Texto digital de Las amazonas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Solís y Rivadeneyra
- Atribución estilometría
- Antonio de Solís y Rivadeneyra Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las amazonas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amazonas-las.

LAS AMAZONAS
JORNADA PRIMERA
Injusto padre mío, que para hacer esclavo mi albedrío te vales de esta cárcel de la tierra, en cuyo seno lóbrego se encierra, por decreto del hado, y muy urgente infeliz, que sepultado desde el instante mismo que he nacido, solo conoce al Sol por el oído. Ya me llama el valor, la gruta oscura, que es de mi vida impropia sepultura, por entre las junturas de esta roca, parece que desea abrir la boca. Aplico, pues, el hombro, con que empiezo a acabar de formar este bostezo; de igual peso el pecho titubea, el aliento flaquea. Oh espíritu rendido! no tiene el hombre aliento sin gemido; segunda vez a mi valor apelo, a morir, o vencer: válgame el cielo! Mas que nuevo hermoso horror los ojos me ha perturbado, que de la luz se ha formado otra tiniebla mayor? O mundo, con que temor te comienzo a imaginar; salgo de un torpe ignorar, a un nuevo comprender, y el primer paso del ver lubo de ser el cegar? Allí la luz de una tea me alumbraba más suave, y aquí en los ojos no cabe, lo que la vista desea. Parece que me vozea quella quietud, volver quisiera a mi antiguo ser, porque más blando pesar espadecer, y esperar, que el conseguir, y temer. Mas ya parece que activos mis ojos van recogiendo las fuercas que retiró la falta de los objetos. Extraña máquina es esta que descubro; aunque leyendo: los libros, aunque estudiando las facultades que debo a la piadosa crueldad de mi padre; o mi maestro, he imaginado las cosas que forjan el Universo. No me las supo explicar de la forma que las veo, debe de ser, porque siempre lo material del sujeto lo comprende el sentido, mejor que el entendimiento. Por las señas que me ha dado mi padre, voy conociendo las cosas: aquel sin duda es árbol, que corpulento, que rústico por el tronco, por la copusa, que bello. En sin el rudo principio se desmiente con los hechos; Ave, si debe de ser aquella que cruza el viento, animal aquel que ruge, nor esta que está encendiendo, en púrpura vergonzor. el verde botón honesto. No sé que espíritu grande me acompaña, que aunque nuevo para mí, cuanto descubro todo me parece menos, que aquello que imaginé. Solo ese azul pavimento de los Dioses, y esa luz, y el Autor de sus reflejos, son más que supo fingir en sus simulacros ciegos mi idea; pero que mucho, esta es tierra, y aquel cielo, y aquí es oro imaginado lo que poseído es hierro. Y allí siempre halla la mano, mas que prometió el deseo: que habrá, pues, que habrá que pueda con este conocimiento admirarme? . Las mujeres. Qué escucho, válgame el cielo! Las mujeres vivan. Vaya el muy truhán. . Esto es hecho. Qué es esto! quién eres hombre? Quién? yo soy que me despeño: Levántate. . Así estoy bien. Haste hecho mal? No por cierto; yo me había de hacer mal? la caída me le ha hecho; Y cómo te sientes? Mucho. . Abre los ojos. No puedo. . Por qué? Porque muerto estoy, (do, Este hombre no está en su acuer- o es loco. . Oisme. Qué decís? Sabéis bien que no estoy muerto? Vivo estás, no hay entenderos. Vivo? por diez que lo temo, dadme la mano, ayudadme a levantar: mas qué veo? tigrecitos en campaña? muy buena la habemos hlecho: la pieza de la caída tiene este recibimiento? Qué tienes? sosiega un poco. Señor tigre, no burlemos, que es dificultad que tiene muchas unas para un lego. Animal soy de tu especie, hombre soy, no tengas miedo. Si es hombre, es la piel del diablo desuéllese y hablaremos. Quién eres? cómo has caído? qué tierra es esta? ya espero a que me informes de todo muy por menor. . En efecto eres hombre? . No lo ves? Pues hombre del diablo, quedo no te oigan, como estás en este bosque? . Qué es esto? En qué osadía fiado tienes tal atrevimiento? Pues qué bosqué es este? Bien se te ha visto el no saberlo, que no pusieras tu vida en tan evidente riesgo: sabe que si aquí me ven contigo. . Prosigue. Temo que nos maten. . Quién? acaba. Las mujeres. Anda necio, tú no eres hombre? pues cómo de la mujer tienes miedo? Eso dices? tú no sabes adónde estás? . No te entien la mujer, dime, no es animal menos perfecto que el hombre? no está sujeta a este natural imperio? ella tiene contra mí más armas que un lisonjero hechizo, que por los ojos diz que se introduce al pecho y solo puede conmigo aquello mismo que quiero, porque de mi voluntad fábrica mi rendimiento? Eso será allá en tu tierra, pero las de acá se han puesto los calzones, y las barbas se han subido por el bello. Enigmas son cuantas dices ahora te entiendo menos. Ven acá, nunca ha llegado a tu noticia el portento de las Amazonas? . Quién son las Amazonas? . Bueno, no las conoces? . No amig Ni la fama de sus hechos? También la ignoro. Ni sabes el origen de su Imperio? Tampoco. . Ni de esta tiera las bárbaras leyes? . Menos Según eso tendrás gana de oírlo todo? . Si tengo. Pues yo la tengo de hablar. Y yo agradecer espero tus noticias. . Eso pido. Pues prosigue. Estame atento. no En la cumbre de ese monte, chichón del mundo soberbio, lque a riscos estrecha el aire, ogigante corpulento, que con dos cuestas por hombros, sin hacer caso del peso, ues, o cuatro siglos ha que tiene acuestas el cielo. la Ciudad de Temiscira, Asia temor un tiempo, sorte de la Scitia, ahora oya que adorna el pecho eeste jayan obelisco, que esta pendiente en su cuello de una líquida cadena, que alto monte risueño, de eslabones de cristal parece que va tejiendo. Aquí la gran Menalise. gobierna el invicto Imperio (de las Amazonas, este bien repetido portento de Marimachos, que viven sin hombres, no conociendo que hembra sin macho no monta incórchete, si no medio. Ypara que sepas bien suorigen, y sus progresos, ello fue así, ve conmigo, si no es que se te hace lejos. Después de una grande rota, que los Citas padecieron, por conspiración cruel se sus comárcanos mismos, lieron en hallarse bien si mujeres de los muertos en el monjil, y las tocas, pr mucho mejor teniendo indar pareciendo dueñas, qde andar padeciendo duelos, juntándose una tarde: en un suntuoso Templo, que a la vocación de Marte, y de Minerva eligieron. Empezaron a culpar aquel natural decreto, que hizo inferior la mujer al hombre, desvaneciendo lo propio de su valor con la impropiedad del sejo. Cuál decía porque causa a estos menguados tememos? tienen más prerrogativa, qué haber menester Barbero? Cual gritaba, que más miel, tuvieron? y si tuvieron algo más, no es lo demás tanto cómo lo de menos? Cuál porque nos hablan gordo? no los desengañaremos de que el metal de la voz no es calidad del aliento? Las viudas decían, tate, segundas nupcias a redro, también alcanza a la hembra aquel refran del buey suelto. Las casadas que se hallaban en compañía de aquellos, que reservaron sus vidas de los pasados encuentros, irritaban a las otras con los malos tratamientos que sufrián, suspirando por suspirar por el muerto. Y en fin todas a una voz decían, muera este gremio, que de nuestra flojedad ha fabricado su Imperio. Mueran, repitieron todas, y unidas se resolvieron (viéndose en número más que los hombres) a coscelo a puñaladas, costura en que todas ofrecieron sus puntadas, y una noche, que envuelta en celajes negros, parece que echó el capote con más horror, o más ceno. A la hora (extraño asombro!) que la inquietud (duro incendio!) usurpaba (atroz delito!) las fuerzas (horrible empeño!) a los que en descuido inútil la muerte estaban sintiendo. Ellas airadas (qué rabia!) tomaron (qué atrevimiento!) sus puñales (qué desdicha!) y en sus vidas (qué despecho!) hicieron en un instante lo fingido verdadero. Quedaron las senoritas (como digo de mi cuento) a la vista del delito, sin confesar que era feo, que la mujer es un diablo de poco arrepentimiento. Y hallándose ya empeñadas en seguir el desacierto, sacan fuerzas de flaqueza, deponen el culto aseo. Arnés acerado visten, arco manejan violento, severás leyes pronuncian, Reina eligen, que al gobierno de la paz, y de la guerra presida, y en poco tiempo Europa siente las armas, el Ana teme su esfuerzo, trabajado ha vuelto Alcides, Ciro trabajado ha vuelto. Mas después, considerando que esta máquina iba al suelo, sin hembres que les pusiese lo que les quitaba el tiempo. De cuando en cuando se salen a los comárcanos pueblos a volver como unas madres, y como unos padres ellos, donde siempre que ellas quiero las tienen amor de miedo. De esta suerte se conservan hasta hoy, porque en pariendo, si es hijole dan la muerte, y si es hija, el nacimiento celebran, y luego al punto la cauterizan el pecho del diestro lado porque no la embarace el manejo de las armas, reservando en el otro el alimento de las hijas, y las crían entre marciales estruendos. Los dijes son las saetas, los atambores panderos, las trompetas las sonajas, el muera el hombre el gorjeo, el talta es cosa de azotes, donosuras el reniego. Y en fin, a cualquiera de ellas, cuando ven que va creciendo, antes que pueda opilarse, la hacen tomar el acero. Este, señor es el caso para que te quise atento, estas las fieras mujeres, que ocasionaron mi miedo. Este el azote del hombre, el pasmo del Universo, y este en fin es el mayor escándalo de los tiempos. No hay que juzgar que es historia porque juro a Dios que es certo oigan, y cual se ha quedado, di, señor, estás electo? sin duda ha sido gustoso, pues te ha divertido el cuento, tú no estás aquí? Asombrado estoy de escucharte. Verlo, como ya de mi temor eres participe. . Necio, en mi temor? . Para que lo niegas, si se te ha puesto lácara más amarilla que una gualda? De ira tiemblo, ven acá, suele la ira producir esos efetos? No conozco amatilleces, que no son de mi majuelo; pero con quién te has airado? Con ese animal horrendo de la mujer, cuya