Texto digital

Texto digital de Los amantes portugueses y querer hasta morir

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Cristóbal Lozano Sánchez
Atribución estilometría
Cristóbal Lozano Sánchez Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los amantes portugueses y querer hasta morir. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amantes-portugueses-y-querer-hasta-morir-los.

Logo BICUVE

LOS AMANTES PORTUGUESES Y QUERER HASTA MORIR

JORNADA PRIMERA

Si lloras, Belisa, celosa, y auseute, no mires a la fuente, que corriendo aprisa, va murmurando, que llora Belisa. Divierte las penar, que causan enojos, por claveles rojos, y castas azucenas: tus niñas serenas arrullense en las rosas fragrantes, y olorosas; pero no en la fuente, pues poco confidente, por cuantos prados corre, barre, y pisa, va murmurando, que llora Belisa. Por qué, señor, vienes triste? Ya no sabes mi cuidado? Sí. . Pues por qué lo preguntas? Por ver tan regocijado: los Músicos, que parece que son los enamorados ellos, y el paciente tú. Poco fabes: no has mirado a un galán, que por rendir dama en que está idolatrando, lleva Música de noche a sus puertas? y que al paso que los Músicos están las voces organizando, él está llorando, y triste en una esquina arrimado? y no porque haya ninguno de entendimiento tan bajo, que no conozca, que es el amante aquel del llanto: pues de aquesta misma suerte estando aquí suspirando doy a conocer que soy quien a Aurora adoro, y amo. Esta bien, mas yo quisiera que se hubieran ya ausentado ellos Músicos de aquí. . Por qué? Porque dijo un labio, que la música en tal tiempo intempestiva narratio. Proseguiremos, señora? Idos, y dejadme un rato: oíeme, Elena. . Qué mandas? Vive Dios, que se han entrado; mas si me oyeron? . No importa, pues no nos han visto. . Aguardo aquí fuera? . Sí, y ten cuenta de avilar a tiempo. . Entraron? Ya están dentro, y yo me voy. Ten cuidado de avisarnos. Sentada se está, y me ha visto. Quedo se esta, y me ha mirado. Viendo lo que la deseo. Sabiendo lo que loamo. No es buen pronóstico este. No es este muy buen presagio. No haberse venido a mí! Aún no haberse a mi llegado! Quién no dirá, que es mentira? Quién no dirá, qué es engaño? Sabiendo que soy Lucindo? Qué soy Aurora pensando? Aguardar más, es locura, viendo tan presente, y claro en su desdén mi desprecio, y en su término mi agravio. Él sevá, quiero tenerle: oye, Lucindo. . A mis pasos, aunque más veloces fueran, que de un potro del mar cano, no hay rémora cual tu vez. Pues qué es esto? Ahora cuando imaginé sin zozobra, entendí sin sobresaltos, que cual polluelo a su madre amoroso, y desalado a mis brazos te acogieras, vas huyendo de mis brazos? Aurora, si un Reo fuese cas del Juez, que está aclarado, para sentenciar su causa, y en llegando a su Palacio, le viera grave, y severo, no fuera indicio bien claro de conocer, que en su contra la sentencia ha pronuncia do? claro está; pues de este modo viéndote Juez soberano, ante quien están pendientes de mis amores los autor: y viendo, que con mirarme delante de tus estrados con los dolores que vengo, y con las nuevas que traigo, apenas de Soles dos flechaste con gusto un rayo, considere yo, que estaba mi proceso sentenciado; y como aquestas sentencias se ejecutan sin embargo, aunque a costa de mi vida, iba a cumplirla callando. Estratajema amorosa es lo que contigo he usado; mas dime, que traes de Oporto Breve lo diré, que hay casos, que como al que el á en el potro atormenta el dilatarlos. Tu padre, señorantía (mía, aunque lo impidan cuantos crió el Cielo sobre el mapa de este globo de trabajos) por dar fin ha aquestas guerras, y por tratar paz con Calvió, Legado de Augusto César, y con tu primo Lisardo, Campión bravo de Setubal, y causa ya de mis daños, ha hecho; mas ay de mí! aguarda un poco. . Ya aguardo mi muerte en tu dilación. Pues no ves, que está apretando de tal suerte los cordeles el dolor, que cuando acabo de dar forma a la palabra, que se artícula en los labios, me deja tan sin aliento, que la voz hecha pedazos le retrae al corazón, cómo ve impedido el paso? Pues qué puede hacer mi padre, que te afija? . Ay, Aurora! si te ha casado, no es harto? Sin mi gusto? . Sin tu gusto. Sin avisurme? . Callando. Tan de repente? . Tan presto. Sin verme? . Determinado. Y está muy cierto? . Muy cierto. Sin réplica? . Sin reparo. Con quién? Con tu propio primo. Con quién dime? . Con Lisardo. Te burlas? . Verdad te digo. Es posible? . Es muy sentado. Ay escritura? . Y muy firme. Con qué penas? Con grandes cargos. Y no es más de eso, Lucindo? Pues, Aurora, esto no es laarto? Y por eso vienes triste? Por eso vengo penando. Sabes que te quiero? . Sí; pero, Aurora, si ya ha dado orden a tu tío Aurelio para que al punto en llegando Lisardo esta noche aquí, os despose: qué cuidado habrá que se llegue al mío, en demás considerando, que es Lisardo mi señor, y que yo soy su vasallo, y habiéndome dado él mismo para ti, Aurora un recado, mira, si advirtió el amor (que siempre advierte estos casos) que era yo solo la puerta para entrar a poder darlo. Mira. Lucindo. No quiero. Espérate, que alguien ha entrado. Óyeme, Citón. Qué es eso Señora, me está arañando Eleña: su merced mande, que esté nompuesta. . Borracho, continuo has de estar de un modo? Perdonen el sobresalto, que quise probar sus bríos. Vete en hora mala. . Callo, pues soy Chitón. Lindo humor. Es pesadístimo a rator: prosigue, señora mía. Lucendo, yo te amo tanto, que pienso ha sido remedio, aunque lo juzgues agravio, esto que el Cielo permite; porque hay veces, que tan alto del alma está el instrumento, y las cuerdas en tal grado, y de tal suerte subidas, que con ecos delicados al paso que sueñan más, mas riesgo en irse quebrando se ve que tienen, si como en instrumento ordinario una pena no la pone siquiera un punto más bajo, que es decir por menos cifras, y por estilo más claro, que con lo que estás temiendo, y con lo que me has contado, está mi amor en su punto; porque como es necesario a veces, que el Cielo emvie un castigo al cuerpo humano, porque no se ensoberbezca; así pues, también hay casor en que el amor conociendo, que un alma por amar tanto está a punto de perderse, suele enviarle un cuidado con que se aplaquen, y templen del mucho querer los rasgos. Olvidarme yo de ti, aunque tuviera Lisardo más Coronas en su frente, que tiene flores el campo, cuando le da desde Abril los buenos diar a Mayo, tan imposible será, como querer con las manos arrancar del firmamento sus diamantes, y topacios. Deja qué bese tus plantas. Levántate, que no estamos en tiempo de complimientos. Y qué hemos de hacer? Callando gozar nuestro amor. . Pues cómo? Escúchame. . Ya te aguardo. Mi padre y mi tío Aurelio, cuando uean, que a Lisardo no le admito por esposo, y que digo como he dado mano de espesa a otro hombre, es fuerza que han de buscarlo para quitarle la vida; y así, mi Lucindo, en tanto que de aquella batería se pasa el primer asalto, porque de ti no presuman por ningún asomo y rasgo, puedes (fingiéndote digo) tratar con mi prima a ratos. a modo de pretenderla, y hablarme a mí con recato en habiendo alguien delante; y para a solas hablarnos, buscaremos ocasiones, que alivien nuestros cuidados. En fin, me mandas que quiera a Rosarda! . Paso, paso; pues de esa suerte lo dices? Ya sé que ha de ser burlando. Pienso que te he daido el pie, y te has de tomar la mano. Presto, presto. . Es otra burla? Que llegan ya. . Quién? El diablo: qué linda flecha por Dios! Alarga, señora, el paso, que viene Aurelio, y Rosarda. Salgamos por aquí al pario. Anda Aurora. . No, Lucindo, ve tu delante. . Es en vano, que eres mi Aurora, y mi luz. No está lindo este canario de entra tú, más entra tú? Vames. . Vamos. Ya nos han visto. . Así quiere, porque se cumpla el adagio, que pagan siempre los mozos lo que pecaron los amos. Aquí mi hermano me ha escrito, que están las paces sentadas con Oporto, si casadas a ti y a Aurora remito. Lisardo ha pedido a Aurora, y Calvio te pide a ti. Yo no puedo dar él sí, padre, lo que es por ahora. Rosarda, esto se ha de hacer, no hay si no dejar el miedo. Padre, y señor; yo no puedo. Pues, Rosarda, hacer poder, Casarme con un Romano, a mi disgusto, y pesar, es solo querer tomar yo la muerte por mi mano. No ves, qué es un Presidente? qué es un Legado no ves? En no siendo Portugués, no hay hombre que me contente; que si Claudio es poderoso, nunca, padre, la mujer pone el gusto en el poder, si es a disgusto el esposo. A mi prima la está bien, si la casan con Lisardo. Su gusto también aguardo. No podrá mostrar desdén: aquí quedó entretenida con la música. . Y aquí qué hace este hombra? . Ya a mí se endereza una embestida: libreos Dios las mis costillas de una mala tentación. Hola, quién sois? . Soy Chitón, y no el de las taravillas; aunque té muy bien hablar lo que un hombre ha menester, y un poquillo más, por ser mi oficio lacayicar. Vendo a mi amo buscando con alguna prisa, y pena, encóntreme con Elena, y estábala aquí contando la destruición que ha despecho por ella mi espada apoya, estando Oporto hecho Troya, y yo un Menelao hecho. Si en Oporto te has hallado, cuentanos lo sucedido. Si no en estilo pulido digo a lo Montalvanado: El campo bien concertado de Bracarentes (aborto de Marte, y Palas) salimos, y el último asalto dimos a la gran Ciudad de Oporto; tu hermano sibio, y prudente nuestro ejército regía, y antes de la batería animó a toda su gente: a mí, como a tan valiente, la delantera me dieron, y al instante que me vieron los que estaban en el muro, solo de verme, te juro, que muchos de ellos murieron. Iba mi señor cenmigo, o yo iba con mi señor, él a mirar mi valor, yo a ser del suyo testigo; y como vio el enemigo entre tanto combatiente nuestro corazón valiente, vueltos los ojos adiós, dijo: viniendo estos dos, para qué viene más gente? En fin, se empezo el asalto, y alguno en solo mirar mi espada desenvainar, se murió de sobresalto; los que estaban en lo alto aguardando que empezase la lucha, y yo pelease, con el espanto tremendo se iban de miedo muriendo, para que no los matase. Mi señor Lucindo, que fue el primero que subió al muro, tantos mató, que no hallaba en que hacer pie: de un monte de cuerpos fue la sangre que corrió tanta, que aunque el referirlo espanta, y no parece verdad, vi, que a los de la Ciudad les daba ya a la garganta. Cada cual hacía en tanto tanta muerte en un momento, que para tomar aliento, descansaya un tanto cuanto. Dueto le vio como Janto, en tanta sangre reñido, que de compafión movido, y augulnado de pesar, iba a vemitar al mar los cuerpos que había sorbido. La noche, viendo que el día causaba aquestos asombros, se echó el manto por los hombros antes de lo que solía: cesó aquí la batería, a recoger se echó un bando, y al cabo todos quedando sin vencer, ni ser vencidos, nos retiramos sentidos, y se quedaron llorando. Tu hermano, viendo el agravio, que esperaba recibir, por haber oído decir, que a Oporto llevaba Calvio gran socorro: cómo sabio trató estos dos casamientos, con que esperamos contentos, que quede en espacio corto sin más asaltos Oporto, y Braga sin detrimentos. Ves, hija, como es muy justo, que des a Calvio la mano? No es, si rigor inhumano, que quieras forzar mi gusto. Ven, ven, busquemos a Aurora, que ella te convencerá. Podrá ser; mas no será, porque en este pecho mora Lucindo, y muy claro es no poder en tal lugar de la posesión echar un Romano a un Portugués. No pude anoche llegar a Braga, por ocasión de ver la resolución del gran Rodulfo: harto azar, pues hallo, que haber perdido una noche de mi Aurora, no se ha de soldar ahora con mil días de marido. En fin, Rodulfo, señor, riene en darte a Aurora gusto; No te parece, qué es justo? Y muy debido: ay amor, . y qué guerra me has de dar! Si sabes que le ayudé con la gente que junté, ya por tierra, ya por mar, y mientras quedó asaltando la Ciudad, vencí al Gallego, que soberbio, loco, y ciego, iba ya el Miño pasando. Si sabes que satisfecho de mis bríos el Romano, dando a Resarda la mano, por mí las paces ha hecho: si sabes dejo mi gente en Setubal, y gozoso trueco a cariños de esposo los desgarros de valiente; y en fin, Lucindo, si sabes, que a haber anoche llegado, cual Sol, ya hubiera gozado de Aurora abrazos suaver: como me dices ahora con recelo tan injusto si tiene Rodulfo gulto de casarme con Aurora? Es, señor, porque a mi ver, el que se viene a casar, primero ha de preguntar, si gusta de él la mujer. Todo cuanto has dicho entiendo, mas si no te quiere Aurora, de qué importancia es ahora estar aquello sabiendo? Sabiendo que yo la quiero, no me quiere Aurora a mí? A mí me lo ha dicho así, con roltro grave, y severo. Severo haré yo a fe mía, que no me niegue sus brazos. Brazos, cuando hay embarazos, jamás causan alegría. Alegría vendrá a ser aún con violencia gozarlos. Gozallos con enojallos no te doy por parecer. Parecer me quieres dar, cuando me estoy abrasando? Abrasando me estoy, cuando considero tu pesar. Pesar tus nuevas me han dado, mas hoy desposarme espero. Espero morir primero, . que te vea desposado. Oh Príncipe! o mi sebrino! con salud te traiga el Cielo. Solo a serviros humilde vengo a Braga, tío Aurelio. Y mi hermano cómo queda? En Oporto queda bueno, concluyendo aquestas paces. Y cuándo vendrá? Muy presto, Ea, entrad a descansar, para que después hablemos con Aurora, que aseguro os aguarda por momentos. Mi prima? . Y esposa vuestra. Lucindo? . Señor. . Qué es esto? No hay más de lo que te he dicho, lo cualverás. . Yo te creo: vamos, señor. . Vamos, vamos. Escrito en el alma llevo . que tiene Lucindo amor a Aurora, y viven los Cielos, si es verdad, que he de sacarle el alma, y vida del pecho. Lisardo se ha sospechado por las razones de Aurelio, y va de mi receloso: y yo receloso quedo, si se habrá mudad Aurora, que es mujer; mas no tan presto dude el alma de amor tanto; vamos en hablar con tiento, y hagamos lo que me ha dicho, a Rosarda pretendiendo con amores simulados, y fingidos galanteos, para quitar de Lisardo las sospechas, y recelos. Ay! ay! señor? Qué traes, loco? Un dolor de tripas tengo por hablarte desde ayer. Pues anda vete al infierno. Me iré donde yo quisiere, Oye, escucha. No hay remedio. Vuelve acá. Para qué? no me ha quedado dolor ya en todo mi cuerpo con el grito que me diste, y así, callo. . Cómo es eso? Yo te lo diré: no has visto a alguno cuando está enfermo de un cuartanario cruel, con que no valen Galenos, y cuando llegan del frío los pavorosos bestezos hecha la cara de hiel, erizado todo el cuerpo, los labios de cardenillo, y los ojos turbulentos, se pone sobre una lumbre, o se acacha en un brasero, y al son de las quijaradas hace plegarias sin cuento? Y cuando más descuidado, suele para su remedio llegar otro por detrás, y darle un grito tremendo, con cuyo susto acontece quedar el doliente bueno? porque el frío del espanto excluye al que está en el cuerpo. Pues de aquesta misma suerte (acomodando el ejemplo) yo venía con un frío de cuartana, y como al tiempo que iba a decirte en plegarias mas de mil cosas, y cuentos, diste aquel grito, quedé entre arrobado, y suspenso, con las palabras eradas; porque tu espirital eco al tiempo que mis razones iban a salir del cuerpo, sezampó por los oídos, y dándose dos encuentros, como él iba tan pujante, y ellas haciendo pucheros se salían a la beca, a bosetones de miedo me las volvió a la barriga, con que he quedado en silencio. No me canses, di si hay algo. Dígolo, pues, sin rodeos, porque ya viene Rosarda, y es, que por ti bebe el viento. Rosarda? . Rosarda, pues: avísote de este empeño, porque andes en los estribos. . Su ayuda me den los Cielos, pues si he de fingir quererla, según de Aurora el consejo, y ella de verás me quiere, tengo tan bellaco pleito, como en publicar mi amor; pues si aquí a Lisardo temo, allí es fuerza temer enojos justos de Aurello. Qué ay, Lucindo? . Oh, gran señora! Triste estás? . Lo ostaba, pienso; mas a luz de vuestros soles mis nubiados se han deshecho. Es amor? No me lo niegues. Que tengo amor te concedo; mas me empeño un imposible, y estoy temiendo los riesgos. Qué imposible hay en quien ama; Escucha por un ejemplo. Si un pajarillo quisiese, desvanecido, y loberbio, o llevado de sus gussos, o confiado en sus vuelos, subir, y llegar rasgando esas rafagas del viento, hallado el Águila está mirando al Sol sin boliezos, desmintiendo con sus ojos cuantos le tira luceros; no está claro, que en llegando a ser visto de sus lejos, le oividara del que tiene solió en sí misma supremo, y se abalanzara a él pico, y uñas esgrimiendo? Y el cuitado pajarillo, que entendió por sus anhelos merecer del Ave Reina algún coronado premio, será de sus garras presa, precipicio de sus riesgos? Pues así, señora, yo, pajarillo tan pequeño, que a las luces de quien amo soy sombra, si a verme llego: Si tengo puesta la mira en un Águila, que el Cielo, bandolera de las almas, crió en aqueste hemisferio, y procuro darla alcance entre celajes envuelto, sin atender a los rayos de un Sol, que la está aplaudiendo: No está claro, que ella misma querrá castigar mi exceso, o si ella no por piadosa, el Sol quizás por soberbio, temiendo quiero quitarle la luz que idólatra tierno? Si es Águila, y esa luz es Aurora, yo lo creo. Pues como ha de ser Aurora, si Lisardo, que es mi dueño, se viene a casar con ella Pues de eso mismo lo infiero o dime, quién puede ser? Bien pudieras entenderlo, si sois solamente dos Águilas de aqueste imperio, y puedo seguir la una. sin agraviar a mi dueño. Luego me quieres a mí? Mucho aprietas; mas no quiero permitir él si a los labios; y es porque está Aurora dentro. Explícate sin rebozos. Digo, que eres por quien peno. Qué me quieres? . Sí, Rosarda. Hablas de verás? . No miento. Desde cuándo? . Un siglo ha. Con esto voy satisfecho, que no me es traidor Lucindo, y he de procurar si puedo, que se case con Rosarda, aunque con Calvió quebremos. Y a quién temea? Temo a Calvio. Yo me estoy ardiendo en celos, que aunque los siento fingidos, derraman mucho veneno, por lo que tienen de sombra de los que son verdaderos. Y en fin qué me quieres? . Sí. Y si yo también te quiero, temerás? . Seré dichoso. Quiero llegar, porque pienso, que ella se va enamorando. Rosarda? prima? A buen tiempo: qué quieres? . Tu padre llama. Adiós, Lucindo, que luego te hablaré de más espacio. . Yo soy tu esclavo. . Qué es esto? Ay, Aurora! qué ha de ser, si estoy aquí padeciendo, por cumplir mándatos tuyos? Los cumples con tanto extremo, que es mejor que no los cumplas. Pues tan presto tienes celos? Pues no me has dado harta causa, escuchándote tan tierno con otra dama, y decirla por dos veces, si te quiero? Bien sabrás, pues me escuchaste, lo que lo escuré primero; demás, que fue obedecer tus mandatos, y consejos; y como riges del alma palabras, y pensamientos, al inltante, que según mi dictamen, verdadero quisiera decir un no, un sí dije tan violento, que lo que hablaron los labios, lo desmentí allá en el pecho. Eso es querer que yo crea, que fue el si forzado. . Es cierto. Creolo; pero no has visto que por algunos respetos, se ve un amigo de otro obligado? y no sabiendo negarle lo que le pide, y cumplirlo no pudiendo, suele hallándose en balanzas de dos contrarios extremos, decir un sí de tal modo, que en el arte, traza, y gesto con que la palabra sale organizada del cuerpo, se echa de ver claramente, que es aquel si cumplimiento? pues así, Lucindo, tú debieras por mi respeto decír aquel si de un arte, que Rosarda en los acentos supiera era cortesía los que ha juzgado requiebros: porque exagerarla tanto, que la amas, yo sospecho, que ha de ponernos a todos en mucho mayor empeño; ella amándote quizás, tu abrasándome con celos, yo sintiendo lo que hice, tu matando, y yo muriendo. Oye, atiende, escucha, Aurora, aún es mayor mi tormento, . si aún no sabe que me ama. Qué he de escuchar? Ya no es tiempo, que vuelve Rosarda. . Ea, mi recelo es verdadero; vete de aquí. . Que me place. Rabiando vuelvo de celos. De esta traza he de valerme. Este, Lucindo, es el pliego para mi padre. Iré al punto. Oh, qué malos son los celos! . Prima? . Aguárdate, Rosarda; oye, Lucindo. Ya atiendo. Del modo que quedo sabes. Sabes lo que voy sintiendo? Sintiendo tú? Pues por qué? Por qué? Por tu sentimiento. Sentimiento tienes tú? Tú lo pasas, yo lo llevo. Llevo tantos. . Tantos yo. Yo por ti. . Por ti padezco. Que lo sabe Dios, Lucindo. Que lo sabe, Aurora el Cielo. Vete, que quedo penando. Quédate, que voy muriendo. Qué es lo que a tu padre escribes? Presto sabrás el suceso: y tú qué dices? . Confieso, Aurora, el bien que recibes, siendo esposa de Lisardo; mas yo triste. . Di, camina, que ya el alma me adivina mi razón (mi muerte aguardo.) Viendo que mi padre está resuelto, y determinado, y que yo el gusto he entregado a quien el alma me da; quisisra hicieses, Aurora, a mi padre, que dejase al Romano, y me casase. Con quién? Con quien mi alma adora. Quién es? . Un hombre tan bello, que falta en él no se ve desde la punta del pie, hasta encima del cabello; es tan galán, tan cortés, de entendimiento tan alto, que para en nada ser falto, le hizo el Cielo Portugués. Dime ya el nombre. . Ay de mí? que pienso te has de enojar. Ya me das que sospechar; mas si es Lisardo? Oje. . Di. Si tú a Lisardo no amaras. Ya entiendo; no digas más. Qué es lo que entendido has? Lo que tú no me celaras, si mi pecho conociera: Tu amas a Lisardo, y yo quiero, prima, porque no