Texto digital de Los amantes de Verona
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Cristóbal Rozas
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los amantes de Verona. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amantes-de-verona-los.

LOS AMANTES DE VERONA
JORNADA PRIMERA
Muerta vengo, ha pena fuerte! Pues ha sido alegre el día? Mal agüero prima mía, que empiece a hablarte con muerte. Templa el rigor, que divierte la hermosura del clavel. Ay Rosaura, que es cruel, pues ha mucho que condena injustamente a Aurisena a ausencia de Clorisel. Tan grande es mi rendimiento, que en cada ausencia de un hora, el alma padece, y llora un siglo de sentimiento. Injustas quejas al viento le das, pues correspondida, ves tu voluntad rendida. Es que tu razón no advierte, que está en no verle la muerte, y está en no verle la vida. Como todo mi cuidado no ha podido hallarse hoy, licencia a mi amor le doy para estar desconfiado; que como tan ajustado desde mis méritos vive, ningún alivio apercibe, que en el mal que le lástima, si la fe alientos anima, miedos la ausencia concibe. Bien puede habernos seguido máscara, y con el rebozo, día de tanto alborozo no le auremos conocido. Rosaura, no has discurrido, como rendida el ardor de amor no sirve, en rigor, en sus placeres, o enojos la evidencia de los ojos, sino la fe del amor. Que es Federico mi amante, no ha conocido Aurisena, pues de ignorante condena de amor a mi amor constante. Así prima, que es bastante prueba de un amor fiel, que no nos siguió el cruel; pues con la fe en esta calma, ya le hubier avisto el alma, a seguirnos Clorisel: sin duda que le desvía, o nuevo amor, o cuidado. Ahora si que has ignorado. la ley de amor prima mía. Cómo así? . Quién desconfía, su mismo amor ofendido deja; que si se ha movido siempre amor con fe desnuda, o no ha de admitir la duda, o ha de creer el olvido. Pues quien te ha dicho que yo no doy crédito a mi daño? Yo, que advierto que ese engaño de leve causa nació. La que de verás amó, muy bien se puede quejar de aquello que a embarazar llega. . Mas no a resolver, porque una cosa es temer, pero otra desconfiar. Y tú con tan altas prendas, llega Aurisena a advertir, que no empiezas a sentir, sin que primero te ofendas. Ay Rosaura! no defiendas. tan contrario parecer, porque el amor ha de ser, siendo perfecto su obrar, de diamante en esperar, pero de vidrio en temer: Mas amiga esta questión mucho ay que decir en ella, y parece que entran ya los mascaras a la fiesta. Disímula en el satao, prima mía, tu tristeza. Ay Rosanra, es imposible? si al sarao, prima, viviera Clorise. . Ese es mayor, porque ya ves que es cabeza del bando de Gebelinos, y todos los que aquí entran son Huelfos, y son linajes que compran las diferencias a costa de tanta sangre, Bien dices, aún no le queda esperanza al sufrimiento, ni lisonja a la terneza. Con mascara puede ser que a entrar Cloriser le atreva, supuesto que lo permite el tiempo en Carnes tollendas. No lo permita el amor! eso mis miedos aumenta. No vio Berona jamás cubiertos de la cautela. de las mascarillas tantos indicios de la belleza, que su cielo, y suelo crían. Con la hermosura discreta de Aurisena no compito el mismo Sol en su esfera, que es el Sol con su hermosura tan cobarde competencia, que esta tarde no ha salido, o de miedo, o de vergüenza: Porque lo hermoso del día solo se deba a Aurisena, perdoa Rosaura. . Cielos, que precifamento necia la pasión de Federico; o le enloquece, o le ciega! Por no dejar consentida. mi alabanza, respondiera, si en Rosaura Federico, el arte, la gentileza, la hermosura, lo entendido; todo no le desmintiera; tanto, que en viendo a Rosaura, queda la duda disuelta: Demás de que no es razón que faltes a la advertencia de no alabar una dama, donde hay otras que lo sientan. Si bien, por primo, agradezco la lisonja, aunque lo sea, que mal sueñan los favores de quien nunca se desean. La elección de Federico, Aurisena, aquí es la misma verdad, porque es de razón. Cesen, pues, las competencias, porque se empiece el sarao. Determinación resuelta es venirnos al sarao. No hay, Ricaredo, paciencia en un infierno de celos, toda esta tarde me llevan la vida tras del cuidado. Pluguiera amor, y no fuera mayor mi mal. . Cómo así? Federico galantea, (ay Clorisel! ) a Rosaura, y ella le admite, y le premia, y desprecia mis cuidados. Dime, señor, como te entras en la casa de los Huelfos con tus once de colera, o con tus doce de amor? quieres que a palos nos muelan? No tengas miedo Vitoque. Qué importa que yo no quiera tenerle? él me tiene a mí de los pies a la cabeza. Retirados, bien podemos participar de la fiesta con mascarillas, que el tiempo, Ricaredo, da licencia. Yo no soy nada vicioso de saraos, y si me dieras tántica de permisión, hoy les diera mi cabeza a mis pies, que la llevaran, aunque fuera a la Noruega. Desde aquí mi amor, amigo, en su tímida sospecha, o viva del desengaño, o muera de la evidencia. Dance Federico. . Ay Dios no sé que el alma recela, máscaras hay en la sala; ay Clorisel! dulce prenda del alma, ya lo temido, mas que la muerte atormenta. Mira, Vito que, a quien saca. Las manos en la cabeza temo que he de sacar yo. Amigo no te diviertas, ten cuidado Ricaredo. Sacará a Rosaura bella, porque es su amante. Hay amigo, que a tu costa me consuelas! que caro amigo te soy! toda esta tarde las muestras de asistirla, de buscarla, de seguirla, y no perderla. Serán por Rosura? . Agora de la duda muy apriesa saldrás . Y tu del cuidado, que sin causa te desvela. Oh qué airoso es Federico! No hay celos que no lo sean, si los tiene un entendido. Ay alma! sacó a Aurisena, y no le hiciera el desaire, si es que a Rosaura quisiera de preferirle otra dama. Hay rigor, dónde me llevas? Mira que importa el valor. No hay con celos quien le tenga. Presirió a Aurisena, Cielos! Quién con mi amor se atreviera? Aquí es ello miedo mío. . Clorisel repara, piensa. Qué he pensar, pesa mí? Que de Huelfos está llena aquesta sala. . No importa: no es posible que consienta dar a Aurisena la mano. Pues lo que quisieres sea, tu amigo soy. . Yo también, mas de los que no pelean. Con mascara no es posible. Si es posible. Suelta. . Suelta. Gebelinos son, no dudes. Si son Gevelinos, mueran. ̱ d . Que entra el Duque de Berona. Pues este lance no entienda, salgamos a recibirle. , s. Quédaos todos allá fuera: Teobaldo, pariente, amigo, hermosísima Aurisena, o bellísima Rosaura. En gran peligro está puesta la vida de Clorisel, porque a muerte le condena el ser cabeza del bando Tantas honras vuedtra Alteza con este humilde vasallo? Mayores males merezcan. Gran rigor! quieta el cuidado. Si te prenden? . No lo temas, Hoy se ha de acabar mi vida, vete mi bien. . Eso fuera dar indicios de quien soy. Pasando por vuestra puerta, que voy rondando a Berona, que conviene, (go, por quietar cierta sospecha que traí- tuve aviso de la fiesta por las luces, y el ruido, y entré, aunque de paso, a verla. Señor, con vuestro cuidado, las vidas, honras, y haciendas, basta para estar seguras. No ha de quedar en la tierra cabeza de bando a quien no le corte la cabeza; esto ha de ser vive Dios. Oh verdugo de Ginebra! yo soy pies de Clorisel; y tanto, que a media legua me sacan por el olor; esto solo me consuela. Pues luego soy buenos pies, cuatro mil lahoras diversas tengo en ellos; sabañones, eso es pasatiempo; crietas, es risa; callos, es chanza, gora, ahí la tiene cualquiera; pues uñas retortijadas, que parece que semejan hacia uñas de gallo, muchas; pues si ha de cortar cabezas, hallará en mis pies cien mil de juanetes, y juanetas. En grande peligro estamos. Que nos han vendido piensa. El valor nos acompaña. Ri Muchos riesgos nos rodean. Dancen pues, . Pase adelante. Tened, qué gente es aquesta? Oh qué desdichada suerte! Máscaras son. Aquí es ella. Pues hombres somos del mundo, que lo que más se profesa es una cara sobre otra. No, no es bien que se consienta, que dancen con mascarillas, sino a cara descubierta. No, que se acabará el mundo: entrome a la madriguera, y llevome este bocado, no te me apartes, Lucela. d , - Qué quieres? . Ya lo verás. Descubranse, pues. Esfuerza no descubrirnos, señor. Extraña desdicha es esta! Terrible ocasión! Qué hacen? o los descubran, o prendan. Eso será si pudieren. Ellos se han de dar a ciegas. Escapame agora tú. Ay, Vito que, que estoy muerta! Traición, traición. Hola, luces. Criados, a la escalera. Ánimo, corazón mío: a la escálera secreta con Ricaredo, Rosaura. Ya te entiendo. Apriesa, apriesa: si van juntos, son perdidos. Yo daré del uno cuenta. Gebelinos son sin duda. Traigan luces. . Hola, apriesa. No le escapen. No