Texto digital de A un tiempo rey y vasallo
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- Luis de Belmonte Bermúdez, Agustín Moreto y Cavana y Antonio Martínez de Meneses
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- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte VI de Nuevas escogidas (1654).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A un tiempo rey y vasallo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-un-tiempo-rey-y-vasallo.

A UN TIEMPO REY Y VASALLO
JORNADA PRIMERA
Déjame, Silvia, morir, que pues un amante pierdo, para quien quite la vida, para que la vida quiero? De que si: ve la memoria de mis amantes deseos, si ya perdidos, son penas las cachas de que me acuerdo: Dójame Siluca morir. Y tu Albano que se ha hecho, Belisardas que en la Aldea, na dias que no le veo? Él se apartó de mis brazos una tarde, tan contento, que de lo gran de del gozo temí que fuese el postrero; que no siempre en las desdichas tienon lugar los ahueros: Déjame sola por Dios. Servirte, señora quiero. Mi consuelo no pretendes. Sí. Pues este es mi consuelo. Verdes árboles, retrato de la juventud, que el tiempo en mi dulce amante animan duros peñascos, ejempio de la firmeza, y horror de las penas que padezco. Sa vino a veros Albano, y si no me lo habéis vuelto, yo lo busco amante, si me, si alguna piedad nan uesto en vuestras rústicas penas las finezas que padezco; dad me le si se esconcéis, así os privilegie el Cielo de la ejecución del rayo, y de blioteca Nacional de España y de la envidia del trueno; Si no le ocultáis, decidme, (muero yo de lo que muero) si le despeñó algún risco, o alguna fiera lo ha muerto. Ay Albano de mi vida! O me engañó mi deseo, o una vez humana cí- volver a esconder me quiero. Ha dura ley de mi estrella, en que desdicha me has puesto; que siendo humano y sin culpa, una voz humana temo! Albano mío, mi bien. De esconderme me arrepiento; no es mi Belisarda aquella, si, que aun que mintiera el eco, no hiciera engaño a mi amor; ya los peligros desprecio, muera yo como la vea, y halle en la muerte el contento, Belisarda, Belilarda, Ya la espesura penetro, que es mi Albano. . Belisarda. Ya mis dichas le cumpliero, Ya mis penas se acabaron, Yo te busco. Ya te veo: Dame un abraze. Ay mi bien. toma, pero ya no quiero tus brazos, ingrato Albano; pues de engaños estás lleno. Mejor dirás de desdichas, por infeliz desmerezco, (dulce Belisarda mía) lo que por sino, y atento pudiera haber granjeado. Yo que finezas te debo, supuesto que me dejaste cercada de ser timientos mas de ocho días sin verme? Lo que yo por pena tengos tú me acúmulas por culpa? ahora, mis ojos, dejemos de perder en vanas quejas este limitado tiempo. Dame un abrazo, que sirva de desahogo y consuelo a ti al escucharme mis males, y a mí, al decirlos. . Ya cred lo que me dices, y ansí admitir tus brazos quiero: ̱ sirvan contra el mal de escudo las dichas de verme en ellos, Dulce Belisarda mía, a pesar de los tormentos, que por causarlos tus ojos, gustosamente padezcos Bien te acuerdas que en las tropas que el Rey iba conduciendo, para domar el orgullo del Mautitano soberbios llegué en una compañía de bizarros Caballeros, si bien como ellos noble, no tan feliz como ellos, y siendo fuerza alojarnos una noche en este pueblo de Sicilia, el más dichoso, (por gozar tus ojos bellos) la abitación de tus padrea me cupo en alojamiento, donde luego que te vi. a tu hermosura suspenso, a mis afectos cobarde, y tus victorias seguro, las vanas plumas, que airoso craspó en mi celada el viento; las galas que Abril bordó en mis locos debaneos, y las militantes iras que en mi espada eran incendios, siendoe nulación de Marte; en un punto se volvieron al imperio de tus ojos: dulce holocausto de Venus. Yo te adoro, mas que mucho, si tanto idolatro pueblo, por hermoso, adorá al Sol, siendo el uno, y siendo muerto, que yo adorase tus ojos, siendo dos, y vivos ellos? Tú me quisiste también, supelo, y con este aliento al Rey le di una victoria tan grande; pero no quiero encarecer mis hazañas, que solamente pretendo referirte mis desdichas. Pues como en aqueste tiempo, yo era parecido al Rey en facciones, y en aspecto, con semajanza tan grande, que todos los que nos vieron; a tener el mismo traje, nos juzgaran uno mismo: Fue circunstancia que hizo mas ruidoso aquel trofeo; más cenocido mi nombre, y más seguro mi preio. Y viendo que mi porfía, al fin no pued vencerlos; me resolví a desmentir la glaoria de mis abuelos: a frustrar las esperanzas de mis altos pensamientos: a desnudarme las galas, vestirme el sayal grosero, a seguir sobre de un bruto el ufanado instrumento; que ejercitando la tierra, hace fecundo su suelo, juzgando en ese ejercicio mi enamorado deseo. que tu Albano lo decía, y tu agradecido pecho en cada golpe un favor, y en cada surco un requiebro. Murió a este tienmpo tu padre, y el Rey a mí me echó menos, para que juntos llegasen el bien, y el impedimento; tuvo noticia de mí, de mi mudanza, y mi empeño? y con color de la caza vi no abuscarme a este pueblo. Viote Belisarda mía, antes permitiera el Cielo, que él cegara, y yo muriera; pues finalmente con esto, ni (lv viera de su amor, ni yo muriera de celos. Pretendiote, no le ciste, y él despechado, y soberbio (que es su condición altiva) viéndose morir, y viendo, que para lograr su amor era yo el impadimento. por mi muerte quiso dar feliz paso a su desen: juzgando que el parecerse a mi con tan grande extremo, muerto ycate olvidarias de los amores primeros, y que aquella semejanza resirviera de consuelo juzgando en ella el alivio, que habías perdido en tu dueño, Mandó pues, al Almitante, que una noche con secreto diese sin a esta crueldad: y el piadoso Caballero (indignado contra el Rey me pagase tanto esfuerzo con ingratitud tan fea) exponiéndose a los riesgos, de una piedad tan costosa; dijo al Rey que me había muerto. Y hablando con propiedad, lo que dijo al Rey, fue cierto, pues sin tis que eres mi alma, una sombra soy, un cuerpo, que con acciones de vivo, aún soy horror a los muertos Mándame vivir oculto en los pavorosos hurcos de estas erizadas peñas, mientras que se ofrece medio de poder pasar a Italia; y esto con tanto secreto, que si sabe que me has visto, pondrá mi muerte en efecto. Esta es. Belisarda mía, la su gade mis tormentos, este el amargo tropel de las penas que padezco? este el golfo de aflicciones en que naufrago, y me anego; este el mangibelo airado, en que me abraso, y me hielo: esto es perderme es morir, es, ausencia es rabia; es celos; y esto es tener finalmente juntos tantos sentimientos, que aún el carecer de ti lo tengo por más pequeño? No eres ingrato, No. Ah cruel! Qué culpa tengo en ser desdichado yo? a la fortuna obedezco. Y mi amor? En mi alma vive. Serafirme? Será inmenso: y tu constancia? Es un bronce. Ay! no te rinda el afecto del Rey, que es mi semejante. Tu semejante a ti mismo? Vive Dios te aborreciera, si llegara a hacer concepto de que no eras tú tú mismo. Con desengaño tan cierto, Belisarda a padecer. Vengan diluvios de riesgos. Para que muestre mi amor. Porque atestigue mi