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Texto digital de Amar y no agradecer

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Atribución tradicional
Francisco Salgado
Atribución estilometría
Francisco Salgado Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amar y no agradecer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amar-y-no-agradecer.

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AMAR Y NO AGRADECER

JORNADA PRIMERA

s, . Traición, traición El descuido ha dado a la envidia fuerzas. Huyamos, pléguete Cristo. Por la intrincada maleza de aquesas confusas matas, que el Sol las registra, apenas podemos entrar. Bien dices, si primero no hos entran ellas a saco. . Que así mis alientos entorpezca el cielo? . De tu descuido no, de su crueldad te queja. Ni de lo oculto del bosque la seguridad incierta, ni del monte lo fragoso, ni lo inculto de la selva de indicio tan conocido ha de faltar a las señas; seguidme todas. . Señora, repara, en que sola arriesgas, en lugar de asegurarla, tu vida. Si me aconsejas, que me la guarde el temor; poco su valor aprecias. En huir, no hay cortesías, quien más huye; mas respeta; mi amo no echa de ver, que le sigue la Duquesa determinada, cuando él enamorado la espera. Y si por traidor le tienen primero, que quién es sepan, a él, y a mí, que le acompaño, nos romperan las cabecas. Mas dicho, y hecho, ya dieron con él, y hacia aquí se acercan, yo me escondo, que de mí no harán caso, si le pescan. En vano celas el rostro de la traición que no celas, pues el recaro descubre lo que encubre la vergüenza. Mujeres son las que miras, descubrete, no las temas, que aún con ser en mi favor, verte cobarde me pesa: Fingir, que no la conozco, mi seguridadin tenta; porque faltando al respeto, me dé todo a la fineza. Si la deidad superior con que a mayor causa empeñas ya que no por el delito, la libertad que persigues, en los albedríos, reina, cuando temiendo el desprecio, se recata la modestia, castiga la ceguedad, pero no la resistencia. Detente, que en vano mi heroico esfuerzo atropellas con vanas demostraciones de locas estraragemas, Aquí es, cuando entre las tres a puro araño le pelan. No me conoces? . No, y sí. No, y sí, pues de qué manera? No, porque no sé quién eres; si, porque sé que eres bella, y basta para rendirte mi adoración reverencia, saber que tú eres hermosa, aunque quien eres no sepa. No fuiste, quien atrevido, asegurándote en ella, diste libertad al plomo, contra mí de esa escopeta? Sí, y no: otra vez con la enigma me propones la respuesta? si y no, cómo puede ser? Si cómo era aquesta misma la escopeta, que arrevida a tú quietud hizo ofensa; no, porque no tuve culpa, en que sin mi lumbre diera, cuando absorto en tu hermosura adoraba tu belleza De esta verdad es testigo el verme sin resistencia, y de esotra hallarme ahora sin armas, las armas mismas, que a tenerlas, te ropara que me mataras coellas, si quiera por la sospecha, qu Aquí da voces, y aquí la tramoya sale guera Hás me visto alguna vez? No, y sí. Que de una manera has de responder a todo? Es porque no halla mi pena en un sentimiento solo mas que sola una respuesta. Pues declara, de qué suerte, si la novedad penetras, no me has visto, y si me has visto en otra ocasión? De aquesta, mis ojos, que sin el riesgo de tan temeraria empresa, como entrarse en el peligro, y no quedarse en la pena: libre competencia hacían, a la mayor competencia muy acaso merecieron, dando a su descuido riendas: llegar a verte, que dicha, si lograra el conocerla; al fin mis ojos te vieron, mas es tanta tu belleza, que no te vieron mis ojos, porque cegaron de verla. Con eso sabrás, si puede decir mi afecto de verás, P que si te vio mi fortuna, y no te vio mi fineza. Mucho desdice de el traje la retórica alagueña de los labios, cuando en ellos, que todo es enigmas muestras: dime, quién eres? No sé. . No sabes? No, porque es fuerza, que faltara a lo que sé, si ahora de mi supiera. Buena respuesta, si dice, que está borracho, lo acierta. Cielos! que afecto bastardo, así arraltra mi soberbia, a que agasaje el olvido lo que la vista desprecia? Cielos! qué dicha es la mía, que de el riesgo a la violencia ha logrado un desahogo, cuando esperaba una pena? Señora, Roberto viene, y con él la guarda atenta, sin duda, que el alborotó de mayor causa se engendra. Pues hombre, vete, no esperes, ya que mi piedad se templa, a que la lealtad malogre lo que el acaso concienta. Ya es forzoso con la duda dar a la mentira fuerza, luego vos, señora, sois? Qué dices, deten la lengua, no es bien que ya me conozcas, pues en esta ocasión dejas una culpa, si lo sabes, si lo ignoras, una deuda; y así, mira entre los dos, cual es mejor que suceda; por aque la castigarte, o ejecutarme por esta? Yéndome sin conocerte, te doy mejor la respuesta, y la deuda facilito, supuesto que la confiesas. . Vive Dios, que se ha escapado con su embuste, y con su atenga Carlos, u Fabio, y yo ahora a ver en que para esta tramoya pienso quedarme, que va buena, si se enreda Hombre notable, señora. Y qué importa que lo sea; pero que importa; que digo? Que es hombre de bajas prendas, dice sus trajes. . Yo el estilo, también lo contrario muestra. El retintín no es muy malo, si es de el metal a que sueña. o9 Diana? señora? Cónde, qué traéis? A hablar no acierto. Decid, qué tenéis, Roberto? A mi lealtad corresponde la inquietud con que me ves, dijéronme, que arrevida mano, contra vuestra vida. Hablad, de qué os suspendéis? De que os venero deidad, de que sin peligro os veo, de que os halló mi deseo, buscándoos mi ceguedad. No me pidáis ya que diga mas de lo que aquí apunte, que le ofenderá a mi fe, lo que a mi lealtad obliga. Si el ruido que de el jardín me sacó al bosque cerrado, vuestro temor ha causado; perdedle, Conde, que en fin, nada ha sido, fantasía imaginada en la idea, que lo que teme, desea, experimentar, sería. Yo os confieso, que me da la hueva tanto cuidado, de que Carlos ha faltado, sin saberse donde está, que después que de Rusia vino, no sosiego. Y más cuando tan cruel estás, que ni de amor, ni porfía a la inconstante valanza el peso de tu cuidado en su altivez ha fiado, que le tuerza la esperanza; ya que casarte has querido, y a Carlos has despreciado; porque dices, que tu estado no te ha de dar el marido? y siendo en el testamento de tu padre ley forzosa, que seas de Carlos esposa, excusas su cumplimiento: porque a Dionisio, o a Arnesto, Príncipes tan señalados no eliges? y los cuidados de el pueblo quietas con esto: quieres; si como se piensa de el Persa, busca el favor Carlos; nuestro Emperador, que se prevenga en tu ofensa, cuando sin fuerzas estás, y por armas restituya a su corona la tuya? con que por fuerza será su esposa, y vendrá a tener, por no quererte obligar, tu estado que lamentar, y tu amar, que padecer? Cuando Carlos atrevido, procure, y logre tal suerte, primero me daré muerte, que llegue a ser mi marido. Mujer, mira, que la prueba de el adagio te maldice, que el que de la yegua dice mal, aquese se la lleva. La gala, y la discreción, el valor; y la nobleza de Carlos, a tu grandeza pudiera dar ambición. Yo por él no le aborrezco, que solo vengo a tener celos de no merecer por mí; si por él merezco. Pues ya que en aqueso den tus temas, mira, señora, que el de Polonia te adora. No me ha parecido bien. Fuerza es que tu gusto siga, el de Calabria es mejor? Sí, pero a aquese, el amor de mi grandeza le obliga. Pues por qué su pretensión en la Corte se permite? Pues queréis que yo le quite a nadie su inclinación? siga cada cual su error, que así le aumenta segura más triunfos a mi hermosura oontáblica de amor. v de consulta Ro mi error con eso advertís, no os volveré a replicar. Ven, Laurar De el Cónde está ofendida con razón. Ay, prima; que el corazón otra cosa siente más. En fin habemos quedado auditorio reverendo, el tablado yo, y vosotros para juzgar este pleito; mas de todos, a ninguno como al tablado deseo, que el enredo facilito; si es que en tablado le veo yo también uez me señalo, y en aqueso no lo yerro; que hacer gracia la justicia, de cualquier mal es remedio. De vosotros solamente la mala sentencia temo, que no miráis a lo escrito, y sentenciáis por el hecho: mas vaya ahora de informe, aquí una dama tenemos. Ya que Diana se ha ido, buscardo a Baqueta vengo, que no sé donde quedó. Mas mi amo es el que veo, pues me ha estorbado el informe, cuidado; y vaya de cuento. Baqueta . Señor. Adónde te quedaste? Bueno es eso, pues fui yo el que se quedó si tú que a puro embeleco con ser yo micia Conde, Laura, y las a la quinta se volvieron Y no te vieron? . Ninguno, antes he podido atento escucharles cuanto hableron. Pues cuentamelo. No quiero, costaraté tu trabajo si te importaba saberlo. Qué dijo de mi Diana? Dijo que eras un grosero, un villano, un atrevido, un desairado, y un necio Eso dijo? . Aqueso dijo, y más dijo, que si luego no te hubieras ido, hiciera que te echaran a sus perros por maza; y dije yo entonces, harto aperreados nos vemos. Dijo la Prima; qué basto! y yo dije; pues triunfemos: la otra remilgada dijo, por Dios, que para cochero era famoso; pues tira, corre, y para; que es contento: Diana dijo, por más, que pescarle, no creyeron le habemos visto pescado, y yo respondí, abadejo: una dijo, ciertamente, que era el hombre muy atento, pues que nuncade sus