Texto digital de La amistad vence al rigor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Jerónimo Malo de Molina
- Atribución estilometría
- Jerónimo Malo de Molina Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La amistad vence al rigor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amistad-vence-al-rigor-la.

LA AMISTAD VENCE AL RIGOR
JORNADA PRIMERA
LSO o cerm o, MMM e P̱̱ ̱̱ re M Pón ̱ G- l ( Poe p A o. RMMMESO P . Templo de Libeo, el gran Dionisio llega, cumpliendo de sus años la hermosa primavera: en piedra blanca vivan, y corra ya por cuenta del Sol el numerarlos sin número de estrellas. Qué bien Sicilia, Señor, el día que cumples años con festivos desengaños te está mostrando su amor; y qué bien de este enemigo mis celos se han de vengar. No puede disimular el Duque su ardor conmigo, ni con Pitias, que celoso de entrambos, aunque está ausente su mal llora indiferente. Sácame Amor de dudoso, . y dime, pues eres Dios, en cual de los dos, Astrea, Pitias u Damón se emplea? o vengareme en los dos. Que aunque al Rey he conocido también de Astrea inclinado, ni hasta hoy se ha declarado, ni vive correspondido. Llega la Reina? . Aún no creo que de Palacio ha salido. Con grande priesa he venido; mas que no hará mi deseo que por ver a Astrea está de pena, y contento loco. Celos, idos poco a poco. Ya el Rey declarado se ha; pésame por Pitias. Di, quieres en el Templo entrar; Cómo puedo sin llegar la Reina. . Mal lo advertí. Tu Damón, como en el día que año cumplo, a tal tristeza te concedes? . Vuestra Alteza, crea que haber no podía tristeza en mi cuando solo mi vida al morir trocara porque este día os contara desde el uno alor Creolo así, mas que razón ay que a tal razón te entrega? y así entre tanto que llega la Reina, dila Damón. Envidias, qué me queréis, que así me quitáis la vida? Ninguna cosa te impida, y vosotros no cantéis; di qué tienes? Gran señor, ya sabes como otra vez te he dicho, haciéndote juez de mi amistad, y mi amor, lo que amo a Pirias. . Si sé. Y que una patria nos dio vida, y sangre, donde yo tanto a amarle me incliné, y él a mí, que en lazo estrecho desde nuestra tierna edad, fue sola una voluntad la del uno, y otro pecho. Con ella nos prometimos, que adonde quiera que fuese el uno al otro siguiese sus pisadas; en quien dimos tanto lazo a nuestro amor, que a pesar del tiempo fuerte, aún no ha de tener la muerte para romperle valor. Crecimos, y en todas cuantas ocasiones se ofrecieron, jamás se nos dividieron, como los pechos las plantas; de suerte, que aunque él Soldado, y yo filósofo, el día, ve a el ocasión le venía eir a la guerra esforzado, de poniendo el ejercicio o, que en mi estudio cursaba, él, cuando salía, sin más reserva, daba por el de Minerva trueco al estilo de Marte; siendo en fin nuestra lealtad tan unida en todos modos, que pasó a vista de todos por verdadera amistad. Sucedió, pues, que en Sicilia; tu gran Maestro murió; por lo cual tu voz mandó, que con atenta vigilia un Maestro se buscase, que en Pitagórica ciencia, con igual equivalencia viniese, y te continuase. Llegaron los Mensajeros a Atenas mi Patria, en fin; que de las letras jardín, todos le son jardineros, y viendo que yo podía servirte, me prefirieron a muchos en que me dieron la gloria que no tenía. Vinose Pitias tras mí, cumpliendo nuestro estatuto; donde como el mucho fruto de su valor viste aquí, y que en las armas mostraba espíritu tan valiente, que a las tuyas solamente tan gran gobierno faltaba, por hacerme a mi favor tan alto le ennobleciste, que tu General le hiciste. Con cuyo cargo, señor, sabiendo que el Africano poder con casi trecientas velas de temor exentas mueve contra ti la mano, or faltar tu armada, fue Ejéícito a esta por tierra, para que en tierra no ponga el contrario el pie. Y como de tu cuidado mi temor pendiente está, temo lo que puede allá, señor, haber resultado. No porque el ir en tu nombre, la victoria no asegura, sino porque la vantura no está en las manos del hombre. Y también, porque aunque llenos sus aciertos viendo estás, lo que se procura más, suele conseguirse menos, porque como es la fortuna de calidad de mujer, quien más llega a merecer, su fe, no alcanza ninguna, Y así temo deseando, que en nuestra firme amistad tenga aquí tu Majestad quien más le sirva acertando. Cumpliendo con un nibel con quien tanto nos honró; en lo de las letras yo, y en lo de las armas él. Esto es, señor, lo que puede solo haberme congojado, si es que en mi rostro has hallado, que de el día en algo excede, porque a estar en mano mía, quisiera entre tanta gloria coronar con su victoria el aplauso de este día. Maestro, de vuestro amor, y de el de Pitias; ya sé lo que me estima la fe, lo que me sirve el valor: no en vano mi voluntad os ama con tanto ejemplo. Ya su Alteza llega al templo. La Reina llega, cantad, Al Templo de Libeo, Vuestra Alteza, gran señora, sea mil veces bienvenida; Ay Astrea de mi vida! ingrata que el alma adora. Vuestra Alteza, gran señor, perdone si me he tardado. Solo ha sido en mi cuidado quien lo ha sentido mi amor. Aquí está Damón. Astrea. viéndome se ha suspendido; y el Duque lo ha conocido. Qué viva yo, y que esto vea! Qué es esto? Es que Pitias viene, señor, vencedor sin duda. Bien el Clarín lo asegura. Y bien lo muestra el tambor. Ay Pitias del alma mía! Es grande su valentía. Sí, Conde. a Y justo mi amor. Solo pudo sucederme en tu presencia Libeo, dicha de tanto trofeo: ya espero que llegue a verme. Premiar debéis de su brío tan alta demonstración. Todo, lo debo a Damón: Soy tu esclavo. Ay hado impío! quien se vio en mayor pesar. Deme los pies vuestra Alteza. Y a mí, porque en mi cabeza. tenga tan alto solar, pues si a tus pies la levantas, podrá decir con voz cierta, que es en el mundo la huerta de más bien nacidas plantas. Alzate. . Y vos, gran señora, dadme los vuestros. . Hablad, Pitias, con su Majestad. No dio lumbre el canto ahora: más Libia está aquí; si habrá en mi tallé reparado? Lindo viene el tal Soldado, gana de reír me da. Damón. . Amigo. En mis brazos después. . Siempre tuyo soy. Loca de contento estoy. Oh quien sin más embarazos . con Astrea hablar pudiera! En fin, no medió el Rey nada. Refiérenos tu jornada. Pasó de aquesta manera: Yo con siete mil caballos, hijos del viento sutil, que a pesar suyo los vio volar todos sobre sí. Y con nueve mil Infantes, cuyo es fuerzo varonil, o le tomaron de Marte, o le aprendieron de ti. Dándome tú de tu mano el regio bastón, salí marchando desde tu Corte, a embarazar, a impedir del Africano enemigo si armada, que tan feliz, numerosamente altiva, prósperamente gentil, sobre tus costas llegaba, siendo airada al presumir Garza de tanta hermosura del Siciliano Páis, cada Bajel un Azor, cada Galera un Neblí. No fue tan a tiempo, o Grande Dionisio, mi concurrir desde el ceruleo terliz salado campo que al Cielo tal vez se atreve a medir con vara de rica plata ese estrellado espolín no estuviese en sus riberas, ardiendo en amagos mil, Robunato, aquel Barón, que asombro del Mallorquín se prometió, de Sicilia rayo heroico en ruina vil, con unos seis mil caballos, que Atlantes de tanto Ocid, monte de acero brillaba cada uno de por sí; y con nueve mil infantes, que en bien matizado Abril de plumados promontorios sirvió de espejo al Cenir, fueron los que de su Armada, sin flaquear un Vergantín, sacó a tierra su Estandarte, a cuyo fuerte estallir, a cuyo airado gritar, repetido aquí, y allí, tronó concertado el parche, gimió sonoro el clarín. Dímonos vista en efecto, y empezando a prevenir Robunato, y ordenando a tu Armada con festín bien ordenado a la lengua del agua, por si acudir fuese menester con gente te hallase, tocó a embestir, bien así como la nube, que en estrepidoso fin el conjelado portenio, ruina de toda cerviz, despide de sus entrañas, tocando yo; bien así al verle empeñado ya, como irritado mastín que el lobo delante mira; como a tigre, que a sentir llego robados sus hijos; como león, a quien rendir, quiere solicita escuadra; como a Toro, a quien herir diestro Caballero intenta, como fatigado espín, como elesante injuriado, que usando el corbo marfil la inchada trompa encarruja: y en fin, si he de hablarte fin hipérboles afectados, como quien me prometí rayo tuyo, a cuyo fuego mas de lo que he dicho fui. Ibámonos ya acercando, cuando fuerte conocí, que saliendo Robunato delante, empezó a decir: Pitias, General infausto de Dionisio, si lucir pretendes, aquí te aguardo; parte solo, donde aquí demos principio a la guerra, levantando, porque oír le pudiese, la visera de unas armas, que al buril de fiel Bulcano debieron tanto gravamen da ofir, que a no estar mirando el Sol, juzgara traerle en sí. Sobre un morcillo Africano, desde el codón a la crin venía tan ufano el bruto; más óyele referir, si es que a tan vivo retrato puede mi voz colorir. irá el crespo animal tas fervoroso, ve al son de la vaqueta, que le incita, bebiendo el curso del compás airos en cada movimiento le bomita. Mueve el errado pie, y en lo dudoso, de que si al viento se le da le quita, pareció, acreditado de su aliento, caballo alguna vez, las demás viento. Fuego los ojos, monte la estatura, rayo el cuerpo, cometas las acciones, fiero el rigor, y hermosa la postura del Troyano amago las confusiones. Tasca el freno, quebranta la erradura, muerde