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Texto digital de Las águilas de Oriente y mártires de Vitesco

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las águilas de Oriente y mártires de Vitesco. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/aguilas-de-oriente-y-martires-de-vitesco-las.

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LAS ÁGUILAS DE ORIENTE Y MÁRTIRES DE VITESCO

JORNADA PRIMERA

Juan, o Josaphar, que amado te miras de todo el Reino, a cuyo albitrio venimos, no como Jueces severos, sino como amigos firmes, y como a tal proponeros, que a nuestra ley Real, y cierta rindáis el debido obsequio; que si con vuestras personas entregáis los Monasterios, jurado, señor, seréis de Vilna, partido nuestro, y si no los Conjurados, que a la antigua Ley han vuelto, harán los Muros cenizas de tu infausto Monasterio. Vasallos de Vilna, yo por mi parte os agradezco la atención de Cortesanos, aunque culpo vuestro intento? Por qué de Cristo la Fe derogáis con tal vil fuero, como aplaudir torpe cisma de Rusitano, soberbio Monstruo, cuya fiera voz vuestros sosegados pechos en torpes exhalaciones hizo crecer voraz fuego, que siempre se aumenta el daño, cuando se cifra en desprecio, y es la novedad gustosa, por donde trae privilegio de anteponerte a lo antiguo, lisonjeando el objeto? porqué de un torpe ignorante aplaudís el simple yerro, haciendo gala la ofensa, sacrílego menosprecio? A cuyo punto respondo, que nuestro Superior recto es Joseph Rutcio, persona de tantas letras, y acierto, que él solo rige los Monjes Cenobíticos, atento a el beneficio común de adorar el Sol más cierto de lusticia, él os responda a vuestro inaudito intento como cabeza, que yo soy los pies de este Convento. Como tú, Juan, con nosotros te convengas, dispondremos, que Joseph, de Vilna, siempre ande deesterrado, huyendo de nuestra verdad. Responde. Primero me mate el Cielo a el insentivo de un Rayo, que yo haga de él tal desprecio. Yo el caracter de Cristiano borrar? Yo ser tan perverso, como la Casa de Dios hacerla Mezquita a un fiero, bárbaro, homicida, aleve, tirano? Calla, soberbio, que írritas a mis furores con tan fementidos ecos. Suspende, Latino vil, la voz, deten el acento, y no sacrílego ultrajes a el que has de adorar. Ay, Cielos! Quién eres tú, para hacer tan vano desabrimiento del Reformador Invicto Ru sitano? Oídatentos, que quiero noticia daros de quien soy; para poneros, sino en los hechos enmienda, luz en el alma, que ciegos a el Abismo os arrojáis, rompiendo muros de fuego. Huladimiría, Ciudad, que en la gran Rusia es espejo, por cuyos cristales, miran la Fe de JESUS? Maestro, nací (Lugar confinado en la Voli mia) poniendo su sacrosanto cuidado en desterrar Dogmas Fieros de las ardientes Sicutas, de ya infecionados pechos? Porque atendiendo a la Fe, con cuidado, y con asiento se multíplican las glorias, yendo la dicha en aumento, y siempre se logra el fruto, cuando es el intento bueno. Fue mi linaje en Polonia de tan noble nacimiento, que una Rosa por divisa, es timbre de su trofeo, de cuya pura fragrancia respiraciones, Sabeos, ilustraroa mis antiguos, y cultivaron los Cielos. Gabriel se nombró mi padre, fue Cónsul del Regimiento, cuya Nobleza se dice con callarla, pues con esto hace el Noble positivos actos de merecimientos: Y no hay más Nobleza, amigos, que la virtud, pues es centro en que se acrisola el alma con las pruebas de los Cielos: Y en cuya Caballería espera cruzarse el pecho con Cruz de la Penitencia, que venera el justo, y recto. Marina de Albertio fue mi madre; y si bien lo advierto, fue hija del Cónsul, Sabio Manel, que domina diestro. La progenie de mi madre viene de los Caballeros Runcevicios, que ilustraron con valor, y con esfuerzo, dando en invencibles, tantos, a Lituania progresos. En lo pueril de la edad me dieron varios Maestros, segundos padres del alma, pues a ellos solos debemos que nos recuerden las Ciencias, que ya olvidadas tenemos, con lo inútil del sentido, que el Alma, por sí, creemos, que todas las tiene infusas, pues es de todas el centro. A cuya asistencia, supe lengua Polaca, teniendo de la Esclavónica avisos en revesados concentos. Dime a la Lección Sagrada, con tanta afición, y acierto, que de la Sacra Escritura observo Sagrados Textos Cristianos fueron mis padres, de cuya Ley advirtieron el acierto, bien fundado, pues en el Bautismo excelso purisicaron las Almas al cristal de sus reflejos, siendo escalón de la Gloria, y primero Sacramento. Porque atendáis lo que a Dios, Gran Señor, y siempre Eterno, debo, postrado escuchadme, oiréis un raro portento; Entrando de cinco años en este Sagrado Templo; en un Altar miro a Cristo herido, clavado; y muerto en el Ara de la Cruz. Y como muchacho, viendo espectáculo tan triste. volví a mi padre, diciendo. Quién es aquel Hombre, padre, que está allí, que me da miedo? Mi padre, aquesto en sollozos me advirtió cristiano, y cuerdo? Es Dios, y Hombre, querido, que pasó por ti el tormento de padecer afrentado la muerte como vil Reo. Yo los ojos incliñando hacia aquella Esgíe, advierto, que del Costado de Dios, aquel esmalte perfecto, arroja un Rayo de Luz a mi corazón derecho. Los circunstantes se admiran, cuando claramente vieron ser el favor soberano, a un Niño inocente, y tierno, que el número cinco hacía en el unido complejo, reparo de la piedad; en que muchos concurrieron. Hasta quince años estuve en el siglo torpe, y feo, que con alagüeño halago introduce su veneno, dando afeite a la mentira, Y color a sus intentos. Del Monacal instituto, Heremítico algún tiempo, llegó el precepto a observar de Basilio, Patrón nuestro, y de las impuestas Regias de Monásticos Conventos, que como Súbditos suyos le obedecen por Maestro. En esta Ciudad, Balvina su nombre, que por trofeo de Rusitanía, que a el Norte sita, con campos amenos, retrato de los de Chipre, y envidia de los Ibleos. En esta Sagrada Casa, que en advocación tenemos de la Trinidad Divina, tomé el Hábito, que aprecio por ser del Cielo Estandarte, que pública el vencimiento. Aquí gozo de la vida, que contemplativa observo, uniendo la adctiva a el nombre, en castigos, y desprecios, que lloro como culpado, poca pena a tan gran yerro. Siempre mis Predicaciones han ablandado los pechos, que a el error endurecidos, fueron teson de sí mismos. Del Cielo siempre guiado, es mi justísimo celo mirar a la Cristiandad, y a su religioso aumento. Por esto de vuestro engaño, mal visto, y tenido en menos, a los Monjes ultrajáis; y a mí con vil vituperio llamaisme ladrón de Almas, a cuyo obice atendiendo, mas que ofensa es galardón, mas es honra, que desprecio. Aqueste soy, y este he sido; pues mirad si desatento debo despreciar a Cristo, Señor a quien tanto debo; que aún darle mil vidas, fuera sacrificio en corto obsequio. Con que en permanente error, de tu capricho tan necio insistes? Con que en tus locos desvanecidos intentos porfías? Verdades son, que las públican los Cielos? pues ya que ni con halagos, ni amenazas, convenceros puede nuestra voz, tomad, vil Papista, vuestro premio. Por ti, Señor soberano, llego a sufrir la fementida mano, de error tan desatento, que Sacerdote a ti te represento: Mas mi voz mal sufrida, no se acuerda, Señor, del homicida, que a vuestro Rostro Santo imprimió la vil mano, con el llanto lo peno dolorido. Piedad, Señor, del yerro conocido; mas si por mí el tormento llegasteis a pasar, mi sentimiento llore con nuevos Ríos, dolores vuestros, y pecados míos. Inocente Cordero, por mí, Señor, os visteis a un Madero, desfallecido ya, y ensangrentado, y adonde maltratado, con eterna piedad, disteis unida la vida, para darnos nueva vida. Este favor, Señor, grande le advierto, pues porque yo naciese habéis vos muerto Cismáticos traidores, a vuestra Ley infaman, y agresores; y en motín revelado, desechan la virtud por el pecado. Señor, los albedríos alumbrad, de estos ciegos, pues impíos fuerzan, rigor tirano! atraer a su ley todo Cristiano. Y alumbrad, gran Señor, mi entendimiento, porque a tu ley atento, corresponda piadoso, siendo alivio morir por ti gozoso. , Á l l. Oh bienaventurado el Varón, que recto repugnó a los impíos Ru sitanos, infieles, y soberbios. Josafar. Querut Divino, , t. Vengan, Señor, mas dolores, que el Cielo Estrellas, y que el Campo Flores, que por vos, Señor mío, favor será cualquier dolor impío. La augustia venga más cruel, y fuerte, síncopa siendo de la fea muerte: Venga el martirio, qué dichoso empleo! Oh quién, Señor, lograra prdena, que ya obedezco. El Señor Soberano, por Arcano Misterio, quiere que de un conflicto, por su Divino Amor, pases tormento A el infernal Ministro decretó su precepto, licencia de afligirte, y él en la ejecución obra ya esperso? Resistele animoso. al lazo torpe, y feo, que en visual belleza, triaca ha introducido del veneno? Constante le desprecia, y hallarás el trofeo de gracia en la victoria, y victoria de gracia con el Cielo, tal trofeo! Es hora ya, Padre mío, de que me habíe a la Granja, adonde Fray Joseph Rurcio me espera. Qué lleva aí? Cartas del Archimandita, y otros cismáticos, que en la danza de Rusitano soberbio hacen él son. Qué ignorancia! Don Señor, mirad por ellos, por vuestro amor! Ya nos llaman los Latinos embusteros, Papistas de mala raza, y por las calles nos tiran con piedras, y con naranjas? Y así, por salir de aquesto, me quiero ausentar, que caus odio el menosprecio, y no quiero que caiga mi santa entereza en el rencor de impacientarme. Ay desgracia, que en tal extremo la Fe hermano Papín, se halla, que con escarnio la ríen, y la burlan con tal chanza, que en vilna de Rusia un tiempo de fe, equilibrio, y balanza, asilo, y propagación, se rompa hoy la Ley Sacra del Evangelio