esfuerzo. Cuanto de tu peche fío. Cuanto e debe tu pecho. Leor Pasquín; solo me tiene ire en esta soledad, a donde su Majestad, a merendar diz que vienes y bien pudiera acordarse de que me tiene enfadado. Pues espacioso está el prado, bien puede de senfadarse. Cuantas veces le he avisado, que no me sea busón? Muchas, mas en conclusión, esto no es cosa de enfado, y en puridad, seber quiero que le hace a be mi donaire? Es bien que con cosas de aire soní aque tanto dinero? que vive Dios que es desgracia, que si adquiero algún caudal, me lo dan por mi cabal. A mí me lo dan de gracia. Aún esa es muy gran mohína, que estoy de gracias ahito. Pues, señor, cenar poquito y echarse una melecina. Con todo eso el proseguir vuesarced en ser busón, ha de ser con condición, que hemos los dos do partir; o he de romper al picaño la cabeza. Mejor fuera, que ve me la descosiora, con que era mener el daño. Ahora bien eso se deje, y un doblón de a cuatro venga del de ha ocho de ayer. Tenga: Hiciera más un hereje? Déjese de más razones, que el de a cuatro me ha de dar. Déjese de porfiaz, que mis ciertos pescozones me costó, y no tiene duda, que también se ha de partir. Vastido quiere morir. No haré, que usted me desnuda: Velo aí. A buen tiempo llega. Cuando a mí me lo entregaron, no he dicho que me pegaron? pues más que sabe a la pega. Tente busón. Qué igoorancia. Para ser lícito el trato, ha de entrar en el contrato, a perdida, y a ganancia. Qué es esto? Nada, señor. Es darle ciertos porrazos, mas aunque me lo pagó, y también se lo he pagado. Ahora estáis de esa suerte: y el Rey? Aún es muy temprano, para que llegue su Alteza, que debe de estar cazando. Háblase mal en la Corte de aquel lastimoso caso de la muerte de aquel hombre, que al Rey se parece tanto? De que tú lo ejecutases están todos admirados, que ya se sabe que el Rey es un hombre temerario. Ya murió: no murió tal? . que yo le tengo guardado. Qué ruido es aquel Pasquín? El Rey es no hay que dudarlo, Salgamos a recebirle. En este sitio heced alto. Ya llega: Alseor Pasquín, para semejastres casos, aprenda vced a tener menos uñas, y más manos. Que en toda la tarde el monte, ni una fiera nos hadado, en que pudiese mostrar la destreza de mi brezo: cansado, y mohíno vengo. Así señor, vufado, el gusto nos puede aguar; porque os prometo que el campo me ha divertido en extremos Seáis, señor, bien llegado, Solo el veros me despica, que al fin aquel embarazo de mi amor se acabó ya Si lo dices por Albano, ya murió: no murió tal, . que mi piedad le ha librado. Grande gusto, me habéis hecho. Qué rigor tan inhumano! Qué cruel lad tan sin ejemplo! Es un tigre! Es un tirane! No hay vicin que el Rey no tenga. Qué hiciese el Cielo un villano tan parecido a su Rey, y siendo un hombre ordinario se hiciese en mi competencia amor tan privilegiado? Duque. Gran señor. Confieso, que estoy muy enamorado. De Belisarda? Si Duque. Prometeos que no me espanto, que es Belisarda muy bella, y hechizo de amor tan raro, que a las fieras domestiza, y en un pecho tan bizarro como el vuestro, servincendio? ya habéis a Laura olvidado? Bien Laura me ha parecido, y aunque no la quiero tanto, pienso robarla, y matar, si lo impidiete, a su hermano. En todo es bárbaro este hombre, Almirante, mas agrado espero hallar en mi amor, Duque, el tiempo no perdamos, pues que te adoro, y me estimas, y el Rey hoy se muestra humano, no habrá ocasión para ver nuestro intento bien logrado, como aquesta. Dices bien, yo me resuelvo, y le hablo, señor, con vuestra licencia me atreveré a preguntaros lo que confesáis vos mismo; estáis muy enamorado? Sí. Duque, con grande extremo. Y supuesto que amáis tanto, si tuvierais ese amor no siendo Rey sieberano como sois, y seáis mí! siglos, por ver vuestro amor logrado, qué imposibles no intentaráis? Aveisme Daque tocado en el pundonor del alma. que hoy tengo por embarazo ser Rey, cuando soy amante, que es mi espíritu tan alto, tan vana mi presunción, que si algún faver alcanzo, me lo desezona el ver, que nueda el Laurel sagrado servir de merecimiento para llegar a alcanzarlo. Dueve sino fuera Rey, amara alegre, y ufano de rendir con el desvelo, y obligar con el cuidado. Pues no tuviera temor de que donde hallé agasajo, fue esima de mi persona, sin cedicra de mi estado. Pues yo os lo vienso decir? Y a conocéis mis estados, no ignoráis mis ascendientes; que fueron nuestros pasados, mi riqueza es bien notoria. Eso, Duque; es excusados Decid adelante. Señor, vive Dios que me he turbado. Proseguid. Señor, la Infanta. No digas más que el mostraros el Rey aspecto agradable, es quitaros el espanto que causa la Majestad en el pecho de un vasallo? mas no es daros ocasión para que libres e ingrato con tal desvergüenza hagáis abuso de sus sagrados. Vos la Infanta? quién sois vos? y si os desvanece tanto tener sus mismos abuelos, mirad para moderaros la gran distancia que hay de los vuestros a su hermano; que lo prosente es lo que es, y so lo fue lo pasado, Y si en esto más habláis, qué es hablar? imaginarlo os atrevéis, vive Dios; Al mirante. Señor, Vamos, que va cerrando la noche. Corrido, y triste he quedados Cielos, qué es esto que he oído? Guarda el oso. Mi caballo, y un venablo venga al punto. Señor, no ves que ha ocupado la sombra todos los montes? Ah de morir a mis manos: no tenéis que per suadirme, Pues todos al Rey sigamos. Plegue a Dios que te despeñes. Príncipe mío; aunque airado vuestro cadre, ha respondo: no os des gran señor cuidado. Pero qué ruido se escucha por entre aquestos peñascos? Oyes; señora estas voces; Toda estoy llena de espanto; un hielo morral me cubre. A las voces atendamos. Quién nos dirá la verdad? Desbócósele el caballo, a un caballero infeliz, y sin poder refrenarlo, a un precipicio le lleva: mas en otro riesgo he dado; que hay gente aquí, no me iean? yo me escondo: Triste caso, el Rey está er gran peligro, a socorrelle vasallos; Válgame Dios! Vamos todos. Ayudete el Cielo santo, desdichado Caballero, de aquesterisco tan alto el bruto le despeñó. Quitose mi sobresalto. Quién nos dirá la verdad? mas aquí el Duque ha llegado, Qué es esto, Deque; No es nada, bien podéis, señor, quietazos; que el camino de la Aldea su Majestad ha venido. Tome el coche vuestra Alteza, y todos al Rey sigamos, y al Príncipe entretendrás, en el coche, Laura, un rato; porque importa, mientras yo a la Infanta a solas hablo. Harelo, como lo ordenas. Piadoso el Cielo ha trocado señora vuestra ventura, despeñadose ha tu hermano. Esa es dicha? La mayor. Ay de mí! Lloras en vano: Presumíque me querías; Pues como fue el despeñado; si yo al Rey le ti decir: Ayudete el Cielo santo, desdichado Caballero. lastimando se del caso, Entre aquestos copos verdes quiero descansar un rato; pero en la espesura siento gente, y habla con recato. Yo también ei esa voz, pero sin duda fue engaño; porque yo le vi caer, Ay Duque, no nos perdamos, que yo oí la voz del Rey, después de haber despeñado el caballo al que cayó. Mis ojos no se engañaron, y así yo he de procurar con amor, e ingenio raro, verte. Reina de Sicilia. Eso sabré yo estorbarlo; El Duque, y la