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Texto digital de A un traidor dos alevosos

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Miguel González de Cunedo
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A un traidor dos alevosos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-un-traidor-dos-alevosos.

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A UN TRAIDOR DOS ALEVOSOS

JORNADA PRIMERA

La Iglesia socorred Virgen María; que como Troya misera se abra tal consentis Señora en vuestro el remedio enviad a vuestra casa. Baste las tristes cuitas que pasamos, por estos fieros bárbaros sin tasa. Mueran estos Cristianos, y seamos Herostratos crueles de su Templo, pues el copete a la ocasión tocamos. Válgame Dios, que es esto que contemplo, el lugar infélice está abrasado. Oh segundo de Troya, raro ejemplo! Bizarro asalto les havemos dado, que no será razón que en mi montaña durmiendo viva el enemigo armado; y pues está mi gente en la campaña, como el único Fénix resucito, León en mis cenizas para España, pues dicen los Cristianos que le imito a Hércules no más, que en solo el traje, y que la fama, y el honor le quito; transformando en un bárbaro salvaje: y vive Zara, que es el Sol que adoro, que metido en áspero boscaje, Aben humeya soy, aquel que a un toro hago pedazos con aquestos brazos, que mejor te rindieran montes de oro, gozando de mi amor eternos lazos. Advierte que tu Zara está presente, ofreciéndote ufana sus abrazos; pero repara Capitán valiente; que el flamijero coro se apresura a darle nueva luz al occidente, elo Oh celestial, o Ángélica hermosura. Valiente Avenhumeya victorioso, cuyo valor me ánima, y asegura, de cualquier portento prodigioso, mil fábulas de amor representando a mi sentido en vano temeroso, ya del Cristiano peso te soñaba ya vencedor, y del peligro ajeno; y que el cetro, y laurel te presentaba. Felipo, en verte de temor ajeno, con solo imaginar entre temores, que eres rayo de Júpiter sin trueno. En el alma venero esos favores, que ese temor de nadie lo estimara, para afrentar mis brazos vencedores, sino de quien de lo que soy dudara, a fuerza del amor que teme, y duda; porque nada temiera sino amara, conozco bien tu voluntad, desnuda de toda falsedad, y amor por esto, con lazo estrecho la ocasión me ayuda. Mayor victoria fue tener tal preso, que la que tuvo el Griego del Troyano. Mil veces por tu esclavo me confieso; y en fe de esa divina, y blanca mano, a ese Cristiano infame haré que huyendo deje este monte, y busque apriesa el llano por tus cabellos, juro que venciendo. están al oro, y por la luz que reinas en las Estrelllas donde estoy ardiendo, que te he de hacer de todo el mundo Reina, desde la excelsa cumbre de Peloro, hasta donde Patérno pe se peina, y que te he de cubrir de perlas, y oro, en menos tiempo hermosa Zara mía, que Scintio Vaya de la libra al Toro. O si yo viese Abenhumeya el día, que triunfes tu de aquesta gente fiera, que vencer tu valor feroz procura, cubriendo de segura la ribera; y a ti se opone bárbara atrevida, sin ver la fama que tu pecho altera, más ser del mundo Reina; y ver rendida de Indias la riqueza entre estas plantas, no se compara al ser de ti querida. Con esas sumisiones me levantas mas alto que mi propio pensamiento que hallo lugar entre las luces santas: o como espero con igual contento pagarte este favor; y ahora en tanto, pide un rayo del Sol, pídeme el viento; pídeme el Lirio, el Nardo, y el Acanto, por el Diciembre, y por Agosto el hielo el pájaro celeste, el Fénix solo, y cuanto olor se quema en Delfo, y Delo, que no me quedará de Polo a Polo, cosa que tú me pidas, si es que vivo, de cuantas vaña el mar, y mira Apolo; porque la miel en el panal nativo, la blanca leche, el cierbo, el gamo, el oso, el Ruiseñor, la Tórtola en el nido, no son para valor tan poderoso; que esas cualquier amante de ordinario puede ofrecerla sin quedarfamoso. Mira señor, que es tiempo necesario este que gastas en razones tiernas, para poner defensas al contrario. Ya sabes que tu ejército gobiernas, brillen al claro Sol las hojas blancas, las hazañas antiguas, y modernas se afrenten, pues los árboles arrancas, vamos presto a vencer Cristianos fieros. que nos presentan las victorias francas. Vamos divina prenda, y los aceros castigarán su bárbara osadía. Perezcan estos tigres carniceros, gran Redempror de la cautiva Elía. Un labrador teñido en polvo, y sangre: llega a tus pies con ansia, y agonía. Curadle antes que el triste se desangre. Escuchad Marqués invicto, honor, y amparo de España, sucesor de los Fajardos, y de su antigua prosapia. En un pequeño lugar, de estos que hay en la Alpujarra, nací señor, sin ventura, padre al fin de las desgracias. Cáseme, tuve seis hijos, sin lograrse mi esperanza, que son todos los trabajos para el pobre que se casa. Tuve hacienda, aunque no mucha; más que importa si me falta ventura, mujer, y hijos, viose desdicha mas rara! Y así quien fue el inventor, y de mi daño la causa, os quiero contar primero, aunque el aliento me falta. Devalora don Fernando, hicaro que se levanta contra el Sol de Dios; y es cierto que le ha de abrasar las alas. El cual, yo no se, porque mas al fin junta en su casa de los Moriscos más ricos una copia temeraria. Donde se mudan los nombres, cada cual el que le agrada, y el que se llamó Fernando, Aben humeya se llama. Elígenle, pues por Rey, y entre todos le levantan, haciendo las ceremonias, que la Morisca ley guarda. Salió al fin de este decreto, para la noche de Pasqua de dar asalto soberbio a la famosa Granada. Mas quiere Dios, que al contrario su vano intento le salga, que es fuerza ver el abisino, quien contra Dios se levanta. Mosquetes de nieve e, sielo contra la tierra despara, agua por pólvora fuerte, duros granizos por balas. Estanse allí algunos días, siendo su suerte contraria, y a Granada dejan fieros, por dar en sus Alpujarras. Con su ejército feroz, todo lo asuelan, y arrasan, la triste gente deguellan, los Templos queman, y casas. Llegan pues a mi lugar, en ocasión que yo estaba ausente de él, en negocios tocantes a mi labranza. Y volviendo descuidado, veo como se levanta entre mil confusas voces, una crepitante llama. Siento estruendo de arcabuces, fuerte golpear de espadas, tiemblo de pavor y miedo, y la sangre se me cuaja. Mas alentando algún tanto, quiero acabar mi jornada, para padecer también entre las prendas del alma. Junto los muros me acerco, y la bárbara canalla contra el suelo me arrojaron con una piedra pesada. Y al tiempo que vuelvo en mí, ningún rumor me acobarda, que el infiel campo maldito, en haciendo el daño, marcha. El Templo admiro por tierra del gran rigor de las llamas; y así toda mi familia, los cuerpos troncos sin alma, Ligero se esconde Febo, condolido de mis ansias, trastornando el carro de oro en las cristalinas aguas. Las fieras de aquellos montes a comer las carnes bajan, y hambrientos bienes golosos, sepultan cuerpos y acaban. Pasase la noche en esto, y cuando a flores y plantas, su color vuelve, y matices de Cintio la esposa amada. Si bien alegre, a mi triste; mas que cuando en Almenara, murieron aquellos siete, de quien dará eterna fama. Si su padre lo sintio, mi dolor al suyo iguala, que si el perdió siete hijos, e seis, y mi mujer me faltan. Sed vos para mí, cual fue a los Infantes de Lara en vengar su injusta muerte, el valeroso Mudarra. Jesús mil veces, Jesús. Qué es aquesto, se desmaya. Se desmaya, muerto está. El corazón me traspasa. Y pues que me tiene el Rey con mi gente en la Alpujarra: yo he de morir, o tomar de estos bárbaros venganza. Cuitadillo lacayo, a mi criado os atrevéis, por vida de Mahoma, que como a pollo os despedace, pícaro. Yo creo que el diablo trajo a Murcia, a el, y a su criado, y a su hermano, si aquesto sabe mi don Juan de Espuche, o Lorente su amigo el invencible. Di presto quien son esos que has nombrado, aunque de Cadmo los sembrados dientes, en cada uno de ellos Marte infunda, siendo a mi Sol desvanecidas sombras. Ya digo, que es Espuche dueño mío, el que en Flandes, Italia, y todo el mundo su ingenio admiran, su valor alaban, su brazo temen, y su furia lloran. Amigo de Lorente, aquel famoso, que no halló su igual en todo Flandes, y en las guerras de Francia le temblaron, pues que decían veinte para veinte, salgan, como no venga el gran Lorente. Pues di, si hay tantas guerras en España, en tal sazón, que hacen en su tierra. Vienen a ver su patria, y los amigos, y apenas llegan, cuando ya se parten a cumplir el mandato de Philipo, que es quien a España traslado de Flandes, y el don le puso de su misma boca. Cuéntame por extenso la pendencia, en tanto que los dos vienen al puesto a buscarte, y morir en la demanda; que pues mi hermano es de Zelín