Divino? Oh, Señor, mira tu causa! Hermano Papín, camine, y a Rutcio dará una carta de mi parte. El Cielo quiera no Obíspemos por la carta. Espíritus infernales, que habitáis tristes moradas del Lóbrego Alberno, en cuya humbría región, y estancia, Palacios formáis de incendios, y Alcázares de las llamas. Yo, que de la excelsa Tribu, en la Metropolí Sacra, fui un tiempo favorecido, con tanta celestial gracia, que en el favor fui el primero de aquella Dioce sis Santa. Pero mi soberbia (ay triste!) pudo tanto con mi saña, que a una loca fanta sía, una ilusión, y fantasma, que representó en mí mente aquella altivez tirana, que pensando tanto ser, se vino hallar siendo nada. Mas mi espíritu abatido, con confusiones se halla, viendo, que el hombre posee lo que perdió mi ignorancia, desdicha que lloro con lágrimas tantas, que fuego rabioso crueles exhalan. De polvo su formación, hecho por la Mano Alta, edificio, que hasta el Cielo súblima sus esperanzas. pues como de tierra, siendo amasado con el agua, tan celeste adcenso tiene cómo la Gloria? o qué rabia! que es el Agua del Bautismo con que se hizo su Masa. Y sombra aquella de aquelta era ya en la mente arcana; pero ay de mí! desposeído de aquella Gloriosa Patria, gimo en cabernas oscuras, padezco entre vivas llamas peno entre congojas tristes, hábito en disforme Alcázar, siento donde no hay consuelo, me quejo sin esperanza, doy el sentido a la pena, doy el tormento a mi rabia, viviendo siempre a el dolor de no morir mi desgracia, que en continao ahogo siempre se declar? la desdicha mía; que nunca se acaba otra vez, vasallos míos, compañeros de mis ansias, os convoco, para hacer guerra a un hombre, que de nada adornado, se hace mucho con la virtud siempre sacra. Sabed, que del Alto Padre licencia tenemos franca para esa vil Criatura, ese Josapar, qué ansia! que ya con ayuno; y silicio, levanta su espíritu a el Cielo, y su cuerpo ame Pero no por eso, no, (uaza desconfíéis, que mi incauta sicuta del opio triste ponzoña hará nacer, tanta, que en vestiglos del Abismo iras, y furias tenazcan, para vencer, y hacer mi vasalla de esa Criatura su viviente Alma. Alentaos, pues mi poder, enojos, que en iras fragua, la envidia que mal conspiro, pues no se logran mis ansias. Yo haré que aquestas personas, que ya a mí ley se consagran, y en Dogmas de Rusitano, por mis vasallos se aclaman, que siempre del vicio la torpe ignorancia, leyes forma a el gasto, que el afecto Formaré que el lazo torpe (manda de la lascivia, sea causa, que ha aqueste hipócrita infiel, quite vida, honor, y fama. Pero el suceso ha de hacer (ta. por verdidera mi rabia que siempre la envidia al poder se sadela. Hermosa estás. Dios te guarde, que la lisonja te estimo. Si te viera ahora tu primo el Paletino. Esta tarde visita aguardo gustosa mas que aquesa; y ya te he dicho, que de eso no me hables. Qué capricho! digo, que estás enfadosa, no es galán? no se conoce poderoso? Retratele con el alma, y olvídele, dejóme infel, y ausentose; y olvidada esa memoria, hace en mí poca impresión, cuando entregué el corazón a quien ha de ser mi gloria. Acierto tu amor previene con un joven tan airoso. Mi hermano le hizo mi esposo, y ya soy suya. Y él viene a corresponder agrado; con lazos, y abrazos bellos, quedando niños con ellos los jazmines arrimados. Cielo, cuya luz hermosa a mis voluntades llama, y a voy siguiendo tu llama como incauta Mariposa, y a siguiendo tu arrebol como Clicie peregrina. Tu luz hermosa fulmina en mí, que soy flor del Sol: y a imán de mi pensamiento dos veces de mí has triunfado; pues por norte, de seado te aplaude el entendimiento. Ya victoriosa, y ufana, depusiste la extrañeza, que no siempre la belleza ha de mostrarse tirana. Ya del desdén el rigor fuera de ti le contemplo, que no es justo, que en un Templo Ya por triunfo tuyo, y mío, hospedamos el reposo, venciendo más lo amoroso, sin las armas del desvío? Ya por más. Aguarda, espera, no con acentos velocas des al aire tiernas voces: ya mi amor lo considera; y pues que mi fe creída se halla de tal grandeza, ya os estima la fineza, pues que os está agradecida. Y así en recíproco amor de tan fina voluntad, será la mayor verdad el silencio. Tal honor reciba mi pecho suave de lo que ha llegado a oír, que diza, que vos abrir le podéis, pues tenéis llave. Tu umigo Bartolomé, ahora en casa acaba de entrar. Pues no le hagas aguardar, que a mí me busca. Señora, la inquietva de los Cristianos, que con suparado intento su Ley hacen fundamento con tantos caprichos, vanos son los que en vana conquista nos pretenden reformar y los que ahora a quitar me han venido de tu vista. Ese amigo, que esperando me está a que salga, señora, y yo, somos los que ahora corremos con este Vando. Preciso es el carecer de tu dulce compañía, que yo hurtaré horas a el día, mi bien, por venirte a ver. Pues porque tu afecto encuentre a mi amor, que tanto obligo, quiero hacer por ti. Ahora digo soy muy dichoso. Que entre hasta mi último retrete, porque estando tú en mi esfera, no es justo salgas a fuera, porque en todo te respete. Que si en tal negocio estás empeñido, y tu persona viene a buscar, ya te abona, pues que te hace de él capaz, y así me retiraré, a pesar de mi paciencia, porque en esta diligencia dispongáis. Siempre estaré obligado a tal honor, dichoso soy, y felice. Amor fel aquesto os dice. agradecedlo a el amor. Los brazos, amigo, dad a quien deseoso de hallaros, toda Vilna ha discurrido. Pues descansad en mis brazos de tal molestia, y si he sido culpa de vuestro cansancio, que me perdonéis espero. Dejemos el cortesano cumplimiento, que entre amigos mas qué cariño es enfado. Habiendo; como ya he dicho, discurrido los espacios de toda Vilna, encontré a Eusebio vuestro criado, supe de él, que en esta casa, que es fuego de vuestros rayos, estabais tan divertido, que del niño Dios flechado, la lisonja de la herida no la tenéis por estrago. Y siendo importante el veros, fue fuerza, que así arrestado el decoro de este centro profanase mi cuidado; y a lo veis si fue delito, indulto de vos aguardo. Habiendo a Fray Joseph. Rutcio, Prelado de los Cristianos, y Monje de los Basilios, escrítole por los cargos de las torpes conferencias que no ignor ais, me ha enviado esta carta, en que me dice lo que ahora oiréis por su mano. i , - tii- El Abid re. Joseón Rutelo, Ya veis como diligentes hacen a el Rey de su bando; y así el atajar importa este audaz temido daño. Escribir a Segismundo es muy preciso, avisando, que el Pueblo, si no concedo la Reformación, tirano desconocerá el poder; y las Armas embrazando, los Edificios de Vilna serán de su ira estrago, serán las hierbas incendio, serán muerte los Ganados, serán las Torres cimientos, y esterilidad los Campos. Con justo intento la carta amigo, has comunicado conmigo, para poner remedio a mal tan extraño. Y viendo, que tú advertido, lince, con ojos de argos, las prespicaces acciones registras de los Cristianos, has adquirido, cautela, o maña sea, hallanarnos, que con las cartas de Rutcio, pilar en que está fijado la ironia de los torpes Latinos, ahora tengamos mas modo en el disponer estas cosas, que el halago suele triunfar muchas veces mas que el rigor ha triunfado. Pero en Vilna un enemigo, y enemigo declarado, tenemos, que es losapar, cuyo traidor embarazo, con hipócrito desvelo. y con infame cuidado, hace en las Predicaciones frutos, tan aventa jados, que cada día a su Gremio pasan nuevos Rusitanos. Este, amigo, es el más fiero competidor, que tirano a el Reformador se opone, y a nuestro intento, el vengarnos ha de ser de su virtud. Con este advitrio, que he hallado, para mayor menosprecio de su persona, fujamos, que una hermosura perfecta, con adulación, y engaño, se muestre con él tan fino. a Ahora aquí, de mi tirano intento, salga el disforme rencor, que en mi pecho guardo. Que los ecos amorosos desmientan ser afectados; y viéndose compelido de tan hermoso milagro, triunfará de su virtud con la ocasión en las manos y si así sucede. Ahora iras, venzamos este contrario Cuando amoroso, y más tierno rendido ya a sus halagos, agradezcas las finezas con amorosos cuidados, ha de ser, cuando soberbia, irritada, cruel, en daños, menosprecios, y traiciones, sus acentos, transformados de los ecos, de finezas haga concentos de agravios; y con más altivas voces, suspiros, quejas, y llantos, hará con demostraciones ser sucedido el tal caso. Y si acudiere a las voces algún Monje, harále cargo, como viniendo a decirle de conciencia un caso raro, la solicita amoroso, la pretende enamorado. Logre ahora mi poder, con tan gran triunfo, tal lauro. Y siendo aquesto, es preciso, que le castiguen, y hallamos, que si aquesto así sucede, le destierren del Estado, le priven de Confesor, y de celebrar, quitando a los Fieles domicilio, acierto, asilo, y amparo, que si aqueste falta, es cierto, será nuestro el triunfo alto Aquesto amigo es preciso disponer, sin alargarnos, que la cura de los tiempos suele servir más de daño. Con tal ardid ingenioso, el vencimiento, está claro, porque la hermosura vence de un pecho de acero, y mal pero de mujer hermosa a diligencia. A mi cargo queda el buscarla, y pore delante de ti el contrato que de efectuado, espera. Crezca en mometos el daño. Señora, Libia? A tus voces, como el imán a el contacto del acero va siguiendo, para unirse confiel lazo, vengo a la tuya, obediente me tienes. Dueño adorado, en cuya hermosura cifro de mi amor letras, y rasgos? Ya sabes como el intento de la unión a nuestro cargo está, y que de un enemigo nos estorba el embarazo. Sé, que la reforma estriba en vosotros, y el contrarlo que se opone a vuestro intento es Josapar, ayudado de tantos Monges Latinos, como obtiene hacia su lado. Pues sabiendo