Texto digital de Amar es saber vencer, y el arte contra el poder
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Zamora
- Atribución estilometría
- Antonio de Zamora Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amar es saber vencer, y el arte contra el poder. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amar-es-saber-vencer-y-el-arte-contra-el-poder.

AMAR ES SABER VENCER, Y EL ARTE CONTRA EL PODER
JORNADA PRIMERA
des pie a tierra, y mano en brida en la fragosa maraña del Bosque de Temis queda la gente de mi emboscada, cese el estruendo ruidoso de las Trompas, y las Cajas; así porque obre callado el valor, como porque hagan lugar a las que en la cima del monte quedan, a causa de avisar luego, que avisten el Comboy. Si mi privanza, s, . generoso Nicanor, en quien la augusta prosapia de los Reyes de Fenicia vivos explendores guarda, me puede alentar, a que (sin ocasionar tu saña) investigue los motivos de esta no esperada marcha: Qué es esto, Señor? qué es esto? El día que la campaña, de mil despojos cubierta; primer vencedor te aclama de los enojos de Tebas; y el día, que en retirada vil su Príncipe Lidoro de sus almenas se ampara, pudiendo tú, antes que en ellas segunda vez se reaga, acabar con todos, dejas de la empresa comenzada el logro imperfecto, haciendo parentesís de la hazaña, la lentitud con que, al irlos picando la Retaguardía, dejas el alcance, el triunfo suspendes, y de tus armas, para ignorado designio, la mejor gente destacas, trayéndonos, a que ocultos en la umbrosa, verde estancia de un Bosque, haga la elección, lo que hiciera la desgracia? Sácanos de tanta duda; tanta confusión desata; y tanto enigma descifra. Si haré; porque, no ignorada la razón, deje en la duda menos fuerte la arrogancia: retiraos todos, y a vista siempre de las atalayas estad a punto de guerra. Verás nuestra vigilancia. . En seguimiento de Europa, infeliz hija robada de Agenor, cuya corona hoy en mis sienes descansa, Cadmo, discurriendo al Orbe las más remotas distancias, a los ásperos desiertos de Aonia llegó: más para qué tan de atrás las noticias voy enlazando, si en varias lenguas lo dicen por mí los clarines de su fama? Y así, a los más principales motivos pasando, haga (suponiendo lo que sobra) consecuencia a lo que falta. Tebas, pues, esa Ciudad, a quien dio para fundarla sitio el descanso tranquilo de una apacible res blanca, vaticinio hecho en el sabio oráculo de una estatua: sin muros vivió a los siglos en su primeraedad, hasta que artifice diestro el pulso de Anfión, a la templada consonancia de su Lira, colocando en sus murallas las piedras, que armonioso arquitecto suyo arrastra, la fortaleció de suerte, que sin mellar su constancia, inútilmente las muerden los arietes, y las zapas. De este, pues, jamás oído portento hasta hoy, la rara maravilla me incitó, a que tomando las armas contra Tebas, persuadido de alto espíritu, que manda mi brazo, inclinado siempre a difíciles hazañas, en Sidón, colebre Puerto de Fenicia, hiciese al agua breado Monte de velas, instable Ciudad de jarcías, que del viento conducidas, y del hado apadrinadas, Paladiones de la espuma, tanto número abortaran degente, que zozobrando se mirasen en sus playas a inundaciones Fenicias las resistencias Tebañas: si logré el primer designio; tú lo has dicho, pues acabas tú de decir, que llegando al trance de una batalla Lidoró, y yo, en vil huida vuelve a mis huestes la espalda, en el seguro de que como él, una vez tomada su Ciudad, tenga sus muros por primer defensa, nada le atemoriza, pues sabe cuanto imposible es que valgan, por el hechizo con que los fabricó quien los labra, ni el enojo de las picas, ni el tesón de las escalas; y así, dejando su fuga a un lado, para cuando haga a mi informe, a la segunda antecedencia ignorada, de porque el alcance deje, porque a este retiro os traiga; y en fin, porque la victoria no prosiga, es bien que vaya enlazando las premisas, y uniendo las circunstancias. Tu Amintas, mejor que todos sabes, que dejó encargada mi padre el Rey a tu ciencia el logro de mi crianza: y que amante en los primeros ardimientos de mi infancia de la beldad de Ariclea, feliz Princesa de Acaya, viví, pues ya declarado galán en su Corte, daba al templo de su desdén en cada suspiro una ara. Compitiome esta fortuna Lidoro, de cuyas ansias continuas la repetida porfía pudo enojarla tanto, que del casamiento a la plática empezada cerrase el oído, aunque de algunas de sus criadas supe no estar tan mal puesta con ella, como pensaba, de mi amante competencia la cuerda desconfianza: de este enojo, aunque conmigo no hablase tan cara a cara, resultó el que de su Reino saliesemos con dos causas tan distintas, como ser Lidoro el que la irritaba, y yo (ay de mí!) el que el perderla padecí sin enojarla: Ah injusta ley de la necia razón de estado, que trata, aunque la halle en la inocencia, castigar la semejanza! y, o necia también de amor justicia, en cuya balanza se despide al que merece, por desterrar al que cansa! Ya veo, Amintas, que oyendo cuanto con Lidoro airada quedó mi pasión, perdiendo galardón, corona, y dama. Diras, que no es quien me mueve a esta guerra, la afectada ambición de ganar nombre, sino aquella antigua rabia, que a iras revienta, por más que a cautelas se disfraza; y dirás bien, pues a mí qué me va en que celebrada Tebas, por sus muros fuertes, sea inexpugnable Plaza, debiendo más su defensa a la voz que los encanta, que a la regular, astuta guarnición fortificada de bastiones, y cortinas, valvartes, y contraescarpas, para que empeñado en ser yo quien con valor, o maña, la entre a sangre, y fuego, arries- (gue el crédito de mis armas, yéndome (ay de mí!) no menos que ser, honor, vida, y alma, en que se vistan mis celos del color de mis venganzas; y más si al primer dolor hace mi pesar que añada el de que Lidoro, (ay triste!) prosiguiendo en las instancias de su amor; y yo, ignorando el golpe, hasta que me mata; consiguiese de Ariclea la pretendida palabra, que de una silaba de aire formó una oración de llamas: dígolo, porque alcanzado ya él sí, de que de su blanca mano estrecharía el nudo en dos coronas dos palmas: a Licaón, gran General de sus huestes, envío a Acaya por ella con la más gente, que sin que le hiciese falta al rechazo de mis Tropas, destacó de sus escuadras. Licaón, pues, que ignorante ha estado de la bizarra acción de esperar Lidoro mi orgullo en campaña rasa, porque no digan que siempre desde los muros aguarda, y i gnorante de la rota de su campo, en cuya infausta destrozada muchedumbre aún está caliente el nacar. Que hoy con Ariclea llega a lebas por una carta, de quien confidente mío a uno sirve, a otro acompaña, supe ayer, a que se añade la voz, de cuanto forzada, solo por la conveniencia de sus vasallos, se casa: con que viendo por un lado la cólera, no olvidada de mis primeros rencores, a quien sirve la desgracia de perder Dama, y Corona; y por otro las dos causas de saber que no me olvida, y ver que hay poder que arrastra su elección contra su arbitrio, atenta a todo mi saña, después de vencer las fuerzas de Lidoro en la campaña, quiere ver si la cautela ayuda a la confianza. Este bosque, que a la vista de Tebas es atalaya verde del campo, es la senda por donde Licaón pasa con Ariclea; y en cuya frondosidad emboscada mi gente, ha de deshacer el convoy con que la guarda; no diga el mundo, dejando a parte la circunstancia de ser dama pretendida, que yo violenté las damas: De que me servía Amintas el que vencedor de tanta presumida bizarría, vanagloriosa jactancia, con la sangre de sus hijos haga fecunda su patria, si perdiese en Ariclea el noble laurel del alma; yo no quiero en fe del logro de mi fineza obligarla a que pague la fineza: lo que quiero, es, que se valga de su arbitrio la hermosura, pues con esta acción se esmalta mas mi triunfo, pues ya el mun- sabe en su antigua alabanza, (do que sirviendo a una belleza se hace mayor un Monarca. Cese el alcance, Lidoro, recóbrese Tebas, abra sus siete puertas, admita su fuga, abrigue su infamia, pare el triunfo, pierda el día; y en fin, arriesgue la hazaña, como Ariclea, divino aliento de mi esperanza, no premie violenta, afecto, que desprecia voluntaria, pasando a ser en el nuevo empeño de amor::: Aguarda, que ese clarín es la seña de que tomando la entrada del bosque viene su gente. Monta, monta. Abanza, abanza. Ya esa voz seña es de que, observando la orden dada, toman los nuestros las bridas para ocupar las corazas. Señor, qué esperas, el día que la interpresa lograda tan de parte de tu afecto el hado está? Bien reparas. Ea, señor, a ocupar los alientos de la fama. Soldados, como Ariclea en mi poder quede, nada ay que me asuste. Pues veo que la gente, que recata el bosque, según las señas, es de las Tropas contrarias, haced alto, y desmontados, pues no pueden con las ramas manejarse los bridones, veamos qué designios traigan, pues mejor fortalecidos podremos romperlos. Arma A ellos, Penicios; y pues se valen de la ventaja de troncos, legamo, y broza, donde las Tropas montadas obrar no pueden, también dejad las bridas, y arda el Bosque a incendios, alver, que dentro de ellos le ataca, espada en mano mi enojo. Dices bien, obre la sana sin estorbos. Cierra, enviste. Arma, guerra. Ataja, ataja. Viva Tebas. Sidon viva. Guerra, arma. Suerte airada, favorece a quien en manos de la traidora inconstancia de tu rueda, tiene puestos fama, y honor, puesla fama, y el honor me importa, el que vea Lidoro, que si encarga el seguro de Ariclea a los filos de mi espada, con ella triunfante en Tebas entro, por más que indignada la cólera de Fenicia se oponga, o nunca pensara, al ver distantes sus Tropas, ser escolta, que aguardaba en el Bosque mi venida, pues así no aventurara tu vida, y mi vida! Cómo, fuerte Licaón, te tardas en salvar, como pudieres, tu persona de la infausta fuerte, en que puesto tu campo, le rompe, o le desbarata el primercho que? Sin que Arielea asegurada quede, he de volverme? Sí: pues si tú te pierdes, falta en ti el recurso, de que puedas volver a cobrarla con la gente, que de Tebas podrás sacar. Arma; arma. Victoria por Nicanor. En qué te detienes? Salva la vida. Para volver a perderla, he de guardarla, llevándole esta noticia a Lidoro. Soberana Palas, y Venus del bosque; pues ya Venus, y ya Palas, lo que matas, enamoras, y lo que enamoras, matas. Detén el desnudo acero, que inútilmente se arma contra mí, pues rendir quieres, lo que de rendir acabas. Valiente Joven: mas Cielos, qué miro! De qué te extrañas? De verte aquí; pero como ociosamente se para mi enojo: Tebaños, muera quien intentare:: Repara, que aunque mandes castigar a quien te sirve, y te ama, no logras lo que escarmientas, siendo favor lo que mandas; y pues enfuga tu gente, bellísima Beldad, baja el monte, y en el que espira va tropezando el que escapa, reduce el bruñido estoque a los ocios de la vaina, y cóbrate en lo que alientas, del furor con que te cansas. Si algo en tu galantería lograr puede mi desgracia, sea, el que escapar con ellos pueda. Él es. Dame las plantas, en albricias de que ya vuelta Licaón la espalda, de Tebas se ampara, huyendo por la fragosa maraña del Bosque. Y los brazos tú recibe también en paga de lo que a tu aliento debo; pues le debo el que, cobrada, Ariclea, vencedor me aclame otra vez. Si basta para tanta irreverencia, por descuido una ignorancia, sealo el no conoceros, Señora, y el que deshaga, conocido el yerro, el yerro. Valiente Fenicio, alza del suelo; y pues ignorante, o Nicanoro, se halla mi admiración de tu intento, rompe la voz, y desata mi duda. Si haré; pues que vuestra Alteza me lo manda: siendo mi satisfacción tan en público, que no haya, quien sabiendo los motivos, ignore las circunstancias. Si él me deja irlibre, hoy muero; pero encubramos, constancia, el gusto de saber, que este acaso me embaraza ser esposa de Lidoro. (. Si se va, hay de mi esperanza! Qué intentará; pero presto saldre de mi duda. Ansias, (tos piedad, que ando entre dos vien- de amor, y desconfianza. Dirá vuestra Alteza, viendo, el día que en Tebas entra, donde vencedor me encuentra) que en tanto marcial estruendo corto a su camino el paso, rompo a su convoy la gente, que a espaldas del accidente, hago prenda del acaso, y ladrón de otra ventura, forágidamente ciego, sin los retenes del ruego, pongo sitio a la hermosura. Mas diré yo, cuan distante está en mi impulso primero la atención de Caballero, de la ceguedad de amante; quien a vuestro lado estuvo, desde que Lidoro envió a tratar la boda, vio cuanta repugnancia hubo en vos, y que solo atenta al bien común del Estado, habíáis