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Texto digital de A lo que obliga el desdén

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Francisco Salado Garcés
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A lo que obliga el desdén. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-lo-que-obliga-el-desden.

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A LO QUE OBLIGA EL DESDÉN

JORNADA PRIMERA

Celio, al monte. Por aquí. Todos aún tiempo tiradle. Monteros, al jabalí. En la espesura escondido ha de asistir su esperanza, si la osada confianza le hubiera puesto en olvido. Todas las flores marchita por reparar tantos males En los cándidos cristales perdido se precipita. Con que valor, con que furor ardiente, disciplina mi prima osadamente, instigando fogosa pesadumbre la indomita cerviz, la altiva cumbre del azabache día, que eclapses presumi del claro día, cuando altiva en rigores más se sube lóbregamente condensada nube, émula de las luces eminente a Febo contrapuesta frente a frente, Ya el jabalí simbrío se inunda en los raudales de ese río. Irracional chalupa, a esferaleve, zozobra en perlas, cuando muerte bebe. mas un Leon ahora se la muestra, que formando la rústica palestra del atrevido en sayo bruto se ignora, y califica ravo Espumando fulgores, iras gime cuando puñales de su mano esgrime: la turba le acomete mas rizos sacudiendo del copete, advertido mirando en el recelo, con piel ardiente, y bárbaro desuelo, desvanece osadías en campaña. por feriarse la vida con la hazaña. Mas Aurora atrevida espíritus le quita de su vida, suspenso el movimiento embarga de las iras el aliento. Fatigada la caza, ya la deja, del rústico concuiso ya se aleja, cuando ansioso su afecto me procura, matando de valor, y de hermosura. Prima amada! . Clauela, desvelos son por ver si se dosvela un cuidado terrible, el ejercicio. . Pues como es posible que loco pensamiento ejércite violencias del intento, si adoma a tu grandeza el dominio de Mantua, y la belleza? si yo, ay de mí! ay Cielos! mas el curso suspendan mis desvelos. Pues tu sientes Clavela soberana, que viéndote divina, siendo humana, la gran Malsí te adora, obediencias mostrando a su señora? No del Imperio, amada Monarquía suspende del pesar la tiranía. Pues di tu sentimiento congojoso, y verás como el mío es más peposo. Yo lo dudo, porque es molestia mucha. Tu pesar me refiere. Pues escucha. La gran Princesa de Parma, de cuyo altivo Solar, en timbres que el Orbe admira, refiere su Mujestad a la pasión suspendida, y a tantas ansias mortal. Físicos no la entendieron su amorosa enfermedad; y como no ja supieron no dieron remedio al mal. Para divertir la pena buscaba la soledad, y un día; en ese Páis, semejanza natu al de aquel jardín soberano, que la mano celestial dio principio a nuestros Padres. causa de su liviandad. Comur qué su pasión; mas ella siempre neutral, aunque lo calle la lengua mucho decía en un hay. Insistiendo cn la porfía. oblíguela a declarar las ansias que me encubría cuando las sentia más, porque es siempre en las mujeres: propia la currosidad. Ella rompiendo el secreto me dijo (cuando el cristal de dos corrientes divinas repetía su caudal) Clauela; amiga yo adoro un hombre muy principal, por quien rendida me veo no puedo decírte más. Aqueste deseo en mí me obligó a ti tubear, anhelando en lo él el discurso racional. Qué enfadoso pensamiento? que descortés necedad? A la mañana siguiente, cuando al bello trasmontar el Sol, infante despierta en la cuna de coral. Al despedirme de Estela la vi en bella majestad, dando al sentimiento treguas en la batalla campal. Y aunque dormidos sus Soles adverti desigualdad, porque en noche tanto día, pareció contrariedad. Tenia el cabello suelto, y en un cándido cendad, que en diáfana color Irisera celestial una efigie de su amanto, mi all vosta, verás, la deslealtad más aleve (si hay en amor deslealtad) Atrevida se la hurté, que vergüenza! qué maldad! harto me cuesta la culpa, pues perdí la libertad, que la pena que tenía se me vino a trasladar. Yo amo, sin saber a quien, adorando (qué pesar!) en un ajeno retrato; imposible original. Aurora, prima querida, advierte, mira si hay en la escuela de la hogo tan fiera riguridad: Yo he dado albergue en mi seno, sierpe que me ha de matar, vivora soy, que mis hijos al quererles abortar pierdo vida, por las vidas que he querido alimentar, con el hurto se frustro mi imperiosa majestad, pues el amor ha postrado mi vana facilidad. Yo doy suspiros al aire, sin saber por quien se dan, yo repito mis quererlas dando al cristal, mas cristal. Inundándome en mis penas zozobro en mi propio mar, pues perdida la razón ignora por donde va, y en la senda del empeño; solo acierta en el azar. La caza solo tracé para que entiendas mi mal, porque es alivio en molestias los sustos comunicar, que semejantes pasiones conviene no declarar las personas como yo sino es, cuando la igualdad, o el recíproco favor aumenta la calidad, qué importa la Monarquía? qué importa la Majestad? si un pensamiento tirano, usurpa la vanidad? que en aquesta vida el gozo. es el más propio manjar, a Malsí me volveré, donde pienso suspirar. Los Monteros, gran señora, lo que pretendes mandar, suspensamente a tu orden, solo esperando la están. A Malsí le restituyan, y en la margen del cristal de esa sierpe fugitiva, tú me puedes esperar con dos carrozas, que quiero en Malsí muy tarde entrar. Voy, señora, a obedecerte. : Pensión de la majestad, . pues mis penas has oído en mi dolor singular, saber procuro las tuyas. Atiéndeme, y las sabrás. Después haremos examen- cual es superior a cual. Notable ha sido la tuya, mas no sé si vencerá. Siempre cada uno piensa que es el mayor su pesar. Óyeme atenta, Clauela; Suspensa me tienes ya. El Pontífice Gregorio, que la Divina Diadema por milagroso prodigio, goza su altiva grandeza para azote del Hereje, para fervor de la Iglesia. El día de sus aplausos alegre Roma se ostenta, aliento de los Pensiles, alma de la Primavera, inventando sabia el arte sus mayores excelencias. Era querido de todos, el amor, que lo granjea, elgran Cardenal Farnesio, mi primo, que siempre era de su facción el caudillo, y el Acates de suidea. Desvanecido en el gozo; el mayor festin inventa, que admiró la gula en Flandes, que ha visto el Sol en su esfera, Elio Gabalo Segundo, que ambición tan opulenta! a cuyo intento con roca su parciales, sin que tenga excepción lo mujeril. Yo a su precepto sujeta, partí a Roma, llegué a Roma, piugiera al Cielo pluguiera, que el Tibir airado monstruo ejecutara fierezas, y en marañando candores, las atrevidas Galeras, fueran despojo a sus iras, y objecto de su inclemencia, para que yo en parasismos fuera al susto la primera. mas pues el Cielo no quiso (puede ser que me convenga, Canoro instrumento da el principio de la fiesta, y organizados alientos, dulces Orpheos eleva. Fadrique, que de Gregorio su amado sobrino era, con el Cardenal Colona tuvo cierta diferencia sobre tomar el lugar, mas su hermano con soberbia remite aquella venganza a los filos de la lengua, que en públicas ocasiones. causan la muerte más fiera, él afrentado, y corrido tanto en el caso le empeña, que en una fiera estocada liberto toda su afrenta, Los Colonas se alborotan, y vengativos se ostentan, cuando el cadaber presente les provoca a las ofensas. Con tan funebre suceso tuvo fin toda la fiesta, que de este mundo las glorias, siempre acaban en tragedia. Al partí me, el Cardena! con otros al Puerto espesa, y llamándome en secreto me dijo de esta manera: Fadrique es el que miráis, por cuya suerte siniestra tantas lamenta desdichas, y su presagio lamenta. En Mantua os ha de asistir mientras que encubierto ordena el Pontífice su tío sosegar tantas violencias, de los Colonas airados: Dios os guarde, gran Marquesa. Con esto se fue Farnesio, y dando al aire las velas las ancoras levantando se engolfaron las Galeras. A Mantua llegué, y Fadrique, vigilante a mi asistencia, reconocí en breves años prudentes inteligencias, sustituile el gobierno a su sagaz advertencia. Coluna de mis Estados, y Alblante de mi grandeza. Absorta estaras de oírme a mis acciones suspensa, imaginando entre ti la excusa de estas atengas, pues todo a la historia importa para que mi mal entiendas, Fadrique, galán, prudente sin afectada belleza, porque es improprio en los hombres, lo que es tan propio en las hembras, Daba al aseo donaire, y al descuido gentileza. pues me postró la pasión, que era divino, era fuerza: así el Prólogo te excuso, porque vamos a mis penas, que de un objecto adorado, será la alabanza eterna. Yo que atenta a sus acciones, y mis pasiones atenta, le decía por los ojos las escondidas molestias, que a veces de lenguas sirven interpretes de la pena. pero él sordo a tantos sustos negaba correspondencia, y al paso que le adoraba me picaba su ribieza, que es cebo del apetito, cuando oposición se muestra. Padecia mis suspiros en tan doméstica guerra, advertida en mis angustias, y él en sus inadvertencias. Una noche (ay Dios! ) aquí te procuro más suspensa, cuando ese galán de Dapne sus candores tírubea, substituyendo su Imperio al fulgor de las Estrellas. Daba al llanto mi fatiga, pensiones de la tristeza prevenida una pistola con alevosa cautela vomitó del fiero centro todos los rayos que encierra, Erró el acierto el traidor por causa al Cielo secreta, que atento a las intenciones, siempre libra a la inocencia. Yo alborotada; y confusa, inquiriendo en la experiencia hallo culpado a Fadrique, que mis criados le aprueban, Astolfo, y Celio lo juran. En fin, todos le condenan, mira, repara, que haría en tan vil correspondencia A trato de los humanos que paban de esta manera! No desistí de mi amor, antes me juzgué, Clauela, que Etnas fueron sus ardores, en esta pasión tan fiera. Como un padre que a su hijo, por malo que al mundo sea, por agravios que procure, por maldades que cometa, aunque le parezcan mal siempre amante le venera, A Dios ciego, en todo ciego, bien tus efectos lo muestran, indecisa en el desvelo, hacilaba en mis quimeras. Si le dejaba en Palacio sin castigarle severa, era escándalo de Mantua, y oprobio de mi grandeza, y lo que hoy no tuvo efecto, que lo tendría era fuerza, era alimentar la sierpe para que el veneno diera. Si a Roma le remitia, era exponerle a la pena, y lo que yo no intenté, sus enemigos hicieran. En estas dudas mortales elegí por conveniencia, que en esa Torre que miras, Babel de mayor grandeza, que se avecina a los Cielos del Orbe escala primera, que le prendiera mi Guarda sin oírle su respuesta. Para retirarse ahora tu heroica orden se espera, porque indecisa la gente solo atiende a tu obediencia, qué es lo que mandas, señora? confusa está la Marquesa. . A mal punto llegó Celio; cuando refiero mis penas; a Mantua camina luego, y solo en esa maleza una carroza me espere. La obediancia esla respuesta. . En fin, Clavela querida examinando mis quejas. Ay infelice de mí! Aurora, que voz es esta, que la