Texto digital de La alameda de Sevilla y recato en el amor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Cristóbal de Monroy y Silva
- Atribución estilometría
- Cristóbal de Monroy y Silva Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La alameda de Sevilla y recato en el amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/alameda-de-sevilla-y-recato-en-el-amor-la.

LA ALAMEDA DE SEVILLA Y RECATO EN EL AMOR
JORNADA PRIMERA
Qué os ha parecido, primo? Frometo, que es el Alcázar, Fernando, una maravilla primera, mas que no octava, Solo por haberla visto, diera por bien empleada mi venida de la Corte a Sevilla. . Que de salas, fuentes, jardines, y flores, balcones, media uranja, y de murta, y arrailían Gigantes, negros, Tarascas! Que estanco, donde de Ovidio las fábulas retratadas están! y qué de artificios para refresco de Damas, tuya humanidad visitan las aguas desvergonzadas álgame Dios, qué grandeza tan admirable. . . Mariaa veréis la iglella mayor, cuya fábrica gallarda no tiene igual, y ella noche, primo Don Juan, si os agrada, tremos a la Alameda, sino donde perdí el alma. Tenéis cuidado amoroso? Adoro la más bizarra mujer, que ha visto Sevilla, y tan bella, como ingrata. Dos anos ha que idolatro su hermosura soberana, sin alcanzar un favor. Mientras llegamos a casa, referidme vueltras penas, que gustaré de escucharlas, por el alivio, que siempre comunicadas alcanzan y por ver, si puedo en algo deshogar vueltas anas. Pues cíade a Alameda la discrición, y de un alma el vencimiento mayor, que ha conocido la fana. Yace cercana del muro más vecino de la plata laquida del claro Betís, que ameno bana sus plantas, con desperdicios de aljofar la Alameda, verde escuadra de mil álamos frondosos, que con airosa batalla pone entredicho al Agosto, defendiendo ardientes llamas del más luciente Planeta palpitantes el meraldas. En dos calles dividida, los árboles por ties baudas, y con tres fuentes de mármol, que con ruidosa pujanza rayos de cristal vomitan, regando la dilatada copia da árboles, que fueron bellas de Faeton hermanas. Hércules, y Julio César en dos columnas tan altas dan principio a su frescura, que dudo, que haya en España dos semejantes, tan gruesas, tan lisas, y tan gallardas. En este, pues, sitio ameno, en esta frondosa estancia, tardes de Verano, y noches, los Caballeros, y Damas hacen alarde vistoso de hermosuras, y de galas. Aquí la Aurora se esconde, aquí vive siempre el Alba, aquí gozosas llabitan Nápeas, Driadas, y Nayas. Aquí el Cesiro deleita, aquí pajarillos cantan, a cuyos sonoros quiebros beben suavidad las almas. Aquí Carrozas, y Coches, siéndolo de Auroras tantas, con dilatado paseo, con espaciosa arrogancia, torpes bajel es navegan esta selva de Tuesalia. Aquí Andaluces caballos, que al Betis pacieron malvas, con alboroto restivo rayos corren, vientos paran. Aquí, Don Juan, una noche, vertida de sombras pardas, que tuvo haltaí en la librea premisas de mi desgracia. Canto una envidia de Orfeo, canto la divina Garza, que sigo, a cuya dulzura los caballos, que tiraban de su coche, suspendían, o su orgullo, o arrogancia, siendo su voz jolve, que sonoramente para el carro del Sol, que es ella, y las corrientes que enlazan los álamos, mormurando, entre las guijas faltaban, manifestando el contento, que ocasiona esta Diana, cuando con la voz suspende, cuando con el canto encanta. El coche deje, y absorto la segur hasta su casa, que está junto a la Alameda: salió del estribo Laura, y yo perdí los estribos, viendo su belleza rara. Desde entonces más perdido, loco, sin vida, sin alma, muerto el losigo, y el gusto, vivo el cuidado, y la traza. Paseo, rondo, enamoro, esta Sirena, esta ingrata, esta Dafne, y esta Circe, sin que en dos anos el alma el menor favor la deba, pues mármol a mi constancia, pues roca a mis presunciones, rigurosa a mis palabras, endurecida a mis ruegos, incontrastable a mis ausías, sorda a suspiros, y quejas, y a lágrimas inhumana, solo mi muerte procura, tiranizándome el alma. Es posible, que a dos a de amor, corresponda ingr esa dada? . Es cola cierta, que gaian tiene, a qmien aiía Eso es impesin le cola, que desde la nocia al Alba cuidadosamente rolido sus balcones, y ventanas. Pues, señor, sin duda tiene postigo tallo esa casa, o alguna puerta trasera, por donde esa esquiva dama te ha dado con la del Martes; esto es cosa averiguada. Que es contra leyes de Ovidio ingratitud tan tirana. Si su recato no fuera notorio, no lo dudara; mas es mi dueño el espejo de la Ciudad, y de España. Si es espejo, no será speculun ime mácula. Vive Dios, que yo no tengo de creer, que aquesa dama dos anos ha relistido tu pretensión, sin más causa, que su recato. . . Pues, primo, a un hombre de partes tantas, talle, despejo, riovaza, discreción, nobleza, galas, desprecia, cuando pudiera, si en calidad os iguala, ser vuestra esposa? . Señor, si mal no me acuerdo, estaba en la Corte una mujer, muy bella, y muy recatada, que huya de los hombres, como si fueran fantasma. Pretendiola un barbilindo; mas ella tan recatada, ni admirio sus galanteos, ni se dolio de sus ansias, tanto, que no salía a Misa, por no verle: cosa extraña. Y después de algunos días, que el galán cansado estaba del desdén, tuvo noticia, que estaba la tal preñada: quiera Dios, que no lea así esa nfa. . . Tonto, calla. Vamos, y después que el Sol coronado de escarlata, duerma en lecho de cristal, y argentando lo espacioso de an tumba tuirquelada, iremos a la Alamada, y veréis lí sale, y canta, que mer ce su hermosura mayores persaverancias, Amor, qué quieres de mí? nino Dios, ciego tapaa, déjame vivir en pana pues el alma te rendí. Ya te la luerinque en el talle, y bizarría de Don uan, el triste día, que por mi mal le mire. Apenas llego a vevilla, cuando apelas me entrego, y penando, ocaliono penas, quien ya le le humilla. Mas no mandes pablican mi loco cuidado, amor, que aunque augmentes tu rigor, he de morir, o callar, Ni a las aves, ni a los vientos, ni a las fuentes, ni a las flores pubiicare mis amores, comere mis sentimientos. que no hay disgusto, ni mal más pesado en mi opinión, que descubrir su palión una mujer principal. Yo quiero per callando, pues es maa valor, esitidsido, surrimiento padeciendo, que atrevirniento habiando. Hermana, Doña Muria, ahora te viene a ver, para que puedan crecer los rolicleres di oía Pues no ignosas de mi amor, Leonor hermosa, el ellado, encarece mi cuidado, y convence n rigor. En tu discración espero, que has de dar muerte a tnolvido, Yo lo haré, pues he sabido, que es su es querer, y quiero, Don Diego, made mí, que lo que mandas hate. Por ver si hablarla podré, escóndete, hermana, allí. Seáis mil veces, señora, bien venida a nuestra casa, que a serlo de Febo pasa, pues vuestro explendor la honora. Inés, avisa a mi hermana. Ellimo en mucho el favor. Siempre sois para mi amor, tan bella, como tirana. No es rigor lo que es cordura, ni el recato es tiranía. Pues como tanta porfía no vence vuestra hermosura? Porque es porfía y me enfada, ver cuan obstinado estáis, y si lo consideráis, ningún porfiado agrada. Ya es más que rigor, por Dios, pagar desdén con olvido. Don Diego, yo no he venido. a visitaros a vos. Tanta dicha. . . Para mí es gloria, Leonor, el veros. Qué con desprecios severos se correspondan así mis penas! Doña Leonor, bien podéis ir esta noche a la Alameda en el coche, pues hace tanto calor. Y vos, señora, mirad en qué os sirvo. El Cielo os guarde. Confuso voy, y cobarde: amor, sufrid, y esperad. Hola, sillas: bien ajena estaba de este favor. Amiga Doña Leonor, un desconsuelo, una pena, fiada en vuestra amistad, entendimiento, y nobleza, me ha traído tan de priesa, el no avisar perdonad. Que aunque estos atrevimientos no son dignos de perdón, a donde hay voluntad, son excusados cumplimientos. Mirad lo que me mandáis, y estad de mi ayuda cierta. Amiga, yo vengo muerta. Qué tenéis? Si me escucháis, puesto que penola lucho en un incendio de fuego, sabréis mi desasosiego. Pues decid, que ya os escucho, Tres días ha que vino un primo de Fernando, mi vecino, a Sevilla: ay, amiga. no sé como encarezca, o como d su talle, su nobleza, su discreción, su ingenio, y gentiles Mas quede encarecido conmigo, que a las flechas de Cupido, tan manifiestamente me opuse altiva, y resisti valiente, y ya ciega le adoro, celosa temo, y amorosa lloro, Este, pues, tierno dueño, sino ocasionador de mi despeño, de la Corte ha venido una herencia a cobrar, que le han traído aquestos Galeones, y a robar los más libres corazones. Su cuarto está, y el mío tan juntos: ay, amor! ay, Cielo impío que porque el mal se augmente, los divide un tabique solamente. Rabiando estoy de celos. Al fin, llena de ahogos, y desvelos un ladrillo quitado, vi que estaba su cuarto entapizado, por allí le escuchaba cuanto de noche con su primo hablaba, muchas veces atenta, con la osadía con que amor me alienta, por un resquicio breve, (ve, que no entiende de amor quien no se atre- le miré tan lucido, que de Adonis, y Apolo he presumido, que es Don Juan un traslado, jelan, discreto, airoso, y alentado, agradable, apacible, rico, cortés, compuesto, convencible, liberal, amoroso, (so, noble, humilde, severo, afable, herm y viendo la grandeza de tantas partes, brío, y gentileza, tome en el le insaron, nueves lances de amor solicitaron mi vecato, y prudencia, vencicionlo, al fin, con su violencia. Y después más curiosa, el tao? que rompí, torpe, y meda y eltando el fuera un día, entre en su cuarto, doy guía, con paso desairado, con temor animoso, y mirando, al fin, su en ella vide quien voca. do, Halle (ay, Dios. que es el dueño del no que idolatro, con aquestos papeles, para augnientar mis celos, que crueles el alma martirizan, el sosiego, y la vida tiranizan, que si bien se apercibe, no tiene vida, quien sin gusto vive. Al fin, Leonor, celosa, porque aquesta beldad mi dueño goza, triste, y alborotada, porque mis penas no le obligan