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Texto digital de Allá van leyes, donde quieren reyes

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Atribución tradicional
Guillén de Castro y Bellvís
Atribución estilometría
Guillén de Castro y Bellvís Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Allá van leyes, donde quieren reyes. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/alla-van-leyes-donde-quieren-reyes.

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ALLÁ VAN LEYES, DONDE QUIEREN REYES

JORNADA PRIMERA

Yo poca razón? uy poca. Bien por cierto, así será. Si respondéis necia, y loca, mi chapín os volverá las palabras a la boca. Señora Doña Leonor, no traiga rayo ese trueno, que yo en materia de honor, y de gusto, malo, o bueno, no tengo hermana mayor. Qué es esto hijas? Da muestra, señor, mi hermana, atrevida, de la desventura nuestra. Decid verdad por mi vida. Por la mía; y por la vuestra. Decid pues. Porque castigo con quejas sus liviandades, enojándose conmigo, me dice mil libertades. No las hago si las digo, o Pues cómo se llamarán las que hace cada hora con el Infante Don Juan, que como amante la adora y sirve como galán, siendo su competidor el de Bárcelos? . Sabéis si le hago algún favor? Recelo que se le haréis, si persevera en su amor. Mientras estáis combatiendo, estoy yo considerando, que no hacen tanto estruendo los pequeños alcanzando, como los grandes sirviendo. Y así es acto de prudencia atajar su voluntad con recato, y con violencia Habiendo en la calidad disonancia, y diferencia; pero somos muy iguales esos señores, y yo. No digo, hija que no, pues tanto como el Rey vales, mas. . Holgárase mi her- que nombres al Rey ahora. (man Por qué? Porque es cosallana, que el Rey la quiere, y adora, como a prenda soberana. Hay tan gran desenvoltura en el mundo! que me infama por encubrir su locura. Yo sé si os quiere, y os ama, y vos sabéis si os procura. Esta loca desvaría, sin guardar razón, ni ley. Yo sé que hablando algún día en los amores del Rey; me dijo, que tal sería, Reina se imagina cierto de Portugal, y del mundo, que locura, y desconcierto! Cómo de un sueño profun- me parece que despierto, (do ya en este punto he sabido lo que saber me conviene: ya he visto, ya he colegido, que el amor que el Rey me tiene, de esta causa efecto ha sido. Qué he de hacer? estoy sin mí: si me hace tal favor, sin duda me quiere a mí; con las sobras del amor, hija, que te tiene a ti: que el Rey de verás te quiere, se asegura de mil modos: y esto que he dicho, se infiere de haber yo visto, que a todos me adelanta, y me prefiere. Que lo creíste sospecho. Pues no. . La fidelidad, padre, de mi honrado pecho, declarando la verdad, te dejará satisfecho. . Co- Un hombre principal, (mo? discreto, rico, y también con mi gusto tan igual, que sé que me quiere bien, y que no le quiero mal, en mí pone el pensamiento, con ánimo de lograr de los dos el casamiento: mira tú si he de volar tan sín alas por el viento, tras la fortuna altanera (sido. del Rey. . Buen remedio ha Si ese Caballero fuera, como tú me has referido, casarte con él quisiera, y así quien es saber quiero, porque premisas me des de su valor verdadero: quién es? Don Lorenzo es Tros de Acuña. . Es gran Caballe como luego no es tu esposo? Parece que se retira, aunque amante, temeroso, por saber que el Rey me mira, enamorado, y celoso: mas si tú me das licencia, yo haré que me dé la mano. Ah de ser con la prudencia que conviene. . Haranlo llano tu valor, y tu experiencia. Mucho con eso me obligas. Muchos vienes en mi esperas Mirad que quedéis amigas. No basta que tú lo quieras? No sobra que tú lo digas? Grande gozo, y alegría me dará vuestra amistad. Adiós. Ya Doña María conoce mi voluntad. Tú eres dueño de la mía. Que me matan, que me matan. qué es aquello? . Confesión. Quejas parece que son, y de alguno que maltratan. A ponerme en cobro vengo, señoras aquí. . . Que tienes, que tan descompuesto vienes? Razón, y cólera tengo: a un hombre la muerte di, porque fue descomedido. Vienes, Salmeron, herido? Entiendo que no, y que sí. qué dices? . Vengo turbado, con la grande alteración. Repórtate, Salmeron, y cuenta lo que ha pasado. Matele, fuese, y entre. Oh que lindo desconcierto; como se fue si le has muerto? Al otro mundo se fue, si acabó ya de espirar puedes ver por la ventana. Ya te entiendo, voy hermana a solo darte lugar; sé breve. . Tú eres divina, pues me entendiste la flor. Quién trata en cosas de amor, sus secretos adivina. Qué hay de nuevo? Este papel a darte, señora, vengo. Ya la respuesta prevengo, sin ver lo que viene en él. Dile, amigo, a tu señor Don Lorenzo, que esta siesta, él mismo por la respuesta puede venir. . Gran favor: a tu casa? . . Sí. Y de día? Si quiere venir ahora, es mejor. . Loco, señor. se volverá de alegría: un agüinaldo importante la nueva me ha de valer. Muy liberal debe ser. Cuándo es avaro un amante? No hay en la calle ruido, ni quien a buscarte acuda; bien puedes salir. . Sin duda que de vista me han perdido. Eres águila en tu oficio. Sirvo con él a mi dueño. De adónde eres? . Extreme. si con diferente indicio, (ño, no te parezco de Huete, pasado por Alcalá, aunque lo mismo será decir que soy alcahuete. Pues has de saber, señora, que este oficio tan honrado, hombres de más alto estado que yo, le tienen ahora. Antes eran alcahuetes los hombres menos validos, los postrados, los perdidos, los menguados, los pobretes. Pero ya los importantes lo son, y con sus razones conquistan los corazones más firmes, y más constantes. Rinoceronte ha de ser quien venza un Rinoceronte, y para batir un monte, otro monte es menester. Los que les suelen llamar alcahuetes, los infaman, pues con más razón se llaman maestros de acomodar. Oficio tienen honrado, y lugares superiores, pues que los grandes señores les dan su mela, y su lado. Tienen pomposa hidalguía, sonricos, son principales, y por ser tantos, y tales, han hecho una cofradía, donde hay tal congregación de Cofradas, y Cofrades, que hasta los padres, y madres, de mil doncellas lo son. Basta. Mira como puedo ser yo alcahuete, señora. Con lo que dijiste ahora, mas que satisfecha quedo. Si quieres más, mas diré, para que quede provado, que soy, aunque pobre, honrado. Yo lo creo. Y yo lo sé. Pues adiós. Él te acompañe, y a mí me dé su favor, para que mi nuevo amor, ni me ofenda, ni me dañe. Todo, hermana, se hará bien, Alómenos se hará presto: a Dios hermana; este puesto quiero dejar. . Yo también, al jardín me voy. . Y yo salir quiero a la ventana. Mas dichosa, si es mi her- pero más amante no. (mana; Es posible que ofendido el Embajador se va? Dicen, señor, que lo está, porque tú le has despadido. con algún desabrimiento. Sin duda el Reino ambicioso, imanina que es forzoso. en el Rey el casamiento, Cuando se ha visto jamás, que en nada forzada quedé una voluntad que puede hacer fuerza a las demás? Puede por dicha forzarme el Reino, que me juró, a que me case, si yo no detérmino a casarme? Forzarte no; pero hacer, sirviendo a tu Majestad, ruegos con tanta humildad, que fuerzas vengan a ser. Solamente porque dés venturosa sucesión de la Infanta de Aragón, al Imperio Portugues. El Embajador que vino atratar tu casamiento, se fue. . Por ese contento, que dichoso le imagino, abrazadme Don Lorenzo de Acuña. . Rey, y señor, es tan grande ese favor, que me corro, y avergüenzo de recibirle. . Llegad, mirad que aguardando estoy. La indignidad de quien soy mire vuestra Majestad. Abrazadme, y satisfecho de mi afición quedaréis, cuando en mi pecho abracéis a vos, que estáis en mi pecho. Grande amor! grande afición! Grande favor! Rico empleo! Don Lorenzo, cuando os veo se me alegra el corazón: pedidme, cojed el fruto del árbol de mi favor. Cualquiera merced, señor, paga a la envidia tribato: mire vuestra Majestad que me anuncia un mal suceso tal privanza. . Dejaos de eso, Don Lorenzo, y escuchad. Sin duda son pensamientos, que de amor guardan la ley los que comunican. . Rey que aborrece casamientos, al amor debe ofrecer toda la gloria que alcanza. Las más veces la privanza, de amor suele proceder. Ya sé que Doña Leonor es mujer tan principal, que será tratarla mal comunicarla mi amor. Pero podéisla decir, como que sale de vos, que la adoro. Harelo, ay Dios! este penar es morir: tú a su padre, y a su hermano procura