se encubran. No se vayan. . No se pierdan. Ya le echan por el jardín. Ya está en mi cuarto. Lucela. Señor, aquí está la luz. Los máscaras? . Linda flema. No parecen, ya se hanido, Miren todas estas piezas, suban arriba a la torre: Hola, a la calle, a la puerta: aunque los escape el viento, aunque los trague la tierra, aunque los defienda el mundo, hoy podrá mi diligencia, hoy podrá mi acero airado, hoy podrá mi mucha ofensa prender los bándidos todos, hacerlos menudas piezas, castigar su atrevimiento. Será así, como no sea una mujer con amor la que sus vidas defienda. Pues no hallarán a Vitoque, que más de cuarenta serás tiene de carbón encima de sus hombros, y cabeza. Sin duda maduró el prisco el peso en la confusión, pues no sé hacia que me olisco, no parece hacia carbón, pero parece hacía cisco. Los dos, poquito a poquito, apostaré mi cabeza, que escaparon del constito; y yo, que jugué la pieza, me he quedado en el garlito. Hermosa fisonomía tengo; de más de ser mía, diera por poderme ver, pero no pudiera ser verme, aunque fuera de día, que aún la noche no hace obra en lo oscuro que me infesta, con lo negro que le sobra; y así, si el día no presta, también la noche no cobra. El miedo que auras sufrido? ea Vitoque, ya vengo. Un poco se me ha salido, pero así así le he tenido; y tanto cuanto, le tengo. Pues ya estás libre del daño, no tienes que recelar. Lúcela, este vicio extraño, a lo que me sé acordar, le tengo desde tamaño. Cómo fue en la despensilla? Donde he sálido un otro qué de Guínea. . Sí? Es manzanilla; como se salió el Vitoque, me fui como una canilla. Pues llevará tu señor las espaldas bien seguras, Vitoque, con tu valor. Si hago milagros a escuras, puedo proceder mejor? En esto de ver es llano que no has de enmendarte? . No es enfermedad de que sano, que al achaque de los pies, nunca pude irme a la mano; pero Clorisel salió, y esotro dio de los pies. Tu maña los escapó. Mira si de todos tres no soy más valiente yo; con dos cosas que tuvieran los valientes. . Te animaran. Cien hombres no me rindieran. Dilas. . Que no los mataran, y que nunca los prendieran. Riesgos de menos aljaba hay sin esos, y harto malos. Lúcela dilos, acaba. Mira, hay molerlos a palos. Así, ese se me olvidaba. A poca costa, de un Marte quieres la opinión, y el nombre. No a muy poca se reparte, si le ha de costar a un hombre la diligencia, y el arte. Poco a poco nos llegó hacia el cuarto de Aurisena el cuidado. . Y di, cenó Aurisena? . Nunca cena. Oh pesa quién me parió! Pero ella, y Teobaldo son los que salen, que he de hacer? . Huyamos. . No hay remisión. Suéltame . No puede ser. Pues vuélveme a mi carbón. Mámola. . Ah infame! señor? . Vito que? Grande ventura. . Vito que? Grande favor. . Mucho miedo, Qué figura! Díganlo olor, y color. Dulce esposo de mi vida, no te ofrece el corazón, con menos satisfacción, tanta voluntad rendida: Queda mi bien persuadida la verdad de amor suave, que dentro del alma cabe; porque en la amorosa calma saldrá a decírtelo el alma, si es que el corazón no sabe. No me atrevo a encarecer de mi accidente el ardor, que es descrédito de amor el saberle comprender: Lo que he podido entender es, que no hay más que adorar; y si por fe se ha de obrar en amor, sabré decir, que como con el sentir, merezco con el callar. Y si quilates pudiera faltar a mi adoración, y dentro de mi razón inmenso amor no cupiera; aún siendo así, mereciera mi deseo, en superior grado, la dicha mayor, pues solo el discurso empleo en aumentar el deseo, hasta exceder el amor. Oh quién supiera advertir con el alma lo que adoro! que aún esta ignorancialloro, por no explicar el sentir: Pero sí llego a advertir, que es más fineza no darte de todo mi afecto parte, me huelgo de no entenderme, porque aún tengas que deberme eso más de no obligarte. r. Apenas tus ojos vi Aurisena, dueño mío, cuando todo mi albedrío a su hermosura rendí: Tan hallado me perdí, que entre tan dulces enojos, poco es una alma en despojos, dije cobarde a mi vida, que en darles, quedó corrida un alma sola a tus ojos. Lo que te adoro es de suerte, con fuerza tan superior, que fuera dicha en mi amor verte, adorarte, y perderte: Porque el indicio de verte, a la pureza de amarte, no la perjudique en parte con el gusto de asistirte, y pueda mi amor rendirte, la acción será de adorarte. Mi amor supo conocer, cuando te llegué a mirar, que fui capaz de adorar, pero no de merecer: Y ya, Aurisena, a entender me da (la fineza advierte) que con la suerte divierte la mayor suerte mi amor, pues le quitas en rigor los méritos con la suerte. Dueño mío, si temí, si Federico desvelos me ha causado, hoy tengo celos ya solamente de mí; que como no merecí ni la dicha, ni el favor; y contra todo el temor todo lo llegué a alcanzar desde mi desconfiar, tengo celos de mi amor. Con la gloria de tenerte. Con la dicha de gozarte. No hay vida como adorarte. No hay alma como quererte. Pero en mi dichosa suerte. Pero en mi feliz estado. Oye influencias del hado. Oye efectos del ardor. Qué es esto, es rasgo del amor? Qué es esto, es sombra del cuidado? quién pudiera criar mi entendimiento, para hacerle capaz de lo que adoro! que esto que siento cabe en lo que ignoro, pero mi amor no cabe en lo que siento. Oh como has encarecido bien de tu amor lo animado! Pues con esto aún no he imitado de tanto ardor lo rendido. Mucho hará mi atrevimiento si te pretende igualar. Ni en lo que no sé imitar cabe todo el fentimiento. Estan grande mi amor, que si lo intento, que a igualarte se atreva mi decoro, porque en la inmensidad de lo que adoro, viene corto a mi amor el pensamiento Eso si es encarecer altamente tu cuidado. A todo lo ponderado puede mi amor exceder. No hay esfera superior que se huya al pensamiento. Pues donde llega su aliento, allí encuentra con mi amor. Oh siempre eternizado con temor, tan firme, tan glorioso, tan constante rendimiento en los dos logre una suer (te. O no se atreva el rigor. La envidia o no se adelante. A la lealtad más constante. A la fe de más valor. Pues nos junta un afecto, y un ardor, en un día, en un hora, en un instante triunfe en un golpe delos dos la muer Por Dios yo te quiero tanto, (te. que arrojo de buena gana otro soneto hecho andrajos, como tengas tú esa cara tan linda. . Y tú la cabeza. Yo digo, que como vayas con la hermosura adelante. Yo, aunque un demonio de cera me parezcas cadadía. Entendiome la picaña, con todo vaya el soneto. Vaya muy en hora mala, que es de los que agora vienen. No es boba la gran bellaca; yo por ella, ni una copla. Yo por él, ni aun escucharla. Esta vez cargo me mucho. Pues conmigo camarada. Ella es un. Lucalero él es una. Esta fue de más de marca. Siente veé porque le importa? Mujercilla de agua, y lana. Hombre en pelo, y devino. Cuero es ese. . Y con sus garras. Más que la doy. . Mas que le echo. Jesús, a la puerta llaman. . Llamaron? Pienso que si Lucela. Señora? . Pasa con tiento, y mira si puedes conocer quien es; y no abras. Abreme a mí la cabeza primero Lúcela. . El alma no cabe dentro del pecho. . Llaman otra vez? . Matraca pienso que nos dan; yo vino solo a purgarme a esta casa. Señora, grande desdicha, tu padre. . Ocasión extraña! Cómo saldremos? . No importa, entraos en aquesta cuadra. Si nos ha visto? . No habrá, abre, y no cierres, acaba. Hija? . Señor? Qué hacias? cómo no estás acostada? Me he estado en el Horatorio. Mi señora es una santa, aura estado de rodillas como tres horas muy largas. Y tú qué has hecho? . Señor. darme muchas cabezadas contra está silla de miedo, pues no es maló el que se paga. Desdí, que nol secogimos, con una ir quietud extraña me tiene ver que esta noche, con tan grande vcllancia, toda la casa miramos, sin dejar pieza alta, o baja: Y como por la escalera, puerta, balcón, o ventana, no los vio salir ninguno. si no es que el viento las alas les dio, porque se escapasen de mi furia, o mi venganza. Como tu cuarto no vimos, me ha tenido (cosa es rara! sin mí esta naginación; no sea Aurisena amada, que en tu mismo cuarto (hah cielos!) pues hay piezas excusadas, los Gevelinos se eculten, y empiece por ti su infamia; porue fue fácil entonces, que abierta, o que descuidada hallasen alguna puerta, y por ella los entrara el miedo: veámoslo hija. Hay más terrible desgracia! hay más confusiones cielos! ya el ánimo, y fuerzas faltan. No, no podré sosegar, hija Aurisena, en la cama, si de esto no me aseguro; yo empiezo por estas cuadras. s. Perdida estoy, oye, espera; muerta estoy señor aguarda. Qué dices? qué me detienes? Que le diré? mis criadas están en ese desnudas; mira esotro cuarto, anda Lúcela, y di que se vistan. Bien dices, siempre a las