Texto digital

Texto digital de Acertar de tres la una

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Felipe Godínez
Atribución estilometría
Felipe Godínez Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Acertar de tres la una. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/acertar-de-tres-la-una.

Logo BICUVE

ACERTAR DE TRES LA UNA

JORNADA PRIMERA

Seáis, d. Diego, bienvenido a vuesa Quinta. . Pardiez, que ha de haber fiesta esta vez, que después que sois valido del Rey no os vemos acá. Mas alegre aquí se goza la vida, que en Zaragoza; que hoy Aragón siempre está temblando de la cuchilla del Rey don Pedro el cruel, otros dos hay como él en Portugal, y en Castilla, que todos dicen que son crueles, y todos Pedros. Tiemblan los más altos cedros e Aragón. Aún vos, como sois privado, menos temores pasáis, mas mientras allá priváis, acá con menos cuidado, gentil Invierno se pasa. Su Alteza al campo salió, y vine delante yo, porque prevengáis la casa. Que el Rey, y la Reina vienen a esta Quinta mía, y quiero, que ambos vean lo primero el cuidado que en mi tienen. Lo segundo, que una dama de la Reina. . no es la hermosa doña Leonor? . . Es la rosa de Aragón, que así la llama toda la Corte. . Divinas son sus partes. . . Con razón la llaman rosa, pues son sus desdenes las espinas. Digo, que viene también doña Leonor, y quisiera, que cada acción le dijera. por mí, que la quiero bien, pues tanto en ser suyo gano. Munga. . Bras. Vuestro marido Gilescucha divertido, dadme al descuido una mano. Ya sé todo vuestro amor, y el de Menga mi mujer, Bras lo debe de saber? más venga doña Leonor; que aquí por heros servicio, toda mercé se le hará. Ea, que el Rey llega ya. Cada uno acuda a su oficio, idos, Menga, a la cocina; vien con la Reina también aquel su privado. . . Quién? El que todo lo endivina; digo el Estrólogo. . . Dudo; que haya más docta persona, ni más noble, en la Corona de Aragón, que don Bermudo. Yo os quisiera, pescudar, si vien con el Rey don Lope? Sí, Menga. . Cuando le tope le tengo de resquebrar. Qué decís? . No digo más, sino si viene, o no viineo Pues Menga, chitón que tiene celos, y cosquillas Bras. Yo me voy, venid también. No puedo ir Menga sin vos? Ah llámonos bien los des. Que mucho, si os buscáis bien;. Don Diego, seáis bien halla do; Gentil Quinta; la fachada de la Quinta es extremada; con gran costa habéis labrado; tiene aseo, y majestad el edificio. . . Su dueño, aunque el albergue es pequeño, tiene una gran voluntad. Don Lope? . Señora. . Vos, y don laime. . Qué mandáis? Que en comiendo me veáis, que os quiero hablar a los dos. No me dice vuestra Alteza también lo que le parece la cosa? . El Rey favorece vuestra Quinta, y la belleza de doña Leonor tan ciega, que ningún favor me queda, que hacer a la casa pueda: a doña Leonor, don Diego, pensando estoy quien la iguala, para hacerle su marido. El más noble, el más valido, que ella entalle, ingenio, y gala tanto a todas se prefiere, que tiene el primer lugar. No puede disimulas vuestra Alteza, que la quiere. Don Diego, casarla es bien, pues en sus celos porfía la Reina sin culpa mís: aunque confieso también, supuesto, que es condición en su Alteza el tener celos, que sus primeros recelos no fueron sin ocasión, porque no excediendo el modo de un lícito galanteo, miré a Leonor, ya deseo dar gusto a la Reina en todo. La Reina tiene de mí celos sin causa, conviene desmentirlos, pues los tiene, ya el alma a don Lope di, él ha de ser mi marido. La Reina, que está celosa, me dará a mí por esposa a Leonor, si se la pido, Bermudo, que me quería la Reina . Astrólogo soy, no Profeta, viendo estoy desde aquí un árbol, que está en este bosque; o si el suelo nunca producido hubiera tal troneo! segurgrosera le corte, a pesar del cielo. Dios, don Jaime, os libre de él, a vos, y a don Diego. . Extraño pronóstico! . Oh hay engaño en las estrellas, o en él miro juntos dos portentos. Don Bermudo, hará mañana buen día? . Ya esta semana será sin lluvias, ni vientos; luego habrá una tempestad, pero sobre todo es Dios. Siempre los Astros en vos acreditan su iverdad. Quiere divertirse unrato vuestra Alteza? . Señor si; vos, Leonor, quedaos aquí. Todo en la Reina es recato. Yo os daré estado, Leonor. Sola habéis quedado, creo, que da licencia al deseo, o la dicha, o el amor. No sé si este afecto mío ha sido elección; o estrella, mas sé, que vos, Leonor, bella, sois dueño de mi albedrío. Si suspiros os envío, otros volvéis de amor llenos, y amada de tantos buenos; quién tal pensara jamás? soy el que vos queréis más, siendo el que merece menos. Ojalá mi amor ahora sus quilates os mostrara, y dignamente alabara vuestra virtud quien la adora: pero si Alejandro llora, que sus hazañas no alabe un Homero heroico, y grabe, yo, Lope, habéis de estimar, que nadie os sepa alabar, como enefeto no sabe. Si cuando la Lira sueña de Orfeo, Tántalo bebe, no sé si a diros se debe la suspensión de mi pena: mas si overa tal sirena, tampoco hubiera bebido Tánta lo en vos suspendido, con sentimiento más justo, porque lo que diera al gusto, se lo quitara al oído, Veos, pues, y si el oído luego en oíros empleo, no sé como ya no os veo, si sois vos, o os habéis ido; porque atento aquel sentido, ni aún quien sois puedo inferir: pero si vuestro decir me quita el veros; que mucho que ignore si es la que escucho, la que via antes de oír? Discurrís tan altamente, que ahora me satisfice, que quien como vos lo dice, quizá como yolo siente; mas no poder juntamente verme, y oírme, no sé, pues la fe es ciega, si fue procurar, que no resista la experiencia de la vista al mérito de la fe. Si no es va, que divididos estos efectos de amor, juzgáis, que es mucho ocupar en mí a un tiempo dos sentidos? decís, que oyen los cidos, cuando los ojos no ven: y que luego, cuando el bien de oírme se desvanece, la hermosura se aparece, con que os eleváis también. Leonor, mi bien, si iros dejo, no oíréis, cuando ausente os mino, lo triste con que suspiro, lo dulce conque me quejo; mas aunque os vais, no me alejo; porque con el alma os sigo, y a dejarme a mí me obligo, pero siendo uno los dos, mas quiero morir en vos, que vivir en mí, y conmigo, . . Aquí con vos retirado me parece que podré firmar lo que despaché, La Reina con más cuidado en tener celos ha dado, que no ha de aliviarnos nada de obligación tan pesada, ni aquí habéis de descanser: que pensáis vos que es reinar? una esclavitud honrada; sirve al pueblo, aunque es señor, el Rey justo mostrad, pues. Pedirle, pienso después, que me case con Leonor. Pagad, don Diego, el favor, que os hago, en sor muy celoso de vuestro oficio. . Es forzoso si a vos, señor, os imito, Cuando hay que hacer, no permito al cuerpo un breve reposo, A su tiempo he de pediros una merced. e. yo os prometo cuanto en mi fuere; en sulefeto. Notable dicha es serviros. Cuando queráis podéis iros, porque se despache luego a Zaragoza este pliego. Mía Leonor ha de ser. No os vais, porque he meneste vuestra intercesión, d. Diego. Don Lope, qué hacéis aquí? Esta ocasión he esperado. qué queréis? . yo soy criado de vuestra Alteza. . Es así. Aunque siempre indigno fui de tener un favor vuestro, quizá por hado siniestro, que a los desdichados sigue, hoy deseo que os obligue la confianza que os muestro, Hoy quiere darme la mano doña Leonor, y yo a ella; si bien para poseerla, no hay merecimiento humano, Como a señor soberano es bien que a vos os la pida; con que a un muerto daréis vida. Digo, que os doy por esposa adoña Leonor hermosa, como no haya quien lo impida. Yo pongo el impedimento; que la merced que he pedido aquí a vuestra Alteza, ha sido, señor, ese casamiento. De ayudaros tuve intento, don Lope, si antes llegó don Diego, sin saber yo lo que entonces me pedía: ya lo sé, y es deuda mía hacer lo que él me pidió. . No sé don, Diego, si os culpe a vos, o a mí, aunque bien puedo. estar quejoso de entrambos. De vos, porque cuando os ruego que intercedáis con su Alteza, como si el contrario intento os hubiera suplicado, así, por Dios, lo habéis hecho: de mí, porque yo os detuve, muy confiado, o