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Texto digital de Al noble su sangre avisa

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Tomás Manuel Paz
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Tomás Manuel Paz Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Al noble su sangre avisa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/al-noble-su-sangre-avisa.

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AL NOBLE SU SANGRE AVISA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Ya, Astolfo, y señor, que el cielo, para alivio de mis penas, ha permitido te hallase al tiempo que en la maleza, para mi formé sepulcro, aún donde el Sol no me vea. Ya, pues, que de tus fortunas, a pesar de la tristeza, me diste noticia, haciendo teatro de tus tragedias. Y ya, pues, que de tu albergue, sin saber a quien hóspedas, con cariño, y con valor, dueño permites que sea. Y ya que tengo entendido, me mandas que te refiera la causa de mi retiro, en la margen lisonjera descansa de aquesta fuente, mientras que yo de mis penas, te doy noticia, si acasó, los rigores de mi estrella no cuatan, por más tormento, el movimiento a la lengua. Solo con esa esperanza he divertido la queja, que tan justamente tengo del silencio a que te entriegas, pues cuando recién llegado. no bastó el traje que obsten a conocer, que sin duda, o es vana toda mi ciencia, o encubres un alma noblo, entre rústica correza: Por cuya causa, llevado del aprecio de tus prendas, no pude disimelar de mis fortunas desechas, tras veinte anos de silencio, el darte noticia de ellas: y habiendo de tus suspiros conjeturado en mi idea ser extrano tu suceso, te pedime le dijeras varias veces; pero tú por esas nevadas hebras de plata, en cristales dabas mudamente la respuesta; Con lo cual, juzgando haber hallado quien dibirtiera el peso de mis desdichas; es mi suerte tan adversa, que tu pena, Alberto amigo, hace crecer más mi pena: Mas ya que determinado estás a decirlo, alienta, que es Astolfo quien te escucha, que aunque para sus tormentas no ha avido humano remedio, puede ser que de manera sean las tuyas, que se alcance aún más de lo que deseas. Ya estoy sentado, prosigue, que si no miente mi ciencia, del prodigio de tu historia tendrá fin mi suerte adversa, como me avisan los Astros. Deme quien soy fortaleza. Nápoles, aún no he empezado, y ya siento que flaquea; Nápoles, pues, Noble Astolfo, que de su Reino Cabeza es, maravilla del mundo, fue la parte donde ordenan los cielos que recibiese la más ilustre nobleza, que del Rey ababo vieron de su Rey de Armas las letras, nací, pues, su Condestable. Válgame el cielo! . Aquí empieza con más atención a oírme, suplicándote que adviertas, que mi nombre es Federico, que mudarle fue advertencia, que ya tendrás conocida: Fuide mi Reino la Estrella mas inmediata del Sol, pues siempre del Rey tan cerca estuve, que me ilustraban los rayos de su grandeza: Tan querido de Rodulfo me hallaba, que fue cautela tal vez no advertir favores, por no hallar correspondencia, Un Argos fui de su gusto. y el Rey del mío lo era; mira que haria un vasallo leal con tanta fineza? Cargó el peso del gobierno sobre mis hombros; quisiera decirte, que su fatiga siempre a mi amor fue ligera; Siendo el Rey mozo, dejó a mi elección que eligiera la consorte a su persona: hallola mi diligencia en Parma, cuya hermosura fue a Rodulfo tan acepta, que con su gusto, y del Reino me partí por su Duquesa. Entré en Parma; ay de mi triste! recibiéronme con fiestas, despóseme con poderes, y la jornada dispuesta, para Nápoles, escucho en una inmediata pieza de donde la Reina estaba, con dolor, y con prudencia, de una dama el tierno llanto: Seguí el acento, y las quejas, que fueron a mis oídos el canto de las Sirenas. Hallé a Violante, perdona, que aquí un rato me detenga que como la villorar, y como fue la primera, que por las puertas del alma robó todas mis potencias, también aquí su memoria casime despoja de ellas. Era de la Reina prima, y viendo como la deja, y que sin ella se parte, lloraba por ir con ella. Supliquela que la lleve, acepto presto su Alteza, que el amor a poco ruego concede lo que desea. Parto a Nápoles gozoso; y con poca diligencia hallé en Violante cariño, mas no me espanto, que era Federico en aquel tiempo. en la gala, y gentileza el Adonis de su Reino: Qué comparación tan necia! con el amor me olvidé de la pasads soberbia! Y por abreviar te digo, que me desposé con ella en secreto; or entonces, que cuando se unen estrellas, ni hay plazo que no se alargue, ni hay ocasión que lo sea. Hallose la Reina en cinta, y al mismo tiempo mi prenda: estando para sacarle trazando varias cautelas, llevó el Rey a Miraflor, Aldea mía, a la Reina, para que en varios jardines de su gusto se divierta: Por lo cual también Violante le fue forzoso ir con ella: y porque admiréss Astolfo, lo que los cielos ordenan, cogió en una noche el parto a mi esposa, y a la Reina. Fueron hijos los dos partos; fingiose mi dueño enferma, ocasión que nos valió el logro que se desea. Gustoso el Rey del suceso, daba ocasión que tuviera el aliento de mi dicha igual la correspondencia, pasando mi pronio afecto para con él por fineza. Pero viendo que el Infante. el dulce alimento deja, con peligro de la vida, cubrió a todos de tristeza; y de sentimiento el Rey dio señales, que pusieran; a pasar más adelante, a la suya en contingencia. Viéndole casi rendido, discurro como pudiera remediar tan grave daño: y propusome la idea el remedio, y sin hacer segundo acuerdoen su audiendo aquella noche quité con secreto, y con cautela el hijo del Rey mortal, y el mío, cuya belleza me llevaba el corazón; dejé entre las Reales telas, llevando el can difunto al ama, sin que lo sienta: porque conozcas, Astolfo, lo que un afecto despeña. Aún no los rayos del Sol de su luz nos daban señas, cuando juzgándose el Rey sin alma, vida, y potencias, oyó la nueva dichosa, sin saber cosa tan nueva, al mismo tiempo que yo, pesaroso de la empresa, el alma entró a ver del mío, y juzgando de hallar muerta a la causa de mi muerte, gozaba del dulce néctar, sin hallarse haber tenido accidente en su flaqueza. Dio el Rey la vuelta a la Corte, y tan presto dio la vuelta, que no pude deshacer el daño que me atormenta: porque llevando goroso a mi hijo, y a la Reina, no tuve más ocasión: Y así, señor, me fue fuerza criar por mío el Infante, sin hallar modo, o manera de desatar este engaño; y porque mi inadvertencia tuviese el dolor cumplido, mi esposa murió en la Aldea de sobreparto, y quedó, disimulando la pena, criado a Carlos, de modo, que no echara su ignocencia menos los Reales cariños, enseñanzas, y asistencias. Salio galán por extremo, ca la acción ponía una flecha, que el corazón me pasaba, porque la naturaleza no pudo fabricar hombre de virtudes tan escelsas para la Corona: y esto me trataba de manera, que solo el disimularlo era batalla sangrienta, que la templava la vida de Alexandro, que este era el nombre que el Rey le dio a mi hijo: y aquí es fuerza no pintar su gallardía, que puede ser que la lengua, de la pasión ayudada, diga más de lo que intenta. Corrió el tiempo, hasta que el Rey casar a Alexandro ordena con la Duquesa de Mantua; vine, señor, a su tierra, capitulé el casamiento, y mirando a mi conciencia el daño que la cercaba, quise, a pesar de mi afrenta, antes pasar por culpado, que no encubrir tanta ofensa. Y habiendo dado el retrato de Carlos a la Duquesa, tuve modo de fingir, que en una caza de fieras una me quitó la vida, y de un criado de prendas fio la nueva, y papeles: Estos a Carlos los lleva, entre los cuales dispuso un pliego mi providencia, sellado, para que al Rey le dé Carlos, cuando sepa que soy muerto; y en la carta al Rey le doy larga cuenta de todo cuanto has oído, sin faltar en una letra: y con otras circunstancias. tocantes a esta materia: Y habiendo dicho al criado. en la parte que le espera mi persona, me retiro adonde nadie me vea, a llorar mi desventura, pues quiso mi suerte adversa que naciese una traición de una imprudente fineza. Y así, Astolfo, esta es la causa de mi traje, y mi tristeza, aunque en tan grande desdicha dispone el cielo que tenga compañía en mis sucesos, y puerto en tanta tormenta; Admirado estoy del caso, mas no de modo, que tenga imposible su remedio, que puede ser, cuando vea- el Rey la carta, remedie el dolor que te atormenta: y si no lo remediare, tiene el consuelo tu pena, haber causado este hierro del cariño la violencia. y pues dijiste al criado el laberinto en que quedas, y quedó de darte aviso, ha de que cuando vuelva de tu confuso cuidado. te ha de truer feliz nueva. yo si que soy desdichado; ay dulce, y perdida pienda: blanco donde mi enemigo. quebró la furia sangrienta! Vamor. Federico amigo, que ya de la cuarta esfera despara el globo de luces ardientes de fuego flechas: y Para el calor, ya sabes que es mi estancia más amena; ademas, que puede ser que hayan de algunas Aldeas venido por medicinas, que les previene mi ciencia, arte que en mis mocedades me inclinó naturaleza, como ya te tengo dicho, de que se sigue que tenga fama en todo el Apenino, y mi vejez conveniencias. Vamos, Astolfo, y el cielo te pague tanta clemencia, y le pida. . Qué le pides? Qué halles la suz de tu estrellas Coronado de trofeos el Sol de Nápoles sale, el valeroso Alexandro, y Napolitano Marte. La frente Augusta ceñida: de victorias inmortales del Cetro, y de la Corona heredadas de su padre. Liberal sus resplandores a todo el mundo reparte, que no es luz la que se tarda un punto en comunicarse. Cese el métrico instrumento porque mi pena porfía; y es lisonja su armonía. al rigón de mi tormento: A no dar gusto condeno a mi gusto, pues advierte, que mi desdicha convierte el antidoto en venano. No cantéis más, despejad, que no sé porque razón atormenta el corazón el trono, y la Majestad: Porque estoy triste apetezco saber; y no halló el porqué, y aunque padezco, no sé la razón porque padezco. Procurara remediar mi daño, si le supiera, y es mi desdicha tan fiera, cuanto no poderle hallar. Tiene