damas se les guarda esa atención, ve delante con el hacha. Lucela? . Ya lo he entendido. Por el balcón de esa sala de ahi fuera, con una cuerda, amiga, o con una capa. Apriesa señores duendes. Vamos señora fantasma, y el Cielo nos libre de ella. Siempre tu das esas gracias, picaron. . No ves, Lucela, que dura el riesgo que anda mientras andamos contigo? A Dios dueño de mi alma, y espera un poco en la calle. Es advertencia excusada, si vive en ella mi vida, en fe de que tú lo mandas. Vuelve muy presto Lucela. No hay en este cuarto nada. Bien puedes entraren este; vestidas, y retiradas mis criadas están ya. Paréceme, hija, excusada la diligencia, irme quiero, a Dios. . No señor, repara, que no dormiré esta noche de miedo. . Pues gustas, vaya, que yo diré a tus doncellas, que tú eres, hija, la causa. Eso si viva mi industria, que no es posible que hayan barado, y era muy cierto que ahi fuera los encontrara, bajando por el balcón. Y pues este cuarto pasa al tuyo, por acá dentro te puedes ir. Volvió el alma en sí: Olo que en el peligro sabe una mujer que ama! No he podido excusarme de acompañar al Duque, y de cansarme, que ha rondado su Alteza la Ciudad, la Muralla, y Portaleza, Ya queda retirado en Palacio, y a darles mi cuidado vuelve, con mudas quejas, el alma en mis suspiros a estas rejas. Cielos, que no pudiese conocer aquel máscara, y que hubiese sido el Duque; ha desvelos! rara ocasión de no apurar mis celos! Clorisel no ha llegado a su casa esta noche, y yo he andado cuidadoso, y perdido buscándole, y toparle no he podido. Y aunque aquella criada que me echó fuera, cuerda, y avisada, me dijo: Ricaredo, de Clorisel asegurarte puedo, que ya está en cobro puesto, (porque yo no saliera a no ser esto:) con todo mi porfía en esta calle ha de esperar al día, aunque en Rosaura bella jamás ha amanecido a mi quererla. Un hombre hay en la calle. Un hombre he visto, indicio no he de darle, hasta que él me ocasione. Retirado, veré lo que dispone. Señor, fueste Lucela? Ya se fue, que la quieres? . Una vela, porque siendo una criatura, chicotillo, me alzaron la figura, y hallaron que en un salto tengo un peligro, y esto está muy alto. Ya está la cuerda abajo, acaba. . Más que voy por el atajo? tu es mejor que la estrenes. Aparta pues. . Que presto en ello vienes; si se quiebra, y me quedo, ya se verá, señores, si me enredo; si se quiebra, y me encojo, malo es, más no tan malo, yo me arrojo. Dime, has llegado al suelo? Espere usted, señor, esto es buñuelo? este es cordel, o hebra? si fuera de verdad, que nunca quiebra, bien de mentira tira, que en este tiempo es fuerte la mentira. Vito que estás seguro? Yo llevo mal camino, y hace oscuro. Ya estoy del riesgo fuera. . Mañana ofrezco un volatín decera, Parece que he sentido. hacia el balcón, si no me engaño, ruido. Parece que he escuchado, gente hacia esotra calle, y retirado. por el hombre, no puedo. informarme mejor pisando quedo; a la esquina procuro irme acercando, puesto que hace oscuro. Llego con planta muda. a la esquina a salir de aquesta duda. Clorisel? . Aa desvelos! Aurisena? mi bien? . Rabio de celos; ya salí de mi engaño, o que costoso ha sido el desengaño. Ya, esposo, recogido está mi padre. . Pero yo perdido. ya le he visto, irme quiero, que el honor de mi tío los defiende esta noche de mi brío, que ellos me pagarán lo que ahora muero. Llegar quiero a avisalle, que un hombre está escuchándole en la calle. O qué dichoso he sido! Clorisel? . Ricaredo? . Está advertido, que te ha escuchado un hombre, sin poder remediarlo, no te asombre. Qué es eso dulce esposo? Retírate, no es nada, pues forzoso ha de ser conocerle. A alcanzarle. . A matarle. . A Detenerle. Toma amigo esa calle. Clorisel? . A cogerle. . Y a matarle. Guarda esta calle tú. . Vamos, no huya. Guarde la calle el Duque pues que es suya. Alboroto es extraño. Muerta me voy sin entender el daño.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Aunque influencias del hado padezca, hermosa homicida; y aún a costa de mi vida, he de apurar mi cuidado. Y pues temerario, y necio va contra mi honor mi engaño, pues muero del desengaño, muera también del desprecio. En fin pudieron hacer con Teobaldo mis porfías, que se viniese estos días a esta casa de placer: Porque así Aurisena ingrata, ocasión de mi tormento, no logre su rendimiento, pues con su desdén me mata. Con gran maña conseguí, que a la quinta se viniesen, sin que aún seña conociesen del incendio que arde en mí. Si a Teobaldo le di guerra, de los dos el rendimiento en aqueste caso siento, que indiferente sintiera: Porque siempre con deseo vi a Teobaldo de que cesen los bandos, y que tuviesen treguas con algún deseo. Demás de que a Clorisel, por su gentileza, y arte, quiere bien, y en esta parte le he visto hablar siempre de él. Y si yo se lo dijera, pudiera ser que parara en que él dos fines lograra, y yo mi fin padeciera. No entienda Teobaldo, no, mi intención, y Clorisel muera a mi industria cruel, porque primero soy yo: No es Gevelino? la injuria de los bandos le condena, con que el amor de Aurisena) es la de más a mi furia. El a lograr sus amores vendrá de noche a esta quinta, y hallará en ella succinta la muerte entre los favores. Nadie piensa que fui yo quien aquella noche oscura, con atención mal segura sus amores escuchó. Mi amor a los dos condena al castigo más cruel, que ha de morir Clorisel, y he de gozar a Aurisena. Mucho a Rosaura he debido de fineza, y de favor, pero no puede mi amor parecer agradecido. Y aún Rosaura de la culpa que con su amor me condena, siendo la causa Aurisena, disculpará la disculpa. Que si en lance tan grosero no ha podido mi cuidado resistirse enamorado, cómo ha de poder celoso? Mas Teobaldo viene allí, disimular detérmino. Qué haces tan solo sobrino? ahora me han dicho ahí que viene el Duque. Señor, pues a recibirle vamos. Ven Federico, salgamos, que es grande amigo el favor. La ceremonia excusad Teobaldo, y la diligencia, que ya sé vuestra obediencia, y también vuestra lealtad. Señor, favor tan cumplido, nunca yo le merecí. A matar un jabalí a esos montes he salido, y de paso quise entrar, pariente, a comunicaros un caso, en que he de obligaros, que no me habéis de negar. Bueno es, señor, esa duda, cuando en mi lealtad conoces, que está mi fe dando voces, y está mi obediencia muda. Como amenaza un recelo al incendio de mi amor? todo le apaga un temor, todo le enciende un desvelo. Federico? . A vuestros pies está mi amor, y respeto. En qué se pasa? . Prometo a vuestra Alteza, que es sobrada la ociosidad. Ofenderá la tristeza, si tiene esa gentileza, su cuidado en la Ciudad. Pluguiera a Dios hoy el mío solo le fundo señor, en que conozca mi amor con mi asistencia mi tío. Es mi sobrino, y mi amigo Federico, hele criado, y así en traerle a mi lado es mucho lo que consigo. Murió mi primo, y quedó en mi poder tan pequeño Federico, que el empeño de mi hijo mereció. Que he de merecer prevengo, señor, con el amor mío todo su favor confío, pues por mi padre le tengo. Gran señor, nuestra lealtad, nuestra vida, y nuestro honor, en fe de tan gran favor, está a vuestros pies. . Alzad, y porque es tarde advertid, que no me habéis de negar. Señor; empiece a mandar vuestra grandeza, decid. Sabed que a Aurisella bella. he casado. . Cielo santo, no hay valor que sufra tanto, o qué infeliz es mi estrella! Esa es merced, gran señor, como de esa heroica mano. Si es Clorisel tirano, no hay alma para el rigor. Y porqué importe el secreto. . Y de mi parte también, Retírate Federico. El nobio es noble, y es rico. El es, yo muero. . El respeto que me ocasion al decoro, y que al secreto me llama, es, no le impida otra dama, porque es el Marqués Teodoro, Celebre yo esta ventura de Aurisena, con mi boca de . . Me llama la montería. A tanto amigo provoca vuestra sangre, y su hermosura, que aunque es tan vico el Marqués, si en la sangre no os excede, fundar en la virtud puede de Aurisena su interés, y así en volviendo a Berona, podré dalle el parabién. a quien vuestra Alteza abona tanto, con tan gran favor. A Dios, Teobaldo, confieso que voy obligado. Exceso de esa grandeza, señor: esta humilde caseria, pues a darle honor empieza, pudiera honrar vuestra Alteza. Dulces, sonoras aves, que en el ámbito vago de esa esfera, en canciones suaves, a coros festejáis la primavera, decid si cuidadosa me ha venido a esperar mi dulce esposa? Plantas que en ese valle con gallarda, y airosa gentileza, compitiendo en el talle la hermosura enamora a la belleza, decidme si amoroso me ha venido a buscar mi dulce esposo? Fores que a la fragrancia, que a esa hermosura el Sol le constituye, no hay rémota