de verle conmigo mueras, dejártela por marido, pues no puede haber remedio para ti por otro medio. Ay, que no me has entendido! Cómo no? (mi mal es cierto.) . Porque muy di verso está mi gusto. . Pues dilo ya. Pues Lucindo es quien me ha muerto, quien me tiene sin reposo. Elada estoy: ah homicida! . Quién tiene de darme vido, y quien ha de ser mi esposo. Quién es? que no lo entendí. Lucindo, Lucindo, Aurora. Ah tirana! Si él me adora, no hago bien de amarlo? . Sí, si no estuviera yo aquí. Rosarda, que lo impidiera, que quiero de esta manera (ojalá que tú no hablaras) decir con palabras claras, lo que por cifras pudiera. Quieres tú a Lucindo. Aurora? Si Rosarda. . Y él a ti? . No, Pues déjame a mí. Es por que mi amor ignoro. Quieres descubrirte ahora? Que él se me descubra espero, que pues yo le amé primero, sin su voluntad saber, él también me ha de querer, sin que sepa que le quiero. Tu áspiras a un imposible, porque es Lisardo su dueño, y él me quiere . No es pequeño mi mal. . Pues no andes terrible. con quien te estima apacible. No somos las dos mujeres? . Sí. Y por Lucindo no mueres? También, aunque formes quejas. Pues para qué me aconsejas, lo que para ti no quieres? Aquí están. . A morir vengo. . Lisardo viene, qué intentas? Tú lo verás. . Ea, Aurora; ya tus dichas se conciertan. Ay de mí! Señor, callar. Yo dichas? de qué maneta? Dando la mano a Lisardo, Que por ser indigno de ella la pido, prima, y señora; postrado a las plantas vuestras. Alzad, señor, porque estoy ya casada. . Aquí es la fiesta. . Casada! qué es lo que dices? vive el Cielo. . Tente, espera, Qué me he de esperar? Oídme. Di, que ya escucho mi afrenta. Yace entre Braga, y Oporto una selva, a quien por turnos, el Miño tributa perlas, y el Duero cristales puros. En cuyas fértiles sombras, sin que del Planeta rubio los rayos penetrar puedan senos de esmeralda ocultos, el Gilguero, y Ruiseñor, toman de música puntos para murmurarle al Alba sus cariciosos arrullos. Aquí, pues, llegué una siesta, cuando por decretos tuyos, a cercar a los de Oporto salió mi padre Rudulfo, y por ver el sitio ameno, quedándome con algunos a mitigar del calor los abrasados impulsos; pasó mi padre adelante. con todo el campo; y yo al punto a los que me guardan mando, que en los di vertidos gustos de la caza se entretengan. Vanse todos, y al repulgo de un tapete de esmeralda, por donde como al descuido se iba quejando una fuente con quiebros de cristal mudos, me recoste algo gustosa, dando al sueño algún tributo. Mas cuando más descuidada, despertándome los sustos, oigo voces, siento gente, y apenas ya las escucho, cuando de los que las daban me cerca un motín confuso. Conozco ser enemigos, aunque me hallé sin discurso, con la pena a la garganta, toda cordel, toda nudos. Y entre tanto, que discordes los de más garbo, con rumbor piensan cautivarme, yo mi sangre, y valor consulto. Hallé al Capitán del alma tan ajustado a mi gusto, que haciendo de alas bandera, parche el movimiento suyo, Sargentos a mis dos ojos, venablo a la lengua agudo, hizo que intrépida hablando los dejase a todos mudos. Tuviéronme, en fin, respeto, porque una mujer presumo, cuando enojada se ve con el semblante iracundo, sino es Deidad que amedrenta, el de Palas un trasunto, que atemoriza con miedos, y mata con espeluzos. Al ruido, y a las voces llegó a socorrerme uno, de mis Soldados, que el nombre me es forzoso que esté oculto, balla que el ser solo fue predigio a lo que presumo, porque en uno repartiese amor, que pudiera en muchos. No habéis visto en una plaza, cuando en ella el pueblo junto está colocado a ver agitaciones de brutos, que los lidiadores todos, precipitándose algunos, por éncima de los otros arremeten con tumultos a coger la confitura, o otros premios, que por gusto los Mayordomos arrojan; y cuando con más descuido, y en aquello cuidadosos, dan risa, y chacota al vulgo, suelen del toril soltar un toro tan iracundo, que hiriendo el aire a bramidos, y aventando el polvo a busos, parte veloz penetrando una nube de repullos, y esgrimiendo de su frente la media luna en un punto, no solo esparce a los que eran término confuso, sino que por grado, o fuerzas, que dejen les hace a muchos la confitura, o las vidas, y aún a veces todo junto? Pues así yo, siendo premio, que tuvo mi padre gusto de ofrecer al enemigo, pues a sus manos me expuso por llevarme a aquella guerra, y ellos absortos, y mudos los codiciosos de mí, salió aquel soldado; y dudo si Marte le prestó alientos, o Hlerculesle llevó el pulso, según en espacio breve con el acero desnudo, muchas desnudando vidas vistió el campo de difuntos. Los que morir no quisieron; viendo en su brazo robusto a un Atropos, cuando hecha por lo vestambres conjuntos en el paño de la vida si los de tijera agudos, quedaron tan pavorosos; que atonitos, y confusos, para huirle suplicaron, que les concediese indultos. Considerad, pues, ahora, decid, pues, si no fue justo (que justo lo juzgaréis, si juzgáis como yo juzgo, darle a quien me dio la vida, alma que defender supo, tan a costa de sus riesgos, y a costa de alientos suyos? Mano de esposa le di. y con tan estrecho nudo se unieron nuestras dos almas, que no ha de poder el mundo dividirnos a los dos, sino nos deguella juntos. No haber dado de este caso parte a mi padre Rodulfo, ha sido, por aguardar, que de este cerco importuno de Oporto, volviese a Braga coronado de mil triunfos, para entonces a sus pies, y también, tío, a los tuyos, decir con lágrimas: Padre, Aurora soy, mi Sol busco, que temiendo de tus iras los rigores, anda oculto; no le enojes, que es valiente; dejámele amar, que es justo; si no es mi igual, es galante; si no es rico, vale macho: yo le quiero, y esto balla; siendo mío es todo tuyo; vida me dio, dale vida; padre eres, dame gusto. Y cuando a aquestas razones se me mostrara sañudo, me quitara de sus pies, y ya los ojos enjutos, dijera de aquesta suerte: Padre, tío, y todos juntos cuantos me estáis atendiendo, pues a mis quejas sois duros; vive Dios, viven los Cielos, viven los Ángeles puros, y vive cuanto sustenta en i este globo confuso, que he de querer a quien quiero, que he de casar con quien gusto, que he deservir al que adoro, porque en repetidos lustros de amor Portugués la fuerza se dilate por el mundo. Seguidla todos, tenedla. Corrido voy, y confuso. Albricias, amor. . Par Deús, que es la mujer un dimuño.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Lucindo, dime verdad, qué, en fin, amas a Rosarda? Digo, señor, que la adoro. Mas que nos coge en la trampa? . Y ella te quiere? También. Tienes favores? . Sin tasa. La visitas? . Con secreto. Es discreta? . Con mil gracias. Gran ventura! . Soy dichoso: ay Aurora de mi alma! . Eso sí, hacir la protesa, por si nos oye. . Y qué aguardas? Señor, qué puedo aguardar, siendo tu Majeslad tanta, y yo tu vasallo humilde? Si ella te quiere, eso basta para igualarte a su Alteza; demás, que si se repara, el ser Aurelio su padre Duque, y Capitán de Braga, fue por sus heroicos hechos; pues miradas tus hazañas, no solo las que en Setubal Hector Portugués te aclaman, sino las que contra Oporto han sido más señaladas, bien merecen te sublimen a ser dueño de Rosarda. Hallo un grande inconveniente. Y cuál es? . Ver, que te casas con Aurora, a quien en puesto Rosarda se le aventaja, y siendo yo tu vasallo. Estas excusas me matan. Daremos que murmurar a toda la Lulitanía. si tú, aunque alcancer a Aurora, me hallar dueño de la casa, ORTUCUESES, No esta malo el argumento. . Descubierta está mi infamia; . mas yo apretaré el cordel. Ay Aurora de mi alma! Lucindo, para que veas mi valor, paso por cuantas perdidas de mi derecho puedo tener de esta causa. Y así, porque solicites mi amor con más vigilancia, quiero que aquí con secreto te desposes con Rosarda. Malo, por Dios. Fuerte lance! Y no te dé pena nada. Ella viene. Pues ve presto, . y llama a Aurelio. . No hablas? Qué puedo, señor, hablar, sino arrojarme a tus plantas, por mercedes tan cumplidas? Pues ella sale, y hablarla quiero primero en secreto. Ay dolor! Vuestra desgracia siento, primo, como propia. Espero, prima Rosarda, ser dueño feliz de Aurora, porque imagino, que es falsa la relación que nos hizo: oye aparte. . Qué me mandas? Ea, amor, ahora es tiempo, que des favor a mi causa, cuando hay riesgos tan notorios, que hacen los tiros al alma. Alma es de Aurora esta misma que me alienta, y acompaña, y no es razón, ni justicia, sin su gusto enajenarla. Enajenarla a violencias podrá mi suerte contraria; mas moriré, y sabrá el mundo los rigores que me matan. Matan a un noble las penas cuando inocente le agravian, que hay heridas que no está un pecho para llevarlas. Digo. Lisardo, que gusto ser esposa, pues lo mandas, de Lucindo; mas ya ves puedo quedar desairada, si lo llegan a entender mi padre, o Aurora. . Basta el seguro que te ofrezco. Los ardides, y las trazas me pieste aquí la fortuna, Lucindo; Señor. . Acaba, dale a Rosarda la mano. A quién, señor? . A Rosarda. Pues yo merezco esa dicha? Sí, Lucindo, que mi alma te ha igualado a mi grandeza. Ay, Chitón, y cómo tardas! Pues, señora, ya que el Cielo me hace digno de estas gracias, habremos claro. . Ya escucho. Estas excusas me matan. . Cuando un señor a un vasallo le da el gobierno, y la vara de sus Villas, y Lugares, a su alteza le levanta: mas con esta diferencia, que si en nobleza, y prosapia se llevan poco uno a otro, muy atentos los dos andan: mas si acaso el del gobierno, aunque las letras le ensalzan, es pobre, y de gente humilde, en las cosas de importancia no obra por si fino al gusto de lo que el señor manda. Pues así, señora, tú, a quien reverencia Braga por Princesa de su Imperio, ilustre, hermosa, y bizarra, quieres hacerme tu igual, dándome tu mano blanca? En lo cual con lo que he dicho, es la consecuencia clara, que con el título honroso de marido entraré en casa, o a ser siervo, si he de hacer solamente lo que mandas, o a ser martir, si pretendo oponerme a tus palabras; y como astá el mundo tal, no quisiera, no, Rosarda (ay cómo tardas, Citón!) . Estas excusas me matan. Que por tocar de tu mano las cinco flechas de nácar, algún villano atrevido me afrentase, y fuese causa de perder por ser tu esposo con la vida las ganancias. Aunque más Aurora niegue, . ellos sin duda se aman. Oh qué recelos que tengo, . que es Lucindo quién me agravia! Lucindo, en siendo tu esposa, serás tan dueño del alma, que yo solo estaré atenta a servirte en lo que mandas. Quién mereció favor tanto? Dale, pues, la mano, acaba. Déjame, señor, primero, que arrodillado a sus plantas, agradezca en cortesías lo que a mis fuerzas les falta, Dilato por si hay socorro, pero cuando no fue tarda para un infeliz la suerte! Quién vio arengar