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Texto digital de A cada paso un peligro

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Diego Figueroa y Córdova
Atribución estilometría
Antonio Enríquez Gómez (Fernando de Zárate) Probable
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A cada paso un peligro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-cada-paso-un-peligro-2.

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A CADA PASO UN PELIGRO

JORNADA PRIMERA

STO Don Lope me escribe en esta carta. Acertada elección, señor, ha sido en casarte con Doña Ana su hija. El retrato es este . en quien el alma idolatra. Es Don Lope, como sabes, deudo mío, en Salamanca goza un Mayorazgo ilustre, debido a su noble Casa; y aunque yo tengo en Sevilla la mía, traté por cartas este casamiento, y fue la elección tan acertada, que efectuado quedó; y así es forzoso que parta; Floro, dentro de dos meses, a gozar prenda tan alta. Casarse a gusto, señor, y más con tan noble Dama, es merced de la fortuna. Los Cortesanos la llaman felicidad de la vida. Ya me había dicho la fama de Doña Ana la hermosura, donaire, virtud y gracia; y pues fueron las estrellas movimientos, que señalan con los rasgos de sus luces las tres pasiones humanas, gozar pretendo el impulso que alentó mis esperanzas, que aunque a mi esposa no he visto, este retrato que habla, retóricamente mudo, con el corazón, y el alma, me tiene, Floro, rendido a sus prendas soberanas. El disponer tu partida será de grande importancia. Por ahora no es posible, hasta dejar ajustadas de mi casa algunas cosas; pero será la jornada lo más breve que yo pueda, pues me dice en esta carta Don Lope, que gustaria que estuviera en Salamanca por todo este mes. A quién tan noble dicha le aguarda, siglos juzgara las horas. Amor me preste sus alas, para que lograda vea, con tan dichosa esperanza, la posesión que venera con tantos gustos el alma. Cansado vengo de oír de mi padre los consejos. Con ser cansados los viejos, no se cansan de vivir. Todo su fin se encamina a que los peligros mire del mundo, y que me retire, con cordura peregrina, de los amigos que son contrarios de la virtud. Tal me dé Dios la salud como los consejos son: a Salamanca has llegado, y quiere, a lo que recelo, por si murieres con duelo, que mueras aconsejado. Pero dejando, señor, de tus padres los consejos, que no se acuerdan los viejos de que tuvieron amor, a donde vamos sin blanca entre los hijos de Adán? Del Martir San Sebastian hoy celebra Salamanca la fiesta, y llegado habemos a las penas de el Aurora, sitio de nuestra Señora de la Vega y pues tenemos la variedad poderosa, con que la naturaleza significa su grandeza de esta fiesta milagrosa, veamos si puedo ver, entre tantas damas bellas, quien Sol es de todas ellas. Doña Ana, a mi parecer, será esa dama. Si adoro su belleza singular, Deidad la puedo llamar. Ni lo dudo, ni lo ignoro; pero su padre pretende casarla en Sevilla, y ella, que de amor no tiene estrella, del que sea galán se ofende. Dices bien vamos notando de las damas el aseo. Con Estudiantes las veo a cada paso estudiando; Catedra de el interés se lee aquí por entero, el Dativo es el primero, y el Genitivo después. A Demóstenes adoran por un demos ten no más, y sin el plata jamás al divino Platón lloran: La dama de mayor precio lee a Escoto en los escotes, y aunque la maten a azotes, no ha de leer en Vejecio. En el linaje Diomar, aunque se hagan de las Godas, del Tribu de Dan son todas, y algunas son de Lsacar. No se rinde mi valor, cobardes, de esta manera. 1. Defiéndete. 2. Muera. . 1. Muera. A un Caballero? qué error! Oyes, qué intentas? Qué intento? ponerme luego a su lado. Un recién aconsejado rine? ni por pensamiento. Apenas salió el mozuelo de casa siguiendo el arte, cuando en el Templo de N recorrió el libro del duelo: tal le dé Dios la salud como él guarda los consejos; pero vive Jesucristo, que los contrarios cayeron. Huyeron, no los sigáis. A vuestra fineza debo ofrecer honor, y vida. En obligación me ha puesto vuestra noble cortesía, y en justo agradecimiento de eternizar la amistad, que por simpatia el Cielo concede a mi voluntad. Mis brazos dicen lo mismo. Sobre qué ha sido el disgusto? Hoy de la casa del juego salí picado, y con ira esos hidalgos quisieron anteponer su locura a los debidos respetos de mi noble cortesía; pero llegó vuestro acero, que basto para decir la calidad de su dueño. El vuestro honró con valor mi bien fundado deseo. Que me digáis vuestro nombre, Patria, y calidad, os ruego, para que el alma acredite la amistad, que quiera el Cielo eternizar en los dos. Diréoslo sin recelo: yo soy Don Gaspar Heredia. Tened, que de oíros pienso, que hoy confirmamos los dos lazo de amistad estrecho; y el fundar mi pretensión en tan dichoso trofeo, me permite que os suplique, por lo que os diré a su tiempo, que me digáis, pues hay varios linajes de Caballeros en ese noble apellido, de cual procedéis, supuesto que me debe de importar. Será fuerza obedeceros; y solo por daros gusto, no por vanidad que tengo, os diré mi noble origen. Decid pues, que ya os atiendo. El saber quien es mi amo debe importar a el entedo. En la sangrienta batalla de Aljubarrota, en que el Reino de Portugal a Castilla usurpó el justo derecho, donde árbitro la fortuna quitó a la razón el Cetro, y dio Juez irrevocable la tiranía a el Imperio, sirviendo al Maestre de Avis, que fue Don Juan el Primero, vino Gónzalo Rodríguez, el cual fue mi cuarto abuelo, de cuyo apellido, y armas el glorioso timbre heredo. Dejó aqueste Capitán oscurecidos los hechos del Lusitano Biriato, el primer Portugnés Griego: ganó este ilustre Caudillo, después de cortar su acero el brazo que le llevaba, el Real Pendón a su dueño, y con un Caldero junto, que en el fin de aquel suceso, por superior en lo grande, dio principio al nombre nuestro, diole por blasón el Rey, y apellido al nombre mismo; cuando oído de él el caso, le adornó de sus trofeos, duplicada con valor, orlada por los extremos con ocho escaques azules, a quien después anadieron sus heroicos descendientes lleno de plumas un Yelmo. A la Cruz de Calatrava, que es el blasón que traemos, su Casa llena de glorias Fideo Certán, un Pueblo, que de esta ilustre Familia es el tronco solariego, de ella han procedido a España Varones, de cuyos hechos la fama ha tomado asuntos, la voz de la fama empeños; mas de los más principales, la línea recta siguiendo, fue uno de ellos Luis Caldera, que fue mi tercer abuelo. Este, pues, pasó a Castilla a la Emperatriz sirviendo, del Gran Carlos Quinto esposa, gloria immortal de su Imperio; de este nació de las letras el asombro de aquel tiempo: el insigne Don Fernando, por luz, o juicio, e ingenio, le envió al César de España por árbitro del sosiego, por las arduas disensiones, que sobre el repartimiento de los Pueblos de las Indias, Fernando Cortés tuvieron, y los Ministros Reales, donde importó su sosiego el conquistar con su pluma lo que Cortés con su acero. Tuvo por hijo a Fernando, a imitación de sí mismo, y el Capitán Don Cristobal, cuyo alentado denuedo ilustró sus ascendientes, en guerra, y paz, con su aliento: De él nacio el honor de todos el valiente Don Lorenzo, mi padre, cuyo valor, nueve Bajeles rigiendo, fue horror de todas las Costas. del Afrícano Agareno; aseguró el Mar de España de los Piratas soberbios, siendo el espanto su nombre de Argel, de Fez, y Marruecos. Este es mi padre, y yo soy de aquesta línea el postrero, con que os he dado noticia de mis gloriosos Abuelos, sus hazañas, y prodigios, escudos de Armas, y de esto os dará mejor notio a la noticia de mis hechos. Dadme de nuevo los brazos, que no en vano mi recelo acredita por verdad vuestro noble nacimiento. Don Francisco soy, señor, de Zuniga, y desde luego será eterna mi amistad, porque mi padre del vuestro fue tan amigo, que pudo en los dos unir a un tiempo, la nobleza un albedrío, y el cariño un desempeño: fueron, como digo, amigos, los dos las Costas corrieron en Levante, siendo entrambos azote del Agareno; con valor, pues, sus hazanas eternas se compitieron. Ay, señor! por Jesucristo, que vienen aquí los mismos con quien renisteis, y traen, no es nada, cosa de ciento y setenta mil amigos, y acá somos tres, y aún menos. Dice bien. No os dé cuidado, pues es tan forzoso el duelo. En los nobles fue la vida en tales lances lo menos. Y yo, que no soy lo más, para vivir tengo hecho un voto de castidad en favor de mi pellejo. 