distancia, donde su aroma con su olor no influye, decidme si piadosa me ha venido a esperar mi dulce esposa? Hermoso prado, lleno de variedad de flores, y de plantas, que apacible, y ameno, estás, bordado de colores tantas, dime si afectuoso me ha venido a buscar mi dulce esposo? Fuentes, cuya armonía parece que repite mis amores, desde que nace el día a la salva de tantos Ruiseñores, decidme si gustosa me ha venido a esperar mi dulce esposa? Son tantos mis recelos de merecer tus brazos dueño mío, que templar mis desvelos, y los suspiros que a su esfera emvió, solo podrán con voces diferentes, aves, plantas, y flores, prado, y fuentes. Son tantos mis recelos, son mis congojas, y tormentos tales, aún sin riesgo de celos, que solo pueden aliviar mis males, consolar solo pueden mis amores, aves, plantas, y fuentes, prado, y flores. A la gruta de el valle le avisé que viniese, y no ha venido, o como examinarle pudiera de su afecto lo rendido, mi amor siempre quejoso, por gozar sin temor mi dulce esposo! Pero no es Aurisena? Pero no es Clorisel mi amado dueño? Ya se acabó mi pena. Ya desperté de tan penoso sueño: amado Cloriser? . Prenda querida. Muera en los brazos yo, porque eso es vida? o esposo lo que has tardado! Mi bien, en hallarte mucho. Ricaredo? . Hacia la fuente fue a buscarte. . De su curso se aparta mi llanto ahora. Y Rosaura? . Ella dispuso quedarse allí con Lucela, para esperarte. . En el mudo silencio de esa montaña, mi bien, nos vimos confusos yo, Ricaredo, y Vitoque, porque le erramos el rumbo a la senda, que excusada mal a nuestro amor condujo. Perdimos en fin la senda, valles penetrando incultos. Todo para mi prodigios, Clorisel, ha sido, y sustos, en las aves, en las flores, en las fuentes, y en los brutos, todo presagios han sido. de mi tristeza, y anuncios. Un hermoso pajarillo, que en cárcel de alambre tuvo, con cariño, y con regalo, aprisionado mi gusto, al colgarle esta manana, después de alegrarle mucho, se me cayó de las manos, y tomándole difunto para abrigarle en el pecho, Cándida flor que a la verdad compites, que vuelva a vivir procuro, con la brevedad, mas no la vida le restituyo, antes vomitando el alma, el pico entre humor purpúreo, ensangrentado me deja la mano, y el pecho junto. También vi que amaneció un jazmín, cándido culto, de las flores en la rama, pálido, marchito, y mustio; y a tan preciso portento, a tan destinado anuncio, a tan confuso presagio le previne este discurso. con tan rara pureza, y hermosura, no es bien que tu defensa mal segura, a ignorado accidente la límites: Cómo influencias en tu ser permites? aún contra el Sol tu duración procura, pues nunca puede ser jazmín locura, que al hado venzas, y que al Sol imites. Mas ya previne tu fatal ruina; cuando te hallé de la verdad ensayos, en la misma defensa de tu suerte. No a la insluencia solo te destina. del Sol, o no te apagues de sus rayos, accidente ignorado te de muerte. Unico anzuelo, a mis ojos vino herido del astuto cazador, que allí en el riesgo, quedó del riesgo seguro: o fuerza del hado impío! a un animalejo rudo, tanto de redes, y lazos, tanto de plomo, y de humos la simplicidad ofende, aún en los montes ocultos: y no hay lazos humo, y plomo, a tanto estorbo de mundo. En la margen de esa fuente, asqueroso, torpe, inmundo; entre las flores un áspid, dejó atosigado el curso, que contra su sed hambrienta, aunque tardamente agudo, no importan hermosas flores, no bastan cristales puros; todo últimamente ha sido un laberinto confuso de temores, y de riesgos, cuanto apartado te juzgo; cuanto ausente me lastimo; cuanto imposible te dudo; cuanto distante te llamo, y cuanto lejos te busco: Oh permita, esposo mío, el cielo, que en dulce yugo, nuestro rendimiento viva dichosamente seguro, gloriosamente oprimido, amorosamente justo, valientemente constante, y dulcemente con gusto, sin que el pajarillo pueda ser prodigio, ser abuso, sin que se atreva el jazmín a ser sombra, a ser absurdo, sin que el conejuelo pase a ser pena, a ser disgusto. y sin que el áspid dé muerte, de riesgo, fatal rasguno, y al lazo de nuestro amor tan conformemente uno, solo el brazo de la muerte pueda desatar el nudo! Escúchame dueño mío, en la ocasión de perderme esta noche, los prodigios, que aún ya pasados me ofenden. Andaba con mis memorias, entre mis males, y bienes, perdido mi amor conmigo, repitiendo lo que siente: cuando un gilguerillo hermoso, desde el ramo, o cuna breve, del nido pasó a la tumba, entre las garras crueles de un gabilan, o neblí, que solo para prenderle, parece que esperó el tiempo Nace fragrante flor a la encendida luz primera de el Sol, pompa del prado, y al purpúreo explendor, benigno el hado, o siempre en vez de muerte insluya vida. Vive solo a tu arbitrio repetita de amanece, o no amanece. Hh destino riguroso! pues contra tu fuerza puede alado juicio que vague, ni ave ligera que vuele. A pocos pasos después, desde el néctar de la leche, pasó un manso corderillo, hasta el veneno del diente de un lobo fiero, que anduvo en destrozarle tan breve, que no sé cual fue primero, verle, matarle, o comerle: o influencia temeraria! que aún la candidez no empiece a saber vivir apenas, cuando a tus efectos muere. En la soledad de un valle, florido, ameno, y alegre, hermosa gala de Abril, que un arroyuelo guarnece, iba naciendo una rosa, y apenas su velón verde, gajó a gajo se derrama, y parte a parte se vierte, cuando reparé que un áspid atrevidamente quiere ajar la púrpura hermosa, aún antes que a ser empiece. Defendi la rosa, pues, que para intentos aleves, si hay atrevidos impulsos, hay piadosos accidentes. Maté el áspid, y a la rosa, este epitalamio breve a exclamación de tu amor, hice, porque porque viva siempre, otra ley constituya tu cuidado al destino, y un siglo dilatado logra el imperio de tu edad florida. Excede al tiempo, y débete la gloria de la inmortalidad, triunfa del daño, mas no a la suerte, al mérito lo fía, asegura tu ser con tu memoria: y pues procedes rosa en todo un año, no apagues tu hermosura en solo un día. A la música, o la queja, que repite dulcemente un Ruiseñor, desde un sance, o se eleva, o se suspende mi atención que le pregunta, dueño del imperio leve, de las aves, tus acentos son tus males, o tus bienes? Porque tu dulce armonía con afectos diferentes, canta, como cuando triste, llora, como cuando alegre. Y si acaso cuando lloras, con la música diviertes, cobarde el dolor reusas, pues el alivio apeteces: Que no es pena en la que cabe el alinio, de que puede hallarse muerte a una vida, hallarse vida a una muerte. O no permitan los ados, que más experiencias prueve, de la ausencia, o las desdichas! sola esta vez no me anegue! Que del golfo de sus iras experimentado siempre, ya hallé en tus brazos mi puerto, ya hallé en tus ojos mi muerte. Haga una vez de dichosa, el alma experiencias, pruebe, o amor! la dulce bebida, sola esta vez de lo fuerte, Sin que el pajarillo pase a ser estorbo, a ser muerte, ni el áspid voraz se atreva a prodigio, a inconveniente. Sin que el corderillo amague, a presagio, ni accidente, solo el Ruiseñor denote nuestro dulce afecto siempre: Que yo ofrezco a tus altares, en vez de aromas ardientes, olocaustos de firmezas, aún más edades que el Fénix. Ya está seguro Aurisena, tu cuidado. . Ya seguro, Clorisel, está el recelo. Ya hallé la vida que busco. Ya hallé el alma que deseo. Y yo el desdén que procuro en la ingratitud que sigo. Señores, el mayor flujo de chanzas de mi cabeza traigo, y habrá que las sufro como unos cuatro mil años: si ya más habrá, pregunto, hase olvidado el poeta, que un es no es intrujo de gracioso en la comedía? Lúcela, a Dios que me escurro. Pues cómo te vas? . Andando, Qué razón de Pedro Grullo? Y esa no es de pie de banco? Por qué digo? De comedia en todo caso, y eslo esta, y me recuso: mas gracias hay por de dentro Lucela, y ya en lo confuso de la selva nos dijimos. No le escuché un estornudo. Pero esperaste un bostezo, y tu bostezaste al punto. Miente, en Dios, y en mi conciencia. Yo, Ricaredo, no dudo tus finezas, ni tampoco el conocimiento, excuso: pero no puedo pagarte, aunque con mi amor procuro, que parezca agradecido a obligaciones del yugo. Ya sé que un engaño sigo, ya sé que una verdad huyo, ya sé que un daño apetezco, ya sé que una fe reusó, ya sé que un desdén admito, ya sé que un favor excuso; y en fin sé que esá mi vida en lo sencillo, en lo puro de la verdad, y mi muerte en el engaño que busco, y no es amor quien me obliga a tan destinado impulso, pero deben de ser celos porque está ya puesto en uso entre nosotros, que puedan los celos, y los descuidos mas con nuestra inclinación, que