su discurso en calma esta tristeza vhemente, pues al paso que la siente, al mismo la ignora el alma. Hoy que Nápoles la bella por Rey te vio coronar, tanta pena has de mostrar? No puedo vencer mi estrella, Conde Aurelio, que el rigor, que el Regio triunfo deshace, sin duda alguna que nace de causa más superior: porque de buena razón, viéndome tan aplaudido, tan estimado, y querido del Reino, mi corazón mas gustoso había de esta: y es tanta la tiranía de mi mal, que su alegría aumenta más mi pesar. El saber no te da aliento que Federico ha llegado a Mantua, y efectuado con Diana el casamiento, cuya admirable belleza, dicen, que no tiene igual? Ni aún eso alivia mi mal, tal es, Conde, mi tristeza, que aunque Federico tarda, ni yo estoy enamorado, ni padece mi cuidado el mal del que amando aguarda. Idos, y las alegrías haced, Conde, suspender, hasta hallar si puede haber remedio a las penas mías: y por si esta pena cesa, a Velflor te partirás, que es del Conde, y detendrás, cuando llegue; a la Duquesa. Procurala entretener, mientras solicito hallar alivio en tanto pesar, en su casa de placer: Porque su grande belleza, fiada en justo contento, no es bien que un desabrimiento halle, en lugar de fineza. Y demás a más, advierte, que nosalga de Velflor sin mi aviso, si el dolor antes no me da la muerte. Y asímismo partirás luego al punto al Apenino; y aquel ingenio divino de Astolfo, le pedirás, que venga a ver mi persona, y este achaque no entendido, que le daré agradecido, si le alcanza, mi corona. Traile con estimación, que según yo lo deseo, parece, Aurelio, que veo libre por él mi pasión. Con el silencio, señor, mi obediencia, y sentimiento éxplico, que mi tormento no halla lengua a tal dolor. Ea Alejandro, ya está s . solo, y aquí en el silencio a mí de mí me pregunto, la causa porque padezco? No soy Alejandro yo, del Rey Rodulfo heredero, pues si nací Rey, que puede embarazarle a mi pecho? Los Reinos que me dejó mi padre, en paz no los tengo; en quietud? pues si es así, quién causa guerra a mi aliento? Si mientras vivio mi padre, con ser único heredero, no me tuvo voluntad, por ser a su gusto opuesto, a pesar de sus desvíos, y de su trato severo, el Reino todo me amana leal, y con tanto extremo, que llegué a tener envidia de su valeroso pecho? Si entonces me daba pena mirar su aborrecimiento, ya estoy libre de sus iras, y de la Corona dueño; con lo cual esto no es la causa de mi tormento. Si el Privado de mi padré Federico, es de mi afecto la más estimada prenda, y está ausente, no por eso hay razón para que un Rey, por un vasallo, aunque bueno, llevado de su cariño, haga por su ausencia extremos. Si la Duquesa de Mantua surara hermosura dueño me admitió, y yo no me abraso en sus divinos incendios, no será causa tampoco de esto ignorado veneno. Si cuando murió mi padre. con un cuidadoso afecto me dijo, Alejandro mío, Federico, a lo que entiendo, aunque nunca fue casado, un hijo tiene mancebo, gallardo, y de ricas partes, el cual prudente, y secreto crió fuera de la Corte, que a su decoro atendiendo, no se declaró jamás, por ser el Conde un espejo en quien nunca vio vapor el envidioso, ni el cuerdo. Llámase Carlos, y fío, que harás, pues yo te lo ruego, que en él vea Federico, si a sus servicios atiendo. Este cuidado tampoco puede causar en el centro ma ningún cuidado, yo a Federico quiero de manera, que ha de ver que es dar con fineza el premio? Y así en aquesta atención de mi padre, y su precepto, no puede a ver pena alguna; por ser lo que más deseo. Grandes novedades miro! el Rey está aquí. . qué es esto? Alisio, seáis bien venido. No cabe en mi entendimiento el dar las nuevas que traigo, con lo que pasa en el Reino: y así, Carlos, gran señor, del Condestable heredero, las diga en vuestra presencia, si le concedeis primero, por hijo de Federico, la licencia para hacerlo, Si en Napoles está Carlos, como negársela puedo, Sí señor, y a vuestros pies. Serán mis brazos primero. Si toco del Sol los rayos, temeré abrasarme en ellos. Si sois el Sol de la tierra, con las plantas me contento. Aparta loco. . No gozan los Condestables del Reino con riesgo su ardiente esfera: No sé que al mirarle siento . que me causa su persona, al paso que amor, respecto, y no sé qué oculta causa me templa el dolor al verlo? Con tantas honras, señor, muy bien atreverme puedo a daros parte en mi pena, para que pueda mi pecho tener seguro el alivio en tan grande sentimiento. Después que en Mantua dejó efectuado el empleo con vuestra esposa, mi padre, estando cercano el tiempo de su venida, un caballo en una caza, soberbio le despeñó, a cuyo golpe la columna, que el Imperio sustentaba, dio la vida. Válgame todo mi aliento! Y al salir a daros parte, supe como todo el Reino, por muerte del gran Rodulfo, que pisa hermosos luceros, vuestro triunfo Real celebra; por cuya causa depuesto traigo el traje que pedia el natural sentimiento. Entre la ropa, y papeles que Alisió me dio, halle lun pliego sellado; y su sobre escrito para vuestro padre, y viendo que acaso puede importar a la Corona el secreto, a vuestros ojos le traigo, pues solo podéis leerlo: Y asímismo, gran señor, pues han querido los cielos que logre vuestra presencia, rendido os ofrezco a un tiempo el pésame, y parabién del triunfo, y del sentimiento, de quien me ha cabido parte tanta, que deciros puedo, no sentí de Federico el lamentable suceso tanto, como de mi Rey estoy ahora sintiendo. Esta es la carta. . Mostrad, y porque veáis que agradezco ese dolor igualmente, os aseguro, y advierto, que he sentido a Federico de modo, que no prevengo, si al morir el Rey sentí el dolor que ahora siento. Lo que intenta Federico por ningún caso comprendo; pero a mí el obedecer me toca, y guardar secreto. Este es el Rey, y pensaba que era algún gigante fiero como el de Holias, a quien dio la muerte el Rey Salmero, Raro prodigio! ya hallé de mi accidente el remedio, sin duda que el Condestable fue padre mío si advierto tanto amor en Federico, como en Rodulso despegos, además, que es un retrato Carlos del mismo Rey. . Cielos en esta carta que traje, que hace el Rey tantos extremos? Parece danza de monos, que se explican con los jestos. Y el templarse la tristeza, es evidente argumento de haber hallado la causa de mi mal, si considero a mi sangre, repuguando lo soberano del puesto: y que no repugna el darle a Carlos el solio Regio, y más cuando Federico fue vasallo tan atento, que no nació el Sol tan puro como él lo fue en su gobierno: Además, que si él quisiera fingir este engaño, es cierto, que no abrázara mi sangre la nueva con tal sosiego. Y así, sin duda ninguna, eran su pecho, y mi pecho un relos, cuya lealtad, por faltarle, andaba inquieto. Descubrió el mal, y murió, dejando su movimiento tan sin gobierno en el mío, que solo siento sosiego, cuando el remedio que él tuno admito por mi remedio. Y así, pues mi noble sangre de este ignorado tormento me avisa, le daré a Carlos la Corona; y sepa el Reino, que no hay traición sin malicia, porque si hay nobleza, es cierto, que no callará su sangre el más ignorado riesgo. Pero vamos poco a poco, que aunque to lo es verdadero cuanto he dicho, no es posible arrojarme a lo que intento. Y así, antes de casarme, con más prudentes acuerdos examinaré si es Carlos digno del solio supremo. Y pues el cielo conoce la intención mía, le ruego, que si es suya la Corona, me descubra fundamentos más claros, que los que toco, y conozca el universo, que es la nobleza el crisol de virtud, sealtad, y ejemplo: Esto ha de ser, llega, Carlos. Qué decís, señor? . qué vuelvo a dares otra vez los brazos, que he logrado gran festejo en haber visto esta carta. Has me tenido suspenso, que juzgué efecto contrario, Y por pagar lo que debo a Federico tu padre, todos los honores Regios, de que en la Gorte gozaba, te los vuelvo a dar, y quiero que tenga mi Monarquía sobre tus hombros el peso, porque hijo de tal padre, es evidente argumento, que para empresas mayores habrá heredado el acierto. No sabe, señor, la lengua, al ver tan grandes excesos de amor, pronunciar respuesta: y así, el agradecimiento, pues en palabras no cabe, explique por mí el silencio, Y que le das a Pisón? Eres tu Pilón? . El mismo. Gracioso nombre tenéis. Es de pila por lo menos; el caso fue, que mi madre en el Pilón de mi pueblo estaba labando un día, era flaca de celebro, aunque no de beber agua; cayósele el envoltero de la ropa, fue a cogerle, era el lobillo travieso, y por asirle se halló de pies, y cabeza dentro. Estaba de mi preñada, y con el susto se abrieron las ventanas de mi casa, y salí con gran despejo entre las pares nadando, por cuya causa me dieron el gran nombre de Pilón. Dirá dos mil embelecos, no hagáis caso, que es un loco. Que me divierte os confieso; di que te den cien escudos. Quién, señor? . El Tesorero. Pues pídole a Dios que vivas tanto como has de estar muerto. Alisio. . que es lo que mandas, . Pues ya, según lo que advierto, hoy llegará la Duquesa de Mantua, preben que luego estén postas prevenidas, porque esta noche pretendo con Carlos; ir a Velflor: Y a lo que veas, te advierto no te des por entendido, que te va la vida en ello. Sin prevenirme, señor, sé obedecer con secreto: Ven conmigo. . No quisiera que se anublasen los ciento. . Carlos. . Señor, Porque veas lo que fío de tu ingenio, y de tu lealtad; escucha. Solo busco obedeceros. Pues has de saber; no extrañes tal caso, porque los cielos, para logro de mi dicha, parece que te trajeron, que aunque procuro casarme, antes, amigo, pretendo saber si a caso la Reina me tiene amor verdadero, que mujer por conveniencias, mas que amor, es cumplimiento, y no hay concierto en el gusto, cuando es el gusto concierto, que el interés, y el amor, según mi dictamen, siento, que raras veces se halla que asistan en un sujeto, Por esta causa, fiado en tu raro entendimiento, de que ya tengo noticia, por primer cosa te advierto, que partamos a Velflor, trocándonos los sujetos; tú te has de fingir el Rey, yo Carlos fingirme tengo, que la Duquesa no puede venir en conocimiento de este caso, porque