1. Amigos, mueran. s Cobardes, de aquesta suerte mi acero sabe castigar traidores. Muerto soy. Cayose muerto el hombre, Dios te perdone, murió como un Caballero, con una espada en la mano, y en la otra un ferreruelo: Jesús! la justicia viene, y el Escríbano sospecho, que viene echando sentencias por la boca del tintero; yo voy siguiendo a mi amo, como dicen, desde lejos: válgate dos mil demonios la amistad; pero mi dueño con la pluma de la muerte escribe el libro del duelo. Vuelve, señora, a mirar el retrato. Ya le veo. No es conforme a tu deseo? no le falta si no hablar. Jesús, qué hombre tan grosero, y qué rostro tan vulgar! aún no me acierta a mirar con ojos de Caballero. Qué dices? eso es rigor, que son ojos bien sacados. Si los tuviera rasgados me parecieran mejor; pues la boca? No es formada con muchísima destreza? Quiso aquí naturaleza hacer boca acuchillada; pues el cabello? es castano. Lo castano no te asombre. Ay amiga, que este hombre será calvo antes de un año. El vígote es extremado, linda barba, y bien cumplida. No he visto en toda mi vida retrato tan bien barbado: es la color colunvina, mírala bien. Camuzada me parece arapetada. Antes parece cetrina: quita, Inés. Te causa enfado cuando tu esposo ha de ser? vuélvele otra vez a ver. No le puedo ver pintado: Inés, hablemos en forma, y argumentemos también sobre aquesta tropelía de querer, o no querer: Mi padre quiere casarme contra mi gusto, esto es, con un Don Juan de Moncada, que aquí retratado ves, Caballero Indiano, y rico, sabiendo que soy mujer tan altiva, y rigorosa, que a nadie he querido bien: No hay galán por demás gracias, por discreto, y por cortés, que si cumple la esperanza, pague obligación de fe. Qué me importa? más que sea Don Juan, Don Pedro, o quién es, galán, si es hombre que a un tiempo esta enamorando a diez? Yo sujetar mi hermosura al mismo Adonis, Inés, y que él se lleve la gloria de que yo peno por él, después que Dios me crió con su infinito poder? No he visto hombre en este siglo, que a mí me parezca bien. Don Juan Horozco no es mozo, y galán? . Lo fue. Y no lo es? . Lo será: Sabes que me dijo ayer, llegándose a mi carroza, viváis mil años amen? Pues fue mal dicho? Mil anos! pues soy yo Matusalén? ni ochenta quiero vivir, ni setenta, por no ser vieja: Jesús, qué desdicha! morir me estará más bien. Bueno es vivir. Que no vive cuando es vieja una mujer. No te pidió en calamiento Don Pedro de Silva? Quién? Don Pedro de Silva Acuérdeme Don ese me dijo una tarde, que tenía veinte y tres muertes hechas de su mano; yo, que le vi tan cruel, Don Pedro en Castilla sois, le dije oye usté, mi Rey, procure, a pesar del mundo, con valor venir a ser Veinte y cuatro de la muerte, y veámonos después. Y qué dirás de Don Diego? Qué lindo Don Diego, Inés? no es aquel hombre chiquito, a quien suele suceder; por ir a besar las manos, besarse él mismo los pies? El mismísimo. No puedo dejar de reírme de él: ese se llegó una noche a esa reja baja, y fue tan prevenido, que trujo una escalera, porque a la reja no llegaba, por estar en su ninez; y aunque me habló de lo alto, la duda se quedó en pie. Qué dices? Lo que te digo. No te pidió por mujer, o por esposa Don Libio? Qué Don Libio, el Genovés? El mismo. Fue lindo cuento el que me pasó con él. Vino a hacerme una visita, como suele suceder, y empezó a contarme cuentos como si yo fuera Rey, y entre un millón de palabras me dijo. Siempre juzgué, que estaba de asiento en vos mi alma, y yo me quedé sentada sobre el almohada, por ser asiento cortés; y él quitándose de cuentos, por no sentir interés, a la calle se y nunca me volvió a ver. Pues dime, si no te agrada ninguno, como se ve, como puedes excusarte, que tu padre ha dado en que te ha de casar con Don Juan de Moncada antes de un mes? como podrás estorbar este casamiento? Inés, consiste en darle la mano? En eso consiste. Pues hay más de darle de mano? Eso es darle de revés. Si tú estuvieras prendada de algún amante cortés, estuvieras disculpada; pero si no quieres bien a hombre humano, por qué causa tratas con tanto desdén al dueño de este retrato? Escucha, y te lo diré, que preguntas cuerdamente. Soilo yo; prosigue, pues. Ayer te quedaste en casa, porque así forzoso fue, y con una amiga mía fui a ver el florido mes del imperio con que suele hacer el campo merced; llegose a nuestra carroza Don Gáspar de Heredia. Bien. Y me dijo::- Aguarda un poco, por tu vida, escúchame: No es el tal un Caballero, galán cuanto puede ser otro de su edad, pues tiene muchos anos que correr, recién venido, señora, a Salamanca? . Ese es. Conózcole por el talle, que tiene de ser cortes: Pregunto, agradote el mozo? porque hombre no puede ser. sí me pareció. Así así queremos bien, y así así vamos llegando donde nos quieran también: que te pareció así así? Este fue mi parecer, sepamos, Inés, el tuyo. El mío, señora, es decirte, que Don Gaspar::- Sí: quedo, quien se ha entrado, quien en casa? Quién es? señora, Don Gáspar sin duda es. Pues Don Gaspar, qué es aquesto? Un lance, pero cruel. Venís herido? Señora, el saberse defender de cinco, o seis enemigos, mas que valor, dicha fue. Os vio entrar alguno? No, porque al revolver Inés la calle, que con la noche cerrada la quiere hacer, nos pudimos escapar de la justicia, a mi ver; pero Don Julian de Rojas, como no iba por su pie, sospecho que va difunto. Sobre qué el disgusto fue? Sobre amparar a un amigo, que se, ha librado también; pero antes que la justicia venga a examinar cruel los vecinos de este barrio, vámonos a la Merced, pues está cerca de aquí, que aunque este cuidado es el que me puede alterar, de otro más grave podré morir sin remedio humano. De otro más grave? cuál es? El veros casada, cuando pensé mariposa arder en vuestros divinos ojos. No es tiempo de responder a finezas amorosas, cuando vienen de tropel las desdichas, escuchadme: El iros a la Merced, cuando es fuerza que la calle llena de justicia esté, no conviene, darle parte de esta desgracia cruel a mi padre, cuando aguarda, llevado del interés, a un tal Don Juan de Moncada, que presume que ha de ser mi esposo, no es acertado; déjaros, como se ve, cuando dudáis mi firmeza, en el peligro, no es bien. Pues disponed de mi vida, pues tan vuestra llega a ser. Esta casa tiene otra, que alinda con la pared de esa cuadra, en ella estuvo por huésped cosa de un mes Don Alberto, deudo mío, que ya a la Corte se fue; mándase por esa puerta, que en aquel cuarto se ve, en esa podéis estar, que tendrá cuidado Inés de todo lo necesario: aquí no son menester más discursos que el entrar; el arvitrio es de mi fe. Bien dices, porque tu padre viene, y tu prima también, que ha llegado la carroza. La vida confesaré, que os debo. Dame la llave, y veámonos después. Así así me parece? tú quieres a este hombre bien, pues le das casa en que viva. No sé que te diga, Inés. Conoce a ese Caballero tu padre? No, porque él es forastero, ni mi prima jamás le ha podido porque no fue en la carroza conmigo. Todo va bien. Don Francisco la pretende de Zuniga. Ya lo sé, y que ella le corresponde para casarse con él. Hablar a mi padre quiero sobre la venida, Inés, de este Don Juan de Moncada, solo a fin de suspender por ahora el casamiento. Eso importa. Vamos, pues. Isabel, qué dices? Digo, que Don Francisco, señora, ha entrado en tu cuarto ahora: rineron él, y un amigo con algunos Caballeros, y dicen que dieron muerte a Don Julian::- . Lance fuerte! De Rojas, y a los primeros lances de lo rucedido, que la justicia llegó, y que él solo se escapó. Notable ventura ha sido! Dice que te quiere hablar. No puede ser, Isabel, que mi tío le ha de ver, como es lorzoso, al pasar; y así sin más dilación, pues es negocio tan grave, te daré luego la llave, pues esta es buena ocasión, de esotra casa, y en ella le podré ver, y ordenar, pues solo su bien procuro, el remedio más seguro para poderle librar. Dices bien. Válgame el Cielo, y qué desgraciada soy! A seguir tu gusto voy, y sírvate de consuelo, que estará segu del peligro. . Dices bien. Tu prima ignora también este amor? juzgo que sí, y así el secreto en las dos se ha de quedar, Isabel. Yo soy criada muy fiel. Está bien, adiós. Adiós. Qué te dijo Inés? Entró, como buena centinela, en este mar a la vela, y sin ella se volvió. Qué dices de este suceso? Que la justicia velando, te estará ahora cortando la cabeza del proceso. Como no soy conocido, qué proceso puede haber? Don Francisco puede ser, que esté ahora bien prendido. No es posible, porque yo con prudencia le advertí, que se apartara de mí. De esa suerte se escapó. Y tu sacaste la espada? Si saqué la espada dices? pues no corté las narices para que fuese sonada la pendencia, como un rayo, de solamente un revés, de puntillas en los pies, a un pícaro de un lacayo? A un lacayo? . Si señor; y por esta cruz bendita, que si de allí no se quita, que lo ahorro de Doctor. Las narices? Y al cortar la lengua con desenfado, porque estaba deslenguado, no se la pude cortar. Eso cómo puede ser? jurara que no tev Tan ciego estabas por mí, que no me pudiste ver? al lacayo le tiré a la calle del estrecho, y por no dalle en el pecho, casi tuerto le dejé. Tuerto? . Sí, y en la discordia de mi alentada malicia, se fue el tuerto a la justicia a pedir mi sericordia; y a un Letrado contrahecho, que por él quiso alegar, nunca le pudo alcanzar, porque no le halló derecho. Calla, loco, no hables más disparates, que me enfadas: cuando das tu cuchilladas? Cuando las doy por detrás. Mucho le debo a Doña Ana, bien corresponde mi amor. Todo ese afecto, señor, con un desvelo se allana. Vida me da, si se advierte, Doña Ana dulce homicida. Qué importa que te dé vida, si hoy te la quita una muerte? Pero la puerta se queja, y por defuera han abierto, y juro a Dios que es un hombre. Hombre aquí? . Sí señor, a pagar de mi gran miedo. Mata la luz, Panyagua. Ya sin confesión la he muerto. Adiós, Isabel. . Señor, quédate aquí, que ya vuelvo. Quién será aqueste barbado? Calla, que importa el saberlo. Amor, y honor en el alma hacen mayor el empeño; mi honor en salir tan bien de aquel impensado duelo; y mi amor en confesar, que a Doña María debo la vida que le consagro. Hablando viene en secreto. Debe de ser escritorio racional. Calla. . Callemos. Eres tú, mi bien? . Yo soy. Segundo bulto tenemos. Segundo? . Sí, juro a Dios, y vino como un tercero, Si es mujer? Sí, la pollera, a pagar de mi dinero busca algún pollo; y si canta, es que quiere poner huevo. Panyagua, aquí hay gran daño, Vámonos a los Remedios, y hallaremos la Merced cumplida, y sin embelecos. Estoy con grande cuidado dé tu desgracia. Supuesto, mi bien, que está mi albedrío dedicado a tu precepto, no hay que temer. Poco a poco nos vamos así escurriendo. Panvagua, si es Doña Ana? Si es Doña Ana, como ay Cielos. Eres tú, señor? . Yo soy. Escucha, mi bien, yo vengo a decirte, que Doña Ana mi prima::- Qué escucho, Cielos! Suele venir a este cuarto, y yo tengo algún recelo de que pretende a un galán, y nos puede impedir::- . Fuego! El hablar, y