teñir la espada, esmalté el piadoso suelo, que a mi ser casi cadáver le sirvió de monumento. Huyó el cobarde, y de mi la piedad cuidando luego de un criado, me curé; pero con tanto secreto de mi desdicha obligado, y a mi desagravio atento, que deste lance nació tenerme todos por muerto, hice varias diligencias, después, y sabido habiendo quién es el agresor fiero de mi mal, a Cleves vengo a satisfacer mi agravio, callar, que es Ricardo, quiero pues siendo de Federico tan cercano el parentesco de Ricardo, no es cordura decírselo, pues me arriesgo cuando no a que le defienda, a que le avise a lo menos. Partí a Cleves, como digo, buscándole, pero el Cielo, o piadoso con mis males, o con mi vida severo, añadió otra circunstancia, aunque de menor tormento, a mi cuidado, amigo no de menor desasosiego: fue el caso, que yendo un día a persuasión del deseo, siguiendo de mi enemigo los pasos del escarmiento, desde ese vecino monte, que el Cielo escala soberbio, vi una dama en un caballo, que de la obediencia huyendo de la mano, dio a entender, que no hay para brutos freno: precipitado bajaba tan veloz, y tan ligero, que sin temer su peligro, solicitaba el ajeno: logró su cautela, pues en los cristales cayendo del Rin, entre sus espumas apagó sus ardimientos: este espectáculo dio movió a mi osado aliento de variar las intenciones, que cuando en el noble pecho los dos afectos litigan, de ira, y piedad, siempre vemos, aunque porfíe la ira, que la piedad es primero; socorrila en fin, sacando de mis brazos en el puerto su vida a salvo, contrario fue de los dos el suceso, porque librando la suya, quedó mi vida en el riesgo, conoció la deuda, mas yo que la seguían viendo, para no ser conocido, me aparté de sus luceros, mucho fue ver un peligro estando de otro tan ciego: mi nombre quiso saber; pero yo el nombre fingiendo, supe que de Margarita era dama el digno objeto de mi amoroso cuidado, sin que pase este suceso, y que no es de Margarita criada la del terrero; mas que a oírla algunas noches en un balcón del terrero, a donde afable nos sirve la seña de un instrumento de vernos, y retirarnos, y en esto en fin pasó el tiempo que la venganza dilato, procurando con silencio, y con maña ejecutalla, por no perder este empleo, y por no arriesgar la vida: porque no tengo por cuerdo al que despierta el agravio de la venganza al estruendo: este, noble Federico es el dolor que padezco, esta la injuria que callo, esta la pena que siento, y este el lance a que os obligo, valedme, pues quiso el Cielo conseguiros el estado que os diera el merecimiento: poderoso es mi enemigo, mas no mi valor por eso desconfía, siendo vos mi valedor, para esto os busca mi confianza, si solicita mi aliento, os procura mi amistad, a vuestros pies para esto me ha traído mi desdicha, Valedme en mi mal, supuesto que valer a un desvalido, es de la grandeza empeño. Llegad Leonido a mis brazos, advertido de que en ellos os asegura mi amor esta amistad, y este acero, y porque veáis que estoy a vuestro dolor atento, preguntaros no he querido, quién es de su causa el dueño, pues si tengo de ayudaros a todo trance dispuesto, no quiero que me embarace la noticia de saberlo. Antes que mi amo prosiga, porque yo se de ese cuento, no menos que la mitad, responderte agora quiero. Has de saber, que yo soy Astrologo aventurero. Calla loco, que no siempre vienen las burlas a tiempo. Que llamas burlas, la dama que a Leonido le dio perro, ha sido Laura tu prima; pues de qué puedes saberlo? De que yo soy adivino, ay tal: No quieres creerlo? Según eso la que estuvo con los dos hablando, es cierto que fue Laura? Aquesto no. Cómo no, si al punto mesmo que Leonido se apartó, según las señas tenemos del instrumento avisado, porque en la calle nos vieron a los dos. Luego vos fuisteis el que estorbó mis intentos. Yo fui, que recién venido, aquella noche al terrero, para esperar a Mauricio quise salir, a hacer tiempo. Digo señor, que no fue, porque Margarita habiendo sentido a Laura, salió, cuando ella el peligro huyendo al mismo tiempo se esconde, y por saber los que fueron los que con ella parlaron, dio lugar a nuestro encuentro, y vese bien, que es verdad en que, ni la voz, ni el eco reconoció de los dos Eso me obliga a creerlo, más que nada: qué rigores son los que me cercan, Cielos! No bastaba de la vista el fuerte, el mortal veneno, si no es que el de los oídos también me abrasara el pecho? Creerás ahora, que soy Astrologo sin remedio? Nunca creeré tus locuras. Por otra parte saberlo pudiste también. Señores, que me corren el ingenio, oyen, pues, sino me vale algo el oficio, le dejo. Extrañas cosas me dices. Ay hombres que saben de esto mucho. Pero en fin no fue con quién habló el forastero? No, según dice, más mira que Federico. Qué veo, no es Lisardo con quién habla? Dices bien. Pues con silencio nos retiremos a ver, si oír lo que hablan podemos. Decidme, y supo Leonor vuestra madre, que fue incierto el aviso de la muerte? Sus diligencias hicieron evidente la verdad, con cuyo conocimiento me asiste aquí recatado, aunque poco ha tuve un pliego, que es para Mauricio a quien me encarga advertida; pero yo le guardo prevenido de mi dolor, no queriendo que ofendido me conozca para dársele a su tiempo, que como a todos me oculto, me recato dél. Pues helo helo allí, y al Duque. Pues Federico, dejemos hasta mejor ocasión mis disinios. Antes quiero que os retiréis a mi cuarto, donde podremos sin riesgo hablar, Leonido. Leonido le ha llamado. Ya lo veo. El nombre a ti te mintió Tus ordenes obedezco, con esta ocasión seguro podré lograr mis