Texto digital de A gran daño gran remedio
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A gran daño gran remedio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-gran-dano-gran-remedio.

A GRAN DAÑO GRAN REMEDIO
JORNADA PRIMERA
Esperad, sed más cortés, hidalgo. Detente, Aurora. Huir me conviene ahora. Advierte. Aparta: quién es he de saber, vive Dios. Gran señor. Estoy corrido, Vos en mi casa escondido? en casa de César vos? Cuando a mi esposo le fía vuestro padre su Corona, y a ser rayo de Cremona, y de Bresa en Lombardía, parte al Imperio Aleman de triunfos Marciales rico, sujetando a Federico los te Cuando el César soberano, variamente obedecido cuantos triunfos ha adquerido le debe a su heroica mano. Cuando vence por costumbre, y en su bizarra experiencia, si el pelear es contingencia, es el vencer certidumbre. Pues los riesgos que a su cuenta se toma, si a ellos acude, antes que el valor los dude, la gloria se experimenta. Cuando excede a sus mayores su valor en la campaña, cuando, bazaña por bazaña; son las suyas las mejores. Vos en su casa encubierto, y con su hermana escondido, pretendéis: Si os he ofendido: aún a responder no acierto, . Con violencias repetidas mas del pecho, que del labio, borrar con solo un agravio la fama de tantas vidas? Con que, decidme, os ofende César Farnesio, señor, que le usurpáis el honor, porque el Estado os defiende? Si por lo que os ha obligado le tenéis aborrecido, pueda en vos lo agradecido mas que en él lo desdichado. Porque es violencia cruel, y aún será culpa en los dos, que os resulte infamia a vos de lo que es fineza en él. Tanto delito es cumplir César, con su obligación, que os da su ausencia ocasión a ofender, a deslucir su sangre? Ved que su ausencia es lo más que le debéis, y no es bien, no, que os toméis en ella tanta licencia. Porque ni es ley, ni es oficio de un Príncipe justo, y sabio, para lograr un agravio, valerse de un beneficio. Mas a que en vano, en mi ofensa quejas me acuerda mi honor, si halla en casa vuestro amor acogida; y no defensa? César es mi esposo, y es hermano de Margarita; quien hoy le desacredira, témale honrado después. Ni os disculpo, ni os avimo, mas vuestro amor fuera en vano, si le temieran hermano como yo esposo le estimo, Si me estucháis: ̱. No me deis disculpas, antes os ruego (perdonadme) que os vais luego, si es que abonaros queréis, porque está ausente mi esposo; y por instantes le aguardo, porque sois vos muy gallardo, su honor muy escrupuloso, y ausente el, ni aún las disculpas, que tan bien me habían de estar, os he de oír por no entrar a la parte en vuestras culpas. Nadie es más amigo, Aurora, de César que yo. Es así, pero a el cuando esté aquí se lo decid, y no ahora: que es favor sin tiempo, y es llavo, que antes le desacredita decírselo a Margarita estando ausente su hermano. Sed su amigo, mas de modo que a su amor, y su amistad vos le supláis la igualdad, pero el no os lo supla todo, Que hay amigos, enemigos tanto de guardar lealtades, que tienen sus amistades mas allá de sus amigos. Pues si en irme os sirvo, Aurora, ya me voy. Es deuda en vos el ser cortés. Guarde os Dios. Oye Julia, a tu señora di, que esta noche a la reja vendré a verla. Bien está. Qué fue aquello? Quién se va parece que habla, y se queja. Mucho hay que pensar aquí. Oh lo que don César tarda! Qué te dijo? Que te aguarda a la reja; saldrás? Sí. otro secreto; mas quiero disimular, hasta ver si la bastan a vencer cuerdos avisos primero. Hermana, si ha merecido tu confianza mi amor, con el recato menor me ofendes, y así te pido que tus intentos me digas, pues, aunque un testigo ganas, si el cielo nos hizo hermanas, el trato nos hace amigas. Bien creo que en tu decoro, Margárita, y en tu estado, nada es menos que el cuidado de Alejandro, no lo ignoro: pero es Príncipe heredero de Parma, es Sol prevenido; ni te lástime rendido, ni le creas lisonjero, antes le teme inconstante: pues si empieza a ser dichoso, te ha de negar poderoso cuanto te ofreciere an ante, Dígalo, al romper el día, infante el Sol, que a una rosa, la púrpura vergonzosa con vivos rayos enfría, y con lisonjas, y ardores, por si sale, y la asegura, la desuanece, y la jura Reina de las otras flores. Y ella, entre modestias rojas, viendo la luz, y no el fuego, se cree, y sacando luego a desahogar sus hojas, a ser Reina se introduce; y haciendo del triunfo alarde, en lo que el Sol vive, y arde; piensa que reina, y que luces Y a penas del Sol se fía; cuando aquella pompa vana, que nació con la manana, anochece con el día, Pues, Margárita, en la rosa consulta tus esperanzas; lisonjas, y confianzas te harán vana; y no dichosa. Si crédito al Sol le das, cuando luces tú, y el arde; no hay Sol que dure una tarde: piénsate tú lo demás. No te vayas, oye Aurora, que mientras a la hermosura ni el Príncipe es Sol que jura Reina la beldad que adora, ni es el dueño de su amor, ni sé que el viniese a verme; del delito he de valerme para encubrirle mejor, y si con maña advertida me achacas tu culpa a mí, yo: Qué dices? Que si en ti es cuidado la venida del Príncipe: Cómo? Y era por cumplir solo, el reñirme: No hay quien salga a recibirme hasta el corredor siquiera? Qué es esto? Gente he sentido. Sin duda que se han mudado; gracias a Dios que he llegado. Repulgo. Julia, Has venido? No, pero vendré muy presto; necísimo preguntar. Repulgo. Dame a besar tus pies. Levanta; qué es esto? Porque de saberlo acabes, lo he de decir, vive Cristo, sin él sabrás, el no ha visto el escúchame, y ya sabes; que como han dado en traerse tanto estas cuatro razones, no tienen las relaciones. un principio que ponerse. A servir al César fuimos yo, y César; Milán voló. Llegué, vi, y vencí; mas no: Llegamos, vimos, vencimos, Volvimos a descansar a Parma en dulce quietud; sin diveros, con salud, y mentiras que gastar. Y esta es la relación pura. de la victoria pasada, sin aparato contada, y dicha en abreviatura, Y don César? A besar. la mano algran Duque fue, Vendrá presto? Sí, porque es fino, y desea llegar a tus brazos. Feliz yo, que una alma en ellos le espera. Dízome, que terpidiera albrías y me encargó que en todo caso me dieses algo de presente, aunque fuese poco, en fin lo que- nas a la mano tuvieses, Y yo de obediente ufanos. tomaré, sin que me aflija, aunque sea una sortija, que es lo que está más a mano. Por lo bien que la has pedido la mereces; toma, Aquí. entro yo: es sortija?? Sí. No es bueno que te he querido siempre muy bien, y esto es puro amor, porque tu modo de obligar, y sobre todo, lo liberal; lo corrés, lo franco, lo dadivoso, lo puntual, lo partido, de manera me ha sabido, granjear lo desdeñoso de mi natural, que amante, si se ofreciera por ti: Pero esto no es para aquí; quieres darme ese diamante? No, pues si tu amor empeñas, con el hombre que has piutado, no viene a mí ese recado, porque has errado las señas. Toda la opinión ganada pierdes con eso. Y perdiera esto más, si te lo diera, Civil pícaro, Enojada de verás? Y aún osa hablar? Y en dando el diamante, di, desenojaraste? Sí. Pues no te lo quiero dar. . Yo sé que estás empeñada. con el Principe. Es engaño. Preven al remidio al daño. No tengo que encubrir nadas y así no vendrá a importarme que contra mí te prevengas. Yo me holgaré que no tengas que suplirte, y que fiarme: más finge bien, porque ahora mirará César mejor por su casa, y por tu honor. . Pues si el Sol mi amor ignora, aún de mí le he de guardar; porque no he de presumir que otro me sabrá encubrir lo que yo no sé callar, Vuelve a darme los brazos, valeroso César primero de Milan. Dichoso el triunfo, gran señor, que dio a mi fama el ser hoja, el ser rama de Laurel tan Augusto, en firmes lazos, No llegas, Federico? En vuestros brazos feliz descanse la fatiga ardiente de tanto estruendo militar. Presente miro en vos la fortuna, no imitada, de vuestro padre. Dévele a su espada el Aleman Imperio esta victoria, Mía es la obligación. Vuestra es la gloria. Venció el César en fin? Postró a sus plantas el Cuarto César Federico cuantas villas rebeldes al Imperio había. Lloró Milan el más sangriento día, la ruina mayor, el más tremendo Marcial destrozo, que avisó el estruendo de las armas ruidoso, el golpe más fatal, más prodigioso, que de su obstinación inobediente, del brazo justo, del enojo ardiente, de Federico, prometer pudiera a su erro Cómo fue? l De esta manera, Fedérico Bárbarroja, cuarto de este nombre, a cuyo esfuerzo grande, Alemanía le dio su Imperió absoluto. Apenas sobre las sienes, las tres coronas se puso, cuando inquiero reconoce a su obediencia el orgullo de las cabezas de Italia, que por sacudir el yugo del Imperio, apellidaban libertad, en odio suyo; como si para cabeza fuera menester más que uno, y arrastrar pudiera a todos el bárbaro error de muchos. Coronose en Aquisgran, y en las Cortes de Mesburgo resolvio pasar a Italia, a dar, y rendir al culto del Vice Dios Adriano Tercero el Laurel Augusto. Grosera le negó el paso. la Lombardía, y se opuso Milan, concitando cuantos alevosamente pudo. Tanto; que en fuerza del daño, o del premio, o del tumulto, a imitación de los nobles que se inquietaban, el vulgo apellidó libertad, n y para con todos supo disculpar con el ejemplo la gravedad del insulto. Coronado, pues, el César en Roma, salió del Burgo, sitió a Milan, entró a Bresia, fundo torres, labró muros, pidió socorros, dio puestos; y talándoles los frutos, y gabándoles las puertas la entró por armas, y trujo a su obediencia sus bríos? y por mejorarse el triunfo, quien supo vencerla airado, perdonarla airado supo. nin Apeló Milan al ruego, y al rendimiento. Oh perjuro ardid del ingrato! oh fácil piedad del noble! Que el uso de las virtudes enoje! Que abrigue al áspid inmundo fiel calor de incauto seno! Que a los sollozos ocultos. del Cocodrilo, socorra blando el racional impulso! Que en hombros del muro creseo la iedra, con lazos rudos! Que al calor del Sol la nube tome forma, y se haga bulto! Y que el Cocodrilo, el Áspid, la hyedra, y la nube, al punto que logran su ser, se opongan al Sol, vida, pecho, y muro! La culpa tiene el piadoso, no el ingrato, que en cada uno es delito la piedad, cuando el error no es descuido. Perdido, pues, el trabajo del primer cerco, propuso sitiarla segunda vez; y aunque logró en este asunto sangrientas inundaciones, ni es tirano; ni fue injusto, porque honesto en el primero los rigores del segundo. De Babiera, de Sajonía, de Austria, y de Boemia tuvo, socorro el César; y yo con seis mil soldados tuyos, que a Marte heredaron cuantos militares atributos. o le granjeó el ejemplo, o le concedió el abuso. Llegué a servirle, y fue a tiempo que en los Marciales anuncios, y en los sangrientos combates de los nuestros, y los suyos obraba mucho el valor, y el estruendo obraba mucho: mas con una diferencia, que entre la muerte y el susto, entre el amago y el golpe, plomo y bronce, fuego y humo, llenaban de polvo y sangre, sin estorbarse ninguno, todo lo ruidoso el aire, y el valor todo lo mudo. Ya para dar el asalto su campo el César compuso, cuando Milan; que velaba nuestros secretos, lo supo, y fiando a su valor lo que pudiera a sus muros, de poder a poder quiso merecerle al riesgo el triunfo. Abrió las puertas, y apenas más libres, o más seguros salieron a la campaña los soldados, que reclusos por no alcanzar con el brazo lidiaban con el discurso; que es la ira del acero colérico sostituro: cuando en cada ardiente brazo un rayo con alma juzgo: o cuanto con lo bizarro lo alevoso les disculpo! No de otra suerte se arroja de Europa el lunado bruto a esgrimir fiero en el coso dos medios orbes agudos; ni a la voluntad de Eolo sus calabezos oscuros deja el Abrigo alterado el imperio de Neptuno; ni aborrado de las nubes