el aire; dúplica los tesones, y entre el lozano orgullo que profesa ni el tacto injuria, ni volando cesa, Yo, pues, que llamado estaba, a mi contrario partí desde tu gente, esmaltando los hijares de carmín a un alazan Español, de quien se pudo aquir; pero dejo de alabarle, por ser yo quien le regí. Halleme con Robunato, y antes de nuestro embestir, por el tuyo, y por mi honor, sañudo le dije así. Mísero, que a tanto ardor tu incierta fama te llama, como al mitarme en mi fama no te da muerte el temor? Si de Dionifíó el valor busca tu abreviada suerte que es tan poderoso advierte, que si con su voz tenida no te ha quitado la vida, es por no abreviar tu muerte. Mas yo que en su nombre vengo: dándorelo a conocer, hoy en mi esfuerzo has de ver el que por suyo prevengo, tan alto arrojarte tengo, que en tus volatiles huellas, por lo veloz, que con ellas pases del Sol el farol. sin que te abrase el Sol te han de abrasar las Estrellas. Respondiome con su lanca, a quien yo correspondí con la mía, cuyo choque hizo valiente crujir del monte lo más heroico, del valle lo más civil. Rompiéronse las dos astas, cuando sin poder sufrir los dos ejércitos más, haciéndonos desparcir, carraron con tanto estruendo, que por todo aquel confín pareció que de esos once libros el celeste atril cayendo sobre la tierra, con descrédito infeliz, o se intentó desquiciar, o se intentó desmentir. Seis horas duró el tesón de uno, y otro Paladín Ejército, cuando luego se nos comenzó a rendir el contrario, cuando yo vuelto otra vez a surtir con Robunato, medimos las cuchillas; aquí si que eran menester las voces, aquí otra vez digo, aquí, porque al punto que nos vimos, fue tan grande el combatir, fueron los golpes tan fuertes, que entre el duro despedir de una, y otra igual centella, se pudiera persuadir cualquiera al ver las dos ojas levantadas en un fil, como rayos al bajar, como vientos al subir, que eran dos ardientus fraguas por cuya encendida lid, como por dos mongibelos, que en alto arrojan de sí el fuego, que al viento vago fulmina su arder matiz, nuestros cuerpos, y caballos, sin poder darle otro fin al certamen, chispa a chispa se habían de consumir. En esta, pues, noble lucha; en este heroico insistir, donde se pasó el obrar mas allá del presumir, fue tan raro de dos golpes, uno, señor, que le di sobre su derecho brazo, que sin poderlo impedir los brazales, cayó en tierra tan veloz, que como allí no hubiese aún perdido el fiero; tesón de tirarme a herir, pareció que en su bullicio, sin soltar el espadín, los brincos que en alto daba los formaba contra mí. Cayo desmayado al suelo tras el cuerpo, en quien vi todo el de su gente al verlo, miserablemente huir; porque ya sin esperanzas de podernos resistir, tantos al mar se arrojaron, que del suelto carme sí que en sus heridas llevaban, se vio su negro zafir, si antes campo de esmeraldas, piélago ya de rubí. Provoqué a toda la Armada, y ellos que al verse oprimir, sin tanto caudillo solo; a embarcarse tratan de ir, muertos la metad dejaron en tu grandeza, y en mis manos la mayor victoria que han podido conseguir los tiempos, porque a tus planta llore el África servil, que eres tú quien la ganaste, y yo quien te la vencí. o Pitias valeroso. te generos brazoS, respondo a tanto timb en tanto que otro premio de mi mano tiene vuestro valor. El Siciliano Reino que ilustras, te vea solo? de cuanto alumbra el Sol de Polo a Polo: Bueno por Dios, para otro tiempo enfría de Pitias la merced, qué hará la mía; mas yo he de hablar, que en casos semejantes llora el después, quien no procura el antes. Por si el Duque, o el Rey en mi repara hago como hasta aquí una misma cara. A Pitias, y Damón según tratado está por desmentirles el cuidado. Vamos donde Damón al Pueblo entero docto, energioso, grave, y placentero, una oración le haga, celebrando esta victoria de que voy triunfando el día que años cumplo, porque en ella monstrando lo que vale, y lo que sella sin estudio prodigioso, y encubrando de Pitias lo famoso vea Sicilia que a estimarle muestro en tanto Capitán, tanto Maestro, Señor, a tales honras quien podía satisfacer. Ay dulce ingrata mía; ay Astrea, que tu tansolamente eres el bien no más, que el alma siente, Si tengo de llegar, qué me detengo? Señor, yo también vengo con Pirias de esta guerra, y así dame segunda vez los pies, donde te aclame Rey poderoso, a cuya heroica planta, si es que con algo bueno me levanta, diga mi desnudez a mi ventura, que por el trono suye hasta la altura. Pitias vienes? Sí señor, y he sido quien más contrarios cuellos cual suele segador blancas espigas, porque era echarme hombres como hormigas, en cuyos torbellinos afilada fue una hoz de segar aquesta espada. Cómo te llamas? Es mi nombre raro, y esdrájulo también. Mucho reparo hace el Rey en Astrea; justa ha sido la duda que otras veces he tenido, y en la crueldad que del cuenta la fama mi vida corre el riesgo que mi dama. Cómo es en fin? Esparrago. . Es extraño. Es solo, y de pecunia, que es el daño: si de este envite huye, y no le encaja, caballo es este Rey, mudo varaja. Por qué nombre de Esparrago tomaste? Bien, señor, preguntaste, más fue, porque de un monte en la ladera me hubo mi padre en una esparraguera, digo en una mujer que los buscaba hecha, y derecha, en ocasión que andaba cazando grillos él, en cuyo saco como hombre, aunque robusto, entonces flaco, pudo tranquinizando la tal dama, dar a los tiempos mi gloriosa fama. Aún no me mira Astrea. No ha quitado la vista uu punto el Rey (oh gran cuidado!) de Astrea, que aún a vista de mis ojos, profanando lo Real me mata a enojos. Mas por la Reina sufro, Gran Señora, venid. . Tormento injusto. Hablaré a Pitias luego. Cómo es esto? sin más oírme el Rey me vuelve to, de trialdades e est ep o es mucho Rey, o no sabe de Corte. Quién miró tal rigor celos airados! qué os ha hecho mi amor, que conjurados contra mi vida, en tan confuso empeño, mortal del alma, sois crudo veleño, donde mi pecho, que el efecto llora, ni el golpe advierte ni el dolor ignora? Ea, pues, sea Astrea, quien me saque de tan soliente, de tan fiero achaque, intentando resuelto, y atrevido volcán apaciguar tan encendido; mas ya he llegado aquí, y es esta Astrea, que a esta sala, lográndome la idea, dejando ya a la Reina viene ahora he de salir del mal, que el alma llora. Aquí le dije a Pitias, que venía; pero el Duque está aquí desdicha es mía; volvéreme. . Que así mi amor ofenda! soltó a los celos de una rocia rienda. Oy? los Astrea. Qué me quieres? Que me escuches. Ya escuchándote te atiendo. . Sabes, que amando tu crueldad, tú sola eres la que ha tantos años, sí, que cautivándome el alma, en triste, en penosa calma, estás triunfando de mí? sabes, que te adoro? . Sé que tal vez has intentado darme a entender tu cuidado. Pues por qué, ingrata, por qué a un recién venido adoras, que ayer no le conocías, y a un siglo de penas mías con tanto agravio desdoras? Uno de estos dos es quien goza, Astrea, tu favor, y en ambos juntos mi amor vez! examina tu desdén; con arte a entrambos caticias, para que haciéndolo así, no se vea en cual por ti pone tu amor sus delicias; pero yo haré de manera que se entienda. . No creí jamás, que hombre noble así salir de quienes pudiera; vos trataréis más atento mi decoro, y vuestra vida. No habrá temor, que me impida; de salir con este intento, y ha de ser hoy vive Dios. Pues ya que andáis tan grosero, sabed, que si alguno quieto, es al mejor de los dos. Espera. . Ya el esperar es forzoso, no port sino porque viene allí Pitias. . Rabio de pesar. Aunque llamar me mandó el Rey al Duque, he venido a ver si Astrea ha cumplido. lo que hacerme prometió; pero juntos los hallé. Válgame Dios! que terrible sospecha; mas no es posible, sin duda que acaso fue: Señor Duque el Rey os llama, no te alargues más desvelo. Que abrasado mongibelo, como yo su ardor inflama; al mejor de los dos es el que quiere, y el que esconde: su voz, pues yo haré por donde ponga el mejor a mis pies. . Fueses Pitias de mi vida, como a mis brazos no llegas: como tan tibio me niegas la gloria de tu venidas Como cuando fervoroso. para este sitio mi amor te previene con rigor tan ingrato, y desdeñoso, alaí te apartas de mí: Claro esta, que es ilusión pensar que pudo esta acción, ser en nada contra mí, y así encubriré esta pena. Pirias, mi bien, no respondes? Como en los brazos, que escondes tu amor al mío condena: qué es esto? . Es, dueño querido, tan solamente esperar, que el deseo de llegar a verte, se dé a partido al mismo verte; porque es tal, que a no darle embarazos me matara entre tus brazos. la presteza de mis pies; y así, no te cause enojos; pues de ación tan prevenida; sacó el llegar con más vida a tener vida tus ojos. Yo al contrario procuraba, Pitias, llegándose a ver, no huir del primero ser con que mi amor te buscaba. Una siempre consistia, sin que en tan distintos plazos pudiese, al tocar tus brazos inferir la muerte mía. Señora oye. . Señor mío. La Reina envía a llamarte. El Rey me manda buscarte. Está bien. . Aay hado impío! Serás firme? . Soy constante; tú serás firme: . Seré roca en el mar de tu fe. Yo muralla. . Yo diamante. Y el Rey? . No hay entre los dos razón, que tu gusto impida. Tuyo soy. . Tuya es mi vida Pues a Dios mi bien. e Adiós: ahora qué dice uste: Y Que supuesto que no