aqueso, escucha, enterárete del caso, que comprendido el principio, el argumento está claro: Viendo, que insiste ese Monje, ignorantemente errado, en perseverar perverso a nunca rendirse vano a nuestro dominio, regla, que cruel ha quebrantado: Y viendo, que por la fuerza, posible no es hallanarlo, pues ya cantelosamente tienen al Rey de su bando, él, y Joseph Rutcio, hombres tan clegamente obstinados, que ni las armas los vencen estando de su fe armados. un arbitrio he discurrido, tan sutil, y delicado, que si él no vence, imposible es el vencer los Cristianos. Es, pues, que amorosa, y tierna, una hermosura Ahora ha allegado mi señor. Oh pese a mí desgracia! Pues que mi hermano ha venido, y también es a aquesto tan obligado, puesto, que el verte no importa, pues que de esposo la mano con gusto suyo me diste, que aunque no esté efectuado el concierto, hacia los dos y a le tenemos sellado, con tantos finos deseos, de favores tan realzados; y el que te vea no importa, si está su honor resguardado; y así entremos, que con él referiremos el caso, de tu propuesta, diciendo todo tu intento. Cesado no ha el ardor de mis incendios, de mi rencor conspirados. Siempre a tu gusto rendido hago del mío holocausto. Y puesto, que yo a el intento, que propondréis, y a no hago falta ninguna, los Cielos os guarden felices años. Y a vos, señor, os dé acierto. Felice soy. Ea, vamos, que mi hermano dará medio a tu propuesta. Tu esclavo soy firme. Yo tu esposa. Ya amor no eres tirabo. Yo lograré mis rencores, yo esforzaré mis engaños; yo animaré mis cautelas, para rendir tal contrario. Señor, piadoso amante, que en Solio de zafir, Trono brillante, alaban vuestro ser, siempre glorioso. el Sol a luz, y el Cielo armonioso: En cuya dulce acorde melodía, es voz canora en tu alabanza el día. La Fuente, que risueña, con Perlas borda el parpado a una peña, y Venus de cristal, siempre divina, tu omnipotencia alaba peregrina. La Rosa, que esmaltada, es en el campo verde señoreada, tanto así a ti, Señor, tan fiel se inclina, que tú Hermosura alaba peregrina. Ave, que canora, es del aire Clarín, con voz sonora, a tu alabanca voces dulces trina, y tu piedad alaba peregrina. El alto altivo Monte, émulo siendo siempre a el Horizonte, a el Cielo se avecina; y tu piedad alaba peregrina. El Bruto, que paciendo el Campo, y que rugiendo el quejido explicado, hace en él obligado el efecto, que inclina a alabar a su Dios, causa Divina! Señor Omnipotente, alumbrad los sentidos de esta gente, que precitos, y atroces, de nuestros pechos no hoy en tantas voces. Guiadlos, Gran Señor, al verdadero camino, instituido por vos, y justiciero, si este Pueblo indomito atrevido, no despierta a este llanto, castigad, Gran Señor, delito tanto. 1. Divino Josaphar, cuya virtud lucir os hace en vuestro Oriente, promedio del Zenit, escuchad de mi voz el sonoro Clarín. 2. De dichas tan suprema, de Nuncio tan feliz, la virtud os hallana tener méritos mil, cuando un Dios visita vuestro fiel Nadir. 1. De amor tan soberano, me recedor sutil eres, justo Varón, por rayo del Gentil, que espada de fuego te miras lucir. 2. Este Cordero Sacro, que purpúreo Rubí en esta Cruz se esmalta, por nuestro amor sin fin, y en cuyo hospedaje la muerte hizo morir. Oh tú, que tan dichoso llegaste a conseguir, Cordero Purpureado, por Huésped de Carmín! 1. Atiende a mi voz, el Clarín. 2. El Clarín. Josaphar. Señor Divino, tanto favor a un esclavo? Así tu virtud alabo, abrázame. Ya me inclino a vuestros pies. A mis brazos llega. Felice soy, en ellos, Señor, os doy el Alma con vivos lazos. Una merced te he de hacer. Por vos muy grande será. Presto el tiempo llegará, que Obispado has de tener. Antes, Señor Soberano, que tal favor yo consiga, muerta he de ver la enemiga será infiel del Rusitano. Del Obispado la gracia admite con fino amor, cuando vas a ser pastor de la Iglesia de Polacia. Yo el aviso te he traído, por estimar la virtud, y porque has de ser salud de este Rey no empedernido, queda en paz. Oh qué favor! Mira, que te espera un daño muy cruel, fustra su engaño, que yo te daré valor. 1. Divino Josaphar, cuya virtud lucir os hace en vuestro Oriente promedio del Zenit, de mi voz escuchad el sonoro Clarín. 2. De dichas tan supreme de Nuncio tan feliz, la virtud os hallana tener méritos mil, cuando un Dios visita vuestro fiel Nadir. 1. De amor tan Soberano merecedor sutil eres, justo Varón, por rayo del Gentil, que espada de fuego te miras lucir. 2. Este Cordero Sacro, que purpúreo rubí en esta Cruz se esmalta, por nuestro amor sin fin, y en cuyo hospedaje la muerte hizo morir. una mujer toda buena, con talle, y cara no mala, espera en la Porteria a nuestro padre, y me manda le diga con diligencia que salga apriesa. Ea, vaya, diga que ya voy. Señor, en ti fundo mi esperanza. Ya el Lego subió a la Celda a llamarle. Ea furor, ahora es tiempo de emplear toda la saña; obren las envidias, y obren mis cruel dades infestadas, que en etnas, y mongibelos, iras, y furias renazcan. Ahora, en causas amorosas, a la fiel coyunda blanda, haré la virtud rendir de este gusano; que esmalta con repetidos favores, ser ya del Celeste Alcázar. Oh hombre, qué de desdichas te cercan, y te amenazan, pues si la virtud encuentras, lacos topas en que caigas! Obren mis Ministros, y obren yo mismo, que en tal Campaña, el vencimiento consiste en los ardides, y trazas. Fía de mí, pues amorosa, con ternezas, con instancias, los silencios le asegure, y le obligue con palabras. De tu ingenio el vencimiento es victoria señalada: yo me retiro; que viene. Déjame a mí. Ahí te aguarda mi persona, como esclavo, en ese jardín, y estancia, donde para cuando llegues con el triunfo, y con la palma, te corone con las flores, que haya tejido guirnalda el tiempo, que él solo puede ser cúmulo a dicha tanta. Ya llega. Hacia aquesta parte dijo que esperando estaba? más etela. En qué, señora, puedo servirla? Obligada de vuestra persona, atenti a lo que dice la fama, que con sus voces pública vuestras ciencias, y prendada de vuestra persona. Ea cautelas, avivad más esta llama. Vengo de mi afecto instruida, y de mi pasión guiada. haber si tantos cariños, tantas finezas, y ansias, hallan reciproca. Cielos, adornadme de constancia! Mujer, que presita vienes, repara me jor, repara, que es el infernal Ministro quien te guía, y quien te inflama ese ardor, cuya vileza a el estrago te adelanta. Sabes, que ese pavimento, que de Luceros se esmalta, con tantos ojos registra nuestros pecados, y faltas? Sabes, que el blandón del día, belló lucido Monarca, las Luces que expele enciende, por alumbrar la ignorancia? Sabes, que ese movimiento, selva de espumas, y plata, tal vez brama enfurecido la fragilidad humana? Sabes, que la negra Nube en diluvio se desata, siendo aborto de su pena tantas lágrimas de agua? Sabes, que la triste noche, de opaca terliz manchada, se oscurece, por no ver los delitos que ella causa? Pues si aquesto sabes, como tan torpemente arrestada, lazo a la garganta anudas, que lo vital te deshaga, dando a el corazón veneno, tan infielmente irritada, que por antídoto el opio bebes, sin ver que te sacía? Qué has visto en mí, mas que ser un gusano, cuya nada es polvo, y a el ser de polvo le ha de volver la guadaña de la muerte, cuyo horror es tan feo, que aún espanta a los lustos. Si amorosa no te obligan mis palabras, muévate este amor. Ah padre, diga que sí, que no haya quien me diga a mí lo mismo, que yo presto me allanara. Oh pesie a mí! Mi bien. Sicuta, tirana, incauta. Paga este afecto. Qué horror! Padre, mire que la mata, despenela. Esta loco? mujer, o de monio, aparta. Mira, que te adoro firme. Tu error conoce. Esta llama, apaga de mi cariño: mira, que, si él te idolatra; mi vida, si por secreto estás remiso a mis ansias, yo seré vivo silencio. Por cierto a mucho se allana, que el callar una mujer es causa muy complicada: diga que Oh criatura, como los Cielos te amparan! Pues como serío, y cruel, pretendes avergonzada dejarme, cuando amorosa quedo yo misma infamada? Mira que es una mujer. cuando así queda ultrajada, flecha, que los vientos cruza, León, que las peñas rasga, Basilisco, que infeciona el ambiente; y irritada, si a mi amor no condesciendes, te disfamaré, y vengada quedará mi suerte así de tanta amorosa audacia. Si ha de incurrir a el castigo sin culpa, no es mejor que haga mérito a él, porque logre el dolor algo de causa? Mira, que amorosa espero. Señor, tu piedad me valga, líbrame de este enemigo: Mujer, quita. Oh qué constancia! yo me voy, porque corrido quedo, y vencido a su santa entereza. Yo, tirano, y a que no pueden mis ansias contrastarte, a mis quererlas sabré infamar tantas, tantas aleves hipocresías contra mi hermosura, y fama. Fuese, por Dios que es bonita nuestro padre, aquesta hermana. Qué dice; no ve que son lazos de la sierpe mala? Ya lo veo, mas por Dios, que era sierpe de importancia. Vaya, pues, por los pecados, que aquí ha cometido, haga penitencia, estando en Cruz. tres horas. Aí no es nada. Obedezca. Benedicite. Oh, Señor, por gracias tantas, esta vida os sacrifico, y en justos ritos el alma: Vamos, y a Dios le daremos por lo pasado las gracias, pues nos libro del Ministro infernal, y sus instancias.