su densidad rompe adusto el rayo, que en sus entrañas trabajosamente cupo; como el Milanes denuedo repetido en cada uno, apestaba indignaciones al viento, al rayo, y al bruto, Queriendo pues presentarles la batalla luego al punto, antes, que en la dilación se mejorasen, no tuvo para esta acción de su parte el César voto ninguno: presagios sí, que turbaron los ánimos más robustos, Pasmaron los elementos, al grave, al forzoso, al duro aparato, en que sobraban al temor los infortunios, Ecos de fúnebres aves mancharon el aire puro, y aún de las aves felices era el presagio nocturno. Porque como estaba entonces la aprensión hecha a sustos, el eco de sus amores mal distinto, y bien confuso, llegaba tan diferente al examen del discurso; que acababan en lamentos los que empezaban arrullos, No eran ficciones, señales claras sí, y avisos mudos del cielo, que nos hablaba por interpretes ocultos. Creerlos es peligroso, no temerlos no es seguro; que peca de muy osado quien muere de poco astuto. Ya de parte de la muerte para el estrago futuro Belona blandió el acero; y Marte embrazó el escudo, Presentamos la batalla, y obedientes al impulso de las trompas y las cajas (que fueron fiscales mudos de la muerte, siendo luego la cólera su verdugo) buscándose los dos campos hiriendo el enojo a bulto, nadando en sangre las tierras, volviéndose el aire turbio: armados los corazones, y los aceros desnudos, lleno de quejas el viento; cubierto de horrores el mundo, ardiendo en llamas el cielo. y ciego el aire del humo; de manera un campo, y otro se mezcló con el concurso, que hicimos en el encuentro de dos ejércitos uno. Por gran rato en la victoria Marte indiferente estuvo, hasta que contra nosotros por instantes, por minutos; de la fortuna, y el tiempo, ayudaban rueda, y curso. Declarose contra el César la suerte, y nos descompuso el presagio, que empezaba a obrar; ya mejoe es mucho que le huya el recelo, antes que le averigue el disgusto, Ya sin filos los aceros, sin resistencia el escudo, siendo estorbo la defensa; peleábamos sin fruto. Y tropezando en su muerte: los vivos con los difuntos, los hizo la suerte iguales, vertiendo sangre los unos, en que los otros se aueguen, porque no se salve alguno, Ni el buir ni el esperar era remedio seguro, que como iba de vencida: todo el ejército junto, solo para embarazarnos pudimos parecer muchos, Aclamar quiso victoria ciego el Milanés orgullo, cuando repentinamente se cubrío el cielo de luto, y rotas las cataratas del cielo abortó un diluvio de relámpagos, y truenos; temió el Orbe fin segundo, Parece que se quejaban los elementos del duro peso que cargó la tierra, y lastimados, de suyo bajaba a aliviarla el fuego, agua, y aire todo junto. Oh cuanto se vio ignorada la luz del Planeta rubio! nada menor que sus rayos hallaba naufragio el mundo, Cisne fue la tempestad, de estrellas, y de coluros, a cuya sombra la noche sediciosamente impuso tempranas sombras al aire, y al día negro tributo. Puele fuerza al enemigo retirarse, a pesar suyo, sin proseguir la victoria: y aunque murieron algunos: de los nuestros, fue su estrago diligencia del indulto, que si el riesgo le hace honesto, el mérito le hace justo, Reparámonos del daño, y estando apenas enjuros nuestros soldados, el César con noticia de que hubo entre los más principales de Milan cierto disgusto sobre partir los despejos, dio nuevo aliento a los suyos, y tocó otra vez al arma: nuestro daño fue presudio de su ruina; fue entonces. el ardid tan oportuno, que logró nuestra venganza lo que empezaron sus hurtos, pues ambiciosos perdieron lo que ganaron robustos. O no sepa ser traidor el que ser valiente supol Prosiguimos el alcance, y sin perdonar ninguro; el que nos llevó soldados, nos necesitó verdugos, que el castigo, y la vengarza andaban entonces juntos. Entramos en la ciudad; cuyas torres, cuyos muros, adorno siendo de Italia, anvidia fueron del mundo, Quién sabe airado cas tales, ayores, El mármol, que le apostaba siglos al tiempo, el dibujo, que en piedra, o metal informes, pantó relieves menudos; los edificios, los Templos, que el interes, o el estudio, o el adorno fabricaron por vanidad, o por gusto, ruina común se vieron, siendo su forma en un punto, en fuerza de nuestro estrago, ya despecho de su asunto, por la mañana lisonja, y por la tarde sepulcro. Al fin se asoló en un día la ciudad, que tantos lustros la absolvio el tiempo, y hoy queda resuelta en polvo caduco; sus ciudadanos vencidos, su antiguo resplendor difunto, su deslealtad castigada, nuestro derecho seguro; conocida tu amistad, agradecido tu gusto, lograda mi diligencia; y yo a tus pies, donde busco dichosa vida a mi nom bre, y fama inmortal al tuyo, aidores tigar ti que el valor hace iguales hoy, que obligados, César, considero mi quietud a tu voz, Parma a tu acero. Justamente fiado, estás de mi obediencia, y mi cuidado. Más claran ente ahora trasaré con el César (quien lo ignora) las bodas de Marilde, y su sobrino. De lo mismo su Elteza me previno, al despedirmes. Decla irmes. ose? Escucha. Prolijas horas de una larga ausencia, con quien mi amor eternamente lucha, llevadme a la presencia del dulce dueño mío; haga su ardor lo que hace mi albedrío. Nada hay en mí que no le sea despojos dulcemente en sus aras repetidos; y pues sirven al alma los sentidos, parta el alma sus dichas con mis ojos. Que, como todos, fuese yo a la guerra, que haya un año que falto de mi tierra, y volviendo en figura de soldado habla don guedejudo acuchillado, con sombrero de falda gabiona, con dos pares de naguas por valona, y mi media caida, no halle yo quien me dé la bienvenida? Sin duda que de malos, y de buenos, son pocos los que me han echado menos; y así no ha reparado ninguno en si he venido, o si he faltado. pero el Duque está allí. Repulgo viene; y pues tanto don César se detiene, adelantarme quiero, y ver al Sol, a cuyos rayos muero. Repulgo, si don César preguntare: Ya entiendo, Margárita lo declare; ve a verla pues, porque quedaba ahora tan bella: No la pintes. Ve en buen hora, y agradece que tomo tu consejo, y de pintar tal Margárita dejo; aunque dijeron, viendo encarecerla, que me vuelvo a mi concha, y a mi perla. Bien dices, de eso modo se dispone mejor, haré de todo dueño al César. Así quedó dispuesto, y su sobrino llegará muy presto cerca de Parma, que por fama adora la beldad de Matilde mi señora. Haced que Federico se prevenga, para irle a recibir, porque le tenga a Rodulfo hospedaje prevenido en Villaflo: Cotaldo; no ha venido el Príncipe? No señor. Muy poco vale la blandura con él. Al campo sale algunas veces. Bien está; primero que don César, no en vano, le sospeche tirano, me alabarán a mí de justiciero. Don César, descansad. Quiero a su Alteza besar la mano. Mal con su nobleza cumple Alejandro, Qué decís? Que ahora colguéis las armas, y asistáis a Auros, que pongáis en estado a Margarita, y excuséis de Alejandro la visita, y os verá Parma ejemplo esclarecido, de vasallo, de hermano, y de marido. Pudo tener misterio esta advertencia del Duque? No es error, es imprudencia, facilidad será y principio ha sido, haber dudado, para haber temido: que quien tan ciego en los principios piensa, busca, no la verdad, si no la ofensa. Dígalo yo, sin causa receloso, no sin causa ofendido, pues pecó mi temor de anticipado, y cuando asegurado, no sé por donde viene a estar dudoso con la misna quietud de arrepentido. Ein el rostro, en ell geeno, y en el labio, me huyó la duda, y me quedó el agravio. Decir que asista a Aurora, cuando llego de Milan, es librarme en el sosiego de sus brazos mi alivio. Disponerme que case a Margárita, es ofrecerme favores. Excusarme que visite a Alejandro, es abreviarme las dichas, quien lo ignora? Vamos Repulgo, que me espera Aurora. Y en sus ojos te espera una al ma; ha quien pintársela supiera! Estaba (a ver si acierto (oh Musa) al laberinto descubierto donde del Mayo admiran los pinceles, confusión de la paz, mina, y claveles. Déjámela pintar en un Soneto: se sale parecida te prometo una docena lleva de versos, y aún catorce por docena. Muda la voz entre un honesto agrado, vivo el color entre un incendio frío, pendiente de tu ausencia el albedrío, aún de su misma acción desayudado, Estaba Aurora como en verde prado blanca azucena, a quien nevó el rocío, que ni la tez la deja ser desvío. Elávase en el pecho unas pasiones, que de la voz, y el llanto detenidas, ni bien eran palabras, ni razones. Quejas si de dos almas dividas, que como junta amor dos corazones, también una alma ha menester dos vidas. La lisonja, Repulgo, te agradezco, Y no más, señor? Sí, toma, y te ofrezco mejor paga. s Esta es buena: y en efecto, qué vale esta cadena? Anda necio. Perdona. Aurora mía, sal a mis ojos, porque alumbre el día, De verás te ha agradado el soneto, señor? Es extremado. A lo menos escrito en prosa Castellana, sin delito; sin sariras, sin pullas, sin apodos, sino clárito que lo coman todos. Ya tarda el Príncipe, y fuera igual disgusto que ahora te echase menos Aurora, o que don César viniera. A Aurora la dejo yo disponiendo de su mano mil festejos a mi hermano, y Alejandro me avisó que con su padre quedaba don César. Un hombre viene. Vuele amor; pues alas tiene; y a ser dichoso volaba. Ay bellísimo desdén, dulce ardor de mis enojos: pues tu luz sale a mis ojas, salga tu piedad también; porque es violencia y no suerte, que en la gloria de adorarte valga una vida el mirarte, y cueste una alma el quererteo. Mira bien Julia si es él. En esta reja han hablado, yo llego. Ce- Me han llamado; quién es? no habláis? cuando fiel al eco que el aire oyó os obedezco, calláir? no me conocéis? no habláis? Hasle conocido? I No. Con una luz pasa Ines a esorro cuarto, señora. Luz hay allá dentro, ahora tengo de saber quién es. De la ventana te quita. No nos ha visto a las dos. Margárita es vive Dios: a mi bien, a Margarita. Cómo es esto? Allí está un hombre. Gracias al cielo que llego, donde en amable sosiego Aurora: mas no la nombre mi voz, ni la escuche en mí el eco, y si me aconseja: mi amor; in hombre a mi rejas y vino yo que lo vi. Gente es sin duda que pasa, voyme pues, porque mejor averigue mi temor sin ofensa de mi casa. Sin duda me han conocido, y por esto le han echado: pues sabré quién es; que airado, no es amante el que es sufrido, No os valdrá la prevención, que yo conoceré (oh cielos!) al hombre que huyó otros celos. Es el Príncipe? Estas son las finezas? Qué decís, Príncipe, señor? No puedo oír lo que hablan. Yo quedo sin vos. ̱. Esperad. Fingís. inútilmente favores. Si no os esperaba, ahora, si supe quien es: Aurora viene. Quietad los temores, y vedme después. Espera. Esto es ya mucho sufrir, yo llego. Quiero seguir aquel hombre, y ver quien era. Aún niegas? Aurora está hablando. No os retiréis, ya os conozco; y pues sabéis que César en Parma está, baste lo que hoy ha pasado entre los dos. Ay de mí! Sin dar que decir aquí proceded más recatado; no os ciegue tanto el amor, siquiera por los que os ven, porque eso no es querer bien, ni mirar por el honor de la casa donde amáis. Cierra Julia esa ventana, Espeña, escucha, tirana. Qué delitos castigáis tanto en mi paciencia, cielos? Morir no fuera mejor, que no guardarle a mi honor guerra de agravios, y celos? Un hombre a mi reja, y luego otro a quejarse, y a todo presente Aurora, y de modo ciega entre el alma; y el ruego se despide, y le detiene, que aún es fineza lo airado? Entre los dos que ha pasado, que a darle disculpas viene? Pero ahora no aprovecha el discurrir; quiero ver si puedo reconocer al que en sola una sospecha tantos daños me dejó. Valga el diablo su manera de reconocer; pudiera hablar, y dejar que yo le respondiera también. y no llegar con estruendo, preguntando, y