Texto digital de A lo que obliga un agravio o las hermanas bandoleras
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso y Sebastián de Villaviciosa
- Atribución estilometría
- Juan de Matos Fragoso Probable ySebastián de Villaviciosa Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A lo que obliga un agravio o las hermanas bandoleras. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-lo-que-obliga-un-agravio-o-las-hermanas-bandoleras.

A LO QUE OBLIGA UN AGRAVIO O LAS HERMANAS BANDOLERAS
JORNADA PRIMERA
Ya estás cansado. No importa, yo no he de dejar por eso de decirte la verdad, Yo no te pido consejos. No puedo ver cosas ruines en un noble Caballero: Porque piensas tú, que yo siempre antiparia tengo con cualquiera corcobado? Pues no es más porque es mal hecho. Y lo que intentas ahora es peor que todo aquesto, y acción indigna en tu sangre. Oh bien hayan los Gallegos, que por no hacer cosas bajas se meten a esportilleros. Pimiento, en cosas del gusto, no hay que andar por argumentos, pues no me has de convencer; porque si el antojo es ciego, preciso es, que se parezcan a las causas los efectos: Libre tengo el albedrío, y sujetarle no quiero a una mujer que me causa. Eso, señor, era bueno para dos mil siglos antes; Palabra de casamiento no diste a Doña Teresa? Así es verdad, y por eso me hizo dueño de su honor. Seis años de galanteo, no gastaste en obligarla? No fue amor, fue pasatiempo; pues Don Alvaro mi primo, como con finos extremos, pretendía a Margarita, de Teresa hermana; él mismo por hacerle compañía me metió en aqueste empeño. De Margárita ha logrado también los favores tiernos, mi primo, en fe de palabra; y como es uso del tiempo, y las palabras, y plumas, siempre se las lleva el viento, lo que ahora procuramos, es, salir de aqueste Pueblo de Ciudad Real, adonde tengo levantado un Tercio por orden del Gran Ferdando, Rey del Español Imperio, que en Alcaraz nos espera: porque de allí con el Grueso de el. Ejército, pretende con heroico aliento pasa Joba a la Conquista, de sombro al Agareno. d Y Don Albaro tu primo, que es tu General, sospecho, que también quiere dar mano a Margárita. . En volviendo de la guerra se verá mas de espacio aqueste pleito. Entrambos pienso que hacéis lo que un Capitán Tudesco, que a hacer gente le enviaron; fuese a un Lupar muy contento, puso su Bandera, y puesta, se estuvo allí mucho tiempo, sin que un Soldado tan solo sentase allí plaza; y viendo, que era imposible hacer gente, con lindo entretenimiento, trató de holgarse, y gastó con mujeres el dinero: como era fecundo el vino que allí había, en breve tiempo pobló de hijos el Lugar. supo el General el cuento, y fue a prenderlo en personas resistiósele, diciendo, yo no he ido contra el orden, que me diste, pues es cierto, que a hacer gente me enviaste, y no la había en el Pueblo: yo cumplí mi obligación, y te obedecí supuesto, que solícito hacer gente por el camino que puedo: Don Albaro vuestro primo, Ya Don Lope nuestro intento se logrará, pues dispuse, que aquesta noche en secreto vaya marchando la gente. Bien Don Albaro habéis hecho, pues con eso Margarita, Teresa, conociendo, que vamos sin despedirnos, se desengañarán presto del casamiento a que aspiran. Mal hacéis los dos, supuesto, que en fe de vuestra palabra está su honor de por medio, y os arrojáis a un peligro. Por qué? . Porque lo primero, estas mujeres son hijas del honrado Caballero Don Luis Gutierrez Tribino, que por Alcalde eligieron de la Hermandad, y sinlo sabe, que con doble atrevimiento sois ladrones de su honor, os colgará justiciero de una encina de bellotas, y os quedaréis para puercos. Su jurisdicción no alcanza no más que a los Vandoleros, y los que hurtan en el campo. Es verdad. . Pues según eso, a entrambos toca el delito del error a que os condeno; porque si hurtasteis las flores, de que se hace el panal tierno, que servía a las abejas de manjar, y de alimento, castigaros puede el padre por ladrones colmeneros. Lo segundo, estas Hermanas son discretas en extremo, y como un discreto, nadie sabe sentir los desprecios y han de procurar vengarle de esta ofensa: Lo tercero, es, que con doble cautela entrasteis en su aposento sobornando a una criada, y así, y como violentos lograsteis favores suyos. Lo cuarto, que hay grande riesgo si os ausentáis con engaño. Lo quinto, que ya las veo; ellas dirán lo que toca al siguiente Mandamiento. El fingir amor, importa. Asegurarlas pretendo. No extrañéis, señor Don Lope, que deponiendo el respecto de quien soy, venga rendida, a vuestra posada a veros. Ni vos Don Albaro, hagáis novedad de este suceso, porque como a dueño mío, os busca mi amante ruego. Pues bien, Teresa querida, qué causa empeñó tu afecto? Solo una desconfianza. Y a ti, idolatrado dueño, qué motivo te ha traído? Solamente un sentimiento, De qué? De dudar tu amor. Y a ti? Un amante recelo, Recelos cuando te adoro? Dudas, cuándo te venero? Es queja justificada. No la envoce tu silencio. Es un tormento del alma. Expícame ese tormento. Escuchadle. . Y reparad, Don Albaro, que el accento de mi hermana, habla con vos; que como es el dolor nuestro igual en las calidades, y uno solo en el suceso, lo que dijere a Don Lope yo, a vos os digo lo mismo, que en una queja va unida, de las dos el sentimiento. Y en verdad, que no son Ranas, Ya lo escuco. Ya lo atiendo. Bien os acordáis Don Lope de aquel venturoso tiempó, en que siendo yo motivo de vuestras finezas, dieron de mi resistencia indicios, los desapacibles cenos de mi condición esquiva, que aunque el natural respecto se vale de este artificio, para ostentar lo modesto: solo en mí no ha sido estudio, sino un recato, un despego, un desdén, una aspereza, una aversión, que vos mismo, de penasco endurecido le disteis nombre aquel tiempo, que con amantes aplausos de músicas, y festejos, dabáis al Mar lo llorado, y lo suspirado al viento. Risco fui: mas como suele templado humilde arroyuelo, con repetidos hálagos, ir limando a curso lento lo indócil del bruto escollo: no de otra suerte en mi pecho, vuestra amorora porfía fue el carino introduciendo, tanto, que el rebelde odio, acostumbrado al estruendo de aquella amante armonía, se fue poco a poco haciendo menos ingrata a la queja: con que ya de vuestro ruego, me sonaban apacibles en el corazón los ecos. Lo que nació de este agrado, ya vos lo sabéis, no quiero hacer hoy de mi desgracia, cargo a vuestro atrevimiento; pues asentado, que yo fuese cómplice en el yerro, no es circunstancia que impida, a que, como Caballero, cumpláis de vuestra palabra el inviolable precepto. El daros la posesión de mi amor, fue con pretexto, de que en la siguiente Aurora, coronaría el tropeo de vuestro amor mi esperanza, con aquel dichoso afecto de ser mi esposo: han pasado muchos días, y en vos la solicitud, que esperaban mis deseos, ni aquel semblante apacible, ni aquellos carinos tiernos, que publicabáis amante; con que dudosa, solpecho, que me ha faltado lo hermoso, o a vos, Don Lope, lo atento. No extrañéis que desconfíe, porque como el bien que espero consiste en una palabra, que se compone de viento, y está se forma tal vez sin aprobación del pecho; qué dicha estara segura, sobre tan frágil cimiento? He sabido que intentáis aquesta noche en secreto partiros, sin darme parte de vuestra ausencia; y no creo; que quepa en tan noble sangre tan cauteloso desprecio: pues primero faltara la luz al Sol, humo al fuego, agua al Mar; mudanza al aire, que duden mis pensamientos de vuestra atención, y estilo los antiguos privilegios. Y así, para asegurarme de aqueste susto, y recelo, que contra mi honor se oponen villanamente groseros. Cumblid hoy vuestra promesa, que esta fineza os merezco, no por quien soy, sino solo, por lo que os estimo, y quiero. Pero mal dije, a quien sois debéis la atención primero, que a mi amor, pues si antepuse lo vano, a lo de más peso, fue, porque es propió en los hombres pagar mal, porque más presto darán, por galantería, que pagar la deuda al dueño. Mi nobleza es conocida, iguales nos hizo el Cielo en calidad, haced vos, que no sea mi honor menos. De Luis Gutierrez Tribino. mi padre, os mueva el respecto, dad ese triunfo a sus canas, y me libraréis de un riesgo; que aunque en secreto ha pasado de vuestro amor el empeño, del honor que en vista es lince, no están seguros los lejos. A esto vengo solamente; y si tibio, o desatento, me dilatáis la esperarza a otro plazo; vive el Cielo, que del desprecio irritada, que con ese propio acero, que al lado traéis, yo misma me dé la muerte, a despechos de mi agravio; y que a vos mismo os arranque del vil pecho el corazón a pedazos: pero qué he dicho? el afecto se dejo llevar furioso de la voz del sentimiento. No estuve en mí, Lope mío, perdóname el desacierto, pues bien sé, que para el noble, la amenaza no es buen medio, y más siendo de mujer; que en la de mayor aliento; solo es su defensa el llanto, y su batería el ruego. Haced vos, como quien sois, tenga mi agradecimiento parte en vuestra bizarría, que la duda, que padezco, la da mi desconfianza, y no extrañéis el exceso, que como no soy dichosa, cualquiera mudanza temo: Mas que de esposa, de esclava os serviré, si el contento me lográis de esta ventura, vuestra palabra cumpliendo. Porque cesen mis pesares, porque acaben mis recelos, porque comiencen mis dichas, porque mueran mis tormentos: que para andar como honrada, y vos como Caballero, ni yo puedo esperar más, ni vos podéis hacer menos. No niego, hermosa Teresa, la obligación que te debo: pero me haces cargo injusto, en pensar que yo pretendo dilatar una fineza. que más que tú la deseo. Bien sabes que propusimos, dar parte a tu padre de ello, y pedirte por esposa, para honestar con aquesto la posesión venturosa, que merecí de tu afecto. Mas, puesto que desconfías de mi fineza, no quiero, sino que esta noche propia