más extrañas! Jazmínica mano, en quien de la azucena el candor, del cristal el explendor purpúreamente se ven, dame un dilatado bien del que en ti el Cielo atesora, pues busco galante ahora en esas zonas doradas las rosas aljofaradas con sollozos de la Aurora. Indigno soy de tocar, mano, tu hermoso relieve, porque aunque es cristal, y nieve, bien sé que me he de abrasar: tus flechas me han de matar, sino es que por engendrarlas, la Aurora quiere ablandarlas, y en lágrimas deshacerlas; que aunque da la Aurora perlas, llora para haber de darlas. No sé si llego ya a tiempo. . Esto me temía yo. Oh qué dichoso que he sido! . Oh qué desgraciada soy! . Lisardo? Prima? Qué es esto? Sin rebozo, y sin ficción (porque mis celos te abrasen) . te diré el calo: mando Lisardo; que yo, y Lucindo, despolándonos los doy, soseguemos sus sospechas; y si no llegas. . Quién vio seejante atrevimiento Mirad, prima, que aquí estoy. No sé si podré miraros, porque quien tan sin razón quiere entregar a un vasallo la mano que no alcanzó, o tiene a mi tío en poco, o sabe poco de honor; y tú, prima, estás en ti? Buen disimulo, por Dios. . Sabes, qué Aurelio es tu padre? sabes, que tu prima soy? pues como con tal infamia manchas tan clara opinión! y tú, villano. . Señora. Infame. . No entendí yo. Atrevido. . Yo juzgaba. Mal mirado. . Sabe Dios. Vos a mi prima? . Que a ella, Vos a Rosarda? Yo no. Estoy por hacer. . Jamár. A no mirar. . Tuve amor. No me habléis idos de aquí; y por vida de quien soy, que si esto no tiene enmienda, que dando de ello razón a mi tío, haré, que labe con vuestra sangre su honor. Yo os obedezco callando. Andad y mirad; que soy muy celosa en estas cosas. No os dilgustará mi amor. . Con más confusión me quedo . de si hay en esto traición, pues le trata de esta suerte. Yo vengaré mi dolor. Aurora prima, señora, dale de mano al rigor, cuando a costa de servicios me debes tanta afición. Bien conoces, que tu padre ha menester mi valor para resistir las fuerzas de la Romana Nación. Calvió ayuda a los de Oporto; solo porque le negó Rosarda su mano; y quiere vengar su enojo, y furor. Doce mil Romanos junta, y para mi pocos son, si merezco de tu mano tocar el rico candor. Lisardo, yo estoy casada, porque no soy mujer yo que finjo lo que no es; y no me causa temor, que venga Calvio, pues cuando falten hombres, mujer soy, que le sabré resistir. Quién es tu esposo? . Eso no diré, hasta venir mi padre. Pues Aurora, vive Dios, que he de buscarle. Y qué importa? Que le he de matar. Vos? . Yo. Este temor solamente. . es quien reprime mi voz, para no decir, que es Lucindo a quien tiene amor; mas si es, que de Aurora pasa adelante la afición, descublirle tengo aunque le mate, pues ts mejor, para una mujer, ver muerto galán que en extremo amó, que no verle vivo en brazos de otra ajena posesión. Vos matar a quien yo adoro? A quien vos adoráis yo. Yo sé, que no habéis de osar. Yo sé, que atrevido soy. Yo le encubriré muyi bien. Yo le buscaré mejor. Yo le esconderé en mi pecho. Yo os abriré el corazón. Yo me sabré defender. Yo os venceré con amor. Yo sé, que estoy muy segura. Yo sé que muriendo voy. . Enojada estoy, Rosarda; de tu dete minación, habiéndote descubierto los secretos de mi amor. Aurora, adelántate en dar las quejas, que doy, porque si tú me has contado, que no sabe tu afición Lucindo, y que fue fingido lo que con tanto primor a todos nos intimaste en aquella relación, y él me adora, estima, y quiere, y muy entendida estoy, que no te ha de querer nunca, porqué has de estorbar, que yo no me despose con él? Porque tomé posesión en él primero, la cual concede el Legislador, como en las cosas comunes al primero que llegó. Pues, Aurora, en qué te fundas en sustentar afición de quién no te quiere? . Escuc cuantas mujeres ay hoy, que aman secretas, y quieren a quien no las tiene amor? porque al modo de un galán de dama que hermosa vio se enamora, y suele a veces pasarse un año, y aún dos, sin descubrirle su pecho? así con más propia acción, porque miramos al hombre como al principio que Dios nos dio por amado objeto de la amorosa pasión, nos dejamos las mujeres llevar con tanto rigor, que a no tener por la cara el velo del pundonor, y el rebozo de vergüenza, pocas veces pienso yo pudieramos encubrir al hombre nuestra afición: fuera que amar yo a quien sé, que también me tiene amor, es cosa muy ordinaria, pues aún niños sin razón aman a los que los quieren; pero querer yo a quien no me quiere, es dar a entender, que en amar perfecta soy; y si no me has entendido, oye una comparación: Viste un Maestro de Escuela, que con deseo, y fervor de que el discípulo aprenda lecciones muchas, le dio en él A Bn C, nombrando por el derecho rengión, los caracteres distintos, y al punto que conoció que lo sabe, con cautela sin ser en esta ocasión Letrado, en las mismas letras al revés le da lección; porque hecha de ver que aquí consiste todo el primor de saber perfectamente aquello que decoró? Pues mi corazón así, Mueltro, que es de mi amor, viendo que amar a quien ama, dar a quien vuelve favor, es saber el A, B,C, sin ninguna trabazón, y al derecho solamente, al revés me comenzó a darme a entender las letras, porque conoce que soy tan ájil en el amar, que ninguna, vive Dios, amará a derechas tanto, como al revés amo yo. Pues dime, Aurora, si sabes lo interesadada que soy en esta parte, y conoces de unos celos el rigor, no echas de ver, que podré descubrir de tu pasión a Lisardo la verdad? No harás tu tal. . Por qué no? Porque le quieres, y sabes, que sin más información, le diera al punto la muerte, y más el pretender hoy, que con él te desposaras, sespechas pienso que son, y recelos que de él tiene. Eso no lo dudo yo, antes también me recelo, que paga ya tu afición, según con rodeos tantos darme la mano excusó; pero sea lo que fuere, tal con los celos estoy, que he de hacer un disparate. Mas confío en tu valor. Muero por Lucindo. . Así? pues, Rosarda, vive Dios, que me he de matar contigo. Qué dices? . Que Aurora soy, y si piensas, porque estás un grado más superior, oponerte a mí, soy fuego, soy de Marte inspiración, soy de Júpiter el rayo, soy de Palas el rigor, soy una celosa Juno, más basta decir que soy una mujer Portuguesa, para hacer que cuantos son habitantes en el Orbe, hora le quieras, o no, encúbrele, o no le encubras, no basten de mi rigor a reprimir los impulsos, porque mujer con pasión, con extremo de celosa, y con rasgos de dolor, antes dejará la vida en brazos de una traición, que deje de defender al hombre a quien tiene amor. Di la verdad al punto, o tienes de quedar aquí difunto. Tenga, señor, espere, que yo le contaré cuanto supiere. Solo, Chitón, queremos, que nos digas si sabes por lo menor si ama Lucindo a Aurora. No puedo respirar de miedo ahora. Di si le has visto hablar, di cuanto En vano me resisto; . (vi pero la industria tiene de valerme: digo, señores, que sin conocerme, viéndome buen Soldado mi señor, me eligió para criado. Aquí a Braga venimos, y cuando de Setubal nos partimos con algún sentimiento, entrándose mi abuela en un Convento, me dio un abrazo, y dijo: Dios te libre de mal querido hijo: y así, viendo puñales a mis pechos, sin haber cemetido malos hechos, me acuerdo poco a poco. Sabes lo que pregunto, o estás loco? Excusarse pretende, PORIUGUESES, Oiga su Alteza, pues, que de esto pande? al punto que llegamos, a malas penas, en Palacio hallamos a quien decir amores, que Palacio, al que no trae espacio, pocas veces agrada; y andando yo una tarde inopinada, no sé si pensativo un remedio buscando al incentivo de una amorosa pena, encotreme (ay de mí!) incontré a Elena, cuyo encuentro tomando por despojos, me dejó enamorado hasta los ojos. Aquí no te decimos de tu particular, solo pedimos, si ama Lucindo a Aurora, o la pretende. Oiga su Alteza, pues, que de esto pende: enamorado, pues. Viven los Cielos, si de tu amor desvelos aquí me tratas más, que he de matarte; antes dejando lo supersivo aparte, que digas solo quiero, si acaso fue Lucindo un Caballero, que en aquella floresta a Aurora liberto; y esta respuesta, a otra ninguna dilación se estiende. Oiga su Alteza; pues, que de esto pendes a la selva llegamos, al tiempo un día, que los verdes tamor del Sol bebiendo alientos amenos a sus pies daban asientos con sombras tan suaves, que huyendo del calor también las aver parecían decir con voz sonora, segura está del Sol aquí la Aurora; ella que las oyó por complacerlas de una matriz de perlas a la margen se acuesta, tan hermosa, galante, y tan compuesta, que el Sol lleno de celos, por mirarla rompió muchos cancelos: retirose la gente. Dejemos a este necio impertinento, Vive Dios, que me ofende. Oiga su Alteza, pues, que de esto pende; sola nos la dejamos, y mi señor, y yo tanto cozamos en poco más de un hora, que aún pienso que nos dura caza ahora (ños? con haber ya tres años. Quién ha visto embelecos más extra- Finalmente, siendo llamados de los ecos de Aurora lastimados, cuando llegamos, vimos tantos muertos, que ya solo servimos de, porque no cobrasen nuevas vidas, volver a repasarles las heridas, porque Portugués ay, sin ser Viriato, que tiene siete vidas como el gato. Luego Lucindo no llegó el primero? Antes llegó más tarde que el postero. Quién fue el valiente, pues? Sería algún duende, y oiga su Alteza, pues, que de esto pende; porque no vimos nada, y ella nos dijo allí, yo estoy casada. Qué Lucindo no es? Ni lo imagina; y aunque me hagáis cecina, soy en contar verdades tan perfecto, que no he de decir más. Pues a qué efecto nos has entretenido con arengas? Solo porque otra vez no me detengas con esa daga al pecho. (cho Quédate en hora mala, que me has he- pasar dos mil temores. Basta; que yo me quedo con sudores. Pues que no ha confesado, creedme, que no hay nada. Es muy marcado, y quien no le conoce, no le entiende. Oiga su Alteza, pues, que de esto pende. No hay si no estar con cuidado, porque esta noche pretendo ver a Lucindo. Yo entendiendo, que está ya de ello avisado; mas qué le piensas decir? Elena, solo tratar, si será bueno esperar, o será mejor huir. Aquí está Chitón. Y a fe, que estoy muy bien proveido. Pues qué te han hecho? Yo he sido, con perdón de su merced, el que lo que tengo hecho, porque en Galenos discursos, no hay purga que haga más cursos como un puñal puesto al pecho. Ya sé lo que puede ser; te han querido examinar? Sí, pero me di a negar sin mil puñales temer. Descubriste algo, Chitón? di la verdad. . A mi padre, a mi abuela, y a mi madre negara en tal ocasión; porque bien habéis cido, ya que no le habrás mirado, a un delincuente que atado está en el potro tendido, el cual con, mucho temor, yendo al verdugo mirando del modo que le va atando para causarle dolor, niega; pero