intentos: ay Laura, cuanto me debes, pues por ti sufro, y espero, aunque de saber quién eres, mi precipicio recelo. Lirón, tú puedes guiarle. Si para mozo de ciego valgo algo, templa la gaita tu, que no faltará perro. Has escuchádolo todo? Si, más nada de ello entiendo, solo el saber me consuela, que es Leonido Caballero, aunque en mentir no lo es. Mucho más lo ha sido en eso. Vámonos, que mi tío llega Federico, pues qué es esto, tan solo? A veces alivio hallo un triste en el silencio. Poco te debe mi amor, pues aquel retiro menos echas, que sin mi tuviste. Porque no puede ser esto antes pagar mi fineza la deuda de un sentimiento, que justamente me cobra la media vida, en que os pierdo? Cuanto llora mi ambición, cuando en tal puesto le veo que no satisfaga alegre. su gusto con mi contento! El Cielo me dio dos hijos, y en entrambos me dio el Cielo, que temer, y que dudar. Federico, yo pretendo que con Ricardo tu hermana Margarita temple el fiero desdén, porque es importante a mi conveniencia, y quiero que sea por medio tuyo. Nuevo sentimiento, Cielos? que me abraso, llegue a priesa de su desdén el remedio: pues en qué estado tenéis, Ricardo, vuestros deseos? En mis deseos, está amada como primero, y admitida esta fineza como siempre en su desprecio: eso si respire el Alma de la tema de su fuego. De amado, y aborrecido en la diferencia, pienso que más crédito consigue que amor, aborrecimiento. Extraña es vuestra opinión. Extraña, más aun por eso debe admitirla el que quiere hacer único su aspecto. Y en qué se funda? En que mas firme se muestra, el que menos tiene a qué corresponder, pues desesperado al riesgo, siempre expuesto de un rigor conserva un conocimiento: mas el que favorecido al desdén le perdió el miedo, hizo una cortés memoria de un villano entendimiento. Bien alentar la esperanza vuestra podrá el argumento. Y mejor pudiera el logro, si a persuasión de su ingenio diera en la solicitud, Margarita, el cumplimiento. Si con Federico hallara el amor tan buen tercero, quién duda que del favor no le resistiera el premio: eso solo me faltaba, mas no faltaba, tormentos, os parece que sois pocos, y añadís dolores nuevos? Si en el gusto de mi padre, que es el más amable imperio no se ha sujetado el suyo, quién presumirá vencerlo? A tu ingenio, y a tu edad será más licito hacerlo que al mío, que ya caduco antes yela con los ruegos. De vos este logro aguardo. Aleves males, qué es esto? mas yo resuelvo intentarlo, que si mi dolor es ciento, que pende de un imposible, otro imposible, añadiendo con el dolor del segundo, quizá sanará el primero: esto ha de ser, penas mías. Admite por mi sosiego su solicitud, que ha mucho, hijo, que yo lo deseo; quizá sus memorias tristes. se divertirán con esto. Si en mi puede algo el cariño que como a Príncipe os debo, en no resistirse una, si yo pudiera mi pecho descubrirte, cuan contrario fuera al alivio el consejo, pues vivirá tu grandeza cuanto viva su desprecio: dar gasto al Duque es forzoso. Todos me pedís aquello que yo deseo, más todos sé que no acertáis el medio: ay margarita divina! Qué amarte puedo, y no puedo, y por castigarme me hacen tercero de mi tormento. Ahora al jardín bajaba. En él hablarla resuelvo, Qué pesar! Ay, hijo, amado! Con poca esperanza quedo de su intercesión, así bajaré al jardín atento yo, pues en él, Margarita, está, para ver si puedo con la vida de los ojos alentar la del deseo. Vamos, hijo. Qué pesares! Margarita, pues es cierto, que no has de poder ser mía, a persuadirte me atrevo que seas ajena, por ver si curan mi amor mis celos. Para qué es la voz, que no sirve, para el mal, ni para el bien, si en amor la queja enamora, pero no alivia el desdén: para qué, para qué, no saber pedir el alivio, y quejarse saber? Sin reparar, de aquesta voz guiado al jardín he bajado por un postigo, que en el cuarto abierto de Federico advierto, siendo mi suspensión en su tardanza, alivio de mi amor, si no esperanza; pues si tan feliz fuera, que acompañada con la voz viniera mi hermosa Laura, pues que Laura ha sido la que así mi memoria ha suspendido, pudiera ser hallara logro en mi fe que su rigor templara. O vosotras hermosas plantas de Amor, de este jardín piadosas centinelas, que el aura más suave, si no torceros, inclinaros sabe, sed terceras, seguras de cariñosas graves travesuras de amor, que con inquieto movimiento, busca entre flores áspides sediento. Para qué, para qué no saber pedir el alivio, y quejarse saber? Puesto que de mi prima me he podido apartar, divertida con el ruido de la música, quiero ver si fue tan curioso el forastero, pues del jardín la puerta con esa industria, Flora, dejó abierta, que en él para obligarme atrevido de amante ose buscarme. Para qué, para qué no saber pedir el alivio, y quejarse saber? La enigma de esta voz afectuosa. De aquesta voz la queja maliciosa. Mal testigo será de mi deseo. No explica bien las glorias de mi empleo, mas no es Leonido? en vano dudo atenta. Pero Laura no es, qué me atormenta? Leonido? Laura? Cómo me has nombrado? Cómo mi nombre tú me has declarado? Porque aunque mentiroso en tus acciones, el Cielo me descubre tus traiciones. Porque aunque ingrata en mis adversidades, el Cielo me descubre tus verdades. Por respecto mi nombre te he callado. Por no ofenderte, el mío te he trocado. Luego tu nombre tan ingrato ha sido, que se permite solo aun ofendido? Luego solo tu nombre se permite a aquel que en el descuido se acredite? No, más sabiendo el nombre, siento, que es cualquier voluntad atrevimiento. No, más si el nombre mío esta agraviado fuera desaire