gran Turco, Embajador, porque a Madrid camina: de insultos, y de muerte seré libre, pues no valen conmigo humanas leyes. Digo que sobre un trago de agua cálida, con que reparar quise el pobre estomago, templando, y limitándole la cólera, después de roto un escuadrón armigero; que yo, y mi dueño, cuyo brazo Hectoreo vencimos, como pudo hacerlo Hércules. Anticiparse quiso muy colerico, suelte la taza, respondí pacifico; y él sin más esperar al pusilanimo aguardentero, quita el vidrio esferico; y levantando el brazo para en Ángulo, haciendo punto en la cabeza, y línea. Yo viéndole verter el cristal liquido, quedé como difunto el color pálido; y de la vainasaco el furor rigido; y al darle un tanto en la cabeza tímida, lo por venir curaste como Hipocrates, con tú llegada al pobre salutifera. O pícaro, borracho, aguarda un poco; y verás si te valen los cuitados, aunque venga con ellos toda Murcia. Criado es de don Juan el que da voces, es sueño Cielos, Soliman le ofende. El perro me conoce, vive Cristo, que lo haga con esta mil pedazos: afuera pese a mí, que he de matarle. Con el valiente brazo que ha venido; no me espanto que rompas, y que mates; más vive Alá, que si me enojo infame, que he menester que el cielo llueva para que aqueste alfanje despedace: mi nombre es Soliman; y conocido soy en el Asia; en Persia, y Armenia; y mi hermano me trae porque en España conozcan el valor que el Turco tiene. Soliman no recibas pesadumbre, que es este un mentecato, y si viniera don Juan de Espuche, dierale de palos, que es prudente, valiente, y generoso. Por Alá que a los dos os haga piezas, si me habla ninguno más palabra. Pues voto a JesuCristo Dios, y hombre, loco, atrevido, bárbaro, arrogante, sin Fe, sin ley, sin fuerza, y sin juicio, que de ti haga lo que hizo Alicas, el invencible hijo de Alcumena. Dame esa mano, y mira donde quieres que te aguarde esta noche, o que me esperes. De amigo te la doy, porque conozco el invicto valor que has heredado: ya por aquí pretendo de vengarme: toda mi fuerza puse, o vil Mahoma, y como tengo el brazo quebrantado; pero vengarme pienso de otra suerte. Qué dices Soliman? Que eres grande hombre, y que deseo mucho de servirte: y a Dios valerosísimo Lorente. Él te acompañe Capitán valiente. Dioses, que en los diafanos cristales habitáis sus alcovas en segura, parleras aves, que en canoras voces los hombres suspendéis, como anidiales; peces que armados de oro, y plata pura, a ligeros rompéis aguas veloces: Y tú que me conoces, amada Patria, escucha mi desdicha, mi fortuna contraria, y poca suerte, do el vivir es penar, gloria la muerte, salud la enfermedad, desdicha, dicha, el ver, cegar, pues pudo mirando un Sol, dejarme ciego y mudo. Tiene Tántalo el agua hasta la boca, y la fruta pendiente en la cabeza, más nunca ve lograda su esperanza, pues que la hambre, ni la sed se apoca. Yo de mi amado dueño, la belleza miro para perder la confianza, pues la lengua no alcanza el fruto del hablar para consuelo, que el cansado, sentándose descansa: con el agua el sediento, el fuego amansa, y se olvida durmiendo, algún desvelo; mas no hablar a mi dueño, no cura el mal, sentarme el agua, y sueño. Asido Prometeo a la cadena, le desentraña un Águila furiosa, siendo el delito igual con el tormento, y la pasada gloria con la pena, yo en se mejante ansia rigurosa, voy padeciendo sin tener aliento, pues mi amoroso intento, explicarlo no pueden mis pasiones, porque mirar el alma apenas puede; y si acaso que mire, se concede, queden mudos entrambos corazones, y en su cadena fuerte, me da su vista de Águila la muerte. Sufre Ijión asido de la rueda, el padecer continvo su girante, échase acuestas Sisipho la peña, y su infeliz trabajo en vano queda, hecho Ijión, si bien confuso amante: doy cien mil vueltas, porque amor me enseña, con ansia no pequeña, por gozar de la luz del Sol que adoro, y cuando veo el rostro más que humano, de mi pena, la peña subo en vano, porque se vuelve al centro en su decoro, sin despegar los labios, rudos los míos, y los suyos Sabios. Con quien fue la fortuna más abara, con quien su amada patria fue tan cruda, con quien el tiempo tan contrario ha sido, a quien amor en la ocasión no ampara, a que amante fortuna no le ayuda. A mí el tiempo, y la patria han perseguido, a mí que solo he sido un afligido Tántalo en deseo, un Prometeo en darle amor entrañas, Ición en las vueltas más extrañas, y un Sisipho cansado en debaneo, y más cierta mi muerte, pues queriendo partir, no puedo verte. No nos emos de partir, que andamos imaginando, no veis que están esperando los amigos. Amorir parto amigo justamente, pues acá se queda el alma. Decid cómo. En quien la palma se lleva. Di que accidente. Digo que a la Aurora hermosa estoy rendido por Dios. Pues don Juan entre los dos ha de haber oculta cosa. No te la podré mostrar, pero verás su retrato, que en el humano aparato, es subelleza sin par. No los brillantes rayos que da polo, al radiar pagizos, igualan a sus rizos, pues de ellos se avergüenza, diciendo que el arena de Pactolo, ya tiene quien le venza, siendo una mina de oro cada trenza. Pues su divina, y espaciosafrente, tan bella como franca, más que la nieve blanca, y blanco de Cupido, do flecha sus arpones impaciente, y como inadvertido, el mismo amor de amor se ve rendido, No los cambiantes Iris de colores, que las borrascas quitan, a sus cejas imitan arcos de amor dorados, sino demás diversos esplendores, de Harpones armados, con que ofenden objetos desdichados. Dos son cafiros sus hermosos ojos, como los mismos cielos, divinos paralelos, que a los demás señalan, haciéndoles rendirse por despojos; y cuanto más escalán. se vuelven a humillar como no igualan. La nariz dividiendo las mejillas bello candor del Alba, a su Sol hace salva, con varios esplendores, que dilatando va por las orillas, como rosas, y flores, suaves, y aromáticos olores, Pues los discretos la bios delicados, son del clabel afrenta, lo que bizarra alienta, son saucos aromas, que éxhala de su centro dilatados, sin bárnices, ni gomas, dos de diamantes animadas pomas. Los rizos, frente, cejas, ojos, boca, mejillas, y nárices, son divinos mátices que da naturaleza, cuando la mano de su Dios la toca, mostrando su flaqueza, dotándola desgracias, y belleza. Rara hermosura. Es sin par. Y esa deidad celebrada, señor no tiene criada con quien pueda descansar este mísero lacayo. Guzman? Señor de mi vida. Prueben luego la partida. Vive Dios que me desmayo de imaginar que partamos, do habemos de pelear, quien se pudiera excusar. Vamos amigo. No vamos. Porque estás triste Aber humeya mío Agora que eres Rey de toda E agora que se rinde el poderio de tus fieros contrarios en Campaña, agora que la Iglesia, y bando propio, los precipitas con astucia, y maña: estás de esta manera. No te espantes que al fin no somos rígidos diamantes. Considero los daños que se han hecho en templos, casas, hombres, y mujeres, que es de un cruel Herostrato este hecho, eso me aflige vida no te alteres, porque nuevos impulsos a mi pecho, dan diversión de varios pareceres; y si como tu piensas fueron viles, verás que de esta Troya soy Aquiles. Como si de mi nombre se estremecen los que mi Sol procuran volver sombra, y como a dueño invicto me obedecen: del Cristiano mi Ejército se asombra, como si estatuas a mi fama ofrecen, los que valientes el Tonante nombra, así se atreven a mis fuertes brazos, que harán un monte de metal pedazos. Empuña del acero así delante. el peto brille, y acerada malla, al Cielo nuestra Luna se levante, a dar a las Estrellas cruel batalla: tiemble Pilipo, el Español se espante, triunfante asista Aven humeya Audalla, sin que pase un Cristiano que no muera, desde Murcia a Gerez de la Frontera. Si prisión padeciste rigurosa, y estos Cristianos bárbaros mostraron, que por sentencia pública; y odiosa, a no ceñir espada te obligaron: cuya soberbia altiva, y orgullosa, los pequeños, y grandes celebraron, haz que se vuelvan todos Licaones, de Júpiter tomando las acciones. En antiguos caracteres he hallado lo que pronosticaron mis Profetas, que es el nacer un Joven celebrado, señalado por todos los Planetas, en tiempo que oprimido nuestro estás se hallase de naciones imperfectas, el cual con pecho al tivo, y generoso, saldrá de mil empresas victorioso. Dicen, que de su ley será primero aborrecido, siendo buen Cristiano; pero después el ínclito guerrero, se ha de volver otro Nerón tirano, tu eres o gran Fernando el que refiero, y siendo Abenhumeya vive ufano, volviéndote a tu ley, que es la primera; con que mi profecia es verdadera. Ánimo Abenhumeya valeroso, no desmayes señor en esta empresa, que aunque me admiras viejo, el belicoso bullicio de las armas me traviesa el corazón, volviéndome animoso, con