así te aguarda en este cuarto, que luego::- Hola, Inés. Mi padre es este. Este es mi tío, ya vuelvo. Por la puerta de la calle, de quien yo la llave tengo, tú, y el criado saldréis: este es seguro remedio, aquí no hay más que aguardar. Dices bien, que lo primero es tu honor. ̱. Esta es Doña Ana, y por la puerta sospecho, que echa el galán, vive Dios. P. Cerró por defuera el perro. Señora, tu padre llama. Cielos, qué es esto que veo! Don Gáspar, pues vos no fuisteis a quién di la llave? Bueno: no ve usté, que hay cerraduras de dos llaves? Qué es aquesto? Qué ha de ser? haber echado, porque no puede ser menos, por esa puerta a tu amante, y que yo muera de celos, Inés, quién ha entrado aquí? Ahora sales con eso? no ha entrado nadie, señora. Qué, nos das con la de rengo? Vive Dios, que entrastes tú con un hombre verdinegro poco más de mi estatura. Le viste? . Cómo te veo. Pues tu ama no le habló? Que yo le hablé, no lo niego; pero entendí, Don Gaspar, supuesto que con secreto estabáis aquí, que hablaba con vos, y como se oyeron voces de mi padre, pude, con la turbación, y el miedo::- Darle la llave, señora, de la puerta. Es el remedio para atragantar embustes. Un etna tengo en el pecho. Luego presumís que yo, contra mi honor, y respeto, tenía a un hombre escondido en este cuarto? No debo hacer ese juicio yo; solo sé, que entró aquí dentro, que Inés le trujo, y se fue, que vos con todo silencio entrasteis, que él os habló, que a mí con todo secreto una persona me dijo, que no conozco, el incendio de esta casa, que yo quise reconocerla primero, que dio voces vuestro padre, que acudisteis al remedio, que la llave de la puerta le disteis, que salió luego, que quise estorbarlo yo, que él cerró la puerta al tiempo que yo sacaba la espada, que la luz sacó al momento Inés, que yo vi mi agravio, mis ansias, y mis recelos, y este fuego en que me abraso. Escuchadme, deteneos, que mujeres como yo no sufren esos desprecios; y supuesto que la gente de casa se ha recogido, os diré quien soy, y he sido, y todo muy brevemente. Señor Don Gaspar, yo soy una mujer principal, Dama que nunca ha tenido amor, que fuese galán; yo no soy de las mujeres, que emplearon su caudal en las finezas que llaman sufrir más por querer más. Casamientos me han salido de muy grande calidad, y por no llamarme esposa no me he querido casar. Dia de San Juan os vi, y creedme esta verdad: todos los días de honor son para mí de guardar. No me enamoré de vos con aquel amor vulgar, que tienen; queriendo bien, las que a si se quieren mal. Yo de vos hice elección para quereros no más, no para perder el juicio; porque Amor, aunque rapaz, s ojos a las niñas dele z pero no al entendimiento con capa de voluntad. Presumir que soy mujer de las que suelen juntar muchos galanes, será poca cordura el creerlo; y si son celos, notad, que pesan mucho unos celos, y no los puedo llevar; y si son celos, creed, que vos solo me alumbráis, contra la luz de mi honor, de tan grande ceguedad. Oltimamente yo quiero, antes que llegue a tomar estado mi honor, un hombre, que me quiera de verdad, que me cele la hermosura, pero no la gravedad. Desconfianzas discretas del honor no han de pasar, que en perdiéndose el respeto, se pierde la voluntad. Yo en efecto::- Qué desdicha! tu padre ha salido ya de su cuarto, y se nos viene a esta cuadra. Lindo azar! aquí nos matan a palos. En esa alcoba os entrad, por lo que importa a mi honor, Ese me puede obligar. Presto, que viene mi amo. Avisa cuando se va. Ruido, y luz en esta cuadra? Doña Ana. Yo estoy mortal. Qué hacéis aquí? Señor, vengo, pues es fuerza el visitar mañana a Doña Violante, que enferma, señor, está, a sacar algunas galas de mis cofres. Si nos dan en los nuestros, será malo. Yo presumí, claro está, que alguna gente perdida, que solo vive de hurtar, estaba escondida aquí. Dos perdidos hallará si se acerca, y tan perdidos, que los pueden pregonar. No señor, Inés, y yo hicimos ruido al entrar, y esa fue la causa. Voyme. Y sea con Barrabás. Pero quien abre la puerta de la calle? Quién? Galbán. No fueron vanos mis celos. Cielos, qué es esto, quién va? Don Lope es este que veo. Qué desdicha! Qué pesar! Diga quién es, o la espada en tales lances sabrá de tan grande atrevimiento el delito castigar. No es posible, yo me vuelvo. Cobarde, qué huyendo vas? Déjame salir. Detente, no ves que se volvió a entrar? El sagrado de mi honor te atreviste a profanar? a traidor! corrido quedo, la puerta cerró; o pesar de mi fortuna! cobarde, (que no es hombre principal quien huye de aquesta suerte) espera, que valor hay en mis canas, y en mis brazos para poderse vengar: Quién es este hombre, Doña Ana? tu vida consiste en dar satisfacción a la Bien me la puedes quitar, porque yo estoy inocente de semejante maldad. Eso dices? Esto digo, que en mí no se puede hallar acción, que desacredite el honor que tú me das; yo no conozco a ese hombre, ni sé quien le pudo dar la llave de aquesta puerta, y es segura mi verdad; porque si entrada le diera en tu casa, claro está, que en lance tan apretado te había de confesar quien era el hombre, señor, que postró mi voluntad, para que tu honor, y el mío se pudieran reparar. Aunque casada te tengo en Sevilla, medio habrá para que yo quede bien, y mi palabra, que es más. Dime, quién es este hombre, que sin duda es principal, pues de él has hecho elección? porque yo pueda tratar, antes que esto se divulgue, Doña Ana, por la Ciudad de que te cases con él. Cómo me puedo casar con hombre que no conozco, y a quien no he hablado jamás? Yo quiero hablar a tu prima, por si ella dio lugar a tan grande atrevimiento: con decirme la verdad remediaré su desdicha, porque entre las dos está este agravio declarado, y se puede remediar; y por ahora esta puerta cerrada puede quedar de esta suerte, porque yo la calle quiero rondar, que no se pierde el valor en los hombres de mi edad, cuando el honor, y la sangre pidiendo venganza están. Mira si se fue mi padre. Eso tiene que mirar: él va con su pasacarles tocando la calle ya. Ponte a esa puerta. No ponga, porque yo no he de quedar con vuestra licencia aquí. Escúchame, Don Caspar: a dónde vas? A morir. Es deslucir mi verdad el iros con la sospecha de los celos que lleváis. Señora, lo que yo he visto no se me puede negar: Ya sé que me habéis traído solo a ver vuestro galán, sé que vengarme no puedo, se que la llave le dais, se que le vio vuestro padre, sé que se pudo librar, sé que me abraso de celos. Señor, no te quemes más, que basta el calor que hace. Digo que habéis de escuchar la satisfacción que doy. Que bien satisfecho está de todo lo que ha pasado, y de lo que ha de pasar: así lo estuviera yo de diez manos, y un cuajar, Queréis qué os escuche? Sí. Pues sea con brevedad. Tan breve seré, que digo, que no os habéis de ausentar de esta casa, hasta que vos por vuestros ojos veáis, que no conozco a este hombre, Cómo no, si vos le habláis con secreto en esta cuadra, y la llave le entregáis de esa puerta? yo lo vi, ve es más. le vi Yo presumí que eráis vos. Fácilmente os engañáis; pues a qué vino este hombre, cuando todo sea verdad, a vuestra casa? Eso dices? porque la quiere comprar, o arrendarla de por vida. Qué desgraciada frialdad! tú no le diste la llave, y se fue? Eso es verdad. Yo no le vi, que se fue. Ni he sabido como entrar ha podido aqueste hombre. Yo lo diré, pían pian se entró por aquella puerta, y se volvió pían pían. Acaba, no te disculpas? Ay señora, que se van enlazando las desdichas! tu prima viene, qué azar? Prima tenéis? Y tercera por donde se ha de templar. Mi prima Doña María viene aquí, y hay novedad: retiraos, que así conviene. Alto, pues, a retirar: Válgate Dios por entrada, cuando salida tendrás! Prima, yo vengo sin mí. Turbada vienes, qué traes? Tu padre me dijo ahora, que vio un hombre (qué pesar!) entrar en aqueste cuarto. También yo, no hay que dudar, pero volviose a salir. Dime, amiga, la verdad, quién era? No le conozco, que no dio el tiempo lugar de conocerle; yo estoy como tu puedes juzgar. Respirad, corazón mío, que mi honor seguro está: valgámonos del ingenio; bien puedes, Doña Ana, hablar conmigo con el secreto, que profesa mi amistad: es tu amante? háblame claro, que yo te sabré amparar, aunque arriesgue honor, y vida. Mire usted con qué frialdad . se viene la remilgada: esto faltaba no más. Mi amante? qué dices, prima? El tiempo no da lugar para que hablemos despacio, porque tu padre vendrá, y debo informarle siempre como pide mi verdad: Dios te guarde. Óyeme, prima. No es tiempo, ni tienes que recelar de mi amor porque yo sé, que el que vino es tu galán; y pues tienes de tu parte, Doña Ana, mi voluntad, no hay sino casar a gusto, que es locura lo demás. Hay mujer más desdichada! Acabó de rematar la tal prima el almoneda, ya no hay más que pregonar. Que esto escuche, y que no muera? aquí no hay más que esperar, déjame salir, Inés. Señor, mi bien, Don Gaspar, quíteme el Cielo la vida::- Jesús, qué grande maldad, y qué perdición de casa! . La prima habló la verdad. Y saltó con la clavija por más que quiso apretar; más oyes, por Jesucristo, que es fina como un coral. No hay que fiar de mujeres. Al cabo la han de pegar. Fuego arrojo. Yo centellas. Yo rayos. Y yo alquitrár Yo venganzas. Yo demonios. Yo furias. Yo rejalgar. Oyes, mi bien::- Pan y agua, puede aquesto ser verdad? No sino fuera mentira. , Tu padre viene. Lis, zas. Sepa Don Lope mi agravio. Mi honor de por medio está. En fin, no puedo salir? Manana, mi bien, saldrás. Mira que llama tu padre. Inés, traenos de cenar. Qué desgraciada que soy! Qué tengo ya que esperar? Pesares, ahora es tiempo. Penas, a cuándo aguardáis? De qué te afliges, señora? déjalos con Barrabás. La cena, Inés, que me muero. En cenando yo vendrá.