muy nocio, para que en vez de ayudarle estorbéis mi casamiento, Con todo, aunque nos importa a ambos juntos el secreto, mas por vos, que por mí mismo, daros, un aviso quiero. Doña Leonor, a quien hice de mi alma hermoso durño, tan clara por sus virtudes, tan noble por sus abuelos, me elige a mi, ved ahora si es bien pues sois Caballero, que a quien se inclina a otros brazos solicitéis en los vuestros, Don Lope, yo sé quién es doña Leonor, y no creo, que vos tenéis favor suyo, pues tampoco yo le tengo, Y demás de que la adoro con tan peregrino afecto, que pudo por peregrino hallar buen acogimiento, Yo consulté a don Bermudo, que con pronósticos ciertos ilustra tanto a Aragón, como a Egipto Prolomeo. Y me respondió, aunque triste, que me casará resuelto con doña Leonor su Alteza; ya veis si se va cumpliendo el pronóstico, que el Rey quiere ayudarme en efeto, o porque soy su valido, o porque llegué primero. Pero vuestro aviso os pago con otro, en que ya os advierto, que no pongáis más los ojos adonde yo los he puesto. Que estoy muy enamorado de doña Leonor, y espero, que se enoje, si la olvido, o me pierda, si la pierdo. Don Diego, el Rey de Aragón, mas don Pedro el justiciero, que el eru el debe llamarse, aún más a la Reina temo, que don Bermudo me ha dicho, que me amenaza algún riesgo por su Alteza; mas que importa, violencia harán a los cuerpos los Reyes, mas no a las almas. Pesarame por vos mismo, que así compitáis conmigo, cuando yo en todo os excedo: segunda vez os suplico, que olvidéis a Leonor. Eso no está en mi mano. . por qué Porque ella en mi pensamiento tiene el dominio. . Pues bien, decidle a ella misma luego, que os lo mande. . No querrá. Advertid, que es más discreto, quien es menos contiado. También prueban mil ejemplos, que animosas confianzas son hijas de hidalgos pechos. Ella en fin ha de ser mía. Eso ha de decirlo el tiempo. Yo fío del Rey, don Lope. Y yo de Leonor, don Diego, Teresa, Bártolo, adondo os habéis hundido ahora? así lo hacen cada hora Menga, y Bras; mas que él responde al tiempo que ella? Marido. Gil, llamas? . que nunca venga Menga sin Bras, ni él sin Menga? En fin ya habemos venido, que queréis ahora, Gil? Diz don Diego mi señor, que por her al Rey fivor prevenga yo el tambbril, y que bailen los demás. Ven, Menga, que razon es. No puede ir Menga después? No puede ir Menga sin Bras. A este Astrólogo tan sabio he de pescudar, si puedo querer a Lope sin miedo. Bras, a quién hace este agravio mi mujer, a mí, o a vos? A vos, y a mí. . Pues tomad allá también mí mitad, y enojareisos por dos. Venid Menga. . Ya os sigo. Si habrá con el Rey hablado don Lope? el mismo cuidado es el mayor enemigo de quien tiene que temer: pero por qué ha de impedirme del Rey un amor tan firme? de Bermudo he de saber, pues tiene tan singular noticia de las estrellas, con quien habla en virtud de ellas; que me tengo de casar: que aunque estoy determinada a ser de don Lope esposa, contra esta fe tan forzosa parece que obro forzada. Yo solo he de querer bien a don Lope, claro está; pero estoy resuelta ya a preguntarlo también, Poder de Dios, y que cara; pienso; aunque no sé que fuera, que de rogar no me hiciera, si de mí se enamorara. Pues a resquebrarla llego: como digo, mi mujer haldado ahora en querer allá a cierto palaciego, Quiero vengarme, y así, si esta cara, y este talle están (por más que yo calle) enamorando por mí. Abradme cuando os importe; que me confesó una vez el Cura, y dijo: par diez, cualquier mujer de la Corte, Gil, si no hueráis casado, os quijera per marido, si no por bien entendido, por bien acondicionado. Quién es tu mujer? e Es Menga, mas ni en eso voy, ni vengo, que cuando hay amor que tengo, no hay casamiento que tenga. Y qué Corresano es ese, que requiebra a Menga? . Quién? don Lope. . Míralo, bien, Huera milagro quel huese? Sí, Gil, tu receloes vano; no creas que Lope quiera a una villana grosera. Dios del mijor cortesano con hambre me libre amén, que en el campo hay buenas ganas, y astí unas migas villanas, si están limpias, saben bien. Mas si quedase celosa de una labradorayo? He visto yo a Menga? . No. Y dime, Gil, es hermosa? Como el Sol; si queréis bella; veréis que cara que tiene. Hola, Menga; mas que viene Bras como un rayo tras ella, Qué es lo que decís de mí? El lobo está en la conseja: que nunca este Bras me dejas. Ved, que Leonor está aquí. Y vos también. . Yo después. de ver a Menga; y a vos. A mí también! guardeos Dios. Vengo por vuestro interés, hecho, Gil, un basilisco, Menga delante de mí, yo por mis ojos lo vi, le dio a don Lope un pellizco, que está dél enamorada. Qué decís? le pellizcó? Sí, Gil. . Pues a élele dolió, quera mí no me duelernada, Ve. Gil, llama a don Bermudo. v. Al Matemático? . Sí. Veréis en viniendo aquí, que de cosas le pescudo. Que le pensáis pescudar al Estrólogo? . Yo quiero saber, Menga, lo primero, cuando tengo de enviudar. Muy buen casamiento hice. Y luego, aquí entre los dos, saber, si se hizo por vos aquella letra, que dice: Fuese Bras de la cabaña, sabe Dios si volverá, que este Bras nunca se va; que siempre a Menga acompaña. De aquesto estáis tan confuso? Pero si Menga a otro quiere, y Bras por Menga se muere, por Bras sin duda compuso el Poeta lo demás, pues dijeron sus recelos, que Menga le ha dado celos, y es muy cosquilloso Bras. Ea, el Estrólogo viene. Sin duda, Leonor hermosa, mano ocultas poderosa, que fuerza en mi afecto tiene, mis estudios ha impelido a examinar la secreta virtud de vuestro Planeta. Mi intento habéis prevenido, con razón sois tan famoso. Aún soy mayor que mi fama, Siempre es curioso quien ama. Cualquier prologo es ocioso. Con repetida experiencia se aciertos vuestros, y sé, que se da crédito, y fe a vuestra curiosa ciencia. Supuesto, pues, con verdad, que nunca erráis; tres amantes quieren inclinar constantes a su amor mi voluntad. Todos tres son casamientos, todos miran por mi honor, pretendiendo con amor, y no sin merecimientos. Pavorece el Rey al uno, y por su sangre, y servicios espera tales oficios, que no le exceda ninguno, El otro, con ser también muy Caballero, es muy rico, mas no sé qué es, no me aplico a querer a los dos bien. El tercero es entendido, galán, prudente, modesto, de sangre ilustre, y con esto he dicho que es desválido. De modo, que estos tres son a quien esta duda alcanza, y en quien puede la esperanza pasar a ser posesión. Yo al uno he de dar la mano, a vos os pregunto; pues, a cuál será? . A todos tres. Cómosa todos tres? . En vano querrás conmigo argüir; con todos tres casarás, y no me preguntes más, porque no lo he de decir. . Hay confusión semejante! Cielos, que desdicha es esta! Bien fácil es la respuesta. Yo me atrevo, aunque ignorante, a argumentarlo, par Dios; porque rara cosa es; si eis de casaros contres; que eis de enviudar de los dos. qué halláis aquí, que os asombre? a punto vais por lo menos de tener dos días buenos. qué es esto? al juicio de un hombre doy fe, contra mi esperanza? Mas como no he de dar fe a quién nunca erró? que haré, curiosa en mi confianza? Busqué la quietud, y necia la he perdido en mi recelo, que una amenaza del cielo la teme, aún quien la desprecia, Yo tan fácil, que mudada, pondré a mi elección en duda, Yo por lo menos viuda de dos, y con tres casada; que haré, si a uno solo quiero? Queréis no errarlo, Leonor? empieza por lo peor, porque se muera el primero. Salomón no lo ha arguido mejor que Gil, ensayad conidos, y representad después con el más querido, Empieza, si puede ser, por don Lope. . Aqueso no, que tendré los celos yo, que Bras deje de tener. o Tanto al silencio me obligo, tanto debo al sentimiento, que se ofende lo que siento, si lo callo, y si lo digo: pero qué temo? si el sabio a las estrellas domina, que un Planeta solo inclina, no fuerza al alma en su agravio. Pues si a casarme contres me inclinaron las estrellas, yo sabré poder más que ellas, no quiero casarme, pues. No quiero casarme? luego no gozaré los abrazos de don Lope, a cuyos brazos me guía amor, aunque es ciego, Ay de mí! que si con él me caso ahora, esta suerte feliz, con