nada, muero, lloro, padezco, porque a quien tanto quiero, no merezco. Siento nuevos desvelos, porque ha crecido amor con estos celos, y vengo en penas tales, porque le des remedio a tantos males. Muy apasionada estás. disimule el sufrlmiento a el rigor de mi tormento. d. . Si sabes de amor, verás, que estos extremos no son muchos; y más cuando hay celos, Por qué con tantos desvelos le das rienda a tu pasión? Amiga, el consejo es vano, porque estoy perdida ya. Bien exculada será la intercesión de mi hermano, Yo estoy en esto empeñada, y le tengo de querer. Pues cómo puede eso ser, cuándo estas desengañada? Quién repara en imposibles, nunca tiene amor, Leono, y yo tengo más que amor. Mis celos son msufribles. No mir tu calidad? Mi calidad considero; mas sabiendo que me muevo de a haque de voluntad, inconvenientes no tenío. P Puede el infierno tener tormenio, que a padecer obligue con tanto extrerno? mi dolor es intiarto: remedio te quiero dar. El remedio en tal pesas a tu elección lo remito. Ese retrato, y papeles me los has de dar a mí, porque según advertí, como de ordinario sueles verlos, tus celos augmentan, y es la mayor discreción, estorbar esa ocasión, con que penas se acrecientan. Si en eso el remedio está, toma. Mas lún de hacer, que el tabique has de poner como de antes. . . Ven acá, pues que remedio se ligue, cerrando el rabique? . Cielos, que se minoren mis celos, y mi dolor se mitigue. No ves, que en el arca abierta peca el justo, y puede ser vengas tu honor a perder, teniendo abierta la puerta. Pues como la pena mía tendrá en daño tan cruel remedio? . Con un papel, mi que entienda quien lo envía. Que si ausencia causa olvido, como publica la fama, se olvidará de su dama, viéndose favorecido de ti mas esto ha de ser, sin profanar tu recato, porque puede mucho el trato. Tu gusto he de obedecer. Corazón, estamos buenos? contra vos aconsejáis? cuando tan constante amáis? mas, al fin, del mal lo menos. che está pievenido Pues vamos a la Alameda. Lleva el arpa, porque pueda cantar, Inés, que ha nacido esta venturosa tarde con ingenio, y discreción, obsero de mi pasión. El Cielo, amiga, te guarde. Esta es, Don juin; la Aameda. Su amenidad muravilla, con su frescura revala, si con su fragrancia alivia. Alas me da la Mameda; para que volando diga, nueva fama, aunque ubada, la obstentación que pública. Pero, señores, adviertan, que vienen aquí dos Ninfas. Buen talle! Extremado brío! Los corazones cautivan, señoras, con su despejo: no se vayan tan apriesa, gocen la gloria de verlas de barato. . . Reinas mías, no sabremos la ocasión, que sus pasos solicita? 1. Vamos a buscar turrón. Y no más, por vida mía? Hay tal modo de pedir? Barahunda, trae seis libras de turión. . Qué? vive Cristo, si vale la industria mía, que no tienen de probarlo. Queréis, gala de Sevilla, hermosa afrenta del Alba, y del Sol luciente envidia, descubriros? . 2. No podré, que hay ocasión que lo impida. Traes el turrón? No señor. . . Por qué? Porque es bobería, como advertí en el camino, de tu discreción indigna, darles sin que, ni porque, a esas señoras seis libras de turrón. . . Loco, vergante, haz lo que te mando aprisa. Sin versas no he de taerlas, que puede ser que lean bizcas, con boca de más de marca, o nariz superlativa, tuerta, negra, o cegijunta. Has perdido el eeso, mira aadaré. turoso nos priva veros. de él. descubrirla: No S ale. vengo ha de ser Picardia de Mical notable Pues ya bue, Ah daco, en que si no os mira, no ha de traer el turrón. 1. Impórtate nuestra vista? Señor, un ochavo falta. Vive Dios, que me fastidian tus locuras. . Veslo aquí, que no te trato mentira. uno, dos, tres, cuatro, cinco. No lo cuentes, vuelve aprisa, y ves el dinero aquí, no habrá cosa que te impida. 1. Donaire tiene. Su oficio permite estás osadías. 2. De dónde sois? De la Corte. 2. En tan cortés hidalguía, la patria se maninerta, 1. Y vos, señor? . . De Sevilla. Traes el turión? No señor. Por qué? . Porque no lo había, Hay mayor atrevimiento? Soy yo turronero? 1. Prima, Don Alonio viene aquí. Doñosa bellaquería. 2. Adiós. Pues tan presto os vais? Dad nos licencia que os sirva uno de los dos . 1. No puedo. Guardeos Dios. Él os de vida. Siempre has de estar de humor? Y cubirse me mlicia; aien canta? Siso me engaño, premo, aquella voz divina en Daeoror, la el ulación lo diga, gracia de las tres atrenta, Musa de las nueve envidia. Qué suavidad! que dulzura. Vive Dios, que por oíría, todo lo fino se mueve, todo lo móvil se fija. Menos fue, suave voz, la que en sonante armonía, escollos hurtando al campo, muro a Tebas edifica. Y menos la que a Plutón dio por su esposa perdida suave ofienda a sus aras, que hallo piedad en sus iras. Qué os parece? Que su voz libertades tiraniza. Llegar a la fuente intentan. A esta parte te retira, porque la luz de las tiendas ver su hermosura permita. Tan dulcemente, Leonor, cantas, que te he presumido, si lisonja del sentido, desempeño del amor: pues a faltar su valor, amperiosas Majestades, según son las suavidades de tu canto, el ciego Dios, se valiera de tu voz para rendir voluntades, Qué soberana belleza? loco estoy, estoy perdido, en su rostro se ha excedido la milma naturaleza, de haberla visto me pesa: a Barahunda. . Señor. Muerto mestiene Leonor. Qué dices? estas en ti? Mal pudiera estar en mí mirnido su respiador, Primo Don Juan, qué os parece? Válgame Dios, que crintura . tan bella. Que su hermosura vueltras finezas merece. Amor por instantes crece. Disimulad, corazón, y li celos fuego son, con que entiende amor su fragua, yo bebere, porque el agua de refugio a la pasión. Leonor, ella fuente tría, celebrando tu hermosura, se suspende a tu duljura, se eleva a tu melodia, El favor, Doña María, estino. Aquí el agua elta. Bebed vos. . Acabad ya. El cristal que el vaso tiene, si a ver la corriente viene, de verla corrido ya. Cuando mira, cuando canta, siempre encanta, siempre admira, fuego con los ojos tira, tayos con la voz levanta; vencer en la guerra cuanta contra esenciones provoca amor, es grandeza poca, pues se vale en sus enojos del hechizo de sus ojos, del entanto de su boca. Nunca (ay Cielos!) he podido después que la vi, y oí, juzgar a quien más debí, a la vista, o al oído: que al uno, y otro sentido, la lo advierto, urgo yo, que la gloria le debíó con igualdad, pues, en fin si uno miró un Serafín, otro un Serannoro. Primo, lleguemos a hablarles, y mientras yo con aonor descanso, formando quejas de su extraña condición, de su ingratitud tirana, de su desprecio, y rigor, con la otra dama podréis divertiros. . . Primo como a dueño me sujeto, a todo obediente estoy. Don Fernando viene a hablarte. Leonor hermosa. . Señor. No niego el atrevimiento, pero cuando la ocasión lo permite, la disculpa merece cualquier error, y más donde hay voluntad. Ay Cielos. Mirando estoy a la causa de mi muerte: qué pena qué turbación En celos mi amor empieza, si otro en celos se acabo. Senor Don Juan? Leonor mía. Qué disgusto! Qué pasión Tanta dicha. tanta gloria! Pues cuando merecí yo, hermosa señora (ay Cielos!) tan soberano favor? Vuestra gala, y bizarría, talle, ingenio, y discreción merecen más rendimientos, que tiene rayos el Sol. Luego vos me queréis bien? No, Don Juan, que no soy yo quien os adora, aunque estimo vuestra persona, y valor. Pues quién? . Una amiga mía está perdida por vos, discreta elección ha sido. Ay Dios, si será Leonor! Es posible, hermoso dueño, que ha dos años que en mi amor son dos siglos, no merezcan, por deuda, o por compasión, una lástima, un agrado, una lisonja, un favor? Mas, Leonor, si vuestro nombre es la mitad de León, qué mucho que el nombre os dé la inclemencia, y el rigor? Yo estoy rabiando de celos, De celos muriendo estoy. Con que contento la miro. Con que la adoro atención. Tú, Ninfa, que el Sol más bella, y es corta comparación, que trecientos Soles, digo, quieres darme? . Indiscreción notable, pidiendo empieza, habiendo de pedir yo. Qué disparate. . Inés, como no pidas más que turrón, que es lo que se puede dar en la Alameda, aquí estoy más generoso, que un simple; mas escúchame por Dios. Así como un Mercader, que su riqueza fio de las olas, y de un leño, y embarcándose partió, temeroso del peligro, peligioso en la ocasión. Y apenas la Nao ligera, menos gallarda sintio los ímpetus de las aguas, los soplos del aquilón, cuando una cercana Isleta la vida favoreció del Mercader, que la mira batallar en su furor, de Neptuno apasionado: así me contemplo yo, pues cargando mi riqueza, que es el alma, corazón, vida, esperanza, albedrío en la nave de Leonor. Su peligro estoy mirando, o por decirlo mejor, el mío, pues si se anega en este golfo, perdió la vida mi voluntad, y la esperanza mi amor. Puede haber gloria que iguale la mía en esta ocasión? Ay disgusto como el mío? Hay gusto como el que yo recibo, viendo mi dueño? Quién tuvo pena mayor? Cómo despeñado arroyo, que en un monte se engendró, y nace en un alto risco, que le sirve de balcón Donde mira un prado ameno, pausa que él mismo alternó, tan pomposo de esmeraldas, que de su gala, y verdor amartelado, bajar a verse solicitó, desperdiciado, turbado, sus perlas en dos en dos. Al fin, desciende, y del prado, en dulce contemplación, admira la hermosura: de esa misma suerte yo, viendo presente la gloria, que busco con atención, despeñado en mi pesar, y alegre en esta ocasión, miro sus ojos divinos, que de la Aurora, y el Sol son afrenta rutilante, y luciente emulación. A qué venís de la Corte? Poco el venir importo. Leonor, bastan los desdenes. Basten porfías en vos. Que si amáis por obligar, es grosera pretensión, que el que solicita premios, fa es interes, y no amor; porque solo obliga amando el que por amar amó. Quién es, señora, esa dama, que así me favoreció? si fuese Leonor, que dicha No puedo decirlo. . . No? Porque me encargó, Don Juan, mucho el secreto. . . El mejor medio para averiguarlo, es, con extremo mayor, divertirme en esta danía, que sospecho me miro con