Texto digital de A cual mejor confesada y confesor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Madrid, Antonio Sanz, 1754).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A cual mejor confesada y confesor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-cual-mejor-confesada-y-confesor.

A CUAL MEJOR CONFESADA Y CONFESOR
JORNADA PRIMERA
IVA el Gran Pelipe, viva. Viva Don Luis de Toledo, su General. . Alto, amigos, que pues no sin gran misterio permite el Cielo, que llegue a Medina al mismo tiempo, que en ella vive Teresa, nueva Antorcha del Cármelo, no he de irme sin visitarla, Glorioso ínclito Mancebo, honor de la Casa de Alba, ya vuestros nobles deseos se cumplen, pues mi humildad de ese honor sale al encuentro. Jamás emprendí jornada tan venturosa, y más viendo a vuestro lado, en Leonor de Mascareñas, el bello simulacro, en cuyas aras es ofrenda mi respeto. Qué escucho, pesares míos! . Señor Don Luis, yo celebro (después de tan larga ausencia) la dicha de mereceros en mi casa. . A vuestra queja, que por gran favor la aprecio, yo satisfaré otro día; que ahora tan de priesa vengo, que solo tengo lugar de repetirle mi ruego a nuestra Madre Teresa. Cuál, señor? que no me acuerdo. Cómo ha de tener memoria quién toda es entendimiento? Ay Leonor, afable a todos! solo ingrata a mis afectos! En Avila me ofreciste, no ha mucho, fundar Convento en mi Villa de Macera del nuevo Instituto vuestro de la Descalcez; y ansioso de conseguir a mi Pueblo los dos celestiales frutos de la virtud, y el ejemplo, habiendo de conducir la gente, que a Madrid llevo a que pase la revista, formando un corto rodeo, os vengo a buscar, (después de solicitar trofeos en Flandes) por el blasón de conquistar vuestro pecho. En verdad, señor Don Luis, que son para tal empeño fuertes armas cortesía, devoción, y rendimiento; y si persuadís valiente, tanto como obráis discreto, tendréis de los Enemigos lo que de mí. . Pues qué tengo? La victoria conseguida, pues partiré a obereceros al punto, aunque la Princesa de Éboli pide lo mismo para Pastrana, y está mi palabra de por medio. Madres, tan sumo favor con el alma lo agradezco: La Princesa mi señora no se ofenderá, sabiendo, que es mi acción obsequio suyo, pues somos cercanos deudos. El amo que tengo es mixto de gazmoño, y de travieso. Pues podéis partir seguro. Ricardo, que marche el Tercio: qué mal de lo que amo huyo! Oh cuánto es mi sentimiento de partirme, y no poder hablar a Leonor! más presto daré la vuelta a Medina. juzgo que no tardaremos en volvernos a ver. . Somos los Soldados forasteros en la Patria, según se guardan las órdenes. . Os lo ofrezco. No has conocido a Ricardo? Ah tanto que no le veo, que no es mucho que le extrañe. Pues Don Luis? . Tarde mi ceño vencerá. . Leonor, adiós. Él vaya en amparo vuestro. Marche el Campo. El Campo marche, aunque yo vaya muriendo. Adiós, mi Madre Teresa. Mil siglos os guarde el Cielo, Viva nuestro General, Ya, Leonor, solas nos vemos, y solo en vuestro hospedaje consiguiera yo sucesos tan ventajosos a aquella empresa, que sobre esfuerzos mujeriles va cambiando los desmayos en alientos. Dichosa yo que consigo tanto bien, cuando te tengo en mi compañía. . Madre, es tal la dulzura, y apego que tiene, que parece que de mescocha la hicieron. Hay hijas mías, que es tanto mi temor, mi desconsuelo, viendo que Dios sobre mí carga tan terrible peso, Atlante de una Estrechez, (no reforma, pues es cierto que puede haber mejoría, y no enmienda en lo perfecto) que sin Alcides que ayude a sustentar el gobierno de fábrica tan insigne, medrosa, y triste fallezco: Señor, quién será glorioso Prototipo verdadero del Espíritu de Elías, que Patriarca moderno de mi antigua Religión despierte el dormido celo, que al contacto de su palio se duplicó en Eliseo? Quién será aquel prometido Querubín, que siempre ardiendo en la hoguera del Amor, descalzo Moisés rompiendo del Cármelo la alta cumbre por entre escollos, y riesgos, se abrase a la penitencia, Zarza del fervor primero? Vos me lo ofrecisteis, vos, Señor, y yo os reconvengo con vuestra santa palabra. Donde está el Varón excelso, Piedra angular que ha de ser de este pobre fundamento, rico en glorias? Aquí está:- . Quién? Un Religioso vuestro, Fray Juan de Santo Mathías. Qué presto, mi Dios, qué presto te has comnmovido a mis ansias! decid que entre. Yo te advierto tan suspensa, y tan absorta, que ser embarazo temo. No, Leonor, espera (pues nada que los dos hablemos será extraño para ti) detente, si es tu deseo ver un penitente Pablo, o un Hilarión del Desierto, en Fray Juan, sabe que es alma de insignísimos talentos. Yo os escucharé gustosa. Yo no, que de hambre me muero. El Cielo, Madre Teresa, la guarde, y a vos el premio, señora, os dé de las muchas atenciones que os debemos. Era hora, Padre Fray Juan, de obedecer el precepto, que le envía? Mucho estimo tener el gusto de veros. Benedicite Matronas. Quién sois vos? . El compañere Fray Tortilla, gordo, y ancho, de Fray Juan el flaco, y seco. Ira de Dios, qué Legazo! Madre Teresa, Fray Pedro de Horozco a veros me envía, y la causa no penetro; dice que me la diréis vos, y de mi encogimiento, y mi retiro a pesar, sus órdenes obedezco. Tan abstraido vivís? Madre mía, a mí con eso. Quiere callar? . No señor, que a quien se le da tormento le permiten que se queje. Diga, hermano mío. . Acepto. Vele, Madre, angustiadito, flaquito, y chiquirrituelo? es que tiene por barriga una pelota de viento; no ayuna, sino el ayuno le ayuna a él, porque es él mismo tan parba materia suya, que al propio ayuno da miedo. Y le imita, Fray Tortilla? Sí, Madre, que en un almuerzo me como dos nombres míos, cada uno de siete huevos: reza tanto, y tanto reza, como yo de rezar dejo, que no puede encarecerse mas, . Pues bien toma el ejemplo. El caso es, que hemos de estar en cruz seis horas en peso contemplando. Y en qué, hermano? Él, de la Pasión los hechos, y yo en los desechos, Madre, que le pillo al cocinero. El Padre es fiero lagarto. No me tenga más suspenso, diga, Madre, lo que quiere. Inés, éntrate allá dentro. Santa palabra. Leonor, es muy nuestra, y no debemos de su piedad recatarnos: refieranos los sucesos de su vida, y cuales son sus íntimos pensamientos, que esta es voluntad de Dios. Advierta, que::- No hay remedio, mire que al bien de la Iglesia importa. . Si no me puedo resistir, y Secretaria sé que es de muchos secretos de Dios, que la comunica, yo obedeceré. . Sin miedo, Padre, que bien sabe hablar, no obstante su encogimiento. ̱. Yo nací, Madre Terasa, en la Villa de Ontiveros, de Avila Obispado, allí mis honrados Padres fueron Gónzalo de Yepes, Rama de Hidalgo Tronco en el Reino Castellano, y Catalina Albarez, con pobres deudos, y corta hacienda, más ricos de virtudes, disponiendo Dios brótase tan mal fruto de dos árboles tan buenos. Apenas los cuatro anos gozaba, cuando saiendo un día hacia una laguna, que esta cercana a mi Pueblo, travelcando a sus orilias, (sin saber como en el centro de sus cristalinas aguas caí, donde breve leño, que la tempestad combate, liéndome los brazos remos, siéndome timon los pies, siendo velas los esfuerzos del alterado soberbio golfo, hasta que el propio lastre, pues de un batel tundamento fue tuma del poco buque de mi delicado cuerpo, en los húmedos abilmos sepultándome su peso: Ya anonizaba entre mudos horrores, perdido el tiento, y en forzada hedropedia mi muerte me iha bebiendo, cuando en los lejos del alma (si acaso en el alma hay lejos, a María Virgen pura ciame, que desde pequeño imprimin en mí la enfeñanza la fe con que la venero. No bien hube concebido el no pronunciado ruego, cuando en radlantes fulpores se encendio liquido espejo, y fugitivas las aguas tanto golpe de incendios, dieron palo a una Matrona tan bella pero qué pienso copiar a la Estrella luces, pintar del Alba reflejos, medir al Cielo explendores, contar a luz lucimientos? gran temeridad! pues cuando tan hermosísimo objeto es luz, reflejo, explendor, y antorcha del Firmamento, para emprender la pintura, a cuyos vislumbres ciego, sombras serán, no colores, Alba Estrella, Sol, y Cielo; llegose a mí, y con su Mano Sacrarísima, ciñendo de mi diestra delicada, al cabo me sacó al puerto. Admiraron el prodigio de verme salir ileso del peligro, los que estaban esperando el verme muerto. Referí al suceso a todos, no sé yo si lo creveron, que en lo bueno siemprey d y en nuestro miserogan tenemos la fe muy tibia los espíritus enfermos. Creci aplicado al estudio, Jasta un día, que viniendo a Medina, en el camino de un valle, solo, desierto, cercano también a un lago, que no sin causa dijeron ser de las tribulaciones las aguas símbolo expreso: hallé delante de mí mn monstruoso parto horrendo del Abismo, a cuyas señas, (solo de