yo previne ya aqueste riesgo; con decirá Federico diese tu retrato, al tiempo que había de dar el mío, para que pudiese luego, averiguado, decir, qué el de su hijo por yerro había dado a la Duquesa: Y ya que ha querido el cielo que logre aquesta ocasión, prevente, porque al momento hemos de partir. . Señor, pues que consigues con eso, no es fuerza que la Duquesa, juzgando que soy el mismo de quien ya tiene el retrato, tenga gravada en el pecho la copia, que por los ojos le dio la ocasión, y el tiempos Puede ser, y si es así, saldré mejor con mi intento, porque aunque hay otro motivo; que a mi persona reservo, no busco, Carlos, mujer que tenga amor tan ligero, que pueda un retrato solo robarla el entendimiento: porque es cosa averiguada, que quien se rindió tan presto a la galá de un retrato, con otro hiciera lo mesmo. Qué mal sabes mi disigniol . trazas son que da mi ingenio sobre un aviso, que viene de Federico en el pliego, de aquel retrato de Carlos, prevenido de remedio, le dio en Mantua, por si acaso el Rey previniese cuerdo deshacer tan grande engaño; de donde también sospecho que intentaba Federico retirarse de este Reino, si la muerte no atajara, según juzgo, sus intentos. Y así digo, que no es justo que quien quiere darle un Reino! le empañe, ni aún con la usta, del honor el limpio espejo, Y como queréis, señor, que yo al soberano dueno reciba, siendo forzoso los precisos cumplimientos ofender vuestros oídos, siendo en tan preciso empeño decir la lengua lo mismo, qué destierra el pensamiento? Eso, Carlos, no te toca; lo que toca, es hacerlo, que aunque es verdad que el honor es un purísimo espejo, que un breve aliento le empaña; sabras ese breve aliento, si respirar quiere a fuera, hacer que se vuelva a dentro. Esto ha de ser, vamos, Carlos, que si apuro este suceso, que al Noble su sangre avisa, ha de ver el universo. Hermoso sitio, señora. Agradableretrato de la Aurora; no vi cosa tan bella; esta es Velflor, y con razón Estrella, tanto la celebraba el Condestable. República de flores agradable; y no es del Rey? No sé que lo sea; mas aquí a lo que entiendo, se recrea en sus melancollas, que aquí ledan tormento muchos días con terribles rigores. En este sitiode fragantes flores, donde la naturaleza del arte ayudada, tiene divertidas las potencias, el cansancio del camino puede almiar vuestra Alteza. Conde, venís divertido, que Diana es la Duquesa, su prima Estrella soy yo. En Mantua la vi, y las señas sin duda tengo perdidas; perdone vuestra belleza el yerro de haber tenido por tanto Sol una Estrella. Yo quiero tanto a mi prima, que tómara ser Estrella, dejando de ser Diana, por verla con tal grandeza. Hay tal extraño capricho! pero obedecer es fuerza. Qué intentará mi señora con tal mudanza? . Su Alteza, Aurelio, tiene ordenado, que luego al punto se vuelvan a Mantua los que vinieron, supuesto que el Rey ordena que en esta Quinta aguardemos su voluntad, mientras llega. Haré al punto se ejecute, señora, como lo ordenas: y de camino me parto al Apenino, y quisiera llevar alas, porque el Rey saliese de sus tristezas; aunque no sé yo si Astolfo, aunque Alejandro le espera, quetrá dejar de su estancia el gusto, pues cosa es cierta, que otras veces le ha llamado, y siempre él sabio se niega, aunque puede ser que ahora importunado obedezca. . Qué es lo que intentas señora, con una cosa tan nueva, como hacer que vuestra esclava el Roy presuma que es Reina? ̱. También yo estoy agmirada, Escúchame un ratoatenta, Ya sabes, Estrella mía, que naciste en una Aldea, donde yo te vide acaso, desamparada, y sujeta, por haber muerto tus padres, a la terrible inclemencia del tiempo; esto llevada de tu admirable belleza. Ya sabes que te he tenido con secreto, y con cautela, porque mi tío (ah tirano!) en ningún tiempo te viera favorecida de mí, pues su condición, opuesta a la mía, resultara en agravio mi fineza. Esto asentado, también sabes como mi prudencia, con nombre de prima mía, te ha traído: pues advierta tu admitable discreción, que son prevenciones hechas con grande acuerdo, i no a caso las que ves, y experimentas. También sabes que he nacido tan arrogante, y soberbia, que antes perderé la vida, que casarme, sin que vea si el dueño que elijo tiene igual la correspondencia: porque Alejandro estar triste, ser tan tibia su fineza, que no le debo un carino, da muy claramente muestra, que le pesa de dejar, lo que de tomar le pesa: Esto lo sabré mejor haciendo tú la desecha; y con aqueste cal ticho veré si el Rey, cuando llega se lleva de tu hermosura, o si descubre tibiezas, que si adora en otra parte, aunque disimular quiera, fácil será conocerlo. Pues como podrá mi lengua decir finezas a un hombre, que es logro de tu belleza, y más si acaso entendiendo que soy yo su esposa, llega a rendirme el albedrío, es fácil que luego pueda borrar del alma una cosa, que se imprime con tal fuerza? Eso es lo que yo deseo; . mas yo saldré con mi empresa. Ay. Estrella, que no sabes donde me guía tu Estrella! Digo, pues, que te obedezco, aunque tan dudoso sea. Su retrato embié a Alexandro, porque he de hacer de manera, que ha de conocer el mundo si hay lealtad, donde hay nobleza. Ya por la posta ha llegado el grande Alexandro. Es fuerza el salirle a recibir. No sé que rara influencia . se ha transformado en el alma, que no me cabe en las venas; no me parece que finjo según mi sangre me alienta: mas que digo? estoy en mí? Excusad la diligencia, que cuando el Alba pretende recibir al Sol, ya llega, porque sus rayos no dan lugar un punto de ausencia; que Qué deidad tan manifiesta! Parece que mi accidente con lo que intento se templa. Solo a mi dicha faltaba lograr vuestra Real presencia: ya me iba a despeñar. Bien, señor, tanta fineza os merece la que viene a ser esclava, no Reina: Yo no sé lo que me digo, . quién vio herida tan violenta! Qué es esto que me sucede? . Todo el corazón me lleva, . sin poderme resistir; o si la suerte quisiera que fuese este Caballero digno! Quien a vuestra Alteza, señor, viene acompañando? Muy bien su valor lo muestra, es el Condestable Carlos. Ya es más dichosa mi empresa: cielos, si el Cónde está libre? Aunque es bella la Duquesa, a, este ignorado prodigio me suspende las potencias. Quién a su Alteza acompaña? Señor, es mi prima Estrella. Confieso que me ha rendido, no resisto su influencia. Sin alma estoy! no lo dudo, mas son mis armas de cera! Que no estoy en mi confieso! mas es de mi dueño prenda. Conde, besal de la mano a Diana. . Quién pudiera, si no es mi Rey, gran señora, merecer tanta belleza? Y quién, sino su deidad, vasallo en Carlos tuviera, Merezca, señor, mi prima besar vuestra mano, y tenga parte en la dicha que gozo. Si mereció ser Estrella de vuestro Sol, puede haber aplauso que no merezca? En el nombre de Diana el parabién a su Alteza le doy de tan dulce empleo. Ay si la verdad dijeras! Muy galán es, pero el Conde me ha robado las potencias. Raras cosas estoy viendo! . Los cien escudos me cuestan venir dado a mil demonios; válgate el diablo por yegua, y cual me ha puesto los huesos: deme los pies tu Grandeza, si quiere que se los glose. Quita, necio. Sois Poeta? Si lo soy más desgraciado, que cuanto escribo en mi Aldea, si sale bueno, me dicen que lo hurto, y es la fiesta, que lo que no vale nada, aunque de otro ingenio sea, me lo atribuyen a mí, con que me dan brava brega. Pensión es de los ingenios. Y más si el pobre Poeta no está bien acreditado; que si lo está, cosa es cierta, que suelen sus voberias. pasar plaza de sentencias. Preciso será el descanso. Vamos, con vuestra licencia, que aunque me abrasen sus ojos, no me han de herir sus centellas. Aunque me cerquen sus rayos, les he de hacer resistencia. . No es mucho dejar el col, si sigo aqueste Planeta. Si parezco bien a Carlos, . no es mi disignio fineza. Qué es esto? cómo, señor, todos te llaman Alteza? Disimula, porque importas Callaré como una piedra: la muchacha es como un oro, toco a envestir, que hay moneda. Para que conozca el mundo. Porque el universo sepa. Porque admiren las edades. Que su sangre al Noble alienta Que no hay amor, siay traición quéhay lealtad, donde hay nobleza Que sabré morir callando. Que si Dios no lo remedia, o yo sueño lo que miro, o todos no ven que sueñan.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Este es Astolfo, señor, el ingenio a quien celebra el universo; por solo en la medieina excelsa. Este el Filósofo es; cuya peregrina ciencia, si de Hipocrates imagen, es traslado de Avicena. Este, a quien el Apenino dio a beber en sus riberas, el desengaño en retiros, y el asombro en elocuencias. Este es quien viene a curar tantas ocultas tristezas como vuestra Majestad padece, y a quien venera por grande toda la Italia: y ha sido grande, fineza no despreciar tu mandato, quien todo un mundo desprecia. Sus grandes melancollas. no le dan lugar que atienda a que habéis venido, Astolfo; pero al punto que lo advierta, hallaréis en su persona Real la correspondencia. Qué gallardo que es el Rey, desgracia es que no lo seal . Señor, mucho sentimiento tiene el alma de las nuevas, que me ha dado el Conde Aurelio de tan terrible dolencia; dadme a vesar vuestros pies. Astolfo, a mis brazos llega; de todo estoy advertido, . aunque es tan grande mi pena, que no tiene semejante, solo con miraros cerca, si del todo no se quita, parece que se me templa: Yo he de perder el sentido . con lo que Alejandro intenta! Señor, esa es la aprensión, que como tiene su Alteza hecho concepto en el alma, que le ha de curarmi ciencia, es tan poderoso el juizio del bien, o mal que se espera, que hace efecto imaginado, como si la verdad fuera. Y si no sirva este cuento, como quien dice, de prueba; Lamadre de un gran Dotor cayó en Nápoles enferma de una enfermedad, que nadie llegó a entender su hereza, os Médicos afamados fueron con gran diligencia a visitarla, cumpliendo la urbanidad que profesan: Y viendo tan grande achaque, poniendo en arcos las cejas, decretaron que no había en toda la humana ciencia remedio a tan grande mal, Pero réplico la vieja, mi hijo me ha