Texto digital de A su tiempo el desengaño
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- Juan de Matos Fragoso
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A su tiempo el desengaño. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-su-tiempo-el-desengano.

A SU TIEMPO EL DESENGAÑO
JORNADA PRIMERA
Gracias a Dios que llegamos a Madrid, si bien me pesa llegar tan tarde, y de noche. Quién viene a casarse, hyerra en pensar que llega tarde; pues siempre temprano llega. Y si no sea la nobía, como yo temo, muy fea, pues quien trae de las Indias un marido, es cosa cierta, que no ha de ser muy hermosa, aunque ha de ser muy discreta, y verás si llegas tarde. En qué fundas el que sea, porque en las Indias se casa, discreta, y fea Márcela? Porque a no haberse perdido su retrato en la tormenta, en que se anegó el havió, con que Lisardo a la Nueva España me le enviaba, él mismo, Lirón, pudiera sacarnos de aquesa duda. Tú tienes muy gentil flema: de hermosuras de retratos te pagas? qué representan las cosas, no como son, sino como ser debieran, Eran los pintores bobos, que a quien les da su moneda, pudiendo muchas lisonjas, tan grande pesar le hicieran. Retratar he visto a un sastre con un bastón en la guerra, ceñido una banda roja: y apurada la materia, la banda era hilo morado, y el bastón que airoso tercía eta un cañuto de agujas. Yo he visto. Detén la lengua, que ya es mucha tu locura, y me cansan tus simplezas. Mayor es tu disparate, pues vienes de tantas leguas: mas esta ha de ser la calle, según nos dieron las señas en el mesón donde están las mulas, y las maletas, de ese Lisardo que buscas, que soldado en la carrera de Indias, un tiempo contigo tiene amistad tan estrecha. Es con quien me correspondo: y también, porque lo sepas, quien me ha casado en Madrid. Qué mala correspondencia. Mas oye, hacia esta parte siento ruido. Y de una reja abren un postigo. Calla, que aunque solamente sea porcuriosidad, habemos de ver lo que es. Qué cecean me parece. Bien has dicho. Él es; qué dudas? que aquesta es la hora en que le dije, que aquesta noche viniera. Yo le llamo. Aa Don Fernando. Una mujer es, que piensa que algún amante que aguarda soy,; qué haré? Que no te metas en mentir de los Fernandos las damas, ni las ausencias; que no son gente de burlas los Fernandos de esta tierra. No te oyó, vuelvo a llamarle: Aa Don Fernando. Suceda lo que sucediere, yo he de saber lo que intenta esta mujer: ya, señora, Don Fernando a saber llega que es lo que mandáis. Si ahora el tal Fernando viniera, y le diera a mi Don Juan dos tantos en la cabeza, que lindamente encajaban. Esta es la mayor fineza que has de deberle a mi amor: mi padre cruel intenta, que a mi disgusto me case con quien sabes: resuelta estoy a perder la vida primero que efeto tengan sus intentos: yo te estimo, para mañana dispuesta tiene mi padre la boda, que quiera yo, o que no quiera. Para lo que te he llamado es para. Señora, abrevia, que en el cuarto de señor he sentido ruido. Muerta estoy, en ese papel verás. Presto, que la puerta de ese aposento se abre. En él verás lo que llega a deberme tu amor, toma; y a Dies que el ruido se acerca. El peligro con que estoy, del temor de su violencia, sin estar enamorada, a este despecho me empeña. . No os descuidéis, Don Fer- nando. Viste cosa como esta, Lirón? . De esas cada día se ven. Dónde? En las comedias: pero no se, vive Dios, lo que diga, o lo que sienta de este suceso, en la noche que a casarte a Madrid llegas. Pues cuando, claro está eso, como puede ser, no sea esta tu novia, que todo cabe en aquesta novela, que te ha sucedido ahora, el agüero es de manera, que a cualquiera le temblara la barba, y aún la contera. Mucho hay que pensar en esto. Al hombre de más prudencia se la doy de dos la una; qué es de dos? y aún de ducientas. Por mar en carreta, dice el refran, que otros navegan; mas plegue a Dios, que esta boda, según los principios muestra, no te haya traído a ti desde el mar a la carreta. Mas la casa de la esquina, que está a la mano derecha de esta calle de la Zarza, mejor de la cambronera diré, según lo que el diablo esta noche enreda en ella, es esta. Lisardo dicen que vive aquí, y para cierta diligencia, que he de hacer, importa el que no te vea, ni te conozca aquí aguarda, que más que nnnca, me es fuerza hablar con él, porque estoy con mil dudosas sospechas, hasta que a Lisardo hable, y hasta que este papellea. Pues mira que quedo solo; y he caminado hoy diez leguas, que tengo estomago, y tripas, y ha rato que me lo acuerdan. Vome acordaré de todo. . Qué buena ocasión aquesta para un solilo uio, y para; pero para nada era más buena, que para estar de aquí, pocas son mil leguas, según lo lejos que está Don Juan, y mi temor cerca. Válgame. Dios lo que tarda. Si habrá tenido Clavela ocasión para salir dónde la diga mis penas? que según la guarda el padre, desde que casarla intenta, lo juzgo dificultoso. Aunque pues me avisó ella, que aquesta noche viniese: ya tendrá traza dispuesta, para que la vea; quiero hacer ahora la seña, con que algún tiempo solía hablarla por estas rejas. Este es el tal Don Fernando, para quien era el papel, que sin importarle a él, mi amo tomó: temblando estoy solo de pensar lo que con los dos hiciera, si el rapto dicho supiera. Y hago muy bien de temblar, que un buen gallina, a mi ver, no ha temer solamente aquello que es de presente, sino lo que puede ser. No me responde; quién duda que ya debe de querer casarse? porque es mujer Clavela ingrata, y se muda: mas si casarse quisiera, que no me llámara es cierto, ni me mandara (estoy muerto!) que aquesta noche viniera, y así, o no me oyó, o el viejo da ocasión a que no salga: pero la industria me valga. Del juego en la casa dejo a un hermano de Clavela, con cualquiera que pasare, sin que el peligro repare, porque amor nada recela, tengo de sacar la espada, y de modo he de saber disponerlo, que he de hacer, que la casa alborotada, pensando que soy Don Diego, que así se llama el hermano, me dejen camino llano de ver a Clavela. Ah fuego de Dios en tanto esperar! mas este tonto, que aguarda, que no echa de ver que tarda la dama que él ha de hablar? Quién le pudiera decir lo de los nidos de antaño, y los pájaros de hogaño. Un bulto veo venir, un hombre es, la espada saco, y sin hablarle le doy un cintarazo. Si soy, y un grandísimo bellaco. Saque la espada. No quiero, que no es razón ofender con ella, a quien ha de ser mi amigo el más verdadero, que le he cobrado afición, porque a ser amado inclina el valor. Riñe, gallina. No he de hacer tal, valentón. Saca la espada, o sin ella te mataré. Aquí del Rey: si es para saber su ley, no es hora ahora de bella. Que hasta en ser este cobarde sea intelice mi amor! Váyase con Dios, señor, que yo no riño tan tarde. De mis daños el exceso me has de pagar tú. Qué daños? mira que ha más de seis años, hombre, que no me confieso. Mira que en pecado estoy, y si en pecado me matas, te condenas, si esto tratas, porque al infierno me voy. (lla. Mas tu humildad me atrope- Pues si mi temor te enfada, quizá sacando la espada me avendré mejor con ella. Quizá pondré a tus rigores de aquesta manera tasa. A la puerta de mi casa me dais la muerte, traidores? seis a uno? Celio, Octavio, padre, señor, que a Don Diego dan la muerte. No hacen tal; es mentira, es embeleco. A la puerta de mi casa. espadas desnudas veo. Salid presto sacad luces. Grande ruido hay allá dentro: mientras la causa averiguo, de mi espada me prevengo. , , , . Y El mundo sobre mi baja. Paz, hidalgos. Caballeros, tenganse. Qué es esto, hijo? Hermano mío, qué es esto? Ay, señor, estás herido? Que ha sido de aqueste em- la ocasión? (peño Qué ha sido? el diablo, o tus cosas, que es lo mismo: luego sabrás lo que pasa. Retírate, que no quiero que te conozca ninguno. Yo en aqueste punto llego a meter paz. Es mi hijo DD en sin como osado cuerdo: disima la recatado su valor, y su ardimiento. Viniéndome a recoger, hallé dos hombres riñendo a la puerta de mi casa, y pienso que el uno de ellos era Don Fernando. Yo pasé acaso al mismo tiempo, y conociéndoos a vos saqué también el acero; y me puse a vuestro lado. Ya lo que ha sido recelo. Qué bella mujer, Lirón, en toda mi vida pienso ver más notable hermosura. Qué bizarro caballero; si así fuera el novio, amiga, yo viniera en el concierto. Y anduviera como boba. Don Fernando, recogeos, y ved si gustáis que os vayan esos criados sirviendo. Guardeos Dios: que desdichado soy siempre en cuanto deseo! que no haya podido hablarla! . Que de sospechas, que tengo, de que Don Fernando ha sido quien aqueste ruido hahecho. Que venturoso esta noche hesido, pues nomehan muerto. Que de inquietudes al alma desde aquesta noche temo. . Que de cosas he pensado para dilatar resuelto la boda de aquesta dama, y la mía a un mismo tiempo: pues sin poder resistirlo, su grande beldad me ha muerto. Que de aceite ha de costarme, que trementinas, y huevos el haber aquesta noche salídobién de este encuentro. . Desde ayer ha que le aguardo. Desde que en casamentero, por no decir que en grosero, da en descuidado Lisardo. Mas habrá el novio venido, y aqueso le detendrá. Ya se que le espera, y ya que pudo haber remitido siquiera un criado a darme esa disculpa, Leonor, y del celoso temor; que me aflige, asegurarme. Celos, qué injusta quererla, no ves que con ocasión pedidos son discreción, como ignorancia sin ella. Pues la que tengo no es mucha para que los tenga aquí. Respondo, que no, y que sí. No, y sí: de qué suerte? Escucha. No perderá en mi atención tu razón nada conmigo. Qué escuches quien llama digo, no que escuches mi razón. mla Mas ya Lisardo por mí al sí, y al no respondió, viniéndote a ver alno, habiendo tardado al sí. Ya sé que estará ofendido mi amor, hermosa Mencia, de que el mío en todo un día a verte no haya venido. Mas, pues disculparme aguardo mis afectos te dirán, que porque llegó Don Juan, no vino a verte Lisardo. Llegó Don Juan, y llegó el mayor pesar con él, que en mi fortuna cruel mi desdicha ejecutó. Mas puesto que la ocasión mas pide, hermosa Mencia, remedio a la pena mía, que efectos del corazón. De la suerte oye el exceso más extraño, y más terrible, que