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Texto digital de A grande agravio gran venganza

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Atribución tradicional
Jacinto Cordero
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Jacinto Cordero Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A grande agravio gran venganza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-grande-agravio-gran-venganza.

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A GRANDE AGRAVIO GRAN VENGANZA

JORNADA PRIMERA

El General nos envía, este es nuestro alojamiento. Soldados, yo solo siento vuestra injusta demasía, que perderme así el decoro, no es de soldados honrados. Los gritos son excusados, lárgueme esta joya de oro, que he jugado, y he perdido, y no lo tengo de hurtar. Pues esto no es saltear? Yo de esta manera pido. Ya esto de exceso pasa, que a desvergüenza tan loca, el agravio me provoca, con que me ultrajéis la casa. Esposo, amigo, y señor, no es nada, tu riesgobduierte. Pues que más honrada muerte, que morir yo por mi honor? Lo que se hizo está bien hecho, y hablar poco es lo que importa. Por veros tres, no reporta mi sangre honrada, este pecho, y que sois los tres villanos os daré yo a conocer. Tú mientes. . Suelta mujer, que me has atado las manos. A Milanes fanfarrón, vive Dios que has de morir. Mas vale hacer, que decir, cobardes, en la ocasión. A mi señoro vil gente, a tiempo llego, y no es tarde: no sabéis que el más cobarde dentro en su casa es valiente. A ellos Vítelo amigo. Dueran, señor, que aquí estoy. Herido de muerte voy. Basta, señor, el castigo, no os dejaré por mi vida. Suéltame Antonia. . No quiero. Que le han de matar innero, y vengo a ser su homicida, deja, que atan buen criado. Huyeron? . Eso preguntas? mal de esta espada barruntas el rigor precipitado. Si alentada de este brazo con mi cólera se inquieta: es esta espada escopeta, y cada golpe un balazo. Y cuando quiero arrogante ostentar furia gallarda. Esta espada es alabarda, y si me enojo es montante, pica cuando el brazo tienda, chuzo si encojo la mano, trabuco si doy de llano, y rayo cuando me ofenda. Un diamante has de llevar, y un abrazo, no te asombres. A, Dios mémate conhombres, que saben luego pagar. Pudiera haberse excusado Obaste disgusto, que apoyas que el dar la cadena, y joyas, no hubiera Antonia importado. Menos mal, mayor decoro fuera Antonia, caso es llano, arrojarlas vuestra mano, que defender vos el oro. Que a mano tan atrevida, no se oponen, que es rigor, manos en que está mi honor, joya de mí tan querido, Esposo yo? . No os dé afán, tened el llanto afligido, que no siento lo que ha sido, sino por lo que dirán. Y ella? Que quiere el picaño. Ya estará desenfadada, bien manida, y sobajada. Eso. Vítelo, es engaño que no vi. . Ya se mi daño, no me digas que no viste. que el diablo se me reviste, puerta a la ocasión me hallaste, eres mujer, y callaste, claro está que consensiste. No respondo a tus encantos, y a tu loca presunción, tu juzgas como ladrón, ya hazas visajes, y espantos. No sois los hombres, no santos, y aún que nuestros pareceres culpáis con vuestros poderes, no te admires, ni te asombres, que si los hombres sois hombres, nosotras somos mujeres: ver queremos. . Y no más? Luego ha blar, si puede ser. Qué nace de hablar, y ver? Eso tú me lo dirás. Oh qué donosa que estás, Mala pedrada te den. A ti, por quererme bien, te cansan esos desvelos, hermano, si nos dan celos, queremos darlos también. Matarlos fuera muy justo. No niego vuestro valor, hijo, mas yo se mejor leyes de honor, que del gusto, ̱. Quitarle joyá a mi madre, vive Dios que los matara cuando presente me hallara. Aquí se halló vuestro padre, y no faltastis vos, no; con vuestra loca arrogancia. Si viniera toda Francia, que su piera morir yo, y adonde yo me aventuro (aunque la veis envairiada) a sacar aquesta espada, no pienso que estáis seguro: porque auque os parece a vos, no estando Lelio presente, que andovierais más valiente, yo lo anduve más que vos. Vos no tenéis que perder, yo mucho que aventurar; y quien esto ha de mirar, eportado es fuerza ser: porque si aquí los matara le vuestra madre en presencia. pudiera ser que en mi ausencia nas de alguno murmurara. (aunque vos no lo pensáis, tended a lo que os digo; que lo dijera el amigo, le quien vos más os fíáis. era ofenderos por Dios, ltrajándome yo a mí; has pues que a mí me vencí, has valiente soy que vos. Esos vencimientos son e tan claro entendimiento, ero yo del mío siento, ve es buena aquesta opinión. Vos habláis lo que entendéis, no entendéis lo que habláis: quí en casa blasonáis, puera no sé qué haréis. Yoharé siempre lo que debo, a sor tan hombre de bien. Así lo creo también, mas sois Lelió muy mancebo. Furioso va, y arrogante a la calle se salió. Esos bríos sabré yo castigar. Que no te espante, lo mismo en tu mocedad hacías, señor, también. Soy padre, y no me está bien darle tanta libertad. Lo pasado está pasado, señor Gufredo, ya es hecho. Perdonar sabe este pecho demasías a un soldado. Siempre esta casa hallaréis a vuestro regalo abierta, y abierta siempre la puerta a las horas que llame,s. Soldado fui, fui travieso, tahur fui, también jugué, y como estas cosas se; no extraño cualquiera exceso. Cuando os faltaren dineros, porque no andáis muy sobrado dineros tengo, soldados, amigos, y compañeros. Pedidmelos, y no hagáis ilicitas demasías, que ausente las prendas mías, no es lícito que ofendáis. Prevenid luces, Vitelo, y di que pongan la mesa. A todos, señor, nos pesa de daros este desvelo. Vamos a cenar, que es tarde, Ya vamos, entrar podéis, a se que ahora paguéis nuestra ofensa, vil cobarde: llama esos dos camaradas, que están en nuestra defensa, para ayudar a la ofensa que remito a sus espadas. Ya aguardamos prevenidos. Aquí os podéis esconder, y no habléis, que es fuerza ser, si habláis, al punto sentdos. 2. Id, y dejadnos seguros, que en venganzas tan urgentes. se han de asombrar los presentes, y admirarse los futuros. Polanco está mal herido. ̱. Hoy se verá tan vengado, que descanse su cuidado en nuestro enojo ofendido. No se descuide confiado aquel que tiene enemigos, que es madre la confianza de impensados precipicios. Vele siempre, y mire siempre con vigilante artificio, que no hay agravio olvidado, si es hombre el que está ofendido. Que bien dice en lo que canta, y bien le dice este aviso lo que a Gofredo le espera, sin entender su peligro. Es la confianza necia del que se fía en sí mismo, porque a traidoras cautelas, no hay corazón prevenido. ̱. Ahora pues lo verá, y escarmentado en los filos de nuestra airada venganza, llorará sus desatinos. Holgar podemos un rato. 2. Ya cebaron, y he sentido que van saliendo a este patio, a esta puerta me retiro. Jugar podemos un juego, hasta que al sueño rendidos nos entremos a acostar. Antes va de desatinos, hagamos una comedia de repente. . Lindo estilo llevará la tal comedia. Para reirnos la pido. Todos sabrán hacer versos? Quién se exime de ese oficio, no hay hombre que no los haga, disfrazando latrocinios de ingenios más levantados con su bárbaro apellido. yo ayudaré a la comedia. Y tú sabrás? . Soy yo gimio, también tengo mis achaques, mas con las trazas no atino. Y con los versos te atreves? Pues Estudiante no he sido algunos años, señor, y versos hasta los niños los hacen en esta edad. Un poeta Hermofrodito conozco, que hizo un soneto con veinte versos gazpirios, y dijo que era soneta, que el buscaba su camino, porque hubiese macho, y hembra que engendrasen soneticos. Oh qué notable poeta! Mucho le parece a un primo que me dio nuestro Señor; el cual escribiendo un libro con versos cortos, y largos, reprendí su desatino, y el dijo, si este está largo, este corto, y si es aliño, que los leáis todos ciertos, el que estuviere crecido, quitarle lo que sobrare para el otro su vecino. Tiempo es de comedia, vaya. Pues qué ha de ser? El castigo del osado Prometeo, y a la traza me convido: yo haré Júpiter, y Alberto Mercurio hará. . Yo le fío. Gofredo hará Prometeo. A vuestro gusto me aplico. Vítelo será el lacayo. Sí, pero nunca he leido que tuviese tal lacayo. Yo te introduzgo, y permito mi lacayo. . Tu gracioso está muy puesto en juicio. ̱. Y si te falta la gracia? t. Ya que eres Júpiter, pido que los que fueren graciosos, pasen plaza de ese oficio, y los que no, de lacayos. Esa petición admito, y la merced te concedo: tu