sangre me acuerda la lid del pecho, que es tan cruel ese monstruo, que mata sus hijos mismos, ni el amor privilegió al marido, ni el respeto al padre, ni a todos juntos la semejanza. . No niego que la semejanza puede mucho en ellas. No entiendo, por qué? . Porque todas hacen lo que les parece de ellos. Y a ti, porque causa aquí te han maltratado? Ese es cuento bien raro: sabe que allá nos tienen cautivo, o muerto al Príncipe Polidoro, que de ese vecino Reino de Sarmacia ha conquistado al Amazónico Imperio: Ha venido como amante, aún más que como guerrero, porque vio acaso un retrato de la Reina, y quedó ciego de amor, y así se empeñó en venir (con el pretexto de la guerra) a militar de parte de su deseo. Y esotro día del campo se adelantó con intento de introducir lo amoroso primero que lo violento. Sin querer que le siguiese mas que yo, porque el secreto de su cuidado sabia! y fatigado en el fresco margen de ese arroyo, quiso descansar, rindiole el sueño, guárdésele yo en lo propio, y así me quedé durmiendo, cuando (Dios nos libre) junto a mí una Amazona veo, que me despierta, arco al hombro, fiecha en mano, malo el gesto, y buena la cara: yo quedé al verla sin aliento, porque mi valor está algo más hondo que el miedo, Y cuando esperaba ser blanco de una flecha negro, ves aquí que la Amazona se prendió de mis ojuelo, que son (según ella dijo en tonillo de requieoro) grave honor de los azules, duice afrenta de los negros. En sin ella se rindió de amor, yo llamé a mi dueño, ofreciola montes de oro, comunicola su intento. Acertó a ser la que tiene la custodia, y el gobierno de las puertas a su cargo, y aquella noche dio dentro de la Ciudad con nosotros. Fuese mi amo contento con ella, y dejome a mí en su casa, donde muerto, ni vivo he sabido de él. Pasáronme extraños cuentos con otra que está también perdida por mí, y viniendo. esta tarde con la una por este bosque, al encuentro nos salió una tropa de ellas, la mía escurrió temiendo. ser hallada en el delito de andar con hombres sin tiempo, Las otras sobre el brizar las mujeres, me pusieron las manos, y de secreto me echaron. Tente, qué es esto? Sin duda está cerca el campo de nuestras Amazonas. Quedo, no me estorbes el oído, déjame escuchar atento: que noble música es esta, pues parece que está haciendo en las orejas el ruido, y en el corazón el eco? Esto te ha sonado bien? Hame sonado a instrumento generoso. . Generoso? antes, señor, es tan terco, y tan villano, que a palos le sacan la voz del cuerpo; pero la gente se acerca hacia acá, ocultarme quiero. Por qué? . Porque si me ven que sin el Príncipe vuelvo, me han de matar. Aquí está. Aquí está, viven los cielos, que me han visto, hay pies míos corredme si sois discretos. s Llegad todos. . Aquí está, 2. Las señas son que traemos, 3. Dichosos habemos sido. Dame la mano. . Qué es esto Sarmatas, nuestro caudillo nos ha descubierto el cielo. 1. Viva nuestro General. . Viva Hay más raros sucesos que los míos? Las insignias traed. Amigos, que novedad es esta? . No estéis suspenso distante de aquí dos millas está un ejército grueso de la invencible Sarmacía; a nuestro Príncipe han muerto; las Amazonas, a ti nos da por caudillo el cielo para esta empresa; tus señas, y las del sitio debemos. al oráculo de Apolo, mirad si queda con esto alguna acción a tus dudas. En fin los dioses han hecho elección de mí? . Los dioses lo ordenan. . Y estáis resueltos a qué gobierne? . Sí. Y contra ese monstruofiero de la mujer, marche el campo. Su sangre apurar queremos, Pues bien podéis prevenir troncos para los trofeos, Este es el bastón, tomad, este el nuencible acero, y este el laurel. . Venga todo, y tiemble el mundo mi aliento: (aunque todas estas cosas, . que toco, descubro, y veo, la calidad les ignoro, quiero encubrir mi defecto, porque si han de obedecerme estos soldados, no quiero que piensen que saben más, que es pensar que puedo menos) Ea soldados, Astolfo, parto de estas salvas Regio, os alienta, marche el campo, toca al arma, a sangre, y fuego se dé la batalla. Viva Astolfo. No digáis eso. . Pues qué? Mueran las mujeres. Ea pues, con nuevo aliento decid, mueran las mujeres, y viva el caudillo nuestro. Mueran. . Viva. Oh que bien sueñan al valor estos estruendos. . 1. Vaya. Camine el barbado. 1. Dale. 2. Pícale. . Ay de mí! De balde. 1. 2. Viva por ti, Ven conmigo. Ay tal enfado, Señoras, si por ser hombre me dabais, lo habéis perdido, que yo en mi vida lo he sido, sino solo por mal nombre. Miente quien piensa que yo soy hombre, y serlo merezco, rezco. miento por la barba yo. . Sosiega Linda manera, por Dios que mate si voy a quien piensa que no soy tan mujer como cualquiera. Quién diablos te metió acá? Cámila acá me metió, y llevarme prometió adonde el Príncipe está, porque yo no me atreví a que su gente me hallase, si él, ella, toma, y vase, dejándome solo aquí, que diz que es Palacio, y yo venía mal disfrazado, cogiéronme, y he pasado la tanta, mas ya pasó. No te aflijas, que yo sé adonde tu amoesta. Vive? . Sí. Y que dirá la Reina si aquí me ve? Esos temores reporta, porque la que no conviene que te vea, es Miquilene, y la Reina poco importa. Quién es Míquilene? Quién, la que a nadie no perdona: una rígida Amazona, prima de la Reina, a quien tocará el Reino quizá, si su poca edad no hiciera que menos acción tuviera, pero en esto que nos va dime, en que estado te hallo cerca de nuestra amistad? Yo te tengo voluntad, para que sirve negarlo. Eso como puede ser, si Camila te enamora, y tú la temes? . Señora, me da lo que he menester. . Ella tratándote está muy mal, a coces te envía donde quiere. . Reina mía, que importa que dé si da, esos son puntillos. . Y esa una indecencia bien rara. Con hambre nadie repara en el lugar de la mesa. Un hombre se ha de humillar a vueltas tan inclementes? Señora, apretar los dientes es mejor que postezar. Lucindo. . Triste de mí, ella es. . No importa nada. Es mujer ocasionada, escóndete un poco allí. Yo esconderme? Ya ha salido la Reina, mas quién? . Yo soy. Pues qué haces aquí? Aquí estoy con Lucindo. Ella ha querido, porque ya la liviandad no puede: ya no se ve, mira ella, yo para que, esta es la pura verdad. Sosiéguese busted, que luego se verá su pleito, usted mi reina, me haga merced de decirme. Lencendiose el fuego Este hombre ha sido mi prenda, y aunque estoy hecha de hiel de ver que ahora me ofenda, le quiero bien, y con él estoy gastando mi hacienda, Díjele algunos amores, cayó en oyendo el reclamo, debile muchos favores, hállele sirviendo a un amo, pusele en paños mayores, el conmigo se contenta, yo me he empeñado, uce intenta el hacer venta no más, y en este contrato es más hacer empeño que venta: y así usted se ha de servir de irse sin más replicar. Yo estoy aquí, y no me he deir Señora, no hay reparar en que yo doy que decir. Esto que digo ha de ser. Difícil es conseguirlo. Ellas deben de creer que soy algún hombrecillo, que no tiene que perder. Mi espada será bastante contra proceder tan loco. Obre el valor arrogante. Yo nunca reñí delante del galán. . Ni yo tampoco, Qué es esto? . Camila, y yo somos amigas, y aquí nos burlabamos. . Así, y es aqueste? . Ya me vio. El criado a quien desea Polidoro? . Sí señora, el mismo soy. . Pues ahora, no es posible que la vea. Luego nos veremos. . Ya entiendo. . Habla con recato Aguardad con él un rato donde os dije. . Bien está. Oyes, si entra Miquilene, ya entiendes. . Contigo estoy No he de saber donde voy Venga, y sabrá donde viene. . La puerta quiero cerrar, en grande empeño me veo, yo no entiendo a mi deseo, pues se ceba en un pesar. Nadie aquí me puede oír, a mucho me percipito, que medroso es el delito, segura estoy, quiero hablar. Segura estoy, quiero abrir, sin brazos conmigo lucha este amor, yo misma ignoro sus afectos, Polidoro, Menalise hermosa. . Escucha, ayer te empecé a contar mi intento. . Rendido estoy, dispón de mí, tuyo soy. En fin te podré fiar mi pecho? . Eso has de decir? Difícil la empresa es. Ya sabéis mi esfuerzo. Pues a escuchar. . Aproseguín y0iooso M Un mes habrá que amor hizo dionoso, Príncipe de Samarcia generoso, mi pecho con la herida, que fue estrago, y lisonja de mi vida. Y un mes habrá que hizo desdichado con los inconvenientes que han dejado el estrago en el alma, introducido, y la lisonja me ha desvanecido. Que de amor la dulzura aún no se toca bien cuando se apura, y por el labio incierto se derrama el acibar encubierto. Viste un retrato mío, halló la vista ociosa el albedrío: rindiote la pintura, debe mucho el ocio a la hermosura. Veniste a verme luego, sino fue acierto, lo intentaste ciego; fue el pretexto la guerra, no es poca la que mi pecho encierra. A mis ojos llegaste, amor te dio el ardid, tu ejecutaste: hablásteme rendido, descuidose la vista, y el oído, Mereciste mi agrado, produjo aquel descuido este cuidado, quísete bien, en fin, dísteme amante fe de espeso, pasemos adelante, que en volverlo a decir quiero andar corta, por llegar más apriesa a lo que importa. Muerta la Reina, antecesora mía, la gran Tralestres, que esta Monarquía gobernó tan atenta, que a su gloria no llega sin suspiros la memoria. Y no dejando sucesora, advierte lo que son prevenciones de la suerte, para elegir la Reina, dividida en dos bandas la plebe, una apellida el nombre de mi prima Miquileve, y otro el mío apellida, y aunque tiene la contraria facción pujanza alguna, venció, no sé si diga mi fortuna, pues cuando cino la Corona de oro, la misma acción, insigne Polidoro, que las sienes me obliga, los hombros me fatiga, y a un mismo tiempo el cetro soberano mereció el brazo, y me adornó la mano. Calló entonces la fiera Míquele, el odio que entre el alma Impreso tiene; pero después revalidó, y advertida de la parcialidad, y adormecidas las tibias opiniones, que una vez encendidos los carbones en vano la ceniza los encubre, porque antes los conserva quien los