ha cabido en lo posible, y ha excedido del suceso. Di, pues, que la sinrazón con que ese dolor te deja, hace que falte a mi queja, por sobrarme a tu atención. otras veces, Mencia, te he contado, como en mi edad primera fui soldado: diez años en la Armada Real asisto, con servando aquel nombre de bien quisto, en que debe un soldado poner atento su mayor cuidado, entre muchos amigos, que tuve allí de mi valor testigos, obstentado en diversas ocasiones, ya en la Armada Real de Galeones, ya en la de las Galeras, que al soberbio Frances, y a sus banderas; tantas veces rendidas vieron a costa de valientes vidas. Especial amistad tuve, Mencia, con Don Juan de Águilar, de quien podía encarecer la sangre generosa, pero esta diligencia es muy ociosa. Esto supuesto de Don Pedro Osorio, cuyo ilustre blasón es tan notorio, sabes que deudo soy, y soy amigo: mira si de estos títulos me obligo, como podré negarme al sentimiento de este dolor, que con el alma siento? Una hija, que al mismo amor desvela, tiene Don Pedro Osorio, más Clavela por su hermosura es ya tan conocida, que por más que la deje encarecida, el afecto mayor que la alabare, y el pincel más sutil que retratare su extremada belleza, siempre hallarán que su alabanza empieza. Con esta dama, pues, casar quería a Don Juan, mas la poca suerte mía estorba hoy mis deseos, que aspiraron a mejor fin del que en mi dicha hallaron: porque Clavela; a la pasión rendida de amor, que es delas almas homicida, el fuego de un incendio enamorado, tan secreto en su pecho ha conservado, que de la noche la tiniebla oscura, en quien todo delito se asegura, solo pudiera descubrirle luego, porque entre las tinieblas luce el fuego. Pues anoche, viniendo en busca mía Don Juan; oye Mencia, y admirarás el caso más extraño, que aunque es admiración del mismo engaño: Viniendo, pues, Don Juan a mi posada, de Clavela le llama una criada desde una baja reja, y entre la confusión, y entre la queja, presumiendo Clavela que es su amante el que tiene delante, un papel da a Don Juan, en que le ofrece a aquel galán, que su afición merece, fe, y palabra de esposa: juzga, pues, si esto es cosa para que no la sienta demanera, que con llanto del alma la refiera: mas aún no para en esto la desdicha, pues aquello que ser pudiera dicha en la ocasión presente, es la que más la agrava, solamente: porque Don Juan ignora, aunque la firma ve de esta señora, que es la que para esposa le tenía prevenida mi afecto, y es Mencia el caso, que Márcela, que era mayor hermana de Clavela; fue para quien traté este casamiento, mas con golpe violento en juventud florida cortó la parca su temprana vida. Llorado, pues, el infeliz suceso, le pareció a Don Pedro que era exceso no escribirle a Don Juan lo que pasaba, mas fue a ocasión que ya embarcado estaba: conque, porque la suerte así lo quiso, nunca pudo tener aqueste aviso. Juzgando, pues, nosotros, que no había recibido la carta, pues venía Don Juan, nos pareció que no era engaño darle (por remediar tan grande daño, como lo fue la muerte de Márcela) por mujera Clavela, supuesto que con ella su ventura mejoraba de suerte, y de hermosura. Esto así, pues, tratado, sucedió anoche lo que te he contado; con que estoy tan confuso, que aún aquel de razón natural uso pienso que ha de faltarme, si tu ingenio no acude a remediarme. Pues con solo este fin a darte vengo cuenta de este suceso, en que no tengo mas culpa en cosa alguna, que la que quiso darme la fortuna: pues si a Don Juan le doy del caso cuenta, hago a Don Pedro afrenta; encubrirlo, es acción dificultosa; porque Don Juan querrá ver a su esposa; si a Don Pedro lo digo, irritado al enojo, y al castigo. de Clavela le dejo, que tiene pundonor notable el viejo: demanera, Mencia, que no hallo razón para decillo, ni ocultarlo. He oído tus sentimientos, y hallo que hay razón sobrada para tenerlos, que en fin tu nobleza es la que arrastra, el duelo de este cuidado, que para sentirlo hay causa, pero no con tanto extremo, como en tu pena declaras. Es, Mencia, que Don Pedro el derecho a una demanda de una herencia me ha cedido, si hago esta boda. Eso basta: no digas más, que en habiendo aquesa útil circunstancia, el modo te he de enseñar. De qué manera? Tú has dicho, que no recibió la carta del aviso de la muerte de Márcela Don Juan. Pasa como lo he contado. Pues ya tienes a tu desgracia remedio; el modo me escucha, si pretendes remediarla. Tú has de decirle a Don Pedro, que Don Juan está en tu casa desde anoche, y que viniendo, como la suya ignoraba, a buscarte a ti a la tuya, en una de sus ventanas vio un embozado, y que hablando él, y una mujer estaban en cosas de amor, que a ti te preguntó quien posaba, en aquella casa, y tú no previniendo la causa de la pregunta, dijiste la verdad distinta, y llana, que él del caso te dio cuenta entonces, mostrando el alma de celos, y agravios llena: mas mientras averiguabas con quien aquelhombre anoche por aquella reja hablaba, le aconsejaste a Don Juan, que retirado en su casa estuviese algunos días con que queda asegurada de Clauela la opinión, pues que no hay razón contraria para que piense Don Pedro, que no pudo una criada ser la que habló por la reja, y no Clavela, que aguarda a su esposo. Bien has dicho, mas mira que ahora falta asegurar a Don Juan, para que se satisfaga. Tengo pensada una cosa, que ha de parecerte extraña. Para Don Juan ha de estar viva Márcela; la traza ha de ser esta: yo tengo, puesto que importa a tu fama, de fingir que soy Márcela; advirtiendo que en su casa no ha de tenerme Don Pedro. Pues dónde? En la de su hermana Doña Margarita Osorio, diciendo, que porque estaba en unas pruebas ausente su esposo Don Juan de Vargas, llevó consigo a Márcela, para que la acompañara en esta ausencia. Ay embustes como los que está mi ama imagina? Pues no es cosa imposible, y temeraría dar a entender, que Márcela es viva? Dificultaras bien, si Don Juan estuviera en la malicia, pues basta para encubrirlo aquel tiempo que en desengañarle tardas. Si Don Pedro a sus criados el secreto les encarga, porque lo que a mí me toca, que es el tener dilatada esta boda algunos días, lo haré con tan linda maña, que te parezca, que a mí me importa el que no se haga. En este tiempo podrás saber de alguna criada el estado del amor de Clavela, y si no hallas cosa que a quien es desdiga, mi ingenio te dará traza con que salgas bien de todo, y el casamiento se haga. Pues puede ser que se incline Don Juan a la beldad rara de Clavela, y también ella, viendo lo que en Don Juan gana, podrá mudar de intención. Con lo cual asegurada queda la boda, advirtiendo, que no pueden faltar causas, que disculpen a Clavela, y a Don Juan le satisfagan. No quiero ser como algunos, que a pedir consejos andan, y estando ya persuadidos de alguna ciega ignorancia, a quien se la aplauda buscan, que no a quien se la deshaga. Y así a buscar a Don Juan voy, que estará en su posada esperándome: porque la que le ofrecí en mi casa no quiso aceptar, que dijo, que el quedarse le importaba a noche en la suya. Ve, y empieza a urdir esta trama, que yo la tejeré tal, que tú solo la deshagas. Y porque de ese socorro en tu pobreza te valgas, pues la amistad, y interés ya es cosa en el mundo usada. Pues a Dios, bella Mencia. Lisardo a Dios. Más aguarda. oñ Qué dices? Que me parece aquesta empresa muy ardua. No temas, que un fingimiento bien hecho todo lo allana. He de obedecerte en todo. Verás la intención lograda. Qué es lo que intentas, señora? Leonor, no me digas nada, que no puede ver con penas a quien quiere bien el alma. Todo en Madrid se consigue con el dinero. Es, señor, el mejor procurador del mundo, pero prosigue, que me tienes aturdido, hasta que de este disfraz vea el fin. Porqué capaz te deje, y bien advertido de lo que debes hacer, mi intención te he de decir. Ya prevengo para oír orejas de mercader. Mas está el notario aí? De los cien de a ocho está disponiendo lo que hará. Pues escucha atento. Di, acaba, no estes perplejo, que me tienes por mi fe mas desesperado que mujer que quiere a un bermejo. Tú te has de casar, Lirón, sin llegarlo a ejecutar. Sin ejecución casar? eso no lo hará Lirón. Por qué a migusto teopones? Yo, señor, fuera casado, si hubiera en aquese estado lo que en otras Religiones. Y qué es? Que con mano atenta un año dan a placer de termino; para ver si contenta, o no contenta. Y así juzgo que acertado fuera en casarse cualquiera, si con la mujer tuviera un año de noviciado. Yo solo un impedimento pretendo hacer a esta boda. A mi genio se acomoda. Tú has de ser Prosigue el cuento. Ya, Lirón, sabes que anoche, teniéndome por su amante, me dio una dama un papel? Es verdad, mas también sabes, que lo que en él contenía a mí, señor, me ocultaste? Que entré en casa de Lisardo sabes también, y en la calle te quedaste tú? Y pluguiese a Dios, que no me quedase, para que a pagar viniera lo que tú, señor, pecaste. Pues eso sabes, escucha ahora lo que no sabes. Entré en casa de Lisardo, que como era ya tan tarde estaba acostado, y hechas las ceremonias, que en tales ocasiones se acostumbran entre dos amigos grandes. Antes de leer el papel, del suceso le di parte, que leido, contenía, que a Don Fernando Gonzalez daba palabra de esposa la dama que con su padre viste que salió después, cuando tú te acuchillaste, y yo te encontré riñendo (nunca, Lirón, te encontrase) para que de mi sosiego triunfe amor, porque al instante que le vi, de mi albedrío, siendo el todo, aún no soy parte. Luego estás enamorado? Si Lirón. Mira que haces, que ese es delito nefando: y si esa mujer llegase a saberlo, de apacible se te ha de volver en áspid, y quemarte con lechugas. Su belleza adoro amante. Ve aquí, cuatro majaderos como estos, y otros mollares, echan a perder el mundo. Porque si todos iguales se estuviesen en sus trece, ellas finas al instante se andarían tras nosotros, pues tienen las calidades del perro, que al que le pega, colea, y cariños hace. Olvidarla es imposible. Este es remedio importante, piensa que es sietemesina, y que tiene algún achaque, y que quiere a un Rodrigón, y que es flaca, sobre fácil, verás como la aborreces. Ademas, que es culpa grave enamorarse