favorecer. No está ahora por hacer todo lo que es en mi mano, que los tormentos, y enojos, amorosos, y crueles, quien los dice con papeles, quién con lenguas, quién con ojos? Mas yo, que a la demás gente me debo ya preferir, los acostumbro a decir con mércedes solamente. Eso el mundo solo quiere. Cuándo iréis allá? Esta tarde. Dios os guíe. Y él te guarde, te eternice, y te próspete. Don Alonso. . Señor. Oye. Bien lograré mi esperanza, cuando con esta privanza este atrevimiento apoye la más penetrante herida de la flecha de amor fuerte, o se acaba con la muerte, o se acaba con la vida. Solo en mi sangrienta, y brava, para mayor del ventura, ni con la vida se cura, ni con la muerte se acaba. Quiere el Reya la que adoro, sin consejo, y sin acuerdo, y yo en quererla le pierdo el respeto, y el decoro. Pero en mí, si es tal mi estrella, no es traición, aunque es mancilla, pues bien puedo no servilla, mas no puedo no querella. Oh qué gran melancolía! que haces solo? . Salmeron, mi sola imaginación es mi mejor compañía. Diviertesa. Dónde está la respuesta del papel? Sin mirar lo que hay en él, me mandó volver acá, para decirte, señor, alégrate, que esta siesta fueses tú por la respuesta. Ya es mi tormento mayor. Cómo? . El Rey. Qué dice el Rey? El Rey, Salmeron, la adora. De eso te afliges ahora? Pues no hede guardarle ley? No, que el guardarla sería en tal caso, no saber, que ya el amor viene a ser en un Rey galantería: y ese tuyo es casamiento: mira si haurá diferencia. Con un Rey no hay competencia, cuyo altivo pensamiento es como el fino diamante, que a su claro resplandor no admite ningún color. Qué considerado amante: vamos luego. . . Dónde iré, que el amor me tiene ciego? A refrigerar tu fuego, y a calificar tu fe: ahora acabo de ver quien es el más ignorante del mundo. . . Quién? El amante pienso que lo debe ser, pues en todas sus acciones vive ciego, anda engañado, y de malograr su estado, malogra las ocasiones. Y así, para conocer, para ver, y para hablar, para saber, y ganar, que es lo más que hay que saber, para amar, para fingir los desmayos, los martelos, y para picar con celos, saberlos dar, y pedir; y para sacar amor de entre mudanza, y desdén, en queriendo un hombre bien, le habían de dar tutor. Si es que lo dices por mí, a confesarlo me obligo. Vamos, que por ti lo digo, mas no lo diré por ti. . Qué te dijo el de Bárcelos? Qué es, señora tu galán, y que el Infante Don Juan le tiene abrasado en celos. Celos tiene del Infante? gima, llore, rabie, pene, que el Conde no sé que tiene, que es mi aborrecido amante. Crueleres. No es crueldad lo que ves que tengo ahora. Si no que? . . Piedad. Señora, al rigor llamas piedad? Desengaño que no tarda, es piadoso; y el criado del Infante, dio el recado? Y donde suele te aguarda esta noche. En mí se emplea, y le favorezco en todo; mas no ha de venir de modo, que el de Bárcelos le vea, que son Príncipes, y grandes, y estaría en mal concepto mi opinión. . Esta sujeto a cuanto órdenes, y mandes. Dirás que en anocheciendo venga. . De muy buena gana. Voyme, que viene mi herma- el secreto te encomiendo. (na: Fuese ya Doña María? Si mi señora. . . Que tiene, que tan pocas veces viene a verme? . Melancolía. Que de inconvenientes venzo, si mi dicha se concierta. Un hombre he visto a la puerta, y es sin duda Don Lorenzo. Llámale, si es él. . Yo voy a llamarle. Has de advertir, que con él has de venir al lugar adonde estoy: quiera amor que el alma acierte a emprender dicha tan alta, que si la ventura falta, no es posible se concierte. A mi padre he prevenido, en parte donde lo vea, donde esperaré que sea, yo dichosa, y él servido. A tus pies está humillado este tu esclavo. . . Señor. Del divino resplandor de tu hermosura obligado, como fue la dicha mía tal, que llego a ver, señora, en tus ojos el Aurora, coronada de alegría. . . Levan- (ta. Al que está caído, eso decirse podrá, mas no, señora, al que está de tan alto, tan perdido. Y no fuera gran ventura el levantarme de un vuelo hasta lo Impíreo del Cielo, a no serlo tu hermosura. Mas gozando estos despojos, como también no he sabido que venturas me han traído a tu enfa, y a tus ojos. Que esta gloria, que es el todo, donde mi ventura está, tu mano, que me la da, me la quita en cierto modo. Porque quererme ofrecer tan suprema calidad, sin darme capacidad para poderla tener, es quitármela, y mi estado con ella pierdo también, porque me quitas el bien, antes de haberle gozado. Dudo que amor, Don Lorenzo, tenga en tu pecho asistencia. Cómo así? Con tú elocuencia te concluyo, y te convenzo. Eso dices? . . Dime, quien en el mundo puede hallar amante que sepa hablar, o por lo menos tan bien, pues vemos que cuantos son, hablan poco; y sienten mucho? Aunque me ofendes, te escucho con gusto, y con atención. Dónde está Doña Leonor? A muy buen tiempo havenido. qué es esto? . . Con mi marido estoy hablando. . . Señor; qué haré? . . Tú estás casado con mi hija? . . Ay Cielo! . Di. . . qué le diré? señor, sí. esta mujer me ha obligado, por adorarla, y temer que su padre no la ofenda. Porque la verdad se entienda, daros luego es menester las manos. . . Contento soy: yo le doy la fe, y la mano. Pues tanto con ella gano, el alma; y la fe te doy. Don Lorenzo, aún que sepáis que una Infanta merecéis, ya que en este punto os veis, y con mi hija os casáis, entended de mis razones, que no sin causa obligara a que con vos se casara mi hija por los rincones. Mas han llegado a mi honor, derramados por los vientos, de un Rey mozo pensamientos, que vos lo sabéis mejor. Y así os doy en aqueste día vuestra esposa, en quien esta honra tan mía, aunque ya no corre por cuenta mía. En cuanto a mirar por ella, que en casos de más rigor, hacienda os doy, y valor, para poder defenderla. Que bien será menester, para guardar cuidadoso, de un hombre tan poderoso, tan hermosa una mujer. Cuando se ofrezca, empleadlo para algún honrado efecto y pues que sois tan discreto, harto os he dicho, miradlo: que entre marido, y mujer, no tengo que hacer aquí. . Señor, a no ser por ti, me pudiera suceder aquí una gran desventura. No haber, señora, quedado, por mi ocasión eclipsado en ti el Sol de tu hermosura, suerte ha sido conocida: aí mi gloria más advierte, que esta prometida suerte ha de costarme la vida. Qué dices? Negar no es justo, que con el bien que poseo, de ser tu esposo me veo lleno de gloria, y de gusto. Pero has de considerar, que esta dicha deseada, antes de verla gozada, la he de perder, y llorar. Que si gozarla pudiera, antes de perderla, es tal, que bien doblara el caudal, aunque mil vidas perdiera. Pero como amor tirano, considero poco cuerdo, vengo a sentir que la pierdo, con lo mismo que lagaño. No te entiendo. Bien pudieras entenderme fácilmente, si en mi desdicha presente poner los ojos quisieras: bien sabes que el Rey. Bien sé, que aficionado me está. Pues considera que hará, si sabe que me casé contigo: fin querrá dar a mis años infelices. Si es que tú no se lo dices, por fuerza lo ha de ignorar. Si falta quien se lo diga, para prevenir mis menguas, mi desdicha tiene lenguas, que la fama mi enemiga, se las presta de ordinario. Mi bien confía, que el Cielo disminuya ese recelo. Es poderoso el contrario: solo me anima esta pena tu hermosura, pues me advierte, que si es tan mala mi suerte, la causa ha sido tan buena. El Rey, aunque más terrible se enfrenará. . Yo me voy, que ya recelando estoy que lo sabe. Es imposible. Perdona señora mía, que me aflige este cuidado. Aguarda. Será excusado tener segura alegría, hasta averiguar si estoy seguro del Rey. Qué haremos, para que juntos estemos? Yo aquí quedo. Yo allá voy. Los que tienen amistad con la noche, que es hidalga para hacer su voluntad, esperan siempre que salga contra el Sol su oscuridad. Y cuando el enamorado pasea, sobre el alfombra de su amoroso cuidado, suele servirle de sombra, su pabellón estrellado. Como ella huyendo del día, con sus tinieblas, mejor ver quiero a Doña María; que en las borrascas de amor, es el Norte que me guía. Gente parece que veo en el balcón. Viene ya. Él me ha parecido. . Creo que amor como es niño, ya jugando con mi deseo. Con la seña pienso ver si es ella. . . Quién eres? Soy el que te viene a ofrecer el alma. . Dudosa estoy de poderla apetecer; porque si persona alguna, dos pudiera recibir, más cruel, mas importuna