de obrar: y por dejarla contenta, recetó algunos remedios, y obraron de tal manera, que cobró luego talud. Y del mismo mal la suegra del Dotor cayo al instante, y le negó la asistencia; diciendo, a mi madre es claro, que lo que la dejó buena no fue lo que receté, si no el hallarla dispuesta de la fe que en mi tenía, con que gané fama eterna; pero en mi señora es cierto que va volada mi ciencia, porque en su yerno jamás tuvo fe ninguna suegra. No ha sido la prueba mala. Los más suegristas lo aprueban, Alexandro, señor mío, que transformación es esta, que aunque venero el preceptó) mi admiración no sosiega? Disimula, Conde Aurelio, que no es ocasión aquesta, Señor, declara tus males: Ay Diana, y quien pudiera! . Raro capricho el del Rey! no habrá quien le comprenda, Son de calidad, Astolfo, los tormentos que me cercan, que temo que me han de matarme si los pronuncia la lengua; quítome la vida el Rey, mas él viva, aunque yo muera, Antes, señor, sin decirlos no cabe en humana ciencia aplicar remedio alguno, porque es la facultad ciega. Pues si eso ha de ser, escucha, diré lo que el Rey ordena. Sin duda que los Dotores deben de hallar en las letras licencia para matar, porque matan con licencia. Todo mi mal es tener una profunda tristeza; diré lo que siente el Rey; puesto que así me lo ordena; un aborrecer el trono, un morir con la grandeza, un sentir que la corona, si no me rinde, me pesa. Los triunfos me dan fastidio, fiero disgusto las fiestas; la Majestad está en mí a pesar de mi prudencia, según lo que yo conozco, como forzada; o violenta, desde que murió mi padre, que pisa montes de estrellas, y yo tomé posesión, como hijo de sus prendas, empazó mi corazón a sentir tanta tormenta; por lo cual todo mi Reino tiene de mi justa queja, viendo al paso que me amaban; ordenando su fineza, regocijos a mi aplauso, que se los pago en ause Por esta causa en Velflor se detiene la Duquesa, y por esta causa, Astolfo, rte he pedido que vinieras. para que si tienes dicha de librarme de mis penas, te ponga yo agradecido mi corona en la cabeza. Ya has oído mi desdicha, y es la pasión tan severa conmigo, que me es forzoso retirarme, donde pueda dar alivio al corazón, porque en la cárcel estrecha tiene las exhalaciones detenidas, y violentas: y viéndose en el retiro, las arroja, o las ausenta. Y así, con Carlos podrás, pues ya has oído mis penas, consultar en los remedios, que piden con advertencia, que de todo cuanto siento aún te dará mayor cuenta, por haber comunicado con él mis ansias adversas, Él es móvil que me rige, y aunque mi remedio sea algo menos de imposible, con él, Astolfo, lo ordena, que remedio que pasare por su mano, es cosa cierta que hará el efecto que piden su lealtad, y tu fineza. Qué bien lo dispuso el cielo, le doctó de gran prudencia. Digno de eterno renombre es el grande amor que os muestra, Todo lo debe mi afecto. De tan extraña! quémaras, si no lo remedia Dios, he de hacer una Comedia, por si acaso quiere el cielo. que a ninguna se parezcas, porque si parece alguna, el desdichado Poeta por ladrón de trazas tiene. mucho peligro a la oreja. Aurello, ve con el Rey. El demonio que os entienda, Vete, Pilón. . Ya me voy: es esta Quinta Ginebra? . Hasta saber lo que admiro confusa estara mi idea. . Qué fácil es el remedio, cuando está tan manifiesta. la causa, que Federico, me dijo, y que bien campea; en su sangre generosa tanta noble resistencia! Si conoce mi tormento, gravaré en bronce su ciencia. ̱. Condestable, ya que el Rey, como el efecto lo muestra, quiere que con vos declare del dolor, que le atormenta. la causa, el no haberle oído, lo atribuyo a providencia. divina, porque es de modo, que no sé si me atreviera. a decirla cara a cara, y aún es preciso os advierta,, que os ha admirar de suerte. lo que mi juicio penetra, que habéis de dar por perdida sin duda su diligencia, porque no ha de creer el Rey, lo que indican sus tristezas. Pues, Astolfo, has conocido de dónde su mal proceda? Si mi ciencia no se engaña. Fues decildo, no os detenga razón ninguna, que el Rey obrará sin resistencia. cuanto yo le, propusiere, Mucho decís. Cosa es cierta. Pues escuchadme. . Decid Aunque no sabe mi ciencia. su achaque, sin doda alguna. la razón es man fiesta, que Federico me dido, porque tanta resistencia: es efecto de su sangre, esperanza hay en su pena. Carlos, del Rey el dolor me descubre claramente que padece el accidente mas noble, y más interior, sin duda que su valor, pues halla tan grave encuentro en la grandeza, y tan dentío, me declara en tal estado, que pues no está sosegado, no debe de ser su centro. No agradarle la corona, que tanto el mundo estimó, parece que no nació dueño de ella su persona: y está misma acción pregona al resistir, tanta alteza, de su sangre la fineza, porque le avisa leal a su nobleza del mal! que marchita su nobleza, Y sabed, que pudo ser: sucediese algunfracaso al nacer, por cuyo caso le trocasen al nacer: porque tanto aborrecer la gloria del gobernar, solo, Carlos, se ha de hullar? en una sangue eminente, que ignorando lo que siente, siente para no ignorar. Sin duda que hay heredada nobleza en su corazón, pues le avisa una traición su misma sangre ignorada, porque no estar bien hallada en el solio, es evidente que allá tiene interiormente alguna causa divina, que avisándole, le inclina a sentir lo que no siente: este estodo mi sentir. Esto es sobre natural. De Alejandro es este el mal, y así lo podéis decir. Pues que podrá su persona en este caso advertir? Qué ha de hacer? restituir a su dueño la corona. Pues cómo saber podrá si hay legítimo heredero? De su mismo achaque infiero, que sin duda vivo esta, que su sangre no clamara, si el sucesor no viviera, que por digno se sintiera sosegado, si faltara. Pues porque tu ingenio alabe como podrá conocer al Rey? . Eso ha de correr por el cielo, que lo sabe; quiera el Rey darle el Estado a su Rey, cuando le vea, y deje al Cielo que sea árbitro de su cuidado: Y de aquesto la señal ha de ser, y la evidencia, que cuando esté en su presencia, se lo ha de templar el mal. Quien te diera la razón de que lo digo por ti! Tan grande ciencia no vi! habló con mi corazón. Astolfo, a su Majestad diré cuanto has refetido. Pues atendede advertido; conoceréis mi verdad, que de ella ha deser más prueba, Carlos, cuando la digáis al Rey, si acaso miráis que le da gusto la nueva. Qué bien, Carlos, mi desvelo se logra en vuestro favor, . pues que me paga mi amor con desengaños el cielo! Y aunque basta a mi lealtad, el desengaño que he hallado ha de buscar mi cuidado más fineza a la verdad. Fuese, y pues solo he quedado, a Federico veré, se gún que con él traté, cuando vino disfrazado; esta sin duda es la parte adonde tiene encubierta de la mina oculta puerta con matavilloso arte, que en tiempo que el Rey vivía; y aqueste sitio ocupaba, por esta gruta gozaba de su Violante algún día, Hecha con traza notable, esta boca, corresponde a otro jardín, adonde, está ahora el Condestable, Segura traigo la seña, no se me puede perder, porque la puerta ha de ser en medio de aquesta peña. Llamo, no venga Diana, ya el peñasco se movió, que nada temo, si no encontrar esta tiruna: Excusaré estar con ella, por librar a mi memoria de acordarme de la historia. de mi desdichada estrella. Amado pecho mío, libertad deseada, venturoso albedrío, posesión siempre amada, (tado quien de tantas victorias te ha qui- el laurel generoso que has ganado? Corazón generoso, quietud aperecida, apacible reposo, aliento de la vida, quien los triunfos que labran tucorona en cadenas, convierte, y te aprisio- Mas no lo digáis, dejadme, (na? que ya dicen en mi pecho renovadas las heridas, que está presente su dueño. Ya es excusado decirlo, que las cicatrices siento, por estar cerca la causa, que se me aumentan de nuevo. Este es el Rey; ay de mí! que le diré, cuando advierto, mucho riesgo si le miro, y si no el de mi precepte? Cielos, está es la Duquesa, como podrán mis afectos al dueño de mi albedrío poderla hablar, sin ser dueño? de Diana ta el Rey, mís como, si no es centro mío; le miro como a mi centro? El Rey aqueste diamante, que es de la firmeza ejemplo, me manda que dé a Diana, porque nunca el pensamiento presuma tibieza alguna. en el dilatado empleo. Esta flor es de la Reina, que me obliga con imperio que a Alejandro favorezca, porque no imagine cuerdo, algo tibios los cariños: deme mi valor esfuerzo. Deme quien soy osadía. Hubo tan terrible empeño, como buscar en las llamas el huir de los incendios! Hubo pena más cruel, como presentarme al fuego, y que el riesgo de su furia no me asegure del riesgo! Vuélvome, pues no me ha visto! Pues no me ha visto me vuelvo, Ah pesar de la obediencia! Ha rigor de mi precepto! Esto ha de ser. . Esto importa; pero el Rey? Pero mi dueño? yo le llamo. . Yo la llamo; señora. . Señor; ya cielos se rinde todo el valor! No en valde. Reina, salieron hoy tan fragantes las flores, señora, si considero la ventaja que conocen en tan divinos luceros, a la que del Sol reciben, con la pensión de que luego que les da sus resplandores, es tan escaso su esfuerzo, que el tiempo mismo es testigo que les falta al mejor tiempo; mas vos no sois de esa suerte, que vuestro explendor excelso no solo excede en belleza ese planeta soberbio, si no que sus luces bellas, firmes sus rayos serenos, ni el Ocaso los sepulta, ni los empaña el aliento: Que con sentir lo que digo, . . Ver pretendo me es fuerza oír lo que siento! Vuestra Majestad perdone, que con su mismo argumento le tengo de responder, probando que el lucimiento de las rosas, y las flores, solo se debe a su imperio, Esta máquina florida, este terrestre gobierno, es imagen del celeste, en que yo, Real firmamento, solo hay un Rey que gobierna, los demás son los luceros. Estos reciben la luz de sus brillantes reflejos, mendigando cada uno de su Rey el lucimiento. Vos sois Monarca del mundo, de cuyo radiante fuego a todos comunicáis resplandores, con que es cierto, que a vuestra vistas las plantas reciban vida de nuevo. Y yo, que a vuestro favor, mas que nadie experimento, soy