en Madrid, adonde hay tantas beldades, que puede un hombre de todas coger favores iguales, que el amor de varias flores labra el panal más suave: sabes tú quien esa dama puede ser? De ello ignorante estoy. Pues mira que son como hosterías de Flandes, adonde para comer trazan de esta suerte una abe. Una pechuga es de tordo, la otra es de girifalte: una parte de perdiz, y de grajo la otra parte. Esto con hilo de pita hilbanado, con tal arte, que pasen plaza de nervios los hilos cuando se masquen. Y cubiertos lindamente con agridulce, y picante, la traga el Soldado pobre, y alaba, que por dos reales le dan de comer a pasto. Así pasa a los galanes, que a troche, y moche enamoran, que pensando que es un Ángel de fino alabastro, y nieve la que aman, suelen hallarse con toda una droguería de soliman, y albayaldle. Afeites, cejas teñidas, falso pie, postizo talle, con veinte mil aderezos, y otros tantos badulaques, como polla de hostería, compuesta de varias aves. En lo que vi no hay engaño, porque es del Sol viva imagen. Que en fin has dado en que- Si Lirón. (rerla? Gran disparate. Amar aquella hermosura te lo parece? Y muy grande. Después de muchas razones, por dos las más principales. Lo primero, esta mujer quiere bien en otra parte, y querer venirte ahora, si es que sabes de refranes, tú con tus manos lavadas (y aunque nunca te las laves) a quitar su dama al otro, y a ella el contento de amarle, téngolo por bobería de más de dos mil quilates. Lo segundo, tú has venido discurriendo varios mares, a casarte con Márcela: ya tu palabra empeñaste con Lisardo, y con Don Pedro, y has de cumplirla, aunque saltes, sino por el Rey de Francia, por el que el cielo nos guarde de España Cuarto Felipo, por tantos títulos Grande. Si como es fácil, Lirón, a esas dificultades satisfacerte, así fuera el lograr mi intento fácil, yo le consiguiera al punto. Pero porque quiero darte satisfacción, oye ahora: A esta dama intenta el padre dar marido a su disgusto, según lo que dijo antes que me diese a mí el papel. Así, que es conjeturable, que por dilatar la boda este camino buscase, para que él se la impidiese con esta firma inviolable. Que ya las damas no usan el darles a sus galanes cédulas de casamiento, que aquesas puerilidades se practicaban en tiempo del Conde Fernan Gonzalez. Y como en cualquiera cosa que por escrito se hace, ha de interbenir la pluma, y cualquiera mujer sabe ya, que palabras, y plumas, Lirón, se las lleva el aire: más gustan que se las lleven a sus casas sus amantes, porque las palabras de ellos, a los efetos se pasen. En cuanto a mi casamiento, no hay inconveniente grande, que por quince, o veinte días bien podré hacer se dilate, pues para poder hacerlo, no me ha de faltar achaque, con que podré del estado de aqueste amor enterarme. Entre tanto de Márcela veré las divinas partes de discreción, y hermosura, ya que su retrato yace del mar trofeo, el más rico que han tenido sus cristales. Tú eres loco a todos vientos, y así no quiero cansarme contigo, si no es hacer todo cuanto me mandares. Pues, Lirón, a ese Notario te has de fingir tú la parte, y has de impedir esta boda, que mudándote de traje, y esta cédula llevando, es fuerza que te despache el Vicario mandamiento, con que a esta mujer la saquen, pues la casan sin su gusto, de la casa de su padre. Pues en que ha de parar esto, o cómo ha de ir adelante? Yo solo intento estorbar, que esta noche no se case. Pues eso dalo por hecho. Más Lisardo viene, aparte escucha mientras que llega. Antes que a Don Pedro hablase, quise verme con Don Juan, para que mejor se entable este engaño, en que Mencia ha de tener tanta parte. Con lo que te lle dicho ahora, todos mis intentos sabes, y así no te toca más, que es que obedezcas, y calles. Voy a que me den cien coces, voy a que a palos me maten, y a que el demonio me lleve, pues que contigo me trae. . Amigo Don Juan, quien viene reqien llegado a casarse, tan de manana madruga? Sí, Lisardo, no os espante, porque un cuidado amoroso pudo el sosiego estorbarme. Cuidado amoroso; cuando Márcela os espera afable, como a esposo: su fineza pagáis con ese desaire? Yo quiero satisfaceros. No hay satisfacción bastante, cuando de por medio están sus atenciones, y sangre; sabéis que es mi denda? Sí; Y qué conmigo tratasteis el casamiento? . También. Pues como ahora. No pase adelante vuestro enojo; (te. vos sois mi amigo? . Es constan- Y verdadero? vose No hay duda. Válgame el cielo! si sabe Don Juan que Márcela es muerta, corrido me hallo en el lance. Pues si sabéis que a Márcela nunca he visto, disculpadme, que anteponga su belleza a la hermosura de un Ángel. Mas con decir que es Clavela, es hipérbole bastante, que fue la dama que hablé, y que por la reja afable me dio engañada el papel. Clavela? Esa es la que bate el muro de mis sentidos, y abriendo una brecha fácil al pecho que atrincherado se resistia al combate, introdujo poderosa la llama de amor suave. Mas que mucho, si asaltando del alma los valvartes, que es la voluntad, y el gusto, que ha vencido con mirarme al fortín de mi albedrío que de su triunfo hizo alarde, sus dos ojos artilleros dispararon dos volcanes. Pues como pudisteis verla, si os recogisteis tan tarde? Saliendo anoche de veros, de esta casa en los umbrales riñendo unos Caballeros encontré, y al meter paces pude mirar su hermosura en medio de los brillantes aceros, que a la pendencia salió Clavela, y su padre, y mil rayos me flechó, porque herido no feltase, si bien fue con armas dobles la herida, pues cuando amante tenía solo un acero, ella esgrimió dos montantes. Y dije entre mí, mujer crueles son tus piedades, no salgas, no, a meter paz, si guerra a las almas haces. Como al verla una vez sola tan presto os enamorasteis? No os ha sucedido nunca, divertido en los pesares, doblar acaso un papel, y con la tristeza fácil, cortarle a tornos confuso, de la labor ignorante? y pensando, que sin orden le dejáis, al desdoblarle se miran sus cortaduras en correspondencia iguales: y lo que sin arte se hizo, parece que fue con arte? pues de esta suerte el amor, suspenso para matarme, una hermosura me ofrece entre sombras, y disfraces. Quise a la luz conocerla, y desdoblando su imagen, la armoníía de los cielos vi en su rostro, cuyas partes en el papel de mi pecho corto el amor ignorante. Y como el hierro era suyo, y mío el papel constante, fue fuerza que su hermosura en mi corazón quedase cortado como descuido, y impreso como diamante. Qué buena ocasión me ha dado para que aquí le declare la verdad, pues que se obliga de la hermosura, y las partes de Cluela, mis intentos llegan sin duda a lograrse. Por cierto vos sois dichoso, aún más de lo que pensasteis. Por qué razón? No es Clavela la que adoras? Soy su amame. Pues si fuese esta mujer la que os tuviese mi examen prevenida para esposa, el casamiento acetaráis? No, Lisardo, ni es mi amigo quien eso de mi pensase, porque o Clavela empezó a querer en otra parte después de haberse tratado de casar conmigo, o antes. Si antes fue, engañar me quiso; si después, quiso agraviarme: Luego es preciso ofenderme, porque un hombre de mis partes nunca, Lisardo, casó a la vista de un desaire. Proseguir mi engaño quiero, bien hice en no declararme; en grande empeño estoy puesto, sino salgo bien del lance. Pues, Don Juan, porque sepáis la verdad, sin más disfraces, Clavela, amigo, es hermana de Márcela: no os espante, que el no decírosle ayer fue porque quise informarme del estado de su amor. Hoy casarla intenta el padre con un Caballero anciano, a quien la mano ha de darle Clañela contra su gusto: y porque juntas se casen esta noche, solo a vos aguarda. Empeño notable: confuso estoy, vive el cielo, en tantas dificultades; pero no importa, mi intento he de llevar adelante, Qué dudáis, si ya conmigo vuestra palabra empeñasteis? Entrar con tan mal agüero en Madrid, puede estorbarme tan grande resolución en un empeño tan gran de. Y el mirarlo más de espacio siempre fue prudente examen, pues tan bien tratada estuvo ya Clavela de casarse, y por otro amor suspira, que sé yo si en riesgos tales el suceso de Clavela, puede en Márcela igualarse: Y así primero a Don Pedro quiero hablar, pues en su calle estamos. Mas escuchad, que ya músicas, y bailes sueñan dentro de su casa. Con otro no ha de casarse. . Ayer tarde fui dichoso con los favores de un Ángel, cuando será mi fortuna otra vez cómo ayer tarde? Verdad Lisardo me ha dicho, el tono es dulce, y Juave. Bien logrados cuatro puntos. Sin duda el tono es del Fraile. Señor, Mencia te aguarda, que quiere hablarte al instante en lo que intentáis los dos. Señor, el Notario es sacre, traza tiene de sacar por el Vicario a su madre. Ya todo queda dispueso, pero ahora es importante que le entretengas en cuanto yo voy a mudar de traje. De tu amigo te despide. Pues, Lirón, no lo dilates, que el mundo se arde allá dentro. Pues trairé, si es que se arde, las jeringas de la Villa. . Vos, Lisardo, perdonadme, que un negocio se me ofrece. Y otro a mí no menos grave. Si de esta salgo con bien. Si de esta mi industria sale. Pienso casarme a mi gusto. En otra no he de empeñarme. Luego al punto nos veremos. Id con Dios. El cielo os guarde. on on,
JORNADA SEGUNDA
