Texto digital de A un tiempo esclavo y señor, y mágico africano
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A un tiempo esclavo y señor, y mágico africano. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-un-tiempo-esclavo-y-senor-y-magico-africano.

A UN TIEMPO ESCLAVO Y SEÑOR, Y MÁGICO AFRICANO
JORNADA PRIMERA
Ahomet, noble Africano, Ya ya no esclavo, sino amigo amparo, norte, y defensa, lustre, sombra, y patrocinio: que grancias podrá rendirte mi agradecimiento fino, en recompensa de tanto bien cómo de ti recibo? Señor, no quieras borrar tus timbres esclarecidos con mis dichas, pues yo solo sé de mí, que leal te sirvo. Y tanto, que solo tú pudieras ser de ti mismo comparación: Yo quedé. dueño de un ilustre y rico mayorazgo; y entregado a atravesuras y vicios, aún primero que logrado le lloré desvanecido. De mi caudal, mis criados, mis preseas, mis lucidos adornos, pajes, y Esclavos; me encontré destituido: Solo a ti, que por el mucho amor con que te he querido te he conservado en mi casa; me dejó el Cielo propicio; y en ti, cifrados más vienes que me quitó el hado esquivo: pues tu viéndome tan pobre, atendiendo a mis alivios; me dijiste que en la edad de tus Abriles floridos; de Magia ciencia, aprendistes no sé que oscuros principios: n ellos, y tu lealtad, tan opulento me miro; que no echo menos el más estraño, más exquisito adorno, gasto, o deleite; que no veo conseguido primero que imaginado; pues habiendo el rostro visto de la hermosa Margarita en quien cifró amor prodigios; pretendería y merecerla fue casi en un tiampo mismo, viendo en mí la obatentación que a tus ciencias he debido. Esta es la dicha mayor: este el mayor beveficio que por tu causa he logrado; y a tu lealtad he debido: Con que no hallo recompensa que equivalga; ni imagino cual sea paga bastante; a tantos nobles servicios: mas si la libertad es joya de precio infinito; libertad, Caballos, galas, armas, y todo te rindo; usa de ello, todo es tuyo; que aún que sentir es preciso tu ausencia; quien honor, vida, esposa y ser te ha debido, 3 Que mucho hará en darte prenda que te usurpó el hado impío? Armas, Juyas, y Caballos; son dones que yo no admizo, pues con mi ciencia; mayores logros y empeños consigo: y a que la libertad sea un bien tan apetecido; a tu gusto, y mi afición; y Señor la sacrifico. Ay de mí! como es posible en tan ciego laberinto hallar libertad el alma, estando preso el sentido! Oh noble Mahomet! con esta acción, tu afecto confirmo: llega a mis brazos. Tus pies son mi centro. Jesucristo! rrazo esclavo abraza, y yo que como tocino arrinconado? yo quiero darle un abrazo: más chito, que este es el perro, y yo sop el asio: bastante digo. Adiós, y en este jardín con vanidades de Elíseo me espera; interín que vuelvo con mi Esposa porque fino vivo en brazos de la muerte cuando en sus brazos no vivo. Al pussto vendré, y dispón algún grato regocijo con que divertirla, pues justo es la obsequien unidos, como a Dama, los verjeles; como a deidad, los prodigios. Adiós, Señor Mahomet. Agur busón. . Despacito que no son muy diferentes a mi ver vuestros oficios. Pues como él hablar se atre Escuche usted: Según dijo el amo; usted esta boda no hay duda que lo ha zurrado con que:- Ven acá menguado: Quién te ha informado o ha did que les toca a los Lacayos averiguar los motivos de los Señores? . Y que le ha dicho al perrazo chivo que sabe tanto; sino sabe deletrear el Cristus? Aguarda pícaro. . Toma, toma Marqués. Que el alivio que busco para mis penas, se me convierta en martirio! Fortuna airada, seis años ha que de Sevilla piso el ameno suelo; a expensas del infelice destino. Arrastrado del deseo de mirar climas distintos; en un combate nabal; me dejé llevar Cautivo: Viene a parar a la casa de este Joven Federico; donde un retrato que vi del Soberano prodigio que por Esposa consigue; abasalló mi albedrío. El embeleso de ver esta hermosa Ciudad, hizo que el logro de libertarme abandónase al principio, pues a cualquier tiempo, a fuerza de mis artes, o prodigios; por mar o viento, pudiera emprenderlo sin peligro: pero ahora que el amor me impone tan torpes grillos; mal espero en tal augustía romperlos ni dividirlos, pues no hay encanto, a su encanto; ni a sus hechizos, hechizo. El modo de conseguir les nobles intentos míos ignoro; sino me enseña el mismo amor el camino. 3 Pero no amaba un Doñ Juan ( Caballero esclarecido de esta Ciudad) a mi ama, primero que Federico la lograse? pues sus celos han de dar a mis designios el somento: y pues Elena, prima de mi bello hechizo, también arde ciegamente por Lisardo; confundidos a todos he de traer con mis mágieos prodigios; por si encuentro en las borrascas ajenas, mi propio alivio. Yo haré: pero aquí se acercan hablando con gran sigilo; Eleña, Laura, y el Criado de Lisardo: yo imagino que ha de importar escucharlos: a esta parte me retiro. Lleva Octavio este papel a Lisardo diligente y que ejecute obediente lo que le prevengo en él. ré obedecerte fiel sin que el temor me sujete, pero es fuerza que me inquiete, de ser sin joya, o dinero. Toma esta sortija, y vete. Ya nada habrá que me aflija con suerte tan placentera, pues antes de la carrera, me he llevado la sortija. A ver? damela. . No hija. No más que haber. No lo esperes. Ni aún dejármela ver quieres? No, que no es consejo sano el poner piedras en mano de locos, ni de Mujeres. . Que le escribes a Lisardo? Que venga esta tarde a hablarme por si conviene en sacarme de aquí restado y gallardo; pues si en resolverme tardo; recelo, no sin razón, que burle nuestra pasión mi tío, dando mi mano (del albedrío tirano) a quien no ama el corazón. Yo estorbaré tus intentos. . Mira que tu prima viene. El disímulo conviene, no entienda mis pensamientos. La causa de mis anelos. se acerca: atención desvelos. Prima, guardente los cielos. Y prosperen tu belleza, sin recelos ni tristezas. Ni recelos ni tristeza temo: mi esposo me adora con respeto, afecto, y fe, y en tres estremos; no sé cual más agradezco ahora: me festeja y enamora con afecto tan rendido; que el solo unir ha sabido en tan solicito afán; rendimientos de Galán, con finezas de marido. Dulce e idolatrada esposa, a tus ojos llego ciego por fallecer en su fuego, como amante mariposa. En esta llama amorosa, mi pasión su logro advierte. Oh bien haya amen la suerte que indalgente me convida a solicitar la vida por tan apaciable muerte. Felice quien llega a ver legrados tantos desrelos. Solo pudieran los cielos esta ventura ofrecer. Y dispensar su poder tanta dicha a tanto amor. Y yo sufrir tal rigor. Qué agrado! Qué majestad! Qué respeto! Qué beldad! Qué ira; que rabia; que horror Entre rosas y claveles, eres con señas iguales, la tetís de estos cristales, la flora de estos verjeles: todos se atropellan fieles a obsequiar tu luz hermosa Siendo en palestra amorosa un trino, cada jazmín, cada pájaro, un clarín; y un sarao, cada rosa; y así, he de mostrar aquí como Venus y Cupido y a sus gracias se han unido para festejarte a ti. Si estará Mahomet? Sí. Felice soy: y asi advierte: Para cuando de la muerte son las iras? Mira atenta: los pasmos que te presenta mi voz. Cómo? De esta suerte. O tu Madre del amor que siendo hija de la espuma eres el centro del fuego; a mis acentos escucha. 