labios mas que un sí, y un no se oyeron otra más escrupulosa. replicó, pues no veis, que eso fue razón de pie de vanco? y yo dije, no quebremos, no faltó quien te racharle de pobre, y al punto mesmo dije yo, Dios te perdone, que en siendo pobre, avid muerto: en que estáas mal vestido oararon, y con eso. te cortaron de vestir largo, aprisa, y de provecho. Qué escuche yo tus locuras? Luego imaginas, que miento? Imagino; que no tienes los cuidados que padezco, y que tú te estas burlando, cuando yo me estoy muriendo. Pues resucita, señor, que a Diana, a lo que entiendo, no le has parecido mal; y aunque después con el viejo hizo extremos, sobre ser tu esposa, aquellos extremos son guarnición, que hermosea la gala de el fingimiento. Mas declárame, por Cristo, ya que hemos llegado a esto, con que motivo la enigma de ser, y no ser a un tiempo, inventaste? tú no eres Carlos, y de el grande Imperio de Rusia dueso? pues como en humilve traje has hecho, que nos tengan por villanos, y en esta tierra encubiertos, por Fabio el nombre has trocado. Dilo señor, que reviento por saberlo, para darles noticia a los mosqueteros. Quien comunica sus males dicen, que halla alivio en ellos, aunque sea el comunicarlos, a quien no sepa entenderlos; y así esta vez te he de hacer participe de mi pecho, me servitá de descanso, sino puede de consud. Luido modo de agradarme, para que te escuche atento, has buscado, pues me pones en el discurso silencio, más quéntalo tú, y no hagas cuenta, de que yo tu atiendo, que en descuento quedara, para mí cosa de cuento. El gran Sigismundo, en quien repetidamente eternos. desmintieron los aplausos, la inconstancia de los tiempos; aquel, a cuyas memorias de el vanaglorioso estruendo en el metal de los días está resonando el eco: aquel, en fin de Moscovía, gran Duque, aquel siempre excelso Emperador de la Rusia, que reposa en mejor Reino; por querer darle doblados todos los bienes el cielo, tuvo en su esposa Casandra de un parto dos herederos. Nacieron a un tiempo juntos mi padre Octanio, y Demetrio, padre de Diana; alos cuales, por excusar los excesos de elecciones, y de envidias, dispuso advertido, y cuerdo, que partiendo los aplausos, dividiesen el Imperio. Cúpole a Octavio mi padre de la Ruiia el laurel Regio, y de Moscovia el Ducado también le cupo a Demetrio; vivieron los dos hermanos tan tiranamente opuestos, el uno al otro, que pudo decir el que más atento en sus acciones media la ambición de sus anhelos, que de un tigre se engendraron; no, que de un partó nacieron, Y no solo estos rencores. alimentaban los pechos de los dos hermanos; pues de los vasallos el ciego engaño de la lisonja daba fuerzas al pretejto, entre el común alboroto, dilatado infiel veneno, que sembraron en discordias. de la grandeza los celos. Cuya violenta semilla cultiva villano afecto, nacimon Diana, y yo, fruto que maduró el cielo, para quietud de sus iras en las iras de su ceño; pues apenas de los dos se público el nacimiento, cuando de el común aplauso la voz uniéndose a un tiempo, los vasallos de uno; y otro en su dictamen hicieron paces bien aseguradas en mal sábidos conciertos, cuando embiando Embajador mi Padre a su hermano atento; a que por mujer debía a Diana el rendimiento. Halló en ella tan trocado. el dictamen tan resuelto el parecer, tan osado el obediente preceptía, que a su mismo padre dijo, que era infame, que era feo lunar de su noble sangre, que acobardase el esfuerzo por un antojo vulgar un heroico vencimiento. A aquesto siendo el decir; que si él sin embargo de esto sujetarla pretendía, que supiese desde luego, que valerosa Amazona, armando el pecho de acero, blandiendo la lanza dura, y trenzando el harnes diestro a despertar en campaña los dormidos mongibelos de los pasados rencores a los soplos de su aliento pensaba salir, las leyes de la obediencia rompiendo, no quiso ver mi retrato, dando por razón, que puesto que no habia de hacer el gusto; mejor razón al empeño, no quería de el acaso fiar el atrevimiento. Saliose, en fin, con su gusto, porque su padre, temiendo no hiciese la diligencia. el arrojo más violento amoroso, como padre; y y atrevido como viejo, a su hermano le negó da paz, cuando a mí el sosiego: porque habiéndome enviado el Embajador con tiempo un retrato de Diana, bebí en sus luces el fuego, que en cenizas convirtió el corazón en mi pecho. Mira como quedaría en tal ocasión, habiendo dádole el alma en mis ojos, y volviendómela a ellos; pues no pudiendo admitirla, y el desaire conociendo, ni ella la tiene por suya, ni yo por mía la tengo. Mi padre entonces sentido, y cansado ya de el fiero cómvate de oposiciones, que de sus canas al hielo mal encendidas pavesas avivaria el sentimiento. Cayó malo, y de lo mismo de Diana el padre enfermo, previniendo su peligro, ordenó su testamento, mandando en él a Diana, que cumpliese los conciertos prometidos, si quería lograr para su consuelo en accidentales glorias agradecidos afectos: y para que más segura, temiendo algún fin sangriento, antes que el conocimiento, si él faltaba, y de mi padre crecia el enojo soberbio, la cláusula la obligase, me nombraba su heredero, dando por razón, que era varón, de varón primeros y que como tal, debía unir otra vez el Reino, lestribuyendo a Diana de su legítimo fuero. Murió con esto, y la sabia disposición de los cielos, quitó a mi padre la vida el mismo día, advirtiendo, que era justa prevención de sus Arcanos secretos, que muriesen en un día los que en un hora nacieron Diana poco segura, viéndose mujer, y viendo a todos tan de mi parte, por la ley de el testamento, procuró, que de Polonia, y Calabría, a un mismo tiempo, pretendientes de su Estado vengan Dionisio, y Arnesto, que sabiendo de su tema el apresurado intento, con armas, y gente vienen a lograr triunfo tan nuevo. Yo, pues, amante ofendido, que a un tiempo vestirme veo en las exequias de el luto la líbrea de los celos, viendo que dejar de amarla era imposible remedio, y que amándola, ofenderla, era arbitrio muy grosero. Me determine a venir, desesperado, y resuelto, para que la vista obrase, procurando; que Diana me viese, no previniendo que era yo; pues era fuerca, que en el la hiciera el saberlo razón de mal parecido la tema de mal contento. Por eso el nombre hetrocado, y aquesta tarde sabiendo, que Diana en esa quinta daba al desahogo alientos. Atrevidos nos entramos, adonde verla pudieron mis ojos, y adonde absorto, sin reparar, en el suelo caer dejé el arcabuz, a cuyo golpe violento, haciendo su fuego lenguas, publicó mi atrevimiento. Pasó lo que tu escuchaste, y pasó a ser tal mi incendio, que no sé como en mis labios. sus vislumbres no se vieron. Esta es la causa que sigo, esta es la razón que tengo, para mudar traje, y nombre, para ser Fabio, no siendo. si no es Carlos, para dar nueva industria a mis deseos, para inquirir mi fortuna, para templar mi tormento, y para ver cuando ingrata hace a su sangre desprecio, ya que pierdo como grande, si como humilde merezco. También relatas, que es lástima que no seas ciego; mas sabes lo que imagino, que es tan ridiculo el terco natural de esta mujer, que aunque ella se esté muriendo por ti, en sabiendo quien eres, ha de echar por esos cerros: y en viendo que la conoces, la grandeza, y el respeto a ella la han de poner silla, y a ti te han de poner freno. La fortuna nuncadió prevenidos los aciertos, que los ofrece la dicha al que los espera menos, cesos me dirán, los como lograr los sucesos. Y yo también, porque no digas, que te desespero, pienso en ellos ayudarte. Tú? Sí, trazando un entedo, con que entrar pueda a servis a Diana, que si dentro una vez estoy, por ti pienso levantar el cerco. Cómo? Nada me preguntes, que yo lo diré a su tiempo. Esto ha de ser, no resista a mi pesar tu cuidado. No es mucho, que embarazado extrane tan gran conquista. Serás el primer vasallo, que de amor ha merecido contra el mérito lucido salir: mil ejemplos hallo fuera, de que en su grandeza, de mi sangre es bien que arguya, que aunque se junte a la suya, no ha de causar extrañeza. El noble antiguo blasón. de mi casa, ha merecido con la suya conocido parentesco; pues que son extranjeros los intentos de quien procura obligarla, y con su primo casarla, embarazan sus alientos. Nadie más cercano veo que tú, ni nadie mejor en Moscovia por señor ha de lograr el empleo Competir con la grandeza de el de Polonia, señor, y el de Calabria, es error, que ha de causar extrañeza. En cobardes pensamientos, nunca heroicos fines vi. Que no es cobardía, en mí te han dicho ya mis alientos, pues en muchas ocasiones, que el riesgo en los bandos puso, sabes bien, que no me excuso de adelantar tus blasones. Pues qué es lo que te acobarda? cuando gobernando estoy el Estado, cuando doy leyes, que Moscovia guarda? De mi mano, los castillos, las plazas, y las fronteras no están? pues de qué te alteras, cuando puedes tu regillos? Todo el tesoro, que encierra de su dominio el poder, tuyo es, si le has menester, árbitro de mar, y tierra te hallarás, cuando atrevido alguno se te opusiere, y hará lo que yo quisiere el vasallo más lucido. Y en fin ya me he declarado, mira que tu padre soy, que te lo he dicho, y que estoy en que seas Duque, empeñado. Notable resolución! quien vio tan terrible aprieto, pues la lealtad, y el respeto hoy mis enemigos son? Yo adoro a Laura, mudar mi voluntad es