los impulsos que el valor profesa; toquese al arma fuertes Africanos, padezcan estos bárbaros Cristianos. Pues yo siendo en amar hija legitima de Saturno, afligido, y pusilánimo, y de la espuma en la región maritima, me sobra como ves valor, y ánimo; y es necesario a ti darte una pitima, siendo en las guerras Cipión magnánimo, ten cuenta, y me verás confuerza Hérculea sujetar esta máquina Cerulea. Que en esta felicísima jor nada he de estar sin quitarme de tu lado, tiñendo de Cristianos esta espada, animando feroz cualquier soldado: acábese esta guerra comenzada; véate de laureles coronado, toquese al arma fuertes Africanos, padezcan estos bárbaros Cristianos. Solo quede, y Alecto en el infierno muestra incitando, y dice guerra, g más la crisma que tengo me destierra, el pensamiento malo a buen gobierno, toca en mi corazón mi Dios eterno, y la furia me dice, cierra, cierra, y el gran Dios no persigas a mi tierra, respondiendo que si éles del averno, en un confuso caos estoy metido; no sé cual ha de ser mayor contrario, que asista a perseguir mi campo, y gente, por una parte estoy arrepentido, para seguir de Cristo el gran Vicario: pero viva Mahoma eternamente; y así animosamente toquese al arma fuertes Africanos, perezcan estos bárbaros Cristianos. Ahora es tiempo, agora, o gran Mahoma que alientes nuestro esfuerzo, y gallardía, para que dilatemos hasta Roma nuestro famoso Imperio, y Monarquía: Ahora pues que la venganza toma de estos que les parece tiranía, conquistar lo que es nuestro venga el mundo, Hércules soy que alboroto el profundo. Retiraos a la falda de este monte, porque podáis tomar su excella cumbre, mientras que aqueste bárbaro Faetonte, despeñándole va su pesadumbre. Antes que Cintio deje su horizonte; y entregue al Reino antipodo su lumbre, volveréis a bajar hechos ceniza; pues a mi fuego la ocasión atiza. Rabiando estoy, en cólera me abraso, que mi ardid vigilante salga avieso, y al dar furioso hacia adelante un paso, o Atras se vuelve con notable exceso, plantad la artilleria en ese raso; que aunque la parca vil cierre el proceso, como la causa da al efecto aviso, seré Luzbel de aqueste Paraiso. Yo he de postrar tú máquina diabólica porque miran ardid ha de ser valido; y he de esperarte con porfía argólica, hasta ver tu escuadrón difunto, y pálido. La Fehe de defender, la Fe Católica, si pesa al tiempo frigido, y al cálido, porque eres Idra de color cemleo, y es este brazo, y corazón Herculeo. Sea tu brazo, y corazón Ángelico, y con la terquedad que piensas mándalo, que el rumor seguiré de Marte belico, siendo la escarcha a tu espadaña, y sándalo: no está de mi seguro el Reino celico, que con mi espada he de causarle escándalo Revienta, que yo sigo el Sol Cristifero Pues yo te sigo con dolor mortifero. Guzmán, quédate a la puerta, que quiero entrar a buscar si hay alguien con quien jugar; porque si a venir acierta Espuche, dile que estoy aquí dentro. Por San Juan, que queda bueno Guzman sin comer, ni beber hoy. Mas qué es esto cielo santo, este es sueño, o ilusión, saltos me da el corazón, quien me causa tal espanto, Cinco, seis, catorce, veinte, veo venir embozados, los Apostoles sagrados, san Gil, san Blas, san Clemente, meprén de queste afan: que naré, si daré voces, brazo, mi temor conoces. Este pienso que es Guzmán, retirareme a esta parte, y cuando salga su dueño, mi palabra, y fe le empeño, que no está seguro Marte. Si desconcerto mi mano por ser la suya pesada, verá que con esta espada, no importa el furor villeno. La mano le he de cortar, pues se opuso a mi valor, y la lengua, que el honor así pretendo cobrar. Mas qué digo, si es Lorente, y no Espuche, quien me injuria, castigue a los dos mi furia, pese al Tonante valiente, Fuéronse ya, si, bien puedo ponerme más arrogante, o como el miedo es gigante, y enano el que tiene miedo. Pienso que eran treinta y dos, si serían, mas o menos; pues vuelva, que como truenos volveran, vive. Por Dios, que es grande desgracia la mía; pues nunca puedo ganar, que siempre me han de llevar los dineros; que porfía, el juego, mal haya el juego, y quien le jugare más; hola Guzman, donde estás. Ardiéndome en vivo fuego. Por qué? Estando parado en esta puerta, vinieron ciertos bravos, que pudieron si quisieran darme enfado. Pero estos yéndome yo; y con mi bizarro talle desocuparon la calle, que aguardar ninguno osó. Pluguiera a Dios los hallara, para ejercitar los brazos; porque en andando a porrazos, la perdida se olvidara: que al hombre con pesadumbre es gusto verle reñir. Hay gusto como el asir con dos manos me día azúmb Aunque más estén los dos, he de embestir, que es lacayo el uno, cuando yo rayo del gran Júpiter. Por Dios, que imagino, que este enojo se me tiene de quitar, hace oscuro, y divisar no puedo, si es vano antojo. Métamos mano a la espada, y haremos camino llano. Morirás aquí villano. Remedio Virgen Sagrada. Perros, tantos para uno, acaso andáis por la capa, más triste del que no escapa el cuerpo en tiempo oportuno. Agora verás villano si aquí te vale la fuerza. Perro, no ves que me esfuerza y alienta el cielo mi mano. Pues a ti, y al mismo cielo haré con esta pedazos. Pues guárdate de mis brazos, que te volverán de hielo. Viose desgracia mayor, saltárseme de la mano la espada. Ha inhumano, ya te rinde mi valor. Que pocos golpes que tiras, y te imagino cansado: un hombre tan alentado se desmaya. Si retiras el cuerpo cuando me llego, como quieres que te alcance Virgen en aqueste trance socorredme. Fuego, fuego, eres demonio, Cristiano, euien te ha juntado conmigo; suéltame, y seré tu amigo. Agora verás villano, si aquí te vale la fuerza. Oh vil, o fiero, inhumano, ya yo veo que tu mano el cielo rige; y esfuerza: ya voy perdiendo el aliento, favor, y ayuda Mahoma. Como una tierna paloma queda el bárbaro sangriento. Esta es mi espada, y me voy, pues que ninguno me ha visto, o perro, por JesuCristo, que como una aleña estoy. Al Arobia oa Cómo aratrabsa por metal luciente van si tu peinas máquinas brillantes, como al Pirú por plata, si en canviantes su valor emulando está en tu frente. Cómo por finas piedras al Oriente, si hay en tu Sol zafiros fulgurantes, como al Zeilan porfulgidos diamantes, si hay tantos en tu nacar transparente. De diamantes, zafiros, plata, y oro, eres preciosa Fénix de segura, Indias do no hay riqueza que no sobre. Tus plantas beso, tu deidad adoro, portento celestial de hermosura, y pues soy tu Colón, no muera pobre. Que es aquesto pensamiento, cuando estáis más divertido, dáis con el alma, y sentido a un papel acogimiento. Fiero tirano es amor, pues me roba los sentidos, que para mi daño unidos, me fuerzan a su rigor. No es posible que esto sea, si accidente que me ha dado: pero ya el alma ha llegado al centro que más desea. mil veces le he de besar. 3 n Juan, plegue a Dios que acierte viene mi señor a verte, licencia pide, y lugar. A bizarra ocasión viene, o qué puntual que ha estado, avisele quiiba al prado mi padre. Allá se entretiene. Entre en buen hora. No creo, si en ella te vengo a ver, que mejor la puede haber para el gusto, y el deseo, divina prenda amorosa. Te admira mi libertad, efecto es de voluntad. No, si el ver que eres hermosa que compete tu grandeza, después mi bien que te vi, con mi amor, no estoy en mí, efecto es de tu belleza: Aquí me tienes rendido, dando el alma por despojos. Hay hechizo de mis ojos, y encanto de mi sentido. Don Juan de Espuche, mi vida, es posible que te vas. Doña María, no hay más, de que es cierta la partida. Pues esta banda recibe; que te sirva de memoria, y el cielo te de victoria en la ausencia que apercibe. acordaraste mi bien de mí, Eso dices, mucho me pesa que atices. mi fuego. El paso deten. Ce,ce, ha Diosa de amor no me oye. Por cierto bueno. Vive amor en pecho ajeno, no conoce mi valor, no aurá remedio. Imposible. Eres cruel. Soy un canto. Tanto me aborreces. Tanto. Brava mujer. Insufrible. Dices que somos mudables, no hay diablo que te entienda; dame si quiera una prenda, y nunca me veas ni hables. Qué prenda. Solo un cabello; que mi esperanza sustente. Del colodrillo, o la frente. De los que adornan tu cuello. Dolérame la cabeza. Pues fácil suelen caer, sútiles deben de ser: que brava delicadeza. Ahora bien, toma esa cinta en fe que serás mi amante. Paréceme que el diamante es más tierno que se pinta. Seré tuyo eternamente si vienes contribuyendo. A Dios mi bien. Voy muriendo. A Dios. A Dios luz. Detente. No sabes que ha sucedido; aquel Turco aquel furioso, ya masca barro. Dichoso en eso Lorente ha sido. Brava diligencia hicieron por saber quien lo había hecho: más todo fue sin provecho, y así con él se partieron, no ha un momento. Desgraciado. en Murcia el cuitado ha sido, En un ataud metido. Vamos, hola. Embalsamado.