4. Que mandas que ordenas que a tu voz se uuan precepto he imperio con dichas seguras. Que renaciendo en cristales con tus hermosas alumnas, sestejéis de Margarita a la divina hermosura. Ya razgan ya rompen el centro que ocupan amor y belleza y las gracias juntas. Qué asombro! Qué confusión! Que miedo, decir debieras, pues esto es cosa del Diablo? Qué necedad! solo es esta de la Magia blanca, que Mahomet sabéis que profesa con tal perfección, un breve rasgo con que mi fe anela divertir a Margarita: y así, diga Venus bella:- Pues hoy a mis tres gran añado una que excede en perfecciones a todas juntas. Rindan punidas a los nuevos amantes de amor primicias. Estas Palomas dicen finas y amantes que han de ser inocentes las lealtades. Y estos Mirlos publican que la hermosura sabe dar alagüeñas las amarguras, Estas rosas que Adonis tiñó con sangre publican de los celos las crueidades. Y en esta gracia nueva te da tu Esposa un corazón amante centro de todas. Y el amor ciego confirme la alianza de vuestros pechos. Querido hijo, pues tú eres del amante fuego quien los incendios reparte, confirma este dulce enlace que teció el amor más tierno. Si haré Madre pues que nunca yo me excuso a tus preceptos. Amantes venturosos en vuestro seno hospedad a Cupido que aunque pequeño alimentado de vuestro afecto el subirá a Gigante audando el tiempo. Ay que me caigo! Ay qué tropiezo! Madre, pues logré el tiro. acá me vuelvo. . Que inquietud tan apacible! Qué lisonjero veneno! Se introduce por el Alma. Me va penetrado el pecho. 2. Que me obliga a que publique rendido a tan dulce incendio: , . Que el amor ciego confirma la alianza de nuestros pechos. Y en mí, la rabia, el furor que me fábrico yo mismo: y así para que no pasen adelante sus afectos. En humo y en polvo deságanse al viento deficias que fraguan de amor escarmiantos. Señor, Señor? 3 Que hay Mahomet que te obliga tan violento a interrumpir mis venturas? Que llega tu padre Arnesto a esta parte; y como ignora mi habilidad, el portento quise encubrirle. Ay de mí! Que no son sino mis celos los que rabiosos procuran atajar lo que padezco. Bien hiciste, si eso ha sido. Cigueña, que será esto? Nada malo dicen: veamos si parará en algo bueno, Federico, Margarita, que hacéis en la estancia amena de este jardín, retirados? Señor, con mi esposa bella confiriendo estaba dichas de amor. Señor, a la puerta está Don Juan de Toledo aguardando la licencia de entrar a hablarte. Don Juan buscarme a estas horas? entra . y di que ya voy: vosotros hijos, esperad en esa Sala, que luego al instante que se vaya, doy la vuelte. . Tu gusto como precepto obedecemos. Qué fiera apresión! 3 este Don Juan no es aquel cuya asistencia contina en estos umbrales, sembró el alma de sospechas? que querra? yo he de escucharle: vamos adorada prenda. Tus pasos, amado esposo, sigo ansiosa: ven Elena. Cuando de tantos cuidados go. saldré Ea amantes penas, ya este acaso va a nunciando la calma de mi tormento. . Tanto el regocijo es de Margarita? De esta echa se vuelve loca. . Ay pesares! Mi amo está como un vabieca; no puede haber en el Mundo casados que más se quieran. Esto más, desdichas mías! ni aún el consuelo tubiera de ser mis penas dudosas! Parece que a usted le pesa? A mí? porqué? Lo sospecho. Qué locura! Arnesto piensa en Salir, o cómo tarda? No tarda, porque ya llega. Beseos las manos, Señor Don Juan: vete Cigueña. . . Y yo señor, como siempre, estoy a las plantas vuestras. Que me tenéis que mandar? Una bien fuudada queja tengo de vos, y he juzgado será bien satisfacerla. Queja de mí? Sí Señor. Oculto de esta ante puerta, - escucharé. Mucho estraño que confesando tenerla, en mi casa me busquéis habiendo campo; que aquestas canas entre nieve, ocultan aún más extintas pavesas. No tengo, Señor, yo espada para vos. De esa manera, sentaos, y hablad. Bien sabéis que de Margárita bella enamorado, os pedí su hermosa mano. En la misma ocasión que Federico hizo la propia fineza. referistéis, por más dicha, por mejor estrella, no por más mérito. Así mi obligación lo confiesa. Pues merecer una dicha, basta para que se pierda; y él no merecerla, es cierto camino de poscerla. Eso no entiendo. Qué escucho! Pues porque lo entendáis; fuen será esplicarme más claro. No ignoráis que mi nobleza es antigua: mis caudales sobrados; y que mis prendas las pública el mundo a voces, si las calla mi modestía. Bien sabéis que Federico por su condición trabiesa, prodiga, y desordenada, se miró a tanta pobreza sujeto; que solamente una limitada renta bastó para sustentarle no con la mayor desencia. Que después en pocos días, sin que el motivo se entienda, de pobre a rico pasó; y aún con mayor excelencia, desde rico, a poderoso: y aunque tanto se desvela el bulgo en averiguar novedades, no pudo esta; pues solo (dando por cierto lo que aún dudoso sospecha) dio en decir que tantos bienes, sin duda ninguna, eran productos de medios menos licitos:- Qué esto consienta! Sabiendo que por ninguna parte, conseguir pudiera estas ventajas; después la fortuna varia y ciega premió su amante deseo (según ya por cosa cierta a una voz confirman todos) con la noble mano bella de Margarita vuestra hija. Pues ahora llega mi queja, no mi desaire; mi venganza, no mi afrenta. a Será bien visto en la antigua gloriosa projenia vuestra, un borrón obscuro que haga los lustres de la nobleza? a Será bien que llaméis hijo a hombre tan vil que granjea por medios indecorosos, tal extremo de riquezas? no es mejor, si llega a tiempo el remedio, que desecha esta unión::- Tened la voz, . pues no es bien que la ira ciega ya que los sentidos turbe, embarace las potencias. Vive el Cielo:- Federico es hijo mío; y si no lo fuera, por noble, por bien nacido, me tocava su defensa: esto creo, y esto digo; y aquel que otra cosa entienda, miente mil veces:- Señor:- No me digáis nada, y sea esta la postrera vez que habléis en esta materia: idos, y no deis lugar a que aquí él respeto os pierda, aunque no le tiene; quien al ausente no respete. Corrido estoy. Aguardad: esta tarde en las riberas del Río, tengo que hablaros; que esperimentar quisiera si mobéis tan fácilmente la espada, como la lengua. Y amí mejor, como veréis vos mismo por la esperiencia: allá aguardo. . Bien está. No tardéis. . Ya poco resta al piazo. Quedad con Dios. El guarde la vida vuestra: ciego de cólera voy, yo vengaré mis ofensas. A dónde está tu amo? No lo he visto: pues aunque más colícito, más listo yo procuré espiarle; me cuesta gran trabajo el encontrarle; quien da con él al punto; es aquese perrazo cegijunto que sutil de narices, me parece que es perro de perdices. Llámale. Al punto parto. Dónde estará? Sin duda que en su cuarto reza sus devociones. Devociones un Moro? En ocasiones yo le he visto arrobarse. Estás sin tino? Si Señora que aquello lo hace el vino; y si una Mona toma; la sacrifica al hueso de Mahoma. Anda ve, no seas loco. Al punto viene; que en llamándole tú, no se detiene y salta como un galgo: yo no lo entiendo, pero en esto hay algo. La obediencia leal, a eso le obliga. Eso será; no sé lo que te diza. . Prima, yo me retiro porque tengo que hacer. No tardes mucho. Al punto vengo, ven Laura, que la noche me convida: Vanmos porque en la reja haga la seña: hoy te la pego, mísero Cigueña. Tengo grande cuidado por si Don Juan con mi esposo ha hablado; que como mis desprecios ha sentido; de mi Padre y de mí, estará ofendido. y siempre en ley de amor apagar viene la culpa, aquel que menos culpa tiene. El criado, Señora, anora me advierte que vuestra voz me llama; y a mi suerte obligado y rendido, llego donde los umilde os pido. Alzad del suelo. Amor vendado y ciego, como en la nieve ocultas tanto fuego? Dime, dónde deajete a Federico? Mi muerte busco, si mi pena esplico; y si callo fallezco: rigor fuerte! en todo hallo peligros de mi muerte. 