cuidado, y de esta suerte, en el semblante, y la acción lo averiguaré. . Yo quiero, por ver si me tiene amor Don Juan, pues he reparado en que me mira, hacer hoy un favor a Don Fernando, a costa de mi opinión. Antes que ausente os de esee, antes que le ponga el Sol de esos ojos, dueño mío, habéis de darme, por Dios, alguna cinta, y no sea por género de favor, sino lástima. Tomad, que con esa condición me he atrevido. . . Que estoy viendo es capricho es ilusión? válgame Dios, que me abraso de celos: piedad, amor. Mucho lo siente Don Juan, bien mi industria me salió. No vivo; no estoy en mí: disimulad, corazón. Animando mi esparanza, es símbolo este listón de mis lutos, Leonor bella, cuando estoy muerto de amor. En nombre de aquesa dama, queréis hacerme un favor? que en esto vuestro recato no se ofende. . . Por qué no? tomad. . Ea; pensamiento, el vuelo abatid veloz. ap No fue sentimiento el suyo, pues mi esperanza murió. Inés, mi señor Don Juan, desde que a Leonor miró la adora. . Pues, Barahunda, dile tú, que digo yo, que no trate de cansarse, porque es más fícil del Sol alcanzar ardientes rayos, que un átamo de Leonor. Es muy noble esa señora; A su sangre da valor el apellido famoso de los Manzanos. . Por Dios que es lástima, que no admita Manzana de tal primor, bocado de algún Adán. Baste la conversación, que se ofende mi recato: E dadnos licencia a las dos. Dudosa voy. ap Yo voy muerta: Mil años os guarde Dios: yo voy penando en mis celos. Yo voy confuso en mi amor, Inés, quieres que mañana a verte vaya? . Sí, o no. Yo quiero seguirla, vamos: loco de contento estoy. Barahunda, yo estoy muerto. Estás muerto? pues adiós, Dónde vas? Por una caja, y a mandar doblar. . . La voz de mis ardientes suspiros doblan por mí. . Pues, señor, no reparaste en tu primo al verla? . . Es ciego el amor, Yo he de pretender su Cielo, solicitar su explendor, galantear su belleza, y obligar su corazón. Cómo ha de ser, si estás muerto? Deja locuras, por Dios. Y tu primo? . . Nadie amando. túvo consideración. Y tu opinión? . . Mas importa mi gusto, que mi opinión, cuando tan poco se ofende. Tu fama? . . No le perdió élito queriendo bien. La obligación? . . Ay amor. La prudencia? No hay prudencia. El riesgo? . . Amor no temió. Y Dona Juana? Está ausente. No es bella? . . Mas es Leonor. Y tus finezas? . . No importan. Estás loco? . . Loco estoy; y así, deja los consejos, y mañana, antes que el Sol borde con rayos de luz lo que la vista acepto, has de llevarle un papel, sin que entienda mi afición Don Fernando. . Y si lo sabe? Pretender con discreción, de modo que no lo entienda. Quién peligros no temió? Por eso, digo, que importa el recato en el amor. oo
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUN No me aflijas, pensamiento, tan tirano, y rigoroso, atormenta más de espacio, martiriza poco a poco. Mas puesto, que dilatado el martirio, es más penoso, en matarme de una vez tu clemencia reconozco. Vengan juntas las desdichas, vengan los pesares todos, que el valor viendo su fueras a la resistencia sordo, y a la defensa cobarde, y al peligro temeroso, se sujetará prudente, siendo rendido despojo de las desdichas que miro, de las penas que supongo, de los agravios que siento, y de los males que noto. Y muerto el valor, podré, con sentimientos notorios, aliviarme, publicando tantos secretos ahogos. Pues el pecho, albergue triste de un corazón pelaroso, que es región de mis suspiros, y de mis lágrimas golfo, tantos líquidos cristales desatará de sus ojos, cuantos se ahogan ardientes, y se anegan lastimosos. Ea, sufrid, corazón, siendo en la apariencia tronco, siendo en lo exterior escudo, monte, torre, roca, escello. Para que las penas mías, mirándoos tan valeroso, a acometer no se atrevan a vuestros muros heroicos. Al arma, valor; temed el asalto, y el destrozo, ordenad vuestro escuadrón; y si me preguntáis cómo? General sea el honor, y Capitanes famosos la estimación, y nobleza: los Soldados de socorro, crédito, opinión, y fama, contra el amor fieros monstruos. Enárbole la bandera la libertad, y en ella solo se escriba: viva el silencio, mueran pensamientos locos. Mas contemplando las prendas de Don Juan, mal me reporto; y viendo el bello retrato de quien es su dueño propio. Hermosa enemiga mía, traidora de quien adoro, querida, por qué, por qué en el suelo no te arrojo? porqué no te hago pedazos? qué aguardo? mas, Clelos, como podre, que si a ti, Don Juan, en regalados coloquios, que eras su vida te dijo, ya la ofendo si la rompo. Y a mí me ofendo también, pues es Don Juan, si lo noto, parte de mi vidas mal dije, no es sino el todo: Que en el Imperio del alma, cuando el amor es tan solo, no hay división en la vida: Don Juan es mi dueño propio, A solas diré mis quejas, al son de suspiros roncos; basta que sufra presentes tantos disgustos, y ahogos, tantas penas, tantos males. tantas iras, y malogros, tantas afrentas, y celos, tantos daños, y alborotos, donde blasona el corazón de heroico, pues puede resistir estos enojos. Leonor? . Hermano, y señor, En tu semblante conozco algún dilgusto; y viniendo ajustado, y temeroso a saber si con tu amiga fueron tus ruegos soborno, de su condición tirana tan malos indicios topo, que tu pena, y sentimiento por la respuesta me tomo. Bien, Don Diego has inferido, aunque no es tanto el malogro de tu amoroso deseo, y de tu esperanza. . . Cómo, hermana? . Doña María no está resuelta del todo, ama, adora, sirve, espera, que a penas, males, y enojos, mejor alcanzan, Don Diego, favores, premios, y abonos. Pues si ha un ano que la obligo, que su belleza enamoro, pues sus partes encarezco, y en él un favor tan solo no he recibido, qué indicios puedo tener, que en sus ojos hallen alvergue mis quejas, ni mis suspiros reposo? Las mujeres principales, que ofendiendo su decoro, tan fácilmente serinden, hacen gala del oprobio. Mas vale lo que más cuesta. Hermana, estoy tan penoso, que no sé como encarezca mi mal, el remedio propio está en tu ingenios y pues hoy le persuadiste tan poco, como en la respuesta advierto, y en la tibieza conozco. Esta noche has de ii a verla, fingiendo, que algún enojo tuviste, Leonor, conmigo, y perdona, si te pongo en peligro de ofender mi respecto, que estoy loco. Esto has de hacer, por tu vida. Ya he venido a hallar modo p para aliviar algún tanto mi sentimiento celoso, o de una vez acabar con la vidas bien conozco tu desasosiego, hermano, a obedecer me dispongo tu gustos y para que pueda ir solicitarlo del todo, como ordenas, esta noche le veré. . . A tus pies me postro, bella Leonor, y advertido la obligación reconozco. El Cielo te guarde, Adiós, . Ni sosiego, ni reposo me permiten mis cuidados, con que triste me apasiono. Mira, que advertida estés de todo. . Ya lo he entendido: qué así me haya atrevido. por vida. . Qué es esto, Inés? Un criado de Don Juan, el forastero, que vimos, señora, cuando estuvimos en la Alameda. . Ya están el alma, y el corazón con alboroto forzoso, que a quien esta receloso, cada susto es un arpón. Pues bien? . Diome este papel. Y para quién? . Para ti, porque información así pretende hacer con él de tu amor, visto el efecto dije con cólera brava, cuan en vano se cansaba. Pues quién te mete a ti en eso? Para que ha de pretender lo que no puede alcanzar? No fuera bueno hablar conmigo, sin responder? Quiéresle bien? . Atrevida, qué es eso, que has visto en mí? cómo te atreves así? Señora: yo estoy perdida. Lo que yo le respondiera, fuera tan justo a mi honor, que admirando mi rigor, su pretensión depusiera. Pues si hablarle pretendes, abajo aguardando esta. Dile, que me diste ya: p amor, mira lo que emprendes. Nada escucho. Este papel, el cual hice mil pedazos, y que a tenerle en los brazos, lo mismo hiciera con él. En tu cólera repara. Di, que su dueño esta noche, ausente del Sol el coche en solios de plata clara, venga a hablarte, y sabrá mi levera condición, con esto su pretensión advertido estorbará. Ya te obedezco: notable es su aspereza, y rigor. Qué dice? . Di a tu señor, que aquesta noche me hable. A ti? . Sí. Y a tu señora? No, yo estaré a la ventana, Direle de buena gana: y tú, Inés, a quien adora, no das una mano bella? Acaba, vete de aquí, que no he de dártela a ti, y quedarme yo sin ella. Nolatrados despojos, que mis potencias adoran, cuyo rompimiento lloran, hechos dos fuentes mis ojos. No en el suelo os alberguéis, porque no es justicia, no, que amando a quien os formó, por mi abatidos estéis. Recibid mi estimación; aunque os desprecié cruel, porque de cualquier papel es el sello un corazón. Corazón, sois lisonjero de Don Juan, que os envió, y es locura romper yo el corazón de quien quiero. No de mi cólera os pese, perdonad el disfavor, que si os agravia el honor, el amor os favorece. No os leo, porque será Sirena cualquier razón, y a su canto, el corazón temo que peligrará. Con vosotros lloraré lo que he sido, y lo que soy; y pues los ojos no os doy, las lágrimas os daré. Cómo conseguir pudiera mi amorosa pretensión, Cielos, si en esta ocasión el tabique no rompiera. Aunque taparle aconseja Leonor, su fuero quebranto, que cuando el amor es tanto, todos los consejos deja. En el cuarto de Don Juan estoy, allí está un bufete, pondré en él este billete: buenos mis intentos van. Gente parece que viene, vuelvo a salirme al instante, que en peligro semejante, la diligencia conviene. Con este engaño creced confusión, dando desvelo, pues encubre el terciopelo traiciones de la pared. Primo, de veros tan triste, sabe Dios lo que me pesa. Don Fernando, achaques son, que no puede la prudencia disimularlos tal vez: perdonad. . . Tanta tristeza, mucha causa la origina. No la ay, puede ser que sean melancólicos humores. Queréis, porque se diviertan, salir esta noche? . . No, antes, si me dais licencia, en casa me quedaré. Vos minoráis con tristeza el regocijo, y el gusto, que ya mi esperanza alientan. Y después de la borrasca, del naufragio, y la tormenta, que dos