Infanta son, cuerdamente he de evitario: el Cielo acierto me de en la máquina que trazo. Mucho me anima tu aliento. Pondré animoso, y gallardo la Diadema en tu cabeza. Yo pondré el Cetro en tus manos Cómo. Belisarda mía, tan a deshora te atreves, sola por entre estas peñas, con tanto peligro a verme? No ves que es esta montaña de fieras, rústico alvergue, y en cada paso que das, a muchos riesgos te ofreces? Confieso que perdonara toda la gloria de verte, por ser tan a costa tuya. Pues dime, Albano, o pierdo en perder la vida quien está muriendo por verte? Agradecerte no pienso la fineza que encareces. Eres ingrato. No soy, pues fuera mayor mil veces sufrir constante la ausencia con valor, y no exponerte, solo por lograr un gusto, a que conmigo te vieses. Que no buscarte es fineza? qué es mérito no quererte? para tan enamorado muy enamorado quieres. No es primero la cordura? Cuándo el amor fue prudente? Los dos tenemos razón. Tú solo ingrato, no tienes, ni amor, ni razón, y quiero, aunque esta vida me cueste, acrisolar mis finezas. Que me mates de esta suerte, Belilarda, mi señora? Albano escucha, y atiende, que las pisadas se escuchan de un caballo. Ya no puede ningún riesgo acobardarme. Atado el caballo quede en esa encina. El ruido parece que te suspende. Todas las dificultades las diligeneias las vence; El cverpo del Rey hallé, y mi cuidado le tiene sepultado entre estas peñas, porque noticia no hubiese de su persona, y así, mi diligencia previene u na industria, que ha de sen a mi intento conveniente. Albano al difunto Rey tan él por él se parece, que nadie lo ha de dudar, si reinar por él le viere. Con que mi leal tad le guarda al Príncipe diligente vida, y Reino, con lo cua? aquesta ambición aleve del Duque no tendrá efecto. Lealtad a mucho te atreves, mas si eres lealtad, qué importa? corazón tengamos fuerte. No tengo para industriarle del Rey los secretos siempre? pues lea tad a lo que importa, y venga lo que viniere; porque aquí es su habitación; Allí una luz resplandece, allí está Albano. Qué oigo? el Almirante es aqueste? ya te perdí Belisarda. Apagar la luz conviene, no me vean. Qué es aquesto? nuevas sospechas me ofrece el haber muerto la luz al oír mi voz: mas que fuese, que en la culva don Albano por dicha alguno tuviese, y me le viese llevar? fuera una acción imprudenta. Yo he de ver quien está aquí, allí una luz resplandece, yo quiero llamarle: Albano? Señor, V. Excelencia viene a honrarme tan a deshora. Quién está con vos? Quién puede estar, con un desdichado, solo mis males me tienen. Miraldo bien. Qué dudáis? murió mi bien, si la viese . Porque apagasteis la luz al oír mi voz? Por quererme levantar a recibiros tan apresuradamente, una tea hice caer que me alumbraba. . Oh aleve? yo he de ver quien está aquí. No habrá modo de encenderse una luz? Es imposible, Olcómo el recelo crece! algún secreto me oculta, pues luz encender no quiere: mas la tea aún tiene lumbre, el Cielo me favorece, Avivad aquella ter. Forzoso es obedecerle; pero su piedades mucha, que quien la vida le debe, le merecerá el perdón. Qué es aquesto, Albano aleve; así se guardan secretos, que tanta importancia tienen? Mi piedad por daros vida a tantos riegos se ofrece por vos, y sois tan ingrato, que un secreto solamente que os encargué (porque vos nangún peligro tuvieseis) desleal le habéis quebrado; con que ya tener no puede seguridad mi decoro, ni mi vida, si tuviese el Rey el menor indicio, de que vive quien le ofende. Vuestra traición he sabido, y vengo de aquesta suerte con soldados a deshora, como venenosa sierpe, porque paguéis el delito de no haber guardado siempre, un secreto, que importaba que durara eternamente; Señor, advertid que Albano de aquesto culpa no tiene; yo le adoro, y el amor, ciego siempre, lince siempre, me adiestró para encontrarle, sin que él noticia tuviese: Esta es la verdad, señor, Señor. . Excelencia tiene tanta razón en su enojo, que mi delito en mudece, su crédito no peligre, aunque yo muera mil veces Mas si delirios de amor ser disculpados mereden, aquesta amante Aldeana, hermosa como inecente, sabe el secreto no más; y al amor fiar se debe el secreto de más precio? no hayáis miedo que le quiebre quien tiene la vida en él; su llanto no os enternece? no osláslima su dolor? ̱. Ninguna piedad me vence, porque a ningún hombre ingrato la piedad no ha de valerle. Y vos habéís de morir. si a estorbarlo se pusiese el mundo, ea venid (aún el fingirlo me duele por la sé de Caballero) . si resistiros quisiereis desleal para eso os traigo prevención armas, y gente, Señor, matadnos a entrambo No hagáis tal, vava mil veze señor mi esposa querida. Que hay peñasco tan rebelde que esto pueda resistir? gran ternura el alma siente; no sé como me resisto. Alto, señor, pues no atiende Vi Excelencia a mis gemidos ni mis lágramas le mueven; muera mi Albano, que yo desde esa roca enmente, llena de furor, y llena de ampiedad, haré que vueli el cuerpo al centro hecho trozos y a las esferas celestes libre el espíritu, donde a mi dulce amante en cuentre: Adiós esposo querido que he de velver presto a verte. . Belisarda, espasa mía, Belisarda escucha, advieras? ay señor, mirad que hará lo que dice (ay triste suerte!) Almirante, señor río, así los Cielos os dejen lograr lo que pretendéis, no permitáis que se aleje? Belisarda, esposa mía. Entre aquellos copos verdes me esperad que yo me voy, para que no se despeñe. No habéis de morir, Albano, que graves misterios quiere fiar el Cielo de vos: secreto, y lealtad con viene, y dejaos gobernar. Señor, . Excelancia órdenes y de mí se fie seguro, que soy noble, y soy valiente; y sigo ahora a mi esposa, porque temo no le aleje. Yo cuidaré de su vida Yo soy vuestro esclavo siempre? Y si al secreto faltáis? Señor, que el trempo se pierdes Pagaréis con la cabeza. Todo mi valor se ofrece, señor amparad mi esposa. Pues Albanos obedecerme. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Yo no he menester licencia. Este cuarto es de la Infanta, 3. Qué importa. El orden quebranta, si se entra así Va Excelencia. Dice bien, y el seor portero dará con todo al través, si así responde a quien es de todo el Reyno el primero (aunque entre el Príncipe) y ciertas puñadas ha de llevar si al Duque no dejta entrar. y advierta que está entre puertas. Obedecer otra ley en un vasallo es bajeza. Pues yo he de ver a su Alteza. En trayendo orden del Rey. Qué Rey! cuando despeñado yo mismo le vi morir; pues luego podrá decir. que le suelten en fiado. No pudo haber contingencia entre el morir, y el caer; ea, que no ha de poder nada más que una evidencia, Sin razón llego a dudar. cuando en la memoria copio su infeliz muerte, yo propio al Rey no vi despeñar de un peñasco pavoroso, hasta una prefunda caba, que si la vista le hallaba, era con pietemerdio; que aún un indicio una seña, pienso que de él no quedó; pues de una peña apeló a la impiedad de etra peña. Y a la muerte que le dieron, como tantas le sobraron, todas le despedazaron, y no todas le ofendieron Por el Príncipe sin duda lo cijo, no son er gaños, el tienesolos siete años, B a Irfanra da