temprana muerte malogra el hado cruel, Luego ciega, y mal rendida a un bien presente, en la duda de ser dos veces viuda, pongo apeligro su vida. Luego ni mi amor, es cierto, pues hora habrá en que haba sido voluntario en mí el olvido: porque si don Lope muerto, la mano a otro he de dar, hora el cielo destino, en que yo, queriendo yo, a don Lope he de olvidar. Y si poniendo los ojos en larga esperanza, quiero elegir a otro primero, que victoria, que despojos reservo en lid semejante para tan valiente amor, si gozó ya, vencedor, la primer gloria otro amante. Ya no hay elección segura en mi albedrío, ya debo temer lo mismo que apruebo, Oh cómo es grave locura ignorar casos presentes, e inquirir en otra edad, con amagos de Deidad los futuros contingentes. Huélgome, Leonor, de hallaros, hoy daré a vuestra belleza buén dueño. . si habló a su Alteza Lope? . Antes de casaros, y de deciros con quien; dos villas en dote os doy. Vuestra humilde esclava soy, dadme vuestros pies. . Más bien estáis, Leonor, en los brazos? El Rey abraza a Leonor; claro está, que antiguo amor confirman nuevos abrazos. Que no podrá un Rey amante? mas ya a Jaime prometí, que será suya, y así la quitaré de delante. No le decís, que conmigo se ha de casar? . Sí, mas quiero haceros merced primero, como a mi mayor amigo. d. Jaime viene. , Los dos hablan a parte. Señora, hablad a su Alteza ahora. Yo la casaré con vos. En esta carta me escriben, que el Justicia de Aragón es muerto ya. Pocos son, viviendo el Rey, los que viven seguros de su crueldad. Yo le mandé dar veneno, que un Juez, cuando no es bueno es peste de una Ciudado Toda soy un hielo frío. Yo en efecto quiero daros esta plaza a vos, y honraros; no a los pocos años fío, sino a la mucha virtud, el gobierno, y la justicia. Ved, que ni amor, ni codicia tuerza en vos la rectitud. Los pies, gran señor, os pido, Persuadir al mundo quiero, que llamarme el justiciero, no el cruel, he merecido: ya quiero a Leonor decir, que con vos se ha de casar. A solas la vuelve la hablar el Rey, yo tengo de oír. Si mi voluntad, Leonor, siempre aseguraros pudo. , d. Saime escucha, y no dudo, si el Rey declara su amor, que casarse no querrá, pues llegó a atajarle: cielos, yo he de asegurar mis celos! Palabra os he dado ya, don Jaime, que será vuestra. Quién? . Leonor. Tiene, ya dueño, Bien vuestra Alteza el empeño de su amor antiguo muestre; pues por mi gusto ha de ser Leonor de Jaime. . Si es gusto de vuestra Alteza, eso es justo. No tienes que responder, Leonor, larme es tu marido. Podrá ya en un corazón caber tanta confusión? fatal mi desdicha ha sido. Oiga vuestra Alteza a parte, qué quieres? . d. Jaime habló a la Reina antes que yo; aquí está. . Tú has de casarte, no repliques, que es en vano lo demás. . No es acción justa de Reyes. . La Reina gusta, dadle a don saime la mano. Ya os olvidáis, que me habéis dado la palabra a mí? La Reina lo quiere así: no puedo más; qué queréis? Señora, a mí me quitáis vos a Leonor? . Ya colijo, que el Rey en secreto os dijo, que el casamiento impidáis. Tan ciega está, que no puedo replicarla. . A mí me mira doña Leonor, y suspira, yo quiero quitarla el miedo, Señor, vuestra Alteza sabe, que le dije, que quería doña Leonor ser hoy mía. Aquí el dolor es tan grabe, que el silencio es imposible, ni la vida sin Leonor. Diga ella misma este amor, que en ocasión tan terrible licencia le puede dar el recato. . Si primero quiso a don Lope, no quiero que se case a su pesar; mas quiero, que en todo caso se case. . Por qué estoy muda? Ya soy de Lope, y la duda de perderle, si me caso? Mas porqué el alma sujeto al pronóstico de un hombre? que aunque tiene grande nombre, puede engañarse enefero, Ay, que mi desdicha es tal, que en caso que siempre errara, esta vez sola acertara, solo porque me está mal! Yo no he de arriesgar su vida, Queréis casaros, Leonor, con don Lope? . No señor. , qué dices? , que estoy perdida, y que te importa el vivir no ser ahora mi esposo. Leonor. . Esto es forzoso. Qué más os ha de decir? mía ha de ser. . El respeto la detiene, vive Dios. Vi Alteza. . También vos habláis al Rey en secreto? vos impedis falsamente el casamiento también? Pues decir que os quiere bien, y ella que no lo consiente, aún cuando yo lo deseo, la mano no os quiere dar. Confuso no acierto a hablar. Cuando con Leonor os veo, quizá habláis de ajeno amor, y no del vestro. . Señora, Bien está, dejadlo ahora. Don Diego os quiere, Leonor. Don Diego, y d. Lope han sido competidores, no quiero, que si a don Diego prefiero, quede don Lope ofendido. Vive Dios. . d. Lope, aquí estamos la Reina, y yo. La lengua ha dicho, que no; pero el corazón, que sí; ella calle, hablará el. Dímelo, Leonor, a solas. Muchas son va tantas olas, para tan poco bajel. Digo, que no he de casarme con d. Lope. . Pues advierte, que te has de casar. . La muerte quiso de espacio matarme, y halló un rigor excesivo, con que durase el tormento, como cuando a fuego lento abrasan un cuerpo vivo. Si a don Lope no quisiste, ni a don Diego, Jaime sea. que otro dueño me posea, . viviendo don Tope, hay triste! Reí mira que me enojo. Teosquieres, que en fin me case forzada? Leonor, con Jarme casada, estarás como quien eres. Perdóname, Lope mío. Digo, que a don Jaime doy la mano. . Tu esposo soy. Ya no diré, que me fío del Rey. . Nayo de Leonor. Ahogando estoy en el pecho los suspiros. . Satisfecho puede estar ya vuestro amor. Ni aún esto en mis celos es satisfacción, pero ya casada Leonor está: venga un Prebendado, pues, de Zaragoza, que aquí los despose; aquí se queden, que aquí celebrarse pueden las bodas. . Bien es así. Yo quedo, en fin, victorioso. Yo de la Reina sentido. Yo voy loco de ofendido. Yo impaciente de celoso. Y yo más quieta en mis, celo Yo entre el amar, y el temer, sin mí, y sin Lopes hasta ver lo que disponen los cielos,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Don Lope, ya no es posible hablarte de espacio; haber, que tuve lugar; te dije mi desdicha en un papel. Amor fue quien dividió nuestros brazos, amor fue el que miró por tu vida, y por sí mismo también, Porque si tú me faltases, siendo ya tuya, y después a estas memorias aleve, a ese tálamo infiel, segunda vez me casaba, claro está, que por querer yo misma amaba a otro dueño, y te olvidaba por él, No me acuses de liviana, pues por lo menos temer el pronóstico he debido, pensé yo (que mal pensé) no casarme con ninguno, y adorarte a ti; ya ves, que con don Jaime me casa la violencia del poder. Forzada voy a sus brazos, no quiero decir, que iré al remo de mi memoria, porque no lo has de creer. No sé, en las desdichas cuerdo, y en los agravios cortés, ni lo que he de replicar, ni lo que he de responder. No sé cómo dé principio a mis quejas, solo sé, que ellas mismas, por ser tantas, me obligan a enmudecer. Viste una redoma de agua; que si está muy llena, y es estrecho el cuello, y la vuelve, para quererla verter toda junta, es imposible, hasta que lugar le den en el mismo cuello al aire, y para esto es menester, que la vuelvan poco a poco? Pues esto te explica bien lo que a mí me pasa ahora, que quejarme imaginé, Diome un vuelco el corazón, cuando ajena te miré, con tal ímpetu, que todo lo vi en un punto al reves, Claro está, que pues se pudo trastornar así, y volver, no fue, Leonor, poco a poco, porque con violencia fue. Las causas de mis agravios tú las sabes; está, pues, tan lleno de aunas el pecho, que apenas caben en él. Hanle estrechado pesares, no hay aliento en que poder respirar; van a salir las quejas, que así le ven, y no pueden; pero cuando en tanto estrecho me des lugar para que respire, todas mis ansias diré; que ahora ninguna sale, aunque he probado a romper el silencio, porque quieren salir todas de una vez. Y yo, don Lope; te he dicho todos mis pesares? ten por cierto, que aún del que dijé, mucho por decir dejé. Es posible, ingrata hermosa, que hayas dado tanta fe a un pronóstico? es posible, que en esa estendida piel, carta, en que dicen los Astros la inclinación, no la ley, escrita con letras da oro, mi desdicha has de leer? Es posible? mas hay