expresarlas tiemblo) quedé pasmado, y absorto, la faz de León hambriento, las garras de oso, y los pies de arido triste esqueleto; infestaba de las hierbas el verde semblante ameno una cola de serpiente, que con vueltas, y escarceos azotando al aire, hacía crujir lastimoso el viento, y elevándola sobre él dos largas velas de fuego, que eran sus horribles alas, mariposa del Infierno, la breve luz de mi vida iba apagar con su aliento, cuando invocando a la Virgen, al punto se resolvieron en humo, niebla, y vapor, monstruo, espanto, amago, yn ed Desde aquel punto a María le consagré todo entero mi corazón y acortando de mi vida los sucesos, con los intimos favores, que a esta gran Princesa debo, solo diré, que anhelando hacerla un cabal obsequio, una voz escuché un día, que me dijo en claro acento: Servirasme en una Sacra Religión, cuyo primero estrecho fervor ayude a resistir con tu ejemplo. El Oráculo cumplido en mí, o Teresa, y le advierto, pues de María se llama la Religión que profeso; pero esta Santa Estrechez es por la que ansioso anhelo, la que abrasado suspiro, la que constante apetezco; y pues te he de revelar, según dices, mis intentos, al Instituto de Bruno, Ángel en humano cuerpo, áspiro, y pienso pasarme a la Cartuja, añadiendo rigor a rigor, retiro a retiro y al silencio, silencio: así aumentaré mis dichas, así evitaré los riesgos, así escalaré la Esfera, así hollaré mis deseos, así estudiaré en Jesús, así ferá mi Maestro, y así serviré a su Madre, de quien recibir espero, pobre, humilde, triste, y solo, gracia, auxilio, honor, y premio. Bendito sea el Señor, que su palabra cumpliendo, este gran Varón me envía, cuya virtud, y talento me ayude a una ardua empresa, y este sois vos, Padre nuestro. Yo, Madre? No hablan con él, que estoy yo aquí, pollo guero Mire lo que dice, hermano. Una fundación emprendo de Religiosos Descalzos, que observen aquel primero rigor de la Regla, que hoy mitigado le vemos. Esa ya la observa el Padre, que es Calzado contrahecho. Qué dice? . No a la Cartuja se vaya, que Dios inmenso quiere que en esto me asista, y Patriarca supremo de la Estrechez Carmelita, nos dará ejemplar su celo descalzándose, qué dices? Que si Dios de tan vil siervo se vale, a servirle aspiro, como se disponga presto. Mi Confesor, Padre mío, será desde hoy y uniremos nuestros corazones, para cumplir de Dios los decretos: Oh qué buen Descalzo hará! Sí, pero sin compañero. Por qué? . Yo no me descalzo, que tengo los pies más tiernos que manteca, y quiero irme vestido y calzado al Cielo. Ya lo pensará mejor. Sobre que no ha de haber Lego Descalzo en esta Comedia, y acepto ser Despensero, calzado de pies, y frente, de camisa, y de coleto. Pues Fray Juan, a la batalla. Ay Madre mía, que temo::- Qué ha de temer? no me sea pusilánime. . El Infierno ha de inventar embarazos. Dios deshará los tropiezos. Él mundo es todo tinieblas. Jesús es todo reflejos. Mucho ánimo tiene, Madre. Sí, Padre, y él mucho miedo, El Senor le presta auxilios. Dél confío mis aciertos. Qué amable conversación, y qué santos pensamientos! Pues Teresa, a la batalla. Fray Juan, no sino al trofeo. Pues si Dios es con nosotros, quién será contrario nuestro? Nadie, y más si ayudo yo, que a cierra ojos me entro descalzo de la oración, del ayuno y el silencio, y observante del zampar lo que mánduco, o meriendo. . Salga del centro oscuro el Príncipe infernal del Reino impuro, pues él solo basta para esta empresa. Guerra, guerra, arma arma. Cesa, cesa, horroroso clamor, triste lamento, en el cual, siendo espanto, no hay acento, que ya está en la campaña el León venenoso, la cizana, el uracán, la hidra, el furor mismo, pues lo es el Monarca del Abismo, a fin de que deshaga, y que persiga esta terrible unión, y fuerte liga de Juan, y de Teresa, en que he de perder yo cuanto interesa el mundo, y aún el Cielo. Ciega es tu presunción, vano tu anhe- (lo, pues al tiempo que escupe la vibora de fuego en quien tu fías, tosigo aleve que en matar se ocupe, desciende en mí el Espíritu de Elías, a que en Juan, que dejando de Marnías el renombre, a la Cruz pretende asirle, logre este fuego místico infundirse de este brillante rayo, de Dios aliento, y del horror desmayo, Ea, infernal canalla, al combate. . A la batalla; y para dar principio a la pelea, iré a rugidos infestando el viento, (to, Yo en dulzuras templando su elemen- porque sonbro idioma indicio sea de que hoy el Cielo en deleitar se emplea a la tierra con Juan, pues por él quiso fundar en un Vergel un Paralso. Huyendo irá mi horror tu injusto amago. Es que ya empiezas a llorar tu estrago. AREA. La saña tormentosa del Ábrego infernal la templará amorosa el Aura de y celestial. María poderosa desde su Trono Real del célebre Cármelo, y de esta espada el celo, conseguirán un triunfo sin ig La fana, Ya os he dicho, Caballero, que no recibo a estas horas recados para mi ama. Fiel criada sois. . Joroba. ̱. Pero yo os pido::- . Historia. Que de mí toméis: . Mareo. Este diamante, y oculto en esa pieza, o en otra me dejéis, donde mis quejas el que las causa las oiga. Ricardo del alma mía, no solo por ser memoria tuva, recibo el diamante, (ha si pesara una arroba) sino es de balde ejerciera yo este oficio que soy moza caritativa, y más con los pobres que se enamoran: Leonor vendrá a recogerse, que es tarde. Hay tirana hermosura! Y en ese cancel oculto, como el que entrastes supongas por las tapias del jardín, verla y disculparte logras, que está enojada contigo. Por qué? . Linda gerigonza; pues no ha cien años:- Inés. El diablo que la responda; escóndete, y aguarda, hijo, que el hallarme aquí no es cosa. . Espera. . Inés. Yo me oculto. Quién va? El embozo me esconda, pues no logré mi deseo. Ilusión, fantasma, o sombra, que el honor de este sagrado así a profanar te arrojas, quién eres? . De tus luceros una ciega mariposa, que a sus ardores fallece, y el fuego a que muere adora. Descúbrete, o daré voces. Si haré, que no menos pronta vive mi fe a tus umbrales, que a tus enojos, señora. . Ricardo, pues qué osadía es esta? . La que ocasionas. Cómo? . Cómo desde el día que en Madrid te vi, y mi loca fantasía hizo tu imagen ídolo de mi memoria, aunque volví a Inglaterra mi Patria::- . No es tiempo ahora de referir tan de espacio lo pasado. . Cómo me oigas, presto me iré, aunque a mi Patria (vuelvo a decir) se recobró mi cuerpo se quedó el alma en la Región Española: la introdución con tus deudos, que casualmente me logra haberlos en Portugal tratado, me dio la forma de explicarte, antes de irme, la constante, la obsequiosa fineza de mi respeto; hoy volví:: . Cierra la boca, que a tal hora, y en tal sitio está a gran riesgo mi honra, yo te oiré en otra ocasión; pero en esta (qué zozobra!) por dónde entrastes? Preciso es ir con lo que Inés me informa; por las tapias del jardín. Pues ven, y por esa propia parte vuélvete a salir, que yo te iré haciendo escolta. Considera::- No he de oírte. Dejando marchar las Tropas, que conduzco, di la vuelta a Madrid, y ya me otorga la fortuna mi deseo de hablar a Leonor hermosa, que habiendo menos criados, cuando amparado en las sombras sus umbrales acechaba, vi que abren, y que entran las puertas de ese edificio, que de tal Perla es la concha; qué estancia será esta, Cielos, en que la planta medrosa, como entre tinieblas pisa, solo confusiones toca? Mas no es ella quien prestando sus reflejos a una antorcha, viene las oscuridades venciendo con dos antorchas? felice soy. . Ya Ricardo se fue, ya se desahoga mi corazón, pues aunque no le escuché rigorosa su atrevimiento; mas, Cielos, qué miro! . El alma se acorta! Pues cómo, Ricardo, en vez de irte, la vuelta tomas para venirme siguiendo? Si es la salida escabrosa del jardín por la muralla, mira que no tienes otra. Ni otra bella ingrata, a quien dudaba hasta ahora la causa de aborrecerme desde que tu amor me postra, ni otro medio pudo darme la contingencia, y la forma de conocer tus crueldades, sino el que mis ansias notan. Válgame mi confusión: qué miro! Cómo se ignora por mí la sálida, pues fue de Inés invención sola, vuelvo a ver si por aquí; mas qué veo! . Estáis absorta? Señor Don Luis, como nunca:- Calla, no intentes, traidora, aumentar en mis desprecios de tu Ricardo las glorias, pues presto le arrancaré de tu pecho porque a costa de su vida:: . Qué oigo, Cielos! Se despiquen mis congojas. Veamos como. Ay de mí triste! Ricardo es este. . Alevosa voz, que el horror que te encubre, tú mismo temor pregona, yo castigaré a tu dueño su osadía. . Calla, y obra. Qué haré, Cielos! Fuerte brío! . Gran valor! No te me escondas. No es fácil, mas ay de mí! muerto soy! Criados, hola, Fabio, Inés. . Antes que acudan, y me conozcan, pues he dado con la puerta, retirarme es lo que importa. Para