piedad al oído lastimosamente deja? tú que esta Torre administras señora de su grandeza, informame de la duda. Amor paciencia, paciencia, que aquesta razón de estado me atropelle, y me convenza! Fadrique es el que has oído, que ligado a una cadena, con tan funebres acentos, acredita la terneza. Qué lástima! qué dolor! Vete llegando más cerca verás del Joben más bello, la más infausta tragedia. Con parasismos pública las pasiones más internas. Escucha a ver lo que dice. Escóndete de manera, que no nos pueda mirar. Yo solicito mi pena, Sacros Cielos, en ansia tan crecida para que dilatáis tanto mi vida? en desdichado empleo, rriste no se rindiera mi deseo; que gustáis del dolor, tengo pensado, cuando inmortal hacéis a un desdichado. Amor amor, que miro! anhelante en el susto más suspiro, no es este (qué recelo!) la infelice ocasión de mi desvelo? cuando el cristal dilato el bello original de aquel retrato, no es aqueste que advierto? mi oprobrio es fuerte, y mi pesar más cierto. Cómo triste lloro, cuando el querido bien que tanto adoro, por mi causa repite tanta pena, ligado fieramente a una cadena, infausto amor, yo muero desistid de las iras lo severo, que me mata el cuidado: hoy Fadrique ha de verfe colocado en la altina grandeza que tenía, aunque muera mi loca fantasía. Solamente (ay Dios!) siento la traidora sospecha del intento acabando inocente advertido el oprobrio infamemente, y que me culpe Aurora, cuando el alma rendida más la adora. Fuese llorando males, aumentando a los ojos más cristales. Como Marquesa de Mantua, que con eternos laures la fama describe asombros castigas al inocente? Indúzgale tu favor a la dicha que merece, no sé amor lo que me digo, . muda, y loca me suspende. Prima Clauela, por ti, por mi amor, que tanto puede, hoy ha de volver Fadrique a la grandeza eminente, pues las disculpas que da los excesos me divierte. Eres soberana en todo. Voy Clauela a obedecerte. porque tú amistad me obliga, y mi pasión me convence. . Amor, que haremos, amor cuando en tantos accidentes, me califico neutral, y me divierto prudente, sin hallar en tantos males el camino de los bienes? Inmortal a los oprobrios, acreditándome Fénix, yo sufría mis disgustos en incendios eminentes, mirando de un imposible considerados desdenes. Yo repetía mis quejas en la fatiga inclemente sin que desistiera alllanto las cristalinas corrientes. Y cuando miro (ay de mí!) por quien el pecho se muere, por quien sollozando acentos, zozobraba tristemente. Solo siento ver ahora, lo que quise tantas veces. Porque soberana esfera de esa máquina luciente, que eternas fomentas luces con prodigios, que suspendes, no éxalas de esa región las injurias impacientes, para que induzgas cadaver lo que asegura viviente? Para cuando: mas que digo el sufrimiento prudente aunque me introduzga bronce no me califique debií. No es valiente el que se rinde, sin resistirse valiente, que tal vez en la desdicha se suelen hallar los bienes. Reduzgamos el discurso, y elijamos cuerdamente en el veneno mortal el antídoto que tiene. Contrariedades opuestas, de la emulación rebelde, yo me muero por Fadrique pelle. retrocediendo mi gusto forzosos inconvenientes. Mi prima Aurora le busca, cuando mariposa muere, solicitando perdida oposiciones ardientes. Ella le aclama amorosa en gustosos parabienes, y al triunfo de la pasión dédica ambiciosamente todo el sentido al afecto la vida toda a la muerte, con la asistencia forzosa en Mantua, porque penetre, que celos, y amor en mí aún tiempo principio tienen. Yo no le puedo inducir para que a mi prima deje, que es notable desacierto. Yo, no es posible que intente la partida para Mantua, solicitando imprudente en dudosas confusiones el halago, que entorpece, lo racional al discurso, acreditándome aleve, pues conozco de mi prima, que cuanto muere se muere, que una ponzoña a las dos tanta altruez desvanece, pues que he de hacer corazón? rendida he de convencerme, y desvanecida al fusto ocasionarme a la muerte? Esoño, porque mi amor, aunque tan enfermo, puede convalecer del dolor, contradiciendo accidentes, pues elijamos alivios para que en males tan fuertes, goce de la vida amor en peligros evidentes, Sea remedio la traza que fábrico, porque puede atropellar imposibles, aquel que de verás quiere. Amor, ayuda mi engaño, si tan poderoso eres. En fin, Celio, la Marquesa al afecto se provoca cuando piadosa coloca a Fadrique en la grandeza, de envidia, y rabia suspiro! . mucho puede la inocencia. Hoy con altiva eminencia. en majestades le admiro, pero que causa te obliga, que te pesa de su bien? Un amoroso desdén, y una amorosa fatiga. Ya sabes, que lance tuerte! . como con travada guerra administró en esta tierra sus inclemencias la muerte. cuando la divina Flor pretendía aqueste Estado por advertir su cuidado ser del Marqués la mayor hija, pero natural, en que el intento se funda. Mas Aurora (aunque segunda) competía sin igual, porque en justo matrimonio nació legitimamente, como de ello comunmente el vulgo da testimonio. La valiente Italia atenta de acción tan justificada, la dio valor a su espada en la batalla sangrienta. Flor sus pesares admira retirada en un Convento, ntento oberb nis a la ambición loco aspira, cuando querido de Flor, he de lograr mi esperanza, que con la muerte se alcanza. Qué dices? (fiero rigor!) . De Aurora, fiera enemiga. Tal de ti, nunca pensé. Entrando ahora escuché . la sinrazón que me obliga, cuando por Aurora muelo abrasándome en su llama, hoy solicito mi fama, escuchar atento quiero. En los mortales despojos, cuando se conozca ufana, vertiendo la propia grana he de advertir sus enojos, multiplicando el carmín que las arterias despidan. sin que lástimas impidan tan apetecible fin. No har éis. . Absorto estoy Que lo estorbará mi brazo, siendo a vuestra luz ocaso cuando su defensa soy. Dejad tan bárbaro empeño, que al silencio me provoco, si de vuestro acuerdo loco no dejáis altivo ceño: cuando no, por esas luces, que en claraboyas divinas se conducen peregrinas, por lúcidos arcaduces, que del enojo caudillo mi furor se empeñará, mas pienso no faltará el verdugo, y el cuchillo. No os arresteis con valor en acción tan imprudente, que no puede ser valiente, el que se empeña traidor. Carlos, si vano atrevido ostentáis intento osado, en la nobleza fiado, y en vuestro afecto perdido, yo, yo soy Astolfo, que desnudando el limpio acero, al atrevido grosero su intención refrenaré, cuyos timbres, y blasones de mi valor sin segundo, dan admiración al mundo con heroicas confusiones. El discurso no sigáis, que vos propio os confundís, cuando el aliento decís, que tan confuso miráis. Breve senda se dilata, hija de arrogante pena, que fugitiva se empeña, desperdiciando su plata; pero muy presto relata el fin que se ocasiónó, cuando el mar la dominó bebiéndole todo el ser, advirtiendo se perder. cuando ganar se pensó. Qué importa que osadamente acrisoléis gallardías, y en audaces fantasías os advirtáis eminente, si os confundis imprudente en el mar de la pasión, y cuando la presunción os repara más altivo como el cristal fugitivo os perdéis en la traición? Yo Carlos (aunque atrevido) si la envidia me previene. Callad, que su Alteza viene eis presumido, o os enga mudad vuestra loca fe, que os acercáis al denuedo, que si abra callar puedo después callar no podré. A vuestras plantas postrado llego señora rendido, de una traición convertido, culpado, sin ser culpado. Mi inocencia me ha librado de tan alevosa culpa, porque a la desgracia culpa el que infelice nació, mas siempre el Cielo buscó al inocente disculpa. En el sublime zafiro, Príncipe de las Estrellas: dando admiraciones bellas, rayo a rayo, y giro a giro. En tan ardiente delirio densamente, nuve aleve tantos candores le bebe, suspendiendo su belleza, que aún en la mayor Alteza la alevosia se atreve. Qué importa tan loco empleo de tan soberbia locura, si desvanece luz pura altiveces del deseo? Sol en mi esfera me veo de aleve nuve cercado, mas que vale su cuidado, si en luces de mi verdad constituyo majestad, volviendo al primer estado. Por pasión me das castigo como el informe lo dice, mirando, que a un infelice nunca le faltó enemigo. Cuando en la pena prosigo, que tanto mi suerte llora de tanta noche, señora, me conducen tus favores. que después de los horrores siempre se miró al Aurora. Qué discreto! qué galán! que entendido! qué prudente! sus ojos bizarramente, son del sentido el imán! Siempre Fadrique juzgué verdadero vuestro amor, por eso os vuelvo al favor que merece vuestra fe, que si como pienso ya, estoy turbada, que digo! que mal mi pasión mitigo! mas el tiempo lo dirá. De vuestra dicha, Fadrique, que me huelgo, sabe el Cielo. Vuestro recíproco celo, es justo el amor publique. Este afecto me debéis, que gusto de vuestro aumento, siendo común el contento. A vuestros pies me tenéis. También podéis advertir, mi verdad era amistad, una mala voluntad, que mal se puede encubrir: de su ventura me pesa, cuando anhela el corazón, mas mi soberbia ambición suspendera su grandeza. . De grave hablarme no quieres, en sin murió mi esperanza, pero cuando la mudanza no procuran las mujeres? Yo no, que siempre te quiero, amante, firme, y leal, cuando en todo extremo igual tu bizarria prefiero. Tanto amor el Alma duda, que nuestra bárbara será todas sois como velcía, que ha cada viento se muda, variando el pensamiento. Un Extranjero, señora, pretende hablarte ahora. Decidle que entre al momento. Ignoro en que ha de parar tan atrevido cuidado. Solo le toca al criado obede cer, y callar, en mí, desatento amor, mucho ostentas tu poder, en el rendido el vencer, puede ser algún valor? Ya he visto, ya he visto Cielos, en tanta transformación la causa de mi pasión, la ocasión de mis desvelos, Dame tus plantas, señora, pues en lucido hemisferio eres el Sol de este Imperio, y de tu Patria el Aurora. Carta? de quién? . De Clauela. Duquesa de Malfí. . Bien. Darme puedo el parabién por la inventada cautela. La nema tomper porfío para leer sus renglones. Calan es. . Bellas acciones, . aunque afecta mucho el brío. Que es de Francia el traje dice. En lo blanco, es como el Sol: y en el desgarto Español. En mi engaño soy felice. . Por la su barba, Leonor, decir se puede esta vez, mala la hubiste Francés. Caballero, mi favor, mi poder, y mi grandeza os servirá eternamente, porque en cualquier accidente debo mucho a la Duquesa, que lo que la carta dice, el talle, y vuestra persona, lo califica, y abona. Soy dichoso, aunque infelice. De que Nación? . Yo, Frances Y cuál es vuestro Páis? Mi Patria es la gran Paris, que Corte de Francia es. Válgame el Cielo! que miro, cuando el corazón anhela, un retrato es de Clauela aqueste Francés que admiro, Pues vana imaginación el escrúpulo acreditas, locamente precipitas tu confusa elevación. Pero no mi engaño es cierto, la gran Duquesa es quien es, y no es supuesto el Francés, según en su modo advierto. Cuando arguyo en i pasión; su miento tan soberano, o qué discurso tan vano! que