traición, la Duquesa mi afición por fuerza la ha de estorbar. Aquí escuché a Ludovico, mi prima sola dejé, y a verme con él pasé, pues a su afecto me aplico; mas que suspensión eleva sus sentidos, batallando está consigo, escuchando pienso quedarme. . Si lleva adelante su rigor, mi amor por fuerza ha de ser quien la intente merecer, perdone, Laura, tu amor. Si a quien un cuidado tiene, tanto el dolor importuna, que haré yo, a quien la fortuna dos cuidados le previene? De mi estado recelosa vivo, temiendo mi estado, y así me lleva el cuidado tras cualquier lance celosa. A Laura, que me dejó, estando ahora conmigo, sola, y recatada sigo, hacia aquí pienso que entró; mas áquí no está, que aquí solo a Ludónico veo; mas con él, a lo que creo, algunas veces la vi, quizás la aguarda. . Mejor, si el riesgo he de consultar, la acción me ha de disculpar amante, que no traidor, si contra Diana hermosa se conjura la ambición, amparela un corazón, donde no esté sospechosa. Cielos! que esto llegue a oír? Lo que he escuchado, no entiendo de el informarme pretendo. Ya no lo puedo sufrir. Ludovico? . Ludónico? Señora? Laura? qué veo! en dos dudas de el deseo, dos sentimientos público. La Duquesa, ya el ardor mas vivamente se enciende. Laura, sin duda pretende en mi ofensa su favor, no en vano de mi cuidado a la experiencia me aplico. Ya tenéis a Ludóvico, señora, a vuestro mandado. Laura, que os viene buscando, es bien que primero diga lo que os quiere: Ella me obliga, cuando yo estoy reventando, no te parezca, que extraña mi seguridad decir lo que te pensé advertir; y porque veas, que no engaña tu fe, mi lealtad ahora; yendo a pasar por aquí muy acaso, hablar oí a Ludóvico, señora, y curiosa, por saber lo que consigo trataba, escuche que te adoraba, y que para merecer tu mano, no se atrevía a decírtelo; y así a preguntarle salí, si tercera me quería: mas puesto que al paso estás, y la duda es de los dos, queda, señora, con Dios, que él te dirá lo demás. Por los jardines me he entrado de la quinta, hasta la oculta estancia de aquesta cuadra, y en ella: pero que duda mi amor? no es esta Diana? dame tu favor, fortuna! Señora, ya que atrevido. Que escucho. J Digo, que yo. Vuestro susto, vuestro delito pronuncia. Rendido. . No prosigáis. A una pasión. Que locura, precipitado os arroja, a que rompáis la clausura de mi respeto, a que ajéis la inmunidad que me ilustra. Qué escuche este atrevimiento, i no vengue sus injurias! Cómo puede ser delito, lo que rendimiento juzga ser desde hoy? . Esto no tiene otra salida más que una. De su voz estoy pendiente. Laura, Flora, nadie escucha? Si te enojo en mi retiro, tu venganza seale guía. Qué aguardas? pues. A que veas, que quien servirte procura, logra su intención a costa de obediencia tan injusta. . Quién daba voces? Quién llama? Quien en vos me lo pregunta, nuevas dudas me combaten. Esos jardines, que juntan sus flores con estas cuadras, me deben su compostura; estando en ellos, oí voces, que el viento sin duda formó; pero mi lealtad me manda, que a ellas acuda. Pues puntual jardinero, volveos, y entre sus murtas, solo atended de las aves a las voces, cuyas plumas descomponen de las flores la gala, y mirad, que nunca pongáis vuestras plantas, donde de vuestras flores no gustan. Quién solo a servirte vino, con obedecerte cumple. Pues mirad, que la Duquesa es quien os lo manda. Suya es mi vida. Adónde vais, ojos, si el respeto acusa Flora, Lisarda. . Señora. Cantad, divertid la muda inquietud de mis cuidados, que no sabe a cual acuda. En la república grave de la voluntad oculta, el respeto dificulta lo que la fineza sabe: en su estimación no cabe la dicha del merecer, y así injusto es el querer con finezas obligar, que es la mayor en amar, amar, y no agradecer. Ay que pesar, ay que placer, que no quiere amor obligar, merecer; que no quiere amor dejarse obligar, por no agradecer. Ay de mí, favor, favor. . Oíd, escuchad, que voces, tirano, el eco artícula, rompiendo confusamente de la vuestra la dulzura; quién se queja? A la Duquesa tengo de pedir ayuda. Quién da voces? Un villano, que de esos cuadros la ruda fábrica cultiva, y viendo que vuestra Alteza le escucha, por librarse de el castigo de su dueño, así se burla. Y decid, acaso sois su abogado, por ventura? Por desgracia lo seré, si mi atención os disgusta. Cielos! qué desasosiego la vista de este hombre anuncia? Eso te ha sucedido? pues vuelve a entrar. La culpa habrás tenido, si mi arrojo la ofende. A amor obliga, quien a nada atiende: los Príncipes, señora, tienes delante. Mi desdén ignora, como templar su llama, si allí me obliga, cuando aquí me llama. Los Príncipes entraron. Pena rara! O si Baqueta su intención lograra A ver el triunfo, (viene; que el campo tiene tu beldad, nuestro afecto se pre- na. pues dos veces Diana se halla esta selva de gozarte ufa Por ver nuestro desvelo, aquesta quinta convertida en cielo siendo de tu deidad templo florido víctima nueva al triunfo a conducido El cuidado agradece mi cuidado que a corto albergue, estimación ha dado. Ya no tiene remedio, que quería bendiga Dios tan linda Duqueria Diganme, cual de todas es la señora Duca, que a las bodas previene su lindeza, que solo porque ensomó la cabeza esta Corona ponga, con perdones me han dado a mí, en la mía coscorrones. Es aqueste el villano? Que la alaba, qué en el jardín ahora se quejaba? Si señora. . Si es ella, oiga, y verá lo que me cuesta el vella: esta Corona estaba ahora tejiendo, y el amo, que cortarme estababiendo las flores, que el guardaba, y que de la tarea me olvidaba, en que él me dejó un ramo, en mis espaldas puso por reclamo. Dígalo, Fabio, que delante estaba, y aunque pegarme vio, no me quitaba. Quién es Fabio? Yo soy. . Vos? Si señora. (ahora. Muy linda pesca, mas escoche Qué notable simpleza! (teza. Merece que le ampare vuestra Al sil En fin esa Corona para mí se tejió? Si me perdona, en su cabeza pienso encaramalla, y vengan esos Ducos a quitalla. Cómo te llamas? . Sabio, y aunque yo nosopor serlo rabio: tome, pues, la Corona que la entriego, y síguele sus frores, verá luego, que para coronarse, toda esta fror es menester gastarse. Tato el favor de tu fineza creo, que a tomarla se allana mi deseo. Tómela su meste, la mano tiembra, yo lo que puede una mujer, si es hembra. Mas ay, que la cogí por los cabellos tungan, que no la tiuje para ellos. Soltad, que aqueste blasón no le podéis merecer. Y quien sois vos, que a su triunfo atrevido os oponéis? Soy, quien en esta ocasión solamente por no ser, mas dignamente le ofrece a Diana este laurel. Un villano contra mí. Soltad, Ludóvico, ved, que yo. Mas qué es lo que miro! solo la mitad logré, y la otra mitad en manos de quien me inquieta dejé. Si este despojo, señora, en ofensa vuestra fue, siendo el que le tiene esclavo vuestro, vuestro es también. Suelta, atrevido, el agravio de mi hijo vengaré. Tened, Conde. Qué os inquieta? un acaso merecer? Notable suceso. . Extraño. Aquese triunfo volved a Diana. . Si su Alteza gusta, yo le juntaré esta Corona, y advierto, ya que en el prodigio vea vuestra grandeza el arrojo, que quien le ha intentado es parlos. Muera . Pues como así os atrevéis, Ludóvico, en mi presencia? la inmunidad a romper? Porque tu bando defiendo. Mas pienso que le ofendéis, que en fin de Carlos vasallo sois? Si señora, y por él también, de esta Corona me llevo la mitad, a el que fiel me la quisiere quitar, en el campo aguardaré. . Yo el primero al triunfo áspiro. Yo tu error castigaré. . Mi espada hará que le dejes. Contra él han ido los tres, Conde, su enojo templad Antes le voya encender. . Ay, señora, no les deje que le maten, sumeste mire, que aunque jardinero, pienso, que es hombre de bien, que yo para otra Corona, nuevas flores hurtaré Notables dudas me cercan, ven, Fabio, tu tercera, ven, ya vista de tal empeño, con que agradando ofender pretende el alma dudosa, rigores de amor la den, liciones para que sepa amar, y no agradecer ola