cubre. Hoy, pues, la voz renueva entre la gente de que el Reino poseo injustamente, y tan sagaz los ánimos inclina, que cada instante aguardo mi ruina. Es tan cruel, tan fiera, que observando severa las leyes de este Reino independente, aborrece los hombres mortalmente. Nunca ha llegado a verlos, de esto nace quizá el aborrecerlos, porque siempre anda viendo su presencia, haz cumplir la edad en que hay licencia para salir con ellos en campaña, que entre nosotras hasta obrar la hazaña de dar la muerte a alguno, se tiene por infamia que a ninguno se permitan los ojos, ni el oído. Ayer, pues, tuvo edad, y hoy ha salido a buscar el trofeo, que el tiempo hace tratable a su deseo. No hay Amazona que sus brazos mida, que con aliento de ellos se déspida: no hay blanco cuando flecha, que no sea imán del hierro de la flecha. Es soberbia, impaciente, arrojada, imprudente, y con ser a mis ojos tan odiosa, no se puede negar que es muy hermosa; porque cuando la veas, engañado no creas, que la pasión las iras me soborna, o a mi verdad la desnudez le adorna. Esta, pues, Polidoro, esta es la fiera que de mi lentamente se apodera, esta (llégate cerca, que aún el viento me pesa de que escucha tan atento) ha de morir, si quieres que en mi frente se tenga la Corona fijamente. Tuya soy, de mi Imperio serás dueño, tuya soy digo, tuyo es el Imperio: asalta la Ciudad, muera esta aleve, pague tu amor lo que a mis ojos debe, que yo lisonjeada, agradecida, amorosa, rendida; fina, atenta, y constante, sabré estimarte dueño, como amante. Pero sino, enojada, rigurosa, colérica, briosa, impaciente, severa, y ofendida, te enseñaré, quitándote la vida, lo que puede irritada mujer que ruega, y queda desairada. Absorto me ha dejado, hermosa Menalipe tu cuidado. Ya mi temor en vano te previene. Ven acá, qué es tan fiera Miquilene? Nada encarezco, aunque hablo temerosa Ven acá, que es tu prima tan hermosa? Ol pesia a tu antención, o a tu locura, ahora se te acuerda su hermosura? pero aguarda, qué es esto? Abre aquí Menalipe. Vete presto, que es Miquilene. Espera pues, que importa que ahora. Bueno fuera que conmigo te hallara. No acabas ya de abrir? Anda. . Reparao en que así de mi esfuerzo desconfías. Ah traidor! ya te entiendo, que querías quedarte para verla? Con eso has hecho Ménclipe be decente el esconderme. Oh que cerca estuvistede perderme entra, la puerta cierro. , s No has oído mi voz Menalipe? Sin sentido la turbación me tiene Te haces sueñte? mas va que lo remedio de esta suerte Pues Miquilene, qué furor? . Perdona, que vengo reventando de Amazona, llegad todas. . Qué es esto? auna Y llegue este espectáculo funesto. Quién eres hombre? . Soy un desdichado, todas mis señas con aquesto he dado. Ayor cumplí la edad de la campaña, y hoy la honrosa ambición de alguna hazaña del lecho me saco: el hombre primero que he visto ha sido estes esqueleto fiero si todos son así, que hazanería es dilatar el día de buscarlos, si el bellos es el medio mejor de aborrecerlos, Pues bien, que te ha importadó este cautivo, para haber entrado tan loca, y descompuesta? Templa el modo de hablar, o la repuesta, No prosigas, prendedla, desarmadla, qué aguardáis? llevadla a una torre. . Ninguna hará tan gran pesar a su fortuna. No llegáis? qué os detiene? prendendla. . Deja hablar a Miquilene. Pues que tiene que hablar? mi empeño es mucho si habla, prosigue di, que ya te escucho. Habla cautivo, di lo que ha pasado. La vida el referirlo me ha importado. Amazonas, oíd vuestras afrentas. Empiezo? . Sí. Pues escuchad atentas, Talestres vuestra Reina, que con cetro mejor ahora Reina en los Eliscos campos inducida de las grandes hazañas. . Por tu vida que me dejes decirlo, que se turba la voz al referirlo, y no puede sufrir mi fortaleza que un agravio se diga con tibieza: y así yo os lo diré sin que os moleste mi voz. . Prosigue. Pues el caso es este. Ya sabéis que vuestra Reina Talestres, que ahora ocupa con el alma el mayor sitio, y con el cuerpo esa urna que esta cosiendo la tierra, y el Cielo en forma de aguja, llevada de las hazanas de Alejandro, que aún hoy duran de las voces de la fama, hasta en el eco seguras, se resolvió a visitarle, para cuya empresa junta de treinta mil Amazonas, un ejército que induzga, no fortaleza en su Imperio, sino Imperio en su hermosura, Viéronse los dos, y el ciego que Dios que al alma apunta, triunfó de sus corazones, quedando a la sana injusta agradecidos entrambos, como si al sentir la punta el oro que está en la fiecha pudiera dorar la injuria. Tratáronse algunos días, y logró amor sus ternezas de la suerte que Talestres volvió a servir en la duda de aquel natural achaque, que el vientre aquí dificulta la voz como declararle, Discúrralo cada una, que por ser mujer parece, que mis oídos no gustan de que haya palabras mías para decir faltas suyas. Apenas cumplió las nueve, cuando en una noche oscura, que a favor de su delito amigas tinieblas junta. el retiro de un bosque (quizá ingeniosa busca) parió un infante, y debiendo, según nuestras leyes juntas. Por ser del hijo enemigo, para formarla la tumba antes del primer arrullo volver la aquilla a la cuna. Alterando la costumbre, mañosamente le oculta, que ya que el amor de madre le suspendiere la furia, o ya que al mirarle hijo de Alejandro dificulta: Mas donde vas lengua torpe, que cuando un delito ocultas, buscando las ciscunstancias, te encuentras en las disculpas. Ella en fin, de la cautela de una criada se ayuda; pública que por ser hijo, se ha muerto, y piadosa cuida de darle el blando alimento, tan tímida, y tan confusa, que siendo suyo el licor, le da como quien le hurta. Viéndole ya menos deble, religiosamente astuta, para enviársele a Alejandro, los Oráculos consulta. Respóndele, que en el tiempo que goce de la hermosura del Sol, se verá este Imperio a los pies de la fortuna. Tuerce con esto el designio de enviarle, y aunque escuche las amenazas del hado, apelar del temor duda, en su pecho aquel cariño, que se sabe, y no se estudia. Vino a esta sazón huyendo este anciano de la furia de los Sarmatas (la causa ignoro, aunque sé la fuga.) Hallolo un día la Reina, penetrando la espesura del bosque, tras una cerca, que hasta el centro de una gruta se coló huyendo la flecha que lleva, y piensa que excusa. Llega la Rey na resuelta, él encogido se ajusta; asegúrale apacible, deidad del monte se juzga. Consuélale su cuidado, resuélvese en la consulta, que el niño tenga su albergue en aquella estancia oscura, sin que los rayos del Sol, ni aún por indicios descubra, porque en daño de este Imperio los presagios no se cumplan. Secretamente le encierra, crece a la edad menos ruda, aplícale a los estudios, silvestre alimento busca. Muere la Reina, él cautivo, al verse joven rehusa la prisión, teme el anciano, manosamente le ajusta. Déjale encerrado, y sale, encontrole en la espesura, y por redimir su vida, cuanto os he dicho pronuncia? Estos han sido los lances de esta impensada aventura, Pues me dejáis que refiera; permitidme que discurra, y escúcheme las razones quien la palabra me escucha. Invencibles Amazonas, ya es tiempo de que sacuda vuestra vista esas tinieblas, que si no ciegan, ofuscan. Manalife vuestra Reina, aunque tan atenta, y justa, en daño de nuestro Imperio torpemente se descuira en las caricias del ocio, o se adormece, o se arrulla. Su valor nada es en ella primero que su hermosura; traje femenil le adorna, la seda en sus vestiduras, o igualmente se descose, o hermosamente se arruga. Al fuerte arnes sostituyen las delicadas injurias del cartón, en cuyo brazo es flojedad la apretura. Los cabellos atormenta en igualdades confusas, no el hierro que los defiende, sino el que los habitua. Todo es ocios la Matrona, sus huellas siguen algunas, que para hacerse imirar el que yerra del que adula. No ha menester persuasiones, solo ha menster disculpas: pues qué es esto? dónde está aquel denuedo que asusta las naciones? donde sueña el bronce que la divulga? La fama nos va dejando, aquellas veloces plumas, que daba a nuestros Anales, están sirviendo a su fuga. Eas fuertes Amazonas, otra vez al mundo luzgan esto militares rayos, que si no abrasan, no alumbran. El Sarmata nos infesta, sin gente estos campos cruza; ordénense nuestras huestes, rechácense ya sus furias. Desmiéntanse los presagios, muera el que vive la gruta de este bosque, no volvamos a la sujeción injusta de los hombres, sueve el parche, gima el bronce, el hierro ruja, y sepa el mundo que vive una mujer sin segunda, que aplicando el hombro fuerte a una máquina caduca, supo hajar con un brazo la rueda de la fortuna. Viva la gran Miquilene. Qué decís infame turba? Decid Menalife, amigas, que es vuestra señora Augusta. No quiero deber ingrata, su atención a su locura. Mi intención es solamente dar a nuestro Imperio ayuda. Ya te entiendo, yo sabré vengarme de tus astucias. que na de hacer quien siempre ha más hermosa que robusta? (sido Qué es esto, Amazonas mías, cómo sufrir mis injurias? Tuyo es el Reino que amparo, lleva ese cautivo Julia, a mi cuarto, que yo misma le he de guardar. Que esto sufra? quien fuere leal me siga. No te seguirá ninguna primero que yo. Ah traidora! tu conocerás mi furia. Traidora, mas di que todo se le sufre a la hermosura: ea Amazonas, la gente se órdene, el Sarmata huya; toca al arma, y todo el Orbe se escandalice, o se aturda. Todas repetid que viva la que nuestro bien procura. Viva Miquilene. No digáis eso. Pues dinos dé lo que gustas. Muera el hombre. El hombre muera. Oh como él oído adula esa voz, muera, que el serlo es bastante para culpa.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Apartad. . Aguarda. 1. Espera. . Soldados, dejadme ha pedazos a esta mujer. Icer Mira. 1. Advierte. 