3 Qué haré en pena tan fiera? No te suspendas, habla. Quién pudiera! hablaré porque entienda esta homicida que de su compasión pende mi vida. Pues qué recelas? dilo, que mi esposo está en algún peligro? No el hermoso explaudor de tú semblante, turbéis Señora. Di, pasa adelante. Mi Señor no padece daño alguno; el destino importuno, sus dichas no desdice; que el hado no se atreve al que felice tiene piadosa y bella, benigna en su favor, tan buena estrella. Dónde está? que como él viva contento, oprimirme no puede el sentimiento: ansiosa mi se espera recibirle en mi pecho. Y que yo muera. Qué tienes? ya en mudeces? ya sus piras? ya pálido el color, al cielo miras? tienblas? qué es esto? Ay Cielos! 3 Qué satigas, que penas, que desvelos te acongojan? No lo sé, que en tal tormento, que siento sé, y no entiendo lo que siento. Según triste el mirar, la lengua muda, y tímido el aliento, a ti sin duda memorias de tu Patria te suspenden. Ah! que no siempre entienden en amantes enojos, los ojos, el lenguaje de los ojos. Llego amor es quien causa tu que- branto? esperación, mi hansia, mi lla Aunque la juzgo en clima diferes ;cual es la Davta? La que veis presente. Qué es esto? no es mi rostro el allí veo! A esta deidad, se postra mi de estos ojos divinos, son, Señora los que idólatra fiel, mi pecho ado y aquel labio, que el alma revere de quien espero rígida senten Alarbe, presentuoso, loco, rama espúrea de Agar,; como se ato a tal acción, tu infame pensamien Detén, Señora, el irritado ace que para darme muerte dilatada, sobra el temor de verte tan airad Vete, la libertad te doy; no ospe más plazos, si gozar la vida quie mientras que aques te lienzo, infieltira es fiejible despojo de mi mano Pero que veo! en ocultar no yen tu infamia el negro centro de la te pues en vano es que aún torpe pee miento, le ilustre el sol, le purisique el vie Vete, que si mi esposo a saber llo tu villana osadía, su ira ciega la muerte te dará si antes no adve que aún es corto castigo, muerte. Ay infeliz de mí! yo estado c pues con alas de cera surco el fueg Qué haré? qué rumbo seguiré constan si me ve, esfuerza que a su espo amante de cuenta de mi error: pues a que es a más donde voy, si al ausenta muero? oh amor! abre camino a mis temor y si disculpar sabes los errores, apadrina esta vez los de mi pecho; mas si mal no sospecho, pasan Elena y Laura, a la otra e para hablar con Lisardo: y pues igual los estremos amor, con mi deseo; he de estorbar este feliz empleo, que pues yo no consigo dicha alguna, tampoco envidiar quiero su fortuna. Aguardaos un instante en este oculto retrete; que ya sale mi Señora. Esa esperanza, mantiene a mi corazón. Lisardo? Mi bien, mi vida, Señora, en hora felice llegue a coronarse mi amor; de tus favores alegre. Habla quedo:- Yo estoy muerta. Porque si acaso nos sienten; somos perdidos. Mi tío y mi Prima, en el retrete inmediato están, Lisardo: si lo que el papel contiene (qué te escribí) has entendido, sabrás que el llamarte a este aposento, es solo a fin de que contigo me lleves donde logremos de amor los gozos, sin los valvenes con que un tirano dominio me abasarla. No tienes que expresarme; solo dudo como, cuando aún no anochece, lo has de lograr sin que todos estén dormidos? Advierte el fin: te llamé temprano, porque si alguno te viese entrar no siendo a deshora; no tendrá porque sospecho: y una vez dentro; escondido estarás hasta que llegue tiempo oportuno. Bien dices. Laura, a esotra pieza vete; y si me llaman, avisa. Deuda es en mí, obedecerte. . Siéntate Lisardo? y pues un breve instante concede amor, a nuestras pasiones; no será justo perderle. Aquí están los dos amantes; yo turbaré vuestra suerte, y pues yo floro desdichas; nadie ha de contar placeres. Dices bien; y en prendas dulces de nuestro afecto; dispense tu modestía, dueño amado, a mi labio reverente que selle mi esclavitud en esa esfera de nieve. Tómala, mi bien. No harás porque yo de aquesta suerte lo impediré. Ante Usia este hombre reo parece por indiciado en el rapto de Doña Elena. Valedme Cielos! De Rojas, Qué es esto? Está bien: haced que lleguen. Escribano? Señor? Tome Un. asiento, y empiece a leer declaraciones. Qué es esto que me sucede! mas vuelva en mí, y esta espada:- Pues qué desacato es este? 3 Vos usais armas delante de la justicia? Quién tiene tan poco reparó, que permite que espada lleve un reo de tantos años? Tantos años? de que suerte si ahora mismo nos agarran? Señor: Llegad. ? Que pretende qua está tan remiso? Leed. Los testigos que aquí vienen firmados; son Juan de Ángulo, Bárbero: Vicente Perez, aguador de nieve: Antonio Juan, mercader de aguardiente: que todos juran unidos, conformados, y contestes; haber visto a Don Lisardo: ; Quiénes serán estas gentes? En casa de Doña Elena entrar cautelos amente a las cinco de la tarde con Octavio, como de este robo tercero. ; También de mí se acuerdan ustedes? Y a las doce, cuando estaban todos recogidos entre las oscuras sombras; solos los tres se salieron. Miente quien lo dice; que aunque entramos, no hemos salido. De suerte, que uuvidos unos informes con otros, claro se advierte su delito. Esto no para en indicio solamente. Es que sigue. Que he de hacer que la lengua se entorpece! Este caso, lo acrimina todo el rigor de las leyes. Señor:- Qué alega este reo? Dice que es verdad, que atrueque de conseguir su hermosura; intentó acción tan aleve; pero que no la logró: que por falsos se condenen los testigos, pide. Y sean condenados para siempre. Pónganse luegó en un Potro estos hombres; pues no quieren declarar. yo diré más que supiere. que he de declarar, si el sujto apenas deja que aliente. Y no tengo que decir mas que aquí he entrado a traerm conmigo a mi amada esposa, y lo he de lograr valiente. Pero eso será si Vin. de Ceuta con vida vuelve. Y yo iré a Zenta, señores? Después que doscientos lleve por alcahuete, bribón. Mal tabardillo te pegue. Yo a Zeuta? porque motivo? Porque los respetos pierde que debe de un hombre noble, a las ilustres paredes. Yo he de sufrir este insulto? Ministros, luego ponedles grillos como os he matidado, y la luz del Sol, no esperen ver Yo, Señor, como noble; su reputación volverle sabré a esa Dama; y casarme con ella. Eso se verá despacio. Doña Elena? Acia aquí viene. Arnesto; ya es fuerza que el aire estas sombras lleve. Pero esta vez:- Qué aguardáis? Llevadlos que los encierren en el calabozo: agur señores, manden ustedes. Ay, que me llevan los dicoo Qué asombro, que horror es Impaciente espero, y no hab en mi confusión sosiego: a si faltará Federico a nuestro aplazado duelo? Perdonadme si he tarda que al discurrir que tan presto hubierais venido; yo me adelantara; pues tengo por jactanciosa victoria; ser a este lance el primero. El tardar, no es accidente del valor. Así lo entiendo: y pues que solos estamos los dos, y este oculto puesto nos ayuda;; os acordáis de que dijistéis soberbio que había granjeado yo con indecorosos medios, la mano de Margarita? Cuando no fuera tan cierto que lo dije; ya en el campo, me tocava defenderlo. Pues quien se afirma en la ofensa, me la repite de nuevo: sacad la espada. A eso solo he venido. Fuerte aliento? ̱. Gran destreza! Que no acabe con él! Poco podéis celos pues tan remisos estáis: muerto soy. Dios te dé el cielo. Ya tengo mil penas más, si tengo un contrario menos; pues si la ausencia ha de ser de esfos pesares remedio; ausente de Margarita mal podrá vivir mi pecho. Llegad todos, que aquí están, Tede Perdido soy! que haré cielos en tantas dudas? e . Señor, qué aguardas? huye al momento, porque la justicia toda (a quien dispuso mi ingenio que la noticia llegara) avisada del suceso, aquí llega. Con tu amparo, peligro ninguno temo. A todo es bueno la ausencia: vete, que el mejor acuerdo es este; porque después o ya el arte, o ya el empeño; conseguirá lo que ahora es contingente: huye Juego: la fuga es mejor, ya el hado r proporciona mis deseos. Ay de mí! Qué te detienes? que llegan, vete. No puedo: Por qué? Porque dejo el alma en Margarita. Muy presto la verás; admite ahora, pues es fuerza, mi consejo. Más vale morir. Advierte cuanto dolor, cuantos medios causarán a mi señora tus pasiones. Ya me venzo: - pero el corazón se cabre de un horror: Qué debaneo! Solo te encargo Mahomet que en mi ausencia, tan atento como siempre, no te apartes de su lado. Te prometo que no eche menos tu amparo. Obligado y satisfecho voy de tu lealtad: por donde iré que no dé con ellos? Este peñasco te esconda, que a deslumbrarlos me quedo. 