habemos tenido tiempo en que hablemos de mi ausencia, y de tu fe, vamos donde en metro blando mi amor te vuelva a decir; Oye. . Y si no quiero oir, como ha de ser: Cómo, andando. Dando fuera muy mejor. Pues dárete mi venida. Guárdela allá por su vida, que yo aguardo otra mejor. Mira, tonta, que me muero; direte. . Tente en el di, y llevarasme tras ti, Por qué? . Por lo de dinero. Y qué es lo que así te domas El tomar. . Pues tente al to. Por qué? . Porque pienso yo que pides por Santo Toma. Todo lo que no es amor fastidia Duque, a quien ama. Dígalo el mío, que ya dio principio a tu venganza. . En los papeles, que el Conde trae con industria; y con maña puse uno en quien estriba de mi descanso la traza. y en quien el mejor que Astrea adora ponga a mis plantas. Mucho tarda el Conde. Ya los papeles, que te aguardan tienes que fimar aquí. Ay Astrea, ay dulce ingrata! mostrad veré los que tengan más precisión, y mañana haré, pues hoy falta tiempo, vista de todos más larga, y más en forma, que espera sin duda ya la elegancia de Damón, que vaya a oírle. Grande Oración se le aguarda. Pero qué papel es este, Conde, que en forma de carta está aquí? . Ya dio con él. No sé, señor, lo que trata, no le he puesto yo. Pues leo, solo este, que ya en el alma me dice, que estar aquí debe de ser de importancia. Fuego por los ojos vierte, Sin más leer se levanta, qué será Duque: No sé Conde. Quién imaginara semejante alevosía de dos hombres, que en mi casa con tanto amor recibió mi protección soberana; esto es posible: y a mí el gran Dionisio me llaman, cuyas crueldades en ambos Polos pública la famas Yo soy aquel, cuyo nombre las fieras más reveladas, los Bárbaros más ignotos, las Provincias más extrañas tiemblan, sabiendo, que de él no hay firme defensa humanas No es posible. Obró el veneno. En fin, Conde, o fieras ansias! No sabéis de este papel? Señor, si pueden mis canas, alegando mi lealtad, deros de mi confianza, os juro, que no lo he visto, así vuestra vida. . Basta: llevad aquesos papeles donde los tengáis en guarda, que yo. . Señor. . Bien está, no me repliquéis palabra. Oh Majestad de los Reyes, quién te quiere ver airada! . Duqué? . Señor. . Escuchad, que a vos que no encubre nada mi amor, es fuerza, que os muestre este papel, esta llama, cuyo incendio esta abrasando lo interior de mis entrañas. Parece, que airado el Rey se muestra. . Qué será causa de que el Rey, según he visto, con demonstraciones tantas hablé al Duque? Vuelvo a leer. Un papel mira. Una carta lee. Y aunque en busca vengo de Pitias. Y aunque a esta sala entro a ver lo que me quiere. Desde aquí, pues no reparan, escuchare. . Desde aquí, pues no me miran, oigo. Oh cuanta es la pena, que me infunde! escuchad. Que bien se entabla. Señor vuestra Majestad viva con cuidado, y haga saber de aquestos dos hombres. que forasteros ampara cual es el mejor. Qué escucho! Qué oigo! y de él sin más probanza, o se guarde, o le castigue, porque con mano tirana, será en vuestra Majestad de un lloroso efecto causa. Así, señor, os avisa un hombre; que solo trata de averiguar las estrellas, con cuyas lenguas os habla. Esto dice. . Santos Cielos, que confusión se levanta contra los dos? . justos Dioses, que desdicha se enmaraña. contra nosotros? Terrible cosa! En mí el mejor amaga lloroso efecto; qué es esto: pues como el que desengaña: mi descuido no me ve, hablándome cara ha Porque puede ser, señor, que viendo lo que los amas, no se atreva por su riesgo, cuando docto el tuyo alcanza Decís bien. . Ah falso Duque! Ah traidor! . Y así con sabia. disimulación haré, puesto que en sangre e igualan, como ya sabido habemos en las cosas, qué se esmaltan con mayor primor los hombres, prueba de ellos, y alcanzada. la mejoria de aquel que la tuviere con vara de fiel justicia, pondré la cabeza en una escarpía. El mejor de los dos muere. El mejor de los dos mata. Librando la información. Previniendo la provanza. En las prendas naturales, que a los hombres más ensalzan. En las cosas, que lucidas. más noble a un noble declaran. Y esto porque en sangre somos de una misma igual prosapia. Y esto, porque en nacimiento, una esfera nos iguala. Pues pondré yo al mundo lenguas. Pues yo daré al tiempo estatuas, En todo harás como cuerdo. Mas la Reina, acompañarla. es bien y salir ahora. El Conde es este, a su espalda puedo salir. , qu -̱ , , e Gran señor? Guardo el papel. Ya en la plaza. de Palacio el Pueblo entero la oración espera. A honradla venid, que yo por vos vengo: mejor diré, que abrasada . de celos, por ver si acaso con Astrea (ay Cielo) estaba. Pitias viere con la Reira. Damón, al Conde acompaña. Y así no habrá oído al Rey. Y así no habrá visto nada; después llegaré a saber que manda el Rey. Hoy se acaban mis penas. . Venid, señor. Damón, el Pueblo os aguarda. Vamos, aquí están los dos, fuego son, que ya me abrasan. Qué bien tengo de vengarme de tus desdenes, ingrata. Amistad, este es el tiempo de ganar eterna fama. Amistad, esta es la empresa. que immortal al tiempo os haga. Secreto, y honra os convidan. Silencio, y valor os llaman. Ea, pues a entrambos pecho. Ea, pues a entrambos alma. No sepa Pirias, que el Rey hoy nuestro examen entabla, donde el más lucido muera, sin más que el serlo por causa. No sepa Damón, que intenta ver el Rey nuestras ventejas, para que el mejor en ellas pague culpas, que no alcarza. Si no tirando a excederle en cuantas acciones haya. Sino yendo a aventajarle en cuantas acciones haga. Sea yo quien le liberta. Sea yo quien le restaura, Pirias. . Dan ons Vienes? . Vamos. Qué decías? . Tú que hablabas: Que soy tú anigo. En lo nismo discurría, ven, que aguarda ya tu voz el Rey . Primero me da la mano. . Y el Alma en ella. . Oh amistad insigne! Oh amor de eterna alalanza! En fin tu amigo me nombras: En fin tu amigo me llamas: Al tiempo doy por testigo. En él libro mis fianzas. Pues a Dios hasta después. Vete, pues Damón, que tardas. Yo guardaré su cabeza. Yo guardaré su gargarta. . EGUN
JORNADA SEGUNDA
Cada instente, que se pasa, Duque, sin saber mi ardor cual es de estos el mejor, es un fuego, que me abrasa. Señor, no con prueba escasa des principio al argrmento, y puesto que en nacimiento te consta que son iguales, en las causas naturales prueba a cual dices tu intento. Esta bien; pero qué acciones Duque Astolfo, juzgáis vos que puedo ver en los dos cuál es de más perfecciones: Señor distintos blasones hacen a un hombre eminente, y hay tantos, que no consiente breve discurso su honor; mas son de grande primor lo entendido, y lo valiente; en esto, si bien lo miras, hoy tu deseo a tocar la información a que aspiras. Veneno vierten mis iras; y así empiece tu fervor a verlo, pues en rigor el que ostente más lucido lo valiente, y lo entendido, mostrará ser el mejor. Bien discurres; pero allí viene Astrea. Ay Enemiga! cuando mi ardiente fatiga podrá vengarse de ti! El Rey (ay Cielo!) está aquí. Dejadme, Duque con ella. Esto más, contraria Estrella! . mas yo atajaré su ardor. Hermosa Astrea. . Señor. Todo el poder lo atropella. Hame mandado llamar. Quién? . La Reina mi señora, y así vuestra Alteza ahora me dé licencia. Esperar puede esta vez. Qué pesar! Astrea, yo estoy rendido, solo una mano te pido. Tal pronuncia Vuestra Alteza? ay Pitias! . Hoy tu aspereza se me ha de dar a partido. Repara. . La Reina creo que os llama Astrea. Es forzoso que yo. Advierte dueño hermoso, que soy tu humilde trofeo, y vos Daque; mas qué veos perdido trae el semblante, si es en secreto su amante: mas no de lealtad lo haría. Yo enseñaré su porfía. Idos, o mujer diamante! Cómo podré? Quién pensata señor, que con tal rigor, desluciéndome el honor, vuestra Alteza me tratara. Volbed, Duque, y cara, a cara, escuchad lo que al Rey digo, porque en el norte, que sigo, ya que en tal demonstración sois testigo de su acción, seáis de mi acción testigo: conoce bien Vuestra Albeza mi calidad? . No la ignoro. Conoce el justo decoro que le debo a mi nobleza: También. Pues de igual bajeza, como quien sois me escuchad, mi causa ved con piedad, que es lástima que a lo injusto, solo para hacer su gusto, se doble la Majestad. . Astrea, Astrea. . Señor. mira, que puede la Reina mi señora. . Ah fiero ahogo! La ansia de verle ir tras ella pudo descubrirme. . En fin, cuando reprende Astrea mi amor, es para decirme que hay quien al suyo posea. Ya lo viste. . Aquesto es a lo que los celos piensan, que al mejor de estos dos ama; y en lo que en el papel me muestra que el mejor ha de causarme un lloroso efecto, es cierta consecuencia, que es porque privándome el mejor de ella, ha de costarme la vida. Qué a mi gusto lo interpreta! Los dos vienen. Pues vamos a la experiencia. Gran señor. Duqeuna silla, disimulemos, prudencia. Mal nos mira. . Airado está. Qué sentimiento! Qué pena! No sé que en el Rey me miro. Aquí mis cuiardos cesan. Una duda entre los dos quiero ver clara, ya empieza mi probanza, que aunque yo cuido más de otras materias, gusta re mucho de ver vuestros ingenios en esta. Por lo entendido nos busca. Por lo ingenioso comienza. Propón, que ya te escuchamos. Oíd. . Diga Vuestra Alteza. Cuál mayor pena consigo trae a quien a entrambos ama, la perdida de una dama, o la falta de un amigo: Dificultad tiene el caso. No es muy fácil la respuesta. Pero yo porque no tome Pitias defender que sea más dolor perder la