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA A la inquieta llama ardiente, de ese trémulo sarol, todo luz para el cuidado, todo para el alma ardor: guía los pasos confusos, Laura, que mi prevención no la extrañará su oído, si te la explica mi voz. Yo te confieso, que absorto, y pasmado el coracón niega lo mismo que vé, pues presume, que es traición saber que te has humanado, y que lo he sabido yo. Ya Laura, que el patentesco, y la voluntad se unió tanto entre las dos, que no hay mas que un alma entre las dos, ya que de el pasado engaño de Ludóvico salió o tu celosa fantasía, y ya que de su intención supiste el arrojo, siendo su padre quien le causó ya que a mí te declaraste su correspondido amor, y ya que yo para el mío le di libre permisión; porque embarázar pudiera con eso la pretensión de Arnesto, y Dionisio, que hacen solo escolta a mi dolor, y porque el Conde Roberto su padre con la ambición de su hijo reinar puede, defienda atento mi honor. Ya en fin, que sabes la causa, que los bandos encendió segunda vez, al suceso de aquella Corona en flor, que para turbar la mía, aquel simple me ofreció: ya que aquella tarde pudo la industria, o la sinrazón hacer con la tiranía fuese el castigo favor: ya que ese monstruo de dudas este villano esca con la vida, aunque la pierde en esa oscura prisión; puesto que la cobardía, o la justicia le dio sentencia de muerte, viendo su atrevimiento, y que no tiene defensa, pues antes el jardinero mayor de aquella infelice quinta, nunca a verla fuera yo; dice, que no le conoce, y a quien solo conoció, fue a aqueste simple, que sabio se llama, a quien recibió. aquella tarde, y a quien conmigo el riesgo libró: y ya en fin, que te he propuesto, que mi ciega inclinación, no sé porque oculta causa me obliga a librarle hoy: supuesto, que de Palacio tan cerca está su prisión, que de ese castillo alindan las almenas de los dos solo de tu confianza fiada el secreto horror de ese estrecho pasadizo, que tanto tiempo oculto el registro de la vista, me entriego; pues el favor de la noche, y de el silencio, mudos medianeros son, yo no le tengo de ver, pues fuera indigna atención de mi respecto, ampararle, tercero, s competidor Tu dirás, que lastimada de el prevenido rigor, con que mi crueldad pretend castigar su sinrazón; medio hallaste de librarle, y agradézcala el favor, a quien de el favor no puede ofender la presunción. Esta es la ocasión que mueve los pasos de tu temor, este, el motivo que lleva quien el riesgo despreció: esta, en fin, mi confianza, y está mi resolución. Pues el tiempo no perdamos, tu prima; y tu esclava soy Corazón, a desterrar vamos de el alma un error; y pues el delito quita, el que quita la ocasión, este cercano peligro evite, aunque sea traición, el librar a quien me ofende, pues no me culparan, no, el que libre a mi enemigo, porque libre quede yo. , . , z De aqueste prodigioso joven, la cárcel entró cuidadoso, penetrando el secreto, que tanta novedad ha descubierto en Mosconia, irritada de la ambición, aún más que de la espada de aquesta fortaleza, por más segura habita la aspereza: y hoy que le han condenado a muerte por traidor, determinado vengo a librarle, habiéndole, cogido a mi padre las llaves, que ha podido con mi nobleza tanto el ardimiento de su lealtad, de su valor, que atento a que yo fui, quien la ocasión le ha dado para hacerse en Moscovia señalado hoy también mi nobleza por vengarse la ocasión viene a darle de librarse si eles noble, i por Carlos encubierte quiere provar uta lealtad, es cierto que en su imaginación, como enemigo juzga, que el bando de Diana sigo, y de el Imperio con discurso vario, siempre he de declararme por con- trario: elior y si acaso se ofrece, ser villano también, como parece, favorezco una vida, que ha debido: mas a su ser, que al ser con que ha nacidó, que de cualquiera suerte, si es su vida lealtad, traición su muerte: Antipoda dolas sombras, luz mentida al firmamento, que alumbras mi untendimiento; con lo que mi vista asombras: memoria de aqueste olvido; inquietud de aquesta calma, y respiración de un alma, que estaba ya sin sentido. De tu admiración, nada a mi culto le ofrece, pues la que a ti te parece fineza, fue compasión a muerte estás condenado, y hoy mi piedad ha querido hacer un favorecido. de el temple de un desdichado: sigue mis pasos, y advierte, que si hay razón para darte, sin razón muerte librarte, sin razón quiere tu suerte: ven conmigo. Aunque atrevida acción juzgo, si te advierte, el saber quien me da muerte, sabiendo quien me da vida, no puede excusar ufana mi ventura en su castigo, saber de ti mi enemigo, dime, quién es? up Es Diana Diana, detén el sabio; que no puede mi cordura sufrir, que de su hermosura se haga a la deidad agravio. Diana, venganza en quien no puede caber ofensa contra mí, que en su defensa, vida; y alma, hago que estén? No dijiste, que vasallo eras de Carlos? . Así lo dije, y ahora aquí vuelvo fiel a asegurarlo. Luego de el bando estarás contrario al suyo? Es erron, alo ogi que de el bando de su amor, siemprefirme me hallarás. Ella a Carlos aborrece. Él la adora, y la desea. Ella en su amor nos emplea, Él solo su amor merece. Pues dime, no fuiste osado? Yo, más que ruido? Ay de mí! Hacia esta parte he sentido. La ocasión hemos perdido, salgamos presto de aquí, no nos dañe la tardanza. Aquí ha de estar, mas que veo esta es Laura, o el deseo me la finge a la esperanza; Laura; espera, ingrata, escucha. Cielos, qué me ha sucedido? Nuevo riesgo. Sin sentido. estoy mi sospecha es mucha, En vano me solicita tu cuidado de tener, pues que para responder a él la licencia me quita, precepto más soberano. Ah tirana. No es tirano mi amor en aquesta acción, pues si con empeño igual, el irme será mejor, sin decirte bien, ni mal. . . La misma verdad te dije, Hombre, cualquiera que seas, que así a mis triunfos te opones, que te hicieron mis blasones, que tanto mal los deseas? apenas te he conocido, y dos veces en mi daño te empeñas? Si de tu engaño la fantasía has creído, quéjate de él, no de mí. La primera vez osado, vi por tus manos robado, laurel, que en las mías vi. Aqueso antes fue excusarle un desdoro a tu opinión, que era ajeno, y no es razón a nadie el laurel quitarle. Y ahora que a mi cuidado, sin conocer el empeño, viéndote aquí con mi dueño, en nueva duda has quedado; que será? Lo que quisieres, pues ni conozco quien sea esta dama, en quien se emplea tu amor, ni yo sé quien eres; con que ni el favor te quito, ni en el empeño te agravio, discurre tú, como sabio, en la ignorancia el delito. Que no la conoces? . No. el irme será mejor. Pues a qué entró a hablarte? Ni eso, que no lo sé, te confieso; porque cuando quise yo averiguarlo, veniste, y viéndote recelosa, o de honrada, o de amorosa, se ausentó, mas ya lo viste. ni a mal, ni a bien hago error, . Si será verdad, que en extraño pesar el alma me aflije. que no soy hombre que engaño; mas cáusame confusión, si me llego a declarar, que a un tiempo quieras amar a Dios con nueva pasión. Cómo a dos? Pues no mostrabas, cuando al laurel te oponías osado, que merecias decir, que a Diana amabas? Pues como ahora turbado, valiéndote de la ausencia, te muestras en mi presencia de otra dama enamorado? Ni te puedo responder, ni lograr ahora puedo la ocasión. Dudoso quedo. A qué vine? . Conocer quisiera, que te ha movido a tan extraño suceso, si a matarme vienes, preso estoy, hacerlo has podido, si a verme solo, ya vees que estoy, donde me dejó tu gente; si a hablarme, yo te responderé? que es esta duda? este temor? Respóndore, que pues bien, ni mal puedo hablar, también Confusa imaginación, llena de pesares, llena de dudas, y de temores: hasta cuando de mis quejas has de quitar la razón con no oírlas, detenerlas, qué es esto, que por mi pasa? si me declaro, se arriesga de el afecto más rendido la más amante fineza: si callo sobre el delito, que se me ha imputado, es fuerza que el castigo con la muerte todo mi triunfo oscurezca; ni callar, ni hablar permite, quien solo al riesgo me deja: el dolor, para quejarme, y para callar la queja; ingrata Diana, solo ingrata, por ser atenta, quien introdujo en tu pecho tan notable diferencia; que aborrezca tu dictamen, sin saber lo que aborrezca. Véngate de mis cariños, si es que de el amor se venga, quien para quitar la causa, todo el rendimiento deja. Tu, Diana, tú, Diana; contra mí? quién te dijera lo que castigas, porque lo que lograva supieras. Diana, Diana; escucha; Diana. Para que adviertas; cuanto a mis piedades debes, el eco de tu voz sea. Señora. . Yo soy Diana. Bien hace, porque lo crea, de decírmelo tú misma, pues sin eso no pudiera, sabiendo que me castigas, creer, que me favorezcas. De qué te quejas? De verte. . De verme? Sí, porque es fuerza, que en viéndote, me perdones, y quitarme que padezca, por darte gusto, es quitarme el gusto; mas no la pena. Pues de que sabes, que yo soy quien te castiga? Prueva: de ser tú quien me castigas, es ser, si lo consideras; ofendiendo tus crueldades. yo, quien servirte desea. Luego es lo mismo servirme, que ofenderme? Si lo truecas, acertarás, que es lo mismo en tu poderosa tema; ofenderte, que servirte, pues te sirve, quien te niega. Declarame aquese enigma. Si haré, pues me das licencia: quien por servirte, te aparta de Carlos, te lisonjea; y quien de Carlos te aparta, te aparta de tu grandeza: tú por tema no le quieres, y por razón le debieras estimar, pues tu sosiego en su posesión se espera el reino que ahora tienes tiranizado le heredas, y hasta el respecto te usurpa, quien mal asiste respecta, con que tan solo te sirve el que de servir te deja: si Carlos. No me le nombres, y agradece a mi entereza, que te perdone el errojo de aconsejarme, pues necia tu presunción, la piedad. con el arrojo atropellas, que es decirme, que no puedo reinar sin Carlos? es deuda de la justicia la gracia, que hizo la naturaleza? por la conveniencia es bien quitarme la conveniencia? si tú de su parte vienes, porque el desengaño veas, a ti mismo te perdono, con condición, de que vuelvas a decirle, que desista de pretender que resuelta a resistirme, he de ser risco a las olas inquietas de el mar; elevada cumbre, que en las regiones etéreas burle violencias de el Austro, encina, que de la selva bien enseñada a rigores con los rigores se mezcla, guarneciéndose a los tiempos, ni bien verde, ni bien seca seré. . Template, señora, que con que tú misma seas la que has sido, dejaré yo de ser, y en tu belleza, si la oposición te falta, para que es la resistencia? si tu amor es imposible, mi muerte posible sea, muera yo, porque tu reines, y reina tú, aunque yo muera. Cielos! qué nueva mudanza, a que estás razones dejan en mi pecho; pues tú, dime, quién eres? Mucho mis penas se declararon, yo