me causa suspensión, ya desisto mi locura, hay maaneció pensamiento! que dispárate, mi intento! me reduce a la cordura. Caballero, a Caballero. Qué me mandáis? es conmigo? Con vos, referidme, amigo burlarme con este quiero, . este tierra. . Brabo lance! Por quién se dijo el Romance de Mantua sale el Marqués? Píearo es el desbarbado, busonerias conmigo! si más decid buen amigo, sino estoy desacord,de! sois del lugar? a Desatinos. Si muy mar no se penetra, que dice una antigua letra, cara Francia Montesinos. Con la mía me ha pegado en el tejto que alego. Elevado se quedo. Bizarrote desenfado tiene esta dama que miro. Ser quiere galló el capón: que notable confusión! Amoroso ahora áspiro, a pesar de todo el mundo ser el galán de esta dama. Es centella de otra llama. En eso solo me fundo. El hombrecillo es terrible. Porque en cualquiera ocasión, mi valiente corazón siempre áspira al imposible. Francés, curio sa te pido, que es muy propio en las mujeres, que me refieras quien eres, la causa de tanto olvido, de tu Patria generosa, fiado solo en tu fe. En breve te lo diré, una pasión amorosa. Qué estirpe te ha dado el ser? tu notable historia di. Ha pensamiento; ay de mí! tú me despeñas cruel, mucho la Marquesa mira al Francés recién venido. A la ovimera el sentido cautelosamente aspira: amor ayudame aquí, Fadrique está apasionado, mas prosiga mi cuidado, oye señora. . Pues dí. Yo soy hijo del de Guisa, que es de lo mejor de Francia, cuya soberbia arrogancia esmera sacra divisa. Siendo el menor, y Tercero (qué pasión tan importuna!) corredad de la fortuna de no nacer el primero. Mi nombre es señora, Enrique, cuando mi pesar se advierte, para que avara la suerte tanta desdicha publique. Adoraba, y era hombre tan loco (estaba perdido) que fin fentido el sentido, mi afecto (nada te asombre. Murmuraba (quien lo duda, todo el vulgo estaba atento, porque el menor movimiento sus atenciones no muda. Mas yo flime (era pasión en mi constante desvelo, daba suspiros al Cielo, y a la tierrra confusión. Nada he dicho, pues no digo la ocasión de tanto fuego, cuando en mi desasosiego mis pesares no mitigo. Mas en tu soberanía suspensa toda alabanza, detiene la confianza del acento que porfía: si fuere error, el amor me disculpa, cuando anhelo, que en el amante desvelo no será el primer error. Mi objecto tan peregrino era en su ser soberano muy desigual para humano conforme para divino. Y campeando en su Cielo, dando ostentaciones bellas, dos rayos, o dos Estrellas en altivo paralelo. En hermosos arreboles, ostentando gallardía, el candorera del día, si gozara de dos Soles. Bello cuerpo esferabrebe, por lo de Dios muy gentil, emulación del Abril, y suspención de la nieve. Tan breve la vio, que en el cuando competir quería, el clavel no se atrevía, por ser mayor el clavel. Valla de jazmín activa, que en la palestra de amor tirubeaba el ardor de la empresa más altiva. Imperiosa Majestad postraba su debaneo, que mucho, cuando el deseo excedio de la beldad? Primorosa se prendía, al donaire dando aseo, blanca en el lucido empleo, no con achaques de fría. En soberanos despojos advertía, sin agravio, la envidia, sin tener labio, la emulación con mil ojos. Parasismos fátales promería, Era prodigio advertida en esfera misagrosa, que para ser tan hermosa, bastabala el ser querida. A su llama tan activo, Salamandra me juzguén abrafándome en la fe del alborozo excesivo. Una noche; aquí señora, averigua atento oído, bien que firmé tu sentido estos azares no llora, que no sabrá que es amor (bien disimulo el engaño.) . Plugiera a Dios que mi daño hubiera sido menor. La Marquesa atenta mira, . (que queréis villanos celos no me aflijáis con recelos) mirando triste suspira. Aunque refresque memoria del añogo, y susto fiero en mi amoroso accidente, y la escatriz sentida se restituya en herida, escúchame atentamente. Él nos tiene de enfadar, hablador a maravilla, si toma la larabilla, Dios lo puede remediar. crepúsculo el candor que conducia en lóbregos anuncios, triste suerte, vida a la noche, y al albor la muerte cuando la luz postrada. a las ondas yacia retirada del horror ya vencida, aclamaba el presagio, y no la vida, entonces del afecto provocado, llamado de mi amor, y mi cuidado el paso cuerdamente repetía el destino siguiendo una bujía, que norte a mi desvelo, aunque humano miraba hermoso Cielo, matando los sentidos bellamente los ojos, que dormidos en éxtasis del sueño tan gustoso, perdóname el discurso, que es forzoso. Cándido el cristal miraba, que a mis ojos su luz luces les daba, engolfado en sus pensiones, que en dulces elevaciones mayor donaire formaba. Si muerta la contemplaba, que el sueño muerte se advierte; aperecible la suerte decía en tan gran empeño, no puede ser muerte el sueño, porque es muy bella la muerte. Vencido siempre el deseo de la beldad superior; dormido tanto valor ablortamente no creo, pero en un confuso empleo de tan soberano ser, entre el dudar, y el creer a pronunciar se prefiere, si mata cuando más muere, cuando viva que ha de hacer? de la prisión del sueño desatada su pasión declarava enamorada. Y yo que en tal empleo excedia el deseo, del deseo loco no la creía, que amorosa mi firme fantasía engaño acreditaba lo que más deseaba, mas dudaba. Mas en tales desmayos dándome vida el escuadrón de rayos, de sus cinco azucenas meditaba gustosas tantas penas, cuando sir mesuspiro me vinculaba en el jazmín, y rosa. equivoca la suerte, intentaba más muerte, en esta muerte. Hidrópico anhelante en los favores bellamente advertidos superiores; sediento me engolfava, solicitando más lo que gozaba, pero (males prolijos! cuando los gozos estuvieron fijos? que en la suerte importuna el sepulcro equiparan con la cuna. Advierto un embozado, (cuando el traidor no vino disfrazado?) que mi suerte impedia, cuanto más se acercaba, se encubría, que sus iras me rauestra, haciendo de aquel duelo la palestia, aquel sitio eminente. Mi dueño desmintiéndose viviente causando admiraciones, ostentábase un Chaos de confusiones, y al desmayo rendida se quedó su belleza suspendida: mas yo valiente, de razón almado, sobrándome el valor, por ser honrado, su valor contradigo, y en mortales angustias mi enemigo su presagio concierta, cuando el Alma salía por la puerta que formé vengativo a la venganza, y al agravio vivo. El rostro le descubro tan tirano, y que era, advierto, mi mayor hermano, calificando la mortal herida, bárbaramente inorme fratricida, Aquí me induzgo hielo zozobrando el discurso, en el anhelo, cuando el pecho palpita para mármol, y bronce se acredita. Entonces los criados al bárbaro alboroto convocados, valientes se incitaran al efecto, si no les suspendiera mi respeto. El caso se pública, ya la venganz a Cadacual aplica la lengua que me culpa, y aborrece. Un caballo me ofrece en fugitivo vuelo, esperanzas queridas del desvelo. A Mal sí llego loco: su Excelencia ampara como noble mi inocencia, cuerdos récela engaños, por evitar mis danos: a tu valorremite mi esperanza, ya no temo mudanza, cuando a servirte en Mantua me prefiero en prócelas mirándote lucero, hermosa Aurora, teniendo ya rendida a tus plantas, postrándose mi vida. Bien el engaño cifró. No se si tenerme puedo. Jesús, qué notable enredo? La Marquesa me creyó. . El Amor a lo que obliga! Mi cautela es admirable. Notable historia. Notable. Vuestro discurso y fatiga, como propia la he sentido, pero Enrique, yo os prometo seáis de esta causa efecto, sin que lo frustre el olvido, Mudo retoricamente mi acento, señora, diga la obligación que me obliga ser tu esclavo eternamente. Carlos, notable favor. Todo el Francés lo merece, porque la lástima ofrece causa de cualquier amor. Mucho me aflige el sentido, pero Enrique, yo os prometo seáis de esta causa efecto, sin que lo frustre el olvido? Descansad ahora Enrique, dejad el dolor severo, y vos que seáis hoy quiero su Camarero, Fadrique. Notable apretar, amor loco estoy en mi destino delitando en en el camino que ha de elegir mi furor. Que esto debo a la Duquesa, y a su Nobleza también, porque en el mal, y en el bien, mucho mi Estado interesa. Esto solo me faltaba para perderme en mi pena, ya yo me acabo en la arena, pensando que me engolfava. Monsiur, por mí com pañero la Marquesa os ha nombrado, firme mi amante cuidado, no os procura lisonjero. Como amigo verdadero os pretenden mis nuscioe porque hay muchas ocasiones, si bien, señor, lo reparas, que algunos tienen dos caras cubiertas de mil traiciones. En un retrato adverti vuestro talle dibujado, desde entonces al cuidado, todo el afecto ofrecí. Fadrique, desde que os vi, mas de verás osamé, y aumentándose mi fe, muy activa se acrisola, si la estimáis como a sola, yo como a solo os querré. Aurora, si fantasías, que tan penosas parecen, tuyo algún fanor merecen, dulces serán mis porfías, noches prolongan a días, no viendo mi pretensión, examina mi intención sin entregarte a mudanza, que en teniendo yo esperanza feliz será mi pasión. El gran Duque de Montalto Carlos, amante me adora, y aunque entendido, y prudente, su pasión no me congoja, que es necio aquel que porfía, cuando Estrellas no confrontan; diferencias reduciendo, a dulcísimas concordias, y en lo tibio de este incendio, otro incendio no soborna albedríos soberanos, con inquietudes forzosas, adorando en mi Fadrique, objecto de mis zozobras, mas el sueño poderoso rinde las potencias todas, que al amor, sueño y la muerte; quién sus Imperios no postra? Llevado de mi destino, cuando ambiciones me informan aspirando a un imposible, voy delirando en las obras: mas que miso? la Marquesa a las pensiones forzosas, Majestades humillando su soberania postra. Dando el duplicado Sol de sus niñas milagrosas, intempestivos eclipses, para que diga la boca, en los brazos de sus Soles se adormece nuestra Aurora. Pues la ocasión me compele, cuando el amor me provoca, de Flor, mi querido dueño, mécele con purpúrea rosa los jazmines con claveles, y con granates las rosas: muera Aurora mi enemiga. Ay Dios! mi enemiga Aurora entrando por la antepuerta escucho dudas penosas, mas Astolfo vengativo, indignado se provoca, yo exámino sus enojos, atendiendo sus congojas; Pero cobardes las plantas suspenden la acción heroica, ea valor animoso Aurora. Suspende el activo acero. Ay acciones más penosas! matarme deja. . Ah traidor! En tus manos se despoja. el acero vengarinio, que el irme ahora me importa. Pues aleve morirás. Fadrique, de aquesta forma segunda vez atrevido quieres eclipsar mi gloria? porque causa, di me matas? soy por ventura Colona que émulo a tus intenciones sus venganzas acrí sola? que Tigre te ha dado el pecho? que Caucaso se conforma para aliento de tu vida en tus primeras Auroras? Déjame, traidor aleve, vete luego para Roma, mas que es lo que digo amor? Si es tu gusto gran señora, tu obediencia ejecutando; me concluire a las ondas; hay suerte como la mía. . mi descargo escucha ahora, para advertir él engaño Vete, vete, que apasiodas, repitiendo los delitos, mis acciones valerosas, solo cobarde contigo me prometo piadosa; pero otra vez a la torre, que tantas iras soboma en noruega confusión reportaras tus memorias. Soldados? a de mi Guarda? Qué nos mandas? Qué congaja! . Amor, me suspende el paso, a y mis rabias me alborotan. Idos que no quiero nada, que mi pasión se reporta. Volved premped al instante. A quién, gran Marquesa Aurora A mí que pierdo el sentido, me podéis prender por loca.