vida sería vivir con dos almas, que con una, que serían los cuidados, doblados los sentimientos, a su dolor igualados. Pero también los contentos vendrían a ser doblados; mas tú en mi daño delvías, las ocasiones, señora, de mis glorias, por ser mías. Para no escuchar ahora tus amorosas porfías, no salir fuera mejor; mas he salido en efecto por tu nobleza, y valor, por tu prudencia, y secreto. Y no dices por mi amor? No, que las mujeres quiere, pero no dicen jamás, que por los hombres se mueren. En eso, y en lo demás a los hombres se prefieren; tu favorece señora, pues vuelve por ti, y por ellas, a un corazón que te adora. Por ver las paredes bellas del alcázar de mi Aurora, vengo alegre, y satisfecho; y juntamente a mirar, si hay alguien que a mi despecho las mire. . Dele lugar en lo intrinseco del pecho, porque así, satisfacción tenga mi dichoso empleo, Bien dices. Junto al balcón de Doña María, veo un hombre. . Tienesrazón. Que no la tengo. . . No ves, que es locura procurar, que por ningún interés te dé en mi pecho lugar. Ir quiero a saber quién es.) Hasta conocer tu fe. Qué busca aquí gentilhombre? Ya no busco lo que halle. Dígame luego su nombre. Aay desdichada! qué haré? Por el Ábito de Auis, que nos emos de perder, si quien sois no me decís. Ya me enojo. He de saber porque causa os encubrís. Quiero engañarle: yo soy Don Lorenzo. . Don Lorenzo, mi fe, y mi palabra os doy, que me corro, y avergüenzo de lo que escuchando estoy. Sois amigo verdadero? Rabiando estoy. Por mi amor; dejadme el puesto, que quiero estara solas mejor. He de matarle primero, pues que me ofende, y porfía, su sangre es bien que derrame. Hay tan gran alevosía! vuestra espada, loco infame, se ha de medir con la mía. Medir, y descomedir, pues la cólera me abrasa. Ya se empiezan a herir, infamarase esta casa. Mataros tengo, o morir. Afrentado quedaría, si acaso hubiesen sabido, que a mi hija dado había tan de secreto marido, a su elección, no a la mía: mas he querido entretanto que el Cielo lo hace mejor, añadir fuerza a mi honor, que en mis hombros pesa tanto. Traen colmado el tesoro estas naves, que han venido de las Indias? . Han traído muchas perlas, plata, y oro. Deme vuestra Majestad los pies. . Don Alonso; amigo, a reconocer me obligo vu estra hidalga voluntad: abrazadme. . . Ya he prova. que soy un mundo, señor, (do, en nobleza, y en valor, pues vos me habéis abrazado. Cien mil ducados le dad, de lo que en la flora viene. Qué dárselos no conviene mire vuestra Majestad; porque yo entiendo, señor, que está pobre el tesorero. Mas que él pobre de dinero, estoy yo rico de amor; dénsele. . . Con estas cosas, se dilata, y se engrandece ese valor. . Bien parece que tienes hijas hermosas. m Si discreto hubiera sido; yo mejorara mi estado; cuando no hubiera ganado sino el tiempo que he perdido; Nacer un ligero alcón, con alas para volar, y del aire penetrar la más suprema región. No nos admira, ni espanta, porque su naturaleza, con aquella ligereza le sublima, y le levanta. Mas tener alas, señor, un hombre loco, atrevido, que apenas está vestido de las plumas del favor. Notoriamente se sabe, que ha de caer por el suelo, pues es la caída el vuelo, de lo que es ligero, y grave. Qué dices, hermano? Un loco, que a toda tu Corte enfada, ese gusano, ese nada, por quien nos tienes en poco, tanto contra mí se atreve, que a decirlo me avergüenzo. Don Lorenzo, Don Lorenzo, ese traidor, ese aleve, pues esta noche pasada, en cierta calle me halló, y sin ocasión metió contra mi mano a la espada. Es posible? . La verdad no se me puede encubrir: ya suplicar, y a pedir vengo a vuestra Majestad, licencia para poder castigarle sin respeto. Don Juan. . Señor. Yo os prometo, que no será menester, pues yo le daré el castigo que merece lo que ha errado. Ah de ser cómo privado? Será como a falso amigo, que sosegar vuestro pecho, le importa más a mi amor, que todo. . Baste, señor: con eso voy satisfecho. . En el alma me ha pesado, que Don Lorenzo haya sido tan loco, y tan atrevido. Quizá, señor, se ha engañado No habrá, que el entendimiento que menos discurre alcanza, que al pecho de la privanza se cría el atrevimiento. Con todo no es bien, señor, pensar que todos se atrevan. Cuando en los aires me llevan el cuidado, y el temor, no es mucho el entrar delante del Rey, temiendo, y dudando. Con todo es traición. Mirando me está con vario semblante del que suele. . . No podía haber recibido engaño el Infante? . Caso extraño! cuando eso fuese, sería. Esto veo, estando aquí Don Alonso, y a su lado? él sin duda le ha contado mi casamiento; ay de mí! muerto soy. . Dejadmesolo: escuchad vos, Don Lorenzo. No os vais? oíd. Ya comienzo a temer mi engaño, y dolo. Don Lorenzo, el que es discreto, el que es noble, el que es honrado, no por ser del Rey Pribado, ha de perderle el respeto. Y si es justicia, y si es ley, que el Rey en todo se siga, al mismo respeto obliga cualquiera prenda del Rey. Yo, señor. No digas nada de todo lo que ha pasado, porque ya me lo ha contado la persona interesada. Ah Don Alonso! ah traidor! tú el secreto revelaste, y a tu hija le quitaste hacienda, vida, y honor. Mas ya es justo que del pecho, que tantos males encierra, salga la verdad desnuda, en vivas llamas envuelta. Y así dirá lo que ha sido, desesperada, y resuelta, que pues sale envuelta en llanto, podrá servirle de lengua. Sabrás, señor, que en los días de mi edad florida; y tierna, mirando en Doña Leonor, la hermosura, y la belleza. Desde niño la adoré con igual correspondencia, que amor entre iguales años, siempre crece, y siempre medra: y cuando fueron bastantes, a darme brío por ella, fui conocido en las galas, y señalado en las fiestas, de libreas, de colores tan vistosas, y tan bellas, que el Abrillas imitara para hacer sus Primaveras; y para obligarla más, partí en su nombre a la guerra, donde aumenté mis blasones con Africanas cabezas. Pero cuando victorioso volví de tierras ajenas, con la propia me vencieron, los efectos de mi ausencia; pues vi, que como galán, los ojos pusiste en ella, para que hubiese en los míos, ciego llanto, y muda pena, y por ser privanza tuya, tomé a mi cargo la empresa de llevarle tus recados, dando el derecho a la fuerza. Sabe Dios, cuantos pesares, y cuanta vida me cuesta el tener, llegando a darle celos de mi propia lengua. Ayer, como me mandaste, busqué ocasión, y fui a bella, y a decirla muerto, entonces, tu pretensión, y tus quejas; ha ablándola estaba, cuando llegó su padre, y dio muestras de atreverse a la venganza, declarándose en la otensa. Ella por quietar su pecho, como prudente, y discreta, le dijo ser yo su esposo, y yo otorgué que lo era, porque turbado temí en mi desdicha su mengua, y por obligarnos él, luego me casé con ella. Esta es, señor, la verdad, tan amarga, como cierta; Si es que tienes por traición casarme sin tu licencia; si ha sido menospreciar tu soberana grandeza, ya te confieso mis culpas, y vergonzoso en mis penas, para el rigor de tus manos, pongo a tus pies la cabeza. DBejado me ha sin sentido lo que has dicho. . . Según eso no sabias el suceso, que yo ahora he referido. No ha llegado a mi noticia jamás cosa semejante, solo mi hermano el Infante, pidió venganza, y justicia; porque muy sin duda dice, que lo habéis acuchillado. Hay hombre más desdichado! hay pena más infelice! pues demás que revelé lo que no hubieran sabido, me dice que he cometido lo que nunca imaginé. Vive el Cielo poderoso, que estoy por darme la muerte. Yo he de vencer de esta suerte, efecto tan amoroso, pues de hacerlo me prometo, conforme a mi calidad. La alabanza, la verdad me decid; pues sois discreto, si lo fue, lo que el Infante me dijo quiero saber. Ni ha sido, ni pudo ser. Un hombre tan importante puede mentir? . . No mentir; pero puédese engañar, que yo no puedo rondar esta noche, ni salir. Pues qué ha sido? Algún traidor de mi nombre se ha valido. Suspéndase, pues la furia de vuestro pesar inmenso; y advertid, que yo no pienso vengar en vos esta injuria. Antes bien a la flaqueza, que en vuestro amor considero, para perdonaros quiero contraponer mi grandeza. Habrá en los dos un abismo de constancia, y de valor, si a vos os venció el amor, y yo me venzo a mí mismo. Hola. , . Señor. . Al momento importara que aviséis a vuestra hija, y le deis razón de su casamiento, que a Don Lorenzo la