los halagos, y el gusto. Perdona este desengaño, Ricaredo, y pues que supo adorar tu amor tan fuera de la costumbre del mundo, ten lástima de que el mío padezca achaques de injusto. Si has sabido que mi amor cuando a querer me dispuso, libró el logro en lo que temo, y la dicha en lo que dudo. Pues aún esa parte solo de no aborrecer me juzgo, que de méritos le quitas, que de quilates le excuso a la fe que me consagro, y a la ley que te aseguro. Dame aprisa desengaños, que con ellos los dos juntos, hay Rosaura! satisfechos quedamos, pues si yo busco ocasiones de más fino, ya las hallo en lo que escucho. Y si tú has de apagarme todo el incendio que sufro, todo el afecto que muestro, y todo el fuego que encubro. Y a las logras, que también en lo que me destituyo, de tu favor me le ofreces, pues en merecer le fundo. No lo dijera mejor un Algibrista, y un zurdo. No malogremos el tiempo, Clorisel, en este alegre sitio podemos sentarnos. Dices bien, que el que se pierde, o tarde, o nunca se cobra: Rosaura, a lo que te debe mi amor satisface poco un alma, que es tuya siempre. Clorisel, de ese reparo, aún mi deseo se ofende, que son dos obligaciones, y grandes, las que me mueven a acompañar a mi prima. Ricaredo, el alma puede decirte mi estimación, que no es posible que acierte Precipitado, cielos, todo mi agradecimiento. Pero sabe lo que debe hacer ese alma, Aurisena, y agradecer no se atreve lo que no es razón, señora. Esas questiones se dejen, y cante Lúcela un poco. Vito que, cuidado puedes tener por entre los sances, si alguien de la quinta viene. Seré un Argos, seré un lince, seré un miron, seré un veinte antojos de larga vista, y otras trecientas serces; pero yo me voy a artar del agua clara a la fuente, que no hay fuerza en los lacayos ser amigos de clarete, alguno ha de haber aguado. Cante Lúcela, y no temple. Píramo infeliz amante de la hermosura de Tisbe, todo desengaño muere, cuanto de su afecto vive. Calla, Lúcela, por Dios. Pues, señora? . Que lo dejes te pido, que no haya cosa cielos, que no represente horror prodigio, desdicha, presagio, amenaza, muerte! ruego a Dios que por bien sea. Señor. . Vito que, qué tienes? Que sé yo. . Pues di qué traes? . No habrá. Nada, porque ellos se vienen. Quién viene? . Muchas legiones: déjeme usted que las cuente un cuento, treintay dos mil seiscientos yochentay veinte trae Federico, sin duda, y últimamente parece que trae las levas de España. Gran desdicha! . Lance fuerte! Vete aprisa. . No es posible. Escóndete. . Yo esconderme? Entre esas ramas mi esposo. Eso mi valor ofende. A Ricaredo? . Aurisena dice lindisimamente. Esto no toca al valor. Mi bien si quieres perderme, mucho mejor es matarme. Mira, Clorisel, que vienen. Con esperar se aventura mucho honor, y no se pierde nada de el valor ahora, Clorisel, con esconderse. Y si nos buscan? . Salir. Pues a lo que me debe Aurisena nuestro amor. Hablo de verás advierte, que hacia la gruta del valle deja fe de ricogente, si no me engaño. . No importa. Vive Cristo que no igualen, y nos sacan por el rastro, señores, los Cuelfos vienen. Muerta estoy! Sin vida estoy! . Repórtate. No te alteres. . Abrálos visto? Ay. Rosaura, que en mi suerte cabe el no caber alivio, si no lo que me sucede! Precipitado, cielos, me llevan mis venganzas con mis celos, que a mi enemigo vieron en este valle solo me dijeron, con Aurisena ingrata, que con rigores su desdén me mata. Desde el prado a la fuente, repartida, y dispuesta está la gente, solas están, y creo que se ha escondido, pues que no le veo? no será de cobarde, porque en su brio mucho aliento arde. Para él sin duda alguna, porque infeliz me acabe mi fortuna, pidio el Duque a Aurisena, y esto mismo a la muerte le condena, que los Bandos pretende sosegar con lo mismo que me ofende. De mí se recataron para hablar, pero así me disculparon: muera pues mi enemigo, así a que vuelva por su honor le obligo: primas. . Tormento fuerte! Ya salí para entrar así en la muerte: como tan descuidados, a la traición, y al riesgo condenados? Qué dices, Federico? Que en mi semblante mi traición aplico. Este nos ocasiona. Ten sufrimiento, que el amor se avena. Si salgo Ricaredo, estese tu valor, amigo, quedo, que el honor de Rosaura, sin faltar al valor, tu amor restaura: y pues él solo viene, ya del último medio se previene mi industria, y mi cuidado. Ellos se han escondido, o retirado, huyendo de mi acero. . Perdida estoy! Rabiando estoy! . Yo muero, hah desdicha cruel! Dónde te encubre el miedo, Clorisel? Que me llamas prevengo o ya a matarte, o informarte vengo. Bien tu honor lo reparte, pues yo vengo a no oírlo, y a matarte. Hoy puedes con tu prima. Es la furia de celos, quien me anima. Quierar las diferencias de estos Bandos. . Mayores inclemencias he de aumentar celoso. Hay primo! no le mates, que es mi esposo. Riñe, pues, arrogante. Clorisel, no le mates que es mi amante. Ah traidor! . Ah pena dura! Acabe de una vez mi desventura. Si acabará enemigo. Ánimo, que a tu lado está tu amigo. Pues yo no digo nada, hoy he de pelear como la espada. Al valle. 1. Al prado. 2. Al Río. Este es el Duque, ya el tormento mío, llego al último estado. 1. Por acá es el ruido. 2. Alprado, al prado. Qué riguroso medio! . Perdidos somos. Al postrer remedio: al monte, al monte, amigo, defendiendo, y matando. Ya te sigo. Pues yo atrás no me quedo, mucho pelea, vive Dios, el miedo. Ha Federico fiero, si has de matarle, mátame primero. Hasta el prado he corrido, tras de la confusión, y tras el ruido de voces, y de espadas, y no se han descubierto, ni aún pisadas. Cómo la luz Febea se va apagando, impide quese vea aún aún señal en el Prado. 1. Al monte, al monte. a Arriba hacia el collado. Voy siguiendo estás voces, que hacia la cumbre son, con pies veloces. Perdile al pie de ese monte, que ya le sirve de tumba, sin duda porque son muchos. los que le siguen, y buscan. Clorisel? . Pesía mis celos! Esposo? . Pesia mi furia! Federico? , . Si Aurisena ingrata, dulce locura de mi amor. . Pues cómo? donde? Dónde ingrata? en tu hermosura, como, como, a mi desdicha, que atrevidamente injusta, sin prevenir donde hallo como vengar sus injurias. Qué intentas? . Morir de amor. De quién, di? . De tu hermosura. Estás loco? . Sí, de celos. Suéltame traidor. No huyas, que ya no bastan defensas. Pues de ese acero la punta, ha de triunfar de mi vida, si ha de vengarme en la tuya. Suelta. . Cortemé las manos. Oye. . Que en las desventuras. aún tengo de hallar presagios, que mayores las anuncian. quien vio sobre un sufrimiento mas calamidades juntas? Prima. . Rosaura . A traidor! como un rayo no ejecuta. su rigor en tanta ofensa, su castigo en tanta culpa? Precipitado del monte, herido, y lleno de angustias, para matar, o morir, solo mi valor te busca. Pues ya mis celos te esperan, que obstinados no reusan morir de su frenesí, o matar de su locura. Hable tu espada enemigo, y estese tu lengua muda. Clorisel? . Hh fiera! Ya como es tarde, se duda el conocimiento, a primo? Ya no es tiempo. . Ya no excusa. con la muerte el desengaño, mi vida. . Desdicha suma. , a. Muerto soy. . Válgame Dios! Aurifena? . Mas que escucho! mi ya perdida esperanza, cayo sobre la difunta. vida, para hallar el alma, vives mi bien? . Pues lo dudas? Sí, que es la primera voz que halló entre mis desventuras, como en mi favor la suerte, de mi parte la fortuna. Hacia la fuente del valle, criados a la espesura. Este es mi padre rigores, Al valle, que allá se escucha. Este es el Duqué desdichas! Ya sois a una vida muchas, mas no es mucho si son mías, que unas de otras produzcan, voy a acabar de morir. Mas que muerta, estoy confusa. Pesia quien falta el valor! pesía prima quien se turba! Cercado está Clorisel. No importa esposo a la gruta, que cóncabos hay en ella. Eso es prenderme. Mi industria te librara, mucho importa que junto a la boca oscura cayese allí Federico. . Entro pues. Prima a la angustia, al fingimiento, a la queja, a la pena, y a la injuria. Si es fingimiento, aunque ingrato, solo el alma lo artícula. Llega a la gruta, a la fuente. Hacia la fuente los busca: Rosauria Aurisena? Hijas sobrina? Tu Alteza augusta, solo ha podido librarnos. Quién es, o esta flor caduca? Quién es aqueste cadaver? Federido, que la culpa de haber nacido infeliz, pagó en la postrera angustia, por defender nuestras vidas, ay de mí! perdió la suya. Clorisel dicen que ha sido el traidor, vaya en su busca el mundo. . Miren el prado, el valle, y selva confusa. En la gruta de la fuente se habrán escondido. . Alumbra, No gran señor, no es posible, Rosaura, y yo en esa muda oscuridad nos entramos, heridas, y mal seguras, mientras duró la pendencia, y cuando la tierra dura, o infeliz! midió el cadaber, ellos que el ruido escuchan de que los busca tu Alteza, y que mi padre los busca, sin reparar en nosotras, por esa senda que cruza al valle de los laureles, su riesgo fatal excusan. No haya troncos en el monte, retiro, o caberna oculta, que a examinar no se llegue, de la falda a la cogulla. A seguillos. . A buscarlos. Retiralde, ha vilfortuna! muerto voy. . Consuela prima, a mi padre, esta es industria. Dame la mano, mi esposo. Con el alma, pues es tuya. Cuándo te verán mis ojos? Cuando quiera mi ventura. Oh, acábense mis desdichas! O, viva el alma segura! En mis brazos? . Si Aurisena, aunque. . Tente, qué pronuncias? Acabe en ellos mi vida. Vivas edades tan muchas, que pases de lo imposible. Sin ti, la vida me ocupa.