se celebren mis contentos, porque tu salgas de un susto, y yo logre este tropeo. Eso mismo a Margarita le respendo, y le prometo; porque son tan parecidos de nuestro amor los sucesos, que lo que vos con Teresa, con Margárita hacer pienso, dándola también la mano: Así engañarla pretendo porque en saliendo de aquí marchar con la gente intento. Volveos a casa las dos, que me pesa; vive el Cielo, que vuestra desconfianza os moviese a estos extremos; Así mi engaño consigo. . Siempre de tu hidalgo pecho, esperé tan feliz logro. Vanos fueron mis recelos, pues siempre me aseguré, que vos Don Alvaro, atento, cumpliriáis la promesa, como noble Caballero. Adiós, Teresa querida. Adiós, adorado dueño. Adiós, Margárita hermosa. . Guarden tu vida los Cielos. Con que los tales por cuales, toman las de Villadiego: y pues las dos fuisteis bobas, llevaréis con la de rengo. . Margarita; no te he dicho, que era su amor verdadero? y que no pudo el eicurso persuadirle, a que groseros, usarían con nosotras tan inhumanos desprecios? Siempre hermana entendí, que la noticia que nos dieron, era digna de su sangre. Ya de mi padre no temo el rigor, pues cuando sepa nuestra desgracia, a lo menos, hallándonos ya casadas con tan nobles Caballeros, quien duda que trocara todo su enojo en contento? Vamos; hermana. Esperad. porque vengo sin aliento, y una mala nueva os traigo. Y aún por eso, Inés, tan presto nos hallasteis: di; qué ha sido: que en mi desgracia no es nuevo, cuando espero una ventura, tropezar en un tormento. Señoras mías, Don Lope, y su primo en dos ligeros caballos, salen marchando de la Ciudad, con que infiero, que os han dejado burladas. Detén la voz, que me has muerto. Tú los viste. . Yo los vi, y por señas, que Pimienso vestido de colorado, iba picando un muleto: viome, y la vista hizo gorda, y me sonó a que era tuerto. Yo estoy sin mí: pero como puede esto ser verdadero? no es posible, Inés. . Señoras, verdades son las que cuento. De aquí se fueron ahora, pero dejaron dispuesto, que está noche nos verían. Puede ser; que vuelvan ellos del camino, que es muy propia fineza de amantes tiernos. Y si no vuelven? Seguirles. Ven, Inés, que a mi silencio remito una honrada industria, si lo que dices es cierto. Mucho lo dudo; mal sabes, Margárita, el sentimiento; que me dejara en el alma este ultraje; mas no creo, que pueda ser: más hiciera: Qué hicieras? Que con mi aliento; de las hijas de Tribino, quedase memoria al tiempo. Fernando, Rey de Castilla, por cuyo invencible br y, y heroicos hechos, la fama, te da el renombre de Santo: hoy del Reino de Toledo llegaron dos mil Soldados, que asegurar de ellos puedes la empresa mayor, pues tanto en la lealtad se descuellan, que libres, y voluntarios, sin querer paga ninguna vienen conformes marchando. Solo es Rey quien Rey se nombra de tan leales Vasallos; extraña acción, pero propia, de espíritus Castellanos. Vuestra Majestad, señor, les séñale ahora el Cabo, para que partan contentos a la Conquista, entre tanto, que Don Albaro, y Don Lope, con el Tercio que han juntado, vienen de Ciudad Real, a incorporarse en el campo. A vos, Don Alonso Tellez, por el desvelo, y cuidado, por el valor, por la sangre, digna de mayores cargos: y porque me habéis servido en la guerra tantos años, con hazanas, y finezas, por Genetal os señalo de mis Armas, mientras yo ligero a Teledo parto, a poner la primer piedra en su Templo Soberano, que ahora labran de nuevo: que quiero yo por mis manos, ser el primero Oficial, que trabaje en el sagrado cimiento de sus paredes; y viéndole comenzado, me partiré a la jornada, que donde está vuestro brazo, no hará falta mi asistencia. Señor, en sombra, en amago, vuestro nombre podrá solo dar victorias; y así el cargo acepto, en fe de que vos volveréis presto a ocuparlo, Pero lo que os aseguro. es, señor, que en los asaltos, que diere el Moro, primero que el bastón, faltara el brazo: y cuando volváis espero, que habéis de hallar tremolando sobre Cordoba, y Sevilla, los Pendones Castellanos. En el Cielo espero, Tellez, que he de extinguir los Paganos. Don Luis Gutierrez Tribino, que es un venerable anciano, y Alcalde de la Hermandad, te quiere hablar. . Informado estoy de ese Caballero, y de los servicios raros, que en vida del Rey mi padre obró su aliento bizarro. Este limpió los caminos de Sierra Morena, dando castigo a los Vandoleros, que un tiempo a España alteraron Deme vuestra Majestad sus Reales pies. Basta, alzaos, y a lo que venís, decid. A vos, señor vengo enviado de la junta de los Nobles, a quien la Hermandad llamamos, para que antes que os partáis, dejéis, señor, confirmados de aquesta Congregación los Privilegios, que tanto para aplauso de los siglos vuestro Avuelo, y Padre honrarona De aquesta Hermandad, Tribino, quisiera saber de espacio los primeros fundamentos. Como testigo del caso, os contaré por menor todos sus principios: Cuando Don Alonso vuestro Abuelo, aquel Lidiador bizarro, que del rebelde Agareno fue susto, terror, y espanto. Soliritó restaurar el Reino, de sus contrarios, tan rapaz era yo entonces, que queriendo ser Soldado no me sentaron la Plaza, y viendo mi orgullo extraño, el Capitán Nuño Perez Caballero Toledano, me apadrinó, para que supliese el valor los años. Desde entonces fui sirviendo, hallándome en los asaltos de más peligro hasta que, en el discurso de tantos me vine después a hallar en aquel combate raro de las Navas de Tolosa, donde el Cielo Soberano obrando el mayor portento, nos propetizo el aplauso de tan insigne victoria en una Cruz, que miramos sobre los hombros del viento, de un color tan puro, y claro, que en resplandor, y hermosura, fue sombra el Sol de sus rayos. No adelanté mi fortuna, habiendo servido tanto, pues ninguno vencer puede, lo que disponen los Astros. El Rey, pues, con un suceso tan prodigioso, animado, trató de arrojar de España a fuego, y sangre al Pagano: Ocupose en esta guerra con fervor tan desusado; que olvidado del gobierno de la paz, dio asunto a cuantos quisieron ser licenciosos de su delito arbitrarios, Poblose de Vándoleros Sierra Morena, y sus campos eran de robos, e insultos un lastimoso teatro. Mataban los pasajeros, destruian los ganados, alborotaban los pueblos, sin perdonar el sagrado de las mujeres, pues pudo tanto su vil desacato, que forzaban su albedrío groseramente tiranos. Viendo tan gran demasía los hombres buenos, he hidalgos, sin que tuviesen para ello orden del Rey, levantaron un Escuadrón de Mancebos, que del enojo irritados, se ofrecieron animosos para vengar tanto agravio. Por Caudillo me eligieron, y penetrando los altos riscos de Sierra Morena, que sobre el aire elevados, Gigantes de piedra suben a escalar del Sol los rayos. Examinamos sus lenos, en cuyo golfo intrincados, hallamos dos mil Vándidos, que resistiéndose en vano, de los Nobles Cuadrilleros fueron presos, y amarrados a los troncos de los robles, con que el delito pagaron, siendo de flechas agudas su libre insolencia blanco. Fue de suerte el escarmiento, que quedaron del contagio, por mucho tiempo seguros los caminos, y los campos. Hízonos la invidia entonces de este atrevimiento cargo, por castigar un delito. sin ser para ello nombrados. Llevose a Toledo el pleito, y viendo nuestro descargo, se dio el Rey por bien servido, y la Hermandad confirmando, con notables privilegios, honró liberal, a cuantos se hallaron en esta empresa; y pues el intento es santo, y aqueste renombre gozas por timbre de tus aplausos, que confirmes, te suplican, de esta junta los Hermanos, las gracias, y Privilegios, que tu Avuelo ha comenzado? Porque eternices tu sama, porque dupliques tus lauros, porque crezcan tus victorias, y venza el curso a los años tu edad, por cuya justicia, quede el error castigado, agradecida Castilla, y seguros tus Vasallos. Yo digo, que los confirmo, y sobre aquesos añado, que para los Cuadrilleros no haya sitio reservado, y se les guarden los fueros, que hasta aquí se le han guardado; y ademas de esto, Tribino, he de premiar el cuidado con que me servís Tenéis hijos? Dos hijas me ha dado el Cielo, señor, que alivio son de mis caducos años, aunque obligación pesada. Pues desde hoy queda a mi cargo de las dos el casamiento, que será presto, pues cuando. de la jornada volviere desde Toledo, de paso las veré, para que queden amparadas de mi mano. Beso tus Reales pies, señor, por favores, tantos. A vuestra casa os volved, que haréis falta en ella. . Santo con razón os llama el Mundo; pues a servicios, pasados correspondéis tan piadoso, que mayor premio no aguardo. . Mas qué clarín hiere el viento? Es el Tercio, que ha llegado de Don Albaro, y Don Lope. Ya los estaba esperando. El orden obedeciendo, señor, un Tercio he juntado, que consta de dos mil hombres, y de ochocientos caballos, tan hijos de las debesas Andaluces, que jurando lealtad a los Elementos, el cristal, que al Beris claro en espumas le bebieron, en plumas se le pagaron. Las armas, y los pertrechos, picas, lanzas, y otros varios Militares instrumentos, como se me ordenó, traigo, sin que a Soldado ninguno le falte lo necesario, gran señor; y sobre todo, hasta aquí vienen pagados, que es la mejor diligencia, Dénsele a los, reformados, mas cuatro pagas ahora: y los dos servidme entrambos en esta jornada, que por cuenta de mi cuidado correrán vuestros augmentos; pues a los dos he de honraros, y esta palabra os empeño. Vuestra Majestad, los años viva del Pénix. Y a mí? . Quién sois? Un estrafalario, que os amo, pues que por vos me visto de colorado, porque me llamo Pimiento. Loco, aparta. . Tellez, vamos, y desde manana, puede marchar a Córdoba el campo. . Pues marcha el campo manana, ten dispuestos los caballos, Pimiento, y las dos Galeras. Buena ocasión para hablarlos, pues el disfraz lo asegura. Airoso, y pulido garbo de Serranas. Brío tienen, a hablarlas lleguemos