falsa; mudaste de parecer, y échas le la culpa al cielo, que no la puede tener. No sabias, que es firmeza, daba al primero vaiven tu lealtad, no de la Luna, tan mudable a cada mes. Por lo menos, mis temores no fueron justos? no fue forzosa la duda? luego poco amor fuera poner tu vida a riesgo; aunque al punto que perdí tu luz, me hallé entre tinieblas de miedo, que se siguieron después. Qué es mi dicha, como el día, a quien suele suceder tan inmediata la noche, que viene con negro pie, pisándole al Sol la falda de púrpura, o rosicler. Que así me amenaza el cielo! Oh quiébrese el ex, en quien sobre dos polos se suele tanta máquina mover! Oh falte el orden, y desde el primer móvil, amén, hasta el Orbe de la Luna, se confundan todos diez. Plegue a Dios, que al primer nada reducido todo el ser, en segundo caos imite. la confusión de Babel. . Plegue a Dios. . Leonor, ya vino un Canonigo, que os dé las manos a vos, y a Jaimes Ea, la Reina, y el Rey, y el novio están esperando; Esto es forzoso, a diós, pues, que muchos años te guarde, Así me dejas, cruel? así te vas, Leonor mía? Mía dije? bien podréis perdonarme tú, y donJaime, puesto que me equivo qué, que es antigna la costumbre de llamarte mías; y es de poco acá el desengaño, de que ya no lo has de ser? Dame una mano, antes de arte, por despedida. . Ya ves, que esta mano es de da Jaime, no puedo yo disponer de lo ajeno. Adios te queda, Quiero darte el parabién, ya que te casas, aguarda, si quiera a que te le dé. , qué quieres decirme? . Digo, que mil años os gocéis, tú, y Jaime, que os gocéis dije? como yo muera antes que él logre tu amor, y mis celos, vuelvo a decirlo otra vez, Porque me quieres matar? Lloras? . Si ya no han de ver, solo les queda a los ojos ese oficio. . No lloréis, que quizá será don Lope el postrero de los tres. Ay Gil, que no me consuela esa esperanza. . Pardiez que os reístes; en el alma os hizo allá un no sé qué, esto de ser, aunque tarde, de don Lope; asos, pues, con esotros dos primero, dadle a uno en un pastel veneno, al otro en el vino, que así los despacharéis. Yo soy quien soy, cuando sea ya de don Jaime mujer, le he de amar como a mi esposo, Don Diego viene, y con él Bermudo, y a mí me esperan; a Dios, a dios, otra vez, que te guarde más que a mí, y a Qué me guarde? para qué? para verte en otros brazos? A darboces me saldré al campo, mientras se casan, y a los Cielos pediré, que allí den fin a mis días. Mosca lleva, celos tien, y cosquillas, como Bras, él va hecho un Locifer, Bermudo, vos me engañasteis yo mismo me engañé, pues tal pronóstico tuve por oráculo fiel. Qué os dije, señor d. Diego, que con Leonor casaréis? vuelvo a decir lo que dije. También dijisteis, que el Rey me casaria. . Y lo mismo os digo ahora también, si Leonor lo resistiere, su Alteza hará que os caséis. Luego antes que se despose con don Jaime, puede haber quién el casamiento impida? A mí no me preguntéis mas que lo que he dicho, a diós . Escrito traigo un papel para Jaime, en que le digo, que salga al campo, que en él le aguardo con gran secreto, por lo que debo a Juez de Aragón, que hablando a solas quizá le persuadiré, que a doña Leonor me deje, aunque temo su desdén. Yo me detérmino, todo lo negocia él interés con estos villanos, Gil, este anillo has de traer en mi nombre. . Alcaide sois, que un grillo de oro ponéis al corazón en su dedo. Don Lope diz que se hue a esos campor, como un loco, Razón debe de tener. Tú has de apartar a da Jaime, sin que nadie heche de ver, que de mi parte le llamas, y has de darle este papel. Digo Menga de mis ojos. No hay que decirme, y a sé, Bras, que Gil está de espaldas, y que abrazarme queréis, Mira que has de estar en ello, Dige, que en ello estaré; pero mi mujer, y Bras están en ello también. voime a esperar ad, laime. . Lras, qué ruido es aquel? . Deben de ir a desposarses hola, Menga, una mujer nunca mejor me parece. que casándose. . Por qué? Porque habra poco, un si basta. Uno quijo responder aún con menos de dos letras; preguntáronle una vez, vuesa merced ha comido; y él respondió entonces, e. Gil vuelve. . Sin bello nadie le di a donJaime el papel, leyole, y casose luego. Qué ay Gil? Que cuando llegué se desposaron los novios: estaba como un Ángel la doña Leonor: quién huera Licenciado, o Bachiller, con licencia, o con palabras de poderla encarecer: porque tien tanta hermosura, y tanto donaire tien, que está confirmada en gracia, pues viéndose no es Luzbel. Tanto queréis a Leonor? pues yo a todos los querré, yo os lo prometo marido, Sabéis que pienso mujer, que primero lo cumplís, y luego lo prometéis, Calla, que sos mentecato. Quiero salir, y saber lo que me quiere don Diego, sin que la Reina, ni el Rey, ni doña Leonor lo entiendan, pues tan secreto ha de ser. e Leonor, ya estás desposada, ya no temo, que me des más celos bien que aldón Lope habló endenantes el Rey de ti, y él se salió al campo, tanturbado, que no sé lo que su Alteza le dijo: mas ya queremos volver a Zaragoza; vosotros (pues es uso, como veis, cuando se casa una damo de la Reina; que no esté aquella noche en Palacio) bien viene, que aquí os quedéis, Don Leonor, Dios os guarde. De camino quiero ver si encuentro algún jabalí en ese monte. . Adiós, pues, que acá la novia nos basta; Leonor bella, (no añubréis ese Sol, que vuesos ojos temo que quieren llover. Leonor, vos tenéis más negro el corazón que una pez, si no queréis bien al novió, muy mala noche tendréis. asión Lope se salió al campo, como un floco. L. hazme placer de no hablar más de don Lope: ya no he de acordarme de él. Consolaos, no tengáis pena, que mañana enviudaréis, Ya es don Jaime mi marido, ya quiero a don Jaime bien. Ya en fin estoy con Leonor desposado; ya ese ruego no tiene lugar, don Diego, dejad ese loco amor, o será fuerza obligaros a que le dejéis. . . No sé, por Dios, que respuesta os dé, cuando era fácil mataros. Podréis obligarme vos a que vuestro henor no infame; mas a que amando no ame, eso se reserva a Dios. Si más mi honor no se fía de quien es tan arrojado, que viéndome desposado, o casi, un papel me envía, en que me obliga a salir al campo, yo soy su esposo de Leonor, y es peligroso vuestro amor; y así a morir en ocasión tan forzosa, o a mataros me aventuro, porque quiero entrar seguro al tálamo de mi esposa. Pues a que aguardáis, supuesto, que os queréis matar conmigo? sacad la espada. . No os digo que habéis de morir muy presto, porque solo es contingente, que aunque os hizo el Rey lusticia de Aragón, vuestra malicia no me deja ser prudente, Ahora veréis quien soy, pues me ayudan las estrellas. Pues yo el crédito, no a ellas, sino al valor se le doy; Jesús, Jesús, yo soy muerto? . Ya el pronóstico se va cumpliendo, pues claro está, que en lo demás será cierto. Bras, yendo ahora al cercado por los cardos, no cuidaba, que por un papel estaba don Jarme desafiado; a mal tiempo hemos venido, ya don Diego lo mató. Si toda esta gento vio que lo maté, soy perdido. Todos comemos su pan y debemos tener ley con d. Diego, . que dio el Rey a un hombre mozo, y galán la Justicia de Arigón. Haced cuenta, que en la mar lo echastes. . . Está cadena repartid todos después, yo os premiaré a todos tres? Asid bien de la melena la ocasión, idos don Diego. Mijor es, que a nadie se eché la culpa; son que sospeche todo el vulgo, luego, luego, que don Jaime se ausentó, y que no se sabe de él, que si don Pedro el cruel llega a saber que murió, lo ha de pesquisar. . . qué trazan daremos, pues? . Enterrarle, y que todo el rmundo calle, El roído de la caza se oye desde aquí en el monte. Pues al pie de un árbol de esos que tejen altos, y espesos sombra a todo ese Horizonte, hemos de enterrar ahora al muerto con brevedad, que no importa a la crueldad del Rey, si el delito ignora, Pues enterrémosle presto, que sabéis, que aquel nublado se acerca, y vien muy cargado, que negro el Cielo se ha puesto, De luto se vestirá Menga, por el inocente. Si llueve, no vendrá gente; y la tierra se pondrá con el agua de tal modo, que aunque esté recién cabada, no se vea. . Aquí hay azada, no hay si no vestido, y todo