que consiga yo la ocasión más ventajosa, que pudo encontrar mi astucia. Fabio, Clori, Inés. Señora. Alumbra; pero quién es? Leonor bella, una persona, de tu huéspeda Teresa amante, que el sitio ronda, donde habita. Que es lo mismo, que decir que su devota. De Teresa no lo creo; pero ya que así se arroja vuestro orgullo de mi casa al sagrado, es a buen hora; pues si Caballero sois, os pediré me socorra vuestro valor; y este hombre, que con mortales congojas luchando está, esa de aquí, antes que la voz corra de que en mi casa fue herido, ni los que en su espacio moran le vean. Vuestros preceptos son leyes en mi forzosas: Ricardo. . Virgen Sagrada del Cármelo, misericordia. Misericordia pronuncia quién de ser noble blasona? pide a los Cielos venganza. Qué más dijera Mahoma! El que a Ricardo conoce, de esa manera le exhorta? Es, que en su honor me intereso. Cielos, piedad. Los invocas en vano, que los Abismos te infundirán, si te cobras en tu valor, más incendios que lloró en pavesas Troya. Jesús, qué hombre tan maldito! Ay Ricardo! . Tú le lloras? Es que por mí::- Leonor mía. Teresa, el llanto se esconda, la voz se reprima, el alma se ahogue en sus ansias propias. Apenas de sus candores tiende la luz brilladora el Alba, estás ya vestida? Un cuidado lo ocasiona. Basta, que son los desvelos ladrones, que el sueño roban. Si creere lo que aquel hombre me dijo? pero qué loca proposición tan indigna! Madre mía, permitid que me recoja un rato. Amiga, conmigo no es menester ceremonias. Buena va la señorita. Ya habemos quedado solos, mi Jesús, veamos como lo que inventas perfeccionas, Deo gracias. Hermano, entre. Servitor, Madre Priora. Qué trae Fray Tortilla? Vengo de píquete de una tropa Carmelita, a prevenirla, que Fray Juan Pretina angosta, y Fray Antonio de Heredia están aquí. . Ya se goza mi espíritu, Jesus mío, del gran fervor con que toman esta empresa. Madre, Fray Juan, desde que en la tal Reforma discurre, trae una cara de una castana pilonga. Qué dice? Madre, no es hombre para esto, yerra la moda en no encargármelo a mí, que en mi hay cogote y hay colla. F a Sea Dios en esta casa. Y su Madre poderosa. Padres míos? . He querido, que a Fray Antonio conozca, porque hay espíritu en él, Madre, y hay prendas heroicas para que ayude a su intento, que en mi estrechez se malogran: yo no he de hacer nada bueno. Eso tenemos ahora, Padre? Madre mía, es la cortedad tan notoria de Fray Juan, que entre humildades su resolución ahoga; yo, como mi Dios me ayude, no hay hazana prodigiosa a que no me arroje, aún cuendo la edad las fuerzas me postran. Eso me parece bien, teniendo a Dios, todo sobra. Venga acá, hermano. Qué dice? . No es Fraile? Quién lo ignora? Pues si es Fraile tan medroso, por qué no se mete Monja? No sea impredente. Mi Madre Teresa, no se ande en drogas, mándeme a mí, que como haya guisado, ensalada, y olla, haré más Conventos yo, que ochenta Maestros de obras. Un Caballero (de quien no dice el nombre la historia) en la Aldea de Duruelo, cercade Avila, unas chozas, o pobres casas desiertas de fausto, regalo, y pompa, me ha ofrecido, estas serán primicias de tan gloriosa fundación, y Paraiso del mundo, a la Babilonia opuesta de su mal siglo, donde las almas se engolfan en vanidades: a aquellos, qué poner quieran la proa en salvarse, ofrecerá puerto, que las saque a todas. Pues Madre mía, qué espera? A ver si Fray Juan otorga. Ahora está cabeza arriba, mas que le hago la mámola. Téngase, Madre Teresa, no espere que le responda, que ha embebido su alma en Dios. Ya sé de esas cosas; retirémonos a hablar en que todo se disponga, que luego por la respuesta volveremos. Padre, hola, vuelva en sí, la boca cierre, que se le llena de moscas; esto es lo que a mí me pasa cuando mi fervor me arroba, que no oigo si la campaña del Refectorio no tocan. Dulcísima Reina mía, Sacra refulgente Antorcha del Cármelo, a quien la debo, desde mi edad tierna, y corta, la defensa de mi vida, de mis acciones la norma, oye a tu esclavo oye Madre de clemencia, al que te invoca, indigno polvo, y ceniza, animada, y vil escoria del mundo, que a tus umbrales, Emperatriz generosa, clama a lograr que le guíes, que le órdenes, que le impongas en lo que es más del obsequio del Alto Señor que adoras; puede tan ruin instrumento dar principio a tan gran obra? Sí, Juan. Bendita tú seas, Madre de Misericordias. c de Puede el favor de un espíritu humil- lograr una empresa tan alta, y gloriosa, que Dios que dispone en tu alma esa lucha, destierra el temor, y dará la victoria. Juan, esta Cruz Estandarte será, que desde hoy trémoles contra el Demonio, y el Mundo, y sus huestes vencedoras, armadas de sus engaños, de mi Trono han de ser orla, pues escalando el Cármelo, resucitarán las glorias de mi antigua Religión, Religión vuestra Señora? Sí, que su Hábito es el Monte, que Juan vio, que estrellas bordan. Pues Señora, dame el Celo, que a tal acción corresponda. Él de tu gran Patriarca te asistirá, cuando le oigas en mudas voces decirte en el alma, si le nombras: Tropa de Querubines, aladas Tiorbas, místicos Clarines de Dios, si se enoja, toca, toca, toca. Toca, toca, toca. Y contra el Acab del Idólatra mundo, que a Dios le desprecia, y los Ídolos honra, batalla, batalla, y el Cielo mantenga triunfante a Jesús, y a su Cruz vencedo- Toca, toca, batalla. (ra. Juan, queda en paz. Alba pura, no te ocultes, no te escondas. Fúndame mi Descalcez. Mi indignidad está pronta. Pues contra el error del mundo::- Pues de las culpas en contra::- , . Toca, toca, toca. Fray Juan? . . Padre? Madre mía? Fray Antonio? Qué responda le pedimos. . Que si digo con el alma, y con la boca: vamos a Duruelo, Padre, al punto, Oh nueva dichosa! Servir a Jesus deseo, su renombre es bien me ponga. Pues yo el de la Cruz elijo. Jesús, y Cruz, misteriosa elección. , . Grande es la hazaña, mas como Dios es quien obra, puede el fervor de un espíritu humilde lograr una empresa tan alta, y dichosa, que Dios que dispone en las almas la lucha, destierra el temor, y dará la victoria.
JORNADA SEGUNDA
Arda en estragos el Monte, y ni piedra sobre piedra quede en él, todo sea horrores, sacrilegios y tragedias. Viva nuestro Capitán. Qué bien, Ricardo, me suenan de tu generoso brío la crueldad, y la violencia! Mía ha de ser la hermosura de Leonor de Mascareñas, o ha de llorar toda España mi furia. Allá va una presa. Qué es aquello? Que los tuyos con un Fraile a ti se acercan, que han encontrado. Ande, Padre, o le arrearé con la espuela de este puñal. . Dame, hijo, dos tijerazos siquiera, hazme Mártir, y los diablos te lleven si tal intentas. Dónde va, hermano? Señor, voy donde aquestos me fuerzan, y donde mi miedo es tal, que me hace ir, aunque no quiera, Hable con modo. Y quién viene con él? . La Madre Teresa de Jesús, y nuestro Padre Fray Juan de la Cruz con ella. Traen recamara? . Sí, amigo, de silicios una recua, y una hambre con los ayunos, que rabian. le vean. No es bien Por qué no? antes es buen medio para que Leonor te atienda, pues es Teresa tan suya, que la hablés. Cómo ella quiera::- Hacerla querer. Su nombre, Padre? Ojalá yo le tuviera a estas horas Fray Tortilla. Fray Tortilla? Son tan buenas las que hacen los Carmelitas Descalzos, que el que las prueba, hasta el nombre sabe bien, y así el mío es mi jaléa. ̱. Hola, suéltenle las manos. Suelten, verán si me sueltan, milagros. . Milagros hace? Mis oraciones lo muestran. ̱. Dónde están? En estos dos breviarios de faltriquera. fuera; canalla, que tiro. Hermano::- Pícaros fuera, que vuelco dos. Echad mano de él. Pues miren como llegan. So mula de Barrabás: quebró una verá la bestia. Espere, hermano, espere. Advertid que gente sueña por el camino, Aderece entretanto la calesa, que nosotros; mas qué miro! Ay mi Dios! qué gente es esta, hermano Torrilla? Padre, apártese legua y media, si no quiere que dos balas en la barriga le meta. Con armas de fuego, hermano, en tan pacifica tierra, y donde aquestos señores no es dable que a nadie ofendan? qué es esto? Los dos son tales, que aún su vista me atormenta, Teresa, este es un despecho en que una ingrata belleza, que tu conoces, me ha puesto: Leonor es la que te hóspeda en Medina, y la ha traído a Avila su parentela; en su casa una mortal herida me dio por ella Don Luis de Toledo, y no pudiendo con su grandeza, y más siendo Gese mío, medir mi espada sangrienta, para que cobre mi honor fue preciso me perdiera: Vándido soy de estos montes, foragido de estas sierras, esperando la ocasión de despicarme; y supuesta tu amistad con esa aleve, que mis afectos desprecia, la has de hablar de parte mía, para que benigna atienda a un constante amor, que ausente suspira. Qué desvergüenza! si de esto dice a una Santa, qué le dirá a una bellera? El que vos me