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Texto digital de Amor destrona monarcas y rey muerto por amor

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Desconocido
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Andrés González de Barcia Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amor destrona monarcas y rey muerto por amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amor-destrona-monarcas-y-rey-muerto-por-amor.

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AMOR DESTRONA MONARCAS Y REY MUERTO POR AMOR

JORNADA PRIMERA

Taa camina, a tierra, a tierra. 1. Al monte, a la selva, al valle Viva Federico viva. Al Ojeo, que el Rey sale Que voces tan encontradas: Que ecos tan desiguales: Siendo Alma de la Esfera, son imán, que así me atraen? Son rémora de mis, pies, Siendo despojo del aire? Del mar, y del bosque a un tiempo, los acentos mal amantes causan en mi corazón distintas contrariedades. Aténgome a que esta bulla, de voces parará en aire Señor, la caza azorada del ojeo, ya hancia el parque. Federico, gran Señor desembarca ya triuinfante Albricias albricias alma. Pues la caza se dilate, y logre el gran Federico que solo nu Rey vaya a hunrarle, que Rey, que a un Soldado premia hace muchos Capitanes. Que esto permita mi envidia. . Que esto sufra mi coraje. Mucho a Federico honráis; mas son sus méritos tales, que aún los honores no son a sus hazañas iguales. Superiores sen, y mucho pues colo por ir a honrarle, pierdo, no hablando a Isabela, mil sigles en cada instante. Mucho le alaba la Reina. Si vendrá mi Estaparate, Salgámosle a recibir. A tus pies heroico Marte está Federico. Para que mis brazos le levanten. Será para hallar la Gloria: Miento: que solo en el Ángel de Isabela (ay! Cielo hermoso) pueden hallarse mis glorias. Que en fin lograste victoria? A quién tus premios reales dieron el bastón, pudiera dejar de venir triunfante? Que airoso está Federico, con aquel belico traje? si supo agradarme Adonis, hoy me ha enamorado Marte. Vive Dios, que no pensaba. que fuera el Rey tan afable! Si es gesto del Rey, quisiera que refirieras el lanco. Y mi atención, por las Damas la misma suplica os hace. A se que sabrá decirlo, como supo ejecutarlo. Siendo feerza obedecer a las Damas, justo es, que antes de descansar, nos refieras los sucesos del combate nabal, que con tanta dicha glorioso desempeñaste. Las albricias perdonara al Rey mi amo al insrante por el trabajo de babel de vomitar cuanto sabe, sin dejarlo recollar. Si es gusto vuestro, escuchadme. Apare io alegre sopló el céfiro suave, hinchó el viento nuestras velas, viéronse quietos los mares, ardió el corazón en furias, dispertó fiero el coraje, sono el casión que crugía, vistieron alas las Naves, tocó el parche, sono el brojce, e hincharon contra el Alarbe, tan ufanas, tan ligeras, tan soberbias, y arrogantes, que la Deidad de Reptuno supremo Rey de los mares las juzgó alados Delfines, o estamados vegetables. Alagüeñas las espumas, lisonjeros los cristales, con serco de nieve, y plata la ofrecieron libertades, (si en la constancia hay firmeza) seguridad inconstante. Dormido el mar para el susto, para el ocio vigilante, entre lúcidos celajes el rosicle de la Aurora, (si Aurora puede llamarte la que encapotando el Cielo vistió de sombras el aire) se desquiciaron los ejes del azul carro triunfante, temblaron los once Cielos, y con truenes formidables aconpañados de rayos dieron a entender flamantes, o que era el Cielo un vesubio, o que contra sus Deidades se renovaba la guerra de los antigues Gigantes. Asustado a tanto borror el cuarto Planeta aulante, si no oscureció sus luces, casi llegó a mertiguarse. En fin hecho el día noche su furor el Cielo esparce, y encontrado con el noto, y el aquilón arrogante, a mas no poder luchaban ya que no a fuego, y a sangre, causando tal confusión truenos, rayos, agua, y aire, que les pareció a los ojos más linces, y perspicaces ser líquida humor, el fuego, cuarto elemento, los mares, Salamandra, los delfines, viviente aquátil, las aves. Ahora contemplad pues cual quedaríaa las Naves, si agua, trugao, viento, y fuego, conspirados las embaten: crujen entenas, y quillas, silvan árbol, y velamen, consiente hasta las carenas el mucho peso del lastre, y oculto el norre a la vista, y perdido el gobernable, fueron pelotas de viento, las que montes eran antea. Una a los Cielos se sube otra al abismo so abate, Siendo el Campo de Nereo en espumas, y cristales mucho mar a pocos Buques, poca agua a muchos desastres. Tres días duró este horror, o tres noches, (si no caben ni tinieblas en el día, ni en la noche claridades, cuando cansado Neptuno de tantas atrocidades, o satisfecho, que es más, de nuestro valor notable, trocó borrascas desechas en dulces tranquilidades: serenáronse las ondas, sosegáronse los aires, y se esperezó la aurera en su lecho de granates bostezó el rocío perlas, vertió en lágrimas coralas: Si eran de llanto o de risa no supo determinarse, y con las leces de Febo más bien visto por más tarde, hallé siete Naves menos, que quisieron usurparse, o para Signos, el Cielo, o para Ninfas, los mares. Pero apenas determino seguir feliz mi viaje, cuando burlando un peligro tropiezo con mil azares. Ah! que bien dijo el que dijo, que las desgracias cobardes cuando solas no se atreven, y eslabonadas combaten: a Benabar descubrimos, que feliz, como arrogante en una segura cala burló del mar los embates. El sosegado, Yo inquieto, Yo pocas, el muchas naves, los suyos mucho refresco, y los míos mucha hambre, Si le volviera la espalda, quién me llámara cobarde? Mas despreciando temores, que en pechos nobles no caben, junté todos mis Soldados con intención de animarles, y sincopando palabras, porque el bárbaro pujante por las faenas de un Bordo venía en popa al combate, les dije: Soldados míos, nunca el leal fue cobarde a más peligro más triunfo: a nuestro valor constante no ceden los elementos? no se han rendido los mares? Pues quien todo el mundo vence que hay que pueda contrastarle? Alto: a conseguir el triunfo, mueran los Turcos infames, que en nuestra ruina quieren fundar sus felicidades. Esto dije; y disparando un tiro, que promúlgase la Batalla, fue su estruendo, quien die principio al combate: áspides de plomo, y bronce impelidos del coraje escupieron mis casiones contra el Turco, que arrogante, en despique de la ofensa vomito sin alentarse muertas llamas, que pudieron, en sangre viva anegarse: turbada con densos humos la vaga región del aire, y abrasados los vesubios, de Neptuno los cristales, dudaron los Elementos la situación, que les cabe. Muerto soy a decir iban, los Soldados, pero antes, que pronunciarlo pudieran la cruel parca inconstante, cortando el hilo a la vida, hizo, que lo sincopasen. Todo fue horror, todo susto, todo odio, todo coraje, todo rencor, todo rabia, todo guerra, nada paces, todos iban de vencida, y solo triunfaba Marte. De tanto cuerpo mal vivo tanto mal muerto cadáver, fue sepulcro el mar terreno, y casi llegó a jactarse, de que sus sensibles peces, trocar supo en racionales. Esto pasó en nueve horas, en que encendido el combate se mantubo, pero luego la fortuna favorable trocó su seño furioso en alagueño semblante. Mudó posesión el Turco, y se retiró cobarde, no por falta de valor, que este no supo faltarle, Sino porque quiso el hado en mi favor declararse. Activo sopló el Zudeste; y con rafagas instables nubes de pólvora, y humo, arrebató hancia sus naves, conque ya dos veces ciegos del acaso, y del coraje, huyendo lograr querían, ya que no el triunfo, el escape:- Luego, que conocí el intento, mandé, que todas mis Naves hasta, que abordar pudiesex, las siguiesen el alcance, y saltar en los alarbes Bajeles con tal presteza, que los Turcos vigilantes antes vieron la invasión, que pudieron cautelarse. Yo entonces, casi corrido de que se me adelantasen al logro de la victoria mis Soldados, hecho un áspid, tomando espada, y rodela, como quien va ya triunfante Capitana Túrea, Salté solo, aunque arrogante, y siendo parca mi espada a tantos corto el estambre de la vida, que temí, en sangre Turca anegarme. Al árbol mayor llegué, donde Abenamar constante me esperaba, para que en él el triunfo lógrase, pues revestido de furia, tres heridas penetrantes le di, que fueren tres bocas, conque mis triuinfos aclamen: y al ir a decir victoria por Sicilia, me combaten tanto tropel de enemigos, y tanto acerado alfanje, que parecí herido espín, cuando sus flechas reparte. Rompióseme, a que mal tiempo, la espada, terrible lance: Aquí confieso, Señor, que el corazón palpitante, aunque no temió la muerte, receló perder el lance: pero acudiendo Rosendo, de tu Reino nuevo adlante, mostró a mi lado, que el solo vale por mil Capitanes. Advirtieron el peligro otros Soldados leales, y con su ayuda logramos, que Sicilia el triunfo cante. Treinta, y dos velas rendimos, para que a tus plantas reales sean tapete sus Lunas, y alfombra sus tafetanes. De sus Buques ni uno solo faltó en empresa tan grande, para que conozca el mundo paraque la fortuna cante, paraque la envidia mire, paraque el metal aclame, que Don Pedro de Sicilia sabrá poner arrogante, yugo al Sol, envidia al mar, freno al fuego, ley al aire, pena al Turco, susto al Orbe, horror a los desleales, y a su Diadema Real de ambos mundos el esmalte. A ser tedos cemo vos, jes Soldados de mi Reino, si mil mundos descubriere, de todos me hiciera dueño. Fa; pide mercedes con el seguro supuesto, que será tu petición, ejecución en mi pecho. También corren por mi cuenta los ascensos de Rosendo, que creo, que es sangre mía, y de su valor, y esfuerzo, no es esta la vez primera, que aquí han llegado los ecos Sus Abuelos, y los míos, fueron, Señor, unos mismos. De Teniente general su Padre servía al vuestro, y aunque murió en la Campaña vivirá su nombre eterno. Rosendo nació en el campo tan animoso, y resuelto, que creo ha sido en él naturaleza el esfuerzo. Señor, mis méritos son solo ser Soldado vuestro. Yo me doy por bien servido. Si tanta dicha merezco, vengan vengan enemigos, que yo haré, que triunfes de ellos Pedid pues ahora vos, . que deseo complaceros. O! si Federico oyera muchos gritos de mi afecto! O! sí me leyera el alma! Él se quedó boquiabierto. De que te suspendes? pide. Señor, mi leal afecto, (ay Isabel) solo aspira el más soberano premio que es: Qué? Estar a vuestras lplantas. Mal disimpla su intento. Yo si he de decir verdad de cortesía no entiendo, porque el ais zas de la espada es todo mi galanteo: Mas con todo me persuado, que Rey que brinda con premios, no pedirle, es desairar lo generoso del pecho: si cuando eran en la guerra tus músicos instrumentos los cuillidos de las balas, de la pólvora el estruendo, Salía por estribillo, Isabel, querido dueño, peleando tedo el día con lamedores afentos, tanto, que llegué a apurarme, voto a míos de hombre tan tierno: a que viene aquesa sorna? pide a Isabel, y acabemos. Eso no mientras:- Señor:: Me leyó el alma Rosendo; si mi valor os obliga, Isabel:: Basta, No es premio Isabel de una Victoria. Bien se entiende, que Rosendo; entiende más de batallas, que de amores. El afecto es quien conquista a las Damas, no los bélicos estruendos. Las hermosuras se asaltan con escalas de requiebros, con pistolas de cariño, y balas de afecto tierno. Señor ya dije al principio que yo de amores no entiendo, como me crie en campaña, intento, logro, y deseo, es para mí todo uno, y si amor gasta rodeos, váyase amor noramala, que yo a mi espada me atengo. Federico, el Rey prudente (que mal finge, el que ama tierno,) . es de la hacienda Señor, no del albedrío Deeño. Procura obligar a Isabela, que yo ni otorgo, ni niego. Que engaño tan evidente. Que desengaño tan tierno, descubrieron. Tente lengua que ya iba a decir los celos. Si el logro de la hermosura es de las finezas premio, con el tiempo será mía Isabel. Yo por mí::- . Bueno: quieres decir, que obediente s estarás a mis preceptos: ya lo se, que en tu lealtad, y afecto no le cabe men. Pero Federico es Mozo, y le necesita el Reino, para el estruendo de Marte, no para lides de amor. El Turco estará ofendido, y estoy la guerra temiendo. Goce el triunfo Federico, que después logrará en premio a Isabela, (no en mi vida) Entre tanto mi Montero mayor será, que la caza, es de Marte vivo ejemplo. Celos, qué más evidencia? Amor, que mayor tropiezo? Envidia que más venganza? Rencor, que mayor trofeo? Qué mudo está Escaparate? En que vendrá a parar esto? . Qué respondes Federico? Señor, que solo pretendo, lo que queráis. lo creo. Lo que quiere el Rey, quieres tú, Desde hoy dispondréis la caza. Y vos, valiente Rosendo, de Capitán de mi Guardía, Bastón, y mando os entrego. Infinitos años vivas. Perdonad si poco atentó, no os trato, cual merecéis, que en el asalto, y el cerco, la Elocuencia, que se aprende es solo la del silencio, y cuando hablar es preciso se hace con lenguas de acero: con esta tengo de hablar, cuando yo al Turco soberbio si quiere entrar en tu casa le descalabre los sesos. Está muy bien. Hola al monte, quiera amor logre mi intento. Si vas a perseguir fieras ármate contra ti mismo. Celos a acechar al Rey. Amor, a sufrir tormentos. Fortuna, a esperar tus iras. . Rencor, a ensanchar el pecho. . Envidia, a desahogarse. . Gracia a Dios, que se fueron. Adiós Señor Escaparate Adiós Señora flor del Está Vuesarsed muy mudo Antes por hablar rebiento: ven acá. Voy con mi Ama. Pues yo de espacio te Yo aún de priesa no le estima Pues Si no quieres, Laus Dime, dime Escaparate, ya que hemos quedado solos, que te parece del Rey? Déjate de baberías, ya le habías visto el rostro? Sí, y por la fisonnmía, infiero su signo propio. Qué Majestad! Qué grandeza! Que respeto infunde solo el mirarle! Qué temor! en fin ahora conozco, que es el Rey Deidad human Muy moral va este coloqui No me causo de mirarle. Mírale con mil Demonios y no me rompás los cascos. Tomas pesadumbre? Tomo. De qué nombre al Rey? De eso. De que le miro? De eso otro. En mi vida le había visto, fuera de mí estoy de gozo, dime no, es afable Es. No tiene buen talle? Airoso. No nos ha premiado? Sí. Y no te roba:- El Demonio:- hombre dame cien porrazos, y deja interrogatorios, Pues, que hemos de hacer? Marchar, de este lugar poco a poco; e irnos a ver el Palacio; y después, en el soto está el Rey cazando fieras, podemos cazar nosotros con más quietud en el plato, codornices, y gazapos. Guía pues hacia Palacio. Pues armate de curioso. Al prado? al repecho, al risco. Que se remonta la Garza. Aquel Jabalí va herido. Cuidado alguna desgracia El Jabalí perdí de vista. Tras otra altanera Garza. vine hasta aquí:- Que bien dice. . (ay Isábela del alma y no puedo descubrirla. Yo la cortare las alas, aunque las nubes la oculten, que have que cuidados causa a un Rey no es justo, que viva Belona estáis? Vos sois causa. Pues cada uno su vereda siga, y a buscar la Garza. Dónde Diana hermosa caminas presurosa? ap. Si las fieras de aqueste Laberinto con natural instinto, respetan la belleza que pordote te dio naturaleza. Si las aves con trinos te hacen salva pensando al verte a ti, que sale el alba, si la flor al contacto de tu huella, deja ya de ser flor, y pasa a estrella, si el humilde arroyuelo sus pende el curso por mirar tu cielo si árboles, riscos, plantas te siguen cariñosos, porque encantas, Si en fin todas criaturas son despojos, de los dos arcos bellos de tus ojos, porque superstuamente del arco artificial usas valiente? Porque tira tu aliento Tras otra altanera Garza. la cuerda al arco, y el arpón al viento si son trofeo a perfecciones tantas, fieras, ayes, arroyos, flores, plantas? Adonís infelice, como airoso, prudente siempre, siempre valeroso, pues si el rendirlo todo fue mi empleo, tú me rindes a mí, que más trofeo. Si el mar de tu valor enamorado trocó en dulces máreas lo encrespado si a tus preceptos obediente el viento sus iras refrenó, templó su aliento: si el fuego de su esfera desprendido por llenarte de triunfos se ha abatido: si la tierra tal vez por osequiarte, laureles brota, conque coronarte; y en fn si todo el Mundo si primero te aclama, sin segundo, porque dime con arco espada, y flecha, el monte cruzas, y la selva asechas, si a tu voz obedientes, se rinden tierra, agua, fuego, y viento? Aver si alguna fiera (dura suerte) esmalta su piedad, con darme muerte A ver si entre los brutos de esta vega, hallaré la piedad, que el Rey me niega. Conque el Rey (ah tirano) no quiere, que de esposo os de la mano? De esta gloria me priva porque rabiando viva, lo que viva, haciendo, que mi vida despechada, pase a ser por la dicha desdichada. Lloras mi bien: Pues no: Si el Rey prohibe, que habité el alma, donde amante vive. Hace el manso arroyuelo, a de cuna de cristal, techo de hielo, y apenas se dilata líquida sierpe de sonora plata, dando ser a las flores, pidiendo celos, y cantando amores, ya logra, en la república fragante por quien amante fue, morir amante: crece la vid hermosa, no bien nacida, cuando ya frondosa, y apenas con sus ojas de esmeraldas juego es del viento, de Abril guirnalda, del olmo asida, engeadra con decoro en tronos de zafir, Monarcas de oro. Nace el León rugiente manso cordero, cuando apenas siente, pero al ver de allí a poco muy ufanos los diez corbos alfanjes de sus manos, de su guadeja el vivo laberinto, los humos que influyo su propio instinto, y el dominio obsoluto, con que Rey le venera todo bruto, deja la causa, y con airado ceño, la libertad ejerce de que es dueño. Nace el Ave en el nido bajel sin velas, nave sin vestido, pero apenas con plmas la decora, un fevo, y otro, una y otra aurora, navega placentera el occeano vago de la esfera, haciendo desde allí másica amable la racional sensible, y vegetable. Mas yo con más razón, más albedrío no tengo libertad en lo que es mío; pues goza el yugo más que yugo suave el arroyo, la planta, el Bruto, el Ave. No con tan dulces quejas mates mi vida si el dolor me dejas no prodiga de perlas llores ahora, que si al sol bien le está, mal a la aurora: mi pecho, que alienta con tu aliento morirá de su pena, y tu tormento. Dírasle al Rey en su esperanza vana, que lo que hoy es amor, tedio es mañana. Tú verás de Isabela la firmeza. Si eres diamante por naturaleza como podré dejar::- Alado bruto aunque el bosque te dé salve conducto::- El Rey. Adiós mi bien. Aa dos tiranos! or le dejas; 9ue e. sé mi bien. ta dos timos? s, Has de morir despojo de mis manos: Pero Isábela tente, espera, no el monte cruces tirana, que no te quiere Diana, el que Venus te venera. En busca de un Jabalí::- No le mates por tu vida que si es por ser homicida, habras de matarte a ti. Licencia me habéis de dar::- Si es para matar con rayos, tus ojos, a muchos malos, que se la suelen tomar. La Reina espera señor. También el Rey, que es primero. Aver si Isabela: pero el Rey, y ella! tente amor. Por si descubrir pudiera:- ay de mí! El Rey, e Isabela, Aquí sabré de él, y ella, lo que saber no quisiera. Con que no queréis en fin. Como en fin? eso es error si es infinito mi amor, cómo he de querer en fin? Señor, aunque soy leal, me habré de tomar licencia que estar aquí es indecencia. Bien se excusa. No va mal. Espera. Eso es imposible. Escucha. No pue Mira, que el Rey sabrá hacer un imposible posible. Primero la vida esquivo me quitará vuestro acero. No que la estimo, y venero, como la misma en que vivo. Oye mis finos extremos y después, te puedes ir. Si es fuerza haberos de oír, decid luego, y acabemos. Que queda ya, que acabar, si atiendes a sus ternezas? Ah! que quien oye finezas, no está muy lejos de amar. Hermosísima. Isabela, cuya belieza homicida, mata, con lo que da vida, y con lo que abrasa hiela, a tu Luz mi amor anela, tu ardor me atreví a beber, y en pago del proceder, me vino un Dios ciego a dar los ojos, para llorar, y no para merecer. No bien empecé a mirarte cuando acabé de quererte, y juzgo, que antes, que verte, debió ser el adorarte. Si fui Faetonte, culparte, y no culparme es debido, pues, que tú la causa has sido con tan finos arreboles, que a no ser tus ojos soles no sería yo atrevido. Si soy de la Reina esposo, tu Padre solo es culpado, pues habiéndote ocultado, nunca vi tu Cielo hermoso. Si al mirarle fui dichoso, resuelto a adorarle me hallo, loco soy si mi amor calio, porque que derecho, o que ley, mandará; que pague el Rey, los delitos de un Vasalio. Yo en suma te tengo amor, (perdone el decoro Real, que no he de querer mal, porquerer bien a tu honor.) Mortal es ya mi dolor, el remedio tu hermosura: cura pues, Isabel, cura, con un si mi amante herida, Si no quieres de mi vida ser tu esquivez sepultura. Siento tumar este medio pero está echada la suerte. Señoz, si el mal es de muerte