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Quién muere de un imposible, que de males se promete! Quién de infortunmios se alienta, que infelice vida tiene! Quien desdichado nació, jamás acertó en los bienes. Yo enferma al cristal atiendo que ha de causarme la muerte. Carredático en peligros, no me extraño a los desdenes. Clicieyo, a Sol ingrato! me elevo, en los accidentes. Qué hemos de hacer penas mías? Qué haremos ansias crueles? Amor, en tales aprietos, que elijes por conuiniente? Si vaticinando intentos me reprimo cuerdamente, cuando a las invictas flechas me voy postrando tan débil, Si Salamandra, a los rayos de unos candores ardientes. me califico pavera, extrañándome viviente, que de la divina Aurora. Don Carlos? temprano vienes, a gozar de los Penales los cándidos rosicleres. Siempre, señora, entendí tu asistencia soberana, por eso tan demañana aqueste lugar me dí, creílo, cuando adverti la rosa que se adornaba, de árbol nuevo, pues miraba tanto donaire eminente; pero al cristal de una fuente mi afecto le declaraba. Ninfa transparente, y pura, que donaires admirando, bien sé que estás envidiando de tu dueño la hermosura, y aunque tu rara blancura a la ni eve ha suspendido, viendo que aquí no has podido igualar a tal belleza: llena de envidia, y tristeza mil lágrimas has vertido. Vuestras finezas estimo, culpad vuestra infeliz suerte, que mal mi pasión reprimo! . cuando solicita el alma lisonjear el dolor, solo apercibe el amor una repetida calma, de un presagioso disgusto, que a las ansias se prefiere, porque quien de verás quiere no tiene un rato de gusto; hay mi Fadrique querido! que en tan infausto tormento, el más bárbaro escarmiento viene a ser de mi sentido. Aurora, pues tus favores solicita mi ambición, se pido en esta ocasión, que mitigues tus rigores, Padrique pesares siente padeciendo triste pena. Hoy su traición se condena, a que su pasión ostente, ya sabes Carlos, ay Dios! . que aunque entonces no prendí a Fadrique, cuando vi su arrojamiento feroz, por mi terneza, o piedad, por mi amor, que eslo mas cierto, conocí fue desconcierto, y desdoro a mi deidad el no ejecutar severa. por entonces la prisión así, prudente mi acción, después el rigor esmera, y aunque pesares me cuesta cuito una tiranía, Pues deja señora mía resolución tan funesta. No me tiene que rogar Vuexcelencia, gran señor, pues su alevoso rigor la muerte me ha de causar. Feliz abatiendo suerte, imagine cuan bien hago, quien solicita el amago solicitara la muerte: Así se dejó el disgusto que lamás pension es cobra, es fu. ooar mi cozobra, y galantear mi susto. En nombre de la Ciudad, que tan pía se convoca, vengo a ver, si se provoca vuestra Alteza a la piedad, Fadrique. . Pues que queréis, si advierte la idea mía, tan bárbara fantasía? Señora, que miriguéis vuestros oprobios, amor, . cómo me induces sin mí? porque siempre presumí, que no puede ser traidor Fadrique, si solicito reparar en tus acciones, que ostentan demonstraciones muchas veces del delito. No sé que me haga, Cielos en mis dudas! ahora bien, desdigamos el desdén de tan confusos desvelos, yo le venero imprudente, sin reparar mi valor, porque la que tiene amor, no mira el inconveniente. Gran señora, si mi empleo acredita tus finezas, ahora solo interesa una dicha mi deseo. Fadrique en tristes despojos, con funebre sentimiento presta suspiros al viento, da inundación a los ojos. Si la obliga a tu beldad una amistad verdadera, que en los peligros se esmera la verdadera amistad, el perdón por él te pido. No sé que os diga; ay de mi !. cuando procuráis así, que un alevoso atrevido, ostentando bizarrías acrédite debaneos, y en los audaces deseos glorifique alevosías. Con el ruego se desmiente cualquiera sospecha en mí, . y por eso introduci cautela tan aparente, que con el riesgo morfal podrá declarar mi acción, Señora, si mi pasión no te obliga en tanto mal. Amor, que notable eres. . en el fatigoso fuego, pues apeteces el ruego, y desdeñas lo que quieres! a Fadrique le perdono por mi amor, pues es bastante. Eternicete el diamante regidamente en su abono. Ya cesó vuestro accidente, pues cesó la competencia. Será la muda elocuencia, la fama más eminente. Por los tres he perdonado a Faeirique la intención, dejando en la ejecución, solo el impulso obstinado. Cesará vuestro cuyado, cuando al perdón me destino, que no es fácil imagino desistir un frenesí, porque quien perdona así, tiene mucho de divino. Secra bizarría es el perdonar de esta suerte, desmintiéndose a la muerte de tan tirana escuivez. Mirad por vosotros, pues serán cierros mis rigores, cuando ocasionéis favores en el peligro mayor, que en faltando el acreedor deben pagar los fiadores. Yo bien de Fadrique infiero, que es fingida la traición, su penosa confusión desvanecérsela quiero, que mi valor le socorre, frustrando su desventura, cuando quitarle procura de la prisión de la torre; vanios, y conduciremos a Paracio a Don Fadrique. El Olbe es justo publique tan amigables extremos. En cuántas dudas me inundo! en cuanto empeño me engolfo! sin mirar en la opinión, sin atender al decoro: Yo soy de Malsi Duquesa, cuyos timbres tan heroicos, si se acrisolan divinos, se remontan prodigiosos: Yo rendida de esta suerte, sin restaurarme al soborno, calificándome triste, un metamoforno impongo! Ya Fadrique perdonado, gozará dulces coloquios, y aunque me muera de celos, es imposible el enojo. Hay semejante infortunio! ahora el remedio solo ha de ser en mi pasión, dar ocasión al estorbo, retrocediendo el amor, que me induce a lo penoso. Adónde su Alteza está? porque constante propongo, de venerar firmemente el más atrevido polvo, que oso tocar de sus vasas los extremos milagrosos: Ha Marquesa soberana! yo la busco, que su modo ha de celebrar la fama, en el contrapuesto Polo. Quien vive desdichado jamás acierta al abono. Fadrique? En ique amigo De vuestro fel cegozo me constituyo por parte, cuande la amistad conozco de vuestro pecho; hay amor, que de congojas que noto! Vuestro afecto califico, y vuestra estirpe supongo, pues los efectos publican lo galante, y lo famoso. Poco las muestras lo dicen, pues por ellas reconozco, que lo que el labio pronuncia contradice vuestro modo. No os puedo entender Enrique y por eso no os respondo. Escuchad mi confusión. Ya os escucho tan absorto, que a la duda me condeno, sin hallar en tanto golfo, de las repetidas ondas la causa de vuestro enojo. Laberinto es mi discurso en el babel de mi intento. Si a Fadrique le público . de la Marquesa el deseo, es procurarme la muerte, solicitando el incendio, pues atropelle la traza imposibles ardimientos: Ya sabes que soy Francés, que los blasones eternos de Guisa, me vincularon soberanos privilegios. Que una desdicha compele a mis forzosos destierros, que la Duquesa de Malfí ayuda mis pensamientos, que Aurora me favorece, dando parte en sus secretos, para su alivio, o remedio; que su Palacio le habito, que a su favor me prometo, el segundo de este estado, o de esta esfera el primeron esto supuesto, Fadrique, escuchadme ahora atento. A mi relación suspensa mostraba su sentimiento la gran Marquesa de Mantua, Aurora de este hemisferio. y la compasión activa la antepuso a tal extremo, que si no fingió lo altivo, dio señales por lo menos. Que era Dido a las borrascas del Eneas Extranjero, los favores que me hizo, que los visteis, ya lo creo. Como entendido repara, con zagaz advertimiento, si eran en público tales, que serían en secreto! Ella amorosa, y rendida me declaraba en afectos, de vergonzosas acciones lo que callaba el acento. Con equivocas palabras, con intrincados conceptos; carmin daba a las mejillas, chaveles a lo severo. Y una noche (oye Fadrique) con retórico silencio, en la plana de sus ojos me describió sus extremos: Yo dudoso en tanta dicha, certifico lo que niego, apruebo lo que desdigo, admiro lo que desmiento. Rompiendo la soledad, me dijo: Enrique, yo muero alardor de tus centellas, y al donaire de tu aliento. Como cortés agradece mis soberanos empleos: correspóndeme, señor, conmo noble Caballero. Respóndila como amante, abrasado en el incendio, que en cinco hojas de un jazmín suspendió el desasosiego, mitigándome la nieve de tan divino sujeto. Dulces pasaron coloquios, y un día, cuando el gran Febo, en marañando candores suspendia lucimientos, y al crepúscolo brillante substituia su Imperio, porque alconas cristalinas solicitaban incendios, sin recelar de su hijo aquel pasado escarmiento. Salgo al jardín amoroso, para repetir excesos, que en aquellas ocasiones era el Cielo presupuesto. Aurora niega su luz, yo sin vida, sin aliento, a la tierra daba perlas, daba suspiros al Cielo. No el bajelillo, que al mar engolfó locos deseos, y al precipicio de nácar presurosos ardimientos, que dando choque al escollo el buque quedó suspenso, neutral en el mal, y bien, de dos cosas un compuesto. No el lucido pajarillo, rayo de pluma en el viento presumió sus debaneos, cuando el nebli volador tropezándose en su vuelo, caza fatal le iba dando, si atalaya de los vientos, que dominando grandezas, fue del Alcides verde imperio. El álamo que frondoso; no le ocultaba en su seno, como yo en azares tantos titubeaba deseos. Excediendo en mis ahogos el bajelillo, y gilguero palpitaba entre cristales, cándido cristal que espeso, era a los trémulos rayos del lóbrego pavimento breve senda cristalina, sangre del oculto pecho, que docta naturaleza acrisolo sus portentos, testigo de las finezas, que lograron mis deseos, y al breve lucir que daba la hermana del Dios de Delo, terminó en breve sendal, una llave, que en extremos, dio Ofir opulentos lustros en sus mayores aciertos. Y una voz me dice al punto, Enrique, veme siguiendo, atrevido te examina, y no te atropelles cuerdo, que tal vez por los discursos no se alcanzan vencimientos. El norte vocal seguía fatigando pensamientos, voy examinando cuadras, y en una cercada veo, a los pequeños resquicios ejecuto mis preceptos, y escandalizando luces, me detérmino soberbio, a que el tacto examinara tan deseados deseos. En la esfeta de su Catre dormida la Aurora veo, mucha luz en corto espacio, mucho Sol en breve Cielo. En despojos averiguo, que a un bufete se ofrecieron desnudeces tan divinas, soberanias del sueño. En aguas, que en el cambray vincularon sus aseos, listones, dulces lazadas, bellas lisonjas del cuerpo. Dos rosas a las dos vasas provocaron vencimientos, y por breve el calámbuco reconoció lo perfecto. Atrevido me remonto, los cendales despidiendo, que animando ejecuciones gustosos estorbos fueron. Toco el carmín, y