sacudiendo. Repulgo. Espera, detén por Dios la espada, y no sea, señor, como la de un hombre que llegó a saber mi nombre tan sin dejarme tarea de responder con sazón, tan por mayor, tan de prisa, tan de una vez, tan precisa la furia del antubión, y al fin con tanta violencia, que abreviándome los plazos entre un quien va, y dos porrazos no uno un hay de diferencia. Este era el hombre que hablaba . a la reja. Sígueme Repulgo; yo vengae mi agravio. De espacio estabas. Al punto me descubrí, y la prisa que él se dio a conocerme, trocó luego a encubrirse de mí: vete a recoger, señor, Muriendo hasta ver quien era; pero no quiero que infiera Repulgo mi deshonor, de mi celoso cuidado. Morid callando conmigo celos, que para testigo de un agravio imaginado basta un marido advertido. de un silencio cuidadoso, que disculpas de celoso no están bien en un marido. Callemos, pues, esta vez, que después sabrá mi honor en mi ser reo, y actor, testigo, verdugo, y juez. . Niega ahora, Margarita, lo que he visto, finge, niega, lo que en mi honor fue recato, y en tu honor es violencia. Válgame Dios, como están tan solas aquestas piezas, cuando está avisada Aurora de qué ha venido don César? Pero aquí están Margarita, y Aurora. La vez primera que te hallé con Alejaudro: Ay de mis que escucho! Y ciega me achacaste a mí el delito por disculpar tu flaqueza, como contra ti no tuve indicios que convencieran tu malicia, y declaráran en sus dudas mi inocencia: callé hasta seguir tus pasos, sufrí hasta apurar las señas de tu amor en tu inquietud, y hallarte donde no puedas. huir, o negar que quieres. al Príncipe, y que tus rejas son testigos, que te callan lo que tus ojos confiesan. Que en los empeñus del gusto, en los siglos de una pena, en los miedos de un recato, y finalmente en la ausencia del corazón, porque anima con actividad secreta, no donde piensa que vive, sino donde vive, y piensa: como para el desahogo del alma, para las señas del daño, y para los medios del gusto, se hallan más cerca de todos, sirven los ojos el oficio de la lengua. Ya lo he visto, y pues no hay modo, que baste a encubrirlo, y quedas, convencida, y soy tu hermana, y Federico te espera por mujer: Antes mi vida en manos de mi honer muera. Remédiese el mayor daño, acudan os a la pena mayor, al mayor peligro, ninguno hay, no; que lo sea como el honor: Alejandro, salga del almas desecha. ese idolo aparente que tu adoración respota. Honor tienes, no te faltes tú a ti mismos no te vengas más del miedo, que del daño, débate una atención misma el peligro, que el remedio, el daño, que la cautela; el consentir el agravio, que el prevenir la defensa. Porque es flojedad culpable, y es obstinación resuelta, que sobres para el delito, y faltes para la enmienda. Y así, hermana: Basten, basten políticas advertencias; que hallas en ti que te abone; o que en mí que me convenza? Puesto que se adelantó Federico, ser pudiera uno de los dos, que estaban cuando yo llegué, a la reja. Procuraré con recato, pero Margarita: Piensas, que para conmigo valen hipócritas apariencias? Yo, Aurora, yo no me meto en si llegas, o no llegas a la reja con cuidado. Casadaeres, y don César sabrá mirar por su honor. Que sé yo si es diligencia tuya el rondar la ventana? Lo que yo sé, y lo que fuera mejor, es, que pues aguardas a mi hermano, previnieras para su gusto tu casa, y el alma para su ausencia, pero esto a mí no me importa. Estas ya no son sospechas, verdades sí. Muda estoy; que a desmentirme se atreva! Bien pudiera responderte más airada, y bien pudiera valerme de mi razón contra ti, si no tuviera yo más mudos los agravios, y las venganzas más cuerdas. Pero llévate sabido que aunque lo trate don César, aunque lo concierte el Duque, él lo firme, y tú lo quieras, no has de ser de Federico; porque el siempre está más cerca de mi estimación que tú, y primero que consienta yo que triunfen tus locuras de mi silenció y sus quejas, para agravios sin recato hay castigos con modestia; para ofensas sin aviso, hay avisos con ofensas; y para culpas de fuego hay escarmientos de cera, que antes que el fuego los logre, el aire los desvanezca. No temo tus amenazas. Tiempo vendrá en que las temas; y tú sabes: No sé nada; solo sé, que no pasea el Príncipe por mi causa tu calle, ni habla a tus rejas. Pues cuando venga mi primo: Pues cuado mi hermano venga: Diré: Qué quiér es que diga? Sabrá: Qué quieres que sepa? Mi bien. Señor. Margarita, Aurora. on Mis brazos sean quien lleve primero al alma de tanta dicha las nuevas, Si las oyó Federico? Si las escucho don César? Mas callaré, a pesar mío, porque mis celos no entienda. Pero ocultaró en mi mueste, sino el agravió, las quejas. Muerta soy si nos ha oído. Si nos ha oído soy muesta. Pero a quien ama constadte ningún temor la amedrenta. Pero avísela el peligro, porque se reduzga, y tema. No me abrazas Margarita? Vengáis; señor, norabuana a vuestra casa, a suplir la falta que hacéis en ella. Nadie como Margarita lo sabe mejor, porque era sola quien necesitaba, mas de vos en esta ausencia. Pero ahora, siendo vos quien la asista, quien la vea, quien su recato acompaña, y su soledad divierta, hermano amante, y marido, tendrán en vos sus tristezas, hermano que la regale, amante que la entretenga, y marido que la guarde de si misma a su belleza; que la flor, y la hermosura, una libre, y otra presa, o ajena mano la aceche, o propia ambición la crea, para que su candidez. o se márchite, o se pierda, no ha menester al peligro, que es su peligro ella misma, Ven hermada a brestenirle donde descanse don César a. Corrida voy? Dios vendado, si triunfos te lisonjean, zoba Go o te lleva los remores, o la libertad me deja. . Dichosa fuera mi suerte si como ratas sospechas vuea me quisaron la esperabo me quitaran la firmeza. Dudas de honor, yo me rido, porque os halló sin defensa, por cualquiera parte muchas, por cualquiera parte ciertas, Dos cuidados, igualmente grandes, me afligen, y cercan; en mi esposa, y en mi hermana; y aunque en entrambos se esfuerza la duda como el agravio: n no verre, no se resuelva fallamente persuadida a upol del escrúpulo la idea; que ni han de cegarme indicios, ni he de perdonar faqueza
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SE Esto ha de ser; luago, Autora, he de casar a mi hermana Con fabta prisa? esa diligencia, porque ahora ella, y Federico están mudos; obligue quien ama; rebuse ella como dama, porfíe el como galán; déjáselo merecer, solicitar, y pedir, que las ansias de adquirir hacen dulce el padecer, conos os se hacen retonocidos, también de los persuadidos guad se hazen os escrupilosos. De dos plantas, de dos flores mi intento, erdad arguyo, que al Sold amante suyo, ruegos, yn otra rigores, Huye der os él baurel, y sigue al Laur Sol ronda amante giralos los rayos que e uida él Donde acren amor mejor su naturaleza rehusando una fineza, oh granjeando un favor? Pues si logra el albedrío menos generoso el fuego en la templanza del ruego que en las anhas del desío, Y ha de ser dicha en su empleo lo que es duda en su esperanza, haga la desconfianza tup lo que ha de hacer el deseo. Porque si no puede amar quien no sabe padecer, menos podrá merecer quien no pudo desear. Bien discurres, mas mi intento es casarlos, tal abedosa No repl lco; abad mas sabes, pederico casamiento? hará luego el ili Él es que más lo desea, all Y Magarira? Mi hermana hará mi gusto. Está llana. nos aol en casarse? Jeribllo Cuando vea que es forzoso, lo estará, Y ha de ser muy presto? IRIM Sí. Que arriesgue su honor así Federico! samirqona! Ciega está Posible es que muda escucho su agravio, y no le revoco? Vete Aurora poco a poco, porque te decraras pineño, Mas sin que yo se lo diga sabrá Federico, el daño, Pues no ha de poder mi engaño mas que mi honor: que te obliga (. a estorbar su casamiento? El parecerme que ahora no conviene. Pues Aurora, si tu gustas, yo consiento M el dilatarlo también: pero por que se ha tratado, y estando ya en este estado, no puede parecer bien que en casa tu primo esté, el jardín podrá habitar, que para que pueda estar, un cuarto le prevendré, hasta que este inconveniente en que reparas se pase, y Fenderico se case. ulv Procedamos cuerdamente en esto, pues puede ser, que alguien lo murmure, Deja miedos; que quien se aconseja con ellos, se va a perder. Qué importa que viva, o no mi primo dentro de casa, si saben ya que se casa. con Margarita? ma anquiqo Antes yo digo que quería ocurrir a esta malicia vulgar; mas sabré en todo mirar, ver, recelar, y asistir. A qué aguardan mis recelos? . mas yo a mi primo pondré para que mejor esté, donde averigue sus celos. Antes que logre en mi honor . seguridades la ofensa: Válgame el cielo, que piensa don César? señor, señor Y que Parma me ha de ver rayo que abrasando está, no el vapor, que es nube ya, sino el que lo puede ser, No es descuido, que es ya agravio fino el que ser sombra quiere, ela y desvanecido muere entre el deseo, y el labio. Yo mismo, yo, que asistido de una, y otra sangre honrada a la nobleza beredada junté el valor adquirido. Primero que a ser despojos de la menos viva llama vanon lleguen mi vida, o mi fama en tus ojos, si en tus ojos, vive Dios, si los temiera posibles al Sol, y hallara que en ellos? Mi bien, repara. Era vanidad Espera, na tns os ie habla claro dabone nicione y Sin morir, mal podré, Qué ardor le incital . díceslo por Margarita? Pues por quién lo he de decir? Y qué dices? Tarde animo . a su crueldad libiana. Que no se case mi hermana, que viva en casa tu primo, que anime un alma en los dos; y qué amor tan singular solo le puedan borrar mi muerte; y tu elvido, a Diós César, mi bien, a señor, oíd, no os vais: cómo? ahora dudas, y celos? Señorad aso zobeol na anp llamabas? bnaus mlangi Mal de mi honor piensa don César; pues hable de hoy más mi silencio, y diga que es su hermana su enemiga, porque es fineza culpable, cuando se muestra ofendido, y le busco asegurado, el tenerle ocasionado, y esperarle comedido. . Aurora carí mujer? Don César causa matido? muy del Príncipe asistido? Julia medrada de ayer? Sombras siempre en el zaguán, y sombras en el jardín? siendo alcáguete el jazmín que era otro tiempo el galán? O miente la apicnensión de indicios tan eficaces, o son guerras; o son paces, o paces, y guerras son, Pues callo como una piedra; y si me dan el partido, horro voy, y me convido; que el que no sirve, no medra. Fuese ya mi hermano? Sí. Y Aurora? Al jardín bajó, y el Príncipe se escondió en tu cuarto, y desde allí le vio a Federico entrar Qué hubn de venir ahoral No te embaraces señora, sino procura efcusar en Federico el cuidado, y en Alejandro el rigor, que en los dos está tu honor igualmente aventurado, Pues entra tú a divertir al Príncipe; y yo hablaré a Federico, y veré si le puedo despedir . Esto se ha de hacer así, va de inviención, Julia, espera, Si quisiera bien pudiera. Pues quiere esta vez por mí, y escucha el riesgo en que estás. Quién? umna siona. Tu Julia; y yo lo se; señor ha sabido: Qué? Por lo menos no dirás que yo tengo parte en nada, Hablime con claridad que tú sabrás la verdad, y yo quedaré obligada, Por miedo la he de engañar . y ella me lo ha de decir, y conmigo ha de partir, y me he de hacer de rogar. De César te anda, siguiendo los pasos, A mí, porque? Aunque para él no lo sé, para entre los dos lo entiendo todo. Yo se lo que pasa, Julia, y se lo que te vale, i y se quien entra, y quién sale a todas horas en casa. Pues desde que el embozado me llegó a reconocer, y el rostro le pude ver: dida Hartas veces le ha pesado al Príncipe, quomiiqos hogatio Declarose. . Mas ciego, y ámanle abí te tuvo por otro a ti, Yo no le culpos cegose con sus celos, y conmigo, y así no me espanto de él, ni de ti, porque eres