1. Aquí están; favor al Rey. Este esclavo será el reo del homicidio, pues solos a él y al cadaver encuentro. Yo Señor? Quién le dio muerte, fue mi amo. De su duelo estoy infarmado; mas como a ti solo te veo con el cadáver, discurro que has reñido por tu Dueño. No señor: ya digo que fue mi amo; pero huyendo por la margen de ese río, fletó un embreado leño, que cual pájaro con alas, corta la espuma y el viento. Tan presto, cómo es posible? Si no me creéis, veréislo brebemente; pues usando de no sé que encantamiento; proporciona cuanto quiere. Sobre homicida, echicero, yo aseguro que le cueste caro. Si podéis cogerlo, Mirad como ya el bajel las blancas alas tendiendo, pájaro de abeto, surca del mar los azules senos. : s, Qué asombro! Qué admiración! Qué prodigio! Qué portento! Camine ligera la nave belera, pues dos elementos en Mares y en viento la guían al puerto, con tranquilidad. En esto tú tienes parte; y así, ya que en él no puedo; en ti he de hacer un castigo para el futuro escarmiento, que por iádito, de horrores al mismo Aberto. Eso es no ser justo Juez; porque yo, que culpa tengo? La de no haber parte dado de estos encantos con tiempo, para que un Juez competente castigará estos excelos: y así prendedle. Al iustante. Venga acá el faramallero. Mirad lo que hacéis, que aunza Federico ya está lejos; no se le oculta este arrojo, y os podrá dar escarmiento. Cómo, atrevido, pues tú me amenazas? Inego, luego atadlo y a la prisión le conducid, que prometo que ha de pagar él, la burla que Fedérico me ha hecho. No, no se me escaparálo En manos está el pandero que le sabrá repicar. Pues si mis humildes ruegos, a más de estar inocente, no valen; no puedo menos de tomar otro partido, y que ha de pesaros creo. Tu partido? Ea llevadle. Mirad, Señor, que yo tengo quien por mí saque la cara. Quién? Estos dos Caballeros. Amor, pues con esta industría mis esperanzas aumento, he de seguir con prodigios, hasta conseguir mi intento.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Amada esposa: el cruel fraco so que te habrá dicho la fama, obligó a abandonar la patria, por e Ciudad de Sicilia donde vivo en caos de confusiones, pues no han Sid parte para saber de ti, las repetido cartas que te he escrito: grande serád sentimiento si este acaso procede inque causa menos favorable; arriesgue mi vida; brevemente volve- ré a tus ojos, donde averigue mi des- dicha, o tu mudanza: Tu Esposo Federico. Aquí acabó el fingimiento: aquí empiezan mis pesares: fortuna inhumana, cuando firme estuviste un instante? tres meses ha que mi amo por el dichoso desastre para mí, y mis persuaciones, se ausentó rompiendo mares. Yo, al precepto de la Magia, tomando su rostro y talle, el mismo tiempo ha que ocupo su lugar, por ver si amante siendo esclavo y dueño a un tiempo de sus astros rutilantes, consigo de Margarita, los favores celestiales: Las cartas que mi señor a ella escribe, vigilante recojo; sin que las vea ningamo; que aunque es constanto que Federico me juzgan, si las leyesen, muy dable fuera, que la presunción en la duda tropezase: En esta última, la escribe que ya viene vigilante; Llegue en buen hora, que yo cuando a mí mismo me hable, a él mismo le haré dudar si yo soy él. No en el trance me abandones, negra ciencia, que yo quedaré triunfante si a los encantos de amor, fuerza vuestro encanto añade. Señor, tu esposa me manda que te busque. Cuanto aplaude mi corazón la voz tierna de esposa! pero constante la fortuna en sus rigores todas mis glorias deshace No respondes? Auda y di a Margarita, que amante la obedezco: pero dime está algo más agradable que otras veces? Si Señor, como quien prueba vinagre. Difícil me es la conquista de su pecho: dolor grave! 3 Ella antes no te quería grata, rendida, y afable? a comó se mudó tan presto? No lo sé: déjame infame. 3 Pero no hay algún echizo que sea a obligar bastante su albedrío a que te quiera? Para eso había de ser dable sujetar los albedríos, y esta no es empresa fácil, pues mal podrá hacer la Magia, lo que aún el cielo no hace. Yo no lo entiendo: y dejando esto, quiero preguntarte (que ya voy a obedecerte) una cosa, aunque te enfades. Dila. Aquel perrazo moro (maldita sea su sangre) que se hizo? Ahora preguntas esa necedad? no sabes que riñó por mí, sin que yo a penetrarlo llegase, con Don Juan, aquella noche; y después cruzando mares, huyendo de la justicia (que tantas veces en balde también a mí me ha intentado prender) se ausentó? Ah vinagre! lástima fue que se fuese sin que le pringaran antes! Cigueña, aún con los esclavos, es la piedad importante. Pero si él era un Demonio, un vil:- No digo que calles? Era un:- Villano, haré que me obedezcas. Ay Madre de mi alma! Qué Ya nada, Señora. Sabe que porque digo que el moro era un pícaro vivagre, me sacudió. Bien conozco cuan poco contigo valen mis desengaños, pues cuando de mí su infamia escuchaste, le protejes. Pues que culpa fue la suya? Declararme su torpe afición, no es culpa? Si los luceros flamantes de tus ojos, son la causa, mal los afectos culpaste; porque quien verlos podrá que se rédima de amarles? Quién siendo un esclavo, mida las distancias desiguales que hay de la cadena al mando; pues es victoria más grande vencer con lealtad pasiones, que con pasiones lealtades. Quiero darme por vencido: pero dejando esto a parte, (pues cuando a alegrarte intento no es bien que de enojos trate) a qué tristeza te suspende? Ah Federico! bien sabes que en mí es continuo este horror aunque ignoro de que nace. Qué te falta? Sobra todo. 3 No te divierte lo asabie de las venturas que gozas? Ninguna me satisfaco. Mi amor te molesta acaso? De él se originan mis males. . no; pero más alto influjo me pronostica pesares que no comprendo. Yo sí, pues que le diga es muy fácil el corazón, que no soy su esposo. Si no disvades tus aprenciones,; quien puede ser a tu sosiego parte? y así olvidando ilusiones ve tus sentidos invaden, goza de este regocijo que prevengo vigilante a tu diversión. Me asusta Solo, ver cuan detestable ciencia ejercitas. No temas, que daño en esto no cabe: Cuando se ausentó Mahomer, por prendas de su rescate, esta sortija me dio, según has visto, bastante a proporcionar con ella los prodigios más notables: ingeniosa magia blanca es la que uso, sin que pase a otro deseo mi abelo, que servirte y obsequiarte. Y así, verás que la Aurora rompiendo el diáfano margen a mis preceptos sumisa, lucientes rayos esparce. O tu hija de la noche y el sol, pues ya rutilante amaneció Margarita, puebla de espiendor los aires. , l Qué mandas que ordena que a tu voz constante antes que de Febo examine las luces obediente vengo a saber tu dictamen Qué asombro! No temas nada: ese cámape agradable que la Aurora te permite de hermosas diafanidades formado, a tu belda digno solió en que descanse: siéntate mi bien, Si tú gustas, cómo he de escusarme? Descansa de tus pasiones. Hagan tregua mis pesares con el sosiego este rato: . vanas memorias, dejadme. Oh! sea el sueño esta vez, tercero de mis afanes! Ven Morfeo halagüeño tus encantos esparce adormece las penas y queden despiertos, deseos amantes. Ya duerme: qué hermosa está! Qué infeliz soy! pues amante, cuando a lograr voy delicias, mis temores las deshacen. que hermosas manos! ay cielos! osaré llegar? en balde lo pretendo, que él respeto, enfrena mis libertades. Bárbaro traidor, qué intentas? que emprendes, tirano alarbe? como yo si cuándo cielos! ay de mí! Penas, matadme! 