solo morir es remedio; trocad vuestro amor en tedío, porque mi heroica nobleza, a pesar de tu fineza, sabrá dar con gran valor la vida por el honor, el alma por la entereza. No juzguéis, que soy mujer:: Ya yo se que sois Deidad. Qué sufra así mi lealtad a este agravio responder? Que me pesa de saber, lo que saber solicito? Pero sé, que no es delito, atreverme a vuestras aras, que es niño amor, si reparas, y mi cariño infinigo. Mire vuestra Majestad::- Como, si es ciego el amor: Que es mucho mi pundonor, y mayor mi vanidad. Sangre Real me ha animado, no extrañe en mí este descaro, que si para Reina poco, para Dama, soy sobrado. Quien reina en mi voluntad, quien es de mi amor la llama, no la quiere para Dama, Sino para Majestad. Corona gran cebo eres No pálpites corazón, el lazo de la ambición se escapan pocas mujeres. No se pues la Reina aún vive cómo mejorar de suerte? Hay más de darla la muerte? No hay más si ella la recibe. Qué más desengaño amor? Yo amé a Federico:- Calia, Mas tormento mi amor halla. en tu voz, que en tu rigor. Y los que mi amor suponen, que dirán de mi Persona? Calla, y goza la corona: tu amor, y mundo perdonen. Al oír tanta fineza, puesto mi amor en balanza::- Aquí acaba mi esperanza. Aquí empieza mi tristeza. Que dices, Que tus contrarios contra mi luchan, Señor, honor, fortuna, y amor, quién vio sucesos más varios? Que amé a Federico es cierto. Antes de oírme no es culpa. Si me mudo, honor, me culpa si no fortuna, y acierto. Mujer yo, niño amor es, la escusa, que el juicio alcanza pues mujer todo es mudanza, y niño todo interés, y así en lid tan importuna viva el cetro, el honor muera, que no seré la primera, a quien mudó la fortuna. Qué determinas? No amar a Federico, Señor. Muy perfecto fue tu amor? Qué esto puedo yo escuchar? Muerta la Reina en efecto: mas si vajáis al jardín esta noche os diré el fin. de mi cariñoso afecto. A las doce estaré allí. Que ahora voy presurada porque me buscará ansiosa la Reina. Yo huyo de ti. Alentarás mi esperanza. Este lazo lo confirme. Serás firme? Seré firme. Sin mudanza Sin mudanza. Pues mira, que salgas Juege. En la fuente esperaré. Amor si culpan mí da de escusa, que eres ciego. . Pues su esquivez he venido:- Pues he visto el desengaño::- Iré a prevenir el daño. iré a rendirla Marido. Sentidos, potencias, alma, pecho, corazón, cuidado, Fantasía, honor, despecho, cariño, razón de estado, venid al salón del juicio, que un acuerdo os llamo. Sentidos, (ay de mí triste? no viste, y ohiste, hablando a Isábela con el Rey? Memoria, no ha sido un lazo, quien a él le dio libertad, y a Federido, hizo esclavo? Entendimiento, esta dicha, no es de mis males presagio? Voluntad tu sentimiento no es testigo de mi agravio. Alma, tu inquietud no están mudamente publicando, que es cada discurso, un fuego. un áspid cada reparo No es así? Sí; pero no, Sois Jueces apasionados, por ofendidos, apelo al tribunal del cuidado. Pecho, que sientes? Letargos, y tu corazón? desdichas, tu fantasía? Ilusiones honor, y despecho? Agravios. O! válgame todo el Cielo! Qué haré en pleito tan extraño? Si alma, sentidos, potencias, pecho, corazón, cuidado, honor, fantasía, y rabia, me dan sentercia en contrario? No hay quién disculpe a Isabela? Todos estáis conjurados contra ella? contra ella? todos? Pues todos mentís o estáis engañados. Al tribunal del cariño por más piadoso, os emplazo. Dime amor: cuando Isabela enmplió en solos quince años muchos siglos de hermosura, no preteadió desposarnos el Almirante su Padre, con igual gusto de entrambos? No hicimos las noches días en sus jardines, logrando ser ellos mi sol, y yo eclipse amante de sus rayos? La mutva correspondencia hasta ahora no ha durado? Luego me quiere Isabela? Luego yo me quejo en vano? Mas como si al Rey dijo, poco a Federico amo, y él muera la Reina? Aquí quiero, amor, hagas reparo, quítate un poco la venda, que te he menester Argos. Morir la Reina? a que efecto? Si ella sirve de embarazo, a los amores del Rey, matarla es hacerme agravio: porque quitar el tropiezo, es adelantar el paso. Que escusa hallarás Cariño en lance tan apretado? Decir que es sueño, es delirio oja a fuera letargo: pero el discurso, que firmo, es macho para soñado. Válgame, amor, que aunque busco sofismas a mis reparos, siempre sale en conclusión que Isábela me ha agraviado; mas no puede ser también, que viendo el Rey empeñado, por excusar la violencia fíngiese amantes halagos? Ya se ve, que puede ser. Pero a que fin le dio el lazo, cuando para ir a ser Reina, ya tenía el paso franco? Dodo si cada sálida halla el juicio mil reparos, que medio puedo tomar? Dime tú, razón de estado último Juez de esta causa, que haré en el presante caso? Amor: no descubre culpa: qué mucho? Si está vendado. Honor aumenta el delito; más; qué honor celoso, es sabio? callar es inconveniente, pedir celos, excusado, fingir cariño, delirio, y dar tiempo, al tiempo agravio. Pues, que haré Luz natural? Ay senda, camino, o cabo, que guíe mis confusiones al centro del desengaño? Si que al jardín puedo ir, donde él Rey está citado por Isabela, y allí Saldré de mis sobresaltos. Si el Rey resiste constante, seré su perfecto esclavo: pero si no seré un Áspid, seré un Basilisco, un Rayo, que reducirá a cenizas, tantas ofensas, y agravios. Ea Isábela, tú eres juez de ti misma, al sagrado de tus lealtades apela mi cariño. lastimado: do ti a ti misma, me quejo, ten piedad de un desdichado. Ahora que ya estoy solo, y que he podido librarme, del pelmaso de Rosendo, que no me deja un instante, es preciso entrar en enentas conmigo. Ea Escaparate Dios te la de pare buena, que peligra tu gázuate, si he de creer a mi amo; estoy en peligro, y grave, porque él pretende a Isabela y el Rey temo (a lo que hace) que también quiere lo mismo, que yo he de terciar los lances entre Isábela, y Faderique y si el Rey mis mañas sabe, entre la soga, y Verdugo, tercero hará mi gaznate: Ello sí que fuera chasco, pero tantos disparates no pueden parar en otro. Pues qué ha de sen? Engañarles, que una mentira a su tiempo es muy buena: ojo a los Sastres. Y si mi amo se queja de mi proceder infame; porque me mete en Palacio? Ponga, póngase delante, que una vez, que entró San Pedo negó como todos saben. Qué os parece de la Corte, de sus plantas, y sus calles. Toma este hombre es sombra según me va a los alcances, Qué es esto una Babilonia. Mas, que veo! Escaparate? De mirarme os admiráis? Sin duda soy hombre grande. No extrañéis me maraville, de verte siendo tan tarde. Aún cuando hace buena Li Yo creí, que a retirarte habías ido, y por eso vive con el Condestable a tomar el fresco aquí. Pues yo vine a refrescarme, y lo he logrado, según son ya fríos mis donaires. La Reina Señor::- Qué manda? Que habiéndoos visto en el Parga dice que vayáis a Palacio. Voy: a Dios. El Cielo os guarde, ya otra vez quedamos solos. Y temo romadisarme, que hace fresco, y es grande chasa para un busón, resfriarse. Ea amor: pero quién va? Lo mismo iba yo a preguntar. Diga quién es, o mi acero teñirá de rojo esmalte::- Santa Teresa:- De esta suerte satisface quian de otra suerte no puede. Sarracenos, y Aliateres se juntaron: mas qué veo? Señor tente, no le casques, que es Rosendo. Y yo Federico: dicha fue hallarte en el Parque. Si en algo puedo servirte. Una puerta has de guardarme, que me va vida, y horor en ella. Ay peligro? Y grande. Esto es convidarme a bodas. A mi echarme antes con antes, de aquí, porque tengo azar en puertas, y ventananes Pues espérame en Paracio. Eso lo haré con donaire. Qué puerta te he de guardar? La que veis aquí delante, que Isábela ha de Salir al jardín, y allí he de hallarme. Pues no es para habiar, temprano? No, y recelo es ya tarde, para descifrar dilemas, que a mi corazón combaten. Mosca lleva Federico. Esto ha de ser Condestable. Señora:- No me aconsejes, que por la puerta del Parque he de entrar: vida, y honor me va en acertar el lance. Gente llega: ya empezamos? Esta es la puerta: Adelante, Caballeros, que esta puerta la guarda un hijo de Marte. Pues aquí des jovenes mandaa, que desocupe, y que marche. De espacio estaba la niña digan Señores tomantes, traen algunos testigos, de queelo son. Mi semblante lo dice, y aquesta espada, que es rayo, es veneno, es áspid. Pues justamente la mía, Solo es acero, y no ostante las hará volver atras poco a poco, antes con antes. Deteneos; que es la Reina. Vos, Señora en este traje? Cuando::- Pero:- No os turbéis. Qué hacíáis aquí en el Parque? Salime a tomar el fresco, y como vos me mardaste, volver atras, y no sé hacerlo, fue empeñarme forzoso. Bien: con que fue acaso, el que aquí os hallase? Sí Señora. Pues ahora es ya preciso que guardes, hasta que los dos salgamos la puerta del jardín, y calla. Yo:: Cuando:- Nada me advirtáis. Toma esa llave, y abre. Y si el Rey os halla menos? No os toca a vos ese lance. . A fe la hemos hecho buena: pues Federico es constante, que ha entrado a hablar a Isabela, y la Reira va a buscarle, porque otro ha de quere a tal hora, y en tal traje? si avisaré a Federico? Mas como, si he de guardarle el paso franco a la Reina? O! quien ahora en dos mitades, se pudiera dividir! Pero pues tengo la llave, entraré, y con disimulo daré a Federico parte de lo que pase y saldré otra vez firme, y constante a guardar la puerta. Así cumplo con entrambas partes, pues soy leal a la Reina, y doy a Federico escape. Qué importa, que helhado esquivo, a uno abata, a otro sublime, si donde reina el amo se allán los imposibles. Que bien sueña a mis oídos esta suave armonía! cuya es la letra? Señor, siendo mala, será mía. Pecho a salir ya dudas. Alma a escuchar tus desdichas. Perdona, Deidad humana, corto ándube, por mi vida, en no juzgar, que era vuestra, Siendo letra tan divina. Pres vos me lisonjeáis? No finjo no por mi vida, Siendo Rey no os adoro? No sacrifico mi vida en tus aras? No es mi alma víctima, holocausto, y pira, que en humos de amor se exala, cuando a tu hermosura aspira? Luego eres Diosa: Ojalá os halle mi amor propicio, cuando por tal os venera. Quien firme se sacrifica en vuestras aras, soy yo. Temo, que conserves viva la llama de Federico. Ya se redujo ea cenizas. La de la Reina a tu pecho:- Tente, tente, no prosigas, que sería sacrilegio, amar la Reina, vos viva. Buenos quedamos amor. Yo quitaré en breves días este embarazo del medio. Cómo? Quitando la vida::- A quién? A la misma Reina. A ún grande imposible aspira. Ah tirana! tú me matas. Ah esfinge!; que determinas? No han contado, que el amor imposibles facilita No sabes, que te idolatro La Reina, de hombre vestida va a tu busca. Calla, y oye. Hoa, ya entendí el enigma. Pues, que dudas, si esto sabes? El medio saber quería. Pues oye Alexandro, y Jorge, que a tu Federico envidian: No digas tuyo. Ah tirana! Ah ambición, y lo que inspiras Fue un cuidadoso descuido de un alma poco sufrida. Alejandro, pues y Jorge, que a Federico no estiman