JORNADA SEGUNDA

Hás escrito? Sí señor. Lee amigo Secretario, que Alejandro soy, y Dario será el Cristiano furor. Yo el gran Abenhumeya, Rey de España, nieto del Profe. ta Mahoma, a ti Avenabo, tío, y señor mío, salud; para que con ella puedas regir, y gobernar tú gente: lo que por esta te encar- go, y suplico es, que repartas cen- tinelas, y espías por los lugares que fuere, dándome aviso de lo que pasa. Dios te guarde. Humilde hechura tuya: Que te parece. Muy bien, tu mismo parte con ella, y tú mismo has de le ella, porque respuesta te den. Pues queda a Dios señormío. Y a ti te guie Mahoma, y me haga señor de Roma, cuya hazaña del confío. Yo no me estaba en Granada; quieto, y pacifico a todos; o y ellos con furia sobrada, adquirida en varios modos me privaron de la espada. De quien mi daño procura no vengarme, es gran locura, mi cólera, y saña crece, pues que la ocasión me ofrece tiempo, lugar; y ventura. El tiempo tengo oportuno, cualquiera lugar me sobra, la ventura a solo uno se le da y así la cobra Abenhumeya importuno. Y el haberia yo adquitido; dice, que la he merecido; y es gran necedad dejarla, que una dicha sin lograrla muchos hay que la han tenido. El Cetro, Lauro, y Corona, es el premio que pretendo, pues mi Ejército me abona; y va en público diciendo, más merece tu persona. Este bien he pretendido; y hasta aquí lo he conseguido, que de los que aquí vinieron, son muchos los que quisieron, y pocos los que han sabido. Yo solo seré bastante, único Fénix del mundo; contra el Cristiano arrogante, conquistando hasta el profundo, siendo de este peso adlante. Ya la fortuna, y ventura cada cual mi bien procura, muera el bárbaro Cristiano, pues que está solo en mi mano gozar de la coyuntura. Y al fin quedando vengado, tiñendo en sangre la espada, será gloria celebrada el morir. Aquí colgado dejé el cendal, que se ha hecho: si le haura quitado alguno de este ejército importuno. Quién es? Quién vive en tu pecho. Que haces aquí ocupado, mi bien. Mal agüero hasido; colgado dijo. Afligido mi amor, no tengas cuidado. A Dios Zara, que me voy a dar orden a mi gente. Aben humeya valiente, siempre estás adonde estoy. Vasilisco fiero, que con fiera vista, al más fiero, y fuerte a tus pies derribas. Eres Licaos, que matas fingida al que a tu belleza cual yo se convida. Ve Ícaro al Sol, vuela sube arriba, y vendrá abrasarte tu arrogancia misma. Daphne ingrata aguarda, que huyes apriesa, del que más te adora, del que más olvidas. De celos me matas de tu luz me privas, como a Clicie el Sol, que en ser Sol le imitas. Tu hermosura grande, que a tantos cautiva, el tiempo boraz deje consumida. Y tus hebras de oro, que el Sol las envidia, porque a su madeja el resplandor quitan. Vueltas en culebras, y sierpes de Libra, veas cual Medusa, por Minerva altiva. Porque te aborrezca el que es mi homicida, y a tus propios ojos te traiga el amiga. Nunca tengáis paz, siempre tengáis riñas, de mañana, y tarde, de noche, y de día. No aciertes en nada de cuanto te diga, para que se aumente contra ti la ira. Siempre la discordia que enciende, y atiza de la riña el fuego tengáis por vecina. Cual Hero, y Leandro, deis fina las vidas, pues que sois la causa que acabe la mía. Mas no has de gozarte ingrata enemiga, mientras que la espada trajere cenida. Que al que fuere Paris de Elena tan rica, volvere hecho Aquiles, su Troya en ceniza. No sabéis, que estoiforzada, y que aquesto me disculpa, pues porque me das la culpa, viviendo desesperada. Alabe tu hermosura delante un tirano Rey, falso sinfe, ni sin ley causa de esta desventura. Vine a decir, que me diera por mujer la hermosa Zara, pero nunca le hablara, ni a pedirte ante él viniera. Que te quise, no lo niego, pero si no nos gozamos, fue lo mal que imaginamos en dar la pólvora al fuego. Mas en habiendo ocasión, mi Benalguácil amigo, yo me casaré contigo. Yo foñaré una traición. Por vengarme de este perro, y ponerte en libertad, con que pague su maldad, y con que suelde mi yerro. Quédate mi Zara a Dios, que yo lo haré de tal suerte, que reciba el Rey la muerte, y nos gocemos los dos. Mahoma vaya contigo, ya que eso que has intentado no lo verás concertado, perro, traidor enemigo. Ojos que al cielo imitáis, en lo azul, claro, y hermoso; ved que el vulgo es malicioso, y os mira cuando miráis; y si inadvertidos vais, ved que sois rayos sin truenos, y que matáis cuando mehos. con das luces, que esparcéis, y porque decirno deis, estimaos ojos serenos. Mirad, que la estimación es siempre bien recibida, y quien se estima en su vida, no perderá la ocasión: granjead veneración, que si mucho os estimáis, y pordo quiera que vais, como a todos despreciéis, cierto es que más ganaréis, que si a cuantos veis os dais, Con un dueño que tenéis, que os adora el pensamiento; basta pues es instrumento, do recrearos podéis, mirad no os precipitéis, que si el mirar, no dejáis, y la vista derramáis, robando ajenos sentidos, seréis más aborrecidos cuantos más dueños tengáis. Vedojos lo que os digo, mirad que es por vuestro bien, no lo juzguéis a desdén, pues veis que os soy tan amigo, ved que cualquiera es testigo, siempre en los daños ajenos, y que no juzga por buenos tales efectos jamás, que pensando valer más, seréis tenidos en menos. Ahora es tiempo mi bien, que se cumpla mi deseo, pues se ausentan según creo, las causas de mi desdén. Que no me dejéis vivir, el uno, y otro inocente, daré voces a mi gente. y os haré a todos morir. Adivina prenda mía, fuese; pero vive Dios, que habemos de hacer los dos mal fin si en esto por fía. Mueran, no queden ninguno de estos infames Cristianos. Morirán a nuestras manos; pues es el tiempo oportuno, Ya no resiste el acero en tan áspera contienda. Aunque el perro se defienda ha de morir. Solo espero en vos Princesa Divina, que amparéis la pobre gente. Mueran, no pase la puente, que hay socorro en la marina. Rumor de arcabuces siento, si se da alguna batalla. Que esta pertinaz canalla lleve adelante su intento. Ya es llegado el tiempo, el plazo de que hagáis lo que debéis brazo. Y vos también veréis lo que os compete mi brazo, Virgen amparadme aquí, que rumor siento de espadas, arcabuces, y pedradas. Tened cuenta por hay, escuchad hacia esta parte. y sentiréis el rumor, que anda trabado el furor de la gran Belona, y Marte. Ya mucho más se avecina, no hay que delitar si vamos, y como nobles muramos. En una honrada cocina, muriera de mejor gana, que no andar entre estos perros, por estos montes, y cerros. Ea Guzman. Tramontana corre, mi fatal destino; mi muerte ha pronosticado, como primero un bocado señor. Brabo desatino. s. Ríndete perro Cristiano. Morir pretendo primero, como noble caballero. Ese es lauro de mi mano. Mueran los perros. Llegó el socorro conveniente. Ea canalla inclemente, esperad. No puedo yo, que pienso que sois demonios. Retiraos todos al monte. Tente atrevido Faetonte, nos darás dos testimonios, de quien somos. No esperáis, atajémosl es el paso, no suceda algunfracaso. No huyáis perros, que vais con tan bárbara violencia, presto nos dejáis atras, seguirlos es por de más, busquemos a su Excelencia. Ya está cierta la victoria, mil gracias Virgenos doy, por este favor de hoy, que tendrá etema memoria. Culparás tu mala suerte, valiente Hacen, que yo no era bastante. Perdió mi esperanza! oh trance fuerte. En este punto su bien, y si consuelo recibo, es por ser de ti cautivo. Pues ya estás libre Hacen. Dándome por tu rescate cuenta de tu grave pena, y luego ve enorabuena do tu pasión no te mate. Oh valientes Caballeros, seáis todos bien venidos, que en los despojos rendidos, no es bien manchar los aceros. Vos como quien sois lo hacéis. Señor en vuestra presencia, rescátele Vueselencia. Suplicoos que me escuchéis. De un Turco diestro, y valiente (o invicto Marqués) soy hijo, Hacen como yo en el nombre, dentro en Calata nacido. Fuy desde mis tiernos años, fuerza de Astros, y de Signos, tan aficionado a Marte, como otros son a Cupido. Apenas tuve veinte anos, en mi belico ejercicio, cuando a cinco Belérbeyes di la muerte en desafío. Después pasamos a España, nombrándome por caudillo de mil Turcos, que a esta empresa siguen el rumbo que sigo. Vénimos al Alpujarra, cuyo cerconos ha sido, mortandad, y pestilencia, y a mi fiero basilisco. Al fin vuestra resistencia, no vuestro valor vencimos, que el publicar rendimientos, muertes, venganzas, castigos. Saqueando el Alpujarra se pasaron a cuchillo mil niños, que palpitando decían María, y Cristo. Yo pasando una mañana, ni abariento, ni lascibo, hallé una Mora que daba quejas al viento, y suspiros. Llevábanla unos Cristianos, y yo a compasión movido, del aljófar que vertía de sus soles ofendidos. Metiendo mano al alfanje, la preserve del peligro, y dándola libertad, perdila de mi albedrío. A mi ejército conduje su beldad, discreto