2. Considera. . Delamisis dando ace. la muerte, un retrato vio (ro en el Templo, y se irritó: no miras? . Ya lo miro, que queréis, que a una traición ayude mi sufrimiento? Mira que tu entendimiento se ha vuelto imaginación. Muera el monstruo que me asombra, Muera, mas no has reparado en que se halla desairado, golpe que hiere en la sombra? Aurelio, yo no te entiendo, Sosiega, y me explicaré. En este templo no ontré? a Júpiter ofreciendo una víctima sangrienta; no estaba, porque obligado, tomase ya su cuidado nuestras armas por su cuenta; Cuando algo lejos de mí, volviendo acaso los ojos, envuelto entre sus enojos, una mujer descubrí, que enmarañando el cabello de un joven su torpe mano con el acero inhumano le estaba segando el cuello, y que después le cebaba en la injusta alevosía, y en la sangre que vertía, parece que le anegaba, diciendo, este humor sangriento porque anhelabas, apura, que quiero ver si te dura la sed después del aliento. Pues porque no he de llevarme del afecto de hombre, al ver la crueldad de una mujer? No acabarás de escucharme? eso que te pareció mujer, es una pintura, en cuyo primor se apura cuanto el arte imaginó. Lie Ciro muerto a las manos de Jomirí, representa la imagen. . Mi ingenio intenta crecer con intentos vanos. Rara fue mi inadvertencia, a paternal injusticia, que me importa tu noticia, si me falta tu experiencia? Enmendar mi error ahora ha de intentar mi cordura; ven acá, no es la pintura mitación? . Quién lo ignora. Pues pese al necio pintor con que puede disculpar (ya que se puso a imilar) el imitar lo peor? Ese que las líneas tira, por error tan inaudito, cuando imitaba el delito, no se cometió sin ira. Si una mujer ha podido dar doración tan cruel, porque no dejó el pincel hacer oficio al olvido? Es bien que una injusta acción, con los colores mezclando, nos parezca que está dando color a la finrazón? Claro está que está pintado, eso nunca lo dudé, solo de ver me enojé lo malo bien imitado. Ea, pues, hechad del Templo a esa mujer, que aguardáis? rompedla, hajadla, no vais? Obedeced, así templo su enojo. . Así persuado aque no erró mi sentido, y paró por advertido aquello que fue ignorado. Rara inquietud Que al gran Tiro una mujer le acabase, y entre su sangre anegase su postrimero suspiro! Qué tienes? Aurelio amigo, que es tan cruel la mujer, que tiene tanto poder este común enemigo? En lo que te veo dudar, me parece. . No prosigas, que antes que tú me lo digas, te lo quiero yo fiar, que siendo noble, y honrado bien podrás maduertido decir lo que tú has sabido, mas no lo que te han fiado. Es verdad, rústico soy, en estas selvas nací, solo a un padre conocí, que ahora buscando voy. Ayer vi la luz primera. mi antigua cuna fue dentro de esa gruta, donde el centro me quiso servir de esfera. De esto nace ser tan rudo mi nuevo conocimiento, que solo mi entendimiento se conoce en lo que dudo. No diga, pues, tu arrogancia defectos de mi experiencia, que no fío mi paciencia, porque fío mi ignorancia. Deja a tu ingenio cruel, sin que del dudar se ofenda, que si no es saber, es senda el dudar para el saber. Y así viene a ser el dudar del saber tan cierta seña, que puede decir que enseña el que sabe preguntar. Pues ya que puedo vencer esta ignorancia en que estoy, sabe Aurelio que hasta hoy no he visto alguna mujer. Y como en los libros seo, que es tan cruel, y irritada, nunca ha perdonado nada de lo atroz, ni de lo feo. Quisiera amigo saber con que hechizo, o con que encant una mujer puede tante, para enseñarme a vencer log ardides de su engaño, por ver si al peligro atento puedo hacer que el escarmiento llegue primero que el daño. La fuerza de sus enojos mayor, lo más inhumano de su obrar, no está en su mano. Pues dónde está? En nuestros ojos. Pues un sentido que es mío ha de ser mi opuesto? . Sí. Y quién podrá contra mi irritarle? Tu albedrío. Ese no es libre? Es verdad. Pues como su daño. Porque no es él quien se rige. Pues quién es? La voluntad elige? Y el entendimiento? . Errado se deja de ella vencer. Pues no tiene más poder? Sí, pero menos cuidado. De la razón los consejos no escucha? . Tal vez sabe. La conoce? . No. Por qué? Porque se la ponen lejos. Y la atención? . La atención, en la belleza se apura. Pues ven acá, la hermosura puede más que la razón? Si es Astolfo. . Que tal se diga, qué importa que más agrade? Mira, la razón persuade; pero la hermosura obliga. Aurelio, en resolución yo aborrezco las mujeres. Astolfo, aunque no las quieres, le la ocasión. Yo las he de aborrecer. No podrás aborrecerlas. Digo que no puedo verlas. Si las ves, las podrás ver. Airado estoy, y advertido. Triunfarán de tus enojos. Sacareme yo los ojos. Se entraran por el oído. Yo no acabo de entenderte, mi oído me ha de vencer, eso cómo puede ser? pero escucha. . De esta suerte Es esta mujer? qué ruido. Tan dulce, y tan oportuno, Astolfo, este es el uno de los riesgos del oído, por esta lisonja atroz tal vez se duda, o se ignora. Ha no discurras ahora, déjame pese a tu voz. 1. Quién conoce él amor mortale 2. Quién conoce al amor? 3. Todos, que a todos alcanzan sus malo 4. Nadie, que nadie conoce al traído Todos. . Aurelio amigo, que es Lo mismo que yo te he dicho: buscando esa oscura gruta, de tu vida albergue antiguo, donde tu anciano maestro deseas hablar, venimos tan cerca de la Ciudad, que si no me engaña el tino en la cuenta de la Reina que de este bosque al principio ha de estar, sueñan las voces. Y ven acá, estas que oímos son mujeres?? . Sí. . qué dices mujeres son? (ahora digo) que pueden temer los ojos, si son como los oídos. Qué dices? Nada, que vayas, (vuelva a recogerse el brío) . y dispongas nuestra gente, porque manana imagino dar el asalto, supuesto que esta música es indicio, de que se ha entregado al ocio el valor del enemigo, porque se vaya, y me deje, escuchar esto es fingido. Y es bien que te quedes? . Sí. En el riesgo? . No te admito las réplicas. . Yo me voy. . Vuelvo a aplicar el oído. Amor, dudoso accidente que rindes la libertad, cuyo dolor es verdad, cuya verdad siempre miente. Si le ignora el que te siente, quien conocerá un ardor que habita con el horror, y engañan con las señales? quién conoce el amor mortales? quién conoce al amor? . Todo, Estas mañas tiene amor, huyamos, sentidos míos, porque la fuga es valiente, cuando es cobarde el peligro. Aquí está la olscura gruta, que fue mi primer asilo, hablar a mi anciano padre importa, yo determino ampararme en sus entrañas de este mentiroso hechizo, Pero otra vez la armonía me arrebata los sentidos: quiero reclivarme un poco, que mi movimiento mismo parece que me embaraza la dulzura del oído. Rudo pedazo del bosque, pardo formidable risco, que de esa gruta arabas ayer el tosco edificio. Si de prisión me serviste. hoy me servirás de alivio, sino es ya que con los brazos mañosamente te oprimo, porque a prenderme no vuelvas en viéndome divertido. Quién dice que la hermosura no puede más que el sentido, o no se precia de humano, u desprecia lo divino. Parece que turba el sueño, de los ojos el ofició, dulcísima voz defiende por un rato los oídos. Nadie contra amor se esfuer- que sus rayos vengativo, (co, donde hay menos resistencia suelen herir más remisos, Dejad de cantar villanos ahora informáis lo limpio a la ira con la vileza de esos rumores festivos? Vive Dios que he de romper esos instrumentos mismos que de vuestra voz repiten, o acompañan el delito, Huye Martesía. . Anda Flo- A canalla, el enemige (ra, a la vista, estáis llamando alocio con incentivos. Señora, la Reina. . Quién? La Reina gustó de oírnos después que desde una reja de esa quinta dio motivo con un tono. . Bien esta, o como es achaque antiguo para buscar la disculpa autorizar el delito. No estéis más en mi presencia, villanas, y si me ha visto la Reina, decid que a amí no me sufren los oídos canciones de amor, y más cuando el marcial ejercicio necesita de los ecos de más generoso ruido, no os vais? . Te has de quedar sola? El compañero más digno de mí será mi valor, él se quedará conmigo. Bien se ha dispuesto, ya es tiempo de que obre mi brazo invicto la mejor hazaña: espero un poco, haber si han querido esperarme estás criadas: mas los árboles vecinos las ocultan, ya segura estoy aquí, valor mío, no a lo grande de la hazana, a lo nuevo te apellido: hacia aquí ha de estar la gruta de aquel anciano cautivo, y en ella habita ese monstruo, que amenaza con prodigios nuetro Imperio, y Amazonas. Depérase al brazo mío la muerte, y vuestro sosiego; llego pues; pero qué miro! junto a la rústica puerta, sobre un erizado risco el monstruo que voy buscando o muerto yace, o dormido, si antes que yo pudo alguno darle muerte: o qué te miso mi enojo ha estado, yo quiero llegar a ver si está vivo, y es ira en mí el desear la vida del enemigo. Vivo está, albricias e nojos, que con afán sucesivo de siente en su aliento el aire, arrojado, o recogido. Y si bien reparo en él, ahora que el viento mismo, mado me dice por senas que callara mi delito. No se tan formidable, no, como mi enojo creía, antes (a espacio, alma mía) parece que me agradó: yo me aparto; pero me aparto, terrible empeño! Qué es esto monstruo halagüen donde la industria has hallado de producir el cuidado, y quedarte con el sueño? No es que lisonja grata cautiva mi resistencia, como que es una violencia, que sin violencia arrebata enojos que nos dilata, Donde está la imitación de que os armó la razón? mas quien os dijara enojos, que habían de estar los ojos tan cerca del corazón? Como suele crecer lento el pimpollo, tanto que ninguno crecer lo ve, y todos ven el aumento: hacia acá en el desaliento de mi corazón rendido, es la fuerza del sentido. Tan oculta viene a ser, que no se siente crecer, y se siente que ha crecido. Amor sin duda (ay de mí!) del hombre; pero que digo, hombre, y amor en mis labios, y no me vuelvo a mi estilo? Ay Miquilene! qué es esto, adónde estás valor mío? mas no estás muy olvidado, pues me acuerdo del olvido. Muera este monstruo a mis manos al arco la flecha arrimo, la veloz pluma a la mano, la mano