fiel, y el servir se trae consigo esas cosas, Claro está; qnil porque ofende con disculpa. Achaque pone a la culpa; declarose, bueno va. Lo que más pena merece es quien la ocasión no quita. Pues, que ha de hacer Margarita si a Federico aborrece? Y yo que he de hacer, estando. empeñada mi señora mí con un Príncipe que adora asistiendo, y regalando? Qué fuerzas resistirán. auno al dar, que ablanda las peñas? dádivas quebrantan dueñas, y Julias quebrantarán, a Abrió al secreto un portillo, . saldrase cuanto hay en él. Si en una mano un papel, y en otra mano un bolsillo, le vieras, cual yo le vi, entre si llora, o no llora, este para tu señora, y este, Julia, para ti, que hicieras? Cómo qué hiciera? A proponto era yo para envites; eso no. Si en tal peligro me viera; solo porque ho buscara otro criado menguado, que sin saber ser criado a César se lo contara; tomara entonces allí de buena, o de mala gana, el papel para su hermana, el bolsillo para mí. Pues esto mismo hice yo. Pues vamos horros de hoy más, y por tuyo me tendrás. No Repulgo. Por qué no? Porque en esta profesión quien no sabe su ejercicio se perderá, que es oficio de mucha cuenta, y razón. Hay más que saber fingir, encarecer, y engañar, decir lo que han de callar, callar lo que han de decir? Saber cual es el querido, y dar a dos un recado; vender un favor hurtado, y hurtar un favor vendido? Sustentar conversación, y arrimar con zainería a un mucho de picardía un algo de devoción? Estudiar contra el tropel de indicios, y de evidenejas seis, o siete diferencias de escabullir un papel? Y por si se aprieta el paso de amenaza, o fin violento, saber proseguir un cuento desde la mitad del caso? Con estas abilidades, mira si he dado en el chiste. Dónde diablos aprendiste tan extrañas novedades? Eso se viene estudiado, que lo que es malo sabido para ser presto aprendido tiene la mitad andado. Pues Repulgo, alto a medrar. Horros vamos, y a partir, Alcáguete? Hasta morir, pero no me has de llamar con nombre tan indecente. Pues qué nombre has de tener? De estos podrás escoger; En Palacio, confidente, en la villa, entremetido; los rufos, concertador; los críticos, corredor de cambios del díos Cupido. Los valientes, camarada; los antiguos, mandadero; niñas, y pajes, tercero; cultos, y Monjas, lazada; correvedile, en falsete; en Germano galopin; conciliador en latín. Y en buen Romance alcaguete. Sirva, y medre el que es honrado, y salga yo de pobrete, porque meterme a alcaguete. no es salirme de criado. Si a enojarme habéis venido no más, ya os podéis volver, Despreciado hauré de ser, pues que vine aborrecido, A don César habrá sido la visita, que no a vos, pues su Alteza: Vive Dios, si atrevido os declaráis: Ofendéis, y amenazáis, uno basta de los dos. Si vos, grosero en mi agravio, le creéis, y le decís. cuantes en mi abono oís son iras solo del labio. Temed pues que el desagravio no eche menos los despojos, porque usando los enojos en la sangre, y no en la ira, haré verdad la mentira de los rayos de los ojos. Si buscan vuestros desvíos ojos en matar más diestros, no habéis menester los vuestros, basta lo que ven los míos. Qué veis? De dos albedríos dueño un alma. No os entiendo. Yo si a vos, pues confiriendo la turbación en que os hallo, obligo como vasallo; a quien como amante ofendo. Ya lo dije. Hiciestes bien; que con eso vuestro amor hizo imposible el favor, y necesario el desdén. Culpa que os está tan bien menos se ha de castigar. Esperad. Que he de esperar, Julia, cuando estoy muriendo? El Príncipe me está oyendo, . su amor quiero asegurar. Federico, desde aquí es prevención lo que ha sido contingencia, y este olvido. culpable en vos, y no en mí. Mi honor volverá por sí, y ofendido os sabrá dar que sentir, no que dudar, porque no hemos de tener, ni vos en mí que creer, ni yo en vos que asegurar. El desengaño os admito, y en daño tan sin defensa, sabré que acetáis la ofensa porqué os importó el delito. Bien sé que al alma le quito mucho en vos, y que en mi fe no podré, mas si podré, que eligiendo el menor daño; pues vivo de vuestro engaño, de mí mismo moriré. Aún licencia de quejaros no habéis de tener. Quién muere con disculpa, solo quiere conoceros, no inclinaros. Harto os digo con dejaros. Luego el hombre que salió de aquí, cuando entraba yo, es del Príncipe criado, y os vino a ver, y os ha hablado, y al verme os turbasteis? No; y agradeced que esa afrenta vengo con esta templanza. Ociosa está la venganza, cuando la culpa atormenta. Príncipe, tu amor me alienta. . Celos, volvamos atrás. Celos tiene: quien jamás tí sufrio agravio tan costoso? Cuando fueras tú el celoso. no pudieras decir más. Margarita, mi cuidado, ya no es amor, ni es olvido, pues méritos de sufrido o me enseñan ha desdichado. Muera yo, pero abonado deje en mi muerte mi honor, que si hay Planeta mayor que hurte la luz a mi mano, quien supiere que es tirano me disculpará traidor. Ya no hay paciencia que baste. Mirad, y advertid. Aparta; disimule el que más quiere, por no enojar a su dama, la queja del que le envidia, no el brío del que le agravia, Señor, tan poco merecen mi honor, mi vida, mi casa, que porque os adoro: Deja obligaciones borradas, sino en tu fe; en tu silencio, quí sino en mi amor, en mi lama. Eso es quejarse, oh reñirme? son ternuras, o amenazas? son quejas, o culpas son? celos, o desconfianzas? Quién escucha a quien la ruega, y quien sufre a quien me amaga, o se dispone a traidora, o se arrepiente de ingrata. Si fuere en mi honor posible (salte Julia a esotra cuadra) allos y débame su decoro modestia tan reportada, como responderle a solas, cuando mis verdades hablan; por si se deja llevar de si mi razón, y pasan pa i los enojos a desprecios: que entre quien oye, y quien ama, aunque duelan como injurias, se olvidan como palabras. Dobo tula Ya estamos solos; ahora prosiga en los cargos, haga ostentación de la ofensa. riño Qué ingratitud, que mudanza, que falsedad, que tibieza temida, o amenazada halla en mis ojos, que sea Oy a su estimación contraria? sola Porque son las asperezas, y la los despegos, las venganzas? porque se adoro rendida? uoa porque le obedezco blanda? no, porque me conservo firme, cuando me arriesgo bizarra? Porque huyo el casamiento que César mi hermano trata? porque vivo en el peligro, sino más libre, más vana? y animosa en las cenizas lob del fuego, que el pecho calla, no lloro, porque el incendio no se temple con el agua: se ni suspiro, porque el aire no manifieste la llama? Cuando yo por su respeto, ásperamente indignada, aventuro en Federico vida, y honor, y aguardaba que saliese agradecido, y con sujeción hidalga, entre afligido, y gustoso, me rindiese disfrazadas Dibaal las quejas, como ternuras, los miedos, cómo esperanzas? Cuando presumí (a desdicha de la verdad! a inconstancia de los hombres!) que con una, pagando finezas tantas, descompuesto con disculpa, o generoso con causa, ciego, y loco; que también las personas soberanas, en llegando a querer, tienen donde los demás el alma, su honor, su vida, y su gusto (que lo de menos no es palma) rindiese reconocido, no a mis ojos, a mis plantas, Y yo entonces. (esta vez el estar sola me valga al error de ser creída) menos tibia, y más humana, confirmase empeños míos, con promesas voluntarias; pagando también las vuestras. con una mano forzada, que pareciendo descuido, fuera prisión de dos almas. Vais negando obligaciones tan justas? queréis que salgan desdichadas por ser mías, mis verdades desdichadas? Así verdades se premian? así peligros se pagan? No hay más culpas que mis verás, ni más razón que negarlas? Méritos han de perderme? de todo ha de ser tiraba la fortuna en los amores? no se libran, no se escapan; ni de una sombra que miente. ni de un arbitrio que engaña? Mas que mucho, que me huyan las dichas por deseadas, cuando para que las pierda el merecerlas me basta? Pues prosiga indignaciones mi desdicha, y su mudanza, que escollo firme a las olas metal luciente a las brasas, mármol porfiado al tiempo, bajel mañoso a las aguas seré, y diamante al cincel, cuyo examen le trabaja pareciendo que le oprime, y no ea si no que le labra, Oye mi bien. Pues te ofendo. no me ruegues. No te vayas, que contra lágrimas tuyas no hay resistencia que valga, que puede mucho en un pecho quien lleva ruegos por armas. No se crea vuestra Alteza, que son hielos mis palabras. Es verdad, pero deshecho el hielo en dos fuentes claras, son espejos, donde amor se ve, se templa, y se baña. No has visto escollo de nieves que sobre la sierra exhala vapores fríos, que al Sol. sino le eclipsan, le empañan. Y apenas sus rayos siente, cuando con violencia blauda deshecha la nieve en oudas, y resuelto el hielo en plata, el Sol, que airado primero pareció que le abrasaba, si cuando escollo le enoja, cuando fuente le agasaja, Sl y en sus cristales consulia más alivios que venganzas? Pues, Margárita, el ejemplo te avisa, o te desengaña. Sol fue amor, rayos mis celos, y tus lágrimas el agua, al omos donde templa amor suspires, y bebe alivios el alma. Yerros que tienen disculpa, y a ser fineza se pasan, en el modo con que ofenden la satisfacción se hallan. Idos, antes que mi hermano vuelva, que ha mucho que falta. Oh quién siempre en vuestros ojos Fénix mejor le abrasara, sin que hiciera de sus luces breve ausencia, y muerte larga? Si deseáis verme siempre, eso en vuestra mano estaba, pero no quiero venderos esta fineza tan cara, Qué decís? Ya me entendéis. Enigmas son que no alcanza mi amor. Pues no importa, queden ahora mal explicadas. Cómo queda vuestro enojo? Cómo, siendo amor la causa, pues aunque oigo a quien me ruega, y sufro a quien nos amaga, ni me dispongo a piadosa, ni me arrepiento de ingrata. No me acordéis hierros míos, que aún su memoria me mata, Si mis verdades padecen en vuestra desconfianza, antes que el temor las crea tengo yo con que abonarlas. Para tibiezas temidas haurá remedios que valgan? Sí señor. Decidme alguno. Co nvertir el hielo en agua. . Tan presto os pensáis volver? Luego que me dé su Alteza unas cartas. Con tristeza venís. Debelo de hacer la ausencia de Parma. Cuando. estáis de una posesión tan cerca, es mala ocasión, pero id, que en despachando con las cartas que aguardáis, hermano, amigos y tercero hallaréis en mí, que quiero que ese alivio me debáis; porque si ha de ser mi hermano vuestra, yo también lo soy, no es mucho mostraros hoy lo que os he de dar mañana, Y qué galas disponéis. para esta entrada? No es eso lo que os digo, Pierdo el seso: buenos cadallos tendréis, La plática me mudáis otra vez? En fin su Alteza corre con vos, gran fineza; muy favorecido estáis. Por costumbre favorece siempre Alejandro. Es verdad, pero en el vuestra amistad na que ninguno merece; porque haberos visitado solo a vos: Su Aleza a mí? no puede ser, D Será así. Penas, muera un desdichado. . Dígolo, por si es llaneza afectada este favor. la Declarose mi temor; . pero: Prosigue. obe Su Alteza. Federico, en Parma vos, y sin verme? Hay más recelos? todo es agravios, y celos. Habla César por los dos, pues por él me honráis a mí, Que muera, y casle; ah traidor! . pero débame mi amor esto que me venzo aquí. Vedme siempre que vengáis A saber que os obligaba, mal dije, que no os cansaba el verme: Pues dónde vais? Si somos César, y yo solamente en casa a quien vos podéis buscar, muy bien mi recelo se fundó. p Cielos, qué escucha mi honor! . A mucho se atrevió el labio, . mas sepa César su agravio, y discúlpeme el amor. Cuando pudo ser en vos culpa el veros yo, no os vi, porque piadoso de mí me valí contra los dos. Y sean, o no las porfías del que es mayor, vanidad, o recato, aún la igualdad p1 lleva mal las vizarrías. n h . Avé Por si callasteis lo digo; mas de lo que yo os oí; porque habléis