Texto digital de El amante más cruel y la amistad ya difunta
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Gonzalo de Ulloa
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El amante más cruel y la amistad ya difunta. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amante-mas-cruel-y-la-amistad-ya-difunta-el.

EL AMANTE MÁS CRUEL Y LA AMISTAD YA DIFUNTA
JORNADA PRIMERA
Eres loco? . Y tu capón? Eres poeta? . Por eso me per seguís, porque cantas amedia noche mis versos? Eres calbo? . Cómo tú: mas solo me diferencio en que eres calbo de barbas, yo soy calbo del pelo. la. Eres taimado. no es mucho que es mi tema de deseo de enseñarte, que los gallos sienen un capón en menos. s. A Celia le has dado hoy como poeta un soneto, prendido de amor, y es loco hombre que compone versos. Que di la copla no dudo, y que sea loco confieso, que mal puede un hombre ser, fin ser loco, ser discreto: Y como la discreción es origen de los versos, no te espantes que sea loco, quien tuviere entendimiento: aunque el que llamen locura a los poetas, es cierto, que nace de que los tontos tengan invidia de serlo. Con que yo me disculpo, que antes soy loco confieso, que hay lances que el disculparse causa al hombre ser más feo. Siempre tus dichos, Candil huelen mal, porque yo creo, que el desvanecerse el hombre es falta de entendimiento. Y como los de tu oficio sea halla más veces, lo pruebo, quedando el desaire en limpio en el extasís de ingenio, Cierto poeta adoraba una dama, y con deseo llamarla Lucrecia mía, la llamó carro del cielo: repara que disparate. Yo reparo que eres necio, carro del cielo le llaman los Astrólogos ingenios a una manada de luces, que esta manera fingieron: y como dan luz las tales en el horror del silencio, como que nacen los rayos de do crían los luceros quiso decirla Luz cría. pues a Lucrecia, bien creo. que solo una, e, le falta; y para hombres expertos, no es lo que hace al caso una letra más, o menos. Eres parte apasionada, y no lo aprueba el derecho, solo yo quedo triunfante. Por lo siguiente lo niego desde el principio del mundo estimaron los consejos de los hombres ya con barbas, como con entendimiento, porque siempre desbarbados fueron de juicio esentos. Y si mientras que no hay barba no se hallara entendimiento; y tú pues eres capón, no lo tendrás in eternun. no soy capón. . Y las barbas! Nacerán. . Fuera de tiempo según eso eres lampino, y hasta que lleguen los pelos serás capón con el mundo, y gallo con los guirguescos. Nuestro amo viene enojado nuestra contienda dejemos. Si te mandare pelar, muestrate lampo al momeno, que valen dos gallos vivos, catorce capones muertos. Dejadme, dejadme al momento todos, morir me veo por extraños modos: idos de aquí, salios fuera luego, que os abrasará mi inmenso fuego: o mal hayan los ojos, que son la causa de causar enojos! Extraño es tu pesar, pues tal te ha hecho. Salios fuera, que revienta el pecho. A eso, escucha un cuento, Nada mejor que el irte te está a cuento, que si tu humor mi enojo no repara te dé la muerte. Aunque es mala la vida, esa oferta la doy por recibida. Dejadme ya, que muero. que dolor tan cruel! . qué rigor fiero! . Solo he quedado, solo adoro una deidad, y no sé que adoro; celoso estoy, y ignoro de quien celo, llamas me abrasa, y no veo el fuego: más enamorado estoy: celos presumo? amor es fuego, y los celos humo; y estoy de aquesta suerte, que quien vida me da, me da la muerte! aunque ignorante siento, que el amor saca gusto del tormento, más es rigor injusto, que más es el tormento que no el gusto. Amo, y quién es mi vida? siendo yo quien la adoro, es mi homicida, porque un cuerpo que amor ha idolatrado, vivir no puede sin el cuerpo amado, y como un alma en solo un cuerpo vive, homicida será quien no recibe, quien adorar le trata, y de este modo adoro a quien me mata? fuera estoy de sentido! sin alma, y sin alivio! sin albedrío, y suerte; porque como el amor, cosa es tan fuerte, que voluntad es su sueño, y voluntad de las potencia dueño. la que mi amor arrroja, de todos los sentidos me despoja! Muerto estoy! porque es cierto, que mi amor está muerto en el pecho que estimo; y pues tengo mi vida en donde ánimo, y ella no la recibe, claro está, que mi espíritu no vive: hay suerte más escasa? que tengo de adorara quien me abrasa! Cruel soy, pues mi dueño es tan sangriento, que matarme es su intento, y pues tienen amores propiedad de vestirse las colores que vistiere el amado, y viste ensangrentado la que adoro su pecho: luego, pues, que es cri ne ha hecho ve crueldades hacer quiero, para matar cruel, pues cruel muero, que quien fuera de sí tiene el sentido, no es mucho que se muestre enfurecido, que leyes hubo en Roma de tal suerte, que quien ama capaz, no fuese a muerte: y hoy entre los rigores, son digno de perdón, hi erros de amores, y si alguno me diere por culpado, será, porque no estuvo enamorado. Ludóvico, señor, aquí te espera. Dile que entre, y tú, quédate allá fuera, aqueste que es mi amigo le haré de mi pesar dueño, y testigo, que suelen los dolores aliviarse, si hay persona con quien comunicarse. Tu enojo, Aristarco, amigo, puedes discreto repartir conmigo, pues como otro tu podré ayudarte de esa tristeza a sentirte parte. Estimo tu deseo; pero en mi pesarveo, que solo yo lo paso, y tú no puedes. aliviarme la carga, porque tienes. de saber, que mi pecho lo tiene de sentir, pues él lo ha hecho. Será tu pena mucha? Si lo quieres saber, atento escucha. Una mañana, que Apolo parecía mostrar más amorosa su osadía, con lucientes aplausos, y faetontes, trepar ligero los nevados montes, y entonces de valiente, ude de arrogante se mostraba a cariños más amante, si de lisonja, o ya de más deseo, gozar la hija hermosa de Peneo; átomos descubría entre los vientos, a mí los pensamientos de galán me sacaron, si no me aprisionaron que de casa saliese, o para ver el Sol, o que él me viese, o ya le celebraban los humanos: yo con pensamientos no muy vanos, saliéndome a la plaza de esta guisa, tocan en santa Clara a decir Misa, fuy, como digoscón honesto celo; pero a penas a oir la Misa llego, cuen do escueho en el coro que sonaba una voz, y era un Ángel que cantaba; la cabeza volur, y al volver veo, reparé que a sá música, y gorjeo de una diosa de nieve, se espantaban unos gilgeros, que en el coro estaban; las golondrinas que su voz empiezen, espantadas de oírlas se enmudecen; yo mudo de escucharla reventaba, invidiosa de ver lo que escuchaba, tan a compás el instrumento lleva, que él en su golfo de la voz se anega; pero que mucho si lo deseaba, y con solo el deseo me anegaba; más reprendo mi imortal desvelo, que mucho si el sol canta, llore elhieso. Acabose la Misa, y fue su oficio tan breve para mí su sacrificio, que cuando señas dio que se acababa, pensé de divertido, comenzaba: más ay! qué mucho pensarlo yo, si veo que empieza a cautivarse mi deseo; quiero, y no sé quien es a quien adoro, gimo, y no sé quien es la por quién lloro, quiero, y parece que soy yo el primero, que amando, dude la mujer que quiero: celoso vengo aser, y en esto veo, que tengo amor, pues sé lo que yo creo, sacado del pesar de mis desvelos, (los: que amor no puede haber, donde no aice y si es ansí, está bien declarado, que si hallo celos estoy ya enamorado; porque según presumo, amor, es fuego, y los celos humo, con que pruebo bastar que cuando tengo celos soy amante, de esta manera altivo, la vista a quien me encanta le apercibo: vi más, mas no sé que vi, pues fue mi suerte, que a un tiempo Yi mi vida y vi mi muerte. A un Ángel vo más vile en vaño, pues no puede haber Ángel infinmano, que si fuera divino, y de inmortal destino, supiera que le adoro, y por verla cantar mil siglos lloro, y me diera remedio, pues remediar pesares es del cielo; pero pues no le dio siendo en su mano, divino no será, y será humano. Pero tal hermosura ser no puede humano, cuando ya a Divino excede, mas todo ansi me ata, que no sé si me aviva, o si me mata: aunque ya decir puedo; que de todas maneras vivo, y muero. y al probar mi desdicha se quiso, cariñosa en mí la dicha, que de un hombre supiese quien de mis penas causadora fuese: y supe, que esta dama, o Ángel, que se llama, a quien el alma adora, la hermosa Leonora, a quien amor conquista. tan lejos de gozar, cuanto desista. Esta es, pues, quien yo quiero, esta es mi vida, y esta es por quien muero, esta es un imposible, y es mi esposa, esta es humana, y esta es gloriosa, esta me da la muerte, esta es mi dicha, y suerte, un Ángellastimoso, un tirano furioso, una deidad excesiva, una muerte, y una vida, una mujer que quiero, un tesoro que espero, y está, en fin, mi mudanza, mi tristeza, pesar, bien, y esperanza. No con poca confusión me han dejado tus desvelos, cuando sin causa de celos, celos te dé el corazón, aunque si bien ellos son, celos son solo, de suerte, del imposible, y advierte que se puede conseguir, que él con los celos vivir, no será vida; que es muerte: y nada divertirá esa amorosa pasión, dieños que la ejecución, cuando ya imposible está, y quizá la olvidará, otro amor esa hermosura, para ejecución segura, dejando celos difuntos, que habiendo dos fuegos juntos, uno no da luz tan pura. Ludóvico, aqueso dura medicina harto segura, adorar otra hermosura, si esta hermosura no viera. Pero quien tan loco hubiera, y de capricho tan vano, que si tuviera en su mano un Ángel para escoger, o al trocar una mujer, se aficiónara a lo humano? Ángel Divino es Leonor, las demás bellezas ratas, vienen a quedar avarás a luz de su resplandor: cuantí más, que mi dolor, aunque se oponga inmortal mis deseos castigar, sus castigos serán vanos, porque es honra en los humanos morir por lo celestial. Cuánti más a la ventura pongo luego mi afición, que cuando dos fuegos son, juntos de igual compostura, al que crece la hermosura, y con la llama impelido queda más enfurecido, y el de Leonor le da honroso, baraja soy yo dudoso, después seré aborrecido. Pues te resuelves a amarla, y yo tu amigo soy, prometo, si quieres hoy de tu parte el avisarla, que propones adorarla, que aunque ingrata quiera ser, es en efeto mujer, y sabiendo que la quieres, ha de escribir, que mujeres son amigas de saber: Esta noche quiero hablarla por la muralla atrevido. Mas venturoso no he sido si lo haces, en amarla. Pues mi diligencia tarda; voy amigo a componer el modo con que ha de ser. Hoy quedará victorioso, pues no hay hombre más dichoso, ni más hermosa mujer. Aquesta es la ocasión en donde mis pechos tratan, ayudado de esta forma ganar a un tiempo tus almas, Desde el pecado primeto, que procedio por mi causa, de donde Dios, mi soberbio destierró con mano airada, y como quien tuvo origen de una esencia tan gallarda, invidioso, que los hombres de materia, torpe, y baja merezcan gozar de Dios beneficio, y merced tanta, que por librarlos de culpa iguales a él les haga, poniendo su omnipotencia vestida de carne humana, y invidioso de que gocen Indias, y riquezas varias, en mayorazgos del cielo, a quien Dios tanto le ama, que viendo que con ofensas tan torpes, locas, y ingratas, por los vicios que les muestro olvidan lo que les manda. Es tan estraño el amor de Dios, que si le importara el volver a padecer por los hombres, no dudara derrámar segunda vez su sangre: y por esta causa estima Dios por mil mundos el que se le pierda un alma. Pero yo, que siempre he sido del hombre horror, y muralla, porque no alcanze los bienes de la ciudad sacrosanta, viendo en aquesta ocasión el logro mío, y ganancia, si aqueste hombre prosigue con el amor que le encanta de tres almas que peligran, tomé esta forma humana, para hacer las diligencias, que me conviene que caigan en este pecado juntos, y pues aquesta es su casa, ayudado de mi ingenio quiero llamar, porque salgan. De espacioseñor ruido, que a menos gorpes las tablas quedarán como ceniza. No vive en aquesta casa. Aristarco? . Para eso menos ruidos bastaban: aquí vive. . Pues decidle, que aquí un hombre le aguarda. Más pensé que era borrico Lograr pienso mi esperanza con el fin de esta cautela. Quién a Aristarco llama? Yo señor, porque he sabido, que un amigo a quien buscaba para cierta diligencia, que era forzoso acetarla, se entró aquí, y como quien de verle necesitaba, quise enfadaros, sabiendo en do está, que sino hay causa. que os obligue al esconderle, me lo enseñéis. . Ahora acaba de salir de mi aposento a una diligencia. . Extraña fue su desdicha, y lo mía! Pero daréisle esta carta, que como su amigo sois, amigo es quien la encarga: y decidle, que Leonora (de cuyo galán es dama) aquesta noche le espera: a Dios os quedá. . Aguarda. hombre, o quién eres, detente, no te vayas, que me matas. queréis algo? . Solo quiero que me digas, si en ti bastan los ruegos de una fineza, los carimos de una gracia, me digas, que mujeres esa esa mujer, que idolatra Judóvico, ese tu amigo? Monja es, que en Santa Clara, por más hermosa, que Venus, tributo ofrece la fama Ah falso amigo, que escucho! con que traiciones, me engañas aleboso! y me fingias sucorazón, y intentabas saber mi pecho, fingiendo amistades tan contrarias: hoy veré de tus delitos en mi acero mis venganzas. Aguardad, que yo imagino sentís, que sea esa