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA No hay que decir prima mía, el juicio me ha de costar. Templa Aurisena el pesar, templa la melancolía. Mira tú si puede haber caso de más confusión? Digo que tienes razón: si el volvernos a traer a Berona, solo ha sido para hacer tu casamiento. Y tan luego, que el tormento no da un hora de partido: cómo podré reposar? y cómo podré vivir? o acabe yo de morir, o acabe ya de penar, Nada remedias con eso. Qué he de hacer? estoy perdida! Eso es quitarte la vida: siente con menos exceso. Avisaste a Ricaredo, que antes que denoche fuese a vernos, prima, viniese? Ya le avisé, mas con miedo, por haber de entrar de día, si bien es, por el jardín. Y tiene, Lúcela, en fin, cuidado? . Sí, prima mía. El avisará al instante. a Clorisel, ay de mí! que cuatro leguas de aquí está mi esposo, y mi amante, retirado por la muerte que dio a Federico ingrato, que su traición, y su trato, buscaron su triste suerte. Ya vienen Lúcela, y él, No hay un alma que lo advierta. Ay Lucela! pues alerta, que es mi fortuna cruel contra todos mis intentos. Lo que has sido deseado! Pues ya viene mi cuidado con mis propios pensamientos: es posible que escuché, Rosaura, que desearme pudiste? . Sí, que mudarme, ya Rica redo, no fue hacer nada por tu amor porque fuera error extraño lo que ha sido desengaño vendértele por favor: tema fue, si bien se advierte; no más mi fineza rara, que si fuera amor, amara, aún más allá de la muerte, y a que pudo ser me obligo, antes venganza que fe, puesto que mi amor se ve, que murió con su castigo. Según eso mi cuidado dichosamente rendido, agora llegó a admitido? Y nunca fue despreciado, pero Aurisena rendida de una gran pasión te espera. Perdóname, que se fuera tras del cuidado la vida. Tan sobrada obligación como debo a tu fineza, negarla fuera bajeza, y confesarla es razón. Vete, pues, prima, a esperar a mi padre, porque luego me lo avises con Lucela, mientras hablo a Ricaredo: Voyme, bien puedes estar descuidada, que al momento que viniere lo sabrás, y yo sabré entretenerlo, Y yo avisar al instante. Yo lloro que mis tormentos, yo temo que mis desdichas allá dentro de mi pecho me han de embarázar el alma, me han de apagar el aliento con la prisa que me dan: por cuales saldrá primero para que halles la noticia de todo mi sentimiento? mucho antes que en el estrago, amigo, que en el estruendo, a imitación de la mina, que mirada desde lejos, cuando revienta, se oye después lo que se está viendo. Pero dejo los discursos, porque no hay lugar, ni tiempo, que hago una ofensa muy grande a todo lo que padezco, en tratar de que lo explique ningún encarecimiento. Mi padre quiere casarme sin dilación, sin remedio, después de mañana, escucha: ya sabes como fue a verlo el Duque a la quinta el día de aquel infeliz suceso; y también, que con mi padre dejó el Duque hecho concierto de darme al Marqués Teodoro. Noticia de todo tengo, prosigue. . Pues ya prosigo: alguno de los que fueron acompañando a mi primo, su traición, y su denuedo, a quien debió de fiarle su cuidado, o sus intentos, que no he sabido quien es: Este a mi padre le ha hecho relación de nuestro amor, y han sido tan por extenso, que sabe que Clorisel, mi esposo, mi amado dueño, fue el máscara del sarao, y que en el mudo silencio de la noche nos hablamos por un balcón, y que fueron los que a mi primo mataron, Clorisel, y el bando vuestro: Con este cuidado agora, y después con el concierto de la palabra del Duque ha efectuado tan presto mis bodas con el Marqués, y a mí me ha dicho en efecto que he de casarme, o morir a sus manos, y a su acero, después de que no ha podido de todos mis pensamientos examinar una seña, ni descubrir un deseo. Mira tu cual estaré a vista de tantos riesgos, pues dar la mano a mi esposo lo mira mi amor tan lejos, que es imposible, por tantos estorbos, y impedimentos de los bandos, de las muertes, de las iras, y los miedos; pues dejar de ser su esposa, no sé como encarecerlo. No hay en el mundo desdichas, no hay penas en el infierno, ea que es esto excusado, y parece que es ponerlo en duda el hablar del caso, y se ofende el alma de esto: Pues del Marqués bien claro está, que habiendo venenos, habiendo cuerdas, puñales, habiendo lazos, y fuegos, y habiendo manos también con que arrancarme del pecho. el corazón a pedazos, que ya me sobran remedios. contra esta desdicha; agora discurre pues eres cuerdo, y pues la mitad del alma eres de tu amigo, y deudo, y pues a mi confianza debes el mayor concepto, y pues tu intención es tuya, que se encarece con esto el remedio de mis males, mis ansias, y mis tormentos, porque yo, y mi esposo, a ti te debamos el remedio. En gran confusión estoy! Has de resolverte presto? Avisar a Clorisel, y robarla es desacierto, que es añadir de los Bandos mayor materia al incendio: pues declarar de los dos la voluntad, y el empeño, sobre morir Federico, y después sobre el concierto y la palabra del Duque, ya se conoce si es ierro: pues dejar que se dé muerte, Aurisena, pues que menos en hacerlo que en decirlo tardará su rendimiento, es poco valor en mí: vamos al último medio. Yo, y Clorisel estudiamos juntos, y no en mucho tiempo, de la gran filosofía, pudieramos ser maestros de la cosas naturales. Supimos grandes secretos, venenos, y confecciones, contra hierbas, y compuestos: si te atreves a tomar un bebedizo, saldremos sin riesgo de los peligros con vitoria de los miedos. Si no conoces mi amor, en prueva de ser inmenso, tragaré encendidas brasas, pasaré un diamante entero, me comeré un áspidvivo, y me beberé un beleño, y aún me moriré de verás, y pasaré los tormentos, las penas, y los rigores, de ese tenebroso averno. Pues aquí no se aventura, Aurisena, nada de eso, que yo te daré un letargo, que en bebiéndole, tu cuerpo quedará como difunto, con la fuerza del beleño, por dos días naturales, breve rato más, o menos, de aquel en que le tomares, que antes de una hora hace efecto, Este has de tomarle al punto de media noche, advirtiendo. que no es menos que la vida lo que te importa el secreto, lo demás no te de pena, que en la bóveda estaremos. yo, y Clorisel, mucho antes que despiertes de este sueño. Y no por satisfacción, porque yo de ti la tengo, sino por consuelo solo, que se consigue con eso? Que vivas con Clorisel lo que te durare el tiempo, sin dependencia de padres, sin acusación de deudos, sin embarazo de bandos, y sin estorbo de miedos;, pues el sacarte de allí, solamente lo sabremos, y a todos tres nos importa, tus Clorisel, yo, y el cielo: tendrás ánimo? . Eso dudas? Tendrás valor? . Bueno es eso Miralo bien. Quieres que vuelva ha encarecerte mi afecto? Pues ni a los labios, ni al mundo, ni a la vida, que el secreto es el remedio no más. Pues yo observaré el remedio. Pues alto a tener valor. Pues alto a ver si le tengo. Pues a vivir de morir. Pues a morir de eso mismo. Señora tu padre. A Dios. Esta noche. Ya te entiendo. Donde pueda darte. . Bien: Lúcela, hecha a Ricaredo. Hasta que tome Aurisena la bebida, no pretendo avisar a Clorisel, de ella, ni del casamiento. Amor, porque me condenas a que sientan mis memorias las penas que fueron glorias, y las glorias que son penas? Amor, yo muero de ausente, tan sin alivio, que siente el alma en pena tan grave, que hallarremedio no sabe, que no aumente el accidente. De tan rigurosas penas, como amor no me despeñas, pues tus leyes obedezco? y al tormento que padezco, amor porque me condenas? Oh como en el alma escriben eso mismo que conciben las memorias, cuande hieren, con los males que no mueren, con los bienes que no viven! y así en penas tan notorias de tantas pasadas glorias, forme el alma sentimientos, sin dar lugar mis tormentos a que sientan mis memorias. Y puesto que este diamante, el alma firme, y constante, en padecer, y adorar, haga gloria del penar, que eso es saber