soy, como otra vez de mi lengua lo oíste, vasallo fiel de Carlos; y siendo fuerza, que tu respuesta le lleve, porque en mí su afecto veas, sin ir, ni volver, el mío ya te ha dado la respuesta. Tanto en Carlos te transforma la lealtad en su asistencia, que para ser Carlos, solo te falta que ser lo quieras. Antes de ser lo dejara por ti, si serlo pudiera; pues tu desdén me quitara lo que la sangre me diera: si siendo Carlos, no puedo merecer, que tú me quieras; en no serlo, mi lisonja aventaje su grandeza, así pretendo agradarte. Tampoco de esa manera podrás; pues no es buen estilo, cuando los afectos truecas, que la fineza, que en el leal vasallo ponderas con la ocasión para ti; como traidor la pretendas: y así, para mí, ni Carlos, ni Fabio, quiero que seas, si como Fabio me ofendes, y como Carlos me inquietas, sal de la prisión. . A qué? Solo a que en ella no mueras. En fin, ir me mandas? Vete, adonde de ti no sepa. Eso ha de ser imposible. Cómo no? Como en tu ausencia es la libertad penosa; y si vivir no me deja amor, sin tu compañía, aunque así cautivo es fuerza, que para volvera verte, luego a la prisión me vuelva. Si lugar me diera el tiempo, tus contrariedades ciegas. procurara descifrar, pues sin que su intento sepa, veo, que loco me provocas, y que cuerdo me aconsejas: y haciendo mi voluntad con entrambos resistencia, cuando por Carlos me hablas, como rebelde me niegas; y cuando por ti me buscas, como atrevido me afrentas. Y así, sin averiguar tu culpa, ni tu inocencia, pues ya me determiné, a que de el riesgo salieras; porque quede bien mi arrojo. te has de ir, aunque no quieras: que después, si te arriesgares, la culpa busca la pena, y no he de favorecer, como el acaso la tema: ven tras mí, y a lo que hiciere; no me replique tu lengua. Por obedecerte voy, cielos! mi fortuna es cierta: Puesto que competidores, la permisión de Palacio nos concede, y que igualmente como amigos, y contrarios, prosigamos el problema entre los dos inventado; de si agradece quien ama, o ama Arnesto en el contrario sentido, quien agradece mi parecer, luego tanto al vuestro; en cuanto no fuere solicitar el agrado, de Diana, es mi opinión. Para que lo anticipado no estrene la novedad, pues este sitio es teatro para esta questión, resuelto es mi parecer, salvando el vuestro por más atento, que al lance le permitamos. la duda, y la solución, cuyo sentido explicado. en Música, porque sea pmenos prolijo el cansancio. de la porfía, pues no se escusa en los Cortesanos. argumentos la molesta pesadez de porfiados: dirá a su tiempo Dionisio, lo que nosotros callamos. Así sea, y pues Diana, hermosas luces prestando. a este distrito, se acerca a él, desde aquí observando leyes de opuestos, que aquí, amigos, nos convocaron, si os parece en los acentos, se comenzará el asalto discreto, y feneceremos, lo que anoche comenzamos. Sea así, cantad. Cantad. Y sea, habiendo templado, Sabio. . Oh sabio. Yo aseguro, que tengo cosas de sabio. Qué? Saber más que vustedes. Y qué más? Saber callarlo, más Diana. . Comenzad. Eso sí, cantemos algo. (cer? Quién puede amar, sin agrade. la razón que se da de querer. Quien puede vencer, ozultando su inclinación, los efectos de una pasión? 1. No puede ser. 2. Si puede ser. 1. Porque amorpoderoso es estruendos . No halla embarazos 2. Y discreto amor, es silencios, y en los estruendos, y en los silencios, ay centellas, que el fuego pública, . No quieras no hay cenizas, que no digan fuego, que amar puede ser, y no agradecer no puede ser, agradecer, puede ser sin querer, no puede ser, si puede ser, no puede ser. Bien, puede ser amar; y no agradecer. Con vuestro voto, mi aplauso se asegura, pues defiendo, que sin conseguir agrado, en vuestro semblante puede. mi amor no ser desgraciado. (rer. Agradecer no puede ser, sin que- Con que en mi abono habrá hallado pública necio, vuestro sentir, pero no la experiencia, porque cuando. de no atendido me quejo, y me conozco olvidado, ni amor, ni agradecimiento en vuestros desdenes hallo. Arguis conmigo? No señora. Darme este rato de pesar, es solamente por la novedad que aguardo; Laura, en la fuga de aquel hombre, o monstruo todo engaños, o enigmas todo, de cuya libertad. Luego logrado: viste el intento? . Tú duda hizo a mi altivez agravio. Cómo, Ludóvico, a mí me estorbó? la resolución; y en fin; mis difinios se lograron, aunque. . Prosiguo oír acentos, que acaso; o por presumidos fueron antes de ser, castigados: o al querer ser, los deshizo el respeto entre los labios, Proseguid, así mejor desmentiré el sobresalto. Amor, y agradecimiento, no es lo propio, porque es llanos, ser dos cosas, que estar pueden. en dos sujetos contrarios: luego si amor puede estar solo, es argumento claro, que para querer, no es agradecer necesario. El que agradece amando, que le sobra albedrío, para otro afecto, amar puede ser. Agradecer, sin amar, no puede ser, si no es cuando hace agrado el beneficio de enemigo declarado; y esto no sucede, pues no se ie con que agasajo, que se recibe es de parte, siempre de sujeto amado, o de sujeto no visto; que se hace bien visto, dando lugar, aque la memoria. repare en el ignorado; o estime al reconocido, vietud repañ, lo que inquiete egradeciendo, será lo que se este amando. Quién dice que agradece, pretende cuerdo, disculpar su cariño con su respeto, agradecer puede ser. (decer Quién puede amar, sin agra- la razón que se da de querer. Quién puede vencer, ocultando su inclinación los efectos de una pasión. No puede ser: Si puede ser. Sígale mi gente. Aunque el festín interrumpamos, a hablar a su Alteza entremos. Roberto, que ha ocasionado este ruido? Gran señora, de la prisión ha faltado, sin saberse de que suerte. Ah traidora. Aquel villano. . Qué decís? Ahora respiro, vuelvo a quedarme en mi sayo. Sembrado de estas traiciones tienes sin duda el estado, que ninguno se arrojara a atrevimiento tan claro, sin que segura malicia no le guardara los pasos; y aún yo. sé. Contra mi es todo, o lo que puede un engaño! Laura, mira por mi honor. Al mío le haces agravio. Pues qué os parece, Roberto, que puedo hacer en tal caso? Juntos los nobles están, y tu parecer tomando juntos, será bien que luego a las armas acudamos; y que Dionisio, y Arnesto, pues prevenidos entrambos están, con las suyas entren a sonegar estos bandos. Pues vamos a conferir lo que parezca al Señado. Mi obligación es serviros. Mi deuda es auxiliaros. Verle libre a un mismo tiempo, pena, y gusto me ha causado. Entre la inquietud del pueblo, pues está libre mi amo; buscarle pienso; porque él no se ha de haber ausentado. Espera, Laura. Qué quieres? De tu atrevimiento osado, apurar hoy un delito, pues una traición aclaro; no quiero ahora acordarte, ingrata, el feliz estado, que de mis pasadas glorias, pronóstico mis fracasos. No mi amor, no mis finezas, mis celos si, mis agravios bien sabes, que en la prisión de ese hombre, de ese villano, que no sé si lo es, te hallé, y vuelvo, a que el dudar saco de el sentir; pues quien merece de mis celos el reparo, no merece que mi arrojo le tenga por hombre bajo, En fin, anoche en la torre te hallé con el lance raro, y hoy falta de ella, repara, si son indicios bien claros, de que tú le libertaste, y de que si tú le has dado la libertad, que presumo, es, porque oculto en Palacio, sin duda estaba a la empresa. de tus ojos soberanos. Ludóvico, la respuesta. de arrojo tan temerario en dos razones se funda: la una, haberte dejado, cuando me hallaste con él, y a no quererte yo tanto, presumiera, que intentabas tu delito; apadrinando de aquel acaso encubrir con los míos tus engaños: la otra; que te he querido, y el haberlo confesado, bastara para disculpa, cuando no lo fuera tanto, el no presumir de ti traición, que de mí has juzgado: en que mi honor repara? Buena disculpa has hallado, . Pues eso has intentado, claro está, que si cometes. el delito, fuera en vano el presumirle de mí; mas yo, que inocente me hallo, sobre quien fue el delincuente, no hago en el juicio reparo. Mi amor no es fiador bastante? y Diana, qué hiciera? No hay amor, donde hay agravio. Mira, Ludóvico. Ah ingrata! Viva Carlos, viva Carlos. Más que alboroto es aqueste? Que así tropiece en mi daño? el rumbo sigo incierto, Mira la culpa que tienes. Ciego estás. Estoy rabiando, responde a lo que te dije. la locura es en vano. Ya no puedo detenerme, pues con mis celos me parto, yo haré, ingrata; que conozcas de Ludóvico el agravio. . A quien habrá sucedido, que por ajenos cuidados. el engaño la atormente, sin valerla el desengaño. En fin, al riesgo vuelves, y sin que te declares, te resuelves a hallarte en el aprieto, para que aquí te pierdan el respeto? Que necio estás, si no soy conocido, y a esto solo he venido: será bien, que escuchando los leales, que tengo de mi vando, cobarde huya la cara al primer lance, buena ocasión es esta; de que osado su aclamación prosigas: (gas, tu Cetro empuñes, y quien eres di- verás como en un punto a Rusia, y a Moscovia tienes junto. Que acción tan imperfecta, Que se meta (re; Monja; si no te quiere, y endevótese allá con quien quisie? en Diana reparas? En quién mejor, si de aventuras raras solo por ver de su hermosura él! puerto? Hacte dueño de el Reino una por una; y verás, como sigue tu fortuna: Y que debiera yo a mi confiaza, si la fuerza lograra la esperanza, servirla quiero, pero no rendirla. De