su ayuda; no No gozar barece error. los? de aquesta selicidad de tan grande Majestad, como absoluto señor. Con la gente que ajuntó mi manas si se ofreciere. si el Reino no me eligiere, elegirme pienso yo. el Rey murió esto es verdado necia duda me embaraza, pues yo le va, Plaza, plaza, que sale su Majestad a acabarse de vestir a esta hermosa galerías Ah señor, y qué sería si el Rey! Yo le vi morir, será el Príncipe, que presto de toda aquesta grandeza, ceñiré yo mi cabeza: yo llego, pero qué es esto? Es ilusión, o avidencia? es verdad, o es sueño vano? Aqueste es el Duque. Albano. ̱. Ya he entendido a Va Excelencia, Corregid su orgullo fiero. Sabéis que temo, señor: caer en algún error por mi ignor ancia. El sombrero. Que todo me sobresalta, y en cualquiera relación, no me sirve la razón. como el estilo me salta. ̱. Ánimo, que esos tomozas cácilmente venceréis, Aarseñan vos veréis com caigó en mi lorrores. Que en en a seberabin la Corona! por más pena; me embaraza cemo ajena, y ma pesa como mí Da qué llegad, que os tus bos Mi amor a esos pies rendido. Seáis, Duque bienvenido. Qué hacéis? No os lo eijeyos Descubriros, fue error fiero A Pues vos allá lo enmendad. No veis que su Majestad os da a vener el sombrero: Yo na había reparado. Nadie acertó divertido. Siempre el Duque ha pretendido excepciones de vasallo. Dadme el espeja; Qué firme siempre mi descicha crece; Serví! Deque que paraces que se os olvida el servirme. Siempre, señor, me tuvisteis tan rendido como veis. ̱. Con esto no ignoraréis, que mi vasallo nacisteis. Y es evidente razón esto que os quiero advertir, que os excusáis con servír da alguna necia ambición. Porque está muy peligrosa, por más que ajustado ande en un vasallo tan grande la imaginación ociosa. Y son consejos muy buenos, y necedad lo demás; hacerlas que sirvan más, para que discurran menos. Y en esto veréis: que es clara esta opinión que defiendo, ahora que estáis sirviendo, y que os tengo cara a cara. El engañoso cristal, por más que pueda burlaros, no puede representaros etra persona Real, Solo un Rey ves desde aí, mas si de servir dejáis, y a mi necio os igualáis, mirándole desde aquí; o es engañó del sentido, o culpa de la ambirión, en mal fingidailusión veréis otro Rey fingido; Servid, cumpliendo la ley que siempre vasallo os nombra, que todo otro Rey es sombra, mientras que yo fuere Rey. Siempre soy vuestro vasallo, (el Rey mi intento ha sabido todo este mal ha natido del engaño del caballo. Pero yo como furioso, que os despeñastes creí Si os arrojaráis tras mís no estuvierades dudoso. Como el juicio he de perder, os pucistes escapar: Duque, mejor te callar, pues no sabéis socorrer. Tiene el Rey mucha razón; sino fuistes alentado para gataros si quiera; no habléis en aqueste caso. No me hallara yo allí, para hacerme mil pedazos en servicio de mi Rey? ahora la busa entablo, y le pido algún dinero, pues de mi siampre ha gustado, (por no hacer cosa a derechas) Ah como entrara yo ufano; con media cabeza abierta, y un mus lo de baratado, a pedir al Rey mercedes, y él, hallándose obligado, dijera: Denle a Pasquín, por un servicio tan rano, alguna ayuda de costa: así Dios os guarde cuanto mandarades que me dieran? Pasquín primero es curaros, Ne burlemos, pues yo no era, señor, tu mayor privado. No consientan que ese loco entre de hoy más en mi cuarto. Quiea necio. Esto no más? Como ahora te has librado de las peñas, imaginas, que ya el dar no es necesario, y te haces aquesta cuenta, peñas se quebrantan dando; pues para que es bueno dar, si yo sin dar las quebranto? Pues no está bien discurrido, que al fin por no hacerte daño, al fin fin diste de hocicos al caer, y diste abajo; Vete, y tu Julio también. Pagarásmela piraño. Señores aqueste Rey sin el premio se ha trocado. . Ya es hora de dar audiencia. Señor, qué es la que intentamos? Tanto fías en el juicio de un ignorante villano, que este edificio cargáis sobre unos hon bros tan flacos? Mirad que se han de rendir, porque de experiencia faltos, por más que ani marlos quiero, títubean cada paso. Vení acá consideremos los posibles embarazos que tiene nuestra intención; cuando sea necesario firmar, no ha de conocerse la diserencia, notando de las letras, que no soy el Rey, y que esto es engaño? No, que lafirma del Rey es de estampa, y excusando tu escribir otras materias (porque haciéndolo, era claro que el daño reconociesen) saldrás bien de aqueste caso. Ea, que es causa piadosa la que defiendes. Albano. y está por cuenta de Dios darte luz en riesgos tantos. Pues si esta es causa de Diosa pongo mi celo en sus manos. Una mujer, y el justicia esperan solos hablaros. Decid que entren. ̱. Entren todos, que ya está el Rey esperando. Señor si me dais licencia: Ya os escucho ad al caso? El Conde Otavio, señor, a cierta mujer casada, más noble que recatada, tiene escandaloso amor; y conviene desterrarlo, y por ser caso honeroso; v engo a daros, que es forzosos cuenta para ejecutarlo. Yo juzgo más conveniente, Gobernador, que a un eficio de su aumento, y mi servicio le envíes, porque se ausente con más honesta ocasión: que no es bien por calligar a un delincuente, arriesgar a un marido la opinión. Que si desterráis a Otavio, podrá inquirir porque ha sido? y hará más daño al marido el remedio que el agravio. Llegad vos. ̱. Señor, mi esposo yendo a muerte condenado, por un delito probado, por más de un medio engañoso? al arrojarle el cruel verdugo, de la escalera, porque inculpable se viera, se quebró el fuerte cordel. Con que cayendo en el suelo, algunos que allí se hallaron? a la Iglesia le llevaron, de donde, señor, recelo, que otra vez le han de saca? a marir, y es caso fuerte, que den a un hombre la muerte, cuando vivo ha de quedar. Vuestro incrcible dolos me lástima con exceso; pero nada del suceso abonar puede en favor de vuestro cuipado esposo? pues antes es contra él, que se quebrase el corde! de frágil, y de engañoso. ̱. Y es abono en los jueces (cuya sentencia acredito) ser tan grande su delito, que pidemorir dos veces. Que muera otra vez es justo, y tened por asentado, que faltaba a su pecado aqueste segundo susto. Que a ser señal evidente de su inocencia el caer, pudiera el verdugo hacer al que quisiera inocente. Señor la justicia espero allá en la sala infinita. . Famosamente eesquita la inocencia del sombrero: Como aquella indiscreción tuviese, y esta advertencia? Tocó aquello a la experiencia; y esto toca a la razón. Y en cosas que piden curso, no halla mi razón el hilo, y así encangaos del estilo, y dejadme a mí el discurso. Aunque el mundo lo defiendo he de entrar. Duque, qué es esto? Una villana, señor, que hablar os quieres Teneos. Mi esposo me han de volves? Esta es Beliserda Cielos! . Duque, Almirante, dejadme a solas, y entre al momento esa pobre labradora: que divertirme no quiero en las causas de los pebres; idos idos (tente afectos, no me descubras amor) Ya me voy Ya te obedezco, Ea, aprisa, decid que entre: ciego amor disimulemos. Oís. Albano, esta Aldeana que es Belisarda sospecho: a mí la opinión me importa, toda la quietud al Reino, y a vos no más que la