la grana, perla a perla, y hielo a hielo, y del amor dulce usurpo felices arrojamientos. Insisto en dulces porfías, y en el estudiado sueño negava lo que quería, quería lo que apetezco, melindres que en el principio se atribuyen por modestos, En fin, Fadrique, en el fin dulce fin me concedieron, favores tan soberanos apetibles excesos. Ella amante, yo perdido, ella loca, yo sin seso, ecible, la soledad ofreciendo, a delitos amorosos forzosos atrevimientos. De cualquiera ejecución, no dudes el vencimiento, que te excuso por lascivo, que no digo por modesto, que trofeos semejantes para dichos no son buenos. Del discurso habrás sabido, como es Aurora mi dueño, como a mis luces se abrasa, y la correspondo tierno. Como Fénix, en las llamas juntamente pretendemos, recíprocas unidades de tan conformes intentos. Yo he sabido, Don Fadrique, (como amigo te lo cuento) que tú, sin saber mi pena solicitas esto mismo. Como a señor te suplico dejes que goce mi dueño, que en la tránquila quietud vaya alentando sosiegos. Como amigo te lo pido, como a señor te lo ruego, como entendido te busco, como prudente te inquiero, cuando no por tu opinión, pues si bien reparas cuerdo, ajada queda la rosa, que ha dado olores primeros, perdiendo de su fagrancia, que lo demás es violento. En la ambición presumido, en la presunción soberbio, si acreditares locuras, establecieres alientos, que porfiados obligan a locos desasosiegos, rayo será mi pasión, que violencias ejerciendo, oposiciones impida, de destinos contrapuestos. Si mirares, qué es mirar? si intentares, que es intento? si pensares, qué es pensar? en los ojos lisonjeros de la prenda que idolatro, los míos serán atentos ponzoñosos basiliscos, que cuando falte veneno el pundonor lo dará, para audaces escarmientos. Sabrá Italia, sabrá el mundo arrogantes debaneos, guerra aclamará la Francia, y los pimpollos soberbios de tantas Lises floridas, se eternicarán guerreros. Marte escándalo dará, y en los marciales estruendos tendrá logros la desdicha, bañará la sangre el suelo. No habrá seguro en el Orbe fugitino el elemento, que en perlas, caudal repite, que en nácar fomenta alientos. Golfos de encrespadas ondas, con intrepidez surguiendo, atropellaré, y rigores del fiero Huracan soberbio. No temblaré al Áquilón, que cuando muestra su ceño, cada soplo es un estrago, y cada amago un lamento. Horror darán mis escuadras, acrisolaré trofeos, y consiguire victorias, siempre triunfos repitiendo, que es de razón tan honesta, de justicia el vencimiento. A vuestra historia, señor, estoy tan loco, y susponso, que me holgara no escucharla, por el mal que me prometo: a vil Marquesa! nah traidora, que me causas desvelos, . tú a los halagos rendida gozaste brazos ajenos? para que el labio pronuncie, este gana lo que pierdo. Loco le tiene el pesar, lleve celos quien da celos, quien tal hace, que tal pague; muera, pues que yo me muero; que respondes? . Deja, deja, que por los altivos Cielos, que he de perder la paciencia. Ah traidor! ah a aleve dueñol. No sé por Dios que le diga, cuando a las penas intento, si viviente me desdigo, cadaver me induzgo hierto. Olvidar a bien tan claro, si es posible, no lo creo, porque caracter se imprime sabrosamente en el pecho, y si los celos me apartan, me están llamando los celos. Qué decís? . Que me dejéis; hay tan congojosos celos! . miente el labio, si lo dice, que en semejantes empeños, si los celos causan dudas, aquí evidencias penetro, los celos serán impropios, porque agravios son aquestos. Si no desistís, Fadrique, del ambicioso deseo, serán las lenguas parleras los silos de estos aceros. Ya es mucho aprestar, Entique. Pues por el altivo Cielo, que he de vengarme, Fadrique. Ya no puede el sufrimiento llevar vuestras osadías. Espaditas? bravo cuento, paso entre paso me escurro, a Carlos voy a llamar; pero él viene como un trueno, más veloz que un hipos rifo. . Por Dios, que el Frances es viestro Qué valiente pulso obstenta Descansen ya, Caballeros, los aceros vengativos. Carlos ya os obedecemos. De la pena ocasionada, quién el origen ha dado? decidme vuestro cuidado. En llegando vos, no es nada? perdonad, noble señor, aunque parezca grosero, porque el darme a lo parlero, vendrá a ser notable error, tal vez lo cortés ultraja, por redimir el honor. Los lances del pundonor, decirlos, es cosa baja, que nos perdonéis os ruego, amor, en mis inquietudes, procura solicitudes. de un dulce desasosiego. . No entiendo tales delirios, mas Aurora bella viene. Que penas mi amor previene, en tan infaustos suspiros! ya Fadrique perdonado pretende mi confusión, dar alivio a la pasión del repetido cuidado, que he de hacer pesares míos en tan ambiciosa calma, si va delitando el alma, confundiendo desvaríos? yo idolatro, yo venero. Felice, yo si pudiera mirar en ansia tan fiera ese afecto verdadero, en tanta dicha, el primero me colocara sin mí, si en tan dulce frenesí advirtiera mi cuidado, que tu acento pronunciado lo dirigias a mí, no me respondes, señora? mitiga el desasosiego, y no refieras el fuego del pecho, que el alma ignora, mi bien prudente atesora la duda que temo yo, recelo si confío tanta esperanza; ay de mí! que me puedes dar un sí, y me puedes dar un no: Yo que de infelice vivo, yo que en zozobras me aliento, imagina el pensamiento, que todo ha de ser nocivo, En las desdichas activo, solo el pesar me llamó, tímido recelo yo, cuando me advierto sin mí, que será dudoso el sí, que será muy cierto el no. Mira si prudente hago en tenerte suspendida, por no morir de la herida, aunque muera del amago: cuerdamente satisfago a la intempestiva suerte, bien el discurso me advierte, por no sentir el pesar, sienta tormenta en el mar pero no sienta la muerte, Así en tanta confusión a la duda me prefiero, y el aplauso lisonjero multiplique la pasión, siendo en esta suspensión en algún modo felice, si tu acento no predice, el fallo que considero, de dudoso vivir quiero, y no morir de infelice. Quien lisonjear pudiera vuestra amorosa fatiga? Que mal el mal se mitiga, cuando el justo persevera. Fadrique? qué turbación! . Aurora? qué majestad!, . lo que niega su beldad confirma mi confusión. Félice aquel, que pasión, . que fiera mortal ruina, que agasajo peregrina belleza tan soberana, el descrédiro de humana, y el esmero de divina. Ya en la palestra me veo, cuando me miro iendida, y bárbara propicida solicito vil trofeo, en tantas dudas no creo el desdén, cuando me asigo, como el enfermo prolijo, que su presagio divierte, desmintiéndose a la muerte, aunque el médico lo dijo. Ya reparo en mi enemiga, cuando a su amor dedicada, en venturas de gozada felice logró fatiga, y aunque esta pena me obliga desistir de mi locura, es tan poca mi ventura, que me veo sin sentido, cual bajel (que aunque perdido) la vida ansioso procura. Fadrique; mas escuchemos el acento artificial, que es recreo más que igual en los canores extremos. La dulcísima Sirena, es Rémora del deseo, por cuya causa el empleo a la atención me condena. Amor, y tus ojos ballos se han concertado, Isabel, ellos de no ver sin él, él de no herir sin ellos. Un Orfeo me parece. O qué notable destreza! Con esto Tisbe me alivia en el golfo de mis penas. Tal dez las suele aumentar. Pues si divertirte intentas, en mi discurso repara, repitiendo aquesa letra. Va de glosa, Poeta eres? no te faltará pobreza, atención todo Cristiano, yo lo digo, porque entiendas, para que regales bien tus fantásticas quimeras. Amor, y tus ojos bellos se han concerrado, Isabel, ellos de no ver sin él, él de no herir sin ellos. Dos soles miró el amor, en tu Cielo hermoso, y grave, cuya perfeción suave rinde a la Estrella mayor. Diote un día su esplendor, y no atreviéndose a vellos, de los arcos que vio en ellos, flecha altiva quiso ser, porque tengan un poder, amor, y tus ojos bellos. Bien como Deidad temida, tu hermosura al Orbe advierte, si en cada rayo una muerte, en cada flecha una vida. Gloriosamente homicida rindes al amor cruel, pues que tus ojos con él, solicitando impiedades, para rendir libertades se han concertado Isabel. Goce esta vez el clavel, que tus ojos han ganado, mas no harás, que han concertado ellos de no ver sin él. No poco imperio le debe al Cielo de tu hermosura, la libertad más segura, que a su hermosa luz se atreve, más dulce veneno bebe, porque ya tus ojos bellos, y el amor, que da en vencerlos, nuevos conciertan rigores, ellos de matar de amores, él de no herir sin ellos. Boniro, así, tanto cuanto, por al por al algo esterza la dicha composición; voyme, poreve soy Poeta, que están rabiando sus almas, si ven una cosa buena. El estilo es elegante, y discursivo el Poema. Efectos son del amor, que sus milagros obsienta. No sé hay Dios! como declaré el incendio que me hiela, lían! elabr luego la bella Isavela, es el norte del destino de vuestras firmes ternezas? No Gran señora. Al contrario me lo ha dicho vuestra lengua. Muchas veces, porque importa los nombres se diferencian. Luego amáis? bien se colige por vuestra razón. . Pudiera, si el curso de mis pasiones hallara correspondencias, quien pudiera declararse, . hay amor! lo que me questas. Aqueste esfinge no entiendo, . él me ha usurpado mis quejas estratagema notable, en amorosas empresas: luego el dueño que estimáis tirana esquivez fomenta? Y tanta, que no es posible, que mis esperanzas muertas resuciten. . No dudéis en las humanas bellezas, que por la razón de Estado, conceden cuando más niegan yo le aliento porque almie . mis reperidas molestias: la queréis. Cómo la vida? . Os desdeña? Me dasdena. . Da celos? Un poco más. No os entiendo. Ni me entiendas, que el decir algunas cosas suelen causar más afrenta. Yo me declaro, ay de mí! . ya no hay quien sufrirlo pueda pues adoro de esta suerte. Esta mujerse despeña, . el amor de Enrique dice, hay semejante vireza! Yo quiero amante perdida, yo busco como constante, que venerando galante, me ocasionó dulce herida de la ambición presumida, acrisolando deseos, idolatiando trofeos, aunque Fadrique te asombre estoy adorando un hombre, que postra mis debaneos, Hay pena como la mía! hay zozobra más cruel! no me bastaba que infiel se mostraba su porfía, y que el candor de su día tributara otros favores, sino querer, que rigores! que insufrible confusión! que sea en esta ocasión tercero de sus amores! Este es un amado hechizo, discreto, aseado, galante, valeroso como Marte, precioso como Narciso, su donaire satisfizo mi condición peregrina que amorosa me destina subizarría, esta vez si quieres saber quien es, después corre esta cortina. En celos tan evidentes, que haremos pesares míos? cuando tantos desvaríos me provocan imprudentes en tan varios accidentes, zozobran mis galanteos, ay desdichados deseos! aunque Fadrique te a sombre, astoy adorando un lombre que postra mis debanco! Venturosa tu mil veces anhelante navcella, que te rindes a la orilla, cuando a cristales te ofreces, que efimera te pareces, naciendo, y muriendo un día, y no aquel que se desvía inundándose en