años he sufrido, a costa de tantas penas. Venerando la hermosura. de mi idolatrada prenda, obligada a mis suspiros, y amorosa a mis finezas. Con no poca admiración del alma, servicios premia, y el consuelo que reciben las que se adoran potencias, De tan gustosa mudanza, y de clemencia tan nueva, amancillado se mira, y eclipsado se contempla con vuestra melancolía. Don Fernando, yo quisiera poder vencer este achaque. Pues dadme, primo, licencia para salir esta noche, que he de hablar a Leonor bella. Para todo la tenéis. Adiós. El Cielo os defienda. Al fin, en casa me quedo, y con esta diligencia estorbo el ver a mis ojos, que Leonor le favorezca. Pues quien quiere bien, y miira sus celos en su presencia, sin que un desaire ejecute, sin que un extremo consienta. O no tiene sentimiento, o no quiere bien de verás; porque en lances semejantes, es locura la prudencia. Mas qué papel es aqueste? de mujer es esta letra. Deo gracias. Qué hay, Barahunda? di presto, que me atormenta. la dilación, no te tardes: qué hay de nuevo? . Espera, espere No te detengas, acaba, porque si es mala la nueva, cumpla con su obligación, llegando presto, y si es buena, también, porque entre la duda, menos el alma padezca. Pues dudando si será infeliz, gustosa, adversa, mas aquesa confusión los sentidos atormenta. Martiriza el pensamiento, y lástima las potencias, que la nueva, aunque por sí contraria a mi dicha sea. Señor, ni es buena, ni mala, tiene de macho, y de hembra; al sin, es emafrodita. Cómo? . De aquesta manera, Luego que le dio el papel Inés en sus manos bellas, le hizo tantos pedazos, que parecían estrellas, que del cielo de sus manos descendián a la tierra, o copos de blanca nieve, que se desataba de ellas. Que en la calor de la mano, y el papel, no hay diferencia: esta es la hija, después bajó Inés a la escalera, y dijo, que aquesta noche fueras a hablar con ella: este es el hijo. . . Dudoso estoy, confusiones nuevas que cercan, porque a mi primo, dije, que por mi tristeza, esta noche Barahunda, exculaba salir fuera; y si me ve algún criado, será causarle sospechas. Fuera de eso, él fue a rondarla, y tengo por cosa cierta, que saliendo, nos ponemos a peligro que nos vea, Pues de qué sirve mi ingenio? déjalo todo a mi cuenta, verás, que bien se dispone, sin que lo sienta la tierra. otra novedad tenemos. Y cuál es? . . Sobre esta mesa hallé ahora este papel, no sé que misterio tenga, o quien le haya puesto aquí. Lee. . . Dice de esta manera. Rey mío, favoreced sola una dama. . Qué esperas? de algún músico es mujer quien le escribió, pues las letras del remifasol piincipian las dicciones, como atiendas, lo verás: rey,te, mío, mí. Fue ingeniosa la advertencia. Favoreced, fa, soyla, y todas juntas concuerdan con lo que digo. . . Bien dices. Por Dios, que no sé si crea, que es mujer de algún capón; por remifasol empieza. Qué es aquesto, Barahunda? No lo sé, por santa Elena. Has dicho, que a Doña Juana quiero bien? . Eso sospechas? no, vive Dios. . . Los papeles, que estaban en la maleta, lacastelos? . No señor. Hay confusión cómo aquesta? Aquí la malera está, y no hay papeles er ni retrato. . . Tal escucho! siempre que sales, no cierras? Claro esta. . . Pues quién ha sido causa de esto? . Alguna vieja. Hy en casa de mi primo, Barahunda, de quien puedas recelarte? . Las criadas es imposible que hicieran esto, señor, porque tengo tal cuidado con la puerta, que aber entrado no pueden, si no es con llave maestra. Espantado estoy! . Haré averiguación muy cierta de estecaso: ahora vamos, que es tarde, señor, y mientras tomas la capas ire a abrir, y saldrás sin que te vean. Vamos, pues, que de tu ingenio fío aquesta diligencia, Barahunda. . En esta casa es cierto, que hay duende, o duenda. Todo es industrias, amor, nunca conocí su fuerza, mas que en aquesta ocasión, pues hago por él ofensa a mi pundonor, que bien le retrató la discreta antiguedad, con un pez puesto en la mano siniestra, y en la derecha unas flores; porque la mar, y la tierra a su dominio se rinden, y a su imperio se sujetan. No hay quien su poder resista, no hay quien se oponga a su fuerza: Don Juan vendrá a hablar a Inés, y fingiendo que soy ella, le declararé mi amor, así mi recato ordena, que mis cuidados conozca, y mis suspiros advierta. Perseverar es amar, porque quien no persevera, ni alcanza lo que pretende, ni goza lo que desea. Gente siento en la ventana: ce. . Sin duda el que se acerca s Don Juan: sois vos, señor? Yo soy: es Inés? La misma. Viven Diosa, Flasiquito, que a mi siol le dé cuenta del dansiya que ye vamo a la fella, crara Andiea. Sa bononinía neglita, que mi siola le piesta un sayas compla aceituna. . Dónde este loco me lleva, no sé. . Asituna molada; epantaremo la festa, voto anclisa. . . A la ventana esta una mujer: mi pena es terrible. . Aquí te arrima. Mi primo habla con ella: escuchemos. Qué eso pasa? Os adora de manera, que la obliga a hacer extremos el amor que os tiene: . . A fuera, sufrimiento. . Señor, tente, que importa tener paciencia. Y dice, al fin, que a su hermano, para casaros con ella, la pidáis, si sois servido. Barahunda, no me tengas, porque me abraso de celos. Yo le echaré de aquí: espera, y ponte en ese rincón de suerte que no te vea. Compla asituna, a siola, quiele alituna muy buena? Perro, vete noramala. Crisiano la como cía, viven Diosa, y baitisado en la misma Mangalena. Yo perro? él es un belaco; y si nos juntamo a pliesa, mis plimos, y yo, verá quien es Gorgorio. . . Ay tal pena. vete luego. . Aquesa calle sa del Reie, y de la Reía: quiele estar enamolando, y que el neglo no lo vea? Pues no siol. . Idos luego, antes que más gente venga, que este negro con sus voces la vecindad toda altera. Adiós, Inés. . Él os guarde. Vive Dios, de un perro. . A suela, que me mata, por Endioso, Sesú, Sesú, ya está muelta, Válgate el diablo por negro, todo el barrio se despuebla a las voces: yo me voy. Quién da voces? quién se queja? Un siol con una espatula, porque plegona tan recía. Admirado estoy de ver lo que Barhunda enteda. Te hirio? . No, mi siol, pelo quelía. . . Qué llevas? Qué llevo? levo alitunas goldales, moladas buenas. Pues entra. Aqueste es Don Diego: qué valiente estatrajema. Al fin; se fue Don Fernando? Ya saquí en la casapuelta, venga, si compla alituna, abajo. . Ya voy. . Apliesa. A señor, llégate aquí presto. Cuánto quiele delas? Dos cuartos: pues, Barahunda, qué es esto? . Una diligencia, que hice para que hablaras con Don Juan, sin que lo vieran. Señor Don Juan, mi señora me dijo, que no saliera a hablaros esta noche a vos; ella os menosprecia: el papel hizo pedazos, y dijo, que si pudiera, lo mismo hiciera con vos, para castigar la ofensa. Ay tal desdicha? ay de mí! Perdonad las malas nuevas. Yo quiero en las aceitunas vengarme: no ha de comerlas, aunque malpara de antojo. Adiós, que llaman. Qué esperas? Vámonos a casa presto, porque mi primo no pue saber que salí esta noche denme los cielos paciencia Navega alegre nave presurosa, rompiendo del líquido elemento, cristalina corriente caudalosa, vuela con brío, corre con aliento: mas la bonanza, y la inquietud que goza, pretende contrastar bárbaro el viento, la nave altera, cuando la alborota, con disciplinas de cristal la azota. Plantas de leño son, alas de lino, las que turbadas en las crespas olas, tocan el suelo en tanto torbellino, titubeando en el arena solas; y el trono de Diana diamantino ven tan cercano azules banderolas, que parece, según se han levantado, quieren limpiar el polvo de su estrado, En este, pues, peligro temeroso, nuve del Sol herida, horror absuelve el imperio del viento licencioso, a sus cabernas lóbregas se vuelve: pone entredicho al riesgo peligroso el mar, que montes de cristal resuelve, y al pueblo llega la dichosa nave, azando airosa, y caminando grave. Dos años en el mar de amores perdido, probé de sus tormentas los rigores, premiando mi constancia con olvido, pagando con desdenes mis amores: mas ya he tocado el puerto esclarecido, y por servicios alcance favores, vide el mar alterado, si terrible, y ya le miro alegre, y apacible. No estoy en mí, de pena, y sentimiento, Primo Fernando. . . Cómo de esa suerte, sin acostarse? . . Llega a mi tormento p la más penosa angustia de la muerte: he estado desvelado. . . Mucho siento ver que vuestro pesar no se divierte: escuchadme, y sabréis lo que ha pasado. Seré augmentar mi pena, y mi cuidado, Llegué a la calle, si, del dueño mío, y mire de su casa en la ventana a Inés, que con agrado, y sin desvío, nuevas me dio del Alba soberana: dice, que la prisión de mi albedrío quiere menos cruel, y más humana, que la pida a su hermano por su esposa. alabando mi suerte venturosa. Ya loco de contento celebraba la fineza feliz de quien adoro; y cuando Inés mis dichas me contaba, llegó un negro, perdiéndome el decoro, con tan bárbaras voces pregonaba, que pretendí enfadado su desdoro; pues sin que yo pudiese sujetarle, daba voces a Inés desde la calle. Díjele: vete, perro; y él airado, dio tales gritos, que dejar me obliga a Inés, que las ventanas ha cerrado de su bárbaridad, no sin fatiga; con las voces el barrio alborotado, a que la causa de su pena diga vino; yo me volví advertido a casa: esto es, primo Don Juan, lo que me pasa. Recibid parabienes, Don Fernando, pues merecisteis de Leonor la gloria. Yo estoy de tales sucesos admirado, que son para entregar a la memoria: válgate Dios, por negro. . Ya gozando me contemplo de amor esta victoria. Ay tal pesar? Don Juan, adiós, que es tarde, y queréis descansar. El Cielo os guarde: tal sufro! Barahunda, tal consiento! No sé como prudente me reprimo, pues me abrasa de celos el tormento, cuando miro la dicha de mi primo. acábeme el dolor, y el sentimiento, que sin Leonor, ni hay vida, ni la estimo: perdido estoy. . Sosiégate. . . No puede. Éntrate a recoger. . Admiro la novedad, agradecida al favor, pues estimación, Leonor, das con esto a mi amistad. Enfados son con mi hermano; reñí