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Texto digital de A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos y asombro de Salamanca

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José de Cañizares Probable
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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos y asombro de Salamanca. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-falta-de-hechiceros-lo-quieren-ser-los-gallegos-y-asombro-de-salamanca.

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A FALTA DE HECHICEROS LO QUIEREN SER LOS GALLEGOS Y ASOMBRO DE SALAMANCA

JORNADA PRIMERA

A que en el cuarto señor, nos vemos, donde es constante, que siéndolo de estudiante, parece de esgrimidor; pues por los aparadores nos juzgarán infinitos, antes que jurisperitos, músicos y cazadores; pues para que el disparate se pueda poner en lista, tú solo lo canonista has mezclado con lo abate: Ya que sabes cuanto atento te amé, te asistí, y serví, merezca yo oír de ti algo de tu sentimiento; si es tan grave tu pesar poco pierdes en decirlo, pues te ayudaré a sentirlo sino le puedo aliviar, que aunque bellaco en mi estado sé, cuando un mal se avecina, que suele ser medicina un dolor comunicado. Polilla, es tanto el agravio del dolor, que te limito, que aún licencia no permito para que lo exprete el labio. Mas porque aleve e injusto no me acabe mi tormento, óveme esta vez atento, que quiero darte ese gusto. Ya sabes que desde Burgos, mi patria, vine a esta excelsa Universidad insigne, donde aspirando en las ciencias la vanidad de cursarlas, sin el afán de saberlas, probar pude que en aquel, que por gusto a las escuelas asiste, sin que las busque para vivir en fe de ellas, basta, sin parecer docto, que hombre discreto parezca. No te acuerdo que una tarde Saliendo de San Esteban, la hermosa Doña Mencia vi, que la idolatré al verla, y que admitido en su casa con la decente licencia de vecino, y la amistad que con su hermano interesa mi estimación, logré en fe de afable; correspondencias honestos favores, que mi fiel rendimiento aprecia. Pues cuando más favorable en el mar de su belleza navegaba mi esperanza, volverme a Burgos fue fuerza, por persuadirme mi madre que al recobro de una hacienda pasase luego a Laredo, que por la muerte violenta de un tío allí me quedó asignada; quien creyera que heredar yo hubiese sido de tantos males herencia Despedime de mi dueño, y con la firme prometa de volverla a ver partí violento, pues mi fineza llevaba a mal carecer de su sol en tanta ausencia. Allá dispuse mis cosas tan brevemente ligeras, que una vez puesta en recobro seguro la poca hacienda, que averigué me tocaba, no pudieron ni las tiernas expresiones de mi madre, ni de amigos las promesas detenerme; y asi admite, si a mal que lo calle llevas, que por volverme de priesa, de priesa te lo refiera. Pero suspéndate un caso, que ni en farsas, ni en novelas, para escarmiento o ejemplo, fábulas, ni historias cuentan. A un villaje, que a distancia corta de Laredo era aborto tosco de un risco bien que nácar de una perla) aba a divertirme algunas veces, como quien desea, conversando, procurar el alivio de sus penas. Con una pastora hermosa, festiva, alegre y risueña, tuve familiaridad, que de las leyes de honesta jamás pasó, que es locura, en quien de noble se precia, cariñosos hospedajes satisfacer con ofensas. Que me miró con cariño no es dudable, pues las señas, que en ojos y acciones pude inferir yo, todas eran hijas de un fuego amoroso que circulaba en sus venas. Crel al principio que fuese sencillez de aquella tierra, por lo que no negué algunos cariños a su belleza, discurriendo no podría hacerla en aquesto ofensa, pues traitorios afectos con juguetes, nos firmezas. Supe alií, que desterrada de su patria a aquellas sierras vivia, porque sus padres con amor, o con violencia, pretendieron darle estado, y huyendo tal rigor ella, divertida aslí en la guarda de unas manchadas ovejas, si admiraba con lo linda, pasmaba con lo discreta. Al volverme a Burgos quise despedirme, pero apenas lo escucho, dando a su rostro de amor y locura muestras: id con Dios me dijo, pero ved que otra vez no os suceda rendir albedríos para que en vos los cure la ausencia, en quien causáis la ruina el alma se quede enferma. Llegué a Burgos, mi partida para este emporio de ciencias dispuse; y apenas hube caminado media legua, un montecillo, admiraciones encuentra el discurto, pues me vi cara a cara con Criterna, que este nombre tiene, amigo, la hermosura montañesa; quien con hálagos, cariños, suspiros, ruegos y ofertas me precisó a que conmigo la trajese; qué no fuerzan en una mujer hermosa, mas que fingidas sean, lágrimas! En fin, yo pento, fuerza es que advierta en su altivez, su jactancia, resolución y soberbia, que aquella alma, mas que humanos espíritus la gobiernan. Y más si verdad habló, que salió de su tierra hora y el día, que yo de Burgos de vuelta, biendo de su pais sta donde la tropieza mi admiración asombrada, no menos que ochenta leguas. Por no traerla a Salamanca, mi afecto se la encomienda Juan Camorro, mi amigo, Escribano en esa aldea Santa Marta; no fui de que la dejé en ella verla más, pues Mencia a quien solo venera mi corazón, y queriendo yer visitarla, apenas toqué el umbral, cuando vi que me responde Cristerna, reprendiome sañuda, y amenazándome fiera por mi olvido, me retiro. Mira; Polilla, si es fuerza que sienta, callando, cuando neutral el alma, y suspensa, Cristerna no la puede a verer, y a quien quiere ella impide la aborrecida, e la adorada lo entienda. on que no sé como acaben tantos austos, tantas penas, s, ansias, martirios, y sentimientos, que es fuerza que como noble los calle, y como amante los sienta. Jesus mil veces, Jesús! Señor, tú la has hecho buena? pero dime, sabe acaso que a esa culiparda bella condujiste tu Mencia? No sé, por lo menos ella rnada me ha dicho, ni yo tuve ocasión en que pueda explicarme. . Dígolo, porque si es que lo sospecha, como es tan culti latina, medio goda, y medio griega, con críticas frases es posible que nos convierta en piras o mauseolos. Deja pues que lo que ordena el hado, a su cuenta corra: más llamaron? Sí, y la puerta abre el poco ha Juan Camorro, citado con su melena del tiempo del Rey Pelayo. Seo Don Sebastían amigo? Señor Juan Camorro. Vengan esas cinco clavellinas: cómo estáis? En pie, por señas de que sienta el pie muy firme. De salud pregunto, bestía. De eso estamos muy quebrados. Así: a solas os quisiera hablar cuatro palabricas. Polilla, vete; esa puerta junta y avisa si viene alguien. Qué venida es esta? Camorro amigo? sentaos. Venga en Dios, y en hora buena un polvazo ahora. . Tomad. Qué miga tiene, y qué fuerza! Amígote, este tabaco de furfuris no se encuentra allá; qué rancio, y qué rico! perdonad la impertinencia, y echadme aquí media cuarta, que lo que yo traigo es tierra. Qué ignorante, y qué grosero! . Pues ahora fuera de arengas, seo Don Sebastían, yo soy hombre blanco, y no quisiera que conmigo el Santo Oficio tuviese que andar a vueltas; pero antes de hablar en esto, donde esta la buena pieza que dejasteis en mi casa? Qué decís? no quedó en ella? Quedó, sí, señor; quedó: el caso es que ya no queda, y del susto que me ha dado he estado para dar cuenta a Dios de mi mala vida. Yo lo siento. . Linda flema gastáis: en fin la madama es grandí ima hechicera. Por qué, amigo? Ay es un berro! prevenidme ambas orejas, y oiréis una sodomia mayor, que una desvergüenza. Yo fui ante anoche a su cuarto, y la vi con tantas velas por el hueco, que la llave en la cerradura deja, que creí, que en Baraona me hallaba ya hasta las trenzas. Y ella, gruñendo allá dentro con una cara de suegra, por no sé que ingrato o turco, zas, de un golpazo se cuela hancia el techo, y allá vas: entro allá para prenderla, más cogila por el rabo. Extrañas cosas me cuenta vuestra admiración. Lo dicho; y os aseguro, por esta, que lo vi con estos ojos, que se han de comer la tierra: yo vengo al Corregidor, mi amigo, a dar de ello cuenta, ya ves, que traigo conmigo mi informacioncita hecha con su in singulís, y todo, si os queréis pasear por ella, veréis si es verdad que viene con su sal y su pimienta. Absorto os escucho, amigo: pero pues vuestra prudencia trae la información veamos. Oíd; esta es la cabecera. , . Lee. Pues es testamento? Bueno. no, señor; pero es preciso: porque si es una hechicera, no yendo en nombre de Dios, todo el cuento va por tierra. Al Señor Corregidor. los dos, y se los quita. Ya que me hallo yo tan cerca, mejor es que yo los lleve donde, y como me convenga. Raro prodigio! . Serora? (muerto estoy!) en hora buena vengáis, donde un fiel criado entrambas manos os besa: (no te llevará el demonio!) Ya sé yo cuantas finezas le debo, cuantos obsequios, y qué corteses ausencias; mas por él no vengo, no, que solo a venir me empeña, porque sepa un falso amante, porque un pecho ingrato entienda, que si de un monte me saca, a ser racional de fiera me trae, no se lo agradezco, que no obra bien la fineza quien sabe unir cauteloso con el obsequio la ofensa. Yo ofensa, Cristerna hermosa? Saben los cielos. La lengua detén, cierra el labio, calma la voz, tirano, y no mientas, que ya estoy de tus ficciones enterada y sa atisfecha. u otro dueño adoras; cuando yo del amor a las flechas vivo herida? no ha de ser. Qué te admiras de que entienda tus designios? no lo extrañes, que valida de mi ciencia el verme donde no quieres, y huir de donde me dejas, es, para que tú no dudes que soy más de lo que piensas. Si es diablo, menos la cola, . dice verdad la embustera. Qué he de hacer, sagrados cielos, con esta mujer? Sosiega, Cristerna, tus bellas iras, que no dicen bien sus nieblas con el sol de tu semblante. Señora, dadme