JORNADA SEGUNDA

Si yo el juicio no he perdido, no lo debo de tener. Cómo puedes tu perder lo que jamás has tenido? Si era el galán, que pudiera, de la prima de Doña Ana aquel hombre? Eso se allana si se toca la tercera. Pero no, que con la capa de la noche se encubrió, y ella la llave le dio. Es que ella es mujer de capa: él cerró la puerta. En nada hallo la verdad tan cierta, como en ver que abrió la puerta. El hombre la hizo cerrada. No hay duda que ella le diese entrada, pues Pues si ella entrada le no era fuerza que saliese? En fin, te parece a ti, que era el galán de Doña Ana? Téngolo por cosa llana. Pues qué aguardamos aquí? Dime, señor, no pudiera, por galán particular, Inés el galán entrar, sin que la culpa tuviera Doña Ana? No, que al oílla se había de declarar. Luego nos había de dar este hombre por la tetilla. Pues no la alentó su fuego la prima con el favor? Pues cuantas primas, señor, por falsas se rompen luego? sie a ladrón? Y al volverse, como la llave traía? Vino a contarle a su tía lo de pesele, o no pese. Ella hacérsele de nuevas en lance tan desigual? El caso es elemental, y vendría a hacer las pruebas. No es posible convencerse mi discurso en tal porfía. Mira, el hombre volvería a querer satisfacerse. A qué (a riesgos de la vida) volvió sujeto a un desastre? Vendría, porque era Sastre, a tomarla la medida: pudo ser un hombre viejo, que los ay de fuego, y nieve. Pudo el diablo que te lleve. A ti no hay darte consejo: oíste al viejo que abrió la puerta aquesta manana con un Cerrajero? Allana mi razón, porque mudó las guardas sin duda alguna. En grande peligro aquí quedamos a riesgo de la fortuna; pero repara, señor, que sin duda abren la puerta de la calle. Ya está abierta: aquí ha de obrar el valor; quién es? Yo soy, Don Gaspar: vuélvete a cerrar, Inés, la puerta, y dale la llave a este Caballero. A quién? A vos, que mi padre vino, ya sin duda lo sabréis, bien de manana, y mandó hacer otra llave, y fue Inés, y me trajo aquesta, que bien será menester; y porque pudiera hablaros con seguridad, mudé de vestido, que a una amiga pedí prestado, el que veis; y dando a mi prima parte, porque así forzoso fue, de ir a visitar sin ella a una deuda mía, Inés, y yo, con todo secreto, hemos venido, cual veis, a deciros, Don Gaspar, que una principal mujer, como yo, nunca da oído, o por su mucha altivez, o por su sangre, que es más, a dueño que no ha de ser, o realce de su honor, o esmalte de su poder. El hombre que anoche vino a aquesta casa, ni sé quien pudo ser, ni el camino de poderle conocer supo jamás la memoria; y supuesto que la fe de mi pundonor altivo no puede nunca perder los rayos de lucir solo, asentemos de una vez, o el crédito de la sangre, o la flaqueza del ser. Tenga su esfera el respeto, la gravedad su dosel, la nobleza su decoro, y su interés el poder. Para presumir de mí tan bajamente, no es bien, que se empeñen los carinos tan a costa del querer; ni, Don Gaspar, los recelos han de darle parabién a el agravio imaginado, porque no se llevan bien las sombras, y luces, cuando la diferencia se ve en que la sombra no puede por sí misma tener ser. Diréis que le di la llave a aquel hombre, y que le hablé, que lo confirmó mi prima, que volvió el hombre otra vez, y que Don Lope mi padre no le pudo conocer; el darle la llave digo, que sin duda me engañé, pues entendí que eráis vos, y era fácil de entender, supuesto que en este cuarto os dejaba solo Inés, y yo venía inocente de que habría otro hombre en él; ni las razones que dijo mi prima, pudo cortés obligaros mi respuesta, porque ella pudo muy bien presumir sin conoceros, que algún empeño fiel era el mío, pues mi padre a rondar la calle fue. Al confirmar la sospecha, volviendo segunda vez a abrir la puerta aquel hombre, respondo, que pudo ser. Ver que la llave tenía, y hallarse, a su parecer, favorecido de por engaño, y este bien ignorando con la noche, le obligaria después a facilitar la empresa sucedida, sin querer al recelo principal. La causa de este cruel, de saber quien le dio entrada a este cuarto, no lo sé, ni puedo sacar más luz, que haberle encontrado en él, y que no fue por mi orden es fácil de conocer; porque si yo, Don Gaspar, sabia, como se ve, que estabáis aquí escondido, en qué juicio ha de caber, que yo os quisiera empeñar con mi propio agravio, pues donde peligra la honra, ningún recelo hace ley? Esto por disculpa basta, que yo no puedo tener más disculpa que mi sangre, ni hay más que satisfacer. La mayor satisfacción es preciarse de quién es, a esto he venido; y supuesto que mi noble proceder no falto nunca a lo grave, ni menos al ser cortes, os quiero yo preguntar, si acaso me queréis bien, si algún escrúpulo os queda en vuestro engaño cruel; porque anteponer los celos a mi honor, es pretender de que pase por dudoso lo que tan claro se ve, Quéreros yo receloso de mi voluntad, y fe, no es posible, que una Dama de calidad, no ha de ser estimación del desprecio, y fineza del desdén. Pasar por el deshonor n o es linaje del querer, que no hay amo de adoraciones infiel. La licita confianza es la que suele vencer en este mar de la vida el más seguro bajel. Yo os pretendo para esposo, y no le puede estar bien al corazón un halago con máscara de placer. Quién pone dolo en mi fama, mi enemigo viene a ser, pues se retira del duelo, y a mí me deja con él. A mí no me ha de cegar el quereros, que no es de más pureza el amor, que el honor, que el uno fue humor de la voluntad, que se gasta con querer, y el otro potencia unida a la nobleza fiel, y no porque el uno quiera, el otro se ha de perder. Yo os hablo con claridad, porque después no os quejéis: galán con desconfianza de su dama, ha de tener poca firmeza con ella; y para que siempre esté con la sospecha en la mano, y diligencia que veas, es mejor, aunque la dama muera por quererle bien, que diga por valentía, pronuncie con altivez, artícule con valor, para morir de una vez: Arded, corazón, arded, que yo no os puedo valer. Deteneos, esperad, que no es posible, mi bien, que viva el amor sin celos, que al Sol se le ha de oponer forzosamente la nube, émulo del rosicler. Fueron las dudas tan grandes, las sospechas te que al más cuerdo detuvieran la luz del discurso, pues el darle la llave vos, el volver segunda vez, no conocerle Don Lope, ratificarlo después vuestra prima, no son lances, que se dejan de creer? Pero pues vos me decís con desengaño fiel, siendo vos tan noble Dama, que el hombre no conocéis, que me queréis por esposo; qué puedo yo responder, sino juzgar que el galán, que en aqueste cuarto hallé, o es de vuestra prima amante, o alguno que quiso ver si con su industria podía sacar algún interés? Porque Dama que pretende ser de su galán mujer, no antepone los peligros, que le pueden suceder a su honra, pues con ella todo le sucede bien; y sin ella, a pocos lances, su fama perdida ve, la sangre se halla manchada, y sin crédito su fe; y así, pues, esta sospecha con el tiempo vendrá a ser, o luz de vuestra inocencia, que hoy eclipsada se ve, o sombra de vuestro engaño; por ahora disponed como he de saber::- Oíime. Sabes qué sospecho, Inés? que pues tu ama, y su prima, y su criada también, niegan que ninguna sabe del tal hombre, que tú, y él os conocéis lindamente. Hermano, bien puede ser. Hermana, pues si lo fuere, muchos anos os gocéis con los demás que llegaren, que para todos seréis. Oye, sabe el picaron, que he dado prueba bastante de quién soy? Eso es constante, probada está la intención. Yo, amigo, por malos artes no conquisto a mi galán. Todos lo confesarán, que es mujer de muchas partes. Pues si él fuera mi marido, no anduviera como un huso derecho? Y andaba al uso, aunque fuera muy torcido: Digo, el galán que salió con la llave de la puerta, dejó alguna cuadra abierta? Yo no sé por donde entró, Si él la prima no ha tocado, me lleve el diablo. . No sé, en mi vida la templé. Pues siempre, Inés, se ha templado con la tercera, y lástima ver destemplada una prima. La tercera lo dirá lo que es mi ama, es muy cuerda, ella se templa por sí. Paréceme bien a mí si es por debajo de cuerda: no haya algún traste subido de punto, o algún bordón. Pan y agua, es ilusión. Esa ilusión he temido. Pero espera, oyes, señora? cogiéronnos en la trampa, porque tu prima:- . Qué dices? Viene sin duda a esta cuadra. Si nos ve somos perdidos, porque con recelos anda (aunque a ti no te conoce) de nuestro amor. Pues la traza más conveniente, y segura, por si visita la casa, es irnos. . Cómo irse? Audarlo pabas. h Vive Dios, que por la calle abren la puerta. . Cerrada la hemos hecho. Este es mi padre. ̱. Cuerpo de Dios con mi alma. Qué haremos, Inés? Qué haremos? meto mi manto en la manga, y tú con el tuyo cubre aquese palmo de cara, y luego déjame a mí. Qué es esto, Inés? Va de traza: El señor Don Pedro de Arce viene, señor, con su hermana, como vio cédula puesta para alquilar esta casa, a verla; yo por la nuestra, viendo que estaba cerrada, por esa puerta los truje, a ver si les agradaba. Señor Don Lope, el gozar de vecindad tan honrada, y noble, pudo alentar con mucho gusto a mi hermana, y a mi para que si vos gustáis de arrendar la casa, gocemos de tanto honor. Señor Don Pedro, en el alma, aunque no he tenido dicha de conoceros, gustara de recibir la merced, que me hacéis; pero a Doña Ana mi hija, casada tengo en Sevilla, y fue ignorancia no haber quitado Don Pedro la cédula de esta casa, porque la habré menester para Don Juan de Moncada mi yerno; y así os suplico perdonéis, por ser la causa tan forzosa, el no poder serviros, porque manana espero felices nuevas de que viene a Salamanca Don Juz Si es af mi pretensión bien fundad no tiene lugar Violante, ven. . Linda patarata! pues nos llevamos la hija, que el padre tiene casada: el viejo no ha reparado en mí, tendrá cataratas, ni conviene que me vea por un ojo de la cara. Que perdonéis os suplico, dando licencia a mi hermana, y a mí de serviros. Bueno, la