cedido, y mezclado lo afable en lo descontenta. Esto supe, y viendo cuanto desairado está, quien ama, en consentir, que a su Dama haya quien precise, en tanto, que a sus huestes acometo, que sus murallas envisto, vine, donde ya habéis visto de aquella causa el efecto; y pues ya una vez estáis conmigo, y sin él, Señora, con más atención ahora, os suplico, que me oigáis: que yo amante desgraciado, pierda bien tan oportuno, vaya, que no es todo uno, ser digno, o enamorado; que el que es mi competidor le logre, vaya también, que quien me da a mí el desdén, puede darle a él el favor: mas que por consejo injusto, y resolución ajena, se haya de mandar mi pena, y violentar vuestro gusto, eso no, pues qué diría el amor en su palestra, de que no hay elección vuestra, habiendo venganza mía. Que la misma Dama dé ira, y premio, bien está; mas que sea otro el que da premio, y ira, eso no, que ya que sienta la violencia de un bello desdén sangriento, por consuelo del tormento me ha de quedar la obediencia: mas pues también puede ser que esté yo mal informado, toquele a vuestro cuidado elegir, y resolver: si violenta de Lidoro al poder vais persuadida a que es declarar la herida enfermedad del decoro, perded el miedo, y creed que quien esto hizo por vos, de él, y el mundo por los dos os defenderá, a merced solo de serviros, siendo mi motivo el ver, que cuando hay quien os encuentre amando, no habéis de vivir sintiendo: mas si afable, si gustosa (perdonad el que no acierte a pronunciar bien mi muerte.) camináis a ser su esposa, yo el primero seré, que de mi gente acompañado, (si antes no muero al cuidado llevándoos conmigo, dé vista al campo de Lidoro; y en él, neciamente cuerdo, os entregaré, aunque os pierdo; os perderé, aunque os adoro: aquellos son que miráis, si os partís, los bien dispuestos muros de Tebas, y estos son mis Reales, si os quedáis: de él contra él defenderé vuestra razón, si le huis; y a él, contra mí, si elegís su cetro, os entregaré; y no el mirar de mi gente el poder os acobarde, pues sin que respuesta aguarde, así que os ponga en la frente el laurel, veréis que huyo de su ira, y vuestro desvío, que siendo suyo, era mío, mas no siendo, vuestro, y suyo. A dos razones mov ida con dos causas obligada, si estoy con la una airada, de otra estoy agradecida; y así, con la brevedad. que el sitio permite, intento que hable el agradecimiento con dos voces; escuchad: que erradamente informado, ayáis, necio, pretendido hacerme creer que esto ha sido atención, y no cuidado, no discurro, que no quiero, que obrando lo generoso me desaire lo piadoso el rostro de lo severo; y así, dejando a una parte este juicio, y el error de hacer en pleitos de amor Fiscal, y Abogado a Marte, como debo, os agradezco la atención de defender la causa de una mujer, pues como mujer merezco, que a poner en libertad su violentada elección, desnuda de la pasión, se empeñe la voluntad; y como debo, también os culpo el haber creído, que a un insensible descuido, a un absoluto desdén, pudo aquel ruego rendir, ni este obsequio merecer aún aquel condescender de irse, dejando servir; y así, sin resolver yo si estime, o no vuestro empeño; y sin declarar mi ceño si voy con mi gusto, o no; a la propuesta, de que con vos me quede, o con vos parta a Tebas, entre dos dudas es responderé, que yo solo sé, que aquí me condujo Licaón, con la marcial prevención, que Lidoro envió; y así, pues vencedor de su gente, hoy triunfante os llego a ver, mirad lo que habéis de hacer, que a mí en tan nuevo accidente saber me toca en rigor, solo, que porjusto fuero está siempre el prisionero a adbitrio del vencedor. Ah decoro, cuán injusto es tu poder, pues violento, por honestar el intento, sabes disuadir el gusto! Eso es querer, que el valor, aunque malogre su bien, haga lo mejor también. Y cuál será lo mejor? Enviaros, donde Lidoro goce lo que yo perdí. Yo solamente de mí sé Qué sabéis? Que os adoro: iba a decir, que no tengo. más acción, que obedecer. Pues yo tampoco tener puedo, si a encontraros vengo tan de parte de mi muerte, más acción, que morir. Pues, qué resolvéis? Si este es el decreto de mi suerte, esto resuelvo: haz al punto, Amintas, que en marcha puesto el Ejército, si en esto sirvo a Ariclea, (difunto me tiene el dolor) se vaya acercando a Tebas, donde (que mal mi pesar se esconde) de paz llamando, aunque haya de sentirlo mi ira, llegue libre en términos de presa mi señora la Princesa, que aunque en su hermosura en- (tregue la mayor felicidad, a que mi amor aspiró, primero soy yo, que yo. Voy a servirte. Esperad, y ved vos, que como dije, estando en vuestro poder, os tengo de obedecer. No obedece, quien elige. Vos el que a vuestro enemí da el bien, sois (hado cruel!) Si no queréis ir con él, podéis quedaros conmigo. Si hiciera, a no reparar, que podrá el mundo decir, que me he venido a vivir con quien me ha sabido amar. Eso es gana de partiros. Esotro ansia de premiaros. Si estáis tan en los reparos, cómo no veis mis suspiros? Yo, el laurel busco a mi fama. Yo, el aplauso a mi decoro Yo, aunque del amor ignoro, Cisne del tiempo la llama, medio daré entre los dos, que irso, ni partirse sea. Ilumine amor tu idea. Dile, a qué esperas, hay Dios! Ese Templo Soberano de Temis, que fuera está de Tebas, aunque se da con sus murrarlas la mano por la parte del Jardín, pues dueño de la campaña hoy eres, podrá tu saña tomar, no ya solo a fin de quitar a nuestra gente padrastro tan importante, cuanto porque atento amante (si Ariclea lo consiente) en él puedas señalar a su belicoso aliento generoso alojamiento: con que si una vez a estar llegare en la Sacra Esfera de las Ninfas, entre tanto que dura el Marcial espanto, ni libre, ni prisioneta, durará en su habitación, sin el reparo, de que contigo en el campo esté. Aunque advierto tu razón, temo. Nada hay que temer, pues nadie culpara en mí, que desechando, elegí. Cómo dices, se ha de hacer; y así, mudado el intento, toca a marchar; y pues mal de la derrota campal, cobrado estará su aliento; el Templo de Temis sea habitación generosa de mejor Deidad hermosa. Qué presto a lo que desea se rinde el alma. Hay amor! Si tanta dicha consigo, ya no temo a mi enemigo. A marchar toca, Tambor. El bastón de General este es, que a vuestros pies veis. El que vos no le mandéis, nos estará a entrambos mal. Ya cuidáis de mi victoria? Soy muy noble prisionera, y que vencieseis quisiera. Ya para mí no hay más gloria. Hoy de mi aliento, señor, verás la cólera altiva. Decid, Ariclea viva, Decid, viva Nicanor. Pues numen de la justicia, soberana Temis, eres, piedad, divina Temis, qué injustamente se emplea el favor en quien te ofende; piedad, divina Temis. Qué voces, Libio, son las que atractivas, dulcemente mezclan lástimas, que alegran, con dulzuras que entristecen? Cómo siempre divertido en sus estudios te tiene la pintura, en quien has sido el competidor de Apeles, en ese apartado cuarto del templo, donde previenes hacer la obra del retrato de Temis, (con que pretende Lidoro hacer competencia al que hizo de Juno Ceusis) no admiro el que de los himnos la voz extrañes, pues siempre en él encerrado, al templo sueles salirraras veces. Es verdad, que la pintura toda la atención me debe desde mi primera edad; y es verdad también, que desde que por orden de Lidoro, y para obsequio de Temis, a hacer el retrató vine, solo un día a los solemnes sacrificios de la Diosa asistí; ojalá, que fuese todo mi retiro estudio, toda mi quietud deleite, y toda mi atención ocio! Pues que tenemos, hay duende de amor, que a tus desengaños todas las monedas trueque, volviendo en carbón de afanes el oro de los placeres? qué negocio? vamos claros. No me acuerdes, no me acuer- que de Selenisa hermosa, (des, ninfa del templo, la ardiente nevada cifra me hiela, diáfano volcán me enciende. Pues digo, hay más que pedir alafía, y decir adrede. Piedad, divina Temis qué injustamente se emplea el favor en quien te ofende; piedad, divina Temis. Ya que oráculo casual la Música suavemente me avisa, que las piedades debilitan los desdenes, a mi primer duda vamos. En pocas razones puedes saberlo, si yo que a todo el caso estuve presente, te dijese que Lidoro, desbaratado del fuerte impulso de Nicanor, tu Príncipe, se guarece de las murallas de Tebas, y porque no quiere, que entre el celo en ellas, sin que antes cien votivas reses sacrisi que a Temis, para que su inclinación se temple, cercado de dos mil Ninfas, se está endimes, y diretes con su Diosa; y si no, escucha, verás, como a decir vuelve:: Pues numen de la justicia: Tened la voz, y no alterne humnos a injusta Deidad, Ninfas, el encanto aleve de vuestro acento. Por Dios, que trae mal recado este. La voz es de Licaón; y antes que al gran templo llegue, atajémosle nosotros, porque no en su oprobio entre diciendo:: Aquí te retira, pues hacia nosotros vienen ambos acasos. No en vanos (sen, humos, que en su estatua incien- Ninfas de Temis, el aire, vagas ofrendas conjele. Detén el osado labio, Licaón. Cómo, irreverente, a nuestra Diosa el debido sagrado respeto pierdes? Tú, el que más atento eras a su culto, haces que mezole sacrílega inobediencia lo rendido, y lo rebelde? Sí, yo soy; y porque nada, Lidoro, dudes al verme; Licaón, a quien fiaste la empresa de que viniese Ariclea a coronarse contigo a Tebas, (ha, pese al hado indignado!) soy, y quien sin saber, que hubieses salido de sus murallas, esperando frente a frente, vencer del Penicio campo las siempre triunfantes huestes, por la desviada senda de este bosque, que guarnece al templo, siendo su bulto islablanca en golfo verde, a introducirse venía en Tebas; mas como tiene Tribunal a parte esa vana Deidad de las gentes, dispuso airada, que en él, asaltados de repente de Nicanor, que en celada encubierta me acomete, desunidos los infantes, desmandados los ginetes, y en fin, puesto en fuga el cuerpo de comvoyes, y retenes, de mi triunfase, obligando a mi denuedo a volverse sin Ariclea, que en manos queda:: El acento suspende, traidor Tebaño, cobarde; y pues sin mi esposa vienes, dejándola en el poder de mi enemigo dos veces, pues la ofende en adorarla: muere a mis manos: Detente, señor. Suspende el impulso. Tú, traidor, la culpa tienes, pues tu temor:: No me injuries tanto, que a decir me fuerces: Qué has de decir? Que no es mucho, que me venza quien te vence. Bien arguye, pues arguye a sorciori. Calla. Y teme se te olvidó, porque tengo un miedo como unas nueces. Y pues de Temis es solo la culpa, pues favorece a quien te ofende, a ti, y a ella, el día que diferente Deidad adora, a ella sola te queja, sin que el solemne sacrificio que la hacías, prosigas, que yo, si quieres ver, que no fue el remor quien sin ella a Tebas me vuelve, al golfo de sus escuadras, me arrojaré, donde enmiende el oprobio de mi vida, ver, como busco mi muerte. Tras el Cleonte te arroja, y en esa Cámara fuerte del Torreón del Templo, para que su prisión le escarmiente, le asegura. Pues lo manda Lidoro, fuerza es prenderle, aunque mi amistad lo sienta. . A mí; Cielos, me sucede este agravio! Nicanor triunfa de mis altiveces, y no solo (ay de mí triste!) triunfa, si no que en vilece la vida, que me perdona, quitándome quien la aliente! yo sin Ariclea, y vivo? El justo dolor suspende, señor. Eso me aconsejas? Qué quieres que te aconseje en tanto mal? Que el airado amante volcán reviente del pecho; y mientras en llamas para que abrase, se vierte, diga al Cibe: Guerra, guerra: Qué ruido es este? Aún más fuerte es el mal, que imaginaba, pues apenas a ponerte en seguro a Licaón; (a quien llevan ya obedientes a la Torre los demás) partí; cuando vi por ese frondoso Bosque, ir saliendo formadas haces, que vienen a punto de guerra, y marchan, poniendo, si es que no mienten las señas, sitio a este Templo. Perdida Ariclea, intente perder la vida. Repara:: Qué hay que reparar. Advierte:: Qué hay que advertir. Mira:: Ya no hay que mirar, aunque arr el templo de mi Deidad. Mejor será, que le esperes en los muros Toca al arma; y vosotros, sin que cesen los himnos, el sacro ceño aplacad de Temis, Suene al viento el metal herido, enviste, rompe, acomete, que yo, cuyo altivo aliento femenil pecho desmiente, te acompañaré. El enojo, divina beldad, suspende, que si llegas tú a rendirle será premiarle el vencerle. Tebanos, hoy de Lidoro ace el amor, que se habreste vida, a matar muriendo: toca a embestir. Nuevamente me enamora al verla unir ira, y beldad. Es afeite de lo hermoso lo irritado. Nosotras,, o Ninfas,, entre el Marcial ruido, mezclemos el blando halago del siempre religioso culto, para que cuando diciendo lleguen. Yo el primero