siempre de mí lo que hablaredes conmigo. Y vive Dios, si atrevido usáis mal de mi piedad segunda vez Esperad; porque airado, y ofendido? Que deshaciendo en os vientos vuestras libres confianzas, halléis en mi más venganzas que hay en vos atrevimientos: y no hay tan alta cabeza, e a quien yo, si el brazo aplico: Alejandro, Federico, César, qué es esto, Su Altez: Qué mi enojo malograra! . Qué por volver por mi honor? Federico. Yo, señor: f Alejandro. Si pensara: Bueno está yo atajaré . del Príncipe los desuelos, Vengadme, piadoso cielos. . Apor volved por mi fe. . Federico partios luego, a su Alteza recibid, que llega ya; y advertid que deis al punto ese pliegó. . De nuevo mi mal empieza, . Ya se io pide mi rigor. . Señor, por tan gran favor deme los pies viestra Alteza? . Id Celar a acompañar risauioa a Federico. Ay de mí! si cierto mi agravio vi, a que aguarda mi pesa? . En vano ocultar codicia vuestro enojo su pasión, que sueños de una afición despiertan una malicia. o Vuestra inquietud ya se sabe, pero no es dificultoso, que el vicio de un poderoso nunca en el secreto cabe. Y hasta un placer, si al respeto atino se ha negado escaudaloso, en publico se hace odioso, con ser amable en secreto. Vos seguís a Margarita, a Federico injuriáis, y abalarla vos a César agraviáis, a mí su ofensa me irrita; y con razón; porque hallo en más ajustada ley que es la estimación de un Rey el crédito del vasallo. Dejad, dejad vuestro error, no os mostréis tan inhumano, del honor no sea tirano quien es guarda del honor. Mayor culpa en mi contemplo, si vuestra maldad no evito, porque halla cualquier delito disculpa con el ejemplo. Salid luego a recibir vuestro hermano, que ha llegado, no os deba solo un cuidado la fineza de un morir. Y pues de límite sale vuestro amor, vuestra impaciencia, valga con vos una ausencia lo que la razón no vale. Mirad mejor la opinión de César, y su lealtad; que ya dé tanta piedad se efende mi indignación. . Qué es muy costosa disculpa el dilatar un rigor, pues quien perdona un error alienta para otra culpa. Ea, cese vuestro intento. sin que el castigo os ofenda, porque es muy bárbara enmienda la que aguarda el escarmiento. . Mi padre obra como viejo, no me mueve su rigor, porque un hombre con amor es incapaz de coniejo. Si amor es ciega pasión, quien repara en sus venenos. tanto de amor tiene menos. cuanto más ve la razón. No llega mucho a querer quien la persuasión escucha; que no as la oistancia mucha desde el oír al creer. Y amor es áspid dormido, por dar a entender su fuego, que solo se ciega al ruego el que se niega al oído. De Parma me he de ausentar, y así mi iamor acrisolo, y para volverme, solo a César he de llevar. Discúlpame amor, si pierdo el sentido en su rigor, porque con celos, y amor fuera locura ser cuerdo. Siguiendo otra vez me viene Federico, hay tal rigor! pero desprecié su amor, que me acobarda,o detiene? apartarme aquí conviene; (en ira el alma se abrasa) mientras de mi cuarto pasa; y mientras que Julia viene de hablar al Príncipe; deja desdicha tanto tormento, o dame amor sufrimiento, aú o quítame amor la queja, Señora, ̱. Julia, qué quieres? Albricias. D0 De qué? Si aquí un papel: Si es para mí, porque el placer me difieres? Tu cólera se reporte, que porte da tu afición? Qué port? mi corazón. Para un alcón es buen porte. Deja locas siurazones. Desde aquí advertida queda que un corazón es moneda que pasa siempre entre alcones: del Príncipe es el papel, . ahora Otabió me le Margárita ahora abrio un papel, que dirá en él? Lee finezas bien logradas, porque terciar en amor es siempre el rato mejor que tenemos las criadas. Yo me llevo conmigo a don César, y mañana buscaré ocasión: Cielos, qué es esto que escucho! Para veros más seguro por la noche, dejando a César allá, Mi valor lo impedirá. Mucho es su amor, Julia. Muevo. Deba yo a vuestra: Resuelta lpapel le he de quitar. Aurora. Hay mayor pesar! Saelta, Margárita, suelta. No te canses, que primero que sepas este secreto: Yo me veo en gran aprieto, irme temerosa quiero. Hay venturas malogradas! hay secretos poco fieles! hay criadas que en papeles siem prefuisteis desdichadas! . Yo he de apurar la verdad. Yo resistir tu osadía. Yo oponerme a tú porfía. Yo vencer tu necedad. Ahora verás, ahora: Pues mi afrenta no se evita: mas qué es esto Margarita? deja dejas suelta Aurora. h , Más pesares. Mas rigor. Cielos, ay disgusto igual? Desdichas, yo estoy mortal; muerto estal, perdido honor. Airada atrevida, loca, huye este rigor cruel: César, aquesle papel satisfaga quien le toca. Cómo, aguárdate, tirana: Célar, mi señor, mi esposo, merézcate riguroso la liviandad de uea hermana. . Aurora, deterte, aguarda, o pierda luego mi vida, que una muerte aperecida, aún cuando llega se tada. En mi agravio en mi opinión una, y ofrase disculpa: pero averigue la culpa, salga de esta confusión. Yo me llevo conn igo a don César n añana, y buscaré casión para ve- ros más seguro, dejándole en el al- de; deba yo a vuestra fineza el des- mentir la prolija asistencia de vue- stra hermana. Dios os guarde. Aún es la duda mayor, mas no es dudosa la afrenta. Que un Rey agraviarme intenta, qué habemos de hacer, honor? vengarnos no es ser traidor? no, que la razón lo aclama, y a un Príncipe cuando infama no es la obediencia denida, porque no hay como en la vida, jarisdición en la fama. Diréis, honor, que una afrenta en un Príncipe no cabe, pero de mi agravio sabe que el escándalo la aumenta; mi enojo venganza intenta, no me acobarde rendido, minno no tema, no, enfurecido, porque luego el vulgo piensa que le es de interes la ofensa cuando calla el ofendido. Pues disimular prudente, mientras de vengarle trata, ab no, que mientras se dilita o el agravio, se consiente; demás que si yo imprudente disimulo, y no lo cuito, la amenaza solicito, y aquel que la da a entender mas quiere darse a temer que vengarse del delito. Busque algún consejo sabio, o que es riguroso examen, pues nunca falta un dictamen para borrar un agravio: cierre mi silencio el labio, que el aviso llega tarde a quien en vengarzas arde; porque aquel que se aconseja, sino malogra la queja, ul in está a pique de cobarde. o Del caso que ha sucedido; a darle cuenta a Alejandro, Margarita ahora me envía. Desdichas, alto a vengaros. César es este, ay de mí, apenas, apenas hallo A en el aliento la voz, por mí el temor da los pasos. Venid acá, dónde vais? No voy, señor, a Palacio, turbene, Mi misa oscusa por su su bación me ha hablado, condición es del delito, o que propio es del pecado por retraerse al silencio salirse luego a los labios? Quién os dio aquese papel? A mí? A vos, oslono a la oíbosia nugo Si no me engaño, a César oigo dar voces. Aurora me lo ha contado, ya sé que con Margarita Aurora se ha disgustado, aq Todo lo sabe. Pregunto. Qué es lo que oigo, cielos santo. aquesto mi honor consiente? Aquesto, señor, es falso. Vive Dios, infame: Espera: vete Julia. Voy temblando. . Vuelva por mi honor. Qué espero? l Acrediteme. micolegrzna Qué hago? Valga mi razón. Qué dudo? Venza mi opinión. Qué aguardo? César, esposo qué es esto? el limpio acero en la mato? Con desmayos el color, y el enojo sin desmayos? Come? porqué? No mi bien, yerra el escrúpulo airado, pues para saber la ofensa. ocioso vive el amago. Basta el honor cuidadoso, y aún hay delitos tan raros, que para saberse luego no ha menester al cuidado, Oh cuantas veces la ofensa para asegurar un daño se supo, sin que le cueste ningún estudio el trabajo! Pensar que hierros de amor no se sabrán, es engaño, que o se arriesga la fineza, o se aventura el recato. Si es esto así, César mío, demás está lo indignado, el golpe sobra al enojo, sobra al recelo el estrago, No se examine la culpa con descrédito del cargo, porque siempre una criada va a la parte del agravio. Mal confesará a la vista de un peligro amenazado la que por logro, o por ruego hace de la ofensa trato. Solo para ti averigua, que no anda mi honor tan bajo que le tropiece un desprecio, o le arrastre un desacato. A Julia, a Julia, examinan tus recelos mal fundados? mas quien se juzga ofendido, oh cuanto se ciega! oh cuánto yerra aquel que le da cuenta del deshonor a un criado, pues para saberlo escucha, perono para callarlo. Si te ofendí (que es locura) páleme el pecho tu brazo, mezclando costosamente el coral, y el alabastro. Mal confuso lo sangriento, o mal distinto lo blanco, bañada en clavel la nieve, en nieve el clavel banado. Eso sí, que será seña, aupión de tus abonos hidalgos; eso sí, que será bazana obozup de tu espíritu gallardo. Eso sí, que es pundonor de tus alientos bizarros, porque a precio de una vida se compra un honor barato. ab Pero repara, señor, antes del enojo airado, que no se atreve lo aleve Ep11 a mi pensamiento casto. Porque no es más puro que el el cristal, que es en el prado presa azucena en Enero, y plata deshecha en Mayo. No es más limpio que mi honor aquese elemento vago, cuando diáfanó recibe impresión de luz su espacio. Acrisolada no es más la luz del Planeta cuarto, ni sus átomos más puros, o más lustrosos sus rayos, que lo es mi honor, no mi bien, que el cristal líquido, y manso, o le turbia el terremoto, o le violenta el villano. Del aire, también el golfo admite su injuria; cuando o está en polvo ofendido, o de las sombras manchado. Al primer ceño del tiempo padece el Sol menoscabos, la tiniebla se le atreve, o embarga el vapor sus rayos, Pero a mi honor, ni violencias de un deseo soberano, ni de la amenaz infame, ni la sombra de un agravio. Ni de un suspiro el vapor, ni de un desdén lo villano, ni del tiempo la porfía, ni los ceños de un cansancio. Ni de un ruego lo ligero, ni la niebla de un aplauso se me han atrevido, no, que para tantos contrarios, aún sin tu brioso esfuerzo, mi amor, y tu honor bastamos. A ellos remite tus dudas, a ellos les reserva el daño. Reprime ahora el enojo, suspende ahora el amago, que yo apuraré la ofensa, que yo desharé el engaño. Que yo quitaré sospechas, que yo acusaré a un tirano, y a una ingrata. Pero si no bastar en ruegos tantos, sola yo te he de vengar vive el cielo soberano. Es ilusión del sentido? hielo con alma he quedado, peñasco inmóbil con vida, y con voz helada, mármol. Si es Aurora aleve? no, pues con brío, y sin reparo, por en medio del peligro, y por el riesgo se ha entrado: y aquella que ofende, nunca se libró de sobresalto, porque trae consigo el miedo, y en la sombra es embarazo. Pero no; que la malicia 11A4 a tal extremo ha lligado, que ya se vale el delito para engañar, del halago. Que launocencia haya abierto a tantos males el paso? oh infamia de las costumbres? o paciencia de los hados! Aurora, si Aurora a mí con lo mismo me ha engañado, que al Basilisco en las ondas, que al Áspidien el encanto. No crea, no sus ternezas, no escuche, no, sus regalos, porque tiene la apariencia en lo escondido su daño. Bien así como acontece, que en lo florido del campo sobre espadañas se oculta. de las aguas el revalso. Lo tojo así de Pomona debajo oculta lo amargo. Así el Gigante robusto, así el monte Siciliano, escala de las Esferas, y atalaya de los Astros, cándidos copos condensa, y entre la nieve, y lo cano airado bomita fuego, furioso despide rayos. De Aurora, pues, ni lo aleve, ni el verdor de sus hálagos, ni el color de sus traiciones, ni el oro de sus engaños, ni la florido del ruego, ni de su honor lo encumbrado, ni el cielo de sus razones, ni de su amor lo profano, a lo enfermo de mi honor, al piélago de mi agravio, a lo oculto del secreto, del desengaño a lo amargo, a lo forzoso del golpe, a lo airado del estrago, al fuego de mi coreje, y de mie nojo a los rayos, se les oponga, y oculten, o les niegue el indignado. Pero que iporta la queja, si el honer no tiene manos?