Solis en mi servicio te admito por lo que fueres. Mercurio, ya que te elijo, tráeme preso a Prometeo. Aquí lo tienes rendido. Júpiter, porque me prendes? no sabré porqué delito? Porque haces hombres de barro, y es atrevimiento impío que un hombre emprenda hacer hombres, siendo acción que me dedico yo solo a mí, que soy Dios, y puedo. . Yo así lo digo. Los hombres que se han de hacer, no han de tener el principio de barro, que quiebran luego, porque el oficio elegido en un hombre que es humilde, nos da señales propinquos de la vil sangre que tiene dentro en el pecho escondido? no hagas más hombres de barro, con justa razón te erijo penas del monte Caucaso, dlonde atado en su dístrito, estarás eternamente, y un águila con el pico te comerá el corazón. Cómo Júpiter divino, tan cruel sentencia me das? Porque escarmienten designios de atrevidas presunciones: atale, Mercurio, a gritos reducirá tristes penas, atale luego. . Ya sigo tu parecer soberano: Atarle aquí es barbarismo, que Marcial dice, que el monte en que pasó este martirio, estaba en Citia, y si acaso ve algún necio este castigo, dirá que estamos borrachos. Mercurio, atado me rindo. Y no le ataron cordeles, sino cadenas. Aten También al gracioso, Así lo mando yo mismo. Yo no quiero estar atado. Atal de, porque ha querido interrumpir la comedia. Sin razones me apercibo, que me matan sin razón. No grites. . Júpiter mío, que hombres ha hecho Vitelo, que a hacerlos mucho me aflijo, no hiciera los corcobados, los cojos, y Harmorroditas, ni tampoco los bermejos, porque son muy presumidos, no hiciera cultos, que el mundo está con falta de Occlipos, para despeñarse Spinix, si declara en Spintio, esto es culto, mosqueteros. Calla gracioso maldito, Callo Júpiter Barbón. Están bien atados? . Lindo. ha sido el engaño nuestro. A camaradas. Qué ha sido? Quedad con estos dos hombres, mientras a su esposa obligo, sino con ruegas, con fuerza de mi apetito lascivo; tomad los dos las dos puertas, mieniras, los tres conseguimos nuestra inaudita venganza. A tirano, qué has fingido? maldígate el cielo, amén. A Júpiter, boto a Cristo si son verás, que es traición, y si son burlas, que es vino. Burlas dices, a tirano. Señor, culpado no he sido. Aay que me matan, esposo. . Aquella voz, y gemidos son de Antonia, esposa amada. Amado esposo. . Perdido va mi honor, a cielo santo, que inexorables castigos permite vuestra clemencia contra mi pecho afligido. Esposo. . Señor Gofredo. Aquella voz es mi hechizo: dándose eltaba Luerecia de las hastas con Tarquino, a fiera Libia, tus voces no atronaron los vecinos, mas yo gritaré si puedo. No grires, falten testigos, que para ultrajar mi honor, no le den al mundo aviso; pues lla nados serviran de dilatar en corrillos el estado en que me veo, y el primero el más amigo. Dices bien, o Libia fiera, que poco se oyen tus gritos. A Gofredo desdichado, desdichado el que se fin en hombres, que tiranía no hanhecho, no han intentado, yo solo, yo lastimado lo puedo certificar: Mas si los pude matar, de quién me quejo? de quién? que siempre el hombre de bien fue muy fácil de engañar. A Franceses inhumanos, tratos fingidos, y dobles, nunca usaran pechos nobles, sino bárbaros villanos, sois cobardes, sois tiranos. Esposo. Qué injusta suerte, que dura ocasión, que fuerte, si en conflicto tan feroz, de aquella voz, cada voz es dilatada una muerte. Qué bárbaro Toglodita, que injusto Cita cruel, no hubiera piedad en él, en el trance, qué os incita? Maldita sea, maldita la confianza de mi ensayo. Honor, ved que me desmayo, que ya me falta el valor, cielos, socorred mi honor, o matadme con un rayo. De piedra debo de ser, mas que piedra o que diamante, en ocasión semejante se dejó de enternecer, que bruto ha llegado a ver su infamia, que no se asombre, bruto soy, de bruto el nombre me dad, hombres, por tributo, pues con acciones de bruto, tuve las desgracias de hombre. Quitarme, fieros, la vida, estaba puesto en razón, más quitarme la opinión, acción fue jamás oída. A una herida tanta herida, raición igual, tal rigor. ya se desangra el valor, que mucho que se desangre, i hay cara a heridas de sangre, pero no ha heridas de honor. Todos tres te han de gozar, que así el concierto está hecho. Tirad balas, a mi pecho? y acabadme de acabar, muerte ven, toma el lugar, que pide mi injusta suerte insías de pasión tan fuerte acabad ya mi cuidado, que siempre al que es desdichado, obró vida, y faltó muerte, que me matéis solo os pido, por favor en tal cuidado, por no morir de afrentado n mi vergüenza corrido, apenas pierdo el sentido, orque es tanto lo que siento, que mil a mil, cuento a cuento lpecho pruebran entrar, como no hallan lugar, se van al entendimiento, Y en el con furia tan loca hace el dolor un abismo, que el alma en un parasismo quiere salir por la boca, detenida se provoca cuando más salir intenta pesar, a pesar aumenta, y detenida en el labio, ved si sale de mi agravio, que ha de topar con mi afrenta. , , s Ya, bárbaro, estoy vengado, forzada dejo tu esposa, tan honrada como hermosa, de quien ahora he triunfado: estas joyas le ha quitado mi arrojado desatino, que de este castigo es digno quien los soldados desprecia, tu Antonia ha sido Lucrecia, y yo de ella he sido Tarquino. Mátame fiero inhumano, por no matarme yo a mí. Eso no, mátete a ti el dolor del bien que gano. A Frances vil y tirano, mátame fiero traidor. Vivo te dejo al rigor de tan inorme cuidado, porque si naciste honrado, tu morirás de dolor. . Dondeaurá sufrimiento endolor tanto, donde habrá pena igual a tanta pena; o que género faltaya de enojos a la suerte infelix que me condena, con amarga crueldad, con triste llanto, viendo presente en funebres despojos faltar luz a mis ojos, sobrarle al alma mía peninmertal, tormentos inauditos, con que el alma porfía, y entre las suspensiones de mi decoro, trocado en plomo demihonorel oro, hecho agresor, y sin tener delitos, pagar agravios en el alma escritos! La puerta de casa abierta, y a tal hora, que habrá sido! y aquí luz. . Lelio querido, nuestras desdichas concierta. Qué es esto padre y señor? Ya, Lelio, no tenéis padre, y no haber tenido madre os fuera mucho mejor. Quién os aró? . Desatadme, y nada me preguntéis, o si matarme queréis, lo que ha sido preguntadme. Ya el ver estas tiranías, de traición me han dado muestras, Cómo son desgracias vuestras afrentas han sido mías. No sabré morir yo? . Sí. No sabré vengaros? . No, que el vengado he de ser yo, . la afrenta me han hecho a mí. No es esta espada? . Será, pero hasta ahora no es nada, porque no hay espada honrada, si agraviado el dueño está. Seguidme, que en vuestra mengua, sino se atreve mi labio, veréis el mayor agravio que pública humana lengua. No le diréis? . Con callar le procuro rosistir, que si lo llego a decir, no hay ojos con que llorar. Ya se han ido, y quedó atado Júpiter cauteloso, ya de Mercurio quejoso. Estoy, y estoy agraviado, que este Mercurio malvado, de quien los rigores lloro, sea el verdugo canoro de Júpiter, que le aplaca. Si Argos murió por la vaca, porque hiciste mi amo toro? A Libia, que en tanto ardor eres Libia, y Libia ardiente: en Libia de una serpiente ve aliviado tu amor. Eres mujer, y es error el mío, si en tanta pena mi corazón te condena, que en la maldad quién te iguala! te hizo Mercurio mala. que tu nunca has sido buena. A desatarte, y matarme vengu. Vítelo querido. Si hallaste lo que has querido, no vengas a desatarme, correrme puedes, y darme silvos en tan gran desvelo. Cuando en ti busco consuelo, no me trates mal, que es mengua. Libia, corrije tu lengua, Venado soy, no Vitelo. Mi resistencia atrevida puede solo asegurarte. Si lo que era de tu parte, ya tú estas bien conocida. Grité, lloré, y la vida si pudiera me quitara. Ni grito oí ni en tu cara se ve que pena tuviste. Eso merece la triste que tanto amor te declara. Libia maldades tan claras no admite mi corazón, cuando se que esta ocasión; a dinero la compraras. ̱. Si mis quejas escucharas, no me hubieras condenado. Libia, yo he sido el sorzado. A mí me ataron por fuerza. Que no me digas que hay fuerza a quien se diera por grado. A hombres malos de el cielo. Suelta la daga, . Señora. Cierra esas puertas que ahora me mata más mi desvelo. (triste, Suelta, Antonia, la daga, y muera el que con perdida iguel desdichas llora, tan fuera de razón el sentimiento, que cuando te aborrece, mas te adora. No en matarte tú a