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Camine, que ya a la vista de Polacia estamos. Yo, ya me veo tan despeado, que no puedo andar, y voy muriéndome por llegar a comer algo. Es atroz el camino. A quién se queja, pese aquel que me crió, pues pudiendo tener coches en que venir no almitió ninguno. Aún el venir (sabe lo mi Criador) por Prelado fue más fuerza, que no por mi inclinación, pero si era voluntad del Altísimo Señor, que había de hacer. Ya lo veo, mas no es mala la ocasión de ser Prelado, por ser con regalo estimación, favorecido, estimado de todos, y lo mejor. el comer a dos carrillos, conejo, perdiz, capón, tocino, carnero, y pabos en gígote, y Cese la voz, y no con la gula ofenda al Omnipotente Dios. Qué importa el ser regalado con fausto: y estimación lo personal, si se ofende con lo mismo lo interior? Una por una, yo quiero el ser regalado, y no haya miedo que repare. en la conciencia. Qué error! primero es dar gusto a el alma que no a el cuerpo dar sabor. A Elias el Penitente en un Monte socorrió un Ángel, y su sustento corría a cuenta de Dios, tanto que un Cuerbo fue siempre de su manjar condutor. Gerónimo que sapiente fue de la Iglesia Doctor con hierbas se alimentaba, que el seco campo brotó. Pablo primer Hermitaño, que en las peñas habitó de los frutos de la tierra piadoso se alimentó. También con acción discreta el justísimo Hilarión, lo más de su vida a el Yermo santísimamente dio: Pues si todos estos justos nos enseñan, por qué no hemos de seguir sus huellas por tener su galardón? Eso está bien, Padre mío, pero es tremendo rigor predicarme, sin comer desde ayer. De Corazón espere que el Juez Divino ha de pagar nuestro amor, no desconfíe. Lo creo, más hagamos refleción de toda Vilna. Los pobres me abrieron el corazón, cuando el abrazo postrero me dieron de su fervor. Válame Dios, Padre mío, como lloraban. Mi pasión pagaban con los raudales, de su llanto, y sabe Dios, ay Cielos! No llore Padre. No lloro, que la pasión me usurpa el aliento triste. Pues haga respiración. Ya tan cerca de los Muros estamos, que en un veloz caballo, un joven airoso se encamina adonde estoy. Ten ese estribo, y avisa los Proceres, mientras yo salgo atento a recibir a nuestro Obispo, Señor, a vuestras plantas humilde yhace postrado el Barón Socolinsqui Palatino de Polacia. A tal favor los brazos colunas sean, que sustenten nuestra unión. Venga en buen hora el Prelado, de Polacia. Su Oración ha de ser de nuestra Fe el báculo su perior. A vuestra virtud rendido, postrado, siempre ante vos, pido la mano, por ser a quien el Rey mi señor, Segismundo, que Tercero es en la pública voz apellidado el feliz, por sagacidad, y valor. Con un Decreto inviolable, que expresado, me mandó, que como Notario hiciese a el pueblo deprecación, de que sois ya la cabeza de su Rebaño Pastor, quien como notificado responde con fina acción. Venga en buen hora el Prelado de Polacia. Obligación de cariño duplicada, obra ya en mí, por quien sois, es la primera, y por ser Ministro de tal Señor. Y yo con tan gran Prelado, la enorabuena me doy del acierto, y pues es fuerza, como Ministro, y Rector del Pueblo, informar a todos, escuchad esta Oración: Para que a noticia llegue de todos, hace mi voz público advitrio a la Plebe, de como el Papa, que es hoy, el Májimo paulo Quinto, Vicario Sacro de Dios, y el Rey Segismundo el Grande, a Josaphat, Arcobispo hoy de Polacia, fiel envían por amparo, y valedor de la Iglesia unida, lustre de la Nobleza, y blasón de la Ciudad, siendo el Cielo quien hizo su Creación, y siendo del Cielo, puede esperar nuestra intención, vencimiento, escudo y rayo, del Rusitano Agresor. Yo como Noble en Polacia, respondo, pues en mi voz cifran la suya los Nobles de este Reyno vencedor. Diciendo, que humilde siempre a la Santa Sede doy la primicia de la Iglesia, como Apostólico Honor, y que estimo, como es justo, la propuesta, a cuya acción todos nos rendimos, dando la obediencia a tal Pastor. Viva nuestro Obispo, viva. Viva, y reviva, que yo sabré vivir más que el tiempo que Matusalén vivió Los brazos a mí me dad por el Rey. El alma os doy en ellos, y por la Fe hago voto superior. Y a mí por el Reino, en cuya Sacrosanta Religión la obediencia rindo. A fe, que es grande la obstentación con que nos reciben. Gracias os doy, inmenso Señor, por mirar vuestra Fe Santa con tan gran exaltación. No por mí, que no soy nada, admito esta obstentación, sino solo por mirarme Ministro vuestro, a quien vos con las Ordenes hicisteis ser Serafín, hombre no. En Jerusalén triunfante vuestra Majestad entró, y con Palmas recibieron vuestra Persona, y trocó aquel Pueblo empedernido, en menosprecio el favor. Haced, Señor, que yo goce el martirio, y que el fervor se logre de mis deseos, con la felice ocasión de morir por vos, qué dicha! quién lograra tal honor! h Viva nuestro Obispo, viva nuestro Santo; y fiel Pastor. Vamos, que ya las Carrozas os aguardan. Es error, porque no entrará en un coche, aunque le den un millón, tanto, que cuando venimos de Vilna hacia acá, encontró un camarada, muy suyo. en un coche, y le brindó con él, mas él no acetando, la promesa desechó. Qué santidad! Qué virtud! Viva nuestro Superior. Dígame el hermano, acaso allá en Vilna conoció una Dama, que vivía junto a su Convento? No caigo en ella; como diga era su nombre? Los dos luego hablaremos, que quiero informarme largo. Amor. de unas cenizas ya frías aviva mi inclinación, pues siendo de Marte hijo, es bien, que muestres valor, encendiendo los cariños de Bulcano a el vivo ardor. No por ser hijo de Venus, se hiele tu fina acción, que el incendio en las espumas hace tal vez impresión. Venid todos, que Polacia os espera. Mucho hay hoy, yo apuesto, que he de comer mas que ha comido un gloron. Vamos, que en los Cielos fío me darán acierto; o Sol de Justicia, en vuestra Mano remito toda mi acción! Dichosa Polacia eres, pues que tienes tal Pastor, y dichosa mi fortuna, si Libia no me olvidó. Venid, pues. Quéridos hijos, guiad. Oh qué alegrón ha de ser, cuando la Iglesia mire a su Fiel Protector! Salto, y brinco de contento. Viva nuestro Superior. Amigos generosos, cuyo valor en hechos animosos, queda ya acreditado, y dé la Fama a el eco publicado: Ya sabéis (triste suerte!) como gozada Libia, di la muerte, con imperio tirano, a Teodoro; su audaz infiel hermano, porque grosero, y torpe, acción tirana! pretendió me casara con su hermana, cuya mujer después de conseguida, es horror, y es estrago de mi vida. Si con pecho amoroso, le aseguré el honor con ser su esposo, fue engaño del rebozo, que después de gozada, mujer ninguna acierta a ser casada. Del Reino despreciado, el puesto que tenía me han quitado; y en cuyo horror, estrago, bien me fundo, ha de ser de mi brazo todo el mundo. Ella su honor perdido, buscando a mí me viene, y siempre ha sido su intento, que amorosa ha de llegar a ser mi fina esposa. En vano, en vano en ello insiste, que por el Cielo Santo, que se viste de Astros, y de Estrellas, mirará de su fin las tristes huellas. Primero que en el lecho, sus brazos formen lazo con mi pecho: mis fierezas unidas con el rigor, estrago son de vidas. Pues mi rencor advierte, que a seis parientes suyos di la muerte; y en aquesto no para mi venganza, que de escalar a el Sol tengo esperanza. Samuel invencible, cuyo nombre a la fama es ya plausible, que en láminas de bronce, y de diamante, el buril es ya eco rutilante. Bien el valor de aquese pecho muestra la siempre real heroica sangre vuestra. Bien así disfrazado, en humana criatura transformado, a el precipicio torpe le gobierno. Acometamos hasta el mismo infierno, no tenga tu valor ningún recelo, que a oponerme estoy hecho a el mismo Cielo, y a tu poder rendido yo, y todos estamos. Y yo agradecido a el sino valor vuestro, eternamente fiel desde hoy me ofrezco. 2. A tu disposición tienes mi pecho, a la victoria; y triunfo, siempre hecho; ánima, triunfa, escala, y atropella, arrancando del Cielo tanta Estrella, que con eso tu hado venébolo será, y no encontrado, Qué bien de mis cautelas, y rigores, materias dando voy a sus rencores. De Samuel, y de su acero, resguárdese el caminante, que de amoroso, y galante, ey es ladrón bandolero. Del Reino era aplaudido, y de todos estimado, mas hoy está despreciado, . y de todos abatido. Eso sí, el rigor advierte de mi incendio en la experiencia. . Como di tienes paciencia de escucharle, dale muerte. Aguarda, que yo entonar te haré mejor con la voz de esta pistola veloz, para que sepas cantar. No dirás, que buena suerte tuvo tu voz, con intento de que fuese su instrumento, instrumento de la muerte 1. Muerto soy! Oh cruel tirano, de los gustos homicida, no te sació tantas vidas, de mis parientes, y hermano! No me bastó, que la suya a mi honor no satisfizo, y pienso que a el precipicio se vino ahora la tuya: Atajadla. . Ya mi eterno ardor su pecho le inflama, hasta ventilar la llama de su delito el infierno. A el monte, Soldados míos. Ay infeliz! triste suerte! Librémonos de la muerte. Adónde iré, Cielos pios? No quede en el monte peña, que no registreis, no quede rama por mirar, que puede encubrilla alguna breña. Ya mis astucias se aplazan . contra ti, o hombre advierte, que te añado muerte a muerte, feos delitos, que se enlazan. Id, mientras yo recostado, doy algún alivio a el sueño, haciendo dulce beleño lo ameno de aqueste Prado. Hable mi valor, y calle la alabanza, triste objecto! . ponerla ante ti prometo, o morir, a el valle, a el valle. . 