ambos. Bellas Serranas, por quien se dúplica el triunfo al Mayo pues que con dos Primaveras añadís la eded al año: Si es que podemos saber a qué venís a este campo, donde son flores los tiros, y agudas picas los ramos; no lo ocultéis, que os prometo de serviros. . Ya yo he dado, a qué pueden venir Damas al campo de los Soldados. A qué? . A tomar el acero. Os han hecho algún mal trato? venís ácalo celosas, o amantes . No habéis errado, las dos venimos siguiendo a dos deudores ingratos, que cierto caudal nos llevan. Es de dinero prestado, o de alquileres de camas? Porque a mí, por otro tantos me fue siguiendo una vieja, desde Madrid, hasta el Cairo. Los que digo, son Taures, y como juegan entrambos, con amor, y con fineza, ciertas joyas nos llevaron con presupuesto; de que nos pagasen a las manos. Hasta ahora no lo han hecho, y venimos a buscarlos, por ver si en esta campaña, quieren la deuda pagarnos. Puede ser que hayan perdido. Yo sé muy bien que han ganado; aunque para con nosotras, nunca de vuelta han andado. Pues yo pagaré por ellos, que es muy propio entre Soldados, unos por otros hacer esa fineza, aquí traigo cien escudos, yo os los doy en descuento de una mano. Tened, señor, que a grosero paláis desde Cortesano. que aquesta mano no es mía, ni vuestra la que dais franco, y sin licencia del dueño, no fuera primor hidalgo sufrir yo esa demasía, ni vos alargar la mano. Por la que miro en vos, diera cuanto tengo, y cuanto valgo. El oro que busco, es solo el que de escudos más altos compone eternas memorias de un Castillo coronado, cuya fuerza no se entrega, sino al que solo es bizarro, pleito homenaje hice al Cielo de defenderlo, y guardarlo. Este escudo es el que busco, no los que ofrecéis, guardadlos, que bien serán menester, señor, para los reparos de la guerra que os espera. La de estos luceros claros, es la que temo, y quisiera ser como vencido, esclavo de su rigor. . Esa dicha me diera triunfos, y lauros. Mirad bien lo que decís. Mas de lo que digo callo. Y vos? . Lo mismo aseguro, Si os inclináis a ello tanto, ejecutad la promesa, que solo aqueso esperamos. Qué os admira? Qué os suspende? Ellos se engarapinaron. Este no es modo, Teresa, de obligar, y cuando hallo, que desluciendo el decoro, te vienes entre Soldados, a dar a tu honor un riesgo, y un recelo a mi cuidado; pues cuando de tus finezas, yo me sintiera obligado, solo por aquesta acción, ya no te diera la mano. Tú eres la noble? la firme? Así aventura el trecato, quién blasonaba de atenta? Ofendiome el doble trato de tu engaño, y tu cautela. Ya yo sé, que he sido ingrato; quieres más? . Que atento escuches Si tu queja, ni tu llanto me han de mover, a qué fin quieres hacerme otro cargo? Detente. . No me detengas, ni des Teresa otro paso; y para que no porfíes, te baste este desengaño. . Es predicar en desierto venirse a casar al campo. o También Don Alvaro vos me dejáis, sin que mi llanto os detenga? . Yo no sé, en que la queja has fundado la obligación que te debo, Margárita, el tiempo es largo, en volviendo de la guerra, lo miraré más de espacio, porque ahora es lo primero ir a servir a Fernando. . Puede haber mujer alguna más infeliz. . Ah tiranos! Yo desairada al desprecio de una infamia, y de un agravio? Yo de esta suerte ofendida? cuando pensaba obligarlos en aqueste traje, vemos el desengaño en sus labios? Dos veces les propusimos la paz, dos veces negaron la palabra, y con la misma, nuestro decoro afrentaron! Para cuando son las iras? Para cuando se inventaron de la razón los desprecios! Pesie al honor! para cuando forjó el desprecio furores, y el honor se armó de estragos! Pues hasta el Cielo permite, que insensibles desacatos castiguen los Elementos. Pues cuando soberbio el pr para el traje del Invierno adelanta el verde aplauso la vanidad de sus flores, veremos que en breve espacio es caduco desperdicio del soplo del cierzo airado. Margárita, ya el sosiego de nuestra casa dejamos por restaurar nuestro honor, volver a ella, es más daño, pues exponemos la vida al rigor de un padre airado, que a las dos nos dará muerte, viendo su honor ultrajado; y así, porque el Mundo vea que sentimos nuestro agravio, no volvamos más a ver de nuestra patria el descansos y aquel natural aliño, que se permite al sagrado de la mujer; en nosotras, sea eclipse, horror, y espanto. Sin orden vague el cabello, la blanca tez, a lo ingrato del hielo, del Sol, y el viento, nos desfigure el traslado, Borre lo hermoso la llama de este sentimiento honrado, hasta tomar la venganza, de esta infamia, y doble trato, de esta injuria, de esta afrenta, de esta cautela, y engaño; que deponiendo el adorno. femenil, no ha de haber prado, que no examine mi industria, hasta traer a las manos los viles traidores, que nuestra esperanza han burlado, Muera su traición aleve, de nuestra furia al amago; y pues las Estrellas fueron mudos testigos del caso, también lo han de ser ahora de nuestro sangriento estrago, Este es el Norte que sigo. Solo esta venganza aguardo. Cónsulte el furor violencias. Furias examine el brazo, Para que los propios vean, Porque admiren los extraños, A lo que mueve una ofensa. A lo que obliga un agravio. . ̱̱. Siloncio mío, hasta ahora, para callar hubo causa, ya no, pues que de mi afrenta, vengo de hacer la probanza; Apenas de Alcariz llego, de ver al Rey, y a mi casa llego contento, y alegre, cuando (ay de mí! pena extraña!) no hallo en ella a mis dos hijas, quién vio tan nueva desgracia! pues sabiendo quien me ofende, ignoro quién me maltrata! La Ciudad he discurrido con arte, prudencia y mana; amigos deudos, parientes he visitado, y no halla mi diligencia, el menor indicio de sus pisadas: lo más secreto consulto, examino las criadas, nadie me da razón de ellas; todo mi aliento me valga! Si han faltado a su decoro groseramente villanas; si han faltado? no lo sé, pero solo sé que faltan. Posible es, que en Margarita, y en Teresa, hubiese mancha, que afrentase los blasones de tan ilustre prosapia? Miente mi voz; mas no miente, pues veo su error; mal haya ley, que ultraja al innocente, política mal fundada, pues siendo ajeno el delito, ha de ser mía la infamia. Confusas oscuridades, recelos, sospechas vanas de mi honor, decid, de quien podré tomar la venganza. De quién? de mis hijas? no, pues no averiguo la causa. y es muy posible que fuesen violentamente robadas. Ay prendas del alma mía! pero mal dije: a tiranas! Vuelva a mis ojos el llanto, y aquesta caduca planta reverdezca a los enojos de su injuria, y mi desgracias No llore, no, pues no es justo, que llore por quien me mata: pero sí. en largas corrientes se inunden mis tristes canas, que no se opone la ofensa a los afectos del alma! Válgame Dios! que el valor, la virtud acreditada, ilustre por tantos siglos con nobles triunfos, y hazanas, se sujete a un accidente sin presevarme de infamia! culpa que no he cometido, me ha de dar pena doblada? Si: pero pudiera el hado, hacer con piedad más blanda más constante la hermosura, o menos duras las ansias. Hago, juramento al Cielo, de no volver a esta casa, (cuyas paredes han sido destigos de mi desgracia) sin que reconozca, o sepa de este infortunio la causa: Diré, que a los Vándoleros salgo a seguir, por las altas cumbres de Sierra Morena, y discurriendo las varias distancias de Andalucia, veré si hallo huella, estampa, vislumbre, noticia, asomo, o indicio de injuria tanta, si es que primero la muerte, mi triste vida no acaba; . mas qué estruendo es el que escucho! que puede ser? Para, para, En vuestra casa está el Rey, Don Luis Gutiérrez. . Tan rara merced, señor? no merezco llegar a besar sus plantas. Ya os sale el Rey al encuentro. Por merced tan soberana, deme vuestra Majestad sus Reales pies. . Esta gracia por Cuadrillero Mayor de la Hermandad noble, y Santa, merecéis Tribino: alzaos, pues vuestra valiente espada es digna de estos favores, pues por vos segura se halla de los Vándidos Castilla. En ningún pecho se hallara esta piedad, sino solo en un Monarca de España. Ayer me vino un Correo, que los Almoaves tratan, temerosos, de entregarme a Córdoba, y tan extraña nueva, me puso en camino para lograr dicha tanta: Con solos diez Caballeros, que en esta acción me acompañan, me he partido a la ligera; y aunque a mi persona aguarda nuestro Campo, quise veros, por cumpliros la palabra, que os di, y que os dejaría a vuestras hijas casadas de mi mano: helo tratado con Albar Núnez de Lara, y Don Gonzalo Rodríguez, que las estiman: llamadlas, porque quede con su gusto mejor la elección lograda. Si sabe el Rey mi deshonra? . Hay confusión más extraña! Si se la digo, me ofendo, si se la callo, es villana acción; qué haré justos Cielos! Yo me resuelvo a callarla, porque es tan vil una afrenta, y de carga tan pesada, que es traidor consigo mismo, el que llega a publicarla: Para ocultar mi desdicha, me he de valer de una traza, que es muy propia la mentira, en aquel que honra le falta. Qué os suspendéis? Señor, como no están mis hijas en casa, porque a una hermana que tengo enferma, asisten entrambas, en Flor del Valle, un Lugar, que está de aquí dos jornadas; esa es la razón, porque confuso, y suspenso estaba, por ver que ahora no puedan gozar de dicha tan alta: y tan pesaroso estoy, señor, de este lance: . Basta Luis Gutierrez, cuando vuelva victorioso a dar a España la gloria de este suceso, que solamente esperaba, se harán las bodas mejor: y ahora, adiós, que ya tarda mi alborozo en poseer los triunfos de esta jornada. . Yo la enhorabuena os doy, Gurierrez, de dicha tanta. Mejor (ay de mí!) dijeras el pésame, pues las ansias, que mi honor convierte en llanto, me servirán de mortaja.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA 1. Después que estos dos mancebos a estos montes han venido a gobernar nuestra Escuadra, anda perdido el oficio. 2. Por qué? 1. Porque no robamos. 