conozcáis, Ricardo, os da la respuesta a proposición tan dura, tan injusta, y tan tremenda; ni Dios, a quien amo, y sirvo, ni mi estado, ni mi Regla me lo permiten. Yo, que habito su cuerpo, hablaré en su lengua: mátala si se resiste. Señor, que tanto consientas a un pecador! Vil mujer, hipócrita, y hazañera::- Que le tiro. Tú has de hacer na: lo que mi furor te orde Qué disparo. O a mis manos has de morir. Vuestra ciega cólera, señor, templad, que si el Demonio emprendiera por sí mismo esa injusticia, temblara de cometerla; pero si de vuestro ardor el espíritu maneja Lucifer vuestro enemigo, que es el que oculto os gobierna, qué habéis de acertar sin Dios? temed, que abriéndose en grietas la tierra que olláis, sepulten las infernales cabernas tan temeraria osadía, tan sacrílega soberbia. De Cristo una Santa Esposa pretendéis hacer tercera de un ilícito cariño, de una pasión torpe, y ciega? mirad que en Dios hay justicia. Como tu valor tólera tanto ultraje? De esta suerte los atrevimientos vengan de un villano mal nacido los hombres de mi nobleza. Téngase. Mirad, Ricardo::- Así reprimo insolencias: vamos, Arnesto. Vamos, que bien castigado queda. Harto he hecho, pues un alano dos gatillos no respeta. Quítese, no me divierta. Qué hace, Padre mío? Dar gracias adios de que me franquea tanto bien: Santa Reliquia, instrumento de mi afrenta, y mil veces te beso; una como la más rica prenda del merecimiento mío, si es que mi Dueño la acepta: Yo te ofrezco, amado medio de mi castigo, que seas venerado eternamente del que te estima, y aprecia: De ti formaré la Cruz, mi insignia, pues la que alberga a mi Redentor, fue antes ignominiosa cruenta senal, hasta que Jesús, vistiéndola de sus venas la púrpura, la hizo signo de gloria, y honra en su Iglesia: con que debiendo imitarla para lograr la perfecta hidalguía, te traeré al pecho como venera, pues la nobleza del Cielo es perdonar las ofensas. Ay Fray Juan, qué insigne acto de humildad, y fortaleza ha logrado qué envidiosa tan alta hazana me deja. La noche oscura que escribe, qué bien, amigo, lo observa, pues tan negado está a sí, que las injurias celebra! Madre, y ella en sus Moradas, qué es lo que nos amonesta? Moderación en los bienes, conformidad con las penas. Pues varájense las cartas, que pata va la traviesa; pero respóndame, Padre. Qué es lo que saber desea? Dolieron mucho los palos? porque él cascaba de veras. Mire, hermano, yo presumo, que como por mi flaqueza no sé tomármela yo, me dieron la penitencia por ajena mano, con que no duele lo que aprovecha. Voto a Cristianos de Cristo, mi Padre, que es una Dueña, y a no ser por mis pisto! Qué haría? . Lo propio fuera, pues no tendrían mal de orma, porque están las dos sin piedras. Calle, como un Religioso trae armas? . Son encomienda de un amigo, y sepa, Madre, que en medio de una pendencia persuaden mejor que un Cristo a que aprieten de soleta. Ya, gloriosa Fundadora, de la Descalcez la Regla se ha empezado a profesar en Duruelo, corta Aldea del territorio Avilense, del Patriarca Profeta, a cuya espada de fuego los ondos Abismos tiemblan; yo Padre espiritual fujo, y su hijo en la estrecha prefasión que sigo, he dado el principio por las sendas, que su espíritu eminente ha abierto, para bien sea el que pobres y ultrajados en Avila entremos. Sepa, Fray Juan, que en cas de Leonor, que ahora de Medina llega, tendremos nuestro hospedaje, mientras a fundar nos llevan el Convento de Madrid, que a tan heroicas empresas, de Jesús la Compañía me favorece, y me alienta; la Religión de Domingo, Sol de que el Cielo es Estrella, me corróbora, y ayuda: mire si lidio con fuerzas bastantes. Dios sea bendito. Hola, Madre, a qué espera? La calesa aderezada debe de estar, que vocea el Calesero. Hola, Fraile, adónde la Monja lleva? La has recibido por Ama? Beata camandulera. Frailón vaya vaya, vaya. Ay Jesús! Madre Teresa, cómo nos ponen! Así los segadores se huelgan. Madre, yo no estoy en mí. Ya se atortoló. No tema, pues no se corre la dama, y el galán tiene vergüenza? Madre, su ánimo es igual a su discreción honesta; creo ha de parar::- . En qué? En Dóctora de la Iglesia. Y él, que en las Cortes anden por aplaudirle revueltas. Si acaso la canonizan, posible será que vean, que un Pontifice que es Santo, a pares los Santos echa. Cómo es posible alentar con la esperanza el temor, si en la vida de un amor no hay más muerte que esperar? Inés. . Señora. De quién es esta letra? . Un criado de casa me la ha sacado de un libro. Fingirlo bien; mas para el dolor que siento, y el corazón me penetra, es tan del caso la letra, que estimo tu fingimiento. Si supiera que Don Luis, que está en Avila, la ha escrito, y me la ha dado Benito, cuento hubiera. Prevenís para la Madre Teresa, y para el Padre Fray Juan los dos cuartos? . Ya lo están, Oh cuánto interesan en que de mi inclinación se valgan, mientras de asiento por Priora del Convento viene de la Encarnación Teresa a vivir aquí! Ella tu amor solicita como eres tan Carmelita. Yo soy lo que siempre fui. La esperanza viene a ser un tormento sin igual, que nace en el desear, y vive de padecer. Ay Ricardo! quién formó argumentos tan medidos a unos males, que oprimidos tólero, y no explico? Yo. . Qué veo! Yo, Leonor bella, quisiera no darte enojos, pero se visten tus ojos de los rayos de mi estrella; por ti:: . Qué extraña osadía! En Avila distratado, sin que lo sepas, he estado, más verte no es culpa mía; pues no bastando la ley de encubierto a tu semblante, recibo en aqueste instante orden secreta del Rey para que cientos Bándidos, que estos contornos alteran, o se aprisionen, o mueran; Cabo de estos foragidos sé que es Ricardo::- Qué oí? Si a tu disgusto ha de ser, te serviré contra mí; duelome que su nobleza, y su valor, a un estado tan mísero hayan llegado; pero no sé qué fineza de más superior talento pueda quien ama intentar, que pretender obligar A con su ruina, y su tormento; qué respondes? . Qué obraréis como quien sois, y una dama no entiende acciones de fama, que los hombres las sabéis, y más hombres como vos. Bastante te has explicado, y así llevo a mi cuidado servirte: guárdete Dios. Con qué aspereza le hablaste! No está en mi mano. Eso es:: . Calla digo. Callo pues. Para, para. Ya lograste lo que deseas, que están tus huéspedes aguardando a la puerta. Yo bajaré a recibirlos. Yo a los criados voy a llamar, Aquí tiene uno, misa Inés, de tantos como por ella padecen amorosos ringos rangos. Fray Tortilla? . Fray Sarten? Qué tal que viene el Legazo! Viene cual quiere la chusca. Eso es poco, y mal hablado. Cuide en fregando la puerca, de desengrasar los platos, y hable con modo, si sabe, a un Maestro jubilado. e qué. . De rezo, y de coro, porque en eso no me canso. Pues cuál es su aplicación? Predicar a maridazos, que reprimen sus mujeres, que no las estrechen tanto, que las dejen que se atiesten de pepinos en verano, y de nabos en invierno, y calenturas, y flatos los harán dichosos, porque se las llevarán los diablos. Buena doctrina! . Qué sabe ella; yo sí, que soy santo. Pues qué le pide a Dios? Ahora una novena le hago porque me convierta en mula. En mula? . Este bien aguardo, por si entro a servir algunos señorones encochados, que sus mulas cuidan mucho con mantas verdes, y cardos, y su familia aperrean, pues en casa de estos amos mucho más fortuna tienen las mulas, que los criados. Si pide transformaciones, no es mejor que Dios, hermano, le vuelva lobo? . Para eso no he menester yo milagros, con seis azumbres de vino cata que me he transformado. Hola, Inés. Adiós. . Se va? No oye que me está oleando mi ama? . Como fuese el Cura, fuera yo el Beneficiado. Pues qué mi muerte desea? Porque lo que ha que la trato, para huir de los tropiezos, me parto el cuerpo azotazos. Aí me las den todas. Fuese. Ya volvieron mis contrarios al sitio, donde invisible proseguiré mis engaños para turbar su quietud. Soliloquiemos un rato, Fray Tortilla, ya que eres soliloco, y mentecato. Aún este Lego inocente, que a servir está agregado a los dos, me ofende! . Dime, qué tienes con los Descarzos? mucha oración, mucho ayuno, mucho azote vamos claros, que medrarás en corcoba zurrándote a cada paso, y la barriga rellena de potaje de garbanzos. Déjalos. Eso es preciso, que ya estoy engarbanzado, y enyerbado hasta el cogote. Casate. Es un borracho este diablo que me tienta; de qué forma? Apostatando. onio Jesucristo! pues der tonto, para en triste diablo, qué Religión más estrecha, si es pobre, que ser casado? Ahórcate de una encina. Ahorcarme, perro bellaco? pues para estirarme era hermoso Generalato. Pues sufre, y tólera. Qué? . Esto. Que me han abrasado el cogote, que el Demonio me lleva porque soy santo. Anda, infame. Juan, Teresa. Ea furor ya en el campo tus mortales