hechizo de cuantos la vieron ojos, ya cobardes, ya atrevidos. Gozando pues sus regalos un falso, y fingido amigo, Benalguácil, Moro infame vive con ella esos riscos. Fue a pedírsela en consorcio al inútil Reyecillo, si fue de grado, o por fuerza, hoy para mí está indeciso. Al fin cuando vio el portento, a sus pies quedó rendido; agradecida Cleopatra, loco el vencedor Latino. Yo, y Venalguácil burlados, y yo más del ofendido, y el ofendido del Rey, es todo un confuso abismo. Esta es señores la historia de este mísero cautivo, perdonad, si os he enfadado, o castigad mi delito. Ven Hacen, dame un abrazo; y el cielo vaya contigo. A Dios verdadero amigo, y el quiera que llegue el plazo, que merced tan señalada pueda pagar. Ve en buen hora. A Dios señores. Ahora enobleces más tu espada, dentro de mitienda entremos, donde os podéis desarmar, y algún refresco tomar: Gracias a Dios que podemos. Dónde has estado Guzman. Bueno por Dios, peleando; matando, y desbaratando, o que cuento tan galán. Quién es aqueste soldado, que me parece de humor. Puede pelear señor con un moro si está atado. Entremos a descansar, que con su entretenimiento. Tendremos alojamiento, aura bien que raspallar. Aunque será limitado, según la prisanos dan estos bárbaros. Guzmán, tú tienes muy buen recado. Llegué a ver esqueletos entre arpias; y ansifrondosos árboles sitroneos, flores de Adelfas en pizarras frías, rústico albergue de pastores broncos, no aquilas de canoras armonías; aves se ven, si las que en gritos roncos asombran estos bosques agoreras, Thesifones, Alectos, y Mejeras. Por aquí ha de pasar el Secretario, por del tumulto se librar de gente, donde seré Alexandro, si el es Dario, saliendo con engaño fácilmente, que el nunca me ha tenido por contrario, antes se comúnica por pariente, el llegará a abrazarme, y yo a abrazarlo, y estando descuidado he de matarle. Quitárele su carta estando muerto, y en el mismo lugar pondré la mía, por aquí lo he trazado, y es más cierto el salir bien. Por dónde le podría un engaño ordenar, que salga cierto, lo que propuesto tengo, impulso guía, este mi brazo Galalón de Francia, si castigar su bárbara arrogancia. Muera el aleve Rey, que así ha querido con Zara levantarse! hay prenda hermosa. Si viene aqueste perro prevenido, pero al fin morirá muerte alevosa. La memoria más bien he recorrido, y tengo ya una traza milagrosa, que será un testimonio levantarle. Él se ha de asegurar, y yo he de darle. Adónde camináis señor pariente. Venalguácil, o noble, y caro amigo. El que más os estima, está presente. y el Profeta Mahoma es buen testigo, si me alegro de veros. Lo que siente mi corazón de veros, no lo digo, más en esta ocasión vine a hallarle, mil sospechas me dan. Yo he de matarle. Decidme que tenéis, que os da congoja. Triste me siento, no se que me ha dado, socorredme, que el cuerpo se despoja del aliento vital bien lo he trazado. Tomad los brazos, ha traidor, afloja, que mal mi pensamiento se ha logrado. Más portentosa es esta, a mi enemigo, que aquella que en Toledo abrioRodrigo Que eso es verdad. El mesmo me lo dijo, y me rogó también, que te avisara, y no quisiera en esto ser prolijo, que el negocio sabias. Virtud rara, entre un impulso, y otro el regocijo, no me coge en el pecho, para, para, que este es el Secretario. No si el cielo, que castiga las culpas de este suelo. Una carta en el pecho trae metida, y es acción que la leas conveniente: advierte, que tu gente va perdida, si el socorro no llega suficiente. A mí viene esta carta dirigida, quien haurá sido el bárbaro inclemente, que le mató, Hacen amigo espera, leela que no puedo, aunque quisiera. Sabréis valeroso Avenhumeya, tío, y señor mío, que me importa mu- cho, que deis muerte a todos los Turcos, que tenéis bajovuestra ma- no con esta traza, que es avisara los huéspedes donde se alojan, y amedia noche socorreré con mi gente lo más secreto que se pudiere. Vuestro sobrino. Esto te escribe el Rey, el perro muera, él, y quien tal intenta, morir tiene. Refrena amigo aquesa furia fiera, que yo le haré que muera cual conviene: viose mayor maldad, quien tal creyera, ella misma su muerte le previene, pues hace aquien le sirve esas mercedes. O falso Licaón, fiero Diomedes. Sospechas, inquietud, desasosiego, el ánimo, el temor, y estar dudando, de improviso enfriarse, y abrasando, acometer, huir con tiña, y juego. A tormenta cruel, bonanza luego, ya dando mil suspiros, y escuchando, ya cerrados los ojos, ya mirando, con vista clara, con impulso ciego. Memoria, olvido, sentimiento, bascas, confusiones, disgustos, y furores, ansia, llanto, fatiga, e inclemencia. Tinieblas tristes, coleras, borrascas, despechos, furias, iras, y dolores, padece aquel, a quien lástima ausencia. Una sombra me ha traído a este bosque donde estoy, ni sé si vengo, ni voy, que me trae desvanecido. Ya Jacinta emos llegado donde imagino que están estos que la guerra dan al Ejército malvado. Con este traje encubiertas vénimos de nuestra tierra. Oyes señora, en la guerra que habemos de hacer. No aciertas a sacar breve la espada, y dar tajos, y reveses. Y qué haremos de pabeses en la guerra comenzada. Jacinta, que es lo que veo, es aquesto sueño, o sombra, esta figura me asombra. Y la otra es mi deseo. O que gallardo mancebo. Uno o dos, y están turbados, digan que buscan soldados. Cierto cuidado que llevo. Jesus Guzmán, es sin duda lacayo, si dice el nombre, le daré señas de un hombre. Todo el color se le muda, don Guzman Portocarreto es mi nombre, cielo santo, dulce fregatriz, que encanto es este. Que por ti muero, y tu amor a esto me fuerza. Don Juan tu doña Blaría Vida del alma mía, que mis alientos esfuerza, de contento estoy turbado, contadme dulce señora, que es la causa que a tal hora de esta suerte os haya hallado. Quién sino tú mi don Juan me trae por Reinos extraños, con temores, y peligros, con sospechas, y cuidados: murió mi padre, y al fin huerfana busco mi amparo. Pues Dios le tenga en su gloria y a ti te guarde mil años: yo soy tu padre, y tu esposo, yo soy tu guarda, y tu hermano, yo soy el que más te adora, y al fin soy tu humilde esclavo. No haya mudanzas del tiempo que es padre del desengaño, que aura soles más hermosos, que te alumbren con sus rayos. Rayos Júpiter despida, y si no flechare rayos, un Morisco el más humilde me atraviese con un Dardo. Cuando mi derrota siga de un monte el más levantado, si te olvidare señora, caiga hecho mil pedazos. Plegue a Dios. Mi bien detente, que ha sido notable agravio el que a tu firmeza he hecho, guárdere el cielo mil años. Señor don Guaman, que dice no moda el pesame. Esllanto. que hacer no pueden mis ojos, me trae confuso, y turbado. Ciontngra de prenda mía, pae, tu cielntio, tu hermano soy, y tu guarda. Que es de lacinta picaño, el piensa que no lo entiendo. De un monte el más levantado si te olvidare lacinta, caigas hecha mil pedazos: no la ves en el sombrero, ha sido notable agravio el que a mi firmeza has hecho. Guárdeme el Cielo mil años. Ya mí me guarde también, que aunque soy pobre lacayó, seré Capitán mañana. Caritán. Estás borracho. Ojala verdad dijeras, tanto habemos merendado, que ha vive Cristo tres días. Vamos a la tienda. Vamos. Dirás al Marqués, y a todos, mi bien, como eres mi hermano En buen hora, Y tu Jacinta. Que vengo a servirte. Andallo. Ha Cristianos valadies, ha cuita dillos Cristianos, escuchad a Cárbagí, si os atrevéis a escucharlo. Ah de arriba donde estáis, oíd, con vosotros hablo; más pienso que os remontáis como grajas en lo alto. Baje Alonso laimes, baje don Juan de Espuche Murcianos, aquien vuestro Rey Felipe el don puso de su mano. Baje el asombro de Flandes, Lorenton el temerario, o el gran Marqués de los Velez, General, y Adelantado. Rocamoras, Fusteres, y Marines Rodas, Auellanedas, y Lisones, Albornoces, Celdranes; Pujmarines, Sandovales, Riquelmes, lunterones, Arocas, y Guzmanes, y Saurines, Galteros, y Tomases, y Ticones. Avalos, Balibreras, y Paganes, Aledos, Tenzas, Fonres, y Alemanes. Solo estoy, bajad seguros, en esta selva os aguardo, sino queréis cuerpo a cuerpo, venga en orden todo el campo. Hermano soy de Jarife, aquel triste malogrado, que Alonso Jaymes dio muerte, cuerpo a cuerpo peleando. Y si entonces fue cortes, que se apeo del caballo, por matarle sin ventaja, baje, pues me ve en lo bajo. Oyes Turco, escucha, atiende, no des voces, que ya bajo, Espuche soy, no des voces, porque gane solo el lauro. Calla, calla, que ya voy, por aquí más tierra atajo; La Virgen vaya conmigo, y el gran Patrón Santiago. Por Alá, brava arrogancia, más el corderillo ha dado en las garras del León. Tu pagarás el cansancio. Ha Lorente amigo mío, ahora es tiempo que vamos a socorrer a don Juan, no estén otros emboscados. O perros, pues voto a Cristo que he de hacer tan grande estrago que tembléis de oír