licencia. Id con Dios; y por si acaso dudáis donde se me pueda prender, sabed que en la casa de Don Facundo, que a esta tan vecina está, me hospedo. Pues de un hombre de mis prendas tal imagináis? Jesús! no, señor, ni qué se entienda. Pues a qué sin formáis autos, sino es vuestra intención esa? Para divertir los ratos ociosos, sin más cautela, que escribir por escribir. Yo soy vuestro, y tan de veras que:: pero vaya un polvillo. Así tal obsequio aprecia mi atención. Jesús, mil vedes! una sierpe es en conciencia; pero pues sé que en la casa de Don Facundo (las piernas me están temblando!) se guarda, ella caerá; voyme afuera, no caiga antes yo: Seo Don Sebastían, a la obediencia. Id con Dios. Ahora, villano, es razón que tus ofensas publique mi pecho, herido de ingratas correspondencias. Tú, de aquel monte en las tosca brutas intrincadas breñas, no me hablaste cariñoro con palabras tan atentas, que pudieron tus razones avasallar mis finezas? pues cómo, dime, a otra adoras, tirano, y a mí me dejas, o porque a entrambas engañas, fingiendo que a ambas aprecias? Mas yo verme aborrecida de un traidor? Yo ver mi ofensa sin vengarla? Vive amor, que es Dios que en mi pecho reina, que cuando mi rendimiento y afabilidad no venzan tus muchas ingratitudes, se ha de valer mi fiereza de prodigios, que te asusten, de asombros, que te suspendan. Ya pudiste inferir cuando me nablaste y viste, que era mas que rústica serrana; pero ahora es justo que entiendas, que para no sujetarme a persuasiones molestas de mis padres, que tiranos quisieron rendir la fuerza de mi libertad, sin ver que aún del cielo se ve exenta; en fe de explícito pacto la magia aprendí en la escuela de impuro espíritu: Qué te admira? qué te amedrenta? en ella soy prodigioso asombro y pues mi sospecha verdad a ser viene, mira lo que haces, que por las bellas luces, que en el firmamento alumbran puras y tersas, que empañaré al sol lo hermoso: que caducará la esfera a mi imprecación: del globo, que tranquilo nos alberga, no es la firmeza segura, porque tirana, sangrienta, colérica, altiva, osada, cruel, valiente y resuelta, en venganza de mi amor, y de mi gusto en defensa, ojeriz trastornará mí el orbe de la tierra. do Qué es esto que me sucede! estás, fortuna, contenta? qué he de hacer, sagrados cielos, aquí, pero no exponerla a un precipicio es mejor, que después podrá hallar senda la razon. Cristerna hermosa, tus bellos rigores templa, y vamos, donde no ahora te haga culpable tu ausencia. Polilla? Adsum: qué me mandas? mas por donde entró a tu audiencia esta señora, que yo no he faltado de allá fuera. Prévenme capa, sombrero, y espada, porque ir es fuerza acompañando esta dama. A qué fin? Qué se dijera de mi atención, sino voy hasta que quedes. Qué atenta cortésana prevención! con tal pretexto quisieras ver el ídolo que adoras? pues tus extremos modera, que finezas que por mí no se hacen, no son finezas; yo me iré cierta, de que sola estaré más contenta, que tan mal acompañada. Cómo pues? De esta manera. Gran pecadora es sin duda, que se la tragó la tierra: es esta, señor, la ninfa de la montaña? . Ella misma. Pues parece linda manla. Ahí verás, cuante merezcan sustos, fatigas, tormentos, y sobresaltos: no quiera amor que la que aborrezco estorbo a mis guatos sea, ni que a mis felicidades se opongan sus influencias. No quiera amor, que yo llegue a enamorarme de veras, pues solo traen los cariños quebraderos de cabeza Ya que el farol luciente la armosfera ha dejado tenebrosa con su ausencia lustrosa; conduce, Inés, antorcha refulgente al cubículo mío, porque sea émula artificial, de la febea lampara, que ilumina sin espantos, ni deliquios de luz. Términos tantos, y tan extravagantes quién ha oído? lléveme Bercebú sí te he entendido. Que aquí mencione más tu voz limito. Ese Queruble tal, angel precito, que porque aleve a más ascender quiere terro es subterraneos vive y muere. De oírte tan retórica mil cruces me hago. Un subitituto de las luces diurnas no traerás? Dale canala: para mandar que traiga aquí una vela es necesaria tanta patarata? Una no más? qué necia, qué inventata, no una, no, que esa chispa, no ha lumbrera multitud sí que aquesto hagan esfera. Pondré séis mil, y más si esto es poquito. Llama al rustico pues, a ese corito, que atlantes son de fardo con despecho las contrapuestas carnes de su pecho. Por no oírte me fuera a Berberia. . Caliginosa está mi estrella impía, en multitud de piélagos me anego. Ya aquí tienes las luces, y el Gallego mira en efecto para que le llamas. Con advertencia tacita me inflamas: tendrás, di, discreción en esas manos, aborto de los montes Asturianos, par llevar un misivo a un literato? . Si tengo para llevar, aunque sean cuarenta, un mísivu es tercio de pescado? u qué animal de las Indias es? ha, cielus, quien pensará que yon tenga un demoniu de un enredo, que me muerde el pero, curazón, ca Toma esa liata, que en rasgos atezó borrón ligero, y conducela al vecino escolástico, diciendo que a un armónico certamen, que a mis años es fertejo esta noche, comparezca. Esto más escucho, ha, celus, quien fuera Abad para aer rico, y declararme prestu! Fuiste ya a llamar (Toribio) a Don Inigo? . Eso es buenu! fui a llamar a Don Muñigo, he dijo que vendría luegu con Juan Zamarrú, su amigo, e Doña Paulita. . Necio, Don Inigo, y Juan Camorro; no Zamarro. Ey, nú es llu mesmu? en fin amor, que por fuerza a tu de quedar mal puestu ha yendu a dar ese billete de tu dueñu cuandu menus? mas qué hemus de hacer, amor? callar: valor, sufrimientu! Señora, en fe de que has de perdonar mi atrevimiento, me atrevo a significarte, que como tu agudo ingenio a tiempo su amante llama, que si entrar le viera dentro esa criada, que ayer tu compasión o tu celo recibió, posible es que, ignorante del misterio, a tu hermano se lo diga, resultando de todo ello algo que nos duela. Absorta me comprime el ronco atento de tu exhortación, Inés. a fámula, que esmero F de erudición, aunque poco que la poseo, cautivado en su docta ente mi tímido pecho, quien ejerce tan grande médula no ejerce yerros. Si tú con tus voces das lución al argumento, de más estan mis reparos; y aunque venga descubierto para el festiú, nada importa, pues no es en tal Ciudad nuevo que la gente estudiantina concurra a todo festejo. Dices bien, y. Para, para. Doña Paulita, su abuelo, con Juan Camorro, y Manuela, entran, señora. . Al momento lleva ese lucero errante, que ilumine en sus reflejos sus coturnos. , ,y li Mencia, dame los brazos, y en ellos tendré el placer de admirarte tan linda; guárdete el cielo. Jesús, qué bella estás. Niña, mi admiración te confieso denque haya en jóvenes años tan adultos pensamientos. Inés, abstrae de Paulita aquese serío bostezo, que oscura nube tejida su faz, está anocheciendo. Y para que quite el manto es menester tantos verbos, que no se puede entender tu lenguaje sin comento. Mujer más extravagante no he visto! no es facia, pienso, sin un Calepino al lado, entenderla los conceptos. Señora Doña Mencia, yo siempre he de ser muy vuestro, cómo estáis? . Indemnizada de males, con el deseo de pagar el noble, grave prólogo de vuestro afecto. Señoras, a la obediencia, que yo no sé chicoleos. Qué rústico es Juan Chamerto! Paulita? . Como su empleo tiene en una aldea, no gasta muchísimos cumplimientos; pero él es un pobrecillo. Evidencia tu concepto, que son estos aldeanos adictos a lo sincero. Señora, ya di el misivu, y me ha dichu a quien le llevu que lueguvendrá: ay, hechizu, quien pudiera a tu pescuezu pellizcar por manjar blancu un pedazu! . Qué hay, Gallego? Ya puede ver su mercé, señor Zamartu. . Mostrenco! Camorro. . Mánuela mía. Como estabas con el serío trato de las amas, no quise llegar. . Pues es cierto, que estoy muy contenta yo con la mía. . Deja eso, porque a Paulita la tiene tan consentida su abuelo, que paso lo que Dios sabe. Ah, señoras, esu mesmu hacen todas si se juntan en vesita y en pasen. Ay, amiga, no te he dicho como compañera tengo que hace mil habilidades? Qué dices? . Lo que te cuento. A Toribio, y a mí, dice, que ha de enseñarnos portentos prodigiosos, no es verdad; Toribio? Ey como si es cierto: yo aprenderé como un gatu, y estudiaré como un perru. Señora Doña Mencia, decid, os está sirviendo más criada que Inés? . Sí, y es dulcísimo embeleso de ojos y oídos en lo bellísimo y lo discreto. Mala muerte la dé Dios, si es la que estoy dicurriendo. Y Don Facundo, Mencia? Proyectando está allá dentro con la fámula reciente los presudios a un festejo, que le ponderán asombro. Esta mujer es hebreo lo que habla, o vizcaino? Buenas noches, caballeros: tanta dicha por mis puertas? Aquí están al orden vuestro dos amigos y criados. Vuestra urbanidad aprecio: mi señora Doña Paula, cómo estáis? . Solo sintiendo vuestra ausencia. Ah haber sabido que os hallabáis aquí, es cierto que nada me impedirsa venir a serviros; miento, que desde que vi en Cristerna tanta belleza, estoy muerto de amor, sin que encuentre modo de abasallar tanto incendio. Aquí no estáis bien, señores, entrad, que en tanto podremos que empieza el festín, un rato jugar; Toribio, auda presto, toma esas luces, y ve delante. . Pues estoy ciegn, alumbreme yon. . Paulita, entra pues. . Ya te obedezco. Señores, en esta casa tan extravagantes genios hay, que una culta, otro oscuro, y todos, cual más, cual menos, no es posible decifrarlos, sino los descubre el tiempo. Mánuela ven. Ya te sigo: Vamos, Don Facundo. Cielos, si será cierto lo que dice Juan Camorro pero si lo es, del mundo ha de ser esta mujer escarmiento. s Antes que ver a esta perra quisiera verme en Marruecos. . Ay, Cristerna! mucho amor introducirte en mi pecho, mas yo buscasé ocasión para apagar tanto fuego. Hay mancilla, mi señora, ya se que soy un jumento: mas si el niñu tuertu dicen que no repara en sujetus, qué importa que enamorado haya un asnumás o menus? Esperando a que se fuesen sque vienen al examen de mi ciencia, estaba; para que ocupando este paraje en que el festejo ha de ser, hablar si pudiese antes con el aleve tirano Don Sebastían; mas, pesares, no me atormentéis; memoria, por qué tirana me traes tales especies? yo misma, porque llegué a declararle mis portentos, di motivo a que su amor entibiase? Pero qué es esto. Al reflejo de la escasa luz, que sale de esa pieza, a Don Facundo veo salir: qué ignorante será si irritarme intenta! o, si la puerta encontrase! que aunque pudiera hacer cosas horrorosas por mis artes, no ha de haber medios terribles si puede haberlos suaves. Pareciome que Cristerna salió a este sitio: arrogante pensamiento, atrevete, porque no es de pechos grandes encarcelar en el pecho un vil corazón cobarde. Esta es sin duda. . Qué no haya podido ausentarme! En vano, hermosa serrana, huyen vuestras celestiales influencias de mis ojos; pues aunque ocultarlas trate la oscuridad de este sitio, basta, pues que le es tan fácil, desterrar muchas sombras el sol de vuestro semblante. Con no responderle juzga que le pago. . Aunque tu calles, mal pueden, Cristerna hermosa, tus reflejos ocultarse. Pues queda aquí, ver intento hay quien mis temeridades oiga y vea, y en la nieve de su hermosa mano afable templar mi incendio. on ven go. o un talvaje, pur si mi ama se desmanda, y cuela por esta parte para trupezarla a oscuras, que de nuche en casos tales todus llus gatus son pardus. otra vez llega a acercarse: la puerta hallé: así le burlo. . A mi educación constante no impondrá, no, a sus coturnos tardas rémoras cobardes mi escolástico galán. Y por si llega a esta parte, ya que en lugubre destino esta opaca cuadra yace, nuncio sea yo de su guato. Pues que no parece nadie, ea, valor, no te asustes, que aquel que como yo amare, me disculpará. . Qué haré? pasus se oyen en dus partes, llus de aque huelen a pabus; pero esotus a faisanes, estoyme quietú, que quietu, y a quien lle pique se rasque. Víriles plantas escucho. Ella es la que oigo, piedades. Esta vez, o rubor mío, de mi pundonor te abstrae. Quién es? . Quién puede ser, bella medicina de mis males, sino quien por ti padece. Él es, pues rendido yace a mi hermosura: si notas en mi proceder lo fácil. ni lo extrañes, ni lo admires, que más en quien ama cabe. Esto es, porque más humana me habla ya, quien es tan grande en todo, nunca lo yerra. En qué parará este lance? Pues supuesto, hermoso hechizo, que ya que te adoro sabes, llegue mi amor a tus brazos, siendo de tu cielo atlante. Si de platónico afecto tan afectuoso amor nace; pues mi esposo ha de ser, nada perderé en que los alargue. Esta de aquí es mi señora Doña Mancilla, y yon calle, e trocaré llus abrazos a llus dous aunque me maten. No me respondéis? Así mi cariño os satisface: tomad los brazos y el alma. Mi felicidad es grande. A el pocu, que vale caru. Cómo de este recatarse su gran modestía se infiere! yo nací dichoso amante. Bravo cuento, e mejor truecu. Quién así empieza a premiarme, temple los incendios míos con los hermosos cristales de su mano. . A mí non dice, porque estas son de azabache, e non de nieve, ni hielu: oígamus ella que hace. Quien tan misteriosa os ama, no es bien que muera cobarde. Si ella se la allarga, el vuelo la pidú, acótola antes, pues llus Gállegus cúmemus siempre manus, e cuajares. Si me habéis de premiar, sea no llegando el premio tarde. Tomad pues. Par Dius piliela, doile yon a estotro salvaje la mía en truecú. . Feliz soy. Un imposible lograsteis. Con ella templo miincendio. Mal añú, y como la llame cnuce, que sosu de roña tiese fransa; y alamares. Esta mano no es, ni puede ser de quien así me trae; mujer, habla, di quien eres! Ay, Dios! fraternal examen colérico espero, pues es el que está aquí, pesares! si el labrado pino encuentro ocúíteme, y siempre calle yo este desliz, para que jamás me tengan por fácil. . Quién va, digo otra vez. . Igú. Eta voz es bien que extrañe, y este tanto, mas por sí es algún criado ignorante, que burlarme ha pretendido, me vengaré con matarle: muere, traidor. . Ay de mí! Virgen de los Enebrales; qué me matan, qué me zurran! Pues oigo voces, no aguarde a más mi valor. . Señor, que es paso de parte a parte de Don Quíjote este, mira que se ha de quejar Cervantes. Allí hay cuchilladas; hola, luces: tened, qué certamen os mueve a tan grande empeño? Yo, señor, entré a informarme de lo que vos dudáis. . Nada diga yo aquí de aquel lance, que ha poco que pasó. . Cielos, viose trueco semejante! más disimular intento: vine a este sitio a informarme de si acaso iluminado estaba para empezarse el festín, y hallelo oscuro al tiempo que ese ignorante criado vino y creyendo ser otro, procuré hablarle, no respondió y dio motivo a que la espada sacase, y le hubiera muerto a no haber llegado a este trance Don Sebastían, y vosotros. Mal cunviene este putaje con lla manu, e con llus labios, las nieves, e lls cristales. Si no ha sido más, no importa, que pudiera origmarse una causa criminal si hubiera salido almagre. Pues cesó ya la discordia, empiece el festín. . Iguales son nuestras mentes, Paulita. Mejor se mejoró el lance que yo creí. Mencia mira, y Cristerna embarazarme quiere, que en sus bellas luces fiel mariposa me abrase. Pues mírala atravesado, aunque ahogándola la mates. En lo que obre esta criada haré reflejivo examen de si Juan Camorro dijo verdad. . Cristerna, pues sabes que esperamos tus festejos, sean tus habilidades mi desempeño. . Si haré; pues para desempeñarme en la familia he encontrado generosas voluntades que me asistan. Yo aseguro que olerá mal el potaje; porque guisos del demonio, el demonio que los trague. Toribio, apropincua quietes. Cuetes, señor! al instante: mait de qué polvorería llos traire porque non tarde? Dice asientos, bruto. Asientos, eso ya es otro lenguaje. Qué esperas, Cristerna? Ah, celos, que ha de festejar sus males quien respira incendios, iras, rabias, furias, y volcanes! agua, que me abraso: cielos, caigan sobre mí los mares, que es todo fuego mi pecho:: Sopla, y con lo que nos sale! Virgen santa de la Peña de Francia, tu amor me ampare Qué pasmo, cielos! Qué digan, que una mujer tan bergante no es diablo con guardapieses? Qué admiración os combate? el mar miráis alterado, que parece que implacable inundar quiere la tierra con quien hechas tiene paces, siendo un arenoso muro quien resiste sus embates; mas si de la tierra mira ingratitudes, es fácil, que sus mismas sinrazones amotinen sus cristales, cuyas iras, es por que tarde, o nunca se calmen, si quien forma las tormentas no da las serenidades. Ah, cruel! Como soy pobre, que estaba por darle un cabe! Yo no entiendo tus enigmas, Cristerna. . Pues no os espanten, yo me entiendo, y aún me entiende quien calla, y mi razón sabe. Pero esto la diversión no impida; y pues las letales pardas sombras de la noche su lóbrego manto esparcen, yo fío, que aunque la noche munde de oscuridades los horizontes, no son sus horrores tan constantes, que alguna vez no disipen los luminosos celajes del aurora sus influjos; y si las nocturnas aves asustan con sus gemidos, y horrorizan con sus ayes, saldrá el sol, por más que digan sus acentos lamentables. , . En horabuena se esparza, huyendo de los celajes del padre hermoso del día la que de sombras es madre, y en funebre trono domine triunfante, hasta que otras luces la ilustren y bañen. De horror cubierro el orbe pavoroso, ausente el sol lustroso, y la noche de estrellas adornada, de la pálida luna coronada, llame a las tristes agoreras aves, porque concabos huecos de su acento veloz formen los ecos. Los lutos macilentos, que el negro manto esparce, asusten pavorosos las flores, las corrientes, y los sau- ces. Flores, corrientes, sauces. Los tristes bubos giman, mi influjo horrores cause, y anguense en mi llanto los orbes, los vivientes, y las aves. Orbes, vivientes, aves. Y huyendo de la aurora los fulgados celajes, se bañen de fulgores los montes, los collados, y los valles. Montes, collados, valles. s - Fogosos hijos del viento, que os entregáis a los mares, porque la aurora dé al orbe sus esplendores radiantes: caminad alegres, y hallando sagaces, diáfanos espacios, nitidos cristales, hollad de la esfera los vagos caminos, pues con gorjeos, trinando las aves, saludan al aba, y alegran los valles. Navegad entre fulgores, porque sus luces explaye, para numinar al orbe, la faz de Apolo brillante. Este asombro ya la raya de natural pasa, y hace que mi sospecha se haga realidad. . Portento grande! Paulita, no ha enajenado tu mente aqueste admirable deliquio de los sentidos? Yo siento que se acabase tan bellísima delicia: su ciencia llega a admirarme. Ello, bien puede ser malo; pero si la verdad vale, Don Inigo, esto me gusta. Amigo, asombro tan grande no es habilidad, es magia, que esta ejecución no es fácil en lo natural. . Pues vamos, pesele a quien le pesare a echarle la garra, y zurra; que ahí se entró. Pues por tan fácil lo tienen, qué aguardan? lleguen, si lo intentan, a arrestarme, que el que venga a este lugar, no se irá sin chamuscarse. Ah, traidora! Ah, bruja vil! Al ver tanto asombro, calle yo. . Con prodigios tan raros mas a mi amor persuade. Buena criada tenías. No acabo, ay Dios! de admirarme de lo que he visto. . Aunque seya malo, oh, si yo lo estudiase, para ser querido! . Buenos se quedan los botarates. Hasta que de mis furores haga en vosotros examen, todo cuanto a vuestros ojos se ofrece, llevelo el aire, diciendo confusas voces, y acordes ecos suaves:- En hora buena se esparza, Maga aleve, astuta fiera. Teme, siente tas ultrajes. Que objetó a nuestras venganzas han de ser tus falsedades.