marido después puedes ser- virla. Si a costa de enojarla he de lograrla yo, no quiero amarla. Mira, que ya el tumulto crece, que intentas, pelear a bulto. Carlos es nuestro dueño, no Diana; decid, que viva Carlos. Tan villana intención, no consienten mis aceros; decid, viva Diana, Caballeros. HAy semejante loco, que su misma grandeza tenga en poco; el bando que le aclama resiste, y contra si busca su fama: con una banda el rostro se ha cubierto, y ha sido buen acierto; . pues quien por el amor quiere perderse, la venda del amor ha de ponerse. Qué bravos urgonazos que los tira, ya de el Palacio afuera los retira: la Duquesa ha salido, y a su lado la gente que ha podido, Mas quien me mete a mí en estar parado, do a que venga un moscon por algún lado, y con pasión inquieta, en Mosconia me curre porBaqueta Monstruo, cargado de dudas, que así en el riesgo te empeñas, pues en el valor enseñas, bien es que en el premio acudas. Quién eres? porqué te encubres? e error que haces, repara, que no es bien cubrir la cara, cuando la lealtad descubres. Yo cumplo con lo que debo, pues te ofendieras de mí, si me descubriera aquí; y cuando a servirte pruevó, no es bien, si te satisfizo, culpando la estimación, que se desdore la acción, con saber el que la hizo. Pues cómo podré pagarte? Con solo no agradecerme, pues lo que vengo a deberme, me pago yo de tu parte. Todos deseamos ver de tu valor la grandeza. Y quién defiende a su Alteza, a nadie puede ofender. Envidioso de tu aliento me tiene el lance. Y a mí el verte extrañar así el premio de el vencimiento. Todos seréis contra mí, si me descubro. . Que error, al delincuente mayor perdono, si le hallo en ti. Es tu gusto? . En eso estoy, que conocente deseo, para que con nuevo empleo te ampare aquí. Pues yo soy. iels Ah traidor, con este engaño? Muera. Su muerte busco. Quién puede librarte? . Yo, que sui causa de su daño, o nunca me obedecieras, pues saca tu rendimiento amor, no agradecimiento de el riesgo en que perseveras: ay desatino mayor, dadme las armas. Tan vuestras son; como la voluntad. Mucho encubres la lealtad, con lo que en la razón muestras; el pueblo está alborotado, id, Príncipes, con Roberto, a que le ponga en concierto, así estará asegurado. Ya a obedecerte me parto. Yo tu dictamen prosigo. . De mala gana le sigo. . Lleno de dudas me aparto. . Dejémosla y cuidadosa, por si a Ludóvico veo; me encamine mi deseo, donde su pasión celosa pueda templar. Bravo juez ha topado, a sus respuestas. échele la ley acuestas, si se le escapa otra vez. Hombre, que al atrevimiento de tan ciego proceder, ni hace fuerza lo valiente; ni lisonja lo cortés: tú, que de el favor usaste tan mal, que al hacerte el bien sin riesgo, aún no le gozaste, cuando le echaste a perder; ya que piadosa; o altiva mereciste, que una vez libertad te diese, como por no usarla intentas, que segunda el riesgo repita; que tan contra el gusto es. Si soy vasallo de Carlos, bien en la ocasión mostre, que más que por él, por ti sabré la vida perder, si me libraste primero, y mi libertad dejé, por solo servirte ha sido, que no por no agradecer tus favores; pues por ellos en más riesgos me he de ver, y acordársete pudiera, de que te dije también, que a la prisión volveria, porque era alivio cruel, darme la vida a pensión de no volver a ver. Y antes que pase de aquí, ya que atrevido intente declararte mis afectos, porque algún alivio den a tus oídos sus ecos, te advierto, de que no es tan bajo como parece. a tu grandeza mi ser; tan bueno soy como Carlos, y solo rindiera a él en el mundo de tu amor la empresa difícil, que a la luzde sus desprecios hace mi fineza arder. Yo me acuerdo, que dijisto en una ocasión, que aquel que de Carlos me apartaba, se apartaba de la fe con que debía servirme; y aunque me agradava, en él era delito, si en mí era por gusto, interés; pues como ahora contrario, siendo de este parecer, quieres fervirme, y mudar su bien? por ju Si me faltaran razones, bien pudiera responder, que ninguno contra si debe interpretar la ley: ni el bien ajeno que aguarda debe al suyo anteponer, con que yo no pude nunca juzgar contra mí; mas es excusado, cuando advierto, que si Carlos merecer llega en tu agrado el lugar, que el cielo le dio, ceder me verás al tiempo mismo, gustoso, alegre, y cortés. Nada de cuanto me has dicho te agradezco, pues el ser tu mi amante, si mereces por tu sangre serlo, es, porque de tu inclinación el rumbo quieres correr; antes debo en el lugar de agradecimiento hacer queja, de que me has querido; pues es tu amor tan infiel que si yo en Carlos le pongo, sabrás dejarme por él: y voluntad, que en tu mano tanto está, no es bien que esté. El que por mí te empeñases, tampoco agradezco, pues si mi favor solicitas, el Reino has de pretender, antes que no en la de Carlos, en mi mano establecer; luego no por mí, por ti el arrojó vino a ser, librarte yo de el peligro, y volverte luego a él, es temeridad, no amor; y aunque te quisiera bien, fuera pesadumbre en mí, lo que fineza en ti fue. Y así no te agradeciera lo que me pudo ofender, mira cuan atras caminas de alcanzar mérito, en fe de que ya que no te ame, tu amor puedo agradecer. Pues qué me madas que haga? Que no me vuelvas a ver, tus armas vuelve a tomar, vete con ellas, que quien con ellas me defendió como cobarde, no es bien que vuelva. . Yo las recibo, para que a tu orden estén. Está mi atención en él. De tus ojos me destierras? A ti te conviene, ve adonde u no te conozcan, u te conozcan más bien. Yo me voy, mas no me ausento, que eso imposible ha de ser. Como en mí el mudar de afecto hallando que puede ser, si agradecer, y no amar, amar, y no agradecer,

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Señores, no es caso infiel, que mire por varios modos hacer su papel a todos, y que no haga mi papel: por sabio, el nombre en agravio de el mío troque, y fue ocioso, que ya no hay hombre gracioso, que no se tenga por sabio. Mi amo, desde aquel día, que de el láncele escapó, que volviese me mandó a Palacio por su espía: mas ya con no le poder avisar de lo que entablo, espía, pues no le hablo, perdida he venido a ser. Nadie en su voz pone tasa, como tan simple me ve, con que lo que pasa sé, y también lo que no pasa. Y hoy, que Diava bajar a estos jardines dispone, mi curiosidad me pone, donde la pueda escuchar; mas si no miente el deseo entre aquellos laberintos de rosas, y terebintos, esconderse un hombre veo, sin duda viene al reclamo de amor, raro desperdicio, yo quiero usar de mi oficio; mas vive Dios, que es mi amo, señor. . No te conocía, y por eso me escondí. Tampoco yo, aunque te vi, que fueras tú, no creía; quejándome ahora estaba de ti, porque no sabia que te habías hecho. . Podía vivir, sin quien me animaba, sin ver a Diana yo, aunque el riesgo renovase, de que alguno me entrase, pudiera pasarme. No, pero como era arriesgado el lance, y no has parecido, ya creí que te habías ido; y que acá me habías dejado. Dime, pues, lo que ha pasado, y te diré lo que pasa, no sea tu noticia escasa. tanto tiempo en que has andado. Ya sabes, que me libró Diana, y que te encontré, que su enojo te conté. Y que volverme mandó tu traza a Palacio, a darla de saber cuanto intentase, y que de ello te avisase. Es verdad. Y que al buscarla he sabido; que no quiere a nadie; pues ha mostrado desde entonces tal enfado, que de tristeza se muere: y yo llego a colegir, si mi pasión no va errada, que por ti está apasionada, por lo que la llego a oír; pues consigo suspirando, sin dar de lo que es indicio, como si fueras su juicio, por ti me anda preguntando, si sé quién eres, si sé a que veniste, si osado alguna dama cuidado te dio en Palacio; y sive, que yo de noble te alabo, se alegra con rostro promto; mas luego haciéndome tonto, yo la respondo, no sabo. Qué dices? Lo que es verdad, en vencerla no repares. Bien hayan cuantos pesares me ha costado su beldad. De todo esto no he podido avisarte, aunque heintentado hacerlo con gran cuidado, porque de ti no he sabido, A esa aldea en que asistía me fue forzoso partir, para poder prevenir en ella lo que podía ser en aquesta conquista necesario, donde hallé a Lisardo, y me alegré con su amparo, y con su vista; pues cuidadoso, y discreto con armas, y gente viene, que a la desilada tiene alojada de secreto, con este aliento, a buscar volvía de tu cuidado el aviso, y cuando osado le intentaba, vine a hallar en el Parque esta mañana a Ludóvico; que en fe de lo que en Diana ve amante, ya de Diana se pública, y porque yo opuesto estoy a su intento, con celoso atrevimiento en él me desafió. Y que dijeras ahora, si yo tu remedio hallara, y aquí te desengañara de a quien Ludónico adora. Pues no sé yo qué es Diana? De qué? De que yo escondido le escuche, cuanto atrevido la dijo su fe villana. Pues has de saber, que fue su padre quien le obligó a ese atrevimiento, y no porque en su afecto se ve, a Laura es solo a quien quiere, y esa celosa pasión, de que la vio en tu prisión, aquella noche la infiere: y yo he escuchado quejosa, porque más te escandalices, y no creas lo que dices de Diana a Laura hermosa, que fue la que la emvió, a que te librase; y ella, aunque entró con buena estrella, con mala suerte salió. De albricias este volsillo ma. Que grave desmán; porque los amos no dan nunca, quiero recibillo, y colgarle en esta acción, como milagro, después