habértele nombrado. Y dejando argumentos que embarazan mayores pensamientos, dame licencia ahora, que me queje, señora, de tu olvido. Detente, que antes que no la queja, es bien que intente saber de tu cuidado, con qué seguro atrevimiento ha entrado hasta aquí? Si te veo, por milagro será de mi deseo. Quién eres, pues, que osado a tanto empeño te has precipitado, sin temer la entereza que te amenaza ya de mi nobleza? Quien soy no se, más sé que noble he sido, y tú lo ves. En qué? En haberme atrevido que de adorarte el alto atrevimiento hijo no puede ser de bajo aliento. De otra prueba tu ser por noble admito. Y en qué lo ves? En que tu amor permito, que si no lo creyera, la vida me quitara, y te volviera la que me diste en paga agradecida, guardando la atención contra la vida. Y pues que yo no admiro que de tu primo llegues al retiro sola, dando licencia, de estas flores la muda fiel presencia, no te admire que de él haya podido, trocado mi color haber salido. Yo que de Margarita voy siguiendo, las pisadas no entiendo, que aunque de Federico el cuarto miré, de mi, por su retiro, me retiré. Ni mi necia porfía a más que a responder pasar podía, dando a entender, que siempre mi cuidado, queriendo bien, que dudes cómo he entrado. Ni aun esa presunción en mi entereza fuerzas le puede dar a la fineza, pues sé yo que no ha sido venir, forzado, donde os han traído. Mas inquieto me deja esa noticia, que traición puede ser, si no es malicia, pues la que has advertido de proprio original habrás sabido. Que Margarita, hacia aquí llega ya. Si ella me quita el bien de hablarte, deja que la vea por ver a quién mi dolor te emplea. Para qué, Para qué no saber pedir el alivio, y quejarse saber? Qué de mí no haga caso? en fuego vivo, de pesar me abraso! Como comas buñuelos, ni amor tendrás, ni te pedirán celos, porque engordan la panza. Que vano está Lirón con su privanza. Por poder divertir la vista un poco de Ricardo, me valgo de este loco. Cielos, qué es lo que veo! no es mi enemigo aquel? Que en fin mi empleo con la venida, de mi primo atento los términos alarga a mi tormento. Si tanto vuestro amor estima sabio, ver de mi sentimiento el desagravio, porque no se ha de holgar, que en la venida de mi hermano dé treguas a mi vida? Porque cuanto dilata amor la herida, su dolor la mata. Señor mío, el casarse no es echarse a correr, si no es echarse, y si no está cansado, no parecerá bien un hombre echado. Cielos! Qué os ha podido así inquietar? Él es. Mirad, Leonido, que descortés, burlando mi decoro, le vais atropellando. Yo os adoro, pero, pero no puedo. Lirón, diles, que canten más. Señores ministriles vaya, pues, les agrada alguna cosa, que no valga nada. Muera, Tened el brazo. Cielos, que de embarazo, así Laura me sirva. Ya grosero, los límites pasáis de caballero Laura, qué ruido es ese? Di que nada, que yo me voy, porque tú asegurada quedes ahora, pues tu amor me apura débame esta fineza tu hermosura. Qué tienes que turbado el semblante, me previenes algún pesar que el corazón altera? No es ya la vez primera, prima que tu cariño vigilante, halla un falso testigo en mi semblante. Y aun por aqueso, mi cariño siente un semblante tratar, que tanto miente. Sin duda el forastero había salido. Mas si acaso ha encontrado con Leonido? Que en mi soberbia, y bárbara locura, tanto pueda imperiosa, una hermosura? Que deba yo el temor que me atormenta, decir que no le siento, aunque le sienta? Que haya yo de culpar por mi decoro, el mismo yerro en que cautiva lloro? No cese de la música el acento, si armonioso embajador del viento, a Federico sabe llamar, y divertir con voz suave, el que viene es: extraña pena es la que de su gusto le enajena. Déjale a solas, mi dolor previene, con Margarita, que de mi remedio embarazar no quiero ningún medio, que aunque en mis celos hay tales recelos, locura es de su hermano tener celos. Al encuentro salgamos que así su soledad triste excusamos. Y yo, por no cansaros me voy, que aquesta vez no he de acompañaros, le importa a mi fineza. Así la hacéis mayor. O qué llaneza! Del fiero mal de que muero, quieren la duda vencer, y no la pueden saber, por más que decir la quiero: quiero, y no saben qué quiero, y yo solo sé, que me muero. Quiero, y no saben qué quiero, yo solo sé que me muero. Quiero un bien solicitado con accidentes de mal, quiero una desdicha igual a la dicha, que he encontrado, quiero un acuerdo olvidado, y un olvido con memoria, quiero una pena con gloria, quiero un silencio parlero. Quiero, y no saben qué quiero, yo solo sé que me muero. Quiero callando, decir lo que no puedo callar, quiero, sin querer amar, amar, más no conseguir, quiero penando sufrir, quiero adorando esperar, quiero esperando olvidar, y olvidando lo que espero. Quiero, y no saben qué quiero, &c. Quédense todas, que quiero hablar a mi hermano a solas, cesen las confusas olas, que en naufrago amor espero, y pues de su mal tercero ha de ser mi mal atroz, vuelva a acordarle la voz. Quiero, y no saben que quiero. Y yo solo sé que me muero. Federico, hermano mío? Margarita, dulce prenda? Por divertirte en los bellos cuadros de esa estancia amena, la música que escuchaste, tiene mi afecto dispuesta. Viendo el jardín tan alegre, viendo las flores tan bellas, viendo el músico festejo, que sus glorias lisonjea, dijo el alma a los sentidos, ya viene la Primavera. Bien se ve, cuan divertido te obscurecen tus tristezas, pues gastar quieres lisonjas, con quien no las aprovechas. El fruto que mis afectos de tus piedades esperan, con dolerte de mis males, aprovechado le dejas. Si el