JORNADA SEGUNDA

Toribio, aunque a los gallofos no hay que andar con silogismos, en preguntas, ni en respuestas; esta vez, porque te estimo; procuro de ti saber, si tu quisieres decirlo, sola una cosa. . Pur mí, par diez más que sepas cinca. No me dirás, qué ocasión tienes, o qué desvaríos, que parece, según andas, que te han arrimado hechizos? no respondes? habla, bruto. Ay, Inés, que es mi martillo tan aquel, tan elevado, que me sé yo que me digú, que solo barraquear puedu, pero nún puedo decillo. No llores, llévete el diablo, que con malos desperdicios con tu cara de camueso lágrimas como membrillos. Quieru llurar suga a suga, que es llurar pocn hilu a nilú, e pues estu es lo que quieru, déjame un pocu conmigu. Pues ya me voy; doite ar diablo. . Ea, amor ya estoy contigu brazu a brazu, veamos como venzo, o me das un chirlo. Yo adólatru, ay dulce dueño! yo quieru, hay hermoso hechizu! e non sey como me esprique, porque es bien tan infinitú, que non cabe lo que sientu en todo lo que non digú. Yo entreí a servir a mi ama, y apenas vi su sucicu, cuando el diablu del demonio tales cosquillas me fizu, nin bebo, como, y duermu, rque todos con respingus, y acaban en los tubillos: si yo fuera caballeiro, estuviera bien vestidu, ya me hubiera declaradu, pero salir temu a palus más cargadu que un borricu. Qué he de hacer? que yo me mueru de un calor, aquí metidu, que me quema, y non se templa con beber agua, ni vino? Morirme? llevela el diablo, que yo quieru quedar vivu. Decírselu? cuandu menus, es ponerme yo al peligro; pues qué hemus de hacer? penar, si que non somus Obispus. Declararme? es imposible; callar? non lo solicitu; morir? guarda que eso es cuentu; non parlar? es non dar gritus; con que viene a ser la cosa, que me trae tan aburrido, ejemplú, pur donde pase la careira de sus siglus. Ya veyu que me dirán, como se atreve un coritu a galantear una usia? dirán muy bien; pero digu donde tienen llos Marqueses embañastado el cariñu, no le traen los ganapanes? como tres y dos son cincu. Pues si es llo mismo uno que otro, aquello, y esto es llo mismu. Íbame, mas ya el ingenio una cosa me ha ofrecido, si yo supiera ser magru, como Cristerna es bien fiju, que con magras apariencias pudiera yon, siendo el mismú, ser outro, porque las galas, aunque a los que son borricus y llus diferencia, pur esn non dejan de e er pollinus, con todo el traje les hace no tan asnos bien bestidos, pues allá vuy, antes que se fuera por esus trigus. Cristerna, que la llamara me encomendó: por San Linu le probar; C Qué es lo que quieres, Toribio? Miren si lo dije yon. dime pur dónde has venidu? por el aire u por la tierra? Por el aire, qué delirio por esa puerta, que yo, aunque retirada vivo de esta casa, no he hecho ausencia ni un instante. A mi ama has vistu? No. Ay, Cristerna, que me tiene muertu, aperreadu y perdidu su fisgoria del rostro, y atomia de su hocico. Aunque no te explicas bien, ya tu dolor he entendido: buena dolencia es por cierto. Buena? doila a Calarmos; mas quitiera, que este mal, padecer un garrotilio. Pues ánimo y no te aflijas, que yo te abriré camino para ser feliz, si toma; mi consejo. . Acaba, dilo, que por tomar, tomaré, aunque sea un tabardillo. Pues mira, yo te pondré muy galán, bizarro, hudo, muy hueco, y muy adornado, y de este modo vestido, preséntate a quien te mata, que en este lazo te cifro tus venturas, pero mira, que cuando la hables, te aviso no te pongas el embozo de la capa (está advertidó); pues si alguna vez lo hicieres, serás luego conocido en estilo y en persona; mas si sigues el camino en que te ponga, hablarás culto, claro, airoso y limpio, y no serás despreciado. Tal oigo, y no me hago añicus de placer! dame esa cuerda. Toma: objeto le haré digno . de la risa y del desprecio; pues aseguro el camino con él, de que un falso amante de los celos el martirio sienta, que con lo que adora le han de dar mis desvaríos, siendo este hombre el instrumento. Pues en tanto, que yo sigu mi bien, representaremos aquella historia júnticos del Dios Paño, y sujeringa: si yo a la pichona pillo, no hay que meneallú, que no me truecu por un Obispú. Ya se fue pero qué importa, si para que el dolor mío me martírice, está siempre mi imaginación conmigo? Don Sebastían (ah, pesares!) me olvida: en vano me animo a pronunciarlo: mas, cielos, si no bastan los hechizos, los pactos, ni los conjuros a vencer los albedríos, de qué me sirven las artes? Pero armónicos sentidos oigo: Mánuela es que viene con Inés; yo me retiro, pues nada puede importarme estorbar sus regocijos. Ay, amor placentero, que hacer sabes el tiro con pena que es duizura, con ansia, que es delirio. Pero eres niño, y en tu edad los juguetes son desatinos. Dice bien: o hable mi pecho de su airada flecha herido. Mucho tarda en responderme tu ama y como un basilisco se ha de poner mi señora de ver que tardo. Espacito, que estará viendo en Lucano, en Terencio y en Virgilio, lo que debe responder. Si aunque esté distante asisto pronta a cuanto ocurra, quiero que tengan libre este sitio. Pues también quiero yo echarla mientras viene, o no, el aviso. O han halagüeño; amor, son tus hechizos con llamas, que embelesan, con dulces desvaríos. Pero eres niño, No de más sonoridades se fecunde vuestro juicio, y tú di a tu dominante dueño, que fiel me apercibo a su recepción. . Qué dice? Que venga (esto es claro y liso) esta tarde; y que yo he de ser su Calepino. Beso tus pies. Ese nuncio, Inés, no ha retrocedido con su embajada? Y qué has hecho, con que avísase Toribio a Don Sebastían? . Inepta, toda tú eres solecismos! en tanto que Doña Paula se apropincua a mis cariños, y aquí Facundo no consta, hablar podré a ese fingido enigma interior del alma, que vacilando conmigo en campal batalla, forma lides en el pecho mío. Todos los amantes sois locos de raro capricho! por mí que venga, y si hubiere sustos, bulla, zambra, y gritos, allá te las hayas tú. Qué solemne, qué festivo palpita un pecho, si logra dulzurados los alivios! si vendrá mi amante? o cómo los minutos se hacen siglos en quién espera! Par diez, que Cristerna verdad dijo, yo hablo como un Colegial, y este manteo es divino de tupido y de lustroso. Galán estoy, ahora digo, que puesta en solfa es a planta, y compasendo este brío, será dulce imán, que arrastre bellejas como bodigos: allí está mi bien: yo llego. Quién a conculcar ha sido osado con fatua planta el privilegiado sitio, que el rubicuno Planeta deja? . Yo soy, dueño mío, que amante tierno de blancura tanta, me tienes el dogal a la garganta. Quién, pues, audacía os dio tan desmedida, para que vuestra bárbara locura halle mansión, a nadie permitida? Quién, mi bien, puede ser! vuestra hermosura, vuestro eburneo candor, diáfano talle, que de solo mirarle dorado en esa faz de trecho en trecho, en cuclillas el alma esta en mi pecho, hasta que en tu favor haya crecido. Quién sois, decid? Aún no me ha conocido, tendré cuidado, ya que así se engaña, . que mi embozo no diga la maraña, en mí os adora entera, si os agrada, toda Plasencia en fin, ahí que no es nada. La Ciudad de Plasencia? Sí, señora, que es Ciudad racional la que os adora. Cómo atrevido, osado, y de;com- pretendéis: (puesto Aún no está maduro esto. Cuando a otro dueño adoro de componer mi honor y on decoro? A otro dueño? qué oí tirana, men gua, calla, calla, maldita sea tu lengua, que de celos y enojos, tengo azules las uñas y los ojos: ah, traidora! si llamas a otra puerta, antes permita Dios te caigas muerta. Tirana, aunque me ves con este traje, no sabes tú quien soy? Un gran salveje, pues soy hidalgo, noble y cabaliero y soy también:- Huir veloz espero de vuestra atrocidad. Teneos os pido. Hola, no hay quien castigue un Señora mía. Impugne tu tamaña demasía, mientras invoco audaz, impulso fiero, quien domine el absurdo de un gro- sero. Válgame, amor, qué joven! ya blasona de mí su perfección. Ay, qué fregona! en aqueste costado tengo un flato de amor atravesado; mas a esto ha de humillarse mi gran- deza? Llegaré: Ya conozco que es flaqueza, y que es mal gusto; pero en los placeres, . cuando tienen buen gusto las mujeres? atrévame a decirle dos cositas: ha, hidalgo? ha, caballero? Las bonitas se ceban en mi talle y en mi traje. No me oís, serenísimo salvaje? figura de tapiz con abertura? Qué quieres, pequéñís ma hermo- sura, que eres dulce sirena en tanto empeño. de la frondosa margen de un barreño. Qué he de querer? que atento notes. . Qué he de notar? Mi rendimiento, no de cariño, ni de hálago falto. Norámala, que pico yo más alto. No dice mal, que en alto se ha empieado, sin duda que cayó de algún tejado. Por qué? Porque allí sin embarazos, te presenta tu amor hecho pedazos. No te canses, aunque eches los li- vianos, ya no te quiero. Qué con estas manos no me vengue de un pícaro insolente! muere, traidor. Mujer, o diablo, tente. Toma. . Son pataratas manifiestas. Págalo, perro. Qué voces son estas? Pues llegó a tal trance, yo disimule. Él saca trapos a que entró aquí? . Una mentira ha de componer mi engaño. Qué es esto digo otra vez? Señor, estando limpiando esta sala (ay, qué temor, me estremezco de pensarlo!) este hombre se entró hasta aquí, y (ni aún las palabras hallo) llegándose a mí (del pecho brinca el corazón a saltos) me cogió (Jesús, mil veces!) descuidada el bribonazo, con que (qué susto!) una joya, que mi ama en su cumple años hoy me dio, me agarra, y por defenderme, le araño; y este es el cuento, y doy voces. Qué embuste tan temerario! Yo creí que era otra joya, según ponderas el caso. Vos, caballero, qué habláis? que decís de ento? . Yo he echado . un bello lance, por cierto, si me moliesen a palos no sería bueno? ahora bien, embozome de alto abajo, y hablo gordo que así saben ejecutarlo los majos. No habláis? . Parece que no; lo debe de estar pensando. En buen empeño le he puesto. Don Sebastían, a tu mano fío el desempeño. . Ea, qué decís? . Que enamorado estoy de Doña Mencilla, quieren ovirlo más claro? Hola, no es este el gallofo? Toribio? fraude hay, magno. Pues, pícaro como tu::- Embóceme, y llevó el diablo el disfraz: mas pues ya estoy como antes, válgame el lazo de Cristerna y pues están entre todos consultando que han de hacer, as, los burle. Infame; mas, cielos santos, Esto es hechizo. donde Si sería la maga, en forma de Toribio? . Tero Toribio podía usar de tales encantos? yo poco le vi allá fuera. Toribio aquí? no lo alcanzo, pues había de abstraerse así de su infimo estado, que mi candor inténtase engañar rústico y zafío? no es posible. . Si la joya lleró, cerca está el hallazgo, Inés. . Ay, señor, aquello que en posesión otras manos tienen, tarde se recobra. Llámale, y podrá sacarnos de este embrollo él mismo: Iner Ah, Toribio? Inés, ya salgo: pues dudan, calle mi pien. Campe tre, dónde has estado? De en casa de Don Moñigu vengu ahora como un galgu de un recadu, mi señora. Dime, queda allí mi hermano? Sí, señora, queda allá. Aunque me dejó este caso tremebunda, no por eso omita su queja el labio. Ya, señor Don Sebastían, que con vos mi sob esalto puede hablar, mucho