doy. Belo la tierra dichosa que pisas. . . Tu esclavo soy. Avisitar han venido a la Infanta mi señora, que ya de su mal mejora mis doshijas. . Dicha ha sido: avisad que esto ha de ser en un punto. . . Voy a ello. . Que para poder hacerlo, sin pensarlo se ha de hacer, y para dar mayor los a mi fama, determino ser de las bodas padrino. Alegrárale Lisboa. Al momento os velarán en mi Capilla. . . Dichoso seré, de un Rey generoso, dignas mércedes serán: estoy de contento loco con ellas. . Venid, venid. Eres unico. . Advertid, que para vos todo es poco. Podría saber, señor, que hay de nuevo? . Buen cuidado, que Don Lorenzo casado está con Doña Leonor. Tan honrado casamiento, solo el Rey lo pudo hacer: esperad, yo he de tener gran parte de este contento. Cómo así? . Soy un criado en todo favorecido. Sois privado? . Del sentido quedo alguna vez privado; pero sé, que mi señor Don Lorenzo ha de querer levantarme a botiller, de botiller, a veedor, de veedor a mayordomo, de mayordomo a cochero. Bueno, a fe de caballero, qué señor tal hizo? . Cómo? sepa que así como viene de caballo a Caballero, de coche viene a cochero. Brava dependencia tiene. Van éngalas, y en vestido de todos diferenciados, son de sus amos amados, son de sus amas queridos; y así en estos tiempos varios, tanto agradan, tanto aplacen, que ya los cocheros hacen oficio de Secretarios: son. . No paséis adelante, que la boda viene ya: gallarda fiesta será. Será en todo extravagante. Aunque tan alegre vengo, midas soy de este tesoro, y así aborrezco, y adoro esta ventura que tengo. Ventura, y aborrecida, estimarla no conviene. Basta que el Rey se entretiene con la nobía. . No se olvida el que de olvidar se acuerda. El ejemplo de esta gloria entretiene la memoria. Mejor será que se pierda. Estoy, señor, admirado. de ver la benignidad que usa vuestra Majestad con Don Lorenzo. . He provado, hermano, por cosa cierta, que en su vida os ofendió. Con eso cerraré yo a mi venganza la puerta, pues en mi sospecha veo la persona que haura sido. Cuánto es mi amor más crecí es más niño en el deseo. (do, Castigarle. . No podré, que a mis ojos tengo miedo. Ay amor! presto, si puedo, a mis Aldeas iré, donde con pecho constante gozaré mi bien divino; porque un Rey es mal vecino, y peor cuando es amante.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA ,y Toca esa trompeta. . Ya nos ha visto mi señora, y sale a verte. Ira, Saldrá hoy dos veces el Auro, según eso? . Claro está. Por renovar cada dia al Fénix de este favor, reservo en el alma mía, siendo morada el amor, que siendo galán tenía. Y así, aunque tal bier poseo, sin contradicción de gusto, en ira caza me empleo, para mostrar como es justo, que la gozo, y la poseo. Mi Don Lorenzo. Leonor de mi alma, y de mi vida. No sentí mucho, señor, la falta de tu partida, pues no me acabó el dolor. Esposa tal. . . No he tenido jamás gusto, ni reposo. Tanto haurá que me he partido? Una eternidad, esposo, tu ausencia me ha parecido. El tiempo que ha que partí, mis ojos, de tu presencia, eternidad llamas? . . Sí, que es un día de tu ausencia eternidad para mí. No me fuera, si pensara enojarte. . . Hicieras bien. Albaro. . Mi padre. Holgara que tú vinieras también. Es porque a mí me dejara? No es mi condición tan fiera; pero quisiérale allí, para que a mi lado viera en las uñas de un neblí, hoy una garza altanera. Uno solo la rindió? Y con tal esfuerzo, y brío el nebli muerte le dio, que aunque en efecto era mío, vengara a la garza yo: y así, si vuelve a mi mano, la vida le he de quitar. Por seguir su vuelo ufano, cayendo vine a cazar una liebre en un pantano; donde estaba recostada. Luego caíste? . No ves como la traigo estampada de la cabeza a los pies? Linda caída. . . Extremada. Mas que los vientos ligeros veo venir a esta quinta un famoso Caballero, que de roja sangre pinta las hiladas de un quero. Quién será? . Debe de ser algún pariente, o amigo, que no te vendrá a traer dineros. . . Lo mismo digo; pero no le he menester. Ya se apea. . . Alborotado este suceso me tiene. H la vista me ha engañado, o es mi padre este que viene. A qué tan alborotado? Hijos míos, mi Leonor. Seas, señor, bienvenido, De tu venida el favor, tan sin tiempo recibido, me ha suspendido, señor: y así deseo que sea luego la causa sabida. Sabed que el Rey os emplea en su servicio. . . La vida darle su mitad desea, por el tesoro inmortal que su Real mano me ofrece. Hoy os nombra General de la gente que obedece las quinas de Portugal: y porque de este favor, más satisfechos estéis, os envía a Montemor, porque también castiguéis su Alcaide, que fue traidor: ya la gente va delante, id a empuñar el bastón. Ay de mí! . . Cuándo? Al instante. No es corra esa dilación? Hijo, excusas no pongáis, porque es ir contra su ley. No veis, no consideráis, que os hace merced el Rey, mandándoos que le sirváis? Todo lo tengo entendido. Pues si el Portugues Fernan. que de esto gusto ha tenido, (do, os hace merced holgando, que hará habiéndole servido? y así conviene que luego vuestra persona se parsa. Ah Rey atrevido, y ciego! Cómo os lo dirá esta carta. Si no la abrasa mi fuego. Ay de mí! . . Doña Leo- cuando en alguna porfía (nor, se encuentran honor y amor, a lo primero, hija mía, se debe el lugar mejor. Y así aunque en amor desecho quede en ti el honor escrito en lo interior de tu pecho. Soy enfermo, que no admito lo que me ha de hacer provecho, deja de aumentar mis penas. Habré de seguir mi suerte, en quien sin alma me dejas. dóndevas? . . a merecerte. Qué me matas! que me dejas: cómo quedaré sin ti? Con tu padre, y mi traslado, ordinariamente aquí: yo triste, yo desdichado soy el que parto sin mí. Serena, esas luces bellas, no me anegues en el mar del llanto, que sale de ellas, sino le dejas pasar volveré contento a bellas. Y advierte que mis intentos dan de mi terneza indicios, pues me llevan pensamientos de que tenga en mis servicios Albaro merecimientos de mi hijo, el interes me aparta de este lugar con la terneza que ves. Si así me queires dejar, morir me verás después. Pues todo el ser he perdido, después que al dolor estoy tan postrado, y tan rendido: no hablo como quien soy, aunque advierto lo que he sido. Señor, del Rey temeroso me parto, aunque confiado de ver que mi dueño hermoso queda con un padre honrado, si pierde un honrado esposo, con todo, mi corazón me pronóstica mis males. Dejad recelo, y pasión, los corazones leales ciertos adivinos son, que dolor terrible, y fuerte! Todo me resuelvo en llanto, Páez. . Señor. . oye, advierte a mi Albaro entretanto, que voy a probar mi suerte, te encomiendo, aquí guardados mi hijo, y mi esposa amada, de mis mejores criados sean en esta jornada servidos, y regalados. Es muy justo, y no habrá quien no lo tenga por trofeo. Haz que ocupados estén en lograr este deseo hasta las plantas también. Servirte en todo imagino, conforme obligado estoy. Alpunto vuelvo. Adivino, que te partes? . . Antes voy a ponerme de camino. Don Lorenzo, don vas? oye, espera, por mi vida. Aguarda, y luego estarás consolada, aunque afligida. , cómo? . . ahora lo sabrás, Ya se fue, y para partir tu caballo le ha servido. Partirse sin despedir, acto de prudencia ha sido, por no matar, y morir. Es grande su discreción. Entra a dar de merendar a Don Alvaro. . Razón es procurarle alegrar, y más en esta ocasión: vamos. , . Que melancolía, Doña Leonor te entristece? parece que el claro día te tiene triste, y parece que huyes del alegría. Vengo a darte por despojos consuelos, y en mi semblante no consuelas tus enojos. Etes por ventura amante, que me hablas con los ojos? No soy amante, Leonor, que apasionado despido por los ojos el veneno, como hace el basilisco. Tu padre soy, que de glorias vengo tan próspero, y rico, que con las lenguas del alma las alabo, y las público. Bien sabes, que el gran Fernando, Rey de Portugal invicto, tuvo tus ojos por gloria, tu gusto por paraiso. Cásote con Don Lorenzo, forzando el libre albedrío de su gusto poderoso pasan los anos de cinco. Pero después que miró que tu indiscreto marido te quitó de su presencia, dando de celos indicio. Y te trujo a aquesta quinta, adonde en sus edificios entra el Sol a verte apenas, de que te escondes corrido. Con la privación del verte renovose el apetito, y para poder gozarte busco diversos caminos. Fue el mejor probar, que sois los