ti mibien, consiste. que cuando atormentado el pensamiento, revuelve en mi tormento el desacuerdo mío. No te hallo culpa, y si culparte quiero (dena con mis ansias porfío: Ya amor te absuelve, y el honor con- mihonorpórmala, y el amor porbuena y cuando en tantas, dudas considero, ni el mal elijo, ni el remedio espero. Son de mis ojos luz tus bellos ojos, y aborrezco los ojos que deseo, que en sus niñas alienta mis desmayos. No hay desdicha mayor que esta que veo, con que aumento el pesar de mis enojos, y en tirana opresión fieros ensayos. Ya son para mi rayos, arpías son crueles, son veneno inmortalque yo me ordeno, y en mi afrenta pinceles que me retratan (qué infeliz memoria! lahistoria de mi agravio, y es historia no imaginar, que si por verlos peno, son arpías, son rayos, son veneno. Voy adecir lainfamiaenque estoy puesto, y enmudece la lengua entrelos labios, de sentir sin sentido el elma loca, venganza pide, presentando agravios, y a tata confusión el pecho expuesto, ningún remedio a mi remedio toca. Muérense los afectos en la beca, el corazón te extraña, el alma desconoce tu presencia, con tu vista se engaña, que entre mis confusiones, y desvelos me aflijen penas, y me matan celos, ofendido, agraviado, y sin paciencia, ni honor teabsuelve, niclamorfentencia No ignoro, que siendo tan honrado, y estando, como estáis, tan ofendido, dejéis de aborrecer eternamente mi nombre, como sabio, y entendido, que el entendido cuando está agraviado con causa superior, su agrruio siente, y más si ve presente la causa de su daño, finge animoso, y sientelo en secreto. Lo demás es engaño, yo loentiendo, Gofredo, no loignoro, y aunque vuestra presencia tanto adoro, un Convento he elegido por decreto, habed esto por bien, pues sois discreto. a si os veo, me veo aborrecidr, si os hablo, mi vergüenza me pronoca. a mi misma yo propiame aborrezco, y hablando el corazón, muda la boca. Vivo en estas memorias ya sin vida, la muerte con razón solo apetezco: ya el nombre no merezco justamente de esposa, ya he perdido este bien, sentencia dura, y en pena tan forzosa, por no veros, ni verme en dolor tanto anegada en las olas de mi llanto, desesperada, ausente, y sin ventura, para sepulcro elijo una clausura. De tu raro valor sentencia es digna, yo apruebo el parecer, y doy licencia, mucho me hade costar tu aviencia cara que poco he de vivir sin tu presencia, amadoesposo. . Antoniaperegrina como vivir podré sin ver tu cara. La vida me costara. La muerte fuera gloria. Cómo en tanto dolor? Quedará cuerdo. Tendrás de mi memoria? Preguntas eso, amada Antonia mía, faltará luz al Sol. Y el Sol al día, y yo no faltaré. Qué honrado acuerdo. De llorar, . De sentir. El bien que pierdo. Los brazos por despedida te piden mis tiernos lazos. Ya no hay brazos para abrazos, ni he de abrazarte en mi vida: veré mi Antonia querida, que aunque es verdad que te adoro, can verte mi ofensa lloro, y me ofendo con tocarte, y así no puedo abrazarte por no perderme el decoro. Yo bien veo que fue culpa de mi desgraciada suerte, vete con Dios, que hasta en verte me aborrezco, y me doy culpa; tu inocencia te disculpa, mi desdicha me condena: y así pues sufro esta pena, a que ninguna se iguala, cuando mi estrella es tan mala, yo te confieso por buena. Adiós, porque el llanto mío (que me aflige en tanta mengua) no da lugar a la lengua, porque ya es mar, y no es río, loco fue mi desvarío, de mujer la confianza, que por última esperanza pedí tierna esos abrazos, más guardad mi bien los brazos para tomar la venganza. No los deis, porque manchados en la vileza en que estoy, os dirán que ya no soy vuestra esposa esos cuidados, y brazos, que para enfados os han de servir de afán. Muy bien negados están cuando tanta ocasión tienen, que aunque los vuestros no vienen los míos tras vos se van. No me enternezcas te pido. cual alma a quien esto toca, no nació mármol ni roca, ya enternece mi sentido. Adiós dulce bien perdido, pues hoy me aparto de vus, sin alma vamos los dos en partida tan forzosa. Adiós imposible esposa. Imposible esposo, a diós. Esto, Sargento mayor, os encargo, y os ordeno, el Rey lo escribe, y es buen acuerdo tan superior, Las treguas se han dilatado por dos meses solamente, poned en orden la gente, con diligencia y cuidado. Esta tarde marcha el Campo, tres pagas les han de dar, no deis a quejas lugar, de en el alma las estampo. Lo que deben los soldados paguen con puntualidad, que en la justicia y verdad fundo solo mis cuidados. Esto quiero que se entienda, y al que faltare dinero, acuda a mí, que yo quiero prestársele de mi hacienda. ̱. Escuche vuestra Excelencia, si da lugar el dolor, y la pena que me aflige no añuda mi triste voz. La crueldad más atrevida, la más inorme traición que en los añales del tiempo jamás la fama escribió. Cuatro soldados aleves, (perdonadme gran señor, que traigo el alma en los labios, y me ciega la pasión) que alojados en mi casa, sin ley, sin honra, sin Dios, le quitaron a mi esposa sus joyas, ausente yo, que vine en el mismo tiempo, y viendo su sinrazón, sacando mi honrada espada, defendí tan grave error. Retiráronse a la calle, de que uno herido salió: volvieron los tres de noche, y pidiéndome perdón, los regalé como pude. los recebí con amor. Cenaron conmigo juntos, y mi amor les ofreció deros si los quisiesen, no por miedo, por valor, que es hija mi honrada sangre de mi afable condición. Cenaron, y para holgarnos, a un patio salí, señor, donde habían escondido los soldados a otros dos. Atáronme con cautelas, que una comedia ordenó, el uno de Prometeo, que hizo el Júpiter traidor. Fui Pramoteo engañado, luego Mercurio me ató, que nunca a un Júpiter falta un Mercurio ejecutor. Después de atado salieron los complices, que dejó en el caballo escondidos de la troya de mi honor. Y atando mi honrada esposa, ninguno de ellos quedó que no fuese de sus brazos atrevido Endimión. Entreverados claveles, desmayado ya el color, por articular agravios se afligia el corazón. Todos me ofendieron, todos con poderoso rigor, téreos de Filomena fueron en esta ocasión. Todas las joyas llevaron; con que su pecho adornó, aunque no nombro las joyas por estimar su valor. Pero hace al caso el delito contarle como pasó, que agravian las circunstacias, aumentando el disfavor. Fuéronse dejando atada en tanta perfecución mi inocencia a un poste duro, que aunque de piedra, sintió mi agravio, que hasta en las piedras tal vez le halló compasión, que ya que falte a los hombres, a las piedras no faltó. Sepulcro nos dan las piedras, y en tierra, y piedras se vio, que si el sepultado es justo, le tienen veneración. Justicia, señor, justicia, que jamás con más dolor en tribunales de ofensas, nadie justicia pidió por la causa ser tan grave, por mi pena; y aflición, por la insolencia del caso, por quien soy, y por quien sois. A esos pies llego ofendido, válgame vuestro favor, que si no me hacéis justicia, prometo hacérmela yo. Vos justicia? . Yo justicia. Como levantáis la voz. Son padres los superiores, niños los agravios son, y como de ellos sois padre, así os gritan sin temor. Sabéis de esto? . Que se han ido tres soldados, que alojó vuestra Excelencia en su casa supe yo ahora. . Los dos claro está que se quedaron. Conocerlos os tocó, sabréis vos reconocerlos? para ello licencia os doy. No vi la cara a ninguno, con dilgente atención puede Vueselencia honrarme. El campo ha de marchar hoy, a la vuelta de Milan, por orden que el Rey me dio; y así no hay lugar, ni tiempo, volveré de Milan: vos me hablaréis en este caso, ponerle en ejecución, para entonces os prometo. Vueselencia, como Sol, le toca de estos nublados, sacar a luz mi opinión. No hay lugar hasta que vuelva. No hay lugar, porque no soy Frances como Vuestelencia, que a serlo pesquisidor se hiciera de mi justicia. Basta. . Qué bien se agregó su sinjusticia a mi pena, de mi estrella es permisión. No hay justicia que es engaño, no hay verdad, todo es error, no hay amistad que lo sea, en no habiendo interes no, no hay para los buenos premio, ni en servicios galardón. Servicios tengo, tan buenes que pudieran donde voy, que ya no valen servicios, y no cansarme es mejor. No soy yo del Rey vasallo? no importa, mas si lo soy, al Rey, que en Milan me hora: a los Reyes que lo son, mas les importa un vasallo, que el Reino más superior: pero el Rey que culpa tiene, si su ministro peco, y no quiso hacer justicia, porque soy de otra Nación. El Rey no tiene la culpa, si tiene, que le eligió, y de aquestas tiranías ha de dar la cuenta a Dios. Si el Rey viera el llanto mío, si oyera mi relación, claro está que me ayudara, como mi Rey y señor en atrocidad tan grave, n un caso tan atroz, me dice el Duque, que el Rey orden precisa le envió para marchar con el Campo, narche el Duque, que es razón alte para mi justicia; obren penas, que al dolor. le mi airado precipicio e promigan aflición. Todo me falte, que es justo, que ya que todo faltó, no he de faltar a las leyes de mi honrada obligación. Hoy he de quemar mi hacienda, y haciéndome salteador,