tibiamente, hasta llegar a probar, si ha de poder sustentar lo que su corazón siente, anda con muchos rodeos dando exculas, y disculpas, que el Juez las suele hacer culpas en los miserables reo: Pero en viendo que ha pasado bien con las vueltas primeras, negará ya en las postreras, aún lo que hubo confesado. Pues así yo de esta suerte viéndome puesto en cuestión, negaba en contemplación y al paladar de la muerte; mas cuando consideré, que eran solamente trazas, y fingidas amenazas, para que les diera el pie, tomé la mano en negar, y despidiendo el temor, por el mejor negador me pretendo graduar. Chitón, llama a tu señor, y di, que venga al momento, que le aguardo en mi aposento. Voy volando. Niño amor, bien sabes lo que he pasado, bien sabes lo que he sufrido procurando con olvido desmentir tanto cuidado; haver tres años callado sin decir publicamente ya impaciente, y ya constante, o soy en amar diamante, o no amo perfectamente, Amor imposible as en quien tiene amor perfecto, que esté como amor secreto, aunque sea amor de un mes: bien sé que amor Portugues es de doblado primor; mas paso ya tal dolor, que quisiera más amando un pequeño amor gozando; que sintiendo tanto amor. Esta prueba sola ahora me queda, por ver si acaso es Lucindo, por quien paso estos rigores de Aurora: Si ella le quiere, y le adora, antes que se acueste, antes le ha de nombrar con pesantes requiebros del corazón, porque esta es la invocación de los en extremo amantes. Aquí escondido he de estar en su cuarto, hasta saber si le va de noche a ver, o él la viene a vilitar. Bien té, que me han de culpar, si a cólera me provoco, y me descubro; mas poco por Aurora en esto pierdo, porque no puede andar cuerdo quien está de amores loco. Antes tan resuelto aquí vengo ya, que si no es Lucindo este Portugués, por quien me aborrece a mí; olvidado del que fui, por fuerza gozaría entiendo, con hálagos no pudiendo; pues vale más, bien mirado, sentir por haber gozado, que asar por gozar sintiendo. Qué tienes, Aurora mía! Qué quieres, dime, que tenga con tantas calamidades? No hay si no prestar paciencia, Y tú, Elena, tienes algo? Anter, Chitón, estoy buena. Mal te haga Dios, amén. Cerraste bien la otra puerta? Sí señora. . Pues salir, y esperad los dos aí fuera en esa antesala. . Vamos. Vamos, que si el Cielo ordena; que se tarden en parlar, y tú te pones en buenas, por Dios, que a chitón chitón hemos de dormir a medias. Ya, señora, estamos solos, dime ahora lo que intentas. Ay, Lucindo! . No te afllias? qué sientes? . Siento tu ausencia. Viven los Cielos, que estoy . reprimiendo tantas penas, que me espanto de sufrirlas mucho más que pedecerlas. Este es mi vasallo fiel? Esta es la que me desprecia? Yo sufro tal ignominia? Yo consiento tal afrenta? Mas quiero aguardar, y ver desde aquí lo que conciertan, por si es que puedo en secreto vengar mi infamia secreta. Yo, Lucindo, he dado traza, para que mañana puedas ir a Oporto, con achaque de llevar cierta respuesta a mi padre de mi tío, para ver si se conciertan estas paces tan reñidas, y estas dilatadas treguar. Y aunque elloy muy entendida, según de mi padre letras algunas me lo declaran, que él lo sabe ya, y se huelga, que eres mi esposo; con todo, hasta que con él te vengas, quiero que te estés allá, aunque yo de ti carezca, pues echas de ver, Lucindo, las curiosas diligencias, que hace Lisardo, por ver a quien amo, y si supiera que eras tú quien me das vida, y a quien yo adoro tú eras, no fuera mucho matarte, aunque del amor las fuerzas están en mí tan validas, que no sé si lo sufrieran? Rosarda está tan celosa, que en el instante que sepa, que tú me tienes amor, por vengarse, es cosa cierta, que me ha de causar la muerte, siendo causa, que tú mueras. Y así, Lucindo, bien mío, dueño amado, rica prenda. mi Sol, mi espejo, mi norte, o esposo, que es do se encierran cuantos puedo hablar requiebros, y cuantas decir ternezas. Pártete de aquí sin miedo, y no te vayas con pena, pues sabes que voy contigo, y sabes lo que en mi dejas. Ay, Aurora! mal me pagas; mas dirás, que qué aprovecha el pagar, cuando el amor tiene más deudas que renta? El alma propia me debes, la vida tú lo confiesas, que no es poco confesar una mujer una deuda. Tú me dices, que me vaya, y no sé, Aurora, si aciertas, pues conoces cual me voy, y sabes como te quedas. Lisardo te adora, tú eres mujer, si me ausentas, no tengo más que decir, entiéndame quien me entienda, Tan poco fías de mí? Mucho fío, mas me pisa, que por ser tan buen siador me quieras cargar la deuda. Yo, Lucindo, a ti? di cómo? Si de verte me destierras, qué más pena para mí Pues, y para mi es pequeña? No sé. Aurora. Eso me dices? . Esto digo. Hablas de veras? Solo digo lo que siento. Pues óyeme esta respuesta. Aurora soy, y mientras el brillante Planeta rubio de la Aurora libe las cristalinas perlas, que concibe en un cárbuncio, y otro relumbrante. Seré en mi fe tan firme, y tan constante, que de la Aurora el Sol antes se prive, que yo, que soy la Aurora que en ti vive, me olvide de tu Sol, querido amante. En ser Aurora tanto me confío, que si acaso me iguala, no me excede, la que al cochero amante tierna adora: Y así de ser quien es, Lucindo mío, para la Aurora el Sol dejar bien puede, mas yo no para ti de ser Aurora. Mi amor, Aurora, hipérboles dejado, es tan grande, tan alto, y tan subido, que aunque tiene a tu amor bien conocido, por no admitir igual lo está negando. No puede ser mayor; pero mirando que está tu amor también algo crecido, juzga por menos culpa haber mentido, que admitir igualdades confesando. Mi amor conoce tu constancia fuerte, sabe, que mi afición es sin medida, y procura, que gane yo en quererte. Tanto, que elige más de esla partida ir delante en amar sin temer muerte, que no quedarse atrás por buscar vida. Qué tal sufro! qué tal oigo! . Cielos, prestad me paciencia. Muy bien lo has encarecido. Y me remito a la prueba. Pero escucha, qué es aquesto? Qué? qué llaman a la puerta. Ay! quién será? . Mi desdicha, Calla, y quien quisiere sea. Señor. . Señora. Qué hay? . Qué llaman. Y bien apriesa, y no para darbos nada. Callad todos. . Aunque quiera no puedo de miedo hablar: fuera señores, que en estas ocasiones es mi nombre el que hace de callar señas, y así no hay si no Chitón; mas pluguiera a Dios hubiera aquí un puto, o un Gallego, y que yo estuviera en Persía. A llamar vuelven. . Por Dios, que hacen pedazos las puertas. Aurora, prinma, no oyes? Escuchad, Rosarda es esta. Qué querrá? doila a mil diablos, LOS AMANTI Verme morir. . No os dé pena: abre, Elena. . Cómo es eso? Que le abran, que esta treta, bien se ve, que es de celosa. Pues dime, Aurora, qué intentas? Entraos tras de estas cortinas. A abrir voy, con tu licencia. . Antes quisiera morir, que esconderme. Ya me pesa de haber aguardado tanto. Lucindo mío, esto es fuerza. Pues más vale ser forzado un año, o dos en galeras, que no estar entre cortinas como paso de Comedia; mas escóndeme con todo. Ea, de presto, que entra. Despáchala luego, Aurora. Eso déjalo a mi cuenta. Aurora, poco amor tienes, muy poco a Lucindo celas. Pues qué ha sucrdido, di? Ven conmigo, ven apriesa, porque pienso, que Lilardo le ha ido a matar. Qué me cuentas? Si como dices, que he ido, . que aquí he venido dijeras, acertaras; mas no importa, que poca es la diferencia. Que le vio pasar furioso, me dijo ahora una dueña, y yendo a buscar mi padre para un negocio de priesa a Lucindo, no le ha hallado: saca pues la consecuencia. Yo como le estimo, Aurora, aunque en esto te doy pena, salí a impedirlo, y mirando, que si mi padre me encuentra, se ha de enojar, vine aquí (y aún pensé, que aquí estuviera) a que vamos las dos juntas a evitar una tragedia. Pues di, Rosarda, ha sabido, que es el que yo quiero? . Deja ahora averiguaciones, pues sabes, que no hay secreta cosa en Palacio, pues tienen hasta los tapices lenguas. Vamos, vamos, que del susto me has dejado, prima, muerta: Elena, aguárdame aquí, y cuidado con la puerta. . No hay que advertirme a mi nada. Podremes salir, Elena? Bien se pedrá mientras vienen. Silid ya que mi paciencia cansada esta de esperar. Ay! ay! señor? . Si despegas los labios has de morir. Quién está aquí? . Quién pudiero estar si no mi desdicha este es Lisardo. . Puer ea, no hay si no apercibir los cuellos. Traición de Rosarda es esta. Que por ser buen alcahuete me maten tan sin conciencia! Elena, salte de aquí. Déjala, ya si quiera me ayudara a bien morir. Voyme, mas mi señor entra. Lisardo, qué hacéis aquí? qué hace mi casa revuelta a tal hora? . Aguarda un poco, cerrare ahora esta puerta, y en quitando aquí dos vidas, daré breve la respuella. A quién le dará primero? señor, llégate más cerca, pues es razón, que el criado vaya detrás. Tente, espera: Detén el heroico brazo, aguarda, señor, un poco, sino por respetos míos, por respetos tuyos propios. Si quiera, pues me das muerte al primer encuentro solo, que te acuerdes de los hechos que me debes valerosos. Ein En la Villa de Setubal, pueblo entre todos los otros, tan primo, que fue el primero del Español territorio, nací de padres ilustres, y apenas el Rubió Apolo, carreteando los Cielos cumplió cursos diez y ocho, cuando empuñando la espada, y fatigando animoso a mi valor los impulsos, y los hijares a un potro, salí a ayudarte al Algarbe, después que Pompeyo roto, se revelaron algunos. a Octaviano, y Marco Antonio, donde mi primera hazaña fue, que una noche yo solo puse tu Estandarte en Silves, y no fue tan a lo sordo, que de las guardas sentido, dejó de serme forzoso quitar más de treinta vidas, que pudieran darme estorbo. Pasando por San Vicente, aquel sacro promontorio, si punta primera no, la última si del globo: descansar quisiste en Sagres, donde un Soldado alevoso, porque no le diste paga tan buena como a los otros, te quiso quitar la vida con cinco soldados solos, que juntó de sus amigos, porque es muy claro, y notorio, que hasta un Príncipe no está seguro de un alevoso. Tuve noticia, y dejando mi lecho, llegué a tu solio a darte los buenos días, después que en el cuartel propio dejé entre su sangre tintos a buenas noches a todos. Sosegado ya el motín de aquel rebelión penoso, desebarcó el Rey Bogad, sin que le hicieran estorbo, por estar los más soldados pobres, cansados, y rotos. Aquí nos importa hacer un parentesís no corto; porque bien sé que dirás, que a qué título propongo lo mismo que ya tú sabes, cuando aguardas con enojo? A lo cual responderé, que entre Príncipes famosos se estima tanto el oír aquellos hechos heroicos, que saben que en su defensa hicieron vasallos propios; que aunque los hayan premiado, les es a veces forzoso, o perdonarles ofensas, o añadirles premios otros. Pues así yo de esta suerte, contando los que