una estrella, que brillo mas entre Planetas vuestros: Porque aunque miráis mis luces, estad, gran señor, muy cierto, que son los rayos prestados, por estarlos recibiendo de vuestra vista; y si faltan, como nacen de su centro, en el Ocaso ya dicho hallarán su monumento: Ya me iba ha despeñar. . Carlos está aquí encubierto le he de escuchar, que es Diana con quien está. si está Estrella enamorada, pues he llegado a buen tiempo, que si lo está, se me logra mucho más fino mi intento. Este diamante. . Esta flor. Será señal. . Será espejo. De firmeza. En que veáis. La voluntad. . De su dueño, Yo no busco recompensa. Ni yo recompensa acepto, Yo le doy sin interés. En recibirle me ofendo. Hay quién pudiera tomarle! Quién le diera el alma entrueco? Pero nrimero es mi Rey, Es la Duquesa primero; en dar la flor soy mandada, mas en tomarle le ofendo. Recibir favor no es justo, en dar la joya obedezco. Ser del Rey favorecida, es de la Reina desprecio. Favorecerme Diana, del Rey ofende el respeto. Luego no puedo tomarle? Luego tomarla no puedo? Yo os doy aqueste diamante, mas ha de ser con pretejto de no recibir la flor. porque yo aquí no pretendo saber vuestra voluntad, que solo, señora, atiendo. que la mía conozcáis: y por mostrarla os ofrezco aquesta muestra por ter de tanta firmeza ejemplo. Yo al daros aquesta flor os imito en el intento; que sino queréis saber? el debido amor que os tengo, al recibirla, fiado. en la lealtad de mi pecho, y lo tenéis por fineza; que razón ay, cuando veo, que de la fe haciendo alarde, sacrificáis el trofeo, que no muestre el querer más. cuando yo no os amo menos? Que no reciba la flor de fino, leal, y atento. Que el diamante no reciba; por no empañar el respeto. Oh sangre, y como me avisas!! Oh Real decoro, y Regio!: Recibid, señora, vos el diamante; quede os ruego la flor en vuestra hermosura, que mejor está en su centro. La flor habéis de tomar; y aquese rayo de fuego no lalga de vuestra esfera, que en mi corre su luz riesgo. Haré que tome el diamante. Solo tiene este remedio; ea venza yo, tomad. Vos me enseñáis a venceros. Diana, señora mía: s Alejandro, Que a buen tiempo. Can d estable, habéis venido! Que a medida del deseo has venido. Estrella mía, porque el Rey, y yo tenemos una porfía amorosa, que la ha de vencer tu ingenios, Es la questión, Carlos mío, de modo; que no prevengo hallar remedio a la duda; si no me dais el remedio. En señal de la obediencia que he de tener a mi dueño, le ofrecia aquesta flar. Y yo de firmeza ejemplo, este diamante ofrecía. Pero dándola, no acepto dadiva al presente alguna, que es mi amor tan verdadero, que un átomo de interés empaña su lucimiento. Yo sigo la razón misma, i nos hallamos a un tiempo, despreciados los favores, y rendidos los afectos. Y así tu Estrella, pues eres: el archivo donde tengo el mayor tesoro mío, con gran cuidado te advierto; que me guardes esta flor, para cuando llegue el tiempo que la reciba Alexandro, como esposo, y como dueño. Yo, Carlos, lo propio digo, vos sois de mi entendimiento la parte más estimada, y pues que tanto os contemplo, este rayo dedicado a los divinos incendios; de Diana, le guardad, hasta, como dice, el tiempo llegue que se le ofrezcáis, como prenda, que en su centro deposita la firmeza, que rinde un Rey a su cielo. Perdonadme, prima mía, que aunque más quiera tu ingenio, en no tomar el diamante, mostrar más fino el afecto, esa color no le quita a lo que trae de despego. Aunque no tomar la flor sea un encarecimiento digno de vuestra grandeza, es menester mucho esfuerzo para quitarle al desaire las dudas que trae de serlo, y así bien podéis tomarla. Y así, Diana, te ruego, que recibas el diamante. Hallo salida mi ingenio. . De aquesta suerte saldré . con el laurel que pretendo. Yo me tindo a vuestro gusto, y así, tomando el consejo de Carlos, que para amaros ha sido norte, obedezco vuestra voluntad, tomando la flor. . Yo digo lo mismo, pues el diamante recibo; mas ha de ser con pretejto de que me le guarde Estrella, porque aunque yo le respeto, hasta veros desposado, no me miraré en su espejo. Pues yo de la misma suerte este penacho de fuego en Carlos le deposito, para que cuando el Imperio los desposorios celebre, sea Carlos el primero, que con aquesta señal dé a entender al uni verso, que pudo tanto conmigo la firmeza de mi aliento, que no bastó tanto amor a empañar tanto respeto. Rara lealtad! . Ay de mí! Aún lo que miro no creo. Voyme con vuestra licencia, para que disponga el Reino en Nápoles vuestra entrada, que de la muerte el suceso de mi padre, ha ndo cabsa la suspensión: y asíos ruego, que lo que es Regio decoro no atribuyáis a despego. Ya no puedo resistir, que es poderoso guerrero, con el que lucho, y conozco que ya me falta el aliento! No es mi voluntad, señor, ya mía, y así no puedo acciones de vuestro gusto juzgarlas, pues solo debo, sin examinar disiguios, venerarlas por aciertos, Sin alma voy. Yo sin vida! Murió mi valor, y esfuerzo! Huyendo voy del peligro! . Aún no he desanar huyendo! . Yo premiaré tu fineza. . Tu lealtadsabrá el Imperio. . Mirad, Carlos, que esa flor es prenda. . Ya yo entiendo. De Diana. . Ya lo sé; pues que me decís con eso? Qué miréis mucho por ella. Pues como dudaré hacerlo, siendo prenda de Diana, y favor de mi Rey siendo? Mas si este lazo divino fuera de vos, en el centro del alma le recibiera, Yo, que a Diana venero tanto como a mi aseguro, que si conozco el apencio que hacéis de la flor, que sea grande el reconocimiento. Pues si es la flor de Diana, como podrán mis alientos estimarla como ajena? Mi dicha consiste en eso. Amar ajeno favor, puede el favor mereceros? Sí, que es prenda de Diana. Vive Dios, que no os entiendo! No basta que yo me entienda? Sin eso os serviré, ofrezco sacrificarme a este lazo, aunque siempre con respeto, porque es el favor del Rey, Pues me amáis? Con el silencio solo me puedo explicar, que con la lengua no puedo; pero mirad que el diamante, que en vos es corto lucero, es de Alexandro. Qué importa? Es que si en rendir mi afecto en esta flor os agrada, amad el diamante os ruego, porque solo esto será de mis ansias dulce premio. No sabéis que es de Alejandro? Mi dicha consiste en eso, Amar ajeno favor, puede el favor mereceros? Sí, que es preda de Alejandio, Digo, que yo no os entiendo. No hasta que yo me entienda? Si en eso os serviré, ofrezco sacrificarme a la joya, aunque siempre con respeto, porque es favor de la Reina, Pues me amáis? Con el silencio solo me puedo explicar, que con la lengua no puedo. Ay Estrella, que por ti me gano, cuanto me pierdo! Ay Carlos, que por ser virte, . es más para mí lo menos! Quedad con Dios, que algún día sabréis si es fino mi pecho. Idos, Carlos, que ese día quién estima más veremos: Serás firme? . Es el diamante de cera para mi afecto: Y vos lo seréis? . La vida me falte, si no he de serlo. Esto, Conde, ha pasado. Así le dais alivio a mi cuidado, Pues sus rayos Apolo han retratado ya, y el jardín solo está, puedes gozar de su frescura, No fue poca ventura, o Astolfo peregrino! no conocerme Aurelio en el camino; con que lo disfrazado me valió, y el venir siempre apartado: O si quisiera el cielo que te pueda pagar tanto desvelo, como tienes por mí más tutristeza sele debe atusangre, y tunofleza. En fin que mi Alejandro te ha agradado? Quién eres su persona me ha mostrado, Carlos es valeroso, mas es el Alejandro más brioso. Carlos es más galán sin dudaalguna o si no barájará su fortuna; mas pues el Rey murió, con tú persona juzgo que le he de ver con sucorona El pliego le dio Carlos a tú . La verdad es que lo soy, (astijo: hijo. Porque no falte a ser quien es me No te aflijas, sosiega el des- consuelo, que el cielo mira, y es piadoso el Y con tu licencia ahora me voy, por si el Rey atento me llama para sus males, para que no me eche menos; a Dios. . El vaya contgo, y pues sabes el secreto del ánima, siempre puedes entrar, que Alisio está dentro prevenido, por si llamas, pues ves el raro instrumento que tiene, porque ninguno puede jamás conocerlo, y así te aguardará siempre. Dios te logre tus intentos! h Sin duda que está es la reja, según la seña que hicieron. Es pilón? . Y tan de azucar, que te seré de provecho, si te quieres conservar. Cien años ha que te espero. Oh Flora del alma mía, gracias amor, que te veo, que algo habían de poder seis mil papeles de versos! Gente ha entrado en el jardín; irme a la mina no puedo sin ser sentido, estos ramos me defiendan encubierto, No he podido resistirme de venirte a ver, sabiendo. que merece mucho más un hombre de tanto ingenio, y es grande señal de serlo ver que hablar un disparate me cuesta grande tormento, (cielo: . Este es Pilón, escucharle divierte mis pensamientos; demonio es, también tiene su poco de galanteo. Pues yo, Pilón, soy mujer que no me pago de aquellos que tienen gran voluntad, y muy poco entendimiento: Busco yo un hombre que sea galán, valiente, y discreto, que hombre bobo para nada no es posible que sea bueno, porque le falta de alma, lo que le sobra de cuerpo. Eso buscas? pues escucha, y verás que tu deseo jamás pudo apetecer mas digno, y dichoso empleo, como el que miras. . Por qué? Yo no soy Poeta? Es cierto; pero que lo sea, o no, que se puede sácar de eso? Qué se saca? pese a mi alma! pues no es constante que en serlo consiste que sea galán, que sea valiente, y discreto? Ay Poeta que no haga, aunque se lo niegue el cielo, todas sus prendas perfectas, cómo le pinta el celebro? No hace las manos de nieve, no hace de oro los cabellos, no son rosas sus mejillas, no es alabastro su cuello, pues has de poder hallar mas cabal ningún sujeto? Y en cuanto a la valentía, hay quien iguale en esfuerzo a su valor, cuando está una batalla escribiendo? Vérasle asaltar castillos, cortar mallas, rajar yelmos, vencer guertas, dar batallas en delafíos, y en cercos, Allí le verás dejar un toro cosido al suelo, acá venciendo un gigante, allá de heridas cubierto. Aquí derribando un Turco, aca sujetando un Reino; allí entre el humo, y el polvo, aquí entre la sangre, y fuego. Allicercado de