JORNADA SEGUNDA

los convocaré a la torre de la punta cuatro millas distantes de aquí mañana, les diré la inteación mía, que es acusar a la Reina de que me ofende atrevida, con esto la daré muerte, y a ti la mano, y la vida. No en vida del Condestable. No mientras Rosendo viva. Traidor en que te ofendí? Ingrato tal tiranía? De qué os suspendéis? Hablad. Vos permitiréis, que os diga, lo que siento? Porque no si es tu voluntad la mía? Pues, Señor, ya que a la Rina. Corona, y vida, la quites, no le quites el honor: veneno hay de conocida eficacia, sea este, quien de fin a sus fatigas. Acusarla, es peligroso, porque la plebe la estima, y aunque la crea culpada, es mujer, y perseguida. Por otra parte su Primo, Rey poderoso de Engría, es fuerza, que la defienda, y en una guerra prolija. aunque logres la victoria, se retarda nuestra dicha. Muera, muera con veneno, sentimientos tu amor finja que así queda bien con todos. Está satisfecha Ungría, quieto, y pacífico el Reino, vos libre, yo, sin envicia, vos con Dama, yo: con Cetro, y ambos con la mayor dicha. Si en hermosara eres Diosa en ingenio eres Divina. Mañana, daré a los míos e estos intentos noticia, y ahora porque la Reina no penetre mi venida dame una mano, y adiós. Si es de esposa:- Ay ansias mías! Soy contenta. El Cielo os guarde. ADies Esposa querida. Adiós adorado Esposo, en vos mi esperanza fía. En ti respira mí, aliento. Contigo vive mi vida. Contra los dos es mi pecho, volcán, mongibelo, y etna. Que áspid pisado, hay más fiero, que víbora, hay más sangrienta que toro desjarretado, hay más cruel, hay más fiera, que mi porzoñoso pecho? Vive el ardor que me alienta, vive el aliento en que vivo, que han de pagar Isabela, y el Rey traición tan enorme. Disimula, Así pudiera. Mira, que descubro gente. Federico es quien se queja; sin duda oyó la traición. Hola Federico. Muera, Quien la traición escuchó:- Teneos, que esta es la Reina. Perdonad Señora mía, que ciego no os conociera, que noche, celos, y celo es lo menos, que tres vendas. Si hubierais llegado antes. Ya oí mi muerte, y tu afrenta. Pues, señora a la venganza. Valor, espada, y hacienda, y averiguar la traición corre todo por mi cuenta. Lo mismo ofrezco a tus plantas mi salud, y nobleza; pero es preciso advertí que aquí importa la cautela. En mi casa trataremos, los tres sobre esta materia, que os parece a vos Señora, Yo que a vuestro arbitrio queda mi libertad, o mi muerte. Pues arma contra la ofensa. Guerra contra la traición. Sea cada pecho un etna. Sea un volcán cada aliento. Para que Sicilia vea, que es suuestro pecho la fragua donde la lealtad se engendra. Donde respira el honor::- Donde triunfa la ignocencia. Donde la fortuna vive. Donde mi esperanza alienta. Y donde el valor repite. Muera el Rey, viva la Reina. JORNADA SEGUNDA Aunque os convoqué a la torre de la punta, con intento. de referiros la pena, en que se anega mi pecho mudando de parecer, que para quien siente tierno es la distancia embarazo, es la dilación tropiezo. quiero que sea esta pieza, como sitio el más secreto de mi Palacio, Teatro donde represente el pecho con pocas voces tragedia. que aún no caben en el tiempo. Mortal el susto me tiene. . Viva estatua soy del hielo. Sabéis quién soy? Sois Señor, de Sicilia Rey supremo. Que autoridad tiene un Rey. Es de vidas, y honras dueño. De vuestro estado, y honor, a quién debéis las acciones? Solo a vuestra Majestad. Conque consesáis atentos, que soy vuestro Rey, y que soy, de vidas, y haciendas dueño, y me debéis el honor? Luego tengo según esto esperanza en vuestra ajuda, y la guarda de un secreto? Sabemos, que en todo trance, es deuda el obedeceros, y si acaso algún traido intenta empañar soberbio con vapores ambiciosos el Sol, que adoramos regio, irá el ardor de mi espada rayo a rayo deshaciendo de sus nieblas generosas el soberbio atrevimiento. Lo animo ofrezco leal. De nadie tengo recelo, antes en esta materia el más traidor es mi pecho. Yo:: O si conocer pudierais, sin pronunciarlo mi aliento, todo lo que siente el alma allá en el interior del pecho! Yo: pero de qué me corro? Es mucho, que un desacierto, cometa, quien sigue a un niño, sobre estar vendado, y ciego? Yo:: O! pese a tanto rubor! pero dé que me avergüenzo, Sino me eximió de humano, quién de deidad me dio el fuero! Yo amo a Isabela, tengo Esposa: Federico, logra honestos favores de la que adoro para Dama: yo la quiero, que la marrcina en el alma, es más, que dueña de Cetro. Rey soy: harto en esto os digo, obras pido, no consejo. Hoy renace mi fortuna Señor. Yo en servicio vuestro percer deseo la vida mas no es tan arduo el empeño, que si los medios ese buscan no se consiga sin riesgo. Deponed a Federico con coloridos pretextos del gobierno militar, porque como en cuatro encuentros, con más dicha, que valor, se coronó de trofeos, le juzga el Pueblo invencible, y es muy de temer el Pueblo Temo, el quitarle el honor, que Federico en efecto General, noble, bienquisto, Sagaz, valiente, y discreto, y es mucho para enemigo, quien de la milicia es dueño. Si le quitáis el bastón, y le apartáis del gobierno, esos mismos, que le aplauden por amistad, o por deudos, viéndole caído es fuerza que le traten con desprecio. No halle el Conde Federico ya más gracia en vuestro pecho, que si tomáis este paso, lo demás, es lo de menos: Pues cuando el Pueblo alterado se expusiese a defenderlo, con cortarle la cabeza, cesaba el motín sangriento. Alezandro, aunque el amor me ofusque el entendimiento, no tanto, que no conozca, que es el eje de mi Reino, Federico, y no es razón, para que aquel cuyo acero fue antemural de mi estado le quite ingrato, y severo la vida. Que traiciones o que delitos ha hecho, para que tan mal le pague? Señor no será el primero que sino de delincuente, de desgraciado haya muerto. Esta bien; pero con todo no es mi gusto, ni resuelvo, quitar por ahora la vida cada instante, que carezco de mi querida Isabela. Vuestro gusto obedecemos. En vano a mis desventuras, pretendéis hallar remedio. Señora, y quiera el Cielo templar vuestras penas duras. No ha quedado Rosendo de todo el caso encargado? Sí; pero me da cuidado el silencio, que estoy viendo Del Rey, y de su alianza se dilata la noticia. Pues tarda, será propicia. Mal agüero es la tardanza. La dicha, aunque se retarde, es de la pena aprendiz luego tendréis nueva buena. Para buena ya es muy tarde. Maldito sea el tacaño, que las postas inventó. Y maldito sea yo, si nunca más te acompaño. Voz de Rosendo es. Si hallaré:- más Diosos guarde. Con bien vengáis. Vengo tarde, y mal despachado, fui. No oigo voz, que no me aftija? Rosendo tan mal os fue? Eso yo lo contaré: Mala noche, y parir hija, tiene el Rey mal de costado, y recelo algún insulto, que como el daño está oculto aumenta más. el cuidado. Calla bruto. Entrambos pies os beso por él favor, siempre a mí este gran Señor, me honra como quien es. Sacadnos de confusión, que hay peligro en la tardanza. Se acabó nuestra esperanza? Todo es desesperación. Llegue con este criado, al Castillo de la punta, que para esta infame junta era el lugar señalado, y apenas llegué a este estrecho con sensillez afectada, puse la mano a la espada, recogí el aliento al pecho, y de escusas bien armado, de cautelas prevenido, todo en lo interior cuidado, con el temblante sincero, con hipócrita inocencia, pedí al Alcalde licencia, sobornándole primero, para registrar curioso aquella torre famosa, a quien el arte hizo hermosa, y amable lo primoroso. Registre pieza por pieza con cautelosa malicia, Sin adquirir más noticia, que la de su gentileza. Viendo mi intento frustrado, como por curiosidad, cuanto ha, que su Majestad, dije, por aquí no ha estado? De la respuesta inferí, que allí el Rey no ha hecho la junta, que está encantada la punta, o el diablo va por allí. Y como, que eso es verdad, Señores, yo yi (esto es flano) treinta dueñas, un enano, diez gigantes, y un Abad. Esta materia es errada por vuestra pausa imprudente: hay más, que recoger gente, y embestir? Ay que no es nada? Sino lo es la diligencia, aquí no hay remedio humano. Este es el nudo Gordiado, en que ha de obrar la paciencia mejor será averiguar::- No, sino ejecución pronta que en fin, Señor, tanto monta, cortar como desatar. Si un ajuste conveniente, en cosa tan arriesgada:- Señora, o cesar, o nada, dijo el Marte más prudente, a grande empresa, gran peche. Haceos solo la cuenta, que aquello, que se intenta, no sé consigue. Del cohecho, pues el dinero nos sobra, será mejor nos valgamos. Ea, ya en el caso estamos, y así manos a la obra. La Reina a tu cargo queda. Yo incitaré la milicia y Rosendo con malicia la Plebe conmover puede. A Campaña saldré luego, cenmoviendo tropa, y plebe, que en estas canas de nieve, aún se encubre mucho fuego. Y por Dios es disfavor, constituirme guarda damas, cuando aún reviven las llamas de mi dormido valor; rayo seré de la guerra. Para guardar mi persona, me sobro yo, que Amazona, quiero ser de aquesta tierra Toma? aquesto es valentía. Vive Dios, que estoy soñando, que vaya resucitando, la andante caballería. Pues con General tan fuerte quién nos podrá resistir? Pues a vencer o morir, pues ya está echada la suerte. Gracias doy a mi fortuna, pues logro veros, Señora. Todo el día en busca vuestra voy con ansia cariñosa. Cómo os halláis? Estoy triste. Bien el día lo denota, bien las aves lo publican, y bien el campo lo llora, pues con nieblas de admosfera, nada es luz, y todo sombras. Las flores todo desmayos, las aves todo zozobras. Mas que mucho se entristescan, el sol, las aves, las ojas, si todas Reina os aclaman todos deidad os odoran. Corque si son los efectos, Señal de la causa, ahora por la tristeza de todos bien es, que tu mal conozca. Muy fina estáis. Oiga el Diablo, cuanto va que se enamoran. Pues ignora vuestra Alteza, que