propongo servicios, Lisardo invicto, que he de reducir conozco tu rigor mucho a piedad, y a gran templanza tu enojo. Digo, pues, que el Africano, habiendo presuntuoso de Villanova allanado torres, murallas, y fosos, a banderas desplegadas entró en Setubal tan loco, que bien sabes que corrieron de sangre tantos arroyos, que a las llamas furibundas les pudieran ser estorbo, para dejar, si no gente, muchos edificios rotos, que con la sangre teñidos, y de los muertos custodios al vivo quedaron hechos rubicundos Manseolos. Del cual incendio, y ruina, quedamos libres tan pocos, que para librarte a ti te saqué sobre mis hombros, haciendo con el acero paso abierto de tal modo, que a colla de vidas suyas sacamos vidas nosotros. A Évora te llevé, y impetrando algún socorro de tus amigos, y deudos, hasta aquí a Braga, yo solo junté diez mil Portugüeses, cada cual en fuerzas monstruo, con que te reslitua a tu pacifico solio. No quiero aquí riferir las hazañas, que en Oporto he hecho, por tres razones; la una, porque es notorio, que aunque en servicio tuyo, Aurelio, y Rodulfo, solos de aqueste interés son dueños, pues a ellos se da el socorro; la segunda, porque es tarde, y te miro con enojo; y la última, por ser Portugueles, que me corro tanto venciendo a los míos, que por más útil escojo callar las flaquezas suyas, que contar mis hechos propios. Esto supuesto, señor, probar ahora es forzoso, que estoy libre de la culpa, con que piensas rigoroso, que he quebrantado atrevido los fueros de tu decoro, pues más de dos años antes, que intentaras ser esposo de Aurora, aunque indigno yo de tan celestial tesoro, astavamos desposados: Mas ya que me dices, oigo, que para qué lo he encubierto? A lo cual, señor, respondo, que fuera de no estar bien hacer el caso notorio, hasta que hubiera su padre vuelto a Braga victorioso, siente un buen vasallo tanto, ver, que haya puesto los ojos en su dama el que es su dueño, que tiene, aunque cuidadoso, por mejor, sufrir callando, que serle a su intento estorbo. Y si no te satisfaces, y aún lo juzgas por asomo de traición haberte sido recatado, y cauteloso, satisfago con aquel servicio, callando otros, cuando ya de entre muertos te saqué sobre mis hombros. Mas si con estos descargos, con las quejas que propongo con los ruegos que te busco, con las ansiar que te imploro, tu piedad está dormida, tu corazón está sordo, tu entendimiento está ciego, y tu pecho rigoroso; levanta, levanta el brazo, y divide de mis hombros esta cabeza a tus pies, para que de todos modos resplandezca mi lealtad en tus sangrientos arrojos. Aurelio? tío? señor? abre al punto aquí. . Quién es? Aurora soy, y mi padre está conmigo también. Mi hermano? Pus abro al punto. La vida me dan pardiez. Aguardad, Aurelio, un poco, No hay que aguardar. Entre, puer. Si he dicho yo bien, Rosarda, que es traición tuya. . No sé lo que es esto más que tú. A solas me vengaré. Y tu padre? . Y mi señor? Aguarden aguardense, que tiene que hablar primero lo que importa: allégate a esa antesala. Lucindo. Baja volando al cuartel, donde hallarás un caballo, y el modo en lo que has de hacer. Pues quién detendrá a Lisardo? Yo le detendré, mi bien. Con vuestra licencia llego. Eso no. . Esto ha de ser, sino por grado, por fuerza. Yo tengo que hablar también. Detente tú. Voy de prisa. . A dónde? Tengo que hacer. . Qué? No se puede decir. Vive Dios. . Yo lo traeré por escrito. . Dilo, infame, A señor, que es menester echar delante un perdón: señora. . Aparta. Anda, ve. Ya pienso voy oloroso. Qué es esto, Aurora? Esto es defender a mi marido. Quién ha visto tal querer? Vive Dios, que he de matarla, Vive Dios, que si os movéis, Lisardo, de donde estáis, que habéis primero de ver en mi espada vuestra muerte, que vida en Lucindo halléis. Yo estoy puesta en esta puesto, y para haber de mover mi cuerpo de donde estoy, de estos umbrales los pies, era menester, que el Cielo, si es que el Cielo os quiere bien, disparara en mí una pieza del tiro de su poder. Ya habéis salido de duda, ya, Lisardo, conocéis, como es Lucindo aquel hombre, aunque para mi Ángel fue, que me dio la que poseo vida, que ya suya es. No apetezcas imposibles, porque no parece bien, que un hombre noble apetezca aquello que no ha de ser, porque o es soberbia mucha, o poca prudencia es. Mi prima no quiere a Calvio, y así lo que hacer podéis será casaros los dos, he iremos en paz los tres, a hacer que vuelva mi esposo, que con una voz que dé, por mucho que haya corrido, tal es mi amor, tal es él, que los vociferos ecos, hechos alas de sus pies, será más presto en venir, que la voz en llegar fue. Mas si acaso este partido no os está, Lisardo. bien, ni tú, Avrelio, estás gustoso, ni tú, prima, gustas de él; decidme lo que intentáis, mirad lo que pretendéis, porque estoy determinada, y en efecto soy mujer. Esto es deciros, hablando con lenguaje más contés, que dejéis de perseguir a quien ya todos sabela, que es mi esposo, porque espero; que en mí sola se ha de ver valor mucho, afición grande, alma heroica, pecho fiel, archivo de la constancia, protócolo del querer, y por decirlo de un golpe: fuerza de amor Portugués.

JORNADA TERCERA

(DJORNADA TERCERA( Chirón, pues aún no te has ido? No, Elena. . Pues cómo así? Cómo me tengo de ir, di, sin haberme despedido de tu boca de tus brazos, de tu cuelio transparente, de tu nariz, de tu frente, y de todos los retazos de tu cuerpo cristalino, los cuales para mí todos son, dejando otros apodos, tan sabrosos cómo el vino? No pudiste encarecer mas la cura; pero di, se fue Lucindo? . No, y sí. No, y sí, cómo puede será Cómo? de aquesta manera; que se fue como bien viste, lloroso, afligido, y triste, y temiendo, que muriera por su causa la que adora, volvimos los dos con pena, a gozar yo de mi Elena, y él a gozar de su Aurora. Pues supuesto que tornó, fue lo mismo que no irsa, y así, bien puede decirse, si lo preguntas, sí, y no. Pues, Lucindo, aquí te estás? Ya salen aquí, detente. Aurora, aunque me ausente, tú me haces volver atrás. Viendo como te dejé, muer- muerta te juzgué por mí, y así, por morir por ti al instante me torné: viva estás; pero no sé si en volverme a huir lo acierte, porque me hallo de suerte, que imagino en esta huida, que me aparto de la vida, y voy a buscar la muerte. Lucindo, mi padre sabe, como eres ya esposo mío, y te ha de amparar, confío, mas afecto, y menos grave: hasta que el cerco se acabe te puedes con él estar, que aunque es tan fuerte mi amar que no puedo estar sin ti, con ver, que te tengo allí lo podrá el alma llevar. Demás, que también te advierto, que si de Braga se parte Lisardo acaso a buscarte, ir yo también será cierto: ya mi pecho he descubierto, ya está mi amor victorioso; y así, Lucindo, es forzoso en esta triste partida, que en defender yo tu vida, conozcan, que eres mi esposo. Elena, tú eres mi dama, y puede darte un dolor, por lo cual será mejor, que nos vamos a la cama. Pues con ese parecer me quiero, Aurora, partir, porque si a buscarme has de ir, yo gusto de irme a perder; que si por una mujer ay amantes que discuerden, y perdidos no se acuerden, aún de buscarse consigo, si yo me hallase contigo ganaré cuanto otros pierden: Y así, quédate con Dios no nos suceda otro azar. Él te libre de pesar. Y nos defienda a los dos. Ea, Elena, ya entre nos se empieza la despedida: adiós, Elena querida. Contigo vaya, Chitón. Yo parto sin corazón. Y yo me quedo sin vida. No me he querido ausentar de Braga en estos dos días por callar las ansias mías, y no dar que sospechar: ayer hice despachar quien dé a Lucindo la muerte. en Oporto, pues tan fuerte halló en Aurora ventura, que gozar yo su hermosura imposible es de otra suerte. Con cólera me provoco a usar de tanto rigar, porque Juez que tiene amor siempre juzga como loco: lo que le debo no es poco; pero si llego a apurarlo, por más ajustado hallo, muriendo los dos de amor, dejar la vida al señor, que quitársela a un vasallo. Mas qué novedad es esta? ahora a rebato cajas? o han vencido los de Oporto, o entra Calvio contra Braga. Ea, famoso Lisardo, ilustre, y heroica rama de aquel que alcanzó en Setubal ser Príncipe por sus armas, ahora es tiempo que dejes castigos, si algunos tratas, porque nunca en pechos nobles parece bien las venganzas. Calvió enojado de ver que le despreció Rosarda, locorriendo a los de Oporto nuestro campo desbarata. A mi hermano tiene preso, porque con fiereza extraña dando ayuda a los cercados hirieron ayer mañana en nuestro ejército haciendo tal estrago, muertes tantas, que se ha tenido a gran dicha dejar quien nos lo avisara. Mira, pues, Lisardo invicto, si es esta muy justa causa para hacer, que se conozca, lo que tu valor alcanza. Libra a mi hermano Rodulfo, que yo te doy mi palabra, que cuando Aurora te sea a tal beneficio ingrata, te he de casar con mi hija, y darte de toda Braga el Principado, que sea corona de tus hazañas. Tío Aurelio, vamos luego, salga mi gente a campaña, hiérase el aire a trompetas, rómpase el silencio a cajas. También iré a acompañarte, porque en la guerra las canas, son como entre espadar negras reñir con espadas blancas. Sabes si acaso llegó al tiempo de la batalla Lucindo? . Dicen, que sí, y que hizo cosas bizarras. Ojalá, que entre las picas rindiera el traidor el alma. Deja ahora pesadumbres. Vamos, pues, que si me agravir yo le quitaré la vida, si escapa de entre las armas. En este jardín me dijo, que de este modo esperase, Aurora, sin que explicase la causa, aunque la colijo: ni me asusto, ni me aflijo, porque si acaso engañada, piensa, que he sido culpada? tan bien como ella sabré defenderlo con la espada. Y esto a mí me competia, supuesto que me ha contado, que su amor tan recatado Lucindo no lo sabía: mas ya que me desafía, haré también su duber, por vengarme, que a mi ver, mas podré según estoy, pues si es brava brava soy, y si es mujer, soy mujer. Lágrimas, teneos un poco, que no se os acaba el tiempo, porque a reñir es bajeza venir lágrimas verticado. Rosarda está ya esperando, y no será bien supuesto que no he de reñir con ella, dar muestra; que tengo miedo. Según viene Aurora triste, que se ha arrepentido pienso. Llego, pues. Ventura es mía. Qué hay, Rosarda? Que ya espero. Ay, Rosarda, ay, prima miz, y que bien te quiere el Cielo, pues cuando intento vengar el agravio que me has hecho, me hallo con tantas ventajas, fundadas en sentimiento, que me es forzoso apartar del delafío propuesto! y así; lo que importa ahora, es, que al instante juntemas cuantas mujeres en Braga se mostraren con alientos, y sin que nadie lo entienda, a Oporto marchemos luego a libertar a mi padre. y a ver si es vivo mi dueño, para que en defensa suya. sus des vidas defendiendo, conozca el mundo el valor, que arde valiente