con él, y salí en el coche, vine aquí donde tanta dicha gano, gozando, Doña María, por el enojo, en efecto, las honras que me prometo en tan noble compañín. te. . . No o Sin vida quedo. Amiga Doña Leonor, en el favor que poseo, felicidades granjeo. Y bien: cómo va de amor? El tabique no cerré, perdonad la inobediencia, que si no de la prudencia, de la voluntad usé. Puse en su sala un papel, estando aviente de aquí; mas qué me aprovecha, di, sino sabe el dueño de él? Y yo me abraso en la llama de amor, sin que nada imp e. Pues sabiendo, que en la Corte quiere Don Juan a otra Dama, que has de hacer, Dona María? si declaras tu pasión, pierdes la reputación con tan grosiera osadía. Que él te ha de menospreciar, viendo tu excesivo amor, y así, amiga, lo mejor es padecer, y esperar. Ya sufriendo, ya esperando, ya callando, ya temiendo, mi fortuna maldiciendo, mis desdichas contemplando, lloro con llanto abundante; que no son en los amores. de las finezas menores las lágrimas de un amante. Si el llorar es desahogar las pensiones del querer, más fineza viene a ser reprimirse, que llorar. Pues quien llora siente menos, y es más constante valor la taner en cosas de amor enjutos ojos serenos. Llorar es comodidad, y quien no llora queriendo. el dolor que está sintiendo. realza la voluntad. Tampoco quieres, Leonor, que llore. . Es más asentado, pues públicas el cuidado no repitiendo el dolor: Qué hay, Inés? Qué es tarde pienso. Han aderezado cama? Sí, ya está en tu cuarto mismo cama para mi señora, Quién llama ahora, qué es esto? di a una criada, que mire quien llama. Yo soy, que vengo, porque mi senor Don Juan ahora se cortó un dedo, a ver si hay en casa un poco de bálsamo. . Y es de riesgo la herida? . Aquí esta Leonor: no señora. . Y dime presto, Por qué? Porque no es mío el dedo. Cómo se corto . Sacando la daga. . Para qué efecto? Para darme a mí con ella. Cuál fue la causa? Unos celos. Y de quién? . Doña María, mira que el desasosiego da de tu afción indicios. Siento su herida en extremo Pues qué importa que se corte, hase de morir por eso? Y si fuera la herida peligrosa, qué remedio? O le muriera, o sanara. Y qué hiciera en tal suceso? Si le muriera, enterrarlo, y si sanara, quererlo. Aquestos celos que dice, quiero averiguar. . Sospecho, que son celos de su primo por mi causa, y así quiero estorbar esta pregunta. Quién ocasiono esos celos? Doña María, qué haces estas en ti? qué es aquesto? Por curiosa la pregunta puede pasar sin recelo. Bien, pero tú lo preguntas, con tan grave sentimiento, que el cuidado verifica la afición, y así te ruego, que no preguntes, amiga, cosa contra tu respeto. Y la pena? . Tolerarla. Y el cuidado? . Padecerlo. Y el sentimiento. . Sufrirlo. Y el deseo. . No tenerlo. Y el peligro. . Desecharlo. Cómo, que me estoy muriendo. Yo quiero darle un picón a Doña María, pues veo el disgusto que ha mostrado de la herida de mi dueño. Mi señora, los criados. no saben tener silencio, Don Juan mi señor te adora, y es con tan notable extremo, que hoy ha sabido te sirve otro galán, y esta muerto. Don Juan me quiere a mi bien? Y más que Leandro a Ero. Pues cómo no me lo ha dicho? Qué dices? Jesús, qué yerro! aquí la industria me valga. Ahora tendré sosiego: qué he de hacer, Doña Leonor? Qué con semblante sereno, irse sin hablar palabra. No ves, que nada remedio callando? Si ya has sabido, que esta por ti padeciendo, qué más quieres? disimula. Dices bien, ya te obedezco, vámonos a recoger. Un volcán llevo en el pecho. A señora? Qué me quieres? Y el bálsamo para el dedo? Así, que me había olvidado. Di, qué tienes? . No tengo, tomad aqueste diamante para comprarlo. . Qué has hecho? Qué? . Manifestar tu amor. Estoy loca de contento. Mira lo que he granjeado por mentir: válgame el Cielo, lo que valen las mentiras! si una verdad en efecto dijera, pudiera ser, que me molieran los huesos. Vive Dios, que no he de hablar verdad: Inés. Que hay de nuevo, señor Barahunda? . Inés, que infinito te aborrezco. Qué dices? . De no decir verdad, hice juramento, pues me valió una mentira este diamante, y diciendo: que te aborrezco, te engaño: creelo al reves. . No lo creo. Dime, Inés, Doña María quiere a Don Juan? Con extremo, yo escuché a los dos atenta, y pierde por él el seso, tanto, que Doña Leonor, con razones, y con ruegos, le esta persuadiendo siempre, a que tenga sufrimiento. Entre el cuarto de Don Juan, y el suyo, esta de por medio un tabique solamente, el cual ella tiene abierto. Ayer entró al lá un papel. Válgate Dios por entedo. ella tiene los papeles, y el retarto, vive el Cielo. Cómo todo esta colgado no habéis advertido en ello, Dices bien. . Vamos abajo, Burahunda, y parlaremos. Cómo vino aquí Leonor? Tuvo un pesar con Don Diego; mas cómo veniste tú? Yo lo diré en tu aposento: ya reviento por decirle a Don Juan este secreto, sola esta verdad diré, pues importa lo que veo, después mentira me llamo, por la fe de Caballero. Celos, donde me lleváis, desleales, y groseros, solicitando mi afrenta, y procurando mi riesgo? Mi amiga, enemiga, duerme, todo esta surto, y suspenso, nadie ha sentido mis pasos, que tiene alas el miedo, y no pies: esta es la sala, este es donde yace el templo, la prenda a quien idolatro, que con fingidos desvelos me engaña (hah traidor!) estando a Doña María queriendo. Confusa estoy, y cobarde: qué terrible atrevimiento. qué osadía temeraría! qué peligro, qué despeño! Esta es de Don Juan la cama, sin duda, que está durmiendo: quién canta? alguna criada rompe a la noche el silencio. Piedad, que se abrasa el alma, cese, mi bien, tu rigor, piedad, que amor, que es tan justo, piedad pide, y no perdón. No alcance mi primo palma a costa de mis enojos, bella Leonor de mis ojos, piedad, que se abrasa el alma, Si pretendes mi favor, con finezas, y desvelos, no me atormentes con celos, cese, mi bien, tu rigor. Por qué intentas mi disgusto? porqué tan ingrata estás? pues nadie merece más. piedad, que amor que es tan justo, Si te adora el corazón, porqué le pides piedad, cuando él sin libertad piedad pide, y no perdón? Ay de mí yo estoy turbada: Don Juan? Quién me llama? Cielos. No des voces, que yo soy Doña María. . . Qué es esto? La tercera de sí misma, que en la Alameda (no puedo hablar con la turbación) galanteaste, y pretendo: válgame Dios! No te alteres. Bien sé, que eres Caballero, y fiada en tu nobleza, puesto que por ti padezco, este tabique que sale a mi cuarto, con secreto rompí, el papel que ayer viste era mío, y el tormento de una pena, que me aflige, de unos celos, que padezco, viendo en tu ropa un retrato, y papeles de tu dueño, me obliga a entrar de esta suerte, para quejarme. . . Qué es esto? Por qué, traidor, me fingiste amores? ruego a los Cielos, pues tirano me burlaste, que no logres tus deseos. Señora, basta por Dios, escucha, atiende. . Ya atiendo. Con las Damas, los Galanes, cuando no fingen desvelos? aquello fue tan acaso como viste (el mejor medio es declararle mi amor) porque yo, señora, quiero también a Doña Leonor, que de mi primo el respecto, ni de tu amor la fineza podrán apagar mi fuego. Y Leonor te quiere bien? Antes lloro su desprecio; y sabiendo, que mi primo se casa con ella, y viendo, que me aborrece, me iré de aquesta Ciudad muy presto. Antes contigo Leonor quiere casarse. . . Eso niego. La noche que le hablé por la ventana a Don Diego, le dije, que me pidiera, para casarse, ya veo, en no pedirme, mi agravio, y su engaño manifiesto: y a mí, ingrato, me desprecias? No es agravio, ni desprecio, sino desengaño. . Cómo? Así engañarla pretendo: . yo estoy en Madrid casado, mi señora, por conciertos. Pues cómo a Leonor pretendes? Quiérola, y no puedo menos. Y quieres más a tu esposa? No, aunque es más bella en efecto, y tú en mi opinión, señora, tienes más realzado ingenio, y más beldad que Leonor. Pues por qué la quieres? Tengo mal gusto. . Amor, no bastaban estos celos sin desprecios. Tan cerca de ti Leonor esta como yo: pretendo, para vengarme, asistirle con lo mismo que padezco. Vino esta noche a mi casa, que con su hermano Don Diego tuvo un enfado, y al fin está en mi cuarto durmiendo, No tengo más que saber, perdona el atrevimiento, que voy a llorar mis penas, mi bien, pues no te merezco. Quieres permitirme que entre en tu cuarto? . No, por cierto. Compadecido a tus quejas, que no me aflijas te ruego: enjuga, amores. . Qué dices. falso amante, ingrato dueño, queriendo bien a Leonor, te atreves? . . Sí, yo me atuevo, es, porque soy ocasión de tus lágrias, y quiero, que no se viertan por mí: también calen tura tengo de achaque de estos disgustos, y temo su crecimiento. con tu pena. . Calentura tienes? . . Me abraso de fuego. Yo entiendo un poco de pulios. Pues toma, y verás si es cierto. No sé, no sé como vivo: sospecho, que sí. . Sospecho. Él dedo cortado está en esta mano. . . Qué dedo? Él de la herida. . . Yo no me he herido. . No lo creos a ver la otra mano: embuste fue del lacayo: qué es esto? ay, Jesús. adiós! adiós! Mi bien, obligado quedo a tus finezas. . Don Juan, para gran Turco sois bueno, no para galán: adiós. Quién llama con tanto estruendo? Yo, señor, que aquesta noche ando dando cordelejos. A casa de aquesta Ninfa fui por bálsamo, fingiendo, que un dedo te habías cortado: y dijome: pero quedó? pléguete Dios, que es verdad todo cuanto voy diciendo: he jurado de no hablar verdad, por escrato quiero darte noticia de todo. Por excusado lo tengo, que ha estado Doña María conmigo esta noche. . Bueno, Y sé todo lo que pasa, y que Leonor con desprecios me quita la vida. . Y dicen, que le da siempre consejos, Leonor, a Doña María, para que te olvide. . . El perro del horrelano es sin duda, ni dejarlo; ni comerlo. Yo muero, y ella se casa. Al reves has de entenderlo, tú, que no te casas, vives, y ella casándose, ha muerto. Oh mal haya la Alameda mil veces pluviese al Cielo, que no la vieran mis ojos, no sintiera lo que siento. Llora cuatro lagrimitas, descansarás con aqueso.