dama, quien a Ludóvico quiere; y si pretendéis gozarla, yo os prometo de poneros, si propones la venganza, a ese fementido amigo en ejecución mañana, endo gocéis su hermosura, con que me deis la palabra, que seguiréis mis consejos. Hombre, si aqueso me allanas, tuyo seré para siempre, vida te daré, y el alma. ̱. Seguirasme? . qué es seguirte al infierno, aunque allá vayas. Y tomarás mis consejos? que es menester, si te allanas, no discrepar de mi gusto un instante; pues si tratas de que te cure, es forzoso tomar la purga del alma. Todo ansí te lo prometo. n. Pues esta noche, a las tapias del Monasterio, en do vive Leonora, iremos con causa, de que escuches Ludóvico, de la manera que le ama: porque su traición conozcas, y porque el día se acaba, ve a prevenirte al momento, porque sigo tus pisadas. El alma, y vida te debo. . Ha gente, como os engaña con el lascivo deleite mi diligencia, y Dios haya de padecer por vosotros martirios, blasfemias tantas, y la muerte, cuyo precio dudan los querubes mapas, anteponiéndole a un justo tan humilde, que se acaba al principio de su origen; pues no queréis asechanzas, han de procurar estorbos, que no gocéis gloria tanta con los vicios de mi ingenio, pues que no pude gozarla. Cándil, mucho ha que deseo verte, y jamás he podido, para darte este papel, que como sabes, que vivo con intento seas mi dueño, de Arnaldo yo solicito este medio. . Ya lo entiendo, que te alumbre en el camino. Que dándole este villete, en cuyo pecho le escribo las ternuras de un amante, le digas, como le estimo. Esta muy bien; pero advierte, Celia, de los ojos míos, que tengo celos, de suerte, que no son celos sencillos. (so, Zelos, de quién? . Bueno es es- de aquel capado Fabricio, que te adora, y tú le quieres. Calla, necio, yo te estimo más, que ninguno; y el hablarle, es solo para encubrirlo. Ya lo sé; que las mujeres siempre cubrís los delitos: pero dame ese papel. Toma, mientras otro escribo. Ella se fue, seer quiero lo que dice el sobreescrito, Para mi bien, solamente dice: aquesto es capricho; veamos lo de acá dentro. Cándil, Jesús, que principio, él me alumbre, que yo no he de alumbrar mis delitos. Yo tengo necesidad, yo de ella no necesito. De que me des nada tengo. Treinta reales, mal oficio, Orden Franciscana es esta. Para unos guantes, delito es muy grande; juro a Dios, que traigan ellas de S Franciscos todos los pies descubiertos, y los dedos encogidos: quien vio mayor sacrilegio, treinta reales pido a Cristo, que trecientos mil demonios me lleven de aqueste siglo las manos, si han de llevar tan caro por su vestido. . Leiste el papel? . Leí. Qué te dijo el dueño? Ah dicho, que si le dieras las manos, no diera treinta cuartillos: mira Celia más barato, cuando llego a pedir, pido; ándate, por Dios, sin guantes. No puedo, porque hace frío. Pues escúchame este cuento, y penetra suentidos: cierto cerro, paseando entre jarales, y riscos, muerto de hambre, y soñoliento: por cierto, grandes martirios! halló una parra muyalta, y en ella muchos racimos, de ubas, a quien otono les diera sazón cumplido: mirolas, y remirolas, ya humilde, ya atrevido; mas no pudiendo comerlas, aquestas palabras dijo: Muy verdes estáis, por cierto, Jesús, que fruto opresivo, no las comiera a las tales, por tesoros infinitos; y con esto le pasaron la gana de los racimos. También buenos son los guante calientes, abrigativos, hermosos, de mucha gala, vio hidalgo, y bien cumplido pero están ya tan altos, y de precio tan subidos, que es imposible llegarlos; y ansí finje entre capricho, que son feos, poco graves, sin uso, y nada propicios, y verás, como sin ellos pasas con gusto, y con frío. Eso es, porque dar no quieres Cándil, esto que te pido. No ves, que lo mal gastado es pecado, y es delito. Pues cual hombre me negan, Cándil, lo que yo te pido? El que los treinta tuviera, menos que a no ser tontillo, hay más modo de pedir? Yo, por cédulas te pido. Sí, porque siempre las Mona sois amigas de recibos. Quieres oír la verdad? Contento te lo permito, porser la primer mujer, que verdades haya dicho. Yo quiero a tu compañero, porque galán; entendido, bizarro, discreto, y noble, y me dio aqueste volsillo aquesta tarde. Por eso lealabas tanto sus bríos, que aún para que algunos mientan, pagárselo, no es delito? Pero ya que tú no tienes eldinero que te pido, harás por mí una cosa? Como darte no sea, dilo Yo, Cándil, después de verte quedó el amor en mis bríos, en por cierto, que te adoro, y me muero por cariños: porque en fin eres discreto, eres Poeta, y han sido los de ese ingenio, y esa arte, para amantes peregrinos: y como yo te idolatro, ocasión nunca he tenido, que ese tu talle gozase por murallas, ni postigos. Pansí, hoy he estudiado in fin, para mi principio, que es, si acaso te atreves, el que quedes escondido en la Iglesia a la mañana, que como tiene edificios, lo puedes hacer bizarro, sin de ninguno ser visto: ya la noche, cuando todas Monjas, y gente dormimos, podrás subir por el coro, de una escala apercibido, endonde yo te estaré esperando, y advertidos, nos iremos a mi celda, y te saldrás conlo mismo. Celia, todo eso está bien; mas yo no soy atrevido de quedarme en las Iglesias, que pienso, que a mis oídos los difuntos me gorjean el memento de delitos. Calla; y animate, necio. Pues yo, desde aquí me animo, dicen los difuntos, ser parroquiano, y vecino. Y no traéis un Soneto? Voy a buscarlo de un brinco. Ven presto, que aquí te espero. A este pelón he escogido, esta manera de burla, de su avaricia castigo; él se resuelve esperarme en la Iglesia. Endo Fabricio, de un túmulo que dentro ay, saldrá de muerto vestido, para sacarle el dinero que trujere, que he sabido, que tiene ciertos doblones, y del miedo he de aburrirlo; pues no quiso para guantes darme ahora: mozalvillos, guárdense de las mujeres, que es anzuelo de bolsillos. Hetele aquí. Y el asunto? Es a ti; como te he visto, cómo te quiero, y te adoro, como muero, y como vivo, como compongo, y no como, como no duermo, y que gimo. Y cómo es de tantos comos? Como comiendo lo escribo. Vite, mi bien pluviera a a Dios no vieras: hablete y más valiera, que no hablaras: tomé afición, y más que no tomaras, que sirviera quizá, que me sirvieras. Rabio, y fuera bien rabia tuvieras, que rabiando de amor por mi rabiaras, y como perra tras de mí te andaras, para ser mi servicio y no comieras. Aún vea tiempo, que si eres cuba ahora, o tonel que no tuvo algún agüero flores por reventar, como quien llora Por comerse las turmas de un carnero, y que me veas ser quien te socorra, y con mi lesna te haga un aguiero. Esta famosa epigrama. Vino al efecto adivino, porque siempre hago las cosas, como el cuerpo tal vestido, Pues mis ojos, yo me voy a la noche yo me animo a esperarte, no hagas falta. . Ya mí me falta el juicio, quien si no fuera mujer me pusiera en más peligros? vive Cristo que me muero de ser entre muertos vivo; yo de noche en una Iglesia entre piernas, y tobillos de difuntos desbarbados en una cueva metido! quien vio mayor embeleco, enterrado, y sin morirnos, haré de ello una comedía, haciendo yo el muerto vivo, Luego si acaso al meterme en el estrecho escondrijo sale un difunto diciendo, aqueste aposento es mío; y sin quitar, ni poner me sacude tres pellizcos, que me sepulte sin andas, Clerigos, ni inonacillos; Por Dios, que ya estoy difunto: mujeres, a Cristo pido, que en una Iglesia os veáis cercadas de muertos vivos. Pido a Dios, que mil demonio lleven a cuantas he visto, veo; y tengo de ver, hay infierno de delitos; pues qué siempre sois la causa de tan ciegos laberintios: nadie en el mundo vos quiera y andéis diciendo a tiplillos, hay señores, a vosotros alguno tan comedido, que saque este deseo, y los muchachos malditos, con lodo, tronchos, y piedras, natanjadas, silbos, gritos os ban dando verga, y vaya. Iten más, a Dios suplico, que el más casto santillón de los frailes Capuchinos, yendo desnudas, y encarnes con canelones de espinos os vayadando de azores porlas plazas, y caminos. Iten más, que nunca hallies. pidra, albaya de molido, agua de color, navaja para pintarse el Domingo; y cuando busquéis rocines, yeguas, caballos, borricos para quitarles la clín, de que hacéis los perequillos, halléis unos, que al tirarles de la cola, doloridos, levanten los pies traseros, yos den paz en los ocicos. No haya Ballena, de que hagáis al cuerpo justillo, ni los arcos al cahuetes. de partos, preñez, ni indicios: y al mandar al zapatero, os haga el zapato altillo, pido a Dios, que en los talones. traigan un clavo de olvido, que vos traspase los huesos; que todo lo que he pedido, es nada, a lo que merecen, sean feas de prodigio: nadie de ellas diga bien, necias en todos sus dichos, y si fueren a comedías, hallen una, que entendido el Poeta, las recuente sus condiciones, y aliños, tanto, que de oírla dejen, y se vayan, coloridos los rostros con la bergüenza: y si no basta lo dicho, que es bastante, lo concluyo. con decir, que no prosigo más, que suplicar al cielo, para bastante castigo, que no mormuren de nadie, y me perdonen lo dicho; y los demonios las lleven, que será menos martirio, La muralla he subido. ligero, de invenciones ayudado, y aunque es grande el pecado, ha sido el hecho por un grande amigo; y aunque es grande la culpa, la amistad me parece me disculpa. Este jardín hermoso, es del Convento, recreo divertido; y si acaso al ruido. del viento Leonor sale, soy dichoso, que aun que quiera culparme, a lo que vengo tiene de escucharme. El peligro, aunque es fiero, de mi atrevimiento es hidalguía, que excusar no podía, siendo Arnaldo mi amigo verdadero, hacer lo que prosigo; pues a todo se obliga el que es amigo. Si Peribo, y Teseo, decendieron juntos por amistad al Reino oscaro, y por estrecho tuvo principio el nombre, que los dos tuvieron; y solo me bastara, que ha de ser él amigo, hasta el ara. Por esto no he excusado el venir, como amigo, de esta suerte, siendo el peligro fuerte; porque quede mi pecho acrisolado: pero juzgo, que abrieron: Leónora es, sin duda, llegar quiero. Lleguemos a esta parte, y verás lo que dice. . Luna hermosa? Esta es Leonora, ay rosa! o quien pudiera, sol hermoso, hablarte! Este enredo me importa, que mi ganancia el tiempo ya me acorta: aquí espera escondido a Aristarco; para escucharle. Ludóvico, puedes decirla, quien tu eres, que me importa de un caso, que he sabido; que así, aquí te espero: él piensa, que es Aristarco. En rabias muero! Famosa noche es aquesta. Por lo menos venturosa; pues sola ha tenido el sol en el medio de su sombra. Jesús, quién es? Qué es esto? Ludóvico soy, señora. Pues qué queréis? El deciros, mi bien, que el alma os adora. Escuchastele? . Si escucho. Pues como a aquestas horas pisáis tal sitio? perdiendo el decoro a esas rocas, que de murallas le sirve a este Convento de Monías? Que tu amor fue la causa. Aa sido, la ocasión Leonora, hermosa, mi amor, que todo lo humilla, vuestra belleza, mi antorcha, dándome para adoraros sagrado, entre aquestas hojas; pues como juzgo, sabéis, cuantas vec es amorosas nos escucharon las rejas, y nos mormuraron sordas: quise, señora, esta noche, a quien la Luna invidiosa, o porque vos, que sois Sol, le dieron la más heroica; llegar solo asuplícaros, con humildad tan notoria. Muestrate favorecido. Lo que otras veces me otorgín miré vuestros rayos cristalinos para que mi dicha airosa tenga esperanza atrevida del premio, que el alma llora. Válgame el cielo! qué siento lo que jamás me ocasiona de tener amor nuevo, forzada a ser carinosa, estimo, señor, de veros; aunque indigna de dichosa en merecer favor tanto, revozando con lisonja: y aunque he deseado siempre veros, si bien amorosa, jamás se preció mi dicha de mostrarme venturosa. Pero ya que fuisteis vos, quien osado a aquestas horas, con tan valiente fineza me podisteis hallarsola: conozco, que hay más amor en vuestras acciones propias; y conozco, no estimar vuestra fineza, es notoria ingratitud; pues amor, con solo amor se reporta; deseara a esta ocasión el poder ser vuestra esposa; para pájaro tan solo, parte de acción tan honrosa: Pero ya que ser no puede, pues que el cielo lo reporta, eligivos otro medio, que os prometo cuidadosa, corresponder obligada auna obligación forzosa. n Gran ocasión es aquesta, dile, que pues está sola, que se baje a ese postigo. Tu ventura está notoria. Has visto, que amigo es este? Revienta el alma en ponzoñas. Cuando una ocasión como esta la fortuna a mis pies postra, fuera locura perderla; y pues ya me dais, que escoja, digo, señora, que ámaros, dejéis, y no rigurosa; y pues casaros, no esjusto, por su cargó mi amor toma el hablaros cada instante por estas murallas propias; y mereciendo, si acaso, vuestra hermosura lo apoya, aunque en sus rayos me abrase ver la deidad que os adorna: Podéis segura llegaros al postigo de estas sordas rejas, porque mi afición más claramente os conozca: porque yo quede obligado, y vos Ángel, no dudosa. No fuera justo negaros, señor Ludovico, ahora, la que piensa obedeceros en más arriesgadas cosas; y ansí podéis esperarme, que bajo al punto. Señora, desde aquí soy vuestro esclavo. Yo, al poder, soy vuestra es- posa. . Espérala en el postigo, que entre estas