2. Dice bien, porque un Vandido, si no roba; no se hace hombre, y así parecemos niños. Dóblense las centinelas, que importa guardar el sitio, para que no escape nadie. Ya todo el monte examino. Le. No oyes, como cuidadosos andan? 2. Son valientes hijos. 1 Dicen, que a dos Gentil Hombres aguardan, para hacer tiro, que los tienen espiados, por dos joyas, que han sabido que tienen de grande precio. 2. Por joyas andan, no he visto ladrón amigo de joyas, que no haya perecido; pues cuando las va vendiendo, va comprendo su peligro: Por una joya no más, que encontraron a Pablillos, fue al Rollo de la Hermandad, 1. Y en qué paró? 2. En qué? en sarcillo de aquella oreja de piedra. Y murió bien 2. Eso a gritos, y como un San Sebastian; y lo representó al vivo, que cómo es paso apretado el de morir, andan listos los Ballesteros, porque no yerre aquel paso, amigo, por falta de apuntadores: y así, a joyas no me inclino, basta tener nombre de hembras, para parlar un delito; Doblones, sí, que son machos. y guardarán el secreto. 1. Amigo, sino fuera por las doblas, que al Fraile de San Benito, que iba a comprar los carneros, le limpiamos, perecido hubieramos, que estos mozos, que nos gobiernan; no han dicho jamás, esta una es mía. Ah del monte? a. Este es Leonido. Centinelas de esta Sierra; vecinos de este desierto, que su aspereza habitando; sois más fuertes, que estos riscos. Ya tu voz obedecemos. 2. Di; qué mandas. . Oíd amigos; Ya sabéis que hoy esperamos. la presa que os hemos dicho mi hermano Jerardo, y yo; pues ya os hemos prevenido días ha, de que espiados tenemos dos hombres ricos, que aquesta Sierra Morena han de pasar; ya cumplido está el plazo deseado; que hoy hemos tenido aviso; que pasan por este monte, y así importa dividirnos tomando el paso; porque dé uno en otro, hasta este sitio, nos deis la noticia de ellos, que importa que lleguen vivos a nuestras manos, a donde en fatales parasismos, dé una vivora de plomo, beban el veneno altivo. A los demás compañeros dio mi hermano el orden mismo: la sena de conocerlos, no os la doy, solo advertiros me toca, que nadie pase el monte sin el registro de nuestra vista; que importa para lograr el designio; que si la presa cogemos, con sus vidas, conseguimos, honra, vida, fama, aliento, y provecho, pues venimos, a restaurar con la empresa, todo cuanto hemos perdido. Dice muy bien, porque estamos esperando a estos dos rico tan pobres, que parecemos Ermitanos, no Vándidos. Para que se guarde el orden en todo, guarde Fabricio la senda del Matorral, y tu haz la posta al camino de Cordoba. 2. Ya obedezco, 1. Yo también hago lo mismo. Id con Dios. 2. Guárdete el Cielo. Quién creerá, que disfrazadas a aquestos montes venimos mi hermana Terela, y yo, joyas vendiendo, y vestidos, solas, con una criada, para no dejar indicio ninguno; en nuestra deshonra, y que estas cumbres vivimos, con nombre, y trajes de hombres, Jerardo ella, y yo Leonido, hasta tomar la venganza en los pechos fementidos de aquellos falsos traidores; más Cielos, como repito este despecho, este ahogo, sin que de mi aecento mismo muera al eco, siendo el aire articulado cuchillo! Armadas, pues, de un despecho, y guiadas de un destino, para no ser cenocidas una alta gruta escogimos, que fue morada otro tiempo de fieras; mas ya colijo, que halladas mal con su albergue con su irracional instinto acaso por horrorosa; mudaron de domicilio. Aquí haciendo centinela noche y día, repartimos entre las dos (siendo de ambas) los afanes succesivos; pues alternando la posta, por hacer seguro el sitio, porque el recato no sea de un descuido el desperdicio, cuando es de mi hermana el sueño, hago yo el desvelo mío, y de esta suerte encubiertas pasamos. . Muere atrevido. 1. Valedme, Cielos, valedme. Murió como un pajarito, Qué has hecho, hermana? Matar, por haber mi nombre dicho, a Juan Alfonso de Ayala. Por qué? Por lo que has oído; y porque en nuestra deshonra haya menos un testigo. A un vecino nuestro has muerto? Sí, y aquí yo sola he sido, la primer mujer; que ha hecho cerrar el ojo a un vecino. Por eso le di la muerte, él buscó su precipicio con mirarme, y con nombrarme, que pues la suerte no quiso con la vergüenza de verme, lograr en mi pecho el tiro muriendo de que él me viera, él murió de haberme visto; mira cual es una vida; cuando el honor ha perdido, que ha menester por cobrarle, que la ennoblezca un delito: ensayo fue del estrago, que ha de hacer mi pecho altivo, en los dos infames pechos, que el delito han cometido: Tiemble el monte de mi agravio, que si así le da el castigo mi enojoya aquel que le sabe, qué hará en aquel que le hizo? Sepan, que van contra ellos mi brazo (mucho os he dicho) que es mucho Ejército, solo el brazo de un ofendido; y si para ejecutarlo no diere lumbre remiso el pedernal, el de mis ojos, saltara en fuego más vivo, porque los montes abrase con las llamas que respiro. Y para que la memoria, de esta venganza, a los siglos, cuente con trágicas letras tal traición, y tal castigo; donde los diere sepulcro, por padrón, contra el olvido, arrojaré un monte encima, porque en su sangre esculpido, el penasco más rebelde, etórico de esos riscos, flame al pasajer es; o a voc a voces dijer bien digo, porque si ha de estar en él todo nuestro agravio escrito, con el peso de un agravio, hasta una piedra da gritos. 1. Llegue el mandria a registrarse, Válgame San Agápito: qué me quieren? . Qué es aquesto? 1. Este hombre, que hemos cogido. Qué cargo traes? . Unas cartas Doncellas, que se han salido a romperse por el Mundo, que sol Correo, aunque indigno, y aunque aquí están todas, no las tengo, todas conmigo. Correo, de dónde vienes? Hoy de Córdoba he partido. Abrir las cartas conviene, por si de alguna percibo alguna cosa que importe. Muestra los pliegos. 2. Y en brío, y no tiembles, Aquí están: como aquestos señoritos, no me cojan de los pliegues, los pliegos nunca resisto. El primero dice, atiendan, que trae largo el sobrescrito. A Juan el Mellado, guarde Dios, en la Cárcel de Corte, y en su au- sencia a su Procurader, o a Catha- lina Chata su mujer, hale de dar en la Cárcel, o en la Taberna de en frente. Dice así. Camarada Juan, por acá se ha dicho que estás rematado a Galer ras; el Diablo me lleve, y así Dios me salve que lo dije luego que te vi tan inclinado a hurtar bellones, que cuando sacaste de en casa dél jurado las dos mortajas de cuartos, tuve por ciertas tus Galeras; por- que ti Prognéstico de ogaño, en to- dos los cuartos premete agua, en ti ha salido verdadero Nuestro ami- go el Morlaco fue a las Minas de él Azogue: que pueden tanto estos Se- ñores, que han podido hacer tem- blar a un hombre tan valiente. A Pedro el Guapo ahorcaron, solamen- te por lo escrito, que es tan desagra- decida la tinta de un Escribano, y de tan mala correspondencia, que siendo buenas las agallas para la tin- ta, la tinta no es buena para las agallas, San Blas guarde las tuyas, que presto verás borrada tu desdi- icha, pues la has de escribir en él agua. Vuelve a cerrar ese pliego, porque con tales avisos vaya el dueño consolado, con carta de tal amigo. Ciértole, para abrir otro. Como dice el sobrescrito? Al Rey nuestro Señor, que Dios guarde, en manos del Secre- tario Francisco Lopez de Leiva. Tente no rompas la nema, que si Dios al Rey le hizo Dios en la tierra, no menos, que a Dios va ese sobrescrito, y así fuera sacrilegio, y bastara ese delito a manchar de nuestra sangre los privilegios antiguos; porque si a Dios representa el Rey, y en él va incluido, quien no respecta al humano, menosprecia al Rey Divino. Yo, hermano, no iba a romperle, porque si fuera preciso, para ponerle en su mano, le llevara a pie yo mismo. 2. No vi mozos más atentos. 2. El Gerardo es muy leido. Toma el pliego, y veté luego, porque con tan buen padrino, seguro vas, de que nadie te ofenda. . Viva infinitos anos su merced. 2. Contento va el papaleguas. Fabricio, vuelve al monte; mas qué escucho? Es que canta Martinillo, que tiene el cantar por senas, si alguna presa ha cogido. Si el mejor amor castiga, y al que mar dichas ofrece, si más ama, más padece, cuál es el amor que obliga? Atención, que una gran presa. traigo, y la mayor que han visto. De quién? . Ahora lo verán. Sea Dios loado, y bendito. Una compañía entera, toda con sus coletillos, traigo, porque os entretengan, que son, por lo pobrecito, Representantes monteses. Sabe Dios, que aunque quisimos escaparnos de sus manos, en el traje, y los vestidos, a legua nos conocieron. No temáis el robo, amigos. Mas que no el robo, señor; en ese monte, temimos la sena, para robarnos. Pues, qué fue la sena? Un silvo. Y los demás compañeros, dónde están? . Solos venimos, porque en los tres, esta junta la compañía que han visto. Será la de los conformes. Sí, porque nunca renimos. Y la ropa dónde viene? . Detrás. En carros? . Tejidos, pues viene en esas alforjas. Poca ropa es. . De ahí, se dijo, más vale mana, que fuerza: Por la falta de vestidos, con unos calzones solos dos personas nos vestimos, cuando se ofrece. . Cómo? Ya señores se lo digo: con un calzón colorado, que traigo aquí hemos lucido el paso de una Comedia celebrándonos a gritos; es la lucha de Jacob, y el que hace el Ángel conmigo, viste un calzón, y yo el otro, que hago a Jacob, y encubrimos las piernas que están desnudas dentro del paño, y asido con las dos piernas afuera, en que el calzón dividimos: luchamos, hasta caer dentro del vestuario mismo, con que encubrimos la falta; mas una burla nos hizo un marrajo de un villano. Cómo. . Quedose escondido en el vestuario, y luego que nos vio en el paso asidos, nos dio un tempujón tan grande, que en el tablado de hocicos caímos, y al vernos como dos presos dentro de un grillo, descubierta nuestra maula? hubo dos horas de ruido, porque nosotros turbados, en dos horas no pudimos levantarnos de aquel