he de ser, que triunfando del hado, entre de Temis al sacro templo. Repitiendo nos encuentren: Si numen de la justicia, Quién vio tan dos encontradas cláusulas, Cielos, como este halago, y aquel horror; mas que me admiro, si tienen la vecindad de los sustos, la mansión de los placeres: qué haré? Eso preguntas? Sí. Un hombre, como tú, puede dudar a vista del riesgo, entrarse en el riesgo. Si ese fuera el reparo, bien dices; mas como salvar pretendes el que habiendo de tomar, siendo de Lidoro huésped, las armas en favor suyo, contra Nicanor peleé, que es mi Príncipe; y pues basta, que entre ambos neutral me muestre, a las Ninfas no perdamos de vista, por si pudiese estorbar su riesgo. Alindo tiempo lo reparas, vuelve la vista al campo por esta ventana, que el día quiere ponerme tan a los ojos, y verás dos diferentes acciones, pues de Lidoro desbaratadas las huestes, en Tebas se entra, diciendo: Amparémonos del fuerte tesón de los muros, ya que en ninguna parte tiene recurso el valor. A tiempo que roto el inconveniente de su defensa, en el templo entra Nicanor, de suerte, que acobardadas las Ninfas, de él vienen huyendo. Al verme entre amor, y obligación, no sé que resuelva. Ustedes me sean testigos, de que aprendiz, o mequetrefe de este Pintor, solo aquí me toca, lo que me dieren de barato. Por qué así, hermosas Ninfas, de Temis, huis, de quien no del templo profana el sagrado albergue. Tened la planta. Es en vano querer, ya que se desprecie a la Diosa, que seamos testigos irreverentes de su agravio. No del susto el horror os enagene tanto la razón, que hagáis a la piedad delincuente, Callaré, hasta saber de ellos su intento, porque reviente de una vez todo el enojo. Y pues mis iras corteses:: pero qué miro! tú aquí Protogenes? Si merece mi labio tu planta, luego sabrás lo demás. No al verte, el primer de ignio tuerza; y pues mis iras corteses, así decía, o sagradas Ninfas, solamente emprenden, que sea el laurel de los hombres, la atención de las mujeres, lo que de vosotras solo pretendo, es, que sin perderse a vuestro sagrado claustro el decoro, que se debe, viváis, como hasta aquí, sin que ninguna de mis gentes vuestra conveniencia frustre, ni vuestra quietud altere, solo a fin de que en el noble retiro de sus paredes la hermosura de Ariclea mas dignamente se hospede, pues como ella en su recinto más asegurada quede, que en el Campo, ya que hoy a poner sitio se esfuerce mi valor a Tebas, nada habrá, que en paga no intente de vuestro afecto, la noble atención, que os le merece: qué respondéis? Cómo a tan piadosa propuesta puede negarse ninguna. En mí tendréis, quien piadosa os premie. A tus plantas. Cómo, injustas, traidoras Ninfas, aleves? a la Deidad, y la Patria, por el temor solamente de su poder, a tan vil bajo partido se vence el nunca humillado orgullo mío; y pues tuve pendiente hasta aquí el discurso, ahora a todas culpando, empiece a correr la saña; sin que infame temor la enfrene; y pues cada una por sí mirará lo que resuelve, lo que yo por mi respondo; solo es, que miente, que miente, quien pudo pensar, que Ninfa, que una vez, y tantas veces a Temis sirvió, a ninguna humana beldad sujete la cerviz, aunque la agobien las cóleras de la suerte. Ninfas, que al divino aplauso de Sacra Deidad Celeste se dedicaron, habían de sujetarse indecentes, a vivir envilecidas, pudiendo morir rebeldes? que es pensarlo, cuando más ejecutarlo, aunque ardiente llovido tropel de rayos, rizado vulgo de Sierpes, para atosigar el alma, o quemasen, o mordiesen; y así, pues mi parecer, Ninfas de Temis, es este, cumpla conmigo, y con ella retirada para siempre al coto de mi retiro, donde, si acaso pudiesen llegar las voces, el ansia las abrase, antes que lleguen. Nicanor triunfe, Ariclea viva, Lidoro se arriesgue, Tebas gima, Temis muera; y piérdase, finalmente, el honor, como no digan que Selenisa le pierde. . Oye, espera, escucha, aguarda. Que hay que oiga, ni que espere, escuche, ni aguarde, el día que bárbaramente quiere provocar de mis venganzas las iras? Oh cuanto siente mi amor su despecho! Echola la Ninsilla matasiete. Vosotras, que mi piedad persuadís más cuerdamente, qué respondéis? Que en el Templo servida de todas quede Ariclea, pues vivir queremos. Cuanto agradecen vuestro cariño mis ansias dirá él tiempo; y pues ya tienes, divina envidia del Sol, Alcázar que hacer Oriente, a iluminarle te queda, mientras a tirar empiece la línea de los ataques el esfuerzo, que promete, sitiando a Tebas, hacerla alsombra tuya. Quién debe (quio, tanto obsequio a vuestro obse- preciso será, que muestre el justo agradecimiento, advirtiéndoos, porque ciegue los ojos a la malicia quien tanto agasajo viere, que este es mi Templo, y aquel vuestro campo. Si eso viene todo a parar en decirme, que es fuerza vivir ausente de vos, no sé, si podré cumplirlo. Estrellas crueles, sedme alguna vez piadosas! Soberanos Cielos, sedme alguna vez favorables! Pues ya en Selenisa pierde su vida el pecho, preciso será, que a morirse aleje mi dolor, luego que acabe el retrato. Porque estrene el sitio las preeminencias de que a Real persona hospede, haz que mis guardas asistan, Amintas, en los dinteles del Templo, en cuyo ejercicio mis Capitanes alternen, como es uso, que yo aquí, si a la graduación se atiende, soy un Soldado no más. Verás como te obedece mi lealtad. Vosotras, Ninfas, pues es fuerza que os la entregue, cuidad de mi vida. Vamos. Ven, Protógenes, que quiere de ti informarse el cariño, que siempre te tuve, de este nuevo acaso de encontrarte en Tebas. Obedecerte es mi obligación. Ay dulce adorado riesgo ausente! . Finjamos ahora, que luego . podrá ser que el tiempo trueque las fortunas. Bien reparas. Ay Nicanor! cuanto teme:: Ay amor, y cuanto asustan:: El pecho los accidentes. Al corazón las mudanzas. Dichoso hado! Feliz suerte! guarde Dios a vuestra Alteza. El Cielo con bien os lleve.
JORNADA SEGUNDA
jORNADA SEGUNDA Ya que de parte de todas las Ninfas, mis compañeras, a saber vengo (pues hoy hacer el retrato intenta de Temis el no excedido primor de vuestra destreza) adonde queréis que el lienzo con lo demás se prevenga; que es preciso: dadme, o diestro Protógenes, la respuesta, que he de llevarlas. Veamos, amante ardor, si hay cautela, pues de todas se retira, con que a Selenisa vea. En cualquiera parte, como de la cocina esté cerca, pintaré yo al temple de el humo de la chimenea. Calla, loco: hermosa Doris, decid de mi parte a esas divinas beldades, que de ese transito en la esfera, (que es entre el Templo de Temis y la estancia de la Ariclea, en forma de galería, frecuentado claustro) esperan prontos los pinceles, para conseguir las evidencias; y porque el modo de hacer el retrato, que me ordenan, es fuerza que ignoren, otra vez te ruego que me atienda Ceusis, a cuyo elegante, valiente pincel confiesa igual primor nuestra antigua generosa competencia, haciendo de la divina Juno (a quien Diosa veneran los Agrigentinos) una viva copia, porque fuera dentro del arte primer pasmo de naturaleza, dispuso, que concurriendo al obrador sus perfectas Ninfas, pudiese el pincel copiar de cada una de ellas la facción, que en su semblante lucia con excelencia; de suerte, que de infinitas bellezas pudiese diestra la aplicación del estudio fabricar una belleza. Si consiguió su designio, podrá asegurar la bella copia de Juno; pues siendo aplaudida en las escuelas del arte de la pintura, digno aplauso es de ella misma. Yo así, porque compitiendo el acierto, también pueda competir la industria, intento, que de la misma manera la sacra copia de Temis se logre; y para que sea con la brevedad que pide (ay de mi infeliz!) mi ausencia, no en su informe, y en mi logro bellísima Doris, pierda un solo instante, avisando a las demás, porque vengan (en tanto que los colores previene Libio) a que pueda, seneciendo la pintura, salir huyendo de Tebas, donde mis quejas se venguen de ver que pierdo mis quejas. Detodo informada voy; y para lograrlo resta solo, que de su retiro a facilitar tu empresa salga Selenisa, pues si de cada una intentas copiar una perfección, que ella faltase, estar fuera el mejor tahur sin cartas. Pues en qué se para, Reina? vaya, y tráigalas en tanto que caballete, paleta, tabla, y mátices prevengo. Si haré; y para que diviertas el trabajo, dispondré con las demás, el que mientras la facción de una retratas, den al viento las que quedan dulces voces, consiguiendo, si las oyere Ariclea; festejarla, y festejarte. Si mis penas conocieras, supieras que no es tan fácil el divertirse mis penas. Queda a Dios. Guárdete el Cielo. Cierto que quedaré buena si vuelvo sin que me copie una perfección siquiera. . Dime, ya que estamos solos, no es ignorancia que quieras desconfiar a estas Ninfas? Cómo? Como al ver que venza la nariz de una, es preciso que se lo riñan las cejas: si los ojos de otra pintas, se ha de ahorcar la melena; y en fin, en un mismo juego, perdiéndose las traviesas, han de venir a quedar gustosas, más descontentas. Solo, Libio, tu ignorancia tan loco reparo hiciera; y si no, responde: cuando en un rosal se descuella la ardiente pompa de alguna fragante brasa sangrienta, dejan las demás de ser rosas? no; pues con la misma vanidad van desplegando la púrpura soñolienta: cuando en el histriado centro de la concha se conjela, entre las demás, alguna preciosa lágrima neta, dejan las otras de ser perlas? no; pues la Venera que las cuaja, las distingue, pero no las diferencia: pues como aunque de esta admita lo que no admito de aquella; pueden dejar de ser lindas las lindas, cuando no dejan, ni de ser rosas las rosas, ni de ser perlas las perlas. Usadas sosisterias del antiguo, sabiotema de tu philosofo genio, si no me engaño, son esas; y pues solo obedecerte me toca; que te obedezca es justo en todo; y así, voy a servirte. Anda apriesa, que la hora no veo de que, huyendo la saña fiera de mi estrella, vea si hallo el contrario de mi estrella: ay Selenisa! Esperando, Protógenes, que se fuera Libio estuve, solo para saber si acaso en la essera, de esta galería has visto mi esperanza en Ariclea, pues no vivo el rato, que estoy viviendo sin verla. Aunque de su cuarto aún no ha salido hasta ahora, espera que con brevedad consigas tu deseo, pues atenta al primor de la pintura, será posible que venga a divertirse, mirando como en la copia se esmera de Temis mi vigilancia. En albricias de esas nuevas, diestro Prosogenes mio, te diera el alma, a tenerla; y pues:: Mira que saliendo van ya las Ninfas. Y entre ellas Selenisa. Yo por ese aviso te la volviera, a no reservarla, solo porque con dos almas sienta. No digas que en la mansión del Templo me has visto. Piedra seré, imagen del silencio. Que yo, tomando diversa senda, veré si en sus ojos puedo conseguir, que beba incendios el pecho. Amor dirija tu planta muerta, y la mía; si ya no es, que en otro escollo tropieza. Adiós, Protógenes: llama, yo te ocúltare, aunque vean (. los que no miran tus rayos, el polvo de tus pavesas. Pues ya Libio al señalado sitio habrá llegado, alienta, cobarde temor amante, y declarando tus penas, logra siquiera el alivio, de que saben tu fineza; pero si no han de premiarla, de qué servirá saberla? Oh nunca, Cielos! o nunca, viniese, donde la quieta paz del alma perturbada, toda es susto, toda es guerra, toda ira, todo rigor! Toda estragos, toda quejas eres, o tu vengativa, airada, injusta influencia de mis hados! Selenisa, el activo dolor templa de tu tristeza. Ay! que son inmortales mis tristezas. Qué te aflige? El que saliendo de mi retiro, sea fuerza ponerme en parte, que mire esa enemiga, esa fiera, huéspeda beldad, si no es, que a mi enojo le consuela, esperar, a ver si algún suspiro mío la quema. En feneciendo la copia, podrás volverte. Di, Lesbía, has visto igual condición? Esta natural soberbia. desde que nació, la tuvo. Pues Protógenes espera, no le tengamos ocioso, y cuidado con las letras, que se han de cantar. Cada una lleva la suya, a que sea la variedad, otro nuevo hechizo de la cadencia. Ven tras nosotras. Ya, Ninfas, os sigo: dolor, paciencia, que quien mudo mi fortuna de favorable en adversa, desde adversa a favorable la podrá mudar. Qué nueva mania es esta, que al ver a las Ninfas, te embelesa? hemos de pintar, o no? Déjame, Libio, que lleva arrastrando mi atención, quien si la arrastra, la premia. Que trae, dijeras mejor; pues a esta parte enderezan el curso, y paradas todas, una solamente llega, a que de sus perfecciones escojas, como entre peras. Dame el pincel; y pues ya la primer mancha está hecha, con más brevedad podré acabar de mí tarea el empeño. Hal Selenisa! . qué de