2. Registraré el Horizonte, por traerla a tu presencia; mas la misma diligencia lo dirá, a el monte, al monte. . Eso sí, obre mi ardor, aunque con voraz empleo, que por seguir un trofeo he aborrecido a el amor: Ya sus flechas, con rigor las quebró mi indignación, porque es muy cruel acción, y muy torpe desaliño, que pretenda un ciego niño mandar en el corazón. En iras ya sus halagos transformé, Cupido ciego, pues con las, ansias de fuego, las operaciones hago. Es mi carcad el estrago, cuya máquina estendida, el aire es, que apercibida a mi rigor aprovecha, pues despido en cada flecha un incendio de la vida. Ira cruel me alimenta, con acción tan inhumana, que es mi indignación tirana hija del horror, y afrenta. El mundo mi espada sienta, sin dar a la piedad ruego, y con tal desasosiego, pene, y llore su congoja, pues esgrimo en esta hoja, espada viva de fuego. Dulce cadencia a mi oído es, siempre en trágica suerte, el idioma de la muerte, en su orrisono sonido. A mí me alienta el quejido, pues en su suave acento, es del estrago el concento, el que de mí no se aleja; y así me sueña la queja como unisono instrumento? Es mi inclinación severa, el vencer, y atropellar, herir, ofender, matar, como sanguinosa fiera. Es todo el mundo mi esfera, pues el mundo se avasalla. a mi poder, y en batalla de nadie he sido vencido, y por eso estoy temido, que el mundo me sufre, y calla. Pues solo los compañeros, en el campo me han dejado, quiero ver si recostado omito tantos severos discursos. De sus aceros el audaz temido daño dónde libraré? Oh engaño de la vida, pues se advierte, que ha cada paso la muerte adelantas de tu daño! A Polacia caminaba con piadoso, y santo celo, cuando el indomito anhelo de esta fiera disparaba una pistola, y mataba aún fiel, y le al criado, tanto que fue desdichado, porque me siguió sentida, y quítole a él la vida, porque alivió mi cuidado? adquiridas mis finezas, mi persona aborreció, mas ay Cielos, lo causó mi desgracia, y las fierezas de su engaño: con ternezas amante le di mi ser; y él burlando mi querero a sus engaños ensaya: Yo que le crel, mal haya, mas es hombre, y yo mujer- Estas lágrimas que lloro van acabando mi vida, pues la desgracia está unido a mí, que en las penas moro; todo lo que es bien ignoro, el daño en mi es natural: Y así en rigor tan cabal, muero, y vivo con desdén, siempre feneciendo a el bien, y siempre naciendo a el mal. Abrá desdicha más fuerte, pena, y ansia más sentida, que estar muriendo en la vida, y estar viviendo en la muerte! Pues este rigor se advierte en mí hado siempre enemigo, estrella que huello, y sigo, con tan animoso empleo, que el bien en los otros veo, y solo hallo el mal conmigo: Y a mi dolor en tal calma desfallece a la aflición; pero alienta el corazón los espíritus del alma. Lleve el sufrimiento palma en tantas ansias ya dichas, que atribular las desdichas no es fácil, a el animoso, que a el aliento generoso le son las desgracias dichas. Tiene mi honor la esperanza de vengar su menosprecio, y de su valor aprecio el que ha de tomar venganza. Pone el crédito acechanza, por centine la a el sentido, por minero lo escondido del recelo, y general hace el amor natural, el honor desposeído. Ampáreme el sacro Cielo, dando alivio a pena tanta, que el mal a el bien se adelanta, para dar mayor desvelo. Gran rigor, y desconsuelo es el que paso afligida; pues en tanta pena unida, como llego en mí a advertir, reconozco, que es morir, sin fenecer en la vida. Un hombre burló mi ser, mal he dicho, horror tirano! fiera, y basilisco vano, que aborreció mi querer. Fe le di de su mujer, y él con ansias diligentes, de favores aparentes, logró ufano mi belleza, y dejome, qué vileza! dando muerte a mis parientes. De su sinrazón no admiro su proceder tan liviano, pues dio la muerte a mi hermano? más Cielos, qué es lo que miro, honor la venganza aspiro, pues que rendido al beleño está tu enemigo, dueño de ella has de ser, pues alcanza a darte viva venganca la muerte del triste sueño. Ya de este triunfo adquirido, la victoria honor alcanza, pues le brinda la venganza lo confuso del sentido: en muerte está confundido, y así de su triste ceño es verifico diseño Morfeo, pues si se advierte hermano es de la muerte el lóbrego opaco sueño. Sean sus armas instrumento, que le vengan a acabar, hechas están a matar sin culpa, y en tal intento, por mío el triunfo sangriento, y a la memoria consulta, pues saca de su resulta, que sin ocasión; en suerte de odió, acertó la muerte, qué hará ahora habiendo culpa? Tú has de ser quien la venganza dé a mi honor perdido, así el mundo dirá de mí, si a saber aquesto alcanza, que el agravio en la venganza supo librar el honor, pues padre fue del amor Marte, ensangrentado, y ciego; y así aquesta voz de fuego dirá a el mundo mi valor. Erré el tiro, qué desgracia! ay Cielos, qué habré de hacer? Di desdichada mujer, fuiste tú la que en audacia, la flor de mi vida, lacia, Y mustia, con la muerte quísiste volver? advierte bien lo que hiciste, temiendo tu castigo, que advirtiendo te está tu agresora suerte. Sabes lo que has hecho? di, conoces a tu ignorancia? Sabes, esto no es jactancia, que para matarme a mí es el mundo poco, si mi rencor esfurecido llega a expeler lo encendido de mi valor, sin segundo, que hará prisionero el mundo, esclavo a mi pie rendido. Pues si todo aquesto advierte tu humildad, como atrevida presume quitar la vida a quien no teme a la muerte? Tu error conoce, y por suerte de desacato tan fiero, quiero atarte a este madero, donde por más vivo mal, serás rayo a el pedernal de tanto fiel compañero: Blanco serás de sus iras, donde por burla, y por juego, llama serás de su fuego. Cielos! En vano suspiras. Si tantas ansias no miras, acuérdate que te amé. Y dime ahora tú, por qué aqueso así no mirabas, cuando contra mi tomabas la pistola? Yerro fue de mi mano, a quien honor, como ultrajado, animaba. Si aqueso tu honor miraba, también mira mi valor, que el tuyo, infiel, y agresor, la vida quiso quitarle; y así por renumerarle, con recíproca concluyo, diciendo, haré con el tuyo, lo que tú en el mío. Matarle es más fácil, venga ella. Ya voy, no me tire así. Venga. Qué quiere de mí? Flora es, y vienen con ella los compañeros, o estrella? de este bárbaro tirano. Ay de mí! Tened la mano, porque castigo más fuerte quiero darlas, que la muerte. Valednos Dios Soberano. Para que memoria quede de mi valor, siempre bronco, atad esas dos a un tronco. 1. Ya obedecemos, Aleve. Cruel. El castigo lleve tu alma de esta sinrazón. Atadlas, que la ocasión mi venganza trujo. Cielos, mirad por mí. Son desvelos de tu vana presunción. Eso sí, mira logrado el daño de tu homicida, quítala esa triste vida, con ira, y estrago airado. Oh hombre, como el pecado . te ha cegado la piedad, hijo de inhumanidad se apellide tu despecho, pues solo encierra tu pecho incendio, ira, y crueldad. Ay de mí! 1. Ya están atadas. Ahora falta, qué alegron! . que todos en escuadrón esas pístolas cargadas disparéis. Aay desdichadas. Josapat. Divino, oíd estas voces; acudid a nuestro llanto; y desvelo, que a vuestra virtud, y Cielo tierno clama. Ea, abrid su pecho. es en vano. 1. El resplandor me ha cegado. Qué rigor! quién os detiene? La ofensa de Dios. Qué ofensa? Esta que haces; o hombre ciego, advierte, que aquese fuego volviendo va contra ti. Quién me ha trasmutado así? . no soy yo aquel que sin ruego, a caminantes mató; quitando honor; y dinero? Pues como manso Cordero, me rindo a quien no venció. Ya libres estáis, triunfó vuestra invocación. Rendidas nuestras dos felices vidas, hoy a vuestra planta ofrece nuestra humildad. Parece, que en ansias agradecidas, he mudado el corazón, hallando más dulce centro. Haced, Señor, que mi encuentro ablande su indignación. . Samuel, mi justa oración, ha alcanzado, en digna suerte, que os busca ya la fea muerte; y en vuestro daño engañado, pecado dais ha pecado, y ofensa, que ofensa advierte. Vuestro sacrílego error llorad, con lágrimas tantas, que labéis las dulces plantas del Sempiterno Señor. Penad con vivo dolor vuestros pecados, haciendo, que vuestra sangre vertiendo sus raudales por la tierra, sea cúmulo a la que encierra, viva venganza pidiendo. Cabe, que Dios me perdone los pecados que yo tengo? Sí, hermano. Pues y a prevengo vivo dolor que me abone. Si la penitencia pone con contrición, y aspereza, no dude. En eso certeza ay que me podré salvar? Eso no llegue a dudar. como tenga buena fe. Pues, Padre, confiéseme, que Monje suyo he de entrar. Qué dice? Que lo pública estas lágrimas de amor. Las gracias os doy Señor, de tanto bien. Ya dedica su alma adiós. Bien lo explica su contrición. Compañeros, dejad de ser bandoleros, llegad, veníos conmigo, seguid la ley que yo sigo, de preceptos verdaderos. Ya todos a vuestras plantas nos conformamos. Los Cielos reciba amantes anhelos, de vuestros pechos; y a tantas honras, Señor Soberano, este triunfo os allegad de mi oración. Piedad habed de aqueste gusano. Id a Polacia seguros, que a todos allá veré. Siempre te obedeceré: Ya salí de los oscuros Alcázares de ignorancia; y así, Libia, muy rendido, de todo perdónte pido; y lo que es, con más instancia, licencia pera tomar el Hábito. Y yo a ti te la pido para mí, que quiero ser Monja. Pesar de mi rabia, y de mi anhelo, . por más pena mía, y desgracia, asiste Dios con su gracia a quien va buscando a el Cielo. Y porque veáis lo infiel de vuestro ser engañado, mirad, quien fue vuestro lado, sino el Capital Luzbel, y en prueba de que es él mismo el que os ha ayudado a el daño. Príncipe infiel del engaño, bajad a un estro hundoso, Abismo. Ya con mi rigor interno te obedezco. Pesie a mí, . que un hombre me trate así! voy me corrido a el infierno. Oh justo Varón! Oh Santo. Siendo el Demonio su lado, a el rigor sería forzado, con horror, ira, y espanto. Adiós hijos, que la gracia queda en vuestro corazón. Qué pasmo! Qué admiración. Vamos, todos a Polacia. Vamos, que yo en ella espero servir a el Sacro Señor, siendo en el rebaño amor del dulcísimo Cordero. Sea el hermano bien hallado. Y él por siempre bien venido. Cierto, que a mi afecto debe, desde que le vi, un cariño interior, que las Estrellas inclinan los albedríos. Pues mi cabeza, señor, entera, y sana la miro, y no quiero que estrellada quede con tan gran peligro. Yo le agradezco ese afecto, y con el alma le estimo; pero señor, vamos claros, que amor, y no ser lampiños, es amor de muy atrás, y para mí no se hizos No malicioso adelante. El