dama, lo he de tomar por mi cuenta; que si a Astrea adora el Rey, y Pitias adora a Astrea. Es amor bien todo lo que es excusarle con el Rey de la sospecha de qué es por ella, es hacerle más leal mi competencia. Pero yo porque Damón, mitándome amar, no entienda, que puede haber en el mundo. amor que un punto faquezca, el mío de su amistad he de probar, que es más pena perder un hombre a su amigo que a su dama; en cuya prueba, yendo a mejorarme, ir cluye mi oposición más fineza. Qué sentís de lo que os digo? Ánimo, ingenio! Honor, lengua, Perder, señor, una dama me parece ayor fuerza de sentimiento. . yo digo que mayor dolor engendra perder un amigo. . Bravos mentecaros; pues no echan de ver, que en aquestos tiempos? puede causar muy pequeña pasión perder uno, y otro? porque ello esta de marera que si el amigo es fingido, la dama es cual digan dueñas; Acabad pues de explicatos. Yo he de hablar, empiezo; En pieza. La Dana defiendo. el amigo. . Pues aletr or de los mor gran ortale ros animase menor te mayo cuyo todo eficaz, cuya obligando a seguir su f es prueba en los más fie la amistad con leyes dos ares, quien solo en parte mueve a su firmeza; por ser de sola el alma esta riqueza, o Luego si en el amor la dama se ama por todo bien, y en la amistad es luego el amigo quien solo parte inflama. Pena es manor, menor desasosiego, perder el bien, que parte en parte es llama; quo aquel bien, que todo en todo es fuego, Probó el discurso muy bien dudo, que imitarte puedes Oiga y juzgue luego lo que mande Vuestra Alteza Es la amistad al uso de la vida, Puisica necesaria, es un sustento donde cobrando lu virtud aliento descansa de las penas combatida. Es el amor un fiero, un homicida, entre cuyo rigor, cuyo tormento, vuelto en acibar el mayor contento, no a gustos, a pesares nos convida, Luega si en la amistad tiene el amigo de dar la vida, y en el amor tiene la dama de matar, como castigo, Mayor dolor, mayor pesar previene, perder aquel afecto en que hay abrigo, que aquella causa, en que la vida pene. causa, Tan igualmente ostentaron los ingenios, que en sus muestras de nuevo se vuelve a duda lo que imaginé experiencia. Hazlos, que tomen las armas. Ya mi rigor lo desea: ambos me habéis satisfecho. mas porque de una tristeza tengo el corazón rendido, a un mismo tiempo quisiera veros hablar en las armas, que es cosa, que me delcita; mas tomad, pues, dos espadas, y no digo que sean negras, sino blancas, porque en fin piden acciones más diestras, y ha de obrarse más; así . doy a mi fuego materia. Pues señor, sacó mi espada. Yo la sacara a traerla, ida pene. porque no ímplica a las armas la profesión de las letras. Dale, Esparrago, tu espada. Mi espada, señor, no entra jamás en cosas de burlas, que está muy hecha a las verás. Eres muy valiente? . soy un demonio tan pendencia, que por ostentar valor, quise una vez a una vieja, Y es eso mucho? . Pues ay valentía como aquesta? Muero de pesar. . Astolfo. da tu espada a Damón. . Esta es. Ya Pitias tengo espada. Pues vaya en fin de destreza. Qué cosa es destreza? . Es según advierten sus reglas, un hábito, que mediante el ejercicio, que enseña, adquiere perfectamente el hombre ofensa, y defensa. Cuál es su mejor postura? Quién dudará que la recta, en la línea que percibe. Cómo la entendéis? De aquesta manera. Tomo la misma, y añadiendo a su protesta el medio de proporción, igualo la competencia. Bien está. Vos habéis dicho, que la postura más cierta, mas útil, y aprovechada es la recta? Contra esta no hay quien hable, viendo su demonstración, y firmeza. Pues yo, para que veáis a lo que alargo mi ciencia, tomando por fundamento la virtud, y la potencia de las cuatro generales, provará con evidencia, que es la recta la peor postura. . Y de qué manera? con la espada, o con la voz? Primero irá con la lengua, y luego como gusteis. Pues respondéis, será fuerza, y luego también mostraros, si vos gustáis, la defensa Hablad. . Estando la espada, como es co lumbre en cualquiera, puesto de las otras cinco rectitudines, y media división suya, no puede conspirar contra su fuerza mas de una, o cuando más dos generales, y a esta del anguio recto, pueden entrarle, formando tretas, todas cuatro, luego es cierto, que la postura en que tenga más caminos el contrario para herir, es la que muestra más peligro, y a quien debe tenerse por menos buena. Aparente verdad tiene el argumento que alientas, pero quedará vencido con decirte por respuesta, que es mayor disposición la que incluye, la que encierra el ángulo recto en sí, para herir, y obrar con ella, que la que puede moverle su contrario, cuando entienda formarle una de las cuatro generales; con que queda el ángulo recto siempre por dueño de la destreza. Aténgome yo al que tiene los ángulos en las suelas, y armado de punta en trote riñe con trancos de a legua. Qué es lo que entre ti mormuras, Esparrago? di, no temas. Digo que hablan bien, mas yo no vi en mi vida pendencia, donde lo recto, ni actuso, agudo, ni otras diversas formas de líneas se guardan, sino empujar muy espesas estocadas como espumas, y con linda montantesía, formando unzas de otro zas, abrirle a uno la cabeza, vaciarle la arca del pan, y guardarse donde venga la Parroquia con el muerto, cantando el Requien eternam. Aquí, pues, de mi impiedad: yo juzgo que no hay destreza riñendo, si no valor; y pues tan igual se ostenta lo teórico en los dos, sin que lo mejor se advierta, lo práctico que ofrecisteis al principio para prueba, cada uno de su estudio, dadle el valor a la ciencia; reñid como dos contrarios, y por vida de la Reina (de Astrea iba a decir) que al que no haga lo que pueda; ejecutando en el otro la herida que mejor sea, de suerte, que yo conozca cual mejor opinión lleva, que he de matarle yo. . Sarna. Ahora si que obras de veras. Qué es lo que oigo? Qué escucho? Llegó a su extremo la fuerza de la desdicha. . Llegó a su colmo la fiereza. Cómo, yo matar a Pirias? Cómo, yo a Damón ofensa? Yo al que es otro yo, rigores? Yo al que es otro yo inclemencias? Claro está, puesto que usando en esta acción de tibieza, . si no procuro su daño, queda él mejor, y queda expuesto a la afrenta infame. Claro está, que si lo deja de procurar mi valor, queda él con la preeminencia. de mejor que yo, y rendido a la infamia que le espera. Ah impío rigor del hado! Ah fiero influjo de Estrellas! Qué os supendéis? Acabad. No sé como le encarezca mis ansias. . No sé (ay dolor!) como del mío le advierta. No reñís? Mal de riñones . tiene aqueste Rey. Mas venza mi honor. Mas viva mi fama. Y viva el librarle. Y muera su peligro. Reñiremos? (fuera Pues qué habemos de hacer sí e Ea, pues, parte. Ea, partamos. Eso sí que me contenta. Ah, si el alma me miraras! Ah, si el corazón me vieras! No sé como sin herirle, el mejor venciendo sea. No sé como sin matarle; el de más valor parezca. Mas yo lo haré. Ya sé cómo. Ea, Duque, que se estrechan. Ahora el mejor se explica. Suelta, Pitias. Damón, suelta. Cómo, si te he concluido? Yo también a ti. Su Alteza lo diga. . Que tan iguales, Duque, en todo me suspendan! Lo que digo es: que soltando la espada uno, y otro vuelvan vuestros bríos a empeñarse; supueho que con aquesta conclusión ninguno puede blasonar que mejor queda. Ea, volved a reñir. Qué esto escuche! Qué esto vea! Ya no hay recurso. Ya no hay a que apelar. as la Reina. M Y Astrea también. Ah ingrata! que de cuidados me cuestas. Oyendo ruido de espadas, y a mi esposo en esta pieza, mas qué veo? transformado, sin oírme en Astrea se ha quedado; oh celoso rigor! oh pena fuerte! Los dos de aquesta suerte? qué es esto, Cielo airado? tida ado! o hechizo sin igual de mi sentido! Duda notable! . Desgraciado he sido, Mas qué es lo que estoy viendo? igualmente en los dos está bebiendo los semblantes Astrea, ya desvelos, si de uno aquel papel me mata a celos, ella de entrambos, porque así mis males los vean hasta en esto ser iguales; pero querer a entrambos, no es posible; ha tormento insufrible! qué haré en duda tan fiera? mas muera su esquivez, y yo no muera; gozaré su hermosura, y prosiguiendo la prueba que después hacer pretendo del mejor, pues que es de Astrea amante, haré que al mundo mi castigo espante. No me oís? . Si Señora; nada os tiene que dar pena, pues nadie os la previene, creyendo, que esto solamente ha sido verme, como estudioso divertido entre las otras letras de que trato; con las que me ofrecieron este rato, matemáticas líneas, cuyas leyes son dignas del aplauso de los Reyes. Así la satisfago, y así encubro mi intento, si en mi ardor no lo descubro? y porque no presuma Vuestra Alteza de esta acción más horror, más aspereza, dejad los dos las armas, que otro día con nuevo ardor, con nueva gallardía, volveréis otra tarde aqueste caso claro esta, pues del fuego en que me abraso no he de poder librarme hasta que fiero el mejor me descubra vuestro acero. Como de vos juzgaba, voy en todo satisfecha; mas miento, que de modo . me has avisado el alma, que sin vida me lleva tu cautela conocida; mas yo andaré de hoy más tan cuidadosa, que a prolija me pase de celosa. Vuelva el acero a su lugar, gozoso del buen suceso. . Hay lance riguroso! Esta es, pues, Duque, vuestra espada. . Mía lo pareciera, cuando aqueste día reñida en sangre a mi poder volviera, no cuando limpia así se degenera; pero en vos que hay se