al nervio torcido. Y volviendo la atención al blanco: mas que atrevido semblante! qué generoso agrado! qué dulce hechizo! Parece que reclinado en la tierra, al ver que aplico la flecha al arco violento, mis descuidados avisos para obligar mi piedad se está fingiendo rendido; sino cierro entrambos ojos en vano me determino. Mas que importa que los cierre, si el valor con que me animo, dirá que espera no verle para no acertar el tiro? Pero porque no me acuerdo de que es este aquel prodigio, hijo de la vil Talestres, del vil Alejandro hijo. Y que a ver la luz del Sol caira nuestro Imperio invicto a los pies de la fortuna: muera, pues, muera dormido, porque cuando abra los ojos no se cumpla el vaticinio. Esto ha de ser, muera. . Quién? det. Quién allegar se ha atrevido donde yo? pero qué veo? detente, suspende el tiro, hermosa deidad, quién eres? quien eres bello prodigio, que me han robado los ojos todos los demás sentidos? Una mujer soy. . Qué dices? mujer eres? ahora digo que pueden temer los ojos, pues son como los oídos. Defiéndete ya que abriste los ojos, y se ha cumplido el presagio, que no quiero, que me des lo que mis bríos pueden quitarte, y que digas que haces la guerra conmigo. Pues porque hermosa homicida, cuya belleza ha podido alumbrar en un instante tinieblas de todo un siglo? Pues porque contra mi empuñas ese acero vengativo? que hay en mí que te merezca tanto rigor? qué delito tan felizmente me culpa, qué merece tu castigo? Donde camina ese arpón, que el arco tiene oprimido? si al corazón, para que cuando a esos ojos esquivos con no sé qué oculta flecha le tienen ya tan heridos, que a ver en mi pecho el golpe, llegaré a sentir yo mismo el desaire de tu brazo, en la ociosidad del tiro. Mira que el arco, y la flecha, señora, se te han caído, no porque sobren tus armas merecen tus desperdicios. Guarda esos descuidos tuyos para estos cuidados míos: vuelve a cobrar. . Calla encan- (to de mis enojos altivos, no injuries más mi valor, no des más fuerza al hechizo, que si poco ha durmiendo sobre ese rústico arrimo, pudiste conmigo tanto, que no has de poder conmigo, cuando la voz, y los ojos tu elocuencia han socorrido? Qué es lo que siento en mí, bellísimo asombro mío? que veneno por los ojos en el alma has infundido? Joven gallardo, qué es esto, que empezó poco sencillo, y se va haciendo cuidado cada instante que te miro? Parece que acá en el pecho siento un ardor indistinto, que cónsume como ardiente, y regala como tibio. Parece que vas quitando la libertad al sentido, sin que eche menos el alma la falta del albedrío, Ven acá, sabes de amor la facultad del oficio? Ven acá, sabes la ciencia de ese docto desvarío? Es esto quererte bien? Es esto haberme rendido? Mas donde voy, como tanto de mi corazón me olvido? Mas donde voy, que se han hecio mis enojos vengativos? Mujer, vete de mis ojos. Hombre, vete de los míos. La vida tienes, que esperas Ea, ya te dejo vivo. Por no matarte me voy. en fin te vas? . si me has dieh que me vaya, que he de hacer? Que presto has obedecido, y tú me dejabas ir? Qué poco puedo contigo Miquilene. . Astolfo. Quién me ha llamado? A quién he oído mi nombre? Astolfo te llamas? Y tú, hermoso encanto mío Miquilene? . No quisiera que pudieran descubrirnos mis Amazonas. . Yo temo de mis soldados lo mismo. Ah del bosque. Ah de la selva. Miquilene . Astolfo invict Ya están más cerca. Ya llegan. Pues mejor es dividirnos. En qué quedamos? Yo muerta, y tú cómo va? . Rendido. Mi me olvidaras? . no es posible Y me verás? . Es preciso. Cómo ha de ser? . Eso queda por cuenta del valor mío. Pues adiós. . Adiós. Astolfo, dónde vas? . Padre Indatirso. Dame los brazos, que yo tu muerte había creído como no te halle en la gruta. qué cadena es esta? . Ay hijo, mucho menos me congoja mi prisión, que tu peligro: apenas ayer salí (mientras quedabas dormido) de esa gruta, cuando (ay cielos!) el temor de este distrito, la más rígida Amazona de este Imperio vengativo, me cautivó. . Pues qué temes siya estás libre, y conmigo? Ay Astolfo, que temiendo la muerte el raro prodigio de tu vida, disfrazado, syerro fue, el miedo lo hizo) y esta Amazona, después que sabe tu alto principio, darte la muerte ha resuelto. ̱. De suerte que ha mere cido antes que yo esa Amazona saber quien soy, y conmigo siempre cruel. . Ya no es tiepo ay Astolfo de encubrirlo, que es menester tu valor, y si hoy está adormecido, con tu propia obligación he de recordar tus bríos. Talestres, heroica Reina del nunca Imperio vencido de las Amazonas, fue tu madre. Alejandro invicto, cuya prodigiosa historia muchas veces te he leido, tu padre. . Eso sí, que estaba mi valor como oprimido, y ha mucho que mi discurso anda huyendo de mí mismo: pero como aprisionado tanto tiempo me has tenido, siendo quien soy? Porque viendo tu madre que era preciso, según las leyes del Reino el dar la muerte a los hijos, inducida de tu estrella, y del materno carino, te ha guardado ocultamente en este rústico sitio, fiándote a mi cuidado, que casi en el tiempo mismo que naciste, de Sarmacía vine a Scitia fugitivo, por un caso, cuyos ecos aún asustan el oído. Sí; pero negarme el cielo, ya la luz del Sol, no ha sido crueldad? . Sí; pero crueldad religiosa del arbitrio de tu madre, a quien la voz del grande Apolo, predijo a la ruina de su Imperio, cuando sus rayos benignos llegasen a ver tus ojos. Y esa Amazona que han dicho que sale a darme la muerte, quién es? El mayor prodig de la Scitia, Miquilene. Quién padre? quién Indatirso? Una prima de la Reina, en quien lo hermose, y lo esquivo se compiten, o se exceden. Válgame el cielo divino! toda mi vida es asombros, y tú por donde has salido de esa prisión? . Eso Astolfo, seguro estoy, ven conmigo, que esto es lo que más importa, y lo que aquí me ha traído. Tu madre (atiende) con ansia de ver tal vez a su hijo, sin riesgo de que supiesen sus vasallos su delito, valiéndose de la industria de sus confidentes, hizo romper una oculta mina, que desde el Palacio mismo llega a esta gruta, en la cual pude tenerto escondido tantos días, sin recelo, porque a Júpiter divino es consagrado, y yo estaba por su Sacerdote indigno reputado, sin que nadie a penetrar el distrito de este bosque se atreviese; pero ayer la suerte quiso, que el sitio de mi prisión fuese aquel retrete mismo, que la entrada de la gruta es donde con artificio tan primoroso, que engaña los ojos más advertidos. Y como ya algunas veces descifre el secreto antiguo, aventurando mi vida: por él vengo a darte aviso, de que Miquilene intenta cortar de tu vida el hilo, que así lo propuso ayer en mi presencia: vecino está el riesgo, Astolfo amado, no excusarle es precipicio. De Samarcia está a la vista un Ejército lucido, en él busca su defensa, y ven contra tu enemigo. De esta cueva en que naciste, el encubierto portillo te puede dar la victoria; nadie la maña ha sabido desde que murió tu madre. Yo vuelvo a estarme cautivo por desmentir la sospecha, aborte el preñado abismo gente que obre tanta hazaña, sin los afanes del sitio será tuya Temiscira. En poco tiempo te he dicho muchas cosas, el remedio no es difícil, y es preciso: pasese, pues, a las manos la atención de los oídos. Padre, señor, o maestro, o lo que es mejor, amigo, de suerte que hasta el Palacio, amor, ya hallaste camino, para que entre la esperanza a fabricar tus alivios? corre esa mina? . Si Astolfo y para en el cuarto mismo de la suerte Miquilene. Qué dices? . Lo que has oíd Pues no quiero saber más, vete con Dios, padre mío. Ya la noche te convida, que es amiga del delito. Y del amor es también, veré a mi dueño querido, al punto a la gruta vuelvo. A mi prisión me retiro, quédare con Dios Astolfo. Vete con Dios Indatirso. Silencio, y hable el esfuerzo. Cuidado, y hable el destino. Aquí podremos hablar, que hasta muy tarde no viene a su cuarto Miquilene. Y me puedo asegurar? No te venza el miedo. . No, diz que vencerme tenía: es el miedo, Julia mía, tan cobarde como yo, y a ser más valiente vengo, tal vez porque el miedo huyera, como yo no le tuviera; pero yo siempre le tengo. Miquilene, como digo, viene muy tarde, y así por más seguro elegí, para que hablases conmigo, su cuarto, porque Camila no es posiole imaginar que estás aquí. . Fuera dar con todo al traste. . Seguila, y allá en el cuarto quedaba de la Reina entretenida, y la Reina divertida con tu amo se bajaba hacia el jardín. . Que no ses posible dejarme ver a mi amo? . Podrá ser que él esta noche te vea. Ya lo deseo infinito. Hablemos de nuestro amor, Bien dices, eso es mejor, án. Cógiles en el garlito En fin reñisteis por mí. Camila, y tú? . Si reñimos, mas luego nos compusimos, poniendo entrambas en ti nuestra razón, para que prosiga la que eligieres, y sufra la que excluyeres. A que buen tiempo llegué: Si esto a mi voto ha de ser, gran batalla se te ofrece. Por qué? Porque me parece que a la otra he de escoger. Eso sí. . Que esta respuesta aguarde? pues que razón halla en ella tu elección? Qué razón preguntas? esta Camila muestra cabal su fe al dar al que la ve; pero tiene un no sé que, que es fea, y parece mal. Sus ojos son pecuenitos, y bizcamente dudaron, como no se los rasgaron, por que estaban mal escritos. Sus cejas arcos serán, con que en la frente afectada, tire la almendra quemada al blanco del soliman. Su boca es chirlo crecido, que de oreja a oreja crece, y de ambos lados parece que puede hablar al oído, En esta boca imperfecta reina el cruel neguijón, y en ella los dientes son negrillos con tanta jeta, En una córcoba oculto dice el talle, yo no fui quien esta espalda escogí, que me la dieron a balto. Mas con ser todo tan fiero, y tanta su imperfección, tiene una fuerte razón en tener mucho dinero. Y si en mi voto ha queda, pienso que peligraras, porque aunque te quiero más estoy de ella más pagado. Estaba por inatarte a coces. Yo ayudaré, que mi pintura escuché. Muerto estoy de parte