3 Qué es aquesto, Margarita? que inopinada pasión áltera tu corazón, tu sosiego precipita? Ay Federico; ay esposo! un tirano frenesí, me sobresaltó. Ay de mí! o hado siempre riguroso! airada, furiosa, altiva, te vi mi bien dispertar, cuando juzgaba adular mi deseo:; siempre esquiva te ha de encontrar mi desvelo? Esposo, un sueño fatal, causó mi pena mortal. Refiérele.; Ah injusto Cielo! Cuando el letargo impulso de morfeo desaliento en los ojos inspiraba, cubierta de terror al moro veo, cuyo aspecto atrevido me asombraba: no sé que vano impulso, o vil deceo, a ultrajar mi decoro le arrastraba; quiso tocar mi mano, y aunque aleve, indeciso en la duda, no se atreve. Yo le insulto, el porfía, y yo me irrito. crece su llama al ver mi resistencia anhelando villano el apetito el logro de una bárbara violencia: furias éxalo, tosigos vomito; llena de horror despierto: en tú presencia me encuentro, donde pio el alto cielo; templa mi pena, y calma mi recelo. Mi bien; procura borrar ese temor. Ya lo intento. 3 Que quiere el hado violento de mí? Te viene a buscar con una tropa de gente la justicia. Qué querrá? Sin duda alguna vendrá a examinar diligente tu santa vida. Señora, en tanto que los despido, retiraos. Pecho afligido, infiel memoria traidora no cruel me martirices con tan ciegas ilusiones; a que importan tus persuaciones, sino entiendo lo que dices? n Di que entren. Entrad. 3 Está Federico en casa? Sí señor. Pues Señor, aquí vos? tanto honor sale ya de los limites. Es bien que cumpla mi obligación con la forzosa atención de daros un parabién. Don Juan (a quien dejó herido en el campo vuestra espada) ya la salud recobrada y el honor combalecido, pretende vuestra amistad y yo en ella mediar quiero. Siendo vos, Señor, tercero, ya está lograda. Ay maldad, semejante! con la puerta todos sobre aviso estén. Siempre juzgué quedar bien, que mi noble, aguardar no acierta rencores; pues le aconseja esto su honor; y que acuda será forzoso a la duda, dejando aparte la queja. Decid. Cuando sucedió este fracaso cruel, cumpliendo exacto con él cargo, fui a prenderos yo. Es verdad. Pero fue en balde: que un barco rizando espumas, dio a vuestros temores plumas. Es así, Señor Alcalde. Quién os mete en responder? vos lo vistéis? No a fe mía, pero pues lo dice V. S. muy cierto debe de ser. Calla. Si haré, si pudiere. S. Y después se ha averiguado que de aquí no habéis faltado, según las declaraciones::- De quién? De un esclavo que vuestro dijo ser, y acaso presenció el triste fracaso. Palabras pueden dar fe de un hombre sin ley, ni luz? Señor, la verdad diría. Es sin duda que lo haría, si juró sobre la Cruz. Bueno es apropiarme a mí, sus infernales acciones: él es, quien en ocasiones obró mil pasmos; y así lo más cierto es que ese Moro esde entonces faltó y fue quien a Don Juan hirió. Cómo puede ser iguoro aunque el demonio le ayude, ir por el agua marchando, y estar en la tierra hablando? Eso no es bien que se duda si dejaba en su lugar preso a la voz del conjuro, algún espíritu impuro. Eso se ha de averiguar. Cómo? Llevándoos a vos conmigo, donde discreto declaréis este secreto. No intentéis eso por Dios. Por qué? Porque es deslucir vuestra autoridad violento en proponer un intento que no habéis de conseguir. Eso ahora lo veréis; pues si como Caballero no obráis; cediendo a mi fuero, como hombre infame, vendréis amarrado. Eso sería dar motivo: Las razones guardad a otras ocasiones. Ved que ofender sentiría el decoro: Hola? esa espada a Federico quitad. . . Mi Soltad la espada. Aguardad, que familia biela mandada tengo yo en casa, que hará mejor esa diligencia: Con vuestra licencia, no tenemos que hacer ya nada aquí. Cómo que no? usad Señor del poder que tenéis. O De vos solo quiero yo ese reconocimiento. Qué horror! Pues no habéis venido a prenderme? He conocido vuestra razón, y me ausento. Señor, esto es cobardía, y yo a prenderlo me atrevo. Quedaos pues. Y yo lo apruebo, que es bien pensado a fe mía, y es muy justo respetar el decoro de la toga. Ea llegad. Esa es droga: Un. se ofreció a llegar seor Escribano, y así lléguese Vin. 3 Pues a mí quién me lo puede estorbar? daos preso. Yo no llego. Y el Proceso, está acabado? Y a muerte estáis sentenciado. Pues ejecutese luego. Qué asombro! Estraña violencia! Huyamos de aquí. Es en vano: de fe Señor Escribano que ejecutó la sentencia. A nuevos riesgos te ofreces con lo que ahora has obrado. No importa, que aún me han quedado asombros para otras veces. Señores, la verdad hablo, o es mi memoria muy ruda, yo muy salvaje; o si duda aquí hay muchísimo diablo. . Vamos de aquí. Qué ha pasado? migos, quién me socorre? a no veis la sangre que corre? ponedme algún lienzo atado a la herida. Que no hay nada. Si entró tanto el cuchillón. No hacéis aquesta prisión! Prendedle vos si os agrada. . Pues como he dicho Don Juan, no es este reparo, miedo; que no cabe en hombre noble, sino reconocimiento. Que asombros habéis hallado que os causan tanto recelo? 3 En casa de Federito fue (según decís vos mismo) donde causada la tierra vomitó desde su centro toda una Audiencia, con Juez Ministros, mesa, y tintero? Y digo que el zambullirbos por la tierra, es lo de menos. Y que importa, si deéís que todo pasó cual sueño, sin advertir más señales que den razón de ser cierto, que encontraros de repente en la calle. Con todo eso, amigo, es lance terrible; y en fin, yo Don Juan no vuelvo a esa casa. Pues preciso será que yo tome nuevo modo de pensar; si cuando valerme de vos intento para vengar animoso mis heridas y mis celos, (pues aunque encubro el rencor es por lograr mis deseos) negáis la cara a una acción tan fácil. Reñid con ciento, que aquí estoy yo; pero amigo; con fantasmás no me atrevo, El reñir con los demonios, es un chasco del Infierno. Que demonios ni fantasmás si todo es ficción. Concedo que lo es, pero mientras pasa, da que sentir. Según eso, abandonáis el amor de Doña Elena, de miedo? No amigos: mas ella cuando pasó lo que aquí os refiero, se desapareció al punto; y si es cómplice en el echo, no le está bien a mi honor proseguir su galanteo. Y que aún quiera Federico presuntuoso y soberbio blasonar de noble, usando tales artes? Y que el viejo (según tú dices) apoye sus picardías! Mi intento no es más que entrar en su casa, y de entre sus brazos fieros arrancar a Margarita, pasando su aleve pecho mil veces con mn puñal, con que dos agravios vengo: esto conseguido, vos a Doña Elena al momento robaréis; y con las dos en nuestro poder, podomos despreciar de la fortuna injurias y contratiempos. Si eso lograrse pudiera: El valor debe resuelto emprender, y la fortuna propocionar los sucesos; y yo estoy resuelto. Y yo (porque no digáis que dejo en la ocasión a un amigo) iré, pero es exponernos. Vamos, y veréis que son en vano vuestros recelos: ven Octavio. Yo no voy. No temas. Sino me atrevo. Quédate, que no nos haces falta algurra. Lo agradezco. Con que quedó el Eacribano burlado? Era un contento verle correr, agarradas las dos manos del pezcuezo: pero allí viene mi amo. Esposa, mi bien, mi Due siempre retirada, siempre negándote a mis desvelos ocultándote a mis ansias has de estar? dime qué es esto? porque me aborreces, di? Te engañas, no te aborren No ves que dice el semblante lo que disimula el pecho. Eso será a tu entender: y porque veas tu yerro, te he de pagar con los brazos este amante sentimiento: esto es forzoso aunque muera. Mis temores desvanezco a la luz de mi ventura. Bien: ya basta. Qué despego! Señores vamos andando; a cuando sacan el refresco que se está ardiendo este cuarto Yo, en albricias del afecto con que Margárita premia mi fe; cortéjaros quiero. Si as cosa del otro mundo, señor mío, yo lo aprecio. Pues sin saber el motivo hemos encontrado abierto, entremos: pero aguardad, que Federico sospecho está aquí con Margarita, Eleva, y Laura. Qué haremos? Esperar a que se vaya, pues aunque matarle intento, ha de ser cuando esté solo; que sino alborotaremos la casa, y no haremos nada. Ya Lisardo y Don Juan, dentro de la sala están; mi bien admite este corto obsequió que te rinde mi fineza, No os lo dije? Qué portento! Amado bien mío, corta es la expreción, no el deseo; este es el que te dedico; si le admites,; que más premio? y ahora a Dios, porque un negocio me llama: esconderme quiero para saber de Don Juan y Lisardo, los intentos. 