mira claramente de Philosofo más que de valiente; o quien al otro, así en labio experto afrentará no haberse entrambos muerto! Sois muy valiente? . Sí. Pues esta noche. . Ya os entiendo. En cerrando el rubio coche su carrera. . Está bien. . Sin tanta gente, veréis si soy Philosofo, y valiente. Tal sufro? . Adiós, señor. Guardeos el Cielo. Matarele, si acaso cumple el duelo. Ven Astrea; ay celoso fuego impío! Vos, Conde (ya no hay fuerza en mi albedío) la Reina acompañad, y vedme luego. Tu esclavo soy. . No he de tener sosiego hasta que a Pitias; pero, Libia, vamos, llevarasle un papel. . Buenos quedamos. Ya, señora, te sigo. Fuese Astrea, lea y el alma tras sus pies. me dejas, Libia en confusión tamaña. Adiós, señor Almohacen. uque yo estoy perdido. . Pues qué erderas? ay de mí! . Que esta noche a tantas penas, como en Astrea llora su desvelo ha de dar fin mi amor. . Válgame el Cielo? y estas ya, gran señor, determinado? Esta noche he de ver mi amor logrado. con ruego, o con violencia. . Pues, y el Conde? En forzosa diligencia le he de ocupar, en tanto que a mi intento no le pueda cansar impedimento; quédate a prevenirlo, porque tienes de acompañarme. . Amor, que me previenes? Tú, Damón, ven adonde prosiguiendo la materia que de alma estoy oyendo, a tu doctrina el día de hoy no pierda. Fiera desigualdad! . Mal se concuerda el disimulo con el odio. . Temo, que Damón, con esfuerzo más supremo haya sido el mejor. . La pena mía . . solo es, si en una, y otra igual porfía, Pitias por el mejor haya quedado. Noche, el paso apresura. . No el cuidado de verme con el Duque, a quien prometo buscarle con valor, y con secreto. Que viniese la Reina a embarazarme! mas otro día queda en que vengarme. . Libia, allá voy, donde a tu dulce envite el ahorio de este paso se desquite. el agrio de este paso se El Rey tiene de gozar de Astrea esta noche; ay Cielo! más Libia es esta, su anhelo con ella he de barajar, que puesto que el oro es ley de estas, en casos más varios, venciendo estos dos contrarios, ha de hacer estorbo al Rey. Ya el recado de mi ama quedaren dal. . Libia. . Señor, Conocesme? . Tu valor va pregonando tu fama. Toma esta cadena. . Qué esquite. me quieres mandar, que así me obligas? . Óyeme. . Di. Tú has de hacer por mí el llevar de parte de Astrea dos recados. . A quién? Ay Dios! No tienes que replicar, a Pirias, y a Damón. . Bien- Diciendo que los espera esta noche. . Guarda suera? aquí da más. . Pues dí, quien lo impide? . Gién? la opinión de mi ama. . Este bolsillo te ablande. . Venga (ay bobillo!) es oro? . Doblones son. En fin de parte de Astrea, que esta noche vengan quieres a su cuarto? Y que en mi esperes cuanto tu gusto desea. Pues qué intentas con los dos? Nada que impida tu pecho. Haz cuenta que ya está hecho. . Tú, que ya soy tuyo, adiós; hallelos el Rey allá. Ya viste, Astrea, que el Rey, dando a mis años decoro, me mandó volver a verle, y que el hacerlo es forzoso, pues por ayo de su Alteza en Palacio tengo honroso cuarto, haz Astrea se encierre, en tanto que yo torno de ver lo que manda el Rey. Parte seguro. . Y gustoso de ver tu obediencia, adiós. . Luces hola. Aquí están. Todo me asusta; diste el papel a Pitias? Y tan de pronto vino, que ha estado esperando, dentro ya del cuarto propio, a que del saliese el Conde mi señor. . Ay amor loco! y ay de mí! Que en fin te hubiste de entrar acá? . No blasono jamás de tímido, y más cuando tu riesgo supongo, no fuera más causa Libia. Aquí está Astrea. Pues toco: haz señas que a Libia saquen donde campar de golondro. Ya, señora, esta acá dentro. Pirias? Mi bien, dueño hermoso, apenas vi que tu padre salió, cuando presuroso. sin esperar más licencia, entré a quitarle el ahogo en que te tiene aquel lance, menos cruel que espantoso: callarele la verdad. Si ella sale, es gran negocio. Qué lisonjero has andado, mas qué fue el caso? Fue solo, tratarse de la destreza, gustando de ver el fondo nuestro en ella el Rey: Ay Cielo! cual me tuvo su alboroto. Ce. . Mas di, supo Damón que yo te llamaba? . Cómo, sin tu orden? . Oste puto, si yo obligada del oro le hubiera también traido. Pues dónde queda? En lo docto de una cuestión ocupado con el Rey. No ha vuelto el rostro hacia a mí. . Esparragillo me hace retirado cocos, pues pagarame lo de hoy. Con qué estilo, con que modo podrá mi afecto estimarte favor tan celebre? . Poco sabes lo que yo te estimo; pero porque aquí es notorio el riesgo, Pitias, de vernos algún criado curioso, en tanto que recogidos se dan al silencio sordo, ven donde hablemos seguros, pues tu gran valor conozco: Libia, toma aquestas luces: Soy tu esclavo. Eres mi esposo. Permítalo el Cielo. Andares. . Esparrago. En qué te importo? En qué te salgas al punto del cuarto, y te vayas. . Nolo, que he de hablar primero a Libia; así lo haré. . Aquí le cojo. Aguardote, Libia? . Sí, luego vuelvo. . Me conformo; pescarele la cadena. Vengareme de este bobo. Si tardará mucho Libia, que esto de quedarme solo, y a escuras, es una cosa para mí de grande ahogo; pero entraron? ya Libia vuelve sin duda, hoy corono mi amor de moza, y dineros; a recibirla me pongo. Todo está en silencio el cuarto, A nadie he sentido. Astolfo. vuelve a la puerta, que aunque el Conde está tan remoto de venir, cuida en guardarla. Que en fin le dejas de modo que venir no puede? . No, sino le saco yo propio. Ay de mí! y Damón? Dejele en mi cuarto, Ah rigurosos celos! Cuidad de la puerta. Antes, por si presurosos vienen los dos al recado de Astrea, como es forzoso, he de faltar de impedirlos, haciendo en secreto, y todo, que la Reina tenga aviso de que el Rey, rayos aborto, está aquí; porque después de darle tan grande estorbo tema el volver a esta acción. . Dame, amor, curso tan sordo, que aún yo de mí no le entienda. Oigan, y con que donosos pasos me viene buscundo? la muchacha es como un oro, qué lindo tato me espera! Si no me engaño, aquí oigo voz de hombre, si será por dicha el más venturoso qué ama a Astrea? mas qué digo? Por quitar lo vergonzoso viene sin luz la picaña; hay cual es ella. . Ya noto más cerca la voz. . Qué mansa que lega, llana, y sin dolo se me viene la bobilla. Sea la espada el Piloto que me gobierne. Ya tarda; y así yo, Quién es? . A esotro; pesar de quien me pario, que la cabeza me ha roto; esta es Libia? es Bercebú. Hombre, o quién eres? Domonio o Bercebú. Oye, aguarda. Oye, aguarda? aguarde el rollo de Ecija. No te defiendes? vuelve, y no te escondas. Lobos, por donde hallaré la puerta. No esperas? Dile guillopo, que bien tira el bellacón, pues no es Pitias. Fiero asombro de mi encanto, aguarda un león que va a ti Lindo escorrozo; como quiere que le aguarde si es león, y yo no oso? mas con la puerta encontré, caízones, hablad vosotros, pues nadie mejor dirá que me han hecho abrir él ojo. . Puerta es esta, por aquí se va huyendo, no sé como le hallara, mas aunque a escuras? he de seguirle furioso, pues al fuego con que arden mis celos, verán mis ojos. Apenas me deja el Rey, cuando saliendo animoso, en busca del Duque hallo, sino me engaña mi enojo, que a la puerta de este cuarto estaba embozado, y solo; quise llamarle a otro sitio, cuando, en tanto que me escondo de unos pajes, que con luz pasaban de un cuarto a otro, me pareció, que aquí dentro se entró, y aunque es grande arro buscarle aquí, lo he de hacer, para que en mi brazo heroico, vea allá fuera, que soy valiente, como estudioso. Sin saber por donde voy pienso; que me vuelvo al propio sitio sin hallarle. . Cielos, si este? . Oh miente mi antojo? o le he encontrado. . Quién tl Qien te busca. Esto es como me ha visto buscarle, quiere, viendo que en fin le conozco mostrarse el Duque, allá fuera iremos. . Mal me reporto, no riñes? . Aquí? Pues dónde? . Fuera. Ah cobarde! . Oh alevoso! Ya lo verás. . Tú también cuando de mi ardor despojo te haga aunque aquí mil pedazos. Luces, hola; que alboroto es este? saca una luz. Vive el Cielo, que este es otro del que primero encontré fuerte pulso. Brazo a bien muestra quien es el Duque; Por si es el Conde me escondo aquí obedeciendo a Astrea. Luces sacan Pues que estorbo os dan, así reñiremos mejor. Cielos rigurosos qué es lo que miro? Señor. . Ah traidor? Elado tronco ha quedado, qué es equesto? . Libia, y Pitias, Presuroso se escondió donde mandaste. Sin mí estoy. Damón; o ansioso pesar! de aquesta manera con el Rey. Ya venenosos celos, hallo que este es el mejor, por quien odioso le soy a Astrea; esto es claro: Este es el que hoy a sus ojos, aunque igualmente mirado, fue sin duda el más dichoso; y si el otro, con que aquí reñí primero, es el otro, no es tal como este, supuesto la diferencia, que toco de un valor a otro valor; este es el que un fin lloroso en Astrea me amenaza, como de aquel papel noto; pues rinda el cuello a un verdugo. Señor. Calla, a Duque, Astolfo, Duque. . Engañome el valor. Qué haré en tanta pena? Oh como fue el aviso verdadero! La Reina es esta, forzoso es satisfacerla; o pese a tanto celar! . Oprobios tan evidentes, tan claros, mal sufren labios ociosos; más bástele el verme aquí, gran señor. Si no os respondo con el estilo, que debe mi pecho a vuestro pecho heroico, es, porque habiendo venido buscando para un negocio de importancia, al Conde hallo, que infamemente alevoso a su respeto, y al mío este hombre: mas porqué informe de su insulto a