flechas, aquí acosado de perros; allí le prenden rendido, aquí se escapa soberbio. Tente, Pilón, has perdido el juicio? . Nada es aquesto para el valor que profesan. Eso no es valor, que es viento. Todo es de la misma suerte; y digo, Flora, su ingenio hay quien pueda competirle? Eso conoceré, viendo que le haces de repente a mi hermosura un bosquejo, Hay rato más sazonado. Si le haré, y ha de ser nuevo; que no he de pintarte yo al iso de aquestos tiempos: Por qué, dime, he de llamar hobras de oro a tus cabellos, cuando sabe todo el mundo que son raices, de muertos? Por qué diré a tu cabeza lo que dijo el otro necio, que era un archino de ciencias, si es toda cascos, y sesos? Porqué he de entrar en tu frente a pintarla, conociendo que tiene tantas entradas, que no he de salir, si entro? Qué haré con llamar, tus ojos estrellas, rayos, luceros, si al cabo son piel delgada, agua clara, sangre, y pelos? Llamar rosas tus mejillas, no es disparate, sabiendo, que en quitando la color, es un poco de pellejo. Hubo tan gran desatino, como querer un ingenio, que la natiz de su dama fueste el Monte Pirineo, que entre la Francia; y España divide nevado Puerto, cuando sabia que era chimenea del infierno, donde el tabaco vendía, humo, polvo, barro, y cieno? Y dime, Flora, tu boca es caja de algún platero, que la he de cuajar de perlas, visto que todos sabemos, que hay dentro de ella una lengua, tabas, encias, y huesos? Y dime, por qué razón quieres que diga, que hicieron torneada tu garganta, llamándola marfil terso, que al beber se transpar si has de conocer que miento, pues sabes que se compone de cógote, y de pesquezo, y que es la calle del trago, y la puente del sustento? Qué apacible está el jardín! Gente viene, yo despejo: A Dios; Flora, que otra vez acabaré tu bosquejo. Vete muy en hora mala con tu retrato al infierno. . Parece que siento ruido? mas puede ser que sea el viento. Este es mi hijo Alexandro. Cuando han de querer los cielos que halle un fijo desengaño, para logro del deseo? Ay, Carlos; lo que me debes! No alcanzo, como está lejos, a penetrar lo que dice, y aunque está oscuro, no puedo irme sin que sea sentido, porque los árboles secos tienen por lengua las hojas, que me han de hacer descubierto; pero por aquesta parte: Quién está aquí? Yo soy muerto si me descubre Alexandro! Diga quién es; o este acero abrira boca, por donde descubra tanto silencio? Huvo tan grande desdicha! mas ya dio salida el cielo. R Hola, luces; no responde? No es engaño lo que intento; si no último camino que hallé para tanto riesgo: Diga quién es? Si diría. Válgame todo mi esfuerzo! Tu padre soy, Alejandro, en este sitio padezco, el porqué ya tú lo sabes, vuélvele a Carlos su Reino, y me volverás a ver feliz, alegre, y contento. Padre. Señor, ya las luces. Válgame Dios! qué es aquesto? si es ilusión lo que he visto? si es fantasma lo que advierto? Quién, señor, ha sido? Aparta. Si fue verdad? si fue sueño? sin duda fue fantasía, porque no sentir el pecho ningún horror, es señal muy evidente de serlo? Mas cómo pude engañarme? no conocí sus acentos, no vi el bulto penetrarse por esa peña, diciendo, y me volveras a ver feliz, alegre, y contento? Este no es gran desengaño? podré encontrarle más cierto? Si, que aqueste puede ser fantástico sentimiento; otro aviso he de esperar, aguardar otra vez tengo: y si vuelve, verá el mundo, cumpliendo con lo que debo; que su sangre al noble avisa, para que asombre su ejemplo Y verá el mundo también, que según lo que estoy viendo, no hay locos en todo el mundo como Alejandro, y mi dueño.

JORNADA TERCERA

JORNADA TEROERA Déjame, Pilón, morir, que ya veo conjurados contra mí todos los cielos: ya de ese Planeta cuarto se despiden rigurosos tanto diluvio de rayos, que un Etna soy encendido, que le vuelvo los que exhalo. Señor, esto va perdido! que tienes? . Ay Alejandro! ay Diana! hay mi desdicha! Todo su juicio ha volado; Carlos, señor, dueño mío. Ay. Pilón, que no soy Carlos! No eres Carlos? pues quién eres? El hombre más desgraciado que conoció el universo, pues el tormento que paso es de modo, que no tiene si no muriendo descanso, y así déjame morir, Señor, hay nuevos encantos, que así te obliguen? qué tienes? no te fías de un criado? Nada reservé de ti, y así, aunque tu ingenio raro no puede en esta ocasión ser, como en otras, al caso, previniéndote que sabes el capricho de Alexandro, sin que yo pueda entender sus intentos soberanos, escúchame, por si puedo, a pesar de mi cuidado, hallar, diciendo la causa, la muerte por el atajo. Por atajó morir quieres? pues no miras que el atajo es donde fundó Narvaez de la destreza el amparo? Esta manana, Pilón, por ese postigo falso, que a las riberas conduce, por breve senda de ramos, si no del Po caudaloso, de más ameno retrato, inducido del calor, tan de mañana fui al baño, que aún el Sol no daba señas de comunicar sus rayos, en un sitio de esmeraldas, hermosa estancia del Mayo, también tejido, que apenas registrar deja su espacio formé tienda de campaña, cuyo pabellón de ramos, fue de tantas confusiones, y tanto rigor teatro. La música de las aves la venida festejaron del Alba, que esta vez quiso en una carroza al campo darle nuevos resplandores, y envía a la que aguardaron A media tinta la luz hula el Planeta gallardo, comunicando a las flores, y como tarde llegaron sus rayos, viendo otro Sol, sin poder disimularlo, se le puso de corrido todo el semblante encarnado. Llegó la carroza al río, y después que los caballos quitó el cochero, y dejó seguro el terrestre barco, salí del agua, y haciendo. celosias de los ramos, logre la mayor ventura que vieron ojos humanos. De entre las cortinas bellas salió un prodigio tan rato de hermosura, que imagino, que a no tener deslumbrado. con su vista mi discurso, fuera arrojo temerario pintarla, y el no tenerle, es la disculpa que hallo, de arrojarme a conseguirlo; porque en esta empresa hallo, que discurrido el intento, no pudiera del espanto. Era una dama; ay de mí! y dos que la acompañaron, comienzan a despojarla, y amor la ocasión logrando, iba en su aljaba poniendo todo cuanto iban quitando. Del propio cairel desatan todo un Abril, todo un Mayo, cuyo aparador de flores dio fragancia a todo el campo: Y de advertencia las damas la despojan de los lazos, que los llevaba de más, con tanto asombro de rayos. Para componer el pelo tal vez no ponía manos en las trenzas, si azucenas, mas no dije bien, cuajados de cristal, jazmines eran, intento en fin soberano; aunque su nieve no pudo apagar incendio tanto. Una media mascarilla, a pesar de su recato, me dio licencia que viese en un bruñido alabastro, un clavel, que si le abría, eran los tesotos tantos, que descubría en su centro, que es advertencia el dejarlos, por no ofender lo divino con un borrador humano. Al despojarla un justillo, que cerraban seis penachos, alámares de diamantes, descubrió el bello milagro la candidez de la nieve; pero como se encontraron los ampos, y los luceros, archeros son del recato, por defenderla disparan tanto dilubio de rayos, que peligrata la vista, a no ser su intento en vano, pues ya yo estaba sin ella cuando las flechas llegaron. Y mirándose tan bella en los cristalinos campos, dijo. guárdense los hombres; cubriose, y paso al calzado: Aquí no tuve que ver, porque aunque los ojos, argos del deseo, procuraban hallar los pies, era en vano, que más que la vista eran sútiles, y no hay hallarlos. De alabastro un cendal cubre el prodigio más gallardo, que puede fingir la idea, y viéndose con recato en brazos de las dos damas, llegó al río a darle abrazos, y el parece agradecido, que la dijo, estoy ufano madre de amor, pues que veo que no te se habrá olvidado, que de mis blancas espumas fuiste venturoso parto. Luego de los Ruisenores alabanzas se escucharon, celebrando su belleza, y me dieron tal asalto con el acorde armonía, que como estaba mirando tanta hermosura rendido, y era tan suave el canto, si dura más, me convierto en viva estatua de mármol. Salió del agua, y entonces las dos Ninfas la esperaron en un cambray, que fue concha, adón de el Alba llorando néctares, perlas llovió por gozar el agasajo. Fue servida de vestido, y me pareció excusado ofrecérsele las damas, porque si amor la juzgaron porque vedan lo desnudo, si conceden lo vendado? Hicieron seña, y al punto que vinieron los caballos parte el coche, yo le sigo, sin duda alguna, juzgando era este bello prodigio de los muchos que han llegado a partu con la Duquesa a Napoles; y reparo era su misma carroza: Veola entrar en Palacio, y con cautela registro cuanto pasa; voy al cuarto de Diana, y conecí ser la que vide en el baño, la que me quitó la vida, la que rendido idolatro, la que no puedo servir, por ser prenda de Alexandro; la que miro como a Reina, la que venero notando, que será esposa de un Rey, y que yo soy su vasallo. Este es, Pilón, mi tormento, pues no basta haberme dado la muerte la vez primera que la vi, si no los Astros, siempre para mi crueles, con nueva ocasión me han dado motivo, para que muera, o viva desesperado. Rigurosa es la ocasión, para aumentar tus cuidados, porque ver, quiero callar, que para estarte escuchando es menester mucha cuenta, para que no coma el diablo. Ay de mí? . Mira, señor, porque veas al contrario tu suceso con el mío, has de saber, que buscando alguna ocasión de ver a Flora, por quien me abraso, en un cáncel me escondí, que tiene puesto en su cuarto, tan ajustado con él, que era figura su espacio: Quería yo ver mi dueño a un cándil de garabato, andar a caza de pulgas, que fuera grande regalo, que también tiene el cándil su estimación en Palacio, Quieres callar? Oye, pues, que tiene sazón el caso, Era ya la media noche, al tiempo que oigo unos pasos, como cuando algún pisón asienta algún empedrado: y entendiendo ver a Flora, padecí terrible engaño, porque venía una dueña en dos chapines tan altos, que dudé si este demonio venía a acostarse en cancos, Colgó un cándil, y cerró, y luego se fue quitando. una pieza de mortajas, y así que llegó a los paños menores, yo no sé como no eché las