licencia es extremada. Dios os guarde. Oyes, Inés. Ya te entiendo, vete, y calla. Qué honesta es la tal señora! aún no la vimos la cara; así han de ser las doncellas nobles, y de ilustre Casa. Si señor, Doña Violante, de Don Pedro de Arce hermana, es tan noble como honesta. Conócesla tú? Esta Dama fue hija de Don García, aquel Capitán de fama, que murió en Fuente. Rabia: tuvo otra hija casada con Don Diego de Mendoza. Ya le conocí en Italia, fue Capitán de Caballos. Pues mi senora Doña Ana fue a visitar a su prima, yo voy, señor, a buscarla. Luego irás, detente. Qué es, señor, lo que me mandas? esto es malo. Siempre tuve la debida confianza, que debe tener un hombre cuando tiene una criada tan honrada como tú. Adiós sean dadas las gracias: en ser ho aguna da, nir me ha de llevar la ventaja. Dime, aquel hombre::- Detente, que mi senora Doña Ana le conoce como tú. Pues la llave de esta casa quién se la dio? Yo sospecho, que tu sobrina. Eso basta: Quien sospechas que sería el hombre que en esta casa quiso entrar? Señor, si yo lo supiera, cosa es clara, que te lo dijera al punto; mas yo te doy mi palabra de saberlo. Mira, Inés, que celes con vigilancia negocio de tanto peso. Antes que pase manana sabré quien es el galán, que se nos metió en tu casa; lo que puedo asegurarte, que es mi señora Doña Ana (Jesus! no hablemos en eso) tan honesta, y recatada, que ni los rayos del Sol a su castidad igualan. Eso creo yo muy bien, que su madre, qué Dios haya, fue ejemplo de las mujeres. Lo mismo será mi ama; y porque me está esperando, y no la debo hacer falta, a Dios, señor: lindamente la creyó el viejo; a esto llaman atragantar los embustes. Inés es leal criada, y ella me dirá sin duda, como quien es, lo que pasa; que claro está, que mi hija, como tan cuerda, y honrada, acude a la sangre noble, que la dieron estas canas; y más teniéndola yo tan noblemente casada con Don Juan; y sobre todo, solo ser mi hija la basta. Salgamos por esta puerta, que pues la mudé de guardas, no habrá peligro en mi honor. Esto que te digo pasa. Qué intentas ahora así, si tú la llave me diste de la puerta? Si volviste, y no me hallastes a mí, claro está, que fue Doña Ana quien la llave te daría, pues por otro te tendría; y tengo por cosa llana, que no se quiere casar en Sevilla. Eso es constante? y tu conoces su amante? No, con que llego a dudar, que es verdad que está empeñada con algún galán, supuesto, que para fin tan honesto, como es el quedar casada a su gusto, pretendía hablar con él. En efecto, ella guarda su secreto. Pues en tanto que porfía la justicia averiguar quien a Don Julian hirió, pues a peligro llegó de muerte, puedes quedar en esta casa, supuesto, que mi tío, altivo, y grave, puso a esta puerta otra llave, y solo tiene dispuesto, que sirva para Don Juan su yerno, que ha de venir de Sevilla, y conseguir (pues las penas cesarán) podemos hoy nuestro intento; pues declarándome yo con Don Lope, consiguió mi deseo el casamiento tan dese de los dos; y porque puede venir mi prima a esta cuadra, y por la ausencia del Sol la lóbrega noche baja, el Cielo te guarde, al punto te traerá luz la criada, y quiera Amor, que se logre de nuestra firme esperanza el deseo a dios. Parece que los peligros se enlazan unos con otros; pues cuando con secreto en esta casa estaba, sin conocerme, me dio la llave Doña Ana, según pareció después; y Don Lope, si no engaña el oído a mi discurso, por la calle (qué desgracia!) abre la puerta, y sin duda, pues que la mudo las guardas, será Don Lope. Señor, pues que la hacemos cerrada, cierra con tiento la puerta, porque si nos sienten::- Calla. Oyes, por si viene el viejo, echa el cerrojo o la aldaba. Ya está echada. Pues ahora venga un Turco, o Par de Francia. Quién va? No es este Don Lope? Cogiéronnos en la trampa. Quién va digo? Vive Cristo; que este es el Galán fantasma. Antes que venga mi prima, he de sacar de esta cuadra a Don Francisco: Mi bien, aquí ha de venir Doña Ana, sígueme en Será de grande importancia, porque el galán de tu prima está sin duda en la sala. Qué dices? sígueme luego. . No me responde, no habla: quién es? Detente, señor: cuerpo de Dios con mi alma! que soy por falta de vino, tu criado Pan, y agua. Cobarde, dónde te escondes? Aunque le tiras con gala, todas son puntas al aire. Trae unas luces, Doña Ana, que andan en casa ladrones. Ay Inés! mi padre llama, remediemos el peligro, por si viniere a esta cuadra: Don Gáspar, señor. Quién es? . Yo soy. Mira que es Doña Ana, no hagas algún disparate con tu espada más de marca. Hola. Este mi padre es. Alumbra, Inés. Santa Clara! Cielos, qué es esto que veo! Muerta estoy. Yo estoy sin habla. Aquí el valor acredite de mi honra la venganza, que este es el hombre sin duda, que anoche encontré en mi casa: Caballero, que este nombre no merece quien agravia la noble sangre. Don Lope, yo soy, detened la espada. En el alcoba me meto, que puede ser de importancia, que este viejo no me vea. Don Pedro, vos::- sé esgracia! a conozco, que el venir con vuestra hermana a vivir en ella, fue de Amor sacrílega traza, pues os hallo aquí escondido hablando (suerte tirana!) con mi hija; y pues mi honor en tal estado se halla, acudamos como nobles a tomar justa venganza, y cuerda satisfacción, que es el centro donde para. Mas la acción más acertada . es, por redimir mi honor, pues es de tan noble Casa Don Pedro de Arce, que luego le dé la mano a Doña Ana; esto ha de ser, los discursos, que son de tanta importancia, se han de resolver con este, pues es centro donde paran. Vamos al caso, Don Pedro: aunque yo tengo casada a mi hija, y sin decoro hallo que está mi palabra, antepongo a este concierto mi honra por vuestra causa; vos llevado del amor, pues pretendéis a Doña Ana, siendo su esposo, podéis, asegurando su fama, sepultar en el olvido mi pasión, y mi venganza, que en lances tan apretados donde sangre los iguala, los padres no han de mirar atrevimientos, que pasan los límites del decoro, sino su honor, que la mancha el matrimonio la quita, si ella con sangre se lava. Y últimamente, Don Pedro, pues ofendisteis mi casa, de ella no habéis de salir sin dar la mano a Doña Ana, o a mi quitarme la vida, o yo a vos, porque en mis canas aún viven alientos nobles, que gobiernan esta espada: entraos adentro vosotras. Muerta voy. Yo voy sin alma. Solos estamos, Don Pedro, qué respondéis? Que no agravia quien consulta una respuesta, y más de tanta importancia, con su honor. Lugar tenéis, y así podéis consultarla con mi honor, y con el vuestro, pues proceden de una causa. Hy lance más apretado! hay fortuna más extraña! Qué puede hacer quien profesa honor, y nobleza, en tanta confusión? pues cuando vengo receloso de mi Dama, segunda vez en su cuarto hallo el hombre que me agravia. Cielos, qué discurso puede hacerme desconfianza, si al mismo tiempo que el hombre se salió de aquesta sala, entró Doña Ana, y tras ella su padre, donde me halla por agresor del delito, que yo tengo por infamia? Negarle que tengo amor a su hija, es ignorancia, hallándome en este cuarto; hacer pública la causa de mis celos, es poner la vida de aquesta Dama a riesgo de una desdicha: darle luego la palabra de que su esposo he de ser, y no cumplírsela, es vana resolución, que los nobles en tales lances no engañan; pues casarme yo teniendo una sospecha tan clara, ni lo permite el honor, ni lo consiente la fama: que donde priva la honra, el más firme amor se cansa Pues decirle que no quiero casarme, cuando se halla su honor en tanto peligro, es remitirlo a las armas, y no acredito con ellas el valor, ni la venganza: Válgame el Cielo! qué haré? Señor Don Lope, quien ama, su propio amor le disculpa: Que yo pretenda a Doña Ana por esposa, lo asegura el hallarme en esta sala, si bien con aquel decoro, que se debe a vuestra casa. Pero supuesto que vos habéis dado la palabra a Don Juan, y le aguardáis cada día, por mi causa no será justo::- Teneos, que ya Don Juan de Moncada no tiene lugar aquí; porque si la confianza de su honor, y su respeto viven en mí, con el alma, y con la vida sabré defender entrambas causas, la suya con la amistad, y la mía con su fama. Porque supuesto que vos sois, Don Pedro, quien le agravia, yo que defiendo su honor, y el mío, estando casada mi hija con vos, no puede formar queja su ignorancia, ni mi sangre, pues él queda libre de acción tan liviana, yo seguro, vos sin duelo, y con esposo Doña Ana. Es verdad, pero advertid, que de mi parte se halla siempre la satisfacción segura, y acreditada: dejad que venga Don Juan, y que pierda la esperanza de casar con vuestra hija, y considerad, que en tanta confusión no será justo atropellar por mí la palabra y el decoro, que se debe al de Moncada. Qué palabra, donde está pidiendo el honor venganza? Qué venganza, cuando yo abono la confianza, que se debe a vuestro honor? Abonarle con palabras en el duelo de la honra, no es justo de aquesta casa no habéis de salir, Don Pedro, sin dar la mano a Doña Ana. Mucho aprieta por la mano el viejo. Tened la espada, Don Lope, porque la mía no ha de salir de la vaina, sino es en defensa vuestra. Todo aqueso es patarata: hombre, concluye con él. Quién me ofende no me ampara. Ofensa llamáis querer vuestra sangre? Amorcillada conclusión es. Si a estimarla llegáis, cumplid como noble la obligación en que os halla el duelo de mi nobleza. No hay duelo donde hay palabra. Si me la dais de casaros con mi hija, acreditada está conmigo la vuestra. Yo la doy, con la esperanza de que Don Juan no consiga el casarse con Doña Ana. Eso es doblarme el dolor, y así remito a la espada este agravio, defendeos. Por cumplir hago la salva de reñir con vos, mas no porque os ofenda mi espada, que el precepto natural solo me obliga a sacarla. Esto va malo; la luz, no la mato, me matan; s a Dios luz, la vela mato, aquí paz, y después gracia. Gran ruido de espadas siento en el cuarto. No acabara entre las sombras mi honor? A la bela