a parte. Venga acá, y vamos al caso. Justicia a los cielos pido. Yo digo, Julia que envido, Yo que quiero. . Yo que paso, favor, cielos soberanos. Qué quieres? . qué he de querer? que esta es la primer mujer que me ha puesto a mí las manos, y vive Dios que también se las quiero poner yo. Quién tal desvergüenza vio? Uited no me entiende bien. Qué hace pues, que no se explica? Mire usted si allá se ponen como quien da, y acá como quien suplica. Vuélvame aquí a mi poder cuanto le he dado. . Qué es dar? en este juego el sacar es más fácil que el volver. Justamente lo has pedido, vuélvalo todo el talmado. Todo cuanto usted me ha dado cosas de comer han sido. Ni aqueso, según me entibia, su modo no ha de tener. Pues si aqueso he de vol ver, vaya usted por agua tibia. Tente Camila, Polidoro viene Pues si este cuarto es de Miqui cómo se atreve a entrar? Sea bienvenido, si se tardara un poco, soy perdid No ves que sin aliento, y que turbado viene. Y la Reina al otro lado le hace señas con semblante incier Qué será? . No lo sé. La luz han muerto de esotra pieza. Hay confusión más rara! Ya van saliendo. Veamos en que para. Camila, mira desde aí si vien mi prima Miquilene, que estando en el jardín con Polido si fue malicia, o presunción ignor nos fue siguiendo, y viendo que guían hacia mi cuarto, y que del suyo está más cerca, fue preciso el entrarnos en él. Señor, no hay más hablar? (mig Lucindo amigo, luego hablaremos largo, ven No pienso que me ha visto Ella os trae buenos Al salir del jardín, yo por lom me hallé bien cerca de ella. Ya sé traidor, que por volver a pusiste en contigencia mi recas Yo Menalise mía? Calla ingrato. Sabe amor Yo conozco tus antojos. Qué mis ojos? ̱. No me hables de tus ojos, que si andan en mi ofensa, (nos. no parate hasta verlos en mis ma Señora, aguarda, que viene taprima, si no me engaño. ̱̱. Qué dices? válgame el cielo! o como se ha asustado del valor en el delito! Deja que venga, y veamos eaque se fundan tus riesgos, cuando yo estoy a tu lado. Eso dices, eso estimas, así arriesgas mi recato? mata Camila esa luz, y tú a lo más retirado del cuarto puedes llevar a Polidoro, entre tanto que camila, y yo salimos por esta puerta, y nos vamos. Que Miquilene no es hora de recogerse, y si acaso vuelve a salir, vendré yo por vosotros. in. Presto, vamos, que esta mujer trae coleto hecho de la piel del diablo. Repara. ̱. Mata esa luz; a buen tiempo es el reparo, de una mujer te recatas? y otra te lo está rogando; hay menosprecio del duelo, si del riesgo no haces caso. Yo te obedezco señora. Ven señor Julia, cuidado. La luz han muerto, sin duda de mi cuarto se ampararon. Acertó la oculta boca de la mina mi cuidado. Hanme dicho que la Reina tiene encubierto en Palacio a su amante, y de esa suerte estoy resuelta a apurarlo. Si no me engaño Indatirso, hacia aquí ha de ser el cuarto de la hermosa Miquilene, gobierne el amor mis pasos. Camila. . Señora. Ya acerté la puerta, vamos, Julia, quién es Lucindo? pero si el traje he trocado, quien puede ser si no tú: no es suceso bien extraño el andar por Miquilene de esta suerte. . Cielo santo, hombre es este, Miquilene, no dijo penas de espacio? Vamos, señor, no te pares, que aquí está la puerta. Vamos. Martesía, trae una luz, que ya en esto me he empeñado; parece que se retiran, yo me quiero ir acercando. Llegarme quiero otro poco por si más indicios hallo Sabré a quien tiene la Reina oculto dento en Palacio. Sabré a quien tiene la ingrata Miquilene tan prendado. Pero quién es? qué hombre es este? primero que de mis brazos se escape, sabré quien es. Ella es, y ha imaginado que soy su amante sin duda, pues me abraza ya, qué aguardo? Aquí está luz? Quién es? pero Astolfo, hay más extroño pesar! Astolfo es el hombre que Menalise ha ocultado. Dónde se ha ido aquel hombre que aquí me habló; ay desengaño más evidente! Qué miras? ya se fue de tu cuidado la causa, yo soy, que buscas? Oh nunca aquí hubiera entrado! O nunca desde el jardín seguido hubiera sus pasos! El corazón se me ha muerto. Todo el aliento es desmayo? Martesia deja esa luz, y aguárdame a fuera un rato. . Pues Miquilene; qué es esto? después que a mí me has llevado el alma, otro amante ocultas, y le buscas en los brazos? otro amante; ya te entiendo, achaques son del culpado, por disminuir la queja, introducir el agravio: En fin, tú estabas rendido a otra dama, y tus engaños. me quisieron esconder los golpes en los halagos. Yo a otra dama? adiós plujiera que así no sintiera tanto tu rigor. . Esto es amor? rabia es esta. . Qué cuidado tan nuevo siento en el pecho. No entiendo el dolor que paso Ven acá ingrata, que es esto, que el aliento me ha quitado, que sin saber lo que siento, me muero de sobresalto. Ven acá traidor, que golpe en tus iras se ha fraguado, que no sé lo que padezco. y se qué muero rabiando? Mira un oculto veneno. discurre en el pecho incanto; que alivia como encendido, y entorpece como helado. Mira, un áspid invencible me está el alma penetrando, como que muerde, y no deja, ni aún suspiro para el llanto Tú de otro amante rendida? Tú de otra dama rendido? Respóndeme a lo que digo. Yo responderte, villano? que querías la lisonja de verme pintar mi agravio? De modo que te resuelves a quedarte con el cargo, y porque el engaño adoro, aún me niegas el engaño? Si Astolfo, este amor está en los principios, salgamos de este laberinto, que iba creciendo con nuestros pasos Dices bien, yo me conformo con este acuerdo, rompamos, aunque pese a nuestra fuerza el arco que quiere el lazo: manana estará en los pies, y ahora está en nuestras mano En fin te resuelves? . Sí. Pues vive Dios, que este rato de cárcel en que has tenido mi albedrío apasionado te ha de costar. . Qué? La vida. Bien está, al odio volvamos. antiguo, tú no me ofendes? pues mañana haré que el campo de más Sarmatas. . Qué dices. de tu Sarmatas? extraño suceso! luego tú eres, sin duda mintió el anciano, el Príncipe de Sarmacia? Allá te dirán mis manos quien soy. . Allá, bien está, dejaré el cuarto cerrado, hasta vencer la batalla. Buscare en saliendo el paso de la gruta, estoy con juicio? Con mis sulpiros me abraso. Guerra, Miquilene ingrata. Fuego, y sangre, Astolfo ingra (to. Ah traidora! Ha fementido! Ah mal nacida! Ah villano! Tú llorarás mi desdicha. Tu moriras a mis manos.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ya miro con atención. Sal con silencio, y recato No me ves pisar de grato, en conserva de ratón: enseñome a pisar quedo el miedo, y aunque yo he sido con cuantos hay atrevido, no me atrevo con el miedo. Ya la Ahorora como ves, caya el celestial zafir, y va empezando a bruñir lo que el Sol dora después. Risueña suele salir, sin porque, ni para que; pero ahora si nos ve, bien tiene de que reír. En el cuarto de la fiera Miquilene, y nos estamos encerrados, sin que ayamos. visto a nadie de allá fuera. Pues no ha vuelto la criada, que aquí me dejó escondido anoche, no habrá podido entrar. Esta endemoniada mujer, esta Miquileve lo trae todo en confusión con la mala inclinación que contra los hombres tiene. Válgate Dios por matrona, que al hombre no puedes ver, no debes de ser mujer, y debes de ser capona. Que aunque la ira se cría de espíritu, y sangre ardiente, estas iras solamente proceden de causa fría. Mas de tres horas habrá que se fue, el cuarto cerrado. Yo no sé en que piensas cuando ves que tu ejército. . Ya, (no me aflijas) ya te entiendo, y aunque no sé que es disculpa el consesar yo la culpa, cuando la culpa no enmiendo. Y que el decir que fue amor quien de mí me hizo olvidar, es solo querer borrar un error con otro error. Quiero decirte, si estamos seguros, lo que he pensado. Todo el cuarto esta cerrado no haya miedo que nos vamos. Ya sabéis que enamorado de la grande perfección de Menalife, junte mis tropas, que la facción de sitiar a Temiscira, de Sarmacia me sacó, intentando nuevo Marte rendir a Venus mejor. Que un accidente impensado mi entrada facilitó en la ciudad, y que ya de Menalife el favor me hizo feliz: pues si alguno dijere que como estoy en las caricias del ocio adormeciendo el valor: que (como dije) empeñado mi ejército en la facción, y como no le ha visto de esta mi dulce prisión, responderá, que yo vine enamorado, que amor con rendimientos pelea, que él al riesgo me arrojó de entrar solo en Temiscira, que por más que lo intentó mi cuidado, no he podido avisar mi gente, y que hoy saldrás tú a dar esta nueva, si no puedo salir yo. En fin que si viene a ser de Temiscira señor, comprando a costa de sangre la victoria, y ya lo soy, sin estrago de mi gente vencí con guerra mejor. Mas si todo esto no basta, diré solo que yo estoy enamorado, que el alma dulcemente se rindió a una hermosura, y si alguno culpa pusiere a esta acción, tome allá mi ceguedad, y dispóngalo mejor. Tú te acusas lindamente, y te das la absolución mas lindamente, y en todo hablas como un pecador. Mucho tarda Menalise, hay más rara confusión! fuerza es ya que procuremos salir de aquí. . Este balcón cae al campo, pero cae desde muy alto, señor. Mira si hallas una cuerda con que arrojarnos. Yo voy. Pero aguarda, qué es aquesto? lo escuchaste? . Vive Dios que se me ha puesto el cabello tan alto como el balcón. Ayude el cielo mi intento, este es sin duda, señor, dame esos pies, porque en ellos descanse mi corazón. Qué es esto anciano, quién eres? A memoria, torcedor, que rebozas para herir el golpe que ya pasó. Levanta, y dime quién eres? Tu padre el Rey, bien sé yo que me hubiera conocido, aunque tan trocado estoy. Cómo es tu nombre? Indatirso. Indacirso? . El mismo soy. Noticia tengo de ti, y en el tiempo que vivió mi padre en Sarmacia, sé, que de una conjuración cómplice te quiso hacer la envida, o la emulación de un enemigo, y que luego por tu inocencia volvió el cielo, y sé que mi padre reducirte deseó otra vez a su servicio. Huyendo de su rigor, ha cuatro lustros que vivo