3 De dónde nos han salido aqueste par de muñecos? De la tierra. Esa es mi Patria: por fin, ya encontrado habemos mi generación. No quieres refrescar? Pues bien, provemos este sorbete. Pus, pus. aquesta es agua de ajenjos podridos: malditos seáis. Bebe parienta. No quiero: no sabia yo que tenía parientes en los Infiernos. Adiós Cigueña, a Dios. No vi diablos más atentos. Pues ya todos los asombros se han acabado, y el fiero émulo de mis venturas falta del sitio; intentemos el arrojo. Vamos pues. Tenéis valor? Valor tengo. Dulce bien mío: Amorosa causa de mi mal:- 2. Qué es esto? qué pretendéis? Acabar con mi vida, o lograr tierno mi amer, ya que tú, tiraba olvidado tan presto los cuidados que me cuestas. Atrevido Caballero (si es que lo sois, que el lenguaje da artas muestras de zo serlo) si os presta elas el amor para tanto atrevimiento, yo os sabré certar las plumas, con el desden y el desprecio. En vano es; que ya restado, no he de salir sino muerto o contigo. Y yo también. 2. Mirad: 2. Ya nada miramos. Amparadme Santos cielos! Federico, Arnesto. Grita. Gritaré de cumplimiento. Sigamoslas. Muy bien dices. Por aquí: Qué atrevimiento es este? como en mi casa a estas horas os encuentro alborotándola toda a voces? Que le diremos? Yo no sé que responderle. Digan lo que buscan luego, o saldrán por un balcón. Mirad que no merecemos un tratamiento tan poco decoroso. Bueno es eso: no os hace mucho favor esta ocasión en que os veo, sea por cualquier motivo: por Federico pretendo disimular, y aquietarle. Agradeced que no inquiero las intenciones de hallaros en mi casa; he idos presto. Decís bien: quedad con Dios. Id con Dios. Guardeos el Cielo. . Todabía este Don Juan porfía: mucho me temo que Federico se enoje. Hijo, mira, este sujeto, conoce que es mi hombre de muy poco fundamento, y le basta por castigo de este, ya parado exceso, la herida, y la Corrección; pues los hombres que tuvieron mujeres nobles, en Vano tendrán sospechas ni celos; y así vente a recoger. Ya señor os obedezco: en vano será pues llega ya Federico, y me encuentro en u abismo de dudas, de ansias, satigas, despechos. Pero a deslumbrarle acuda basta que osado y resuelto trasladándome a otro clima con Margárita mi dueño, pueda lograr declarado, logros que pierdo encubierto, Fortuna inconstante, pues el consuelo me dispensas de entrar en mi amada patria, no le acivaré la pena de que mi adorada esposa algún contratiempo tenga como me lo anuncia, el ver que interín mi corta ausencia no he tenido carta suya ni de Aruesto: el cielo quiera que a mis temores no siga una infausta consecuencia. Pero divertido (digo, confundido) en estas penas no he reparado el peligro en que estoy; si acaso llega a reconocerme alguno pues ni aún las mevores nuevas del fin que tuvo el empeño con Don Juan, supe siquiera. Mi casa: pero qué miro! aquesta Fábrica, es nueva en este paraje! quien vivirá aquí? doy la vuelta: que confusión! de mi casa no encuentro la menor seña. 3 En tan corto tiempo, pudo mudarse todo? aquí era donde estaba: yo estoy loco, Si a quien preguntar hubiera, Saldría de confusiones. r Pero nu hombre sale de ella; a buen hombre? Qué mandáis? Quién este Palacio hospeda? que aunque ha poco que yo falto de Sevilla, ni aún la muestra de él, conocí en este sitio! Sin duda traéis las señas equivocadas, amigo, que aquí una viuda muy bella vive, que ha vuelto a casar con un Noble de Inglaterra, por haber muerto su esposo; y un sarao: mas ya empiezan los sonoros instrumentos a oírse, y esta es la seña que tengo para mandar que se franqueen las puertas a todos: venid tras mí; que pues ya la noche llega la pasaréis divertida, y gozaréis de la fiesta. los dos est Hoy amor desde el norte viene a templar sus hielos de Margárita hermosa en los dulces incendios. Magnifico aparato! sin duda el Cielo a mis venturas grato al primer paso, glorias me previene. Pues cruel Federico a turbar vienes mis designios, encuentre a su disgusto contra su tierno amor el primer susto fingiendo un ente de Región precita, el aire rostro, y voz, de Magarita. Pero qué es lo que veo! cuanto más examino, menos creo lo que a los ojos la atención ofrece. Mi esposa Margarita me parece quella que aumentando mis desve sacilita evidencia a los recelos. Al estranjero que mi honor ofende, no conozco; hasta el fin dolor atiende a ver si el caso explica más desnudas las cobardes sospechas de mis dudas. Hermosa Margárita soberana, pues la parca cruel vil inhumaba apuró de tu esposo el noble aliento Siendo el filo sangriento tercero de mis dichas:- Qué he escuchado! confusiones, qué es esto? No irritado quiera el hado usurpar a mi terneza las venturas que logro en tu belleza. No estés triste; y si acaso pretendieses que imposibles adulen tus placeres, quien pudo a fuerza de fineza suma, vencer el hielo, contrastar la espuma para lograr bizarro y generoso la dicha síngular de ser tu esposo; sabrá valiente por ventural tanta, de elementos formar trono a tus pluntas; y así, genios, beldades, bailad cantad, teged de amor felici- dades. y tu baja del centro de la Luna hermoso ganimedes, y oportuna tu bella mano ofrezca entre cristales la copa de los Dioses inmortales. Pues Reina Margarita en agua fuego y viento en la tierra le aplaudan todos cuatro elementos. Absorto, helado, y mudo, aún lo mismo que veo, temo y dudo Bizarro Adonis, noble dueño mío, ya muerto Federico; mal confío encontrar más placer que ser tu esposa. Qué escucho! a vil! a infame! a cautelosa! yo he fallecido? como sino había penetrado hasta a quí tu alevosía? Y pues hallé constante en ti, puerto a mis dichas más amante; trocare de mi pena los enojos por la gloria apacible de tus ojos, victoráis parabienes del amor, quien triunfo de tus des- denes. Aunque mi esposo aquí se presentara, tus desvelos constantes no olvidara; pues aunque Federico me quería:- Te adoraba cruel, tirana, impía. Y yo correspondía a sus desvelos; ya más a mi placer me dan los cielos la dicha que mi amor aspira ufano. Primero aqueste acero::- Será en vano, que así de tus violencias me aseguro. otro asombro! a tirano! Quién va a el muro? Qué es esto cielo Santo! yo soy muerto! a lo que mirando estoy, puede cierto? que he de hacer? No responde? Aquesta espada dejará tanta injuria castigada. Diga quien es, o tiro. Dudo como:- Sí? pues allá va este pájaro de plomo. Jesus mil veces! válgame mi alien- to. Y este aparato desvanezca el viento. Por acá. Quién se queja de esta suerte; Quién va a la ronda? pero aquí se advierte a un hombre que está muerto, desmayado. Recojedle, y llevadlo con cuidado adonde averigüemos lo que pasa, que aún la vista me asusta de esta casa.