JORNADA SEGUNDA

no ha de quedar Frances vivo que pase por donde estoy: daré de mi buena cuenta, quien dirán que me engañó, la sinjusticia? pues alto que ya disculpado voy. La sinjusticia fue causa de tanto agravio, y error, como se han visto en el mundo Repúblicas aruinó, deshizo Nobles, Ciudades, imperios atropelló la sinjusticia, pues sea causa de mi perdición. Beberé sedienta sangre de Franceses, y terror pondrá mi nombre a su raya con airada presunción. Seré otro Lizcar tirano, que cuando murió mandó, que hiciesen después de muerto de su piel un atambor para asombro de enemigos, en cuyo estruendo veloz tuviesen miedo del ceo de tan airado elamor, grande agravio, gran venganza me pide en resolución. Vea Italia, y sienta Francia como se vengar mi honor. No ha de quedar Frances vivo. Cincuenta y tres tienes muerto. Cuantos pasen este puerto provarán mi enojo esquivo, y de mi furia el concierto. Que a mi cólera gentil muy corta hazaña esta es para agravio tan civil. Si como cincuenta y tres, fueran millones de mil. Que una vez determinado, a vengar su demasía, no tiene el cielo criado, León de Albania enojado, que exceda mi tiranía. Quedad aquí, que del monte voy a correr la espesura, término de este orizonte, donde mi agravio procura ser temerario Faetonte. Juguemos ya que se ha ido. Naipes saco. . Yo dinero. Qué jugamos? . Pintas quiero. Pintado sea, y vendido en Turquía el inventor. A real y tres, tres por suerte. Yo caballo, caso fuerte, levántola? . Linda flor; ande con el naipe, acabe, una dos, tres, ande pues, cuatro cinco. . Que tales es caballo, caso gran seis de entaje, beto a Cristo. Siete, ocho, nueve, no pare, diez, once. . Si tal jugare, me consuma el Antecristo. Ande, no sea importuno. Hay más contraria fortuna. Pague, que ha dado veintí una, móntase sesenta y uno. Sobre la mía. . Pagar. Qué me miras? soy culpado? hermano, si es desdichado, ser mirón, y no jugar. No juegue si ha de gruñir. Pues no puedo grunir? . No. Oh pesia quien le parió. Sepa hacer, y no decir. Nadie se ponga delante, que a todos he de matar. Ténganse no dé lugar ningún bárbaro arrogante, a que mi enojo atrevido se vea precipitado, Yo estoy, Gofredo, agraviado. y tan honrado he nacido, que si me hubiera ofendido el mismo Rey, cara a cara de mis manos no escapara; cuando entre a lados Cerubes se me subiera a las nubes, en las nubes le matara. Qué arrogancia. . Saber quiero que ha sido, . Ocasión me dio, y un pesia quien le parió, castigué con el sombrero. Mal anduvistis primero, mirad siempre que emprendéis, (justo es que por vos miréis, bien fuera haberlo excusado, que al hombre que nacé honrado, matadle, y no le afrentéis. Es la afrenta en el que es bueno bivora que le maltrata, lo que en vengarse dilata. Na vive, y como veneno el pecho de áspides lleno trae ponzoña a sus labios: esto en honrados, y en sabios se entiende, que otros sin cuentas engordan con las afrentas, y duermen con los agravios. Estos podéis afrentar. los demás es gran locura, que es abriros sepultura en ese mismo lugar. Esto os debo aconsejar, de la espada solo trate, y en ella solo retrate el hombre su hidalga ley, que la espada es como el Rey que no afrenta, aunque maltrate. Herrera es hombre de bien, y preciase de alentado, las leyes de ser honrado. Sé yo que entiende muy bien que ha de mataros también, lo sé, si tiene lugar: yo no os puedo aconsejar, que vuestro padre he nacido, mas si le habéis ofendido, acabalde de matar. Mas si le habéis ofendido, acabalde de matar, dura ley, pero es quitar un enemigo atrevido, de amigo el consejo ha sido; que no ha de afrentarme aquí, intentar matarme sí, y aunque es acuerdo cruel, más vale matarle a él, que no que él me mate a mí. Solilo quio sobre el duelo, Jerrera ha sido el cargado, y de su afrenta enojado viura rayos contra el cielo. Tú, amigo, me has de ayudar a darle muerte a traición. Soy yo Herodes, o Nerón que le tengo de matar? Gente atraviesa el camino, alto, las armas preven. Ninguno pase. . Oh que bien pagarán su desatino. Ninguno replique nada, ni a defenderse acometa, ni tome en mano escopeta, ni tiente airado la espada: vayan las armas soltando. ̱. Ya los despoja, y apea, solo vive, y se recrea el tiempo que está matando. De qué nación sois los tres? 1. Franceses. . Eso deseo, que jamás hartarme creo de beber sangre Frances. 2. qué te han hecho? . Eso esmorir, que en insolencia tan fiera, antes la muerte sufriera que llegártelo a decir. Ello fue desgracia mía, cuya infelice atrogancia pienso yo, que cueste a Francia más sangre, que Francia cría. No os asombre esto a los dos, que hoy he de ser vuestro azote: vayalibre el Sacerdote, porque es Ministro de Dios, Y si os queréis confesar, id confesaros con él, que en esto no soy cruel, aunque lo soy en matar. Un Sacerdote encerrado tengo, que a todos confiesa, de ser mal hombre me pesa, soy lo que estoy agraviado. 2. Qué culpa habemos tenido del agravio que te han hecho? No hay razón que baste al pecho, de Francia estoy ofendido. Denle su mula, y dinero, y váyase el Licenciado en habiendo confesado, los dos que matarlos quiero, llevaldos, a qué aguardáis? 2. Señor. . No me repliquéis. 1. A cielo. . Razón tenéis, mas por Franceses pagáis. Señor. . Hable, que aquí estoy. Mire que ay Dios. . No lo ignoro, en Dios, y en su madre adoro; Cristiano, mi padre, soy; pero faltó la justicia, y sobrome la razón. Mucho sufrió en su pasión Dios a la humana malicia: tenga respeto, y temor a dios, y no hagas locuras con dar muerte a las criaturas, hechuras de su Criador, Dice muy bien, ya lo sé, su parecer no repruebo, pero a dejar no me atrevo esta vida en que me ve. Soy caballo desbocado que sigo mi apetito, fue la causa un gran delito que me ha traído a este estado, Mientras la memoria mía tiene este agravio presente, padre, disvadir no intente mi pertinaz tiranía No perdonará estos dos? No puede ser, ni hay lugar. Qué grave cuenta ha de dar ante el Tribunal de Dios. Ese no es Frances. . qué suerte? Mas yo dispenso estás bulas, que por ser mozo de mulas, solo merece la muerte. De qué nación? . Soy Gallego. Eso más bien lo adobaste, haz cuenta que te enterraste, y a tu vida has puesto fuego. Gallego, infelice de estado mozo de mulas amigo, no has menester más testigo para morir ahorcado. Déjale. . Qué desatino. De quién eres das señales. Dale cincuenta reales para pasar el camino. Mira. . No repliques nada. Siendo Gallego es malhecho? Quieres, que repase el pecho, villano, con esta espada: suéltale, dale el dinero, acaba. Muestra la mano, uno, dos, luego villano quitarte la vida espero. Señor. . Tenga bien, son tres, cuatro, cinco, seis, Acaba, Siete, ocho: si aquí se estaba, yo moria de esta vez, que hay seor Gallego, por Dios que queda con buendespacho, estaba a caso borracho, me diga aquí entre los dos. Suelte el dinero el tacaño, y póngale de rodillas, que hoy he de hacer diez morcillas de su sangre, y su redaño, Hombre, vísteme algún día, no bastan mis tristes ruegos, Hermano, con los Gallegos tengo aquelta antiparía, acabe, que me arrebato a darle dos mil reveses, mi amo mata Franceses, yo solo Gállegos mato. Yo me pondré de rodillas, pero puesto que he de hacer? Júrame aquí de no ser más Gallego, o las costillas le he de quebrar entretanto, haciendo en su cuerpo estrago. Júrole así por Santiago. Miren si buscó otro santo; sivo su mismo Patrón: Por san Francilco. . Es Frante San Antonio. . Es Portugues pero téngole afición. Ya san Francisco? . También le adoro estimo, y venere, que en tener poco dinero, se ve que es santo de bien. Dame él que lleva tu pecho, que en tan cansado ejercicio, sino da honra este oficio, quiero que me dé provecho. Treinta reales cabales traigo, déjame este bien. Entre diez hombres de bien no se hallan hoy treinta