retirata: Señor, que di con la puerta. Aunque le vuelvo la espalda, no es de miedo, es de respeto. . Cobarde, traidor, aguarda: hola, Inés, saca una luz. Triste de mí, que se matan. Vuélvete, Inés. Qué desdicha! Ahora encubrís la cara? Don Lope, yo soy. Qué veo. qué transformación ha sido la que ha obrado en mi sentido el honor por quién peleo? Don. Francisco, vos (qué dudo!) en este cuarto? Señor, solo la fuerza de amor en aquesta ocasión pudo disculpar mi atrevimiento; y porque lances de honor veneran tu honroso duelo, te daré satisfacción: Yo ha dos anos que pretendo con honesto pundonor a Doña María, en fe de honrarme con el blasón de vuestra Casa, de quien tan cercano deudo soy; yo os la pido por esposa, quedándose entre los dos la disculpa de estos hierros, que bien merecen perdón, pues para fin tan honroso los pudo formar Amor. Luego vos no habéis venido, Don Francisco (loco estoy!) a socorrer a Do de Arce, que aleve, y traidor rinendo conmigo estaba, y sin duda se salió por esa puerta? Qué escucho! yo no os entiendo, señor; a qué Don Pedro decís? que en toda mi vida yo le he visto, ni he conocido; yo con esta pretensión vine a veros, y al pasar a vuestro cuarto, el rumor de las espadas oí, y acudiendo con valor a socorreros, hallé la cuadra sin luz. Qué horror! Pues Don Francisco, supuesto que ya mi sobrino sois, y que vuestra esposa es Doña María, a los dos toca esta venganza, oídme, que está agraviado mi honor. Yo hallé en este mismo cuarto hablando (sin alma estoy!) a Don Pedro con mi hija; acredité su pasión por no deslucir mi sangre; disculpé su ciego error, por no culpar de mi hija la castidad, y opinión. Ultimamente le dije, que pues llegaba su amor a tal estado, le diese, para cumplir con mi honor; y con su sangre, la mano a Doña Ana no la dio, y remitiolo a la espada; y supuesto que ya sois a quien le toca este agravio, haga alarde del valor vuestra sangre, pues con ella mi esperanza se alento: muera Don Pedro. Escuchadme, que en los duelos del honor se debe siempre tomar la mejor resolución: Yo no conozco a Don Pedro de Arce, más juzgo yo de su Casa, que es ilustre, y acuda a su obligación; yo le buscaré manana, y si negare, señor, deuda tan justa, y tan noble, en la palestra los dos ajustaremos el duelo. Pues en fe de ese valor, podré vivir hasta tanto que toméis satisfacción. Y yo desde aquí a manana, que veáis, Don Lope, vos lograda acción tan heroica, satisfecho tanto honor. Premiadas tantas finezas. Porque pueda decir yo::- En los annales del tiempo::- Que vuestro claro blasón::- Se ilustró con vuestra sangre. Está bien; adiós. Adiós

JORNADA TERCERA

Panyagua, esto ha de ser. No será con tu licencia, o sin ella: linda ciencia! novio me querías hacer? Mira, los caprichos son de un celoso peregrinos, porque son ellos caminos, que da la imaginación, y por ellos suele Amor al deseo enamorado inquietar lo sosegado, y acrisolar el honor. Ya estoy bien acrisolado: tu dices, que finja yo, que soy Don Juan de Moncada, que hoy llega de su jornada a Salamanca, y que no hallas más sano remedio para saber si tu Dama vive al calor de otra llama: Qué alcanzas por este medio? pues Inés no me conoce? y Don Luis, aquel que entró dos veces y se salió galán como diez, u doce? él es galán de Doña Ana, u de su prima? Mi intento ajusto a mi pensamiento con esta traza, y se allana hoy mi justa pretensión, o mi costoso retiro. De tu inocencia me admiro: sabe esta nueva invención Doña Ana? Sí, porque Inés de mi parte la llevó este aviso, y le aprobó. Y si viniere después el tal Don Juan de Moncada, y hallare otro novio intruso, como desposado al uso, qué dirá? No dirá nada; porque si fuere verdad, que Doña Ana está inocente, hallará mi amor corriente, estimaré su lealtad, y será mi esposa. Bien; y tú has de ir conmigo? Sí, pues no me conoce a mí su prima. Don Lope::- Ten, ya sé que Don Lope puede conocerme, y acertado será vaya disfrazado, donde de mi fantasía podré hacer información con mi celosa pasión. Yo también haré la mía de necio, u de desposado. Qué riesgo puedes tener? Qué riesgo? venir a ser, en vez de novio, velado; y si el criado a quien llamo lo echa a pique, cosa es llana, que el suegro por la ventana eche al criado, y al amo. Eso no te dé disgusto, que irá informado de todo. Es que ando buscando modo para no morir de susto. Pues yo no hallo ningún medio, que alivie la pena mía. Pues cuéntaselo a tu tía: por cierto lindo remedio; y si acaso retratado tiene el viejo al tal Moncada, y ve esta cara endiablada? De lo vivo a lo pintado va muy grande diferencia. Cómo diamante se mira el fondo de la mentira, y se ajusta a la conciencia; y si mandare el Don Lope, que escriba, y coteja el tal la letra del Sevillano con la mía, y con la mano, o por la forma cabal me da una pluma de palo con que escriba el casamiento, qué haremos? Qué necio intento! a tu locura le igualo; eso crees? Y si el Moncada, entre tanto que yo estoy fingiendo que novio soy, le escribe por el correo al señor suegro? Tomarle en el correo la carta. Y si apartare la carta el tal correo? Dale, dale; hay más? Señor, he pensado de que quieres, cosa es llana, comerte tú la manzana, y que pague yo el pecado. Ven a vestirte, y dejemos tan necias dificultades. Culpas tú mis necedades, y no culpas tus extremos? Mira que sepas fingir como un noble Caballero. Qué he de fingir, majadero? si la sangre he de fingir, conozco yo del Moncada padre, madre, abuelo, o tío dónde me llevas? Yo fío, que dejes acreditada con tu industria, y tú talento mi justa curiosidad. Yo no llevo voluntad, mas tampoco entendimiento. Digo, señor, que sin duda otro nombre ha de llamarse, porque no hay en Salamanca Caballero que se llame Don Pedro de Arce y Horozco. El nombre pudo mudarse; pero no, que con su hermana, llamada Doña Violante, le vio Inés, y le conoce. Quiero de nuevo informarme, y tú de Inés. Bien decís; pero antes de divulgarse el concierto que hemos hecho, con que se ilustró mi sangre, no deis a Doña María, señor Don Francisco, parte del secreto, que estas cosas son delicadas, y graves, pues nos toca en el honor. Está bien; el Cielo os guarde. . Hasta conocer este hombre no es posible que descanse este espíritu afligido; pero si Don Juan llegase antes de cumplir mi honor con su obligación, y sangre, qué cordura, o qué prudencia, en dos peligros ten grandes, darán medio a is desdichas? Cielos piadosos, matadme. Digo que el novio vendrá. Pues tu puedes aguardarle a la puerta. Ya te entiendo. Prima, qué tiene tu padre, que anda triste aquestos días? No sé, prima, pues me trae su pena fuera de mí. Dudosa estoy de mi amante: desde anoche Don Francisco con mi tío (fuerte lance!) hablando estaba en secreto, qué será? que estoy cobarde. Esta pena, este dolor, origen de mis pesares, no sé en lo que ha de parar, y es fuerza disimularle hasta ver si Don Francisco conoce a Don Pedro de Arce; pero si es nombre fingido, será fuerza lo declare esta fiera, esta homicida de mi honor, y de mi sangre: Quién será este hombre? No es bien que a mi prima le dé parte me pretende Don Francisco, pues ella, contra el dictamen de su amistad, y el carino de la sangre, recatarse quiso de mí, sin que yo supiese quien es su amante. Lo que Don Gáspar habló ayer noche con mi padre, no pude saber: quien duda, que pues supo retirarse con la capa de la noche de mi casa, que quedase mi padre con el disgusto de atrevimiento tan grande? Cielos, en qué ha de parar el recelo de mi amante, la ilusión de mi desvelo, y el disgusto de mi padre? te id Señor, Qué ay, Inés? Dicha notable! Don Juan de Moncada ya, cual otro Adonis, y Marte, llega de Sevilla ahora. De golpe llegan los males; pero supla mi cordura, en peligro semejante, el riesgo de esta desdicha: Piadoso Cielo, amparadme. No hables necedad, con tiento, que importa la autoridad. Qué dices? yo necedad? no sabes tú mi talento: tu amor aquí se ocultó. Podrás fingir? Cosa es llana: quieres tú que esta Doña Ana sepa tanto como yo? Hijo, seáis bienvenido, mucho de veros me alegro. Al primer encuentro suegro? todo mi juicio he perdido. Cómo venís? Bien se ve, que me sobra la salud; y ahora, por mi quietud, a lo que vengo diré: Vengo, bien lo sabéis vos, a vuestra cárcel dichosa a que me echéis una esposa por mandamiento de Dios. Los Atenienses llamaron al suegro más peregrino, Alguácil a lo divino, y pienso que lo acertaron; y si no, vuestros desvelos aprueben su frenesí, pues hicisteis para mí esta, prisión de los Cielos. Mas una cosa os advierto, que el prisionero ha de ser hidalgo antes de nacer, y noble después de muerto; y no es alabanza, no; aunque mil veces caséis a Doña Ana, no hallaréis otro yerno como yo: el suegro quedó aturdido. No acierta a mover el labio. Si yo no fuera tan sabio, me diera por entendido: Señora, este cumplimiento no se funda en como estáis, sentémonos, si gustáis, porque yo vengo de asiento. Cuidado en saber fingir. Seguro podéis hablar. Ay novio más singular! gana me da de reír. Doña Ana, el que viene a vistas, la más fuerte necedad, que puede decir, ni hacer, es el venirse a casar: por tres cosas os merezco, por mi memoria local, por mi mucho entendimiento, y mi poca voluntad; poca, porque siempre es una; mucha, porque siempre es más; corta, porque nada ignora; larga, por su larguedad: Diez y siete casamientos deseché, porque seáis vos la Sultana fiel del Caballero Don Juan: Cosme. Señor. Ve diciendo las Damas de calidad, que deseché por Doña Ana. La primera y principal fue Doña Antonia Pacheco. Qué Antonia, la del Ciszas? esa era roma, y no quise que me hiciera cardenal; cual fue la segunda? Fue Dona Crisostoma. Ya: A esta Crisóstoma un día, porque la vi descalzar en una planta de el once puntos poco más, no quise ponerme en puntos con ella, siendo Don Juan, porque a Dama de once puntos marido de Frejenal. Cosme, la tercera. Fue la tercera Doña Tal. Qué es Doña Tal? majadero, qué decís? no os acordáis? Doña Ánselma