echallo en el hoyo apriesa, De la Reina me pardí, siguiendo aquel jabalí, d el monte esta selva espesa, no lejos la Quinta está, y así la Reina, no hay duda, que a ella otra vez acuda, pues empieza a llover ya. Pero no es don Diego aquel? él es, y hacen sus criados un hoyo aprisa, y turbados, ahora arrojan en él un cuerpo muerto, y sinreo a las señas del vestido, don Jaime el difunto ha sido; no lo castigo, y lo veo? mas disimular es bien: mucho la tormenta crece, el firmamento parece, que quiere dar un vaiven; o al cielo, a movernos guerra, todo el Occeano sube, o se pasa en esta nube toda la mar a la tierra; está la tormenta fue, que pronosticó Bermudo, Bien se ha hecho; ya no dudo que sabréis guardarme fe. El tiempo obliga a volver a la Quinta. . Sí, aunque ya pasando el nublado va; pero aquí no hay más que her. Don Diego, también a vos toda el agua os cogió fuera de la Quinta? . Si viniera antes el Rey. Guardeos Dios, señor, vos aquí? qué es esto? Un jabalí, que he seguido en el monte, me ha perdido, la Reina volverá presto, que el tiempo la ha de obligar; pero vos, qué hacéis aquí? Con esta gente salí, no sin cuidado, a buscar a don Jaime, que después de desposado, dijeron, que él, y don Lope vinieron hacia el campo, y como es obligación de mi oficio, quise atajar algún daño, que desaime es hombre extraño, y don Lope ha dado indicio de impaciente, y aún de loco, con los celos de Leonor; mas quien con celos, y amor no pierde el seso, ama poco: conmigo está disculpado don Lope en cualquier exceso; que hiciese en un mal suceso. Don Lope os está obligado? que más pudierais decir por vos mismo? . n Está celoso don Lope, y casi es forzoso matar, quien lo está, o morir. Yo os doy palabra de hacer mucha merced desde hoy a don Lope; porque estoy muy de vuestro parecer, en cuanto a tener por cierto, que don Lope vuestro amigo, no ha de merecer castigo, aunque don Jaime esté muerto, Cansadas están ya las soledades de sufrir quejas, y encubrir verdades, el aire de suspiros, y las hojas heridas, mas que de él, de mis congojas, Cansados están ya los Ruiseñores de juntar con los suyos mis amores; cansado estaba de llevar el río, no caudal suyo, si no llanto mío; y cansadas las fuentes del ímpetu que añado a sus corrientes. Solo libre del hielo, murmurar sin cansarse este arroyuelo, bien que sienten conmigo ansias tan graves, arroyo, río, fuentes, hojas, y aves. Don Lope es el que viene, parece que perdido el color tiene; dónde a don Jaime deja? (causa a don Lope doy de justa queja; mas si esta falsa relación le indicia, cuando a términos llegue de justicia, yo, que lo soy, le libraré de todo) Don Lope? . Gran señor. De un mismo modo. a un lugar nos hallamos conducidos don Diego, vos, y yo, todos perdidos. A don Diego le pierden los desvelos de su oficio, a mí el monte, a vos los celos; soy cazador, y un jabalí seguía, sois amante, y seguis vuestra porfía: es justicia, y los hombres amenaza; Lope, quién de los tres mató la caza? Si por Leonor lo dice vuestra Alteza, fiera cruel, que vive en la aspereza de su misma mudanza, ya dio el último aliento mi esperanza, va, señor, no porfío, No habrá quien piense, que el delito es mío, si se llega a saber, y aún se colige, que el indicio que dije, contra don Lope, tiene el Rey por cierto, pues le pregunta si la caza ha muerto. Muésamo, a Diós, y en cuanto a los tres toca, no hay son lo dicho, y punto en boca. El Rey no habra palabra sin cuidado. e No os apartéis, don Lope, de mi lado. Bien toma el Rey la duda del delito. Hasta poder juzgar según lo escrito he de disimular, no estéis tan triste, que la paciencia a todo mal resiste, Hoy una dama desdeñó a su amante, cuando está la fortuna de un semblante? casasele, y la soga, entre infeliz desesperar le ahoga: respire, por lo menos, en la duda de que puede en un hora estar viuda. Quién probó la frenetica locura de un firme amor, confiesa, que no ai cura para mal tan notable, no porque él en sí mismo es incurable, sino porque el enfermo no se quiere dejarcurar, y por querer se muere. Preguntarele por d. Jaime? . Ahora no hay para qué. . La Reina mi señora se volvió hacia la Quinta. . Aprisa vino, salgámosle al camino, y entrareme en el coche; para ir a Zaragoza es ya de noche, llegaremos muy tarde. Dicha fue de mi casa. . Dios Perdiose el Rey, como digo, en los montes, y se tornan él, y la Reina a la Quinta. Feliz principio de bodas! Desposeme con don Jaime. fuese sin hablarme, y sola me deja conmigo misma, de este entonces hasta ahora. Conmigo misma; mal dije, que después que soy su esposa, estar con él, no conmigo, alhonor de ambos importa. No dirá Menga de Bras, que la deja, aunque no es novia, que desde que dio el Poeta en juntarlos en las copras, no hay azores, ni galeras, no hay pido josticia, y costas, no hay San Simón, y San Judas, presta, y pinta, maza, y mona, presunción, y necedad, agua, y anis, miel, y moscas, paja, y cehada, agua, y vino en las tabernas de ahora; que anden tan juntos como ellos. Llévese el diabro la tonta, os guarde. que mal se casa, y vos Gil, dejaisme a mí a Sol, ni a sombra? En todosos una brestia. Leonor, no estéis querellosa, no hay son buen ánimo en todo. Paciencia, y ruede la bola, que son las dichas humanas como arcaduces de noria, que al irse hinchando las unas, seván vaciando las otras. Los Reyes llegan, y Jaime no ha venido, extraña nota ha de dar con esta ausencia. Fue la tormenta espantosa, Leonor, el tiempo nos vuelve, que es partir a Zaragoza tarde ya. . Siguió en el monte el Rey la caza, y perdiola, o perdiose por volverse. Lo que en distancia tan corta ay de nuevo es, que su Alteza ampara, acaricia, y honra a don Lope. . Él lo merece, por su sangre, y su persona. Y por antiguo criado. Oh quirá porque negocia, lo que el Rey le manda agu Siempre he temido, que corra con vos don Lope algún riesgo. Jluego don Lope me enoja? no en vano teméis, Leonor, qué es de d Jaime? . Señora, después que se desposó, me tiene ausente, y quejosa. Lope priva, el Rey se vuelve, y Jaime se va, a su esposa deja tan aprisa; él supo sin duda, que el Rey la adora, y fuese antes de gozarla. Que esté siempre sospechosa; sin darle causa, la Reina. siempre hay fantasmas, que asombran a los que temen, señor. aunque a d. Diego alborota, . la inquietud de su conciencia; he de ver como se porta en la muerte de don Jaime, juez de su causa propia: mas porque no haya probanza contra Lope, es, generosa acción de la Real prudencia; que válido le conozcan, porque así no se le atrevan.. Don Lope, y don Jaime a solas me dicen, que iban al campo, dé cuenta don Lope ahora de daÍaime. . Extraños celos! ni a mí don Iaime me toca, ni de Leonor. . Qué es esto? Qué ingratitud tan hermosa! No decís dónde está laime? Ya vuestra Alteza melogra cuidados en mí, y recelos. Malas andan estas cosas; que es muerto laime sospechan, Por más que de hombros seencojan enviendo que no parece, son las sospeenas pororias, Decid adónde se ha ido don Jaime, que Leonor llera su ausencia, y vos sois causado. No le obliguéis que responda, lo que no sabe don Lope; por su sangre, y por sus obras es ya mi mayor amigo, Don Lope a los pies se postra de vuestra Alteza. Alzad, Conde. Hoy hace el Rey tantas honra a quien haber aún no hablaba? Don Jarme tarda, y me informan, que iba al campo con d. Lope, a vos la justicia os toca, ved si hay qué, y averiguadlo, Pues sábese alguna cosa de don Jaime? No, Leonor. Hay no sé qué indicio contra don Lope, no será nada. Estos villanos, señora, se hallaron hoy en el campo. No hay son volver la pelota, respondiendo, no sé nada. Eso sí, callar la historia, mas no ser testigos falsos, que cuando no los ahorcan, diz que los sacan los dientes, y a buen librar los azotan. Examinadlos, don Diego, nacednos esa lisonja armí, y a la Reina. . . Ay lancen más apretado? si toman juramento a estos villanos; temo que me descompongan. Don Diego, informaos muy bien, y si de delito consta, diga el Rey en la probanza. Por vida de mi corona, que he de decir a su tiempo. . Bermudo? Aunque a lay melesconda el piede un árbol funesto, Leonor, será vuestra