una aviencia os circunda de cuidados, que no os dejáis ver. . Qué aviencia puede haber que impida ama os mi fe? . Cuál? la de Cristerna. A muy buen tiempo he llegado. Por no ver sus enquillotros, irme quieru dentrú; a espacio, no galpdes, curazón, que me matas a porrazos. No crea vuestra belleza sea mi amor tan bastardo, que se emplee en un aborto de grutas y de peñascos, donde faltan los hechinos, aunque sobran los encantos. Es me honra, mucho le debo. Y aunque parezca, que tantos cargos me culpan, señora, no son tan fuertes los cargos, que me opriman. Yo aborrezco a esa fiera, y es agravio acordarme que me pude inclinar a sus engaños. Creeré yo locución tanta? Mi corazón está dando muestras de su rendimiento. Qué tierno, rendido y blando amante! ah, traidor aleve! . Pues resle tan mojigato, lléveme Dios, si le crea. Bien harás, que estos muchachos a las damas cada día las mudan como zapatos. Ya que advierto tal fineza, omita los entus asmos de mi cólera. . Esta culta habla en griego o en polaco? En que conoceré yo que esta ya más serenado vuestro cielo? . Con que yo lo afirmo, y lo digo, dandoos los brazos en recompensa. Cómo es eso de los bratos? Raro asombro Espanto fiero! Fuerte susto. . Hechizo extraño! Aleve, como te atreves aquí a venir? . Cómo hallo aquí mi ofensa, yo aquí he de vengar mis agravios: que me aborreces, tu dices, que mi amor te injuria! . Y tanto, que solo el verte me asasta, de modo, que huyendo atrado de ti, por más que me prive de las dulzuras que amo, por no ver lo que aborrezco dejaré lo que idolatro. . Esto escucha mi furor de un traidor amante. . Malo. si no nos convierte en lobos será como por milagro. Chispas por los ojos echa de coraje. . Si es infausto vaticinio a sus influjos su ya expreso desengaño, a qué esperas, di? s orbe de mis estragos, a que un traidor no consiga s intentos. Soy de mármol, infeliz! . Qué le lleva! Calla, que no le hace daño. Cielos, qué es esto? . Tirana. Cierra el fementido labio, traidora; nada me digas sino intentas, que a los rayos, que fulminan mis enojos, se abrase el objeto ingrato, que causa mi afán: y advierte, que con lo que estoy amando yo, no me des celos, porque soy horror, crueldad y pasmo, de rencor y de venganza; y aunque veáis, que con un falso me quedo, por más que piense vuestra industria asegurarnos, en vuestro mismo escarmiento hallaréis el desengaño. Qué impiedad! qué tiracía Fuego de Dios, y qué rasgos tiene la buena señora! La llaneza es la que alabo. Vociferad su insolencia, estrépitos voluntarios congreguen tumultos. . Hola, no hay en esta casa un diablo que nos escuche? Qué es esto? ruido, tan extraordinario aquí, quién pudo dar causa a estas voces? . Ay, hermano! Habla. . Trémula el acento. Vaya, referidlo entrambos. Señor yo, sí, cuando, como::- Esto es, señor, que a buscaros vino aquí Don Sebastían; llegó, Cristerna al estrado, donde hablaba con tu hermanas con que echando espumarajos, con él en esa barrera se ha metido mano a mano, y no sabemos a que; aunque ella es en todo caso tan buena, que puede ser, que esten rezando el rosario. Ah, celos! no eran bastantes sospechas, sin desengaños? pero de qué me suspendo? valor se hallará en mi brazo para todo: ven, Mencia, qué te suspendes? vamos si a vencer temeridades bastan hoy los agasajo:. Dementes resoluciones piden castigos más raros. Juro a bríos, que de un cacheto la he de deshacer los cascos. Cristerna, cómo:: mas, cielos:- qué miro? Súbito pazmo me comprime! . Ay amo mío, qué te han vuelto en león de alano Yo tiemblo: ay, Dios! esta es terciana, que me ha pegado el león. Danzarín parezco; mas de mala gana bailo. Preocupado del susto, inmóvil se queda el brazo! No tiembles, que aquí estoy yo, No sabes tú mis livianos. Señor? señor? sois vos? ay, Virgen santa del Sagrario, qué me mata! qué me hiere! Hombre, mira que es tu amo, aunque muchos amos tienen unas burlas de los diablos. Suelta, león de los infiernos, suelta con treinta mil diablos! ay de mí! que con la reja el cuerpo me ha dislocado. Pues no me las tengo todas. conmigo, y con el espanto ni aún puedo ven el prodigio; pero ya todo ha cesado- Asombro a asombro sucede! vuelve lo de abajo arriba. Esto pasa? no más chascos, daré a Don Inigo cuenta de lo visto, por si acaso logro el mirarla con mitra, que la merece de pasmo! Extérrita y tremebunda estoy de lo que he mirado. Ay, Inés! . Qué te sucede? No sé. . Pues ve a preguntarlo. A quién, si el mal solo es mío? Al vecino más abajo. Ay, que yo mi muerte adoro! Eso hace quien come barro, y hay mujeres, que lo saben, y aún lo toman por tabaco. Ves esos asombros, esos prodigios, majías y encantos? pues yo a quien los ocasiona quiero, adoro e idolatro: aunque en las ansias que siento, vengo a ser tan desgraciado, que padezco en lo que miro, y no logro lo que amo. Qué? pues también Don Facundo tiene el corazón llagado por una bruja? Señores, la verdad, qué nos cansamos? Los hombres son muy malditos, y un palmito acicalado, de manera a los bribones los vuelca, que al mismo diablo, como el hocico sea chusco, saben hacer arrumacos. Dios, por su misericordia, me libre a mí de los zainos. ̱. Ya que (para nuestro intento) acá Juan Camorro os tiene, ahora prosiguiendo iremos en ver aquellos papeles, en que insertos van los autos, que contra la maga aleve van formados; y pues vino Polilla, como obediente criado, a dar cuenta de lo que a su amo le sucede, podrá ayudarnos también, tendiendo claramente cuanto le fuereis dictando. Señor, aunque ha sido siempre mi letra de mayorazgo, que ni aún el mismo la entiende que la escribe; por vengarme de sus infamias, pretende servirte mi voluntad. Pues así Dios me remedie, que estoy rabiando por verla con mitra y con perendengues. Ahora bien, Juan, arrimad al frontís de ese bufete una silla, y vamos viendo cuanto hasta el caso presente hay escrito. . Para qué? si de todo constar debe un embrollo de embelecos, y diabluras tan solemnes, que más que gustan enfadan. Y añadid, si os pareciere, lo que Polilla me ha dicho. Qué es? . Que estando afableme mi amo con Doña Mencia, entró como un Holofernes la bruja, pateó, gritó, dio al aire muchos cachetes; y pillando mano a mano a mi amo, le llevó adrede a una barrera; cerrose con él, llegó a este accidente Don Facundo, y al mirar que hacían, vimos patente una leonera, y en ella un león, que con sus juguetes me sacudió la polilla machacándome las liendres, y esto delante de todos. Habrá maga más solemne? Ahora bien, no nos andemos con más dimes y diretes: yo he visto ya en Melgarejo todo el suceso, y en especie, y así allí, como en la Curia Filípica, hallo que puede esta causa sentenciarse, pues allá huyó como duende en rebeldía. Muy bien decís. . Y porque yo alegue algo en mi descargo, bueno será que me halle presente. Pobre de mí, qué está aquí! dónde huiré? Ustedes se sienten, señores, que yo no engo a estorbar, sino a ponerme en su dominio. . Maldita sea el alma que te creyere. Se ha visto tal desvergüenza? Vuestros temores se templen. Mas yo temo? . Yo flaquee? para cuando son los dientes, si ahora dientes no la muestro? Sentaos: vos allí en frente, Juan Camorro, y vos sentaos en aqueste taburete, para que escribáis aquello que el Secretario os dijere Vos no os sentáis? . No, que yo pasearme aquí gusto. . Y ese es miedo? Por desmentiros no más haréis que me siente. Pues este sobra; yo aquí, que ya que escuche mi muerte, óígala con conveniencia. Extraño que se respete a la justicia tan poco, que vues arced atropelle osada su ministerio. Claro es que es muy insolente, y muy bellaco su estilo. Mirad con piedad clemente mi causa. . No es nada con lo que la bruja se viene! Seo Bachiller uce escriba; pero no me busonee, sino intenta el majadero algún susto que le pese. Señor, acábese aquesto; en una horca puesta quede, y no lo andemos pensando. Lo miro muy contingente. Mucho rigor es. . No ostan te, para que a otras escarmiente, quédense solo en dos cientos. azotes, si es que os parece. Azotes? no, señor mío, que son tortas y molletes para estas, penca y borrico: reina mía, horca me secit. Ved que es cruel rigor, señor Don Inigo, y si no os mueve mi llanto, el que soy, mujer vuestra justa saña temple; sola, y nunca en tal me he visto. Niña falto para hacerse l. Niña de Gómez Arias. No tu llante me conduele, no deben mirar los jueces. Azotes, penca y borrico y cesese en esta especie. Cordel, colgojo, escalera, saco, verdugo y birrete; y no se menec, porque cuanto más se anda peor huele. No hay remedio? 3. No hay remedio. Pues en fe de que merece quien a otro tu daño desea, que a él el mismo mal le llegue, lo que deseáis os venga. 3. De qué suerte? . De esta sue Ved, señor Corregidor, castigo que os escarmiente: ocultándome he de ver como el terror los suspende. De asustado todo el cuerpo me tiembla y se me estremoce. No hay quién me ampare, señores que este cordel se me mete por la nuez. . Verdugo infame, no des golpes tan crueles. 2. Señores, piedad. Qué es esto? Si son cristianos ustedes, por su mayor devoción quítenme, aunque me despiernen. Qué patíbulo tan bajo es este, cielos clementes? Bajo? póngase usted aquí, y diga qué le parece? Qué puede haber sido esto? Qué estrella tan inclemento domina aquí, santos cielos! Pues dudan todos, y temen, baste para chasco, y todo. desaparezca. Crueles. hados! qué miran mis ojos! dónde huyó esta ingrata aleve? Señor, qué ha sido? hablad. Don Íñigo, qué os sucede? sé yo, porque es tanraro de tal especie no es mucho que turbado on las razones no acierte. Vamos, Juan Camorro. . Vamos. Yo, cielos, por perendengue de la horca? pobre gaznate! pero, ah pícara insolente! no me mate Dios sin que yo te mate a ti las liendres. No más cuentos con la bruja, mas que el demonio la lleve. Según asombros tan grandes, yo no sé que me sospeche de este caso. Quién, Inés, nos pudo poner en este cuidado? . Él diablo lo sabe. Pues aunque en burlas se quede, y no haya pasado a más, fuerte chasco ha sido este. Cielos, yo estoy sin sentido! qué fatales accidentes pueden ser los que en mi casa tan impensados suceden? absorto mi abuelo y torpe; Polilla, como infidente, corregido; Juan Camorro de un vil suplicio pendiente, efectos son de las artes de esa maga o mal hubiese quien de el furor impelida, o del error que la mueve; la condujo a ser asombro, fiereza, ira, estrago y muerte! Buenos van! cuantos delirios produce en quien ama el fuerte impulso de un ciego Dios, que más duro pecho vence! A Don Sebastían dejé en su cuarto, quiero verle, y en ilusorias ficciones. y verdades aparentes le disvadaré su amor, que pues mis celos ofrecen a aquel rústico disfraces que le asusten y le inquieten; veamos si logran los celos. lo que el agrado no puede; y pues a mí las distancias estorbos fueron muy leres:- Don Sebastían. Qué me mandas? que aunque tan odiosa eres para mí, que el alma toda te abómina y te aborrecr, no quiero que lo quejo hoy se opongara lo obediente. Ah, traidor bien satisfaces mis sentimientos crueles al ver con que vituperio lo que idólatras te ofende; pues siendo