cuidados me cuestas! Pastores, sabed, que quiero y no me atrevo a explicar, porque me han de hacer matar, en sabiendo, que me muero. Buena letra, Conmigo habla; pues temiendo estoy decir, que sé amar, y se morir. Ya la primer Ninfa entabla su paseo mesurado. Ya, diestro Pintor, aquí me tienes, por si de mí pudieses, para el traslado de Temis, copiar facción, que desempeñe el acierto. Bella Cintia, aunque en ti advierto, sober aña perfección. A esta adoro un sí es, no es, La tersa, bruñida frente, que al limpio cristal desmiente, en ti he de pintar; y pues viviente nieve conjela sin el nácar de la rosa, que cobarde, o vergonzosa en tus mejillas se hiela, podrá decir, que a la vista del frío mármol sutil, tiritando está su Abril; bien como al ver, que le envista llovido en copos el ampo cantó temblando un gilgüero. De los rigores de Enero, qué perezoso está el campo, La lisonja os agradezco, Protogenes. Y a mí no? ve aquí usted, por lo que no digo yo lo que padezco, viendo, que otro de mi mal el premio se lleva. Quién al soplo de tu desdén vio más helado el cristal, que no confiese advertido, que materia de tu frente la compuso transparente? y aún asegurar rendido podrá, que al mirarla el Prado buscó a su blancura apoyos. Y del susto los arroyos parece que se han helado. . otra Ninfa a la Palestra viene, con planta briosa, a examinarse de hermosa. La cortesanía vuestra nunca olvidaré, a Afusón, y de aquesta por mi fe nada retrates. Por qué? Porque tiene presunción, Doris es; dónde estará, Cielos, Selenisa? Llegue, señora Ninfa, y entregué a examen su rostro, ya que está en el arbitrio nuestro el hacerle más feliz. Busón es el Aprendiz. En eso soy muy maestro? pero el mío, si Dios quiere, me vengará de esta afrenta. Con qué suavidad violenta, todo cuanto mira, hiere! Según eso de los ojos las luces imitas? Sí. Mucho a tu atención debí. Son tan dulces los enojos del negro volcán travieso, de que por matar se vale, que entre todas sobresale su perfección. Dale de eso. Pues cuando mirarlos dejas, son sus rayos superiores, vertido golfo de ardores de los riscos de las cejas; bien como menos lucientes, si también menos esquivos. Ojos eran fugitivos de un pardo escollo dos fuentes. Con que a rayos celestiales bajan encendiendo sabios la púrpura de los labios; bien como allá los cristales bajan a undosos tropeles, con que nievan las montañas. Humedeciendo pestañas de jazmines, y claveles. Váyase ya su hermosura, sehora Doris, sin enojos, pues deja puestos dos ojos al margen de la pintura. Si haré, pues ya Selenisa se acerca. Hhy dulce rigor! Ahora veremos, señor, como te portas. Qué aprisa, qué aprisa, Cielos, al ver este Pintor Extranjero, se olvidó de lo severo mi cólera; mas si a ser desde el punto que le vi, llegó su galante trato rémora del siempre ingrato desdén mío, por qué así me admiro, de que trocar sepa su halago traidor en agasajo el rigor, y en alegría el pesar? Mucho te mira. Cobarde la llego a mirar, hay Libio! mas que mucho, si es mi alivio, que obre a espacio, y venga tarde. Fenicio Pintor, de que tanto os habéis suspendido? De qué creo, que he perdido el tiempo que trabajé. El tiempo perdisteis? Sí. Ya en otra mania dio. Y para probarlo yo, responda esta acción por mí. Qué hacéis? Quéreros mostrar, que lo que fue por servir en el pincel colorir, es en la brocha borrar. No alcanzo en lo que empren- la causa porque empezáis (deis a borrar lo que pintáis. Si me escucháis, lo sabréis: el empeño, que emprendí no fue hacer en sus facciones de diversas perfecciones sola una perfección? Sí. Pues si cuando os veo aquí, de mayor belleza centro, dentro de vos misma, y dentro del concepto el logro miro; pues a todo lo que aspiro, solo basta lo que encuentro: por qué allí no he de olvidar, lo que ya empecé a mentir, y de vos no he de elegir, lo que tengo de enmendar, consiguiendo así mostrar, que solo vuestras facciones desempeñan mis acciones, siendo vos entre los dos, la que busco, pues sois vos perfección de perfecciones? bio, el otro lienzo, ve teníáis prevenido, llega, y vos, hermoso asombro, no os irritéis de que os pinto, en fe, de que si de Temis a haceros retrato aspiro, no es salir lo soberano del término de divino. Mucho vuestra cortesana discreta lisonja estimo, Protogenes; y aunque nunca se dé mi juicio al partido de creerlo, para estimarlo, bastante deuda es oírlo: Y ya que en culto resulta de Temis vuestro designio, pintad; mas ved, que se pierde el acierto en el capricho. Por mi cuenta corre el yerro. Por Dios, que estamos lucidos, con medio retrato al aire. Temeroso aliento mío, esfuerzate. Pinta, y calla, que yo poquito a poquito me escurro, a ver si con Doris ya que me embobo, me enninfo: Mucho haré, si disimulo. Solo me ha dejado Livio, no es mala ocasión, amor. No proseguís? No prosigo. Por qué? Porque al retrataros, eguéda las luces, que C vis to; y si he de ver lo que copio, no copiaré, pues no miro. Para efecto tan violento, es el ardor poco activo; pintad, pues. De su violencia es mi pecho buen testigo, pues a sus rayos postrado, a sus incendios rendido, desde que os vi, amante, y triste padezco, lloro, y suspiro. En esta galería, que amor para si hizo:: Los acentos de las Ninfas a propósito han venido de vuestras quejas. Oh nunca prosigan (pues ya lo han dicho vuestros ceños) que es su centro mansión, que labro el desvío. Y que tirano dueño, se la entrego al olvido. Ved, que yo lo que las voces están diciendo, repito. Y ved vos, que no es milagro, que sienta, lo que he sentido, habiéndoos mirado, pues en llegando a haberos visto. Todos han de sentir, tan fin sentido, que a ser vengan estatuas dé sí mismos. Para quien sin esperanza padece, tiene Cupido el alivio de la ausencia. Mucho haré, si no le animo. . Quién ha huido del dolor, si lleva el dolor consigo, mayormente, cuando pueden repetir mis desvaríos:: Amor, donde irá el deseo, que no se encuentre contigo. Necio enfermo es el que abriga su propio mal. Mas indigno amante es quien su tormento de si arroja; y más si miro, que hablando con él, sin él, es inútil el retiro. Si huyendo de ti, parece, que te busca el albedrío. No hagas ruido, pues, sin que me vean, pretendo, Libio, divertirme un rato, viendo del nuevo Pintor Fenicio los rasgos, y los aciertos. No a muy mal tiempo ha ve- nido vuestra Alteza, pues copiando a Selenisa, prodigio del amor:: Calla, villano, que solo de oír me irrito aplausos de mi enemiga. Ya no hay nada de lo dicho? ha, quien fuera tan discreto, que no le hubiera dolido! Al verla, de aquel pasado enojo el primer motivo, despierta mis iras. Que presto habéis enmudecido, pero por qué en mi desgracia, cuando lo siento, lo admiro? No tanto desconfiéis de amor, que tal vez herido de los embates del golfo, se deja meliar un risco, en cuya nueva mudanza, quién vio la mudanza, dijó? Escollo armado de hiedra, yo te conocí edificio. Pintándola la enamora; mucho haré si me reprimo: mas si está la culpa viva, por qué está muerto el castigo? Aquí ha de haber algobueno. Yo con el consuelo vivo (das, de que aunque hay riscos hay on- y que es tal vez el desvío. Ejemplo de lo que acaba. Deja, o vil pintorfienicio! la empezada afrenta mía: No lo dije yo? Qué miro? Aquí Ariclea? Qué enojo! Pues atravesar le he visto aquel transito, avisar a Nicanor es preciso, por lo que hubiere. Señora::: Sella el labio. En qué desirvo tu beldad? En retratarme una ofensa en el hechizo de esa mujerí, para mí infestador basilisco; y pues dudar no pudiste, siendo de su error testigo, mi justo encono, porque duplicaste inadvertido en la luz de lo pintado la tiniebla de lo vivo: bueno es, que yo de su vista huya, y que tu pincel mismo me ponga el traslado al paso, porque aún notenga el alivio, viendo su copia sin vida, de castigarla el delito; y pues eres:: Quié desprecio! Mal vasallo. Mal me animo! De Nacanor. Muerta estoy! Pues ofendes:: Hado impío! Lo que él obliga, no estéis mas en mi presencia, idos, sino queréis que a mis iras: Con quien, divino prodigio, tan airada, si ya no es que lo estéis siempre conmigo? Apenas a hablar acierto. Cintia, de que habrá nacido este enojo? Ya que habéis a tan buen tiempo venido, si venir puede a buen tiempo quien sin mi licencia vino: Protógenes os dirá de mi cólera el motivo; o por él, si él no lo dice, informará el colorido lienzo, que empezó a pintar; y pues basta haberos dicho, que sus pinceles me ofenden, vos veréis en su castigo lo que os toca hacer; y yo veré, entre piadoso, y fino, cuál os estará mejor en mi obsequio, y su cariño, estar piadoso con él, o quedar sino conmigo. Vamos tras ella, De aquí me ausentaré, pues colijo segundo desaire. Ah Cielos, que a costa del alma finjo! . De suerte, pintor cobarde, mal vasallo, falso amigo, hombre ingrato, traidor huésped, criado infiel, y vil Fenicio, que írritas lo que enamoro, que disgustas lo que obligo, pisando los dos las líneas de lo amante, y lo atrevido? Yo, señor? No te disculpes; y pues basta haber sabido, que fue ese lienzo la causa del agravio, en él mi brío se vengará. Qué haces? Dar en tierra con el delito; y no solo en él mi saña ha de obrar: Volo mi oficio. Si no en estos, que sutiles, diestros cómplices han sido de ambas ofensas, volando, en átomos divididos, a los vientos, que los cobren, fragmentos, o desperdicios; porque así:: Señor, qué es esto? cuando a buscarte he venido gustoso, te hallo indignado? Si es mi desgracia el motivo, qué mucho? No, no te admires; y porque arguya tu juicio por los efectos las causas, haz publicar un edicto, en que ofrezco a quien hallare de ese pintor fementido lienzo alguno, el precio que poner quisiere a su arbitrio; que he de agotar de pinturas suyas el Orbe, que ha sido teatro de sus aplausos, entregándolas al vivo tesón de una hoguera, en cuya llama veré, si consigo, que se queme su memoria. No así, Señor, aunque irrito tu piedad, te vengues; mira, que es de Príncipes invictos alentar, no destruir los genios, que de su siglo pueden ser vanidad. Arte, que de enojar ha servido a Ariclea, puede ser mas, que un indigno ejercicio del interés? No, señor, le imagines tan indigno, que tal vez cedió el poder a el arte. Pues si ese alivio te queda, de él te aprovecha. Pinturas mías, que han sido aplauso del Orbe, afrentas? Sí; y mira qué haré contigo en obsequio de Ariclea, si él ansia conque la sirvo, la alta conquista de Tebas dejara, y el siempre invicto laurel del Orbe, por solo no darlá el menor motivo de disgusto; y trascendiendo a más reverente estilo, lo mismo hiciera con una prenda, con un rasgo, un viso de la perfección que adoro. Quizá::: No de tus delirios hago caso; y pues de que pintes más me desobligo, cuidado con la obediencia, que está a la vista el castigo. . Si nuestra amistad, Amintas:: No me atrevo, esta ofendido. Ahora bien, estos pedazos, que a las Ninfas imagino que podrán servir de astillas, para conservar membrillos, recojo para venderlos. Queda mos buenos, destino; amor, honor, alma, estudio, qué es esto? qué es esto, digo, que por mí pasa? más para qué lo pregunto, si es fijo, que ha de ser el conocerlo nueva razón de sentirlo. Yo a la vista de mi Dama de sairado por tan digno delito, cómo pintarla? Vuelve a casa, pan perdido. Mis obras amenazadas? mis rasgos envilecidos? mis aciertos ultrajados? Y vertido el cardenillo, que es peor, pues vale dinero. Pues vivo yo, si yo vivo, que aunque arriesgue vida, fama, ser, honor, patria, y cariño ha de saber Nicanor, que en primores competidos, si con Ariclea, le hace estar el poder bien visto, en mi lograr sabrá el Arte con Selenisa lo mismo. Cierto, que estamos hay rosos, con amor, y sin oficio. Pues recorriendo a la Ciudad el muro, nunca más que hoy seguro, pues le guardan su encanto, y tu osadía va, Señor, tu valor, mira, que el día con pocas horas de explendores dura. Tan admirado, al ver la arquitectura del bárbaro obelisco de este de riscos fabricado risco Cleonte, quedo siempre, que le veo, que embebecido en el marcial empleo no había reparado cuanto declina el Sol, para que osado, ponga en ejecución lo que he resuelto, pues apenas el Orbe, vera envuelto la noche en sombras, que medroso abraza, cuando haciendo salida de la Plaza, (por ver si en algo vengo mi desdoro) envisto airado el Real de Nicanoro; y pues dos veces culpa es la pereza, conmigo ven. Advierta vuestra Alteza, que en ese Torreón, adonde preso Licaón gime el irritado exceso de su rigor; por turno me ha tocado entrar de guarda, y la hora se ha llegado, con que sin orden nueva, en vano espero hallarme en la función. Aunque ese fiero, traidor Tebaño a los demás afrente, hay Ariclea! porque no