tripas de asco. Descubrió un cortal de tabas, y dijo medio llorando, que haya yo quedado tal después de tantos regalos! Ven aca triste de ti, vieja de todos los diablos, que cuenta has de dar a Dios de haber vivido cien años sirviendo aquesta fantasma, sabiendo que no hay Cristiano que no haga penitencia alguna por sus pecados? O si permitiera Dios, que ahora viniera Malcó, y me diera en esta cara una bofetada! cuanto me alegrata; lesis mío, por vuestro amor he de pasarlo. Ea, mi Dios permitildo, merezca yo sentir algo de lo que vos padeciste:; no me escucháis? conquién hablo? En fin queréis que me aqueste sin está merced? pues vamos a dormir en el Señor, Apenas lo dijo, cuando la doy tan gran bofetada, que fueron, señor, rodando vieja, chapines, bulete; velador; y garabato. La dueña vuelta en león; decía a voces, borracho, en los infiernos lo penes, perro, traidor, sayonazo: Señor, yo tengo la culpa; mas no lo digo por tanto. que siempre has de hablar deburlas Sí, más son burlas de manos, Déjame solo, Pilón, y trae de escribir recado, que he discurrido que es bien dar un papel a Alexandro, pidiéndole que me dé licencia para de tantos laberintos retirarme, porque en su presencia hallo que no he de poder pedirla. Señor, dijo un Cortesano, que el que mira un imposible, y muerepor alcanzarlo, o tiene un poco de loco, o mucho de mentecato. Aquí está la escribanía, yo voy a saber si acaso se le ha quitado a mi dueña la pesadumbre con Malco. No es acertado escribir, padezca yo, y Alejandro no conozca en mi flaqueza, y más que haria reparo en ello pues era fuerza conocer prudente, y sabio la ocasión de mi retiro. Rendido estoy, ocupados de la pena mis sentidos, parece buscan descanso en el sueño; hay imposible! como sin vos he de hallarlo? Este es el cuarto del Rey, y por mandado de Estrella le traigo aqueste papel; o ruego al cielo que pueda dársele, sin que Diana por ningún caso le entienda! El secreto me encargó, temerosa de la Reina, y yo se le he de guardar, que no son todas parleras las que sirven, aunque siempre las más de este mal flaquean. No hay nadie en toda la cuadra, vana fue mi diligencia; pero no que en una silla el Rey está llego cerca; mas si no me engaño duermes el despertarle no fuera acertado, yo le pongo aquí el papel, porque pueda leerle cuando despierte, que en su mano es cosa cierta que le dejo bien seguro, porque no habrá quien se atreva a quitarle: Fui dichosa en hacer la diligencia! No he visto entodo hoy a Carlos, y mi corazón se queja de ingrato, cuando padece un breve instante de ausencia. Que estaba, dijo Pilón, para escribirme con pena, para mí un papel, sin duda que retirarse desea del empeño en que le he puesto, por ignorar la mi empresa. Dormido está, no parece que padeces las tormentas, que tengo en mi corazón, pues tan gustoso sosiegas. Ya tiene escrito, pues miro, que cerrado el papel, muestra, que es para mí el sobre escrito; su intento enviármele era, y por no haber quien me le lleve, se durmió con la tristeza. Carlos, señor, dueño mío, no hay en ocasión como esta menor criado que yo, y si aguardáis a quien pueda dársele a Alexandro aquí tiene, señor, vuestra Alteza quien adelanta rendido, preceptos que no le ordenas; que pues en lance como este no resiste la obediencia, sin duda es mi Rey, pues hallo alivio en solo tenerla, Yo le abra; mas que miro! aquí firma la Duquesa: yo me engañé, porque ella le tiene por Alexandro; o cuanto un acaso hierra! Pues como si está en su mano cerrado estaba? que apriesa me avisa mi noble sangre de su pecho la fineza! Claro es que él no estar abierto fue una Real resistencia, muy debida del decoro, que este caso manifiesta: porque si abierto le hallara, era dar a las sospechas de poca lealtad indicios, y en él no caben ofensas, pues no abrirle fue lealtad, fue respeto; fue grandeza, fue valor, fue discreción, y fue finalmente prueba de ser su sangre un cristal, que lo Real manifiesta. Verdad es que yo pretendo, que ame a Diana bella, mas esto, como él lo ignora, aunque muera de sus flechas, está mostrando su sangre quién es en la resistencia, Y así, con sola esta acción, averiguado que tenga amor a Diana, es digno de la Corona suprema. Vuelvo a cerrar el papel, que por ser de la Duquesa, aún fuera en mi más delito, que en Carlos, si le leyera. Como tan recien cerrado, aún no se rasgó la nema; vuelvo a dejarle en su mano, corrida el alma, que tenga color de ofensa una cosa, que se hizo sin ofensa. Veré encubierto si Carlos descubre algunas centellas, cuando despierte, de amor, que se logra en conocerlas el carino más airoso, más gustosa la fineza: Ya despertó. Qué fantasmas he soñado? qué quimeras? sobre que miraba yo que la Corona suprema de Alejandro mi señor adornaba mi cabeza; qué terrible desatino? antes mil veces yo muera. Hh hijo del gran Rodulfo, que bien descubres sus prendas! Eso que miras en sueños has de ver en evidencias. Pero qué papél es este? Pilón puede ser que sea autor de aqueste embeleco, algo pide su agudeza. Alexandro dice, quiero abrirle; pero que fuera que le enviase Diana? ya por sola esta sospecha fuera traición el abrirle: Y así, pues dicen sus letras que es para Alejandro, yo se le he de dar a su Alteza, y sea de quien se fuere. Hubo tan clara evidencia! lo que yo había presumido ordenó el cielo que vea dormido, se le trajeron, según el caso de muestra. Verdad es que el Rey me dio la muerte, en ver a la Reina, mas no la ofendan mis ojos, que no importa que yo muera, Rendido estoy, es verdad, pero antes que se atreva mi vista a mirar al Sol, empañando su pureza, me daré mil veces muerte. Hoy pediré al Rey licencia para retirarme, donde jamás mire a la Duquesa, aunque si está ya en el alma, el huir que me aprovecha, si donde quiera que vaya la he de llevar dentro de ella? Ay Diana! ay Alexandro! Carlos. . Señor, . Alteza. me dé los pies. Son los brazos aún para vos corta esfera; que tenéis que me llamáis? Señor, no es mucho, que tenga a vuestro nombre en los labios, que están en el alma impresas. las mercedes que me hacéis, y al faltar, la Real presencia, todo es decir, Alejandro. es alma de mis potencias. Bien disímula; es papel? No he sabido cuyo sea, para quien es él lo dice, vuestra Majestad le lea. Aunque dice aquí Alexandro, es para vos no hay quien sepa. que sois Carlos, ea, abrilde: y parece que la letra. es de mujer; no le abrís? que hacéis? no rompéis la mema? Señor, como he de atreverme,, si fuese de la Duquesa? Qué importa, si yo oslo mando? Solo puede la obediencia. obligarme, gran señor; a Ieerle. La Duquesa; estáis ahora contento? será bien que yo le lea? Si lo estoy; leelde, pues. Pues dice de esta manera; por venerar sus disignios, no los culpo de imprudencia. A Nápoles, por casarme, vine, y pido a vuestra Alteza me vuelva a Mantua, que yo soy forzada en esta empresa; Perdonadme el desengaño, que es mi suerte tan adversa, que aunque yo os quiero querer, ella no quiere que os quiera. otro amor, señor, os llama, inténtele su grandeza, porque le aguarda Diana, solo para ser Estrella. Esto que dice de suyo, conocerá, cuando vea, que muda de parecer; si hay lealtad en la nobleza. Mister oso está el papel, . lo que penetro concuerda, con lo que me dijo a mí: estando con la Duquesa, de que no podía amar al Rey; sin duda sonquejas, viendo en. Carlos lo remiso; de esta suerte se remedia. Y qué hemos de hacer ahora? señor, deja lo que intentas, pues dice que no me quiere, bien claramente lo muestra: No miráis que me aborreces, declaraos, dad licencia que yo le diga a Diana, quien soy. Suspended la lengua; antes ordeno que al punto volváis cariñoso a verla, y la deis satisfaciones. no tibias, sino de verás. Haced cuenta que sois Rey, presto pasará esta fuerza, que antes que acabe su curso hoy ese cuarto Planeta, veréis este laberinto sin confusión, sin tinieblas. Esta experiencia me falta, haced la última fineza; porque habéis de conocer; que aunque os pongo en la tormenta a lo mucho que debéis, no habéis de hallar recompensa. . A lo mucho que debéis no habéis de hallar recompensa? claro está que no he de hallarla, que son muy cortas las fuerzas de un vasallo, y cuanto hiciere, nada es paga, sino deuda. Volveré a ver a Diana con amor, y reverencia, que he de vencer por mi Rey tanto arpón, y tanta flecha. El valeroso Guillermo, honor, y amparo de Mantua, derrotado, y mal herido se sale de la batalla. Siempreque escucho esta historia se me parten las entrañas! Ay de mí! que es lo que escucho? ya noto cuan señalada fue mi tragedia, pues veo que en otro Reino se canta! Huyendo de su enemigo, lleno de mortales ansias se despeñó al Apenino, dando fin a sus desgracias. Que dolor! viven los cielos, que si en el lance me hallara, que como leona, a quien los cachorrillos le faltan, y viendo que en todo el monte hallar no puede la causa de su dolor, herizando la rubia melena, arranca los árboles, que a su furia son aristas delicadas! Así yo en el homicida, Belona de la campaña, hiciera tan grande extremo, que diera asunto a la fama a que en bronces esculpiera mi valor, y la venganza. Es verdad que el Apenino me recibió, mas sus aguas fueron sagrado a mi vida; pero tercera vez cantan. Y a la sin ventura Estrella, por hija de este Monarca, la puso el cruel Rujeto el cuchillo a la garganta. Ay dulce, y querida hija! veinte años que me faltas, y otros tantos ha que estás dando tormento en alma! Jardinero, no prosigas. Villano, no cantes, calla. Pues quien sois, señora mía, que puede esta historia amarga causaros tan gran dirgusto? No conocéis a Diana? Válgame Dios! y aún por eso le dio disgusto escucharsa, que no quiere su delito oír nadie cara a cara! No quiero mirarla al rostro, que puede ser que al mirarla retrato de mi enemigo, dé el último aliento el alma, Perdonad, Duquesa ilustre, ilustre dije, se engaña la lengua, el no conoceros, O qué venerables canas! le vantad, vos sois Astolfo, a quien celebra la fama? El mismo soy. Pues decidme. Temblando estoy de mirarla. Que tenéis con esa historia, ere Iante dolor os causa? Que ten gor haber conocido a Guillermo en sus