mi nombre, sígueme Guzman. Veamos lo que quieren estos perros, uno es solo, y voy temblando. Hay corazón como el mío. Ríndete perro Cristiano. Perro, que me rinda dices, y te me vas retirando, pues no se yo si Mahoma te librará de mi brazo. (tos Tente por Dios que me has muer- a dvierte, que a tu Dios llamo, Espuche dame el Bautisimo, presto que muero en tus manos. Di de todo corazón Jesús, ya está palpitando, aquí ganas más que pierdes. Jesús, vos seáis mi amparo. Él te ayude, y de Bautismo con tu sangre, que no hallo agua, en el nombre del Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Juan hijo, Dios sea contigo, en este trance, ten ánimo. Jesús, María, Joseph. Que portento tan extraño, llorando estoy de contento, de ver que habéis imitado, uno al valiente Agricón, otro al valeroso Horlando. O tu bárbaro dichoso, el más discreto, y bizarro, pues por vida tan perversa, te llevas la gloria en cambió. Sepoltura le daremos, declarándose en un mármol aqueste feliz suceso, con un discreto epitafío. Oh Moro, hijo de puta, de algún carnero manso, que han de querer que te lleve, y has de irpor Cristo arrastrando que así llevan en mi tierra los perros. Estás borracho. Pluguiera a Dios lo estuviera. Guzman, que ay de nuevo. Un caso he visto el más prodigioso que ha sucedido. Di algo. Entre estos excelfos montes embosqueme largo rato, donde ha sido, sueño, o sombra, esto que contar te traigo. En la casa del pesar, en un monte de alabastro, un trono quise decir. sobre colunas de mármol. Vi castigar mucha gente, todo género de estados, cuyos nombres no los digo, si bien los vi en epitafíos. Iban dando todos vuelta; sufriendo el castigo bravo que el delito requería, y calidad del pecado. El primero de este incendio era un venerable anciano, que con una niña hermosa, se casé, prodigio extraño! Desde Virgo, el viejo triste, para entrar en el Acuario del carnero, ibaa los peces, y del Capricornio al Cancro, otro casado también, que bastaba el ser casado para no darle castigo, pues el triste tomó tanto. Condenado a las galeras por mil y quinientos años, por no sufrir tan gran carga lo juzgaba por descanso. Una madre que a su hija el virgíneo vendio vaso, con su mitra, miel, y plumas, la llevaban paseando. Un amante de una Monja vi pasear en un aso, porque un Ponta le daba por sus versos los regalos. Estudiante parecía el esqueleto alcorzado, que hay hombres que son mujeres en sus acciones, y trato. Seguíale una doncella, que si sería, y me espanto si lo era, por no usarse, que el uso no está excusado. Ardiendo en llamas boraces, por ponerse un don prestado, de tantos que por la calle barren, por valer varatos. Una carísima hermana, en Cristo el traje Beato, con su devoto Fray, no sé si lo diga; pero callo. Calla mentecato loco. Dejadle que diga un rato, que es por mi vida de humor. Y de humor calificado. Cuerpo de Cristo que vi de Alguaciles y Escribanos, elefantes de dos trompas, del triste género humano. Do están las cuatro inominias que señaló por su mano la madre naturaleza, rojos, tuertos, zurdos, calbos. Los tuertos son maldicientes, y los vermejos son falsos, los que son zurdos traidores, y de dos caras los calbos. Metido en pez y resina, vi un verdugo de Cristianos, un Dotor quise decir, mas diferencia no hallo. A los dos lados tenía Boticario, y Cirujano, trocando el uno los botes, y el otro martirizando. Vi una tropa de Poetas, maldicientes Aristarcos, que sin mirarse a sí mismos, decían, Neminí parco. Bachanales busonistas, de copla, rumbo, y tabaco, contrarios del mismo Apolo, y de la virtud contrarios. Aquí escribian Hebreo, y por otra parte Arabigo, con crédito sin creer, sin esperanza esperando. Hay de aquel triste Poeta que ellos cogen entre manos, Dios le libre de sus lenguas, aunque escriba de los Santos. En qué piensan que los culpo, y tengo pormentecatos, en no mirarse a los pies, y humillar los ojos de Argos. Lengua ten, que vive Cristo que te vas precipitando; y aunque más digas verdades, chito Limón, guarda Pablo. En pago de lo que has dicho, tienes de llevar en brazos, este cuerpo. tiriao De un gran perro. No si no muy buen Cristiano Llevarémosle entre todos. No señor, yo solo basto, para echarlo vive Dios, en encontrando un barranco. Mil gracias Virgenos doy, y a vuestro hijo sagrado. Vaya a la tienda entre todos a dar orden de enterrarlo.

JORNADA TERCERA

Diverso traig de imaginaciones varias, sentarme quiero entre tanto, que este sueño me contrasta. Dormiré si quiera un poco, entre tanto que se pasa aquesta melancolía, taleal, falsa fiera, e inconstante, yo solo soy firme amante, y lo he sido por mi mal; yo leal, tu desleal, mudando de parecer, y así se deja entender, sin que ninguno se asombre, como el más mal hombre es hombre la mejor mujer, mujer. Si hasta ahora loco he sido en servirte, y adorarte, quédese todo a una parte, no más ir desvanecido, no más perder el sentido por una mujer liviana, con que mi accidente sana; soy así mudando de acuerdo, será el más loco más cuerdo, y la más cuerda de lana. Hyena fuiste fingida, que a mi daño me llamaste, pordo vengo a dar al traste con agonía crecida, que me costará la vida, impulso que da tormento, que en este mar, o portento es la bonanza fortuna, la menos mudable Luna, la más derecha un sarmiento. Quien de ninguna se fía en desierta arena siembra, que es lo mismo decir hembra, que si se dijese Harpia; pues si la amas a porfía, ella aporfía te engaña, siendo su verdad patrana, le tapa al hombre la boca, con ser el más flaco roca, y la más firme una caña. Qué diamante, o fuerte torre sufre golpes de esta suerte, corre mi vida a la muerte, quien me la socorre. Corre. Mi pecho abrasa una dama que mi desdicha ha buscado, que haré si a Dios he negado con ardiente llama. Llama. Llamarele desde aquí, o alguna parte me iré: di, premio recibiré siendo apremiado así. Si. Si de Dios hice desdén, ya lo sabes, claro está: como me responderá negándole también. Bien. Yo pienso arrojar el resto, plegue a su bondad que acierte: y cuando vendrá la muerte, pues que ya me apresto. Presto. Todo el consuelo que tengo fenecerá si se tarda, su tardanza me acobarda, como me prevengo. Vengo Detente sombra, detente, es temeraria. Jesús que profundo sueño, o que confusión extraña, soné pero no he soñado, despierto estaba sin falta: ya me pesa de ofenderos, mi Dios. Quién te alborataba, que voces eran aquestas. No sé mi bien; pero aguarda, que es un portento cruel, que el corazón me traspasa. No puedo creer señora si que la muerte me trazan. Calla mi Rey por tu vida, en esta ocasión desmayas. Vuelve en tu acuerdo, y sabras lo que yo soñé. Sonabas, cierta está mi perdición. Escucha nuestra desgracia; pues los hados contra ti muy soberbios se levantan, el Sol, la Luna, y Estrellas, todos juntos te amenazan. En la mitad del silencio, salí la noche pasada, do vi, si me das licencia para que lo diga. Acaba, que por mucho que tu digas, no me podrás decir nada, mas di que atento te escucha el hijo de la desgracia. Desnudeme los vestidos, cuando todo estaba en calma escondido en una selva, sobre un círculo mis plantas, y el pie siniestro descalzo, A Oriente vuelvo la cara; y a la Tartarea gente, le digo aquestas palabras. Avitadores del Reino, del espanto, gente brava, hijas de la oscura noche, de bívoras coronadas. Tubaldón de los Caldeos, que esta ciencia nos declaras, Medea, y tu Maga Circe, y tu vieja de Tesalla. Declaradme luego al punto de esta empresa el fin que aguarda, una, y tres veces os mando satisfagáis mi demanda: Si no haré que el Can Trifauce, que vierte aconito, y rabia, s salga humillado ante mí, aunque furibundo ladrá. En esto, un bulio, y un cuervo, vi que seguían una Águila; mas como el ave es Real, le sujetó con sus garras. No el espantoso presagió, me hizo perder la esperanza, que al cielo volví los ojos, y el pecho a la Tramontana. Vi sobre el hombro derecho, con uñas corbas, y largas, ensangrentado el león, espuesto a fuer de batalla. A su mismo lado Marte, y la Idra temeraria, que fue guarda del infierno las cervices erizadas. El Horizonte Austrial, Polo que la óblica tapa, en la decima con Aries, responde puesto en la casa. De Marte, porque es su asiento, cuando el Acuario se pasa al Ocidente, y Pegaso, su veloz carrera acaba. Junto a Calisto aparece, Libra de Venus morada, y de Andromade la cinta, encendida como un asqua. Encima un Catón soberbio, que a nuestra ley amenaza, bien armado el Orión, de repentinas borrascas. La que favorece a Turcos, Mercurio nos la maltrata, Júpiter que es lo peor, se muestra en la Casa otaba de la muerte. Calla. Callo, no hablaré más palabra. Tú me levantaste al cielo, y hasta el infierno me bajas; vete donde no te vea enbustero, vete, acaba. Yo me iré, mas ay de ti. Entra señor, y descansa. Dios le de amigo la gloria, y a vos