el mar, si en fin; ay Dios! el pesar ha de postrar su porfía. Miremos el venturoso, noble poder del Dios Niño, que le ocasionó el cariño del acierto más gozoso, quien sustituto dichoso ministraba tu poder? puesto que se ha de saber la ponzoña que miramos: veamos; ay Dios! veamos lo que tarde se ha de ver, Mas ay de mí! ay Dios! qué miro! confusamente perplejo, en el diáfano espejo el desengaño que áspiro. Si lo creo, me retiro, cuando, mi amor, te declaras? pero prudente reparas, en males que han de vencer, que en mis dudas puede ser el espejo de doscaras. Discurramos alma, ahora, pues la vileza no ignora Enrique, si ya se atreve lograr amoroso fin, cuando en su blanco jazmín todos sus albores bebe. Su liniandad más arguyo en su tierno proceder, que como común mujer a dos presta el amor suyo. Pues en las dudas, que haremos? desistir de la ambición, postrándose la pasión a mis honrados extremos. En su pena divertido está Fadrique el amor, con invencible valor sujeta al más atrevido. Si hemos mudado el vestido, de esta vez hemos de ver, si se puede convencer, por reparar triste muerte, yo le llamo, de esta suerte mi pesar ha de saber, Caballero? Qué mandáis? que compostura tan bella! mucho candor para Estrella, con el Sol os comporáis, crepusculamente dais un equivoco arrebol, tirubeando el farol, me estáis cegando los ojos, que haréis en tantos enojos, si descubrís vuestro Sol? Campeando bizarría a lo negro os ofrecéis, y él a bol desvanecéis, que ofrece la luz al día, sin que tanta fantasía algo me dé de varato, bien hacéis, si el rostro grato encubrís como absoluto como quien dice, es el luto por aquellos que yo mato. De lisonjero el renombre, desde hoy para mi tenéis, pues antes que me miréis decís lo que cada hombre, yo procuro vuestro nombre de vuestras prendas pagada cadadia disfrazada siendo a mis potencias norte, me habéis hablado en la Corte, cada vez más obligada. A mirar de Don Fadrique, si se restaura mi fe, engañando mis engaños, me induzgo segunda vez. Válgame el cielo! qué miro! sin duda; que su poder, en este prodigio bello ha pretendido ejercer. Rendido a su gala estoy; pero si reparo bien, un traslado me parece de Enrique, mas detened desatinos, y locuras, vuestro bárbaro tropel. Enrique? qué desvaríos! como puede ser mujer, si ahora con migo fiero, se ha obstentado tan cruel? Enamorado de Aurora, amoroso, tierno, y fiel, habiendo gozado el fruto, que tanto solicité, que disparate! qué verro! de ello me vengo a corter, cuando el alma está postrada a tan sacro rosicler. Acabe Aurora en mi pecho, y alcanze feliz laurel, triunfando del corazón esta deidad, que a sus pies dedicó labios rendidos, pues conozco que el clavel, que pretendía gozar de Aurora, viene a perder, porque otro Sol más felice vino en ella a amanecer, contradiciendo mi amor. Ignoro, si he hecho bien en descubrirme a Fadrique, o qué lance tan cruel que confusa me examino alivio el amor me dé, Preguntarla solicito que me refiera quien es. Más que miro, sacros Cielos en tantos celos me den, valor para resistir tan tirano proceder! muertes de agravios padezco, efectos de una esquivez. Dulce hechizo celestial, ancora de mi poder, ponzoña tan disfrazada, que me mata con la miel, a tus plantas tan heroicas humilde esclavo se ve, que obediencias ejerciendo eternamente ha de ser. Por si acaso me perdiere, que no lo dudo esta vez, mi dueño tan soberano solicito conocer. Qué tiernamente se queja ay desdicha más cruel! Yo; ay de mi! la Marquesa. Mayor mal no puede haber. No os vais? suspended, señora, lo volante de los pies, que aunque es atroz el delito, tan benigna me tenéis, que doy disculpas al crimen. que sois Fadrique, en fin hombre, todos hacen lo que hacéis. Vos, señora, en está cuadra habéis de estar esta vez, mientras el examen hago de un osado proceder. Felice soy, que es mi cuarto, y de este modo podré mudarme el otro vestido, y desmentirla después. Entrad, que quiero cerrar, perdonad lo descortes. Temerario es el enojo, mucho temo esta mujer. . Necio, desagradecido, grosero, villano, infiel, que en desaciertos amantes procuras satisfacer, cobardías inhumanas. Infame dime, porque tantos desdeñas favores, imitando aquella que abatiendo Majestades, se tradujo en el laurel? Porque te adoro, alevoso, te provocas al desdén? profanando mi Palacio veneras otra mujer? vive el Cielo de un aleve. ̱. Calla señora, deten el atrevido discurso; que perdono por cortés, y antes que más te dilates, pretendo satisfacer las quejas que solicitas, si me quisieres creer. Por esas luces del Cielo, que en el eterno papel del diáfano elemento, tantos prodigios se ven, que aquesa mujer que has visto en mi vida. . Calla, infiel, no acrédites desvaríos, cuando te advierto cruel, si enajenado la adoras, que me puedes responder? mas en aquesta ocasión, señor Fadrique hace bien. Ella es gallarda Madama, galante como cortés, primorosa como bella, como prendida también. él es empleo felice, y pues tan conforme es, carinos logra tan dulces; pero constantes, no sé, que hay muy pocas en el mundo, que sepan guardar la fe: y deje, deje, ay de mí? a una infelice mujer, que con ser tan poderosa no la aprovecha el poder, para que ultraje la suerte tanto purpúreo clavel; pero que digo? estoy loca, muera a mis manos, aquel que me provoca al enojo; con injurioso tropel: Celio, Astollo. Enrique, Carlos, Que nos mandas? Que cruel se cosoca a la pasión, matándome de esta vez. Que confusión es la tuya? No sé qué tengo de hacer, de aquese cuarto de Enrique . con ducidme una mujer? Los celos son declarados, la cara tiene de hiel, y mi amor, otro que tal, muy linda figura es. Una desdicha récelo. . No sé si sufrir podré . agravio tan declarado. En mi cuarto no hay mujer, que solo en él asistía, dando la pluma al papel. Qué dices, Enrique amigo? Que aquesta, señora, es la verdad, de aqueste modo . sale mi cautela bien. Mas puede ser que al jardín alentara su altivez, por aquesas dos ventanas, sin que la pudiera ver. Seguidla todos, amigos, sin reservar el clavel, en ese pensil ameno, o en el Palacio el dosel. Ay confusión más extraña? . Ay desdicha más cruel! . Todos se confunden más. . Todo un Caos viene a ser. . Qué desdicha! Qué violencias! Qué pesares! Quí desdén! Argos he de ser segundo, por inquirir, y saber este erodigio escondido, hombre, demonio, o mujer. ̱. Todo es una misma cosa, si se considera bien. Por que advierta en su escarmiento, a lo que obliga el Desdén. Pues yo firme en mis afectos, todo tengo de vencer, que no hay imposible cosa, para la que quiere bien, que soy roca a fieros golfos, del uno, y otro vaiven. Diamante a bárbaros golpes, a las tormentas bajel, para los riesgos valor, para los rayos cruel. Pócima para el veneno, que arrestada en el querer, una mujer facilita peligros, viniendo a ser, a golfos, golpes, tormentas, roca, diamante, y bajel, a riesgos, rayos, veneno, valor, pócima y laurel. Con que cuidado la buscan penetrando ese vergel todos, y la fiera Aurora obstentando su esquivez. Al Cielo ruego no halles, para vengarte cruel este prodigio que adoro, que encanto a mi vista es, para mi región Cometa, para Estro rosicler, para el incendio pavesa, y para el Julio clavel, para el mar, cercana fuente, que apenas se dejan ver, pues a un tiempo mismo enlazan el morir con el nacer; pero si los Cielos quieren que te libres de esta vez, a ellos ruego; ay de mí! mi bien, que te vuelva a ver, porque moriré sin ti, aunque; ay Dios! tengas a ser, a vista, región, y Julio, Cometa, encanto, clavel, a incendio, a Estío, y a ruente, mar, pavesa, y Rosicler. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Cantad, porque se divierta la Marquesa mi señora, que como es en todo Aurora aljófar tanto concierta. Notable melancolía es la tuya, hermoso dueño, solo contribuyes ceño a los candores del día. Proseguid, que estoy mortal, hay mi Fadrique querido! . ni con agravios olvido tanto bien, y tanto mal. Ya no más amor, ya no más, que me mata tu fiera crueldad, Niño Dios cieguezuelo, suspende las iras, y da más consuelo. 1. Con tantas flechas estoy violencias de tu poder, que me libran las de ayer de las que me tiras hoy, cuando tan humilde estoy me causas tan triste muerte, al que arrevido se advierte fiero enemigo que harás? Ya no más amor, ya no más, que me mata tu fiera crueldad, Niño Dios cieguezuelo, suspende las iras, i da más consuelo. Breve sombra es la ventura en tu Reino cariñoso, eterno el mal, que imperioso tanta duración procura. Fénix es la desventura, cuando el dolor se prefiere, pues al tiempo que una muere, otra renace al compás. Ya no más amor, ya no más, Decis bien, cuando lo advierto, combatida del pesar, pues todo, hay Dios! es pulsar atrevido desconcierto, duda el bien, el mal es cierto titubeando en la calma, y cuando padece el alma no la consiente al solaz, ya no más amor, ya no más, que me mata tu fiera crueldad. Yo señora, ejercitado en tan bella tiranía, aunque el desdén desmentía, me enajena tu cuidado. De tu fineza olvidado, con engaños viviria, y es tal la desdicha mía, que ni un engaño me das, ya no más amor, ya no más, que me mata tu fiera crueldad. . Estima aquel que te quiere, adora aquel que te adora, que el decoro no desdora quien de este modo se muere, pues Carlos tanto te adquiere, a tu favor se aperciba, tal vez repara que esquiva no digas del Dios rapaz, ya no más amor, ya no más, que me mata tu fiera crueldad. Qué de discursos admiro! y que Caos que penetro! el sentido, sin sentido acredita los desvelos, de un amor tan mal pagado, tan contrario del deseo, conociendo en evidencias los oprobrios que padezco. Anoche, anoche, ay de mí! examiné desaciertos, profanando mi Palacio, miré que mi ingrato dueño, sa aga lajos repetía con una mujer, ay Cielos!) cuando el examen procuro, audaz el Ebro ligero fue trofeo de su dicha, la mí a desvaneciendo, pues aunque en todo lo busco, en ninguna parte veo la sacrílega que induce audaces arrojamientos, sin reservar del Palacio, o del jardín lo secreto. Señora, como a la pena dédicas tus pensamientos, sin que te reduzgan sabios, o ya al amor, o al desprecio? No sé que diga Leonor, cuando en pesares me anego. Has olvidado a Fadrique? Y a mí, Leonor. No lo creo. No es bastante aquel desdén? A los amantes no entiendo, que están negando ellos mismos aquello que concedieron, Puer escucha mi discurso, y entenderás mi deseo. En divina Primavera, galantemente el Abril fue festejo del pensil, cuando hermosuras esmera. Rindiose florida esfera del Noro al rigor severo, y el aplauso lisonjero se reconoció perdido, siendo el Abril des lucido imitación del Enero. Así mi amor ostentana en tan lúcidos ensayos, y en apetecibles rayos hermosas delicias daba; cuando firme me ni rata tanta esquivez me asutto lo que tanto campeó ha deshecho poco Sabio, y el Noto de tanto agravio mis finezas marchito. Que le adoré, no lo niego, que forzosa simpatia, será negar luz al día negar tal desasosiego. Salamandra al dulce fuego zozobré en golfo perdido, pero