ver en mi sentimiento, sirve de alivio a tus penas, déjalas bien aliviadas, pues bien sentida me dejas. Es que el agradecimiento, hizo del alivio deuda, con que al paso que las sientes, parece que las aumentas. Extraño tu mal se hace, pues la medicina engendra del alivio del remedio la causa de la dolencia: no me dirás, qué es tu mal? Qué le faltaba a mi queja, si yo pudiera decirla, y tú saberla pudieras? Aquese agravio no admito, que ya que buena no sea para aliviarla, porqué no he de ser para saberla? Antes porque buena fuiste, para aliviarla, y vencerla, para saberla (ay de mí!) no eres, Margarita, buena; mas cómo mi sentimiento tanto de mi me enajena, que la embajada a que vengo se me olvida en tu presencia? Tu embajada? Y bien precisa, pues cuando menos, es fuerza que la obediencia asegure de mi padre que lo ordena. Trayéndola tú, quién duda que resistirla no pueda. Yo la traigo, más no sé si es favor esa obediencia: ya sabes, cuanto Ricardo te estima, te adora, y precia. Y ya sabes, qué congoja! cuanto mi padre desea que tomes estado igual a su gusto, y tu grandeza. También sé yo los disgustos, que esta porfía te cuesta, y aunque vencer imposibles es lisonja de la fuerza, pues en lo fácil la maña desautorizada queda, no es bien que la voluntad se sujete a la violencia, que nunca queda segura por más que oprimida queda: y así. Federico, dime, si quieres, cuando me ruega, que lo admita, o que lo deje hacer, las partes deseas de Ricardo, o Margarita, porque tanto mi amor precia tu gusto, que si por él a tanta razón se empeña, ciega, presumo seguirla, y si contradices, ciega también la pienso estorbar, porque en un tiempo me debas, si la admiró, el no admitirla por mi; y si el rigor la deja, el dejarla por ti, con que cualquier peligro se acierta, así ambicioso el deseo descubrirá su dolencia. Terrible aprieto, no sabe mi afecto qué responderla; pues si, que lo admita, digo, hago a mi pasión ofensa, y si digo que lo deje, contradigo a mi promesa: amor, si tanto acobardas, para qué tanto atropellas? Qué respondes? Ea valor, tenga la razón más fuerza que la voluntad, no estragué un sentido a una potencia, muera en mi imaginación, antes de nacer, tan necia, tan bastarda presunción, que aun imaginada afrenta. Dudas? No dudo. Ay de mí! Si habré errado la experiencia? No dudo, porque en llegando a saber que te sujetas a la razón; cómo puede dudarse la conveniencia, que en casarte con Ricardo, mi Primo, clara se muestra? Mal haya mi presunción, que así a mi error me despeña: mas aun puede ser que viva oculta alguna centella: así pienso descubrirla, vuelva a fingir mi entereza; Pues supuesto que es tu gusto, ya a casarme estoy resuelta Qué dices? Que así lo mandas. Te engañase. No desmienta tu memoria mis oídos. Margarita, tan aprisa pude ofender mi deseo? Yo lo dije? No lo creas, debió de mentir el labio, debió de errarse la lengua, no supe lo que propuse, no castigues mi inocencia. Descubriose el desengaño, albricias fortuna adversa. Federico hermano mío, qué te aflige? Qué te altera? Si gusto tuyo no ha sido, tampoco lo es la respuesta: no solamente casarme con Ricardo, más que tenga desahuciada, a mi festejo de mi padre la obediencia, mandaré, que no me asista, diré e, que no me vea, haré. Detente, detente, peor será que se entienda que he sido yo quien lo estorba, y que se presuma, es fuerza, habiéndome así empeñado. Qué dices? Que no quisiera, que así tu rigor se aparte. Pues cómo quieres que sea? Procurando tú vencerte. He de admitirle? Qué pena! No. Pues tengo de dejarle? No, tampoco. Qué extrañeza! cuando mi sosiego busca así en más dudas me deja: qué he de hacer? Lo que quisieres, no me preguntes. Espera. Deja que vaya a morir de haber de callar por fuerza, y muera contento, pues los Cielos quieren que muera. Nunca de dar un pesar vi que un contento naciera, si no es ahora, que el suyo, mis esperanzas alienta.
JORNADA TERCERA
Por las nuevas que he tenido seguras, a lo que entiendo. Sabed que os anda siguiendo a quien habéis ofendido. Sé que en Cleves ha parado del Duque el hijo escondido. Y porque estéis advertido del riesgo, que amenazado podéis temer, os aviso. Y así, porque le busquéis, y con secreto le halléis, ese retrato preciso, testigo será, con que nada se podrá dudar, asegurando primero. Antes que se atreva fiero, podréis hacerle matar. Si él a vos ya no os ha visto. Así os quitáis de un cuidado Mal mi pena persuado. Mal mi cólera resisto. Que al fin hubo de llegar, el riesgo que así he temido? Que así se hubiese atrevido, a seguirme? Porfiar, es en vano contra el hado. No ha de dejar mi desvelo nada oculto. Mi recelo, a nueva pena persuado. Que en Cleves he de inquirir el más oculto lugar. Si lo llega a averiguar el Duque yo he de morir. Pero el Conde es el que veo. Pero Ricardo está allí. Mauricio? Ricardo? Así asegurar me deseo, supuesto que os he encontrado. Mauricio en esta ocasión, quiero que de una traición que ahora me han avisado, tratemos. Valedme Cielos, si acaso Ricardo entiende mi traición y así pretende averiguar sus recelos? Vos solo podéis hacer que la verdad no se encubra. El quiere que le descubra mi culpa en mi parecer. No os admire el escucharme. Hay más pena que sentir! acabadlo de decir, acabaréis de matarme. Si un hombre de vos se viera agraviado. Cierto ha sido. Y os hubieran advertido. de que os buscaba, qué hiciera vuestra prudencia? Yo entiendo, que el riesgo que estoy dudando, el mismo me está avisando, y asegurarle pretendo: el favor agradeciera de quien me dava el aviso, y siendo el riesgo preciso, de aquel mismo