ser amante. Y así en tan dulces memorias, pues son las penas victorias, y son las desdichas buenas: formen infiernos de penas, las penas que fueron glorias. Que pues permtes; amor, que pase por el rigor, el alma de tanta ausencia, en esa mayor violencia halla el alivio mayor. En eso a que le condenas, tanto al mérito le ordenas, que le hacen de las memorias las penas que fueron glorias, y las glorias que son penas. Gracias a Dios que acabaste tan larga lamentación. Aún mayor es mi pasión. Pues para qué te cansaste? vuelve. La ausencia sinduda es el achaque mayor. Quieres que llame al dotor, nos lacará de esa duda? Dime; pues que me provocas, hay achaque más preciso? Uno agora nuevecito. Y cuáles? . Viruelas locas. Deja Vitoque el placer, y ponme con que escribir, que a Berona has de partir, porque allá has de amanecer. Eso sí, de cuando en cuando un jaquimazo. . Por qué? Porque es un rátito a pie, por otro rátito andando: lleve Barrabas la vida. Ay. Vito que ten paciencia, que una ignorada violencia me tiene el alma rendida. Allá en la imaginación soy todo, amigo, un tormento, soy un prodigio, un portento, y soy una confusión. Pues no vive ayer de allá? Sí, y agora has de volver, y has de ver si puedes ver a Aurisena. . Bueno está: dí, señor, hablas de verás? tú quies que me descuarticen, me ahorquen, me martiricen, y que me hechen engaleras? No te conocen que quedas por mi criado en Berona nadio. Háranme la mamona, por tu embajador no más. Vamos, y le escribité una carta a Ricaredo, y otra a Aurisena . Si puedo, quizá a Lúcela veré. Aquí de mis sentimientos, aquí, aquí de mis memorias; para cuando es el valor, si en esta ocasión se postra? para cuando el rendimiento, si hay medios que se le opongan? para cuando la fineza, si hay temores que lo estorban? Poco va a perder mi vida, si esto no es más que una sombra de la muerte; aún si la misma muerte es amenaza poca, al incendio que me basta, a la lealtad que me sobra, al afecto que me rinde, al aliento que me exorta, al cuidado que me anima, y a la ley que me provoca: No he de morir de mí misma, antes que de mis congojas? si doy la mano al Marqués, no he de quitarme yo propia la vida, si a Clorisel no doy la mano de esposa; pues el perderle, o matarme, no tiene muy pocas horas de término? demos caso que fuera la muerte propia la de este letargo, en ella por lo menos no se logra en el vencimiento grande, la demostración heroica? pues no tengo de mi parte siquiera la duda sola de no ser muerte; y mi amor, con ella, que es lo que compra? no es la vida pensamiento; no es a mi esposo memorias; no es a Clorisel finezas; no son sus brazos lisonjas; no es su mano suerte mía; no es tenerle fuerza heroica; no es gozarle fe constante? Pues como la duda sola de tomarle no me ofende? Oh flaqueza vergonzosa del ánimo de mujer! dentro del pecho me estorba el alma misma, y los miedos o me turban, o me ahogan. Ea corazón amante, que con lo que te alborotas. no das muestras de leal, pues el propio riesgo ignoras; que faltos, y que latidos me da. Aurisena? señora? tu padre pasa a tu cuarto, Vete con él, que me importa. Voy pues. El riesgo me deba lo que el valor no me cobra. Bebí, esposo de mi vida, y para mi sedes poca bebida, que al mar salado. no le dejara una gora. El relojda, que parece que ya me cuenta las horas; las once dio, un hora antes le he tomado, mas no importa, débale yo a mi fineza, que me anticipe esta gloria. Voy a ver lo que me quiere, pues que dentro de una hora. le aura excusado el letargo el cuidado de las bodas. Si aura tomado Aurisena la equivoca confección que a la muerta suspensión de dos días la condena? Si tuvo amante valor, ya es obsequia el casamiento, ya es la boda sentimiento, y ya la fiesta es horror. Con advertencia se ha estado reparando la malicia, esperando la noticia en mi casa mi cuidado: Porque solo de esta suerte puede lograrse un secreto, y aún así suele en efeto aventurarle la suerte. A Clorisel escribir quiero el caso, y que animado de su amor, y su cuidado puede a mi casa venir esta noche, porque estemos para esotra prevenidos, que secretos, y advertidos, en la bóveda entraremos: Desuerte, que mucho antes que del letargo despierte Aurisena, de la muerte triunfen así dos amantes. Ay desdichada hermosura! no sé que tengo de hacer: cómo tengo de volver a ver aquel in ventura? Ya vendrás con algún tema; No hay nada que me consuele; bien se ve que no te duele, pues te estas con esa flema. Pues dime, qué te embaraza? qué lamentación es esta? Contigo el muerto a la huesa, pero el vivo a la hogaza: Tú eres. . Pues que soy yo? De los que suelen decir, quisele como al vivir, pero en fin ya se murió: Aurisena es muerta. . Cierto Yo la vi, porque me entré por la casa, que la hallé desierta, como de muerto: Y Lúcela. . Qué gran pena! Desde lejos. . Trance fiero! Con la boca de puchero, llorando, dijo: Aurisena, lindamente aderezada, y vestida ricamente, muerta la he visto patente estar a la mal lograda. Como aquí se ha introducido, que bien vestidas, y bellas entierren a las doncellas, está con rico vestido. Oh valerosa mujer! ánduvo amante, y valiente. Pues que murió de repente, postema debió de ser. Qué mal lograda fortuna! importa disimular, quisola el padre casar. De eso no ha muerto ninguna. Adoraba a Clorisel. De eso resultan sus daños, mas que viviera mil años, si la casaran con él. Esa carta, caso es llano, que traerá para Aurisena otra vez su norabuena, dásela en su propria mano. Vamos, que quiero saber el caso con fundamento, para escribirlo al momento. Yo no quisiera volver. Por Dios que ha sido gran suerte de Vitoque la venida, que él le llevará la vida, en lo que piensa la muerte. Yo voy a escribir en fin, sin fiarde este el secreto, que aunque es de ley, en efeto, por postre, es hombre ruin. Solo a Rosaura, en rigor, el engaño he de decir, por sí a su prima seguir quiere; y dar vida a mi amor. Está que pierde el sentido de sentimiento, es extremo, su vida, Lácela, temo. Aún bien que él se lo ha querido, no fuera padre cruel, no fuera padre homicida; pues vio que estaba su vida pendiente de Clorisel: no se la diera, mas no la forzara al casamiento. del Marqués. De aquese intento bien tarde se arrepintió; con muchas lágrimas hoy me ha dicho, que se la diera a Clorisel, y a cualquiera Gevelino. . Fácil doy crédito, después del daño: Cuando no has visto, y oído, que después de sucedido, no se advierta el desengaño? pero es justo que repares en caso tan de repente. Fue, Lúcela, su accidente nacido de sus pesares, que como en el corazón, que es la parte principal, siempre ejecutan el mal, ofenden sin dilación. Sabes lo que estoy temiendo? a Clorisel, y a su vida. Que ha de ser él su homicida con esta desdicha entiendo. En que piensas tú que estriba lo mejor? decirlo puedo, en que vaya Ricaredo a verle, y no se lo escriba: Y así, muy temprano espera en el balcón, por si viene; que advertírselo conviene. Estaré la noche entera. Al cuarto voy de mí tío, que bien me aura menester, para que su padecer pueda templar con el mío. No hay nadie que me consuele, Cielos! nadie me socorre, no hay un alma que me escuche? Barrabas lleve quien me oye: Que solo camino! qué siendo en todas ocasiones un pobre el que más madruga, no haya madrugado un pobre, ni un gorrón! aún más es esto: No hay un Turco que me corte estos lazos que me muerden, ni estos miedos que me comen? Ya va amaneciendo, y yo, lleno de imaginaciones, oprimido de cuidados, y apurado de temores, revuelto de pensamientos no pude en toda la noche reposar; y más me asige ver lo que tarda Vitoque. El amaneció en Berona, ayer mañana no hubo orden de dar la carta a Aurisena hasta las diez, o las once. Tardaron en responderle, como hasta las oraciones; todo esto es a lo más largo, pues tarda desde las doce. Impelido de el deseo de encontrarle hasta este bosque, media legua del lugar, me han traído mis pasiones. empeñado en el camino, que como esta tierra corren bándidos, y muchos de ellos se valen de ser ladrones, temo no le encuentren. . Ay! Hacia allí se queja un hombre. Que no haya pasado un sastre, digo, de los remendones, ni un capatero de viejo; ni un amolador Franchote? El pienso que es, y en el pecho el corazón, con los golpes; parece que se ha revuelto. Ay de mí! . Hola, el que se esconde entre las ramas quién es? . Soy un pobre tagarote, que a lo de San Sebastian, me han puesto en un alcornoque. Vito que? . Pobre de mí! esto es lo peor, señores, no sé qué tengo de hacer. Pues quién te ató? Unos sayones. . Y el vestido? Allá le llevan. . Las cartas? En los calzones, no si no en la faldriquera, en las alforjas, o donde; pero para que