oculto en esta región: mas pata que me detengo en esto, cuando el dolor de verte en el riesgo, acuda con más codicia a la voz. Estando ahora a una reja de este cuarto, que es prisión de mi cansada vejez, la Reina a hablarme llegó, y diciéndome quién eres? asustada me mandó, que en aqueste camarín te buscase (qué temor!) y te dijese que está puesta en grande confusión, porque piensa que te ha visto Miquilene; pero yo he de intentar, mira si alguien nos oye. . Pluguiera a Dios, porque así no nos hablara tan cerrada esta prisión El cielo aquí me ha traído, para que os saque a los dos de ella. . Sacarnos, qué dices? Temblando de miedo estoy, venid, que aquí recatando el secreto en la lavor del pavimento, se oculta una misma, que franqueo el paso hasta el campo. . cómo viejo de mi corazón? déjame darle mil besos. Qué es esto? Cuerpo de Dios, que ha de ser, haberme hallado una mina. . Extraños son los decretos de la suerte Por ella puedes, señor, escapare. . Eso propones? te olvidas de mi valor? Qué dices? Que cuando entraste estaba buscando yo por donde salir de aquí; pero ya siendo quien soy no he de dejar en el riesgo a Menalife (ay amor) me enseñas la libertad para estrechar la prisión. Tú, Lucindo puedes ir, y di a mi gente que estoy ganándoles la victoria a menos costa, tu voz pase con nombre de ardides los hundimientos de amor. No me desagrada el medio, porque en fin, si salgo yo, no se pierde todo. . Espera, mucho aventuras, señor; en quedarte. . Esto es preciso, no te vas? . No si no no, apártate que es muy pronta. la obediencia del temor. Pues si ha de ser, vete apriesa, que solo he sabido yo el secreto de esta mina, y si la descubren hoy abierta, se pierde todo. Por Dios que en el boqueron hace oscuro, y que le ha miedo. Ande presto. . Ya me voy. Tente, quién es? . Por eso mismo no me tengo a diez. Gente a la puerta ha llegado, sino lo finge este amor, déjame cerrar ahora, retirémonos los dos hasta ver lo que dispone la Reina. . A quién sucedió lo que a mí? . Presto que llegan. Mucho me debes amor. . Dejadme, qué me queréis? Señora. . Dejadme digo. Ahora que el enemigo intenta. . Reina tenéis, ella (muerta estoya la gente que yo he juntado (ay de mí!) gobierne (yo me pordí) a la campaña, que yo no estoy ya para otra guerra, que ya que mi pecho encierra, Míquilene se acabó. Camila amiga, piedad, que me abraso. . No podré saber yo tu mal? . No sé, afuera un rato, esperad. No sé, amiga, si este atroz, este infame sentimiento, cuando me quita el aliento, querra dejarme la voz. Pero el mal, que estoy sufriene y que mi valor rindio, a ese escucha, que yo le padezco, y no le entiendo, Verse abrasar, sin distinguir el fuego, bajantras los efectos el semblante, estar en los alivios inconstante, solo en la confusión hallar sosiego. Sentir la queja, y convertirse en ruego, osar, y desistir en un instante, tener mil veces la razón delante, y no hacer de ella el ímpetu más ciego. Que sé yo, no es decirle mi quebranto, mis lágrimas persiguen mis enojos, ellas dirán lo que a la voz se niega. Si quieres saber más, busca mi llanto, socorre el corazón hacia los ojos, que a la lengua del agua se me anega. O yo estoy mal informada de las señas que me das, o tu enamorada estas. Qué es estar enamorada? Tú has visto? No he visto tal (en vano el dolor resisto) no me afrentes, si yo he visto, harto has dicho, ese es mi mal Tú tienes una pasión, que hace lisonja, y crece hasta locura. . Parece que me has visto el corazón. Ya conozco esos antojos. Mucho tu atención repara, no creí que era tan rara lalengua que habla en los ojos. Y no sabré (pues merezco esta confianza) a quien quieres bien? . Yo quiero bien a un hombre a quien aborrezco. Aborrecerle, y quererle, eso cómo puede ser? Pues si quiere a otra mujer, como no he de aborrecerle? Tan apriesa los desvelos de tu amoroso cuidado, con celos han encontrado? Aquellos se llaman celos? No me admiro que te asombre aún el oírlos nombrar. Rabia los iba a llamar. No les errarás el nombre. Pues qué he de hacer? Procurar el olvido. Eso me pides? Yo no te obligo a que olvides, sino a querer olvidar. Duro se me hace ese medio. Ninguno cura mejor. Aténgome yo al dolor, si duele más el remedio. Bi en está, mas que accidente pudo robarte el sentido, que habiendo ahora salido aponer toda la gente en orden para romper al enemigo en campaña, vuelta en turbación la saña, te vienes a recoger en tu cuarto? . En mi pesar pudieras más discurrir, y no obligarme a decir lo que debiera callar. Mira, el fementido amante que triunfa de mi sosiego, es Astolfo, sabe el alma con que dolor lo confieso. Astolfo, el mismo que anoche se entró en este cuarto huyendo, porque estaba en el jardín con la Reina, que encubierto galanteó. . Déjame entender lo que de tu amor no entiendo. Este Astolfo, no es aquel que el anciano prisionero descubrio ayer? . Sí, mas este debió de ser fingimiento del anciano, porque él mismo me dijo aquí, que él esfuerzo de sus Sarmatas pondría hoy a Temiscira fuego. Luego es el Príncipe mismo de Samarcia? . Así lo creo, pues los Sarmatas gobierna el que yo dejé aquí dentro. Prosigue. Salí a poner nuestras tropas en gobierno, dejando encerrado a Astolfo en aqueste cuarto mismo, y después de haber venido en orden la gente, vuelvo a ponerle en libertad, porque no diga su esfuerzo; que para poder vencerle usé de su impedimento; pero al volverme corrida (de esto fueron los despechos que viste) me habergoncé, porque sentí como un mudo de verle, si mudo fue; pero no sé a quien lo tengo, si a sus ojos, que sus ojos saben producir veneno, o a los míos, que los míos suelen peligrar de atentos. entra a llamarle, y si vieres que al oírle me enternezco, olvídame de mi amor, y acuérdame de mis celos. Yo voy. Valor corazón, que ahora, pero qué es esto? Dajadme entrar, Miquilene? Prima, señora. . Yo vengo a fiarte sola el alma, y a pedirte. . Ya te entiendo, no humanes la Majestad, que harto humilde es tu tormento sin que le hagan menos tuyo las humildades del riesgo. Para eso mismo que quiere decirme tu desaliento, te había yo menester contra mí, y así agradezco que hayas venido a lograr mi corazón de mi afecto. Aí dentro está tu amante, dile tú que yo no tengo valor para verle, dile, que ya seguro le dejo, pues queda contigo, y que hoy en sus Sarmatas intento vengar mis iras: y tú procura echarle del pecho, que no merece piedades tuya, quien al mismo tiempo, con llamas que a ti te hurta quiere encender mi sosiego. . Aguarda, que me has quitado la vidas aguarda) qué es esto? ella le ha visto, él lo ha dicho, quieres, pues va proponiendo en sus Sarmatas venganza, el de su hermosura muestro de enojo, rendido amante ha intentado, mas yo llego a pronunciar mis agravios, sin que se apure mi aliento. Todo se ha errado. Venid, que aquí está. Ya es este empeño preciso: si de un rendido, Miquilene: mas qué veo! Menalife? . Aquí la Reina Camila, un Etna es mi pech vete allá fuera. . Señora. No te vas? Ya te obedezco. Prosigue ahora, prosigue, no es bien que quede imperfe aquello de si un rendido, Miquilene, del incendio indigno de tu hermosura puede merecer, no es esto alguna piedad, y un alma; pero dile tú que temo, como no estoy muy airosa desairarte los afectos. Prosigue, de qué te turbas? no desconfíes tan presto, que dolor que halló el oído, no está muy lejos del pecho. No he de turbarme, si me abl con estilo que no entiendo? qué dices? qué novedad es esta? que cuando espero tu piedad. . Tú mi piedad pero si ya compadezco ese tu amor despreciado, que es muy lastimoso objeto para enternecer los ojos un amor junto a un desprecio. Qué amor? qué desprecio, hermo- Menalife? (sa A que buen tiempo soy hermosa (ha quien pudiera dar) pero volveos al pecho suspiros, que por más vanos, aún no merecéis el viento. No me dirás la ocasión de tu enojo? . Ya lo intento, mas no es fácil: Miquilene, ese tú adorado empeño me ha dicho, que despechada de escuchar los rendimientos de tu amor, va a castigar en los Sarmatas el yerro desu Príncipe, me deja para decirte su intento. No hay si no partir al punto, y esgrimir el limpio acero, que quizá en traje de Marte soñarás mejor a Venus. Señora, si yo en mi vida a tu prima. . Mira el riesgo en que está tu gusto. He dicho palabra? ̱. Ya no te atiendo, Los Dioses. Por esa puerta del jardín. . Mi atrevimiento? Puedes salir. . Con rayos. Ya están resueltos mis celos, y amor. . A qué? ̱. No sé, a publicar (no acierto aquejarme) contra un hombre ingrato. . Acábame presto, dime ya lo que tu amor, y tus celos han resuelto. V. Guerra, guerra Aquellas voces por mi amor te respondieron El hombre muera. Ya aquellas te responden por mis celos, guerra, guerra, ingrato amante, esperad, que ya mi esfuerzo os sigue, Amazonas mías. Vete a tu ejército luego, que para llevar más ira a la batalla que emprendo, de parte del enemigo te ha menester mi ardimiento. Tente, espera. Así en la puerta del jardín, con otro intento te previenen dos caballos, ya que al amor no sirvieron, sirvan ahora a la fuga. En fin me dejas? Te dejo, ha traidor! . Mira que estás engañada. . Yo confieso que lo estuve, pero ya no lo estoy, pues te aborrezco. Qué dices? Que en la campaña lo verás. . No pienso verlo, Por qué? Porque va conmigo de mi amor el escarmiento, y así levantando el sitio he de apartarme del riesgo de esa alevosa hermosura, a pesar de mis afectos, que las batallas de amor solo se vencen huyendo. Mi venganza ir a a buscarte. Para que si ya me ha muerto. Esto es hecho, desengaños. Esperanzas esto es hecho. Yo os conservaré en el alma. Yo os dejaré donde os pierdo. 1. Aliéntense nuestros bríos. 2. Toca al arma. 3. Enviste. Cierra. 