suelo, hasta que el calzón rompimos, y nos entramos a gatas al vestuario corridos. El suceso fue notable. Son casos muy peregrinos, los que pasan en la legua representantes novicios. Y a dónde vais? A una ectaba vamos aquí a un Lugarcillo. Y qué os valdra cada entrada? A diez reales, y cuartillo. Muy medrado está el oficio. Compañías de la legua, en Madrid ganan lo mismo. Mas se gana en los Lugares, que pagan hasta los niños; y así, con talego, y cestas, a la cobranza asistimos. Cómo así . Unos dan huevos, y otros nos llevan tocino. Y qué Comedia traéis? Las mejores que han escrito los Ingenios de la Corte; la Muerte de Valdovinos, y el Robo de Elena, y todo. De esa segunda que han dicho, un particular nos hagan. Y yo a la paga me obligo: Sentémonos. Norabuena. Yo hago aquí al padre de Elenas y así a la barba me aplico y estas hacen dos criadas. Atiendan a este pasillo. Habl. idora, y Fínea, no así, cuando solicito saber la causa del llanto, cuando de fuera he venido: os suspendéis? . Dila tú, Lidora. . No he de decirlo; Fínea, señor, lo sabe. Elena, señor: Acabad, y no me deis tan dilatado el martirio. Tu hija falta de casa, Elena? Cielos Divinos! dejadme que me suspenda, que si ignoraba el camino de salir a ser palabra el pesar, que me habéis dicho, saliendo de vuestros pechos, qué hará al entrar en el mío? Mi hija querida falta. como no muero al decirlo? Cuándo faltó quién, o, cómo tiranizó, mi albedrío? Una manana, señor, al irla a dar los vestidos, la echamos menos. Ay ansias! Quién la llevó, no supimos. De alguna fiera fue estrago, sin duda, que en su honor limpio, no pudo caber desdoro. El lance, fue prevebido, y no es desgracia de fieras, porque ella llevó consigo ricas preseas, y galas, y las Damas de estos siglos, para que las coman fieras, no se ponen los alinos. Dejadme solo en mi pena, que llorando sin alivio, mas presto hallaré la muerte, pues en mis anos prolizos, el traidor, que fue instrumento de mi afrenta, hallarme quiso en esta postrera edad, para quedar sin castigo llevándome el corazón, El alma me ha enternecido. Yo también lloro de verle, que en él a mi padre miro. Ah pesia al traidor aleve! Sin duda, que no previno, que en quitarme a mí la vida, hacia menor delito. Arranque el dolor mis canas, que será corto delirio, porque después de afrentado no cuenten lo que he vivido. Padre, y señor, cese el llanto, no en tu rostro vengativo tanta venerada nieve maltrates, para el cuchillo más cerca tienes mi pecho; mas no es de tu enojo digno, que fue violencia, y no culpa la causa de:- Ay desvarío semejante! Hermano qué haces? No sé, que he hecho, ni he dicho: solo sé, que arrebatado de un afecto compasivo, se fue a la lengua, y los ojos el corazón: y es indicio, que si aquí a mi padre viera, hiciera con él lo mismo. Miren lo que hizo mi barba; todos cuantos me han oído representar este paso, lloran siempre, que es prodigio: No, con la barba en la cara. no hay más hombre ni lo ha habido. Ea. no empiece a alabarse, señor Nárváez. . Tomad, amigos por paga aqueste diamante, e id con Dios. Vivan mil siglos. 3. Apenas he vuelto en mí del susto que he recibido: El retrató nuestra historia. Adónde me traes perdido: Arre, bestia, arre. 2. otro viene. Yo te haré entrar por camino, Esta voz es de Pimiento. Sin duda, este bruto ha sido rocín de algún panadero, según echa por los trigos, Calad las máscaras todos, que acía esta parte es preciso retirarnos, hasta ver si viene solo. . Esto digo. Válgame Dios! que haya hombre inclinado a andar por riscos, ado estar en pob pudie en emigo de sí mismo, que yo de solas tres leguas, traigo el Pimiento molido? y qué hará quien sea Arriero? Sin duda, que aqueste oficio le inventaron unos hombres, casados con Basiliscos, que por no ver sus mujeres andan por esos caminos llevando cargas ajenas, que la suya, no han podido sufrirla veinte y cuatro horas, y alivian con este arbitrio, con las cargas de los otros, la carga de sus maridos. Yo me voy, pían, pían: mas Cielos! qué es lo que miro? Mascáritas, y en el bosque? Dante a prisión. Ay Dios mío! Suplico a ustedes, señores, no me prendan, porque sirvo a dos Capitanes fuertes: No doy por mi vida un higo. . Hablar importa con él, como que no es conocido. Di, quién eres? Eso, aún vaya: Por Dios, que estoy tamañito. . Di tu nombre. . Es colorado, y no quisiera decirlo. Cómo te llamas? . Pimiento. Y vienes solo? . Conmigo vienen mis Amos, mas yo como soy Pimiento, pico mas que ellos, y vengo siempre delante. . A qué? . A prevenirlos la posada. . Y vienen lejos? Vendrán de aquí hasta dos tiros de bala. . Muy bien responde, porque vienen a eso mismo. Id a recorrer los puestos, que importa. 1. Vamos, Fabricio. Y qué gente es? Quién? mis Amos, Caballeros bien nacidos: pero muy mal inclinados, porque son dados al vicio de mujeres, y desprecian todo cuanto han poseído; porque la ponen mil faltas, A dos quitaron el signo de la escriptura de honor, y no eran de mal hocico: y reprendiéndoles yo, dijeron enfurecidos, tenían caras de Gallegos, y pescuezos de coritos, con el talle de Irlandesas, mal sacado, y muy parido; y lo que más me enojó, (aún al decirlo me irrito) dijeron, que eran doncellas Zamarronas. . Quién ha oído a sus ojos tal desprecio? Ahora de nuevo me irrito a la venganza que espero. Y yo también. . Esto ha sido querer apagar el fuego, y echarle aceite. . De un pino ahorquen luego a ese hombre. A quién? señor? No lo ha oído? A él. . A mí? pues por qué? Porque siendo Pimiento, hizo oficio de alcamonía a esos Amos, que ha servido. Yo alcamonía? Tú mientes, que soy Pimiento, nacido en Leganés, y criado con agua de Leganitos, Ejecutad lo que mando. Señor: . No escucho. Haz benigno, que no muera yo ahorcado, dame otro cualquier castigo. Esconderle en nuestra gruta, pues no nos ha conocido, importa, Inés, y asustarle. Haz, señor, lo que te pidos Ea, llevadle a la gruta de los Osos, y escondido le déjaras dentro de ella. Entre Osos, yo? es mal arbitrio, que es querer que muera osado, quien no ha nacido atrevido. Ea, venga, y no replique. Vamos poquito, a poquito, que yo tengo el paso corto. Vamos al monte, Leonido, porque a nuestras propias manos, mueran estos enemigos. Pues ya sabemos que vinen, no perdamos el a iso. Y diga usted, hay muchos osos? Fuera de los cachorrillos, habrá treinta. Treinta; ay Cielos! Y ha mucho que no han comido? Habrá tres días. . Espere, que otros pasen el camino, porque allí conmigo solo, no tendrán para un colmillo. Yo he de ejecutar el orden: venga. . Tente hombre maldito; no habrá un medio? . No le hallo. Yo si pues un medio elijo dar un montado. . Y cuál es? El Rocín en que he venido, que es melado, y para Hsos, será de más apetito. Tienes dinero? . Si tengo. Dámelo, que donde habito, te tendré en mi compañía. Bien haya el padre que te hizo, deja que te dé un abrazo, aunque pienso que es lo mismo, que haberme echado a las fieras, si es que he de quedar contigo. . A buen tiempo llegaremos al primer Lugar, Don Lope. Tar traemos el Galope: hasta que en Cordoba entremos es preciso el caminar, sin descansar solo un día, que así a nuestra Infanteria, llegaremos a alcanzar, Las Tropas, a lo que entiendo, de espacio van caminando, Cómo se van alojando, fuerza es irse deteniendo las marchas. . La gente es buena, Y Pimiento? . Es singular. Mucho sentiría pasar solo, y por Sierra Morena. Yo apostaré que ha tenido, mi do de marca mayor. De nuestro aposentado? el el oficio ha escogido. El regala con fineza, y halla cuanto se le antoja. Es verdad mas si se enoja, amigo, el Pimiento escuece. ̱. Él habla con desenfado, y nos da su reprensión; si con vos está enojado, como nos sirve a los dice perrerías. . Así, lo mismo me dice a mí, cuando se enoja con vos. Pero dejando esto a un lado, mucho se aviva la nueva, que Cordoba ha de entregarse, Plague al Cielo, que así sea, que ha costado muchas vidas de Espáñoles. . Si eso fuera, para el sitio de Sevilla, más gente se apercibiera, porque esta prognosticado, que ha de entrar triunfante en ella, Estos son; estad alerta, que importa que no se escapen. 1. Déjelo por nuestra cuenta. Que aunque esta guerra se acabe, ha de hacer:- s. 2. Tened con fuerza, hasta que queden atados a esos troncos. Ah pesia a la vil canalla! Si yo la espada arrancar pudiera con los dientes, no quedaran con vida, aunque mil hubiera. 1. Déjense atar, y no hablen. En vano es la resistencia, Qué intenta vuestra crueldad? Luego veréis lo que intenta. No sabéis quién los dos somos? El saberlo a esto nos fuerza 1. Ya quedan muy bien atados, 2. Las espadas serán buenas. 1. Las casacas son mejores. Ninguno la menor prenda. les quite dejadoos solos, retiraos a la Sierra, porque ningún Pasajero su muerte estorbe. 