vida. Penas paso, sufro incendios, siento amantes irquietudes, ansias, y dudas padezco. Si el secreto se rompiere, no desculpéis desatento, que soy solo; y ellos muchos, y no sabré defenderlo. Vos miraréis por la vida, que tondo sin ella es menos, también me perdéis el alma; o bárbaro atrevimiento de este tribunal humano del mundo, que intentas ciego llevar preso un albedrío, después de soltarle el Cielo! Ese es sin duda el Rey, pedirle a mi esposo intentos mas como si el Rey me quiere, que me haga justicia espero? Señor, yo soy una pobre labradora; Ya os entiendo, Estaba para casarme con gusto, y quietud a un tiempo, con un gallardo pastor, cuyas prendas, cuyo ingenio, apostándose entre sí, sin victoria compitieron. Amábale tanto yo, que en él mis ojos suspensos, idólatra de los suyos, amoro samer te tiernos, porque el amor. Proseguid. que antes deitos me alegro, (ojos callad, no digáis las inquietudes del pecho.) Y en finle amáis? Y tanto, que mariposa en su fuego, gran señor a todas horas me abrasaba en sus incendios. Mirad, señor, que a mi esposo me vuelvan, porque sospecho, que el Almirante le trajo. Ay hermosísimo cielo, quién gozara tus caricias! ciego amor disimulemos. Señor, que me respondéis a lo que tengo propuesto. También es mucho rigor . el que uso con mi deseo, con mi amor; y con la ley, que debo aljusto respeto, sin que se opongan los dos, puedo yo cumplir a un tiempo Bellísima labradora, yo a vuestro esposo le tengo ocupado en mi servicio, y volvérosle prometo a vuestros ojos amantes. Y cuándo será? No puedo deciros cuando, que el caso no tiene término ciento; mas yo os lo restituiré. Guárdete señor, el Cielo. Ah Belisarda? Señor. No os vais (amor respiremos) yo ha mucho que esa belleza muy amante adoro ciego, y ya impaciente mi amor nace a pesar del respeto, Señor; qué decís? callad. que os diré viven los Cielos. que os engañáis, y que siempre os he dicho estos desprecios. Claro está que engañaréis, mas ya que en Palaero os iengo, no os he de dejar volver, sin que se temple mi fuego con esa nieve. Soltad. Ay desdén más lisonjero y a quién queréis? A mi esposo, Y no mudaréis de intento? Seré un diamante en firmeza, Yo sé que sabré venceros. Yo sé que sabré impedirlo. Yo sé que todo lo puedo. Yo sé que sabré matarme, cuando no tenga otro medio, Yo soy Rey. Yo tengo honor, Yo tengo amor, Yo desprecios. Yo violencias. Yo constancias. Yo soy rayo. Yo soy trueno: perdonad, y el Cielo os guarde. Páguete el desdén el Cielo; la primera vez es esta, que sueña bien un desprecio. Mas que amante confuso en pena tanta entro a buscar la Infanta. (prendo Más confusa que amante en lo que em- al Duque de Calabría hablar pretendo Pero la confusión. La pena es tanta. Que salgo. Pero el Duque. Mas la Ifanta. (ha sido. Hallaros. Daque, gran venture Yo agran señora, a hablaros he venido. El amor os traerá más una pena que os solicite hablar a mí me ordena. n. Aunque siempre el amor a mí me obliga ahora me conduce una fatiga. (mos Luego un afecto mismo padece- Bien se rejantes son nuestros estre- Pues solos esamos, (mos. dejemos el amor; y al caso vamos, que no sé. Duque o en el Rey me veo que lo dudo lo mismo que lo ereo. Con ese mismo designio. con aquesta misma duda fundado en esos princinios, vengo yo y así los dos, con algún medio preciso, la verdad averigüemos, y el más seguro camino es que hagamos experiencia en que él (si acaso es fingido) no se puede lcobrer de la razón ni del iuicio. De qué suerte? . De esta suerte; ya tú sabos que conmigo el Rey (si acaso es el Rey) sus se retos ha partido; porque yo maño samerte siemprele aplaudí los vicios, para hacerle de este modo de su Reino abarrecido. Pues hablándale yo en cosas, de que nadie fue testigo, sino los dos, y estuviere en sus noticias remiso, (ignorando circunsancias, que yo con mañoso estla le obligeré a hablaren ellas) conoceré si es fingido. Hablarele (esto ha de ser) en un sangriento delito, que venía proponiendo, cuando cayó al precipicio. Pues en tal sitio ninguno pudo ser de esto tesigo, y de tan confuso engaño buscaremos el principio. Y yo volveré a animar mis pensamientos altivos, hasta ceñir el Llurel que solo por ti codicio, para que nuestra tus plantas, no blasonepresumido, ya que al Sol fue desdeñoso, que fue a tus ojos esquivo. Alto que de esa experiancia, que se descubra es preciso; pero no quiero cansarte. que con otra indestria fío (ober finceso es el Rey. Todo a tu ingenio lo libro, pves Irfanta a la exncriencia. Duque al éxame de indicios, pues avos y a mí nos va en hacer por discurrirlos, un imperio y un gobierno, y un amor logrado en siglos. El Rey sale. Duque a Dios. El Cielo vaya contigo. Cuidado del gobernar, y a yo no os puedo sufrir, que sois más grave el sentir. como os sufro a mi pesar; el bien intento arrojar sin fuerza pera vencerlo, y cuando voy a moverle, como tanto se me arrima, mas el hombro me lastima el cebarle, que el tenerle. Cuando de las guardas voy defendido con cuidado, no pienso que voy guerdado? preso imagino que estoy: Rey para el disgusto soy, el poder me delazona, mi ignorancia lo ecasiona, pues necio he inadvertido, sin duda que me he ceñido, por las puntas la Corona, La Real estimación, o me asusta, aamenaza, la grandeza me embaraza, nada quieta el corazón, y es, que como soy ladrón de lo que estoy posevendo, mal del temor me defiendo, y la púrpura sagrada, porque no veanque es hurtada; siempre la estoy escondiendo. Aquí está el Rey, de esta vez sabré si acaso es fingido. Al Rey hablar solicita el Duque, y de aquí escondido escéchate cuanto hablaren, de este cáncel defendido. Si no es el Rey, no labrá lo que a mí solo me dijo: yo llego a hablerle, señor. Seáis. Duque, bien venido, (mucho siento estar a solas con este oculto enemigo, porque sin duda pretende examinarme fingido) Señor, aunque de la envidia suira algún eclipse esquivo, soy gara sol del semblante de vuestros Reales cisigrios. Porque entendáis que es muy cierta la fineza con que os sirvos solos estamos, bien nuedo con delahogo decirlo; Pero no pretendo daros junto todo el regocijo; porque el gusto no os ofenda, que tal vez matar se ha visto. Os acordáis por ventura de aquello que convenimos poco antes que despeñado cayeséis al precipicio? No me acuerdo bien. No hablamos otra cosa en el camino de la caza? No os entiendo. De una dama, a quien rendido estáis, no hablamos? Sí: (yo no sé lo que me digo, porque hablo en una materia que en mi vida la he entendido) pues qué sabéis de esta dama? No pienso, señor decirlo, hasta que vos me digáis su nombre, porque no os sirvo en teataros de una dama, que tenéis tan en olvido, que aún su nombre no sabéis? decid su nombre es suplico, o no os lo pienso decir. Yo biensé (yo estoy perdido) Parece que titubea, apretarle determino. Es posible que olvidasteis un incendio tan actiyo! una que robar tratabáis? Hay más ciego laberinto! Este pretende saber si es el Rey por este estilo; pero aqueste caso el Rey le comunicó conmigo, y yo de él le disvadí. no logrará su designio. Decid su nombre, o me voy. Ya el salir será preciso. No veis, Duque; que he escuchado