cesó, que el olvido mi idea retrocedió, que es muy vil la que esperó el egravio repetido. En fin, le olvidas? . Procuro desmentir tal desconcierto. Te mudaste? . Soy mujer. No quisiste? . No lo niego. qué quieres? . Correspondencias. Qué te obligan? . Sentimientos. Amás otro? . Soy muy fina. qué te congoja? . Un incendio, Pues que te eleva? . Una duda. Qué recelas? . Escarmientos. Qué lloras? . Una fatiga. Qué temes? . Tristes ejemplos. Qué te compele?. . Un olvido. Pues como en tan breve tiempo declamaste disfavores la finezas desmintiendo? Ignoras qué es un desaire? Pues puede más que un deseo? Sí, que ignorante se llama, quien no tiene sentimiento. Quién bien ama, tarde olvida. Mal averigua tu empleo a lo que obliga el desdén, lo que pueden sus efectos, Si te quisiere después desistiras lo severo? No sé, porque soy mujer, y le adoré como a dueño siendo a mis ansias primeras aperecible sujeto, que tienen fuerza de rayos aquellos humos primeros, si cenizas se sepultan resucitan mongibelos. . Procurando a mi Redondo, . solo a mi contraria atiendo yo me supongo su amante, va de fino, va de tierno. Leonor, desde que te vi a tus aras dediqué el aplauso de una fe, que tan libre presumí, pretendo correspondencias a mis constantes desvelos, porque suban a los Cielos de tus sacras eminencias. Lindo papel por mi vida, el Eunuco me enamora! aunque en mí el amor ignora lo soberbio de su herida, agradezco tus finezas, y estimo tu cortesía, pero por la vida mía, que no busco tus ternezas, aunque tu deseo asombre, que no quiero yo querer hombre que sea mujer, si no hombre, que sea hombre. que es impropio enamorar, amigo mío, al capón, porque en cualquiera ocasión solo le toca el cantar Que linda conversación. . de que se trata, señores? ̱. Muerte me da tus rigores. . Pues mudar la pretensión. Qué me dice la Leonor? muevo tengo que reñir. . Tenéis vos que presumir de mi casto pundonor, cuando gallardo rehusa cautelosa fantasía? Por eso, señora mía, de las manlas no se excusa, que el desbarbado en la lid. Que lindo remifa sol. Yo haré, que os advierta el Sol como a las hijas del Cid. Más Carlos. . Bella Leonor si a entenderme, yo muero de tus cautelas infiero el deseado favor. Su arrogante señorio le postrara a tu quimera: si yo gran Carlos pudiera administrar su albedrío: haz esta noche por verme en este cuarto de Aurora. De mi Estado eres señora si a tal dicha he de atreverme. Dila, Leonor, que importuna me desvela su pasión, que en mudable condición no sé compare a la Luna. Dila, que a tanto arrebol suspenso, no me pronoco, y que como Indio loco la idolatro como a Sol. Dila, que a viles despojos reduzgo soberanía, que debil la fantasía pregona tantos enojos, que lloro mi confusión, (si es justo darla este nombre) porque cuando llora un hombre es notable su aflición, Voy señor a obedecerte a la promesa rendida. . En tu vida, está mi vida, y en tu suerte, está mi suerte. Carlos. . Entique. Qué azar tus fantasías eleva? la Marquesa te aborrece, sin atender a tus quejas. Ignoro, Enrique, hay de mí! el destino de suidea, solo te sabré decir, que el sentido tirubea, y al presagio destinado, va perdiendo la paciencia, sin que el alivio redima las congojosas molestias. Cual Pino, garza de pluma remontado en las esferas, que se inunda ya al abismo, que tocando en las Estrellas, embarazo se construye, objecto de la inclemencia, sin atender al consuelo, si no solo a la paciencia de ser yunque de las iras, de ser blanco de las penas. No en la desdicha te aclames, tan constante en la tormenta, que después de los peligros, las venturas se reservan, que nunca falta San Telmo, porque cese la procela, la constancia califica las más altivas empresas. El cristal con lo continuo, sirve de sulco a la piedra, estragando lozanías la podíá sus enterezas. Árbol, ggante del Valle, poco a poco le sujeta segur, que va destroncando, sus arrogancias soberbias, desluciendo gallardías de su hermosa Primavera. La firmeza del diamante por admirable se ostenta, pues compite con el rayo, que con lo opuesto fomenta, osadías, que gallardas atrevimientos intentan. Solo la sangre de un bruto sus altiveces sujeta, y al artificio se rinde su invicta naturaleza, que con el tiempo, y el Arte todo, Carlos, se sujeta. Insiste en tu obstinación, idolatra, galantea, que la mujer más divina, ha de prestar sus potencias, que el agasajo la rinde, y la obligación la fuerza, aunque se ostente diamante, y se califique pena. Tú, Carlos, eres prudente, con lagaz estratagema, la crueldad más feroz la sujeta la cautela. Del gran Montalto eres dueño, Ciudad, de cuyas grandezas, la Toscana, admira asombros, el Orbe aplausos obstenta. Tus timbres, y tus blasones veloz la fama celebra, partes para que deliren oposiciones adversas. Prosigue tu pretensión, el valor no retroceda, no se postren cobardías a futuras contingencias, porque es gloria la ambición, aunque con castigosea, si es altivo el pensamiento, que la pasión lisonjea alienta el gallardo vuelo, el atrevimiento alienta, que todo el valor lo rinde, aunque animen competencias, aunque acrediten intentos, crueldad, diamante, y piedra. . Espera, prudente Achates, dulce alivio de mis penas. Carlos, amigo. . Fadrique. Qué confusión os molesta? Amor, si puede el amor ser tan dueño de potencias, yo idolatro, yo venero, sin que remediarme puedan, ya desdenes de una ingrata, ya sinrazones groseras. Soy Clicie de tanto Sol, siendo el corazón un Etna, un volcán, que me consume, y un incendio que me hiela. En rique alienta mis bríos, triste el Alma titubea, y en el mar de aquestas dudas se ve nanfraga galera, que sin gobierno, ni chusma, ya se ahoga, ya se anega, ya se surca, y se suspende, ya se para, ya se alienta, ya anhela; pero es en vano, porque por su mal anhela, que alivios para el que muere, cuando, Fadrique, aprovechan? que son alientos, demodo, que cuando acaba una vela, porque a mucha luz sucede quedarse solo en pavesa. Nace la fuente brillante, desperdiciando mil Perlas, vertiendo risa, y aljófar cercana del mar: quien piensa que con un vecino igual su cristal perderse pueda, sino que tanto poder a su tiempo le aprovecha? pues es engaño, que muere a manos de tal grandeza, y lo que juzgó consuelo solo le sirve de quejas, que el poder nunca gustó de cercanas competencias, aunque pequeñas se noten, asustan, aunque pequeñas. Mi amor de este modo ha sido, pues al mar de tal alteza, siendo fuente, por vecina, ha perdido mi grandeza, no se qué os diga, ay de mí! mas aunque desdenes sienta de Enrique el consejo acepto, intentando con más verás, esta velleza divina, este hechizo que me eleva, sin reparar en ejemplos, que convencido me dejan, entre mis fieras pasiones de la luz, fuente, galera. . Su discurso en este tiempo confusamento me deja, discurramos corazón. Carlos dice, le aconseja Enrique, que quiera a Aurora, pues Enrique como intenta, disuadirme de este amor, cuando refiere su lengua, que al ambar de su veldad. Manosea ya azucenas, siendo feliz jardinero, pues gozó la flor primera, no ímplica contradicción, no hay duda, que la Marquesa no ha de tener por galán, eda y si es su galán Enrique, como alevemente alienta a Carlos? yo no lo entiendo, hay confusión como esta! pero para que escudrino lo que el pecho no venera? Yo solo quiero un prodigio, que es una esfinge a mi idea, que el corazón ha rendido una vez, solo con verla, que es el amor como rayo, que al primer impulso quema, Alguno aura que me culpe, y por inconstante tenga mi afecto, porque de Aurora no continuo finezas, y si lo juzga mejor, hallara, que son mis quejas tan justas como sentidas, cuando escucho las ternezas, y las pasiones de Enrique, para que el amor fenezca, y así muerto fue muy fácil, que otro amor lograra flechas, de esta beldad que procuro, a quien el alma celebra. Aqueste papel mi ama . me lo dio, porque lo diera a Fadrique, yo no entiendo tantas drogas, y quimeras, yo me llego, Caballero. Me llamáis? Pues? linda fleme! Papel, esperad un poco, y llevaréis la respuesta. Mientras el lo leezafo, . como Dios hizo un Cometa; que así lo mandó mi ama, soy novicia Recoleta. . Cuanto advierto es un asombro yo no conozco la letra, a mi dice el sobrescrito, yo leo, rompo la nema. La dama que os ha hablado encubierta, que se libró del rigor de la Marquesa, sin poder verla, ni saber quien es, esta noche osha de ver, y desengañarse de su pasa sion, o para dejarla, o para que ten- ga efecto, porque es una señora de las más principales, que anda disfrazada por esta causa. El Cie- lo os guarde. No dice más; la criada, se fue ya, como lo hierra todo un descuido, hay tal cosa! tal ventura me enajena, y ella misma me condena a mi pasión amorosa: yo no entiendo este portento, solo se decir de mí, que con este frenesí, gustosamente me aliento. Hay mi divina encubierta! que por ti me muero; y vivo, cuando en el volcán activo el alma el fuego concierta. Redondo, . Señor, qué tienes? hay algo de tropelía de amante bachilleria? pero sin duda que vienes a hablar a la Marquesa que pienso envió a llamarte. Bien hiciste de acordarte, porque sepa mi presteza. Aquí mandó mi señora, que pusiera estos papeles, o que enfados tan crueles! Despachar pretende Aurora, y por eso te ha llamado, el criadillo se zafó tan veloz, que no nos vio, buen cuidado de criado, ella te mando llamar, y con eso la aborreces? Es de nobles intereses este afecto revocar. Y si te ruega, señor, la volveras a querer? No sé qué tengo de hacer, que es imposible ese amor, O qué galán afectado! Conmigo no puedo más, desvanecer no podrás este pensamiento honrado. Qué es lo que miro, Fadrique? Redondo, repara, advierte. Tapáditas a estas horas, siendo la noche al cahuete, brujuleando luceros, son brujas, o lo parecen. Que de triunfos alcanzó el que gallardo se atreve. Esta noche has de saber, si te quiere, o no te quiere. En fin le diste el papel, cuando califio alegre el logro de mi ventura: Ines descubiertamente has de saber mis intentos, o plegue a los Cielos, plegue, que en aquesta confusión, mi amoroso pecho acierte, Fadrique llega, cuidado. Mi ventura es evidente, ella es sin duda más como con tales inconvenientes, como en estas cuadras ay tantos peligros pretende: llegar quiero, yo la hablo, el sentido aquí se aliente. Majestad tan peregrina, que encubriendo lo luciente, en breves rayos se ostenta mucho Ocaso, a mucho Oriente no mendigue de fulgores, quien el Sol tan cerca tiene, Yo me acuerdo que esta luz otra vez me ha dado muerte, descubrid aquesos rayos, no la Noruega violente de ese manto lo divino, que el corazón apetece. Ya me descubro, porque os desengañéis al verme. Válgame el Cielo! la misma ha sido que me suspende, . ya a sus despojo gallardos me ofrezco dichosamente. Yo la pregunto quien es, pero sea quien se fuere, a ella solamente quiero, a ella adoro solamente. Deidad, decidme quien sois, porque sepa en mis placeres quien me causa la ventura, que aquí el corazón pretende: Yo le cuento la verdad . a Fadrique clatamente: yo