1. Esta presa deben de querer para ellos. Todos tendréis parte en ella: fuéronse ya? . Ya se han ido, Salga el dolor a la lengua: Fementidos Caballeros, en cuyo pecho se encierra la mayor traición, que cupo en irracional fiereza; porque sepáis quien os habla: Porque no ignoréis quien llega: A hacer hoy de vuestras vidas: La más sangrienta tragedia: Mirad si nos conocéis, y atended bien nuestras señas, que pueden estar trocadas con el borrón de la afrenta. Bellísima Margarita: Hermosísima Teresa: No prosigáis, que va errado el principio. . En qué se yerra? En que mentís, pues no así con engañosas cautelas, nos hubierades burlado, si os pareciéramos bellas. Ea, paguen el delito, no otro engaño nos detenga, solo así queden vengadas con dos vidas dos ofensas. Tened, no intentéis matar, pudiendo cobrar la deuda, puesto que con nuestras manos, puede quedar satisfecha. Están atadas, y no hace Marrimonio la violencia. Por satisfacción, no basta prometer el alma en ellas? Quién nego una obligación, mal cumplira una promesa. No te obligas, de que humilde del desaire me arrepienta? Amenazado, no obliga, quien obligado desprecia. Mas su deshonra pública, quien cobrar su honra intenta por medio de la venganza. Antes, el que no la venga, da a entender, que honra le falta, pues sabe vivir sin ella. Con castigar un delito, nadie deshace una ofensa. Si deshace, pues así su estimación desempeña. otro seré del que fui, como el perdón te merezca. No se hace segundo engaño, a quien no ha nacido necia, Un nuevo amor en mi pecho el ver tu valor, engendra. Cómo ha venido forzada llegó tarde esta fineza. No es tropeo la venganza, cuando ofende, y no remedia. Si remedia; pues heridas de honor, con sangre se sueldan. Firme seré, sin que el alma triunfo de otros ojos sea. No amará con hidalguía, quien desairó con bajeza; y pues que fuiste el motivo, de que este disfraz hiciera nuestro honor, de tanto agravio, tomar la venganza es fuerza. Mueran, sin oírles más. 1. Dejad, Gerardo, la presa, que viene cercando el monte la Hermandad. Mueran. Mueran: mal haya el vil instrumento, que vivo un agravio deja. Este hemendará sus vidas, lo que ese instrumento yerra. Ay de mí, Cielos Divinos! Seguidlos. Ya vienen cerca. Huyamos. . Corred el monte. En vano es la diligencia, que a nuestra lóbrega gruta, no suben humanas huellas. Esperad, canalla infeme que aunque las ásperas penas os sepulten en su centro, no saldréis con vida de ellas, Ea, Cuadrilleros nobles, seguid valientes la empresa, 1. Mal podremos alcanzarlos, que según el aire llevan, aún para darles alcance, son cojas nuestras saetas. La mano derecha herida siento, y aún no quedó suelta como es la que le negué de esposo, fue providencia del Cielo; no ha sido acaso, que quiso con advertencia, poner en ella el castigo, por estar la cuipa en ella. Llamemos quien nos desate, ya que de aquestas dos fieras escapamos con las vidas: Ah del monte? Ah de la sierra? Penetrad aquese monte Quemad toda esa maleza. 1. Dos han dejado aquí. atados. Tiradios. Bajad las flechas. Quién sois? Quién? dos infelices, a quien con crueldad sangrienta los. Vandoleros ataron. Cielos! nuestra muerte es cierta; porque este es Tribino; el padre de Margárita; y Teresa. Cómo os vi como a traidores. a esos dos troncos unidos, no os tuve por ofendidos, que os tuve por malhechores. No extrañéis, no mis rigores, pues como a los Vandoleros castigamos, así; al veros, de justicia arrebatado, juzgué, que os habían atado para esto mis Cuadrilleros; mas yo os quiero desatar. Él, quien somos no ha sabido, porque a habernos conocino, él, nos mandara matar. . Cielos! qué oculto pesar me repugna aquesta acción? Si delincuentes no son, como al quitar los cordeles, lleno de enojo crueles, se alborota el corazón? Qué sangre es esta? Esta mano tengo herida. Pues tomad, y este lienzo a ella a pretad. Dios os pagué, noble anciano; esa piedad. . Nada gano en ella: qué mal me hicisteis, que entre mis memorias tristes, Bien decís: juzgo; que hemos ofendido. Que os vayan acompañando Cómo os impiedad usarla, . es discreción el temerra mi oculta melanchoda después que perdí mis prendas, en mi pecho la piedad que he tenido; me condena; y solo al rigor me , efecto es de mi tristeza: que como no he hallado rastro, indicio, senal. ni senda. de aquel que pudo me, siendo causa de mi afrenta. a cada pano que doy. qué or Que os vayan acompañando hasta salir de la sierra, y poneros en seguro mis Soldados. . La fineza estimamos como es justo. Lo que os encargo, a la vuelta, es, que sigáis las Escuadras, y os incorporéis con ellas, que he de registrar el monte: a quien desdicha tan nueva de aquel que pudo me, le sucedió pues acaso, si es que el corazón no yerra, busco a los que otros agravian, Re y dejo al que a mí me afrenta Este dolor, este ahogo, esta reprimida queja, este afán, esta memoria, este tormento, esta ofensa, se ajusta con mi desdicha, pero no con mi paciencia. Mas Cielos! vengan penas, que no habrá tantas, yo merezc C0
JORNADA TERCERA
JORnada tercera Qué escura que está la no Con los rayos y los trueno la tempestad tenebrosa, rompiendo el oscuro velo, le añade más confusiones, y el granizo, con el viento, roba a los ojos la vista. Perdido el camino hayen y absorto de la tormenta los caballos medio muertos nos han faltado en el monte De aquestas penas, podemo ampararnos, mientras pasas T las tinieblas. Yo os prometo, que fue intento temerario adelantarnos, pudiendo llevar delante la gente, que no les costará menos trabajo que a mí el buscar en este áspero desierto. No en vano te llaman Rey piadoso, justo, y con enojo os como si fuerais los dos, los mismos que me of Callar, que sus hijas fi porta aquí. . sí olia, mis prendas ro pudena, nelinas reza, no he hallado ras RACAV RIB RERI ura que pudo ofende o causa delment a caba paso que doy, pienso; que tropiezo en Id con Dios, y el Cielo mas dichas, que tengo Vive anciano las edad que duren aquestas pen- De buen riesgo hemos nuestra dicha ha sido bue pues le debemos la vida, a aquel que hicimos la Cuando en su patria empre estuvo ausente así nunca pudo ver ti- rma ella. os dé penas, des, as. salido; ena; ofensa. estuvimos, de ella, nos, a sido. erao pues cuando se ve mojado, y a pie, buscando en los senos de ese monte algún abrigo, con tan amoroso celo, de si olvidado. se está de sus Vasallos doliendo! Siga vuestra Majestad mis huellas, que acia allí un hueco peñasco, a la luz que dio ese relámpago, advierto. Id con tiento, Alonso Tellez, no os maltratéis. Nada temo, yendo con vos, gran señor. La causa de Dios defiendo, no hay suceso que me asuste, pues hasta echar de mis Reinos toda esta peste Agarena con mis armas, demoliendo de sus bárbaros Altares. el infiel mármol soberbio, no ha de sosegar mi brazo; y si hoy en Cordoba entro, mañana ha de estar sitiada Sevilia. Poner esta antorcha quiero para llamar a Teresa, que el monte anda discurriendo, y es tempestuosa la noche; y aunque esta seña ponemos para llamarnos sin voces, como el horror va creciendo de la tempestad, sin duda, debe de hallarse muy lejos, pues no ha venido a la gruta. Al confuso caos horrendo de la tormenta, he perdido el tino; y así no encuentro la luz; que a mi corto albergue me guíe; si no es que al puesto no haya mi hermana llegado, su cediéndola lo mismo, que a mí; no sé que ser pueda; mientras amainan del Cielo los enojos, retirarme a estas altas peñas quiero, C Do que Yo, a nadie ter sino al Rey; y eso iba a deciros, y fie que los dos me hay en decírmelo prim qué será, que arrebatada de una piedad, que no entiendo, sin temer quien puedan ser, a ampararlos me resuelvo? Bríos tiene el mancábito. De haberle oído me huelgo; corazón tiene Español: llegad, pues, si recogeros queréis en estas huecas peñas. Cortés ha andado el mancebo. . Bien lo ha fingido Teresa. El hospedaje agradezco, pero ya cesan las nubes de repetir los estruendos, que al hueco de aquestas rocas dos tormentas parecieron. Allí veo una luz, sabéis si acaso es de algún cercano Pueblo? No señor: venid conmigo; que es una choza que tengo, y allí podéis repararos. Tellez, no digáis quien soy. Ya voy advertido en eso. Seguidme. Guiad: qui tan hidalgo rendimiento en un villano? . No acaso se mueve niedad su pecho; pues para guardar a un Rey sin tener conocirmiento de su persona, a cualoviera le inspira respecto el Cielo. No venís? Seguid la senda, que aunque el camino es estrecho, la voluntad es tan grande de serviros, que os prometo, que si en ella os hospedaráis, en nada echaríáis menos vuestra casa. . Esa atención, os pagaré en algún tiempo, que de tan noble hospedaje os prometo el desempeño, huéspedes, que al ver al uno se acobardan con respecto los ojos, y el corazón? Quién sois me decid, mancebos, que en los rostros, y en el talle, no me parecéis plebeyos, y admirado estoy de ver, que habiten entre estos cerros dos hombres de tales prendas. Vos nos hacéis honra en eso que antes las prendas nos faltan. Porque no os admire el vernos en esta rústica estancia, a ella venimos a tiempos, porque somos Cazadores de aquí de un Lugar pequeño, y como estamos criados en su soledad, tenemos, cazando en aquesta sierra, la soledad por festejo. Cortés ha andado el mancebo. . Bien lo ha fingido Teresa. Muy aficionado os quedo, por ser también Cazador. Con eso amigos seremos. No escoge muy mal amigo. En todo ha andado discreto. Los dos que béis son hermanos. Y vos, quién sois? Quién con ellos viene a cazar, y aunque son con los arcabuces diestros, tiene días el oficio. sin duda; porque os prometo, que ayer no acertaron tiro. otro día acertaremos. Tiene razón Martinillo. Es verdad, mas no por eso os faltará que cenar. Aunque el albergue es pequeño, abundante es de regalos, que yo, que más tiros yerro que mi hermano, cuando salgo a cazar por esos cerros, tais i advertido me. ̱ h bien vio go rendimiente lano? . No apiedad su pe para guardar a un ener conocimiento PRAUITAy A CIIATETAA soira respecto el el camino tan o ya la perdiz volando, o ya el conejo corriendo, aún antes que el Sol asome, sin caza este monte dejo. Poned la mesa los dos; y en tanto, saber espero quien sois, pues ya os hemos dicho quien somos. . Un Caballero soy pobre, que gauar fama solo en la guerra pretendo, sirviendo al Rey con mi espada. Por ganar fama, el aliento os al abo, que quien solo sigue la guerra por eso, y por el premio no sirve, es solo digno del premio: y vos quién sois? . Un Soldado, que a este Hidalgo voy sirviendo. Venturosos sois los dos, y a entrambos invidia tengo: vos, en servir tan buen Rey, y vos, en tener tal dueño. Ya tienen aquí la mesa. Tomad, Caballero, asiento, y en tanto, Martíno canta algo, que en eso estas algo diestro. Y tocaré el instrumento, que me dejó el Comediante, porque le libré de un riesgo. Sabéis tocarle? . Si sé, que el Sacristan de mi Pueblo, me dio en él unas lecciones, y en él estoy algo diestro. Quién dijera que en un monte, tan cortesano festejo se hallara? . Dudando estoy, señor, lo