me valiera. Aqueso no puede ser por ahora Qué pesar! Que el que me pudo avisar, valerme no ha de poder: Yo tengo un hombre agraviado, y buscando me ha venido, que así me lo han advertido: a lo que ahora os persuado, es, a que vos me ayudéis a saber de él, y si fuere verdad, lo que hacer debiere, quiero que me aconsejéis. Sospechas volved atrás, en bravo aprieto me vi; pues a valerse de mi viene en su pena, y no más: lo que yo puedo deciros primero es, si conocéis a quién es, y si sabéis si él puede a vos descubriros. El lance fue tan rodado, que aunque sé que si le viera, Mauricio, le conociera, de su nombre, ni su estado, no se más, y él de mi sabe según presumo, lo mismo. En este confuso abismo solo la prevención cabe de que viváis con recato, que en publico os excuséis de andar, mientras que podéis averiguar con el trato de forasteros, si es verdad que esta aquí, o si no, y lo mismo, haciendo yo le descubriremos; pues con eso os aseguráis de que descuidado os vea, y la traición que desea haceros, vos la lográis. De vuestro consejo apruebo la prudente prevención, y exceder en esta acción de su mandato no debo, a mi tío avisaré, porque con su autoridad le visite la Ciudad, De hacerlo me encargaré. Pues en aquesto quedáis Conde amigo, el Cielo os guarde. El permita que no tarde la noticia que esperáis. Honor entremos en cuenta, ya que el aviso me llama, quéjese de mí, mi fama, mas mi razón no le sienta. Ambición, cuya locura su fiero veneno emboza, y a cuenta de lo que goza, pone el riesgo lo que apura mujer, cuyo parecer toda confusión predice; pues cualquiera mal se dice, solo con decir mujer: que buscáis en el rigor con que así me atormentáis, cuando a mi daño os juntáis, mujer, ambición, y honor. Ay hijos, cuyos prolijos bienes tanto deseamos, que el pundonor nos quitamos por dársele a nuestros hijos! Ay lealtad, cuya verdad tanta pureza acredita. que la experiencia te quita la fineza de lealtad! Ay fortuna, que importuna en el favor que has mostrado, por una vez que has faltado, dejaste de ser fortuna! Cuan bien de vuestra impiedad escarmentados me dejan los riesgos que me aconsejan hijos, fortuna, y lealtad. Llorad ojos mis enojos, que a vista deste pesar, sino son para llorar, para que quiero los ojos, Este retrato que acusa rudamente mi traición, testigo de mi ambición del peligro no me escusa, aun a verle no me atrevo, que estoy temiendo que airado, si llega a verme, aun pintado, me pida lo que le debo: mas que testigo le llaman mis ojos, ya me socorren, que puede ser que le borren con el llanto que derraman: Margarita el frenesí, que así de mí me enajena, tu le causaste, mi pena voces dará contra ti. Margarita. Quién me nombra. Nunca para un desdichado la sombra de su pecado dejó de servir de sombra. Conde, vos llorando así? qué afecto os inquieta ingrato? Esa carta, ese retrato os responderán por mí. Con nuevas dudas peleo. Pues causastis mi pesar, vos le sabréis remediar. Pues templaos, mientras leo. Que he de templarme, si tardo en mi dolor importuno, no encuentro remedio alguno, sino es la muerte que aguardo. Un Filosofo decía, que el pesar se sustentaba, pues el tiempo que duraba, que estaba vivo sentía; y sentía bien, pues yo siento siempre a la vida traidoras, que son más largas las horas del pesar, que del contento. Ya he leído. Y qué decís? Que tanto no os aflijáis, porque al discurso quitáis la gloria en lo que sentís. Pues una traición tan grave, como al Duque proponer por su hijo al mío, y temer si aquesto presto se sabe, mi deshonra, que el concurso, que admirara novedad tan grande de mi lealtad, sentirla es contra el discurso? Hasta agora no tenéis certidumbre que está aquí, aunque lo escriben así. Pues que lo escriban queréis sin causa? No, más he hallado, que si el hubiera venido, vos lo hubiérades sabido, aun antes de haber llegado. Aun eso más me atormenta, si malicioso lo calla, porque ofendido se halla, y quiere sin que lo sienta descubrirse al Duque, en tanto. Por el retrato buscarle podréis vos, y asegurarle. En vano reprimo el llanto. Bizarra presencia tiene, a afecto piadoso incita. Qué hará sola Margarita? Saber su intención conviene: pero Mauricio está allí, y por señales de enojos, con el pañuelo en los ojos, de hablar se excusa. Ay de mí! Y ella con semblante ingrato, sin que a su pena le asista, suspensa toda la vista la embarga infiel un retrato: pues entrar no me ha sentido, la curiosidad empleo por ver cuyo es; más qué veo! El retrato es de Leonido: como mi pesar reprima, sin quitársele, no sé, extraño lance, qué haré? Mucho me arrebaté, prima? Yras arrojo templado. Cómo tan callando estabas? Miraba lo que mirabas. Extraña curiosidad. No es muy extraña, pues veo que está, cuando así la trato, entre favor el retrato, y en mi contra mi deseo. De mi pena arrebatado, que Laura había entrado aquí tras Margarita, no vi Aquese enigma he ignorado. Señora dadme licencia. A dónde vais? A morir. Pues eso habéis de decir? A huir de vuestra presencia, Conde, con migo venid, y en el festín estaréis, que a mis años. Qué queréis? Se ha prevenido. Advertid, señora. Venid, Mauricio, que allí una experiencia aguardo. Mucho mi duda retardo. Hoy he de perder el juicio. A los años festivos, y alegres Muere traidor. Mas qué es esto? Que así pagas. Ay de mí! A los años. Muerto soy. Seguidle, matadle Allí tumulto de armas, y voces, cuando la música aquí confundiéndose, se alteran? Mauricio a verlo salid. A los años felices, y alegres, que cumple el Abril. Señora, si este sagrado. Qué es lo que miro, hay de mí! Puede valerme, no en vano le