enemigos están, que apenas llegaron a esta habitación, cada uno en su retrete encerrado, con la oración, y la pluma a combatirme empezaron. No los podrás ofender, que yo Alumno soberano de los dos, con esta espada dos Paraisos resguardo, Querubín que está a sus puertas; y puesto que no hay para ambos distancias, mira su empleo, verás tu tormento cuando adviertas la concordia, la dulzura, y el sagrado profundo ardor con que imprimen un reflejo en cada rasgo, tan unos en la doctrina, en el celo tan hermanos, que son unas obras de otras original, y traslado. edios me fuerza Ay de mí a ser tú Pro De Dios amoroso fuego procedido, y no engendrado del Padre y Hijo; tú, que en lenguas de luz banando el Apostólico Gremio, primer Concilio Cristiano, Dones de Ciencia, y Amor infundiste en sus Prelados, desciende, y a estas dos Almas, que son delicia, y aplauso. de la Corte Celestial, ilumina con tus rayos. Ya rasga la Esfera su nitido plaustro, y cándidas luces el aire banando, en Juan, y en Teresa derrama favores dos. el Dios que de amores los tiene abrasa O si el Abismo pudiera sepultarme! . Oye tirano. En la via purgativa es cada pena, y trabajo escalón por donde el alma se va al Cielo remontando. Ame la santa pobreza quien busca en Dios su regalo, sin que conozca al deseo, que ha de cederle en sus manos. Repara conformes los dos, pues es claro, que solo a los pobres la pena es descanso. La iluminativa asciende hasta penetrar lo arcano del bien celestial, y el mundo ya da en rostro, y causa enfado. De sus deudos, de sí mismo ha de huir, el que anhelando adiós, en su alma habitan la humildad, y el desengaño, Entrambos convienen en que es embarazo de Dios, para el todo del mundo un cuidado. La unitiva es estrecharse con su Dios, y tanto, tanto, que nada le quede al alma sino es amar a su Amado. El que ama a Dios, de sí mismo se ha de olvidar, que sus pasos son Dios, déjese en él, que él irá bien gobernado. Mortal, el camino de Dios van mostrando, si tú no le sigues, serás tú el culpado. No puedo tolerar más los infiernos en que ardo. Oye, maldito Dragón, corrido, y desengañado de cuan vanas tus astucias han de ser. Aún no batallo con todas mis fuerzas, tengo vanidades, tengo aplausos, que a la santidad se atreven; veneno disimulado, yo triunfaré, Mal podrás. La fatiga, y el cansancio me vencen. Demos al cuerpo, de trabajos quebrantado, alguna tregua. Los dos con un pequeño letargo se han suspendido, y el celo de Elías, que asiste en ambos, guarda será de aquel sueño, pues es descansar el arco para que luego a las flechas les dé más impulso el brazo. Teresa, a quien de Juan el celo guía, Juan, que el amor imitas de Teresa, Ángeles de tan alta jerarquía, que Dios en la más alta, y digna empresa en honra de su Madre os interesa, descansad, descansad, mientras mi acen- (to es apacible rémora del viento, porque no os interrumpa ese descanso, ni el eco dulce del Fabonio manso. el aire inspire quieto, y blando, venerando lo que el Cielo amando está: Ni se mueva, ni respire, hasta que la tierra admire tanta luz, que en despertando, aún el Sol encenderá. Y ocultándose a la vista esos milagrosos pasmos de la gracia, de los Cielos vuelva a repetir el canto: 4. Ya rasga la Esfera su nitido plaustro, y cándidas luces el aire bañando, en Juan, y en Teresa derrama favores el Dios que de amores los tiene abrasados. Pues vencimos la cumbre de (la sierra, a ellos, Soldados. Arma, guerra, guerra. En el poblado entremos, trincheras de sus casas formaremos. Arda el Orbe, y en el erna que Al Monte. (yo ardo. A la Ciudad. Don Luis? . Ricardo? Tengo felice suerte. Logro dicha cumplida. Pues solo os miro para daros muerte. Pues solo te hallo para darte vida. Esa proposición, antes que mida el acero con vos, me ha detenido. A mí no, que rendido has de ser al esfuerzo de mi espada. Pues como en una acción equivocada cabe aquel darme vida, lidiar sea para matarme? . No lo sé, Si haré, que ya es ocioso discurrir sin obrar. Eres brioso. Como vos esforzado. Tente. . A qué fin? Tu espada se ha quebrado. ̱. Con poco acero, que mi brazo reste, tengo bastante. El Coronel es este, y este Ricardo, muera. Tened, no le matéis. ̱. Oh suerte fiera! Date a prisión. En vano es resistirme. Ahora acaberé en él de revestirme, pues la tristeza en corazón danado puerta es para el Demonio. Degollado sea todo Vándido. . Hijos, clemencia por la Vir? gen pido para estos infelices que la esperan. Orden tenemos de que todos mueran, Hola, ved qué es aquello. Oh furia impía! con efecto Leonor no ha de ser mía? Noble Don Luis de Toledo, cuya sangre esclarecida no es posible que no sea tan piadosa como invicta, bañar vuestros pies heroicos mis lágrimas solicitan::- Qué hacéis, Padre? Si no logran suavizar vuestra justicia. Qué pedís? que ya está hecho. Ya sé que sois Carmelita de corazón, y la sangre que en vuestras venas ánima, para conseguir trofeos no ha menester tiranías: manda que a esos desdichados Vándidos dejen las vidas los vuestros. . Hola, ninguno dispare, y como se rindan esos míseros, prendedlos. Viva el gran Toledo, viva. Dios os premie. Los Infiernos por mi garganta respiran. Yo sin Leonor? . Y conmigo, que esa es tu mayor desdicha. Dónde iba por aquí, Padre? Soy en la Aldea vecina Prior de la pobre Casa de la Descalcez, primicia, que ha fundado nuestra Madre Teresa, y a verla iba, que sé que en Avila está. Pues disponga, mande, y pida, que en todo le he de servir. Pagueoslo Dios. No te aflijas, Ricardo, que soy quien soy. Cómo no? si caen encima de mí aquellas dos montanas, de cuya parda ojetiza medroso el Cielo se encoge, cobarde el Sol se retira? Qué es esto? Globos de fuego cruzan la Región vacía, y de imágenes horribles, con infernales insignias, poblado está todo el aire; no las veis? Virgen Divina! qué decís? Viejo embustero:- Considera que deliras: él perdió el juicio. Y el alma. Que todo ha de ser mania este Amo que tengo! El rostro, y las palabras indican mucho mal. No me pratendas curar con hipocresías; yo perdí el bien que adoraba, Dios solo tiene justicia para mí, ya no hay clemencia, solo en el Demonio estriba mi remedio. . . Qué blasfemia! Yo te daré bien aprisa lo que pides, como el Cielo tu condenación permita. Las desgracias a los hombres perturban la fantasía; a lástima me provoca, tráiganle a ver si se alivia a la Ciudad. Si a la cárcel vamos, bella mejoría, Qué perdí a Leonor! Ya es tú desesperación precisa. Vamos, Fray Antonio. Vamos. Con todos logro mis iras, menos con los alevosos, motivos en mi fatiga. , . Y pues espíritu soy para que en un soplo mida las distancias, ya estoy donde vuelvo a la batalla antigua. Con que la Madre Teresa por Priora está elegida de la Encarnación? Dichoso Convento, que de su doctrina gozará, aunque nos veremos presto en el Andalucia. Pues a Jándalo me meto, y a penoso de Sevilla, mas fue consejo del diablo, eso no, toma patillas. De Penuela al Santuario, que se fundó muchos días ha, me quiero retirar. Padre, y nos deja solitas? Qué causa tiene Fray Juan? Eso el Poeta lo diga, que esta Comedia ha trazado, pues dejando maravillas inmensas, largos sucesos de una tan insigne vida, nos lleva a matar el Santo: reniego yo de sus tripas. Pues qué no puede escribirlo Calla, fregoncilla, no sabes que una Comedia es toda una historia en cifra, y los prodigios que calla, en ochenta no cabrían? Yo jamás supe hacer versos, Pues aprenda a hacer bainicas. Así que se queden solos, volveré a hacer bateria a los dos, que un breve instante no está ociosa mi malicia. Leonor? . Madre mía? Llegó la hora en que me despida de tin no de tu amistad, que esa el amor la confirma. Con que hoy os vais al Convento de la Encarnación? . Sí, amiga; a Fray Antonio te traigo, que quiso verte. En debida gratitud de los favores, que hacéis a nuestra Familia, pues lo que ha que soy Prelado de Duruelo, de infinitas mércedes os soy deudor. La dulzura, y cortesía de los Padres Descalcitos se pega como la liga; pero pegan cosas buenas, con que es feliz el que pillan. Padre Prior. Mi Fray Juan. Déjeme tenerle envidia de que solo, y retirado en paz esté, y quieto viva. Gran ruido de la Ciudad ha habido en la cercanía. Ay de quién lo causa todo! Le aleguro que a su vista llegué, cuando pude ver la prisión, destrozo, y ruina de los Bándidos, y tuve una compasión crecida e su Capitán. . De quién? De aquel que los acaudilla, un Ricardo, hombre perdido. Detente, que le asesinas el corazón. Qué ha pasado? Según las cosas que hacía, se le apoderó el Demonio, allí en mi presencia misma, del cuerpo, que las señales, que mostró, nos lo publican. Válgame el Cielo! , . Qué es esto? Qué ha de ser, si tal noticia la dais. Pues la toca algo? Es la pobre compasiva, yo la curara del mal con un garrote de