vuestra plática escondido, y os juzgo por desatenco, cuando tan dudoso os miro. Su Majestad, Dios le guarde, hallándose arrepentido de todas sus inquietudes, que iba trazando me dijo, robar a esa ilustre dama, y si saliera a impedillo, dar muerte a un hermano suyo cuando cayó al precipicio. Y bien pudierais pensar en el silencio advertido del Rey, que se disgustaba de hablar en casos indignos. Y no tratéis otra vez, no atento he inadvertido, materias; que aunque den gusto, infaman al que las hizo. Porque si acaso os sucede de hablarme en pasados vicios de un Rey hallaréis en mí mas que agasajos, castigos, que está cerca de traidor quien al Rey hace mal quisto. Señor? No me repliquéis. Ya de este empeño salimos. Vitoria por la razón Ya no hay que temer peligros, que estando contigo yo, a todo hallaré camino. A Pues veis? aún estoy cobarde. No temas, que yo te animo. Señor, si a tu Majestad por mi amor he merecido algún favor, esta vez, que le aumentéis os su plico. Qué es lo que intenta la Infanta? De esla suerte lo averiguo. . En esta carta, señor, que yo en tu presencia escribo al de Nápoles, quisiera, por encarecer su estilo (porque es importante mucho a ciertos negocios míos) escribáis de vuestra mano: un renglón (así averiguo . mi sospecha, y se sabrá si es el Rey con lo que finjo.) Gran empeño se me ofrece. Qué he de hacer? que si ha querido con malicia averiguar nuestro daño, si resisto escribir confirmará la sospecha que ha traído y si escribo totalmente da en tierra nuestro edificio. Responded, que no podéis, que si con malicia vino, escribar será evidencia y no escribir será indicio. No me hacéis esta merced? Mas ya he encontrado el camino para hacerles, por ahora sus intentos divertidos; Ya escribo lo que pedís. Echó a perder mis designios? él escribe, y ha animado mi tan bien fundado arbitrio. Pudo haber mayor desdicha? Ya lo que me habéis pedido he oscrito: pero qué es esto? el tintero inadvertido derramé sobre el papel: Elo sí, ahora respiro. Y lo que escribí borré, Al mirante, al punto mismo haced copiar esta carta, y a mi cuarto (así lo evito) la entraréis, porque yo escriba. con término encarecido lo que me pide la Infanta: y vos para andan más sino la meteréis en mi pliego con los demás que le escribo. No veré lo que escribís? Fiad que será efectivo, pues no solo os obedezco; pero del cuidado os libro. Haced con puntualidad, Almirante, lo que he dicho. Oh villano prodigioso! al instante iré a servaros. Mas dudas llevo que traje, Mas dudosa me retizo. No hay de salir con su intento, No hon de lograr sus designios. Porque si el Cielo me ayuda. Que si el Cielo me es propicio. (ue si acasono es el Rey. Porque si acaso es fingido. No hay peligro que me asombre; No temo ningún peigro. Mi ambicioso intento logre, Mi amoro so sin consigo. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Muchos días ha que no corre el eficio de gracejo, y con ser yo perro viejo, vuesarced no me secorre. Seor Pasquín vuesa merced pida al Rey algún favor. Hárame Corregidor, o colgarame de un pie. El Rey sale, y tú verás, que de esta vez quedas rico, yo te pondré en un borrico, y no me perseguirá. Una burla le he de hacer; . pero callo, no me sienta, que esto corre por mi cuenta: o qué mal le ha de saber! Que me falte el alegría reinando! que bien sintieron los antiguos que escribieron, que la mayor Monarquía, que con los siglos porfía, la atropella, y la baldona amor, que ni al Sol perdona; pues poniendo al Cielo escalas, con el aire de las alas. le derriba la Corona. Pero en su efecto cruel, crece la duda mayor; como siendo rayo amor aún no perdona el Laurel? será porque juzga en él grandeza, y soberbia altiva; humilde en el bosque viva seguro del rayo ardiente, pero júzgale en la frente, y por ese la derriba; Yo solo soy excepción, que como me ve humillar, no viendo que derribar, vuelve a entrar al corazón: en él tomó posesión. y con tan dulce sosiego, que a crecer mis dichas llego, pues la Corona que ciño no la estima como niño, y no le ve como ciego. Cómo no llegas? Aguarda, que está hablando con suidea; que siendo de Rey; es alta, y hasta que baje a la tierra no ha de humillarse conmigo. Llamad al Príncipe. Venga; que entre las dos Majestades, tendrá el gracejo licencia. Vuestros altísimos pies, Pasquín, sin satira bela que no soy como el de Roma, a quien tantos se la pegan. Que sin ofensa las gracias son lindas indilugencias, que siempre costando poco; se gana mucho con ellas. Eres cuerdo, y entendido. Qué importa que yo lo sea? pero si es espejo el Rey de las virtudes que enseña, tomo del cristal que miro el deseo, y la asistencia; el valor, y la piedad, y llévolas al a fuera. Porque como en mí no caben (siendo quien soy) excelencias de tantas virtudes juntas, arrojolas por la puerta del alma que son los sabios, hasta que la, fama encuentran: que dilatada en Regiones, y espartida en varias lenguas, cice de ti lo que escuchan, dándole al buril materia; porque si el búril faltare, labre tu memoria en piedras. Jamás escucho lisonjas. Si cuando se miente en ella; pero cuando cor verdades las hace al vasallo deudas: descúbrese la mentira, y con tan poca vergüenza, que no ha de andar la verdad con su cara descubierta? A qué aguardas a pedirle? Julio me está haciendo señas, lo que puede una mitad. Di que te den. Ya es entera Yo tengo un amigo estrecho, que el de Gibraltar, apenas cupiera por la amistad, que entre los dos se profesa: ofrecile la mitad de la merced que me hicieras. Fineza es de amigo, pide. Señor, que mande tu Alteza darme leiscientos azotes. Oh ladrón; en las galeras gastes otros tantos años, Con eso has hecho la prueba de lo que a tu amigo es imás. Soy prodigo de la hacienda del verdugo, Pues ahora, no es bien, Pasquín, que lo seas? serán seiscientos escudos, Sabe Dios lo que me pesa: El Príncipe mi señor! En hora dichosa venga. Hijo. Pasquín, no ha valido tu codicia descubierta. Hermano, Julio, no importa, porque es tu codicia eterna y has de hacer algún mal hecho, solo por tener moneda. s Que manda tu Majestad, gran señor? A tu presencia, señor llega Belisarda con las repetidas quejas de su esposo. Que encontrados el amor, y la grandeza están luchando en el alma! Pero aquí es razón que venza la Majestad disfrazada, mientras los Cielos contiertan lo amoroso con lo altivo. porque los hombres adviertan, que hay lealtad fin ambición. Que mi padre se divierta. . cuando me ha visto que vengo obediente a su presencia! ̱̱̱. Dulce Belisarda mía, perdneme tu belseza, pues tanto tiempe he tenido ingrata corresperdencia, burlando tus esperanzas con mentida imagen. Sea mi dolor tu deser gaño, tu valor mi obecientia. Mañana será tu esposo Albaño, que tengo nuevas que está en la Corte y porque sean tus dichas más ciertas, yo dispondré, que esta noche verle Belisarda puedas en el jardín. Largos siglos se gace esa Primavera, que se apueste siendo tuya, y con el espacio crezca. Príncipe. Señor, que manda vuestra Majestad? Apenas puedo sufrir el engaño: la púrpura el aviolenta en mí, porque estoy mirando a mi Rey ha quien pudiera! Cielos, humilde nací. y