Señora, el coche os espera, es o del señor Vicario es orden expresa, yo t ejecuto sus mandatos. Vos, señor Don Pedro Osorio, ved que en semejantes casos; es la prudente obediencia Bien logrados cuatro puntos. la que suele moderarlos. El enojaros ahora no ha de ser más que enojaros, echar a perder el pleito, y al fin salir condenado. Demás, de que es la justicia tan llana de Don Fernando, que no se que pueda en ella tener ningún embarazo, cédula reconocida, testigos que lo han jurado, y él por si gran Caballero, ved si hay negocio más claro. Hija cruel. fío Señor. Cielos, que al fin de mis tristes años haya visto tal desdicha? en mi enojo me deshago. Mujer, áspid, o veneho de mi vida: y bien te llamo asoid, veneno, y mujer, pues en ti todo lo hiallo, En la fácil condición, en lo inconstante, y lo ingrato mujer como el nombre mismo, por si lo está acreditando. Áspid, que al honor, y al hombre matas con vista, y halago al hombre, porque le miras y al honor, por no mirarlo. Veneno que en vaso de oro sueles venir disfrazado, lisonja para la vista, ofensa para el cuidado. En qué te ofendió mi amor? mas ya sé que te he enojado, porque era villano el mío, sin lisonja, y fin engaño. Cual queja no tendrán susta, de mí Don Juan, y Lisardo? con que hoy pagará mi honor culpas de haberte engendrado. Lástima me hado oírle, o mirad si yo puedo en algo serviros señor Don Pedro. Lo que quisiera rogaros es, que en tanto que yo voy a hablar al señor Vicario, suspendáis este negocio. En todo deseo daros gusto: Yo sabré servirlo. Qué es esto, señor, que entrando en cata me ocultan todos? A que mal tiempoha llegado! alguna desgravia temo, que es este mozo arrojado ̱ Tu cónel lienzo en los ojos, y Clavela puesto el manto, a la puerta la justicia, Celia, y Teodora llorando? Alguna desdicha teno, algún mal suceso aguardo; que es esto hermanas señor, qué es estos que estáis turbados? hablad. epo Yo de turbada no puedo mover el labio, mas puesto que has de saberlo, oye en mi disculpa el caso. Óhiela, y verás si tengo razón de sentir mi agravio. No ignoras como mi padre. para Márcela tratado había este casamiento con Don Juan y que Lisardo contigo mudó de intento, en la riqueja fundados: que este achaque envejecido de la ambición, ciega tanto, que hidrópico en los deseos se brinda a sí mismo el daño. No se inclinaron los míos a dar a un hombre la mano, sin conocerle primero: y aunque ahora, señor, hallo, después que a Don Juan he visto? no extrañes, querido hermano, decir que le he visto, puesto que amor, sin solicitarlo, en ese vecino Templo, adonde lo más del año frecuento el Divino Culto, los ojos me le enseñaron. Y aunque hallo, digo otra vez, que es su sujeto gallardo, y sus admirables prendas dignas de empleo más alto, Estorbar a mi desdicha no puedo el rigor tirano: como al ciego me sucede, que antes de ver del Sol claro la luz, que es alma del día, no siente perderle tanto, como después que le ha visto. No le vi, pude olvidarlo, viéndole, siento perderle, que es tal el discurso humano, que lo que pudo ser suyo, viéndolo en ajena mano, despertando al sentimiento, trueca el descuido en cuidado. Él elegir otro dueño. no es culpa, tuyo es el cargo, quien propuso una violencia, no extrañe un desembarazo. Si es un remo el matrimonio, que ha de durar muchos años, el escoger la cadena a qué infeliz se ha negado? El albedrío en nosotras, no niego que es limitado, pero es libre aquella parte que tiene de voluntario. Mi resolución no ha sido amor, solo ha sido acaso, y aún despecho de temer vuestros rigores tiranos, Bien sé que pierdo en Don Juan una ventura, que el hado dármela mayor no pudo; mas ya con sentirlos pago la culpa del error mío: y aunque quisiera enmendarlo de mi parte, no es posible; pues ya la palabra he dado a Don Fernando Gonzalez. Qué dices? a Don Fernando diste la palabra? Sí: y por ella ese Notario, con la gente que allí miras, viene, sin darme otro plazo. Qué es lo que dices, mujer? Hermano yo. Cierra el labio: vive Dios, traidora hermana, que esta daga, y este brazo han de sacarle a mi honor la mancha de aqueste agravio. Reportaos, señor Don Diego. Señor, no te tiente el diablo. Que estoy aquí considera. Hela de hacer mil pedazos, Que matan a vuestra esposa, subid, señor Don Fernando. Siempre este riesgo he temido, A mi mujer malos años para quien aqueso hiciere. Señor, Don Juan ha llegado, Lisardo viene con él, oq uí y suben ya. Triste caso; hay empeño más cruel! Hay lande más apretado! Hay semejante desdicha! Cogiómelos insofato, como decía mi abuela. Escuchad, señor Notario. Quítate ese manto, y vete, así podré remediarlo. Vesle aquí quitado alpunto, y te obedezco callando. . Póntele, Teodora, presto. Ya lo entiendo; y mele planto, que en todo el mundo, solo esto se hace en Madrid con mas garbo. Esto habéis de hacer por mí. Gusto en todo quiero daros. Repartid esos doblones con los amigos en tanto, que para paga mayor se dispone mi cuidado. Mientras Don Juan con un hombre queda en la escalera hablando, podré avisar a Don Pedro de lo que ha de hacer. Sisardo. Señor Don Pedro. Gran mal. Ya os entiendo, reportaos, y a todo cuanto yo diga conceded, que importa al caso. Ya puedo decir que soy dichoso, pues he llegado a merecer los pies vuestros. Señor Don Juan a los brazos levantad porque tengáis del alma, que ya os he dado la posesión en mi pecho; cómo venís? Deseando el hallaros con salud, y ver los divinos rayos de mi esposa, a quien por fama puedo decir, que adorando estoy en mi pensamiento: y no juzguéis por extraño este amor, pues no hay sentido, que a su imperio soberano obediente no se rinda. Por el oído alcanzaron sus armas diversas veces triunfos, coronas, y lauros. Galán sois, como discreto; discreto, como gallardo: no mintió de vos la fama. Al señor Don Diego, hermano de la señora Márcela, abrazad también. Si en algo hoy a obligaciones mías en aquesta ocasión falto, como a tan reciénvenido, me tened por disculpado. Un hermano, y un amigo conoced vuestro. Olvidado de mi obligación mayor me había, en no preguntaros por la señora Márcela. Aquí entro yo: con cuidado estaba el señor Don Pedro, según meha estado informando, de que en casa no la halléis, que habrá tres días, o cuatro que está haciendo compañía. Dice bien, a los gusanos. . A una hermana del señor Don Pedro, que se ha ausentado de Madrid a ciertas pruebas de un Caballero de Almagro su esposo Don Juan de Vargas. Qué es lo que intenta, Lisardo? mas ya de algunas premisas lo que puede ser alcanzo. Ya con tan alegres nuevas a avisarla ira un criado. Si muere engracia de Dios, . y no se le lleva el diablo. Ya que mi suerte es tan corta, hacedme favor que vamos adonde su sol me alunabre, donde me enciendan sus rayos, donde en víctima amorodsa, y en obediente volocausto, a su deidad sacrifique un alma que hoy la consagro. Oh diré, que más piadoso fue conmigo el mar hinchado, pues enfrenó su soberbia, cuando pudo temerario malograrme los deseos, solo con el dilatarlos. Algunos de esos discursos dejad, Don Juan, para cuando os veáis con vuestra esposa. Cuando no pueda escucharlos, como los oiga Clavela, me daré por bien pagado. Daros quiero gusto en todo. Acabad, señor Notario, que hacéis muy mal vuestro oficio, y os tengo muy bien pagado. Qué es eso? Qué bien Lirón ejecuta mis mandatos. A esa criada que veis pide un cierto Don Fernando palabra de casamiento viene a eso ese Notario, y cuando llegasteis vos, le estábamos suplicando, que el depósito se hiciera en casa de Don Gonzalo de Auellaneda; un vecino que vive en el primer cuarto de esa casa de la esquina. Y es hombre el tal Don Fernando, que pensará que escondemos su mujer, o que intentamos otno quitársela a la justicia, según es de temerario. Bien finge, pero no se en que funda este recato. Si a mi mujer no me entregan me he de quejar de que es rapto. Vive Dios que he de cortarle la lengua a aqueste villano. Señor, con vuestra licencia (de enojo; y cólera rabio) iré a hablarle. No, Don Diego, que os veo muy enojado: yo con el señor Don Pedro, será más justo que vamos. Todos os quedad, que yo para sosegarle basto. Don Di. He de ir yo, si todo el mundo pretendiese lo contrario. . Peligro corre Lirón; si a socorrerlo no bajo. Bien se dispone mi industria, para apurar este engaño. . Temo que alguna desgracia ha de suceder. Pues vamos, porque tengo muchas cosas también que comunicaros: No soy más casamentero si de esta con bien no salgo. . Ve aquí que me quedo ahora, cuando entendí importar algo, como con su daga el otro, yo con mi manto en la mano. Déjame, Celia, llorar. Cuando las cosas no tienen remedio, las quejas vienen a medida del pesar: mas cuando males forzosos remedio esperan, y tanto ocioso es, señora, el llanto, los suspiros son ociosos. Los míos no lo serán, pues en Don Juan ha perdido mi dicha, Celia, un marido rico, discreto, y galán. Negar, señora, no puedo, que son bastantes razones las que dudosas propones, para estar con justo miedo de lo que debes obrar, y lo que es razón temer, pero la industria ha de ser la que te ha de remediar. Tú no quieres dar la mano a Don Fernando? Es ansí, que al punto que a Don Juan vi le di el alma. Será en vano, llegándote a resolver, quererte yo persuadir, Todo consiste en decir, que aborrece una mujer. Pero en verte tan cruel con Don Fernando, me espanto. Nunca yo le quise tanto, que me muriese por él. Pero Don Fernando es este. Todos se debieron de ir, pues que se atreve a venir donde la vida le cueste, si acertasen a volver; pero yo no le he de hablar. No lo podrás excusar, aunque lo quieras hacer. No vengo, ingrata Clavela, de mi pena, y mi congoja a hacer alarde ruidoso, ni a ser estorbo a tus glorias. De tu inconstancia a ser vengo testigo, para que corran dos pechos igual tormenta de olvidos, y de memorias. Y en fin, a desengañarme, o a morir cual mariposa, que para ensayar su muerte, primero el peligro ronda. Y para hacer esta prueba con meta fora más propia, son alas mis pensamientos, y tu hermosura la antorcha. Girasol mi amor ha sido, que siguiendo la amorosa luz del ardiente Planeta, al encubrirse en las ondas del Ocaso, queda entonces su bella florida pompa, a ultrajes de aquel desvío, triste, marchita, y dudosa. Almendro fue mi esperanza, que a los rigores del Borcas madrugo a ser escarmiento: pues siendo primer garzota de la madeja del valle, y adulación de las otras, fue un breve tirano soplo, desperdicio de sus hojas. Rosa mi fineza ha sido, que de purpúreas lisonjas adornó fragrante el prado, y de la siluestre alfombra fue el más garboso dibujo, mas tan infeliz, que pronta adelantó su ruina, solo por nacer hermosa. Logre otro dueño tu mano, apresúrense tus bodas, que por no mirar ajena dicha, que tuve por propia, homicida de mí mismo, me has de ver, antes que ponga el alma los sentimientos, adonde tú la memoria. Y dejarte, pues has sido en las duraciones cortas, tu amor, tu fe, tu fineza, gírasol, almendro, y rosa. Tened, señor Don Fernando, y esperad a que re ponda. Por ver si puedo sacarle . mi firma, fingir me importa el cariño que no tengo. Señor, vuestro amor no ignora, que por escrito os he dado la fe, y palabra de esposa: y