en mi pecho: que estoy, Rosarda, de modo, que pienso, que sin acero, y tú con él, te quitara la vida al primer encuentro; mar no es bien reñir contigo con ventajas. Oh, qué bueno! no reñir, y hacer alardes. Qué quiéres decir con eso? Qué he de decir? Tú no ves, que te estás contradiciendo? En qué? Yo te lo diré, y de paso te confieso, que el llevarme en tu compafa es tu principal intento. Mas li yo cnozco, Aurora, que está tu corazón hecho de lágrimas una fuente, del dolor que estás sitiendo, porqué has de decir, que traes aventajados alientos, y que por la rectitud no quieres reñir, sabiendo, que ha de ser muy al contrario, Oye, escucha, Ya te espero. Viste la concha del mar, que del Alba concibiendo engendra una piedra hermosa, que mientras está en su centro, aunque es bella, no lo muestra, ni aunque vale tiene precio; y que en quebrando la concha, aquel valor que primero se encubría sale a luz con tan hermosos reflejos, que es oro lo que antes barro, y alma lo que era antes cuerpo? Pues así mi corazón fue una concha en cuyo hueco, que es del alma sacro nicho, le engerdió un amor perfecto, si no del sudor del Alba, de Aurora si que es lo mismo, y del amor de Lucindo, padre de este amor primero; y como ha estado hasta aquí como la perla encubierto, aunque es infiuito, en fin, estaba como amor preso, paciente, aunque pederoso, y algo coartado, aunque inmenso, hasta que ilegando ahora un golpe de sentimientos, hizo ella concha pedazos, tan menudos, y deshechos, que pasan ya por los ojos plaza de lágrimas, siendo agua lo que antes diamante; y como a este mismo tiempo al amor se vido libre de aquellos nudos estrechos, es tunta la omnipotencia de que sale alarde haciendo. entre las telas del alma por la campaña del pecho, que aún del mismo corazón los pedacillos que fueron concha, lágrimas ahora los excluye a sangre, y fuego, por dar muestras, que hasta en mí dene ya doblado imperia, ORTUGUESES, Muy bien lo has encarecido. Por esto, prima, no quiero reñir contigo, porque es darte la muerte tan cierto como ahora tienes vida. Pues yo, Aurora, reñir tengo, y paso por las ventajas que traes. . Qué dices? Qué quiero que me mates, o matarte. y vivir, o no sin celos. Estás loca? . De amor sí. Ves cual estoy? . Ya te veo. Y no te espentas? . No, Aurora; Ni me temes? . Ni te temo. Por qué? . Porque soy mujer. Pues, y yo qué soy? . Lo mismo, Y no más? . Eso no sé. Qué dices? . Que lo veremos. Da qué modo? . Peleando. Adónde? . En aqueste puesto. Pues saber? . Me enseñaré. Cómo se enseña? . Riñendq Quién te engaña A mi ninguno. Míralo bien. Mis deseos. Luego riñes engañada? Saca la espada, y dejemos el argumentar aquí. Ea, pues, este es mi acero; acaba. . Oh pesia mi mal! No consideras en esto, como te advierte la espada lo que te estoy advirtiendo? Vive Dios, que he de reñir. Riñamos; pero qué es esto? Señora, señora, apriesa, porque ha venido un correo, que deguallan esta noche a tu padre. Bien has hecho en decirlo brevemente. Ay qué dolor! ya no puedo reñir, Aurora, contigo, antes ayudarte quiero en todo lo que mandares. Ahora se acabó el pecho de llenar de cuantas penas un humano entendimiento puede llegar a sentir lo que ha de sentir sintiendo. Aurora, si acaso tienes de metal, y bronce el pecho para dar a mis palabras oídos sin sentimiento. Sabrás como mi señor, tu esposo, marido, y dueño, o vengarlos, si están muerto:: y la Ciudad cercaremos. por libertar a tu padre quedó juntamente preso, Pues échese un vando luego . Ellos están descuidados, y enojado el enemigo ha divulgado soberbio, que en las almenas de Oporto esgrimir el limpio acero; esta noche ha de ponerlos. Aguarda, Chitón espera, dese el tafetan al viento, que no quiere priesa elto: porque están del alma ya ocupados los asientos Yo, supuesto que he venido, . Mucho sentiré que Calvio de penas, y cómo es esta la de más imperio, pues de un Capitán sabemos, no me espanto, que haga agravio para hacerle cortesía le van las demás moviendo, y si es de golpe, será un tambor, que un campoentero, . Señor, por estas laderas causa, según me recelo, que me ahoguen todas juntas . No toquen caja ninguna, antes que llegue a su asiento. ya que para caminar Diré ahora? No, Chitón, que bien entendida quedo de cuanto puedes decirme en materia de tormentos, sino vámonos al punto a Oporto, por si podemos, o librarlos, si están vivos, ea, prima. Yo aquí estoy. para que salgan de Braga cuantas mujeres de rifuerzo quisieren acompañarnos, que por aprisa que Aurello tu padre va con Lisardo, hemos de llegar más presto. serviré de pregonero, y de atambor, y no es poco, que dijo, que hacía más porque es de los corazones el Marcial incitamento. Lo que quisieres serás. Yo seré muy lindo llueco metido entre mil mujeres. Cómo, Chitón? Cómo es eso? No es nada, ya se pasó. Pues si nos sigues, primero verás a Oporto rendido, que en Braga vuelvas a vernos el mundo ha de conocer, que hay mujeres, que queriendo saben mejor que los hombres para lo cual sueñe el parche, y digamos: viva Braga, muera Oporto, que con esto coronadas de victorias, y ilustrando nuestros hechos, daremos espanto al Orbe, gloria al mudo, y fama al tiempo la noche nos quiere dar oscuridad oportuna. De la Ciudad cerca estamos, y así será conveniente, que en este monte la gente, Aurello, juntar hagamos, y con el mayor secreto, que se pueda, partiremos, o vengarlos, si están muerto:: y la Ciudad cercaremos. Lo que ordenares acepto, tu gusto solo es el mío. Pues échese un vando luego . Ellos están descuidados, que en las almenas de Oporto esgrimir el limpio acero; y hemos de quedar vengados. Aguarda, Chitón espera, dese el tafetan al viento, Mucho en tu valor confío mas nos importa abreviar, por si el Cielo soberano permite, que de mi hermano pueda la vida librar. Yo, supuesto que he venido, . Mucho sentiré que Calvio haga tan villana acción. Agraviado un corazón, pues de un Capitán sabemos, no me espanto, que haga agravio que me ahoguen todas juntas . No toquen caja ninguna, antes que llegue a su asiento. ya que para caminar un tambor, que un campoentero, . Señor, por estas laderas de mujeres bien formado un ejército ha pasado con sus cajas, y banderas, y me envían solo aquí a que no partáis del puesto, que ellas avisarán presto, porque importa. Cómo, di? Mujeres? Mujeres digo. Son muchas? Mas de mí! son. Puesto me ha en confesión. Pongo al Cielo por testigo, que son Aurora y Rosarda. Di, pues, a los Capitants, que arrollen los rafetanes, y que esté alerta la guada para acudir cuando avisen. Yo voy. Pues sin conocerlas, no procuras detenerlas? No, que podrá ser que eclipsen la victoria que esperamos, si acaso landetenemos, y podrá ser la alcancemra solo porque las dejamos. Que es Aurora la que ha sido la Capitana, i sin duda, pues no hay mujer que no acuda a un padre, y más a un marido. Dejémoslas negociar, porque estas son a mi ver, las cosas que a una mujer se le pueden confiar. Porque suelen con ardid alcanzar cuanto le intenta, y excusan una tormenta, y una muy reñida lid; y aunque fueran inhumanos cuantos en Oporto están, de venir se afrentarán con mujeres a las manos. Porque por muchos rigores, que tengan, solo con bellas, querrán más vencerse de ellas, que ser de ellas vencedores; y así, si mi hermano vive, y a Lucindo no le han muerto, que ha de hacer Aurora es cierto, que de esta guerra me prive. Mas de aquestos dos extremos, Si es Lucindo, o es mi padre: ni sé que me aconsejar, porque ella ha de pelear halla la vida perder, , ! que quieren la verdad menos, y yo si a ella la matan he de morir, pues si tratan de algún partido, o concierto, si no difunta, mortal, Rodulfo, señor, no oyer? . Yo soy Lucindo, un amante Lucindo, estando con vida, y yo llego a aquel inllante, porque aún no tenga si quiera que paso por lo que adoro le mataré allí delante, sin que el mundo me lo impida.) con cada grito que dan. l esta muerte que me dan: el mejor es ir allá. Qué piensas, Lilardo, ya? alientos para lentir, Que es bien que al punto l lágrimas para llorar. marchemos. y has hecho bien porque más, de la muerte vine acá, Vamos, pues, que tú lo quieres l amigo siempre leal; Dígolo, porque locuaces, pero yo me bolgara ahora no nos digan que a hacer paces que no dijera verdad, enviamos las mujeres. y aman la mentira más. , Ya estoy cerca: desde aquí dos muertes con solo un golpe,! que en nombrando a Aurora, escucharé, si escuchar triste de mí, muerto es ya, quién se duela de mi mal! Presto señor, espirarle; que el mismo morir se siente) como si no está la muerte un lastimoso penar. Mas con todo, no quisiera morir yo, porque se dan aunque en diverso lugar. Oíd los que el áis despiertos, los que ulvis escuchad de mis dolorosas quejas la causa más principal; y si estáis todos durmiendo, no tengo más que buscar, piedras, yo os ruego me oigáis, el cuerpo tengo difunto, pues a lástimas sabéis vuestra dureza ablandar. Cielos, no hablo con vosotros,) que venga tal a mirar? pues voces que tristes dan, si el Cielo no las escucha, quién las tiene de escuchar? Ni sé lo que me he de hacer, , si acaso a Lucindo han muerto, . Dejando a las que me siguen mil pasos de la Ciudad, he llegado hasla los muros, porque unos lugubres ecos siento que en mi pecho están dándole un barreno al alma Cielos, bien me podréis dar Mas de aquestos dos extremos, Si es Lucindo, o es mi padre: Dicen, que el corazón es porque se conozca, que con razón mujeres hay, , ! que quieren la verdad menos, de algún partido, o concierto, si no difunta, mortal, puede la que ya está muerta a los que penando están. Rodulfo, señor, no oyer? . Yo soy Lucindo, un amante sin que el mundo me lo impida.) con cada grito que dan. tan constante en el amar, porque aún no tenga si quiera que paso por lo que adoro Qué piensas, Lilardo, ya? alientos para lentir, Que es bien que al punto l lágrimas para llorar. l esta muerte que me dan: Vamos, pues, que tú lo quieres l amigo siempre leal; Dígolo, porque locuaces, pero yo me bolgara ahora no nos digan que a hacer paces que no dijera verdad, yo soy Lucindo, que huyendo y has hecho bien porque más, de la muerte vine acá, y aman la mentira más. , Ya estoy cerca: desde aquí escucharé, si escuchar también aquí como allá: yo soy Lucindo el de Aurora: yo soy Lucindo; mas ay, dos muertes con solo un golpe,! que en nombrando a Aurora, es fuerza volverme con ella a hablar. Ay de mí! mi esposo es este, claras las señas están, no tengo más que inquirir, que el mismo morir se siente) como si no está la muerte el alma tengo mortal: Cielos, qué habéis permitido, Cielos, qué me habéis dejado sin mi luz, y claridad? Cielos, qué tan rigorosos y si estáis todos durmiendo, no tengo más que buscar, piedras, yo os ruego me oigáis, el cuerpo tengo difunto, Cielos, no