mil años de vida. Hay Jacinta de mi vida, que cara fue la victoria. El cielo de a Vueselencia. próspero suceso en todo. Por eso estáis de ese modo;, ea don Juan tened paciencia, que podrá ser que esté vivo vuestro hermano. A Dios pluguiera. amigo, o yo el muerto fuera. Podrá ser que esté cautivo. Qué haré sin mi Jacinta, hay prenda del alma mía, muerta tú, y doña tendré en el alma tu cinta. Mucho ha costado Galera, gran ruina, y perdición ha causado. Atención. Escuchad de que manera. Después que el señor don Juan honró todo el Reino lbero con su dichosa venida ha avido casos diversos. El Duque de Sesa, y el de Arcos, fueron la tierra corriendo, el Comendador mayor, y otros muchos caballeros. Un día el cerco formamos, triste, aciago, y funesto, para valientes soldados, que en su asalto perecieron. Estuvo el campo a mi orden, fui el lugar reconociendo, y obediente a mi mandado. se hizo lo que refiero. Cien mosqueteros desparan, mientras que compaso el puesto; con lo cual se me asegura. el peligro manifiesto. Hacemos una gran mina; y en no quedar nadie dentro, puesto el ejército a punto, se da a la pólbora fuego. Rompe del muro un pedazo, y los Moros acudiendo, con tierra, piedras, y leña, hacen fuerte terrapleno. A la muralla acometen, inadvertidos los nuestros, donde infinitos padecen, en este nrimer encuentro. No pudimos remediar de la gente el mal gobierno, que a los mismos oficiales, no se sujetan soberbios. Pélcase todo el día, de esta suerte; y cuando Delio se esconde, a recoger tocan, y entran todos en consejo. De aquí sale decretado, que luego en amaneciendo, las dos minas que se ordenan, seles dé al instante fuego. Hácese conforme digo, y vos de amigos ejemplo; pues sabéis lo que ha pasado, contad lo que yo no puedo. Diose fuego a la menor, digo bien. Proseguid presto, que esta hazaña tan heroica me anima. Al fin padecieron muchos; porque la murarla. dejó un gran portillo abierto, oponiéndose a la parte, que vieron el campo nuestro. Todos nos arrodillamos, y los Moros entendiendo, que acometer los queriamos, nos aguardaron atentos. Hasta que la mayor mina disparó con tal estruendo, que los Dédalos sin alas, se remontaban al cielo. Dejamos pasar el polvo, y luego que conocemos. los muros desocupados, acometimos a ellos Dimos el reñido asalto, en el cual sobrevinieron tantos Moros que alentaban el inseparable incendio. Murieron de cada parte tantos, que es corto mi ingenio para explicarlo, no holgaban Duqués, Condes, Caballeros. El señor Juan, que estaba en su tienda con rez se puso al punto a caballo, dando al mismo Marte miedo. Suayoanciano le sigue, diciendo señor, que es esto; mira que si faltas, falta todo el amparo, y gobierno. No escuchó razón ninguna, nuestro Macedon mancebo, que por el tropel andaba, cortando brazos, y cuerpos. Cuando una fiera pelota, impelida por el viento, por acreditar su furia, rompió el debido respeto. A las ancas del caballo, dejo del Príncipe el yelmo, más arrogancias de plomo, humilló el acero terso No hizo del golpe caso, si con ánimo, y denuedo, hizo cosas increibles, vengado, y no satisfecho. No se le atrevió la muerte, mas al venerable viejo, envistió su ayo querido dejándole abierto el pecho. Suspendió el furioso golpe del ejercicio sangriento; porque recibio el dolor, que le dio la muerte al muerto. Pero que costó de vidas, que causó el muerto de muertos; que de heridas una herida, y el suyo que sentimientos. Cara costo la victoria, caro ha costado este cerco; pero al fin se concluyo, con castigo, y escarmiento. Aquí fue, donde el hermano. de mi amigo verdadero, se nos perdió, y no se sabe, si es que está cautivo, o muerto. El Príncipe está ya en Baza conaparato funesto, adonde de Luis Quijada, celebra obsequias, y entierro. Cosas Lorente contáis, que estoy de oírlas suspenso. Vamos pues a recibir al Príncipe señor nuestro. Pongan se luto por osterias, y bodegas, que yo falto a mi lacinta, como aquí me faltan ellos. Todo es bajar, y subir por altos montes, y cerros, dar batallas, retirarnos, comer poco, y dormir menos. ce Con Cristiana está el Rey en su aposento, el respeto me guarda de esta suerte, hacerle una cruel traición intento, porque he de ser la causa de su muerte: dada mi pretensión amor aliento, porque ofendida, y con pasión acierte: diamante fue mi fe, mas como es piedra, el vendrá a ser Hipólito, y yo Fedra. Dame un abrazo vida de mi vida, que novedad es esta, manto ahora; dime, hay alguno que el entrarte impida, hay luz tras mis tinieblas, clara Aurora, descubrete que vienes afligida? más que es esto, Jesús. Llegó la hora, morir tienes, el vicio se remonte, el gusto olvida, y a morir disponte. Visión horrible, y fiera, dime en que te he ofendido, o que te he hecho porque de esta manera, me vienes a inquietar, hasta en mi lecho; quien eres, dime sombra, vete por Dios, que el verte más me asombra. Yo soy el Secretario, que en vida te firvio alevosamente, fui tu mayor contrario, y sin temera Dios Omnipotente, si yo por él, o ingrato! oí, palpe, guste vi, tuve olfato. Fue mi arrogancia vana, a compañada de soberbia altiva, carga entonces liviana, como de buenas obras fugitiva, de hacer daños sediento, viví con carne, sangre, y sentimiento. Tuve a mi mesa el vicio, como tu ahora bárbaro inocente, tuve infame ejercicio, comí, bebí, hólgueme ampliamente, y pomposo aparato tuve, aunque estoy ahora en tal retrato. Por tu causa la muerte o orro me dieron, y al infierno condenado estoy, cuitado advierte, cuerpo sin alma, mísero arrastrado, por faltarme no miento, la memoria, voluntad, y entendimiento. Al infierno me trajo querer seguir tu infame desatino, echar por el atajo, dejando el verdadero, y buen camino, dandomele barato, juntas aquestas cosas que retrato, De Faraón la muerte, porque fue contra Dios, ten en memoria de Holofernes, advierte que en todo se parece a ti su historia, la de Goliar sangriento, lio sin otras infinitas que no cuento. Las fuerzas monstruosas de Hector, de Sansón, y el bravo Alcides, hazañas milagrosas, de fieros trances, y sangrientas lides, de quien la fama dura, todos los consumio la sepoltura. Después de vida larga, que me dio para ofensa suya el cielo, dulce si ahora amarga, por no tener de su poder recelo: llego la parca dura, dejándome cual ves, en tal figura. A Dios tengo ofendido, y ha de mostrar conmigo su potencia, ya estoy arrepentido, clemencia gran Señor, Señor clemencia, ved que tengo a mi cargo, larga cuenta que dar, del tiempo largo. Cerca la muerte veo, que con fieros portentos me amenaza, pagaré como reo, pues de vivir no supe darme traza, y espero temeroso, término breve, transito forzoso. Yo prodigo en el vicio, este tiempo, de Dios vivi apartado, sin hacerle servicio, que me sacase ahora de pecado; y así espero en mi cargo, terrible Tribunal, juicio amargo. Que negue a Dios confieso, movido de un diabólico accidente, pero de tal exceso, quiero buscar remedio conveniente, en punto peligroso, aún a los mismos Santos espantoso. Tarde a tus puertas llego, no me desheches mi Jesus piadoso, porque me abraso en fuego, con mil impulsos de tu ser precioso, y más viendo en mi embargo, muchas las culpas, débil el descargo. Virgen la más preciosa, que mira el Sol, la Luna, y las Estrellas, la mano poderosa suspenda vuestro hijo a mis quererlas, que espero, y es forzoso, recto el juez, y entonces poderoso. Afligese mi alma de verse encenagada en su pecado, cuando su gusto calma, perdón a voces pide que ha llegado al relox del gobierno, punto Llama a para que que es e en que va a gozar de Dios eterno. lamor divino, que en este transito le ampare, e mejor camino, con que la furia de Luzbel repare, que aurá descanso eterno, o penar para siempre en el infierno. Ya os he dicho mi intento, y de la suerte con que podréis prender al Reyezvelo, entrareme delante, porque acierte a tenerle cual pez en el anzuelo: abrazarele con alagos fuerte; y él que de mi jamás tuvo recelo, pensará que lo hago de amor puro; y así podréis cogerle más seguro. Yo solo merecí para gozarte, que al fin se acerca el tiempo deseado. Hoy imagino Zara idolatrarte, si fuere tu dichoso desposado. Zara, el alma, y la vida he de entregarte. Zara, el alma, y la vida te he entregado. De hoy más serás mi dulce enamorada. Y en mi alma de hoy más eternizada. Arrojad esas puertas por el suelo, entrar, y prendedle todos al momento. Por aquí he de ser Rey, si pesa al Cielo, hecho Tifeo bárbaro sangriento, que con su muerte morira el recelo, pues que Venalguácil me da su aliento: y así en tales efectos engañosos, seremos a un traidor, dos alevosos. iencia aquí Virgen sag ada, tiranos en la ley de Cristo muero. Mi sentencia dejad ejecutada, acabe ya ese bruto carnicero. Di Avenabo, que furia endemoniada contra mí te provoca, triste agüero ha de ser para ti, mi acerba muerte, pues