si mi padre cruel mi resolución estorba, no tendré la culpa vo. Qué es lo que dices, señora? vos a mi papel escrito me habéis dado? Rara cosa: que en fin negáis mi fineza, y queréis culparme ahora, por no obligaros amante a la ejecución forzosa? Qué fineza os he debido? Yos ha parecido poca el empeñar mi palabra? Don Fernando, si os importa daros por desentendido, y querer hoy a mi costa. triunfar de vuestro cuidado, para mejorar con otra hermosura de más dicha; yo menos escrupulosa, con dar la mano a Don Juan, vengaré mi injuria toda. Yo no os entiendo, Clavela. Si no me entendéis, ociosa ha sido la diligencia de aventurar mi deshonra; y de traer la justicia, y Notario, que conozca mi firma, dando con esto ocasión a que se oponga contra mí mi padre airado, y mi hermano que provoca contra vos todas sus iras Tened, esperad, señora, qué justicia? qué Notario? o qué firma? aqueso ahora inventáis por disculparos? ha falsa, mujer, traidoral Ah falso amante! eso finges, cuando mi casa alborotas? Yo alborotar vuestra casa? oh vil sirena engañosa! huiré tu vista, y tu nombre. Tenle, Celia. Aquesta es soga, y luego dirá que es cuerda. Para que el paso me estorbas? Para que el papel me vuelvas. Qué papel? ella está loca. que en fin lo que has hecho niegas? Tú has perdido lamemoria. Ponme aquese hombre en la calle, Celia, al punto. Pues ahora no quiero irme, hasta apurar a este vaso la ponzona, No he de verte. Has de escucharme. Vete. Mira, Ella está sorda. Don Juan tu esposo, y tu padre; Don Diego, y Lisardo tornan otra vez. Que a un mi desdicha lugar a que me respondas, no me ha querido dar, cielos. Una desdicha forzosa recelo si aquí te encuentran. Qué habemos de hacer, señora, qué salir es imposible? Paréceme que se esconda en el cuarto de tu padre, porque en él no entra persona, sino él solo al acostarse. Ah dicho muy bien Teodora: entraos en él, Don Fernando, si de mi vida; y mi honra no queréis un mal suceso. La tuya estimo de forma, que lo que por mí no hiciera, por ti pienso hacer ahora, hasta apurar tus engaños, y hasta que mi amor conozcas. Para disponer mejor el buen fin de aquestas cosas, de todos me he adelantado. Retirémonos, señora. No te retires, Clavela, óyeme, y también vosotras: sabed que para excusar de esta casa la deshonra, y a este suceso que acaba de sucedernos, importa darle el más suave medio, hasta que el cielo disponga de Don Juan el desengaño, que a cargo Lisardo toma. Pues la muerte de Márcela, Don Juan que fue dicha ignora; Lisardo ha dispuesto, que fingiendo cierta señora, que pienso que es deuda suya, y mujer muy ingeniosa, el ser Márcela: Mas ya llegan, el fin de esta historia oíd a parte, no sea que al entrar Don Juan nos oiga. Pésame que a vuestra casa no vengáis, Márcela hermosa, con la salud que os desea quien en vos sus dichas logra. De todo advertida quedo. Lo mismo también no sotras te respondemos. Pues basta. Ando de salud tan corta, que solo en esto he podido decir que mi dicha es poca, que a no haberse conservado entre las dulces memorias, que de la venida vuestra se han sustentado hasta ahora, No fuera nucho el hallarme de la parca riguiosa despojo: pues si la muerte es de las desdichas todas la última; en mí, señor, con razón la más penosa, viniera a ser, pues perderos era en mí la de más costa. A favor tan soberano solo el silencio responda, pues lo que a la lengua falta, a su elocuencia le sobra. Y porque veáis que el mío, no afectando la lisonja, sino os excede, os iguala, que no es alabanza poca, antes que os viese, os amó, pero fue por otra copia, que en Clavela mi cuidado pudo adoraros por sombra. Yo a mi hermana encargado había, que como esposa vuestra, en mi lugar hiciese aquellas finezas propias, que hiciera yo, a no hallarme en esta ausencia penosa. Y de su mano igualmente recibiera por lisonja la mía aquese agañajo, que a entrambas quiero deforma, que no conoce mi afecto la diferencia una de otra. O si entendiese Clavela . que a ella van mis ansias todas! A vuestro gallardo estilo me conozco tan deudora, que me acredito de fina todas las veces que ignora mi labio el encarecerlo. Y de todo dar me toca el parabién a mi hermana, y si digo que envidiosa me tiene aquí su ventura, no es error, pues se pregona con eso más la alabanza, que vuestro mérito apoya. O si entendiese Don Juan; . que es a quien el pecho adora! De que Clavela se incline a Don Juan, estoy gozosa; antes si tú no le amaras, de ti estuviera quejosa. Y en ver que bien te parece mi esposo, un gusto me logras, que del bien que gozo aquí darte quisiera la gloria, pues nunca ha de ser más tuya, que cuando de mi más propia. Que en esta ocasión en esta ventura que amor corona, tanto debes a mi afecto, que según lo que te abona, parezco mujer supuesta, por ser tuya la acción toda. Que cuerdamente Mencia . la advierte en lo que le importa. No es nuevo a tu entendimiento vencerme en la ceremonia cortesana, y así el mío rendido al tuyo se postra; porque a vista de tu esposo quedar vencida es más gloria. Yo su esposo? bueno es esto, cuando en Clávela aprisiona mi amor todo el albedrío. Con industria cautelosa he de saber de Don Juan sus resoluciones todas. Don Juan, que os ha parecido de Márcela vuestra esposa? Curioso Lisardo intenta saber mi amor, y deforma he de ocultarle, que todo de cuanto aquí reconozca, le he de decir al contrario. De que estáis trister la novía no os agrada? qué os parece? Es la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida, y el corazón se alboroza de ver que halló mi fortuna la mujer más prodigiosa: Cielos, qué es esto que escucho? . ya no me faltaba ahora mas que aqueste hombre quisiese a mi dama por su esposa. Pues no decís, que es Clavela la que vuestro amor adora, por ser rara su hermosura? Si amigo, mas viendo estotra, es comparar una Estrella con el Sol, o con la Aurora: y fuera en mi gran delito dejar el Sol por la sombra. Muy buena la habemos hecho. Sois mudable? Quién lo iguora? si yo no fuera mudable oy hubiera en toda la Europa hombre de melores prendas? Toda la Corte pregona que es un prodigio Clavela de hermosura, y que ella sola se lleva todo el aplauso, y la de Márcela es poca. Reparad la diferencia que hay de la una a la otra; atended bien a Clavela, mirad que frente, que boca, que cabello, que garganta; que lindo talle, que airosa! Según me alabáis sus partes, me parece que os importa; que sea en todo más bella, y mi gusto se acomoda, Lisardo, a la de Márcela. Hay pena más rigurosa! perdido soy, él sin duda de Mencia se enamora: hay empeño más terrible? Parece que se congoja de que me inchne a Márcela, pues su hermosura desdora. Aquí sin duda hay engaño, y he de apurarlo. La boda quisiera que se apresure, que aunque Márcela achacosa se siente, aquí mis finezas la dilación desazona. Huélgome de que os parezca, Don Juan) tan bien vuestra esposa: yo dispondré vuestro gusto. Confastucia cautelosa disimula el sentimiento: la sospecha una con otra me va ofuscando el discurso. En gran riesgo está mi honra, si Don Juan prosigue el rumbo de su pasión amorosa. Sabe Dios, señor Don Pedro, que he querido muchas veces dejar aqueste negocio, no más de por parecerme, que habéis de tener de mí aquella queja que tienen de los Jueces, y Ministros, los que de algún accidente forzados tienen negocios con los Ministros; y lueces. Antes que nada os responda, Clavela mi cuarto es ese, éntrate en él, y Márcela también contigo se entre. La orden que di a Lirón obra ya, que si pretende Don Pedro engañarme acaso, lo sabré aquí claramente. Nuestra obediencia responde solo con obedecerte. . Ay desdicha semejunte! no está como se requiere dispuesto tu cuarto, al mío iremos, si te parece. Como quisieres, Clavela. Ni al uno, ni al otro puede vuesa merced ir ahora; que orden inviolable viene del señor Vicario pena de perdimiento de bienes, con privación de mi oficio. Tratar tan publicamente estas cosas, es defecto de los Ministros que tienen vuestra autoridad: ya veis que no es buen estilo, hacedme gusto que nos retiremos enaqueste cuarto. . Ay suerte tan infeliz! . No es mejor, puesto que la parte viene conmigo, hucerle que suba, y que entre vuesas mercedes se ajuste aqueste negocio? Veis lo que nos acontece con él, pues bajondo a hablarle, en esa calle, ni en veinto al rededor no le hallamos, y os perfuéíis vanamente, qué querrá subir ahora? Que Don Fernando es aqueste, que dice elb otario que viene con él, cuundo tiene mi eui dado a Don Fernando escondido? . No lo entiende mi discurso. . Por el voy. Llamadle, pues, si os parece que subirá. . No quisiera que aquí Don Diego estuviese. Pues Don Juan, y yo podremos (así mi industria previene sacarle de aquí) bajarnos, por lo que aquí sucediere, hacia la calle mayor. Ya el Notario con él vuelve, y como tú te reportes, no importa que estés presente. Y si sucede algún daño? Con Don Fernando no puede suceder, que es imposible, y aquí hay engaño evidente, como lo veréis ahora. Viven los cielos que tiene al galán dentro de casa, pues por tan cierto refiere, que al que llamar fue el Notario ser Don Fernando no puede. Cómo lo sabes? El diablo la hizo hablar. Tan claramente lo sé. . Cómo yo, que ahora a él, y a un criado que tiene, los vimos, que en dos rocines, vestidos de plata, y verde, @ol a los Toros de Áncala iban, señor, tan alegres, como quien no debe a nadio, pues no teme quien no debe. Veníos conmigo, Don Juan, que en cosas que nos convienen tengo que hablar a los dos. Como solo el vielo quede, queda Lirón más seguro para cualquier accidente. Vamos pues: qué bien Lisardo previno este inconveniente, de que presente Don Juan a estas cosas no estuviese! . Sea Dios en esta casa, y guarde a vuesas mercedes, y los saque de pecado, que tan sin razón cometen en usurparme a mi esposa, contra las divinas leyes, puesto que el señor mi suegro se quita tasadamente dos nietos por cada día, que en su casa me la tiene. Qué hombre es este, Celia? Hombre es fantasma, es fauno, es sierpe, es el diablo que nos tienta, o el demonio que le lleve, Pues sois vos el que casarso en esta casa pretende? V Ego sum. . Extraña figura. El señor Don Pedro puede con el señor Don Fernando ajustar lo que le fuere de