indigno de amor empleo tan indecente, con estimación tan ruda te desprecia a ti dos veces. Si es aviso tuyo, es falso, pues toda falsedad eres. Y si tú lo ves? . Mis ojos, como tú los aconsejes, no pueden decir verdad. No obstante, allí verlo puedes; y pues no ignoras cuan fácil me es hacértelo presente, míralo tú, y después di si es ilusión lo que adviertes. Ya, madama (lo que es ser galán, airoso y valiente un mozo, que ya rendida mi bizarría la tiene), que vuestro divino cielo me permite que me acerque en donde rutilan juntos tantos soles, dame el breve signo culto de la mano para que cortés le aprecie. Para tan magno favor temprano es. . Fuera esquiveces, que si es magno, con un dedo, que me deis adredemente, me contento, y será parvo el favor que os mereciere. Mecánico el ero vuestro me exhorta a tan rara especie, que no me es fácil cumpliros. tan extraña y excedente petición; pues al decoro, que en lo femenil procede, declina a indecente abuso cuando cumpla fácilmente inopinados deseos de los amantes dementes. Y así en mi hallaréis efugios, que tanta admisión os veden: no basta oír qué os estimo? Yo os quiero medianamente. Misero sois, y no más? Cielos, si ser verdad puede. lo que miro? aquel no es el traidor objeto aleve, que vi en casa de mi dama? cómo este agravio consiente mi valor? . Misero yo, señora? en vano lo teme vuestra nomposidad; porque esas flechas reverentes, que diez hermosos puñales de puro cristal parecen, me tienen el corazón tan aquel, tan de esta suerte, y tan que me sé yo como, que instándome a que no espere, me estímulan a que tome yo lo que darme no quieren, pues cualquier burro se arroja si hay cebada en el pesebre: y así::- Detente, villano. Dónde vas? . A darle muerte. Mira. . Ya no miro nada. Que. . Sin razón me detienes. Pues lo que propio es del viento, el viento esta vez se lleve. s Morid, tiranos; mas, cielos, qué es esto que me sucede? dónde están? tú eres infame quien toda la culpa tiene; a donde han de ir a parar tantos horrores crueles, tantos sustos, tantas penas? dime, mujer, qué pretendes? qué quieres de mí, ni qué de mi tolerancia quieres? a qué tu cólera aspira? posible es que no te mueve ver que te aborrezco, y que no me escusa aborrecerte para que yo te lo diga? qué es tu intento? . Si otras veces lo oíste, por qué otra vez querer saberlo pretendes? Si es que te quiera, es en vano; pues si de solo quererte dependiesen mis fortunas, fuera infeliz para siempre, antes que ni el más pequeño cariño me merecieses: con que en este asunto no me trates más. . Quién te oyese tan audaz, tan atrevido, con una mujer (aleve) vencretrá de tu despecho razones tan descorteses: mira que afable te pido que me oigas; pero no intentes que mis furias, antes que mi reflexión me aconsejen: no has de ser de ajeno dueño, en tanto que yo viviere; y si intentares grosero mayor acción: yo:: . Detente, traidora, falsa, engañosa, que ya más sufrir no puede mi tolerancia, y si no fuera valor indecente en mi sangre mi nobleza, y mi valor darte muerte, lo ejecutara, que no fuera extraño que lo hiciese, según me cuestas de sustos, de pesares y desdenes; pero válgate el indulto de mujer el que me temple; mas pues no tengo otro modo de vengar tus altiveces vanas, infieles y fieras, que el que un Juez te las modere, aunque parezca delito en mi ser yo el que te entregue: Don Ínigo, Don Facundo, venid pues. . La voz suspende. Aquí essá Cristerna. . Quién da voces? . Pues se suspenden, aunque en su casa se miren, para burlarlos se aliente mi sagacidad, mudando en bosque inculto este albergue, donde:: mas ya se vera. Si son tan fieros ustedes, y prenderme solicitan, alcánceme el que pudiere. Seguidla, que hasta que logre o su prisión, o su muerte, no he de parar. . Id tras ella vosotros, pues sois lebreles, y yo quien ha de azoraros; pues sois galgos, a la liebre, animo, y vamos a caza. Cercad, porque no se ausente, la casa. Ay, Cristerna, en vano mi amante pasión pretende, aunque con magias asombras, y con hechizos suspendes, dejar de amarte, pues cuando de ti ofendidos se todos, yo a tus pies rendido adoro tus esquiveces. Seguidla, amigos, seguidla. No la dejéis escapar. Todos me siguen, y todos a este sitio han de llegar, mas no han de pasar de aquí, pues lo sobrenatural de mi ciencia, de peñascos poblando esta cavidad, y árboles incultos, basta para sorprender su afán, aunque repita alterado su furor::- . Por allí va. Seguidla. . Bien mi intención logro. Vosotros, que estáis a mis órdenes, a quien llegue este sitio a pisar, examinad, antes que llegue a verme. . Bien está. Yo me retiro, pues dicen ellos en su ceguedad. Todo se registre, y nada se nos quede por mirar. Por aquí: pero qué veo! ciego, mi discurso está! Qué selva es esta, que nunca he visto yo en la Ciudad? y más no habiendo diez pasos solos de la sala acás La maga anda por aquí. De solo oírla nombrar me entra ya una alferecía, como de gota coral, y se me anda la cabeza. Creciendo mis miedos van: Señor Don Inigo, es esto. ilusión o realidad? Que me preguntáis; si yo, cada instante dudo más? Mejor es que lo dejemos sin tratarlo de apurar, que cuanto más se menee; peor ha de oler. . Es verdad: no más embrollos: Polilla, vámonos pían, pían, no otra vez nos hagan aires, penea, verdugo, y dogal. Qué decís? Vuestro valor; Juan Camorio, dónde está? allí hay soldados, venid a informarnos. . 1. Quién va allá? 2. Diga el nombre presto, presto. Juan Camorio, y Garceran, Robles, Menchaca y Machuca. Y él? . Dómingo Pedro Blas Polilla, que en las entrañas se os pegue, plegue a San Juan. Sin duda esto es la Noruega. 1. juzgo que medroso está. Lo que basta, señor mío::- Para qué? . Para oler mal. Decidnos, qué sitio es este, que aquí ha llegado a extrañar mi admiración? . 1. Este sitio, que de Salamanca está distante cuatro mil leguas::- No es nada la cantidad! Cristo de los Afligidos, donde vine yo a parar! 1. Fróndoso bosque es de Astolfa, Princesa del Paraguay, a donde suele venir muchas veces a cazar, aunque ahora descansa alegre en su Palacio Real. Del Piriguay? Si en el mapa esta Provincia estará? Palacio aquí? . 1. Sí queréis sus grandezas registrar, seguid esa senda. . Vamos, veámoslo. . 2. Pero mirad que a cuanto veréis calléis. No hablaré más que un costal. Ni yo, aunque tengo una lengua, que revienta por parlar. , s Digo no veis, qué hermosura! Qué salón tan celestial Allí diviso en un trono una mujer, mas es tal? la luz, que no la percibo. La gran Princesa será. Pues aún no me han conccido, dando a tanta variedad de estatuas voz, en mi aplauso su rendimiento dirá. La hermosa serrana divina beldad, que sabe vencer con solo intentar, viva, triunfe y reine, pues va con solaz que sus enemigos, el triunfo la dan. Donde se canta tan bien, no puede hallarse desmán. Cómo no? no veis la mag condenada? . Dónde está? Allí en aquella hermosura, que ella merece tan mal: ha, bruja, ya te conozco! Calla, no la digas tal; no nos convierta en borricos, y nos haga rebuznar. Infie, teme de mi injusta saña, que me he de vengar. Ah, señor Corregidor, Juan Camorro, cómo os va? bien mi desvelo en querer sestéjaros me pagáis. 3. Qué desvelo? . En humillarse de modo mi vanidad, que os paga con un obsequio un agravio injurto. . Cuál? Él de venirme a prender; pero mi docilidad no deje de divertiros por esto. Anímense ya tantas estarbas, y unidas con armonioso compás, ofreciéndoos los productos de mi habitación real, veáis que mi corazón no se pretende alterar de quien a mi muerte aspira. No veis? pues de veras va. Plegue a Dios, que de este encanto salgamos en haz y en paz Ah, señor Corregidor, caballeros, queréis más? Ah, hechicera! . Ah, bruja infame! Si se mueven morirán. Aguarda, aleve. . Traidora, espera. . Aquí el ruido esta. Seguidme todos, seguidme, no suceda otro desmán. Qué extraño prodigio es este! Qué es lo que llego a misar! en dónde estamos? . En el Palacio del Piriguay. Huyamos todos, huyamos. Tened, señores, no huyáis que no merece un rigor el quereros festejar. Cuantos más hechizos forja, la adoro yo mucho más. Tras cada prodigio, fiera, es más grave tu maldad; más guárdate de caer, porque me la has de pagar. Si lo puedes conseguir, harás bien. . Ya lo verás, por más que para engañarnos te cante con suavidad con que tu aplauso celebra esta capilla infernal. La hermosa sarrana, ORNA

JORNADA TERCERA

Dadme otra vez, y otras mil, Don Facundo, vuestras plantas, por el favor que me hacéis. Mis caricias os aguardan, Don Sebastían, en mis brazos, pues siendo estirpe tan alta la vuestra, como acreditan los timbres de la montaña, yo me tengo por dichoso en uniros a mi hermana. De la montaña? poquito es! un cuarto de casaca, que allá se pruebe, es bastante para casar con infanta: pero (la verdad) con qué tenemos boda galana? Sí, amigo Juan. . Vive Crirto, que a ser yo, antes me casara con un doctor con su pera, o una mula con gualdrapa, que con una culta. . Amigos, sea en hora buena, y que vaya el demonio para puto. Veamos, pues, si así se calma tantos escándalos, tales asombros, como una maga en mi casa ha introducido; pues no dudo al ver de su celoso despecho, a otros brazos entregada, que tranquilice sus iras lo imposible de lograrla. Por esto, la brevedad conviene. . Hoy verán mis ansias unidas en dulce lazo vuestras dos amantes almas. Pero qué, Don Sebastían, fuera tal, que hiciese cara a una bruja? vamos claros, que quien tal cosa se traga se mamará una ballena. Seo Don Facundo, la caja. Cuando yo la vi, ni supe quien era, ni el festejarla fue más, que pasar el tiempo; y atenciones cortesanas, no las vicia quien las dice, sino aquel que las abraza. Esto asegura mí siempre generosa acreditada nobleza, porque a la duda desautorice una hidalga verdad, que en mi corazón firme y constante se graba. No presumáis, que en mi queda sos pechosa circunstancia, cuanto a lo que aseguráis. Los pícaros de mí laya, aunque se casen, si ven alguna liebre la cazan, pero los santos maridos con una y no más se agarran. No obstante ya está ella presa, con la bellísima maula del gallego, que se hizo tan bellamente a sus mañas, que es más brujo que ella. Quién de un gallego tal pensira! Un gállego se hará diablo, por menos de un real de plata. Presa ertá: mas la prudencia de Don Inigo la trata con dulzura, porque habiendo (para tomar de él venganza) perturbado el juicio de mi señora Doña Paula, por si puede reducirla a que su mal deje en calma n un cuarto, con Toribio, la cela, mas no la agravia, hasta ver si logra el fin. Don Inigo está en campaña. Chitón: que en cas de ahorcade nombrar soga es cosa mala. Dejadme llorar, señora. Señor Don Inigo, basta, que en un generoso pecho nunca lugar las desgracias tienen, pues sabe vencerlas quien se ánima a tolerarlas. Y más cuando está segura quien de tus penas es causa. La suavidad de tu trato podrán emendar las ansias de una demencia traidora. Mejor es ver si se alcanza por bien la restauración de su salud. . Qué haya barbas que tal digan? pues hay más que ir y traerla, y luego ahorcarla? Pues al gállego, yo ré que si pillo su