moriréis entrambos de una suerte. , s Que ley consiente, que confuria fiera a vuestro Rey, al que es señor amigo, alebosos tratéis de esta manera, que más pudiera hacerse a un enemigo. Que esperamos con este, muera, muera. no más engaños, de que soy testigo. Jesús mil veces. Fenecio su engaño, concluyose de un golpe tanto daño. Cúmpleme la palabra Zara hermosa. Mi mujer ha de ser, nadie lo impida, que aurá por ello guerra peligrosa. Deten la lengua bárbara atrevida, boca maldita, infame venenosa. En tal de manda perderás la vida. Enbainad Caballeros las espadas, que a mí son estas cosas reservadas. Concluyamos la guerra que tenemos; que a cuya fuere, yo se la prometo. Pero Venalguácil, pero callemos, y vos Hacenfacadme de este aprieto, que vuestra soy. Señores trazaremos el medio que convenga. Yo os respecto, como a Rey y señor, y haré de suerte. Nuestro Rey has de ser hasta la muerte. A vista estamos ya del enemigo, y se viene acercando a nuestro campo. Marqués amigo, el orden esperamos, que yo no pienso darle donde asiste, de quien tiemblan en África los Moros. Pienso señor, que ya don Juan de Espuche ha hecho de su parte lo que suele. Preciese Murcia de tener tal hijo. Con que podré pagar merced tan grande, el Cielo me de gracia, invicto Príncipe, con que acierte a serviros, que es mi gloria. Vuestra Alteza señor puede a su tienda retirarse, entre tanto que a estos perros, que acercándose vienen, damos muerte, y conseguimos de una la victoria. ̱. Señor san Flandes amparadme ahora, sacadme ya de montes, y de Moros. Llevadme a la simpar carretería a beber, y rezar a san Francisco. Santiago Españoles. Santiago. Pues de lance nos vienen, mueran, mueran. Moros infames, quien os poné miedo, siendo mi fuerte brazo vuestro amparo, animaos, y embestid por esa parte, en tanto que por esta les asalto. Amparad Virgen pia nuestra gente, dadnos favor en se mejante aprieto. En este solo estriva la victoria, sin rendirle, o matarle no nos vamos. Ea soldados, no temáis, que el Cielo está de nuestra parte. Voto a Cristo, que aunque me hagan treinta mil pedazos. O perros atrevidos, por Mahoma. Bravo valor, que un Moro me defienda. conocereisle acaso. El paso vuelvo, no de miedo afe mía, si por darle respuesta gran señor! bien le conozco, Hacen se llama, porque fue cautivo de Espuche, a quien le rescató de balde. Poderoso señor, que ha sucedido. Por Espuche me han dado aquí la vida. Vamos señor, que importa que descanse vuestra Alteza. Guzman, Hacen ha sido. Si señor, y yo hice lo que pude. Espera Hacen cuitado, a donde quieres pasar, aquí habemos de acabar el cómbate comenzado. Perro mi valor infamas, no eres tu Venalguácil, infame, cruel, y vil, como cuitado me llamas, Muerto soy, detente Hacen amigo, y advierte lo que te digo, porque en el infierno estoy. Di, que yo te escucharé. Pues advierte, y está cierto, que es maldad lo del Rey muerto, cuya traición pagaré. La carta que fue tan cara, yo la escribí. Traidor tente, que crueldad! Este accidente nacio por gozar a Zara. Que haremos Hacen amigo, que desdicha es la que veo. Llega, abrázale, que creo que eres de su mal testigo. Dame los últimos brazos Venalguácil de mi vida. Sí, pero con esta herida haréis los eternos lazos. Que muero, cierto es mi mal Estos son lances forzosos, a un traidor dos alevosos, y a los dos el más leal. Darles sepoltura quiero en este bosque apartado: ya llegó el fin deseado, todo lo vengó mi acero. Todo esto, y más a Hacen le debo, no tengáis pena, que vuestro gusto se ordena descanso, rescate, y bien. Desde que os saco heridos en el cerco de galera, me suplicó que os tuviera regalados, y servidos. Yo lo hice con buen celo; perdonad el mal recado que ha avido. Ha estado sobrado todo mil gracias al cielo. Paréceme que estáis sanos, os queda algún dolorcillo. No puede el alma sufrillo, no padre. Dadme esas manos; hijos no me ampararéis si quiero morir Cristiano. Yo os doy la palabra, y m de serviros. No habl leis. Bajo de un monte etiope que ostenta, mil pomos de azabache dilatados, se admiran arcos de ebano labrados, sobre la nieve que el carmín alienta. Cada cual nicho a un Sol, del Sol afrenta, con fulgurantes luces matizados, cuyos adustos rayos animados, fragancia exhalan que su amor frecuenta. Dulce prisión de mi amorosa pena. forman mina de perlas de su Aurora, dos líneas de clavel, portada breve. Mas si está libre cuando yo en cadena, padezca el alma por el bien que adora, opuesto tanto fuego a tanta nieve. Hijo Hacen que haremos solos, y desamparados. O mi Acates, o soldados, gracias a Dios que nos vemos, perdonad, que no he podido serviros como quisiera: culpada la guerra fiera. Todo ha estado muy cumplido. don Juan de Espuche mi hermano. pagará tan gran merced. Cielo santo detened, que es lo que dices Cristiano; vuestro esclavo soy por Dios, cautivo soy de don Juan. dadme los brazos. Estan a vuestro servicio. Dos le presentaré por mí, vida, y libertad le debo, nada hago si no llevo las islas del Potosí. El Príncipe está en Granada alegre con sutrofeo. Pienso que ha de haber torneo que hay gran fiesta; Alborotada está toda la ciudad, ida hallaros en ellas. Quién tuviera armas. Bellas. las tendréis todos. Lealtad digna de eterna alabanza: Así pudiera alcanzar con mi Zara que ablandar se quisiera. Confianza. No seas cruel a mi mal, pues buscaste el bien ajeno, para mi rabia, y veneno desdicha, y dolor mortal: Escucha las ansias mías, que bien sé que estás de suerte que puedes dar vida, y muerte si te humanas, o por fías. Idos a armar, que yo voy a entrar con Zara en la fiesta: advertid que ya se apresta, que de ello informado estoy; tan amiga tuya es Zara, como tú mismo deseas; mas no quiero que lo veas hasta su tiempo. Repara, que me dejas sin sentido. R Qué piensas hacer señora, tu buscas armas. Ahora sabes el valor crecido que tenemos las mujeres. Yo te auré de acompañar. Señor vámonos a armar, Vamos, pues que así lo quieres Valientes toros. Famosas. todas las fiestas han sido. Será el tornco lucido aura invenciones costosas. Ya se dio fin a la guerra. Ya señor se ha dado punto, ya el fiero bando es difunto, ya está en paz toda la tierra: en fin el mantenedor es Espuche: Gusta de ello, porque tiene para hacello incomparable valor. Ya sueña ronca la caja. Quién le apadrina. Lorente, el tumulto de la gente por todas partes ataja, a verlos. Qué lastimado me tiene el fuerte Español, luto trae por elel Sol de España. Fue gran soldado. Sin alma pálido, y frío, si bien de valor armado, sustenta el mas desdichado, que lo es en desañío; el que tuviere más brío Cristiano extranjero infiel, si presume serlo él, ármese, y verá su engaño, que el templo del desengaño hallara en este cuartel. De un confuso salgo abismo, a la clara luz del Sol, el traje traigo Español sin conocerme a mí mimo: la desdicha, y confianza soy, prevente a la estacada, a cinco golpes de espada; dando tres botes de lanza. 1CI7 pla Tan desdichado nací, que en la empresa que procuro tengo el premio por seguro. En busca de la desdicha desde mi tierra salí, y hallándola la perdí. s Don Juan de Espuche teneos Caballeros que hacéis, es esto fiesta, o queréis volver guerra los torneos. Rendido a tus pies señor me tienes, perdón te pido, ignorancia mía ha sido oponerme a tu valor. No te conocí, perdona, tu esclavo soy, y Cristiano; el que ves allí es tu hermano, el es señor quien me abona: En el cerco de galera mal heridos los hallé; que los curasen mande, sin saber por Dios quién era. Díjome después de sano, como tenía deseo de hallarse en este torneo. Amigo leal, caro hermano, entrambos me dad los brazos, Cielos, qué es esto que toco, de veros me vuelvo loco; volvedme a dar mil abrazos. Hacen, Espuche por Dios que recibo el alegría, que si fueráis cosa mía en este punto los dos. Eres tu divina prenda más llorada que el Aurora. Pues qué tenemos ahora gualdrapa de tumba horrenda. Cristianos queremos ser no nos deseches señor. Ya conozco tu valor: yo lo sabré agradecer, Bautismo pido, y marido, Zara soy la desdichada. Vos sois hermosa y honrada, más Hacen lo ha merecido. De Granada Venticuatro será en estando casados, y de renta mil ducados. Casarémonos los cuatro siguiendo el propio destino, pues soy, no su hermano, dama. Qué es esto Espuche. Quien ama. De todos seré padrino, a todos haré mercedes, el nombre? Doña María. Viose mayor bizarría. Su valor alabo. Y puedes. Señor, señor, mi Jacinta es esta, a ninguno asombre, mi mujer es, y en su nombre por prenda me dio esta cinta. Señor, si me dais licencia, daré la vuelta a mi tierra; pues se concluyó la guerra, y ha días que hice ausencia. En despachando a Hacen, a Espuche, y toda esa gente; que hay Bautismo, y bodas. Tente, dame esa manopla. Ten. Vamos. Concluyó mi mal hoy Cristianos generosos. Ya un traidor dos alevosos, ya los dos el más leal.