ramas me esconda, es forzoso, no me vea. Aristarco, y a está notoria tutraición, él te ha engañado ahora, ocasión forzosa para lograr tu deseo, que Leonorno te conozca, en bajando, escucharas lo que le dice, y te importa, en las murarlas; saliendo, darle muerte rigurosa, sin escucharle disculpa, que su delito no apoya más detención, y al instante que se déspida, te nombra su amigo, y que escuchaste aquesta plática toda, sin te mostrar enojado, que a mi cargo, lo más toma mi valor, que has de gozarla, siendo mi industria la autora. Mucho te debo, Lisverto. Lo que me debes, ignoras: ella viene, ponte aquí escondido, no nos oíga: . Seguros tengo a los tres, si el cielo no me lo estorba. Hoy morirá este villano. Aristarco a Leonor goza. Hoy hice un hecho notable: hoy el corazón te adora, Ludóvico. . Dueño mío? Que ventura. Que congoja. Qué suceso. Que ganancia. Hoy, señor, posesión toma de estos brazos. . Que tal vea? Eres mi bien. Que tal oiga. Aquí mañana te aguardo, para hablarte a aquestas horas. Un imposible prometes, sabiendo, como me enojas. Pues yo estaré a apremiarte en el puesto cuidadosa. Para gozarte mi amor, o ser mis fuerzas muy pocas. Tuya soy, mientras que viva. Yo soy tuyo, bella esposa. Albricias, intentos míos, que se acerca la victoria. Grande dicha es hoy la mía. Mi amistad será notoria. Será cruel mi venganza. Serán las al más ya propias. Gran valor. Gran hermosura. Gran traición. Grande tramoya. He de gozar. He de darle. He de acabar. Por mi honra. A Dios, mi bien, que soy tuya A Dios, que soy tuyo, esposa A Dios, amistad de engaños Almas, decid a Dios, gloria, Que me parto de tus brazos. Que te dejo cuidadosa. Que he de acabarte sangriene Que la perdisteis por locas, Oyes, Lasberto? Que quiera solo a ti, te importa ahora, que a mí no vea aquí, y tu enojo no conozca, por donde entramos los dos, con apariencia engañosa: a aquese monte le saca, y sin aguardar responda, a tu enojo aquese acero, su engañoso pecho rompa, que yo ya sigo tus pasos, y que le has oído, forma, que él llega, yo me aparto. Tu bien el cielo socorra. Mal puede, pues que merezo el rigor con que me arroja. ̱ Ya lo he escuchado, famo Ludóvico. . Ya es notoria, Aristarco, de esta manera de Leonora la deshonra, bien te cumpli la promesa. Mejor lo cumpliré ahora. Todo lo que me dijiste, aco modé de tal forma, s. que a ser tú, no lo pudieras hacer mejor. . Piensa ahora, como yo me hice Arnaldo, que salió de su memoria. Siempre esperé de tu pecho aquesta empresa notoria, solo me falta, salgamos de los muros, que me importa una diligencia extraña, oy acompañar mi persona, como amigo me conviene. Mi lealtad es tu servidora. Pues en la mesma moneda te he de pagar esas obras. Los dos pasaron los muros, con la traición engañosa de mi ingenio, Ludóvico ignorante, que le nombra enemigo, y que le lleve, para tal muerte afrentosa: Aristarco, imaginando latraición, que yo engañosa sabriqué, para gozar el tesoro, y la Corona, de ganar de esta manera ues almás en una forma: mas ya al monte se acercan, quiero seguirles, que a la hora de morirse Ludóvico me he de mostrar espantosa ego mi presencia, porque muera sin arrepentirse, hoy llora el cielo tesoro tanto: nosa esto es, almas, mi corona: tía, esto es, mundo, mis engaños: esta es vuestra vida loca: pues ignorantes, y ciegos. trocáis por tan pocas cosas acos por los bienes que atesora, para siglos de los siglos, sin sin eterno lagloria. . Impórtame, que te diga más secreto, y más callado lo que te quiero. . Soy tuyo, anda, que sigo tus pasos. Gran castigo he prevenido. Gran amistad he intentado. Para pagar sus traiciones. Para ser amigo honrado. Entre estas rocas lleguemos los dos juntos. . Soy tu esclavo. Ya la ocasión se me acerca, en donde pienso, ayudado de mi enredo, coger una, para que muerto, llevarlo, si muere sin el perdón de su enemigo; pues hallo, que si acaso se muriese con odio, en vengarse airado, está cerca de ser mío, en donde el castigo aguardo en las penas del infierno, para eterdidades de años. Mas ya su muérte se acerca, quiero llegar, y avisarlo, como tiene de ser mío, refiriendo sus pecados, para que no conociendo la misericordia, ingrato, triunfe de él, para ser mío, pues tanto costó a ganarlo, Muere, traidor, Ludóvico; pues conocí tus engaños. del mundo, que en fin esnada, . Ay de mí, que muero injusto que es causa esta, Aristarco? 4o2 Muere, traidor enemigo, . Porque me matas, airado? quizá, mis merecimientos, amigo, no te obligaron. Aquí me importa mi ingenio, procura luego acabarlo. . Muere, que la causa sabes, . traidor. . Amigo, si acaso te he ofendido, declara tu pecho luego en mi agravio, que aquí estoy; que si merezco la muerte, puedes bizarro dármela; que yo prometo, como amigo, el no estorbarlo. Tú lo sabes, muere ansí; . pues procediste villano. Mira, amigo, que ya tengo bastantes heridas. . Harto no estoy de tu sangre infame, hasta ponerte mi brazo, como merece el delito. . Pues es tu gusto, estorbarlo no es justo, amigo, aquí estoy; mas solo mi intento ufano era, para que si algunos, de mis voces incitados, procurasen ver la origen; porque no fueses hallado en semejante ocasión; que mi pecho, aunque gallardo, mirándote en el delito, ya no podía ocultarlo. Acaba, infame, y cuan dura es la vida de un tirano! pues acabarla no puedo. Amigo, amigo, ya acabo, que como tanto te quiero, pareciome ser ingrato en los lances de mi muerte, no corresponder gallardo; no es la causa de vivir, la que imaginas cegado; pues bastantes a mi muerte las heridas, que me has dado, juzgo que son pero solo, amigo, herido aguardo, el pedirte, me perdones, si te ofendí, aunque no hallo ocasión, por donde puedas darme esta muerte, tirano, que yo también te perdono. No es menester perdonarlo, dale que de esta manera quedan libres, traidor, tus engaños. Ahora siento, que muero, amigo, dame los brazos. De esta manera, si haré. Ay de ti, quién te ha engañado? dame los brazos, amigo; porque siento, que me acabo; y de todas las heridas, que incompasivo me has dado, el que los brazos me niegues; siendo crueles, allano, que al negarlos, las heridas, amigo, no siento tanto; y ansí, si pueden contigo las finezas, como hermano, la obligación, como amigo, y como noble el cuidado, solo te pido, que dejes al amor, que te ha engañado, para una ofensa de Dios, gozar de Leonor los brazos: mira, que vale de gloria un minuto solo, cuanto tuvo el mundo, y tener puede; pues en sus bienes, es llano, que hay precio; pero en el cielo, solo Dios puede preciarlos. Mas mi cóleta me aumentan tus palabras . Y los brazos, no me los das? De este modo. Cómo vives engañado! Acaba de morir, perro. Ya muero, aunque con llanto, Señor mío, Dios, y hombre, Criador, y origen claro de los cielos, y mi ser? a mí me pesa olvidaros con ofensas tan injustas, por ser quien sois, y enojaros; más vuestra misericordia es mayor, que mis agravios: y ansí, Gran Señor, confío, arrepentido, y postrado, en la sangre que vertisteis, por rescatarme al pecado, me perdonaréis, pidiendo perdón, Señor, y rogando, deis luz, a que se corrija, quien me da muerte, cegado del engaño del demonio, y que goce vuestras manos. Con aquesto juzgo hacer, acabe, pues yo me acabo. En vuestras manos, Señor, mi espíritu consagro; ay de ti, si no te enmiendas! amigo, amigo, Aristarco, como de Dios la justicia, ha de castigar tu agravio! . Ya murio, entre estas penas quiero valiente arrojarlo. Ay de ti, que vives ciego! Ahora veré más claro, pues acabé tus traiciones, al tiempo del desengaño: quiero buscar a Lisberto, porque los dos prosigamos nuestro concierto; pues yo le prometí de matarlo; quiero ver, como me cumple lo que me dijo, que hallando manera, con que los dos sacar Leónora podamos, lo he de gafar, si me ayuda, para que vean sus rayos. que hay valor, que se le opone, y que pongan los humanos en bronces de mármol duro, para eternidades de años, que soy, no siendo posible, el ánimo más gallardo, y el amante más cruel, y el más discreto, vengado.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Como suele el cazador, viendo el pelicano preso, imaginando en sus manos, alcanzar de él algún precio; y cuando más regocijos fábrica su entendimiento, se ve libre de sus manos, medir los aires ligero, queda más corrido entonces, que había estado contento. Y ansi yo, que cuidadoso, todos mis lazos, y enredos. por cazar a Ludóvico, estudioso había puesto; tanto, que salió mi engaño, al paso de mi deseo: y en el tiempo que esperaba gozar el lauro, y trofeo, vi, que voló de mis manos; porque le dieron los cielos una paciencia tan grande, cuando de morir fue tiempo, que a quien era su homicida, pidió los brazos, contento de morir; pues que su gusto se holgaba de verle muerto: y ademas de aquesta amistad, fue tal su arrepentimiento, de haber a Dios ofendido, que quisiera, dijo al cielo, no haber nacido en el mundo, por no poder ofenderlo: y aunque con tantas visiones. amenazaba sus hierros, mostrándole en la memoria. de sus culpas los procesos; aunque con tanto dolor, tuvo tal entendimiento, que dijo, reconocido de Dios el poder supremo, que era su misericordia, aunque sus culpas sin cuento, mayor el menor rasguño, que de ellas mil mundos llenos, con que acabó tan constante; que tuvo a bien morir presto, aunque injusto, y aleboso, por no volver a ofenderlo; en donde Dios tan piadoso. me negó a mí el derecho, que tenía, fuese mío, y escogió lo justiciero, para gozar de su gloria, en donde yo conociendo el rigor con que me trata, quise intentar ya de nuevo, si puedo, los dos que faltan; que lo paguen por entero; porque Aristarco; conozco que ha de ser mío; y ansi intento de cumplirle mi palabra; mas él sale , y como mi sinrazón Ya, Lisberto, castigué de Ludóvico la arrogancia, y falso intento, con la muerte que pediste; y ahora, amigo, quiero pedirte también la oferta, que antes de matarle has hecho; y porque sé, qué cumplirlo tienes, también es mi intento, que me digas, de donde eres, o quien te trujo a estos Reinos; porque después de Leonor, es cosa que más deseo. Harelo para servirte: aquí me importa un enredo; escucha, Aristarco, amigo. Prosigue, que estoy atento. De las más altas montañas, cuyos peñascos soberbios compiten con las murallas. del altivo firmamento, soy natural, cuyo origen ignoro; mas solo puedo que del Rey hecho) decirte, fui para más documento, a quien después tanto quiso, que a mí me daba el gobierno de sus belicosas armas, a quien yo, con tanto ingonio guiaba, que alcanzarpude, de muchos con mis concieros viéndome tan poderoso, hacerme igual en el Reino: concertamos levantarnos; pero supose el con cierto, que los que intentan traicióne jamás cubrirse pudieron. Salió a buscar mi castigo, con tantas tropas ligero, que no puedo yo excusarme dar la batalla sangriento: era fuera de concierto, y su poder invencible, nos desternó de su Reino, con tal deshonra, que fui o, yo, con mis compañeros sentenciados, a que juntos fuesemos, de verle esentos, mi entrar en sus tierras más, y despeñados de un cerro, cuyo profundo horizonte fue lago de nuestros hierros; llovió de nuestro delito culpados, a lo que entiendo, tres días, desde su altura, el castigo tan violento, que si lloviera granizo en el rigor del invierno, tan veemente, que de luz dejara a los hombres ciegos, fuera imposible igualarnos, aunque un año fuera entero, alos que dentro en tres días cumplimos nuestro destierro; y al ver el Rey, que bastaba, como eran tantos los cuerpos, como átomos invisibles, nos quedamos en el viento; y como nuestras labranzas, lugares, rentas, y puestos, quedaron vacos del todo, mandó el Rey, dos Consejeros, sus semejantes de adorno, aotra región forasteros; porque otros tantos buscasen, para ocupar nuestros Reinos: supelo, y ocasión hallando, endonde vengarme de ellos, ayudado de mi estudio, con una traición violento, envidioso, que gozasen, lo que ya gozar no puedo; los puse mal con su Rey, Vansí, en lugar de destierro, enaquella tal Provincia, por la culpa de sus hierros, sin gozar su Reino, tristes, muchos anos estuvieron, en donde yo les hacía engaños, y vituperios, tantos, que ya engañados por su Rey propio, me hicieron y viendo, como le hacía daño a este Rey, al momento despachó un hijo suyo, de sus Reinos heredero, para que a mí me buscase, y me matase al momento; llegó el hijo, por seguirme, de nuestro traje cubierto, olvidando de sus pompas los régalos, y luceros; antes por más oprimirme, vino tan pobre, que es cierto, que en un mesón hizo noche, despoblado, y descubierto; y antes de esto, algunos meses cerrado en un aposento, sin ver luz, estuvo oculto, saliendo a la fin de ellos tan pobre, para ocultarse, que aún bien no trujo un manteo, Supe luego, que venía, y valiente me prevengo a la batalla, engañando los más Príncipes, diciendo, que del Rey, el tal no es hijo; y ellos, mis dichos creyendo, intentan de perseguirle muchos años, y en tal tiempo dio muestras de ser quien era con muchos famosos hechos; y aunque los que yo engañaba, con verlos, no lo creyeron; acercose la batalla, y fue tan crudo su empleo, que costó más sangre rubia, que aunque pusieran a precio todos los bienes del mundo, eran pocos; pues es cierto, que ellos