que los daños previno es muy cuerdo, y si suceden, traen menos fuerza. . Eso es visto! Mas dejado aquesto aparte, le he de suplicar rendido, me informe de aquella Dama, que le apunté en el camino. Ya le dije, que por Dama no la conozco, y por Cristo, que es muy grande desvergüenza que se venga, sin capricho, a preguntarle por Damas a un Santo, Monje Basilio, de Josaphat compañero, y de la virtud prodigio. Esto no es cosa de enojo, ni apurarle determino, sino saber si se ha muerto, o si se casó. . Ya digo. que diga el nombre, y con eso le informaré. . Ya le digo, Libia. . Eso sí, ahora caigo, aunque no he caído. Esa señora, señor, se prendó de un peinádico, Archimandrita del Reino, hombre noble, y conocido. El con amoroso intento, y palabra de marido, con el gusto de su hermano entraba en la casa, y visto todo este enredo, una noche, con finezas, y cariños de amante, a la posesión se pasó de ser marido. En fin después de gozada, la aborreció, y presumido, la burló; viendo el hermano esta sinrazón, previno el buscarle, supolo él, y adelantado, atrevido, le dio la muerte; y hallado con tantos feos delitos, porque no le castigasen, infiel Vándolero se hizo. Él anda por esos montes echando por esos trigos, y el la buscándole anda, por ver si con sus suspiros puede el honor recobrar que ahora tiene perdido. Aquesta es la historia cierta de esa señora, y sucinto todo el caso Calla, cesa, a mis rencores reprimo. Libia olvidó mis finezas? Libia olvidó aquellos finos atentos gratos favores, de que fue su pecho archivo? Libia de otro enamorada, y verlo yo estando vivo? Libia. De qué el acento alternáis? Cielos Divinos! Qué entereza qué respeto! qué Santidad! qué prodigio! helado quedé a su acento, sin respiración me miro; siendo inanimado, a el susto del respeto, mármol frío. De qué arrojado, Señor, descompuesto, osado altivo, las señas de la modestia desmentís tan desabrido? Llevado de afecto ciego, la cólera me previno descompasase el acento los términos de benigno. Pues vuestro discurso advierta, que aquese afecto distincto, norte sigue, que supremo Esposo, y Dueño, ha elegido. Esto baste a refrenaros esos intentos, nacidos de un ciego apetito vano, que os arrastra a el precipicio. Señor, si los hierros nacen para llorarlos, bien dijo, el que sabiamente docto, y atentamente advertido, advirtió, que se levante el que en el error caído se mita, para lograr con su escarmiento, el camino de la salvación del alma, castigándose contrito. Oh justo Varón! de Dios los favores exquisitos logras, con la profecia que esmalta tu ardor divino. Esta de su Santidad, Pontifice, Padlo V. viene para ti. Su letra y énero como fiel hijo. Esta otra de Joseph Ruecio. Cómo hermano la, recibo. Yo me voy a dar la sopa a los Pobres, que conmigo no hablan estás cartas, pues que con estotras me miro. Qué querrá el Papa? Así dice. De su entereza me admiro. Viendo, que en Polacia está la Religión asegurada con vuestra asistencia, y sabiendo, que en Vitesco los enemigos Rusita. nos vuelven, y insisten a sus erro- res, es en el de Dios, y mi servicio, que paséis a remediar sus ironias, llevándoos a Miguel Socolins- quí, Palatino, y a el Notario de el Condado de Lituania, para que ayuden vuestro intento como Cristianos, y Cabezas de las Repúblicas. Ya oís lo que el Papa manda. Obedecer es preciso sus ordenes. Esta otra carta leerosla determino. Esa de su Santidad, vino en mí pliego, por donde me da aviso, de como a Fray Doroteo le hace la Gracia, y Nombramiento de Arcediano de Vitesco, mandan- dome os avise el que le llevéis con vuestra persona. Cuya vida guarde Nuestro Señor, como la Iglesia ha menester. De Vilna S. de Febrero del añode 1. Por la Fe admito gozoso ese cargo, y porque miro, que asistiendo Dios su causa, es el vencimiento fijo. Vamos, y las prevenciones dispondremos del camino. Vamos, hijos, que los Cielos nos asistirán benignos. Con tal Prelado, gustoso voy a Vitesco. Yo fino, por la Fe de Dios, daré el cuello a un fuerte cuchillo.

JORNADA TERCERA

En fin, que ya es Monja? Sí. Dichoso Estado! Se acoge a diós, cuando iba siguiendo quien burló sus atenciones. Cualquier Estado es perfecto; pero a todos presupone el Monástico, que en él son las Reglas de más Orden. Es así, mas el del yugo es más penitente azote, pues sobre tener Cruz, lleva tantas mortificaciones. De qué el hermano lo sabe? Lo saco de las razones con que oigo quejar a tantos martires casados hombres. Reglas hay con excesión, que vulgaridades rompen. pues unos contentos, firmes idolatran las acciones de sus mujeres, que son, en justísimas razones, objecto de sus cariños, y dueños de sus favores. Y por fin todos las miran con respeto: porque imponen sagrada veneración en la modestia que acogen. A las mujeres fiamos el honor, y estas razones hac en respetar aquello, que a su sejo dimos nobles. Es animal la mujer, que tiene contradicciones, y llevadas bien, y mal, tiran como tal las coces. Hermoso animal se llama, así mismo el formado hombre; pero de animal le aparta lo racional, porque obre lo sensitivo, avivando sentidos, y confusiones: Y siendo en vivacidad la mujer más, bien es note, que adquiere más preeminencia quien dúplica las acciones. Pero esta plática al fin tiene tan altas razones que ventilar, que el discurso a veces se advierte inmóvil. Los discursos para mí son tan grandes invenciones, que me aburro por saberlas, y en loquezco a sus lecciones. Mas esto aparte, Vitesco alborotada se opone al Obispo. Su ignorancia castigará sus errores. Tres días ha, que llegamos de Polacia, justo es llore salir de Fieles Cristianos, y entrar con Herejes. Obre con santo, y virtuoso celo, a disvadir sus atroces dogmas. Si losaphar, que es de su tesón azote, no los vence, como quiere, que yo los reduzga? Pone el hombre el medio, y los Cielos ayudan sus intenciones. Está muy bien; pero digo, si al llegar yo con mis once de oveja, a decirle mire a un solo Dios, y él entonces con cuatro palos, me envía a tenga usted buenas noches, como enviaron, no ha mucho, uno, que reciente Monje, fue llevado de Cristiano, por enmendar sus errores, de bandolero matante, predicador se conoce, dos muertos, y tan vivos, que le dolieron sus golpes, siendo atabal sus espaldas, pues en quejidos, y voces, a compás iban cayendo mano, palo, voz, y azote Como quedara yo, cuando conmigo hicieran atroces lo mismo? Con la paciencia se pasan las aflicciones. De Polacia, donde queda Libia, consagrada dócil a Cristo, vengo a Vitesco haber el Adlante Noble de la Fe, Josapat digo. que él solo es justo se nombre ser adlante de la Iglesia, que olimpo, sobre si pone Mundo de la Cristiandad, que sustenta en Oraciones. Este es su Palacio. Cielos, haced, que mi dicha logre hablarle; mas allí miro su Compañero, y un hombre, llegarme intento a saber si hab rá ocasión; por informe del Hermano, saber quiero, si hay modo de que ahora logren mis deseos al Obispo hablar. O la vista torpe, o ciega, a la idea finge, en tan vanas ilusiones qué es esta Flora, criada que fue de Libia. Atenciones tan justas como las vuestras, no es justo que se malogren: Ahora aquí a aquesta sala saldrá, y podréis entonces hablarle. Los Cielos guarden vuestra persona. En acciones, sisonomia; garbo, acento, conforma, o son errores de mi idea, con Florilla, y por dejar confusiones, de ella pretendo saberlo: disculparéis el inorme desacato en atreverme a preguntaros, porque obre el evidente discurso, sin las imaginaciones de dudar, si acaso sois, quien de Libia los favores gozó, como del cariño, y sufrió como pasiones: si sois por dicha la Flora que habitó su centro noble, cultivando en la asistencia. el fruto de sus primores: Si sois la que más adentro gozó tan altos favores, como ver sin el recato la esfera del amor dócil: Si sois. Tened el acento, no con vanas locuciones emparafraseados ecos, deis a el aire tantas voces: con muchas señor, habéis preguntadolo, porque obre con una voz solamente, en dos letras, y diciones, a responderos a tantas voces, e imaginaciones: Sí, Flora soy, pues mirad. como en causas no conformes de un efecto hacéis vos muchas, y yo en muchas, porque asombre una sola, con que entrambos por distintas opiniones, yo os respondo en una voz, y vos preguntáis con voces. Las mujeres son agudas, y siempre hallan razones. con que responder; por no quedar vencidas Favores fueron los de aquellos tiempos a mi pecho. Trasmutose ya la planta del cariño en la solidez del monte: ya de eso no es tiempo. Ay Flora, que en actividad conforme, éxhala el pecho suspiros, que encienden muertos carbones, es incendio el pensamiento, y atalaya, que favores temotos con la luz guía al puerto de confusiones, donde advierten el estrago con las desesperaciones, de manera, que la que es a su rumbo vivo norte, viene a ser a el paradero, rémora que el bien le rompe? Oh engaño, pues cuando miro que eres aparente dócil, entonces a el precipicio le confunden tus traiciones! Por eso dice el refran, en aquesas exenciones, que no es todo oro lo que reluce. Las ocasiones dispone el Alto Señor. Pero cuando las dispone, advitro deja el remedio. Llegue, pues. Respeto pone su presencia, a vuestros pies rendida, pido la Orden Monástica en el Convento de Vilna, para que logre imitar a Libia, quien la siguió en tantos errores. Levante, hermana del suelo, que ya su precepto impone un caracter en el alma, que condeciende a sus voces. Dichosa soy. Decid ahora lo que citasteis entonces. Llevado de afecto fiel, diré las conjuraciones con que previene Vitesco el fin a la Sacra Orden. En el Consejo, o Senado, juntados los Senadores, Proceres, y Conjurados, Busitanos, Agresores, en primer lugar dijeron, y propusieron; qué ignorme sacrilegio! que pagada fuese allá por sus