mismo que veo. Al fin, he de cantar solo: si estuviera aquí Pimiento al tono me acompañara, pero está el póbrete preso, donde canta como rana, en una gruta gimiendo. Perdonad los toscos platos, y la ropa que os ponemos, que solo os ólera al campo. Siempre por acá queremos la ropa, como las caras, limpia, mas sin aderezos. Mientras en la Corte estuve, no tuve rato tan bueno. Quejosa de un tirano, que de su honor fue dueño, le dio muerte a Matilde, buscando en la venganza su remedio, Sacole despechada el corazón del pecho, cuando es por el honor el desempeños Escarmentad amantes, no haya engaños, si hay riesgos, ni ofensas, si hay castigos, y si hay venganzas para qué hay desprecios? Bien lo ha cantado el Zagal, y la letra no es lo menos. Hala sacado de un libro en prosa escribto, y en verso, que cuenta aquesta tragedia, y es muy dilatado el cuento; Dice, que era un Cazador Polidoro, y llegó a un Pueblo, adonde estaba Matilde, y fingiendo amores tiernos, la festejó, y con engaño violentó su casto lecho, con la palabra de esposo, y la dejó con desprecio, huyendo de aquel Lugar: pero ella le fue siguiendo, y le arrancó el corazón; y no hizo solamente eso, porque antes que a él le matara, mató, según dice el cuento, hasta los mismos testigos, que su deshonra supieron, porque viva la miraron, y no vengada la vieron: Decidme, pues sois Soldado, y entenderéis bien del duelo, si es que anduvo bien Matilde? Por su honor pudo hacer eso, y quien supo así cobrarlo, no mereciera perderlo: Mas en matar los testigos, si es que cómplices no fueron, no soy de aquesa opinión: que en darle muerte su acero al que su honor la robó, un Juez hiciera lo mismo; pues corresponde al agravio ese castigo sangriento. Y pues el Juez no mandara matar, porque lo supieron, a los testigos; ved vos, si hizo bien Matilde en eso. Bien decís, pero ofendida, y arrebatada en su duelo, se olvidó de la razón; y obró con el sentimiento. A ser vos el Juez, Matilde no tuviera muy buen pleito. Hay circunstancias tal vez, que ponen menos severos los semblantes de las leyes. En todo habláis como cuerdos De suerte, señor, que vos condenaras el exceso de dar muerte a los testigos? Yo ahora no lo sentencio. Válgame Dios! Si de honrada procedió solo sintiendo, que sin honra la mirasen, los que con honra la vieron, y cometo este delito llevada de aquel afecto de su honor, sin más malicia, que honrar más su sentimiento, por ser más honrada: no la libertara el derecho? Qué a pecho lo habéis tomados tal pudo ser el suceso, que defendiera a Matilde: sosegaos, y comeremos. 2. Llegad donde está la luz, que allí informar nos podremos, si es que le han visto. . Cantad, que en vuestra vos me divierto, Por esto está Matilde ausente de tu Pueblo, que un agravio, aún vengado, dora una fama, mas descubre un yerros 2. Denos vuestra Majestad los pies. . Levantad del suelo. Señor . Señor, la ignorancia deshaga el atrevimiento, de que: no sé lo que digo. No os turbe mi respecto: llegad ambos a mis brazos. Extraño ha sido el suceso, Con el Rey, los des sentados han cenado: cuando menos. Vedme después en Palacio, que haceros merced prometo, Con tu gran favor, señor, cobra el alma nuevo aliento, Vos tomad esta cadena. . Al sitio dais privilegio, porque adonde ha entrado un Rey, se pone cadena luego. Quién creyera tanta dicha? parece, que ha sido sueño. Vamos, que he de tomar postas, pues ya el Alba va rompiendo, y aún antes de medio día entrar en Córdoba intento. El Cielo te dé victorias, y tantas, que por el viento vuele con peso la fama cargada de tus tropeos. Vedme en Palacio. . Señor: Qué decís? . Si antes de veros llegaré a vuestros oídos la queja de algún suceso, que hayan los dos Cazadores hecho en el monte; yo os ruego, que la miréis con piedad. Yo me acordaré, que hemos comido a una mesa misma. La vida te augmente el Cielo, para ser de la Fe escudo, y amparo de aquestos Reinos. Él os guarde: vamos, Tellez: no vi mozos más discretos. Ya no podemos estar en este monte, supuesto, que ya hemos tenido en él, Margárita, dos sucesos. de ambos nos hemos librado, sin que puedan conocernos: este, y el de la Hermandad, que anda estos montes corriendos y hoy como el Rey ha de estar en Córdoba, más aprieto ha de poner en su Guarda, doblando los Cuadrilleros, para hacer seguro el paso; con que ya en vano emprendemos la venganza en este sitio: y así a Cordoba, siguiendo hemos de ir nuestros contrarios, donde con fieros denuedos, les hemos de dar la muerte en su mismo alojamiento. Esta es mi resolución, que después que ayamos hech una venganza tan justa, al Rey nos descubriremos, que ha prometido ampararnos; y es precilo, que sabiendo a lo que obliga un agravio, dé el castigo por bien hecho. Bien dices, vamos, hermana, que en todo sigo tu aliento. Tú, Inés, entretanto, pon en libertad a Pimiento; pues no puede dar aviso a sus Amos de más riesgo, que el que tuvieron sus vidas, y ven con nosotras luego, que por el camino alto vamos, y te esperaremos junto a la mata florida: a dios, Inés, y ven presto. Aquesta boca sombría, a quien dos troncos sirvieron de mordaza, quiero abrir, y sacar de ella a Pimiento, que estará el pobre afligido: Calar la máscara quiero, para que no me, conozca. Ah del infélice preso? Quién me llama? Quién te viene a hablar aquí. Laus Deo: Máscara, qué me persigues, que en él sarao de estos cerros, en tres días no me has dicho, siquiera por cumplimiento, máscara, quieres mascar? Dime, qué males te he hecho, que aquí, a aprendiz de Ermitaño en esta gruta me has puesto, y al verme aquí con más boca, es cuando he comido menos? El servir tan malos amos ha puesto tu vida en riesgo. Pues yo prometo dejarlos, que otra guerra iré siguiendo. Vete en paz, que así seguro vivirás: mas di primero, qué guerra intentas seguir? La guerra de un casamiento, que me apunta en Ciudad Real, donde me estaré a pie quedo, aunque halle allí otra colina en la córcoba de un suegro. Qué has de comer sin oficio? Oficio tomaré, y bueno, que para pasar mi vida, hoy en la Hermandad pretendo el Escapulario verde, donde verdemente atento, para guardar verde Orden, todas las noches prometo de cenar Cárnero verde, que así podré en algún tiempo, pagarte este beneficio. Cómo? . Dejándote suerto, después que te haya horcado. . Esta atención te agradezco: Adiós, y mira, que fío de esa palabra. . Está cierto, que cumpliré lo que he dicho, y aún haré más, si más puedo. . Este es, amigos, el sitio, adonde nuestras Cuadrillas han de hacer alto, supuesto, que aquí se ha de hacer justicia de todos los Vandoleros que en Sierra Morena habitan. Por ese monte he mandado, que marche una Compañía, porque los robos, e insultos, que han sucedido estos días, han dado motivo, a que duplicadas las Cuadrillas contra los Bándidos vengan de manera prevenidas, que no se escape ninguno, si el, centro no los abriga de la tierra, y de los vientos pueblen la región vacía. Sobre aquestas altas penas, fijad la Sagrada Insignia, y la tienda de Campaña hoy de Tribunal nos sirva, donde se premulgue al reo cargo, y sentencia en revista. 1. Dicen, que dos Vandoleros mancebos, son con malicia, de los Bándidos, cabezas. Solamente esa noticia me ha traído, cuidadoso, e avisan, pues los dos, segúnm en este propio lugar dieron la muerte con ira, a Juan Alfonso de Ayala, y mi enojo solicita, que en este lugar, también del tronco de aquesta encina paguen el delito enorme, de su infame alevosra. Mas como me dan lugar, . fortuna, las penas mías a sentir ajenos males, cuando en los propios peligra la razón; y el sentimiento mayor (ay honra perdida!) Cuantas diligencias caben en una honrada osadía, para apurar sus agravios, he hecho, y parece enigma de mi Estrella, el no saber de aquellas dos enemigas, el erroro el desacierto, que a un grave dolor me obliga. Nadie hasta ahora ha sabido, por más, que es pesar me aflija, cuan inferiz es aquel, que al inquirir su desdicha, para que viva muriendo, aún falta quien se la diga. Quién es aquí el Cuadrillero mayor? Quién sois? . Una espía intrusa dé la Hermandad, que con esta sacarilla solícito darme un verde. Quién os ha dado la insignia? Unos hermanos, que quedan en la maleza vecina, porque yo los enseñase, la madriguera en que habitan; los dos mayores Ladrones, que siguen la bandolina. Y tú los has visto? Y como; pues en una gruta fría encerrado me han tenido, dándome a comer verdina, con que pienso tengo hechas un papagayo las tripas. Allí estuve Anacoreta, siendo por mi gran desdicha de un Culebro, y de un Largato, eis Minis- (tro nación Es harto limpia Por qué? as familias, fue mi Madre Lavandera; y mi Padre fue Algebrista, que es ser lo mismo que Albeitar; con lo cual por recte línea, me toca de medio a medio, el cargo de Ballestilla. Tiras bien? . Mijor acierto, si es blanco a lo que se tira. Pónganle en la lista luego. Para mi mejor sería que en la mesa me pusieran, pues traigo hambre tan canina, que me comiera a un valiente, como el tal fuese Gallina. Dad a ese hombre de comer. Estomago mío, albricias. 2. Venid. satisfaréis la necesidad. . Querría saber qué es lo que hay? 1. No hay más. que vaca hambre. Oh qué linda? tras ella me comeré los dedos: Vamos aprisa. Huyamos por esta parte. Amigos, a la colina, que estos son los Vandoleros. que a la cumbre se retiran. . 