encina. Retírala, Inés. Señora: Jesús, estoy aturdida. Vaya, que no será nada. Aflójela la cotilla, que aunque soy lego, bien sé curar estas engañifas: untela con su manteca de azar, pegándola encima treinta paradas, verá, que vuelve más que de prisa. Ay de mí! Ya va alentando, y una vez que esté metida en la cama, se acabó. Después la veré. Benigna Fundadora, primer móvil de nuestra Estrechez, quería noverme, Vaya, que el Padre es bien los hijos asista: vaya con Dios. Fray Antonio, en su Oración y en su Misa acuérdese de este pobre pecador. . . F aga la misma diligencia por mí, adré, cesita, que de e ha mendar V a una persona harto pía. Quién es? . Una polla asada, Madre, que de tiernecita piaba, y voy ahora a ver si cacárea en mis tripas. Ea, Infierno, a la palestra salgo, esfuércense tus iras. Madre, paréceme que anda enferma, y descolorida tiempo ha. No me siento buena. Es que la vida te quitas por ganar fama de insigne mujer. Qué extraña, y qué indigna imaginación! No caiga, Madre, que todo peligra. No durará mucho vuestra Descalcez. . Virgen María, borra de mis pensamientos las sujestiones malignas. Padre, que hace cuando siente desconfianzas? . Ay hija, eso iba yo a preguntarla; que está en eso más perita. Ay dé mí, que me destruyen la vez que se comunican! Acudo a Dios y me dejo toda en Dios, que a las Divinas luces del Sol de la Gracia no hay tiniebla que resista. Con que las desolaciones del alma su bien fabrican. Luego siguen los consuelos. Yo por mí más que no sigan, que si es de Dios gusto, quiero padecer toda la vida. Mística doctrina enseña. Oh mal haya tal doctrina, que por ella perderé de más almas la conquista. que tiene estrellas el Cielo: huyendo iré por no oírla. Padre discípula soy Mi Maestra diga. suy y presto hallará con quien tan alta materia explica: Pedro de Alcántara (Antorcha de la Reforma Francisca) Maestro es de ella, confiese con él y oirá maravillas. Mi Dios, perfección deseo, cuanto el corazón aspira es para ti, y tú eres solo el premio que solicita. María, tú eres el Norte a quien mi amor se dedica, nada me sirve, si todo no es para que yo te sirva. No cesen las ansias, las penas prosigan, al ver que las glorias de amor se eternizan; (tigas, que mientras más crecen tus dulces fa- mayor es el premio que Dios las destina. Juan, qué quieres de mi Hijo por las penas padecidas en su obsequio? . Padecer, que en eso mi gloria estriba. Y tú, qué anhelas, Teresa, por lo que a mi Esposo estimas Joseph, pues en nombre suyo tantos Conventos fábricas? Pureza de corazón. Ya lográis entrambas dichas. 1. Recibe, Juan, en este pomo de amarga mirra las penas, y trabajos, que en él se simbolizan. Como por mi Amado sean, glorias serán excesibas. 2. Ciñe este Toyión de oro, que la pureza explica, que le hizo a Joseph digno Esposo de María. La sana intención de un alma la prenda es más peregrina. Teresa, Juan, no habrá espacio donde la Santa Familia vuestra, no haga para el Cielo innumerables conquistas. La Casa de Hermenogildo será respeto, y delicia de la gran Corte de España, en donde de Santas Hijas tendréis tantos Paraisos, cuantas Casas se duplican. Solo tú, Fuente de Gracias:- Solo tú, preciosa oliva:- Luna::- . Estrella::- Palma::- . Cedro::- Claro espejo: . Fuente limpia::- 2. Perfeccionarás tú obra. Bien fía el que en mi confía. 2. Pues como en tu obsequio sea, Madre del Sol de justicia:- , . No cesen las ansias, las penas prosigan, al ver que las glorias de amor se eternizan; que mientras más crecen tan dulces na) igas. fat nío, que Dios les desti- mayor es el pi JORN
JORNADA TERCERA
Don Luis de Toledo viva. No paséis más adelante, bastan ya vuestras festivas atentas urbanidades. Y pues de la Andalucia me nombra el Rey (que Dios guarde, General, en mi tendréis un Caudillo que os ampare, y un amigo que os asista. Sois Toledo, y en vos late P Real púrpura, que es siempre Ide la virtud el esmalte. Como enemigo de cuantos a Juan, y a Teresa aplauden, me introduzco, donde espero, que he de lograr un buen lance. Padre Fray Antonio, gracias al Cielo, que nuestra Madre Teresa cumplió la oferta que me hizo, aunque ha sido tarde. Para mi eficaz deseo, Fray Juan de la Cruz el Ángel fue que condujo a Mancera todas sus felicidades. Lo cierto es, que en su Conven- (to ay Varones ejemplares, y podéis estar gustoso de que en ella se plántase aquel Cielo Carmelita. Ay de mí, que a tantas partes se ha estendido, que en España no hay empresa, no hay combate, que su ejemplo no me impida, y su doctrina, no ataje! A Penuela hemos llegado, y este ha de ser el paraje que habita Fray Juan, y donde se aguarda que por instantes Teresa esté, pues Leonor se halla en Baeza desde antes que yo de Madrid saliese, a tomar de un noble, y grande Mayorazgo, que ha heredado, posesión. A todas trae a un mismo sitio (ay de mí!) la Providencia, que hace se acerquen, cuando mi astucia trabaja, porque se aparten, pues para dos luces juntas no hay en mi sombra contraste. Señor, y aquel infeliz Vándido, que de infernales espíritus poseído vimos? . Logré se indultase por empeño mío, y vino a un Lugar poco distante de aquí, donde por lo propio que es mi enemigo, curarle, y con un todo asistirle he mando. Dios os pague una piedad, de quien sois tan hija, y con tan notables circunstancias. donde vamos por esta vereda, Padre? Dónde el Señor nos guía. Pues no intente reventarme, no llevando sino el freno. Y cuál es el freno? El hambre. . Padre Fray Juan? Padre mío? señor Don Luis? Abrazadme, pues sabéis mi amor. El Cielo os premie tantas piedades. Padre mío, trae olores consigo? . Por qué me hace esa pregunta? . He sentido una fragrancia al tocarle, que cede al ámbar más puro, No sé yo de qué se cause. Yo sí, que de aqueste cuerpo, aunque soy pecador, sale. De él? Si es un olor mezclado entre pastilla, y cochambre, mi espir tu esportillero es, señor el que le esparce. Qué no se ha de contener? Si no he de decir verdades: Benedicite, ya callo. Tente, aguarda. Esto me trae, pues es la Madre Teresa quien viene. Y por otra parte ̱ ̱̱ a Leonor. Pasión temeraría, sufre tus adversidades. La Inés también llega; de esta me atenazo a pellizcarme. Madre amada. Amiga, tu cuello enlace mi afecto. Entrambos respetos mi atención siempre constante saluda. Padre Tortilla? No la tiene el diablo, aparte, Ya se juntaron las huestes contra mi ardor formidable: del lance premeditado llegó la ocasión, que nadie recela, y dos elementos serán trompas, y timbales. que el triunfo que a lograr voy, y su confesión, declaren. Dónde, mi Madre Teresa, encamina su viaje? Señor, después de las gracias, que debo a sus siempre gran des Parientes, que son Patronos míos, el Senor les pague piedad tan ilustre, siendo Mayorazgo en su linaje, pues por ellos fundé en Alva Convento en que sepultarme, Y después de tan insignes fundaciones admirables, que para haber de contarlas mucho tiempo no es bastante, de la de Sevilla vuelvo, y en Alba me espera el trance mas terrible de la vida, que es el que en mí se desaten, para gozar de mi Esposo, las ataduras mortales. Por despedirme he querido rodear por aquesta parte, a ver de la Descalcez los mayores Tuminares, y a que con su bendición me fortalezcan. Alcance s, y cuán la i la fruición de su semblante, ruegue por mí, Madre mía, que brevemente me saque de este valle de miserias. Y pida que yo me salve, Madre querida. Por Dios, que de esas cosas no traten. Miren que nos desconsuelan. Lloraré como un salvaje, y si empiezo a berrear, no habrá diablos que me acallen. Sobre que también moqueo. Dios, que benigno, y suave a todos atiende, a todos os aliviará. No es fácil que Dios socorra al que espera, que los Infiernos le traguen. Virgen, qué asombrosa voz::- Jesús, qué acento espantable:- En el centro de la tierra: En la boca que allí abre un peñasco se escuchó! A todos asusta. . Zapel como soy Santo, el Demonio vino en público a zurrarme. Acaba de darme muerte, serpiente, y no así me trates, de gruta en gruta luchando con angustias immortales, Cardenita, y jao, jao? ha perro, ya perdí el latre, y me hacen de puro miedo los huesos chiquilichaque, O estoy sin mí, o esta voz conozco yo. Es disparate, que finge el temor, señora. Quiera Dios, que yo me engañe. Por la boca de esta sima las funebres quejas salen. Cielos, favor. Fray Tortilla, Qué es que baje? quiere baj ea en la horca, alzado me v ar yo imaginare. si en baja Rabiando perderé el alma. Hombre es ese miserable, que se lamenta. . Si está a pique de condenarse. como dice, sin que haya quien le liberte, y le salve, pues quizá habrá caído entre las oscuridades de la noche, en ese abismo por acaso, no se pare mi corazón en su riesgo, que la caridad es antes. Teneos, Fray Juan. Oiga, espere. Esta en su túnica, Padre? Yo me arrojo. Dónde vas? quieres