pudieron pesarse; mas ella no tuno; pero no quiero decirte, amigo, los estandartes violentos, los ejércitos famosos, los valerosos encuentros, que será poner guarismo a las viseras del cielo, Venciome en fin, que es decirte todo lo que decirpuedo, desterrándome otra vezo con los más que me siguieron, de todas las sus Ciudades, Villas, Castillos, y Templos, forzándome, que mirando armas, que en su escudo ha puesto, me vuelva, sin que prosiga mis animosos intentos; y al desterrarme abatido, fue valeroso, y ligero a sacar los suyos, que estaban en unas mazmorras puestos, pensaron en la Provincia, que también se había muerto, y unos lloraban, perderle, y otros, cantaban su empleo; y como para la guerra, buscó soldados muy diestros, no temieron al no hallarle, fiados en sus aceros. Y contra los más se animan, ser Rey el suyo, diciendo, a quien los demás soldados, furiosos acometieron: pero en el mayor peligro, volvió su Rey con los presos, y ayudando entre los suyos, muchos míos fenecieron: entraron sus Capitanes por las cabezas del Reino, perdonando siempre a muchos, y los reberdes muriendo. Cogió, en fin, el Señorio, yo, como he dicho, huyendo, procurando siempre anduve sacarle muchos, haciendo, que desamparen sus tierras, y con aquestos intentos, pasaba ahora Aristarco a unos negocios, que tengo: y en esta Ciudad me estuve algunos días, y en ellos conocí a tu enemigo; supe tu amor, y tu intento, y proponiendo servirte, te di palabra, me acuerdo, si matabas, Ludóvico, sus traiciones conociendo) de que gozases, Leonor, si seguias mis consejos. Verdad es, que te la di, y diste muerte, ligero, a Ludóvico, y que falta cumplir mi palabra, es cierto, Aristarco, que esta noche, sino olvidas el concierto, (porque te diese Leonor) la primera vez me has hechos y pues no puedes faltarme, cuando faltarte no puedo, es imposible gozarla con carinos, ni con ruegos; pues que se case contigo, no es posible, pues es cierto, que está profesa ha seis años, y temerá el sacrilegio. Pero mis ciencias, que son infinitas, escogieron ayudadas de mi estudio) para gozarla un buen medio; y es, si acaso te animas, si tienes atrevimiento, si valores no te faltan, si no te asombran riesgos, si peligros no reparas, si no dudas el concierto, que dándote aquesta noche una luz, cuyos reflejos no perdonen los peñascos, ni duden los elementos: de ella ayudado, te ocultes dentro de este Monasterio, en donde vive Leonora, y en el horror del silencio, atrevido, y no cobarde, pongas a las tablas fuego; que yo sé, que su calor, desguijará los cimientos, y entre las llamas abortas, podrás, subiendo ligero, coger a Leónora en brazos, asustada del suceso, y sin que el fuego lo estorbe, ni las voces pongan miedo, los gemidos con pasión, salgas sin daño, y sin riesgo, trayéndola temerosa a ese monte soberbio, sin que dudes, que te vean, que yo te iré siguiendo, hasta librarte famoso, y en el lugar más espeso, serás ladrón de su honra; que yo, Aristarco, prometo, de que ninguno te siga, si te arrojas al efecto. Pero advierte, que al gozarla, y en cumpliendo tu deseo, la deja presa en un tronco; porque si en su seguimiento fuere alguno, no la halle, que aqueste prodigio haciendo, será fuerza que se acabe, en faltándole el sustento; si y tú quedas valeroso, y yo quedo verdadero, ella queda deshonrada, tú, de tu amor satisfecho; yo, mi palabra cumplida; ella, sin quejarse a un tiempo; tú, seguro de peligros; yo, tu amigo a todo tiempo; ella, sin vida, y sin llanto; tú, con extraño contento; yo, sin más obligación; ella, castigo en sus hierros; tú, libre de más prisiones; yo, deudor de más conciertos; ella, fuera de dolor; tú, sabidor de mis hierros; yo, siempre de ti obligado; y ella, sin gusto, y contento; y todo allanado ansí, (do, yo libre, y tu satisfecho. Con grande espanto he escucha- oh generoso Lisberto, en discreciones distintas tus trabajos, y sucesos; y pues que ya la fortuna quiso seguirte, poniendo en tu Rey tanto poder, y en ti trabajos inmensos, rico soy, aunque no tanto, que pagarte lo que debo pueda; pues que son tus obras indignas de poner precio: pero ya la voluntad merece agradecimiento. Conmigo puedes estar, que como hidalgo, prometo, de tratarte, como hermano. Tus mercedes agradezco: pero advierte, que yo voy con un extraño suceso, que juzgo, que me valdrá gran tesoro Pues yo quiero ampararte, y darte ayuda. Prometeslo ansí? Prometo. Pues sigue lo que te digo: . (otra traición le emprendo, con que te pago también, y es, que sigas mis consejos. Tuyo soy, y ansí, procura poner el caso en efecto; que esta noche, si tu gustas, quiero que mar el Convento. Pues amigo, si te animas, dalo ya ahora por hecho, que has de gozar a Leonora, si cumples mi mandamiento. En ardiéndose las tablas, sube al instante ligero, y saca a Leonor en brazos, que en los portales, saliendo, me verás, que a tus pisadas, voy valeroso siguiendo: y en llegando a aquese monte, en donde el teatro inmenso de Ludóvico se mira, la gozarás, que a sus ecos, no vendrá nadie; y al instante que ejecutes tu deseo, al tronco de un árbol duro de ata las manos, que quiero asegurarte el delito de esta manera: y advierto, que aunque los rayos te opriman de los rigores del fuego, no lo olvides por cobarde: y pues se acerca ya el tiempo, en donde la ocasión goces, no te detengas. . Hoy pienso en tan ciego laberinto matar mis llamas con fuego. Tus pasos sigo, Aristarco. Acá te aguardo, Lisberto. Oh como engañado vives! ahora bien, yo me prevengo de darle una luz tan grande, que baste de ella, el que menos rayo se presuma altivo, a abrasar el mundo entero, que de este modo imagino, a demás del sacrilegio, dos almas; pues que la una me la negaron los cielos. Válgate el diablo, mujer; llevente los diablos juntos, que me hagas ser con difuntos, de lacayo, bachiller. Desde toda esta mañana estoy aquí escondido, en una cuena metido, como trucha en empañada. Y vive Dios, que atabales oigo tocar muchas veces, y mis nalgas son jueces ya de corrimientos tales. Quién vio abatido afan, como el mío, sin segundo, quien, si no yo en el mundo, fue sin letras Sacristan? Voy mirando estos bellacos Judios de la pasión; y por Dios, que mi intención es preguntarle a Pilatos, pues que dio sentencia tal, se sirva, por vida suya, que este mi pleito concluya, y mi miedo castigar. Esta es la Sacristia, por esta puerta (aquí lloro!) se va a la Iglesia, y al Coro; ya se ha llegado mi día, en do pienso, que he de ser, sin perder nada de punto, el vivo, siendo difunto, por industria de mujer. Ya a Candil he sentido, que por la Iglesia pasea; aquí me quiero esconder, porque acaso no me sienta, Celia me dijo le asombre, que trae una bolsa llena de doblones, y los pida para entrambos, es cautela extremada, en esta capilla está sepultado, piensan mis ojos, cierto letrado, que hoy Candil le sirviera, y es extremada ocasión; la luz de aquesta linterna quiero fiar, y cubrirme de este paño: y aquí cerca hay un túmulo de luto, quiero ponerme en su cueva, porque él sale temeroso. Válgame Dios, lo que cuestan los amores de una Monja! seis rosarios con presteza he rezado por las almas, y aunque es verdad que pudiera rezar doble, nunca pude, porque la boca trasera viene por Dios ocupada con cierta cala encubierta. Válgame Dios, los demonios, vienen diciendo a la oreja, Candil, tú lo pagarás, y los difuntos conciertan de matarme; mas soy loco? que como aquí no se entierran, sino muy nobles difuntos, claro está, que es cosa cierta, que hombres que son honrados, aunque mil enojos tengan dentro de su propia casa, muy raras veces se vengan. Las lamparas, como alumbran, y las Monjas, como rezan: esta pienso es la capilla de mi amo, que Dios tenga, Dios le perdone, que bolsa le hurté, mas a fe, el era gran letrado, y hará allá peticiones en la Audiencia, una petición le haré de rodillas. Él se acerca, quiero salir con la luz. Candil. Jesús! quién me llama? almas de Cristo, Dios quiera, que de mí no os acordéis. Candil. . Yo soy calabera, y no Candil, que mi luz, juto a Cristo, que está muerta. No respondes? No por Cristo, porque no tengo respuesta. Pues que no quieres hablar. Jesús! que cosas son estas? Celia, pido a JesuCristo, que en otro tanto te veas! (da Yo soy? . Pues ya no soy na (de que sirve ser poeta, si mis versos con los muertos no han podido tenertema) quién sois señor? . Un letrado. Pesia el alma de mi avuela! él se viene por la bolsa, vive Cristo, por la cuenta. Qué queréis? Sabes Candil que me serviste? . Publiera a las Vírgenes, que nunca mal letrado te sirviera! si señor. . Pues dame acá una bolsa, que encubierta traes, que de mis doblones me has hurtado. Ello es fueza: tristes doblones amigos, daros, que la hacienda ajena, no da fruto en ningún modo, por más, y más que florezca. Ea pues, Cándil, que aguardas? que dudas? darles por fuerza, escucha este verso. . Dile, que ya le escucho con tema. Donare dineris, te rogamos audí nos. Los pies, que bien que con- ciertan. El concertarnos, será, Cándil, que ya te resuelvas a que me des mis doblones, o si no, de esta guedeja, en las penas infernales para siempre serás pena. Tente, señor, que me matas, y vive Dios que me pelas, toma tu bolsa; que yo, si te la guardaba, era para decírtela en Misas. Dale acá. . Al se lleva todo lo que a mí se trujo, que aún la tenía doncella: hay doblones de mi alma; volaberunn de Gaeta. Cándil, Dios me ha mandado, que por la desobediencia que has tenido en ocultar (para ofenderle) en la Iglesia, con este bolsón te azonte. Ay de mi! peores esta. Y ansi para obedecerle; recibe esta penitencia. Miserere mer Deus. Mira que ya me deriengas, y parece gran crueldad. En qué, Candil? En que ya hechas de ver, que con los difuntos no se usa de esa manera, y según yo lo estoy, por Dios, que es gran desvergüenza No jures, que es gran delito. Fuéseme en eso la lengua, que voto a Dios, no juraba por querer. Pues tómate esta . Válgate el diablo el difunto, de la manera que aprieta, no basta ya ser cornudo, sin que a paleado sea? Hurtarás otro? . Yo, córtame luego una oreja. A Dios, Candil, que me voy, otra vez ponerme en penas, que ha mucho que estoy contigo pues no traigo más licencia. Ruega a Dios me las alivie. Que nunca salgas de ellas. . Cómo es eso? Señor, nada. Accipe. Que me deriengas, muerto de cien mil demonios. Calla blasfemo. La lengua puedes coserme a los labios, que no hablaré más, que fuera otro tanto perdonado. Así te cumple, esta puerta me servirá que me vaya. Para que nunca acá vuelvas. A Dios Candil de mis ojos. A Dios ladrón de mi hacienda. A Dios vino temeroso. A Dios muerto con cautela. Que yo me voy con doblo nes. Y a mí el deseo me queda: mujeres de Bartabas, plegue a Dios, que aún yo os vea, como el hijo de David, colgadas por la cabeza. Quién si no una mujer pudo hacerme que perdiera docientos doblones rubios: mal haya amen la riqueza; pues no duraya más años, que los que mujeres quieran; si fuera Rey, las mandara poner juntas en dos tiendas; desnudas de cuerpo abajo las que fueran más honestas, para que más se agraviaran, y luego en otra pusiera las que son más desgarradas todas de lutos cubiertas, que aseguro no era poco del modo que lo sintieran; de que sirven en el mundo tan malas cosas como estas? pues echamos de verya, que los males son por ellas: si pecaron los humanos, la culpa tuvo la Ena, si Troya fue abrasada, quien su mal, si no Elena? quien a Sanson cautivó, siendo tan grandes sus fuerzas? y David, por Bersabe pecó, por casar con ella, Jesebel fue tan tirana, que por prodigio se cuenta, de la linca de Nabol infinitas insolencias. y a Siquen, le dio la muerte una mujer, y Tarpea fue venderá de Roma, Tamar, fue causa que enferma; aunque después castigada se enamorase Amón de ella: y Herodias fue tan loca, tan torpe, y tan deshonesta, que por gozar de sus vicios pidio a Herodes, la cabeza del Bautista. Salomón, si pecó, pecó por ellas: que le costó a Joseph una mujer deshonesta? y otra, que por un collar su mismo marido venda? no es infamia? Claro está, y otras muchas que pudiera, a no dejar de sercorto, nombrar, pare hacer más prueba, que son tan malas, y torpes, que un Flósofo de Atenas sacó los ojos de mozo, solamente por no verlas; y otras cosas que me espantan de oír tal, pues solo en ellas caventraiciones, y engaños. Pido a Dios qué nunca crezcan, ningún hombre las estime, maldicciones las emprendan, un arcabuz Vizcaino las pase, y pica Tudesca las aguierce afilada, y si no lo hiciere en ellas. pido a Dios, que todo caiga, en quien ampare sus deidas. Y Dios de todas me libre, y todas juntas se vean en un lago de difuntos, ellos vivos, y ellas muertas. De esta antorcha luciente, cuya llama intentan sus lúceros rigurosos hacer eterno mi valor, y fama: vengo con pensamientos amorosos a buscar a Leonor, de cuya dama penden mis albedríos generosos con el hecho más torpe, y arrogante, que hacer pudo un valiente más amante, ni de Júpiter formas, llegar pueden con la que hoy intento yo amoroso, ni de Paris Troyano, se previene el Griego bando, bruto ya ingenioso; que aquestos hechos, cuando más exceden, queda el mío de todos victorioso, pues la fama se espanta en este día, de verme tal valor, y mi osadía. Ciego