vuestro oído, si en pronunciarle desdoro mi grandeza permitid que se calle, y que tan solo dé a su vil traición castigo, y a mi corona decoro: harto he hecho en reportarme, Bien lo finge. A tanto colmo de penas, solo que llegue mi padre falta. Qué asombro como el mío! Aquí, señor, estoy, bien se ha hecho todo; qué es lo que mandas? Que lleves a Damón. A una prisión, desde adonde mañana al mostrarse Apolo, un Verdugo le derrive la cabeza de los hombros. Antes pierda yo mil vidas. Qué dicha! Matadme ahogos. Esto es sin duda que ama Astrea a Damón (ya toco el desengaño) y que el Rey entrando a verla celoso, le encotró aquí, donde a escuras, riñeron; ah fiero asombro! Este es el mejor, pues muera. Quie se ha visto en tanto gozo. ya yo muero, y ya con esto Pitias te partó del Trono de que por el mejor mueras, siendo al Rey el más lustroso; pero antes que yo fenezca, Cielos, humanad el branco pecho de Dionisio, a quien aunque es tan dificultoso lo que le intento pedir, lo he de hacer, si generoso te obliga el nombre de Rey por tantos timbres gloriosos, Óyeme. . Llevadle digo. Señor. . Aquí me es fozoso ayudarle, y socorrerle; pues viviendo Damón, logro. que Astrea no desespere de su amor y que si esposo le admite, resista al Rey, siendo a tanto mar escollo, Qué aguardáis? Primero tienes. de oírme, si estos arroyos: de lágrimas te conmueven término tan corto, no he de esperar a mañana, y no pienses que piadoso te pido, señor, la vida. Pendiente de sus sollozos estoy hasta ver que intenta. Habla, pues, que ya te oigo. De Atenas, mi patria, vine a servirte, y es forzoso, para la conservación de sus muros suntuosos contra cualquiera enemigo, que a su senado yo propio instruya un gan secreto, que respondido de Apolo en Delfos guardé en mi pecho hasta que volviendo, cono presumí, de tu servicio, tuviera en mis labios logro; y yo en premio eterna estatua. Déjame, así victorioso de tus contrarios te cante el mundo insignes elogios; pues sabes lo que la Patria obliga en un pecho heroico, ir a lograrlo, que hecho, volveré, donde al destrozo de un cuchillo mi garganta pague la culpa, que ignoro. Bien se ve, que loco estás, dejarete para locos No he de partirme de aquí, aunque me mate este arrojo, hasta que este bien me hagas Ya es preciso mi socorro. Psiosoc ho soy, ya sabes que es la palabra en nosotros de más precio que la vida. Y yo, gran señor, y todo os lo supisco, Qué dice V. Alteza? cong mi ruego por Damón. Quién le asegura: Su decoro. De que volverá a morir, no es posible. Yo lo apoyo. Pues si tan segura está su vuelta, como en su abono haya quien por él se quede, y en quien cumpla riguroso, faltando él a la sentencia, lo que me pedis otorgo. Ahora es tiempo, amistad, de dar a mi fama el colmo, que aunque la culpa no alcanzo, y aunque el peligro conozco, por libertar a mi amigo, he de atropellar con todo. Yo, señor será quien quede por Damón. Cielos, qué oigo? este estaba aquí, bien dije, que este fue el otro en quien toco ya mejoría, advirtiendo; que si me huyo pavoroso, sería por conocerme; y ahora con tan famoso destino en acción tan grande, da de mejor testimonio: Cielos, que dudas son estás? Oh amistad de eterno solio! Con esto, Damón te ausento donde yo no este medroso de que te has de mejorar, muriendo por más famoso. Pitias. . Calla, y nada digas. Pues callo, y tu honor pregono. Cuánto tardarás! Tres meses. Cuéntense desde hoy en solio riguroso, y tu repara Sí, señor, que riguroso me has de matar cuando falte Damón. Bien; pues Duque Astolfo, a esa torre de Palacio le llevad, porque le noto ya por el mejor lo admito. Qué admiración! Oh alevoso! ay Pitias! Ven, pues, que vencí en fin, bien que en parte pesaroso de que por preso Damón ya del Rey con tanto estorbo el duelo se nos impida. Haré mi renombre heroico. Volveré a librar mi amigo. Daré a mi mal desahogo. Veré logrado mi amor. Daré a mi pesar reposo. Olvidare, si es que puedo. Pues fiel. Pues valeroso. Aunque a mi Patria no atienda. Aunque a Astrea pierda odioso. Antes que todo es mi amigo. Mi amigo es antes que todo.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Bien se te conoce, Astrea; el sentimiento, no tienes. que disimular. . Señora, en mí el dolor es desuerte, que por mucho hay Dios! qué calla, es mucho más, lo que siente, y aunque más lo disimulo, siempre igual, constante siempre, no lo disimulo tanto, que alguna vez no le deje salir del pecho a los ojos; bien así como sucede al que un pájaro en la mano guarda que aunque no le quiere soltar la misma aprensión de guardarle, y de tenerle le obliga a que descompuesta la mano, tal vez se le suelte al pajarillo enseñando, que no hay cuidado tan fuerte que en su misma acción no tenga el nesgo más contingente. No me admiro; ya conozco, según el lance me advierte de aquella noche en tu cuarto, que al uno de los dos quieres, y así para consolarte, entra pues, en mi retrete, y una llave saca, que es, de quien su remedio pende. Señora. Saber no quiero cual tu hermosura prefiere, solo quiero remediarte, ve donde digo. . Qué reines ruego al Cielo, tantos años, que apostando con el Penia, de tu misma vida saques posteridad más valiente. Amor, qué intenta la Reina? . mas si me apara, que temes? . Con esto veré si Astica quiere al Rey, o no le quiere, si no la quiere es forzoso, que amando, como parece, al uno de aquestos dos, por libertarles se arreste: a cuanto yo la exortare; que amor, que que todo lo vence de tantos celos me deje. Si le quiere en la tibieza con que esta acción diligencia veré que a ninguno ama, y que el pesar que padece nace de que el Rey hallase con ella a los dos, más tente cuidado. Aquí está la llave. Pues con ella, Astrea, puedes librar a Pitias, que yo con este fin solamente te la doy, aquesta noche que es la que hay solo de hacerle tanto bien, puede tu mano dársela, y si amor te mueve tan grande, que de él, o el otro vivir no puedes ausente, procura, Astrea, ausentarle, donde conforme a quien eres, le des la mano al que estimas, que yo para denfenderte con el Rey, escribiré al de Albania, mi pariente cercano, donde estarás mientras tu padre va a verte. Aquí está Astrea, esa puerta, Duque, guardad, por si viene la Reina. . Solo estos celos. me falsaban nuevamente. El Rey (ay de mí! . Mas yo se lo estorbaré. . Hoy me tienen de vengar de ella mis celos. Fuego por los ojos vierte. Ingrata, ya llego el día que de tu rigor me vengues ya sabes que por Damón a mi Deidad delincuente quedó Pitias obligado a pagar si no volviese, con la vida su delito al término de tres meses. Mañana es el postrer día. y puesto que si no vuelve, y el otro heroico le suple con acción tan emimente; este es el mejor, tu allá, pues ha de morir lo atiende. Qué es esto, mas ya me acuerdo, que al Duque (ah vil pretendiente? dije) que al mejor amaba, y e esta cisma revuelve, mas diré al Rey la verdad. En gran riesgo estoy de verme descubierto Esto ha de ser. Fiero ahogo a no cogerme con llave para librarle señor, si a mi voz atiendes. Qué aguardo? señor el Conde por esta sala. . Qué? Fuerte susto! Ah entrado ya. Y por qué os turbáis? Cómo aquí puede si te viese imaginas que a solas, El Duque advierte bien; (ha traidor! ) adiós, señor, que en ocasión más urgente podrás saber lo que ignoras. Bien esta. Cielos, valedme! Libre yo a Pitias, que luego, . yo baré, que al Duque le pese . Aún no ha cobrado el color el Duque, no sé que el tienden . mis sospechas, que eia vez en otro lance como este me ha dado, que sospechar; no llega el Conde? Lléveme de mi dolor; . qué diré? pero qué veo? ya viene, y con un papel. Vendrá, como he mandado, a traerme la sentencia, que firmar de Pitias. . Dichosa suerte he tenido. . Bien está, no me acordaba. . Libreme. Dadme acá. Desdicha grande, que hasta el alma me enternece. Muera mañana el traidor. Que así mis celos me inquieres no está aquí Astrea: mas yo he hecho por sí se ofrece a la prisión, donde cia Pitias un postigo breve tan desmentido, que el arto le esta dudando con verle, esta noche en una estancia de dos que la torre tiene, mientras Pitias en la otra dado al sueño está, ponerme podré, y si el Rey sigue a Astrea, averiguar lo que emprende desde mi cuario, que unido con la prisión lo consiente. Notificadiela vos esta nocha Esto es que muere Pitias. Quién habla aquí? d R ñor, que a mi cuarto siempre voy por este. Pues venid. Qué violento el Rey me atiende. mas yo le quitaré a Astrea. . Con tan grave dolor siente mi amor la muerte de Pitias, que he de ir esta noche a verle. Muera Pitias, aunque Astrea diga al Rey lo que quisiere. Déjame, señor, llorar tu muerte, y mi desventura. Ya el sufrimiento me apura tu prelijo lamentar: pon, si hay donde aquesa luz, y algún asiento me llega. Todo el sosiego me niega tu estomago de avestruz: mas pues esta noche sola de cena, y vida tenemos, a Dios luz. No hagas extremos. bien tu amistad se acrisola: paciencia tan cosumada en toda mi vida vi. Qué es lo que quiere de mí tu imaginación causada: ya sé que es mañana el día. que por no volver Damón he de morir. Qué aflicción! No es mí si no alegría. Por qué: Porque si el amor se prueba en el dar, y es mientras de más interés lo que da su fe mayor, con que joya tan lucid puedo yo mi amor mostrarle a Damón, como con darle en cualquier tiempo mi vida, Eso fuera bien si él fuera un amigo tan cabal, que