Querubín. Oh qué Dama Ángelical! Doña Ana, no crió el Cielo organo más natural, era música, y cantaba: Jesús! no hay más que cantar; pero diome en cantar siempre que la iba a visitar: A la gaita bailó Gila, que tocaba Antón Pascual, y di al demonio la gaita, con que no pude llevar, no de que bailase Gila a la gaita sin cesar, sino que no se cansase de tocarla Antón Pascual. Qué hombre es este, prima mía? con este te has de casar? qué dices? Que el hombre viene hecho a toda necedad. No me casara con él, prima, si trujera el tal Don Juan de Moncada, siendo majadero original, el tesoro de Moncada. Necio ha nacido Don Juan; por sus cartas, y su estilo no lo juzgara por tal. La cuarta Dama. Señor, la cuarta Dama::- Acabad. Se llamó Doña Ángelina, la que te dijo en San Blas, por no casarse contigo, que eras un hombre incapaz. Cómo incapaz? inocente. El enojo reportad. Yo incapaz? pero no demos a la cólera lugar: yo aseguro que me he puesto como un demonio, y aún más; ea, prudencia, acabemos, que algo se ha de perdonar a un criado, que ha comido tantos anos vuestro pan: Vino la cordura? sí, que ya la siento llegar. Doña Ana, las ignorancias de este loco perdonad, y vamos a lo que importa. Cómo de salud os va? La que yo tuviere siempre para serviros será. Eso es hablar de futuro: como de salud os va es lo que pregunto. Buen Buena Sí::- No digáis más, porque no puedo sufrir, que una Dama principal, al preguntarla estáis buena? responda en lengua vulgar: estoy a vuestro servicio. Pues no estilan por allá por Sevilla este lenguajer Tan grande vulgaridad. no estilan las Andaluzas; y aquesta hermosa Deidad es Doña María acaso; vuestra prima? porque allá tiene fama de ser Sol. Si señor. La majestad de su Delfica belleza crepúsculos de Deidad tiene, Ángeleando los rayos de vuestra eclíptica faz, cuyos presudios de fuego llevan candor immortal. Ay prima, que me habla culto. Respondo sin claridad: Mi prima, y yo, nos cedemos en entes de potestad, las que en centellas de amor en un título cendal destilan sin alambique la brasa canicular. El consorte os ha agradado? vendrá Fliminio? vendrá? Los futuros contingentes sontentes de eternidad. Acaso rindió mi aspecto esencias de voluntad? Hasta ahora no palpita organizado cital. No hay crepúsculo de esposo? no hay matrimonio oriental? No hay maridaje diuturno, sino acaso funeral. Ese es hado indiferente. Sí, pero lustro, y leal. Esa índica oposición. Si lo fuere, indicará. Luego interna viene a ser? Si es solida, claro está. Padece eclipse? Padece. Es Diánico? Es Solar. En conciencia? Matutina. Ay intérbalos? l ay. Y lucidos? Con delirios. Esos padece Don Juan después que a casarse vino. Yo entretanto voy a dar parte de vuestra venida OS. a mis deb Bien e ta; y de mi parte os suplico, que me sepáis endeudar. El tal Don Juan me parece, e con que se crió en! guardeos Dios, señor Don Juan. . Y yo con vuestra licencia, porque podáis descansar, me retiro. Hacéis muy bien, porque yo tengo que hablar con mi consorte palabras de entre marido, y galán. Fuéronse, Inés? Ya se fueron. Qué es aquesto, Don Gaspar? Qué ha de ser? poder hablaros con esta seguridad, para deciros que anoche, después que con el disfraz de hermano volví a la casa, centro de todo mi mal, hallé en ella, ya se ve, el encubierto galán, sombra horrible de mis celos. Qué decís? Esto es verdad: la cuadra estaba sin luz, obró el valor, claro está, lo que debía, si bien fue por la puerta a buscar a vuestra casa, y por ella pudose luego escapar de mi enojo vos salisteis a la propia cuadra ya, al tiempo que vuestro padre dio luz a la oscuridad de su agravio, y de mis celos. Lo que ha sucedido más, fue, que Don Lope, enojado de que no le quise dar palabra de que sería vuestro esposo::- Qué pesar! Pretendió darme la muerte; en fin, para no cansar, habiendo muerto la luz, nos pudimos escapar, como visteis, porque un hombre; y más de mi calidad, con sospecha tan urgente, nunca se puede casar; y así, Doña Ana, hasta tanto que no conozca el galán, que tantas veces::- Teneos, que con aqueste disfraz es fácil de conocer; advirtiendo esto, es verdad, que a mi prima galantea, aunque ella rebelde está en no confesario aún, conocida la verdad. Quién es? Es Don Francisco de Zuñiga. Qué bueno va! este causó tu desdicha. Ese no la pudo hablar, porque se halló en la pendencia, que os dije, de Don Julian, y los dos, como sabéis, no andamos por la Ciudad, y no es posible, Doña Ana, que ese sea su galán. Pues queréis vos que sea mío este amante? Ello dirá. Yo otro amante, ingrato dueño, cuando por vos, claro está, vive el corazón prendado del afecto más leal? no, Don Gaspar, no nacieron juntos con mi gravedad amor, y mudanza, en mí solo el amor se ha de hallar. No se descuida la sangre con Dama de calidad, que no se hace la nobleza como la rosa vulgar. Los impulsos del amor, si son hierros por imán, tuvieron siempre el decoro, norte de la autoridad. Querer con honesto fin, es inclinación mortal, pues se saca la virtud de la misma ceguedad. Cie go es Amor, no lo dudo, pero este ciego rapaz infunde en la sangre noble respeto con claridad. En el cielo de la vida, si varios planetas hay, los movimientos de luna son de la vulgaridad. Si yo os quiero sin mudanza, cómo me puedo mudar? porque sé danzar muy firme sin lo noble del compás. Pretenderos por esposo, y hablar con otro galán, ni lo consiente el respeto, ni sufre la honestidad. Los celos han de ser cuerdos, porque nunca han de pasar los límites de la honra, Diosa de la humanidad. No nos lleve lo común de este que suelen llamar amor al uso, que el noble no es Amor, si no Deidad. Las mujeres principales, aunque se suelen prendar, es una prisión honrada, que no tiene libertad. De la cárcel del Amor nunca se suele soltar un deseo, si está preso de toda su voluntad. Yo lo estoy de vuestro amor, y en esta cárcel de amar, los grillos me puse bien, los hierros me puse mal. Y supuesto que no puede en mi nobleza faltar la entereza del honor, ni la fe de la lealtad, haced vuestra información, que bien os puede informar de mi fineza el empeño en que el corazón está. Y si con vos no valieren las leyes de la amistad, los decretos de la honra difícil son de borrar; y podré decir, notando de vuestra fe la crueldad, lo noble de mis afectos, pagándome vos tan mal: Desdichada la que vive por ajena voluntad. Marido que tal escucha! pero yo le he de rogar: Sepa usté, que esta señora es mi mujer al quitar, y que yo gustaré mucho, y ella, señor, mucho más: usted la honre, y me honre, con que honrada quedará esta casa; y porque sé, que no tengo de estorbar en las visitas, me voy a la Vega a pasear con ciertos amigos míos, (hombres por yerro de Adán) y volveré cuando sea hora, señor, de cenar, porque un marido a la mesa no debe faltar jamás. A daros el parabién vienen mis deudos, Don Juan, y a festejar, como es justo, vuestra venida. Será para mí de mucho gusto me vengan todos a honrar, que es lo que el alma desea. Ay señora! Qué ay, Inés? Don Juan de Moncada llega en este punto a tu casa. Qué es eso, Inés? Berenjenas. A cada paso un peligro: Cielos, qué desdicha es esta. . Ya yo voy al sacrificio, solo me falta la lena. Quién ha venido? Mi hermano (que es lo mismo que una bestia) llega de Sevilla ahora. Venga muy enorabuena. Venga muy enoramala. Por qué causa? Esta Cuarisma estaba loco en Sevilla, y viene (gracioso tema!) a casarse con mi esposa: llevad sus impertinencias, porque en efeto está loco. De su enfermedad me pesa: Vos seáis muy bienvenido. Quién a vuestra casa llega felicidades aguarda, honor, y favor espera: es vuestra hija mi esposa, esta singular belleza. Es el demonio que os lleve; en fin seguis otro tema, en fin venís de Sevilla, en fin venís sin licencia, en fin venís por la posta, y en fin, como si no fuera vuestro hermano mayor, dais en ser novio de la legua: Sois un tirano, un caribe, un troglodita, una fiera, un sardanápalo, un bruto, un basilisco, y un etna. Vos casaros con mi esposa? vos desposaros por fuerza? vos velaros con el Alba? por el alma de mi suegra, que no os diera mi mujer, aunque ella fuera una negra. Loco, inadvertido, estoy por romperos la cabeza; qué me miráis, mentecato? ya yo he cogido la puerta, voyme, no sea que el Don Juan me parta media cabeza. Es loco este Caballero? Es vuestro hermano, y desea, que en todo le obedezcáis. Mi hermano? qué enigma es esta! Quién por la posta ha venido a honrar esta casa, fuerza será que descanse. Qué hermano, ni qué quimera? este desaire, este agravio con un hombre de mis prendas? Ya se empieza a destemplar. Por cierto gracioso tema! Sosegaos, y recogeos: lástima da su presencia. Ya vuestro hermano, y mi esposo en este cuarto os espera. Qué es esto que por mi pasa? qué hermandad ha sido esta? sin duda que erré la casa; pero no, que por las senas, y por haber preguntado, antes de llegar a ella, a los vecinos, no puede ser otra más si lo fuera, como había de encontrar con hermano en la apariencia? en el talle hombre común, sin decoro, y sin nobleza, que se intítuló mi hermano, y que aquesta noche espera el casarse con Doña Ana? ello ha sido inadvertencia, yo erré la casa, y así salgamos al punto de ella: Para salir de esta duda denme los Cielos paciencia. Te vio Don Lope salir, señor, de hablar a Doña Ana? Presumo que sí. Cuártana! sin duda te ha de seguir. Mata la luz, que sospecho, que viene aquí. Es por demás, éntrate con Barrabás en ese aposento estrecho. Ya sabes:- Qué he de saber? si por ser novio recluso, me has hecho marido al uso. No te puedo responder. Un hombre vengo siguiendo, que del cuarto de Doña Ana::- No fue la sospecha vana. De mí se ha venido huyendo: quién va digo? . Suegro eterno. Es Don Juan? Soy Satanás; pues hombre de Barrabás, quieres matar a tu yerno? Yo vi un hombre, cosa es llana, en este cuarto. A tu tío: a de esa suerte, padre mío, anda el diablo en cantillana. Solos estamos los dos, si hay agravio, he de vengaros, y