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA El anillo me has de dar, porque el que sabe tu oficio no diga que en tu ejercicio estás cerca de obispar. Y puede muy bien decillo, que si así a terciar te va, es estar electa ya para alcagüeta de anillo, No uses tal descortesía conmigo. No hay que dudar, porque si la he de estáfar ha de ser por cortesía. Por aquesa razón solo no la has de ver. Pues así le soltarás. Ay de mil Señora Julia, mámola. . Partamos. Ya no conviene. Pues sabré vengarme yo. Ipalia, quien te me enojó, que con lágrimas lo pene? Ay tal desdichal cruel, cóo mi anllo no viene? Hágote voto solene, que pueden doblar por el; y con esto a Dios, que es hora de partir. En mis deseos te seguiré. Deteneos. Ay triste de mí! Señora. Qué es esto? Era una prolija AU SDIM porfía con Julia equí. más vencí, gabér consa, y lléveme la sortija. @ Solan Calla. bí Pues que me darás, y callaré? al Ay tal desdén! q callo, pues lo pago bien, De costa me tieno más. Era? . Ay de mi! Qué rigor, es ese, que en tus enojos hace que borren los ojos lo que ha formado el dolor? El uspiro, y el acento, ni se exhala, ni se mueve de tu garganta en la nieve el gemido, y el aliento de tu pena en el retiro, y así en tu tormento atroz la quera embarga la voz, la nieve hiela al suspiro. Deja prodiga el verierlas aquestas lágrimas fieles, y en búcaros de claveles no hagas puchero de perlas, Pero en que tú llores más para que me meto yo? que si llorares, o no, a Dios la cuenta darás. Penas vivid de manera que tan juntas no os reciba, para que viviendo muera. Mirad que erráis el tormento, si juntas habéis venido, que adormecéis el sentido, y os negáis al sentimiento. Algún peligro recelo del dolor con que ahora lucha; voyme pues. Detente, escucha. Señora. Un mal imagino. Cómo? Esta noche recelo que el Príncipe se vendrá, dejando a Célar allá; temo, convertida en hielo, No temas lo indiguado de un riesgo que no ha venido, que desde que fue temido, desde entonces fue doblado; fía de mí. No es Aurora aquella? qué me acobarda? voime. Margarita aguarda. Ah ingrata, ha cruel traidora, . que en tu daño está mi muerte. Por que a Repulgo le aparta? A César lleva esta carta, y que ahora importa advierte con el silencio la prisa. Te hollando las arenas en un caballo, que apenas la carne se le divisa, y aunque no es de fuego, o nieve, otro a las ancas subido, de cuatro espuelas herido parece que no se mueve. Dame el anillo, y verás lo que te doy sin decirlo, No me engañarás anillo, aunque me prometas más. . Ánimo, que me recelo? Honor, qué dudo ofendida? . Vete Julia. . Voy, tu vida próspete feliz el cielo. Rompa el silencio el dolor. qué quieres? . Aguarda, espera, Ay de mí! . Solas estamos; pues escucha un rato atenta. Mi fama (no acierto a hablar, y el llanto otra vez me anega; o si lo hablaran los ojos, ya que lo calla la lengua,) Lloras? Sí, llora un pesar, como a explicarse no acierta, porque es el llanto el mejor intérprete de una pena, El llorar, si no es estudio, o ademan para que mueva, es adorno, que también tienen su aliño las quejas. Mi fama en fin, Margarita, imputándome tu ofensa, sino se ignora, se duda, si no se pierde, se arriesga, Murmúrame el vulgo, y como del daño ajeno se huelga, para creer que soy mala no es menester que lo sea. Mi esposo se venga solo de mi delito a las señas, porque el que pasa la duda consentirá la evidencia. Oh como se infiere, ho como; que es el enojo de veras; pues da el aviso al agravio, sin dar al estruendo cuenta. Porque hacer con la amenaza ruido aquel que se venga, más que castigar, ha sido aviso para la enmienda. Y alerrar del golpe, rara es la mujer que escarmienta, que si el temor se le pasa, la inclinación se le queda. Al fin César se apercibe, yo temerosa le huyera (porque obra apriesa el coraje, y de espacio la inocencia) sino entendiera que ahora has de deshacer resuelta a la luz de las verdades de tus mentiras las nieblas. Hazlo agradecida, o noble, o temerosa, o discreta, o si no de piadosa compadecida siquiera. Porque aunque tu crueldad porfíe con tu dureza, la lástima de los males hace que extraños se sientan. Qué monstruo, que Tigre Hircano, o de la Livia que fiera, que al rugido en la cerviz la greña rizada ondea, tal rigor ejecutara? ninguna, que en su fiereza se le concede al instinto lo que a la impiedad se niega, Si es fineza el reparar que ninguno tu amor sepa, hierras, porque nunca son tan miradas las finezas. Si es disgusto, que te he hecho? si es cortedad, que modestia duró en la venganza más que hasta que el delito empieza? Si es temor, no es necedad que tu maldad te detenga cobarde para decirla, y no para cometerla? Si es odio dime porque? pero de unodio no hay cuenta, porque muchas se aborrecen sin más causas que ellas mismas, Pero en las desdichas, cuando se ha buscado razón de ellas, pues para ser desgraciados no es menester diligencia? Si no quieres desdecirte, de obstinada, o de proterba, no en el mal; solo en el bien es loable la entereza. Si a los rayos de mi honor, como rebelde te ciegas; aún lo insensible a la luz tal vez lo obstinado deja. Mira un yerto monte, cuando. menudos copos le niegan, que al rayo solar vecino, le turba, si no le hiela. La nieve tan sosiegada se va deslizando queda, que ni el moverse a bajar distingue el sentido apenas, El que era flojo pedazo antes, o plata desbecha, después márfil se comprime, oh alabastro se empereza, tanto que derrite el Sol, y ignora en igual dureza o si el cristal se derriba, o si el monte se descuelga. A esta obstinación de plata, de mármol a aquesta apuesta; a aquese tesón de hielo, y de cristala esa tema, no bien saluda, y fulmina el Sol (que aquella soberbia por lo hermoso, y lo rebelde le importuna, y lisonjea.) Cuando a la voz que introducen lentamente sus centellas, o lo macizo se abolla, o do solido se quiebra. Líquida al fin se desata la nieve, que hizo en las venas del monte aquel hospedaje segunda naturaleza; y por eso baja en agua cuando del monte se ausenta, que como siente, y se parte, se va despidiendo en perlas, Ves aquí que no hay porfía rebelde que no se tuerza, y a la Jul, al Sol, al rayo lo más obstinado cesa. Solo tu bárbara, solo porfiada, sin que te muevas, resuelta, sin que te rindas, pertinaz, sin que te venzas, en tu obllinación prosigues; ha de valer más violenta la ceguedad que te engaña, que el aviso que te enseña? No, que obrar contra el ejemplo, cuando la razón despierta, o es desprivar los castigos, o confirmarse en la ofensa, Di, pues que amas a Alejandro, que está engañado don César, que el Príncipe te visita, que te escribe, que le esperas. Que vive mi honor seguro de la malicia grosera; que es tu porfía cuidado, tu obstinación conveniencia. Porque sino, de mi esposo, antes que el amago sienta, y a su golpe de mi pecho el coral caliente vierta; como la nieve ofendida de la exhalación que encierra, que al romper su densidad en ronco estruendo se queja. Como el rayo, que indignado del vapor, en corta esfera, discurriendo la salida, por los cóncabos revienta. Como el lunado animal, que acosado en su fiereza en fuego converte el aire, baña en espuma la arena, Y como el manchado bruto, cuando sus hijos le llevan, que a sus gemidos el monte se extrémete otitubea: te seguirá mi coraje, te abrasará mi violencia, te deshará mi furor, te acosará mi fiereza. Y en mi ahogo, en mi desdicha, en mi cólera, en mi pena, en mi confusión, mi daño, en mi confusión mis quejas, Vapor, rayo, nube, tigre, haré que airada me temas, y aún es poco, porque el Sol, el fuego, el aire, la tierra, y el mundo puede temblar cuando el decoro se queja de una opinión ofendida, y de una mujer resuelta. Mortal estoy que he de hacer? . pero sigan mis cautelas su intento, escúseme el daño porque mi henor no se pierda; que si me declaro, Aurora habla a su hermano indiscreta; el Duque luego lo sabe, impedir mi amor intenta; el Príncipe se acobarda, irritado queda César, yo culpada; pues acabe, y a negarlo me resuelva, que no está cierto su daño, y mi desdicha está cierta. Sin duda que se ha movido . a volver por mi inocencia. Qué dices? . Que no sé nada, que injustamente condenas mis acciones. ha de durar mi paciencia? Cielos, para cuando se hizo un rayo de ellas esferas? Mas no se pierde el castigo, porque el tiempo se difiera. Dime, tirana, no quieres al Príncipe? Yo? es quimera. No te envió un papel? Es falso. Yo no le vi? No te acuerdas. César le leyó. Es verdad. Tuyo no era? Mío no era, Pues dis de quién? Que sé yo? No te valdrán tus cautelas, infame, y viven los cielos (la cólera no me deja) que te he de hacer más pedazos, que delitos te condenan; yo venceré tus desinios, Yo postraré tu soberbia. Ah tirana! ah cautelosa! bárbara, atrevida, necia, no podrás. Piedad desdichas. Paciencia, cielos, paciencia. Contigo me has de llevar. César, no conviene ahora. A ingrata, hah tirana Aurora. . César tute has de quedar; si Rodulfo a preguntar llega por mí? . Qué diré? Qué indispuesto me acosté. Y dónde vas? a tiranal ya ver una Ser Yo Y estorbo yo? . Sí. Por qué? Porque voy a ser dichoso, y si te ven a mi lado, lo que cuerdo he granjeado lo perderé escandaloso. Público un vicio es odioso, tanto, que la más amiga del deleite que la obliga, repara en su liviandad no en que se haga la maldad, si no solo en que se diga. Y si no, dime, una rosa. niégase a la luz divina del Sol? no; mas de la espina. se vale allí vergonzosa. Dime, niégase la hermosa Luna en dar su resplandor? no, más fiale al horror de oscura noche que asombra, que juntar la luz con sombra es la modestia mayor. Cual de los dos asegura el riesgo de su pureza, al Sol aquella belleza, o estotra a la noche oscura? De las dos, cual hermosura. más acreditada fía su retrato, o lozanía? La Luna de la medrosa noche al silencio, o la rosa a la voz común del día? La Luna; pues, cuando nace la rosa, el. Sol luego empiera a publicar su belleza, y al gusto vulgar la hace. Mas la Luna que recace de las luces que recibe. del silencio se apercibe: y así en nota escandalosa públicamente la rosa, severa la uua vve. Luego el temer el engaño en que una mujer tropieza, no es excusar su belleza, sino recelar su