dos parientes propinquos, tú, y Don Lorenzo tu esposo, de tanta ventura indigno. Y con secreto, y prudencia presento de ello testigos ante el Consistorio Sacro del gran Vicario de Cristo. El cual por sentencia justa el casamiento deshizo, porque no fue dispensado, como ordenan los Concilios. Tu quedas ahora libre, y el Rey que queda cautivo, para tener libertad quiere casarse contigo. Y como está receloso de tus honestos desvíos, que siempre le has despreciado, y más ya que tienes hijos. A enviado a Don Lorenzo de Montemor, al castillo que quiere sin alborotos, que yo te lleve conmigo. Para lo cual de secreto cien soldados excogidos vienen conmigo, y están hasta su tiempo escondidos. Por eso hija, señora, Reina, que solo he venido a ser el primero en darte un renombre tan altivo. Corona tus dignas sienes, sublima hasta el cielo impíreo de Tellez, y de Meneses los famosos apellidos. Gusta de dar gusto a un Rey, tenle agradable, y propicio, levanta tus descendientes, derriba tus enemigos. Haz que tu nombre famoso de la memoria en los libros con letras de etenridad, quede para siempre escrito. Qué dices? no iré, que nada puede a mi causarme miedo, y siendo noble, y honrada, como padre, como puedo casarme siendo casada. No eres casada? Quién vio extremo más espantoso! Desde el punto que se dio la sentencia, no es tu esposo Don Lorenzo? D Le. cómo? no. Y así estamos obligados tus deudos adaros muerte, si a título de casados vivís juntos. . . Triste suerte me prometen mis cuidados. En eso dices verdad. Qué remedio puede haber? Muy grande. Cuál es? . . Hacer de la fuerza voluntad. Él está determinado forzarte con su poder, sino alivias su cuidado, serás la primer mujer, que a ser Reina le han forzado. Y mi hijo? . . Padre tiene. que atenderá a su provecho: vamos, que la gente viene a llevarte. . . y llanto el pecho para los ojos previene. Ya la carroza te aguarda. Vamos, que su Majestad sentirá que el bien se tarda. Mi forzada voluntad me detiene, y me acobarda: muriendo iré, pues así el Rey llevarme mandó. Yo soy la garza; ay de mí! que mi Don Lorenzo vio en las garras del neblí. Déjame. . Señor, perdona. Bien dices: mas como no consideras, que no puede ser posible, que yo deje este deseo que me mata, y que me oprime? No ves que siento abrasarme? no ves que puedo morirme, y mi divina Leonor siempre en mis entrañas vive; loco me tiene su ausencia. Tú mismo no se la diste a Don Lorenzo? . Ay de mí! era mi privanza, oile, lastimome, y mi cuidado, que con mi pena compite, quiso olvidar su deseo para poder preferirme a otros Reyes. Ay Antonio! verdades quiero decirte, y cuando aquella promesa, o aquel dispárate hice, cuando con tan poco acuerdo aquellas palabras dije estaba ausente la causa de esta pena, y persuadime, que pudiera consolarme, pues que pude resistirme. Basta, señor, bueno está, sin causa te desesperas; pues que ya tu gloria esperas. Y aún pienso que viene ya. Ya viene. . No ves a Flora, que todo el mundo enriquece, y que el día nos parece mas alegre que el Aurora? No ves como el Sol envía rayos tan puros, y bellos, que tiene cualquiera de ellos átomos de argentería? No ves como el aire agravia la hermosura de las flores, hurtándole las colores, que envidia siempre el Arabla. Todo es decir llanamente, que viene Doña Leonor a ser mi esposa. . Y Señor, tu Majestad le confía la opinión, la honra, y ser, y le quita la mujer? No es su mujer, si no mía. Cómo? . Porque está casado sin tener dispensación. Y tú por esa ocasión la mujer le has confiscado. no es por eso. . Pues por qué? Porque amándome ha ofendido el verle tan atrevido que amante celoso fue, y así dos fuerzas alcanza la venganza en quien me empleo, la una la del deseo, y la otra la esperanza. Mi hija, invicto señor, a tus pies está rendida: dale la mano. . Y mi vida, mi señora, mi Leonor: levántate, no le des tallugar a tal belleza: mira, que está mi cabeza, envidiosa de mis pies; no estés tan lejos de mí. Haz hija lo que te dice su Majestad. . Infelice es el día en que nací! No me admiro, ni me espanto de que el gozo, y alegría, que tengo en el alma mía, te dé a ti tristeza, y llanto. Pero admirarme podría ver que mi grandeza infamas, cuando infelice te llamas siendo Reina, por ser mía. Y así, pues has estimado en tan poco lo que soy, la corona que te doy, y el corazón que te he dado. La vida podrá quitarme este pesar, si el placer de tenerte en mi poder, no se anticipa a matarme. Pues tu Majestad lo manda, por tu esclava me confiesto. De alegría pierdo el seso. Ya parece que se ablanda. Si las causas infinitas de que nacen mis enojos, están, Señor, en mis ojos con mis lágrimas escritas. No te ofendas, pues no ignoro el grande honor que me das, pues si lo adviertes verás, que destruyo, pierdo, y lloro. Un esposo que por mí obligada me dejó, y un hijo a quien dejé yo, basta decir, que sin mí. Y así como esposa, y madre en fidelidad, y amor tengo el alma, y el honor repartido entre hijo, y padre. Entre los dos repartí el corazón que pretendes. No digas más, que me ofendes con celos, calla: ay de mí! Mas porque veas, señora, que de haberte yo adorado, la calidad de tu estado se ennoblece, y se mejora. Advierte, que si has perdido un esposo que obedece, en cambio de ese te ofrece otro esposo obederido. Si por el hijo que adoras, tan triste, y llorosa estás, el que luego me darás, será dueño del que lloras. Si perdiste una riqueza, que aunque grande es ordinaria te ofrece la suerte varia, la majestad, la grandeza Del Reino el mayor tesoro, que cría de Oriente el Sol para el término Español, que es la roja piel del oro. Serás del mundo adorada, como Reina esclarecida, de mi gente obedecida, y de la ajena estimada. Por el valor que hay en ti, cuantos en mi Reino están, como a mí te estimaran, y yo mi bien más que a mí. Basta, señor, no prosigas en tratarme de ese modo, porque me afrentas en todo, aunque con todo me obligas. Es posible que ya pones en tu gusto mi opinión? Puede mucho la razón dicha con buenas razones. Pedidme todos albricias por tan venturosa suerte. De albribias nos das el verte con la gloria que codicias. Con ella tu Majestad viva mil siglos contento. Vamos, que mi casamiento ha de ser con brevedad; Pero con mayor secreto, para que esté más seguro. Yo lo prometo, y lo juro. Yo lo juro, y lo prometo. Ven alegre. . . Ya me fundo solo en servirte, señor. Sea mía mi Leonor, y luego pierdase el mundo. Qué hacéis mi ayo? Buscarte algún entretenimiento con que poder alegrarte. Con poco gusto me siento. Pues mucho quisiera darte; gustas que algunos pastores pareciendo cualquier de ellos la primavera en colores, y enredando en los cabellos varias guirnarlas de flores vengan a darte contento. Para mí será excusado. Que tan cuerdo sentimiento quepa en un niño, he llorado lo que dice en lo que siento. Pues me tenéis tanto amor, decidme por vuestra vida, qué es de mi madre? . Señor, ese pensamiento olvida. Si puedo diréis mejor. Mi señora, es cosa cierta, que alguna gloria recibe, pues a dejarla no acierta. Y vive? . Cómo tú vive. Eso es decir que está muerta. No es razón atormentar de esa suerte tu memoria. Hay mi madre! . antes pensar que al cielo dé alguna gloria la quiso Dios levantar. Albricias de que ha venido mi señor, ya viene ahora por ese Prado florido. Salmero. . Albricias pido; adónde está mi señora, Ángel mío? . Salmeron. Sosiégate, y si codicias no errar en esta ocasión, pide lágrimas, no albricias. Y las causas, cuales son? qué tenéis? . Hh sucedido un gran mal. Bueno he quedado, si allá lo hubiera sabido, ni llegara tan cansado, ni viniera tan corrido! no me diréis; pero aquí Don Lorenzo mi señor viene ya. . Triste de mí! acabárale el dolor. Es mi padre? . Señor sí. Como a mi centro volvía llegué presto; mas que ha sido el no ser como solía en mi casa recibido con aplauso, y alegría: hijo? . Señor. . . De que estáis turbados? no respondéis? con el dudar me ofendéis, con el llorar me matáis. Doña Leonor, dónde está? que desdichas, o qué lazos la detienen? como ya abierto el pecho, y los brazos no me espera? qué será? Dónde está mi esposa amada? esta enferma? . Señor, no. Es muerta? . No. Suerte airada! con su padre no quedó? fuese con él . No se nada. Buscarela. . Dónde vas? A ver mi esposa querida. Espera, que no podrás, Podrá quitarme la vida esa nueva que me das; Páez qué es