quien constante la adora, es Isabela? Los aleztos, es cierto que lo denotan. La causa saber quisiera, por si aliviar tu congoja, puede mi amoroso afecto. Pues escucha. Aquesta es otra, con secréticos me vienen? Cierto, que es cosa donosa, mas yo la ocassón no pierdo. Digo Señora fregona, dulce trasto de cocina, Dama de trapo, y escoba; Sabe, que tras sus pedazos; el alma me lleva toda? Oiga el Bufón atrevido soldados de sarena, y::- Sopla: No da lumbre por aquí, mudemos de letra, y solfa. Bello hechizo de mi vida, envidia de las hermosas, si me tienes presa el alma porque a mi amor eres roca? Porque me llamo Alacena. No diga tal que eso es cosa, de cocina, y en mujeres de tu garbo, y tu estosa, es descrédito no ser de estrado, y sala Señora. Jesús! yo Dueña! Yo anteojos! Yo chismes, mongil, y toca! Dejate de pataratas, y dame la mano de Esposa. Es muy noble mi prosapía. La mía antigna y notoria, pues se hallan Escaparates, desde que China es de Europa. Venero la antigüedad. Pues a lo dicho Rosendo, diligencia es lo que importa. Eso corre por mi cuenta. Vos::- Yo haré lo que me toca. Pues Señora, y solo un sueño os aflige? No otra cosa; bien que con tu compañía se ha aliviado mi congoja. Por saber que Federico, estaba con vuestra Alteza::- Son secretos al oído. Y tener orden expresa de intimarie este decreto, donde quiere que estuviere, me he atrevido a entrar aquí, con vuestra licencia Que frío hielo por mis venas se esparce! Corazón mío respira, valor alienta. leal consulta Por cuamo en mi secreta por cargos conprobados hoy resulta, Federico traidor a mi Corona, y a mi Real Persona: salio que sin recurso al Real oído, del militar honor desposeído, quede preso en la torre de Palacio. Federico traidor? penas a espacio. Miente, quien tal dijere. Yo el Rey. La firma es bien venere, mas si tu Alteza luego no viniera, vivo de aquí el Duque no saliera. Yo desleal, Señor? Yo traidor? Cuando (de cólera, y furor estoy temblando) fue mi pecho muralla que a tu Reino sirvió de foso, y balla? Yo Señor deshonrado, y por traidor al Rey, encarcelado? sin permitir recurso a mi inocencia? Cuando previene, la jurisprudencia que al reo la justicia no condene sin oír los descargos, que previene? Oigame vuestra Alteza, y verá vindicada mi entereza, que yo mismo me diera (a merecerlo) puñal al corazón, córdel al cuello. Estoy bien informado, y esa réplica aumen a mi cuidado daos a prisión luego. Si algo, Señor, mi ruego con tu Alteza merece, suplico, que el rigor un poco cese hasta que a tanto cargo, de Federico su cabal descargo. No hay que pensar, que hecho tan notable, fuera torcer el Cetro, el ablandarle. Morirá Federico. Cruel medio::- Mas pues yo el daño fui sea el remedio. Aunque estando la Reina interesada, es ya Señor, mi suplica escusada, por ella, y no por mí os suplico ansiosa, que la dejéis airosa: convengo en que esté preso, mas mírese en tu cámara el proceso, y entre tanto merezca tus favores. Tenéis Fadrique, buenos valedores. Dad gracias a la suerte: La sentencia de muerte, suspendo por ahora, (basta ser Isábela intercesora) preso estaréis hasta que por sentencia, la culpa se declara, o la inocencia. Si más puede Isabel, que mi persona, de que me sirve el Cetro, y la Corona? . Ah cruel! mas pues la suerte está ya echada verás lo que es una mujer airada. Si de mi vida es Isabel el medio, venga la muerte, que me causa tedío el vivir mendigando los instantes de quien es el ejemplo de inconstantes. Pues cuando de libertarle pienso el modo él lo hecha a perder todo. Tan mala es Isabela? Perdime, pero obre la cautela, lo que la ira ha errado. Señor, un desdichado con tanto sentimiento fuera loco a tener entendimiento; despreciar yo la vida por la instancia es noble pundonor de mi arrogancia; es porque no crea la malicia, que es favor, lo creo, que es justicia. Vive Dios, que esta suplica es quimera. Ah de mi guarda. Aquí Señor espera. A Alejandro entregad bastón, y espada. Esta afrenta es mayor, que la pasada Mas, pues está la causa fenecida. y mi infelice vida, entre el ser, y no ser instable lucha, mis traiciones, Señor, atento escucha. De aquel celebre Alcides Siciliano, que en campos de zafrir brilla ya estrella. Ceágenes de Ausburg, prodigio humano de los rayos de Júpiter centella, nací luz de fuego soberano de su leal incendio llama bella, porque en lealtad aunque la envidia ladre, no le cedo ventaja a mi Padre. Dejome de tres lustros en el mundo, de su valor, y estados heredero: fue en su tiempo el primero sin segundo y yo en el mío segundo sin primero; porque como mi honor, y gloria fundo en imitar un Marte tan guerrero, estudiando su vida con cuidado, lo bastante aprendí para traslado. Testigo es abonado vuestra Alteza, pues aún el cuarto lustro no cumplido, ya fio este bastón a mi destreza, Sin que ninguno se diese por sentido, si aseguré el laurel en tu cabeza, si hoy del victor, y el viva aperecido, pues repetirlo es estragar la gloria, calle la lengua, y hable la memoria. Acordaos, Señor, del Rin hundoso, donde os viste asaltado de repente, y al romper sus cristales temeroso, Delfín humano, si vajel viviente. Yo os guardé las espaldas animoso, pues yo solo al contrario le hice frente, recibiendo en la Selva de esmeralda seis heridas, ninguna por la espalda. Cinco batallas di, que son mi gloria: marítimas las dos, las tres campales en todas logré el lauro, y la victoria, coronado de triunfos mis reales. Invicto Áquiles me hace la memoria Alejaudro valiente sus añales: Solo vos olvidando bizarrías, deslealtadas llamáis mis valentías. Si este valor, Señor, si esta nobleza, del militar honor no es acrehedora, la espada rindo al pie de vuestra Alteza orque en otro perdiera, en vos mejora. El bastón, lo desprecia mi entereza fortuna me le dio, llévelo ahora. . Ya estáis servido, ya con esto ceso, Alto guardías guiad aqueste preso. Admirado he quedado, de su pico: vive Dies que es el diablo Federico. Hasta que quede el caso averiguado es preciso estéis asegurado. Alejandro, ya sabéis la intención mía. Solo ha de ir, o en compañía? Sírvale ese criado. Renuncio la Prevenda de contado: Si mi amo por chulada, fruta quiere comer, que está vedada, es el Adán, o yo su decendiente? para pagar la culpa juntamente? Vaya preso el soplón, vaya el camueso, Si yo fuera soplón, no fuera preso. Vive Dios, que sufrir tal tiranía es ya más, respeto, cobardía. Quien desleal a Federico siente, de vuestra Majestad abajo, miente: y que él es traidor, vil y está mintiendo, lo probará en el campo Don Rosendo. Ese arrojo templad, que mi grandeza, sabrá a otra voz, cortaros la cabeza. . Yo al oír estas voces reportado, y el leal Federico encarcelado! Libertad le daré, a eso me empeño. . mas no la mano, que es ya de otro dueño. Vamos Alacena. Voy volando, que el miedo me tenía ya temblando. Qué decís de esto Señora? Que he nacido desdichada: porque preso Federico, se frustro auestra esperanza. Cielos contra una mujer por sejo, delicada, frágil por naturaleza, por costumbre desarmada, disparáis tantos ahogos, influyes tantas desgracias? El tierno humor de mis ojos vuestra dureza no ablanda? sois de bronce a mis suspiros? sois de mármol a mis ansias? Si acaso están contra mí vuestras iras conspiradas, como un rayo no me quita la vida que ya me cansa? Como la tierra no abre sus cabernosas entrañas dando sepuicro a un viviente, que de no morir acaba? Como no forma en sus senos para mis penas el agua, mausóleos de cristal sepuleros de nieve, y plata? como al llevar mis suspiros el aire en su esfera vaga con afrenta de Artemisa monumento no me labra? como el fuego si es activo tan remiso ahora se halla que no reduce a cenizas a quien provoca sus llamas? Mas pues los cuatro Elementos, fuego, y aire, tierra y agua, y aún hasta los mismos Cielos, sordos se hacen a mis ansias. yo me vengaré a mí misma de sus piedades tiranas. Con el polvo de mi ser sepultaré mí es peranza, haré, que el ardor del pecho Sirva dé ascua a mis entrañas, y el aliento, que respiro al corazón deje en calma, que las lágrimas que lloro, viertan en recío el alma: y el Cielo: pero, que digo! No estoy en de mi turbada. Yo sus piros? Yo sellezos? Yo sentimientos? Ye ansias, Lágrimas una matrona? Llantos una Siciliana? Cobardía una mujer, que está ya desesperada? Volver la espalda al peligro? consternarse en las desgracias? No mientras viva mi aliento, no mientras viva mi alma. Monté yo el bribón Caballo, piqué mi espuela su hijada mi pecho, en vez de jubón, adorné el peto, y la malla, la lanza entistre el valor, rija mi mano la espada, tire mi dedo el gatillo, y convierta en viva llama la pólvora el pedernal, que tantos estragos causa. Ea vasallos, valor: a hijos guerra, arma, si conseguimos victoría, feneció nuestra desgracia, y si instable la fortuna, se nos mostrare contraria; aceros hay en Sicilia, no faltan pólvora, y balas, con que perdiendo las vidas con resolución; bizarra, le ahorraremos a mi Esposo la violencia de quitarlas. Aquesta si que es mujer, vive Dios, de rompe, y rasga: estas son las de mi gusto, que huelen a cuchilladas. No sino esas de alfenique en mazapan engarzadas, con el corazón de alcorza, y el alma filigrana. Qué decís? Que es perder tiempo, lo que es tardar la batalla. Para la tropa, Federico, nos hace notable falta. Él solo es mejor, que yo, mas yo, mejor, que la casta de los Jorjes, y Alejandros, y de toda aquella canalla. Vuestra Majestad, Señora, pues lo ordena así la mala consternación de los astros, será presa voluntaria, pues en el mismo palacio ocultamente encerrada, ha de estar mientras yo digo, que la he visto disfrazada entre la tropa enemiga, dando envidia a Juno, y Palas. Y a quién lo habéis de decir? Al Rey. Pues tú con él tratas? Es preciso, estadme atentos. Yo armado de todas armas me pondré a los pies del Rey, y con fieras amenazas, vuestro contrario me haré así es fuerza que el Rey caiga, y de su intento me informe, con que queda asegurada la resolución que intentamos. Pues como persena abozada daré a Rosendo noticia, de) has ideas, que él traza: con que precavido el riesgo precaberán las desgracias. Si el Pueblo, ya conspirado, en tu favor se declara Saldrás de Palacio entonces cual otra Belona armada, a dar valor a los pechos, y a dar aliento a las almas. Y si la fortuna adversa en el lance se mostraré, por la ventana que cae al jardín en