JORNADA TERCERA
Fortuna inconstante y varia por más que tus sinrazones quieran postrar mi constancia, la han de encontrar siempre inmóvil. 3 Qué es esto que por mi pasa? Cielos, fueron ilusiones las que anoche vi? sin duda; porque caso tan enorme, en la realidad no cabe. Yo estaba en mi casa, donde vi lo que aún de acordarme la imeginación se corre! Yo quise tomar venganza; yo me hallé a un desmayo torpe rendido, y sin saber como después en la casa pobre de un Alguácil que me cuenta que en los lóbregos horrores de una noche, me encontraro: en la esile, tan sin orden el pulso, tan sin aliento; que dudaren por entonces, si era muerto, o desmayado; que en su casa me recogen de orden del Juez, hasta que vuelva, y del caso le informa. Que callando yo mi afrenta diciendo que a un vapor torpa que me asaltó de improviso (como en varias ocasiones me acontece) me rindió a aquel deliquio; me ponen en libertad, y yo vuelvo al centro donde se esconden todo el tropel de mis males, mis dudas, mis confusiones, Qué haré? decidme pesares, que camino habrá que tome en un caribdis de dudas? Pero si mal no conece la vista, aquel es Cigueña; él va estático, o inmóvil: . . Ciguena? Hola, quien me llama con tan familiares voces? gueña, en qua bodegón coméis los postres conmigo? Perdome Vn. y por eso no se enoje, que un forastero:- Qué dice? pues quien le dijo mi nombre) Vos misma, que ibáis dicien Cigueña, y colegí entonces que os llamariáis así. Pase adelante buen hombre, y diga que se le ofrece. Tan solo con que me honre con decir si a Federico de Guzmán usted conoce. Cómo que es mi amo. Decid, saben en su casa donde para? No lo han de saber si en su casa duerme y come? Qué decís? . 3 Es man que esté en su casa? Este Joven es uno que dio la muerte a Cabellero una neche junto al río, y después de esto se ausentó. No hay quien ignore en Sevilla ese suceso: pero vos no estáis conforme en el asunto; es verdad que tuvo el duelo. Oh temores! Pero ni riña ni ausencia tuvo, que un Esclavo entonce dicen que por él salió; mala tiña le corone: todos contestan en eso, porque el Esclavo afuose y no se ha sabido de él desde aquel punto; y dejole (todo he de desembucharlo) a mi amo un sortijón noble con el que hace prodigios. Ah traidor! Sus condiciones son tales, que puede hacer con él cuanto se le antoje. Ya descubrií de mía dudas la causa. Pero es tan torpe en jugar los cúbiletes, que se trabuca de golpe y se le descubre el juego. Cómo? Es que sus intenciones dirige afectuosamente a suavizar los rigores de mi ama, que le quiere como a sara, y sabañones; y no lo puede lograr. Feliz yo mil veces! con que dime, tu señora está con tu amo tan desconforme? Como un gato y un lebrero: pero amigo mío, voyme que he murmurado bastante, y si mi mino lo oye, temo que siendo Cigueña en mochuelo me transforme. En fin, hombre desdichado, entre las ondas seroces de tus dudas y discursos; hallas la Estrella del norte. Ya con esto sé el origen de los asombros de aneche: ya he colegido que aleve Mahomet (ha esclavo torpe!) burla mi honor, transformando su talle rostro y acciones en las mías, por lograr de Margárita los soles. Y pues conservo una llave que por descuido, la noche del suceso, en el bosillo me llevé; entre los horrores nocturros iré a mi casa, donde mil venganzas tome. Ya hice lo que me mandaste. 3 Y le dijiste a Lisardo que en la ribera le aguardo? Sí Señor. Pesares, baste. Don Juan? Lisardo? He venido 3 Qué os mueve a buscarmeas? turbado y descolorido? Oíd; paseándose viene Federico sin recelos, por esos campos. Buñuelos! Y al ver el ansia que tieno vuestra pasión de vengar heridas, engaño, y dolo, pues con su criado solo estú, he venido a avisar. Bien hacéis; y como haremos para matarle? Llegar, darle un porrazo, y andar. Aciá aquí nos retiremos encubiertos, pues si ve que aquí estamos; usará de ficciones, y podrá burlarnos. Cómo podré contenerme en la ocación, al ver a quien arrestado alma y vida me ha robado? Mirando con atención cuanto importará el no errar el lauce. Es verdad. Sospecho, que acia aquí viene derecho. Cierto es; dejadle pasar. Escotillón. Señor ya digo que no quiero, estar en casa más; ájuste con Barrabás la cuente: no quiero yo amo, que con el diablo mantenga conversación El ánimo y la razón nos ayude. Con quién hablo? Con el criado, parado esta. 3 Cómo intentaremo: ae? Los tres saldremos, y cada uno por su lado, porrazo. No dice mal Octavió. Pero sería una infame alevosía A un cobarde, un desseal. No le baldrán hoy los fueros de sus prestigios villanos. 2. Infame, muere a mis manos. Agur agur Caballeros. Qué es esto? Sucesos raros! Qué prodigio! 3 Qué pesar! Pues me he podido librar, también podré castigaros. No han hecho vuestras maldades poco en librarte de mí. No me deces solo aquí por las tres necesidades. Marcha a casa. Adiós, Don Juan. Y ahora pagaréis crueles vuestras incidias infieles. Quién encontrara un desván para esconderse. ̱. Violentos hados, de mí qué queréis? Ausentaros no podréis, porque ya los elementos en mi venganza irritados combaten vuestra crueldad. Divinos Cielos, piedad vnci, En vano a los Cielos clama quien para infames desvelos busca padrino en los Cielo: Ay Dios, y que masa cama! que me ahogo! Ay de mí! Hoy muero! No temáis, no moriréis, pero memoria tendréis, del cobarde, el echicero. Ya el río en la espuma can de las ondas combatida, sepulta mi infeliz vida. Pues a Dios hasta mañana. Válgame el Cielo! en mil duda con el discueso batallo sin saber como o por dónde, pueda salir de este caos. Esta carta hallé en el suelo abierta, y sin duda acaso se debió caer; mas no sé a que fin se escribió: abro segunda vez el papel por si puedo rastrear algo en su contesto que importe: la letra (no hay que dudarlo) es de Federico, y dice: Lee Amada esposa: el fracaso que te habrá dicho la fama; me hizo abandonar (qué ongaño! la patria (cuándo?) por esta Ciudad de Sicilia (raro delirio! noticia estraña!) adonde vivo en un caos de confusiones (mas grandes son las que esto en mi hacausad pues no han sido parte, para saber de ti (yo naufrago en un piélago de dudas) las repetidas (qué agravio!) cartas que te escribo:? no prosigo, porque no hallo cosa ha que pueda venir papel tan extraordinario. Federico, después que dio a Margarita la mino, cuando se ansentó? yo creo que está este hombre delirando: Pero Margarita viene con su Prima que no es bien que el papel vea porque sin duda en el uo sejo femenil, hiciera alguna impresión usando del terrible natural que tiene: también reparo en que pudiera servir de desazones y ensados. Qué hacéis tan solo señor? De cuando acá tú en mi cuarto? Es estraño Padre mío; que ima hija obediente, tanto como yo, os visite? No, no hija mía, no es estraño por cierto. Acá estamos todos. Cigueña, lo que has tardado. Es mucho, Señora mía, según lo que me ha pasado? Qué ha sido? Fue este el suceso. encontraron con mi amo Lisardo, y Don Juan:- Ay. Cielo! Que parecen sus cuñados según siempre andan sobre él; y pretendiendo zurrarlo la badana, él escurrió y ellos dieron en el lazo: yo le pedí su favor, y echando por el atajo, zambulléndome en la tierra, me encontré aquí de contado. No tienen la menor parte en los temores que paso, estos asombros. Escucha. Mi. Señor. Cruel acaso! la carta he perdido, y sí en casa la han encontrado; podrán: pero disimulo por ahora: Dueño adorado, en incesantes volcanes mi corazón siempre incanto, desea templar su ardor eve de tu mano. Seas bien venido. Hijo, no sé que nos ha contado Cigueña, de que has tenido con Don Juan, y con Lisardo algún empeño. Es uir loco, y ellos unos temerarios; pero aunque más me persigen, yo desprecio sus asaltos por inútiles. No hay inútil ningún contrario: ven comigo que tenemos hoy que conferir despacio. Adiós, dueño mío. Adiós. El PorE vive abrasado pues no le dejan un punto con Margarita. Yo hallo que por eso la desca; que una mujer propia, al lado siempre, es terrible deguello. 