impaciente se desespere, al verse aprisionado, asegúrale tú de mi cuidado, que vencido mi enojo, le consuele: esto es temer, ha Cielos! que revele . el secreto del muro: a qué mal hice, a descubrirle a nadie, si infelice el hado me maltrata. Tarde viene ya esa piedad, pues en mi astucia tiene quien le dé libertad. Venid conmigo vosotros, que hoy si puedo, mi enemigo ha de ver, que son celos, y pasiones ingenieros de enojos, y traiciones. Pues tengo lima, y escala desde ayer tar de escondidas en esa cámara fuerte de la Torre, y sin ser vista mi cautela, entrarlas pudo a su habitación el día, que sin saber mi designio, de su seguro me fían laguarda, vea Licaón, que la fineza ofrecida le cumplen obligación y amistad. Déjame, impía, cruel memoria; ya que mezclas, doblando desdichas con enojos de Lidoro, halagos de Selenisa: yo, que aplaudido de tantas experiencias enemigas, di más laureles a Tebas, que tiene mi fama envidias; con crédito de traidor preso, como si en sus iras fuese el ceño de la suerte delito de la osadía? mas no importa, que si el Cielo, ya que Lidoro me quita el honor, mi intento ampara, y Cleonte no desconfía de mi palabra, bienp quedara desvanecida de mi venganza mi ofensa. Aquel es, que yo de vista nunca le he perdido, y pues desde ahora os toca a la mira estar, como yo; quedad con Dios. Quién osado pisa mi oscura prisión? Quién viene a facilitar tu dicha. Cleonte? ya deseaba mi impaciencia tu venida. Y yo servirte. Qué traes de nuevo? El que yo te sirva, no es novedad; y pues de esta noche en la tiniebla fría al campo de Nicanor intentas pasar, la lima para la cadena es esta. Fortuna, ya estás propicia Y está la escala, por quien presa una vez, por arriba al jardín del Templo puedes arrojarte, pues sus Ninfas conociéndote, es preciso, que te den paso. La vida me das, pues si yo una vez::: mas no es para estar de prisa plática tan de importancia. Lo que a la fineza mía ha tocado, una vez que di la palabra, es cumplirla, Y a la mía confesar, que ser, honor, alma, y vida debo a tu valor. El Cielo te guarde. Si es que él me guía, verá Lidoro cuanto es arriesgada una injusticia, pues yo con razón me vengo, si él sin ella me castiga. La puerta abro; pero siempre teniéndote divertida la gente, espaldas haré a tu fuga. Fa, osadía, ánimo, y no te acobarde, que de tu patria la ruina fácilites, pues mi honra es antes que su caricia; y pues de la noche, a pocas horas, bajar determina mi rencor a los jardines de Temis, tú, denegrida sombra, con un vuelo, vuela; y ya que está tu malicia hecha a apadrinar venganzas, la que yo intento apadrina. En vano os cansáis, pues cuando tan cerca de la salida del Templo estamos, pararnos a hablar de espacio, sería despertar malicias. Cuando supieron dor mir malicias? Dices bien, que son en ellas, aún los Domingos, vigilias: Y pues sin que un breve rato me escuches, no he de irme, mira cómo ha de ser? Acechando yo desde esta galería, si alguien viene a hablar ahora. Que haya mi cólera altiva a rendido amor! Bien creerás, hermosísima enemiga, cuan sin disculpa mi afecto parece que está en la tibia dudosa resolución de no vengar, que a mi vista se baldone tu retrato; y porque en la bizarría de un noble, nada es primero, que conservarla bien vista a los ojos de la dama; poner quise en tu noticia, (por si como otras lo ignoras) que naciendo yo en Fenicia, mi Príncipe es Nicanoro, pues nadie dudar podía de mí, que a no serlo, estando yo ultrajado, y tu ofendida, si él tu copia hizo pedazos, yo hiciese su ardor cenizas; y pasando desde el punto al tema de la caricia, sabe, que el alma:: Detente, mí que Nicanor con del Templo salen, y vienen hacia aquí. Fortuna impía, aún no has de dejar quejarme! Si eso solo solicitas, esta noche en el jardín, pues al festin de las Ninfas nohe de concurrir, te espero. En qué parte? Date prisa. Entre las tejidas hyedras, en cuyo cimiento estriba el torreón de la muralla, pues es la más escondida de todo el Jardín. Ahora te detienes, hombre? Albricias, corazón, sea mi obediencia respuesta de mi alegría. Honor, no culpes mi arrojo. Amor, celebra mi dicha. queda en paz. Guárdete el Cielo. Si él nos encuentra, nos pringa. Imposible es, que a mi cuar- pues la senda está cogida, (to, pase sin verle. El retrato me da, y vuélvete, no digan, que ya que rompo del Templo el coto, en la Compañía, doblo el delito. Bien dices. No es aquella Selenisa? Sí, porque es solo ella misma propia seña de sí misma. Hacia aquí viene, no mala ocasión me facilita la suerte. En la puerta espero. Darme por desentendida es lo mejor, y volver la espalda. s ̱ Beldad divina, espera; y si contra mí tu justa queja se irrita, mi satisfacción la borre. No os entiendo, y pues peligra en pararse mi respeto, dejadme ir. No tan esquiva dejes mi razón mal puesta. otra vez dice la mía, que no os entiendo. Yo, al ver, cuanto Ariclea se indigna con una pintura, pude (cuando amor no precipita ajarme en ajarla, y aunque basta a mi cortesanía, no saber, que fuese vuestra; u de otra cualquiera Ninfa, (pues ser de mujer bastaba, para venerar sus líneas) no contento, con que sea a tanta descortesía satisfacción la ignorancia, vengo a expresar, cuan sentida de aquel error, mi atención vive, pues ansiosa aspira, a lograrte la venganza, ya que provocó la ira: entre las varias pinturas de Protógenes, que había en mi campo, y trujo al precio obediente la codicia, porque mi enojo las queme, ya que su primor las pinta. Y a fin de que no haya rasgo, que a quien yo adoro desirva, vino este retrato mío; y por si acaso querías vengarte en él, a tus plantas le pongor; pues no sería razón, que por otra mano llegue a la llama encendida de la hoguera, consiguiendo, que en tu mano, y en su pira, ardiendo entre dos incendios, se reduzca a dos cenizas. Quién os dijo, que la copia que ultrajasteis, era mía, mintió; porque yo, aún pintada, supiera estar vengativa; y pues nadie esta obligado a satisfacer mentiras, con Dios quedad. Nicanor hablando con Selenisa? Oye, aguarda::: Atención, celos! Que ya que airada, y altiva mi noble satisfacción huyas, no por eso quitas a mi acción la de quedar airosa; y así, en la fría vasa de aquesta coluna (vierte ledejo: tu ahora mira lo que has de hacer de él; y ad- cuanto mi galantería atenta obra, si aspirando a ver como en él castigas a su dueño, deja el reo en manos de la justicia. . Fuese, dejando el retato: quien se vio en tan indecisa duda como yo? Qué diera yo por saber, sin ser vista, que prenda es la que dejó Nicanor! Tomarle, indica piedad en mí, pues ya lo es el que su retrato admita, aún para vengarme de él; irme, y dejarle, sería, pues es fuerza que conozcan su dueño, nota precisa contra mi honor, pues con él me han visto. Si solicita tomar la prenda, salir es fuerza. Mas no se evita todo con tomarle, para volverle? sí, pues se quita el reparo, y no se admite la intención. Suelta, enemiga, que a indigna mano no llegan jamás alhajas tan dignas. Mas qué miro? retrato es de Nicanor. Si imaginas, que en estorbar que le tome me ofendes, cuando solo iba a echarle, aún donde no sepa de sus señas mi noticia? has pensado mal; y pues debo agiradecer altiva el que estorbas que a mi maño llegue prenda, que sería mas que vanidad desdoro de los créditos de esquiva, con él te queda, que yo viviré desvanecida de ver, que el favor defiende lo que el ceno desperdicia. . Qué escucho, Cielos! que yo vivire desvanecida de ver, que el favor defiende lo que el desdén desperdicia? Puede ser, celos cobardes, verdad la aleve, atrevida (fran, falsedad de Nicanoro? Sí, que es hombre, en quien se ci- oh ingratitudes traidoras, o mudanzas fementidas, mas no, no es verdad, ni puede serlo; pues si colorida copia suya (ansias a espacio!) aja, rompe, y desestima en un día; como cabe ofenderla, y persuadirla? ha, qué medroso es amor! y qué infiel, qué denegrida la noche, que se despeña, apaga al Sol, que agoniza! Irme quiero, pues ya es hora de que a la función festiva del sacrificio contodas las Ninfas al Templo asista, antes que de mi dolor, reventándose la mina, diga al viento::: Guerra; guerra. Quién de tan intempestiva novedad podrá informarme? Yo, que apenas a la línea llegué del Fenicio Campo, cuando vi, a rienda barida, salir de la Plaza algunos trozos de Caballeria, que, dando sobre los nuestros sobre seguro, los lidian, pues de noche los abanzan. Mas ya Nicanor anima sus Soldados. No, valientes Fenicios, temáis el día, que Nicanoro os gobierna. Pero, digo, que cuadrilla a pie, con achas en mano, es esta, que de la lira al compás canta, mezclando disonancias, y armonías? Al Templo de Temis venid, y repitan las voces, que reine, que triunfe, y que viva. Por Dios, que no es mala moda de sacrificios. La antigna ceremonia de su Templo estos festejos estila, teniendo abiertas las puertas del Templo, para que asista a ellos el Pueblo; y pues les he empeñado a sus Ninfas mi palabra en concurrir a la función, no me impida el gozo el estruendo, aunque a medios acentos diga. Arma, arma, guerras, guerra. Puesto que estotras publican: Venid, y de Temis, No os arriendo la ganancia, que no hay segura alegría, si hay puerta franca a mirones; y más si la escapadiza hacen hacia el Templo, y andan en medio de labatina, rodando hachas, y hermosuras: fuego de Dios cual se tiran! Libi Sí, qué mandas? Qué entre abierta con malicia la puerta del cuarto tengas. Con luz dentro? Sí, más mira, que en él me esperes, Y adónde vas? A lograr una dicha; y pues encuentro, y festín de unos, y otros, facilitan la ocasión, sin que echen menos la beldad de Selenisa, pues saben, que huye, de donde está Aríclea, fatigas dulces de amor, al jardín, encuya mansión umbría, las estrellas apadrinen lo que las flores envidian. Que abra la puerta, y que tenga también la luz prevenida, vaya; mas que aguarde, eso ni por pienso: y pues unidas las Ninfas, sin asustarse de escuchar la tremolina, entran al Templo, tras ellas iré, a holgarme en cortesía, sintiendo, que desde ahora no pueda escuchar, que digan. Y en lazos festivos de Coros acordes se lleven las plumas volando las voces, sin que entre el estruendo de dulces canciones, al aire de aplausos se apaguen ardores. Ya que con el Rito habemos cumplido, sin que le estorbe, ni el estruendo del avance, ni el sobresalto del choque, podremos, si te parece, retirarnos todas, donde sin tanto riesgo podamos proseguir el culto. Dorís, nunca tan gustoso estuvo el altivo espíritu noble de mi natural denuedo, que el día que está, donde oye estremecerse las Liras alhorror de los Tambores. (Mejor dijera el airado injusto, celeste, torpe, celoso tosigo de estas fementidas aprensiones;) y pues en paraje estamos, disimulemos ardores, de que Lidoro conozca, cuan poco se teme el golpe, pues así nuestros descuidos se burlan de sus furores, Prosiga el júbilo, ya que porque mejor se logre, falta Selenisa, a quien aborrecen mis atroces iras, y hoy con mayor causa, pues celos me da. Si pones tú el precepto, quien podrá no poner también conforme la obediencia? El himno vuelva, iciendo al compás delbronce: Y en lazos festivos. No huyáis, cobardes. El Templo nos ampare, pues ya corre peligro la vida. Aunque de su sagrado se acoge vuestro temor, es en vano. Quién atrevido interrumpe nuestro culto? Favor, Cielos! Tened el airado estoque, Nicanor, pues a mis plantas han caído. Mal conoce mi rendimiento tu Alteza, pues en mi enojo supone, que ha menester mi atención para la obediencia el orden. Ah traidor! Y porque no vuestros júbilos me noten, que a perturbarlos entré: sabed::: Que Lidoro rompe, auxiliado de la densa oscuridad de la noche, vuestros cuarteles, pues Libio nos pudo dar ese informe. Lo que no ha podido Libio decir, es, cuan presto al bote de nuestras picas volvió su gente a todo galope las bridas, en cuya lucha entre nuestros Batallones, mezclados esos Tebaños, quieren, sin que los deshonre la fuga, morir primero, que entregarse a condiciones dignas de la guerra; y bien quisieron, pues los socorre, quien Deidad de mis victorias, es alma de mis acciones. Y pues tan digno sagrado los vale, no solo escoge dejarlos con vida, quien quiso quitársela entonces, sino que seguros vuelvan a la Plaza, donde logren vivir alegres: Amintas, haz que una escuadra convoye esos Soldados, sin que nadie de los míos ose maltratar a quien defienda Ariclea. Pues ya el orden llevo, venid. A tus plantas:: No así a las mías se postre vuestro valor, que mi acción; mas que del brazo, es del móvil; pero decid de mi parte a Lidoro, porque informe mejor que yo vuestro labio, cuan airoso corresponde Nicanor a lo que debe; pues si en que yo no os perdone consistiera