de tu pecho, leal tan fino amor mereciera, mas cuando por él estás sojeto a una triste muerte: mal tu fineza lo advierte. Por eso le debo más. cómo así: Porque si fiel fuera él el que debe aquí, no me diera tiempo ansí de ser más loable, que él: a demás, que aún no ha cumpo su término, pues mañana le queda, y si con villana lengua otra vez atrevido te atreves a profanar su nobleza, vive el Cielo que te mate. Ese buen celo la vida te ha de costar. Yo sé muy bien que Damón es tal que no en vil fortuna querrá que exceda ninguna opinión a su opinión; y así, sintiendo perder honra de tan alta cuenta; solo el temor me atormenta de que tiene de volver. A mí no porque imagino que mañana a más tardar, me sacan, a paseear sobre el cerro de un pollino; y que si al Rey se le antoja, por concomitancia, a ti te sacan también tras mí, puesto, en la segunda oja; esto es lo que miro en mí, hecho mi matalotaje, mira tu allá en tu viaje, lo que pasará por ti. Cómo entre tus desatinos de Astrea no me has hablado? Porque te juzgué llevado de diferentes caminos. Dices bien; pero el amor que la tengo, es de manera, que aún después de muerto espera quererla con más rigor; enojela, cuando así, por Damón me aprisioné, y desde entonces su fe no se ha acordado de mí. De qué sabes, qué te olvida? Pues no es claro el argumento, quien no siente mi tormento, muy poco estima mi vida; no haberme escrito un papel no basta? Bastar pudiera, como el estorbo no hubiera del Duque, guarda cruel. Ventanas tiene esta torre, y algún medio no faltara. Libia, pensé me aliviara; pero ya otro vienso corre, siendo, cual díces, señor, causa de airarse contigo verte preferis tu amigo, y no anteponer su amor, que una mujer, que abarida se juzga por no estimada, lo que antes halagó amada, muerde después de ofendida, siendo en efecto su ardor de la infiel sarna figura, que al rascarla da dulzura, y al dejarla da escozor. Ay Astrea! mas no sientes . ruido? . Si la torre abren. y es una mujer. . Qué dices? Siglos fueron los instantes hasta llegar aquí, donde esperando que llegase. la hora, y tomando aqueste vestido con que de nadie. he sido vista jamás, por si en la acción importase, vengo arrastrada de amor. Aquí está Pitias, hay grave desdicha! ay ojos míos! lloradle, digo, lloradle una vez ingrato, y otra cargado de hierros tales. Conocesla? No, aunque el alma no sé que me dice. . Tate, Astrea es, o yo soy sordo, de vida somos. . Pesares, dad fin a vuestro tormento, pues viene a impedirle un Ángel. Quién duda que admiraréis mi enigma, y así por darle fin a vuestra duda, digo; que piadosamente afable, habiendo quien se conduela de vos, me han dado esta llave, para que esta misma noche pueda del riesgo librarse vuestra cabeza, que apenas que el Sol salga ha de cortarse; Tomadla, y en un caballo que a las espaldas del Parque hallaréis, podéis partiros, dando nuevo curso al aire. respuesta es iros luego, que puede en el dilatarse vuestra acción hallarse estorbo vida, y tiempo os embargue. qué decís? . Qué agradeciendo, como es justo, acción tan grande de piedad digo, señora, que es primero (no os espante) mi pundonor, que mi vida, que un noble no ha de privarse por atenciones finitas de laureles immortales. Yo agradezco la fineza; pero advertid, que es tratarme como a hobre vil, quien la envía, pues pretende, que me ultraje en la fuga de traidor, en el miedo de cobarde. Qué valor! ̱. Pesar de quien me parió; señor, qué haces? toma la llave. . Quita. Que en lo que me agrada me ofenda! mas mirad bien que mañana. t. Perdonadme. Habéis de morir. Qué importa, si primero ha de matarme. Qué? No cumplir mi palabra. Necio estáis de honrado, dadles de mano a esos pundonores, Pitias, que en casos tan grandes, dificultades de honor, son necias dificultades. Pues dadme la llave a mí, que soy un poco más fácil, por no morir haré, vive Dios, cualquier desaire. En fin, estéis reducido a no tomar Es corstante; y más cuando no conozco de quien debo, o no fiarme: así tengo de obligarla. . si puedo, a que se destape. Luego ( vierais, que en mí no hay de que pueda dudarse, lo hicierais? muy fácil fuera. Pues para que no os atajen vanos discursos, yo soy. Astrea mi bien, No pase adelante vuestra lengua, puesto que tan falso amante, por un amigo alevoso, mi constante amor dejastes. No me tratéis con ternura, que ya en vuestras falsedades, castigando el ofenderme, soy otra de la que antes, sino, pues ya me habéis visto, y que puede asegurarse vuestra acción, idos. . Señora, óyeme. . Será irritarme; será, digo que mal Cielos finge quien ama enojarse, pero así he de reducirle: no os vais. . Escucha. Es en balde. . Oye mi bien. Apartad, apartad, no, no me encanten vuestras ficciones. . Astrea, mira. . Daré voces. . como se pega. . Esto es, porque a su piedad me allane. Qué dices? . Que ya sin dus quieres al Rey? . Dilatarmo puedo, mas en mis enojos a engañarme. Mira, señor, qué? . Desvía, desvía, no, no me alaguen tus dulces venenos. . Pitias, oye. . Haré locuras. Andares, como se esquita. . Señor, mira que ha sido obligarte a que te libres. . Ya infiero la verdad, no la disfraces, Astrea. . Él ha de perderse. Ella en fin vino a dejarme. Aquí, ay amor de mis penas! Aquí, ay celos de mis males! Aquí, hay dolor de mis tripas, que andan cómo alma de Sastre? Oyendo voz de mujer, puesto que el pustigo sale donde desde aquí no pueden ver mi acción, he de enterarme, si es Astrea; sí, ella es, vuelvo cerrando a aplicarles el oído, y ver si el Rey la sigue ciego, o amante, del Duque por él obrando alguna de sus crueldades. . En fin, Pitias. . Qué me quieres? Que me escuches, y repares. Déjame, déjame, Astrea, y no me des con librarme vida, si no vanidad de que a un cuchillo me salve; tú lo has dicho. . Yo lo he dicho, mas fue. . Para cuando, males, son vuestros venenos? . Mira, que se va haciendo muy tarde, y puede el día. . Esperad, que siento ruido, tu padre, señora. . Qué es lo que dices? muerta estoy. . Vuelve a esta par Tú lo has querido. A lo hecho, valor. Esto, que no es nadie. Pitias? Señor Cónde? . Mucho me admira, dejando a parte el como entró, que una Dama en tal tiempo os acompañe, bien diferente juzgaba mi piedad veros, más baste que me engañe. . Siendo vos quien la ve, no hay que angustiarme. Esto es bueno. . Favor, Cielos! Bien pudierades fiarme mayores cosas, más temo. Por echar dejé la llave a la puerta; mas qué importa si estoy aquí? . Fuerte lance! el Duque (ay de mí!) . Ya escampa. Pero ya no hay que explicarme, el Duque, con quien entré, es de quien puede dudarse el suceso porque viene; mas él lo dirá. . Pesares, tantos a un tiempo. . Qué es esto? mujer aquí? cuando nadie tiene más llave que yo? quien duda, que como sabes, Pitias, que mañana mueres de alguna traición te vales que por sus manos te libre; y así para castigarle la alevosía, es forzoso descubrirla, y ver si en tales hábitos es hombre acaso; ea, quitad al instante del rostro el manto. Acabolo su Excelencia. Empeño grande! Cielos, qué he de hacer? al hierro, que a no estorbarme con tanta opresión, el fuera desde el halcón a la calle. No os descubrís? qué aguardáis? Señor Duque. Si a rogarme vais, es por demás; yo tengo n de ver quién es. Su desaire me lastima. Que en fin tiene de descubrirse? . Es constante. No hay remedio? No hay remedio. Pues démele, aunque se espante el mundo, mi padre mismo, que si aquí viene mi padre a ser mi mayor peligro, en él tengo de ampararme; como en el mejor asilo; o como fue buen dictamen traer vestido que ignora, mudaré la voz. . Qué hace Astrea? . Conde, yo soy ( mujer de tan alta sangre como vos, ya veis que Pitias de aquí no puede sacarme; impórtame honor, y vida que el Duque no desentrañe quien soy, timbre es noble el vuestro favorecedme, o borradle. Duque, ya habréis conocido, que aquesta dama se vale de mí, para que ignorada de vuestros ojos la saque; noble soy, y ella es mujer no intentéis embarazarme la acción, porque habiendo ella validose con gravamen pundonoroso de mí, aunque fuera en mayor trante, no hiciera más por mi hija, que por la que está delante. Y yo, aunque preso. Esto escucho? mas quién se atreve a esta cárcel? es, Verdad es cuanto me han dicho pero aquí está el Duque. . Dal aflojando va. . Y el Conde también, que hubiese de hallarnm con él! mas obre la industria. Qué es lo que miro? en el talle parece el Rey. Advertís en él que ha entrado? Bastantemente la desdicha mía lo afirma, Penas, matadme. Pues con eso, aunque me haceio no sé que fuerza es en balde el defenderos. . Ay Cielos! Quien fuera a meterse Fraile. El Rey es, y pues se encubre, llegaré en secreto. . Un áspid soy todo. . Señor? . Decid cuando vos, y el Conde entraste (que juzgo vendría con vos, según veo en las señales) estaba aquí esta mujer? Sí, señor, y al empeñarme. en ver quién es, se valió de su amparo. No es bastante. esto a mi sospecha, que una mujer tapada, con que hable finguiendo ajena voz, puede a cualquiera acción restarse. Pues qué dices? Ay de mí! Qué es. . Quién? . Astres Ay pesares! Que el venir yo como veis, es porque en aqueste instante me dijo Flora; que había visto audar muy vigilante, a las puertas de la torre, una mujer de buen arte; con cuyo aviso, temiendo que era Astrea, vengo a darme satisfacción a mí mismo. Tal no imaginé, pesares, cómo ser puede? . Pues presto lo