esto? . Qué diré? Salmeron. . yo no sé cosa. Amigos. Calla. Si haré. (posa, Que es de tu madre, y mi es- hijo? . Padre, no lo sé. Canalla vil, gente loca en mi daño conjurada, mal hago lo que me toca, pues no os saco con la espada las palabras de la boca. Ya que veis que mi cuidado a términos me ha traído, que muero desesperado: referidme lo que ha sido; contadme lo que ha pasado. No os mueva mi desconsuelo, aunque veis que peno, y rabio de congoja vuelto en hielo. que callar tanto un agravio, sino es engaño, es recelo. Si de mi honra perdí la estimación, y el quilate debido, matadme aquí, sino queréis que yo os mate con tan loco frenesí. Y las gargantas feroces atadas a mi despecho despidan profundas voces, que con mi abrasado pecho rompan los aires veloces. Pero pues tan cerca están de deshaceros, también los filos las cortarán, para que sangre me den, pues palabras no me dan. Pero que estoy preguntando, pues lo que dicen entiendo; mi temor adivinando, mis delventuras creyedo, y vuestras lenguas callando. Vamos hijo, y pues te alcanza esta desdicha también, lograre nuestra esperanza si veo el agravio en quien puede caber la venganza. Y si no, aunque loco sabio, y leal, aunque ofendido el mundo: ay Dios! peno, y rabio, verá que justicia pido, de quien me hizo este agravio. El verde florido Abril, coronado de alegría, en cuya beldad se cría la primavera gentil. Y la soberana frente del monte más levantado; que al Sol mira coronado su luz tan resplandeciente. Me dan entre tantos bienes con regocijo, y contento de mi alegre casamiento los dichosos parabienes. Y esta gloria que pública la fineza de mi amor, a ti querida Leonor, se consagra, y se dedica. Que pues yo por justa ley a ser Rey, señora, vengo, por más que Reina te tengo, pues eres Reina del Rey. Rey, y señor, aunque estimo la gran merced que me has hecho, solo la guardo en mi pecho, y en mi corazón la imprimo; Porque quererla decir, sería agravio notable. Tu discreción admirable, que bien lo sabe fingir! Goce vuestra Majestad mil años de aqueste estado. Alzad. . Atus pies postrado te ofrezco mi voluntad. Demás de Conde de Zea sois Alcalde de Lisboa. Siempre la fama en tu lea felicemente se emplea. Los pies te beso en memoria del honor que recibí, y también me doy a mí el parabién de tu gloria. Para evidente señal de mi fefirme, y constante. Alcad, alzad, Almirante os hago de Portugal, Don Alonso. . . A esa lealtad se debe agradecimiento. Mil años de este contento goce vuestra Majestad. Señora. . Por darte ahora con más gusto el parabién, la mano beso también a mi hermana, y mi señora. Con eso obligada estoy a valeros, y estimaros. No tengo hermana que daros, si mi corazón no os doy, Porque vuestra calidad excede a cualquier favor. En todo me honra señor siempre vuestra Majestad. Los vasallos que has llamado están fuera, muchos son. Entren, sigan mi opinión, y esforzarán mi cuidado. Adviértote que han venido con ellos armas, y gente. Luego será conveniente ser más cuerdo que atrevido. Quién vio extremo semejante! qué es esto? . Válgame el cielo! Muchas desdichas recelo; es posible. . Alzad, Infante, alzad, alzad, y pues vengo a verme como me veis, en lo que he hecho sabréis las intenciones que tengo. Señor. . Señor. . Esperad que allí don Lorenzo viene. Perdida el alma me tiene. Gran desdicha! Gran maldad! Guiadme cielos amigos! como sin alma he quedado. Qué es esto? si se han juntado a ser de mi mal testigos, Vencedor, aunque vencido de las desdichas que tengo, a pedir justicia vengo de un traidor no conocido. Porque llegando a mi casa, donde mi mujer quedó: dónde? Ay cielo! triste yo? el corazón se me abrasa. No es esta Doña Leonor? no es la esposa más querida? no es la que siendo mi vida ha descompuesto mi honor? No es la que un tiempo adoré, dándole mi amor la palma? la que fue dueño del alma, y gloria del alma fue? Tú al lado del Rey sentada? tu adornas de oro tus sienes? tú eres mi esposa? tú tienes tanta nobleza heredada? Como en olvido pusiste este niño, en quien se ve que es tuyo, y yo le engendré, que es mío, y tú le pariste? Tú no ves que es liviandad? mal crédito te asegura, pues si es fuerza, fue locura, y traición si es voluntad. Paso, tenla más respeto, que pues la ves a mi lado, ya de Portugal es Reina. Cómo Reina, cielo santo! Porque el grado prehibido en que estáis, no os dispensaron, y de vuestro casamiento la nulidad he probado: y pues que tan justamente es mi esposa, mis vasallos todos, aunque tú el primero llegad a besar su mano. Respondan todos por mí, que en la fuerza de mi agravio: como diré lo que siento, si estoy muerto en lo que paso? Señor, si tu Majestad lo mira con ojos claros, verá nacer de este ejemplo inconvenientes extraños. Y sentirá Portugal muy conocidos agravios si esto sucede. . Y el mundo quedará escandalizado. Señor, pues en esto ahora hay pareceres tan varios, y yo vine a tu poder con el corazón forzado. y en los limitados días, que aquí asisto en tu palacio mi honestidad conserve con tan público recato. Y pues que tan tiernamente hasta el alma me llegaron de mi esposo, y de mi hijo obligaciones, y llantos. Deja que a mi casa vuelva, deja que vuelva a los brazós de mi esposo, y a los míos, mi hijo vida de entrambos; mira que por ellos muero. De envidia, y celos me abraso: mas va en la vida de un Rey, porque es el alma de tantos. Toma la mano de esposo, que esto esperan mis vasallos, para besarte la tuya; en qué dudas? . . Ya lo hago, pues tú lo mandas, señor. Piedad, piedad, cielos santo! Besad la mano a la Reina. Por este camino alcanzo mi hermosa Duña María. a tu servicio me allano. Yo Conde no lo consiento, pues con acuerdo más sabio lo verá mi hermano el Rey en su Consejo de Estado. Hasta estar más prevenido importarame engañarlos, para entonces lo remito. Rey poderoso, Rey sabio, cuando de servirte vengo, cuando vencedor levanto para apoyo a tu corona, cabezas de tus contrarios, me afrentas? señor, señor. Obedecedme callando, pues sabéis, que allá van leyes, do quieren Reyes, miradlo mejor, y tened paciencia. . Quién vio mayores agravios? esposa, vuelve por mí, esfuerza mi amor pasado. Madre, no deje a mi padre, y a mi mariendo y llorando. Ya no soy esposa tuya, ni tu madre. . . Cielo santo! Soy ya, ni aúnyo misma soy, ya aquellos tiempos pasaron, Reina soy de Portugal, que la mudanza de estado me ha mudado todo el ser. . Por Dios que me ha lastimado. Es cruel, yo la conozco. Pasarela el pecho ingrato, y acabaremos con todo. Don Lorenzo, reportaos, Mas acuerdo es menester. Moriré si no la mato. Padre. . . Hay hijo de mi vida, quien pudiera sin tu daño a esta enigma; a esta fiera irle arrojando a pedazos la parte que tiene en ti! Al Pontífice Romano, pues tienei tanta justicia se la pedid. . Y avimaos; porque todos os valdremos con vida, hacienda, y estado. Harelo; pero qué importa; que importa si asegurado dice un Rey, allá van leyes, donde quieren Reyes. . vamos; pues ay Dios, habrá justicia, si en Portugal hay honrados. . Padre, no me deje. . . Ven en mi alma, y en mis brazos. no llore mi padre. . Lo, hay hijo, tu madre nos ha dejado, por su causa padecemos, y por su culpa quedamos en el teatro del mundo, yo infelice, y tu bastardo!