vengo a buscar, y así valedme. Leonido es. No os vais ya, puesto que vi, Mauricio, tan cerca el daño. Si sois, Mauricio, advertid señor Conde, que este pliego tengo para vos aquí, y por lo que él os dirá debéis ampararme. Oír debes, señora, también. cuando no por él, por ti su petición, pues no ignoras de su retrato. Advertid, señora, que ya se acercan. Qué dices retrato? En fin por disimular con migo, te quieres tú desmentir? No es cuidado, sino olvido, él es, no hay que discurrir. Muy en la memoria tienes, Laura, el retrato, que aquí ya con el susto estrenaba la semejanza que vi. Señora, sabed. Callad, que ya todo lo advertí. Al cuarto de Federico, pues salida hay por ahí, le pasad. Solo eso espero. mirad. No hay que prevenir, notables cosas comprehendo ah traidor! Laura por ti cualquier riesgo es feliz suerte. A cautela tan civil, respóndate Margarita. Qué dices Laura? venid, si sabéis, llegad despacio penas, porque esto es morir. Fuera de mí estoy. Apenas el susto me tiene en mí. Al aplauso, al festejo, a la dicha del año dichoso que cumple el Abril. Cesen del festín las voces, no vuelva el eco a fingir, que hay gusto, donde hay pesar, y tú, Margarita, así no hagas que trascienda el odio los límites del vivir; ya muerto Ricardo, en vano. Muerto Ricardo, qué oí? Parece que se ha inquietado. Puedes su afecto sentir. Ricardo, señor, es muerto? Alguna enigma hay aquí. No lo dudes. Y quién fue, si lo has podido inquirir, el traidor? Calla, que eres tú la mujer más feliz, que hay en el mundo, pues sabes enviudar antes de ir a casarte. De la mano a la boca siempre oí, que había riesgo, y ahora en Ricardo lo advertí. Disimular es forzoso el contento que hay en mí de mi libertad, a vista de mi padre, y prevenir con la pena el sobresalto, que bien mezclado encubrí. Y dónde el traidor aleve está? forzoso es fingir. Que no salió de palacio, Margarita, oí decir. Pues yo, señor, le hallare, y tu venganza, de mí verá el logro que desea. Los cuadros de ese jardín, donde la muerte le dieron, si le llegan a encubrir, abrasados a mi enojo han de trocar el carmín nativo de su hermosura en rojo, en fausto matiz: y tú, Margarita mía, el prevenido festín, que celebraban tus años, puedes mandar despedir, que no hacen buena cadencia, llanto, y músicas. Salid de mi presencia, no aplaudo nada la pena que en mí es tan justa. Yo entre tanto voy, Margarita, a inquirir; si mis guardas han hallado al aleve? No me oís? Laura, Flora, idos también, dejadme. Su frenesí no entiendo, pues cuando tiene al agresor, descubrir no consiente su venganza, y su sentimiento si: mucho tengo que pensar llorando, a Mauricio vi, el retrato de Leonido, en sus manos conocí a Ricardo aborrecía, Ricardo vino a morir, al agresor le defiende, y de noche habla sin mí. Vámonos. Muchos indicios son estos para mentir. ah Lirón, tu Astrología era menester aquí. Después que estoy en Palacio no hay estrella para mí. Salte, Lirón, allá fuera. Esto no puedo sufrir. Con Margarita solo me he quedado, para más confusión de mi cuidado. Federico, si mal no lo he advertido, de ver mi sentimiento se ha ofendido: Federico? Divina Margarita, tu justo sentimiento no permita que el dolor que le aumenta, sienta tan sin remedio lo que sienta de Ricardo la muerte, que en la venganza se desquite, advierte, pero no tu cuidado en tu pesar le quiera desquitado. envidioso me deja vida que con su muerte te aconseja a ser piadosa, cuando conseguirlo no pudo, y porfiando, si muriendo esperara mi destino, Margarita divina, algún camino de vivir satisfecho, yo mismo atento me rompiera el pecho, Pelicano que amante por sustentar su amor diera constante, a rigores, y penas, la enamorada sangre de sus venas. El alivio que intentas darme, cuando tu pena representas, errando el paso me le ofreces tibio, por sentimiento más, que por alivio. En la muerte infelice de Ricardo, no mi congoja mi remedio aguardo, mira cómo ha podido, lo que gusto me ha dado, haber sentido, pues político, triste mi cuidado, ha fingido el dolor disimulado, que en los peligros con que atenta lucho, me cuesta poco, más me vale mucho, pero no será esta la cosa del dolor que te molesta que te aflige, qué tienes, que siempre que me miras, me previenes un dolor embozado en las dulzuras tristes de un agrado? Por qué de mi porfía tu silencio halagüeño se desvía? tus penas desiguales, porqué me hacen testigo de sus males, cuando la voz oculta la causa de sus males dificulta? Dímela, no te extrañes, y puede ser, que con aqueso engañes, ya que no venzas el dolor violento que infiel le aplica a tu infeliz tormento. Qué quieres que te diga, si crece en repetirlo mi fatiga, y siendo tú quien puedes remediarla, es fuerza que te enojes de escucharla. Mas con aqueso incitas mi deseo, qué causa puede haber, si es que lo creo, que piadoso el oído la resista? Y habiendo ya sabido, que puedo remediarla, darme nuevo pesar, será callarla. Ay Margarita bella! responda tu hermosura, pues en ella solo la causa halla un mal que siente, y un amor que calla. Mi hermosura, que grave desasosiego así quejarse sabe, cuando de otra hermosura estás enamorado por ventura. Si a que la verdad diga, tu pertinaz curiosidad me obliga: sola tú, sola tú con dulce imperio causas cruel mi dulce cautiverio. Federico, qué dices? cómo así a tu nobleza contradices? yo que tu hermana soy, puedo haber sido cuidado atento, ni aun de amor fingido? tu error desacredita. Dices bien, dices bien, hay Margarita! que arrebatado, y ciego imaginaba, cuando contigo hablaba, que a otra hablaba, por otra te tenia, y lo que te decía, la