más útil a los dos. El útil es, si lo advierten. darme a mi mujer, pues todo sin ella para mi es niente. Vos tenéis famosas gracias. Sí, esposa amada, y quererme es lo que ahora os importa, que no se hallan fácilmente hombretones como yo, y dadme una, y dos mil veces los brazos, que amplejo llama la culta escuela, y de aqueste un osculo se origine, que llaman paz los Franceses. Porque el condumio dichoso de nuestras nupcias celebren estos tactos materiales, y perdonen sus mercedes, que esto es llaneza nupcial. Hombre, o demonio, o quien qué buscas en esta casa? (eres, A mi mujer. Pues tu puedes merecer en ella a nadie? A mi mujer. Tú te atreves a infamar con ese nombre los blasones, y paneses del Solar de los Osorios? vive el cielo. Tu voz cese, suegro fondo en matatias, y del cimenterio el requien. Yo no pretendo en tu casa, ni jamones, ni picheles, sino solo a mi mujer. No veis? cómo loco es este. Loco, o no, reconocida ya de vuestra mano tiene una cédula, y mandato, que a depositar os lleven a la Concepción Francisca, o a casa de Juan Gimenez el Notario, y que a elección de Don Fernando se deje: ved si es loco el que así sabe, y negocia cuanto quiere. Oíd a parte, y veréis, como todo cuanto emprende este hombre, es bellaquería, y castigarle conviene. Vos en vuestra vida a mí me habéis hablado? Las veces que para cobrarme amor pudieron ser suficientes. Yo amor a vos? Y habéis dicho, no se si fingidamente, que por mí estabais perdida: si mintió vuestro amor, ese es reservado juicio para el cielo solamente. Yo por vos perdida? cielos, . qué es esto que me sucede? Y lo negáis, socarrona? mas no importa que lo niegue vuestro recato, que es justo, que las ilustres mujeres, de lo que hacen en secreto, en público se avergüencen. Oh ingratitud femenil, que así las memorias pierdes! Qué favores tenéis míos? que cintas, o qué papeles? Los favores de las damas; que hombre honrado hay que los cuente? papeles, nunca los guardo, que es fácil cosa el perderse; con que el más secreto amor se descubre fácilmente. Cintas, tengo lleno un cofre de colores diferentes, que vuestro amor las mudaba por cualquier dime, y direte. Yo cintas de mil colores? Y por señas, una verde me disteis él mes de Mayo, cuando a los toros alegre salí, donde hice prodigios, y adonde solo por verme, como a fiesta del Retiro, madrugaban las mujeres. Y una noche, que el sereno os resfrió bravamente, cuando os hablé por la reja, incienviasteis por remoquete otra de color de aire, cifra de aquel accidente. Dejo aparte la de amusco, la verdegay, la celeste, cuando celos me pedisteis de Doña Iguacia Melendez. Y paso a la más notable de cuando os negué rebelde el coche para el Sotillo, que me enviasteis prontamente la de color de peñasco: mirad si es indicio aqueste, que confirma mis verdades, y vuestra traición desmiente. Digo que si esto es verdad, es la traición más aleve, que en materia semejante ha podido cometerse, y más digna de castigo. Presto veréis que le tiene: yo vuelvo al instante aquí, nada en el caso se altere, que yo daré a estos engaños el castigo que merecen. . En fin, señor Don Fernando, donde gustáis que se lleve esta señora? A la casa del Notario Juan Gimenez. Y viene en eso mi padre? Aquí no hay ya más parientes, ni más padre, si no yo. Antes que tal veas ciegues, Mas dónde se fue mi suegro? A llamar estos sirvientes, que como es justa razón, a vuesarced le festejen, como a hijo de esta casa. Esto a paliza me huele, yo pienso escurrir la bola. Entre tanto, si os parece, cuenta iré a dar al Vicario de este negocio. Ya vuelve el señor Notario, Entrambos volveremos juntos. 1. Este es el cuarto de mi amo, vuesa merced en él entre, que si su yemo ha de ser, Don Pedro mi señor quiere, que ven si es saludable la vivienda que le ofrece. Malo, no lo dije yo? y que caras de Holofernes! 2. No se resista. Remalo: mi fineza longradece, tengo algo de hipocondría, y solo no me conviene entrar en ninguna parte, que el humor se me revuelve. 1. En mudando un hombre estado, no hay cosa que no se altere. Es mi complejión notable. Pues en tu cuarto le metes? Sí, Clavela, que ha de ser aquesta prisión muy breve. Que apenas de un riesgo salga, cuándo otro alpunto me encuentre! Vete, que Doña Mencia está sola, y no parece bien el que tú no la asistas, la regales, y cortejes. En entrando echen la llave, y al instante me la lleven. Vamos. La fortuna echó el sello a mi mala suerte, hoy sin duda a Don Fernando una tragedia sucede. Vencerme en la corresía imposible serás entren vuesas mércedes delante, si he de entrar aunque me pese. 1. Somos criados, nosotros: qué figura tan solemne! 2. Y eso no fuera razón. No, no hay que tratar, ireme si en aqueso porfíamos. 1. El irse ahora no puede el señor novió, aunque quiera. Pues no ven que ya anochece? traigan siquiera una luz. (ped. 1. Sin ella ha de entrar el hues. Que no pueda yo escurrirme! cómo ha de ser? De esta suerte. Señores, acudan todos, que matan a un novio en cierne. 2. Ya queda en la ratonera, clierro ahora lindamente, y las guardas examino, porque asegurado quede. Bueno está, la llave ahora iré a entregar diligente, a quien esto nos mandó, y venga lo que viniere. O son rigores de mi adversa suerte. o son presagios de mi triste muerte. O son de la fortuna desvaríos, o son castigo de pecados míos. Oh de Clavela son fieras venganzas, después de malograr mis esperanzas. Oh malograr Don Pedro no ha querido las buenas esperanzas que he tenido de unos valientes palos, que cuanto son más buenos, son más malos. O el esposo ha llegado de Clavela, y mi muerte con él, a quien apela mi amante sentimiento. Oh aguardan a que venga algún sangriento doministro, con quien mueran mis espaldas, cardenos lirios, si nacieron gualdas. Válgame Dios? que es orbo habrá tenido, que sacarme Clavela no ha podido de aqueste encerramiento? pero si no me engaña el pensamiento pasos de gente escucho. Si los muchos temores con que lucho no turban mi sentido, de hombres armados un confuso ruido en aqueste aposento, he llegado a sentir; mas con que intento tanta gente traería, Don Pedro aquesta noche si quería castigar mi delito, puesto que para mí sobra un mosquito? Y para darme a mi muerte a pie quedo, no es menester más armas que mi miedo. Vive el cielo que es hombre este que ha hablado, y es Don Diego sin duda, que en el silencio de la noche muda quiere darme la muerte; pero yo he de morir de aquesta suerte. Ya la espada ha sacado, confesaré de plano mi pecado, decirle la verdad de todo quiero, y pedirle perdón: si a un Caballero, que por serlo, señor es tan forzoso no haberse de negar a lo piadoso, puede un pobre rendido. Cielos, qué es lo que he oíto? que hombre es este, que al cuarto de Clavela mi desdicha ha traído, y su cautela? Si un rendido en efecto, aunque perdió a esta casa aquel respeto debido justamente, confesando su culpa enteramente, puede en vuestra piedad, a quien apelo, algún perdón hallar. Válgame el cielo! que nuevas confusiones causan en mi discurso estas razones? Yo confieso que ha sido atrevimiento el poner en tu hija el pensamiento; pero yo no he tenido la culpa en más que haber obedecido de quien la quiere bien ciertos preceptos que se encaminan solo a darte nietos. Por eso, pues, fingiendo que yo era don Fernando Gonzalez de Ribera, con una firma que nos dio un engaño, dilatar pretendimos por un año, que juzgamos que el pleito te durase, que Clavela, señor, no se casase. Y así, pues que mi culpa solamente viene a ser obediente, déjame ir donde corra como un galgo, que te doy palabra a fe de hidalgo, de hacer, que desde hoy más quede tu hija libre de toda amante sabandija. Ya he dado en lo que ha sido, lo que aqueste villano ha referido, y he de tomar satisfacción ahora de su intención traidora: vive el cielo, traidor, pues en mi agravio diste a la ejecución, tan poco sabio, maldad tan atrevida; que he de quitarte la alevosa vida. Ya que el valor no puede en esta parte darme favor, aquí démele el arte: para mi aquesta tierra es de perdones, que esto del miedo va en las complejiones. Que mi acero encontrarle nunca pueda. Eso toda la noche te suceda. Celos, y agravios mueven mis enojos. Tal vez es bueno dar en tierra de ojos. Mas que abren una puerta me parece, quierome reportar. Aquí se ofrece, que por el tacto pude conocerla, una cama, y encima he de ponerla de mi cabeza, venerando en ella lo bien que vendré a estar debajo de ella. Aunque darle a este villano el castigo merecido de tanta osadía, fuera justa paga a su delito. Confiriendo esta materia con Lisardo, conelvido habemos, que será bien (porque Don Diego mi hijo no sepa de este traidor los alevosos designios, que ya tengo averiguados, y quiera darle el castigo) echarle de casa ahora, y así sin luz he venido, porque Don Diego no pueda verle al salir, que es preciso, porque en ese primer cuarto está con unos amigos. Don Fernando. Este es Don Pedro: cielos, si acaso ha sabido que estoy aquí? Ah Don Fernando. Responderle es el camino más acertado, supuesto, que el que aquí estaba conmigo no le responde; quién llama? Don Pedro soy, que he venido a usar con vos de piedades, qué vuestro inorme delito ha podido merecerme, pues que por él era digno de que diese vuestra vida escarmientos al que ha sido de vuestros atrevimientos infames, causa, o principio. Y así conmigo salid, y agradeced que os castigo con palabras, si bien bastan al hombre que es bien nacido Y advierta quien os metió en tan ciego laberinto, que esta casa es de Don Pedro Osorio, y que al que atrevido, o necio, no respetare sus timbres esclarecidos, que castigar sabrá entonces su error, mi honor vengativo. Seguidme pues. El lograr la ocasión que me ha ofrecido el cielo, en que de aquí salga, cuando temí algún peligro de mi vida, me parece acertado. Ya yo os sigo. Ay tal suceso! Al salir, Lisardo está prevenido para cierta diligencia que ha de hacer, con que averiguo (que por ser este hombre bajo, será fácil conseguirlo) porque con toda mi industria averiguar no he podido, mas de que un criado es este del que estos embustes hizo. No venís? Ya voy con vos. No temáis ningun peligro. Que ignoradas sendas, cielos, son siempre las del destino!