al amor pintaron, y pudieron acertar en pintarle sus errores, que si amor juzgo yo no fuera ciego, temiera los peligros, y furores que le causa el rigor de sus desvelos, teniendo en menos, cuando son mayores; y el vendarle, es de suerte, que no viese el peligro, ni la muerte David de un Felisteo, que pudiera ser asombro del mundo, estruendo airoso herido de Micol, cuya luz viera. Y Jacob de Raquel tan deseoso, valiente saca la pesada piedra, que era estorbo del agua, en cuyorio bebian los ganados, y pudiera no levantarla, si a Raquel no viera. Y asi yo, que a Leonor he visto amante, puedo a peligro tal osarme airoso, aunque el mundo se oponga de delante, todo lo resiste un pecho valeroso, a quien amor ya de arrogante, ningún horror le hará que esté medroso, que amando he de mostrarme diligente, que siempre amor en todo fue valiente; este juzgo es el puesto más seguro, este pienso es el lance más sangriento, esta es la ocasión en do procuro mostrar airado mi amoroso intento, este imagino es el fuerte duro en do vive mi amor, y mi ardimiento, y este es el lance endo quiero ufano ser amante atrevido, y inhumano. Y pues Leonora hoy ha de ser mía con este ingenio que feroz poseo, y ahora que cobarde huye el día, y la noche atrevida de su empleo, horrores muestra, y de su osadía, amparado mis hechos también veo, quiero abrasar el templo a cada paso, para vengarme, pues también me abraso. De esta manera procuro hacer al mundo notorio, la mayor crueldad que han hecho los bárbaros más remotos, el mayor atrevimiento, el caso más espantoso, el esfuerzo más cruel; el más bárbaro destrozo, el más sangriento sepulcro, y el más arrojado impropio: válgame el cielo! cuán presto los rayos de fuego aborto, desquician de sus cimientos los más opulentos troncos, dejando su fuerza esquiva hecho en el suelo ya polvo, que parece que sus ecos de mi impiedad quejosos piden al cielo venganzas de un agravio tan notorio: ya todo el fuego opulento le imagina en promontorios reducir todo este Templo en cenizas de su asombro. Hoy verá el mundo en mi amor el valor más impiadoso, y el amante más cruel, y el deshonor de si propio. Mas como ya me detengo? cuando el fuego poderoso pasa los muros del Templo, tan vehemente, y tan furioso, que cuando valiente he sido, causa en solo verle asombro: entrarme quiero arrogante por el medio de su golfo, sin que sus llamas me opriman sacar a Leonor en hombros, que aunque su rigor me espante, cuando fuegos impiadosos mis pensamientos oprimen, de surigor no me asombro, que dos elementos juntos se conservan más copiosos. Ay de ti sino te enmiendas! Pero qué es esto? o que asombro me acobarda? dé que tiemblo? aquestas voces ignoro. Ay de ti! De Ludóvico parece la reconozco; pero como esto ser puede si la muerte le di yo propio; pero quizá mis oídos, entre el ruido dudosos, fulminarán este entedo, nada me tiene medroso. Hay de ti triste Aristarco! Los cielos me valgan! qué oigo? mi nombre, no es este? sí, (en vano dudo, o me asombro) en labios de mi enemigo? sin duda que sus oprobios no acabaron a mis iras: Aguarda amigo alevoso, espera, deten, no huyas, que ya tus ecos no ignoro, y pues que de tus delitos no he triunfado famoso después de tantas heridas, en este lance que invoco gozaré dos lauros juntos, dándote fin afrentoso, y gozándote la dama. Cómo te engaña el demonio! Claro está que tú me engañas; mas hoy pienso valeroso desengañarme, enemigo de tus traiciones, y oprobios, que si viviste dos veces, para mostrarte engañoso, he de ver cual puede más, tus engaños, y mi enojo. Ánimo ingenios míos, que ya lo demás está todo arrasado por el suelo, ya excusé valeroso, que en este Convento santo, con servicios tan devotos muchas mujeres sirven a Dios, y Aristarco, airoso, ignorante, torpe, y ciego, sacrílego, y riguroso saca a Leonor en los brazos entre el fuego, que copioso, mis infernales delitos aumentaron, deseosos que este edificio se acabe, para que con este estorbo pueda llevar más amantes, lascivos, torpes, y locos a las penas en que vivo. Mas ya me acobarda el logro de la ganancia, que espero de Aristarco, que amoroso, y compasivo Dios, aún quiere poner misericordioso, ejemplos, con que Aristarco reconozca sus oprobrios, dándole avisos, y ejemplos con las voces, que animoso muevo a Ludóvico injusto; y viendo yo que es forzoso arrepentirse Aristarco, si ve del cielo el enojo, he dilatado a mi ingenio el mayor enredo, o asombro que ha visto el mundo, o leido en bronces de eternos globos Aristarco ha conocido los ecos, que lastimosos a sus oídos le oprimen de sus delitos estorbo, y piensa que Ludóvico está vivo, que orgulloso las heridas no bastaron para matarle, yo logro de esta manera ocasión para ganarle del todo, tomando la misma forma de Ludónico, y famoso acometerle, que piense soy el mismo que lo estorbo, que a Leonora la saque del Convento, y pues oigo el ruido que las voces tría en gemidos roncos, no quiero ya detenerme, que está en peligro notorio. Él viene con Leonor, ya Ludóvico me nombro, porque ignore, que del cielo son los avisos piadosos: ya dentro las fuertes llamas, colerico, y no medroso sale, trayendo en los brazos elídolo escandaloso, que sus ojos ciega, infausto quiero mostrar presuroso, amparado de esta espada, al paso salirle heroico. No temáis Ángel divino, que mis brazos amorosos os saquen de este peligro. Ay de ti! Aquí es forzoso arrojarme. . Aristarco? Quién me llama? Yo, que a tus crueldades pongo de esta manera castigo con tu muerte, pues aborto de crueldades, intentaste darme la muerte, alevoso. Válgame el cielo! qué veo? dejando a Leonor me arrojo para dos veces matarte. L. Huir el fuego, es forzoso: los cielos me valgan! . Riñe haidor, porque veas solo, como te saco la vida, pues mil me sacas. Rabioso estoy por ver tu sangre. Yo por matarte quejoso, de aquesta manera. Qué me haré yo, supongo . porque Leonor no se escape: muerto soy! De esta manera he quedado, traidor, sin sospechas, solo me falta buscar a Leonor para gozarla, y dudoso, pordo se me fue sospecho, grande ha sido aqueste estorbo; pero no, que mi cuidado ligero, entre estos contornos la buscará, y detenerme es daño mío, pues oigo los clamores, que las gentes, entre confusos destrozos están pidiendo a los cielos mi castigo, mas mi enojo no repara inconvenientes; seguirla quiero, de modo, que ligera no se oculte de mi deseo amoroso: y hallando goce sus rayos, aunque con fuerzas, y asombros se me resista impiadosa, pues soy, aunque serlo ignoro, el amante más cruel, el vengado más honroso, el valiente más sangriento, y el más amigo quejoso. Huyendo sin decoro por este monte, del rigor del cielo, siendo ya mi consuelo las desdichas que triste gimo, y lloro, que siempre la hermosura fue cifra en dojamas se ve ventura, en los brazos asida de un hombre cruel, y a salir llego dentre el rigor del fuego, a quien mi enojo ya debe la vida, y amparada de su brazo. Amoroso Ludóvico le estorbó el paso; pero ya que mi suerte compasiva me libra de la muerte, en este monte altivo esconderme del fuego me apercibo de mi valor escaso, mas un hombre galán me estorba el paso. Detened hermosa Venus, (que entre estas roscas montañas cristales, vuestra hermosura ofrece en limpias escarchas) la furia, que os precipita huir con congojas tantas; de aqueste globo de penas, con tan osada arrogancia vuestro pensamiento mido, cuando el paso se dilata. No temáis, porque si alguno bárbaramente os agravia, podré llamarme dichoso si defiendo vuestra causa; porque después que os he visto, os aseguro, que el alma víctimas os ha ofrecido en templos que os idolatra: no huyas, que aunque se opongan orizontes de arrogancias, por vos perde ré la vida, aunque es verdad que es infamia llamarla por vos perdida, pues perdiéndola se gana. Y si acaso esta fineza merece, de vuestras ansias el origen, os suplico me lo digáis, que os allana mi es fuerzo daros remedio, si pudiere remediarlas: aquesto es por detenerla, porque Aristarco la alcanza. Generoso caballero, a quien el valor consagra mayores triunfos, que a César dieron las gentes Romanas. Yo soy, como echáis de ver una mujer desdichada, a quien dicen, la hermosura dio sobrenombre de ingrata. Plubiera a Dios no la diera, que siempre hermosura, es causa de la perdición de algunos; y cómo, señor, estaba en un Convento de Monjas, quiso el cielo, y mi desgracia, (según ahora he sabido) que me hoy ese una mañana Aristarco, un joven rico, cuya voluntad intentaba, a pesar de mi decoro ser mi deshonra, y su infamia; porque siempre la riqueza todo imposible avasallo, ciego de amor riguroso intentan sus arrogancias hacer el hecho más torpe, la crueldad más temeraría, el más bárbaro homicidio, la más injusta venganga, el prodigio más lascivo, y la torpeza mas rara, que en las memorias del tiempo escándalos dío la fama; y fue, Señor: ya me asombra! que atrevido, ya me espanta! sn temer a Dios, no oso decir, Señor, crueldades tantas, que los labios en decirlas, me parece que se agravian, que en el horror de la noche manto de aquestas infamias) sagrado de estos delitos, rebozo de su arrogancia, emprendió fuego al Convento (atrevimiento que espanta) para gozar mi hermosura: mira que injusta venganza, y abrasando el edificio me sacó de entre las llamas en los brazos alevosos, del suceso desmayada, refiriéndome, que él era quien del fuego fuera causa para gozar mi beldad, y que entonces intentaba poner su amor en efecto; a quien yo dije, repara, señor, el sacrilegio, que inconsiderado ultrajas; a quien respondió soberbio, en vano, Leonor, te cansas, y me parece que el cielo de su agravio se quejaba, amenazando el delito, que merece infamia tanta, a quien no temió soberbio, cuando los pasos le asalta Ludóvico, un caballero, que mi amor idolatraba, y fue forzoso dejarme mientras la espada sacaba para castigar su esfuerzo. Yo, animosa, las plantas, a aquesta selva apercibo por librarme de sus garras, pidiendo entre aquestas peñas socorro, y entre estas matas amparo, cuando escucho, que me encontráis asustada; preguntaisme la ocasión, a quien mis labios declaran con tanto tormento, y pena de ver que ha sido la causa de tan bárbaro destrozo, que se oprime la garganta, viendo que por más martirio, aún sus delitos relata. Admirarme puedo ya cuando me admiró el deseo, hallando, señora, empleo en do serviros podrá: No temáis de su furor el encendido delito, porque ya a vengarme incito su torpe, y lascivo amor, Que aunque mayor sea sullama está mayor su locura, pues amor nunca procura el deshonor de la dama. Y ansi no anduvo galante, que cuando un hombre adora, si es que a su dama desdora, no puede llamarse amante. Con que ya de su rigor, pues os procuró ofender, echáis, señora, de ver, que jamás os tuvo amor, y hombre que tan loco ha sido, ofender tal hermosura; imagino que procura el ser de ella aborrecido; y pues que verlo, ya echáis: lo que aflije a quien espera, . aunque él amar os quiera seréis loca si le amáis. Y os aseguro que ha sido tal ya mi aborrecimiento, que antes que goce su intento sabré yo ser otra Dido, que en las llamas de mi pecho, cuando ya no pueda más, A dónde Aristarco estás? . Verá el corazón deshecho, mas ya viene, cerca esta; . el cielo ampare el deseo, mientras señora, un empleo logro mío; aquí os queda; que os prometo que los dos castiguemos su osadía, pues es la ventura mía. El cielo vaya con vos, ya de los brazos, y amor de Aristarco me he librado, y en este sitio intrincado fui águila de mi honor: cielos, como consentís, que un hombre torpe os ofenda; y que deshonrar pretenda las doncellas que elegís? como Nabuco, su intento ha sido solo en me amar, pues que quiso profanar los vasos de vuestro Templo: . Gócete yo, y después no sé ya como no intenta mirigar su amor la llama, mas es salamandra ufana, a quien fuego no calienta: quien me dirá si estorbo Ludónico su rigor? o quien salió vencedor en aqueste monte? Yo. Mas qué es aquesto? aide perdida soy, y el que ven. mis ojos será también el fiero Aristarco. . Sí, que el camino me enseñó mi amor en tu seguimiento Pues no te estorbó el encue a ti Ludóvico? . No, que antes ufano, de suerte me enojó en sus agasajos, que dejándote mis brazos le di valiente la muerte, Y la diera, vive Dios, cuando en mi valor me fue si te me estorbara el mundo, al mundo, y si fueran dos, Porque después de sacarte del Convento en tal delito, y matar a Ludóvico, bueno fuera no gozarte; Pues que Leonor te poseo estando solos los dos? Mira que enojas a Dios. No hay más Dios que mi dese Pues yo te pienso vencer de esta manera, señor. Yo te he de gozar, Leonor mira tú como ha de ser. Repara, que mis desvelos, y esta ofensa al cielo es. más que se enojen los cielos. Pues como no merecí de tu amor lo que te pido? A más respeto no miro, que sea al gozarte. . Ay del Ciego del fuego amoroso, que en sus torpezas presume el temor de Dios consume, lascibo, torpe, y furioso; por fuerza, ya riguroso pretende su deshonor, aunque rehusa Leonor es en su honor su defensa, y cuan ciego es el que piensa. en los del eites de amor. Ahora si que podré untar de este desdichado, que con amor disfrazado tan estudioso engañe; aquí humanos se ve en este caso propuesto, tomando