razones, la Confesión, que aún oírlo ye la las aumiraciones. Esto no admitido. Oh feo escándalo, siempre errores, que aún la maldad desechó el daño que tu propones! Esto no admitido digo otra vez, nuevos traidores dispusieron, que el Domingo, en tumulto, y sediciones, a ti, y todos los Cristianos, sufriréis su infiel azote, y a padeciendo a el castigo, ya amarrados a los robles, y a estragos de sus cuchillos, y a incendio de sus ardores, y a túmulos del cadahalso, y objecto de sus rencores, causa de todas sus iras, y blanco de sus horrores. En fin señalado día el Domingo, es bien, que notes el remedio a tanto daño, sin que el vulgo se alborote, que los reparos consisten en que callados se logren. Voto conjurado tienen en el Senado, porque obre la ira, cuando no pueden las diligencias que ponen. Corto el término se advierte, es hoy es Sabado, llore la Cristiandad tal martirlo, porque en daño tan iguorme, antes de ver el estrago, las conjuraciones se oyen, que aunque no llegó la muerte, es bien, que el susto se doble, y se sienta la amenaza antes de llegar el golpe. Si es el martirio el empleo de más triunfo, y más victoria, para conquistar la Gloria, qué más felice trofeo? Si el Cielo el ánimo alienta, con favor más escogido, no es mejor vencer vencido esta batalla sangrienta? No es mejor, que en alegría mudemos la cruda saña, pues vencemos la Campaña de la excelsa Jerarquía? No es mejor, que este desvelo, de tan cansado vivir, le empleemos en morir, naciendo en el Sacro Cielo? Si el martirio fiel se advierte, con afecto fervoroso, qué fenecer más dichoso, y que más felice muerte? Mi afecto ya declarado queda, por fiel, y cristiano, pues el rencor Rusitano ya se le tengo avisado. Si yo tengo de morir, por Cristo, que he de matar tanto Herege, hasta acabar conmigo, que he de vivir. Con esto la Religión no podré tomar, ay Cielos! cuando Josapat en desvelos se halla con la selición. Los Cielo remediarán tanto daño, y desvarío. Yo de su virtud confío, que su causa mi rarán. Mueran todos, hasta que no pueda ninguno huir. Me tendréis hasta morir por Cristo, y la santa Fe. . Siempre vendré a vuestra voz con alegría, y contento, que el no entrar en el Convento no debe de estar de Dios. Aguardad en esa cuadra que ya voy a disponer que seáis Monja. Oh poder de Dios! Ya mi pecho labra un ánimo endurecido para matar, y vencer esta gente, que ha de ser polvo a mi rayo encendido. . Yo con lealtad, y pasión; y a te he avisado el engaño del Pueblo, remedia el daño, pues hice mi obligación. Este largo martirio de la vida, la fe tan viva, y la esperanza muerta, el Alma amedrentada, y tan despierta al dolor, y al consuelo tan dormida. Un perpetuo dolor, de cruel herida, es mirar la maldad tan descubierta, y el Rusitano error que nuevo esperta, a su engaño traidor nueva salida. Ser los alivios más sangrientos lazos, libres viviendas, tristes desconciertos, efectos son, Señor, de mis pecados. De que me han de librar tus dulces brazos, que para recibirme están abiertos, y por no castigarme están clavados. 1. Atiende a mi voz, mis ecos escucha, verás el Misterio, y Martirio que buscas. 2. Atiende el concepto de suave dulzura, que en músico metro corona te anuncia. 1. Al cuchillo serás sangriento objecto de esta Bárbara infiel, y torpe turba, que acierto de tu Gloria será dicha, el sacrílego yerro de su culpa. 2. Tu Púrpura estendida por la tierra, la Esfera esmaltará de su hermosura, donde esperanzas logien posesiones, en Solio de Zafir, sacras venturas. 1. A el estrago feroz de la ironia, el premio advertirás que te consulta, Ciudadano del Auge más Supremo; que diamantes tachonan su escultura. Del Cetro más felice, y la Corona, con lignias de tu sangre se dibuja, dando el Arte poder a la materia, porque cúmulo sea a sus hechuras. 1. Atiende a mi voz, verás el Misterio; mis ecos escucha, y Martirio que buscas. 2. Atiende el concepto de suave dulzura, que en músico metro Corona te anuncia. Tened Querubines bellos, no ausentéis las hermosuras de vuestros rostros, y acentos, dejándome en tantas dudas: Patad, venid a mi llanto, que ya con raudales surca la vejetativa tierra sus abiertas contexturas, para que de nuevo penas el seco campo produzca Venid a tantos suspiros; como el elemento tu can del aire, cuyo gemido en su ambiente se artícula; siendo pavor de las aves que amedrentadas se asustan. Cesad el altivo vuelo, acompañad la criatura, que flutuante en el mar, se advierte de las angustias? no por morir, los extremos, mi corazón artícula, sino por la cuenta estrecha que he de dar en las alturas al Supremo Criador, que ya el pelo se espeluza en saber, ay de mi Cielos! que en un Trono que dibujan Serafines, y mantienen los dos Polos que le mudan, estará el Supremo Dios, como Pablo lo asegura, recto, y justiciero, siendo la piedad que le procura la Gloria a el merecedor, y a el malo la eterna culpa. Oh Señor, en vuestras manos todo mi espíritu funda mi insuficiencia, pidiendo, que vuestra fe eterna triunfa. Por temor del Rusitano. cuya cruel, y torpe chusma, pestilencia ya del mundo, enficiona las cicutas, siendo sierpe que entoscada a las ideas se anuda, con vanas dogmas que abrasan tantas infieles criaturas: Aqueste Monstruo frustrad, rendid esa fiera astuta, que en los paises del Norte sus ironias promulga. Por vos, Señor, esta causa mirad, y porque concluya, atended a tantas almas, que ciegas el daño, buscan, y perdonad mis ofensas, para que en dulces mesuras cante con los Serafines, Gloria a Dios en las alturas. . ̱. El resón de estos Infieles, bárbara gente, y perversa, se duplica cada día con bejación de la Iglesia. En sus dogmas instruidos nuestros preceptos desechan, tratándonos con vil burla, nos mofan, y nos desprecian, ya en públicas sinagogas sus ritos forman, en ellas los Cristirnos despreciando; y lo que es con más bajeza, las órdenes del Obispo derogando su soberbia: Ya sus preceptos no admiten, ya le miran con tibieza, ya burlan sus atenciones, y sus sermones no aprueban. Temo que este menosprecio no reunde, con cautela, en que bárbaros, y atroces no nos quiten las cabezas. Pues que más dichoso día puede ver la lealtad nuestra, que ese, adonde del martirio la Palma gocemos Regia. La Ciudad alborotada con esta maldita será, fetá de todos los Diablos, que nunca hace cosa buena, está, y nuestro santo Obispo, procurando contenerla, un Crucifjo en la mano por las calles se pasea de Vitesco, predicando aquesta canalla fiera. Mas ellos siempre soberbios, le ultrajan, y le desprecian; y él cariñoso, y amante, todo lo pasa en paciencia, cosa, que yo no la paso por pasarse ya de regla; mas él viene, y muchos perros que intentan morder por fuerza nuestra Ley. La Fe de Dios es hijos la verdadera. 1. Vil Talágrepo, Papista infame, esas voces cesa, que la Ley de Rusitano es la de preceptos cierta. Viva, Rusitanos, viva la siempre sacra ley nuestra. Viva nuestra antigua Fe, por Rusitano compuesta. Tened las voces, queridos hijos míos, no perversas, al Omnipotente Dios, así ultrajen vuestras lenguas. 2. Qué Dios? El que en las Sacras lucientes altas Esferas, en Palacios de Zafir moradas ocupa excelsas. Aquel que de Madre Virgen, de un Invierno a la aspereza, nació entre dos Animales, que le sirven, y le albergan. Aquel que tres Reyes sabios buscan con viva certeza, siendo a sus intentos Norte una flamigera Estrella. Aquel que a los ocho días si el circuncidarse deja, ofreciendo dos, su MADRE, Tórtolas blancas, y bellas. Aquel a quien Simeón, cuando en sus brazos le hóspeda, cantando su muerte pide a el padre del Cielo, y tierra. Aquel que por todos quiso padecer tantas miserias en el Mar del Mundo, donde naufragó en olas de penas. Aquel que allá fue vendido en el Reino de Judea, por treinta dineros, siendo poca paga a tanta prenda. Aquel que crueles azotes hieren sus espaldas regías, y de su Sangre regadas dejaron losas, y piedras. Aquel que con EcceHomo, a la vil Plebe se muestra, con Cetro de débil Caña, que hasta allí de Rey se precia. Aquel que dura Corona le taladra su Cabeza, de Cambrones, y de Espinas, torpe ofensiva diadema. Aquel que por todos dio en un Madero las muestras de padecer por el hombre la muerte con inocencia. Aquel que estando en la Cruzo siete palabras excelsas habló, porque con la angustia mas se aumentaban sus penas. Aquel que de sed postrado, hiel, y vinagre le llegan en una esponja a la boca, aquella canalla fiera. Aquel que después de muerto con un hierro le penetran su Costado, donde en fruentes Sacramentos se conjelan. Aquel, que entre dos Varones baja su persona, envuelta en dos sabanas, o armiños, que de dolor se ensangrientan, Aquel que en feliz Sepulcro, o Monumento, se encierra tres días, dejando el mundo confuso, sin voz, ni regla. Aquel, que a el tercero día salió de la dura piedra a visitar a los Justos, que esperaban su presencia. Aquel, que a las tres Marías piadoso se manifiesta, y hollando gloyos azules yace en la Celeste Esfera. Aquel, que en el Huerto oró de Jesemaní, por nuestra salud, y adonde del Cielo bajó el Caliz. 1. Cesa, cesa, y porque tu error conozcas, sobre ese punto argumenta conmigo. Los Cielos obran, con muy claras evidencias: pon el argumento tú, que satisfacerte intenta mi verdad. Dios poderoso mira por tu causa. Su lengua guía a que el error conozcan de su errada torpe fecta. Mientras argumentan, voy a dormir a pierna suelta, que el sueño también dispura cuando con ronquidos sueña. 1. En prueba de que tu ley es invalida. 1. Qué tragedia! A el incendio de este Rayo, y a el hablar mal de la Iglesia, antes de decir la culpa vi castigada la pena: vuestro Dios es verdadero, y a le conoce mi idea, aunque tarde. 1. Quéé portento! Qué ad miración! Le pesa, con vivas ansias, de haber ofendido a la Suprema Majestad? 