aunque mi sangre quisiera introducirme a tirano con ambiciosa licencia, la Corona que sustento es cifra de la nobleza; luego ya la Majestad dio ilustre sangre a mis venas? Noble soy, pues siendo noble, no fuera infame bajeza sen desleal a mi Rey, cuando la laltad me enseña ganerosos rendimientos, con postrada reverencia a la Majestad Augusta del Rey, que es Dios en la tierra? Vive Dios, que estoy corrido de que las dudas pretendan infumar un pecho heroico, aunque en la balanza opuesta pese el tirano Laurel mas que la dichosa deuda. Afct y piedad me guían; perdone aquí la severa Majestad fingida, a donde verdad, y grandeza reinan: Deme vuestra Majestad a besar sus pies. Qué nueva demostración, gran señor. No me alzaré de la tierra hasta besar vuestra mano. Se a loca mi obediencia; porque os debo lo que soy. Cielos, si el alma lo sueña! Si se engañan los sentidos! Hubo confusión más ciega! si me han visto, mas no importas porque como estoy tan cerca de volvera ser vasallo, o lo duden, o lo crean. Viven los Cielos, que crecen con esta acción las sospechas de que no es el Rey. Infanta; pero en tretanto que llega el plazo, en que mi lealtad generoso ejemplo sea, he de encubrir lo que soy: Duque llegande a la puerta que visteis? Señor. Al Rey jamás la verdad se niega, Vi una acción. Ea, decid. Por extraña, no quisiera. Antes me importa que vos la hayáis visto. Hay mayor pena! aunque finge el Rey, el gusto de que yo le viese, es fuerza que le haya causado enojo, la vez en el labio tiembla; mas la obediencia es forzosa; Qué dudáis? El Rey intenta mi ofensa: yo vi, señor, que postrado en la presencia del Príncipe, le besasteis el pies Si el Duque confiesa lo que vio, también podré con admiración más nueva decir lo que vi. Es verdad vuestra vista no padezca engaño; mas ya sabéis el estudio, y diligencia, que he puesto en la educación del Príncipe, y tan atenta ha parecido informarle la sabia naturaleza, que le ha dado la razón anticipada, y me deja tan admirado en noticia, que le doy de lo que debe hacer cuando yo faltare, que os pueda afirmar en ellas, según ya las comprende, atento, y capaz que apenas me queda a mí que le enseñe, para que creciendo apranda Pero así como el pintor vemos que no se contenta, cuando ha de enseñar el arte con las tróticas muestras; sino que bizarro, y diestro toma el pincel, y campea un lienzo con el dibujo, para que atento al que enseña con la práctica ejecute lo que el maestro bosqueja. Yo así de la misma suerte, porque el Príncipe no pierda con tanta capacidad lo que ejecutar desea; tomé el pincel de un vasallo, diciéndole mi obediencia, que ejecute como Rey acciones que lo parezcan. Y así vuestra Majestad prosiga, porque le vean la Infanta, y el Duque, Yo. gran señor? Si hay resistencia, entenderé que se olvida de lo que el pintor le enseñas ha pasad la lición, y a la inadvertida, y riega ambición del Duque haced de forma, señor que vea en su decreto el casigo. Haré, señor lo que ordenas, obedeceros es justo, Naticias tengo muy ciertas de vuestra loca ambición, y que intentasteis con ella usurparme la Corona. culpa que causar pudiera mil ejemplares castigos, que llegará a sor eteina vuestra memoria; y así os mando que en las galeras os partáis luego a Sicilia. También a la Infancaberla pretendéis para casaros, y por otras conveniencias la he dado al Daque de Mantua. Salil de la Cortes y sea lo más presto que pudioreis, porque en vuestra inobediencia, Duque mandaré poner a mi epies vuestra cabeza. Qué me ha sucedido Cielos? Fortuna airada, paciencia. Señor, rogal de per mí, pues Majestad representa de Rey. Gran señor el Deque. Eso conviene que sea: si moborráis la pintura, como he de pensar qué es buena? Vos, señor. Mándalo el Rey, y el obedecer es fuerza. Entre sombras y flores, que ya se niegan respitando clores; mulijo el Rey que ver podré a mí esposo: o si llegar el plazo tan dichoso. Mas a bricias, señor, que eicia la fuente un bulta viene si es mi amor ru- (iente? Esta es la vez penrera que en mafo tana fiera sin velle, hay dicha tenta! hablar podré a la Infanta. A este jardín solía sin registros del día, salir el Sol por nuevos paralelos, pisando flores, y derando Cielos. El precepto del Príncipe enojado fue de su padre airado fortuna no lo ignoro, (adoro? mas como he de perder el bien que A la Infántale dije (amor pa- que me diese licencia (ciencia) para hablalla esta noche, si la vida no lleva a ser quien antes se despda Mas y amor! o mi peligro creces un bulto entre los árboles parece! riesgo mortal, que me quieres, que me asombras? mas de sagrado servirán sus combras; que pues siendo quien soy? yo me acobardo, no es la divina luz del Sol que aguar- (do, Tarde sosiega el deseo en un corazón amante, que el deseo, y el amor es bien que vuelen; y abrasen. Acaso es (por dicha mía, tras de tan largos pesares, como el Sol vertiendo luces, dora el monte, alegra el valle) quien viene a vestir de luces una esperanza cobarde, que entre las sombras de ausencia teme que la luz le falte? Esta es Belisarda, amor, basten ya sus penas, basten, que su firmeza merece. que amor la escriba en diamantes. Yo soy. Belisarda hermosa, Albano soy, que a pagarte, tras de cinco años de ausencia, vengo finezas tan grandes. El Rey teniendo noticia que (antes que en los Frescos valles. donde tu dichosa Aldea sirve de Cielo a tu margen, te viese mi amor) seguía sus ejércitos Reales. A las costas de Sicilia me envió porque acompañe un soldad más lestrapas al feroz encuentro salen del Torco cuando (herbio pone asombro a vuestros mares. Mas yo con algún sosiego pude volver a buscarte a la Cortes donde el Rey, quizá por gratifiearme estima lo que mereces, dijo que viniese a hablarte esta noche: que más bien! pues sin que el Sol embarace mis dichas (porque su luz era fuerza acobardarme) gozo el bien de haberte visto, con que no pudo igualarse el más soberano imperio, aunque blasones dilate del Tiber honor de Italia, hasta las ondas del Ganjes; porque la púrpura Regia fuera contrapeso grave a nuestro amor, que se goza más bien con lazos iguales. Mil parabienes me doy de mi dicha, pues que sabes vencer con ella mis penas, viva el Rey largas edades. Mañana, dijo también, que mis fortunas lograse con el bien de ser tu esposa. No es bien que el alma se engañe. Señora, voz de mujer con acentos mide el aire. Quién puede ser si no el Duque, que desesperado amante, entre las sombras de ausencia, teme que la luz le falte? hombra, bien bastó a desvanecerla el aire, mas no que con nueva forma havenido a acreditarse. de asombros para el sentido, todo en mis desdichas cabe. Aunque este sitio merece sagradas inmunidades, con locos atrevimientos hay plantas que le quebranten Qué intentas mi bien? He visto, un hombre, y aunque arriesgase, el perderte, vive el Cielo, que ha de saber que hay quien guarde, la veneración que niega a estos olmos, y a estos sauces. Mas riesgo en conocerme, Cielos que hay en ocultarme; ya se acerca es imposible, que del peligro me escape: mas si hay valor en el pecho, ilustrado con la sangre, primero que me conozcan volverá la hierba en