ejemplo de aquesto con cuanta arte, y sútil maña, mi diligencia os engaña en el amor deshonesto. Mas ya que a Leonor gozó, y a mi lauro queda ufano; pues ya juzgo que a mi mano, Dios justo le condenó, ya el deseo paso de su torpe, y vil intento, cuan breve ha sido el contento, y cuan grande su ignorancia! pero mayor mi ganancia, y poco arrepentimiento . Déjame infame Aristarco, pues mi belleza gozaste, sin reparar de los cielos el agravio que les haces; que me quieres? qué me sigues? cuando miras el ultraje que has hecho a la Religión, i . que sacrílego que maste, cual bruto, que de estos riscos recibe albergue homenaje, llevad tigre de rigores, llevad rústico el efante, que en los montes opuientos, y en los más fragosos valles, rusticamente penetra en promontorios de sauces su fereza, sin que observe. los demás de su linaje, que a las garras de la muerte sangriento aplique raudales, intentará de sus iras llegar asombros gigantes, al portal de tu delito, que tu intentaste infame? y mirando que por mí a Ludóvico mataste, si en otro Abel inocente, y tu Caín de su sangre: y a fuerza en aqueste monte, no contento con sacarme de la Religión, cruel, mi virginidad gozaste, que al cielo había ofrecido un sacrilegio notable) y viendo que aquesto todo, que a un monte es fuerza que ablande, a que penitencia intente en tu destinto no cabe de la ofensa de los cielos, de la Religión uitraje, de la muerte tan injusta, de una fuerza tan infame, del sacrilegio de Dios, de la ceguedad de amante, en conocer que castiga Dios con castigos tan grandes, que a muchos en sus delitos mandó a la tierra tragarles vivos en cuerpo, y que estén en las penas infernales para siempre padeciendo, miseria, y tormentos tales, que aunque pusieran a uno, que siente aquestos pesares, todas las penas del mundo, los martirios, los afanes, los incendios, los tormentos, que pudieron las crueldades de los tiranos de Roma fabricar de ingenios, y artes todos los años del mundo, aunque mil veces doblasen, por una hora de aquellas, que en el infierno combate, escogiera las del mundo, por crueles que las llamen, aunque no hubiera guarismo, que sumara sus edades, por no estar sola un hora en las penas infernales: y viendo aquestos prodigios, mirando aquestas señales, aún solo no te arrepientes, sino después de gozarme, me sigas, porque de nuevo puedas a Dios agraviarle; déjame, no me persigas. Ahora quiero dejarte; pero ha de ser de este modo, que al tronco de aqueste sauce, porque verte más no pueda, discreto quiero ligarte. Quién vio en el mundo acaso inhumanidad tan grande! Tú, que ahora la verás, porque puedas relatarle de esta manera procuro, ingrata, Leonor, pagarte lo que te debo, pues quiero en este sitio dejarte, en donde hombres humanos juzgo pocas veces yacen, porque tu honor no se sepa, y porque por él te ultrajen; y pues que te he ofendido, bien será que quiera honrarte. Ha tirano! mas cruel! que derramó humana sangre, mas impío que Tereo, y más robador que Paris. Aquí me dejas, que sea cebo de ligeras aves, mas yo espero del cielo, como mereces premiarte. De esta manera aseguro mi delito, y tus ultrajes, que ya es bien que morir sepa pues que supiste matarme. Pido al cielo a quien ofendo y quien intentas ultrajes, traidor, que el mismo castigue tus delitos, y crueldades, todas las fieras se junten de estos peñascos gigantes, y que viendo mi inocencia furiosos te despedacen, o del más altivo risco, cuyos hombros atalantes, sostienen el firmamento, te despeñes, y que hallarte pienses en tierra segura, suplico al cielo que te halles en el revoltoso mar, cuyos furiosos combates indomitos te sepulten en sus profundos raudales, y en medio de este tormento una ballena te trague, que cual sonás en su vientre vivas en bascas mortales, hasta tanto que en el puerto mísero, y preso te halles donde te tengan cautivo en prisiones inmortales, y que a una mujer adores, aún más cruel que Anajarte en cuyas rejas difunto alevosamente te hallen: y si la fueres siguiendo como el Dios Apolo a Dapliene, tanto te aborrezca, y corra, que cansado no le alcances, y fatigado en la selva, si quisieres aliviarte, ella, cual Zésalo oculto, un dardo, o flecha dispare, que tu ingrato pecho rompa, de cuya alevosa sangre, el fuerte Nilo se altere, y se enlute el río Ganjes, pues todo no es bastante, de estas ofensas el poder vengarme Mientras esas maldicciones el cielo sobre mi esparce, quédate, que yo me voy, porque no pueda mirarte. Y en fin me dejas? . Sin vida quisiera poder dejarte, mas este modo cogieron ya mis extrañas crueldades, porque ajena de remedio con mayor tormento acabes. Y este es tu amor? . Si cruel, ingrata, fiera inconstante, que si te quise en extremo, extremo quiero olvidarte. Llévame, señor, contigo, y no intentes dejarme de esta manera, que quiero servirte, señor. . Dejarte me conviene, que si quise hermosura, fue bastante gozarla, para que ya la aborrezca ejecutable, que gozada una mujer, no hay cosa que más enfade; y ansí quédate, que yo me es forzoso no llevarte. Ha cruel, mas que ninguno! aún esta crueldad me pagues. Ha más hermosa mujer! aún los hombres no te hallen. Porque me vengue de ti. Porque sientas mis crueldades. Alevosamente mueras. Alevosamente acabes. Para que quede contenta. Porque mis enojos basten. Y el mundo diga en sus bronces. Ufana la voz aclame. Que soy. . Que fuy. La mujer. . El hombre. Digan. . Aclamen. La más vengada mujer. Y yo el más cruel amante.
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Ay infence de mí! ay de ti! que en sacrilegios bárbaramante impiadoso quieres ofender al cielo. Ay de ti, triste Aristarco! a donde estás? qué mis ecos no te mueven, que piadoso me deslibertad, pues veo, que has hecho el mayor delito, bárbaramente, y sangriento, que en los mármoles de bronce dibujó la fama al tiempo. Hay de mil triste, y confusa, que de esta manera espero, cual de Sebastian trasunto, soy de las fieras sustento, Hoy hacetres días ya, que en este concabo cerro, al tronco de aqueste roble, Aristarco, ingrato, y fiero me dejó asida, después de haberme gozado ha cielos! sin que a mis voces ninguno, o lastimoso, o severo procurase ver la origen de mis cansados lamentos. Ay. Aristarco, de ti! mísero, loco, y soberbio, como te engaña el demonio para castigar tus hierros: que haré de aquesta manera? cuando librarme no puedo, viendo la muerte cercana por la falta del sustento; o quien fuera en este lance camalcón! qué del viento sustentara mi distinto; pero pues serlo no puedo, quiero dar voces, si acaso me escucha alguno mi aliento: Ay de mí! qué muero injusta, Ay de ti! Aristarco fiero, que en este monte me olvidas. ay de vosotros! si el eco en vuestros oídos llama, socorredme. Voces siento. Juras a Dios, que son señales de que hay aprieto. Llega Bellido conmigo a ver lo que es. . no me atrevo, que jamás mi avuelo tuvo ni yo, voces en consejo. No temas, sube conmigo. Oh piadosos pasajeros, que dudáis la senda escasa de aqueste oscuro desierto, si acaso no vos admira el prodigio que estáis viendo, y tenéis de compasivos algo, como forasteros; llegad, y libradme, señores, del peligro más horrendo, de la muerte más cruel, y del rigor más sangriento, que han visto, si no es, que mi desdicha, aún en esto me persiga: desatadme los brazos que tengo presos al corazón de este tronco, si os obligan mis lamentos, si el ser mujer os reduce, si os ablanda mi deseo, si la piedad os oprime, si el agasajo os concedo, si mis lágrimas os mueven, si mis suspiros son ciertos, si la crueldad os asombra, si el rigor miráis severos, si mi muerte reparáis, y os eterniza el deseo: o si todo no bastare (que a un monte hará lastima obligueos, en que sois, al parecer, caballeros, porque el remediar desdichas. siempre fue de hidalgos pechos y si eso mismo, señores, os niega lo que merezco, os suplico, que si acaso humanos sois, que violentos. saquéis de la oculta vaina el resplandeciente acero, y sus rigores mitigue en el centro de mi pecho, porque de una vez acabe la muerte sus desafueros, organizando eternales a cada instante padezco, de morir, que acabe de morir presto. Admirados ya nos dejas con tu cuento, juro amios. Nuevas nos dieron de vos vuestras compasivas quejas, que obligados de saber la causa; nos trujo aquí, y me espante cuando vi vuestra desdicha cruel. Y quisiera más no veros, señora, por excusar, que me habéis de aprisionar en premio de desprenderos. Aunque ya mi amor intenta, viéndose intentar amando el que yo quede llorando, porque vos os vais contenta, que a tal divina hermosura, aunque pene mi dolor, el morir por vos mi amor, será mi mayor ventura. Aunque ya puede decirse por el efeto que hacéis, que ignoro quizá seréis, señora, otra nueva Circe; y ansi ya dudo mi amor el desataros ufano; pues servis al cielo, es llano, si estuviera preso el Sol. Y por esto hasta aquí dudo desataros con temor, pues suelta, seréis furor, si mata amor siendo preso, aunque ya de mi ilusión, quiero dejar mi temor, aunque se vea mi amor en vuestros rayos Faetón. Par diobre, ojos, que miráis, quién os engañifara? Ya tenéis la libertad del hombre que cautiváis, aunque juzgo no ignoráis. mi atrevimiento: ay de mí! porque el alma ya os rendí, no culpéis mi atrevimiento, que ha sido la causa siento de haberos hallado aquí. Y aunque tan presto juzguéis, no sea amor, es engaño, pues fue mi amor, os allano de los rayos que tenéis, y como cruel hacéis las heridas tan ligera, conoceréis por severa disculpas en mi afición, que vuestras las causas son, que tan ligero vos quiera: y aunque aquesto no bastara a disculparme, y a pudo, que nadie fuera seguro, que vuestra beldad mirara; con que mi disculpa es clara. a que mi amor se aperciba, que objeto en donde estriba tan soberano poder; pues mata como cruel lastimosa dará vida. Es tanta mi obligación, señor, que si yo pudiera ámaros, lo conociera vuestra amorosa intención; pues vuestras finezas son tan hidalgas, ya, señor, que conozco, que es mayor el mérito, que el premiaros, pues solo tengo de ámaros, mas no pagar vuestro amor. Sin honra estoy, como veis, de un tirano que robó mi hermosura, y abrasó un Convento, que sabéis, por robarme, y conocéis no puedo ámaros a vos, cuando procedo feroz, pues es duro mi destino, que está estorbando el camino la grande ofensa de Dios. Con que ya echáis de ver, no podéis amarme ansí, y si de vos merecí la vida que me da ser, una merced merecer he de vos, y otro favor, aunque se enoje el amor con apariencias fingidas, pues mercedes recibidas son obligación mayor. Y es, señor, que me dejéis con libertad, si gustáis, pues mi Religión miráis en el llevar me ofendéis; y pues algo me queréis, podéis ahora iros solos, y dejarme, si mis lloros os han ablandado ya. que cuando hay necesidad se estiman más los socorros. Bien pudiera sin rigor ejecutar ya mi intento; pero ya mi sufrimiento busca el respeto mayor; y pues que vuestro rigor me ha obligado a quereros; holgareme el ofreceros, señora, cosa mayor: y pues que ya os tengo amor, no será amor ofenderos. Libre estáis, y yo me holgara la fortuna que os arroja, conocer quien os enoja, que su rigor castigara, que quien belleza tan rara a enojarla se atrevió, no puedo asegurar yo, que en él cupiese razón, que el más duro corazón sentimiento al veros dio, y pues ya he merecido de libersaros, el bien, dad me licencia también que me vaya. . Si yo he sido desdichada, certifica de vuestra acción segura, que fue mayor mi ventura en veros, que mi desdicha: una esclava vuestra soy. Yo quien serviros desea; y a Dios os quedad. . El sea quien os lleve. . Muerto voy! Libertad. Señor le diste a tu pueblo de Ifrael; cuando los mayores de él, que te ofenden conociste, perdón a David le diste del homicidio de Urías, y en sonoras Gerarquías alabo. Señor, tu honor: aquí estoy, vea mi amor perdón de las culpas mías. Tu paciencia diste a lob, tu castigaste a Absalón; tu fuerzas diste a Sanson, tu humillaste a Nembror, alivio diste a Jacob; y bien sé que te he ofendido, y ahora reconocido, temor el alma me muestra, más misericordia vuestra, es mayor que mis delitos, A Moyses os mostrasteis en Oreb. ardiéndose la zarza, cual Sidrac, vos sois la Imagen inocentel saso que al sol paráis, cual otro Josve: vos sois la castidad de aquel Joses cuyos ejemplos dan al mundo ley, vos fuiste esclavo al mundo siendo con e, con cuyo horror murio la tiranía, y pues que todo sois la culpa mía, Señor, os dice, miserere meí: y pues que he reconocido la ofensa de vos, Señor, penitencia hará mi amor, pues que vos tiene ofendido; y si en este puesto ha sido el sitio de os ofender, aquí la tengo de hacer, tan grande, que al mundo asombre, siendo penitencia de hombre, pues pequé como mujer. Qué ay, Candil, en donde queda Aristarco? Junto aquesa alameda de pinos, y árboles altos le dejé ha poco tiempo, imagino, descansando; y como vi, que dormía, salí a buscarte; y pues hallo ocasión en donde pueda decir, Señor, porque he andado en tu seguimiento, atiende, y procura remediarlo: una dama me pidio aquestos días pasados, que en una Iglesia la espere, con intento de gozarnos; y que está tal, ya tenía otro mancebo alentado merido dentro en la Iglesia; para sacarme unos