JORNADA TERCERA
De entre mantas, y frazadas con gran temor saco a fe la cara, pues pienso que me han de dar de bofetadas. Y matar también la caza si aquí me topan oculto, nohabrá quien me hurte este bulto como hay quien hurta una traza. Pues venlo, mayor pesar hoy viene a ser para mí el ver que me quedo aquí a ascuras, y sin cenar. Ya era hora de ello ahora, pues tengo hacia esta cadera una tripa relojera, que me señala la hora. En este siglo de alambre cien mil usos han pasado, y que no se haya mudado el uso de tener hambre. Mas qué veo? Santa Cruz, una luz con un regalo viene hacia aquí, no tan malo, porque en fin ya veo luz. A Don Pedro mi señor la cena vengo a dejar, que como tarde acostar se viene, halla por mejor, que aquí le deje la cena abrigadita con maña, que es su condición extraña, y en fin él así lo ordena. rn Pero ya que sin rumor veo solo este lugar, ahora importa sacar a Don Fernando, que amor le obligó a que temeroso se escondiese. Ay tal quimera! Porque si no se escondiera pudiera Don Juan furioso, su padre, o hermano de pena darle la muerte. Ay tal malicia! mucho importa esta noticia, pero más vale la cena. Y así le vengo a sacar con grandísima atención, que esta es muy buena ocasión para salir. . . Yo cenar, ya me brinda el apetito a embutir estos regalos, que si han de matarme a palos, más vale morir ahito. Nadie me ve, y sin empacho aquí oculto a mi placer de tramoya he de comer pues lo he aprendido del Bacho. Cogeré desde este encierro pan, servilleta, y cuchillo, más temo que el panecillo se me trueque en pan de perro, Pasar quiero la lección, sin hacerme de los Godos, porque a mi ver para todos el mejor libro es Platón. Esta es ensalada fina de berros, mas qué me quejo? vaya, sin duda que el viejo debe tener mal de orina, Sus apetitos regala con enfalada en la cena, ella bien puede ser buena, mas vive Dios, que no es mala. Aquesta es polla, con priesa probar de ella no es exceso, porque solo puede a un preso entretener una presa. Que bien sabe, y con que saña mi diente la embestirá, un póquito flaca está, aquesta es polla hermitaña. Solo falta de la cuba el licor; rara aflicción! que piensan qué es esto? alón, pero no pinta la uba. Sed tengo, quien una bota tuviera aquí! por quien soy que de comer mucho estoy ciego, pues no veo gota. Esta es almendrada, bello plato para mí; qué haré? mejor será a buena fe tomarla, y dormir sobre ello. Este es dulce, lindamente sabé, en los tercios postreros estos viejos marrulleros se regalan bravamente. Toque en la caja a marchar mi inclinación perniciosa, mas gente viene, no hay cosa como comer, y callar. De todo el valor me valgo, aquí a Don Fernando ahora ha de sacarle Teodora, y a desengañarle salgo de su amor, y su porfía, pues la obediencia que debo a mi padre causa el nuevo rigor de aquesta osiadía. Señora, el cuarto he buscado, y a Don Fernando no hallo, sin duda alguna él se fue. No es posible; Qué he escuchado? aquí algún duende gloron anda, pues la cena esconde. Será Don Fernando; adonde te vas? De aquesta visión estoy, señora, aturdida. No te retires huyendo, mira que él es. No me entiendo con cosas de la otra vida. Él no se atreve a salir por el riesgo que me viene. Ya que por otro me tiene, otra voz he de fingir. Don Fernando, indigna acción es en tan gran Caballero el temor, salid. No quiero, . que haciendo estoy colación. Hombre, ilusión, o fantasma, pues cuando el riesgo os obliga a salir, coméis? Sí, almiga, que hace aquí un hambre que pasma. Si vuestro amor no repara el peligro a que está puesto, temiendo estoy, que muy presto os salga la cena cara, que en riesgo está vuestra vida. Por eso es bueno comer, porque tengan que moler, si me muelen la comida. Qué quepa ese desatino en vuestro pecho fiel? Sí, mucho más cabe en él. Qué? Media arroba de vino. Cosa es indigna que a escuras. useis de tales rebozos. Oh, los Caballeros mozos hacemos mil travesuras. Vos de cortesía escaso? el juicio, vive Dios, habéis perdido. Sí, y vos mondáis nísperos acaso? Mirad que vuestro despecho mi padre castigará: mas él viene. Bueno está. Ay infeliz! Dicho; y hecho. Contra aquel villano osado, que de aquí ahora saqué, en su seguimiento fue mi hijo, y me da cuidado, de que le viese salir, que es terrible, y es cruel, pues para vengarse de él, o le ha de matar, o herir. Y era justa la templanza, hasta saber el autor de este embuste, pues mejor entra entonces la venganza. Señor, cuidadoso vienes? Tú de mi mal causa has sido. Si sabe que está escondido . Don Fernando: Di, qué tienes? que nuevo mal te desvela? Es grande la pena mía, que como Doña Mencia fingimos que era Márcela, Don Juan de ella enamorado, estándolo antes de ti, para confundirme a mí; pone en ella su cuidado. Que como su muerte ignora, y no sabe el fingimiento, a Mencia quiere atento, y por Márcela la adora. Ay tal engaño? ay tal traza? pero yo de que me quejo, que este hombre como es tan viejo, se le descubre la hilaza? Aquesto acaba Lisardo ahora de referirme, con lo cual solo salirme de tan grave empeño aguardo. Él en esto me ha metido, y ignoro en mi confusión, que modo, traza, o razón buscaré, pierdo el sentido. Templa, señor, tu pesar. El juicio he de perder hoy. Por Dios que si aquí no estoy, que nos la daba a tragar En vano el dolor mitigo, conmigo aquí te retira para hablarte. Advierte, mira. (go. Qué hay que advertir? ven conmi- Qué haré en estos interbalos? a quién pediré consuelo? mas que santo habrá en el cielo abogado de los palos. Qué te detienes? Señor, yo. Tú me estorbas la entrada? Digo que (yo estoy turbada) no tuve culpa en mi error. Tu temor me está mostrando tu infamia. El temor que ves nace señor. De quién? Es que entró en casa Don Fernando, y al salir inadvertido, viendo que vengarte esperas, con temor de que le vieras, quedó en tu cuarto escondido. Detén la voz, cierra el labio y no tan vilmente atroz solicites con tu voz dorar tan sensible agravio. No disculpes las traiciones, de tan bajo atrevimiento: hombre oculto en mi aposento? así infamas tus blasones? vive el cielo soberano, que pues contra mi violencia se opone tu resistencia, que aquí le has de dar la mano. Porque ningún alevoso pueda jamás presumido decir, que en casa escondido estuvo, sin ser tu esposo. Y ya que tu intención cruel va contra lo que elegí, para vengarte de ti hoy te he de casar con él. Ah Don Fernando, salid; y pues mi resolución habéis oído, la acción podéis lograr: y advertid, que aunque en caducos cimientos funda fuerzas mi valor, para esto tiene mi honor reservado otros alientos. Y así elegid por postrero lance de vuestra cautela, o dar la mano a Clavela, o dar la vida a mi acero, si cobarde, o receloso no respondéis, vive el cielo. Tenga osted, tenga, es buñuelo? digo que soy ya su esposo. Cielos, qué es esto que miro? Fortuna, qué es lo que veo? Lo que toco aún no lo creo. Casi sin alma respiro. Hombre, ilusión, cuyos modos ira, y pasmo a un tiempo dan; de adónde vienes? De Adán, que de allí venimos todos. Ven acá, hombre. A pie quedo no me estoy? Cobra valor. Yo aquí no tengo temor, que esto de temblar es miedo. Todos tus viles intentos aquí me has de ir confesando. Pues vaya osted preguntando por todos los mandamientos. Podrás negar, loco, o ciego que de aquí no te saqué? Yo negarlo no podré, mas ve aquí que lo reniego. Vive el cielo. Puede ser que osted me haya sacado, pero yo aquí me he estado. Pues quién te havuelto atraer? Que se yo, yo me he venido. No puede ser, ni esto pasa. Yo sin que salga de casa; tal vez suelo haber salido. Sin duda (oh viles venenos!) saque al otro por engaño. Sí, que era de mi tamaño, media vara más, o menos. Aunque razones elija tu voz, no hallará disculpa. Su hija tiene la culpa, bosted le riña a su hija. Y aquel hombre que escondido contigo estuvo encerrado, ablore? Sí, por un lado. De qué suerte? Era el querido. Pues porque cuando te llama mi voz, respondió por ti? Porque entonces me escondí debajo de aquella cama. Hombre eres cobarde, pues el miedo te ultrajó tanto? La cama es de palo santo, y entré a besalla los pies. ̱ Quién hi sido el instrumento aquí me has de declarar, que te obligo a intentar de Clavela el casamiento? Yo nunca pretendí ser de esta señora marido. Pues qué intentaste atrevido? Que ella fuese mi mujer. Y no lo podrá negar, pues porque no me saliese; y de ello me arrepintiese, me envío luego de cenar. Mira si puede en rigor (sea por gusto, o por trato) la mujer que me hace el plato, dejar de tenerme amor. Bárbaro, loco, villano, si intentas con osadía disculpar tu alevosía, saldrá tu cautela en vano. Que en mi sufrimiento es mengua pasar por aquese ultraje, sin que mi noble coraje te arranque la infame lengua. Y tú, señor, como das a su engaño atento oído? que de ser uno creído se motinan los demás. Ya no ser tú. Mas te obligo en oírte lo grosero: que el sufrirlo es porque quiero justificar su castigo. Éntrate en tu cuarto. Ya te obedezco: cielos, cuando quiero a Di Juan, Don Fernando estos pesares me da? Pues aunque sea afrentarle, y aunque culpe mi mudanza, hoy de su loca esperanza tengo de desengañarle. . Villano, ahora sabrán tus embustes mis recelos. Ello es hecho, ahora, cielos, me sacude el balandran. Según presumo, sin duda, aquí a Lirón he de hallar, para saber: mas qué veo? con Don Pedro nablando está, y mi opinión corre riesgo, si le dice la verdad de todo lo que he fingido, que este es cobarde, y lo hará. Que en esto al fin te resuelves, y el autor quieres negar de esta traición o Señor, yo: las cabras echo a Don Juan otra vez sin resistirme, que el ser gallínaes un mal, que me coge atravessado. A Si se llega a declaran, me echa a perder. No prosigues? Digo; que vormás San Blas, o allí descubro a mi amo, y sin que él llegue a pensar que le he visto, he detenderla, y de valiente campar, pues él claro está que al punto entre los dos pondra paz. Responde. Digo que yo el autor fui principal. Yo de otro había de ser montado matrimonial? que veis en mí, que no pueda, ser de esta boda canaz? yo no tengo buen pie, y pierna? no soy discreto galán; y gran Caballero? acaso este tallazo es vulgar? De mi paciencia el volcán revienta: de esta manera, villano, he de castigar tus osadías. Laar Veamos: e este viejo es un Roldán, y vive Dios que se duerme con la purga aquel Don Juan, también hay amos gallinas, mirón de la muerte, sal; suegro fondo en calvo, tente. Infame, así pagaras. Que me matan, voto a Cristo. Tened la espada, parad; qué es esto, señor Don Pedro? Esto es solo castigar osados atrevimientos de ese hombre vil que miráis. Qué ha sido? baste el acero. Por vos le tempio, escuchad, Aparte, señor Don Podro, os tengo un poco que hablar, si Don Juan me da licencia. Es deuda de mi amistad. Mial me sueña este secreto. . Sabed, que Don Diego va desafiado. Hay más penas? con aquel hombre será; que de aquí ahora saqué. En eso hay gran novedad. Ya lo entiendo. Allá fuera lo sabréis. Señor Don Juan. Confusión a confusión se añaden cada vez más. (go, Mirad que ese hombre os entre- no le dejéis apartar de vuestro lado, que importa; mientras vamos a ajustar cierto disgusto que tuvo mi hijo: yo vuelvo ya, que no admite dilación este