reales? suéltalos, y se maltrato. Dártelos amigo quiero. mas a quien te da el dinero harás mal si eres ingrato? Suelte, de esta vez mámola, por allí tiene el camino, y si atras vuelve el cochino, guárdese de esta pistol que si encuentra al Capitán; y de los treinta se queja zoquetes como la oreja le he de hacer del cordoban. Váyase, no esté parado, ni elija eso por remedio, que a tres Gállegos y medio he comido en adobado. Y el medio. . Sarna tenía, y un poco de mal Frances, y en escabeche fue a Fez a casa de una mi tía. Con su poco de reniego debe de estar la señora. Yo no me confieso ahora a fusar señor Gallego. Si de bronce no naciste en tan terrible combate, la Virgen de Monserrate sea amparo de este triste, Que te valga determino, felice ha sido tu suerte, no puedo, Frances, dar muerte a quien nombró tal padrino: porque haciendo de ella muro, tu vida estando en mi mano, negara yo ser Cristiano en no dejarte seguro. Muestra, y ven, que tantopudo su nombre en mi corazón, que quiero en esta ocasión servirte, Frances de escudo. . Tanta devoción tomó con la Virgen, que me asombra, y el Frances que se la nombra, siempre con vida escapó. Cruel enemigo, que a sus guitus corte, cuando en esa torre me das tal castigo: si te adoro, y sigo, te alejas de mí; llorando por ti sigo penas varias. Señor Gómez Arias, duélete de mí, quiere tu cuidado alternando amores, decíame estas flores, pues ya el toy cansado, el botín cerrado te dieron a ti, yo propio le vi, con él te retoza, que soy niña y moza, nunca en tal me vi. O lo que te holgaras, si otro te vinierao que esta noche fuera, se yo que estimaras verdades tan claras, no tengas a mal. Fiero desleal, los cielos me den venganza de quien me trata tun mal. No hay tratar si hay ver tus propios delitos, que ni diste gritos, ni supiste hacer cosas de mujer, que en fin le pesara, a quien te matara: Libia no me engaño, que es de algún araño que diste en tu cara. Mis manos mesaron mis cabellos. . Vaste? el mono arañaste, porque te dejaron? Porque me forzaron, matarme intenté. Pues yo no lo sé, quien te lo estorbó. Soy Cristiana. Que bien se te ve, Cristiana de Argel, vete norabuena, cantos de Sirena, tratos de Luzbel. Vete tu cruel. Si iré por no verte, a Dios dama fuerte, conmigo no riña, la doncella niña se quiso dar muerte. Detente monstro, o quién eres? vuelve la cara, no huyas, ten, Libia, ese hermoso monstro de belleza, y de hermosura. Suelta mujer. Es en vano, En vano, fiera, procuras. huir de un alma, que apenas, penas parece que busca. Eres mujer, o deidad que entre amagos de luz pura, rayos fulminan tus ojos, con que los míos deslumbras. Veneraciones te deben, y deben los que te juzgan al imperio de tu cara, tributar almas por tuyas. En mi vida tuve amor, ni quise a mujer ninguna, mas que por gusto del trato, de todas haciendo burla. Superiotidad me tienes, pues sin tratarte apresuras mis potencias a quererte. Dime quien eres, que gusta tanto el alma de adorarte, que aquí seré estatua muda. Que presto te enamoraste. Las estrellas tienen culpa, dime quien eres por Dios. Fiera de este monte bruta, que si me trato cual fiera, que quieres, o qué preguntas? Misterio tiene ese traje. Lágrimas verás difusas, en mis ojos, si mi historia decirte el alma procura. Dímela por Dios, si quieres. Pues es de esta suerte, escucha. Yo soy (nunca mujer fuera) una mujer (que mal curan, agravios, ofensas propias, cuando la memoria acusan) razonablemente noble. Nací en Milan, mi fortuna para ser imán de agravios, me trajo a esta desventura. Es Flora mi propio nombre, qué el de mis padres te oculta, el respeto que les debo, que quien con obras no ilustra el nombre de sus pasados, callarle será cordura. Amome un don Juan, de España, Capitán, cuyas locuras me obligaron a quererle. porque haciendo por mi muchas en el valor de su espada. Vio Milan proezas suyas, obligome por discreto, valiente, y galán, que juntas en un sujeto estás partes, no hay mujer que esté segura, Salia de santa Tecla un día, yo en la turba de la gente junto al coch me aguardaba; o la hermosura de las demás le tuvieron en aquel puesto, confusa salí viéndole, y turbada, que amor con el gusto lucha; y como están en el alma las más potencias, deslumbran. Salian tres Caballeros, y uno con poca cordura quiso tocarme una mano, y al mismo coche se junta, asiole del brazo entoncos don Juan, y la daga empuña, diciéndole, mas respeto con las damas siempre se usa, y dándole con la daga sacó la espada, procuran ofendorle todos tres, y de suerte los apura, que aunque duró largo espacio, pendencia tan importuna, hirió los dos, y el tercero en su sangre le sepulta. Tomó la Iglesia, pasado de una rigurosa punta: y yo muerta llegué a casa, donde eterna sepultura me diera el cielo, acabaran de una vez mis desventuras. En fin sanó, cuando muerto toda la ciudad le juzga, y con papeles de amores me contaba sus fortunas. Correspondía a sus ansias, copioso amor con la pluma: mal hayan plumas que vuelan sin temer de honor la furia. Concertamos por papeles a España partirnos, nunca tal partida se intentara, pues para mí fue tan dura. Aguardábale una noche con trajes que disimulan el ser de nuestra flaqueza, cuando por la calle apunta don Juan, y llegando cerca le llavio: que con la Luna pudo muy bien divisarme, aunque amante disimula. Llegó a emparejar la reja, y un cofte de Tarraruga le he hecho de una cinta atado, en que mis joyas promulgan los toques de un frme amor, y el cogiéndole de industria, se fue por la calle abajo. Bajó la escalera oscura. y abrí la puerta siguiendo la misma calle que anuncia las pisadas de este ingrato, no Paris, Sinon de injurias; pues buscándolo amorosa, con las joyas se me oculta: salgo al campo sin toparle, y cual Leona a quien hurtan los cachorros que dejó, hiere el rostro con las uñas, teatro de sangrey fuego en mi tragedia oportuna. Intenté volverme a casa, y el miedo me dificulta, que tuve de un noble padre, la intención de esta locura. Camino toda la noche, con miedo de que me buscan, de día habitando cuevas, y las noches espesuras. Llegué a la raya de Francia, donde una cueva consulta ofendida mi paciencia para llorar mi ventura. En ella abito ha tres años, comiendo siluestres frutas, pan que de una pastora recibo con noble ayuda, a quien doy de lo que tengo, con quien lloro mis fortunas. Aquí estoy por no ver hombres, cuando uno, que el alma ocupa, me ofendió con tan vil, trato en una acción tan perjura. Quien deja un alma por oro, y a su codicia conmuta los quilates de una fe, tan limpia, fincera, y pura? Quien sin tocarme una mano, que no pudo vez alguna, me deja, cuando por él emprendo acción tan injusta, y trueca por interes mi amor con tan viles burlas, me dice quien sois los hombres, me dice que en vuestra espuma sois todos mares de engaños, de traiciones disolutas, de tiranías, de agravios, de cautelas, donde apuran vuestros engaños maldades para nuestras desventuras. No fue don Juan, si os amaba, dueño de la tiranía, ni siendo noble podía dejar lo que conquistaba, ese hombre a caso pasaba, y con la seña llegó, su buena suerte gozó: Esto siente mi decoro, que no trueca el mar por oro, quien perfetamente amó. Quien se empeña en la ocasión con tres hombres principales, da de su valor señales, de su amor satisfacción, esto de buena razón se puede casi entender, que amar con tanto poder, y no llegando a gozar otro hombre, os pudo engañar, que don Juan no pudo ser: que si el salir concertado, señora, con vos tenía, mejor déjaros podía después de haberos gozado, cuando de enfado cansado os déjara, hermosa Flora, ser, el permitiera ahora, mas decís que no os tocó, si el fue, primero os gozó, o no fue don Juan, señora. Yo digo. . Mas no digáis, que cuando esos ojos veo, lo que vos no decís creo, y creo cuanto me habláis, con dulce afecto matáis, con libre ceño ofendéis; y si mi alma tenéis a vuestro gusto rendida, vuestra es ya toda mi vida, de ella disponer podéis. Hasta aquí por cortesía cumplí con mi obligación, y opinión, que en opinión juzgáis con tal demasía, ya le está mal por ser mía, que os vuelva a satisfacer, y creerme no puede ser por más verdades que os diga, que soy noble para amiga, dudosa para mujer. Detente. . En vano litigas amorosas prevenciones. Escúchame dos razones, que sin razón me castigas. Ya ni detienes, ni obligas con lástimas mi rigor, pues dudando en mi valor, quererme no puede ser, y para