el que a mi frente el sacro laurel corone del Orbe, por darla gusto; le dejara perder, porque en obsequio de una Dama es poca perdida un Orbe. Ya siento haber de deberle esta fineza. Los Di te hagan feliz. Id en paz. Que con tal aire se porte! Tiene valor, qué te admiras? Aunque os estimo que obre tan en mi obsequio el atento garbo de vuestras acciones, más estimara el que no obedeciendo mi orden, al Templo vinieseis, pues fue una de las condiciones con que me vencí. Es verdad; y de aquí adelante, porque ni aún esa queja tengáis, hasta que vuestros rigores, menos fieros, den licencia, veréis como no se pone Nicanor donde os irrite; y pues de que no os enoje mas, da palabra mi afecto, porque ya que los rumores belicos cesaron, cesan los dulces ecos acordes. Mirándoos teñido en sangre de enemigos, y que adorne la frente bruñido el yelmo, la mano, airado el estoque, quien se atreverá a mezclar ira, y dulzura? Quién note, que el enojo en la campaña es gala; y porque no estorbe hoy vuestra alegría, haré, que al agudo filo embote el temple airado: una antorcha me dad, sin que se despojen de las militares señas los adornos vencedores, que quiero dar a entender cuanto en el amor conformen esta quietud, y aquel ceño; y que no es ser en las Cortes cortesano con las Damas, ser cobarde con los hombres. No excusarme a su cortejo quiero, el día que propone tan dignamente. Volved, Ninfas, a hacer que veloces los ecos pueblen el viento. Quién creyera, que tan noble amor mintiese! Ea, imán, déjate arrastrar del Nortes Y en coros festivos, Ninfas de Temis, traición. Tened, parad, que las voces de Selenisa, aunque el viento a medio llegar, las corte, las Ninfas llaman, diciendo:: No pienses, aunque te envoce segunda noche la banda, irte, sin que mis furores sepan quien eres. Ni tú, que es temor el que me esconde de que me conozcas. Ya, pues de Protógenes oyes también la voz, mi ardimiento fuerza será que me arroje a saber, que novedad a formarla le ocasione; y pues la antorcha encendida llevo, veréis que recorre el jardín mi orgullo. Nadie tre le siga, puesto que o por cuenta de otra fineza su acción, dejadme rencores, y no me acordéis, que así que oyó a Selenisa, tome tan a su cargo el empeño. Pues si en la campaña horrores, y en el jardín sustos cercan el Templo de Temis; donde ir podremos? De mi estancia al retiro, hasta que dore el campo el Sol, y declare tanto escándalo. Pues porqué no se alaben los recelos, de que estorban los favores cantando, sea del himno la letra empezada. Corre, Lesbía. Cintia, no te pares. Y en tanto que sus rumores dicen:: Al Jardín, al Templo, a la Campaña, a la Torre. Cantemos nosotras, para que la dulzura los borre. Sin que entre el estruen- de dulces canciones, (do al aire de aplausos se apaguen ardores.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Mandome mi Amo ayer al anochecer, que abierto, y con luz tuviese el cuarto, quizá porque en el silencio de las sombras, no avisase de su venida, el estruendo de la llave, que al fin, basta para alborotar un Templo, ya que no un Pueblo, y después de haber divertido el tiempo, en intras las Ninfas, cuando con Ariclea volvieron a su retiro, y de haber comido cena, y almuerzo, adelantando a la Aurora la salva de los torreznos: Cuando vuelvo a media noche a buscarle, aún no le encuentro, sin duda que de las voces, que en los jardines se oyeron, resultó empeño, que aún no le ha dejado libre; pero ruido he sentido, él será, reñirle el delito quiero, de hacerme esperar: Es hora esta de venir, teniendo, como quien no dice nada, a un Criado de respeto aguardando; mas qué miro? Amparad Dioses Supremos mi susto; y ya que del norte de esta luz guiada; pero quién es? Selen Libio? Qué traes? Apenas acierto a formar la voz, estando en el jardín: El acento suspende, que siento pasos. (mo Sin duda (ha i de mí! ) los n dos bultos, que vi, al mirar, que dentro del cuarto entro de Protógenes, saber, quien pudo reconocerlos, solicitan. Pues en este oscuro retrétete, puesto, que encubrirte de ellos quieres, podrás ocultarte, haciendo yo el disimulo, de que fui el que entré ahora, y con esto sin reconocerte, es fuerza que se vuelvan. Si se ha hecho preciso el medio, también esfuerza aceptar el medio; donde, Cielos, estará Protogones, que su riesgo es segundo susto mío. Fíame tú el embeleco de engañarlos, y por mí va la mano: que entran, presto. Ah amor, cuando tus halagos no constaron de tus riesgos! Ahora soliloquios? Hombre, que siempre el rostro cubierto de esa banda, has suspendido la cólera de mi acero; con el pretexto, de que a solo hablarme en secreto, te has arrojado del muro: Dime quién eres? Primero que lo sepas, es forcoso saber, quien a este aposento; huyendo entró, en fe de hallar el paso a su fuga abierto. Aquí entro yo. Pues sin que asegurados estemos, de que nadie nos escucha, no he de articular acento. Pues ya, que:: Gracias a Baco, que después del asno muerto, y la cena digerida, vienes, Señor mas qué es esto? quien aquí, Dios sea conmigo. Yo soy, Libio, no tu miedo. la muda quietud altere de la noche, Y qué tenemos: de máscara, y a deshora. Quién fue nos di, quien huyen- de los dos, entro a este cuarto? Yo, que; como si más presto, porque le fuese a buscar, viniese mi amo, a quien temo, que algo le haya sucedido, por si le encontraba luego, hice en salir a buscarle, la necedad del discreto: mas la enmendé, pues al punto, volví a la querencia, y viendo en el camino dos bultos, que por el aire del cuerpo, caigo ahora, en que eras tú, y ese enmantado Caballero, se zampó en la boca, a viste de los Galgos el Conejo; y pues esta es la verdad, y también que en aquel lecho, a dormir un rato entraba, porque yo gusto en extremo, de dormir sin luz: Por Dios, que me digas, si es que puedo, para encontrar a mi amo concertar el pregonero. Si no aprovecha el engaño, perdida soy. Pues respecto de que Protógenes falta, dejanos solos, y luego podrás volver. Que me place. Cuál a Selenisa tengo! mas esto es fuerza; y no es malo, si aprovecha; iré en un vuelo a ver si le hallo, que ahora, pues hay Dama de por medio, no hay temor que valga. Sola me deja: quien en aprieto igual se vio? mas mi honor es antes. Pues por adentro cerrada la puerta queda, y estamos solos, ya espero saber quien eres, y a qué efecto me buscas, siendo asombro de esos jardines? Sabraslo todo bien presto: Licaón soy. Bien te conozco, que en el atacado encuentro del bosque, bien entre todos, se dio a conocertu esfuerzo. Aquí Licaón? fortuna, si acaso el antiguo fuego de las primeras finezas, que debía a su amor, ha hecho que a buscarme venga? Pues ya que conocido el dueño de la acción, mi informe solo hace falta, óyeme atento. Cuidado, cuidados. Ya no sin sobresalto atiendo. Quién me culpare el arrojo, tómese mi sentimiento, y verá, que nunca están los ofendidos más cuerdos. Lidoro, Príncipe augusto de Tebas, si puede serlo, quien para quitar la fama, se aprovecha del imperio, persuadido a que el volver a Tebas mis ardimientos sin la beldad de Ariclea, o fue trato doble, o miedo; o si esto no fue, por ser yo infeliz, que es lo más cierto; delante de cuantas Ninfas contiene el sagrado Templo de Temis, y de ese sabio diestro Pintor extranjero, porque a mi desgracia aún no le quedase aquel consuelo de que entre Damas podía disimularse el desprecio, tanto me ajó con los viles, afrento sos cognomentos de traidor, y de cobarde, que en doblado vituperio al desaire de ofendido, supo añadirme el de preso, encerrándome en el fuerte alto Torreón soberbio, que sobre el jardín descuella su altiva fábrica; pero para que al tiempo le gasto el que habré menester presto para pasar aún a más preciso, importante empeño? basta que sepas, que nunca falta a un desdichado el Cielo, pues a la amistad piadosa de un noble Soldado, debo facilitar mi venida, siendo los dos instrumentos de mi libertad escala, y lima, sombra, y despecho. Dígalo el que a los jardines por ella bajase, haciendo cómplice de mi delito la ignorancia del silencio; mas como siempre la suerte me pone al paso el tropiezo, visto, sin duda, de alguna Ninfa, que en su espacio ameno acaso estaba, dio voces; a cuyo ruido, acudiendo un hombre, me fue preciso volverle la espalda, atento a que en la frondosidad verde podía, a lo menos, ya que conocido fuese, (pues a eso venía) serlo de quien no tomase como empeño, el que no era empeño. Si lo conseguí, tú puedes decirlo, pues recorriendo sus veredas, de ti solo me dejé hallar en el centro de una gruta, pues al corto mal ventilado reflejo de la antorcha, que en tu mano se dejó apagar del cierzo, fuiste de mi conocido; y pues el suceso mismo, hasta entrar aquí, te ha dicho mi resolución, intento que mi voz te diga cuanto te ha recatado el suceso; para cuyo informe, ahora te he menester más atento. El que bajar por la escala vi del muro, y siguió luego Protógenes, hado injusto! es Licaón. El aliento cobra, y prosigue. Yo, invicto Nicanor, estoy resuelto (en fe de que si el agravio se hizo al honor, satisfecho no puedo quedar en tanto que en el honor no me vengo) hacer verdad, agraviando lo que él pronunció mintiendo; y como una vez perdida la Dama para el efecto de mi venganza, a Lidoro, la alhaja de mayor precio, que queda es el Reino, yo he de hacer que pierda el Reino si tú; a quien también le está que lo logre, das somento a mi cólera, avivando con tu materia su incendio. Tebas, por el encantado, nunca vencido secreto, con que fabricó sus muros del dulce Anfión el plectro, no puede ser por asalto tomada, ni por asedio tampoco, por la abundante prevención de bastimentos, que tiene dentro; con que es fuerza, que combatiendo sus muros, supla a la fuerza la agudeza del ingenio: Lidoro, y yo solamente somos de un secreto dueños, en que de la Plaza estriba el seguro, pues muriendo sus Reyes, le van dejando la noticia al heredero; y él me la fio en la fausta edad de mi valimiento: con que si yo en el seguro de tu amparo, te revelo la parte por donde puede Tebas ser rendida, cierto que puedas tomarla, entrando sus muros a sangre, y fuego. Cadmo, al labrar las murallas Anfión, dispuso atento a poder desde el Palacio pasar sin registro al Templo, en que hoy estamos, que de una pequeña puerta el estrecho paso dejase; y aunque los que después succedieron en la Corona de Tebas mandaron cerrarla, haciendo que un artificial cancel de yedras cubra el defecto, que hacen a vista del mármol las quebraduras del hyeso. No hay duda, que en cuanto coge la puerta; no hay aquel mismo encanto, que en lo restante del muro ay, porque fue hecho después sin el dulce hechizo del armónico Arquitecto; de suerte, que si una vez yo de la puértate enseño el sitio, y tú con las zapas, picos, y arietes al suelo echas el débil reparo de su artificial compuesto, no hay duda, que de repente, asaltados con el grueso, que desfilado por ella puede entrar, y divirtiendo por distintas partes toda la fuerza de tus Flecheros; la Ciudad tomes; y pues a ampararme de ti vengo, ofendido de Lidoro, y resulta en tu provecho mi desagravio, resuelve lo que hemos de hacer, y presto, porque por la misma escala vuelva a la prisión, que dejó, sino admites el partido; o si le admites resuelto a morir matando, quede a tu lado, donde espero, aunque malhijo me llame la patria, matar muriendo. Cielos, decidme vosotros, es lo que he escuchado sueño? Fortuna, de cuando acá tan de parte de mi afecto? Qué despecho! Qué ventura! De qué has quedado suspenso, Nicanor? Es que no hay voces para el agradecimiento; mas pues del obsequio es paga el aceptar el obsequio; solo respondo, sin que el logro cautele, puesto que con hombres como tú no se entienden los recelos; que en cuanto la noble ira tuya propone, convengo, pues cuando diga la fama, que se ha valido mi aliento, para conquistar a Tebas, de cautela, al mismo tiempo dirá la sama, que cuando rendirla ofrecido tengo a Ariclea, medio digno, es el más indigno medio, pues resulta en que a una Dar pueda cumplir lo que ofrezco; y así::: No adelante pases; y pues en mi honor primero es comprobar mi verdad, sigue mis pasos a efecto de que de cancel, y puerta el sitio te enseñe. Hoy muero, si tanta traición no estorbo. Tras ti voy. Pues no tardemos en lograr lo que la noche, por sacudirse del peso de sus sombras, ya elevando, señal del día, el Lucero. Es verdad; y antes que puedan las Ninfas reconocernos, ni las centinelas que habrá en el muro, pretendo saber el sitio. La puerta abre, y ven en seguimiento de mi enojo. Si lo logro, ser, Dama, y honor te debo. Hoy ha de ser Tebas tuya: ea, agravio, ya está hecho el yerro, lo que ahora falta es que se