JORNADA TERCERA
JORNADA TE Don Fernando, yo estoy agradecido, porque habéis elegido a Leonor por esposa, pues tal honor con vos mi casa goza, cuando tan noble os llama la más heroica trompa de la fama. Declarele a mi hermana vuestro intento, y ella, que al pensamiento remite la respuesta, a una Quinta esta tarde, a una floresta, solicita procura partir, por divertirse en su frescura. Donde de espacio consultar pretende su libertad, no ofende vuestro valor, Fernando, que no es la dilación estar dudando, que a mi ver, en efecto, es más estimación, y más respecto. Don Diego, a la merced que he recebido estoy reconocido, y de nuevo obligado: perdonad el haberlo apresurado; porque el amor cobarde, lo más temprano le parece tarde. Cómo os va de afición? Doña María opuesta a mi porfía, siempre sorda a mi ruego, roca a mi pretensión, nieve a mi fues me aflige, y de esta suerte menos que su rigor temo la muerte. Doña Leonor estuvo ayer con ella, y no pudo vencerla, yo, que la causa ignoro, padezco su crueldad, su desdén lloro, sirvo, rondo, paseo, su beldad despreciando galanteo. Hasta que el Cielo en pena semejante su pecho de diamante rinda, que no será pequeña hazaña, pues pienso que pretende ser montana. Pésame, si, por Dios, de esos rigores. Estos son los mayores, amigo, a lo que veo, que de mujer se cuentan. Yo lo creo. Ya parece que es tarde. Don Diego, adiós. . . Adiós, El Cielo os guarde. Cierta es mi dicha, cierta mi victoria, cierta mi dulce gloria, que pues Leonor hermosa me mando la pidiese por esposa, y me la da su hermano, que alcanzaré lo que pretendo es llano. Digo, que vas tan hermosa, Leonor, que en esta jornada, toda beldad envidiada queda de verte envidiosa: el jazmín, clavel, y rosa, que los prados galantean, mayor beldad no desean, que en ti se ven claramente, y en labios, ojos, y frente, brillan, lucen, y campean. Qué bien que te están las plumas blancas, lisonjas del viento! En ti las lisonjas siento. No tal, señora, presumas, que el nieto de las espumas, acosta de sus enojos, te ofrece heroicos despojos, y en ventajas declaradas, sus flechas son excusadas, a donde miran tus ojos. Haces donaire de mí? Sí, pues tú tan sin donaire, eres el mismo donaire, señora, como advertí: que es todo oro presumí, lo que de oro hacer vieren, o plata, Leonor, si fueren de plata, y del mismo modo, donaire vendrá a ser todo lo que del donaire hicieren. Vive Dios, si no me dejas. Señor, la pasión reporta. No puedo. . Quién es? Yo soy un hombre, hermosa señora, que a tus plantas se sujeta, y a tu obediencia se postra. Escúchame atenta un rato, y si te ensado, perdona: yo soy: qué digo? son tales las que me afligen congojas, las ansias que me atormentan, las penas que me apasionan, que viendo al alma que está tan afligida, y penosa, y que no puede sufrir tantas, solicitan todas, lastimadas de su agravio, y de su ofensa penosa; dejarla, y luego al salir, se encuentran unas con otras, y no sé por cual empiece, o mi tragedia, o mi historia. Yo, que en la Alámeda (ay, Cielos. una noche, que en la popa del viento, con vagel negro, oscuras sulcuya sombras. Mire tus ojos divinos, de quien es el rostro Aurora, pues más luminosos brillan, que el Sol cuando esferas borda, Fue tu belleza (ay, Leonor!) de mi libertad custodia, o archivo resplandeciente, mas, que el Alba cuando aloma. Desdeñosa resistilte mis ruegos: o quien ahora tuviera aliento, tuviera corazón en tan penosas angustias, y ahogos tantos para decir de la forma que me tienes, pues porque yo te sirvo, tú me enojas, porque te quiero, me agravias, porque te estimo, me asombras; y al fin, porque te idolatro, me ofendes, y te apasionas. Yo, cual tierno pajarillo, que esgrimiendo el vuelo corta el viento, penoso, y triste, elevación de su pompa, ramillete de su imperio, y de su región lisonja, llega quejándose a un prado matizado de amapolas, que levantándose blancas, suelen acostarse rojas, y son floridos lenzuelos, y son nacaradadas copas, donde llora el Alba perlas, donde bebe el Sol aljofar. Y así, solo se lamenta, se queja, suspira, y llora la inclemencia de su dueño, y ella, aunque sus ansias oiga, ni lastimada le atiende, ni le remedia piadosa. El amante pajarillo. a las aves voladoras manifiesta el sentimiento; mas a ninguna provoca su pena para aliviarle en ofensas tan notorias. Así yo considerando el rigor con que me asombras, viendo que ya no hay remedio, pues no bastan quejas solas para remediar mi agravio, desestimando la honra, arrielgando la opinión, vengo ahora; vengo ahora, no a quejarme, ni a pedirte favores, Leonor hermosa, sino a darte parabienes. de tus gustos, y tus glorias. Goza a mi primo mil años, luego con él te desposa, no tengas jamás enojos, no sepas que son congojas. Tengas hijos, que te estimen, vivas alegre, y con honra, la misma envidia te alabe, tu suerte encarezcan todas, que yo sin vida, sin alma, sin gusto, sin ser, sin honra, a esos montes, a esos campos, riscos, montanas, y rocas, desesperado de verte, me ausentare, donde a solas, de tu belleza, Ángel mío, me lastime la memoria. Allí huire tus desdenes, allí envidiaré tus glorias, y más clementes me oíran las fuentecillas sonoras, elogios de su frescura, alabanzas de su aljófar. Ternezas diré a sus aguas, requiebros diré a sus olas; a las aves pediré, que en endechas pesarosas, se duelan de mis malogros, mi triste alternando historia. Comunicare las fieras, que los balles alborotan, pues hallare en su inclemencia más piedad, que en tu persona. Ah, Leonor, ha prenda mía, ha mi luz, ha mi señora, a tus pies estoy: por qué me ofendes tan rigorosa Vuelve el rostro, mira atenta estas lágrimas penosas, ablandente el corazón los males que me apasionan. No en bellos copos de nieve esos dos soles me escondas; rendido estoy a tus plantas, trofeo de tus victorias, despojo a tus vencimientos; y ya que me voy, perdona hablarte tan atrevido, que yo te juzgaba propia; mas ya que ajena te miro, quédate a Dios, y cuando oigas de tu desdén los efectos, verás que no son lisonjas las que en mi discurso el alma ha trasladado a la boca. Y dame, dame por premio de mi voluntad heroica, mi bien, un retrato tuyo, me le niegues, señora: y pues no el original, al menos tenga la copia: Qué me respondes? qué dices? mis penas no te ocasionan? mis lágrimas no te mueven? mis anlias no te provocan? mis suspiros no te ablandan? no leyes de humana rompas, mira, Leonor, que mi vida pendiente está de tu boca. Don Juan; tomad el retrato que pedís: el coche, hola. , s Qué te parece, señor? quedamos buenos ahora? este retrato Vive Dios, que es de Doña Juana Oigan: qué novedad es aquesta? Toda el alma me alborota este disgusto. Don Juan, mi señor viene. . Ay tal cosa! Venid, que por un postigo os saldréis, sin que os conozca. Yo voy sin alma, ni aliento. Yo voy temiendo una soga. Un corazón con amor en nada tiene sosiego, que como el amor es fuego, inquieta con su calor. Yo quiero a Leonor hablar, que me da esta dilación, si augmentos a la pasión, ocasiones al pesar. Inés? . Señor. Tu señora, cuando va a la Quinta? . Luego, que esperando está a Don Diego, y quiere partirse ahora. Podrele hablar? . Señor, no, porque su hermano vendrá, y que le hables sentira, y fuera de aqueso, yo colijo de su desdén, que licencia no ha de da Leonor, ni querrá hablaros, Cómo, queriéndome bien, y siendo tú, Inés, testigo de su voluntad, y amor? Yo testigo? yo, señor? Cuando hablaste conmigo, la noche que me dijiste, que la pidiera a su hermano para casarme, no es llano, que su amor me encareciste? Yo? qué noche, Don Fernando, te dije, que la pidieras? hay más extrañas quimeras? Inés, por que enas negando lo que es cierto? . Por mi vida, que noche ninguna hablé: engaño sin duda fue. Confusa estoy. . Yo corrida. Quédate a Dios, que me voy, no venga Don Diego. Ay susto semejante? ay tal disgusto? con causa admirado estoy! Manifiesto engaño es, y que me da que sentir: quien me lo pudo decir, sino me lo dijo Inés! Que no lo dijo declara: júzgola por verdadera, porque si me lo dijera, para qué me lo negara? Bien pudo ser, que Leonor, con la habla disfrazada, se fingiera la criada para decirme su amor. Mas siendo de esta manera, no pusiera impedimento, ni dilatando ahora mi intento, al campo ahora se fuera. Puesto que engañada esté, y sin poder reprimirme, a la Quinta he de partirme; mi duda averiguaré. Esperanza, vuelve atrás, que te dio aliento un error: válgate Dios, por Leonor, los disgustos que me das! Quién eres, fingida sombra, fiero Atlante, horrendo monstruo, has soberbios nte pueden sustentar sus hombros. Él me mata, vave Cristo, dónde huiré? que está loco. Eres Gerión bizarro, o Augias, varón heroico? el Gigante Polifemo? oh Diómedes animoso? Eres el Centauro Neso, que en abismos vaporosos de Hábeno de Calidonia, venció con astutos modos a Hércules? Busiris, hijo