cuartos, que en doblóndicos traía. Como muerto rebozado salió el tal, y como digo, con fingidos agasajos me pidió, que los doblones le diese, y yo temblando de miedo lo otorgué, que era difunto pensando: y he sabido, que el talera Fabricio, aqueste criado lampiño, que los dos juntos pocas veces nos juntamos: y como tú tienes siempre un ingenio tan bizarro, que no hay nada que se esconda a tu saber soberano, quise llegar a pedirte un favor; que de tus manos he de alcanzar. . qué me quieres? Yo, de la burla afrentado estoy, si tú no me das modo, que los dos podamos hacer un famoso enredo, con que quedé desquitado. Pues mira, Candil, yo quiero tomar tu ofensa a mi cargo, ten este anillo, que tengo, y pondrás a remojarlo dentro de un poco de vino, que como es aficionado a su sabor, tu harás, como quieres convidarlo, y dale a beber el vino, que en bebiéndole, veráslo postrado luego del sueño, en donde podrás atarlo, y de un árbol un cordel echarás, que yo tirando, y tú, allí le dejaremos; cuya burla será extraño modo, que vengarte puedas, y los doblones sacarlos, porque los trae consigo. Yo beso, señor, tus manos; mas anos vivas, que un monte; el cielo ponga en tus manos todo cuanto pretendieres. . Esos favores aguardo; y ansí, Cándil, irte puedes al instante a ejecutarlo: toma el anillo. . Yo me voy: dobloncillos ahora hallo, de esta agua no beberé, que es un proverbió muy falso. otro enredo se me ofrece, para ganar a Aristarco, y estorbar, a que Leonor se arrepienta del pecado: cerca seis millas de aquí hay un lugar de villanos, al pie de treinta vecinos, que del furor, incitados de Ludóvico, procuran con infinitos soldados buscar todo aqueste bosque; y como Tristan ha hallado a Leonora, del modo que Aristarco la ha dejado, quiere la justicia hacer buscar este monte a bandos: a mí me importa, Candil, ejecutes lo tratado, que dejándole a Fabricio de un roble de estos colgado, hallándolo la justicia, fulminarán más agravios; y preso, darán sentencia, como es justicia, ahorcarlo; donde de su impaciencia tengo logro de ganarlo: y aurá dos días, que ha visto, desde un pesión amparado, una hija, que pasaba delj vez de los villanos, a una cierta romería, cuyos relucientes rayos fueron causa, que le hiciesen andar fuera de descanso: y claro está, si la roba, que es causa, que más airados los vecinos de la aldea, busquen el monte: yo trato, de que la robe, y llevarle por estos aires volando, que a tal tiempo salir quieren a un deleltoso prado a holgarse; porque procuran los deudos de desposarlos, a Tristan, y aquesta hija de este juez; y pues gano un logro tan conocido, él sale, quiero incitarlo a que la robe, y llevarlo por la región de aires varios, a que la robe; y después de gozada, a que airado le dé la muerte aleboso, que como tanto le agrado, estima ya mis consejos, como si fuera yo oráculo: gran triunfo alcanzo, por ciero si estas dos almas gano, cuando tan caro me cuestan; y aun tres si aquesto hago; ha gente humana, que locos, no miráis, cómo os engaño? Lisberto, a buscarte anduve diligente por este monte oscuro, y inhumano, en quien la luz hermosa del Oriente, sus rayos escalar pretende en vano; y llamándote a voc es neciamente, solo él corresponde por el llano. Pues ya que me has hallado, aquí me tien Una cosa te pido. . Di, qué quieres? Ya sabes, Lisberto, que he gozado por tu industria a Leonor, que ya no estimo, y que presa en un tronco la he dejado, en do para librarla no hay camino, y que a Ludónico muerte he dado; y sobre aquesto, ahora determino pedirte una merced. . Tuyo soy, dila. En dome importa recobrar la vida, dos días solos, juzgo, que haber puede, que escondido en el bosque me imagino, y la llave de mis armas en la muelle: escucho gente andar en el camino, mi osadía arrojarme a ellos se atreve, para matar alguno, cuando miro una mujer, que hacerle puntería, el elemento humilde se tenía. Hesabido de un hombre, cuya vida, cruel, en estos montes he quitado, que es hija, la que vio mi tiranía, de hombre rico de un lugar cercano, y sacarla pretende mi osadía, supuesto, que ya es hija de villano, y que casar se quiere él, o yo hurtarla, si tú me ayudas en poder gozarla. Esto es lo que quiero suplicarte, esto es lo que vengo yo a pedirte, esto es lo que juzgo no enojarte, esto es lo que juzgo no eximirte, esto me obliga, por poder amarte; esto te mueve, por querer seguirte; y esto juzgo que harás, por quien te quiere, y por un hombre, que de amor se muere. . Gran ocasión aquesta, él me convida, la culpa tiene él de su delito: Aristarco, si tú quitas la vida a esa mujer, gozada a ser me aplico, quien en tus manos te la ponga asida; pero la has de matar, te certifico. Gócela yo, que la pondré de suerte, que al acabar gozarla, veas su muerte. Pues según eso, esta escopeta toma, y en ella te arrima, que volando hemos de llegar allá. . Casi se doma. No temas, que al lugar imos llegando. Ya parece que allí el lugar se asoma. Ellos quieren salir, vamos entrando, que hoy la has de robar a su porfía. A nada temo, si Belarda es mía. En la margen de este prado podéis tomar el asiento. Las bodas serán de Vaco, pues que son los nobios vuesos. Hoy os enlaza a los dos el más dichoso Imineo. Aquí podemos estar a los músicos oyendo. Quién dirá, que en vuestros rayos no viene el sol para vernos? Cantad, si tenéis romances. Aquí traemos dos nuevos, que hizo aquesta mañana nuestro Cura Paracuellos. Ea, pos, vayan las copras, y estemos todos oyendo. La más hermosa zagala, y el pastóril más discreto, salen al campo a las flores, s para dar al sol celos. Por miebre, que nueso Cura . No huyas, porque te sigo, es picado de Poeta. Cantad otro, si lo hay, que sea más verdadeto. Ella se picó, pardióbre. A nada temo, lleguemos. Ay, Belarda, si te gozo! Oíd, pues. Vaya de verso. Guardad, pastores, lo zanos a la más hermosa Venus, que no dudo, que os la hurte, si es que la mira el díos Febo. Aquesta es grande ocasión. Pues de esta manera llego. Ay de mí! Calla, mis ojos, o quien pudiera ser viento! . Tus pasos sigo, Aristarco, para ganarte. Qué es esto? otro toro, que a esta Europa pasa los ríos ligero. Seguidle todos, que juzgo, que es el fiero bandolero. . No se escapará, señor, de la muerte, si podemos. . Por eso yo no le sigo, porque matarlo puedo, si no, hasta la cocina, en do me espera un torrezno. y o más fugitivo necio, robador de Delanira, por ser Hércules sangriento, que entre tu sangre mitigue las rabias de mi deseo. O quién tuviera las alas de Ícaro, que midiendo los aires, tu laberinto deshiciera, cual Teseo. O Águila transformada de Júpiter, cuando al cielo a Ganimedes llevaba, quien detuviera tu vuelo, como suelen muchas veces los resplandores Feveos; porque mi amor mitigara tulascivo atrevimiento! Oh bárbaro más impío, déjame ya! . Ya no puedo dejarte, aunque te he gozado. Pues qué quieres? . Solo quiero que no sepan mi delito, ni que te hallen tus deudos; pues el conmigo llevarte, es causa por doligeros tengan mayor ocasión de perseguirme sangrientos; y el dejarte, no es posible, pues deshonrada te dejo, y de todas estas causas pienso librarme más presto. Pues de qué modo, cruel? De este modo. Que me has muerto, traidor, ingrato, aleboso. Pues otra cosa no quiero, que en gozando una mujer, luego al punto la aborrezco; de ese peñasco profundo, despeñarla ahora quiero; ay de ti, fiero Aristarco! otra vez las voces siento. Ay de ti, si no te enmiendas! De esta manera me enmiendo. Adónde vas de este modo? Iba famoso Lisberto sacar de todo la vida a una voz, que así aquí siento. Ya no es menester, que ahora y a queda muerto su dueño; mas solo ahora conviene, Aristarco, a tu remedio en más lances que ninguno. el que tomes mi consejo; presa dejaste a Leonor a un roble, ya lo sé de cierto; más un hombre que pasaba por el monte oyó sus ecos, y la desprendió, y ahora está en la cuevarme acuerdo do mataste a Ludóvico una penitencia haciendo, cosa que me sobresalta, . y será fácil, saliendo. estos villanos a buscarte, hallarla, y luego sabiendo tu crueldad, el homicidio, el robo, y el sacrilegio, procuren por todas partes el prenderte, y tú, y yo presos, corremos mucho peligro, con que no hallo más remedio para custar este daño, que el excusar de tenerlo: tú has de dar muerte a Leonor, que es menos impedimento, donde se pierde lo más, el que se acabe lo menos: y de este modo aseguras dos lances en un efeto, tu vida que ya peligra con aqueste impedimento, y el que se sepa, que has sido la causa del sacrilegio, y a mí también, pues contigo acompaño tus efectos; esto solo te suplica nuestra amistad de por medio. Mucho me espanta de oírre, tuyo soy, imprime el sello de tu voluntad en mí, que al amigo verdadero, en mayores ocasiones se conoce su deseo: vamos, aunque yo imagino, que está la cueva muy lejos, que por el cielo te juro, si por él jurar ya puedo, de cumplir tu voluntad, y de sacarle al momento que lleguemos do se esconde la vida, que te prometo, que después que la he gozado, como la que muerta dejo, te aseguro, como amigo, tomé un aborrecimiento tan grande, que deseara, no se me acordara el hecho: aunque es verdad, que jamás conocí arrepentimiento del haberlas injuriado, con que digo lo que puedo. Grande es tu valor, jamás otro he visto; mas, pues, veo, que se acerca la ocasión, qué intentes nuestro remedio, cuando tan cercalo hay, no será bien detenernos: vamos, amigo, que ya los villanos, con deseo de vengarse de su agravio, y cautelosos prendernos, vienen, cual suele a manadas entre estos riscos soberbios, cuando sienten cazadores trepar los ligeros ciervos: sígueme, que nos importa. Vamos, que tu bien deseo. Y yo tus males procuro, porque no goces el cielo. Ado me llevas? . Lugar a propósito busquemos, para que en él merendemos. Pues traes que merendar? Claro está, que esta mañana, cierto triste pasajero cayó de un macho ligero, y él, y otro camarada; y acudiendo, como ves, como Judas, nuestro beso, así se la armo con queso: . aquesta bota le hallé, y hallando en esta ocasión tan buen lance, te ha traído a este lugar escondido, en do hagamos colación: . el anillo fuy a echar en el vino, bachiller. Pues, Candil, si esto ha de ser no tenemos que aguardar; comamos, pues, camarada. Pues a qué aguardas, comer, Allá en Galicia, beber mandan con una empañada. . Y hablando en resolución, así la pego mejor. Bien haya mental licor, que calienta el corazón. De estas cosas vengan mil, para hacernos la merced. Cándil, hagamos lazo con la hebra de pernil; de esto dad, a quien amares. Famoso está este tocino. Calla, tonto, venga el vino; a quien quieras, dale pares. Bebe, y calla, que al sentir ha de serla de mi cuento. Amigo, Cándil, yo siento casi, que quiero dormir; la nariz me lo adiuina. . con que ahora llego a ver, Yo seré tu vigilancia, ya Carlos ha entrado en Francia, ojos que los vierone cierta es ya la medicina: Dios te perdone al mortal, pues me hurtastes mis doblones: pero siempre los ladrones en aquesto han de parar: él se duerme a sueño suelto, ya le quiero atar las manos, a capón ansi pagamos a las burlas con los muertos: las manos atadas son, este cordel de este ramo quiero colgar; porque, hermano, juguemos el chilindrón. Paz, señor Corregidor, el verdugo está arbolado. Sosiegue el señor capado, que Cándil lo hará mejor: hora bien, ya está cumplida nuestra intención, solo falta ponerle en postura alta, . suba, capón . Quién me tira? . O pesia a los infiernos. u. No es nada, que lo soñáis, nadie, amigo, vos aburte. Válgame Dios, quién me sube? A quien la bolsa bajáis? Amigo, Cándil, que ha avido entre los dos, que me atas? No más, que porque le tratas . Tente, Cándil, que me matas. de difunto, siendo vivo; y aunque pedistes perdones, yo no te los di de cierto; que yo, nunca hago concierto, . Por vida, que no des más. si no me dan mis doblones; y con aquesta quimera, para sacarte los bienes, con que veré, si los tienes, amigo, en la faltriquera: que bien podremos decir, tan bien los verán volver: y aunque tu voz me replique, lo que he de responder, es, en la Corte está Cortes del Católico Felipe: y por sentencia ya dada, relatamos de verdad, ya salen en la Ciudad los tres de la vida airada. No echas de ver, que es desaire, cuando a dártelos me allano Más vale un tordo en la mano, que una perdiz en el alre: . imagino en estas calles, no están justos sus paveses, muy mal la huvisteis, Franceses, la batalla en Roncesvalles; y pues que tratar verdad en estas cosas arguyo, no pagarte lo que es tuyo, juzgo ser temeridad. a no cogerte en mis manos! Por eso a los caballos, no quiso Dios darles cuernos; y pues veo el tiempo junto, danzarás a entrambas paras, Pues en eso estriba el punto, Cándil, que quiere ser esto? Fabricio, tú lo verás. . Dos veces da, quien da presto. Voto a Dios. Tente; perruno. (vez, Juro a Dios. . Pues de esta siendo Dios personas tres, lo verás de tres en uno: y aunque ya cuarro te he dado, advierte, que va de chiste, que he de dar lo que me diste, como jubón de azotado: . y si cabales están, este quiero darte más: que muy bien ya tú verás lo que va de Pedro a Juan. Ay, que me muero, señores! Lástima te tengo afe, más un proverbio escuché, que un dolor quita dolores; . y por quitarte el veneno de tu fiero corazón, amigo, será razón, que te quedes al sereno; porque mi amor aperciva, que estás cerrado con llave, que quien malas mañas sabe, tarde, o nunca las olvida. Pues que te vas iracundo, y aquí me dejas quedar? Y aún pienso, que hal has de estar todos los días del mundo. Maldito por siempreseas, y Dios me libre de ti. A Dios rogarás por mí, cuando en el cielo te veas. . Vuelve, deja tu inconstancia, fácame de aquí, Cándil. . Ojos que me vieron ir, no me verán más en Francia. Cándil. Quién da voces? . Yo, señor, que estoy de esta suerte, aguardando ya la muerte, porque Cándil me colgó. Eres Fabricio? . Yo soy, Lisberto, fácame luego. Sacarte ahora no puedo, que huyendo del monte voy, que aqueste vulgo inhumano me viene siguiendo ya, y todo cercadó está de aquese lugar cercano; y pues ves no puedo yo por ahora desatarte, aunque quieran preguntarte, quién era quien te colgó, no les digas quien ha sido, que no te conocerán; y si a preguntarte dan, di, que no le has conocido, mas de que era un bandolero al parecer, que te halló, a quien más causa no dio tu honor, que ser pasajero: muy gran ventura tendré, que le hallen. . Yo me voy. Señor, tu esclavo soy. No digas que aquí pasé. Voces dar quiero, que soy un pasajero Español, y hacer mayor mi dolor, de la manera que estoy: . hay desdichado de mí! quien me socorre, que muero, que ya casi espirar quiero. Aquí las voces oí. Como cogerlos deseo, después que a Belarda hallé muerta! . Ha hombre sin fu más cielos, que es lo que veo? Señores, por caridad me desatad de este leño. Válgame el cielo, yo sueño, quien hizo tan gran crueldad! Bajadle luego de aí, soldados. 