una escala podéis bájaros, y huir con Rosendo a la Alemania. Así estamos todos bien. Vos quedáis asegurada, libre Rosendo, yo me quedo dentro de casa a inventar nuevos ardides, y a esperar nuevas desgracias. Tomen: el bendito Viejo. Dios nos libre de sus manlas ahora quedo convencido, que el consejo está en las canas. Pues a lograr la ocasión, o a morir en la demanda. Alberto a fingir lealtad. Rosendo a tocar al arma. Como contra mí, fortuna, tan inconstante te muestras? Que es nuevo en una mujer el que no tenga firmeza? No me nombres las mujeres porque me acuerdo de aquelía, que es monetruo de crueidad con rostre, y voz de sirena. Que la Reina, Cielos, se halle sin el valor de mi diestra! Pregunto aborn es acaso, hermarodita la Reina? Que pregunta es esa necio? Bigo:- como el nombrar hembras en este sitio es vedado, pensé, que mujer no fuera. Solo sus penas me afligen. Pues yo la verdad, que sea siempre he sentido más tus desgracias, que sus tragedias, y un poquito más las mías, que las tuyas, y las de ella, y yo lo juraré sí importa. Que así apures mi paciencia? Pues, Señor, no es, delirio, que yo por tus trabaquetas, esté a pique (y esto es cierto así estubiera mi avuela) de olerle los entresijos, el Verdugo en la escalera. Que eso digas? Pero ten: no oíste ruido a la puerta? Ruido, y más de ruido, ya la han abierto; por señas que sale un tufo de Requiem; y huele a verdugo, y cuerda. Quién va: Quién puede venir, buscando llaves maestras, y sobornando las guardías, sino tu fina Isabela? Qué intentará esta mujer? Bien mío, respira, alienta. Señora excusa palabras. Dios ponga tiento en tu lengua. A que venís a estas horas? A majarte la paciencia. Qué es esto, Dueño querido? desvió en ti? en ti tibieza? tú me miras sin agrado? tú me amenazas, y tiemblas? Cuando con tanto trabajo, y a tantos riesgos expuesta viene a darte libertad, quién ser tu esclava profesa? Agradece, a que me importa que desampares la tierra. Bien finge, mas ha cruel que salsas son tus ideas? Mira, que soy tu Isabell, y tú mi adorada prenda de cuando acá Dueño mío tan poco afable te muestra? Si el senó no respetara mi pundonor noble hiciera::- Qué? Nada:: Di lo que quieras Prevenidos a la puerta de la torre hay dos caballos libra tu vida que arriesgas la de los dos en la tuya, Siendo entrambos una misma. Mas antes de partir, quiero, que satisfagas mis quejas. Si sabes, que te he querido, y que a mil riesgos expuesta, he venido por librarte, como pagas mis finezas con tan atroces desvíos? Razones tan poco atentas? Mujer, monstruo, muerto no irrites mus mi paciencia, que aunque el respetar las Dama en quien nació noble, es deuda el impulso de la ira, suele estragar la nobleza: vete ingrata, y falsa vete. Tómate esa. Villano, mal caballero:- Traidora, falsa sirena::- Tú a mis favores ingrato. Son fingidas tus finezas. Estos si que son cariños de la última moda: a ella. Mira que te doy la vida? Al Rey el alma le en tregas. Yo no entiendo esos enigmas Que los descifre la selva. Quién? Aquel lazo, que al Rey fue grillo de plata, y seda. Tu amo ha perdido el juicio? Qué os parece de su tema? Señora, que me parece? Ya el sufrimiento es afrenta. Quieres vivir? Por ti no. Pues. Mas, pues agravios me muestra bien será, que a celos mueras Sabe que el Rey es mi Dueño, que ya desprecio tus prendas, y por mi causa estás preso, y que por la causa misma perderéis la Reina, y tú, mil vidas si las tuvierais. Que si una mujer airada es ponceñosa culebra: será airada, y despreciada Idra de siete cabezas, furia, horror, veneno, y muerte, furor, crueldad, y fiereza. Tu llorarás mi desaire. Mujer, a tanta insolencia con volveros las espaldas, os doy la mejor respuesta. Fuego, que carga cerrada: Digo Señora Isabela tome Um. luz no tropiece que a oscuras: Tan contenta estoy de haber escuchado tu resolución, que diera por no perder este rato el laurel de mi cabeza. Sabe, que por mi cuidado libre estás, Federico. Si no temiera manchar con sangre tan vil el blascn de mi nobleza el cuchilló del estuche de rojo coral tiñera. Que aún de verme no te corras! que aún traidora aliento tengas para volver a mirarme! viva el ardor de mis penas::- No digo yo que hace oscuras Diablo no ves, que es la Reina? Señora, Yo: cómo? cuándo? Libre estas, toma la puerta, que en la tardanza hay peligro, y en el cuartel os esperan. Pues, y vos? Ya está dispuesto; lo que importa es diligencia. Traición, traición. Esta es otra. Muerto soy. . Esta es peor. , d Venci el primer tropiezo, pues maté las centinelas. Si daré con Federice? Por dónde andará la Reina? Ven Federico por aquí, pues está la puerta abierta. Ya siego: Fortuna instable Eja ya un clavo a tu rueda: Dentro está: cerrad la torre. Muera quien tosado intenta. De noche a nadie conozco. . Jesús me valga. Gran gresca. Este ya no hablará más Por donde hallaré la puerta Mas ya di con ella. Feliz soy si consigo esta empresa:- Sois vos Federico. . Sí. Pues vámonos: a qué esperas? Traición, traición. Ya es preciso abrir con la espada brecha. Tomad tomad esa puerta de la szquierda. Huid. Sí: el salto de mata egonte es la mayor conveniencia. 1. Acudid, que hacia esta parte se ve ya la puerta abierta. Qué hay? dónde está el Alcaide? 2. Como fiel murió en la empresz, pues revolcado en su sangre está. Y los presos? 3. En gracia. Que esto disponga la suerte contra mí! Ea Centinelas el que prenda Federico cuatro mil doblas le esperan. 1. Pues a buscarle Soldados. Muera Federico muera. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Que tanto pueda un traidor, que comoviendo la Plebe, a salir de mi Palacio, me haya precisado? Cesen vuestros enojos, Señor, y dad gracias a la suerte, que ya estáis asegurado en este admirable fuerte de los Leones adonde finos, leales, y obedientes acuden los ricos hombres a serviros como deben. Yo a no, ser por Alexandro, que aquí me guio valiente, al rigor de la violencia era fuerza pereciese: Pero vos cómo os librasteis? Con el peligro evidente; asaltado en mi Palacio me hallé repentinamente, la causa inquiero turbado, y Jorge confuso, en breve, me la refirió diciendo: Que Federico insolente, rompidas ya las prisiones, y conmovida la plebe, capitaneaba ufano un gran escuadrón de gentes, y que en nombre de la Reina, infiel quería prenderme; y así para asegurarme era fuerza me viniese al fuerte de los Leones, mientras él como prudente los movimientos notaba. Salgo en esto brevemente, y sin otra compañía, que mi desgraciada suerte, hasta aquí me vine, donde el primer riesgo venciese: y también porque de aquí, Siendo la distancia breve notar pueda el movimiento del ejército rebelde, y defenderme, o huir el motín sangriento. Suele ser Río el Pueblo, a quien da alma de cristal la fuente, nace humilde entre las avijas, que la tierra le previene, y grato a este beneficio va lamiendo dulcemente, con lengua de plata al margen, freno fiel de su corriente: de allí por secreta vena comúnica ocultamente En zo sa, al lirio cándida nieve, y es, que como reconoce, que a la tierra el ser le debe, lo que recibió en cristales, retornar en flores quiere Mas nace una exhalación pírata del prado aleve, y siendo hija de la tierra contra, la tierra se vuelve, Vase elevando esta nube, y en agravios se resuelve, que liquidado entre peñas es avenida de nieve. Crece el río en su venida, tal vez tan rápidamente, que olvidando el ser arroyo, plaza de mar pasar quiere. Supera altivo los sances, con que la tierra prudente puso freno de esmeraida a su cristal trasparente, he inundando todo el prado plantas troncha, tala mieses, no hay flor, que no desperdicie no hay tronco, que no atropelle hasta, que faltando ya lo que es causa de sus creces, van minorando sus fuerzas, y a su antigua cauce vuelve, se acuerda de que es arroyo, y el ser a una fuente debe. Así Señor es el Pueblo, manso arroyo, el Rey la fuente, la traición, es el granizo que su espíritu conmueve, irase esto poco a poco disolviendo, como suele, o a la luz de la razón, o al desengaño de muerte, y entonces volverá el Pueblo, a sus antiguas corrientes. Verá, que es fuente su Rey, y que es arroyo la Plebe. Con tu aguda discreción, y tus razones prudentes ni los ahogos me afligen, ni las, penas me entristecea. Vive tú, que eres mi vida, y venga lo que viniese, que sin ti todo son males, contigo todo: son bienes. Premiáis mi amante cariñío. Mas tu fino amor merece. Aquí, y Señor está Alberto, que besar tus manos quiere. Siempre ha sido el Condestable, sino, y leal: decid, que entre. Del General de Cerdeña es este pliego, . Leérele: El Rey de mí se recata, y al paso en mi crece, el deseo de saber lo que este pliego contiene. Del amor, y de la industría será bien, que me aproveche. Si aquí os sirvo de embarazo, me iré. No os vais, que puede, quién es Señora del alma, ser dueña de mis papeles. Señor, si un leal Vasalio besar vuestros pies merece, aquí estoy a vuestras plantas, fino, aunque viejo, y valiente. Alzad Alberto a mis brazos, que en ellos descansar debe, quien adlante, mi corona sabre sus hombros sostiene. Qué decís de mis sucesos? Que ocupado en mi retrete, en volverle a Dios el tiempo, que le hartaron mis niñeces, me inquietó un grande alborote de cuyas voces aleves. era el eco: Muera el Rey. Consternome este accidente, diome un vuelco el corazón, y la sangre, que era nieve, por la edad, por el aceso paso a ser fuego viviente. La espada empuño arrogante, tercio la capa prudente, y embarazando un fuerte escudo, para lo que aconteciese salgo a la calle diciendo: Viva el Rey eternamente. Con este arrojo pensé, que podría contenerles. Mas fue en vano, pues Rosendo, Capitán de los rebeldes esforzando la traición, dijo a los suyos al verme: Dejad ir ese caduco a que la noticia lleve al Rey del valor, y esfuerzo con que le esperan mis huestes al echar esta mosa, fue milagró no perderme, morir intenté matardo pero viendo, que mi muerte, ni era al real servicio, ni al bien común conveniente del indulto concedido, me aproveché, y cautamente, si bien de paso noté el número de la gente la disposición del orden, y el impulso, que les mueve tanto, que dije entre mí. Lealtad mucho orden es este! No es lástima, que un traidor tan bien disponga sus gentes? Tuvieron la gran fortuna de, que Federico huyese. de la cárcel, que si no, no hubiera error, que hiciesen. Solo esté hombre me acobarda, a otro mi valor