daño. Por secreto sea extraño mi amor, solo en el callar, que un poderoso en amar es como el Sol, que al lucir sale para descubrir, y arde para publicar. Así le engaño. . Señor, no puede estar prevenido algún celoso ofendido, que quieta vengar su honor? Si es honrado, mi valor basta; y si no, en recompensa llevo el oro: si se piensa, que de un Rey el señorio al noble le tenpla el brío, y al vil le acalla la ofensa. Estás, señor, engañado, que un hombre honrado ofendido más es para ser temido que para ser despreciado. Nunca ocasione al honrado, que si le desacredito su indignación solicito; y es propio en la indignación arrojarse la razón, y embarazarse el delito. En la noche advierte fría que al Sol roba el resplandor lo encogido del horror, y el desahogo del día. Luego si a la fama mía robases la luz en que arde, medroso llegara, o tarde tu brío al riesgo evidente, porque no hay ladrón valiente, ni hay ofendido cobarde. Ya estás necio, bueno está. Esto es, señor, darte aviso, El irme ahora es preciso, Para que es mi vida ya? abua! ( A Rodulfo asistirá tu cuidado; y lo advertido puedes poner en olvido, pues desgustado lo escucho, que cuesta un consejo mucho para ser obedecido. Honor perdido, esperanza vana, los discursos deja, que lo que se da a la queja se le quita a la venganza, Juútil, loco deseo, suple el adorno al rigor, que es sospechoso el dolor que ha menester el aseo. Pues si la pena es testigo de la voz de mi tormento, como creerá que lo siento, oyendo cómo lo digo? Será verdad lo que advierto? si, que no hay en lo penoso, ni temido mal dudoso, ni bien esperado cierto. Pues es fuerza que tropiece Aurora en su liviandad? si, porque una Majestad, sino rinde, desuanece: Y aunque resistan quien son principales sus flaqueza, lo que impide su nobleza ayuda su inclinación, A que mi paciencia espera? a qué aguarda mi fatiga? siga a un alevoso, siga, muera una traídota, muera. Que a una mujer es engaño, si está la fama ofendida, el perdonarla la herida, o ao agarla con el daño; porque es aleve enemigo, y si el mal está temiendo, vuelve a la ofensa, en sabiendo. adonde llega el castigo. Ofenda, pues, mi denuedo, que al que amaga con la furia. no se le evita la injuria, que antes se le pierde el miedo, Ofenda: Detente, espera. ono Parece que escucho ruido. Quién es? Yo soy, que he venido, y que venir no, quisiera, porque vengo destemplado de un trotón descomedido, de un rucinante buido, de un esqueleto ensillado, tan delgado, tan fiel co en las flaquezas, que exceden, que a falta de aguja, pueden hacer valvillas con él. Vengo. . Calla. Callaré, después que te diga ahora cómo me dio mi señora esa carta, como hallé a Federico en tu casa, que vine ansioso por verte por la posta en una muerte. En ira el alma se abrasa. Como hacia Parma partía Alejandro tan veloz, que aunque quise con la voz. no le alcanzó mi porfía. Y al fin; como mi cuidado, mi puntualidad asiste, como queda Aurora triste, y como estoy derrengado. Absorto el leer le deja, señales son evidentes de pesar, cuando entre dientes se está rumiando la queja. Ay honor, esto! conviene; Repulgo. . Señor. Preven para que vaya también yo a Parma; que te detienes que dudas? Dudo en mis daños, pues de aquestas aventuras es fuerza que mataduras encierre para mil años. En breve espacio advertí una duda, una traición, un mal, una confusión, y una enigroa; dice así: Mi bien, a los dos ahora importa que no dejéis. al Príncipe, que abreviéis, que evitéis un riesgo. Aurora, Mis dudas en esto ven en una acción desigual, el aviso allí del mal, la caricia aquí del bien. Pues no creer la terneza ahora, es consejo sabio, porque muchas un agravio le han pasado por fineza. Demás, que cuando el estrago teme la mujer por cierto, ci es maña del desacierto deslumbrar con el halago. Ni el aviso de su culpa le crea, no, porque son l ogana ardides de la traición, por prevenir la disculpa. Que ya es antigua dolencia piadna de la que llega a pecar, opión querer mañosa sacar yn del delito la inocencia. Escarmienten pues ahora, pues el daño no se custa, el Príncipe, y Margarita, muriendo la aleve Aurora. Será del rayo violento mi herir ahora oportuno, pues si doy castigo a uno; doy a muchos escarmiento. Y el Príncipe en mi razón muera; mas no, que es engaño, porque si me evito un daño, no me excuso una traición, ma Solo Aurora fementida en púrpura desatada l lave mi opinión manchada en roja sangre teñida. Pues la venganza lo emprende, no lo dude la razón, que está cerca del perdón el que a la lástima atiende. Y si a caso en mi venganza (esta noche) en mi dolor, en mi fuerza; en mi rigor se frustrare la esperanza, saliéndome vano el medio después de tantas porfías, máteme en las ansias mías lo imposible del remedio; porque igual esfuerzo siento, valor en el ultraje, como matar, del coraje, morirse del sentimiento, A la vuelta me espera de esa esquina. Obedecerte es fuerza; que imagina el Duque cuidadoso, y advertido, labo que al riesgo atento, al daño prevenido. busca, recela, escucha, y se prevoca? pero no averiguar, servir me toca. Pasaba al cuarto de Alejandro, adonde advierto que un papel mañosa esconde Julia, aunque en vano, pues como ofendía, la acción que lo callada lo decía. Porque al que ofende, y la traición rehusa, si le excusa su ardid, su mal le acusa. Leo el papel que Margarita enviaba, y noto que a Alejandro le exhortaba con su riesgo, su honor, y con su daño (extraño atrevimiento! caso extraño!) a que a Parma esta noche no volviera, y que allá en Villaflor no detuviera a César, porque todo lo sabia, y a su ofensa su enojo respondía. Es ya (ignorando el Príncipe este aviso) dejar a César, y venir preciso a ejecutar aleve su apetito. faltando a la amistad por su delito. Porque en mucho es ya cosa segura que no hay lealtad si el gusto se aventura, Pues opóngase ahora mi nobleza a tal ingratitud a tal bajeza, impidiéndole, a costa de su enojo, su ciego error, y su arrojado autojo. Pues dede un Rey, por Rey, cuando se infama un vasallo, que estriva en él su fama, vivo el cuidado, y la razón atenta, volver por el honor del que le aumenta. Porque es bárbaridad, si se permite que al que me da opinión yo se la quite, Pero si no me engaño, de la casa de César sale un hombre, mientras pasa aquí me escondo; o si es mi enemigo, hallará en sus traiciones su castigo. A que espera mi bárbara porfía, cuando pasa un rigor a grosería? Que adore a Margárita, y que tiraba me desprecie cruel, desdeñe vana? Mas qué me espanto? si el amor ha sido achaque para ser aborrecido. Qué pierda, por ser mío, mi cuidado? valta Que sea afán mi fe, mi amor ensado; la pena horrible, odioso el rendimiento? Mas hay que en vano mi desdicha siento, inione que en el que a ser aborrecido empieza ampro parece agravio lo que fue fineza. Pues no he de verla más, viven los cielos, Inon o porque no, sean mérito mis celos, @oión o porque desdeñado no sea necio; ul no o por quitarla el gusto del desprecio; porque en la que desprecia cuando mata es el rato mejor juzgarse ingrata. Si a un poseído amor no se enajena, por el contento vayase laspena, y reprima la voz de mi tormento, sin que escuche el dolor del sentimiento. No me oiga, no, quejar, cuando me deja, que hará venganza, o vanidad mi queja, Mas o se engaña, loco mi deseo, o es un hombre el que allí parado veo, si es, vive Dios; la causa de mi pena, ya mi despecho la venganza ordena; sea la acción de infiel, o de alevoso, que todo lo arropella estar celoso. Sin duda es Alejandro, santos cielos, muera a mis manos, como yo a sus celos, y cesará con esto mi porfía; de las sombras se valga mi osadía, que en mi ausencia, y en ellas escondido imposible será ser conocido. Si a mi traición mi muerte se apercibe, sobra el vivir a quien odioso vive, o muera yos o quien me inquieta muera. Quién va? diga quién es? . De esta manera defenderme es forzoso: di quién eres? Advierte pues, que soy? . No sé quién eres, no huyas cobarde el golpe de mi mano, que te retiras? qué huyes? . Ah tirano, ya es mi coraje, y mi paciencia mucha, con mi valor mi sufrimiento lucha. Obre el rigor, en quien mi enojo se arde, que no hay disculpa para ser cobarde, yo te haré mil pedazos. A Floro, a Orabio, llegad presto. Mis celos, y mi agravio aquesta furia vengará irritada. a Acaba de morir: Ay! . Por mi espada se ha metido furioso; D 91 hay lance más extraño; y lastimoso! Irme, y volver comviene, por si es cierto aqueste daño. . En mi soberbia he muerto, Oh caso peregrino! quien se ha librado, quién, de su destino? ons Hola, Feliberto, Enrique. enio Si he tardado: El cielo mi traición ha castigado, Llego; ay de mí! quién es? no me responde? Dónde me llevan mis desdichas, dónde? Ya tardáis. cíbelo Ya se fue, ya me provoco; qué es esto? Muerta estoy. Y yo estoy loco. olo Señor, vos sangriento ahora? Tu acogiendo a un hombre? Cuándo? Tu ofendiendo? Vos matando? a in Yo homicida? Yo traidora? Ea señor, que es error, o costosa necedad, ríis lograr una crueldad por adquirir un favor. bulso Pues los que quieren valerse del matar, por adorarse, ados el medio de asegurarse es la ocasión de perderse. Para matar, si os cansaba Federico en su porfía, sobraba una tiranía donde un desprecio sobraba, Si fue querer evitar lo que pudiera adquerir, dejárásele el vivir por tener de que triunfar. Porque en las glorias de amor, y en su engañoso veneno; lo malo del daño ajeno es lo bueno del favor. Y no es acción desigual, pues tal vez se estima el bien, no porque a mí me está bien, como porque a otro esté mal. Si estabais asegurado de mi amor, esa fiereza no ha de pasar por fineza, ni admitirlo mi cuidado. Porque no es mi vanidad como de otras, que en su amor, pagándose del rigor, agradecen la maldad. Qué es propio de las más bellas, al riesgo poco advertidas, no creer que son queridas sino se matan por ellas. Si vuestra Alteza entendió que con su golpe también ayudaba a mi desdén, o a mi enojo, le engañó, Pues lo que es indignación para el que vive en su mal, cuando muere en lo fatal, merece una compasión. Y no es mucha novedad, porque en siendo el mal extraño, por la lástima del deño se introduce la piedad, De Federico ofendida, si le llegué a aborrecer, mi