mantenga el yerro. . No será viviendo yo; pues como a mi patria puedo dejar en el riesgo, cuando se dónde amenaza el riesgo? y a parte esta razón, basta que mis aborrecimientos sepan que resulta en gloria de Ariclea su trofeo, para que lo estorbe yo. Ya que dispuso el adverso hado mío, que durase tan poco (ay de mí!) el contento de que Selenisa oyese mis quejas, pues encubierto aquel hombre, a quien seguí, y perdí al irle siguiendo, altero nuestra quietud el descuidado sosiego; y ya que con no dejar el Jardín cumplió el esfuerzo de mi brazo, pues la noche rompe sus celajes negros, busquemos a Selenisa, amor: mas no la busquemos tan aprisa, amor, que pierda la ocasión, de que sabiendo quien son dos bultos, que he visto atravesar a lo lejos el Jardín, sepa también quien fue el estorbo primero de mis favores, o sí diese su cautela tiempo a que, declarado el día, pudiese reconocerlos yo, si pisase sin ruido mi planta; pero qué veo! a una de las muchas grutas del Jardín llegan; y abriendo alguna puerta, que oculta de iedras estaba, han vuelto (después de haberse informado su prisa de lo que hay dentro) a cerrarla, y por la misma senda, a la mansión del Templo se encaminan, no perdamos tan buena ocasión, recelos, de salir de tanta duda. No nos detengamos, puesto, que ya declarado el día, corre peligro el secreto; y ven a mi campo, donde el trato con más acuerdo, se logre de la victoria. Tuyo soy, manda en mi pecho, y de mi verdad no dudes. No se ha de pasar, si puedo, el día, sin que de Tebas humille el murado cuello. Eso deseo. Por esta parte seguros podremos pasar a mi Tienda. Vamos. Mil veces mal haya el miedo, de que de mi planta no los avisase el estruendo, pues como a lo largo iba mi enojo en su seguimiento, entre las diversas calles del jardín pude perderlos: mas qué discurro, si el día quizá dirá a mi desvelo lo que ha ocultado la noche. No perder de vista quiero su fuga, por si pudiese Aor aclarar tanto portento. Por aquí; pero qué miro! Selenisa? Sí, que habiendo:: Ten la voz, y no me estorbes, el que averigue, si fueron esos dos bultos, que sigo, los que vi a noche. Si a eso solo vas, detén la planta, que yo de esa duda puedo sacarte, pues por un raro acaso, que sabrás luego de Libio, en tú mismo cuarto pude oír, lo que confirieron Licaón, y Nicanoro. Luego son los que hallo, y pier Nicanoro, y Licaón? Sí, y ojalá (pues en ello me va el honor, y la Patria) supiese a lo que vinieron al jardín. Si eso deseas, yo que nunca de su ameno sitio salí, te podré decir, que llegando al centro de una de esas grutas, que vistió de hiedras el tiempo, apenas de su retiro se informaron, cuando huyendo de ser vistos, del jardín se han ido. Pues ya que el Cielo mi designio ayuda; escucha. Di: no sin susto la atiend a veremos, Fortuna, si ayudas atrevimientos: Licaón, a quien tenía preso Lidoro en la mansión umbría de ese Torreón soberbio, despechado, fue quien bajó al jardín, y quien os hallando a Nicanoro, que a las voces, que el susto mío prorrumpió veloces, bajó a esta estancia, y pudo, la ira templando al ánimo sañudo, conducirle, cubierto el rostro siempre, donde hallando abierto tu cuarto, en quien se había mal refugiado la desdicha mía, con él se declaró, diciendo, cuanto de Lidoro ofendido estaba, en tanto, que en trágica mudanza, no espire su desdoro en su venganza. En fin, resuelto Licaón ingrato, con saña injusta, y con aleve trato, a entregar la Ciudad, y Nicanoro dos veces enemigo de Lidoro, aceptando la plática, han quedado en lograr la traición: ha pese al hado, y al femenil adorno, que embaraza ser yo única defensa de la Plaza! y pues sabes, Protogenes, cual sea la enemistad, que yo con Ariclea mantengo, desde el día, que ajo el respeto de la Copia mía, y que hija de la Patria, me es preciso malograr su victoria con mi aviso: Dime antes, que revele su secreto, el día que también ajó indiscreto Nicanoro el valor, la voz, la fama de tus pinturas, si tendrá la llama ardiente de tu pecho en tanto empeño, valor para:: Suspende, hermoso Dueño, de mi albedrío el labio, que ya es la duda otro segundo agravio. Por qué? Porque sabiendo, que te adoro, y que ofendido estoy de Nicanoro, dudas de mi valor, y mi obediencia; y pues para cualquiera contingencia, atrevido ha de ser, quien es amante, cree que soy tuyo, y vamos adelante. No esperé menos de tu altivo aliento. Mucho emprendes, amor! Óyeme atento. Esa gruta que hoy viste, en la primera edad de Tlebas paso fue a la esfera de los Jardines, cuyo estrecho paso, o ya fuese designio, o fuese acaso, siglos ha que cerrado se mantiene, y aún ignorado, pues para eso tiene, como él previno, el verde, artificioso muro de yedras, que cancel umbroso la entrada oculta, hasta hoy no descubierta: este, pues, hueco, que ocupó la puerta, como después el arte cerrar le hizo, sin el canoro, dulce blando hechizo, que la lira de Anfión puso en el muro, no está como él seguro, pues al golpe del pico, y el ariete, franca a Tebas la entrada les promete, sin que nádielo estorbe, en confianza de que a saber Lidoro solo alcanza, y Licaón, a quien él fio el secreto, tan projimo peligro; y en efecto, esta tarde previene su cautela entrar en Tebas, si antes no revela su traición mi osadía; y pues mal puede la fineza mía con la patria lograrse, pues ninguna bien hallada hasta aquí con su fortuna, mi verdad ha de creer, y el medio ignoro de que su prevención sepa Lidoro, de ti en tan cruel pesar, en tan impío hado, o noble Protogenes! me fío: mi ofensa no la ignoras, ni tampoco el ciego, el vil, el atrevido, el loco designio con que májimas crueles hajan mi copia, rompen tus pinceles. A Ariclea, a quien hace el sacrificio Nicanor, aborrezco; y en perjuicio ía, de Patria, y Religión, de aplauso, y no he de dejar que cante la victoria: tú mira como puedes, atrevido estorbar, (pues quejoso, y ofendido estas de ambos) que logre la fineza uno, y otro el aplauso a su belleza: esa puerta es el sitio amenazado, yo de ti me he fiado; Y en fin, para arrojarse a que contraste el ingenio al valor, saber te baste, que si por una Dama altivo emprende Nicanor esta acción hay quien pretende hacer, que cante el bronce de la fama, que la estorba también por otra Dama. . ye Selenisa, aguarda: mas para qué, para qué, Cielos, la llamo, si a mí, aún no me sabré entender: Fortuna, habrá quien en tanto acaso, en tanto tropel de empeños hasta ahora se haya visto, como yo? No, pues solo mi desgracia pudo parecerse a si esta vez: como es posible, que yo, sin más armas, más poder, que la fuerza de un matiz, y el arrojo de un pincel, me atreva a estorbar, que tome Nicanor a Tebas, y en tan poco plazo, como hay del Alba al anochecer: decir, que por Selenisa, aunque me arriesgue a perder la vida, no he de intentarlo? Es pensar mal; y después, siendo fineza, que emprendo. por ella, es no querer bien: mas como podré emprenderlo, honor, si habiendo de ser contra mi Príncipe, falto a la lealtad, y a la fe, rotra Dama. . por el amor, y entre dos distantes extremos, es el explendor de lo fino, oscuridad de lo fiel? amor, aquí de tu industria? Gracias a Dios, que te hall perdido amo mío, Libio? Sí, que buscándote entré al jardín, para decirte:: Ya lo sé todo. Si no es por arte de encantamento, hombre, cómo puede ser? Déjame con mi dolor, Libio, que no siempre es bien querer tratar al pesar, con las voces desplacer. hay de mí! una, y muchas veces Eso sí, quéjate. Pues entre dos obligaciones, no sé, (hay infeliz!) qué haré. pues no acierto a saber como. Amar es saber vencer. Ya Oráculo al paño aquella dulce voz, al parecer, contigo habló. Claro está, que habló, y tan al alma, que me hace creer, que seré yo, pues soy quien sabe querer, quien también sabrá triunfar. No es mala manía a fe en la que has dado, adiós juicio. Vuelve a escuchar otra vez. Amar es saber vencer: y más cuando huyendo a Marte opone el poder del arte, el arte contra el poder: Amar, Las Ninfas, que acompañando a Ariclea a este Vergel descienden las más mañanas, son, vámonos. Déjame, déjame, Libio, que en nueva batalla me ha entrado aquel casual acento, es posible, amor, que el arte ha de ser, quién al poder venza? sí, pues él tantas veces fue árbitro del soberano esquivo honor del laurel: ea ingenio, ea cautela, buena ocasión de emprender hazana, que aplauda el mundo, es esta. Señor, no ves, que van bajando? Tú, Libio, no tienes para ejercer a tus solas la pintura, pincel, y matices? Pues? mas qué intentas? La más rara, empresa, que buscó, quien sabe vencer por amar; y así, traémelos, sin que nadie pueda verlos, Libio al Jardín. Volando iré a servirte; pero mira, que al precepto faltas de Nicanor. No te detengas. Este hombre, a mi parecer, está loco, o cría. No está empeñado mi Rey Nicanor en no dejar pintura mía, que dé al mundo asombro? No dijo, quizá en mi abono también, que por no ajar de su Dama solo una prenda, perder dejara a Tebas, y al Orbe? Sí: pues hoy le he de poner en tan apretado empeño, que es fuerza que falte en él al respeto de su Dama, o al pretendido interes de la victoria; y pues nadie duda del diestro pincel mío la presteza, vamos, Selenisa, a obedecer tu precepto, y a mostrar, que todo esfácil, si fiel. Opone el poder del arte el arte contra el poder. Prosiga la melodía, Ninfas, del sonoro acento, para que consiga el viento respirar en armonía, Cómo tan presto, señora, bajas al jardín? El susto, que anoche perturbó el gusto a la diversión canora, desvelada me ha tenido. Miento, pues son mis desvelos . parto infame de mis celos. Nada debió de haber sido, pues tan presto sosegado se vio el rumor. Hay pesar! quien te pudiera cegar la vista con el cuidado: mas qué marcha es esta? Cuando tan cerca del Templo esté, que es, Ariclea, diré, seña marcial de ir entrando la compañía de guarda, que en vela del Templo está, desde que le habitas. Ya en vano lograr aguarda Nicanor de mi desdén piedad, pues me ofende ingrato, si dígalo aquel Retrato, que amoroso entregó, a quien con tanto extremo aborrezco. Quieres, a ver los primores de bandas, plumas, y flores, ir al Templo? Aunque padezco tan mortal melancolía, por vosotros tengo de ir. Todas te hemos de servir. Ay aleve pasión mía! Pues cantando sea, ya que templa el dolor así. No hay consuelo para mí. Quizá oír te aliviará. Amar es saber vencer, Que amar es saber vencer, dijo el dulce acento blando de esas Ninfas, y bien dijo, pues del afecto en el campo, solo cuando está rendido, queda triunfante el Soldado. Yo ofrecí a Ariclea no disgustarla; mas llegando Nicanor, a vista suya, y cumpliendo:: mas al paso apartada de las Ninfas, sale; qué dirá, mirando, que sin faltar al precepto, llego a hablarla? Dios alado, niño anciano, ciego lince, que quieres de mi descanso, tampoco riesgo es amor, que has menester, indignado, ampararte de los celos, para lograr los estragos? Mas quién está aquí? Quién idólatra de esos rayos, vive a vista de tus luces, obe deciendo, y amando, Obedeciendo? Sí; y porque ya me vais a hacer el cargo de qué delante de vos me pongo, atendedme un rato, Un Capitán, de los muchos que hay en el Fenicio Campo, soy, como esta insignia dice; y habiéndome a mi tocado entrar con mi Compañía de guarda en vuestro Palacio, me ha mandado Nicanor, que cumpliendo el Cortesano fuero de criado vuestro, sepa de vuestros criados, como os halláis, pues para él, ya que el ceño le ha estorbado saberlo por sí, no hay más cuidado, que este cuidado, buscando una Ninfa suya, a quien el orden que traigo participase; entre, y pues sois la primera, que hallo, mirad qué he de responderle. Ya que vos habéis mudado el rostro al delito, yo haré lo mismo; y sentando, que yo al Capitán de guarda es solamente a quien hablo, decid, que una de las Ninfas se ha encargado del recado que envía a Ariclea, a quien irá con él, en hallando ocasión; y a Diós::: Tened, que aunque el disímulo alabo, decir debo, cuanto habéis aprendido del ingrato ceño de Ariclea. Y vos del estilo enamorado de Nicanor; dejadme ir. Eso no, que para hablaros, siendo Ninfa, no hay estorbo. Mejor será (así declaro midolor) que a Selenisa busquéis, pues podéis postrado, con más razón, dar las quejas a quien fíáis los Retratos, Ella lo vio: Si cortes le di mi copia, fue estando mal puesto con ella, para que habiendo la suya ajado, sin saberlo, castigase en mi traslado el agravio; y si yo supiera::: Ved, que yo solamente hablo de Nicanoro, de vos no, pues vos ya sé yo cuanto amante de otra hermosura vivís, ardiendo, y llorando. Que con mi Príncipe hables, basta, siendo su vasallo, para defenderle yo. No defendáis a un tirano, que a mi vista solicita otro favor, otro agrado. A vuestra