no teme. Pues, Señor, que Federico, es invencible? Es valiente, y experimentado. Pero es un hombre solamente. Alejandro; Julio César, Capitán sabio, y prudente, a sus Soldados decía, que un General cauto, y fuerte, mas que un Ejército vale. Pero ahora este accidente no subsiste, porque sé, por un leal confidente, que allá tengo, que Federico en el campo no parece. Miento, que ello ordena todo más fingirlo así conviene. Tema este anillo en albricias de noticia tan alegre. Gracias os doy por la prenda, Da por vuestra has bien la aprecie. Señor no será mejo asaltarlos de repente! que la traición cuando nace se arranca, sino envejece. Si esta noche da el asalto a sus contrarios, les pierde; pero válgame la industría. La sargre Alexandro, os hierbe, sois mozo, no hay que extrañarlo, mas no es lo más conveniente, lo que ahora determináis. Queréis vos, que los rebeldes, que pelean por la vida por sus hijos, y sus bienes, se hallen tan desalentados, que con valor no os esperen? Queréis arriesgar un choque? lo que asegurar se puede, con el riesgo, sin peligro? No reparas, no previenes que los que están indecisos, ni leales, ni rebeldes, si perdéis esta batalla se inclinarán al que vence? Lo mejor es divertirlos, y cuando el furor los deje, con un perdón general se reducen los rebeldes, se castigan las cabezas, y ía tropa no perece. Sola vuestra discreción pudiera satisfacerme. Obedece al Condestable. Contra mi gusto resuelve. Fero es lo mejor; si no escuchad atentamente, lo, que el Sardo General en este pliego me previene. Los veinte mil hombres, que Vues- tra Majestad pidió al Rey de Cerdeña, Señor, se hallan en el Puerto de Caller, esperando orden para desembarcar, don- de sea conveciente. Dios guarde a Vues tra Majestad. Pues si aún no ha doce horas, que sucedió este accidente, de donde o como tan pronto el socorro venir puede? Es, que aunque la revelión, se oyó repentinamente, días ha, que se fraguaba, y así juzgué? conveniente, pedir al Sardo socorro, para lo que aconteciese. Responded al Genera! que venga inmediatamente a este puerto, y entre tanto, si el orden, que Jorge tiene de dar fuego a Palacio, se logra, y en él perecen la Reina, y sus baledores, conseguimos felizmente, la amada quietud; Si no con el socorro, que viene, tendrán, perdiendo la vida; el castigo que merecen. Obráis con toda prudencia. Denda es en mi obedecerte Yo enviaré estas noticias, para que el daño remedien. Señor: Señor::- Qué hay de nuevo? La tropa avanzada, advierte, según denotan las llamas, ques el Real Palacio se enciende Esta es Señor, la ocasión mejor para acometerles: Pongo en orden los Soldados. Condestable, qué os parece? Yo siempre soy de opinios, que no es razón, que se arriesga al lance de una batalla, la Corona, que posees: hasta, que venga el socorro solo importa mantenerse. Disponed pues Alejandro, que esté formada la gente, y observad los movimientos, del enemigo rebelde. Vos Señora, descansar podéis ya seguramente. Yo descansar, cuando Vos en riesgo tan eminente estáis? No por vida mía, siempre a tu lado has de verme, para vivir, si tu vives, o morir, si tu pereces. Si tú me sigues, que acás habrá que pueda ofenderme? Mas a correr las trincheras, quiero ir, si a ves os parece? Vamos que si vos sois Marte, yo he de ser Belona siempre. Salí con mi intento, amigos Eneas fui de esta Troya. Jesús me valga: ay de mí! Albricias Cielos, que ya retorna Qué es esto que me sucede? Cobraos del susto Señora, respirad, tomad aliento. Como es posible, si absorta en un mar de confusiones mi imaginación zozobra? Soñaba, mas no fue sueño, Vi: peros no, que estas horas a ser verdad lo que vi, ni aún de hubiera memoria. Yo entre llamas:: Alentaos, yo os diré el caso Señora. Dar fuego intentó a Palacio aleve mano traidora, o para que vuestra Alteza feneciese mariposa, o para que los parciales de Vuestra Real Persona fues en miembros sin cabeza, fuesen lumbre sin antorcha. Pero piadosos los Cielos, lo han dispuesto de otra forma, pues vos habéis sido Fénix, que en el incendio remoza. Pero a quién debo la vida? Yo soy, quien logré la honra, de sácaros en mis brazos. Corta paga es mi Corona, para favor tan crecido. Para los Nobles, Señora, es hacer el beneficio, la paga más generosa, gracias doy a mi fortuna Valga el Diablo con tu serna camina, o viven les Cielos que arrastrando haré que corras. Qué ruido es este? No es nada. Reconociendo la costa, hallé a este buen sacristan: se me antojó, que era posta, llámele con cortesía, y el que según devota viene de casta de liebres huyó como una paloma. Seguile que, soy buen galgo y le alcancé a poca costa átele muy bien las manos, he hice que la posta corra, hancia vuestra Majestad, por si sabe alguna cosa. Señora, yo no se nada. Bien la turbación denota t delito: ola Soldados, ahorcad a ese hombre Señor sí me perdonáis la vida, diré cosas, que me importan. Ah cobarde. Decid, pues, y sea la verdad sola. Ya estoy perdonado? Sí. Pues romped la nema ahora de este pliego. Leed Federico, y salgamos de zozobras. Es de Alexandro la firma, y dice de aquesta forma. Vista esta, sin perdonar diligen- cia, saldrá la armada del puerto to- mando la derrota, hacia al fuerte de los Leones, donde se halla. Su Majes. tad Siciliana, a pique de perecer. Dios le guarde. For el Rey; Este peligro me ha dejado, tan confusa como absorta. Qué armada puede ser esta? Yo estoy sin mí. Pues Señora. no tenéis aquí un canario, que canta, que es ua gloria? Él lo dirá. Decid hombre, que armada es esta, que aporta en Caller? Son veinte mil Soldados, que allí le aporta el Rey de Cerdeña mi amo, al de Sicilia, aunque ignora, para que fin, o que efecto. Si mientes en una horca, pagarás tu alevosía. Esta es la verdad notoria. Pues hasta que se averigüe ha de quedar tu Persona puesta en él cuerpo de Guardía. Muy bien habéis dicho: ola asegurad a este hombre. Ya obedecemos, Señora. Y ahora, que se ha de hacer? Dios guarde a vuestra persona. Bienvenido Escaparate. Qué hay de nueve? Seis mil cosas. Primeramente, que yo me he dado a la valentona, pues contra cuatro enemigos, he peleado, con airosa bizarría. Y has logrado, de todos esos Victoria? Este es el punto, que aún dura, la batalla. Alguna sorna habrá pillado. Ojalá, que en eso estuviera la gloria, del vencimiento. Qué dices? Digo, que la peleona es, contra. los enemigos del cuerpo, que son enferma, hambre, sed, pobreza, y miedo. Deja las chanzas ahora. Quién se chansea sois vos; que como si fuera bodas, me convidasteis a espía, y aquesto tan por la posta, que aún no me distéis lugar, de saludar una bota, con que llegué sin alientos, al fuerte en doce heras, no dije esta boca es mía, ni este trago es de mi boca, con que no hablando de chazza, sino de veras ahora, por mí dice el Condestable. Que Alezandro con airosa valentía intentó daros esta noche para tortas, acometiéndoos bizarro; pero, que él con mañosa industría, porque trates entiende más, que una zhorra pude impedirlos. Item más que el Rey espera por horas veinte mil hombres, y así que juntes toda la tropa, y acometáis, antes, que él lo haga. Con las otras concuerdan estas noticias. Ya es fuerza, que se disponga la tropa, y aventuramos en una acción nuestra gloria. Pues pongo en orden la gente. Espera detente, aguarda, que quiero justificar con la orden mi demanda, y para estar más segura entremos en mi real sala. De Sicilia ricos hombres, nobles Padres de la patria. Plebe fiel, a quien adoro, como si de mis entrañas el ser recibido hubierais, que quien como hijo nos trata, mas es tirano, que Rey, mas es fiera, que Monarca. Ya ha llegado la ocasión, (ójala nunca llegara) de que contra vuestro Rey hayáis de tomar las armas; pero no, no es Rey, quien obra con violencia tan tirana que atropellando respetos, (aquí el aliento me falta) repudiar quiere a su espesa por gozar una tirana; matar pretende a la Reina por dar gusto a una vasalla. Quién comete este atentado, traidor a Dios, y a la Patria, que error habrá, que no emprenda? Qué delito, que no haga? Si aún el sacro pundonor, las sacras leyes profana, tanto, que parece, que hace alarde de profanarlas. Que dama estará segura, de su pretención liviana. Mas que hará, quien de su ley abandona las sagradas ceremonias, y somenta la heregía en sus entrañas? Obstinarse en la maldad, precipitarse sin falta de un abismo, en otro abismo, que vida habrá asegurada? Pues a este monstruo, a esta fiera, tan sañuda, tan tirana, que ni a su ley no perdona, que ley divina, y humana, puede haber, que le sufrague? Ni que indulto, que le valga? Muera, quien matar nos quiere, perezca, quien nos acaba; vive el bien común: y viva la libertad de la patria. Si estas lágrimas; que vierto, si este furor, que me inflama, si estos desprecios, que sufro si la muerte, que me aguarda a compasión no os conmueve, a enterneceros no basta, esta inocente hermosura. que nació de mis entrañas. Hijo de mis desventuras, heredero desmis ansias, vuestras piedades implora, de vuestro auxilio se ampara, merezca él por inocente, y yo pierda por culpada. Ahí le tenéis vasallos, postrado está a vuestras plantas: Si hay piedad en vuestros pechos. ahora es tiempo de mostrarla, sino pisadle matadle, encangrentad vuestras armas en esta humilde inocencia, por infelice culpada. Yo no he de alzarle del suelo, hasta ver si vuestra hidalga sangre le quita la vida, o en su favor toca al arma. Viva el Príncipe nuestro: muera el Rey: al arma, al arma. Pues vuelva ahora a mis brazos el Rey, que Sicilia aclama. Guarde Dios a vuestra Alteza. Qué es esto suerte tirana! . Vos por aquí Condestable. Supe por aquesta Dama, que Alejandro receloso de mis, obras intentaba darme la muerte atrevido: Comunicó esta dañada intención con Isabela, a delante de esta criada, y grata a los beneficios, que cuando sirvió en mi casa a mi hija, la hice, me dio noticia de cuanto tratan, y así me viene con ella, por no dejarla arriesgada. Venís a buena ocasión: Ea vasallos del alma, pues empeñados os veo, en proseguir mi demanda, antes es fuerza juréis con resolución hidalga, a mi hijo por heredero, y a mi Reina proprietaría. Resolved lo que os parezca. Desde que fiel a mi Patria, y a mi Reino resolví sacrificar vida, y alma en su defensa, dejando bien quistos mi honor, y fama, tube presente esta acción juzgándola necesaría, para animar a la tropa pues mal la espada empuñaras los