junto a Diana, que es mi imagen de devoción; y pues han sido tus fines verla, y hablarla, aquí espera, que su hermosa primavera bájará a aquestos jardines muy presto. . Mi dicha apuro que en fin podré verla? .S más para lograrlo aquí, esconderte es más seguro, mientras que baja, señor, que yo intentaré seguilla. A ti mi valor se humilla. A tu volsillo es mejor, mas ya la música suena. Y ya las flores avisan con la fragancia que arrojan, de que Diana las pisa: las quejas que da el amor, de el silencio no se admitan, que es publicar el afecto, empeñar la cortesía. Y amor que en amar su mérito fía, lo que le agradecen de sino le quitan. Qué buena letra a mi intento. Escóndete, que caminan ya muy cerca. Amor no enoje, yo tu deidad vengativa, si con publicar mis penas, hago ofensa a tus caricias. Mas ama, quien menos siente, si siente lo que no explica; pues no deja, que el cuidado busque en el premio la dicha: y amor, que en amar, su mérito, Si fuera así el sentimiento que padezco, bien podía hacer dichosa mi pena; pues callando la acredita; y fuera bien hecho, pues en pechos donde se crían, como bastardos afectos, inclinaciones indignas, remedie amor sus fatigas. Pasará la obligación plaza de lisonja fina, o que hidalgo es el amor, que así la fe desobliga, pues nada el amante busca, ni a nada el amado áspira. La ingratitud no se culpa, la esperanza no es prolija, el mérito no se halla, agradecer no se estila: y amor, que en amar, lo que le agradece; qué dices tu de esto, Laura? Digo, que es sofisteria de la canción, proponer contra la razón la enigma. Por qué? Porque el que callando su memoria, martiriza la gloria de el vencimiento, solo consigo la explica, y por fe se ha de creer, que contra su afecto lidia. (te? Quién más sufre, no es más fuer- Si lo que sufre, descifra, rase la fuerza en el peso que la oprima. Luego el que calla, no ama? No, porque es acción indigna, recatar la voz aquello, que la voluntad estima. No es respecto? No es respecto, que antes es especie altiva de soberbia el deslucir objeto que la cautiva, disimulando el silencio, lo que la razón pública. Ay, Laura, quien en tus vocos pudiera alentar las mías. donde es fuerza, que callando . Di tú, sabio, pues estabas delante, si algo te dicta la razón en la dispura, que escuchas con voz sencilla? Aunque entenderos no es fácil, alcanzan mis boverias su poco de voluntad, y si no, Flora lo diga. Yo hube de ser desdichada, molde, de su tonteria. Según a mí me parece, vuesas reiertas prolijas nacen, de que si un cortado, a vueso rostro se inclina, una quiere que lo calle, y otra quiere que lo diga; no es esto así? Has acertado. Entenderalo mi tía. Amor, no puede encubrirse, luego salta a quien le pica, y a ninguno he visto yo callar, cuando le pellizcan: es la voluntad muy dulce, no hay diente que la resista, de los animales son ejemplo las señas mismas: el pálomo con arrullos a la paloma acaricia; el perro a la perra ladra, y el gato a la gara toma, nadie se entiende por señas, todos por su voz se explican, y en pasando amor, mas vale: que no el callarla, el decirla. Ahora digo, que la vio, no en vano te llaman. . Mira los tontos son de el acelte una semejanza viva, que manchan, que huelen mal, que son pesados, que pringan, y arderán en un cándil, si el natural los atiza. A este simple le han compuesto hoy en alguna bótica? En fin, Laura, de tu parte ha sido? y aún de la mía, que está reventando el pecho, por explicar sus fatigas. La razón, nadie la niega. Pues la letra enmienda. Diga, que amor, que de amar se precia, y estima, si cobarde calla, valiente no finja. Que amor Luego bien podrá decir mi confusión, y mi dicha, cuando juzga el atreverse por veneración debida, que en amorado de vos, dando rienda a la arrevida pasión con que os reverencia, se vuelve a su tiranía. Y en fin, haciendo cortés, el atrevimiento, diga con la música obediente al impulso que le anima. Que amor, que de amas se precia, y estima, si cobarde calla, valiente no finja. Ay mayor atrevimiento, no sé que tiene su vista, que parece que me alegra, quien os trujo aquí Patillas. . Mi amor. Extraño suceso. Yo apostaré, que le libra otra vez aqueste hombre por loco, o por sabandija de Palacio han de tenerle, que si atentos le castigan a la baraja de amor, la mejor figura quitan; pues en el fuego que hace Pericón de su malicia, ya por Carlos, ya por sí; a cualquier palo se arrima. Mi amo, como se ve revestido de la insignia de Duque, no hay ocasión a que medroso resista. Qué haré? Laura. No sé yo, como el cuidado averigua el decir, que te pretende, quien por Carlos te quería. Por no apurarle, yo ando tan cobarde en su noticia; pues si hay méritos en él, callando me atemoriza; y si por Carlos lo hace, hablando me desobliga, con que aunque el favor pretenda dar rienda a la fantasía, como arriesgo lo que dudo, me ataja lo que me inclina. Pues déjame a mí, que yo te averiguaré este enigma, Cómo? Diralo mi afecto, cuando su logro consiga, aunque arriesgue mi opinión. De mis prevenciones fía, que te sabré disculpar: a Dios, más aquí escondida, pienso volver a escucharte luego. L. Que locura; Si contra mi vida es la consulta, es en vano, pues mi valor no la estima. Haz, Laura, lo que te mando, venid todos. . Qué sería? En tanto que a estotra hablando ensáyate en esa Ninfa. Luego os vais sin responderme? Ya la respuesta os envía conmigo. . De sus rigores, quién la esperara benigna? Mas un riesgo proponer por ella, y por vos primero, que os de la respuesta quiero. Decid, pues. A una mujer debéis voluntad, y aquesa dos veces os ha librado de riesgos, en que arrojado os pusisteis, y le pesa, de que tercera queréis, llegándose a declarar, o que ella os vuelva a librar, o que en el riesgo os quedéis, si agradecido mostráis, que la corresponderéis, ya la libertad tenéis: mas si ingrato os arrojáis a las dudas, en que ciego vuestra pasión os retrata, no siendo a su amor ingrata, aquí os han de prender luego. Aunque de otra alguna no puede ser, que de Diana la acción pretendo, que ufana la confiese. Y quién es? . Yo. Trocóseme la ventura, el informe habéis errado, que vos no me habéis librado ninguna vez. yo fui por quien libertad Diana os dio, y os ofrece ahora; pues no merece ese premio mi lealtad. Pues también Diana ha sido quien a mí me le ha quitado, con que por vos ha cobrado, lo que por ella he debido. Que solo a Diana amáis? Solo me abrasa su fuego. A que buen tiempo que llego. Bien que sois traidor mostráis. Siguiendo a Fabio; encontre de esos jardines la puerta, (. por algún descuido abierta, y a buscar a Laura entre; más cielos! qué es lo que veo? no es Fabio aquel, y ella aquesta? volviome amor la respuesta de lo que dudó el deseo. Dos veces, ingrata, aquí ofende el amor extraño a Carlos, con el engaño, con el desengaño a mí. Pues de dos razones dueño, sabré asegurar mi daño, de Carlos en el engaño, y de vos en el empeño: quererme vos obligar a vuestro amor, fuera error, pues finezas de otro amor, sé que tenéis que pagar: si Carlos amó su llama, al desprecio entibia igual, que ama contra el natural, quien aborrecido ama. A Carlos le excuso fieros desaires en pretender, y a vos os libro de ser. ingrata con no quereros: mirad, si en estas acciones ven errados mis intentos, pues con dos atrevimientos, escuso dos sinrazones. Ese error, no he de admitir. Contra vos es el engaño. Que dichoso desengaño. Ya no lo puedo sufrir, ingrata, Laura. Qué escucho? Discreta Laura. . Qué veo? Con todo mi mal peleo. Con todo mi afecto lucho. Mas que miro, Ludovico. Señora? Qué os ha turbado? El haber a Fabio hallado, donde a tu agravio me aplico. Ay, Ludóvico! . A traidora Yo misma mi amor ofendo. Sus justos celos entiendo. Su error mi afecto mejora, no hay agravio, industria si, haga amor con doctaciencia remedio de la dolencia; porque sin sospecha aquí, aunque en declararse tarde, para su remedio obligue, que él mismo que le persigue, aquese mismo le guarde. Si escuchasteis, Ludónico, de Laura afecto bastardo, yo que su pondonor guardo, a defenderle me aplico: yo la mandé, que fingiese con ese atrevido loco. Cielos! qué escucho? Qué toco? Para que le entretuviese mentiras de falso afecto, porque entre tanto llegase, quien preso me le llevase, pues ha perdido el respeto dos veces a mi valor: y viendo, que vos aquí estabáis a hacer salí, que ejecutéis mi rigor; bien finjo. Qué has hecho? . Dar a dos sospechas remedio. Sí, pero has buscado un remedio cruel . No hay que recelar. Cielos ! engaño fue todo. Cielos! sin duda es verdad. Castigome su crueldad. Remedioso de este modo: Ludóvico, a vos os hago guarda de este hombre; en secreto le habéis de tener; y advierto, con esto le satisfago, que preso os le doy, y a mí me le habéis de dar con vida, cada, y cuando que os le pida. Algún misterio hay aquí, digo, que ejecutaré vuestras ordenes. . Tirana estás conmigo, Diana. Mas conmigo lo estaré, si así no procedo ahora. Pues a llevarle me aplico, venido. . Vamos, Ludóvico, Ay, amor! Ay fe traidora. Qué has hecho, señora? Cumplo, Laura, en que tu honor no quedo ofendido, su amor salvo, y mi pundonor decente. Sí, pero aquella verdad, ese engaño no merece. Qué verdad? La de su amor, que solo por ti mantiene. Antes ese le castiga, porque mientras conocerle, si me merece consigo, en lo que ama, desmerece. Yo no digo que le pagues su voluntad, mas