soy Clauela, y Eurique. Válgame el Cielo mil veces Duquesa de Malsí soy, que enamorada de verte en un retrato, he seguido mi derrota amantemente. No te admires, ni te espante que de esta manera cuente un suceso semejante, porque el discurso pretende o que aquí me desengañes, para que mi afecto deje, o sí me quieres, lo digas, porque amante te venere. No te espantes que te diga este caso de esta suerte, que arrestada en el empeño, no miro en inconvenientes. De resolverme a decirte lo que es justo que celebres, que ya no quiero más lances, que me acaban tristemente. Con que sebrás, que fingido he sido el Francés, que puede mucho una amante pasión, y entenderás juntamente, que mi prima ha procedido como tan noble, y prudente, que fue engaño lo que dije. Ignoro que pueda hacerme, . pero a esta beldad rendido ya me reconozco Fénix? dame los brazos. . Y el Alma, porque tuya me confiese. mas venid a aqueste cuarto, y aquese criado puede ser prudente centinela. Ello será, si quisiere. Redondo, ten gran cuidado. Redondo. . Que mequetrefe hace burla de mi nombre? Figurilla es el bufete, por ested, amigo mío que Cristiana decir puede, Juan Redondo del Alma? La que me estima, y me tiene (como dicen) en las palmas. Que mal gusto de mujeres. El escoger lo peor, es propio de vuezarcedes; lleve el diablo quien no os quema, digan amén, dos mil veces, mas la picaña agradezca, que no la doy de moquetes, Alentado es el Redondo, que precioso! . Qué insolente! Vamos, divina señora: no te descuides de suerte, que causes inadvertida los disparates que sueles. vamos. . Quién lleva tal Norte mucha dicha se promete rendido voy a tal gala, perdona Aurora esquiveces tan injustas, que no puedo en tal tiempo convencerme, aunque la razón más diga, y las quejas me molesten. En este cuarto de Enrique los tres se entran lindamente, que criminal está el sueño! cómo se muestra valiente! si aprieta más el arpón, por Dios que tira a vencerme, sin cotusas me acomodo de gustosos aderentes, venciome el sueño, venciome, yo soy cigueña durmiente. Qué cobarde que se muestra el que a traiciones se atreve! mas cuando son ambiciosas, dulces fines entretienen, tan atrevidas constancias, de atrevidos accidentes. Yo de mi Flor adorado, busco sacrilegamente sangrientas ejecuciones, lias aleves esta noche, antes que el Sol recién nacido despierte en aljófaradas perlas, que su amante le concede, he de vencer intenciones, que amorosas me compelen, Pues chanzas conmigo amiga? para su cuenta se lleve la limosna que le doy clámorea vhemente; conmigo esas picardías? pues que, usted la defiende? bien se puede confesar, que es el acuerdo prudente, que después habrá lugar para hacer lo que pudiere: se burla? verás bergante como reducirse pueden teóricas de la lengua a la práctica valiente. Saca la espada cobarde, alentadillo parece; bien ha leido a Carranza, pero mi valor se atiene al gran Andaluz Pacheco, que es Maestro de valientes. Al ángulo se me aplica, con el obtuso me ofende, pero rectome acomodo, lleva infelice pobrete ese tanto confesión me pide? la culpa tiene; que antes de entraren la lido lo previne cuerdamente, gran ruido, la justicia, que máquina de Corchetes, a quien des llama el Romano, Velleguines comunmente, el Español, agarrantes, y un gran Poeta, al fileres, Señor, yo metia paz, la de Judas me prometen, si un instante me detengo, miente el bergante mil veces, que el homicidio no hice, brabo lance, San Clemente tiene eregidos Altares, no muy lejos de esta gente a los ladrillos del Papa, salto de mata me fecit: Hay sueño más temerario! la imaginación que puede? en tinieblas he cuadado, valedme, Cielos, valedme. Qué bien dijo; aquel que dijo que es niño el amor, pues tiene tan inconstantes mudanzas, cuando venera aborrece, y con adetan fingido va negando lo que quiere. A Fadrique desdeñaba con apariencias prudentes, y cuando más le adoraba. me provocaba inclemente: vuelva amor, por el amor que ha de eternizarse siempre, las luces mató Leonor; no sé que es lo que pretende, hacia allí he descubierto un bulto: Leonor parece; mas como este cuarto oscuro a los ojos se parece, cuando despachar procuro las consultas, y papeles? Aquesta enigma no entiendo aquí me llego: valedme Cielos piadosos, en sustos, que me elevan; y suspenden, de Leonor ha sido traza, para que más claramente diga a Tadrique mis ansias, que la luz, no sé que tiene para encubrir los delitos, que sin ella se cometen. Por Cristo que me agarraro el hombrecillo es corchete, valedme ahora san pies, pero no pueden moverse, porque el miedo va apretando, haciendo de las que suele. Sé señor, no puedo hablar, no sé qué tengo de hacerme? Eres Leonor? . Lindo paso, ya muybién puedo atreverme, . porque es está la Marquesa, que por su Leonor me tiene. El susto yo la perdono, que ha sido bien suficiente; grádvome de Leonor, y respondo de tal suerte, que desmintiendo la voz, podré un rato entretenerme, y saber de la Marquesa, (que por la voz me parece sus secretos. . No respondes? Gran señora, que me quieres? Aunque postre debaneos, y aunque me rindan desdenes, queriendo estoy a Fadrique: El mozo es un buen póbrete, y yo sé de cierto, que él por tus pedazos se pierde. Adónde está mi Leonor? Aquí aguarda, que ya viene, yo me fingo que me voy. y mudando lindamente la voz, me transformo ahora en Fadrique, y si pudiere he de vengarme de Aurora de las prisiones crueles que la picaña intentó con amagos de la muerte. Aurora, qué solicitas? que mandas? y que me vieres? Mi bien, mi dueño querido, si con locas esquiveces acredité pundonores, colegir ahora puedes, el motivo que me pudo causar tales accidentes. El susto me ha de pagar, . la que ahora me entretiene, lleve pesar, pues lo tuve, sea la mujer que fuere. Yo te adoro prenda mía. Yo no, él es buen juguete, que sois una tal por cual, yos he dicho dos mil veces, que estoy mohino con vos, y procuráis no creerme. Vos me tenéis enfadado, y aquese amor insolente os lo tengo de quitar a garrotes, y a moquetes, a medias echad plantillas y prended con alfileres las balonas, y los puños, que me enfadan las mujeres, que blasonan de letradas con amor impertinente. Ay desdicha semejante! muy presto verás aleve como castigo desprecios. que me afligen ciegamente. Leonor. . . Señora, La luz, que de penas me compelen! A degollar han tocado, escurramos lindamente al cuarto de Don Enrique, y venga lo que viniere. Aquí esta. . Fadrique inginto con palabras descorteses. Que estás, señora, diciendo? . Yo muero sin entenderme, a Fadrique no le hablaba? fuego soy, cuando más nieve, como sin luces estaba este cuarto? y los papeles de esta manera? qué es esto? ya yo no puedo entenderme, quiero encubrir mi pasión, disimular me conviene con Fadrique, por mí misma, acabando el iehemente desvelo, que tal oprobrio ya me obliga a no quererle; pero a solas me dejad. Soy un novicio obediente. Será buen tiempo Leonor? Ahora, gran Carlos, puedes interiores sentimientos, descubrirla tiernamente, que aquel que no es atievido jamás gozo de la suerte. La noche es acomodada, y la soledad que tiene, que ha de lograr esperanzas, que he buscado tantas veces. Yo me llego. . Yo me llego. Cielos Sagrados, valedme, que es tiranla matar duplicando tantas muertes. Qué miedo! . que confusión pero mi osadía fuerte, cobardemente se postra a miedos impertinentes? Pero mi afecto amoroso, timidamente suspende ostentaciones gallardas, de bizarras altiveces? muera tanta Monarquía. Detente, Astolfo, detente, que nunca el Cielo faltó a la voz del inocente. Ay confusión tan extraña! . Hay pasión tan inclemente! . Ay semojante ventura! . Ay traiciones más aleves! . Fadrique, Enrique, Leonor, Redondo. . qué lance fuerte! . Amigos, venid. que miro? otro azar me desuanece, si sulgo de una traición, otra traición me suspende, qué es esto? . Noble señora? No sé que tengo de hacermer. Fadrique mi esposo es, aunque osadía parece el salir de aqueste modo: en los lances tan urgentes de semejantes empeños, todo se atropella, y vence, sin mirar en lo futuro. o os mueve para alterar intenciones, tiranas bárbaramente? Clauela mi prima es, hay confusiones más fuertes! Clauela, y Enrique han sido un mismo sujeto siempre, que reparo, que penetro, no hay alivio que me preste, mas que digo? pundonor si ingratitudes me impelen, que tengo de hacer? ay Dios! pero si ahora se advierte las tiranías que admiro, yo me vengo de esta suerte, casándome con Don Carlos, cuando tan galantemente conozco sus bizarrías, y sus acciones prudentes. Qué terrible es la consulta, Cielos Sagradados valedme que si la Marquesa sabe mis intenciones aleves, a gígote me condena, o me traduce en pasteles. Hagamos, pues gala aquí de mis pesares crueles, porque es lisonja en los males acreditar los por bienes, vuestra intención acrédito, y así el deseo pretende confirmar el hemineo. Vivas los lustros del Fénix, porque engañada no vivas, heroica Marquesa advierte que siempre he sido leal a tu precepto obediente. Astolfo ha sido arrogante, el que con la vocaardiente del artificio inhumano, intentar quiso tu muerte, y después con el acero, cuando mi pecho inocente padeció tanta ignominia, y ahora que estás presente, Astolfo, di la verda? Señora, yo he sido siempre el agresor, que Fadrique padeció infelice suerte, Flor ha dado la ocasión, porque en mis ansias crueles a su amor me dedicaba, procurándote la muerte, porque heredara el Estado de Mantua. . Ya tarde viene el desengaño, supuesto que Fadrique tiernamente en nuevo dueño idolatra, y Don Carlos de tal suerte me obliga con sus finezas, que ya el corazón le ofrece nuevos despojos. Astolfo, de la vida te reserve la verdad que me has contado, pero desde luego vete de mi Estado, que no quiero los presagios tantas veces y tu Carlos, con lo mano te pago lo que te debe la parte de agradecida. Felice llamarse puede tal acierto. . Con Ines me caso, que es conveniente a la traza, aunque Leonor a buenas noches se quede; y para que más conozcas como Fadrique inocente ha estado: yo te engañé con palabras descorteses, introducido mi amo esta noche, con que adviertes el engaño. . Bien está, y tu donaire merece. el perdón que califico. Veso tus plantas mil veces. Solo extraño en tanto gozo como Enrique no parece? Y quien sois decid, señora: hay pesares más crueles! Yo soy Enrique, y Clauela, prima, perdonarme puedes, pues tu fuiste el instrumento de los sucesos que adviertes. Ya te dije mis pasiones, cuando en una Torre fuerte padecía soledades. Fadrique. Porque penetres lo que puede una pasión, quien se encubrió en mi retrete yo fui, y la que tantas veces he procurado los riesgos. Para que en mí considere a lo que Obliga el Desden; hay traiciones más aleves! hay suceso semejante! no hay que fiar en mujeres: oh tirana! oh fementida! Con que, Senado Prudente, acabará la Comedia, si los deefectos que tiene perdonáis, como entendido, del Poeta; pues pretende; siendo alfombra a vuestras plantas, mostrar sus afectos siempre; que si se juzgan Salados, merecerán mil laureles.