garganta le he de apretar otra soga, semejante a la de Marras, cuando ella a mí me hizo echar bendiciones con las patas. No lo acordéis, que va dando calambra ya a mis espaldas. Señores, favor! . Qué es esto? Qué traes, Inés? . Que me agarra: (Cristo del Pardo bendito) que no puedo echar el habla. Quién viene? . Polilla, huye. De quién, di? . De Doña Paula, que hecha una tigre furiosa le ha amagado la terciaba de la locura y nos quiere a todos hacer piltrafas. Pero, ay Dios, que viene aquí! Señores, de aquellas garra; no hay quien me libre? Ah, traidora, tu burlas mis esperanzas? muere. . Qué hacia mí se acerca! no hay quien me defienda? Rara ocarión de mi martirio, llegó tu fin. . Virgen santa! qué me ahoga! . Paula mía, sosiégate. . No os infama, quien aspira a vuestro aivío. Maldita sean tus entrañas, que te dio el ciclo unas uñas, que son puñales de marca. Hija, repórtate, mira, que duplicados me matan tu mal y mis sentimientos. Qué furor siento en el alma tan activo, que parece que el corazón se me arranca? ay de mí. . Temiendo estoy si aquí los ojos desgaja! No sé qué tormento es ese: cielos, qué me abraso! Agua que el fuego señora mía, solo con eso se mata. Oh, señor qué bien parece un teólogo en una sala! Téngate Dios, trino y uno, de su mano soberana! Quién es usted? Juan Camorro. Es verdad; no me acordaba! pues ya señor Juan Camorro, que se nos viene rodada la ocasión::- Virgen, del Carmen! Présteme un poco de cara, porque pienso hacerla añicos, aunque lo siento en el alma. Tente, mal hayan tus manos; suelta; mira que me arañas. Señora, déjele usted, que es un pobrécito. . Vaya, ines, porque tú lo pides le dejo ya. . Pues es brava fresca, después de quitarme los pelos de las pestañas! Inés pues tú la sostegas, de templar sus furias trata. Qué es lo que sientes, señora? cuentamelo a mí, y descama. Ay, Inés, no sé, no sé, qué furer qué ira, qué rabia se ha introducido en mi pecho, que en interior lidabatallan, fuego y nieve, enojo y susto, mal y bien, ceño y templanza! Mira, como de la esfera en las azoles campañas, encapotadas las nubes, con relámpagos que exhalan, truenos producen que asombran, y vibran rayos que matan. Huye de aquel león rugienente, que con rosca enmarañada melena, encendidos ojos, y amenazadoras garras, para quitarme la vida, cruel y tirano me asalta; detente, horrible dragón, déjame, que ya se acaba mi escaso aliento: ay de mí! Si ella en sus extravagancias, como un león, mirara un lobo, bien puede ser que acertara. Ay, Inés, qué yo me abraso! alivia tú mis desgracias, dame un consuelo tan breve. Pues mira, tus penas calma. Para templar mis ardores, inmensos golfos no bastan: huiré de aquí, donde nunca se sepa de mí, pues falta la luz del sol a mis ojos; y entre ilusiones extrañas, todo me horroriza, y todo me asombra, y todo me espanta. . Seguidla todos; señora, duelaos mi suma desgracia para procurar mi alivio. Me tiene tan preocupada su demencia, que no puedo de absorta mover las plantas; pero solicitaré serviros. . A que se añadan nuevas diligencias, porque venza pasión tan tirana. Yo lo procuraré, que ya mi pasión amortiguada, cuanto a Cristerna, no sé que me inclina Do que deseo su salud. No es nada tras lo que andan, a sino tras que cobre el juicio una mujer: qué panarras! . Vamos, Inés. Tiene Inés que hacer, y queda ocupada con nosotros. . Ya, señor, sabes que mi humildad trata servirte. . Señor, qué intentas? El cariño une las almas con tal familiaridad, que las estrecha y enlaza casi en unas; dígolo, porque supuerto que estabas con Cristerna, pidrá ser que tus suplicas de Paula alcancen la salud: ve al retrete en que se halla, que es este, y ruegaselo, que aquí a la puerta te aguarda mi amor. Escuchando estamos que responde. . Andarlo pavas: allí sale mi Toribio, válgame Dios y qué cara! ciertamente que parece rayón de semana santa, veré que tratan, y luego llegaré. En fin qué a pagarlas todas juntas me ha traídu mi sinu, o mi callabasa. Toribio, es posible que caso de estas cosas hagas? ten valor, no ves en mí con fortaleza bizarra resistencia varonil? pues, necio qué te acobarda? Su mercé, como hechicera, claru es que no teme nada. Fácil me es a mí tu alivio. Pues a qué diablos aguardas? No temas. . Cristerna, amiga. Inés mía? Pues que la habla, oigamos que la responde. Lleven los diablos mi alma, si esperanza tengo de que haga cosa de importancia. Toribio, qué tienes? sientes mucho estar en esta estancia? Si yo tuviera ura consa aquí, que es consa muy alta, no fuera tanto el martillo mío. . Te acuerdas, panarra, de mí? . De ti? non por cierto, que non vales ya una blanca. Esto escucho! Quién tuviera de Cristerna las marañas, para lograr sus intentos, cuando ingratos los contrastan. Fácil a mi ciencia fuera enseñarte, Inés, a causa de que te tengo amor. . Toma, con lo que se desataca! bravo empeño hemos traído! Calla, hasta ver en qué para. Pues, Cristerna de mi vida, si has de enseñarme, qué aguardas? yo quiero ser hechicera, que aunque paguen mis espaldas este deseo algún día, dirán gentes holgazanas que me azotaron, mas no dirán que soy corcovada. Qué honrada es! Pero quitiera que me hicieses una gracia. Qué es? Que a Doña Paula vuelvas la satud, por cuanto::- . Basta: ella mejorará, pero tomaré justa venganza en Don Inigo y en ese rústico, que disfaman mi proceder. Cómo es eso? que aún presa nos echas plantas! Siempre las desatenciones a los castigos se igualan:- Vive Dios, que has de morir tu y los dos que te acompañan, quemados vivos. . Señor quemarme a mí? por qué causa? No basta querer hacer milagros de mogiganga? En verano no era bueno; pero en invierno no enfada la lumbre. . Pues qué esperamos? ha de la gente de casa a ouemar tres hechiceros? Mirad: . Ahorremos palabras: qué madero, y chicharones:- Si yo aquí no me dejara . traer, por burlarlos más, de qué sirvieran mis mañas? No hay remedio. No hay remedio? Es andarte por las ramas. Pues antes que a verme llegue en una pública plaza de tantos ojos estrago, de tantas iras venganza, mejor será que acá dentro vuestra justicia se haga, que yo moriré contenta, con que el secreto me valga de esta estancia y de este sitio. Sin duda está endemoniada! pues, diablazo, aquí la hoguera puede estar, sin que la casa se abrase, y con ella todos? Lo dudáis? ved qué gallarda está a vuestra vista. Verla! Mas qué en ella nos encaja! Sagrada Virgen de Nieva, libradme de esto que anda. No nos lleváis ya? A qué espera vuestra cólera, a qué aguarda? Señora, yo::- . Yo, señora: No temáis: ya sentenciada me tenéis, y pues es muerte civil la que aquí se pasa; vengueos, pues, mi indignación, que de este modo se acaba vuestra cólera: Toribio, Inés venid a las llamas; (. . no temáis, que así logramos conseguir la deseada libertad. . Miren ustedes para que sigón los llama! Pues has de ser mi maestra, vamos, sin mirar en nada; pero venga el Escribano. Seo Zamartú, por su pata, venga a quemarse conmigu. Glorioso San Juan de Mata! Santo Domingo glorioso! San Antón! . En vano clama. Como me dejen a mí, no es mi fortuna tan mala! San Pedro ad víncula mío, libradme de sus infamias. Dejadle, no le traigáis, que aunque debiera tirana vengarme de sus ofensas, quiero que advierta tu saña, que ofendida, que quejosa, en mí sé tomar venganza solamente, porque entiendan troncos, brutos, aves, plantas, cielo, estrellas, sol, y luna, cuanto es mi furor, mi rabia, que los riesgos no me oprimen, ni los incendios me espantan para entregarme al peligro valiente y desesperada. Bárbaro despecho fiero! Resolución endiablada. Hola, Don Facundo, amigos llegad. Qué accidente causa tanto incendio? . Qué? vengarme, y vengaros, que mi saña ni aún se perdona a sí misma. La chama quina socarra, como pie de puerco rancio, el pelambre de las barbas. Veis que me quemo? pues no me quemo, y de verme asada, como pella de sigón, estoy como en una caja. Quéjate tenta. . No quiero. Yon sí: Mosqueteros, agua: y si no hay agua, traed vino, que un fuego otro fuego saca. Ya se los llevó el demonio. Pol En descanso esten sus almas. El horror que me ocasiona, su resolución me pasma! Señores vamos de aquí. sencia, cuando el Ay, o ede tantos portentos, volará a esfera más alta Señores, en tantos años de experiencias dilatadas, tantos enredos no he visto. Eso es, en Dios y en mi alma, un mare magnun de embrollos, tan grande como esta casa! Con la prevista tragedia, aunque la lloren mis ansias, a estan cercanas mis dichas. . Ya es dichosa mi esperanza. . Ya estamos libres de brujas. . Ya mis cuidados se acaban. . Llegó a su colmo mi amor. . Ya no hay diablos en la parba; pues solo me han dejado, buenas tardes, camaradas. n. Cómo te sientes, di, señora? Creo, que no peor, Manuela. . Mi deseo tu salud solamente es la que anhela. De tu amor satisfecha es toy, Manue- y pagarte prometo, (la, cariño que proviene de tu afecto, dónde está, di, Mencia? Aa poco que dejó tu compañía por ir a la prición, donde esa maga sus enormes delitos satisfaga; y aún también me recelo que los demás señores, con tu abuelo, allá también están: mas ya ella viene. Albricias, Paula, mi cariño viene a inferir del fanático accidente, que de ti ha separado lo doliente. Mejor estoy, Mencia: mas dime, aquesa fiera, aquesa impía encantatriz aleve, a volver no se mueve lo que contra razón me ha despojado? Oíd el trágico caso, triste estado a que la ha reducido su despecho, y en fe de mi terneza os refiere con lástima mi pecho. Pues del Ciego salí con tal limpieza, que como oro acendrado, venme aquí, ustedes, más purificado, mudándome esta pían, dian me vengo hacia esta sala, por si mi dueño viesen mis amores, y darme así un hartazgo de favores. Ya que el gallofo, medio chamuscado, roplándome las uñas me ha dejado, siguiendo vengo su tesón sencilio, por si acaso en latín a él le pillo, y como me desprecia, a lo cartujo, se ha de acordar de aquesta bruja el Qué me cuentas? (brujo. Sucesos repetidos ya evidencias, por lo bien entendidos. La pícara de Inés, con tal deshonra, infame maga fue! Cómo me honra! Y Toribio, el córito tan bergante, siguió con más baldón lo nigromante, villano, y ruin y pícaro! . Señares, con qué he de pagar yo tantos savores? Ven al estrado, aunque pequeña esfera, y sabrás lo demás. . Vamos. Espera, serafín hermoso, donde un rendimiento fiel, yo:: si la puedo mirar:: que desleido: como:: porque:: Qué pedís, que espiritado apenas hablar podéis? No es mucho, purpúrea, cándida, rubicunda explendidez de nacarados primores, que me túrbase tal vez; o discúlpeme este ejemplo: No has visto al sol al nacer verbi gracia, cari abierto con cara de Ginoves, los labios así, entregados, y los ojos del reves? Pues asi yo, claro está, no pudiendo, en viendote, dejar de mirar tu sol, viéndole estaba pardiez. Pollínísima razón; de traje mudó el cruel y semblante, oigamos, alma, que yo me vengaré y bien. Hombre o sombra, qu en mí tan rara altivez, que os atrevéis al castillo murado de mi desdén, audaz y grosero? . Escucha, oye, y allá va lo que es. Esas niñas de tus ojos, tan niñas, que en el cancel de parpados y