jaspe. Quién es? Lo mismo pudiera preguntar que no hay quien baje a esos jardines, sabiendo, que sus frescas soledades de noche solo las gozan el Rey, y la Infanta. Ay lance tan terrible! Porque el Duque, como decreto inviolable, obedece en su destierto, y sin que nadie entre a hablarlo está en su cuarto esperando del Sol los limpios celajes para sulirde la Corte, Hay confusión semejante! Claro está que al Duque impor hacer lo que el Rey le mande, mas yo he de saber aquí quien sois vos, pues confesaste que solo el Rey, y la Infanta pueden gazar la agradable estimación de estas flores, cuando ya las sombras caen. Supuesto que yo me encubro; la diligencia es en balde. Pues otra habrá que os obligue bizarro quiere empeñarse. Con temor traigo la luz. Yo, señor, buscaba a nadie? hallé. . Ya no hay disculpas, que a vuestra defensa basién, si está en el jardín la Infanta. Para que mi vida acabe. Al rumor de las espadas llegué, y sintiendo acercarse. la luz con pasos ligeros, vi que un hombre por la margen de esa suente atrevesaba el jardín por ocultarse. Pues con él por conocelle reñí yo. Daque, y lograsteis. vuestro intento? No señor. Ra Duque, id a buscarle, que a vuestro valor lo fío, y si le encontráis, matalde! Señor, mirad que es mi esposo? No vais Duque, que hay piedades que lo impidan. Gusto es vuestro. Que yo mandaré buscarle para saber su intención, mas la Infantas Señor. Baste, retiraos a vuestro cuarto. Duque, no os vais, que esta tarde al Príncipe ha de jurar el Reino, y es importante vuestra personas porque no se intenten novedades, que turbando la lealtad. la afiancéis con vuestra sangre. ̱. Soy, señor, vasallo vuestro. Esto conviene. Dejadme imaginaciones mías, Ea despeñaos mortales; porque guardáis una vida tan difícil de cobrarse. Entre esperanzas, y miedos, es mi amor perdida nave, el puerto desdichas mías, y todo el bien bracanes. . ̱. Salga el Sol vertiendo luces, porque esta enigma desaten encubiertos los amores, y oprimidas las lealtades. Señor Almirante, en día que al Príncipe han de jurar Excelencia ha de gastar tan nueva melancolía? Hay semejante locura? Que Albaño, sin Dios, ni ley, sabiendo que Alfunso es Rey. hoy por Principe le jura, Pues de suerte ha gobernado, que todo el Rey no le adora, no sé qué he de hacer ahora, él tiene el Rey no prestado, Pues como desmentiré un yerro tan desigual? vive Dios que hace mal, pensando acertar, erré: Ay Cielos! dadme consejo, dirán (trance peligroso!) que engaño por ambicioso; o que caduco por viejo. Ya sale el Rey, a apelar a su Audiencia he de acudir, que sino para dormir, que me dé para soñar. César está prevenido lo que yo os mandé? A mi cargo le despertó la obediencia de lo que estabn encargado. Hoy ha de admirar Sicilia . el suceso más extraño, que le dio la fama al bronce, le dio la lealtad al mármol. Señor en casos que importan a solas quisiera hablaros. Pues despejad. Idos todos. Solos habemos quedado, decid, pues lo que queréis. Digo, que he hecho reparo? en que tratáis de jurar hoy por Príncipe a Fernando? Él es verdadero Rey, no es mejor manifestarlo, pues ha llegado suedad a aquellos felices años, en que puede ya por sí poner freno a sus contrarios? Y eso por qué lo decís? Porque os miro muy hallado, de unos días a esta parte en la Majestad, Albano. Pagaraime la sospecha. . lo que yo tengo a mi cargo, no he menester que lo guíe, Almirante otro cuidado: Quién os mete a vos en eso? El ser muy leal vasallo, y obedecer a mi Rey: que esto el Rey me lo ha mandado, Albano, sabes quién eres? Noi gnoro lo que me has dado; pero puesto que anduviste entonces tan temerario, que al fin hiciste el ección para este puesto tan alto de un hombre, de quien estás; hoy tan poco asegurado; De quien te quejas; De ti. que con libre desenfado te levantas con el Reino. Eso quien puede dudarlo. Luego ya te juzgas Rey? Sí. yo soy Rey. Hasta cuándo? No examines los deseos. Bien puedo yo examinarlos, y también tengo un testigo. que dé testimonio claro de que has sido Rey intruso, y esto no puedes dudarlo. Quién es? El difunto Rey, a quien yo tengo guerdado con sus insignias Reales. Han pastado muchos años, y entre el horror del sepulcro los Reales aparatos sdrán tan otiros, que ya parezcan testigos falsos. Pues haré notorio al Reino, y almundo, que eres Albano, aquel villano, que al Rey vieron parecerse tanto, y ya despeñado el Rey, por evitar otros daños te introduje (ha que malhace!) en el Reino con engaño. Nojés que no han de creerte; no eres tesigo abonado, por solos cuando Sicilia puede alegar lo contrario. Yo rescataré a Sicilia de la ambición de un tirano. Harete matar primero. No harás, que en aqueste brazo vive sobrado el valor para hacerte mil pedazos, y castigar la osadía de haberte atrevido a tanto. Qué descompostura es esta; Hola. Señor aquí estamos para obedecerte. Ay suceso más extraño hay suspensión más confusa! Yo, lea les Sicilianos, quién soy? Eres nuestro Rey: Quién se atreviere a negarlo, no será digno de muerte? No será leal vasallo quien no la quite mil vidas. Válgame Dios tan postrado me tiene el dolor, que apenas vengo a dudar lo contrario Quién soy Almirar te yo? Yo sé que soy fiel vasalio, quien sois vos, vos lo sabéis. Pues con ánimo tan flaco, y tan inorme sospecha lo que soy habéis dudado? hoy apesar de traidores, y de pensamientos vanos, y de juicios mal seguros he de hacer al munde claro, que soy el mayor prodigio que los siglos admiraron, y el más misterioso enigma del volumen de los años. Corred aquesa cortina, y sepan los Sicilianos, que yo soy quien supo ser a un tiempo Rey; y Vasallo. Qué enigmas Cielos son estas Dudo lo que estoy mirando. Fernando, que el Regio trono ocupa; entre soberanos aplausos, es nuestro Rey; esta Corona he guardado en depósito leal por espacio de cinco años, que hoy se cumplen, y hoy tambien con dichosos desengaños la restituyo a su frente, Don Pedro, Rey malegrado, a vista del Duque, fue quien se despeñó cazando. La industria del Almirante viendo en mí el propio retrato con semejanza tan viva, que se acreditó el engañó (por ser vuestro Rey tan niño) me introdujo al soberano solió, siendo yo un pastor que goza va alegres campos en olvidada fortuna: si tanbi en no he gobernado como merece el deseo, supla de hoy más lo que falto vuestro natural, señor, digno de tales vasallos. Prodigios parecen todos. Mas qué lealtad, es milagro! Ya, señor, sois nuestro Rey. Quisiera ahora dudarlo, por tener tan buen maestro, mas pues me habéis enseñado a ser dichoso, y a ser agradecido; yo mando que gobernéis a Sicilia, que quiero de vos fiarlo, y admitiendo vuestros ruegos? dalde a la Infanta la mano; pues que yo os lo mando, Duque. Vivas, señor, muchos años. Bien haya tu discreción; y bien hay a tal villano; El Cielo oyó mis suspires, logró mi amor en Albano: dichas son cuantas suceden. Pues otra merced aguardo, señor. No puedo negarla, Cuando labraba los campos, amé esta hermosa Aldeana. No puedo negar, Albano, tan merecida fineza. Esa, señor, es mi mano, Y aquí tres indignas plumas, indignas de vuestro aplauso; la semejanza os dibujan de aun tiempo Rey, y Vasallo.