1. Con toda el alma de haber pecado me pesa; adiós padre, a Dios amigos, que el espíritu flaquea. Oh señor, por vuestra mano quisisteis esta soberbia castigar, mirad ahora, Señor, por toda la Iglesia: retirad ese cadáver de mi vista. Qué entereza! V Qué virtud! Ahora resta el daros, Señor, las gracias por estas honras supremas: A aqueste Rusitano castigasteis, Señor, por vuestra mano, el infiel feo delito de ultrajar vuestra Iglesia Militante. cuyo error tan precito, abrasado se vio en fuego brillante, castigo Soberano, pues blasfemó, Señor, contra el Cristiano. La Iglesia ya desecha, contra el Infiel no puede, ni aprovocha cristianas Oraciones, pues siempre permanentes sus tesones, a el error conocidos, sus tristes abren lamentables oídos. Ya llegó el tiempo esperado, que tanto tu amor desea, siendo en el martirio palma de dulce fruto, y alteza. Ya cumplido tu deseo, renumeración espera, siendo blanco a el Rusitano, y carcad de sus saetas. Siendo de Dios voluntad, que por su Ley verdadera acabes, naciendo a el Cielo hermosa lúcida Estrella. Todos tus hijos amados aquí cumplirán la deuda de morir por el Bautismo, con sacra, y cristiana ofrenda. Aquesto el Criador dispone, y a mí, su Nuncio, me ordena te comunique el aviso, porque con valor fallezcas. Oh qué dichoso día será, Señor, aquese a mi alegría! Oh qué suprema suerte, Adiós queda, que el Cielo tu virtud así premia, y Águila serás, que a el Cielo vuela. Ya la vida sentida anhe la por la muerte, hallando con su suerte estar demás la vida, y el alma agradecida, con tal favor se advierte. Dichoso, y real empleo es el que espero ufano, siendo de Alarbe mano ínclito trofeo, y ya mi ventura veo de honor tan soberano. De tu Suprema Alteza, y inefable Hermosura, alabe la Criatura tan singular belleza, de perfección certeza, y pasmo de dulzura. El amor obligado, ya el alma os ha rendido, porque así agradecido, de yo nazca acab ando con m desmienta lo afectado, y en vos, Señor, hallado nunca será excedido. Celeste Pavimento, admite mis quererlas, que van a ser Estrellas de tu lucido asiento, ampara aqueste intento, pues que mis ansias sellas. Despojo de su saña será mi amante celo, donde con fiel desvelo, venza yo la Campaña, frustrando la guadaña con interior anhelo. Con la muerte del Hereje está todo de manera alborotado, que es ya la precisa diligencia librarnos de la fea muerte, que por puntos nos espera. Dios que la angustia envió, enviará remedio a ella. Dicen que nuestros hechizos. fueron la causa primera de su muerte, y que con ellos. bajó de esa altiva esfera. el rayo. De sus errores son engaños, y cautelas. Todo es confusión, y asombro; y a nos hablan con soberbia, ya nos miran sobre el hombro; y lo que es con más miseria, es no darnos panni vino. Si no miran a la Iglesia, como quiere que respeten a sus Ministros. Ello es fuerza de aqueste motín librarnos. Dios remediará la sería indignación de esta gente, confíe en él muy de verás, Si confío, Padre mío, pero es una acción tremenda; vea estos hombres, o diablos, embrazar la espada tersa, Erodes de los Cristianos, ir segando las cabezas de los Monjes, que en pensarlo, y a está la mía hecha piezas. Si es del Altísimo Dios la sacra voluntad esa, gozoso esperé el martirio, mientras yo voy a su Excelsa Majestad, humilde siempre a pedir por la ley nuestra. Pues mientras el Padre va hacer cruda penitencia, quiero yo mirar que filos, que temple, y en que manera aquestas armas están para cuando se me ofrezca, que todo esto es menester para esta gente perversa, que anda de mala estos días con el diablo halla revuelta; esta buena está, por Cristo, que mi navaja con ella se compara. Ahora veamos. esta otra, tiene muescas, mas no importa, que también hará su papel. Soberbia y a la pleve amotinada, y confusamente ciega, ni las razones escucha, ni las verdades espera: mas el hermano Papín limpiando está con gran priesa unos cuchillos, Lucientes. han quedado de manera, que espejos no se comparan con ellos. En su advertencia. no es la menos prevenida esta cierta diligencia. Famosas están: Por Cristo, que si estos Herejes llegan, llevarán en caperuza y luego requie eternam. De impulso celeste guiado, y de la leatad movido, vengo, sin ver quien ha sido quien mis pasos ha ordenado. En el siempre ameno espacio estaba de un jardín breve, cuando mi planta se mueve, guiándome hacia Palacio. Divertido en su confín, aliviaba mi cuidado, cuando a casa del Prelado vine, sin tener más fin. Que el mío. Mas quien mi voz hizo en acaso violento, eco del diáfano viento? Quién a la muerte veloz por instante se apercibe, y quien con fiel dulce suerte, naciendo está con su muerte, y muriendo porque vive. Señor? Pues de qué os turbáis con tal helado recelo? Porque miro todo el Cielo. en vuestro rostro. No huyáis, que ahora el estrago severo probaréis. Tened la mano. Acabe todo Cristiano a el impulso de el acero. Ya, Señor, la hora llegada es de la felice muerte, que irritada, y cruel se advierte, en tanta tirana espada. A su ira torpe, y soberbia, la Iglesia padece exceso, y en motines revelados, deshechan a sus Misterios. Entremos en el Retrete del Obispo, que en su centro de sagrada inmunidad, no llegará el rencor fiero destagente. En su rencor no cabe ningún respetos Vuestro sagrado nos valga. Ea, señores, esto es hecho, ahora es menester las manos para empuñar los aceros. Todos los Cristianos, que habitan hoy en Vitesco, prevengan las pocas armas. Escaramuza hay de cierto. Obedientes vienen todos a obedecer tus preceptos. Ya, hijos, que revelados los vecinos de este Reino, a la Fe de Dios se oponen; rechazando nuestro intento: Y ya, que al umbral estamos de la muerte, obre el esfuerzo, que la sangre derramada por Jesús, es timbre excelso. Pruebe el infiel Rusitano, de nuestra Ley los aceros, ya que nuestras Oraciones deshecharon tan soberbios, que por burla las mofaban, siempre obstinados soberbios. Ahora es el tiempo, amigos, del valor, ahora es tiempo, que los pechos animosos se ofrezcan de suyo a el riesgo. Viva de Jesús la Fe, que como viva, contentos moriremos, acabando sin fenecer nuestros ruegos. 1. Mi vida a Dios la consagro, y el darla por él prometo. Qué admiración! De qué así admirado, vuestros ecos retóricos tartamudos, despiden mal el aliento? Oíd el pasmo mayor, que en los prodigios del tiempo, escriben en sus Anales Coronistas verdaderos? En ese Globo lustroso, estrellado pavimento, donde los siglos no imprimen huella a su curso violento: En ese, pues, campo azul, que enturquesado reflejo, se ve esmaltado circuito de Signos, y de Luceros: En ese, pues, salió el Sol, que es el Monarca más bello, que gira su espacio a tornos, y cruza a pasos su centro. De sangre todo manchado, y de horrores todo lleno, buril de fuego, que labra tantos obstinados pechos, lágrimas de carmín llora sobre el sacrílego suelo, expeliendo así irritado, fuego, que duplica incendio. No cesa aquí este prodigio, pues otro mayor portento se ve en esa esfera hermosa, donde se albergan misterios. Éncima del Febo ardiente se ve coluna de fuego, que los Cielos hoy erigen allá en su Celeste Imperio, Estatua de la virtud, por timbre de su trofeo, a las Águilas de Oriente, y Mártires de Vitesco. De púrpura lleno Apolo, trémulos rayos intensos, expele llorando él mismo lo que siente en vivo afecto. El Sol del Múrice, armado, se viste el carmín por ceño de sus sanguinosos rayos, que abrasarán con esfuerzo tanta irritada soberbia de tanto monstruo indiscreto. Hasta los Cielos leales, se arman de Rayos, y Truenos, para castigar la torpe setá de aquestos perversos: 1. Acaben a nuestras manos los Papistas embusteros. 1. Muerto soy! 2. Jesús me valga! Ahora empiezo yo, perros. 1. Calle el Lego vil, que ahora morirá. Pues no soy Lego para defenderme? Ea hijos, muramos todos contentos. 1. Ya es imposible librarnos de sus armas pues viniendo nueva gente, se duplica su tirano infiel esfuerzo. Adiós Josapat amado, a diós querido Maestro, a diós, que la vida acaba, falleciendo ya el aliento. 2. Fenezca él también, fenezca a el terror de mis alientos. No de vuestro brazo el golpe tan fuerte, y tirano siento, sino dejar a mi amado Josaphat con tanto riesgo. 2. Ya podríáis tener prevenido nuestro intento, cuando por fin, esto así había de sucederos. Ha juelos míos, porque así maltratáis soberbios, y herís, dando muerte a tantos fieles inocentes siervos, si contra mi algún rencor tenéis, vengadlo en mi pecho, que expuesto está a las heridas, y a vuestro rigor expuesto. 1. Elado quedé a esta voz. 2. A esta voz quedo suspenso. Por instantes crece el daño, Piedad, Señor, de tu Gremio. 1. Muera él también a la ira de mi brazo. Por mi consuelo tengo el morir por la Fe del inefable Cordero. Como no quitáis la vida a este Papista? Porque el Cielo le ampara. Pues yo veré si le libra de mi esfuerzo. En vuestras manos, Señor, a mi espírituencomiendo. 1. A el Cielo colocado mudarás de centro, quedando con martirio por palma de trofeo. Qué resplandor, que hermosura. Son engaños de sus feos hechizos, que visuales haz en ciertos sus misterios. A el río Duña llevad su mísero exausto cuerpo, y con una piedra atada, y ceñida a su pescueño, sumergido quede a el agua de tanto espumoso centro. 2. El Duña en sus cristales sepulta tu Sol bello, porque en peñas de plata despidas los reflejos. 2. Con descanso glorioso te advertirás supremo, que Águila de Oriente. 1. Vuelas. 2. Vuelas. 2. A el Cielo. Y pues que me han perdonado de sus viles instrumentos, sin duda es para que pida o , perdón de los muchos hierros en que el Poeta ha incurrido en la Comedia, teniendo de nuevo él no tener boda Dando sin dichoso, y cierto a las Águilas de Oriente, y Martires de Vitesco,