enojo no ha de exceder los términos de la vida. Que aborrecer de esa suerte, no es querer dorar la culpa, porque es odio sin disculpa el que pasa de la muerte. Ya está la ofensa sabida, ya mi honor aventurado, ya perdido mi cuidado, vos sin verme, yo sin vida. Dese pues al riesgo un medio, que siempre fueron iguales, como en los daños los males, las dudas en el remedio. Eso si ingrata, eso sí, finge, miente, encubre, llora, échame la culpa ahora de lo que ha sido por ti. Acredita mis recelos, niégame lo que pasó, cuando el que salió mató a Federico de celos. Pues ingrata, vive Dios: Ay de mí, que viene Aurora; vete. . No es posible ahora, ya nos ha visto a los dos. Cielos santos! Qué alboroto es aqueste? di, qué enojos? Pero qué miran mis ojos? como el pecho en quejas roto, como en mi dolor mi agravio, como el llanto con pasivo, muerto el miedo, el honor vivo, la acción torpe, mudo el labio, se niegan al sentimiento? Mas ay, que en males crecidos. se embarazan los sentidos, si los excede el tormento. Cruel vos en la osadia? o Tu ingrata en la sinrazón? Vos resuelto en la traicion? Tú infame en la altunsia? Vos matando? Tu asistiendo? Vos creyendo? Tu exhortando? Vos hiriende? Tu ayudando? Ves gozando? Tu ofendiendo? Ah cruel siempre, ah tiranol! ha vil infame, alevoso, ano bárbara, injusto, engañoso diese d castigue: . Escucha, repara. Si ofendiera: Si matara: Llega. . Y ha de ser a coces por fuerza? . Pero qué ruido es este? . Ay rigor severo! Vos desnudo el impío acero, en roja sangre teñido? Federico sin color? Margárita alborotada? Vos en mi casa? Ay honor! César, hay mayor azar! C. Hermano, hay mayor rigor! Esposo, hay mayor dolorl Señor, hay mayor pesar! Todo viviente se agacha. Lleva ese cuerpo de aquí. Pues que ves, señor, en mí de hermano de la Capacha? Acaba. . Ya voy turbado de temor. . Has de enojarme? Como pesa; por derrengarme M adrede se hace pesado. Ahora Príncipe, ahora: Primero advierte que yo he dado la muerte a Federico, que Aurora es más que el Sol en su honor; que por ella no he venido; SIM y que Margarita ha sido abin el incendio de mi amor. Esta es, vide Dios, verdad, y no sea en tu aprensión Dé aquesto satisfacción, lo que en mí por mi es piedad. Yo he de creer este engaño? yo admirir esa disculpa, cuando se apropia una culpa. por huir el imayor daño? Excusas so cuando vienes a ofender? Pues consulta que has de hacer, que no he de decirte más. Escúchame pues, atiende, antes, señor, que me postre a lo fatal de mis penas, o de mis males al golpe. Lo prolijo del decirlo vuestra Alteza me perdone, que es consuelo en quien los cueta el afan de quien los oye. Lisonjeados los pesares suelen suspenderse entonces, que hasta en el rigor se pagan de agasajos los dolores. Mas niégueme esta piedad, para que mi mal se doble, que se deshacen las penas al paso que se socorren. Ya es tiempo, señor, ya es tiempo que en repetidos ardores, convenciéndote en tu culpa, vengue su injuria el estoque. Mas no, señor; de mi agravio no te arguya, ni me informes, que en dejando, o a palabras no hay enojo que se logre. Obre pues ciega la ofensa, y a bulto el coraje obre, porque es ya la cobardía del bando de las razones. Ni de atrevido me imputes, ni de desleal me notes, que está muy en si el enojo que al respeto reconoce. Demás, que un Príncipe debe el honrar sus inferiores, porque con ellos un cuerpo místicamente compone. De tal suerte, que se hagan tan unos con los favores, con honras, con beneficios, que el vasallo que se arrojó p a matar, tropiece luego omon en su beneficio, donde haber de matar muriendo en su ingratitud lo estorbe. Luego el honor es ofensa del que a ofender se dispone, porque es maña el beneficio para templar sinrazones. Pues si yo solo te devo por agasajos baldones, por beneficios agravios, y por piedades rigores; que mucho, señor, que mucho que sin atender al orden de mi superior, la ofensa a la venganza provoque? Y no te admires, porque no da el cielo superiores tanto para que nos manden como para que nos honren. No atienda, pues, al decoro, no dude en obligaciones, que no es enojo de verás el que mira en pundonores. Oténdase ya porque no es a la razón conforme el vasallo a que defienda. y el Príncipe a que desbonre, Acabe, pues, de vengarme, castigue tus sinrazones, no malogre mi osadía, ya que mi queja malogre. Vuelvo a saber que es aquesto. No pierdan, pues, mis razones de sí, que están las modestias a pique de ser tenores. Pero qué deidad, señer, ocultas, o reconoces? que virtud, señor, retira? qué nube, señor, escondes? que haces, in perioso, o grade, que mi intentes arroces, queriendo pasar a ofensas, no salgan de indigraciones? Por ser mi Príncipe (ah cielos!) se arrepienter mis tenores pues de su injuria el vasello se contenta con las voces. Privilegios tuyos son el que ahora no me arroje, porque un poderoso hace las iras veneraciones. Oh quién si no es tu decoro pudiera hacer que reporte mi agravio, medir mis quejas, y tasarme los furores? Si es el morir recompensa. de los agravios mayores, muera yo, pues doy así de leal demostraciones. Que contra un Príncipe enojos, aunque con razones obren, callan la parte de justos, y dicen la de traí lores. Qué importas, pues, mi razón, si es sospechosa en los hombres. la acción que para honestarse ha de dar satisfacciones? Que in porta que en todos pida. venganza un delito enorme, si más que lo grande te hacen superior las excepciones. Permite, pues, que al tormento mis quejas le desabogen. Tú te vas? tú no e escuchas? Advierte, repara, oye. Acaba . Pues vive Dios que aunque el decoro se enojé, si pensara: . Deteneos. Mi padre. . El Duque. Ah rigores. de mi fortuna! Ah pesares como crecel! No te asombres, si yo. Callad. Si tu Alreza tantos daños no socorre, si te jasticia, señor, no castiga, o se interpone tu antoridad: Deja, dejas que yo a su Alreza le informe. Llegao a Miraflor; para ofenderme, dejome el Príncipe alií; seguile, y veo en mi casa entonces, de Alejandro, a Federico muerto a sus manos atroces, y a Aurora, y Margarita. en mi de honor conformes. Llevose de si el enojo, mas mi venganza quedose, y en las quejas le negaron aún los alivios menores. Cuá mucho que me quejara, o que me vengara en voces, si contra un senor no tienen otras a más los dolores? Que mucho que las injurias. los sentimientos, provoquen, si por quejarse ofendido suele desgajarse un roble? Qué mucho, señor, si hacen las mismas demonstraciones, el metal cuando resuena, oh cuando revienta el bronce? Y que mucho, si del viento, a las injurias menores, o se desuela la tierra, o se desencaja el monte? Mas acuerdo es de mis males, (por ser entre ellos mayores) que un resquicio en el aliento para exhalarse no topen. Porque es del mal el menor quien por huir sus rigores, buscando salir del alma el que se halló por adonde. Así, señor, se me paga el tremolar tus pendones hasta lo que el Sol descubre, y hasta lo que el mar se sorbe? Así, señor, se me premia desnudando el limpio estoque, siguiendo al parche los ecos. y a las trompas los clamores? Haber tantas enemigas cabezas cortado entonces cuantas la segur espigas, y cuantas el viento flores? Y así, señor, se agradece verme del día, y la noche al rayo solar registro, a la escarcha fría inmóbil? Mas que mucho que miserias, ni trabajos galardones, sino me los ves pasar, cómo contármelos oyes? Pues acábeme el pesar, apriéteme el daño, ahogue el riego, rinda el peligro, amague ejecute, postre. Níégueme el centro la tierra, el agua el cristal que corre, el aliento que respire, el aire el calor que brote. El fuego, y el Sol sus luces, o las apague, o agote, arroje el volcán sus llamas, la esfera sus rayos forje. Desquicie sobre mí esa máquina conforme, caiga también ese globo trastornando esotros Orbes. Qué pesares, males, daños, furias, ira, indignaciones, agras tierra, fuego, viento, rayos, cielo, Sol, horrores, bastarán, y son de mmás en un ofendido noble, como la razón se queje, o como el honor se enoje. Bueno estás César, qué es esto? Señor. Ya es tiempo que logre el engaño la disculpa. y que el daño se mejore. César piensa mal de Aurora, ella a la muerte se expone por instantes; Alejandro ofende, y le corresponde Margarita, a quien sangriento (si bien a caso) esa noche le quité esposo: pues cesen las dudas, las confusiones, los engaños, los peligros; y pues no hay medio que importe como casar a Alexandro con Margarita, aunque estorbe la desigualdad, se casen: pues no cabe en corazones nobles hacer un gran mal, sin que un gran bien se ocasione. Y pues de un gran mal fui causa, gran resolución le abone; que a gran daño, gran remedio, en la piedad corresponde. Príncipe. . Señor. Pues eres la causa de los ardores que padece, a Margarita le da la mano. . Que oye mi dicha? Qué es esto cielos! Señor, tu Alteza perdone, que es imposible. . Ah tirano, Sin mí estoy, Por qué? . Ah traidores, cuando fáciles amantes. Porque advierto aquí que un hombre a Federico dio muerte, y no siendo yo, no ignora vuestra Alteza, que celoso otro amante estos rigores pudo ejecutar. Demás, que cuando con trato doble no ofendiera Margarita a mi fe, y por errores pasaran mis dudas, basta ser sospechas en los hombres de mi calidad; y así feliz otro esposo goce. que no admite honor sospechas, como dudas los amores. Pues no te hallé? Luego niegas lo que vi? Demonstraciones no son tu acero, y mi ofensa? Príncipe a su cargo tome esas sospechas mi honor, y aceta en satisfacciones tuyas, saber que yo fui (por impedir sus errores) quien dio muerte a Federico. Si así quietas mis temores, tuyo sey. . Y yo soy tuya. Oh cuanto, señor, de noble, de grande, de justiciero, y de piadoso deponen tus piedades! . Vuestra Alteza y Margarita se gacen eternos sigles. Aurora, a mis malicias perdoven tus verdades. . Dueño mío tu esclava soy. Qué conformes están! mas lo que estorbaba un Federico de nones! Y a gran daño gran remedio, con esto, Senado noble, da fin. Y yo solo pido de estos versos, o borrones, a los Poetas aplauso, porque sus mércedes topen, cuando de esta vida vayan, quien se los zurza mejores: pues de esta suerte tendrán eternas aclamaciones el más venturoso amigo, y el más desdichado joven,