decía la idea la figura, burlando su hermosura en tu hermosura; perdona mis razones, y no culpes como otra mis acciones; que yo. Si serán, Cielos verdad sus dudas, ciertos mis recelos? si acaso enamorado de otra conmigo alivia su cuidado? Que yo vuelto en mi acuerdo, callaré mi dolor amante, y cuerdo. Qué dices (ay de mí!) Muero de enojos. mi pena, y mi dolor parlan mis ojos Guárdate el Cielo, hermana. Detente, espera. Pretensión es vana, que no quiero burlarte segunda vez; ni de mi amor contarte la causa, más me aflijo. Pues no te has de ir, el declararme elijo, que no con migo ingrato: mas en el suelo se cayó el retrato. Un retrato en el suelo se le ha caído, averiguar recelo. Detente. Suelta ingrata, si así me burla, quien así me mata. Que le mires esporo, no encubrirle. No es Leonido? hay de mí! sí. Si descubrirle es mi intención, mejor es que le vea, y el retrato le dé lo que desea: hasle visto? Muy mal mi mal resisto, no es la primera vez que yo le he visto. Luego tú le conoces? Más valiera, que ahora en tus manos no le conociera. Pues yo tanto contento he recibido de saber que a mis manos ha venido, que al alma le he entregado de aquese original otro traslado. Qué pronuncias, tirana, por mi amor, por tu estado, y por mi hermana? pues más callar debieras, cuando por tu cordura no lo hicieras. Pues en qué te he ofendido? si pago deudas de un amor debido, debe hacerlo mi favor ufano, por ti, por mí, y por él, pues es mi hermano. Tu hermano puede ser Leonido? Y puedes no serlo tú, que en su favor sucedes? Pluguiera al Cielo airado, que esa dicha tuviera mi cuidado, pues de dudarlo deja. Mi mismo amor su crédito aconseja, pues no pudiera ser, que tanto afecto creciera libre, si nació imperfecto, que al llegar en la idea a fabricarse, Amor es sangre, y no puede engañarse: declárame este engaño. Entremos en tu cuarto, y de un extraño suceso, juntamente te daré cuenta, y tu valor intente, que con industria, y con secreto modo juntos los dos salgamos bien de todo. Cómo decirte pueda que te quiero, ni riesgo temo, ni peligro espero. Porque en tu entendimiento ha de dudarse, que Amor; es sangre, y no puede engañarse. Tú has de dar cuenta del muerto. Como la puedo dar yo mejor que el que le mató. Que dio cuenta de él es cierto, pero decirte convida, quien le mató sin errar. No me quiero convidar a cosas de la otra vida. Pues de qué te sirve a ti ser embustero, hablador? De servir bien a un señor, que para eso lo aprendí: y tú cuya suerte escasa no alcanza a vello, ni ha oíllo, y eres criada de anillo de los cuentos de esta casa: porque has de saber, me di echando por el atajo, a cuenta de mi trabajo, lo que no alcanzas por ti? Porque es maña, y no fatiga en cualquiera ciencia el robo, si se encuentra con un bobo, que lo que sabe le diga. Por eso yo que te entiendo las mañas con que veniste, cómo tú a mí me dijiste te diré; a mí que las vendo? Ya sé yo que nada sabes, mas por burlarme de ti esto le pregunte. Así, pues yo haré que no te alabes: al muerto haré en tu presencia que venga, y lo diga todo, para ver si de ese modo haces burla de mi ciencia. El muerto resucitar quieres, sin ser santo? No, mas muerto como está, yo haré que te venga a hablar. Muerto cómo está? qué loco. Si empiezo el conjuro, al punto le veras aquí difunto, con su mortaja. Y qué poco: mas aunque callo, mi miedo en su duda me embaraza. Oye, que empieza la traza, con que hacerle venir puedo alrededor dando vueltas: ve diciendo como yo. Vaya. Birli, birli, birlimbó, turlurlu, las castañetas, no te canses. No me canso, Mira a los Cielos. Ya miro, Pues suspira. Y a suspiro. Alarga el cuello de ganso. No me dan gusto estas tretas. Vuelve como se empezó. Birli, birli birlimbó, turlulu, y las castañetas. No le ves? Qué, ya llegó? Es muy grande mi virtud. No lo veo. Pues si tú no lo ves, tampoco yo. Ay desvergüenza, que así sin saberlo me engañabas? Como de mi te burlabas, me quise burlar de ti: mas el Duque, que sin ton, ni sin son se satisface, pues las diligencias que hace de ningún provecho son; acá viene, que desea verlo todo justiciero. Pues yo me voy, que no quiero, que aquí contigo me vea. Que así se pudo escapar, sin que ninguno la viera? Pluguiera al Cielo, que hiciera, y me dejara lograr con mi engaño mi sosiego; pues así como en el cuarto de Federico le aparto, con el Duque a encontrar llego, con que no sé qué intención, Margarita, tener puede, ni de lo que me sucede hallo remedio, o razón, que a librarme esté dispuesta. No creeré, Conde, el pesar, que de no poderle hallar tengo. A mi atención le cuesta hartos aquese cuidado. Pues entrambos de él saldréis, si acaso escuchar queréis, un remedio que he hallado. Tu remedio? luego allí estabas donde él se fue? Adónde estaba no sé, mas sé que no estaba en si, hombre que tal intentó. Ya el remedio puedes dar. Hazle en la Villa buscar, si en Palacio se perdió. Y aquesto no es maravilla, que por qué de si se acuerden los que en palacio se pierden, suelen hallarse en la Villa. Y pues todo tu poder, parece no le hace airado, envía a decir a un Letrado, que te envié un parecer. Ahora es tiempo señor. Ahora señor es tiempo. De que severo castigues. De que vengues justiciero. Un delito, que es agravio. Un agravio, que es desprecio. De la sangre de mi primo. De Ricardo el parentesco. Que clamando a tus umbrales. Que dando voces al Cielo. Está pidiendo justicia. Venganzas está pidiendo. Mensajero vengo a ser. En su voz ahora vengo. No te olvides. no te tardes. Porque sabio. Porque atento. No te juzguen. no te tengan Por remiso. Por ligero viéndote