2. Todos sus pasos sigamos. Esto es bueno por mi vida: hay hambre más desdichada! Con las voces, y la grita, se me ha espantado la vacas más Cielo qué es lo que mira compañero alg Qué comías Alpiste. Agua de lengu Qué agua es esa? Es agua fría, este nombre no más, de la Botica, fuente misma. in, queréis ser ermandad e infort ja. mis ojos! los que allí veo no son de esta Cofradia. que a Vándoleros me huelen- Leonido, al valle camina. Es harto limpia Camine muy norabuena, que yo sigo mi Cuadrilla. . Ya yo te salgo al encuentro. Yo tus pisadas seguía. Para ahora es el valor: Y a ves noble Margarita, Tiras bien? . Mijor acierto, que es imposible escaparnos, pues toda aquesta campina, poblada de Cuadrilleros, nuestra prisión solicitan: cruel muerte nos espera, si nos cogen, que aunque rija nuestro generoso Padre el brazo de la justicia. si su afrenta reconoce, y nuestra culpa examina, siendo Juez no ha de librarnos, porque honra, que esta ofendida, por más que tire la sangre, solo encuentra con las iras. Ya veo el riesgo en que estamos dame lo que determinas. Que primero es el morir, Huyamos por esta parte. que darnos a la justicia. y publicar nuestro agravio, porque es menos ignominia 2. Todos sus pasos sigamos. una resistencia honrada, que una afrenta conocida. En aqueso me resuelvo. Pues estemos prevenidas, porque llegan? . Lleguen, que ya nada me atemoriza. 2. Villanos si no queréis. que aquí os quitemos las vidas, daos a prisión. . La llaneza, y el modo, es cierto que obliga: ese nombre, que nos dais de villanos, grosería parece, pero no importa, porque es muy propia doctrina de hombres vulgares. 1. Si en eso solo vuestra queja estriba, cortesmente os cogeremos, y con muy cortés policia enid. V esidad. . ( s lo que hay? hay más. acá fiambre. O ris os colgaremos de un roble, como hombres de tanta estima. Próbadlo a hacer, y veréis, como de la suerte misma, os hago dos mil pedazos con la propia cortesía. 1. Ay tan grande atrevimiento! Su desvergüenza me incita: prendedlos. De esta manera pagaréis vuestra osadía. Favor al Rey, que me matan! pléguete Cristo, así tiran? ha pícaros imequetrefes. Mueran todos. Mueran. Muerto soy. Válgame el Cielo! Dios te bendiga: yo escapé de una muy buena. Socorrámosles aprisa: llegad todos. . Si no hablas te paso por la tetilla. Qué haces tú aquí? . Yo estoy de centínela de vista. 2. Señor, nuestra gente viene siguiendo por esta orilla, a dos Bándidos, que huyendo hacia nosotros caminan. Matadlos, si se defienden. Tened, tened. . La fatiga me ha vencido. . Yo estoy muerta; y para mayor desdicha, di en las manos de mi padre, que más temo: . 2. Los que miras son, señor, los Capitanes, que gente infame acaudillan, y dos que han dado la muerte a Juan Alfonso. . Es mentira. Solo los bultos percibo, que ya turbada la vista, y casi ciego me siento de lamentar mi desdicha. 2. Nada importa que lo sea, pues con cólera, y con ira, han muerto dos Cuadrilleros al resistirse. . Ansias mías! si le pedire piedad? Si le diré mi desdicha? que en fin es padre, aunque es Juez. Que aunque es Juez, somos sus hijas. . Llevadlos, qué os detenéis? Esperad, señor; permita tu piedad, ya que a muerte nos condenas, que te diga en secreto una palabra, que a ti te importa el oírla mas que a mí. . Cielos! qué escucho? Pues confiesa Margarita su culpa a mi padre, quiero yo también decir la mía. Lo mismo, señor, te pido, que hablarte a solas quería, sin testigos que lo oyesen. Cuanto cabe en la justicia, de piedad, no he de negaros: Esto esconde alguna enigma. . Al punto os retirad todos, quedando solo a la vista. 1. Ya todos te obedecemos. . Dadme ahora la noticia, miserables delincuentes, de este secreto, en que estriba la confusión de mis dudas. Yo soy, si atento lo miras: Yo soy, señor, si lo adviertes: Banada en lágrimas vivas; Transformada en tierno llanto: Que el pecho a nubes destila: Tu infeliz hija Teresa. Tú adorada Margarita. Qué decís? callad, calad, que con una fuerte herida me habéis penetrado el pecho: Como de esa cumbre altiva, no se desgaja un escollo, que de sepulcro me sirva? Para cuando guarda el llanto su raudal lágrimas mías de espacio; no equivoquemos con la terneza las iras. Monstruos, que contra mi honor, y contra el vuestro enemigas, brotáis veneno en oprobrios, vituperios, e ignominias: que razón pudo moveros, qué error, qué causa os obliga, a que en este infatacer je de ladrones, y homicidas, déis un escándalo al Mundo? Mentís, que no sois mis hijas, o apercibid el descargo; que aunque ya estáis convencidas en el delito de muerte, he de hacer otra justicia a parte de mis agravios, que a un padre, si bien se mira, que ser Juez le ha hecho el Cielo, siscal de su afrenta misma: Decid, hablad, no el temor os embarace. . Inducidas, señor, de unos Caballeros, que al Rey Fernando seguían, porque palabra nos dieron de casamiento fingida, en fe de la cual lograron el triunfo su tiranía: nos salimos de tu casa; y viendo que no querían cumplir la promesa, entrambas, ciegamente vengativas, aqueste traje tomamos, para no ser conocidas, hasta vengar nuestro agravio, y merecer tu caricia, con el honor restaurado. La muerte que os acriminan de Juan Alonso, es verdad? Si señor. . Por qué la vida le quitasteis? . Fue la causa, señor, no más, porque un día nos conoció en este traje. Y porque nuestra ignominia no publicase su lengua, con rabia, despecho, e ira, le dimos injusta muerte: y pues de ella somos dignas, por este delito solo, que ya lloro arrepentida: 26 Si en tu piedad, señor, cabe:- Si cabe en tu gran justicia: Algún modo . Algún remedio: Advierte. . Repara: . Mira. Que tú eres padre, y nosotras tus dos infelices hijas. Aunque soy Padre soy Juez: El alma esta enternecida; . (quien tuvo jamás con tantas circunstancias su desdicha!) y aunque quisiera libraros, el poder se me limita, pues clama al Cielo la sangre de aquella innocente vida: Este cargo, el Rey me ha dado; y el Cielo me le confirma, aquel instante que pone en mi mano la justicia: Vuestra culpa es evidente, y Dios me manda que rija el fiel de aquesta balanza, con igual peso, y medida: mirad vos, como podré, sin incurrir en malicia, por pasión propia, oponerme a la Divina justicia? . Señor: Señor: . No acabamos de despachar con las vidas de estos capones? . Atadlos, y haced vuestro oficio hay hijas, para mi muerte, y mi afrenta, infelizmente nacidas! Qué esto ordene mi desgracia! Que aquesto un padre permita! 2. Ya están atados? . Qué haré? ejecutad la justicia, que manda Dios: mas tened. Yo le apunto a la tetilla. Si la razón las condena, de padre el amor las libra, pues yo me dejo vencer del amor natural, vivan, aunque peligre mi honor, sea, o no sea injusticia: pero, qué digo? a lo justo se ha de oponer mi porfía? Por su vida he de pasar del deshonor la ignominía? Mueran pues. 2. Señor, clemencias Mucho aquesta voz me obliga; no les tiréis, esperad. Si no acude tan aprisa, los paso como una breva. 2. Dinos lo que determinas? tú, piedad, con dos ladrones, de la Hermandad homicidas? Decís bien, digo que mueran: mas tened, pese a las iras de vuestros viles aceros! 2. Por lo que mandas te indignas? Yo me arrebaté piadoso: yo digo (ay de mí!) decía que ejecutéis la sentencia a Si nos estorbas la vista cómo le ha de ejecutar? ̱. Quitándome a mí la vida primero amigos tiradme que es piadola tiranía, dor la muerte a un desdichado. 1. La razón de ello púlica, Dands parte de tupena. Mi tierno llanto lo diga, 1 Pues qué resuelves? Que mueran. , , s Guiad a la gruta misma de los Serranos? qué es esto Tribino? Es hacer justicia, señor, de dos delincuentes. Qué es lo que mis ojos miran Don Alonso, no son estos los mozos, que el otro día me hospedaron? Si señor. A tiempo fue mi venidas Desatadlos luego al punto, D Son delira merucian vil B El haberme visto, de aquesta pena dos libra. Don Lope de este suceso récelo alguna desdicha. Ya me pesa haber venido con el Rey: a suerte esquiva! l 2. Tus Reales plantas besamos, pues nos has dado la vida. Dela palabra que os di, la prnmesa está cumplidas ah. Tribino, falta, que a ver vamos vuestras hijas, porquecuradas queden sus bodas. . Suerte enemiga! Qué os sulpende? vos ado? vos con la color perdida del semblente? qué es aquesto? Ya no es posible encubrir- a Sañor, las que veis presentes, en trage de hombres vestidas, son mis hijas desdichadas. Cielos, qué escucho! Aqueldí que honrasteis, señor; mi casa, faltaron de ellas seguilas. hasta que tn esta montaña las vine a hallar de Vándidas? A muerte las condene, por delito, que ellas mismas confesaron, que en aquesto cumplí la obligación mía, que aunque sol Padre, es primero, que la sangre, la justicia. Extraño sucelso! dadme las dos ahora noticia, de la razón que os movio a semejante osadía. Don Lope, y Don Albar Perez, que están presentes, podrían deciros mejor la caula. pues con palbra fingida de casamiento, burlaron nuestro honor, y vengativas, salimos a castigar tan grosera alevosías Llegamos a su presencia en Alcaraz, y con rita delpreciaron nuestro ruego. Viendo nuestra honra perdida, de este disfraz nos valimos, para estar des conocidas, hasta vengar este ultrajes y entre asas peñas altivas hemos vivido hasta ahora, sin hacer acción indigna de quien somos, si no es solo, de un delirio conducidas, la muerte de Juan Alfonso, por ser testigo de vista de nuestro agravio, esta es toda señor, la copia, la elfra, el resumen, los progrellos, de nuestra fortuna, y vida. Justicia, invicto Farnando; pues el Santo te apellidan, nuestra causa favorece. A defenderos me obliga la piedad, y el noble empeño, que vuestra queja acredita: Don Albar Perez, que hazaña, Don Lope, qué bizarría, es engañan dos mujeras, que en vuestro valor se fían? Dadlas las manos de esposos, Esta, señor, es la mía, que no he de negar la deuda. Aquesta es de Margarita. Ahora que estáis casados, los dos troncos, que servían de vil suplicio a las dos, de castigo a los dos sirvan; porque sepa el Niundo, que reina Fernando en Castilla. Señor- Señor pues logramos por tu piedad esto dicha:- Humildes te suplicamos: Y te pedimos rendidas: 2. Que las vidas les concedas. Yo les concedo las vidas, porque prometí ampararos, y también porque sois hijas de Luis Gutierrez Tribino, a quien mi piedad estima. Aquí mis penas se acaban, con tan extraña alagría, Y aquí ponen fin dichoso, a lo que un Agravio obliga, Matos, y Villaviciosa, que agradaros solicita,