espusa, Y darámela el Rey? Sí. Luego mis sienes adorna digno laurel? luego el Rey no sabrá, que en rigurosa batalla maté a don Jaime? Albricias, que ya pregonan mis potencias, y sentidos por el amor la victoria. . Todos se han ido, y yo quedo con doña Leonor a solas: llegaré? no, que es ya ajena, y amor pasado ocasiona, o a afectos mal permitidos; o a palabras licenciosas. . Fuese, y no me habló, bien hizo, que es la ocasión peligrosa, y para haberle olvidado, aún es muy tempra no ahora, Si desafió con celos donope a don Jaime? absorta la razón en tantas dudas, discurrir apenas osa. No será; pero si fuese, en contienda tan dudosa de respetos, que hará un alma impaciente, si no loca? Jalme es mi esposo, y amarle es deuda de honor forzosa, cuando don Lope refiere nuestras pasadas memorias; o en cuantos mares me anego! o en cuanto abismo se engolfa frágil leño la paciencia, surtando agravios por ondas) y a los embates se entrega, y a los peligros se arroja, Después que esperanza inútil llevó las áncoras todas, velas de cuidados tiende, que las izan las congojas, y las aferran los cabos. Oh fines de antiguas glorias! ya pierde de vista el puerto de tu quietud la memoria, mientras nubes de tristezas de ayes de dolor se forman. Ya en alta mar engolfada la voluntad, como proa, va rompiendo por temores, como quien las agua corta. Ya entre mil tormentas falta, mientras la razón zozobra, el seso, el entendimiento, como el timona la popa; Todo es confusión, y grima, suspiros por vientos soplan, ansias por alas la envisten, pensamientos la trastornan, por golpes de mar: y cuando confusamente huye, rocas de sospechas, en escollos de dificultades topa, Abrese el bajel, y escapan unas esperanzas rotas, como huesos de cadaver, ya desatado en la costa. Adonde son mis desdichas, como en la playa las olas, que el deshacerse las unas, es dar lugara las otras. Estoy por matarme, cielos; pero la acción más heroice de un fuerte ánimo, es sufrir, y esperar, mientras importas Tal vez de interiores causas, que el gusto al principio estorban, resultan dificultades; pero después, por las propias dificultades deshechas, como por murallas rotas, entra a rendir los estorbos la paciencia vencedora.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA El Rey se está tan de espacio, quizá por melancolías, que aquí divierte. . Estos días es la Quinta un gran Palacio, Sí, mas a la Reina enojan los celos cada vez más. Todos aprenden de Bras. A Bras también se le antojan, como a la Reina los celos. Aunque la Reina aborrece tanto a don Lope, parece, que han conspirado los cielos, en ayudar su privanza; mas si ya a casarme vengo con doña Leonor, yo tengo más buen logro en mi esperanza. Si es el segundo marido, él vendrá a morirse, Menga, para que el tercero venga. Sí, pero puede haber sido don Diego un sigro casado, cuando ella venga a enviudar, Pues dejémos le casar, y no le demás cuidado, diciéndole aquese miedo. Cómo no ha habido quien dé noticia de que se fue don laime, excusar no puedo el hacer la información, y examinar a estos tres: la Reina me aprieta, y es también en mi obligación. Casaos ya, no temáis nada, que aquí os daremos ayuda. Estoy pensando una duda. Cuál es? . . que estaba casada Leonor, y si no presento testigos de que murió don Jaime, no puedo yo tratar de mi casamiento. Por fuerza ha de haber testigos? mas no tenéis tres aquí, que saben, qué es muerto? Sí, y todos tres sois amigos; mas quien diremos que fue el matador? . Eso es malo, ello hay del pan, y del palo, que habrá del pan, ya se ve, porque habiendo casamiento, hay pan de boda, y si habré del palo, ello se verá, si hay después ahorcamiento. Yo en fin a Leonor adoro, el pronóstico asegura los fines de mi ventura, pero los medios ignora, que haré para empeñarme de nuevo? . Decidlo vos. Fuerre lance es, vive Dios; o no he de poder casarme, o tengo de presentar testigos, que contra mí digan, que el matador fui. Ea, acabadlo de echar: mijor es tarde, que luego, si es que lo habéis de parir. No me tenéis que decir lo que deseáis, don Diego, que bien lo imagino yo, Vides mujeres de bien: que echan a puertas de quien; ni lo comió, ni bebió, y nos hijos, que quien pasa los tienpor suyos? pues Lope quiere don Diego que tope a la puerta de su casa, una muerte, que no ha hecho, para que a él se le atribuya, y la pague, aunque no es suya. Visto le habéis todo el pecho. Don Lope estaba aquel día en el campo, el Rey estuvo también, y sus dudas tuvo, todo por industria mía; y así los indicios son contra él solo, decid, pues, que al mató a Jarme, y después, Justicia soy de Aragón, yo le daré libertad, sacándole de secreto de la cárcel. . Enefeto el lo ha de haber falsedad? Sí: pero advertid, que puedo echar adón Lope fuera de la prisión, cuando quiera. Vos me habéis quitado el miedo, y es obrigación forzosa serviros. . . Jurad de modo los tres, que en todo, y por todo digáis una misma cosa. Yo diré mi dicho luego. Y yo el mío. . Libre Dios a Lope, a los tres, y a vos de las manos del verdugo. . Ya a consultar memoriales viene condon Lope el Rey. Debo a vuestra buena ley, y virtud favores tales. Los pies mil veces os besoa Levantad, nuque, En su Alteza esto es ardid, no fineza. Yo en vuestros hombros el peso pondré de mi Monarquía. Cómo, habiendo presumido el Rey, que don Lope ha sido quien mató a Jaime aquel día, le honra así? mas el cruel, y hoy quiere que Grande sea, porque mañana se vea, que nadie es grande con él, para quebrantar las leyes, Don Diego, aquí estabais vos? No sé que tienen de Dios las acciones de los Reyes. Mucho dura este secreto de don Jaime, ay de su muerte algún indicio. . . y bien fuerte; murió don Jaime enefecto, Yo siempre he de tener, que se ausentó por más cierto, Don Diego afirma que es muerto, él lo debe de saber, y aún yo puedo decir ya, que lo sé, como él lo sabe, porque en materia tan grabe, pienso que no me dirá cosa, que verdad no sea. Yo habré examinado presto ciertos testigos. . qué es esto? Porque d. Lope lo crea. . Bien está; sentaos conmigo vos, don Lope, y despachad esos papeles, tomad ese banco, sentaos digo. Sacrifico la obediencia. Decidme lo que contiene esa consulta. . Quién tiene como yo poca experiencia, no acertará a daros gusto. Tácitamente con esto acusáis en mí un exceso, bien indigno de un Rey justo. La justicia de Aragón di a don Diego, a cuyos años no debí fiarla, extraños los inconvenientes son. Qué humana, y divina historia muestran de eso cada día. Señor, aquí se os consulta un caso, en que dificulta congran razón el juez. Vive con nota forzosa del pueblo cierta casada, tan libre, tan arrojada, que mudando escandalosa cada día un galán nuevo, ni miedo, ni honor la altera, Lo poco que persevera en cadá pecado apruebo. Muchas veces la justicia a esta dama ha amonestado en secreto, y no ha bastado. Obstinada es su malicia. Ya es adulterio tan grabe escándalo en la Ciudad, y en tanta publicidad el marido no lo sabe. Pero el pueblo se quererla de ver que no se le da gran castigo. . Bien está, disimulese con ella. Cómo decís? . que ha de ser forzoso el dejarlo así, porque intervienen aquí el marido, y la mujer. Ella le afrenta, él que ignora el engaño que recibe, dichoso en su engaño vibe, y así, perdonar ahora todas esas culpas, que hallo en la mujer, he querido; por no quitar al marido la ventura de ignor allo, De otro caso semejante avisa el papel segundo. Hay mucho de eso en el mundo; A otra casada otro amante. públicamente visita dos años ha, y el marido se da por desentendido; mas también es infinita la murmuración. . Pues bien, que he de hacer yo? no dispensa su marido en esta ofensa, pues yo dispenso también. El marido no consiente, pero si acaso imagina algún mal, no lo examina. Ese pienso que es prudente, dejadle en su quietud, pues, que quizá es razón de estado, para no ser desdichado, el ignorar que lo es. Señor, diferencias halla el que sabe de esa dicha, entre ignorar la desdicha, y entre querer ignorarla; que el que la ignora no infiere, que puede tener pesar, y el que la quiere ignorar, pena en lo mismo que quieres