veréis. . Cómo? Es muy fácil. decid, que vengo a deciros que llamo al Conde, y dejadle que se vaya, que yo haré verdadero mi dictamen. Celos por verla, aunque muera, me holgaré que no se engañe, Conde, aqueste Caballero dice, importando ocultarse, que os llama el Rey muy de prisa. Ahora si que se cae todo el Cielo sobre mí. Esto es para apartarme de que a esta dama defienda; mas mientras no se declare el Rey, me toca el hacerlo: Venid. . Eso es, Conde, en balde, la mujer no ha de ir con vos, Cómo no? Ahora, pesares, ahora es el tiempo de valer a Astrea en tal trance, aunque acaben mis desdichas de embestirme, y de matarme. Este es riguroso empeño, donde puede aventurarse de mi padre honor, y vida; y así, pues el Rey no hace demostración de irse, y yo no he de poder escaparme de otra suerte, de modo, sin que al Real decoro falte, pues se oculta excusaré mi riesgo, y el de mi padre, ya que el de Pitias no puedo, como intenté, remediarle. Qué has hecho, mujer, que has (hecho? Yo la detendré. A está parte está Astrea, en quien he visto lealtad, y pues de que ampare su ignorancia llegó el tiempo, razón es que yo la saque, pues que yo la metí en él, de tan vergonzoso trance, Venid, señora. Adiós, Pitias; ya os sigo (ay dolor!) Cerradles, Duque, la puerta: No acierto con ella, que así me arrastre el Conde. Andad, pesia vos. Mas id con ella. . Qué pasen por mí tantas penas? Muera yo, pues. Aunque obraste con industria, o vil Astrea, no te irás. . Ya mi dictamen embargó el Rey, qué haré, Cielos? que he de hacer, si no llevarle a mi cuarto, donde vea mi ofensa, pues con audaces pies se habrá ido Astrea; señor, vuestra Alteza calle, y sígame. . Dónde ingrata? Dónde mi honor le llevare. A esta parte está el postigo. Esta es la puerta? Sí, dadle los pies al viento, que ya cumplí con lo que mandasteis. No salga nadie por ella. Andad, que no saldrá ndie. Sin alma voy. En mi vida vi en mujer valor tan grande! Oh cómo he de triunfar de ella! A Señor. . Qué? Si gustares, iré tras el Conde, que. No importa, Duque, dejadle, que ya yo me llevo a Astrea. Ay de mí! . Adiós. Acabadme celos. No os detengáis. Bien amor tengo de vengarme. Ya estará en salvo; sí, voyme; Pitias; el Cielo te ampare. Hola criados. . Señor, Habrá una luz. . Si se sale fuera de la torre, si señor. . Pues andad. Las carnes me van temblando. Y volved muy presto. Eso Dios o sabe, mas por mi amo lo haré. . Sois vos, Duque? No hay que hablarme; Pirias, mañana morís, lo demás todo es cansarse. ta aquí la luz. . Si iría Astrea (ay Dios!) con su padre, o qué habrá sido? . Venid, Dónde, Duque? Dónde os guarde por mi mano, y vos andad libre desde aquí. . Dejadle, si es posible. . No os le quier dejar; no hay que replicarme. Señor. . No me digas nada; Vete. . A morir he de dejarte Yo a vivir, porque mis penas hoy con tu muerte se acaben. e llegó la Gracida al Cielo, que a hora, que esta pobre criada pecadora; saliendo del silencio que ha pasado de hablar, se le conceda este bocado, que le pudo, según me he suspendido, pensar que ya me habrían despedido; o yo me retiraba a algún Convento; pero pues no es así, vamos al cuento. Salió Esparrago anoche, y hoy apenas, peinando el Sol erabias por melenas, mostró su hermosa luz, cuando a buscarme como un rayo; donde para hablarme ey y étele, como, dicen, pordo viene- Aunque la pena de tragedia tanta, como hoy en pitias lloro, me quebranta, el alma vuelve a darme, Libia mía, los cariñosos brazos, pues el día llegó de hacerlo, Libia. . Y esos brazos, cómo han de ser? . En amorosos lazos de conjugal retruecano, en que espero verme si quieres tú. . Quiero, y requiero; ahora si que la cadena es tuya, y el bolsillo también. . Pues Alleluya, librome el Duque en fin; mas como Astrea lo pasa en tanto mal? . Solo se emplea en llorar a racimos perlas tales, que a cantaros las llueve de corales; pero aquí que nos va de sus excesos? Toca esos huesos, pues. . Toca esos huesos; mas qué tumor es este? Es que ya sacan a Pitias al suplicio, con que aplacan al Rey, que airado, y fuerte, hoy que Damón no cumple, le da muerte. Porque hoy se cumple el tel mino aplazado. en alas del deseo he caminado ya que logres, o Rey, tu furia ingrata vuelve Damón, que de olvidar no trata su palabra, y ya Pitias generoso, mi amistad, con destino valeroso; vuelve a librarte, que aunque me he tardado, y hoy cumplen los tres meses, no he faltado, No es Damón, Libia, aquel? Yo no lo niego. él es sin duda. . A él me llego a besarle los pies; o Señor? . Dame, Espárrago los brazos. . Que hoy te llame amigo verdadero me permite. Bien venido seáis. . Mo solicite vuestro agasajo hacerme salva alguna hasta saber de Pitias la fortuna? Cómo está? Fuera, fuera. . Ya con esto, si ese airado tumulto ves, bien presto responderé, que son aquestas voces pregoneros atroces de que el Rey, porque tardas, ha mandado que Pitias salga a ser. . Qué? . Degellado. Pues sin pasar de hoy? . Así lo ordena; ya le quieren sacar. . Qué horror! qué pena! ay de mí! y hay tirano Rey esquivo; Pitias morir, estando Damón vivo? Aguarda, pues, Dionisio, aguarda, espera? detén la mano rigurosa, y fiera, que ya voy a tus pies, adonde activa mi amistad, Damón muera, y Pitias viva. . Raro prodigio de amistad! . Notable; mas al Rey, el demonio que le hable. Retirémonos, pues, y si te agrada, haremos. . Qué? . la bella retirada. Lo que os digo me pasó: la Reina por el postigo, que ignoramos, dio conmigo, y engañado me llevó a su cuarto, donde tales quejas me supo formar, que pudieran ablandar los más duros pedernales. Dijome, que recelando el suceso, le hizo hacer desde adonde, sin perder punto, lo estuvo mirando. Con eso diría quien era la mujer que estaba allí. No dijo, aunque para mí excusado, Duque, fuera. Qué en fin fue Astrea? No hay duda. Y el Cónde ha la conocido? No sé; mas pierdo el sentido, cuando con mano tan ruda, considero que no obré lo que pudiera mi ardor. Qué haré yo, que en tanto amo con tantos celos quedé? mal mi cólera mitigo. Suspende la ejecución. Qué voz es esta? Damón ha llegado, y tras su amigo, dando voces, como ves; a las lágrimas que vierte, hace suspender su muerte, pero ya llega a tus pies. Heroico Dionisio, en quien goza el humano valo el timbre de más altuta, la empresa de más blasón dame tus pies generosos, si es que un preso como yo puede atreverse a pedir tanta dicha, y tanto honor. Yo soy Damón, Rey invicto, que a morir vuelvo, señor, porque mi amigo no muera; hoy se cumple el tiempo, y hoy, esta muerte mía manda suspenderla, que el rigor de tu mano ordena en Pitias con tanta aceleración; sino harás que de un veneno pruebe la saña, y sino la de un puñal, cuyo estrago vierta de mi corazón la sangre, que tras mi amigo corra con planta veloz: Ea, señor, que presumo que tardas. . La admiración me tiene fuera de mí, traedme, sin dilación. Duque a Pitias. Qué es aquesto? sin duda soñando estoy. Absorta vengo. No es mucho, porque es el caso mayor que el tiempo, ni el mundo ha visto en cuanto registra el Sol. Albricias, corazón mío, que ya Pitias se libró. Llegad, Pitias. A tus pies puesto estoy; mas que dolor como el mío, viendo, ay Cielos! vuelto a Damón. Qué aflicción como la mía, mirando a Pitias en tanto horror! No ves tu amigo? A Damón veo, no a mi amigo, porque no es mi amigo, quien pretende quitarme tan alto honor. Quién no es amigo, es aquel que con ingrata ambición contra el gusto de su amigo quiere a pesar de su amor privarle con falso empeño de lo que es suyo en rigor; luego si la acción es mía de morir tu adquieres hoy nombre de enemigo puesto que con tan activo ardor contra mi gusto pretendes quitarme, Pirias, mi acción. Yo en efecto. . Bueno está, Pirias, bueno está, Damón; quien vio lealtad semejante de amistad? . Temblando estoy el fin del caso. . Advertid. Dadme, señora atención. Monstruos de amistad, vivid ambos, que no fuera acción de un Rey, ver la insigne vuestra; y hacer la suya inferior. El mejor busqué de entrambos; pero sois tales los dos, que desmintiendo calumnias, cada uno es el mejor. Ya retrocedo mi enojo, y no solamente os doy mi gracia, si no que os pido, envidiando tanto loor, me recibáis por tercero de tan amigable unión; pues es forzoso que crea de uno, y otro en tal blasón, que quien con su amigo es leal, nunca fue a su Rey traidor. Tus pies besamos mil veces. Qué dicha? Qué admiración? Solo quisiera saber quien la cisma levantó de que al mejor persiguiese, porque vos Duque. . Señor. Qué decís? Que yo, que viendo que amando Astrea, que no merecí. . Basta, callad; ya con lo que he visto en vos alguna vez penetré vuestra aleve pretensión: confesádmela, o por vida de la Reina. . Señor, yo fui quien oyendo a Astrea que al mejor amaba, obró. Bien está: Y así a tus pies, como a delito de amor, pido. . Que así me engañase pónganle luego en prisión, hasta que después consulte, si tendrá cabeza, o no, que aquí no es bien enojarme. Pagando mi culpa voy Llevan Los dos llegad a mis brazos, pues mis dos amigos sois: y supuesto que ama Astrea al uno con tanto amor, hago Duque de Menorca al que fuere, cuyo don tenga en dote, recibiendo su mano allá porque no quiero ver en mi presencia cual hace su fer el mejor. Yo lo tengo a muy gran dicha Yo a mayor estimación. Y aquí. Senado discreto, pues nuestra amistad venció el rigor del Rey da fin la Amistad vence al rigor.