riesgo, y perdonad. Con Don Fernando Gonzalez a Clavela he de casar, trayéndole a su presencia: y si acaso desleal resiste en darla la mano, con la vida ha de pagar, que hombre que en mi casa estuvo escondido, indicios da de que a robarme venía el honor, y por si hay falta en él, de esta manera mi valor le ha de cobrar. Vamos Lisardo. Ya os sigo. Yo haré lo que me mandáis. En grande empeño estoy puesto con Mencia, si Don Juan no enmienda su desatino, mas la industria me valdrá. . Señor, pues todos se han ido, acaba de despertar, que ya no es tiempo de burlas. Qué es lo que hay de nuevo? Ay que vine a impedir la boda, que el viejo de Barrabas me encerró en su aposento, y después de estar allá, a otro hombre sacó por mí, que era el querido galán de Clavela, que ella misma ocultó en aquel lugar. Ay, que tu amigo Lisardo es traidor, y desleal, pues finge que una Mencia que el quiere, tome el disfraz de Márcela; y tal Márcela, ni se ve, ni se verá. Ay, que esta Doña Mencia aquí con Clavela está, prosiguiendo el fingimiento. Ay, que yo por acechar detrás de una cama estuve en peligro de un gran mal. Ay, que aqueste viejo verde, que es el ajo criminal de las migas de la muerte, quiso mi intento apurar. Él a inquirir que inquirir, y yo a negar que negar. Ay, que eres un grande bobo si amas a una tal por cual. Ay, que el demonio me lleve si en esto anduviere más, que no es para cada día morir, y resucitar. Ay, que todos contra ti hoy te la quieren pegar: y si lo que hay me preguntas, esto es en fuma lo que hay. De cuantas cosas me has dicho ninguna he sentido más, que el escuchar de Clavela tan grande facilidad. Antes de casarse esconde en su casa a su galán? eficaz indicio es ese de que los dos logran ya de recíprocas finezas la correspondencia igual. Ya no me queda esperanza de poderme yo casar con Clavela; pues pensando que era sujeto capaz de mi amor, pretendí firme aquesta boda estorbar. Pues no era contra el decoro, que por quererse librar de la violencia de un padre, al otro intentase dar palabra de casamiento, como ella en su voluntad no anticipase favores, pues cuando estos no se dan, cada día las mujeres se mudan por mejorar. Que en las nobles el favor es lazo que suele atar las leyes del albedrío, y prender la libertad. Oh pesía a mi sentimiento! mas ya que he llegado ya a la luz del desengaño, y es imposible esperar el logro de mis intentos. De mi fortuna fatal me quejaré, pues he sido tan infeliz: el tomar venganza me importa ahora de la ingrata falsedad de Lisardo, y descubrir la sombra, la oscuridad de tan confusos enigmas: porque intentar desleal con Don Pedro una cautela, y suponer por verdad una Márcela fingida, siendo su dama; es pesar de tan grave circunstancia, que de escucharlo, el volcán revienta de mis enojos, contra su aleve amistad. Y aún por eso de esa dama Lisardo llevaba mal, que me pareciese bien, cuando con doble disfraz, yo alababa su hermosura, Un modo particular se me ofrece de venganza, solamente con llevar adelante el mismo engaño, y con astucia sagaz herir por los mismos filos al que me quiso engañar. Ven conmigo . Eso es dar soga al viejo de Barrabas: Válgame Dios, y que embustes pasan en este lugar! Villano, he de conocerte, aunque intentes ocultar o trvid la cara. Será imposible. Si no quieres pertinaz que mi acero te dé muerte. Después que me he defendido de hijo, y padre, a meter paz llegó gente: y porque ignoran los dos quien soy, con sagaz industria me he de valer de la negra oscuridad, para que no me conozcan. Y así en aqueste portal me he entrado, porque no puedan verme los dos, que esto es dar más ocasión al valor. Con lo cual vengo a estorbar una desdicha en Clavela, y a mí un peligro fatal, pues primero es el honor de una mujer principal. Villano, adónde te escodes? Ya desalumbrados van por estotra calle: cielos, mi intento vine a lograr, que es muy valiente un hermano, y un padre, cuando el volcán del agravio los obliga a una venganza mortal. Ahora solo me falta para cumplimiento dar al valor con que nací, saber en que estado está el peligro de Clavela, porque si aquí su beldad por mi padece algún riesgo, con la más leve señal, aunque aventure la vida, su hermosura he de librar. Pero ya con el cuidado de querer examinar el caso, mi propia pena junto a su calle me trae, y hasta llegar a su casa, por ver el ruido que hay, sobre lo que me ha pasado, la planta no ha de parar: mas ya de aquí la descubro, ajora importe mirar si hay gente en la calleta nadie veo, todo solo está, quiero acercarme a la reja, pero vulvéreme atrás, que pienso que la han abierto. posa vopeob O no amniblobt Oh quién pudiera encontrar a Don Fervando, Teodora! Señora escucha: si malo no ven mis ojos, él es quien ocupa este lugar; qué es lo que intentas decirle? Teodora, ahora verás como de su vano amor te llego a desengañar. Llámale. Ah Don Fernando. Ya me es forzoso el llegar, pues me ha nombrado: señora decidme lo que mandáis? que se os ofrece en que os sirva mi amorosa voluntad? porque con ese cuidado vengo otra vez a buscar el riesgo, porque de todos libre esté vuestra beldad. Retírate tú, Teodora, que asblas le quiero hablar. Señor Don Fernando, ahora que el cielo me ha nermitido lugar paradaros parte de los sentimientos míos, sabed. Señora, hablad quedo, porque corremos peligro, y antes de culpar mi amor, atended a lo que os digo: Chsvela hablando en la reja? Digo, señor, que la he visto: mas yo que llegamos cerca, mira fues verdad. El sitio e (nos ocupa un hombre, yo llego. Pues qué intentas atrevido? Reconocerle. Mal haces, porque puede ser su tío. Ea aparta. oqure Ya me aparto. Un hombre hacia aquí diviso, y a mí se llega, sin duda que son los dos vengativos, que en conocerme porfían. A esta parte me retiro, porque son un hijo, y padre poderosos enemigos. . Pues el de aquí se retira, sin duda que me ha temido, con ella he de proseguir hablando. En fin, como os digo, señor Don Bernando. Cielos, Doibla pues me tiene por el mismo, de aquesta vez cauteloso todo su amor examino, proseguid. Digo, señor, que bien podéis persuadiros a que yo no he de ser vuestra. Por qué razón? Ya os he dicho que el papel de casamiento que os di fue lance preciso, por estorbar que mi padre violentase mi albedrío, pues contra mi voluntad pretendió darme marido, sin que le viese, ni hablase, que aunque es común este estilo entre los nobles, en mí repugnancia esta ley hizo, pues más que la conveniencia, la libertad siempre estimo. Pero después que en Don Juan vi el talle, el valor, y el brío, me arrebato demanera todo el afecto al sentido, que de todo mi cuidado fue dulce imán atractivo. Ademas, que en mí no hubiera esta mudanza, o desvío, si acaso vos de mi mano favor hubieseis tenido, que entonces primero yo diera mi vida a un cuchillo, que aventurara el decoro por cuenta de un gusto mío. Pero como vos sabéis, que en aquesto nada ha habido, y que está de este desaire mi respeto puro, y limpio, me atrevo a desengañaros, que si un papel os di escrito de casamiento, eso fue por excusar del peligro la violencia, como quien de un dolor grave oprimido, por negarse al sentimiento, solicita el precipicio. Y aunque mi padre, y mi hermano os buscan como a enemigo, porque saben que estuvisteis hoy en mi cuarto escondido; y os van a obligar resueltos, a que seáis mi marido, Yo no he de venir en ello, pues la culpa no he tenido de que escondido estuvieseis, cuando vos a pesar mío, sin atender al respeto que se me debe, atrevido tomasteis esa licencia, y será injusto castigo, que de vuestro atrevimiento venga a pagar el delito. Y así, señor Don Fernando, podéis tener entendido, que no he de ser vuestra esposa, que es Don Juan a quien estimo, y a quien lehe entregado el alma: ahora allá con vos mismo consultad el desengaño a la luz de aqueste aviso. . Clávela escucha: con causa. se queja, feliz he sido, por donde pensé perderla, mas a Clavela consigo: Quién habrá en el mundo; a quien no engañe el humano juicio? Cielos, Clavela me quiere, loco estoy, pierdo el sentido: quien dijera que no estaba culpada al ver los indicios de su amor con Don Fernando? Ya que todo lo averiguo, y ella ignorante está ahora de que aquí hablaba conmigo, con otra prueba a saber toda esta afición me obligo, sin que un escrúpulo solo me quede, pues imagino darle la mano de esposo, si lo que intento confirmo. Señor, buena va la danza. Qué es lo que me dices? Digo, que tu esperanza volavit. Nunca mayor la he tenido. Pues sabe que el tal Don Pedro, juntamente con su hijo, llevan al tal Don Fernando, diciendo a voces, y gritos, que por fuerza han de casarle con Clavela. Conseguirlo no podrán. Aquesa es buena; quieres tu ser adivino? la otra acaso de su sayo no podrá hacer un corpiño? No ves que ella a mí me quiere? Este hombre ha perdido el juicio; ahora sales con eso? Sí, Lirón, vente contigo, y verás como se aclara de amor tan confuso abismo, que a su tiempo el desengaño de Clavela he conseguido. Voy, plegue a Dios que no haya en vez de lana trasquilo. Acaba de declararte. Dime tu pena cruel. Yo mismo contra mí mismo mi desdicha fabriqué. Habéis de saber las dos, que Don Juan ha dado en que Mencia ha de ser su esposa, y con tal proligidez me ha ponderado su amor, que celoso le dejé, y él de mí se despidió, diciendo, que iba a traer el Cura para casaros, Eso pena no te dé: hay más que desengañarle. Don Juan mi esposo ha de ser, o no de admitir ninguno. Aunque el desengaño es el remedio, no me excusa el sentimiento cruel de que conozca Don Juan en mi amistad un doblez. De mi estuvo enamorado, trocose su falsa fe. Pero primero es mi amor, iré a buscarle. Tened, porque mi hermano, y mi padre, y Don Fernando, los tres suben ya por la escalera. Lo peor es, que también Don Juan se viene con ellos. Reportarte es menester, por Don Juan, y por Lisardo. Qué importa, si ello hade ser, que lo conozcan ahora, si lo han de saber después? Pues en cuanto os hepropuesto vos repugnancia no hacéis: Don Fernando, al punto dad la mano a Clavela. El ser su esposo es lo que deseo. Yo no puedo obedecer, que a otro dueño he dado el alma. Infame, cuando un papel le diste de casamiento, hoy mi honor quieres perder? A mi acero morirás. Qué la defiendo no veis? De vos haremos lo mismo, hasta que la mano dé a Fernando. Es imposible. Pues cómo? Es ya mi mujer, y si de sus atenciones sospecha alguna fenéis, eso ahora a mí me toca, con lo cual satisfacer es ocioso a vuestro empeño, pues todo el origen sé de Clavela; de Mencia, y de Márcela también, las cautelas de Lisardo, y de todos el doblez. Que habiendo fingido yo con este criado fiel, un Don Fernando supuesto, todo lo vine a saber. Y si todo el fingimiento de vuestras industrias fue solo a fin de que la mano diese a Clavela mi fe. La intención perdono a todos, por lo que me está tan bien, pues siempre a Clavela quise, y ella constante a un nivel, desde que me vio me quiso, cuya afición pagaré con mi mano, y con el alma, pues en su fineza hallé a su tiempo el desengaño de mi amor, y de mi fe. Yo por igualar de entrambos la fineza, le daré la mano a Doña Mencia, y a mi dicha el parabién. Pidiendo a todos humilde, que las faltas perdonéis.