Luego ese marido siente esa doméstica guerra, y al daño los ojos cierra, durmiendo afectadamente? pues desterrar es forzoso a esa mujer del lugar, porque no dé más que hablar, y también porque su esposo neciamente satisfecho, si hasta aquí estuvo dormido, despierte con el ruido, que su misma infamia ha hecho. Aquí os quiero más atento, que es fuerza que él que se sigue a mayor cuidado obligue, Declaró en su testamento, muriéndose un mercader, que a Zaragoza venía un extranjero, y traía unos polvos con que hace? una peste universal; dio por señas, ser mediano, tener cortada una mano, en el rostro una senal. Sucede, que a un tiempo, iguales en edad, y traje vienen dos extranjeros, y tienen ambos las mismas señales, Prenden a ambos con rigor, y no confiesa ninguno, el culpado solo es uno; pide el juez inferior, que vuestra Alteza le mande lo que hará. En fin no se ha hallado cuál de ellos es el culpado? Después de un tormento grande, está en duda. . Mueran, pues, entrambos, el delincuente, porque lo es, el inocente, porque hay duda si lo es; que os encogéis? . He dudado del rigor de esta sentencia, porque si en una pendencia riñen dos ados, y a un lado muere el uno, y este tiene la errda de que murió solo en el cuerpo otra no, y en sin a dudarse viene, sin poder hallar lo cierto, cual de los contrarios fue quien hirió, porque se ve sola esta herida en el muerto, La ley, que con ser ser severa, a justa equidad se inclina, en tal caso determina, que ninguno de ellos muera, Porque altamente juzgó, que es más mal quitar la vida al que no ha sido homicida, que dársela al que mató: y así en nuestro caso creo, que es mayor inconveniente condenar al inocente, que no perdonar al reo. Decís, don Lope, verdad, si riesgo en eso no hubiera, pero hay peligro que muera toda una comunidad. Doy, pues, que el caso suceda de este, y de infinitos modos; si hay vidas de uno, y de todos, Dios mismo, que errar no puedé, juzga, que conviene más, que como reo entre dos muera el uno, aunque sea Dios, porque vivan los demás; su arbitrio a mi cargo tomo. Ya es fuerza, señor, que os den esta nueva: averigué la muerte de Jaime. . Cómo dichas culpas se encadenan con otras: habéis escrito? hay testigos del delito? Tres. a d. Lope condenan, qué es esto? . Di está aseriguado, que don Lope en desafío mató Jaime, yo lo fío. Todos tres han contestado? No vi tal verdad jamás; temo que te escandalicen sus dichos; todos lo dicen, sin letra menos, ni más, todos tres de un mismo modo. Pues suele ser presunción de falsedad, cuando son muy uniformes en todo, que es señal, si todos tres en todo son semejantes, que se conformaron antes, para decirlo después. Haced justicia, prended al Duque. . . Al Duque? Una sala de vuestra Quinta, no es mala para prisión, y poned por guardas a esos villanos; estos pecan enefecto obligados del respeto. Duque, hoy venís a las manos de la justicia, notad, que de la justicia digo, Pues hoy, que tiene conmigo la justicia? es novedad, que yo no entiendo, señor. Si no os acusa malicia, las manos de la justicia serán en vuestro favor. Distes a Jaime la muerte? no temo esa culpa. . Juego le dad la espada a don Diego, A vos, señor, y a la suerte el cuello rindo, y la espada; No tengáis pena, yo soy el juez, palabra os doy, que no peligréis en nada. Don Diego, tan justiciero soy, que me llaman cruel, al Duque prendéis, y en él, no solo justicia quiero que mostréis, si no crueldad, en caso que esté culpado. Don Diego, ya me habéis dado palabra, que mi verdad peligro no ha de correr. No sé qué hacer, vive Dios, ni que medio entre estos dos extremos pueda escoger. Qué es esto? don Diego quita la espada al Cónde? . Decid al Duque, pero advertid, que no hay Grande, a quien permita ningún delito un Rey justo, Dicen, que el Duque mató a Jarme, y reinando yo, la razón reina, no el gusto. Luego ya mi esposo es muerto? Cierto es que ya está sin vida. Y es cierto, que el homicida fue d. Lope? . Eso no es cierto dícenlo así tres testigos; mas son hombres, y podrán ser falsos. . Luchando están entre sí, como enemigos, mil afectos encontrados, no sé a cual deje que venza, ya el pronóstico comienza a renovar mis cuidados. Pues ya en parte se ha cuplido, deuda es de honor no mostrar fácil pecho en perdonar a quien mató a mi marido, Señor, hacedme justicia. Esta crueldad con razón siento, mas que mi prisión, Ay! quién te diera noticia, de que es en trance tan fuerte reo, y actor una parte; forzado es el adorarte, y forzoso el ofenderte: porque matas a mi esposo? mas los nombres he trocado, al ofenderte es forzado, y el adorarte es forzoso. Llevad al Duque, don Diego, don Lope, yo soy Rey justo, id a la prisión con gusto. Señor, el delito niego, vamos donde manda el Rey. De Jaime Lope homicida? pues vive Dios, que en su vida se ha de ejecutar la ley. El rigor se ha declarado, triste yo, que puedo hacer? por Lope he de interceder yo misma! por quién ha dado la muerte a un esposo mío? yo he de hacer una experiencia; Leonor, tú veas que sentencia tendrá Lope, y yo porfío en casarte, aunque es cruel el Rey, que yo haré, que su Alteza no le corte la cabeza, si tú te casas con él, o ha de morir, o los dos os habéis de desposar; piénsalo, que me has de dar la respuesta luego; adiós. . Pueden caber en un alma mas dudas, más alborotos, más diferencias de miedos, ni más linajes de asombros? No ya, porque don Bermudo lo leyó de polo a polo, escrito en el firmamento con caracteres de oro. Doy fe al pronóstico infausto la experiencia, que va toco, esta muerte que ya he visto de don Jaime, en que conozeo, que se va cumpliendo, obliga a tenerle por notorio. Luego seguirá a don Lope, si ya con él me desposo, el tercer dueño quizá, después de un plazo muy corto, y ayudaré al mismo hado yo misma, porque supongo la elección de mi albedrío, pues vendrá a quererlo él propio, Y así, en la vida que estimo de don Lope, doy despojos a la segunda viudez, que ya imaginada lloro: pues aunque en mí sean precisos peligros en si dudosos, porqué con él de esta suerte ha de conspirar mi voto? Ea, el no casarme elijo, esto a la Reina respondo: mas si con él no me caso, su vida a peligro pongo, por la muerte de don Jaime; que un desdichado es forzoso, que no escape de un peligro, sino es para dar en otro. Leonor, en que te has resuelto? Señora, en que no dispongo de mí, no puedo casarme por un respeto forzoso. Que más claroha de decirme, que por el Rey? yo no ignoro, la causa de no casarte, muy bien, Leonor, la conorco. Pues por ese firmamento, que suele con tantos ojos de estrellas mirar mi agravio, por sus Astros luminosos. Y por la mil ma inocente sangre de Jaime, a quien oigo pedir a voces venganza, que aunque esté el Rey cauteloso, ha de morir hoy den Lope. No soy injusta, antes cobro lo que a don Jaime le debe: don Bermudo es de quien solo fiarme puedo él le mate. . Ya no pueden flacos hombros de una mujer con tal peso, ya en el asalto está roto el muro de la defensa. A los pies del Rey me arrojo, pero no sé que le pida, que hay en mar tan proceloso, a cada afecto un peligro, a cada intento un escollo. Don Lope, tres testigos os condenan, y veis vos mismo lo que a mí me ordenan; ya no sé, vive Dios, que medio elija, que esta prisión no puede ser prolija; porque su Alteza me mandó, que luego determine la causa. . Pues don Diego, que contra mí está el Rey tan declarado? antes, pues, ordenó, que me pusiesen en esta sala, y dos villanos fuesen guardas de mi prisión, sin que otros haya, tácitamente dice que me vaya. A estos dos poco a poco iremos engañando. . Yo estoy loco, que haya quien contra mí tel muerte diga pero a esta gente el interés oblige. Tomad, tomad villanos. Eso se llama, Gil, untar las manos. Bras, todos tres tenemos lindos talles, para que nos paseen por las calles de toda Zaragoza en tres jumentos. Eso en la mano están cada docientos. Si no están en la mano, estarán en la espalda, Bras hermano. Don Diego, el Rey os espera; Hola; la Reina ha venido. Si no me detérmino, cielos, con celos me determino, Voyme, pues el Rey me llama qué es aquesto? a que ha venido la Reina, que