propia mujer, serán desvelos de honor, y para más es en vane, que en tan fuerte barbarismo soy de furias un abismo. Dame a besar esa mano. Pensé que más cortesano no me ofendieras en nada. No te ofende quien le agrada tu persona con tal gusto, mas pues que te doy disgusto, lleva, Flora, esta criada. Y a Dios, que no es ofenderte la dulce pensión de amarte, ni son tus desprecios parte a que deje de quererte, esta joya he de ofrecerte que gastes en ese afán, mis ojos tras ti se van, los tuyos piedad permitan, que si hay hombres que las quitan, muchos hay que así las dan. Adiós, que no quiero joya. . Toma, y sigue esa mujer. Ya voy por obedecer el gusto que en ti se apoya. No fue posible que en Troya tanto fuego en su opresión, llamas diese en la ocasión al fuego voraz que cuentan, como veo que atormentan mi afligido corazón. Válgame Dios, ruido siento, pístolas son que disparan, volcanes brotan las peñas, con que estremecen las plantas. un hombre se escapa herido. que presencia tan gallarda! Apenas perdido aliento hallo oculto entre estas ramas remedio a escapar la vida entre tan fiera canalla. a mal hayan los criados que blasonando arrogancias, sin ocasión hacen fieros de sus obras con palabras, y en llegando a la ocasión, no llegar cuando ellos faltan, viles, así me dejáis? Quién eres hombre? . Esta espada te podrá decir quien soy: si eres también de la escuadra de estos libres bandoleros. Sosiega la espada, aparta, que no trato de ofenderte, y no fé que te acompoña, que te quisiera dar vida, y con la mía ampararla, noble pareces, quién eres? Soy Almirante de Francia, donde vuelvo de Saboya con diez criados, que asaltan esos compañeros tuyos, mas de palabra en palabra me quieres entretener, hasta ver tus camaradas, y si es así, peleando solo darme muerte trata. Sosiega, que en las desdichas hay entre malos quien haga obras buenas, porque el cielo las tiene tal vez guardadas en recompensa de algunas, que se han hecho por su causa, alguna has hecho, Almirante, que en esta ocasión te guarda. El capitán de esta gente es mi padre, y no se harta de beber sangre Francesa en tan áspera montaña, por un agravio anda aquí. y jamás Frances se escapa que pase aquí en no da muerte con el rigor de sus armas. Si yo tuviera mil vidas, por ti las aventurara, porque nadie te ofendiera: sosiega, que te desangras con esa herida que tienes, no temas peligro en nada: ves aquella humilde choza que al pie miran de esas ramas, con esa llave abrir puedes, y cierra tras ti, descansa, que muy seguro estar puedes. No quede en el monte planta que no se bulque. . Ya vienen, y aunque todos te amenazan, Almirante, hasta la nocho te alberga en esa cabaña, yo te pondré en el camino en un caballo en que vayes, como el mismo pensamiento. Este diamante no es paga, pero en memoria por prenda te queda, porque si en Francia nos topamos al en día. Vete, a Dios que aprisa bajan: . no se pierde el hacer bien, que en tales pasos no tardan jamás los castigos mucho. Aquí mi contrario aguarda, a esta pistola remito el castigar su arrogancia; . erró fuego, boto a Cristo. Oh perro traidor, pensabas que hay plomo con que ofenderme? Hola, tened las espadas, basta rapaz. . A un traidor con ese cuidado amparas, tirándome una pistola? s. Vele siempre quien agravia, diez Franceses dejo muertos, y uno solo, amiges, falta, buscaldle. . Yo voy al monte. Y yo sigo tus pisadas. Hola, Lelio, vayan todos, quedad vos. Muero de rabia. Caminad, buscad el monte. Así quieres que se vaya sin castigo este traidor. Quién en casos de importancia duerme, Lelio, y se descuida en estos trances, se halla, que os dije yo rapaz loco. Pensé que seguro estaba, por eso no le di muerte. A cuantos el pensé mata, porque no piensan que piensa aquel mismo aquien agravian en su agravio, y piensan mal, que yo pensando en mi infamia apenas tengo sentido, apenas vivo con alma: que me pide la memoria? ríos de sangre que faltan. Si saltan, aquí estoy yo, que haré mares en que salgan de cruel sangre Francesa, limpias de tu honor las manchas. Eso sí, dame los brazos. Si tu valor me acompaña. Tú misma ofensa te obliga, tu honor cobras, mi amor pagas. Seré rayo. . Serlo es fuerza. Seré. . Salgan llamas en que mi ofensa consumas. En qué rabiosa deshaga. La memoria de mi pena. El concurso de mis ansias. Que están pidiendo? . Rigores. Insultos. . Castigos. Rabias? . Horrores con que mitigue. Termentos con que se aplacan. Dos paciencias ofendidas. Dos almas desesperadas. Que están pidiendo al rigor. Grande agravio gran venganza.

JORNADA TERCERA

JORNADA RA ER Démodo seor Licenciado, que es vuesarced Castellano. No menos que Toledano, y poeta consumado. Es culto acaso? . Algo toco, aunque ya lo dificulto, porque vi un poeta loco, que de culto dio en ser loco. A qué va a Francia? . A valer, que en españa me halló mal. Saque ese ingenio, o caudal de versos que ha de traer, que como entre peñas trato, pesares solo mitigo, y así quiero como amigo que tengamos un buen rato. Si libre me has de dejar tú, y la demás compañía desbalijo la poesía. Seguro podrás pasar. Pues con el nombre de Dios, ya con el lío he topado, décimas a Antón pintado, y a doña Clara Muñoz. Empiezas con linda flema, que no las quiero, repara, Antón pintado con Clara, saca algo que tenga yema. Un Soneto al desengaño. Uno no más serán cuentos. Uno, con más de ducientos pienso yo acabar hogaño, este es culto. . Pues qué esperas? Yo empiezo, aplica sentidos, a relevantes bramidos de medulantes esferas. O tú que por diamerros obtusos, vacilando quimeras, libre vagas, intonso aspiras, crítico te anegas, si obstentas pasos de candor exclusos. Tente por Dios, no me mates, vuelve el soneto a clausura, que más que una calentura matan esos disparates. de leerme versos no trates, hazme, amigo, aqueste bien, si a Erancia vas, vete en bien con tu cansada estafeta, y Dios te haga buen poeta, por siempre jamás, amén. Yo anduve, presumo, errante, no previniendo imperito; que los papeles que he escrito no se leen a un ignorante la patarata cambiante, de este exordio escrito aparte, no tienes en ella parte, porque versos tan diversos, no los entiende por versos, sino quien entiende el arte. A Paris a laurearme me lleva mi intento solo, que a estar en Paris Apolo, muy poco hiciera en honrarme, Si a Paris vas, escucharme puedes, poeta insolente, escucha, así Dios aumento esa tu alforja, o maleta, a este alteador poeta un soneto de repente. Cuando dictando versos tan perversos, las unas comes, y el ingenio estraj tragas versos que comes, y no pagas, que dado ayuno en versos tan adversos. Son tus versos de versos tan diverlos, que cuando con tus versos nos amagas, nace a quien los lee diversas llagas, y así versas serán, que no son versos. Poco a tu plectro deberá tu fama, poco a tu nombre, tu cigara pluma cochambre, en pensamientos caracoles. Pues fiel laurel áspiras que te llama, Apolo te ha de dar poeta espuma, lacorana enlechugas, el laurpencoles Pues cuando a Paris me voy laurel me ofrecen en coles; que mal conoces quien soy, tú me hablas en catacoles, caracolérico estoy. Oye poeta Lombriz, salteador en despoblado, que por vida de Beatriz que he de volver de Paris solo por verte a asaeteado. Ya mi Capitán llegó con toda su compañía, vete, porque el otro día un mal poeta ahorcó. Pu como tú has escapado siendo Poeta insolente? Yo haga versos de repente, tu locuras de pensado. Fuese Herrera? . Del entiendo que a todos ha de vender. Mal podrá dejar de ser eso, por eso os enmiendo: déjanos Vítelo a solas Presumo que es confesión. . Poderosa es la ocasión, con que mi amor acrisolas, hijo Lelio, aquesta vida es, flor, que en el ser que nace, camina solo a la muerte, en mundo tan miserable. Vivir en el con concierto importa, que solo sabe quien mi de los pasos de ella con cuentas que han de tomarle. Seis meses ha que ando aquí, agravios son que me traen vertiendo sangre, y no siente como bruto, y como alarbe. Noventa y nueve Franceses he muerto, y quiero que basten, que para un agravio, sobra satisfacción tan notable. Esta noche (cuando el sueño) ocupaba los umbrales de mis humanos sentidos) soñé, que terrible trance, (Dios me libre de él, amén) que en este monte indomable me cercaba un escuadrón de infinita gente grave. Eran muchos, y en fin yo de una herida penetrante caí muerto, y en juicio de Dios me vi, que pesares! Estaba Dios, como Dios, en un trono de diamantes con el