bien puedes, por solo lograr la tuya, agradecer que se arriesgue. Ese es engaño vulgar, con que el pundonor desmiente, con una vida dos muertes. afectos, que disimula atrevidos, por corteses; no conociendo, que deja el crédito más pendiente una verdad, que se oculta, que una duda, que se ofrece. Luego agradecer es culpa. Cuando en lo que estima envuelve y por librarle mi arrojo, quien agradece el cuidado de agasajar, a quien quiere. Mas qué parecer, ingrata? Cuando inclinada parece, que siente buscar achaque, para decir lo que siente Y no arriesga más en eso? No, porque aunque así se arriesgue, de Carlos, en su secreto con los demás queda salva, porque una mujer parece, cuando agradece, que ama; mas a niguna la pueden argüir de que ama, cuando se sabe, que no agradece. Extraña está. Yo, ni amo, ni agradezco, con que puede el afecto más seguro conocer lo más decente, Matalde. Muera. . Qué es esto? Si acaso puede valerme dos veces este sagrado, segunda vez a él me vuelven precipicios de un arrojo, y arrojos de un accidente. De quién huis? De ninguno, que esto no es livir, es verme sin la razón de arriesgarme, en ocasión de perderme, y querer asegurar Y Ludóvico, ay de mí! Aora no es tiempo de ese afecto; Laura; retira a este hombre. No os inquiete la falta de Ludovico; que ya con su padre viene, la cara al peligro vuelve. Pues en esa galeria, que por antigua, no tiene registro de nadie, y ya reservé, que nadie viese, ni aún yo, por la ciega tema de aquel retrato, que tiene ocultarle, Laura, puedes, que yo me quedo a saber lo que el alboroto mueve. Aquese favor te estimo. Haces mal, que por prenderte, yo de la muerte te guardo. Si te ofendo, que más muerte? Ya no se podrá escapar, pues es de Palacio aqueste jardín, y dentro se esconde. Presto, Laura, que le deben de haberte visto. . Y esto, qué es? Piedad es. Y amor parece. que nada a obligaros basta. Poco obliga, quien ofende; pero su Alteza está aquí. Roberto, que ruido es este, no estoy segura, ni aún dentro de el retiro más decente? la humildad aún no se libra. de hallar vuestras altiveces? Dionisio, Arnesto, que amor es el que tenéis? parece que no le engendró Bulcano de adúltero, Marte viene. Yo, señora? . Yo, señora? Por servirte. A obedecerte; como me mandas, te iba. Y el preso? . Tú no le tienes? Buena disculpa has hallado, para ocultármele: Advierte. . Nada me digas. Señor, tu hijo, y tu honor de- fiende: Ese hombre, que por Carlos, señora, el bando defiende, tiene a Moscovia alterada, no nuestra ambición, y piense vuestra Alteza, que el cuidado, de los suyos no merece, que así los trate; pues yo que soy, a quien le compete, con más razón puedo ser, quien con más razón me queje. Por muchas causas le sigo, y la principal por verle hoy con Ludóvico, donde su fuego a mi fuego enciende. Arnesto, y Dionisio solo tu parcialidad defiende, y a mi riesgo prevenidos, así su fineza pierden. Parecionos, que al huir; por un postigo se mete de estos jardines, que abierto al Parque, señora, tienes: esta ha sido la ocasión, de que entremos de esta suerte engañados hasta aquí, sin saber que aquí estuvieses. Con esto verás, si tengo culpa yo de no poderte dar cuenta de Fabio. Ahora solo resta, que nos dejes desengañados, si juzgas, que nuestro afecto te ofende; y pues airada públicas ya, que a tu primo aborreces, si casarte has intentado en Moscovia, sangre tiene Ludóvico, para dar nuevo lazo a tus laureles, si extranjero te asegura. de Aruesto, o de mí, igualmente puedes fiar tu Corona. Toma para resolverte el tiempo que tu gustares, de manera, que no quede ofendida nuestra sangre, y la dilación sea breve; porque aunque la voluntad de tu hermosura nos mueve, no tanto, que a la razón sus límites atropelle, ni puedas tener quejas, los que te aman obedientes, esto te pide mi afecto, y a Dios, hasta resolverte. . Lo mismo, señora, digo, advirtiendo, que no puede. aguardar más que tres días, quien tres desaires atiende. . Yo, señora, por ninguno puedo hablar, cuando intereses de Ludóvico me atajan; mas advertirte bien pueden mis noticias, de que el pueblo, que estás novedades siente por Ludóvico, o por Carlos, las armas desnudas tiene. . Yo, señora, en mis lealtades siempre firme, y vuestro siempre, sin pretender que seáis mía, he de hacer cuanto pudiere, para que vuestra fortuna os haga de quien quisiereis. Y ahora de vos me aparto, porque buscar me conviene a Fabio, para entregarle, a quien pedírmele puede. . Ea, dudas, a averiguar, si algún privilegio os deben mis perdidas esperanzas, ya es tiempo, amor, de valerme. Que te déjara, repara, entrar aquí Laura bella. Pues dejarala yo a ella, si es que ella no me dejara? guardando la puerta está, como un Ángel, y te aviso, que para ser paraíso, sobra la culebra ya. En fin, tu discurso fue falso. Cómo lo has sabido? Como soy aborrecido, sin saber quien soy. . Yo sé lo contrario, y que fue todo traza de su discreción, por saber con atención quien eras, Pues de ese modo, vivir engañando puedo. Fíate de mí, y verás, como el temor en que estás pierdes. Bien perdido quedo. Mira aquesta galeria, que bien adornada está. En eso repara ya mi atención, quizás sería el entrarme aquí, por ser aquí donde sus cuidados muestra en sus antepasados el valor, que ha de tener: los retratos son aquestos de Duques, y Emperadores de Moscovia. . Sus primores descubren bien malos jestos. A sus esposos las bellas Duquesas siguiendo van. Y haciendo labor están, cosa que no hicieron ellas: mira, que rara figura tiene aquel viejo tostado, parece que le han pintado, estando con calentura: Mal tu chanza disimulas. Aquesto no es si no el gozo, mas repara en este mozo; parece mozo de mulas el otro, que los favores de la edad le han maltratado, de verse tan mal pintado le salieron las colores. Este es mi padre. . Qué listo tu cariño en él repara, pues tiene tan mala cara, como los demás que he visto. Mi tío es este, testimonio da su nombre bien logrado, de que un Ángel ha engendrado. Debió de ser un demonio, mas aguarda, vive Dios, que es tu retrato el que veo. Qué dices? Y Diana creo que es esta juntos los dos edáis, que donosa flema. Mas lo duda el corazón; que nos junte la razón, i nos divida la tema: aqueste el retrato es, que mi padre envió a Dianas, y no quiso verle ufana. Por eso ahora le vees, y más que estás parecido; el pintor no te hizo robos, todas las señas de bobo en el retrato han salido. Antes no se me parece, pues no ha mudado semblante, y sabiendo que es su amante, estar junto a ella merece: vos, imagen celestial, podéis tener tan mal trato? Pues deja ahora el retrato, que viene el original. Señora. . Con este engaño, Laura, descubrir intento aquí su nombre, y su intento. Vuestras piedades extraño. Piedades son, que han podido vuestro engaño descifrar, ya no tebéis que ocultar, porque ya os he conocido. Si ella consigue la traza, la industria discreta fue, Señoras. . Digo, que sé ya quien sois, que os embaraza? Ah traidor, tú me has vendido, Qué me miras? Yo, señora. Escuchen, la enredadora, con lo que nos ha venido. Turbado está. Que no intente matarte mi brazo airado. Y tu industria se ha logrado. Por JesuCristo, que miente, mas vive Dios, que es peor lo que nos ha sucedido. Ui retrato se ha caído. Descubriote tu pintor. Ay, Laura, repara en él. Encubrir el rostro quiero. No es aquel Fabio, que espero, Carlos, señora, es aquel; que cuando no lo dijera el sitio donde le vees, su nombre tiene a sus pies. Ya mi turbación, que espera; Sin duda debía de estar necesitado el pintor, y te ha vendido, señor. En vano encubrirte espera ya de mi rigor tu engaño. Acabose la marana. Quién solo adora, no engaña, El suceso ha sido extraño. Carlos, ya estás conocido, no se en que el pecho se fía, que el odio que le tenía, en amor ha convertido tú mismo, porque repare, en ti, tu retrato acusa. Una relación se excusa, y un viejo que lo declare. Que sin hablar satisfaga tu enojo, a mi amor convenga; y que un la cayo no tenga, quién un retrato haga? Carlos nuestro Emperador, viva mil siglos. Qué es esto? Con el retrato se vino abajo todo el enredo. Aunque culpes otra vez; señora, el atrevimiento, de entrar aquí sin licencia, excusarlo no podemos. De Miradlor, una aldea, que no está de aquí muylejos, soldados de Carlos vienen; mas que miro! Con el nuevo accidente nos excusa el cansarte; mas que veo. Solo por servirte, a verte volviera; pero qué es esto? Lisardo, sin duda ha sido; quien este alboroto ha hecho. A qué aguarda mi favor, Duques, Príncipes, ya es tiempo, de que mi afecto declare, hacer vuestro gusto quiero; vasallos, ya tenéis Duque. Dinos el dichoso. El cielo decreta, que Carlos sea, que en Fabio el nombre ha encubierto; Qué decís? Quien lo asegura, Linda burlá, bueno va esto. Preguntadlo a ese retrato. Que miente más, que no el dueño, Carlos es, señor, perdona. Ya mis industrias vencieron: No presumió mal mi engaño. Vuestra Alteza, nuestros ciegos arrojos perdone. . Solo repara en nuestros afectos. Tus pies pido, tu vasallo soy, A tus brazos me ofrezco, y vos señora, al engaño, perdonad. Amante llego a pagarte la fineza; aunque no te la agradezco. Vivan Carlos, y Diana. Que glorioso vencimiento. Ea, Ludónico, a Laura da la mano. . De su cielo nueva luz mi amor recibe. Dichosa yo, que la veo. Y con esto dará fin el porfiado argumento, de amar, y no agradecer. Mas agradezcan el cuento