del que con asombro tridente bárbaro empuña, sobre cristalinos toldos? Eres Ganimedes bello, que hasta los Celestes Polos. vuela en Águila Imperial por célicos promontorios? Eres Ícaro atrevido, cuyo vuelo luminoso en pardas perlas desata el resplandeciente Apolo? Él me agarra, muerto soy: ay! Dios me perdone. Loco. No hace poco, a fe mía, quien echa su mal a otro. Eres Hércules valiente? no respondes? Ya respondo: soy Barahunda gallina; ayúdeme San Gregorio. Gallina? pues eres hembra? Hembra, y macho. Todo? Todo. Cómo es posible, ignorante, si deidad con rayos de oro no te juzgas, transformando tu ser natural en otro? Mientes. . Miento ochenta veces. Conocesme? . Si conozco. Socorro, amor, socorro, que me abrasan incendios rigorosos, Barahunda. . Qué quieres? ya está sosegado un poco. Llama al instante un Barbero, que me sangre, y de ese modo desangrado moriré, como Seneca famoso, pues aborrezco la vida. No dijera más un gordo. No quiero, no quiero vida, no me estorbes. . No te estorbo, Corre apriesa. Esa es locura, indigna de tu decoro, Si quieres matarte, saca la daga, y de punta a pomo, date veinte punaladas, se quedara entre nosotros, sin dar en la calle cuenta, a los vecinos, y a todos, como te llevó el diablo. No quiero. . Ni yo tampoco, l Mátame, toma esta daga. Mira, señor, que estas loco, no hay prudencia para penas, resistencia para ahogos. No tienes tú el corazón de un galán, que yo conozco, que tiene en él salas, parios, aposentos, Oratorios, retretes, recebimientos, viene un disgusto forzoso; y en el rincón lo aposenta JERTI de una cuadra, viene otro, y conforme es, lo acomoda, viviendo con desahogo. Socorro, amor, socorro, que me abrafan incendios cautelosos, Barahunda, para un hombre, que está como yo, es notorio, que es la vida mayor pena, por eso la muerte escojo. Pues mátate, a cuándo aguardas? Si me mato, no es forzoso no ver más a mi Leonor? Claro esta. Pues de ese modo, yo quiero vivir por verla, aunque padezca su oprobrio, aunque sienta su rigor, y aunque llore sus enojos. Ay Leonor del alma mía, yo te pierdo, dueño hermoso! Señor, no des tantas voces, que entrara tu primo: solo un remedio en este caso viene a ser el más forzoso. Qué remedio puede ayer entre tantos alborotos, tantos dolores, e injurias, tantos pesares, y asombros? Señor, yo tengo por cierto, que Leonor adora. . Cómo? De su desdén lo colijo, de su enfado, y de su enojo. Que no le pesa a ninguna, que la quieran; es notorio. Y si naciera su enfado de querer más bien a otro, no hiciera tantos extremos: su desdén es cauteloso. Y esto también se acredita con el retrato en mi abono, que te dio, pues puede ser, que con los celos, sus ojos viendo que a otra dama quieres, de su voluntad estorbo, pensando que los engañas, te miren tan rigorosos. Y así, el remedio mejor, que advierto, miro, y conozco, es, partirnos a su Quinta esta noche los dos solos. Yo con fingida color te he de ensangrentar el rostro: tú, señor, te quejaras, y con mortales ahogos, aféctaras el peligro de tu vida, y de este modo por el jardín entraremos ado está tu dueno hermoso. Sabremos sa bien te quiere; porque siendo así, es forzoso, que en su pena, y sentimiento, su piedad, o su alboroto el amor se manifieste, o se reconozca el odio. Dices bien: vamos, amigo. Has de volver a estar loco? Ay, mi bien estoy perdido: cubre tu delfico trono, planeta insigne, y tu bella Proserpina, si quejoso no me quisieres, ofusca tus explendores heroicos. Matices del firmamento, hieroglificos del ocio, sepultad en pardas nuves vuestros rayos luminosos. Socorro, amor, socorro, que me abralan incendios rigorosos. Carretero de los Cielos, padre del soberbio mozo, que sin maroma bolo al suelo desde su trono, métete; y tú, Doña Juana, con más cachetes, que un gordo, ofúscate, menguadilla; estrellas, haced lo propio: socorro, amor, socorro, y líbrame, por Dios, de aqueste loco. Burahunda, tente, aguarda: que voces, y qué alborotos son estos de tu señor, qué parece que esta loco? Aquí entra bien el mentir: . esas voces son de gozo, porque le adora Leonor, y le ha mandado, que solo vaya esta noche a su Quinta a ver serenos sus ojos. Esto es lo menos que pasa, y bien tú lo sabes todo, pues te lo dijo Don Juan, desengañando tus ojos, la noche que entraste a verle, y le despertaste, como quería a Leonor: adiós. Válgame el Cielo, qué oigo? ciertos eran los recelos de mi corazón penoso, que no en balde era Leonor de mis intentos estorbo. Ah, traidora! ah, falsa amiga tus deslealtades conozco, ejemplo de ingratitudes, y de traiciones tesoro. La noche, que con cautelas vino a mi casa, en mi propio cuarto durmió, y a Don Juan vio entonces, que es ya su esposo. Cómo vengare mis celos? como cesara mi enojo? darle la muerte pretendo, y cesarán de este modo su ingratitud, y mi ofensa, su deslealtad, y mi oprobio, Esta noche ha de morir, ir a la Quinta dispongo, su impiedad me dan los celos, su temeridad, el odio. No ha de gozar a Don Juan Leonor, pues yo no le gozo. Ya sepulta el ocaso los delncos fulgores, que en su tumba se ofuscan, y en su horror se recogen. Porque el roficier cubran, porque la luz desdoren crepúsculos que aborta, y sombras que descoge. Ya la dulce capilla de tristes Ruiseñores, rompiendo sonorosa el silencio conforme, ecos alterna tiernos, organizando montes. En ardores confusos, y nocturnos horrores, mudas guerras dilata con el día la noche. Este jardín ameno, bella prisión de flores, qué floreciente luce! qué galán se conoce la flor, que de vergüenza del día, se recoge, ya menos encogida capullo tierno rompe. Cristalinas las aguas, que concibio algún monte, aquesa pila ostenta, en sonantes rumores. Ya están aquí las damas. Juguemos, porque logre tiempo que desperdicia, dilación de la noche. Una dama has de darme, que yo soy poco dócil en el juego, señora. Con ventajas mayores ganarasme sin duda: Inés, cual escoges? Yo secreta la quiero. Advertida respondes, porque públicas damas, pierden las ocaliones. Juego aqueste peon. Bien jugaste, y con orden. Qué dices de Don Juan? Calla, no me le nombres. Aquesta pieza juego. En confusión me pone. Mira que soplaré, senora, si no comes. Ya advertida procuro, Inés, que no me soples. Ya mi dama secreta me da cuidado: voyme a esta esquina. No es mucho, Inés, si lo conoces, que una dama secreta cuidados ocasione. Quién canta, señora, mientras jugamos? . Oye de Ángelica, y Medoro los sangrientos amores. Cuya letra compuso aquel Cordovés noble, amparo de las Musas, y milagro del Orbe. Las heridas de Medoro, Ángelica mira atenta, y tantas lagri más llora, cuanta sangre vierten ellas. Ventura en la desdicha hallo el gallardo joven, lastimosas finezas, dolorosos favores. En males libro glorias de su Angelica entonces. La hermosa mano, que aplica a su remedio, pudiera a la muerte dar la vida, y dejar la vida muerta. Ay! Ay de mí! quién vido semejante alboroto, e igual cuidado? Un hombre es. El sentido este súbito asombro me ha robado, y vivo en tal tormento, sin ánimo, sin vida, y sin aliento. Confusa me acobardo. Llega esa luz, veremos si la vida, en el riesgo que aguardo, lo permite valiente, y atrevida: quien es el que ha impedido el alegría del jardín florido? Don Juan, Don Juan, señora, revolcando en su sangre es el que miras. De pena el alma llora. Si piadosa su muerte no suspiras, te juzgaré de acero. Llama un criado, Inés. De angustias muero. (ñando? Muerto de aquesta suerte Don Juan. Cielos, qué es esto estoy so- ya penosa a la muerte el aliento vital está entregando: quien su aflicción resiste, mirando un esperáculo tan triste? Piedad, favor, clemencia, (zos, Cielos! llega, mi bien, llega a mis bra- porque sin resistencia le parta el corazón en mil pedazos; prenda del alma mía, quién obró tan tirana alevosía? Riegue mi llanto el suelo, pues le riega mi llanto tan sin brío, mi señor, mi consuelo, no te quiero adorado, dueño mío, que si yo te quisiera, viéndote muerto a ti, mi muerte viera, Flores de estos paises, ayudadme a llorar disgusto tanto, vuestros bellos matices regaré tristemente con mi llanto: ay, Don Juan de mis ojos! de esta suerte te han puesto mis enojos? Buena mi traza ha salido, no la pudo haber mejor, bien manifesto el amor su corazón afligido. Ay de mí! Si el sentimiento de esta tragedia penosa, de esta pena lastimosa, de este insufrible tormento, no me mata, no soy hombre, Amigo, quieres decirme Voto a Dios, que he de morirme esta noche, porque asombre a la fama mi lealtad. Quién fue quien le dio la muerte a tu senor de esta suerte, con bárbara crueldad Lueyo está muerto? . No sé: parece que tiene aliento. Bien resuella. . A mi aposento le lleva. . Así lo haré como lo mandas. . Quién fueron de aquesta tragedia autores? Señora, dos salteadores al camino nos salieron, mi señor se resistió, yo huyendo me libre; donde escondido miré, señora, lo