adorno que el cielo ofrece a sus pies Reales. Llegué a su vista precito, sin tener quien me amparase, que a muerte en pecado triste, no hay Sacramento con llave. Condenome su justicia a que eternamente pague en el infierno mis culpas, sin réplica que me baste. Fui al infierno condenado entre sus llamas voraces, ardiendo mi alma en penas, qué rigurosas! qué graves! Por traeros a qui hijo, y por traerq estos males a cuantos traigo conmigo con culpas exorbitantes. Ay de los hombres del mundo, que por cualquiera desaire a un hombre quitan la vida, con solo que se lo paguen. Sin pensar que Dios por él puso en una Cruz su Imagen, y por los hombres murió, como Redentor, y amante. Desperté del sueño entonces, y como el reo que sale de la muerte que esperó, y a nueva vida renace. Mas donde hay comparación, que pueda ser imitable, si acá vida y muerte es uno, y allá son eternidades. Con este sueño afligido tan helado, y tan cadaver, recorriendo la memoria, me acordé de mis maldades. De vos, de mí, y de Dios, de Dios, porque castigarme pudo, y su misericordia ha querido dilatarse. De mí, porque le he ofendido, siendo tan digno de amarle; de vos, porque os he traído a vida tan ignorante. y así mudando de estilo, quiero que os partáis a Fiandes a servir al gran Felipe, en las guerras que allí trae contra herejes revelados, por la Iglesia Militante, que yo en este mismo día parto de aquí a Monserrate. donde haciendo penitencia, el perdón de Dios alcance, por la intercesión divina de su santísima madre. Partid Lelio a lo que os mando dos mil escudos os caben, que lo demás a esos hombres he de dar para que gasten. Y pues vais a Flandes, hijo, oíd atento, escuchadme estos últimos consejos, que os quiere dar vuestro padre. Seréis con todos corteses, y si es posible, no os falte ningún día de oir Misa, seguro estaréis de males. Haced elección de amigos que tengan ilostres partes, que solo en esta elección está un hombre en conservarse. Hablad bien de todos siempre, porque hablando bien, es fácil el ser vienquisto con todos. para que de vos bien hablen. Verdad siempre a toda ley, porque la verdad es madre de honrados hombres de bien, cuando sin ventura nacen. No murmuréis, que es rigor, vicio torpe exceso grave, el quitar honras sin gusto, por darle a los circustantes. Hablad poco, y sea a tiempo, que sin tiempo disparates, son las sentencias de Socrates, traidas sin estimarse. El sombrero hasta los pies, quitad cuando os lo quitaren, procurad ser el primero, granjearéis las voluntades. Volad en lo que entendéis, sin palabras arrogantes, y en lo demás no os metáis, que os tendrán por ignorante. Sed devoto de la Virgen, sed compasiuo y afable, liberal, que el liberal en lo ajeno tiene parte. Si es posible, no juguéis, advirtiendo cuantos hacen mil vilezas por el juego, harto os he dicho esto baste. En la ocasión el primero, andaréis siempre delante, y así en nada faltaréis, cuando en vos el premio falte. Con esto, y mis brazos, hijo. podéis partir, Dios os guarde, y os haga como deseo en tan apretado trance. Por aquí van los ladrones, todos mueran, disparaldes. A señor, que te han vendido, y ya esperan mis gasnates el Credo con apariencias, que a Paris han de llevarme, Herrera vino con ellos, y muerto en el suelo yace Frontín le dio, muerte justa, quien tal hace, que tal pague. Ya bocas negras nos cercan, y es imposible escaparme, ya te han ganado la torre, y Mallorquín, y Morales están presos, Qué desdicha! hijo, amigo, no te espantes, y olhe de morir, porque es fuerza, más primero he de matarte, porque harán de ti justicia, si te prenden, por las calles, y haciéndola será fuerza que tus parientes infames queden desde el mismo punto. Padre, yo quiero ayudarte, pues puedes salvar tu vida solo con este diamante, que el Almirante de Francia me dio el día que mataste diez criados que traía, a quien di la vida, date a partido, pues te bulcán, que yo moriré, más vale, defendiendo está que tengo, por no llegar a esos trances de la prisión, puedes tú escrebirle al Almirante, que solo con estas señas será fuerza que te ampare, di que eres mi padre hay triste. Guarda tú el anillo, y pase tu vida a tan buen padrino, que ha de ser fuerza ampararte. Vete, Lelio, a la justicia, cuyos libres pedreñales, dando el eco en esos montes, Ya las entrañas me parten, entrégate a su poder, Solo te pido, si valen, los suspiros que te envío, que el Sacerdote me mandes, que he tenido en esa torre solo para confesarme. Virgen, pecador he sido, una muerte no es bastante a pagar las que yo tengo, pero si lágrimas valen, y la devoción que os tuve, puede con vos, ayudadme a que confesado muera, ea que miráis? Constante a tu lado he de motir. Eso, Lelio, es ya matarme, solo el Confesor te pido: a que barbaro piedades faltan en esta ocasión? el defenderme, es honrarme, yo solo, vete, y precura mi salvación, si esta sangre es tuya, obligarte puede a que de mi alma trates. Por aquí está el Capitán. Seguilde, porque no escape. Vete Lelio, vete amigo. antes que a ti te disparen. Cómo he de dejarte? Ay triste. Mis maldiciones te alcanzen, si no haces a lo que te digo. A mucho me obligas, padre. Enemigo tuyo he sido, enemigo has de llamarme. Que vida a un hijo le espera, que por fuerza ha de dejarte. A quien no enternecen penas de tan apretados lances. 2. Este es, aquí le tenéis. A Virgen Señora, dadme una contrición en muerte, con que mi alma se vale. Qué tú eres el Capitán? Yo soy, pero no he de darme a partido, qué miráis? apuntad bien, acertadme, porque yo con seis pistolas no temo un mundo de lante. Cómo te subes al monte? Voy solo por no tirarte, ni a los soldados que tienes, tú mis intentos no sabes. Pistola al aire desparas? Así intento remediarme. Tiralde, matade, todos, romped con balas los aires, no escape ese salteador. je Confesión, válgame el An de mi guarda, y vos señora dadme aliento que me baste a confesarme, cual debo, pequé, que soy miserable. Eso sí, muere traidor de la suerte que mataste, que quien estos pasos sigue, acaba rabiando, infame. Que en un hombre salteador humese tanta piedad? Crea vuestra Majestad que hallé en él este favor, tanta piedad, tanto amor, tan susintas las verdades, y juntas tantas piedades en lo que conmigo uso, que solo me pareció falteador de voluntades. Es mucha la obligación en lo que me habéis contado. Debo, a ser él tan honrado, con la vida la opinión, si bien a satisfacción, su nobleza me convida, ni habrá cosa que me impida, cuando su piedad me advierte, que para el no ha de haber muerte mientras yo tuviere vida. Tanto me tiene obligado por vos, que de mi imagino que he de serle buen padrino por el favor que os ha dado. Tanto en su amor alentado, valientemente glorioso, conmigo anduvo piadoso, cortés, liberal, y franzo, que fue su valor el blanco de exceso tan generoso. tan señor traído presos a los salteadores. Y ahora vuestros favores solo es pero agradecido. Tratad solo del que ha sidó parte en haceros favor, que si os referva mi amor, regalade, pues podéis, y en los demás no me habléis; dad lugar a mi rigor. Hobrodicta infelix, mas te valiera Salamanca sin blanca, y más en Salamanca estar ahora, cuanto mejor fuera en su vega lucida, que en Paris preso, y preso ya sin vida? No era elbrodiomejor sin fobresaltos del Tormes en la orilla, o vagando en Castilla, ver ingenios de Príncipes tan altos, y no en Paris metido, por lo que he de pagar, y no he comido? No eramejor se fuera, mas no puedo, a infeliz secretario, ver, hay triste, el Sagrario de la fublime y Imperial Toledo, que sin aquesta brocha, (cha, por pasear a Madrid, llegarme a Ato o pasarme a Aragón, donde se goza el Ebro por sus huertas, y a las ilustres puertas. de Zaragoza hallarme en Zaragoza, donde con dulce aviso Lucas, sobre un pilar, su aparo hizo, no de una cadena al son horrendo, miferamente, atado, por ladrón condenado, (do, que como hombre, la muerte estoy temien cuando en excelos tales solo a un Gallegohurté ochenta reales. Dios guarde, cambie, aumente preven- (ciones, atendite carísimo, porque de un carro altisimo en Francia ostentan rápidos ladrones, y aferrando coturnos, ganan perdones sin tener diurnos. Esto faltaba a la paciencia mía, ya no hay brazos, lancetas. que me quieren poetas, con tirarme balazos en poesía, que en modos tan diversos columbrinas son ya, que no son versos, Oh señor ladrón, no tarda castigo a quien le merece, es mundo que le