las quieres, pues que de ellas se compone tu muerte, y aquesto es empezara ver visiones? Qué dices? válgame Dios! habla. . Déjame que tome aliento para informarte. Habla amigo, di, casose Aurisena? . No señor. Pues no hay nada que me importe, (cobrose el alma) si está libre mi Aurisena. . Pobre de ti, señor, cuando sepas. que son tus penas mayores, Mayores que estar casada? Si señor. . Dilas. . Pues oye: Ves aquella luz hermosa? ya en la tiniebla se esconde: Ves aquel Sol relumbrante? ya en la oscuridad se pone: Ves aquella flor luciente? ya en la marchitez se encoge: Y ves aquel claro día? pues ya se ha muerto en la noche última. . Calla enemigo, calla, o pesía mis pasiones! calla, o pesia mis alientos! Que todo no se conforme para triunfar de una vida, ya que no del primergolpe, de este que destroza el alma? Dime si me burlas hombre; que yo perdono el engaño? Vito que amigo responde. Pluguiera a Dios fuera engaño, que yo le diera a ese esto que de buena gana mi vida. Que sea el pecho de bronce! que sea el alma de diamante! que sea la vida de un monte! que sea tal el sufrimiento! que no muera a esos rigores! que no acabe a estas desdichas! que este pesar no me postre! que esta muerte no me rinda! que este golfo no me ahogue! que este fuego no me abrase! Oh como estas sinrazones. se pasan a groserías del alma, pues que no escoge aquí el morir de advertida, antes que vivir de torpe! Pero cómo, si es mi amor tan hidalgamente noble, hace reparo en la muerte de mi Aurisena? Peores no eran mis desdichas siendo del Marqués? no hay confecciones? no las hago yo, y venenos, que la rebeldía doblen de mi vida, y en la muerte el logro de estos amores. la memoria esculpa en mármol, el tiempo eternice en bronce, la gloria el amor publique, la fama el valor pregone, y un corazón solo sienta no ser muchos corazones, para que en el sacrificio se vea que corresponde a quien se rindió de firme, a quien se venció de inmóvil, a quien se murió de amante, y a quien deben mis ardores, como primeros alientos, últimas aspiraciones? Pues por qué me aflijo penas? cómo me angustio dolores? porqué me ofusco pesares? como me turbo pasiones, cuando en estas resistencias son muchas las ocasiones de padecer que me quedan? Doblen los tormentos, doblen, sus iras, hasta que al mundo de mi firme amor le conste, que en los brazos de Aurisena paga sus obligaciones. Todo hoy con grande cuidado me tiene no haber venido Clorisel, pues prevenido está, y con tiempo avisado: Pero porque no se yerre en este punto consigo, que de la Iglesia un postigo se junte, mas no se cierre, porque al punto que lleguemos, por si Clorisel tardaré, no hallemos que nos repare estorbo, sino que entremos hasta las doce: El beleño obrara (pues le tomó a esa hora como yo se lo dije) con el sueño. A mi casa voy veré, por si vino, que si no, vendré media hora antes yo, y en la bóveda entraré. Pues también la losa dejo alzada, y como ha de estar, y no es menester usar de fuerza, ni de manejo. Pesarame que no venga Clorisel porque aventura segunda vez su ventura, con que agora se detenga: Porque de Rosaura creo, según me ha dado a entender; que al viejo quiere traer, para que en tan dulce empleo haga en los dos, con el gusto de hallar con vida a Aurisena sin pensarlo; y así ordena quierar, Rosaura, el disgusto de los bandos, y el perdón de los dos; y agradecida, darme en su mano la vida, todo junto en una acción; que como yo le fie el secreto, hase animado, y trae altio engañado, sin decirle para qué. Pero no traerle ordena, hasta que las doce den, que es circunstancia también, porque haya vuelto Aurisena. La oscuridad de la noche parece que está de parte de mis intentos: no quise, porque no los estorbase, ir a ver a Ricaredo. Un hombre he visto en la calle, arrimado hacia la Iglesia; será posible que amante este esperando ocasión de hablar a su dama; darle lugar quiero, y que se vaya, porque no nos embarace, pues hay tiempo hasta las doce. Veré a Rosaura un instante, que ella estará con cuidado de venir, y de esperarme, y buscaré a Clorisel. Que así Vitoque se tarde para tomar una vela! vienes? . . No he podido darme mas priesa. Traes? . Si señor: Tan horrendo disparate como ver muerta su dama; digo, le puede hacer nadie? Lleguemos hacia la puerta de la Iglesia. . Y que se hace con eso? que estarán ya roncando los sacristanes: pues la nochecita no es una sima? . Ve delante, que las diezy media son. Buen consuelo. No es muy tarde, y llama. . Pues a las onces no van como unos jayanes por esas calles los muertos? Llamas? Quieres que me agarren por debajo de la puerta? Quítate, aparta cobarde. Estaba por despedirme, que en el concierto no cabe servir hasta en cimenterios, ya yo llamo, no me mates. , , - Señor, señor? . No me esperes, Ay, que me arrastran, Jesús! todos los Santos me amparen. Qué tienes? . Porque son und la difuntos antes: abierto está. Gran ventura! Mas que a recibirnos sale una máscara de muertos, que en el cimenterío me asen, en la Iglesia me desuellan, en la bóveda me parten, en el infierno me frien con acelte de alacranes, me comen, y me digieren, y me echan por otra parte? Encendiste? . Si señor. La primera vez que sale limpia de azares la dicha, porque no aura visto nadie riesgos que no se le opongan, estorbos que no la empachen, lances que no la desmientan, ni miedos que no la estraguen; que la desdicha no más halló siempre el paso fácil, siempre quien la desahogue, y nunca quien la embarace: La bóveda está aqui dentro, y esta es la Capilla. . Baje contigo el Requier eterna, el Memento mel, y el Parce. Suelta, alzada está la losa; ea corazón amante, que todo sucede bien. Aquí es ello, no te apartes. que ya no has de verme. . Zape: pues la ración, y el salario que me debes, que me pague Ricaredo, buena dita. Si yo pudiera escaparme de entre aquestas calaberas, diera un pie, aunque me le asen chupaderos los ladrillos; pero deben de pesarme los pies más que las campañas; cada pelo es un alambre de mi cabeza; a la puerta llegué con la luz que arde de la lampara; acerté, volme muy apriesa a cas de Ricaredo, porque venga depresto. Pequeño lance logra la desdicha en mí, venciendo dificultades, allanándome imposibles, después de haber sido grande el de matar a Aurisena: Lo que no es embarazarme que yo muera, es darme vida, es darme ocasión que halle tragicamente el camino, para triunfar de mis males. Ya le logro: dulce esposa, después de desengañarme, si he visto difunto al Sol, como padezco el ultraje de dilatarme la muerte? Este veneno me acabe, ya que mi dolor no puede, que la resistencia que hace. esto que ignoro de mí, temo que el valor me infame. En este pomo ha venido seguro de derramarse; bebo en fin que a mi deseo sediento es muy poca parte, aunque le basta a mi vida. Quién vio veneno suave? ya está en el pecho, y allá, el reloj de los vitales espíritus, sin concierto, tímidos impulsos late. También el que traigo siempre, que me olvidé de quitarme, las últimas horas quiere. a mi breve vida darle. Ya las cuento, que muy presto aún no podré los instantes; las honce. . Ay de mí, Jesús! Hay amor! habió el cadaber. Válgame Dios, dónde estoy? Mi esposa? Mi bien, mi amante? Clorisel? . Pues tienes vida? Pues esposo no lo sabes? No. . No escribió Ricaredo? Cómo? con quien? duro trance! ahora si que la desdicha hizo la suerte más grande: pues que ha sido? . Un bebedizo. Hay penas! . Para excusarme. Hay rigores! . Del Marqués. Ay. Cielos! . Pues porqué haces extremos? . Porque me he inuerto, Por qué esposo? Porque pase. mi vida a que tú la tengas. Como? . Un veneno. Ay pesares! Tomé, juzgándote mierta. Pues al remedio, a curarle. No hay curarle, no hay remedio. Pues ese puñal iguale. Tente. . Deja, esposo mío, que antes que mueras mémate. No se detengan; apriesa. Lleguen presto, bajen, bajen. Ya Aurisena, Clorisel, es tu espola. . Eso basante, fuera a volverme la vida Esto puede embarázame, y más quiero que se diga, viéndote a ti en ese trante. Que supe firme. morirme, por no casarme. Muera pues. . Pero ya muero. Hija? . Clorisel? Señales. tienen de muy poca vida; los dos ya en el suelo yacen. Qué es esto? . Mayor desdicha: ay de mis canas! . Notable. desgracia! Aún alguna vida tienen. . Pues antes que acaben, vean si hay algún remedio. para las almas, tu dame noticia; pero salgamos donde de espacio contarme puedas todo este suceso Oigan ustedes, aguarden allá fuera, sabrá el Duque todo lo que ustedes saben: Ricaredo se hace Clerigo, el viejo al desierto parte, Rosaura se mete Monja, Lúcela se mete Fraile: Solo yo no sé que hacerme, pero digo que este lance es historia verdadera; si hay falta, ustedes la pasen.