1. . Que gran delito! 2. El mayor que se aura escrito. Quién fue la causanos di? Deciros, señor, no puedo vien quien fue el que me prendió, mas que he conocido yo en el traje ser bandolero, que yo a España pasaba con unos pliegos, me hallaron, y las cartas me tomaron, que junto al camino estaba el hombre que me dejó en un peñón acostado, de dos pistolas armado, y al instante que me vio, llamando otros dos, o tres, a este puesto me trujeron, y aqueste árbol me prendieron de la manera que ves. Hoy me libra esta invención, . con que aquí me dejarán. En este monte estarán, pues que bandoleros son; soy ansí no hay que arriesgarse, y apercibirnos aquí, que pues tras ellos salí, vive Dios no han de escaparse. Hoy bandólero cruel, si mi valor ya te alcanza, en tu agravio mi venganza, propio verdugo ha de ser, mientras que la gente llega ocupemos este prado, Cándil, ya que estoy librado te pagaré en tal moneda la burla, pues tan cruel es. Ya que este puesto de altivos penascos ay, escondidos los guardemos los tres mi entras los demás ligeros los buscan allá furiosos, porque al huirtemerosos, aquí podremos más fieros, ocultos, de esta manera cogerlos, si por aquí pasaron. . Todos de mí seréis seguros, quisiera vengarme de este bellaco, no tomar. . No aguardemos más ocasión, pues que vemos el logro de nuestro trato: escondámonos, que ya juzgo que entraron la sierra toda la gente de guerra, y quizá alguno vendrá por aquí de ellos huyendo, por ser el sitio fragoso, en donde por temeroso irá sagrado escogiendo, y al tiempo que llegue a verle, saliendo de aquí cual ves, siendo nosotros ya tres, será muy fácil cogerle. La verdad dices, Tristan, escondámonos. . Aceto, pues para lugar secreto escondrijos aquí están. Ea, pues, cada uno tome supuesto, el que le agradare, que yo he de ser quien tirare, al instante que se asome. Ya sueñan voces en valles, escondámonos aquí. Triste Aristarco, de ti, que hoy pagarás tus crueldades. , n Advierte, que cerca estamos, gran Aristarco, del puesto en donde Leonora está: al instante que tu esfuerzo llegue a mirarla, le da la muerte . Ya te obedezco: verás el mayor verdugo, que tuvo nombre de fiero. Pues anda, no te detengas, que en este lugar te espero. Yo voy a matarte, Leonor. vo z ay de ti! . pero que escucho Ay Aristarco! . Qué siento? Adónde vas? . que me asombra! No tengas a nada miedo. Esto no es temer, que al mundo, ni aún a Dios voto aDios temo Aristarco? . quién me llama? Yo. . Qué es esto que veo? Huir quiero: mas ay triste! que ya licencia no tengo. . quién eres? . Soy Ludónico Pues qué quieres? . Solo quien hablarte a ti, pues aquí r0 imagino que me has muerto, y porque sepas cuan loco, Aristarco es tu deseo, Dios ahora me ha enviado, a que reprenda tus hierros, que aunque le has ofendido, loco, arrogante, y soberbio, pudiendo darte castigo, según tus merecimientos, quiso que yo te mostrase el engaño: estame atento, y penetra mis razones, buscando arrepentimiento. Sabe, Aristarco, que tú tienes, que te da consejo el demonio, que te engaña, fingiéndose pasajero, por llevarte de ese modo a las penas del infierno: él fue quien te engañó, que yo era traidor, fingiendo. el traje en que le miras de ese modo, con intento, de que yo no perdonase tu crueldad, para que luego. Dios castigase mis odios; pero aún quiso el mesmo. darme al hora de matarme tan grande conocimiento, que porque tú lo gustabas; morí, alegre, y contento, porque Dios, y su justicia, tan grande amor me tuvieron, que me eligieron por suyo: si bien solo por el yerro, que en hablar a Leonor hice, por profanarle su Templo, en el Purgatorio estoy detenido, en donde peno solo por este pecado los más crueles tormentos, que en el mundo los humanos hacer inuentar pudieron; aunque es verdad que me alivia este rigor tan inmenso, el que he de gozar a Dios, a la fin de todos ellos; y como tanto te quise en este siglo de hierros, quise mostrarte el amor como vivo, siendo muerto, refitiéndote Aristarco las ofensas que le has hecho a Dios, sin mirar tus ojos la ingratitud, habiendo hecho por ti finezas tan grandes, como fue, el haverte hecho. de nada, a su semejanza, pues busqué tuviera efeto; a las ordenes un hombre de otro igual suyo, habiendo recibido de sus manos algunos bienes eternos. Pues considera tu ahora lo que va de mayor precio unos a otros, sumando en los de Dios, que pudiendo hacerte Moro, o esclavo, te dio libertad, y que luego quiso padecer injurias en manos de un loco pueblo, que le dio la muerte ingrato, aún después de haberse hecho en el vientre de María de carne humana, pudiendo rescatarnos de otro modo, no quiso, si no que él mesmo, por hacernos igual suyos venir libertar al pueblo, y después de hechos tan grandes hizo el mayor, que su esfuerzo pudo hacer en nuestro bien, como dejarnos su cuerpo en memorias del Mana que dio a Israel, encubierto en una especie de pan, su sangre, su gracia, y cuerpo: y pues aquesto conoces, mira tan gran sacrilegio de ese demonio incitado, como ya cruel has hecho, quemando, sin reparar en Dios, el santo Convento, solo por gozar a Leonor; mira tan bárbaro intento, pues por un gusto tan torpe, tan vil, infame, y soberbio ofendes la Majestad de un Dios tan grande, y supremo, que puede abrasar el mundo, deshacer los claros cielos, solo con la voluntad de su soberano pecho: y aunque mis voces te han dado avisos muchos diversos, no despertaron sentidos los golpes de sus esfuerzos, a quien el demonio astuto, casi su perdida viendo, tomó mi forma mortal para salirte al encuentro; porque creyeses, que yo aún de todo no había muerto, y que las voc es fingidas eran de mi entendimiento, incitándote engañoso, a que cruel, y sangriento, después de Leonor gozada, y puesta a un tronco: ha cielos! que crueldad tan notable! a quien unos pasajeros libertaron de la muerte, y ella con honesto celo pidió a Dios misericordia de sus pecados soberbios: y en esa cueva, en donde me arrojaste, es su asiento, que cual otra Madalena está a Dios ofreciendo oraciones tan devotas, que ya quizá merecieron sus peticiones, tu aviso; porque te vuelvas ligero al mesmo Dios que ofendiste con tan brutales deseos, y en el sance que intentanas manchar tu soberbio acero, de este soberbio impelido dentro su inocente pecho, viendo con sus oraciones, tanto con Dios merecieron castigarla de ese modo, porque no puedan sus ruegos alcanzar que te dé luz para tu arrepentimiento: y viendo Dios que caminas para tu despeñadero, misericordioso quiso, que te saliese al encuentro, en donde tú me mataste, para que muestre el deseo que tiene Dios, que los hombres tengan dolor de ofenderlo; y pues Aristarco miras a la ejecución que vengo, Considera, que hay en Dios, aunque amor, tantos tormentos, que su divina justicia. tiene por castigar hierros, que con solo un pecado mortal el hombre haya muerto, le condena riguroso a las penas del infierno, dondejamás tiene fin, para siglos tan eternos, que la Majestad de Dios tenga poder, y gobierno, que es tan imposible hallar fin, en años tan inmensos, como sacar dos mil mares. gora a gota de su centro, aunque una gota se saque (pongo por caso) a tal tiempo, y desde aquí aséis mil anos otra gora, mas eternos han de ser estos martirios, que los mares, pues es cierto, que los mares tendrán fin, y ellos no pueden tenerlo Y ademas de este dolor, el mayor insufrimiento que tienen los condenados, es, de mirarse ya esentos de la presencia de Dios, y allí están reconociendo sus delitos; que más pena. el acordarse ya de ellos: y aunque es verdad que castiga Dios de este modo vio ento, es tan misericordioso. tan piadoso, tan inmenso, que aunque tenga más pecados el hombre, que hay en el cielo estrellas, y ervas en campos, y mayores sacrilegios, que si esta agua fuera tinta, y en sus gnarismos ligeros, se acabara, sin poder escribir la mitad de ellos, teniendo en el corazón un dolor (cerca de muerto) con pena en que hubiese sido la causa ya de ofenderlo, muriendo de esta manera con este arrepentimiento, borrará Dios la memoria. de tan injusto proceso, reparando que su sangre vertio, solo por hacerio, que es tanta esta fuerza, amigo, que en una balanza puestos todos aquestos pecados, y en otra de sangre el cielo, una gota, pesa más la sangre, que todos ellos, pues tienen peso los tales, más en la sangre no hay peso. Y porque de esto no dudes, escucha, Aristarco, atento, que en nombre de Dros le mandes a este demonio viosento, que él mesmo diga quien es. Aqueso solo te espero. Enemigo de los nombres, que por tu caso soberbio, Dios te desterro airado de sus celestiales Reinos: en nombre de Dios te mando digas en voz al momento quién eres? . Hay des dichado! que ya a Aristarco pierdo: yo soy el mesmo demonio que te engañó, a intento de llevarte con Leonor, y Ludóvico, fingiendo, que era traidor, por llevaros que padezco: is pena mas ya, que por esta causa llevaros ya no puedo; mira lo que te esperaba para castigar tus hierros, en donde me voy corrido, tanto rigor padeciendo, para siglo de los siglos, por no llevarte al infierno. Ay de vosotros! mal haya, amén nuestro nacimiento. Vistelo ya? . Ya lo he visto. Vuelve los ojos a aquesto, tu verás como Leonor, después de llorar sus hierros, está gozando de Dios, cantándole dulces versos. Recibe alma divina este presente supremo, que ya tu esposo te envía, para que goces el cielo. En vuestras manos, Señor, mi espírtu encomiendo. Ya le recibe piadoso por tal es merecimientos. Escuchaste? . Ya escuché. Pues mira como en los cielos están infinitas almas, dando loores eternos a quien las crio. . Ya miro. Pues repara a todo atento. Gloria en Dios siempre insinlto, que ha sido nuestro remedio. Mal haya amen nis padres, engendrados para hacernos. Pues para siempre gozamos glorias, y triunfos ejellos. Pues nacimos para estar en tanto trabajo eterno Démosle a Dios siempre gracia por tantos merecimientos Lloremos eternas vidas por tan estraños tormentos. Amigo, pues que lo has sido mientras viví, tu deseo muestra a Dios arrepentido. Señor, Señor, ya yo veo, dls que os ofendí, perdonadme: aquí estoy, que ahora quiero en mendarme arrepentido: y pues en este desierto os ofendí tan ingrato, ahora en él también quiero hacer penitencia humilde, que aunque ya son tan inmensos, mis pecados, reconozco ahora en llantos de fuego, que es vuestra misercordia muy mayor que todos ellos. Perdonadme, perdonadme, pues reconozco mis hierros. Aristarco, queda a Dios, que en tu penitencia espero te perdonará tus culpas, nadie estorbará tu intento, pues es de tanta importancia, que yo me voy. . Vaste? No puedo estar más tiempo contigo: pues más licencia no tengo. . Dios te de gloria, y a mí, que pueda verte en el cielo. Gran grodigio! Estraño asombro! Que admiración! Qué suceso! Venís? prendedme, aquí estoy, yo soy el que de ofenderos tiene la culpa, mas hoy arrepentido, vos ruego me dejéis, para que haga penitencia de mis hierros. Es justo, pues el demonio fue la causa. . Aquí confieso mi pecado. . Este es, señores quien me colgó. . no lo niego que fue el demonio la causa, con engaños . Yo lo creo, y pues tiene su castigo, estáis libres. . Yo prometo desde ahora en este monte, ser penitente tan bueno, que si en él crueldades hice; haga ahora más ejemplos. Yo, que tan gran memoria guarde en los bronces el tiempo. Esto será, si nosotros con pocos merecimientos, alcanzamos del Senado el perdón, vitor, y premio, que Ulloa para serviros pretende con este ejemplo al canzar de vuestras manas, dando fin a este suceso del Amante más cruel, y del amigo ya muerto,