que te despedacen mis iras, hombre infeliz? Bien me anunció mis pesares el corazón. Ricardo, tú eres? Confusión notable! Qué ojos me echa! tente diablo, que diga, que en la Comedia hay los demonios a pares. Infelices pasajeros, desdichados caminantes, que a mis manos os condujo la estrella, para vengarme en vosotros de esta furia, esta rabia, este coraje, en que el pecho se me abrasa, y el corazón se me parte, huid, si es que no queréis, que estás penas desencaje, y con ellas os sepulte, o que de esas nubes lance, bramando en horribles truenos, rayos que a todos abrasen; que a mayor crueldad, a más estrago, a más formidable empresa, basta este fuego, cho arde. que dentro del p ar, a Qué espíritu inmundo, áspid, que de una prenda de Dios, que se halla con el caracter del Bautismo, te haces dueño por sus juicios inefables? Qué ha de bastar el esfuerzo tuyo, si nada es bastante, no permitiéndolo aquel, que en cadenas infernales te ata como perro, porque nunca muerdas, aunque ladres? Qué lástima, Padre mío! Para que al Señor alaben, use de aquel gran poder, que quiso comunicarle su piedad contra el Demonio. Que esto escuche, y no me acabe mi dolor! . Extraño caso! Déjenme a mi conjurarle. Fraile imprudente, si intentas de esta posesión echarme, no podrás, que son ya muchos, con medios harto eficaces, los que lo han solicitado, y ha sido el trabajo en balde. Pues veamos si lo es el mío: Diábosus majaderantes, fugite. . Bien ha quedado. No será el vencerle fácil, que es el diablo tonto, y a un tonto no hay conjuro que le baste. Fray Juan, en qué suspendido está? . Oh piedad inefable la de Dios! ya hemos venido, tu nombre la tierra ensalce: Ricardo. Sabes quién soy? Sí, y sé que eres un infame huésped del que dices que eres. Qué solicitas? . Que bajes, dejando libre a este hombre, al infierno, que es tu cárcel. No quiero. El Señor lo ordena. Mientes. Ríndete al instante. A quién a ti? No, si no es del poder de Dios, que me hace su instrumento. Ya te he dicho, que no quiero, y no te canses, que no ha de ser. Cómo no? Ea, Luzbel, llegó el lance, para el cual me dieron armas tus sujestiones tenaces; por ellas con un bastón pretendiste deshonrarme, siendo instrumento esa pobre criatura en quien entraste por Divina permisión: vesle aquí, traidor cobarde, hecho Cruz, con que en el mismo que me ajó, satisface de Dios el poder, vengando las afrentas con piedades; esta fue tu espada, y este es el Celestial Montante, que guardé, trayendo tú el punal con que te mate: huye, perro, y la Cruz viva: Triunfaste (ay de mí!) triunfaste, Juan de la Cruz: Oh gran prodigio! Caigan sobre mí los mares, y los montes, pues en vez de vencerle, y desviarle, me ha ultrajado, y me ha vencido: tiemble el mundo, y gima el aire. Bendito sea el Señor, que ha usado de sus piedades. Sí; pero no veis los montes, que sobre nosotros caen? Fugitivo el Sol, la noche nos roba la media tarde. La tierra alterna borrascas en temblores incesantes. Los diablos que de él salieron de los zancajos me asén. Dónde se ha escapado el día? Oh cómo en tan generales extretanos, el sentimiento se cornoce de aquel áspid, que al poderoso conjuro de Fray Juan postrado yace! Es verdad, mas la borrasca prosiggare. . No tema nadie, e en un sayal hay virtud, que en los elementos mande: Nubeas, en nombre de Dios dad lergar a los celajes del diía. otra maravilla! Esto es mandar nuestro Padre a capillazos, y y golpes al diablo, y las tempestades: mil a gro. Calle, qué dice? Milagros a centenares, mil a gros. Hombre que aún tienes, entre viviente, y cadáver, perttarbados los sentidos, vuel ve en ti. Virgen del Carmen, favo mece a un pecador, que de tu piedad se vale. Eso si hijo mío, entriegue de sas corazón las llaves a esa Señora, si quiere, que de su ruina le guarde. Ella me perdone, y vos aque l error. . Calle, calle, que lo que hizo, merecían por castigo mis maldades. Cómo estáis? Aienta, esperanza. ̱ Santa Madre mía, ya las luces veo, sin que el paso me embaracen las canieblas, ya respiro corrao el que de un peso grave se la a sacudido, el discurso, ya compladamente afable, no me molesta oprimiendo de un perpetuo horror la imagen; no sé donde estoy ni sé donde estuve, o de qué nacen dentro de mí tan contrarias exquisitas novedades. De que Dios te ha libertado del Demonio. Ay de mí! Padre, qué dice? . Que le dé adiós gracias por favor tan grande. Y a mí que hacer los prodigios me cuestan gotas de sangre. En hora buena, Ricardo, os vea libre. El Cielo os pague tanta clemencia. Los brazos me dad, que de hoy adelante, Ricardo, de tu fortuna me encargaré, porque pasen, las que fueron de piedad, a ser de afecto senales. Cuando a tan grandes señores como vos, pudo faltarles requisitos, que la altura de su nobleza declaren? Tú has de lograr tus deseos. Y vos el esclavizarme. Vamos, Padre, que ya es hora de que yo a conseguir marche mis anhelos. . Vamos. Apriesa ha de mejorarse mi suerte, Inés. Caballero es Don Luis, todos lo saben. Pues cumplirá lo que ofrece. . Santo es Fray Juan, no es dudable: También, como ayunara yo, y diez horas no roncase, rezando a fuerza, y orando siempre de medio mogate, fuera más santo cien veces que serecientos Fray Juanes. Espíritu comunero del Abismo o, escucha. . Qué has conseguido hasta aquí, precipitado Lucero, que nuevos indicios das de tu poder contra dos humildes siervos de Dios? Si tú en su defensa estás, Sagrado Celo, y porfías dándome guerra cruel, del furor de Jezabel no ha de triunfar otro Elías: él por si propio bastara, sin que el refuerzo tuviera de esa cruel, de esa fiera, que al mundo ha nacido para mi estrago, tal suavidad, tal ardor en su doctrina en seña. Esa peregrina mujer que de la Ciudad de Dios muralla constante, es la Judit valerosa, que ha de salir victoriosa de ti, Caudilla gigante, de las tropas del Hberno a lograr el premio va, que prevenido le está. Oh! no lo escuche el Infierno. Y presto Juan, afligido de trabajos, y dolores, (para él dulzuras, y flores, pues padecer ha pedido por premio del padecer, a los esfuerzos de amar) en el Empireo ha de entrar. Calla, que no puede ser. Allí ha de ser Abogado de tempestades, dolores, desconsuelos, y temores, como aquel que me ha hospedado en sí; Espíritu vehemente del Patriarca mayor, para defender su honor, Brazo del Omnipotente; y así, date por vencido. No haré tal hasta la hora última, pues se mejora en un punto mi partido; no he de dejarle un instante de reposo. Ah monstruo infiel! ni yo he de apartarme de él, pues una fiebre constante, que lentamente ocasiona en una pierna un tumor, toma por medio el Señor para darle la corona. En Cruz manifestará su veneno, y de un Varón el paciente corazón, que crucificado está; mas él viene. Aún todabía le aflige al Padre la pata. Con más rigor me maltrata, y hasta ahora no la sentía; pero hoy bendito sea Dios, me castiga como debe. Y da de eso gracias, estando a solas los dos? Lo mismo era acompañado. No, Padre, yo no lo haría, entre gentes frunciría el gesto desconsolado, diciendo, Dios me le dio, con tal regalo me ampara; pero a solas? renegara del perro que me engendró? Jesús! qué dice? Esto infiero, no tiene que Jesusear, la casa he de alborotar como me duela un uñero. Ya te se acerca tu fin, solo en tu Dios imagina. Oh contemplación Divina! o quién fuera Serafín! quien Querubín para arder en el amor que venero! Oh quién fuera bodeguero para hartarme de beber? Señor, dame para amar voces, pues tibio os alabo. Señor, dame medio pabo, que reviento por mascar. La muerte os pide mi amor, si amar en morir estriba. Señor, como yo viva, mas que se muera el Prier. Bien conocéis, Soberana Bondad, que mi alma tenéis. Sumo Autor, bien conocéis que ayuno de mala gana. Guiadme a Vos, porque note, que estáis de mi satisfecho. Llevadme al Cielo derecho, sin que me cueste un acote. Juan, el Senor ha escuchado tu ruego. . Ya soy felice: qué hace, hermano, al, y qué dice? Padre, me ha descoyuntado. Por qué? Es, que estaba en arrobo jugando con Ángelitos chiquitos y traviesidos, y riyendo como un bobo: Dios le perdone el haber perturbado mi alegría; pues digo no puede ser? Que aún en ser loco porfía! déjese de eso, y alcance ela silla, porque es tanta mi tristeza al ver que ya la luz de Teresa falta al Cielo Carmelitano, pues a estas horas en Alba estará, donde su muerte será Aurora de su Alma, que no estoy en mí. Los Cielas te darán para aliviarte música como otras veces, cuando las aves te cantan, así que a esta libertad sales, donde el día orando te halla: cobrate, Fray Juan. Yo tengo en sueño como unas natas. Señor, mis fuerzas se postran, Alón, tendamos la ralpa. o e lía, Mi espíritu descaece, pero la apacible mansa Paloma, que de las otras del Palomar segregada, me ha tomado tan cariño, que jamás de mí se aparta, desciende a darme en arrullos de mi fineza las gracias: Ven, gerogífico puro de la Deidad Sacrosanta, toda Amor, ven a mis brazos. Y oye mientras la regalas: Feliz el que pena. 2. Dichoso el que ama. Pues en el objeto 3. Alienta, descansa: Y así como esa Ave, que tierna, y suave te arrulia, y te halaga::- Gorjea finezas, y trina esperanzas 3. En Dios, que es tu Dueño, el f de tu Alma. Oh venturoso tú, pues breves días, que para el más soberbio son instantes, a sigios de inefal les alegrías las cambiaras cuando tu gloria cantes. De qué sirven triunfantes blasones, ni grandezas, si en porvo paran honras, y riquezas, y en tu glorioso vuelo, el que era porbo para en Cielo? No anhele el mundo, no, solo al que le crió debe áspirar aquel, que amor le inflama. 