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Prenda cara, si mi voluntad siguiera, y en la del Rey no mirara, no tan solo no os hubera, mas con el alma os buscara. Pero tan grandes recelos, entre dudar, y temer tiene el Rey, que con desvelos, no solo de su mujer, pero de mí tiene celos. Tanto, que ser no ha podido de mí en público mi nieto amparado, y socorrido: no embargante, que en secreto, como tú sabes, lo ha sido: más Páez, porque aquí viene a darme este cuidado? En tu valor confiado lo diré. . . Fiadde mí. Porque su padre ha llegado de Roma, y está en mi casa. Don Lorenzo? z. ilastimado de lo que en su ausencia pasa viene tan determinado, que a la Reina quiere hablar. A mucho se atreve, y cuando? Ahora en este lugar. Mucho lo dudo, él ha hecho una gran temeridad: ya sale la Reina, a un lado Ido, os desviad, prenda mía, Dios os guarde. . Abuelo ama déjame. Doña María, es ya vuestra en mi cuidado, de mi palabra fiad. Seguro estoy, y contento, pues que ya su Santidad apoya mi pensamiento, y anima mi voluntad. . madre, Señor, con el gozo de mirarla se arrojó; así lo que os dije yo hacéis? . Con el alborozo de verla se me olvidó. No es la que os ha parecido vuestra madre, Albaro, pues en Reina se ha convertido. Bien dices que no lo es, pero bien sé que lo ha sido. Cómo así? Este es mi hijo, temblando temo al Rey; que quiere ahora este niño, que llorando viene? sabedlo. . Señora, a no decirlo callando, por él hablara un papel que trae. . . A poder hablar, yo mismo hablara por él. La mano quiero besar a su Alteza. . Ya es cruel, pues tierna no se declara. Madre, madre. Qué te incita? deja, suelta, cosa rara! De por fuerza me la quita, que yo no se la dejara. Con el pecho enternecido disimulando reviento: mirad que causa ha tenido el libiano pensamiento de ese rapaz atrevido. Lee el Secret. - , , h Si es tal su necesidad, como aquí significó, veralo su Majestad, y haré lo que debo yo. Notable severidad! Apartadle: desvío lo que en el alma deseo. Qué rigor! qué desvarío! Puez. . Señor. Ahora creo, que no es mi madre. Ángel mío. El Infante viene. Ay cielos! así pierden la esperanza mis cuidados, y recelos. Oh la vida, o la privanza le quitaré al de bárcelos: deme Vuestra Majestad la mano, que a sus pies pido humildemente. . . Tomad: seáis Infante bienvenido: dadme los brazos, llegad. Mucho me levantáis. . Hoy podre yo decir, y es llano, que del todo Reina soy, pues vos me besáis la mano. Su sombra adorando estoy. Ya sé que sinalas vuelo, y hede caer al volar. . . qué pesar! este Don Lorenzo es: ay cielo! mas ya está en mi corazón el oro de la corona. Notables sucesos son. Él ha puesto su persona en peligrosa ocasión. Qué haré? Ay Cielo soberano, cuan vanamente besé otras veces esta mano! No le mira, aunque le ve, que es su rigor inhumano. Suceso tan peregrino no se habrá visto jamás! Qué turbado le imagino! Moriré si no me das tu favor, cielo divino! Un hombre fui desdichado, para ejemplo de los hombres, y padre soy de aquel niño, cuya sangre te da voces por él, que es el alma mía. Escapé de sus rigores, y al gran sucesor de Pedro besé el pie, infórmele, oyome piadoso, dando a mis quejas consuelos, y admiraciones; porque admirado, y confuso de verlas informaciones con que nuestro casamiento deshizo; quien pudo entonces. Y lo que hay de inconvenientes en ponerlos objecciones. a tan honrados testigos, y por lo menos tan nobles, y lo que ofrece imposibles, que impiden las ocasiones, en ir apurando leyes, con quien las quita, y las pone. Quise ponerme a tus pies, y previne mis temores con enviar a tus ojos, para mi otro tiempo Soles, Aquel Ángel, aquel niño, donde tengo el alma, y donde está tu sangre, y la mía mezclada, aunque no conforme para suplicar ahora, que con menos ambiciones a la razón te reduzgas, a la verdad te aficiones; pues con decir como ha sido, que con armas, y rigores te sacó el Rey de tu casa, y uea su lado te pone, con rigor, y con violencia añulas, y descompones tu segundo casamiento, y suplirannos entonces, si es que faltan al primero bastantes dispensaciones. Y advierte que no ha de ser para que a mis brazos rornes; porque habiendo sido ajenos los que mis entrañas rompen, ahora fueran agravios los que antes eran favores. Mas podremos escoger entre tantas Religiones sendos Conventos los dos, tomando estados mejores, y dando ejemplos al mundo, y aún al Rey satisfacciones; porque viendo la razón, podrían tantas razones mover su Cristiano pecho, dando lugar a que torne mi mayorazgo, y tu hacienda, a quien mil años la goce. Si a aqueste valor te aplicas, si a esta hazaña te dispones, harás inmortal tu fama, y contra el tiempo en las torres de su alcázar soberano entre mármoles, y bronces, verán tu retrato al vivo las memorias de los hombres. Y quedaremos, señora, yo contento, tú con nombre, si no de casta, de cuerda, de valerosa, de dócil, y tu hijo no bastardo, pues en él feran blasones las que ahora son afrentas, que muerto a tus pies me ponen. Ay Dios, si con tierno labio le respondo en la opinión . del Rey lo que es compasión ha de tener por agravio! Y así con disimular le desobligo, y me venzo: bien parece Don Lorenzo, . que ignoras lo que es reinar; Pues así tan fácilmente te parece que es posible dejar el peso apacible del oro que está en la frente? Pues advierte, que ha podido tanto el verme como estoy, que mirando lo que soy, pongo en duda lo que he sido. Demás, que al Rey mi señor, como a causa de este efecto le guardo tanto respeto, y le tengo tanto amor, Que deseo que se arguya de mi pasión amorosa, que aunque no fuera su esposa, no déjara de ser suya. Y tanto su ofensa siento, que con cólera más breve, que tu lástima me mueve, me ofende tu atrevimiento. Vete, y salte con presteza de Portugal desterrado, y agradéceme el cuidado de mirar por tu cabeza. Vete, vete advierte, y mira, que yo sola siendo tal, soy Reina de Portugal, que lo demás es mentira. qué espero? ah cruel perdida! al rigorde tu clemencia, la esperanza; y la paciencia, piérdale también la vida. Ah traidor! Muera al momento. . dejadle. Llegad, prendedle. Ah traidora! sabré morir, y matar. Qué es esto? . . tuve la vida puesta al rigor de una mano. Qué es esto, traidor vidano, rendid la espada atrevida? En que a tus pies la remito me verás el corazón. Ponedle en una prisión, que iguale con el delito. Del todo soy desdichado, no porque mi muerte siento; pero por morir contento, quisiera morir honrado. Vamos, ay Dios, triste calma! de mi desdicha nacida, y costárame la vida lo que quise como al alma. Acompaña a vuestro padre, Albaro, que yo no puedo. vamos, Páez, que tengo miedo de que me mate mi madre. A delito tan furioso un castigo pienso dar, que sea tan ejemplar cuanto breve, y riguroso. Entre confusiones muero. Yo triste la muerta soy. Así el alma me consiente, como firme enamorado probar si el amor pasado es más firme que el presente. . A solas quisiera hablarte. Pues ya puedes comenzar. Es muy público el lugar, mejor será en otra parte. Ya te voy siguiendo, guía por donde te está mejor. Quién tuviere más valor llevara a doña María. La voluntad del Rey en esto sigo, perdonadme, señor. Mayores males siento muriendo yo, y callando digo. El valor de los hombres principales se muestra en las desdichas. Ay amigo! Quisiera ahora un pecho de diamante Luego no habrá piedad? No es tan piadosa su madre, ni es el Rey tan poco amante, que viendo claro para ser su esposa impedimento en mí tan importane no me quite en pudiendo con preste dividir de mis hombros la cabeza. De aquí saldré a morir, no es buento darle a mi vida inútilesengaños: (seio hijo, vuelve a mirar como en espeo en mis pasados, y presentes daños ejemplos tales, y pues no te dejo más bienes, dejárete desengaños, que aunque no son tenidos por tan buenos lo que es más en el mundo, valemenos Y sin dejar las cosas de la tierra por las del cielo, con ejemplo mío, tu ignorante elección la senda yerra tan opuesta al humano desvarío, como buen caballero en paz, y guenr sirve a los Reyes con lealtad, y brío; pero jamás pretenda tu esperanza con ellos competencia, ni privanza Porque si pide impulsos el deseo del pecho apetecido, y amoroso, que Rey se ha visto que parezca feo o cual dejó de ser tan poderoso, que no alcanzando el pretendido emple quedase enamorado, y querelloso? queay imposible, cuando al Rei le pla que injuria, afrenta, cuando un Rey la Pues que cuando entreleyes, y lerrados! hay pleitos contra el Rey, introducido los testigos de puro apasionados, vienen a ser sin culpa fementidos, hasta los libros con pasión mirado mudan, si no las letras los sentidos y así como el arado tras los bueyes, allá van leyes, donde quieren Reyo Y el consejo más sabio, y más piadoso es Albaro, que huyas prevenido de este estado cruel, por riguroso, confusión en el alma del sentido: no te cases por Dios, serás dichoso si el daño evitas, por quien no lo ho pues hijo, por lo menos el casado fía de ajeno ser, el ser honrado. Y el que a fiar de una mujer se atreve su honor, o no le tiene, o tiene poco, pues pesa el plomo con el corcho leve dispuesto al mal por quien mi afrenta teo la sal pone en el agua, al Sol la nieve, el pecho da a un león, la espada a un loco a un cobarde atrevidos pensamientos, tablas al mar, y plumas a los vientos. Es la mujer hermosa una vintura. dulce veneno al alma por los ojos, consiste no en valor, sino en ventura, de sus gustos los fáciles antojos, pues para ver si borra su hermosura, mares de engaños, piélagos