ahora tan templado, y quiero Los que tan enojado en él te vieron. Federico, Margarita. qué razones os movieron, piadosos, y compasivos, así a culparme? sabiendo, que el delincuente amparado de la dicha, u del acierto, no parece, y que en su busca las diligencias he hecho más eficaces que pude. Qué será, válgame el Cielo! lo que intenta Margarita? con nuevas ansias peleo. Jesús, y la letanía con que se han venido aquestos Como obligues. Como ofrezcas, Tu palabra. Tu precepto. De perdonar. De dar libre. O al delincuente. O al reo. Que preso se te entregare. que te le trujere preso. No faltará quien rescatar queriendo su delito, cruel busque el ajeno. Si aquese medio eficaz os parece, desde luego perdono, absuelvo la culpa, de más crueldad, de más peso, que cometida tuviere el que dichoso pudiendo haberle habido a las manos me le entregare, y empeño mi palabra que este indulto será inviolable precepto, solo no reservo el mismo delito, porque no quiero que juzgue el que le comete, que a solo saberlo atiendo. Esto al punto se pregone. No es menester. No os entiendo, Por qué ahora lo impedís? Porque quien le tiene, es cierto Porque es cierto, que el que sabe de él, aquí está. Está aquí dentro. Qué decís? pues quién le tiene? Yo le tengo. Yo le Ya temo volverme Judas si no responden tan presto. No en vano mi corazón avisó mi sentimiento, pues en su desdicha espera, o gran daño, o gran remedio. Aunque con duda lo escucho, con admiración lo creo: mas no diréis, qué delito, qué culpa, qué atrevimiento es el que habéis cometido, que por mis hijos, pudiendo merecer su disimulo, me le pedís como premio? Yo, señor, el de adorar a Margarita, y soberbio pedírtela por esposa. Yo el admitir sus deseos en fe de que pues Ricardo ya no puede ser mi dueño, Federico no malogre tan bien sentidos afectos. Qué decís? extraña pena! mayor daño es el que espero; cómo admitís tal error, siendo hermanos? No lo siendo. Esto es peor Hay más penas! Mauricio, Conde, qué esto? Respóndate Margarita, que yo a responder no acierto. Mas que quieren apostar que le vuelven loco al viejo. Señor no admires cruel, en una mujer un yerro: tú porfiaste en casarme, yo desesperada, viendo que era imposible, en el alma doblar mi aborrecimiento. y viendo que no tenía, para defenderme medio, de Mauricio me valí para que fingiese experto que no era muerto tu hijo otro en su lugar poniendo, porque con eso cesasen las razones que movieron de Ricardo las porfías, y el Conde, juzgando atento que excusaba mayor daño, mi irritación conociendo, y hallándose con un hijo, después de muchos consejos, de mi tan mal advertidos, como del bien presupuestos, vino con él a suplir lo que con otro pidieron mis locuras, que supliese por más eficaz, teniendo para asegurar el daño en su sangre este secreto: al fin este es Federico. Y el mismo que a los pies vuestros aunque culpa no ha tenido, nuevo perdón pide, y nuevo galardón en Margarita. Y yo rendida te ruego, que en lo uno, y en lo otro hagas como padre, y como cuerdo. Admirado estoy de oírlo, miren el diablo del cuento: agora manda azotarlos. Hijos levantad del suelo, que este nombre, que una vez mis atenciones os dieron, no es bien que vuelva a quitaros Mil veces los pies os beso. Edades tu vida cuente, No tenéis que agradecerlo, que nada hizo mi cariño en daros lo que era vuestro: mas pues mi palabra cumplo, cumplidme la vuestra, puesto que perdonados quedáis: Primero señor. Primero. Aquellas canas piadoso mirad. El perdón que espero de aquella inocencia muda. Eso no entró en el concierto. Este lionato de hijos, que la sangre mete a pleito, no es delito que se puede perdonar por el ejemplo. Ni yo el perdón pediré, pues el perdón no merezco, Dónde el delincuente está? Deteneos, deteneos. Qué pretendes? Preguntarte, si yo tu hijo te vuelvo verdadero, con noticias que hacen el aviso cierto perdonarasme? Si haré, si asegurado me veo. hombre mira no te engañe, que es un embustero el viejo. mas dónde está? Vesle aquí. Y aqueste señor el mesmo que yo debo entregarte. Y que yo te debo entregar. A tus pies arrepentido del pasado atrevimiento no un hijo vengo a ofrecerte sino un esclavo te ofrezco afrentado de Ricardo, sin conocer de un tiempo fui, y en aqueste vengado, mira si es bien que a tu pecho, sin la mancha del desayer llega el arrepentimiento y si puede ser desquite de un sobrino, un hijo. Huevos. Estas cartas te dirán mejor, señor, el suceso, y vos hijo que este nombre tarde llegáis a sabello, mis brazos admitid, aunque cobarde extrañe el trueco: parece que va de veras, mas que el ducado perdemos, Supla esa falta el cariño, que ya en mi obediencia os vuelvo. Con él, antes al engaño la felicidad le debo. Y yo, señor, a tus plantas pues sola sin culpa puedo, también su perdón te pido, cuando el para bien te ofrezco. Sin duda que el Duque, piensan que es cura, pues van viniendo de dos en dos a casarse. Hijos los dos levantado, que en lances de honor advierto, que es castigar, no ofender el delito en el acierto. Pues de camino, señor, si es que de Laura merezco el favor, me le concede. Con nueva alegría le ofrezco. Los Cielos guarden tu vida. Guarden tu vida los Cielos. Flora, tú, y yo nos lleguemos. Estás loco? No seas corta. que ya en acabando esto, por si son Carnestolendas, antes que se cierre el tiempo, señor, de tus velaciones, a ti desvelado vengo, Flora es mi mujer. Si quiere, acomodaros prometo. Quiero lo que tú gustares. Pues acabados son cuentos, y la comedia también en que se ve el argumento que llegando, alguno a encapricharse, Amor es sangre, y no puede engañarse