que paso. Hiriéronle, que eran tres; el huyó, saltando, al fin, por la pared del jardín de la manera que ves. Ningún criado, señora, tan presto podrá venir, pues antes se han de vestir. Ayúdale, Inés, ahora a Barahunda a llevar a Don Juan. . Qué hará mi ama en sabiéndolo? . En mi cama le podréis luego acostar. Ayudame: ten de aquí. Yo tengo perdido el brío, y el ánimo. . Ay, amo mío, qué poco te conocí Si no me acaba el dolor en ocasión semejante, mi pecho es de diamante, o yo no le tengo amor. Mas si Don Juan es casado, por qué doy rienda al pesar? no he de poder refrenar mi pasión, y mi cuidado? Jele querido engañada; y pues le contemplo aneno, por qué tan sin vida peno, estando desengañada? Su vida esta peligrosa: si vive, no ha da ser mío; y así, la angustia con brío resistiré valerosa. Ya está en tu cama acostado, y del desmayo volvio, que la herida, Inés, y yo, con un lienzo hemos atado. Dónde es la herida? En la frente. . Y es mucha? El peligro es llano: yo voy por un Cirujano: qué bien fingido accidente! Yo me voy a recoger, pártete luego al lugar: hasta cuando ha de durar; amor, tanto padecer? Embustero, enredador, cómo esta traza has armado? Lindamente ha confesado su afición Doña Leonor. Buenas lecciones le das, bien fingió el mal a mi ama. Harto mal tiene quien ama, no ha menester fingir más. Qué te parece, Inesilla, de este enredo? . Hechicero, que ha estado excelente. . Quiero esconderme. . Y a Sevilla no has de ir? . Pues a qué efecto? aquí me pienso esconder, que esta noche he de hacer a este suceso un soneto. Confuso, y alborotado juzgo mi deshonra cierta, mirando (ay, Cielos!) mirando (quién tal de Leonor creyera?) durmiendo en su cama un hombre, que solicita mi afrenta: Válgame Dios, qué mi hermana, tan hermosa, tan honesta, y tan noble, el apetito ocupe en cosa tan fea? En la cama de Leonor durmiendo un hombre: mas ella no está con él acostada, circunstancia, que refrena del agravio la venganza, del acero la inclemencia, Quiero matar esta luz, que tengo por cosa cierta ha de estar en esta cuadra, la que esta daga sangrienta, buscando vaina en su pecho, hallará en su agravio pena. Provocada mi venganza de una traición manifielta, perdiendo el miedo al peligio, rindo el temor a la fuerza. El ser mujer me acobarda, verme ofendida me alienta; uno anima al sufrimiento, otro incita a la tragedia. Mas cuando el agravio es tanto, muera el temor, y en tinieblas convierta aqueste puñal los rayos de su belleza. A la cama de su hermana, con una encendida vela, llegó Don Diego confuso, y viéndome a mí, se altera. Mas yo laipócrita de sueño, dormí solo en la apariencia, dándole prisión forzosa a los ojos, y a la lengua. Qué puede haber sucedido? turbaciones me amedrentan. Animado de mi amor, y dudoso de mi pena, vine esta noche a la Quinta a ver mi querida prenda. Por el jardín con silencio he entrado, sin duda es esta su sala, si puede estar mi Leonor donde hay tinieblas, Mudos pasos solicito. Andaré con sutileza. Recojeré las basquiñas. No me sentira la tierra. Ei En una silla descansa Leonor, y sin duda es esta. Ya he topado a mi enemiga, autora de mis ofensas. Su hermano Don Diego es este, si el sentido no se hierra. Gente siento en este cuarto, ya me congotan sol pechas. No puede ser, que Leonor honestamente proceda, y que ocasione este caso alguna causa secreta? Y si tiene amor al hombre, que vide en su casa misma, como es posible, que amor dormidos ojos conlienta? No puede ser, que se engañe mi aprensión, y no sea en desdoro de Leonor la información verdadera? Si Don Juan vino a gozar a la quinta su belleza; como sola, y retirada en este cuarto se alberga? Si para favorecerle le envía a llamar ella misma, como descuidada duerme, pues el amor siempre vela? A solas Don Diego informa de su duda a la prudencia, indicios averiguando temeroso en sus ofensas. Una voz escucho atento, que mi confusión augmenta, desdoros son de Leonor, ultrajes de su nobleza. Mas cerca quiero llegarme. Quiero llegarme más cerca. Cómo puede ser, que un hombre en su cama solo duerma sin su noticia? y si sabe (que es lo cierto) que está en ella, no siendo visto, es cierto, que es mi injuria manifiesta. Si tengo yo averiguado, y con evidentes pruebas los celos, y su afición, qué dudo? que es cosa cierta, que a no ser claro mi daño, el criado no mintiera. Mis recelos son verdades. Mis penas son verdaderas. Qué me detengo? Qué aguardo? Muera Leonor. Leonor muera. Quiero impedir su castigo. Quiero estorbar su inclemencia. Válgame Dios! qué es aquesto? Criados, Inés, Florencia. Quién me impide? Quién me estorba? La pieded. La diligencia. Qué estoy mirando? Don Diego, cómo de aquesta manera? que es esto, Doña María, cómo ahora descompuesta? Tú me amenazas furioso? tú me amenazas levera tú me agravias? tú me injurias? tú me matas? tú me afrentas? Ay suceso semejante? quién ha visto igual contienda? A un Isaacdos Abrahanes, quién tal suceso creyera? Señor Don Diego, el asombro de este caso no os suspenda, Doña Leonor es mi esposa. Ay deslealtad cómo aquesta? Escuchadme, Don Fernando. Pierdo el seso, y la paciencia. Yo soy, más es exculado, con dilaciones groseras decir quien soy, pues sabéis mi calidad, y nobleza. De la Corte, patria mía, Fénixen poder, y en Letras, vine a cobrar de la Flota a esta Ciudad una herencia. Mi primo correspondiendo a quién es, cortés me hospeda, poniendo mi voluntad en obligaciones nuevas. Una casurosa noche. salimos a la Alameda, y encareciome mi primo la soberana belleza de Leonor, con tanto extremo, exagerando sus prendas, su crueldad manifestando, y lamentando sus penas. (Pues a dos anos de amor de ingratas correspondencias.) Salio a la Alámeda entonces Leonor, gallarda, y compuesta, y desocupando el coche, apenas la vi tan bella, cuando el alma le entregué, herida de ardientes flechas. No pude siempre, que amor es nino, y no tiene fuerzas: escribile mi afición, rompió el billete serena. Manda a Inés, que aquella noche vaya yo a hablar con ella: excuso ir con mi primo, salgo disfrazado fuera. Oigo hablar a los dos, finge el criado la lengua, su conversación impide, díceme Inés, que me vuelva, que Leonor es bronce duro, que mi pretensión suspenda, vuelvome desesperado, oigo aquella noche misma, estando rendido al sueño, una voz, que me despierta. Era de Doña María, que por un tabique, esenta mas que a su sangre, y honor, de su pasión a la fuerza entro turbada en mi cuarto, refiriome. Espera, espera, esto que has dicho, Don Juan, es falso, y es bien, que adviertas lo que dices. Esa voz fue mía, que con cautela, fingiendo ser, a Don Juan le dije amorosas quejas la noche que fui a tu casa. Ay tal disgusto Ay tal pena? Pues yo engañado le dije, para que me aborreciera, que estaba en Madrid casado, y grosero de ella misma, con el propio fin le dije mil males; y viendo muerta mi malograda esperanza, a esta quinta, a esta floresta, donde salió a divertirse, me vine, aquí con cautelas averigue su afición, pues con mortal apariencia herido, y sangriento el rostro, salte hasta tocar la huerta. Gocé en sus brazos favores, oí en sus labios ternezas, y dando vida al engaño, después en su cama misma acostado vi a Don Diego, seguile a costa de penas. Quiere matar a su hermana, obligado de sospechas, estorbo su ejecución; cuando de sus celos ciega, pretende Doña María ejecutar la acción misma, su rigor mi primo impide, Leonor penosa se queja. Todo lo que pasa es esto, que es claro se manifiesta; vos, primo, no os agraviéis, pues sabéis, que las ofensas ocasionadas de amor, tienen la disculpa cierta. Y escarmentad, Don Fernando, para no alabar la prenda que estimáis con tanto extremo, que la culpa ha sido vuestra. Y en satisfacción de todos estos disgustos, y penas, hoy os ofrezco a mi hermana. con seis mil pesos de renta. Vos, Dona María, adverrid, que en personas de Nobleza de semejantes acciones, s temora la prudencia. Mas de esa temeridad, celos la disculpa se vos, Leonor hermosa; dad la manea quien os espera. Y vos, perdonad, Don Diego, porque mis intentos eran no desdorar vuestra casa, antes honrarme con ella. No lo dudo, y pues amor estos sucesos ordena, digo, que deis a Leonor la mano. Fernando, ajena soy, vuestro favor estimo, mas inclinación de estrellas no me permiten pagar lo que os debo. Aunque pudiera tener en esta ocasión de mi primo justas quejas, puesto que en cambio me da a mi prima, con tal pienda nada envidio. A vuestras plantas pido perdón, Leonor bella, de aquesta temeridad. Donde hay celos, no hay prudencia, tan vuestra soy como de antes. Permitidme, que merezca ser vuestro esposo, señora, pues no ignoráis. Quién granjea, Don Diego, en eso soy yo Mis bodas no se conciertan? Sí, que con Inés te doy docientos pesos de tenta. Vivas más que treinta tontos, Donde pidiendo el Poeta perdón, ilustre Senado, le da fin a la Comedio.