pestañas se arrullan, allá también, por esta tetilla izquierda me han traspasado esta vez de guiñar y de brincar un portentoso alfiler: Pues tus mejillas, ahisón un grano de anis, y abí es que no con también tus labios medio rompido un clavel? Y si la imaginación descendiendo va al traves, ve ese eburneo y claro cuello, a que se siguen después, purpúreos, cándidos orbes sacteos con canela y miel; mira si hay motivo para que a mil demontres me dé? Tal escucho, y no le rompo al caraza de pastel todo el casco de pe a pa? Hombre, cuya estolidez os ha inebriado del juicio la región poco cortés, trantitad de un domicilio, a quien aún el sol no ve, que iracundiarme no quiero como este sitio dejéis. Pero cómo, si sois falso, me reprimo? ola, no hay quien a un rústico imponga modos? Sí, señora, aquí está Inés, que a Toribio le pondrá como nuevo. . Qué escuché! ay, qué susto, Inés, Toribio, ni de las llamas volvéis, yo cuando, qué tremebunda y extérrita estoy! iré a hacer gente con mis ecos. . Ven acá, perro lebrel, conmigo (ha, falso. ha, tirano!) usas trato tan sohez? sin duda te has olvidado, que siempre he sido yo quien he andado con mis halagos galanteando tu esquivez? quien soy yo? di. . Quién en otro tiempo mi cuidado fue. Y ahora, infame. Ahora que estoy tan galán; yo no lo sé: porque el traje señoril en mi infundio tal desdén, que hace que las cosas de hoy borrasen ya las de ayer. Tal consiento? tal tólero? y tal:: Pero callaré hasta que logre la mía, pues ya que mi sencillez, mi cordura y mi inocencia no te pueden convencer, merezca siquiera yo de ti una cosa. . Cuál es? Que pues estás tan bazarro, y con tanto garbo, que el Conde Fernan Gonzalez es contigo un arambel: me digas, en qué consiste tal metamorfosís. . Pues sabe, que esto hace una cinta, que me cio el docto saber de Cristerna. . Un lazo? . Sí. Toribio, enseñamele, que con verle me contento, y no volverá mi fe a cansarte, aunque mis ojos tan tiernas muestras te den, liquidandose en cristales. Cielo puro, qué he de hacer? . que Ines llora, y me agua el gusto con sus lágrimas Inés; mas yo miro engamidicos? Toribio, he de merecer, ya que me voy ver tu lazo, Porque se vaya lo haré, que si así me ha de dejar, nada aventuro pardieza Esta es la de nácar prenda, a quien tanto debo, Inés. Fae? . Sí. Raro prodigio! A longo, mirale bien: Quiero apropincuarme un poco Si le vea ya, para qué? Para agarrártele que quedándote sin él, ya ese traje no te oculte, para que retratandote de Toribio, a lo gallego, caraza, manos y pies, a insinuaciones ligeras de la vil tropa sobez expuesto te quedarás. Tente, mal muermo te dé: echa acá, mitumorfosís, maldígate el cielo amen: mira que parlu gallegu, y me han de intentar muler; vuélveme mi soga acá. Para ahorcarte la daré: no eres tú el que me desprecias, corito, fiero, novel amante, cuyo testuz de la cruz del fiero es; tu aleve, de otra y no mío? por qué, tirano, por qué andas tras que traiga yo perendengues en la sien? es la otra mejor, di, bruto? Par deus, que yon non lú sé, pero aunque fuese peyor, y más peyor con estos diez cotos, tú non te recordas, silla, de aquel entremes, en que hay natas a almorzar, hay natas para cumer, hay natas a merendar, e para cenar también. Sí. Pues yon non quiero natas, que ya estoy hasta lla nuez. Alma de cántaro, ablanda corazón tan calubrés. En cuantu a que yon te quiera, mancuantua por esta vez. Y mi cariño? . Esu es paja. Y mi amor? E yon qué sé! Eres traidor. . Tu chiquita. Es posible? . No a mía fe. Mira este llanto, que vierto soga a soga. . Para qué? Si por abi echas el agua, non tendrás que hacer después. Advierte, que son nacidas mis lágrimas de un querer muy alto. . Llura, que asín te ahorras:: ya sabes de que. Estrella impía. . Hado crudo! Esto es amar? Esto es querer? 2. Fuego de Dios en el querer bien, amén, amén. Pero pasos siento, huya de aquí; mas por dónde iré? por el aire? no, que temo la garrucha y el cordel: pues voyme por este lado, entrándome por mi pie. Ella se fue y yon non puedo. Virgen sagrada, qué haré? ellus me han de desullar como a un San Bartollomé. Ya vienen aquí; me escondu. Mi amor me vuelve otra vez; que idolatrando la caja de la perla, que adoré, no acierto a salir de aquí. Don Sebastían, ya que veis que en Doña Paula mejora la suerte el daño cruel, que Cristerna ocasionó, para que unidas esten nuestras dichas, esta noche he dispuesto que logréis la unión feliz, que deseo, con mi hermana. . No podré hallar frases, que ponderen el gran favor que me hacéis, en el logro que consigo, y así rendido diré, que en fe de aquesa esperanta vive mi atención cortés. De Doña Paula consigo la mano hermosa yo en fe de que Don Inigo gusta. Amor, decid, quedáis bien? llevose el diablo mis ansias. Todas las puertas coged, y guardadlas, porque no pueda huir nadie. oa T qué os ímpele a que aquí entréis, señor, con tan raro extruendo? Saber que dentro se ocultan la criada, y el gallego, que en la hoguera con Cristerna entraron. . Y siendo cierto, cuando haya sido fingido, lo he de hacer yo verdadero. Aquí los dejé. Esta casa sin duda la viven Griegos. Desde que esta mujer vino, no hay instante de sosiego. Yo en este retrete miro. Yo miro en este aposento. Nadie hay en este. . Toribio, en qué andas, loco? qué es esto? Esto es, signor, que soy yo: Señora, a tu amparo apelo; metime aquí, he non podrán sacarme de aqueste huecu, que lle tendrán por sagradu. Sin duda que vienes ciego. No sabremos, en qué estriban tantos pesares, camueso? Es, señor, que por amor me tentú el demomu mermu. Pues buscad quien le confiese, que hoy ha de ser escarmiento su muerte. . Yo solo sé conferarme en calderero. En caldeo dirás, tonto. Sí, mío señor, en caldero: ay, pobre Turibio ya acabarún tus enredus. Para castigar en este de Cristerna los portentos, retiradle a ese retrete, qme cuando a nuestro festejo hayamos dado, en estas os uniones de himeneo, a a morir. . Ay, gaznate mío! qué al fin mis sucesos han venido a hacer curbetas cún los calcunus, qué es estú? Cristerna, como no vienes a sacarme de este aprieto? No temas, que yo te asisto. Fues me lo avisa, nun temo. 1. Venga el brujo. 2. Venga el mago. No impidan estos lamentos nuestras dichas; y asi amor, enlazando en nudo estrecho cuatro amantes voluntades, a esta unión inspire aciertos. Ya se acercan mis placeres. Propinquo está mi contento. Celébrense nuestras dichas, repitiendo a nuestro afecto en cláusulas dulces, graves acordes sonoros ecos. En hora felice amor ponga en honor de himeneo cuatro voluntades prontas al carro de sus troseos. o Ya que la encendida tea previenen los novios tiernos, no es razón que a tan plausible función no asista yo, a efecto de expresarlos mi fineza. Ya, señora, por llo menus desde balcón veo la fiesta: Inés, por Dios que nos vemos en otra catreda ahora. No sabes que parecemos en campanario muy alto? Urraca yo, y tu Vencejo. Hijos, pues vuestra firmeza es tanta, logre su anhelo el fin de tantas fatigas. Despacheme, ya que agüeros no tenemos con la maga. Quien en fe de un rendimiento idólatra, qué dirá, si aspira a bien tan exceso Captiva mi voluntad, con yugo tan de mi afecto, tímida espera. . Mi mano señora, es esta. . Teneos: y antes de oírme, no oséis a proseguir tanto empeño, sino intentáis vuestra ruina. Qué miro! Cielos, qué veo! Traidora, aún duran tus Aún no te consumió el f Era tocarrar bien e pellejo. Era muy poco el pabilo. Pábilo? pábulo, necio. Pálulo, o como se llame; señor Don Muñigú, ciertu que su mercé, y Juan Zamartu, son lindus casamenteirus. Qué intentas, mujer? No más que hacer a ese caballero una pregunta, que para que mejor la entienda, he hecho esta fábrica, en que pueda asistir yo a sus contentos. Intenta usted, señor mío, prosiguiendo en mi desprecio, dar a esa dama la mano? Y con un rendido obsequio todo el corazón con ella. Y sabes tú si yo nuiero? Pues tú cómo has de impedirlo? Él como será has de verlo no retratando el dictamen. De obedecerte tan lejos estoy, que ofrezco mi mano otra vez. . Pues tan grosero, tan falso, tan vil, ingrato, traidor aleve, te encuentro, ya que quedé yo sin ti, no te consiga otro dueño. Señora, aquí no hay arbitrio, y así en lance tan estrecho, buscad pues segundo esposo, porque este yo me le llevo. Qué desgracia! Qué infortunio! g. No se retarde el remedio Don Sebastían, señores, ve aún está aquí. Allí le veo. Ea, no nos detengamos, que estamos perdiendo tiempo. Quién quiere, usted, que se meta con bocas de los infiernos! ! tire, usté, que to le tenemos. Que puede ser lo que mir Que como hace tanto hiele, como a riño pecador, para abrigarle le ha envuelto. Ay amo de mis entrañas. Qué aguardamos? desatemos, que se ha de ahogar si tardamos. So Don Facundo, qué es esto? no veis, y qué demoñito, a manera de muñeco? Absorto estoy! Este duende, si será de los trabiesos? Qué es esto, bruja del diablo? Esto es enviar al festejo quien lo celebre, y si no, miradlo por los efectos. La casa del Cura se cayó, la mitad sí, la mitad no, el zamarrón, la zamarrita, cuatro de plata dineros son. Encanto a encanto se añade. Aquí no hay que tener miedo; quememos este diablillo, y en ella nos vengaremos. Quémar! ahora sí, quemar! cochinos, belitres, puercos, y tú, Polillón, creras que no había de llegar tiempo de vengar los azoticos, que en casa me das? ha, perro, ven acá. Dios te bendiga; qué carita! qué pescuezo! qué orejas! qué coram vobía! anda que eres un camueso: toma, para que te acuerdes; y alcánzame, majadero. Alcánzale. Cómo pueda, me daré por bien preso. Sí: mírale como corre, mas así le pillaremos. No se escape. De mirar rtaquedo! to ason No es nada lo que allí pasa! ha, tontos, cual los tenemos! Al quererle echar la mano, no le tropiezan los dedos. Ya no se puede escapar: mas qué demonios es esto? Llevárselo Barrabás todo, y aún a mí con ello. Dónde está mi esposo, infame? Aquí: mira si le quiero, pues colocarle he sabido a mi lado, desde el centro. Mencia, mi bien, señora, violento voy. Calla, fiero. Esposo, yo estoy sin vida! Ea, amigos, asaltemos la casa. . No se respeten de mujer los privilegios: y pues todo es aparente cuanto oimos, cuanto vemos, vencer sabrá sus engaños quien asalte más resuelto. A ella, muera una traidora. Si apetecéis vuestro riesgo llegad. Qué riesgo, o que alforja ya tu infamia puede hacernos, si es todo una chilindrina? No obstante, por si os contengo, asaltad, que en mi defensa no hay más que lo que estáis Todo el valor se me ha helado! Ira de Dios para el perro, que vaya a jugar con ella! Ah, Toribio, pega fuego, y rociada de metrarla sacudelos. . Voy a eso: allá va, Seo Don Muñigu. Tente, maldito gallego. Infame, no he de dejar de buscarte. . No te temo. Pégale fuego, Toribio. Seo Don zamartu, que pego. Tente, maldígate Dios; que a Santa Marta me vuelvo, por no tratar con vosotros. Tanto el susto mi denuedo oprime, que hasta que calme, daros la mano suspendo. Como yo llegue a ser vuestra, tranquilo estará mi pecho. Al fin no hay boda? No es poco. Si después de tanto enredo, aquí acaba la Comedia, perdonad sus muchos hyerros.