parece. Yo soy de esta cárcel guarda, que es de aquellos treinta reales, que en la raya me quitó, y cincuenta que mandó darme su amo, y que tales me los pondréis aquí vos: tiene muy lindo despacho, estaba a caso borracho, me diga aquí entre los dos. Saque el dinero el taeaño, y póngase de rodillas, que hoy he de hacer diez morcillas de su sangre, y su redaño. No amigo, no le está bien, en un cepo me la meta; y Dios le haga buen poeta, por siempre jamás, amén. Sisifho, Tántalo, y Ticio, Prometeo, y Exión no tienen tanta pasión en su tormento, y oficio; ni signo en triste ejercicio, aun que Lidia se entremeta, y Sofonisba sujeta, se queja de su cuidado, como ser atormentado de un Gallego, y de un poeta. Arrodillese, y la mano bese, que en rabia me anego. Pues cuando a ningún Gallego se ha rendido Castellano? morir sí. Besela hermano, que es ladrón, y en fin pecó. Consejos no pido, no, y para excusar más dudas, dale el beso poeta judas, que los treinta llevé yo. Ea, venga a una corriente. Hola, qué es eso? Señor, es un Gallego traídos, y un poeta impertinente. Dejadle. Buena patente pagará con el gaznate. Dejade, ninguno trate de ofenderle. Así lo haré. Vete. Yo me vengaré, sin que alguno lo dilate. No os congojéis cuando sigo tan obligado el perdón, si en mi misma obligación detengo vuestro castigo. Yo soy, Lelio, vuestro amigo, y tanto le he de mostrar, que en vos no tenga lugar la ejecución de la ley, que un Almirante, y un Rey, sé yo que os han de librar. De vuestro padre la muerte trazó mi ingenio sutil, porque a pena que es tan vil, no le llegase su suerte, y en esta amistad se advierte la prueba de mi cuidado, que estando tan agraviado, de ofensa tan conocida, trate de daros la vida, quedando en su muerte honrado. Que allá quedase, advertí, a quien a aprenderos fue, y en esta pruebe se ve cuanto vuestro amigo fui. Envió el Rey por él, y di orden a quien fue primero, que le diga al Rey severo que ya su cuerpo no halló, porque de esta suerte yo pago como Caballero. Dejad por tanto favor, que ponga a esos pies miboca. Solo a mis brazos le tocan que os den abrazos de amor. Cómo Almirante, y señor pagará el favor crecido. Mas que esto habéis merecido, mas os debo, y no he pagado, que he de pagar como honrado las leyes de agradecido. Oh cuanto hacer bien granjea, en esta prueba se ve si estoy vivo, apenas se. a vida, puien te desea. Apenas tan cobarde, como sentid quejosa de mi suerte, como madre, hasta verte (anego, sin padre, ay Dios, que en lágrimas me el muerto, tú sin vida, yo mujer, madre, esposa, y afligida, sin remedio, ya sin esperanza, parafismos mortales con afectivos males. entre mi desconsuelo el alma alcanza, locuras imagino. seguirlas pruebo, y no medetermino. Sin alma a verte constante, Flora, a Paris ha llegado, qué tanto la has obligado, que a los pies del Rey ahora tu afligida suerte llora, el pecho en llanto bañado. No es posible, no lo creo que se pudo enternecer. No es mujer? pues si es mujer, que dudas de su deseo. A verme morir vendrá. A darte vida se yo, si puede. Ya me obligo, vete, Libia, adonde está, que libre estoy de castigos, dila que estimo esa fe, que en los trabajos se ve quien son los buenos amigos. Que estás libre? Libre estoy. Pues cómo? Tú lo sabrás, vete, y no preguntes más. De contenta loca voy. Adiós vida ya es llegado el fin de mis afliciones, Lelio, a Dios pues unos pagan, yotros mpagan, y comen. Ya van ensartando, a cielos, tus compañeros atroces, para hacer de ellos justicia, que conmigo han de ser once. tu quedas libre, en efeto que llegasto a tener hombre, y nosotros nos tendrán solamente los cogotes. Ya está el verdugo afilando, la guadaña con que corte, sin ser almanzor de infantes, miestras cabezas a golpes, sin pasar cuartos en Francia permiten estos señores que pasemos hechos cuartos por los cáminos al tope. Venga el otro que falta aquí. Qué te parece, no oyes? quien fuera sordo, a Gofredo, Dios por mí te lo perdone. Yo salteador en mi vida, cielo, Sol, Estrellas, noche, salteador fui de repente con aquestos salteadores. Madres que paristes hijos, daldos a servir a hombres pacificos, que del duelo no entiendan los pundonores, solo malas compañías a este trance me disponen. Misas, Lelio, Lelio Misas, porque mi alma no llore sin ser tizona, o colada, el rigor de los tizones. Yo te prometo infinitas. y a Dios, que tus afliciones como el corazón me parten, mis tiernas entrañas rompen, por no verte me retiro. . Ya dejas tu perro Roque, es mundo, soy desdichado, bien haya quien le conoce. Venga el pícaro, que aguardan, o llevárele a empellones. Contento puede morir, que tiene auditorio noble; yo le ofrezco, una elegía tan inaudita, que asombre por lo funebre inmortal, V Yo muero Cristiano, amigo, en elegía no toque, que de elegía a herejía, solo una ere arepone. Ahorremos de palabras, venga el ladrón a ver donde perneará mis treinta reales, pagando ahora el escote. No tendrá piedad de mí? Que no hay piedad con ladrones, Qué es piedad, ya no piedad, aunque llore exclamaciones. También me persigue, hermano, tan mal pasaje en el monte le hice yo, no oí sus versos tan dignos de que los borren. Ande, venga que le esperan. Ponga en esos pies azogue. Señores, señores míos, para el paso en que me ponen, digo, y confieso verdid, que erraron los escritores. que escribieron que era Judas Calabres, y pues me oyen, era Gallego, y Pilatos poeta, que estos rigores. con un Cristiano en la muerte, afirman que son de bronce; estos dos pues sin piedad, ninguna piedad conocen. Ande el pícaro ladrón. Ande el ladrón, no dé voces. Judas, y Pilatos, vamos. Hoy te han de matar a coces. Piedad señor, ya voy muerto, pues no hay muerte sin visiones. Ya estoy muy bien informado, Más años Francia te goce, que Nestor horas vivió en tres edades conformes. Veas, señor, en tus días, que las Águilas coronen tus Lises de oro gravadas con el valor de tú estoque. Traiga el Eiscal la sentencia, Aquí señor se propone. Qué dice en ella? Que muera por delitos tan feroces, como los once murieron. Y si quiero que se estorbe su muerte, puedo Almirante? Quién, señor, se te antepone. Pero es dar que murmurar, y que tu Reino se asombre, si a darle vida te inclinas, habiendo tantas pasiones. Y si tengo obligación, por causas que no conoces, de dar a este hombre la vida? Será la ocasión de que logren los delincuentes delitos, que aspiren a ser mayores, sino castigas sus culpas con tantas oposiciones. Luego es fuerza castigarle? Sí, gran señor, que son Soles los Reyes. Decid, Fiscal, el Hombre más vil, y torpe que hay en el mudo en su oficio, porque de él no se congagen, amistades no hace? . Sí, pero en estas otasiones los Reyes son los Jueces, y no hay jamás quien los doble. No tienen también amigos? Su Augusto poder es norte para castigar delitos, para suspender favores. Que mal oficio es ser Rey, si tiene tasitas pensiones. Si vuestra Majestad gusta, dele la vida. Dispone el vulgo saetas libres entre tus lenguas veloces: dadme la pluma. Señor, no des lugar a rigores. Almirante, bien está, soy Rey, qué queréas? es orden, muera Lelió. Qué rigor! Mirad aparte, no enoje vuestro semblante la luz de amorosos resplandores. yo firmé que muera en fin, como Rey, que es fuerza al nombre dar satisfacción tan justa, como las leyes disponen. Voyme, dalde vos la vida, que en vuestras obligaciones os doy como Rey poder, caballos tengo, señores os pueden acompañar, llevaldle, Almirante, adonde Francia no diga de mí, que no hago ejecuciones; el Fiscal llevo conmigo, V llave tenéis, y la noche asegurándoos el paso; aumente estás prevenciones: muera pues, vamos Fiscal. El mundo a tus pies se postre. Señor. Buen ánimo amigo, señoras, dejad temores, que el Rey mi señor me manda que os lleve donde coronen vuestros gustos el pesar de pesares tan disformes: esto aparte me advirtió, como quien de mi conoce. la lealtad con que le sirvo; y cuando un Rey me socorre con señores, y parientes, ninguno desdichas llore: adónde queréis que os lleve? Yo en Milan quiero ser Monje, librando en mi penitencia, de mi maldad los rigores. Yo me vuelvo a mi clausura, donde me honran, y conocen. Pues ya quiero acompañarte, y con acuerdo tan noble ser monja quiero también, Yo lloraré por los montes la muerte de mi Vitelo. Y así es bien que se reporten el agravio; y la venganza. Con este ejemplo, señores; porque hacer bien, siempre alcanza tan nobles satisfacciones.