4. Feriz, feliz quien ama, pues en el rosicler del permanente ser, ay en honor cabal, fuego que es inmortal, y albor se llama. 4. Y albor, albor se llama. No anhele el mundo, no, E infeliz quien ha de ser objeto de mis venganzas: arda todo. Fuego, fuego. Ay que se quema la casa. Qué es aquello? Frav Juan mío, válgame Dios, qué desgracia! Diga, Padre. Fuego, fuego. Lo mismo que yo sonaba sucede. Bien esas voces nuestra confusión declaran quemáronse unos rastrojos, que quederon en las parvas para limpiarlas, y el fuego prendiendo en trencos, y jaras, acía el Convento camina. Ya desde aquí a ver se alcanza, vamos. En tu favor llevas las Celestiales escuadras. Qué es esto, Padres, qué es esto? No lo ve pese a su casta? pregunte o al fuego, así le cuamuscara las barbas. Todo el Convento perece. 1 el Cielo el volcán no ataja, es sin duda. A socorrer en lo que mis fuerzas valgan iré. . O a ronar como otros, cuya caridad es tanta, que para que no se quemen trasconejan las alhajas. Ténganse, y mire a Fray Juan, que luchando con las llamas pelea a brazo partido. Fuego, crece::- Fuego, amaina::- Que el incendio de mi furia aumentará la eficacia. Que el ardor de Juan, y el celo, un fuego con otro apagan. Favor, Cielos. No temáis, pues huyendo la canalla infernal, que le somenta, aunque prenda en las bardas del edificio, al impulso, y a la virtud sacrosenta de este Escapulario, presto veréis la hoguera aplacada. Contra el curso natural crece ese vesubio. . Basta mi presencia. Vamos, Padre, a ayudar los que trabajan en tal conflicto. A buen hora. Adónde está Fray Juan, se cansa en vano, que su virtud es milagrosa, y extraña. En el nombre del Señor acaba de huir, acaba, infernal etna. . No acabes, para que diga mi rabia::- Y nuestro auxilio repita::- Que el incendio de mi furia te aumentará la eficacía. Que el ardor de Juan, y el celo, un fuego con otro apagan. Milagro, milagro. . Toma la baraunda que anda: callen, no griten milagro, que no gusto que me aplaudan. Esta carta, señora, he recibido con un grave pesar, que me ha traído. Pesar, señor? Faltonos el consuelo, ya la Madre Teresa está en el Cielo. Así lo creo de virtud tan alta; pero es alivio de tan grande falta discurrir, que está donde fina con sus amigos corresponde, Ya que en Ubeda estáis, y hoy es preciso, según me ha dado aviso el Prior del Convento Carmelita, pues aquesta Ciudad lo solicita, que no obstante el gran mal que le desvela se pase aquí a Fray Juan desde Peñuela, una merced os pido. Aún todabía se halla mal herido Don Luis de tus desdenes. Poca tazón en tu malicia tienes, pues está muy trocado; decid porque yo os sirva. Habiendo entrado en un heroico empeño, vos de sacarme airoso sois el dueño, vuestro permiso aguardo. Para qué? Para hablaros en Ricardo, a quien hoy he llamado porque venga, donde el consuelo tenga del puesto que del Rey le he conseguido, ya es Maestre de Campo, y ha servido con valor, y lealtad; es Caballero, dile palabra, que cumplirla espero, de restaurar su dicha, que es ninguna, si vos no tenéis parte en su fortuna. Señor, yo no compriendo ese discurso. No queda a mi nobleza otro recurso para mostrar quien soy, que el que os aviso. Que obréis como quien sois es muy preci- pero lo que expresáis me deja muda. (so; Tiempo os daré de consultar la duda; más respondedme presto, y mirad que mi honor me empeña en esto. De vuestra carta, señor, llamado, aunque en este sitio debiera entrar precediendo licencia, me determino a búscaros por lograr la grande honra de serviros. La habitación de Leonor, a que el Convento contiguo esta de las Carmelitas, dividiéndole un postigo no más, para vos no tiene (hacia mi parte lo alirmo) inconveniente ninguno, antes que estéis solicito muy despacio en ella. No comprendo lo que habéis dicho. Ni comprenderlo queráis: vos seáis muy bien venido. El Rey, atento a mi ruego, por vuestros buenos servicios Maestre de Campo os ha hecho. Beso vuestros pies invictos, y venturoso el que logra un noble por enemigo. Yo estoy de esto embelesado. El Toledo es un prodigio. Ya de vos me voy vengando. Déjenme que me aspe a gritos, Qué es esto? Fray Juan de llegar conmigo, y con Fray Antonio, y le ha pegado tal parasismo, que creo que se nos va. Y él, Padre? Yo ya me he ido. Quién dice eso? Por los ojos, puerca, pues lloro hilo a hilo. Y dónde le tienen? . Fuer- de la Clausura es preciso le pongan, que han de entrar hembras, y el Ingenio no ha querido tengan que morderle Zoilos, preciados de Titolibios. Entremos a rle. Entremos. Ahora es ocasión, Abismos: Ahora es tiempo, altas Esferas: De afligir a este enemigo. De ayudar a vuestro amado. Celo de Dios, ya has venido tras mí a impedir mi venganza. Pues qué pretendes, maldito, que crezcan las tentaciones, sin que crezcan los auxilios? . Sí. Pues no lo lograrás, que Dios, que es Padre benigno del hombre, da los esfuerzos conforme son los conflictos. Ya le veo, ya le veo, en dolores sumergido paciente Job, ser un mármol, ser un bronce, ser un risco, que entre tan fuertes tormentos aún no se le oye un suspiro. Padre Fray Juan. Nuestro amparo, nuestro dueño, y nuestro amigo, pídale a Dios la salud. No haré tal, lo que le pido es paciencia, y que reciba este postrer sacrificio. Nada le debes a Dios, pues no desciende el Empireo, mereciéndolo tú tanto, a darte favor, y alivio. Qué he hecho yo para juzgar, que fielmente te he servido, mi Jesús, si no impedir tu piedad con mis delitos? Oh cuanto debes al Cielo, pues hasta en el morir quiso, solo, humilde, y angustiado, que imites a Jesucristo! Vengan, Señor, más dolores, más tormentos, y martirios, que no se labra la piedra sin los golpes del martillo. Yo tu ánimo desaliento. Yo tu corazón animo. Dios es grave, y justiciero. Dios es afable, y es pio. Ni porque vierta favores, ni porque forje castigos, quiero a Dios, solo por él le amo, le adoro, y le estimo por ti solo, por ti solo, dulce Amor, Dueño Divino, te amo, y te quisiera amar como te amas tú a ti mismo. Suspenso estoy de escuchar tan altos, tan peregrinos actos de amor. . . Es Ma estro de ellos, hablen sus escritos. Ya le ha vuelto el accidente. Que está espirando imagano. Murió sin duda. . Mució? o como su muerte envidio! Señor, si está decretado, que viva yo poquítico, llevadme cuatro mil años después del día del juicio. No escucháis dulces rumores por los aires esparcidos? De una celestial fragrancia el ambiente se ha vestido. Oh pese a la rabia mía! Solo dulzuras oímos, y solo explendores vemos. Pues yo soy sordo, o soy bizco, porque nada veo, ni oigo. Todo este espacio es prodigios. Elévate, siervo fiel, para entrar en el Paraiso en los gozos de tu Amado, pues los tienes merecidos, por fiel, por leal, amante, y rendido a Dios, que es tu fin, sin fin, ni principio. Gran Señora. . Amada mía. Ya es hora que tu querido Juan, que desde su ninez te debió tantos cariños, tantos favores, descanse en el Sitial cristalino, que sus méritos labraron de diamantes, y zafiros; ya es tiempo de que a la diestra de tu Sacrosanto Hijo eternamente le ensalce, según en la tierra hizo. Sí, Teresa, suba al Trono, que la Gloria le previno. Por fiel, por leal, amante, y rendido, Ya voy, Señora ya voy, Madre, a cantar dulces himnos, y a mi Jesús, y en sus manos postro el espíritu mío. Esta es, Señora, su Alma. En mi regazo la admito, y a presentarla a la Sacra Trinidad, entre festivos cánticos irá diciendo el dulce Coro conmigo: Si Elev No tengo ya que esperar, sepúltenme los Abismos. Anda, infernal tira coces. Ya el transito suyo vimos. Su gloria pública el Cielo. Ahora, Leonor, yo os suplico me deis aquella respuesta. En vos mi mano resigno. Pues para Ricardo es, que hacerle dichoso aspiro. Sois quien sois. Hijos, yo os ruego, que imitéis lo que habéis visto, pues podéis aprovecharos en esto que es divertiros. Con que ya habrá la Comedia, que en quince días se ha escrito, de a cual mejor Confesada, y Confesor, fenecido. Si concedéis al Ingenio, que humilde os le pide, un Vir