no me ha hablado? Don Bermudo, ya os he dicho lo que habéis de hacer, Beraya sé que he de matarle. Yo finjo, que condesciendo con ella, . porque no fie al arbitrio de otro, si más temerario, quizá menos advertido; la ejecución de este intento, Siempre dije este peligro, que amenazaba a don Lope? mas yo con libre albedrío padre más que las estrellas. Callo, hasta ver a que vino. Por qué el Rey, siendo con todos tan cruel; tan vengativo, tan puntual; con don Lope es tan piadoso, y remiso? Mas como queréis que el Rey dé a Lope ningún castigo, si cuando mató a don Jaime, fue por orden del Rey mismo? Pues yo quiero hacer justicia, yo os sacaré del peligro, que yo diré al Rey, que os dije, que aunque yo os daba el aviso, él era quien lo ordenaba. Ved donde fue el desafío, llevad con vos a don Lope, y allí le corte un cuchillo de estos villanos el cuello. Por lo menos habrá sido hacer justicia, que muera, donde cometió el delito. Voy al punto a obedeceros, don Lope veníos conmigo, y no preguntéis adonde, que no hay para que decirlo, pues veis, viéndolo la Reina, que de la prisión os libro. Digo, que obedezco, y callo, más Bermudo, el cielo os hizo de los futuros sucesos un oráculo, un prodigio. Vendrá Leonor a ser mía? que en medio de estos peligros, parece que vivo, y muero, mientras que sin ella vivo, No es tiempo de dilaciones, seguidme luego. . va os sigo. luego sevá? . yo lo mando, Que severa que lo dijo. Id con Bermudo, villanos, Hola, Menga, habéis plido el miedo de mis gregüescos? aquellos docientos priscos. Eras ya serán cuatrocientos, docientos cada testigo, y docientos cada guarda, La Reina es un basilisco. . Don Lope mató a don Isime; y pues el Rey no ha querido vengar su muerte, quizá porque la mandó, o la quiso, yo hago justicia, y la vengo. Señora, aquí estáis? yo vengo de Leonor agradecido, a buscar aquí a don Lope, que aunque dicen tres testigos, que mató a Jaime, y me llaman el cruel en este sigio, en que reinan hoy tres Pedros todos crueles; yo sigo las huellas de la clemencia, cuando el perdón es tan digno, Doña Leonor es la parte contra don Lope, ella ha sido quien le perdona: está bien, yo la sentencia confirmo. Siendo vos el abogado de don Lope, era preciso, que Leonor le perdonase, Su Alteza me ha reducido a que le perdone yo, porquese case conmigo. qué dices, Leonor? es cierto, que el mismo Rey te ha pedido; que te cases con don Lope? Tan eficaces motivos propuso, que me rendí. Ay Dios! no sé si me rino tarde a la verdad, que har Adónde todos se han ido? que ni aquí hay preso, ni guarda V. Alteza al punto mismo, sin preguntarme la causa, se venga al campo. . qué aviso tan extraño! qué hay de nuevo? No aguardemos más, ya digo, que venga, y no me replique vuestra Alteza. . no replico; hay confusión semejante! Hay más ciego laberinto ! . Esto que os he referido, don Lope, a tal riesgo os puso, dejad pues de estar confuso, que yo haré como advertido. Si mandó como engañada la Reiña, en fin querrá Dios, que ninguno de los dos corramos peligro en nada. Desde la Quinta hacia aquí viene una gran tropa, y es el Rey sin duda: idos, pues, mirad por vos, y por mí, que del caso, como digo, ninguna noticia tiene toda esa gente, que viene a mi orden, y conmigo, Y yo, afectando el cuidado, que convenga, diré al Rey, que ejecuté en vos la ley, que os maté, en fin, por madado de la Reina, presumiendo, que era orden suya también. De llevarlo mal, o bien, vos, que lo estaréis oyendo, colegiréis, si venía a daros la vida, o no; que conformes lo que yo escanzo en mi Astrología, sé que no habéis de morir. Donde pueda ver, y oír me esconderé, si conviene; más Bermudo, a la impaciencia de mi amor doy la licencia, que la cordura no tiene; oíd por Dios. . El fatal árbol es este, de quien dije a Jaime, y dije bien, que se libraria mal; acabad presto. . Aquí estoy viendo el tronco, cuyo pie está el difunto. . Ala he, Menga, en eso vengo, y voy. Digo, que Leonor os ama, idos presto, que el Rey llega. Ardo mariposa ciega, y muero en mi propia llama. . Villanos, si yo le digo al Rey, que d. Lope es muerto; afirmad todos, que es cierto, Ya me cabe otro testigo, Bras, poned otros docientos en aquella cuenta. . Gil, paciencia, y preso por mil, preso por mi! y quinientos. Pardiez, que han llegado presto. Yo estoy muerta, mientras dudo, si vive, o no. Don Bermudo, dónde está el Duque, qué es esto? De morir acaba ahora. De morir? . Señor, yo sé que es gusto vuestro, y lo fue de la Reina mi señora. Yo le dije, que vos mismo lo ordenabades así; y él debió creerme a mí. Puede haber en el abismo mas confusión de este modo las leyes alteran? . Yo la muerte día quien mató, pues quien lo castiga todo, no se la daba. . Yo tengo . la mayor culpa; justicia. pensé hacer, dando noticia del caso a su tiempo, y vengo a conocer, que fue error de mi afectada prudencia el dilatar la sentencia. Qué haré? templar mi rigor, y no decir, que he sabido quien mató a Jaime, ni adonde, pues así mi error se esconde; dichoso don Diego ha sido, su culpa queda escondida; la Reina, en fin, como dueño pudo atreverse a este empeño, Si Lope quita la vida a larme, ya aquel pecado. era digno de esta muerte. Cielos, burlome la suerte, y el pronóstico fue errado. Aquí estoy con mil recelos. Qué diré, si me preguntan por el cuerpo? . Aunque se juntan contra mí todos los Cielos, justicia, señor, os pido. Leonor, yo soy la que di la muerte al Duque. oa y de mí! quítome amante, y marido Alteza. o Ni yo estoy segura de ti; mas bien, aquí está don Diego, en quien cuanto te quito te doy, pues otro amante te he dado por esposo, y mi sospecha no quedará satisfecha, hasta que te hayas casado, Don Lope lo escucha, y creo; que ha de quererlo impedir, no he de dejarle salir, Bermudo, en peligro veo a Leonor, dejad que llegue a hablar al Rey? . Eso no, no he de permitirlo yo, aunque vuestro afecto os ciegue, tened paciencia, y fiad vuestro suceso de mí, no habéis de pasar de aquí. Dadle la mano, acabad. Hay violencia semejante? Dichas instuyen, y amor todos los Astros. . Señor. No paséis más adelante, aunque otro afecto os lo impida; por vida mía, que luego le deis la mano a don Diego, Si vos juráis vuestra vida, no hay que replicar; aquí tenéis la mano que os doy. Yo la mía, vuestro soy, Están ya casados? . Sí, que el cura diz, que consiste en aquel consentimiento de entrambos el casamiento. Yo quedo confuso, y triste, con gran pompa he de enterra al Duque, donde tenéis el cuerpo? . Pues si queréis. en muerte a d. Lope a honrar, también le daréis la vidas Estando Leoner casada, la vida no importa nada. Señor, yo he sido homicida de don laime, los testigos dicen verdad, yo me entrego en las manos de don Diego, no quiero piedad de amigos, sino rigor de juez. Don Bermudo me engeñó; don Lope está vivo, y yo casada segunda vaz Duque, vos disteis la muerte a don Jaime? . Señor, sí, gócese Leonor, que a mí a que muera de esta suerte me condena su mudanza. Llegue, pues, la ejecución, pues va, ni aún apelación me concede la esperanza. No es cuerdo quien desespera, don Lope, impaciente estáis, pero aunque vos confesáis la culpa, don Diego muera; esta es justicia, no excesos de crueldad: no os alborote mi rigor; dadle garrote al tronco de un árbol de esos. Señor, que decís? . Que vos sabéis si el lugar es este, donde es bien se manifieste mi justicia, y la de Dios. Por que le dais muerte? R. Espero que el mismo lo ha de decir. Yo muero antes de morir. Sepan, que soy Justiciero, aunque me llamen cruel; ningún árbol eligió don Diego, elegirle he yo, denle garrote en aques. Al pie de este árbol confieso, que está don Jaime enterrado. Yo haré enterrarle en sagrado con pompa. . Extraño suceso! Llevadle. . ahora han de entrar los testigos. . Empeñados os vistes como criados, y asíos quiero perdonar: sin decir palabra, dé Lope la mano a Leonor. Dichoso sin de mi amor. Cierto el pronóstico fue. Y vuesa dicha es más cierta? Detres la una acertó a casarse. . Aqueso no, ni de trecientas acierta quien se casa. . En mi fortuna, ya más mudanza no cabe. Pues siendo así, aquí se acabe acertar de tres la una,