vista? Lleveme de la costumbre del labio. Bien sé yo, que si Aricloa le oyese, menos airado volvería el ceño, y presto dirá el efecto, cuan falso testigo en culpas de amor es el oído, postrando a sus pies el noble augusto laurel de Tebas. No es pago de una ofensa una lisonja. Tampoco es un desagrado retorno de una fineza. No fuera aleve su trato, y fuera el favor constante. El que podáis engañaros no es culpa de él. Cuando han sido las evidencias engaños? Ese ya es mucho rigor. Y esotro poco repar de que habláis conmigo. Yo, por si pudiese escucharlo de vos, Ariclea, así sus cóleras satisfago. Quién os ha dicho, que yo en esta materia he hablado mas qué cómo contingencia? Ni quien, que yo lo he tomado mas qué cómo antojo vuestro? Pues qué haberos hecho, aguardo saber? Morirme del susto de estar su cielo enojado. Qué engañoso! Qué divina! Idos, pues. Si haré, en llevando sabido, si le diréis a Ariclea cuan su esclavo es Nicanor. Ariclea? (do, Las Ninfas me andan buscan- no me detengáis. Ahora ya es fuerza. Y en qué quedamos? Yo, en que esta tarde sabréis, cuando entre en Tebas triun- fando, a quien quiero; y vos? Yo, en que desconfío, porque amo: Capitán de guarda, adiós. Ninfa del Templo sagrado de Temis, guárdete el Cielo. Amor dirija tu brazo, pues tiene, si a Tebas vence, por recompensa mi mano. . Ea, valor, a emprender D ama, y aplauso, eora Doris, era hora de que estuviesen de espacio los Graciosos, y haya aquello de apropincuatio ad parlandum? Señor Libio, no me estorbe, pues he ofrecido a su amo estar de posta, y cantar, si alguien viniere, entre tanto que él en esa gruta pinta, el que contodo cuidado aceche, cante, y avise. En la gruta está pintando mi amo? Sí; y debe de ser el que ejecuta el retrato de Temis, que Nicanor estorbó acabar. Ya caigo en que para eso sería hacerme traer volando al jardín los arrapiezos de Pintor estrafalario, que yo en mi cuarto tenía. ( Pues él cuando tuvo un cuar. Cuando usted no me le pide. Oiga, qué es desvergonzado, tras ser busón? Eso tengo, y otras cosillas, que callo: Pues calle, y váyase, que al jardín, si no me engaño, ha bajado Selenisa, y esfuerza avisarcantando: Cante usted, en hora buena; que yo escucharé a lo largo donde mi amo me mandó que le estuviese esperando. (bres Pintando baja las cum- de verdes luces el Mayo, y el Sol le borra las líneas con el pincel del Verano. (go Qué mal quien recela un ries- sabe, ni el más breve rato, apartarse del peligro, por si le estorba el cuidado: dígalo el que a los jardines bajé, y encaminé el paso a la gruta, en que la puerta:: más Doris. El suave encanto de Doris me aviso, que hay gente en el jardín: mas vano fue mi temor, y su aviso, que es Selenisa; y pues tanto a ambos importa el que acabe mi tárea. no perdamos tiempo, amor. De mí se está Selenisa recelando: no darme por entendida importa. Por otro lado echaré, sin que de Doris despierte el recelo. Astros, cuando menos fieros, para quien no os merece contrarios. Fuese, y sin duda no oyó Protógenes el reclamo de mi voz, pues no ha salido. del sitio en que está ocupado: mas qué veo? Nicanor con prevención de Soldados, y armas por esa excusada puerta del jardín ha entrado; darle aviso quiero, y irme, porque lo demás es chasco. Provido el invierno frío, porque le pinte otro año, va dibujando con nieve la resistencia del cuadro. Ea, Licaón, ya es hora de que podamos vengarnos de Lidoro. Hasta mirarme satisfecho, mal descanso. Tú, Amintas, pues prevenidos los aprestos del asalto están ya, por todas partes, enviste a Tebas, logrando, así, que desamparada dejen la puerta, que vamos a tomar nosotros: Presto, herido el metal, aguardo que de mi obediencia avise. . No te detengas; y en tanto vámonos hacia la gruta, si te parece, acercando. Dices bien. Seguidme todos. Ya vamos tras ti, llevando a punto los instrumentos, que traer nos mandaste. Has dado. ya fin a la obra? Sí; y pues el acento blando de Doris, que hay gente, dijo, en el jardín, vete. Aspacio entraba bien; pero aunque es asonante, no es del caso. Que yo, entre tanto, corriendo iré al jardín, por si hallo a Selenisa. Ahora había de estar Nicanor al paso, y encontrarme: dicho, y hecho; o si pudiera en los ramos, oculto, sin que me viese, dejarle pasar. Ya estamos, noble Nicanor, a vista del empeño. Por más arduo que sea, le ha de vencer mi ira; pero recatado de nosotros allí un hombre se oculta; quién es sepamos, pues tanto importa. 1. Matarle es, señor, más acertado, sea quien fuere. Tenga usted la cólera, seor mí a mo, que yo en la mesa de ustedes, ni juego, ni doy barato. Libio, tú aquí? Sí señor. 1. Qué trae aquí? Un contrabando de colores, y pinceles. Dejadle ir. Topo, y hago, y corro la pinta: miedo mío, de buena escapamos. Oh lo que la señatarda de Amintas. Ya que te he hallado, de aquestas yedras ocultos acechar podremos. Cuándo está ardiendo el pecho, buscas el ardor disimulado? Hasta que el suceso veas no culpes de poco osado mi amor. Ya el clarín, y el parche avisan, que del asalto empieza el horror. Ahora, pues solo hay el embarazo de este cancel, caiga en tierra. Qué no impensado rebato es este? Nádate admire. Ea, Fenicios bizarros, hoy es el día de hacer eterno el nombre en el mármol; y yo he de ser el primero, que el estorbo derribando de esa muralla fingida, me haga inmortal. Dónde estamos nosotros, quieres tu ser el que primero al trabajo se ofrezca? Sí, que es el Rey el ejemplar del vasallo. Si decías, que su traición estórbabas, para cuando es el valor? Calla, y mira. Ya va creciendo el espanto. Cuando algún Monarca, atento labrar algún Templo quiere, él a poner se prefiere la primer piedra alcimiento; y así yo, en tan arduo intento, el primero he de asistir, siendo el golpe, en mi sentir, piedra, que si otros sentar quieren, para edificar, pongo para destruir. Y así abre, o Licaón! el verde cancel, y pase a obrar el enojo, pues entrando una vez, es fácil abrir la puerta cercana del muro a nuestras triunfantes, siempre, vencedoras huestes. Ya te quito de delante el estorbo, caiga al suelo el supuesto muro, Antes que lo consigas:: Detente. Todos en acción tan grande te seguiremos. Por más, unida materia frágil, que te disímule el vano, mentido afeite del jaspe, (ro? yo he de ser quien: mas qué mí Qué te suspende? El hallarme embestido a un mismo tiempo del afecto, y el coraje. Así que el cancel abrieron, quedo innoble. No lo extrañes. No es Ariclea la que pintada en la pared, yace tan viva, que aún me enamora el descuido de la imagen? Qué es esto, señor? Esto es haberse puesto delante del odio, el amor. , . 1. Si tú a deshacer arrogante el estorbo no te atreves, nosotros lo haremos. Valé mas el retrato que pierdo, que el laurel que se me añade. Logrose mi astucia. Cómo, Licaón, aseguraste, que en esta puerta no había encanto, si en esta parte está de amor el hechizo? Yo solo sé, que lal mostrarte la gruta, como tu viste, solo la pared hallaste. Es verdad. Al Jardín, Ninfas, no segunda vez asalte nuestro tosigo el peligro. Al oírla juzgué amante, que en los labios de la copia se formó la voz sin aire. Mezclada con las demás Ninfas, sin que en ti reparen, podrás, Selenisa, ver, lo que, amando firme hacen cautela, y amor. Bien dices, y justo será, que pague mi fineza tu fineza: Antes que Ariclea baje, pues para mí no hay estorbo, le romperé yo. No pases adelante, que es herirme, con intención de adularme. Aquí entra bien mi venganza. Quién, Cielos, para estorbarme un triunfo, me pinta un riesgo? Yo solo para mostrarte, que si poder, y arte lidian, contrasta al poder el arte. Cómo? Como si la Copia rompes, es fuerza que faltes al respeto de tu Dama, a quien fino aseguraste, que por no ajar una prenda suya, dejarás constante perder el laurel del Orbe; y si ahora no le deshaces, pierdes a Tebas. r Quién, Cielos, se halló nunca en igual lance, Qué dudas? Mira, Señor, que aunque los muros asalten, nada logras, si esto pierdes. Mira también, que juraste, no dejar pintura mía, y esa lo es. Hay más pesares! Allí hay gente. Qué es aquesto? pues cómo, cuando combate a la Ciudad vuestra gente, remiso vos:: No adelante paseis; y para que el mundo; hoy con más razón, me alabe, haz Licaón, que el asalto se suspenda, y escuchadme vosotras, Ninfas. Qué intentas? No repliques. Que esto pase por mí! y lograda una vez mi venganza la embaracen. Ah del muro. Suspended, o Fenicios, el coraje: vuestro Reylo manda. Toca a recoger. No habrá nadie, que no le obedezca, y yo me entro, por lo que tronare, al cuartel de la salud. Quién llama a los Valuartes del Templo? Nicanor es. Ya deseo que me mandes. Cleonte es este, a quien debe Licaón asegurarse en mi Campo; di a Lidoro, que pues suspenso el avance dejan mis armas, se asome al muro. Ni un solo instante tardaré en servirte. Qué nuevo acaso, señor, hace suspender de la empezada empresa el designio? Saque tu voz de esta duda a tantos como viven ignorantes del motivo. Ya Lidoro ocupa el fuerte homenaje del muro, qué es lo que intentas, Nicanor? Que pues delante está Ariclea, me escuches; pero primero has de darme la palabra de que libre Cleonte a mi Campo baje, pues por él cuantos Tebanos prisioneros tengo, en canje te volveré. Yo lo ofrezco; prosigue, salvo el desaire de dejarle en el peligro. Hermosa envidia de Dafne, Selenisa, Doris, Cintia, Amintas, y cuantos saben mi amor, sabed de mi amor los acendrados quilates; y atended, que aunque a Lidoro hablo, que con todos hable quiere el valor. Ya te oímos. Nueva confusión me añade su prevención. Ya logré, por lo menos, estorbarle la hazaña. Venció mi astucia. Aquí entra bien lo de agrajes, Esta puerta, cuya entrada, fingido muro disuade, y verde cancel oculta, no es, di, Lidoro, la parte por donde puede ser Tebas, sin la costa de la sangre, tomada por interpresa? Sí, que no quiero negarte nada, y más asegurando la misma acción, que lo sabes, pues no hay en ella el encanto de Anfión, que en lo restante del muro hay. Esta, pues, iba victorioso, y arrogante a tomar, en ocasión que el ímpetu de mis haces. te tenían divertido, o ya choquen, o ya asalten; y para que nunca ignores, que no dejé de cobarde la empresa, si no de atento: prosigue tú, sin que calles nada. Protógenes soy. Bien te conozco. En más grave duda fluctuo. Yo, viendo cuanto mis pinturas aje Nicanor, principalmente una, que por ser imagen de una hermosura que adoro, fue más sensible desaire, y empeñado por la misma Dama, sin que en eso falte a la lealtad, a estorbar, que la Plaza inexpugnable de Tebas tome, en la misma pared, que era fuerza echase en el suelo para entrar, la beldad pinté admirable de Ariclea, pues sabiendo cuanto Nicanor la ame, y cuan atento la sirva, me persuadí a creer, que antes pierda el triunfo que desea, que se atreviese: A borrarle, vas a decir; y yo solo, en llegando a ese paraje, he de proseguir, pues yo, suspendido en el dictamen primero, por no romper de sus luces celestiales los pintados rayos, quiero, sin que la victoria cante, cantar el triunfo de que el sacro indulto te vale de Ariclea, porque el Orbe notorio haga a sus edades, que amar es saber vencer. A mí, en tan no visto lance, solo me toca saber, que sin tomar su homenaje te vuelves; y aunque ya siento, Nicanor, haber de enviarte a Cleonte, discurriendo, que él, y Licaón me agravien, a lo que ya aseguraron, no faltan palabras Reales; y así del muro me quito, sintiendo cuanto te halles estimado de Ariclea. Vos, bello asombro::: Que pague la noble galantería vuestra, es razón, sin que pase de aquí; y así, Nicanoro, esta es mi mano. Esto es darme de una vez vida, y corona. (te, Yo, que aunque pude enojar- al principio fui motivo de tantas felicidades, perdón merezca a tus plantas, y después el que en amante lazo la beldad consiga, por quien hice que lidiase el arte contra el poder. Quién es sepa, para darte tan alto premio. Yo soy, que el día que por mi hace Protógenes tal fineza, solo así puedo pagarle la fineza. Pues qué aguardas? Solo que en mí nudo enlace dos almas amor. Tú, osado Licaón, pues motivaste tanta ventura, en mi Reino vivirás. Y así, que pase Cleonte a mi Campo: Amintas, toca a marchar. Qué repares, es justo, que mi Retrato no ha de quedar, donde darle, ni aún quejas, pueda Lidoro. Yo, que le pinté, borrarle sabré también, pues ahora resulta en nuevo realce de la acción. Con que nosotras huérfanas de padre, y madre nos quedamos. Sehora Doris, si gusta, sabré quedarme. A qué? A ser su Guarda. Ninfas. Herido el bronce, y el parche, haga salva, repitiendo, cuando tanta dicha aplaude: Viva Ariclea. Pidiendo, porque la Comedia acabe, el que la escribió rendido, perdón de hierros tan grandes