después podréis casaros. No casaré, vive Dios: Visteisle entrar por la puerta? No, pero vi que salió. Pues Don Lope; si él entró, sin duda la dejó abierta: no le pudisteis matar? Se me escapó por los pies. Acabose, cierto es. Qué haremos, Don Juan? Andar: Visteis vos:: Mi honor se abrasa: vi que contra los decoros::- Basta, ciertos son los toros, no hay si no correr la casa. Dejémonos de discursos, y vamos a lo que importa: yo he de entrar en este cuarto. Entrad, yo quedo de escolta: oís, si acaso encontráis con el agresor (ay honra!) no le matéis, porque yo he de hacer lo que me toca. Morira, viven los Cielos. . Válgate el diablo por boda: oyes, señor. Qué hay de nuevo? Vete luego por la posta al aposento de Inés, si no quieres que me corran los muchao Dices bien. No hay en el cuarto persona. Ni en el quinto, ni el sexto hallaréis rastro, ni sombra. Veamos este aposento. Velde norabuena hay honra! mámola el suegro por cierto. No está aquí. Qué linda historia! juro a Dios, que es muy mal hecho, que se levante a esta hora mi señor, a levantar testimonios a mi esposa: No me quejo yo, que soy marido sin ceremonia, y os quejáis vos? lindo cuento. Esto es celar vuestra honra: adónde está vuestro hermano? Pues no se salió a deshora? es un loco confirmado. Mil dificultades tocan, uno es necio, y otro es loco: que yo me engañase ahora al cabo de mi vejez! yo he de ver la casa toda. Id con Dios, pues ha de ser; pero qué es esto que veo! el tal Don Juan ha venido, milagro será de Dios si salgo de este peligro. Vive Dios, que esta es la casa; según dicen los vecinos, y que he de vengar mi agravio, pues aquí solo le miro: Caballero. No lo soy. No sois noble? No lo he sido. Venios conmigo al campo, que allá sabréis::- Lo he sabido; pero mirad, que os advierto, que yo no soy campesino. Vive Dios, que he de mataros en aqueste cuarto mismo, si no salimos al campo. Qué campo, Dillo? Si tarda mucho mi amo, he de cantar, juro a Cristo: hermano. Vos sois mi hermano? Estáis loco? estáis precito? negáis que somos hermanos? Segunda vez os suplico, sin alborotar la casa, que vengáis solo conmigo. A dónde? . A mataros. Fuego! por Dios que es muy lindo oficio; yo no mato a mis hermanos, mátelos Dios, que los hizo. Eso decís? defendeos. Suegros, parientes, y amigos, esposas, damas, criadas, que me mata este Juanillo. Deteneos. Vive Dios::- Que le ha dado su delirio: mirad que viene a matarme, enciérrenle, que está herido del frenesí; cuerda, cuerda, atenlo por Jesucristo, no suceda una desgracia. Qué lástima está sin juicio. Cuerda, cuerda, no le suelten, que ha de hacer un homicidio. Señores, yo soy Don Juan de Moncada, que he venido solo a dar muerte a este infame. Cuerda, cuerda, ya lo ha dicho. Venios conmigo señor: perdiendo estoy el sentido. Fuese? . Sí. Pues voto a Dios, que un hora, un instante mismo no he de ser novio, aunque tenga el mismo Rey por padrino. Sosiégate. Lindo cuento! qué es sosegarme? que si no sales tan presto, que me saca de este siglo. Vamos, que aguarda mi amo. Salgamos de aqueste abismo. Declarate con mi padre. Eso, mi bien, determino. . Que vuelve tu padre. Digo, que los demonios me lleven si viere a Don Juan. Quédito, que su hacienda harán en eso por alcahuete remiso. Vino Don Juan de Moncada, para mayor confusión, a esta casa, y la opinión queda desacreditada, si se descubre el secreto, que yo, y Don Lope sabemos; pues los dos no conocemos, ni puede tener efecto el llegar a conocer, a Don Pedro de Arce, engaño, con que va creciendo el daño. El darme yo a conocer a Don Juan, no es acertado hasta salir de este empeño, y saber quien es el dueño de Doña Ana; yo he llegado con todo secreto a ver a Doña María, y quiero, antes de verla, primero la casa reconocer; que pues están retirados todos los que en ella están, podrá ser que este galán, causa de tantos cuidados, le pueda yo descubrir: retirome hacia este lado. . Pues que todo está en silencio, yo he de ver si esta ilusión, viva imagen de mis celos, o viene a ver a Doña Ana, o a su prima. Pas o, s sien o: quién va? Quién es? Caballero, (sin duda es Don Pedro de Arce) negarle mi nombre quiero hasta saber la verdad: Yo soy de esta Casa deudo, de que sois Don Pedro de Arce bastantes noticias tengo. Vuestro nombre me decid, que soy Don Pedro confieso. Don Diego de Guzmán soy, y Don Lope es Caballero tan noble como sabéis, su honra a mi cargo tengo, y le debo anteponer a la vida, pues profeso la ley de nobles, decidme vuestro justo galanteo, porque ya sabéis que vino Don Juan de Moncada, y quiero que se remedien los daños, que amenazan estos riesgos: decidme vuestra intención. Si yo le digo mi empeño . no descubro la verdad: advertid, señor Don Diego, que mi amor no ha de impedir el tratado casamiento, porque yo a Doña María en esta casa pretendo por esposa. Qué decís? qué es lo que he escuchado, Cielos! Vos, claro está, pretendéis, bastante noticia tengo de esta verdad, a Doña Ana. Un volcán tengo en el pecho; si le concedo este engaño, . me dirá su sentimiento; pues os habéis declarado, es verdad que yo pretendo a Doña Ana por esposa. Corresponde a vuestro intento? Como a vos, Doña María. No en balde fueron mis celos: a cruel! a Ah fiera! mujer al fin. Hablad quedo, porque conviene al honor de aquesta casa. Oís, Don Diego? para ajustar de los dos cierta duda que tenemos, en San Bernardo os aguardo manana a las diez. Lo mismo os quería yo decir. Está bien. Guardeos el Cielo. Es Don Gaspar? Ah tirana! Don Francisco? Hay más tormento. Yo soy, ingrata, yo soy, que tu engaño he descubierto; con Don Diego de Guzmán tu amante (de celos muero!) hablé ahora en esta casa. Pues yo conozco a Don Diego de Guzmán, ni sé quién es? Don Gaspar, mi bien, qué es esto? Doña Ana, mi mal, mi rabia, mi dolor, y mi tormento, esto es morir. Digo, ingrata, que hablé a tu amante Don Pedro en aquese mismo cuarto, sé tu amor, tu galanteo. Qué Don Pedro. estas en ti? Don Pedro de Arce tu dueño. Mi bien, qué dices? Mi engaño, mi pena, mi mal, mis celos; esto es verdad, vive Dios. Todo lo que digo es cierto. Ya tu engaño he conocido. Ya dieron fin mis recelos. Morirá Don Pedro de Arce. Darele muerte a Don Diego. Oye, escucha. Suelta, ingrata. Mira, mi bien. Nada creo. Yo te adoro. No es posible. Advierte::- Ya nada advierto. Considera::- Eso es matarme. Lo que dices:- Todo es cierto. Matadme, Cielos, matadme. Cielos, la muerte deseo. Un volcán llevo en el alma. Un etna llevo en el pecho. El tal Don Juan de Moncada en su cuarto retirado pienso que no se ha acostado: él hizo linda jornada, y yo la he de hacer peor, si no me voy de esta casa: Qué es esto que por mi pasa? novio sin tener amor? sin luz me vengo a esta sala huyendo de este Don Juan: buenos mis negocios van, la invención no ha sido mala. Adonde reina el agravio, la venganza, y el castigo, son los polos del honor: con las leyes he cumplido de noble, en desafiar al que con nombre fingido me ofende, y he de matarle esta noche en el retiro de esta cuadra, aunque mi vida corriera el mayor peligro, por ser dentro de esta casa. Los celos que siempre han sido émulos de la prudencia, me llevan al precipicio; a Don Pedro quiero hablar, que en esta cuadra escondido está sin duda, y decirle mi sentimiento preciso: obre el sentimiento ahora en lance tan atrevido. Ay de mí! qué es lo que escucho? parece que siento ruido; aún no estoy seguro aquí de este novio golondrino? válgate el diablo por hombre. Ruido siento. Si el oído no me miente, aquí ha de estar. Aquí ha de estar escondido, porque yo le vide entrar; yo llego, es Don Juan. Quédito, este es el novio. Es Don Pedro. Este es segundo marido: ánimo, que todo es miedo; en qué lance estoy metido! sois Don Juan? yo soy Don Pedro. Yo he venido Yo he venido::- A daros muerte. A mataros. Qué de muertes me han traído! No deis voces. Si dais voces, fuera de ser mal nacido, os daré cien estocadas. Bastaban noventa y cinco. Qué respondéis? Qué decís? Que no pueda dar un grito, sin que las tripas me pasen a estocadas! Digo, digo, buen ánimo, corazón, que a vos, a vos, vive Cristo, os mate, aleve, y aleve canalla, infiel, y enemigo; sacad la espada, sacalda, eso es, dense con brío. Ruido de espadas? qué es esto? Matarnos como cochinos. Don Juan, Don Francisco. Cielos! aquí estaba Don Francisco? este hombre conozco yo: Panyagua Pan, y agua soy, traes vino? Don Gaspar, amigo, aquí? Descubriose el laberinto. Don Pedro de Arce no es este? Escuchadme, Don Francisco. Mayor engaño recelo; pero el noble acuerdo mío remita a mayor valor este nuevo laberinto. Vos Don Diego de Guzmán? Con este nombre fingido sin duda os hablé esta noche; mas tened por advertido, que solo por descubrir vuestro pecho, dije, amigo, que amaba a Doña Ana. Y yo, con aquel intento mismo, que amaba a Doña María, pero yo a Doña Ana sirvo. Sois vos el que hallé dos noches en la otra casa? Sí, amigo, Doña María es mi esposa. Y yo a Doña Ana he rendido mi voluntad. Escuchadme: Señor Don Lope preciso será casar a Doña Ana, por tenerlo merecido por su sangre y su valor, y méritos conocidos, con el señor Don Gaspar, el cual con nombre fingido de Don Pedro de Arce causa de tantos peligros: Doña María es mi esposa; y pues Don Juan ha venido a casarse con Doña Ana, y justamente ha elegido Doña Ana dueño, le ofrezco a mi hermana, pues consigo en dársela tanto honor. Tan justo lazo confirmo. Supuesto que su honor queda con el lustre que ha nacido el duelo de su nobleza, blasón de Moncada antiguo, mi mano es esta, tomad. Con el alma la recibo. Mi bien, logrose mi amor. Bien le tengo merecido. Volvió el Cielo por mi honor? Don Juan, yo::- Don Lope amigo, todos quedamos contentos, pues con esto he conseguido tener tan nobles parientes en Gaspar y Don Francisco. Aguarden vuesas mercedes, que yo de novio fingido con Inés, seré, senores, novio verdadero. Afirmo la palabra. Dando fin::- A la Comedia, que ha sido su título verdadero: an, peligro. A cada paso