soldadosesin tener Soberano o Soberana, con quien ccbonestar su acejón a primer viata tirana: a este efecto, pues dejé al llegar aparejadas todas las reases, insignias conque no solo, jurada seréis, sino Reisa nuestra, y como a tal coronada. Empieza la ceremonia, por los nobles de la patria, Federico. Soy contento. La Nobleza Siciliana, ofrece en mi nombre el Cetro, que gocéis edades largas En nombre mío la Flebe postrado humilde a tus plantas con el sagrado laurel. tus nobles sienes esmalta. La milicia en nombre mío tan valiente, como hidalga el real manto os ofrece, y juntamente peleaba, de conservarle inmeaso con el valor y las armas. . Pues ya está hecho lo más, lo menos es lo que falta: Decid, que el Príncipe: ay hijo me enternecen tus desgracias. No veis que mi Madre llora? Como no hacéis, lo que manda? No llore su, Majestad. que me enternecen sus ansias. Decid, que el Príncipe viva, heredero de mi casa. Viva el Príncipe, y la Reina: muera el Rey: al arma, al arma. Dad las gracias hijo mío. Vasallos yo os doy las gracias, y si importa mi persona, armado de todas armas, y animando a los soldados, me admirará la campaña: Que por defender mi madre riño valeroso, hoy Patria sacrificaré gustos la vida que ya me cansa. Y así, nobles Sicilianos ya podéis tocar al arma. Al arma, y marche la tropa, Marche, y pase la palabra. Digo Señora Alacena con que Unesarsed es Madama que se le entiende un poco, de secreto de importancia? No escucho al Condestable? Ya oí que fuiste criada de su hij, Y el Busón no dirá que gentes manda? mejor fuera que en el campo su valor ejercitará, y no estar aquí el cobarde diciendo mil patochadas. Hija el quinto Mandamiento de la ley de Dios nos manda no matar, y yo le observo no Saliendo a la campaña. Así los buenos consejos que le da su amo guarda? Pues que son días de fiesta para guardar su observancia? Es un gallina. Dejemos ahora esas pataratas: si logramos la victoria haremos algo? Ni aún alga. De cosas de matrimonio? Que no se acuerda el panarr que me despreció aitamente? Creí que no te acordabas, O! y que memoria, que tienes! aún te duras la humorada? Y durará eternamente. Pues peor, está, que estaba, en qué quedamos? De guerra. Que no me rindes las armas? No. Pues tú me rogarás. Váyase muy notamala. No hay remedio? No hay remedio. Por Dios que contra una almohada a golpes me he de matar. Ya de tanta nfonada estoy enfadada. Aós. Adiós fregona del alma. . Qué es esto bella Isabela? querida esposa, qué es esto? ahora que sin zozobra puedo llamarte mi dueño, pues según me avisa Jorge, ya pereció en el incendio de mi palació mi Esposa: ahora que alegre intento, esmaltar vuestra hermosura con la Corona, y el Cetro, estáis triste? vos lloráis? Queréis que lloren los Cielos. No deis sentimiento al sol, que como de sus luceros mendiga humilde las luces, le harán faltar tus reflejos. No llores por vida mía, suspende el llanto que temo, Si se eclipsen esos ojos, que perezca el universo. Que causa puede obligarte a este dulce aljofar tierno, que envidiar pueden las conchas para cuajar en su centro? Rey, Señor, y Esposo mío a quien debo tanto afecto, que es corto caudal el alma para su agradecimiento. Un sueño (mejor dijera un vaticinio funesto me ha usurpado la alegría, me ha robado los alientos: Soñaba que un Tagárote que el Occeano del vienteo navegaba a remo, y vela, ufano cuanto ligero, le iba al alcance una garza que haciendo las garras remos, velas las alas, el pico timón, y bajel el cuerpo, prestándole al temor alas, y dándole el miedo aliento, de una Águila se amparaba, que aún en las aves no es nueve, valerse del poderoso el desvalido: en efecto, el Águila generosa de defendería hizo empeño, y acometiendo bizarra, el Tagárote soberbio, pico a pico, y garra a garra se emprendió el choque sangriente. Póblose el aire de plamas, de rojo coral los pechos, de cautelas la flaqueza, la altanería, de esfuerzo. Ya las llevaba a las Estrellas la ligereza del vuelo, y ya ciegas de coraje casi besaban el suelo. Pero en fin el Tagárote o más feliz, o más diestro, dándole al Águila la muerte, se corona de trofeos. juzgaba entonces la Garza, ser presa, y despojo aún tiempo de su enemigo; pero él la dejó como diciendo: quien vence al Rey de las aves, no hace caso de plebeyos. Disperté con esto ansiosa, tan poseida del miedo, tan llena de sentimientos que aún a mí no me conozco por mucho, que me contemplo. Deja Isábela mía el susto no temas, que es debaneo, que torres de fantasía los pague el entendimiento. Para que veas lo poco que se han de creer los sueños; Alejandro, pues la Reina ya pereció en el incendio, y no queda más embarazo, prevenid Corona, y Cetro, que antes que venga el socorro, que por instantes espero, ha de ser Reina Isabela y mi cara esposa aún tiempo. Qué decís del vaticinio? Qué he de decir? Que fue sueño Disponed Señor la tropa porque el contrario: Qué es esto? ̱. Que nos cerca el enemigo. Viva el gran Príncipe nuestro. Amigos a resistir. Dadme Cielos sufrimiento. Ya se cumplió el vaticinio ya la muerte por momentos me amenaza, pero que estraño, si serví a un ciego. Siempre los lances de amor pararon en escarmientos. Viva el Rey. Viva la Reina. Viva ye que soy primero. O que casiente va él ajo escaparme intento, y jugar al escondite, que de Niño a este juego le tengo grande afición. Ahora veréis si tengo valor, para dos traidores. No hay resistencia a su esfuerzo, muerto soy. Menos contrarios, y alma más a los infiernos, rendíos vos. Qué es rendir? No! Pues a tu compañero seguirás, y tendrá el Diablo Posta, y Postillón a un tiempo. . Si durará aún la batalla? Aún dura: A esconderme vuelvo. Caí. . Te rindes? No. . Pues de los contrarios los menos. No cede a la muchedumbre, que es infinito mi aliento, No quede ninguno vivo que a tu sado está Rosendo Soldados a retirar, que el General queda muerto, y el Rey ha huido. Ya es fuerza que vaya en su seguimiento. Pues si se libra quedamos siempre pendientes del riesgo. Proseguid vos la victoria. Ahora sí que es buen tiempo pues Rosendo está mirando, hago como, que no veo. No huyáis cobardes venid, que yo solo aquí os espero; venid cuatro, venid seis, o venid mil, y quinientos a un, hombre solo teméis? Canalla, sollones, perros, Salga el gallo de Alexandro contra mí si tiene aliento. Salga Jorge, salga el Rey, salga el ejército entero, que mi tarramana es bastante, para echarlos al Infierne. Muy valiente estáis ahora, pero en la batalla pienso, que no te vi. Cómo qué? me entiende la flor del perro. Señoras el que es gallina por más que gallee es esto. Ya gracias a Dios Señora, el fuerte queda por nuestro, pues muertos los Generales, lo rindieron al momento. Y mi esposo! En busca suya van, Federico, y Rosendo: y ahora porque los soldados que han quedado prisioneros quieren buscar vuestra mano, serviros, y obedenceros; será fuerza perdonarlos. Vamos que publicar quiero un Iudulto general. Ganaréis gloria, y provecho.. Cuando tirana suerte; cuando fortuna esquiva; para mis penas vivir muerta para mi muerte, dará fin a mi ansia, de tu voluble rueda la inconstancia. Cuando a mi tormento, dando al coral la vuelta has de dejar disnelta mi pena, y mi sentimiento! Llamando yo favores la tirana piedad de tus rigores? Monarca me decía, Yo que aba no ha tres minutos y humilde me ofrecia Sicilia su tributos. Perdí en solo un instante Cetro, Corona, hacienda, honor, amante. Mas pues seguí a un vendado rapaz mil veces ciego, sea el desasosiego pena de mi cuidado, huía yo de mí mismo, ya que di de un abismo en otro abismo. Con el respeto que debo guardar siempre a vuestra Alteza pide que rinda la espada. Ya a tu valor se sujeta. Rey que no pudo mandar, bien es que obedecer sepa. A lástima me provoca. Siento que la fortuna adversa, haya dispuesto este lance, el puiso me tituvea. Vámonos en que os detenéis? En contemplar la rueda de la fortuna las varias, fieras lamentables vueltas. Pues yo me tube la culpa justo es que pague la pena. Adónde guíáis? Al fuerte de los Leones que es fuerza hasta que todo se ajuste quedar tu persona presa. Yo os ahorraré este, trabajo, porque según es mi pena ella será de mi vida, Verdugo, puñal, y cuerda. Que será de Federico? Irá siguiendo la empresa, con el resto de la gente. Señora, di en vuestral Alteza hay piedad, permitid, que entre a habiaros mi amarte Isabela, que en el fuerte estaba oculta. Mucho extraño que se atreva a comparacer: mas llegue. A vuestras plantas excelsas rea de muerte se halla Isabel, que ser desea tapete de vuestros pies, alfombra de vuestras huellas. No vengo a pedir piedad, justicia pido, y que rea un cuchillo quien separe de mis hombros la cabeza. Solo os suplico Señora que me intiméis la sentencia antes de ver a Federico, pues son tantas las ofensas que cometí contra él que más temo su presencia, que la muerte. Aunque tus hechos, son indignos de clemencia con todo os dejo la vida, pero de todas mis tierras Saldréis desterrada. Dios prospere vuestra grandeza. Esta es del amor profano la paga segura, y cierta. v Dios guarde a tu Majestad. Señora el Rey preso queda. Ya con esto está segura la Corona en mi cabeza, si acaso no lo embaraza el socorro que se espera. Ya tomado está este paso pues contra orden, que se vuelva a Cerdeña, se le envía en nombre de vuestra Alteza, contando lo sucedido, conque es fuerza que obedezca. Se acabaron ya los riesgos! Ya desvanecidos quedan. Pues grata a los beneficios, que debo a tanta fineza. Vos sois mi primer Ministro. . Vos los Títulos, y rentas que queráis elegiréis. Vos en la paz, y en la guerra seréis General. Por todos doy las gracias a tu Alteza. El Rey en el mismo instante, ae os fuistéis murió. La pena, dicen que ha el dogal; pero yo mejor dijera que alguna salsa de Agraz le hizo para el Cielo senda. Con el más noble aparato, que pueda fingir la idea, sea sepultado, y yo para que el mundo no entienda, que me movió la pasión, castidad vidual perpetua quiero guardar. Vive Dios, que sois mujer sempiterna. Yo a vista del desengaño, de la infeliz Isabela, no, quiero buscar esposa. Un borracho es el Poeta pues no quiere escarullar a Federico con la Reina: mas él se entiende, nosotros hacemos algo Alacena? No me caso con cobardes. Ni yo paso mucha pena. que el buey suelro, bien se lane Y aquí una humilde obediencia da fin, perdonad su hierros, y también las faltas nuestras