desgracias; sui compañero en sus males, y quédome tan gravada en el corazón su pena, que lloro en solo escucharla. A Guillermo conociste, cuyas ilustres hazañas aún no ha podido la envidia del cruel Rujero borrarlas? Tú aquel varón conociste, a quien sin ninguna causa le quitaron la corona, y con la vida la fama? Tú fuiste su amigo acaso? pues cómo, dime, te tardas en pedirme que te dé, padre, en albricias el alma. En albricias? pues, señora, no has dicho que eres Diana? Es verdad. Pues si lo eres, la Majestad como engaña? Rujero no es vuestro tío, quien al gran Duque de Mantua le despojó de su Reino, dio muerte a toda su casa, mató todos sus parciales, altero todas las plazas, hizo que se despeñaste, y dando fin a su rabia, mató la luz de una estrella, heredera de su casa. Tanto lloras? Y aún es poco dar la vida si repara mi arención en que mostráis que os pesa de sus desgracias, mando miro de Rujero sola una vive estampa, que tenéis heredado el nombre de ser tirana. Ya lo dije, la razón no dio lugar a templanza; más que miro? cielo santo, en el rostro de Diana veo estampado el de Estrella; si las señas no me faltan! No sé que tiene en el rostro, que aunque arrojado me habla, sin atender a la ofensa, me enternecen sus palabras? Respondo por la Duquesa, que su virtud soberana le respondiera lo mismo, si en este lance se hallara, como noté muchas veces, tratando este caso en Mantua. Astolfo, no puede ser, que aunque es Rujero mi tío, que tenga yo mi albedrío libre de su proceder; en mi es preciso tener parte alguna en su traición: no puede mi corazón, viendo tan grande fiereza, obrar como su nobleza, y dejar su inclinación. Y por eso no es Diana en su Imperio soberano, aunque se le dio un tirano, como habéis dicho, tirana, es apacible, y humana: Y veréis esta verdad, en que viendo la amistad que con Guillermo has tenido, os ofrece agradecido su pecho la Majestad. De dor cosas admirado estoy, cuando aquíos asisto; la una de haberos visto, y el aberos escuchado: En veros miro un traslado, que es de Guillermo testigo, y en escúcharos consigo, que si mi amigo viviera, en vuestra Majestad viera una hija, y un amigo. Una hija, que fue Estrella, que el gran Príncipe perdió, que nina conocí yo, y os parecéis mucho a ella, amigo hallara, pues bella descubrís vuestro valor; pues que sentís el rigor de tanta adversa fortuna, y así sin duda ninguna se halla todo en vuestro amor. Que en efecto conociste a Estrella? . La conocí; siendo muy niña la vi. Y dónde, Astolfo, la viste? En palacio; ay de mi triste! Y a mí se pareció Estrella? Fue por extremo muy bella. Mucho me da que entender no saber quien me dio el ser, y ser parecida a ella. Si acalo el cielo guardó mi vida? mas es quimera, aunque no lo dudo mucho del aliento que me lleva, Si la virtud de Diana acaso: que te despeñas imaginación, detente, pues que te tiro la tienda. A Astolfo veré despacio, porque miro en su presencia una deidad ignorada, a quien mi atención respeta, Astolfo, volved a verme, porque quiere mi grandeza tratar con vos muchas cosas v. No hede poder, aunque quiera, dejar de serviros siempre Volviome el alma de cera, no dudara ser mi hija, sino la hallara Duquesa; confuso estoy de haber visto que se parezca a mi Estrella, si no es que seme han borrado de su hermosura las señas! Quiero ver a Federico, pues solo con darle cuenta de lo que pasa, le templo algo el rigor de sus penas, y aún de las mías también, pues de la mina tan cerca estoy; pero Carlos viene, encubrirme será fuerza detrás de aquestos jazmines, mientras pasa. . . Ya desea mi corazón ver a Carlos, que conozca mis finezas. Aquí fue donde mi padre, si no me engañó la idea, se me apareció en las sombras, y no he de hallar, aunque quiera; avisos más evidentes: pues aunque yo no tuviera mas desengaño, que verme sin el rigor de mis penas, me bastara solamente. Qué es lo que Carlos intentas sin duda que sabe el sitio de la mina, pues en ella se ha parado; pero escucho que está confusa la idea, hasta saber que pretende, porque yo no sé que sepa que tiene a su padre vivo. O si los cielos quisieran que Federico volviese! No penetro lo que intenta. Federico. Llega, Astolfo, que la mina esta dispuesta. Cielos, qué es esto que escucho? Que soy yo sin duda piensa. Astolfo, aguarda, que es esto? Salir aquí será fuerza, y declararle el secreto, pues no hay riesgo en que lo sepa Carlos. Confuso me halláis. No sé yo, Conde, quien sea. el que tiene de los dos más confusión, cuando llegan a mis didos las voces de estar en vuestra presencia: a Federico llaman? Es tan terrible la pena de su muerte, que en estando solo, el amor que me alienta, todo es decir, Federico: Disimulo, y de esa peña. . di una voz, que me dijo, llega, Astolfo, que dispuesta la boca está de la mina, y el alma duda que se a. Vuestro padre no fue el Conde? Así el alma lo confiesa. Pues si os criasteis con él, la mina no se os acuerda que tiene aqueste jardín? Nunca me dio parte de ella. Pues mitad no estéis confuso, nada, Carlos os suspenda, Federico vuestro padre no murio, porque le encierra. esta gruta desde el día que se públicó la nueva de mi venida porque regado, de mi prudencia, llegó desde el Apenino adonde por su nobleza él se había retirado: y aquella carta secreta, que vos disteis a Alexandro, fue para Rodulso, y esta declaraba como sois de la Corona suprema de Nápoles sucesor; y por esta razón misma os dije yo de Alejandro la causa de sus tristezas, porque ya había Federico dadome de todo cuenta. Pues cómo, saber pretendo? de la Corona suprema. puedo ser yo el heredero? No os dije, si se os acuerda, que os trocaron al nacer, y en la carta daba cuenta de todo al Rey Federico, y jamás de él se supiera; pero como murió el Rey, y quedó su hijo, intenta, ayudado de mi industria, ver si la grande nobleza de Alejandro, restituye. la Corona a tu cabeza. Hubo tan gran desengaño! . y está mina adonde llega, que nunca a mi quiso el Conde. decírmelo? . Tiene hechas debajo hermosas estancias. Pues para que mejor pueda lograr mi padre suintento, si acaso tiene otra puerta la mina, llama a mi padre. Pues que es, Carlos, lo que intentas? Ya lo sabrás, que he de hacer que todos los Orbes sepan el valor de Federico, Pues voy con vuestra licencia por la otra puerta allamarle. . Sabrá el mundo mi nobleza: Raro caso, vive Dios! que fue con toda evidencia mi padre el que la otra noche se valió de la cautela de difunto porque así no conocerle pudiera. Qué haces, señor, de esta suerte, cuando la flor de tu Reino a las puertas de la Quinta, a pesar de tu precepto, quieren entrar? Alexandro, de Mantua todo el Imperio está poblando los campos, a grandes voces diciendo, que don le está su Duquesa, porque como se volvieron sin verla casar, sospechan algún contrario suceso: y así mira lo que intentas. Cuerpo de Cristo, que hacemos? a toda Velflor nos corcan, que presumen, que te has vuelto Minotauro, como estás en el laberinto puesto. Vuestra Majestad, señor, como prudente, y tan cuerdo, remedie estos alborotos. Abrase la Quinta, Aurelio. Y Diana dónde está? Cofusa en ver tanto estruendo Entre Nápoles, y Mantua? Lo que eros dicen te advierto. Hable Carlos por nosotros, diga que se queja el Reino de que no ven de su Rey la Majestad, y el Imperio. Esto es, señor, que desean logrado tu casamiento; verte en público gustoso. Qué escucho? válgame el cielo! luego Carlos no es el Rey? Oídme todos atentos. Napolitanos valientes, de la tristeza mi exceso nacia de que no era de vuestra Corona dueño, hijo soy de Federico; esto lo sé por muy cierto; Carlos es vuestro Monarca, del gran Rodulfo heredero: Por acaso nos trocaron, cuyo abominable suceso sabréis en Nápoles todos: y asípues soy el primero que la obediencia le doy. Dudando estoy loque advierto. Decid todos, viva Carlos. Quién ha de duar de hacerlo, si sois el interesado? y así diga todo el Reino, viva Carlos. Viva Carlos. Ya murió todo mi aliento! En gran señor, ahora conoceréis mis intentos. Hubo tan grande prodigio! Parece casa de Griegos. Como vuestra Majestad no se declara? teneos porque yo no soy la Reina. Si lo es; oíd atentos. Ya escampa, y novian dadrillos! Mantuanos Caballeros, y Napolitaros noblas, Alejandro, cuyo esfuerzo con esta acción ha dejado, cautivo mi entendimiento, yo soy la misma Diana, sobrina del cruel Rujeto, que tiranizó el Estado. al infelice Guillermo, mató todos sus parciales. Qué escucho? válgame el cielo! Y habiéndole dado muerte, buscó rabioso, y sediento para quitarle la vida al prodigio que estáis viendo, Esta es Estrella Mantuanos, hija del grande Guillermo, que la guardó mi lealtad para volverla su Reino. No me engañó a mí la vista. Cómo no mata el contento? Es de tal suerte la dicha, que ya no cabe en el pecho. Aún falta más, Pues qué falta? Qué salga a vista del pueblo que tiene vasallos buenos! mi padre, el gran Condestable, pues se retitó, temiendo no le costase la vida revelar este secreto, como testigo de vista, por ser el Autor del trueco, Así es la verdad, yo sur la causa del suceso, que por dar gusto a mi Rey, sin prudencia, y sin acuerdo, causé el hierro, que miráis, con fin tan dichoso, y bueno; mas aún falta otro prodigio, ves, que el Príncipe Guillermo, Duque de Mantua, está bueno; dalde la obediencia luego, pues la concedéis a Estrella, Si damos. Pues ya Guillermo está presente, vasallos, que veinte años en cubierto estuve en el Apenino, hasta que quiso el decreto de Dios, que el gran Federico fuese norte a mis aciertos. Ay padre del alma mía! Hay hija de mis deseos! Hh hijos flor de lealtad? Ay padre, de quien la heredo; Por un Reino que me dais, os quiero dar otro Reino; Mantua es ya vuestra, Alexandro, de Diana dulce empleo, aunque fuera poco un mundo, Alexandro, a lo que os debo, El Estado que dejé, me da mejorado el cielo. Dichosa la Monarquía Estrella, aquesta es mi mano, Y la mía, dulce dueño. Yo se la doy a Diana. De mi lealtad es el premio, Yo también caso con Flora, A Nápoles, Caballeros. Y Tomás Manvel aquí, si le perdonáis sus hierros, que al Noble su sangre Avisa, dirá al mundo, para ejemplo,