hablo con vosotros,) que venga tal a mirar? de la vida me priváis? A habla vuelve, escucharquiero, que esto tiene siempre el mal, que con asa mes de bien nos engaña siempre más. Aurora del alma mía, en quien el Sol Celestial libró perlas, y dio gracias tedas cuantas pudo dar. Si eres tú la que me diste con una mano no más vida que ya estoy perdiendo, alma que tienes ya allá. Si eres tú la que me quieres, si eres tú la que en mí estás, si eres tú quien me socorres en toda necesidad; si eres, en fin, quien no puedes un instante sin mi estar: dónde estás, señora mía, y que no te duele mi mal? Aquí estoy, luz de mis ojos, aquí estoy llorando ya, dolores, que estas sintiendo, penas, que sufriendo estás: aquí estoy, y no sé como, porque yo estoy tan mortal, que no sé, Lucindo mío, quien primero acabará; aquí estoy más lastimosa que se vio mujer jamás, pues pensando hallarte vivo, muerto te vengo ya a hallar. Cuando de reñir llegaba; a beber para mi mal en tus hermosos claveles epítimas de azahar, te quedabas sin placer por verme triste no más: y cuando vencedor siempre solía, Aurora, escapar de entre nubes de batallas a ver tu Sol Celestial, de mis pequeñas heridas gran pasión solías tomar. La verdad dices, Lucindo, dices, mi bien, la verdad; porque quien dirá mentira, puesto en el paso en que estás? De verte herido solía sentir pasión desigual; pues viéndote aquí muriendo, cuando puedo lo que has dicho (mostrad aquí el ser galantes, qué haré, Lucindo Acabar. Mas no no quieto morir; porque han de saber, que hay mujer que castiga agravios, y sabe afrentas vengar. Selía, viendo mis penas, penas en ti renovar, dando gotas a tus ojos de fugitivo cristal, angullia: mías sintiendo con muestras de dolor tal, que era menester a veces volverte yo a consolar, porque aunque las sentía, las sentías tú ya más, y ahora de las mortales no tiensa ningún pesar. No quiero decir que mientes, que hiciera, Locindo, mal, justamente interpretar. Ningún pesar dices siento, porque ya conocerás, estando tú de ese modo, del modo que podré estar. Mal puede sentir, Lucindo, alma que ya muerta está, y sin vida tener pena se puede, Lucindo, mal. Mas ay de mí! como puedo, ya se quejan los que caen. Aurora mía, dudar de tu justo sentimiento, si en mi propio pecho estás? y acometamos a bulto, Ya sé que lo has de sentir, ya sé lo que has de llorar, las lástimas que has de hacer, los sentimientos que harás. Y supuesto que conozco todas estas cosas ya, no te doy culpa, señora, que descanso en el hablar. No has menester dar disculpa . Ya voy: a quien satisfecha está, porque antes parece agravio si es perfecta la amistad. Mas por ser disculpa tuya, no sentiré de ella mal; mas no quiero que más digas, ni quiero escucharte más: Si no sacando este acero, hacer que de esta Ciudad no quede persona a vida, si es muerto quien me la da. Al muro subo derecha, que no es bien desde aquí hablar, no despertemos las guardas antes de llegar alsá. Seguidme, amigas, seguidme, las que escuchándome estáis, que ya es hora de reñir, ya es tiempo de pelear. , - (. 1. Eres mujer? Ea, Amazonas gallardas, cuando puedo lo que has dicho (mostrad aquí el ser galantes, mostrad que sois Bracarenses, mostrad que sois singulares. Que pues Aurora acomete, sin duda han muerto a su padre, y nunca es vivo Lucindo, pues que no trata de paces. Ya sueñan aquí los golpes de su acero relumbrante, ya dan voces los heridos, Ya del muro está llamando: sueñe, sueñe, pues los parches, pues la victoria es tan fácil, supuesto que todos duermen; y cuando algunos escapen, darán en la retaguarda, que trae Lisardo, y mi padre. No quiero decir que mientes, Ya, señora, no hay mujer que al muro no se abalance. Sígueme, Elena. ea Chitón. Ve delante, que quiero poner la espada en buen concierto. Ah cobarde! Pelea tu por los dos, que si yo puedo escaparme, Mas ay de mí! como puedo, ya se quejan los que caen. no lo dejaré de hacer de vergüenza; pues más vale si en mi propio pecho estás? y acometamos a bulto, No has menester dar disculpa . Ya voy: pasar la vergüenza un cara, que pasar un mal de madre. Pero vive Dios, que vienen desempedrando la calle mas de trecientos, y es fuerza echar por estotra parte. 2. Eres monstruo? , , - . Uno, y otro soy, cobardes, 1. Espera. 2. Tente. Mi espada, so lo escucha de este arte. 1. Muerto say. Será imposible, que de mí le escape nadie. Vive Dios que lo erré mucho en venir con este traje entre mujeres, pues temo, que alguna ha de apechugarme, Mas ya vuelven; y yo vuelvo por aquí. Quién eres? Marte, que os vengo a quitar las vidas. Aguarda, escucha un instante. Aquí no se vione a hablar. Déjame. Cuando te mate. Buscando ando un falderlín, que poder arrodearme, para que aquestos demonios me conozcan, que están tales, que a hombre ninguno escuchan, y temo que han de matarme. Victoria, Braga, victoria. Tente Elena; ten Rosarda, que soy Chitón. Son en balde aquí argumentos, Por Dios, que no miento. . Calla, y dale. Quedo, cuerpo con mi sayo, que no pare más mi madre. Muere, infame. . Pues a fe, que han de probar alcanzarme Lo que es para aquí, yo juzgo, que llegamos ya muy tarde, pues cuantos vemos son muertos, y cuanto pisamos sangre. Nuestra gente bien se emplea dando muerte a los que salen huyendo de la Ciudad. No se puede escapar nadie. Qué te parece, Lisardo, de victoria semejante? Qué merece que se escriba en tablas de bronce, y jaspe; y vive Dios, tío Aurelio, que mujeres tan loables merecen ser aplaudidas con laureles inmortales. Segunda Pantalísea tiene Aurora de llamarse. Yo hasta ver muerto a Lucindo imposible es consolarme. Ya parece que es de día. Pues bien será que al instante entremor en la Ciudad. Manda, pues, que el campo marche; pero qué es esto? Sin duda es, que a recibirnos salen sabiendo nuestra victoria. Hagámono; a esta parte. h Aurelio, y Lisardo invictos, el inmeso Cielo sabe si quisiera recibiros sin exequias funerales, este es Lucindo, y también Rodulfo mi padre yace muerto encivia de aquel muro, ORIUGUESES, y no quise descolgarla, porque según mi amor, fuera agravio pienso notable, estando mi esposo muerto acordarme de mi padre. Dichoso soy, pues ya puedo, hermosa Aurora, gozarte. Qué, en fin, les dieron la muerte? Si la he vengado, escuchadme: Ya sabris, que es mi esposo Lucindo el que miráis joven famoso (que aunque cadáver frío, tiene de ser por fuerza esposo mío) ya sabéis que sabía mi padre, como el alma suya, y mía, con estrechas lazadas, estaban a Himeneo consagradas: ya sabéis que temiendo hallarlos muertos, me partí corriendo con las que estáis mirando mujeres invencibles, blasonando con ellas ser Aurora, y pues esto sabéis, escuchad ahora. Llevada de los ecos lastimosos, trepando al muro vadeé los fosos, dejándome en la puerta muertos a tantos, que por cosa incierta no los referité, basta que fueron tantos, que me sirvieron, puestos en forma todos de trinchera, para subir al muro de escalera. Hallo a mi padre muerto, y guzgando por cierto, según de mis sentidos los impulsos estaban desválidos, que muerta entre sus brazos quedaría, si allí me detenía a mirar el fracaso, dejo a mi padre, y a Lucindo paso. Allégome a sus brazos, hago en su cuello con los míos lazos, y contemplando atenta su cara hermosa, pálida, y sangrienta, sus hermosos luceros quebrados ya con los tormentos fieros, sus labios de claveles, lirios ya de mortiferos vergeles, sus mejillas hermosas, hechas ya de ceniza en vez de rosas, y finalmente, viendo, que ya para espirar estaba haciendo parasismos letales, me quedo con angustias tan mortales, que echando de ver el que me moría tanto me amaba, tanto me quería) abrevió con sus plazos, y déjame su vida entre mis brazos. Que fue como decirme: Aurora, yo estoy ya para partirme, quédate tú a vengarme, y pues que vienes tan tarde ya, y veo, que no tienes vigor para sufrir esta partida, solo me queda ya esta poca vida. Tómala, y considera, que si más me quedara, mas te diera. Murió diciendo esto, y yo me quedé tal en aquel puesto, que si no me dejara la vida suya, nunca me vengara. Así animada al punto, hecha de Palas un Marcial trasunto, comienzo ha cuchilladas por las torres, y almenas, que cuajadas de los que ya despiertos venían a quedar a mis pies muertos; imposible vencerlos parecía, a no ser este brazo el que reñía. Mas como mi venganza copaba solamente en la privanza del arrogante Calvio, pues él fue el principal de aqueste agravio, entrando halla su lecho, enfurecida le di la muerte, y le quité la vida. Cortele la cabeza, y apenas la corté, cuando se empieza a publicar por las que me han seguido la victoria que veis que hemos tenido; porque es muy evidente el desmayar sin Capitán la genta. Esto es lo que ha pasado en Oporto esta noche, no han quedado sino son en cadenas los que es bien, que de Braga en las almenas se pongan en el modo rigoroso que pusieron a mi padre, y a mi esposo. Con esto diréis todos, que me he vengado ya por cuantos modo; en las harólcas sumas pintan pinceles, y bosquejan plumas: yo también lo confieso; pero habéis de saber, que este proceso no es del amor común, en donde es llano; en vengando el agravio por su mano, quedar del duelo esempro; pero el que yo aquí amor os represento, es amor Portugués, que aún con los Reyes, otras de más fineza guardan leyes. Esto es deciros, pues, abiertamente, que mi amor emiciente no coge de contento, por saber de mi pecho el fuerte intento, que es pagar de contado lo que para vencer tomé prestado; pues ya os dije advertida, como Lucindo me prestó su vida, y supuesto que ha sido ella la que en mi infusa ha combatido, y el dueño está presente, darle las gracias muy cumplidamente, su vida a fuer de darle, será razón, para otra vez hallarle, porque si en no pagar uno se ofusca, como ha de prestar li otra vez busca? Por lo cual yo, señores, no quiero ser ingrata a los favores de mi querido esposo, si no gezar con él de igual reposo, sacando lengus de mi casto, pecho con esta daga (si dudáis del hecho) que os digan por respuesta, del amor Portugués la fuerza es esta. Aurora, Aurora, qué haces? Aguarda, Aurora, detén. Prima. . Señora. . Ya es muert Pasose el pecho pardiez. Hay tragedia semejante? Quisitra ahora también con el mismo acero duro darme muerte, a no tener a Rosarda aquí delante, la cual quiero, que me dé, tío Aurelio, con tu gusto, mano de esposa, y hacer pretendo, viven los Cielos, en venganza de los tree otro castigo en Oporto en cuantos vivos estén. Yo gano, Lisardo, en darto a Rosarda por mujer. Y yo también soy contenta. Sin casarme pasaré. Márchese de aquesta suerte a Braga, do he de poner a estos dos firmes amantes en un sepulcro, que esté para memorias eternas. Con que se da fin también a la verdadera historia del fuerte amor Portugués,