1. Mueran las mujeres. Guerra. Qué es esto, soldados míos, como el concurso feroz, cuando yo hablaros pretendo, se atreve con el estruendo a interromperme la voz? Vive Dios, que al que atrevido no huyere en suspensa calma, me ha de pagar con el alma el delito de un sentido. Démosle nuestra atención. Ya te empezamos a oír. dalerosos soldados, Eso sí, dejarme unir el brío con la razón: ven acá, Lucindo amigo, (oh qué nuevas tan felices) dime otra vez lo que dices. Digo otra vez lo que digo. Que Polidoro es amante de Menalise, y que él fue el que yo anoche encontré (albricias amor constante,) en el cuarto de la hermosa Miquiieñe? Así es verdad. Pues soldados, escuchad, ya está menos belicosa el alma (venciste amor) triunfaste mis recelos, y con quitarme los celos, me has desarmado el valor. Prosigue, ya está pendiente de tus labios nuestro oído. Amor, quítame el sentido, o hazme esta vez elocuente, y acolos soldad que a despreciar victorias enseñados le gastáis a la fama, que vuestro nombre aclama, el sonido mejor de su instrumento, y ella desaires de mejor aliento. Contra quien marcha vuestro ardor valiente: que objeto lleva vuestra iraardiente? que hazaña a vuestro esfuerzo se destina? o a qué sangrienta ira se camina? Es más que una mujer la que os espera? que resistencia aquí se considera, para que no se corra vuestro estrago de herir en poco más que el aire vago? Si el rayo cuando joven le fulmina, se deja lo más débil sin ruina: la mujer no nacio sujeta al hombre por natural decreto? el propio nombre lo dirá, Viva el Príncipe. Qué ruido es ese, que otra vez me ha interrumpido? ̱u dos hombres a caballo a toda brida se hacen lugar entre la gente unida, Sabed que buscan. Ya se han apeado, de ellos puede informar se tu cuida Vuestro Príncipe, amigos: mas qué es esto? Señor, danos tus pies, qué dicha! Tente, quien el laurel, quien el bastón ha puesto en otra que en mi mano, o en mi frente? Quién le pondrá en tu frente, y en tu mano, le empuña, y ciñe, invicto Polidoro, que presto le asustó el adorno vano, que sirve más al peso que al decoro. La misma voz del cielo soberano me eligió por caudillo de esta empresa, y aunque llegando tú mi empeño cesa, de tu gente atendido, y venerado, la oración militar había empezado, y la he de proseguir con tu licencia, ayudando tu oído a mi elocuencia. Si convocas mi gente a lo sangriento de la batalla, ya es otro mi intento, que cuando es la mujer el enemigo, la victoria es la fuga. . Quizá ha sido esa misma doctrina, si te ofendes, de no saber quien soy; a un hijo atiendes de Alejandro, en quien vive, en quien respira su mismo corazón: ahora mira si un hijo de Alejandro pide mucho en pedir que le escuches. . Ya te escucho enamorado de tu bizarría, pasa adelante. Pues así decía. La mujer no nacio sujeta al hombre por natural decreto? el propio nombre no es símbolo común de la flaqueza? Lo propio que condición su fortaleza? pues porqué ha de comprenderse como haza el salir hoy con ellas en campaña? siendo así, que su enojo, su osadía, su impaciencia, su ardor, su demasía podrá solo en el hombre más tirano el pecho, sí, mas no enojar la mano, pues cuanto le disgusta, y cuanto irrita, cuanto apura, provoca, y participa, lo debe perdonar el advertido, como el que oye despechos del rendido. Yo doy que las vencimos, que vencemos, aquello mismo que amparar debemos? no es suyo nuestro ser? el más airado, cuando logre las iras que ha fraguado, no ultrajará con mano impetuosa la imagen de su dama, u de su esposa? Las mujeres, amigos, ya sabemos, que si las maltratamos las perdemos, y que si las llevamos blandamente, la más rebelde está más obediente. No hay animal tan rígido irritado, ni hay animal tan dócil obligado: luego se resume Capitán si tuerzo su mismo natural contra su esfuerzo, Hoy, pues, esta victoria se asegura, si la rige el amor, y la ventura. Eso sí, yo también, soldados míos; hacia esta parte inclino vuestros bríos, Nadie se valga ya de la osadía. Mejores armas da la cortesía. Pelead todos tan lejos de la ofensa, que aún andéis con templanza en la defensa, Si os viereis perseguidos, templar con las pasiones los oídos, y acordaos al renir de su flaqueza, si os olvidáis al ver de su belleza. . Que con eso (soldados lidiáis como corteses, y esforzados. Se asegura el suceso de esta victoria. Se dobla al esplendor de otra gloria. Vencéis con el afán de la batalla. Y a la fama obligáis con no mancharla, Yo que os lo persuado, mejoro vuestro garbo, y vuestra suerte. Quito este día al brazo de la muerte. Y voy por donde quiere mi albedrío. Y aseguro la vida al dueño mío. vida ̱. Todos los Soldados muestran con su alborozo la dicha de tener tales caudillos. ̱. Quién puede haber que no admita esta que de guerra, y paz se hace guerra morfrodita? las ya por aquella parte las escuadras femeninas con las escuadras barbadas enviste faldas en cinta, y si no me engaño tiemblan llas barbas de las barbillas. Ea soldados valientes, con señas de paz tranquilas eilustran los escuadrones, que el horror escurecía. El más indomito pecho dleja el rencor de sus iras, vaprenda el noble ardimiento de vencer con la caricia. Ay Miquilene adorada. Ay Miquilene querida. as llamas de amor te abrasen as flechas de amor te rindan. ̱. Guerra, guerra. ̱. Ninguno las resista. Mueran los hombres. m. Las mujeres vivan. ̱. Señores, quien en el mundo o tan notable milicia, ellas acormeten, y ellos las reciben de rodillas? Pero vive Dios que arrojan porrazos contra caricias, errose el medio, que son mujeres que no se obligan del buen trato de los hombres, antes más desvanecidas, en viendo que las adoran, al punto los sacrifican. Pero por Dios que se acercan las tropas de la enemiga, Julia, y Camila parecen, y si son Julia, y Camila, me han de matar lindamente, porque sin verlas, ni oírlas me vine aquí: a otra mata yo me escondo, que aunque es día en que anda el ruego de buenos, vestido de valentía, más vale salto de mata, que mata de rogativas. La primera que le encuentre le ha de matar. . Y si unidas le encontramos, cada una le ha de quitar media vida. Buen medio es este, y ahora me anda acá haciendo cosquillas un estornudo, por más que me coso las encias. Quién está aquí? Quién se encubre entre estas ramas, Camila? Qué gentil Dominus tecum, Él es, salga acá el gallina. Qué hacía escondido? Estaba estornudando Sus días se acabaron. Mueran. . Mueran. Aquí de la defensiva del carino; si te adoro mis ojos, porque me tiras? A cuál de las dos requiebras? A cuál de las dos obligas? A entrambas. Pues como a entrambas, con un requiebro acaricias? Cómo yo tengo dos ojos, y en cada cual una niña. Quién le ha dicho que un requiebro basta para dos amigas? No es buen requiebro mis ojos? pues no me tiréis mis vidas. Qué es esto Amazonas? cómo vuestro ardimiento se entibia? Sarmatas, el rendimiento es la mejor valentía. Pebed su sangre, matadlos. Obligadlas, persuadidlas. Y repita vuestro enojo. Y vuestra piedad repita. Mueran los hombres. Las mujeres vivan; pero Miquilene. . Astolfo. Vamos de aquí. Venga apriesa, que hay mucho que matar. Siempre pierde por corta mi vida. Porque han de morir los hombres hermosísima enemiga? ha de padecer la especie, porque nació mi desdicha? Si es mi delito adorarte, pude no adorarte; mira que tú pones el precepto, y la obediencia castigas. Estuvo en mí el desafirme de esta esclavitud rendida? no ves que fue voluntaria, sin dejar de ser precisa. Para solo amarte quiero vivir, si a mi muerte aspiras, déjate estar en el alma, y llévate allá la vida. Calla, pese a tus lisonjas, y a mi oído, y a mi vista, yo no venía a matarte enojada, y vengativa? dónde mi corazón has puesto? que encanto es este, o que eniga que desde cerca reprime, y desde lejos irrita? Qué es esto mi bien? Qué es esto? no sé como te lo diga, que en las llamas del amor se abrasan las de la ira. Pues yo qué causa te he dado? Si a la Reina, si a mi prima adorabas, para que: mas déjame, que se indigna la queja, y puedo llorarla; pero no puedo decirla. Yo a la Reina, vive Dios que no la he visto en mi vida, Lo niegas? pues no te hallé en el Palacio yo misma? Sí, pero no fue en tu cuarto? Sí, pero de quien huías cuando entraste en él? Yo entré por la gruta, o por la (mina de Indatirso. No te entiendo. Y el que se entró con tu prima en tu cuarto, es Polidoro, Príncipe de esa vecina región de Sarmacia. Aguarda, pues no eres tú el que acaudillas los Sarmatas? . En ausencia del Príncipe. . No prosigas, que aún mentir no sabes, puesto que cuando el engaño aliñas, para buscar lo aparente, lo verifimil olvidas. Victoria por amor de sus Vivan los hombres. (caricias. Las mujeres vivan. Mentís, que amor no ha vencido, no han de vencer, que aún respira volcanes mi corazón. Viva Astolfo. No viva tal, que es ingrato, y me ha quitado la vida. Aquí está, lleguemos todos. Generoso Astolfo. Invicta Miquilene. Amor venció. No hay quien al amor resista. Los Sarmatas valerosos. Las Amazonas altivas. Han vencido con rendirse. Rindiendo fueron vencidas. Y viendo a este mismo tiempo que Indatirso te pública por hijo de nuestra Reina alestres. . Y que la dicha de verse en el suave Imperio de los hombres reducidas. Se debe a tus eprsdasiones. Hace tuya la conquista. Por tu caudillo te aclama. Y por su Rey te apellida. Y yo quedo satisfecha en las quejas que tenía del Príncipe de Sarmacía. Y yo que confe cautiva adoro las perfecciones de Menalife divina. Sabiendo yo los indicios que obligaron a mi prima a tener por Polidoro a Astolfo. Que por la mina de esa gruta entró en su cuarto, según este anciano afirma. Trueco a su mano gustosa todo el Imperio de Scitia. Doy a Sarmata una Reina, y a su Príncipe cautiva. Aguardad, no digáis más, ves como yo te decía la verdad. Ya vuelve al pecho la respiración perdida, y todo lo que me has dicho entre los dos se confirma. Pues a qué aguarda tu enojo? Esta mano te lo diga, en que va mi libertad lisonjeada, y rendida. Y yo de mi esclavitud empiezo mi Monarquía. Y yo doy la zurda a Julia, y la derecha a Camila. Y todos juntos a una voz repitan vitoria por amor de sus caricias. Vivan los hombres, las mujeres vivan,