de enojos a mí me mira, y viendo la belleza de tu madre, escarmienta en mi cabeza Y con mi vendición, y la del cielo de mí te aparta, ve. . Seré dichoso si aquí me quedo, padre. Ese consuelo fuera cruel, con capa de piadoso, pues haría el mirarte con recelo de perderte el dolor tan riguroso, que dejase turbados mis sentidos, en lo más importante más dormidos. Llevadle, y dejará de ver mi muerte. un nudo se le ha puesto en la garganta y no pudo, aunque quiso responderte, señor, Dios te consuele. En pena tanta quisiera consolarte con valerte. e Yo os lo agradezco amigos, n me espanta del morir la aspereza, y el tormento, solo la causa de mi muerte siento. Ay cielo, ay cielo, y quien pensara, y quien, y quien creyera, que aquel amor faltara, y aquella voluntad origen fuera de tan fieros engaños O meta. el ultina tu p tras un amor asido a tantos años? Llos, No tienen tanto peso los dos Po- omo en el alma siento. ̱ . Estos agravios solos Itaban: ay Dios! y este tormento no ha de ser, que tal permitas? con Alonso, tú, tú me visitas? Cuando pudiera ser en favor tuyo viniera te prometo, mas con recado suyo el Rey me envía a diferente efecto. No será Con Alonso, yo lo fío, pues tu letra es en provecho mío, que otra vez me trujiste: ay desdichado! por mi ventura poca, del Rey en un recado, un yerro tan dorado de tu boca, cuanto después para matarme ha sido, penetrante afrentoso, y conocido, mi honor te confíe, que bien por cierto me acudiste, y me honraste, y que bien el concierto con la se que me diste me guardaste, cuando a tu hija no dudoso en vano, por gusto tuyo le entregué la mano. Vienes para que vea lastimado en ti una fe rompida, o tan acreditado conmigo estás, que al fenecer la vida, quieres que en tu cuidado, y en tu palma, cómo puse la honra, ponga el alma? e A Don Alonso. Escucha Don Lorenzo, que aunque de mí te quejas; me corro, y avergüenzo, pues sabe Dios, que mjustas son tus quejas, que del honor, que el Rey te quita ahora, no tengo culpayo, y el alma llora. Yo Don Lorenzo, como tu ofendido quité las ocasiones, pero el Rey más rendido, l.V con poder, cen promesas, con lazones, su amor, su voluntad me ha declarado, viéndose aviente, loco, enamorado. Suspensa el alma, y la cordura loca me habló manso, y severo, y es del Rey en la boca el metal de la voz, oro, y acero, que variamente al pecho, y la garganta obliga el oro, y el acero espanta. Declarome su intento, y vine en ello, para que a ser viniese mi hija su mujer, pues de no hacerlo pudiera ser, que en daño me ofreciese, pues pudo hacer con mano poderosa, que amante fuera suya, y no su esposa. Fuera de esto, aunque ahora me destruya de pena, que persona como yo en hija suya, no mírara triuner te una corona, que ya en mí por tu causa pesa tanto, como pública mi piadoso llanto. Pues he venido a ser el instrumento de estos rigores, sabe el cielo si lo siento de modo, que recelo que me acabe, Don Lorendo, escuchad vuestra sentencia. con los agravios mido la paciencia Lea Don Alonso. , - La Reina. Tú Don Alonso en mi poco piadoso a ejecutar llegaste eigor tan riguroso. Mandolo el Rey a mi disgusto. Baste, también de la piedad las santas leyes llevan tras si los gustos de los Reyes. Venigno cielo, al daño de esta pena tu clemencia se aplica, mi espola me condena, mi padre la sentencia me pública, solo basta saber, si al Rey le plugo, que me sirva mi hijo de verdugo. ver quiero ese papel. Voyme llorando de afrentado, y corrido. , Vaisos, vaisos callando de lástima, vergüenza habéis tenido, porque es un mí tan fuese la querella, que darla, dede a quien io si rella. Don Lorenzo de Acuña condedado por traidor, y lo firma la Reina: ay desdichado! bien conozco la letra de la firma, la Reina dice, Reina? ah infeliz hon- aunque la vi con diferente nobre (bre! La Reina dice, el alma me penetra ay cielo soberano también como lacetra conozco los rigores de la mano; que en otro tiempo blandamente mía, tan fingidas tetmezas me escribía. Señora, los ojos míos le deshacen, y humedecen de mirar siempre los tuyos tan finginamente alegres. Rey, y señor, a tu gusto está mi amor obediente, cuerdamente disimulo lo que lloro tiernamente. . Qué mal en mí se concierta más años, y menos suerte? Pues Don Alonso, habéis hecho las ejecuciones breves a qué fuisteis? . . Sí señor: mejor dijera crueles, si señor, y ya la fama voladora, y diligente por Lisboa ha publicado de Don Lorenzo la muerte. Ya el rigor de tu justicia juzgada dudosamente en las entrañas de acero hace las almas de niede. Ya el día se pone luto, ya la tierra se entristece, y ya con tener oídos de las calles las paredes, tienen bocas, tienen lenguas, para que de ti se quejen entre el confuso alboroto, que se levanta en la gen y perdona mi señor, si a tal la lengua se atreve, que en el Rey los desengaños son días que le amanecen. Basta, calla, vete, espera. . . Ah santas verdades? al oído de los Reyes, por cobardes ofensores, atrevidas pocas veces. Que estén los Reyes sujetos a estos pesares! . . Valdreme del valor, y no haré poco. Señor, Portugal se pierde, si a remediarlo no acudes. Qué ha sucedido? . Sucede. Ayudaré si es posible aque mi mal se remedie. Doña María prosigue. C Yo soy, señor aunque injustamente, pues lo que en mi voluntad solo de mi gusto pende, a sus armas lo remiten, sin ver que engañarse pueden. Suplico a tu Majestad, que como tan justo ordene, que lo que es mi casamiento a mi elección sola deje. Id decidles que suspendan las armas, y se presenten ante mí y aseguradles, que cuando no se concierten les concederé la misma libertad, que ahora tienen, buscando fuerzas mayores para hacer obedecerme. ̱. Yo voy. Reportarme quiero. Que yo sola lo quisiese! no te bastaba. . . En el gusto, qué tirano pone leyes? Corrido estoy, y ofendido. Madre, madre. . Tente, tente. Dejadme, no puedo más. Qué fuerza la sangre tiene! Madre, tan poco piadosa, pues tan afrentolaniente mata a mi padre, y su esposo, para que a mí me deguelle la traigo el cuchillo, tome, deme a mí también la muerte, que ya no le falta más. Ya esta terneza no puede disimularse a mis ojos, sino lloro morireme: quita ese niño. . . Señora, No le desvíes, tenedle en los brazos, que no es justo, que a mí también me enternece su llanto, que humano soy, y no es mucho, que revienten vuestras lágrimas mirando el retrato que os parece, tan a costa de mis celos: id por su padre, traedle a mi presencia. Ire al punto. Qué le quiere, que le quiere? hay desdichada! a mis ojos . quiere matarle, que tiene notables celos el Rey. A lo que mandaste vienen el Infante, y Conde. . . ay cielos! mis esperanzas florecen. En tu firmeza confío. De tu fuerza he de valerme. Sujeto estoy a tu mano. Y yo a tus pies obediente. Levantad, yo estoy amigos admirado extrañamente de la grave competencia, que entre vosotros sucede, lo que en breve voluntad tiene los gustos pendientes, remitirlo a las espadas mas que locura parece. Si amáis a Doña María ambos ados Igualmente, no es para ser más honesta, más fácil, más llano, y breve, que ella escoja, que ella elija a quien por esposo quiere. No seré yo el escogido, porque sé que me aborrece, y sé que al Infante adora. Pues como por tuya quieres mujer de quien sabes tal, que tú mismo te condenes espero, y que por mi gusto esas pretensiones dejes, esperando en cambio de ellas mis favores, y mercedes. Esa razón, y en tu boca, es tan justa, y es tan fuerte? que alumbra mi ceguedad, y mis apetitos vence. Y yo de mi obligación salgo, pues que tú lo quieres. Yo de ser esclavo tuyo, no saldré perpetuamente. ̱ . Quérrate el Rey perdonar. Antes sospecho que quiere con lo que a mis ojos pone matarme infinitas veces. Levanta, y para que el mundo conozca, que mis poderes, cuando estoy más enojado se limitan, y suspenden. A Don Albaro tu hijo, quiero, y mando expresamente, por aliviar tus congojas, que legitimado quede. Y a ti te otorgo la vida, con que mayor bien no esperes, y saliendo desterrado de Portugal, y darete por cárcel toda Castilla, y mis dos hermanos dense las manos. . . Yo se la doy, Solo mi amor lo merece. Beso tus Reales pies, pues vi la cara a la muerte, que en los mayores trabajos es la vida amable siempre. Desterrado iré a Castilla, que pues sé que allá van ieyes do quieren Reyes, tras ellas me iré, porque de esta suerte, donde la Comedia acaba, mis desengaños comiencen.