3 Y un Marido, mentecato? Lo propio. Pues de ese modo lo mismo es así que asado. Pues me dispensa la llave hasta aquí seguro paso; antes que baje la noche entro, por si hay embarazo como antes, pues ya encontré la casa: mas que he mirado! mi esposa está aquí! ay bien mío! ay dulce gloria! cuán vano estoy de ver tu hermosura: Qué alegría! mas qué hablo? Qué horror! qué afrenta! que injuria, si es verdad lo que he juzgado. Prima, no tienes razón en aborrecerle; cuando tan fino te ama tu esposo. Cuanto más me estima, tanto mas le aborrezco: no puedo fingir; si pretendo acaso alagarle con ternezas falta la voz en el labio. Pero dime la verdad pues las tres solas estamos: tu querías a Don Juan, y al ver que determinado le hirió Federico: Tente, que ya penetro tu engaño: corren tan igual pareja en mi aborrecimiento ambos, que no sé cual de los dos me causa mayor enfado. Todo esto cede en mis dichas: qué felice soy! Airado Arnesto, me pidió ahora el anillo, sospechando que en él consiste mi ciencia: y aunque no sé le di, trato no disgustarlo por eso, pues muy poco me hace al caso. 3 Pero quién es aquel hombre que atrevido y recatado está allí? no es Federico? a cómo me descuido tanto? mas no importa, que ya hallé modo con que deslumbrarlo, aunque haya visto a su esposa. Conmigo misma batallo diciendo dentro de mí: a dónde está mi esposo amado? a dónde está aquel Federico que en otro tiempo:- Qué aguardo? aquí estoy, dulce bien mío. Qué es esto? ay de mí! Criados, Padre, Federico, esposo. Detente, no huyas. Santos Cielos, amparadme. Voyme, pues de mi nadie hace caso. Con el impreviso asombro, en mí no habrá reparado. yo la sigo: pero no, que ya tengo imaginado lo que he de intentar; iré a hablar a un Juez; e informado por mi del asunto; quiero que me venga acompañando. La llave me franqueará siempre la entrada: si el hado dispenes la vantura de hallar al traidor esclavo quel conmáscura de dueño me lisurpa el bien más amado; entonces el universo todo, sabrá: pero el caso informará mejor. Quiera el Cielo que en tantos daños sea el hilo de teseo, el nuevo ardid que he trazado, Pues hoy, amado bien mío, a lade el divino Cielo mas una rosa a tu abril, una estrella a tu hemisferio; admite la expresión corta que te rindo en este obsequio. Expresiva tu fineza me colma de dichas, viendo cuanto adulas mi pasión. En este jardín ameno que a la estampa de tus huellas jazmines va floreciendo; he dispuesto se pusieran las mesas, porque deseo (pues suplen del sol la ausencia artificiales Luceros!) que con estatuas y fuentes crezca el gusto, repartiendo en el discurso y la vista, admiración y recreo. , , s Pues del asunto informado estáis Señor, solo intento que atendáis las calidades y motivos del suceso. Ved lo que hacéis, porque obrar como digno brazo Dios y el Rey. Ya lo entiendo. No intentéis alguna acción que tengáis que sentir. Viendo a mi honor en riesgo tanto; fuerza es sacarle del riesgo. Que en fin nunca escarmentados volvéis los dos a este puesto? Ya la muerte o la venganza solamente apetecemos. Federico, la justicia, Don Juan, y Lisardo, aún tiempo; concurren a la función! que fuera: pero que temo si estoy conmigo y mi ciencia, y ellos solos con su miedo? a Federico que intenta perseguirme más soberbio, sin que remediarlos pueda, hoy le he de mostrar sus celos viéndome en mi propia forma para su mayor tormento. Ea ocupemos las mesas, y diga el canoro metro::- Aquí los tres retirados creo que no podrán vernos hasta que lograr podamos el fin de nuestros desvelos. Ahora llegó la ocasión de que Federico necio muera de mis celos, ya que yo de sus celos muero. 3 Qué anillo es ese? Pues no es este aquel anillo mismo que en el día que enlazó el blanco yugo de Venus puestros cuellos, me entregaste? Es verdad, pues bien me acuerdo de que yo la di este anillo. Yo no hago memoria de eso, pero será así. Ah villano! como has de acordarte, fiero, si entonces aún arrastrabas de tu Esclavitud los yerros? S. Quién pudiera! A ver? damele. A qué efecto? Al de hacer más estimables sus cambiantes alagüeños, porque a vista de tus ojos, no osan brillar sus luceros. Qué lisonjas tan odiosas! cifrado mi gusto tengo en él, y si me le quitas, que obligaciones te debo? Cuantos diamantes oculta de la tierra el bronco, seño, rendiré a tus pies. Tan solo estos son los que deseo. Vive Dios que eres ingrata. Y tu alevoso y soberbio. Vive Dios que ya me enfado: a no hemos de tener completo gusto, con tus necedades? El corazón en el pecho se deshace. Reportaos. Ya es mayor mi vituperio a vista de Federico: seguir la porfía quiero pues, aunque lo pierda todo. El anillo, vive el Cielo, me has de dar, o sabré osado tomarle, que ya hice empeño y ha de ser. Pues no ha de ser; que ya le quito del dedo para hacerle mil pedazos antes que logres tu intento. Suelta ingrata. Infame suelta. Ya es infamia el sufrimiento: muere traidor. . Ay de mí! Qué asombro! Qué es esto Cielos? d Y a mí las de aqueste plego El último es que escribí: Esposa? Padre? Mi afecto os da muchos parabienes, Recibid de mí los mesmos, porque pasadas ofensas trueque a presentes sestejos, ya que a todos un impulso nos conduciz a este puesto. Esto es, (oh rabia iuferval!) Y de mí. morir yo: mas cuando advierto A todos estimo que en mi mal logras tu gusto las atenciones, y espero tirana, contento muero. que humilde, a vuestros mandato, Yo soy tu esclavo, que solo pueda acreditarme el tiempo. fui en la apariencia tu dueño, Pero cómo fue este asombro! y ese, tu esposo, que venga Yo informare a todos luego con sierpes de plomo, celos. del asunto por menor. Hy le tienes; goza ingrata Dame los brazos, esmero sus ternezas, sus afectos, de hermosura y de bondad. que ya el Mágico Africano Y también el alma en ellos a pesar de sus portentos Yo al merezco la mano sin lograr tu amor, rabiando de Doña Elena, pretendo muere. Válgame el Infierno. acreditar mi firmeza. Ah infame! su aleve sangre Y yo mostrar lo que apreci he de beber. esta dicha con mi gozo. Deteneos. Ya es vuestra. Amado esposo, que dicha! 2. Feliz suceso! ya me ha advertido el suceso Y aquí la Comedia acaba las dudas que padecía. perdonad sus muchos hierros. FIN : Por Juan Francisco Piferrer: Véndese en su Libreria administrada por Juan Sellent.
